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Día: 21 de diciembre de 2015 (página 1 de 1)

Cristianismo primitivo

Bianchi

Cuando el Imperio romano entra en crisis y empieza a derrumbarse, surge el culto al Emperador que se declara dios y exige a todos sus súbditos que le adoren, aunque sea de metirijillas. La sacralización del Imperio no era el capricho de un sonajas desneuronalizado tipo Calígula. La adoración del César era una necesidad política como hoy se adora el tótem Constitución -o así se pretende- para un Imperio en vías de descomposición.

Cuando los cristianos del siglo I afirmaban su fe en Jesús como el único Dios se quitaba al César su condición divina y su, por así decir, legitimación ideológica. Era un acto subversivo contra el César. Era un acto revolucionario, «terrorista», diría hoy el «stablishment», es decir, los que hoy volverían a crucificar a Jesucristo (caso de haber existido) por echar a los ladrones del Templo. Y encarcelarían a los patriotas macabeos, zelotas y nazarenos como Sansón, esto es, y salvando las distancias, patriotas nacionalistas, antifascistas, comunistas, anarquistas, demócratas, etc. Se entienden las persecuciones de cristianos (que no fueron tantas ni el maltratado por Hollywood Nerón tuvo protagonismo) por parte de los emperadores desde un punto de vista político. Los cristianos -como hoy los comunistas- significaban un peligro real para el Imperio romano.

Este espíritu rebelde de los primeros cristianos se sintetiza en la célebre frase del evangelio (que significa «buena nueva»): «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». El César era el símbolo supremo del sistema esclavista de dominación. La fe de los primeros cristianos era la fe de los esclavos, de los explotados, de los pobres. A partir del siglo IV, el cristianismo va a traicionar -con el Edicto de Constantino (que se murió pagano y descrismado=no bautizado)- sus orígenes rebeldes. De perseguido pasa a perseguidor hasta donde puede y le dejan hasta hoy.

El cristianismo primitivo provocó una gran conmoción en el Imperio romano. Minó la religión (pagana) y todos los fundamentos del Estado; negó radicalmente que la voluntad del César fuese la ley suprema; era un partido sin patria, internacional; se propagó por todos los países del Imperio, desde la Galia hasta el Asia. Aquel partido de subversión, conocido con el nombre de cristiano, tenía una fuerte representación en el ejército; había legiones enteras compuestas por cristianos. Muchos ostentaban las cruces en sus cascos en señal de protesta (como si llevaran la hoz y el martillo, suponga el lector más osado y atrevido).

¿Quién supone el lector/a, caso de haberlo, que lea esto que escribió estas líneas. ¿Bergoglio, el Papa Francisco? ¿Por qué no?, podría ser. ¿Pues no teatraliza gestos populistas -ya no tanto- que auspician un campeón de los desnutridos y los parias?

No. El parágrafo anterior -con alguna leve incrustación mía- salió del cálamo, de la pluma de un padre del socialismo científico: Federico Engels. Entonces comulgaban con hostias sin levadura, ázimas. Hoy con ruedas de molino.

Ojo con el turrón y buenos días.

¿Está jugando Rusia con dos barajas en Oriente Medio?

Samir Qantar
El sábado dos cazas israelíes penetraron en el espacio aéreo sirio, desplazándose hasta Damasco, donde lanzaron cuatro misiles contra un edificio que mataron a Samir Qantar, dirigente de Hezbolá, así como a todos los vecinos que allí vivían.

Tras el despliegue ruso en Siria es impensable que su ejército no conociera la incursión aérea israelí, a pesar de lo cual no hicieron nada por impedir la muerte de Qantar y los demás habitantes de Damasco.

Este incidente vuelve a plantear los fundamentos de la sólida relación entre Rusia e Israel, así como su no menos sólida relación con los peores enemigos de Israel: Irán, Siria y Hezbolá.

Cuando el primer ministro Netanyahu supo que Rusia se aprestaba a intervenir en la guerra de Siria, viajó a Moscú, donde firmó un acuerdo entre ambos países cuyos términos se han mantenido en secreto, pero que no resultan difíciles de imaginar.

Qantar era druso y un elemento destacado de la resistencia libanesa desde hacía muchos años. Antiguo militante del Frente de Liberación de Palestina de Abu Abbas, pasó 30 años en las cárceles israelíes, antes de ser liberado en 2008 por un intercambio de prisioneros.

En Líbano el dirigente druso Walid Jumblat, dirigente del Partido Socialista Progresista, le ha rendido un merecido homenaje a Qantar como símbolo de la lucha y de la resistencia palestina y libanesa.

Pero Qantar no es un caso aislado. En enero la aviación israelí mató en la parte siria del Golán a un general iraní y varios miembros de Hezbolá, entre ellos a Jihad Mughniyeh, hijo de Imad Mughniyeh, otro dirigente de Hezbolá que fue asesinado en Damasco en 2008.

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