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Una tanqueta en la sopa

Parece que, oyendo a miembros de la «izquierda» caviar, caniche, o, como se ha dicho siempre, «domesticada», se ha poco menos que «escandalizado» por la presencia de una o varias tanquetas del ejército en la represión de las movilizaciones del sector naval en la bahía de Cádiz.

Se diría que la presencia de las tanquetas son -como dice Pablo Iglesias- un «error» innecesario, quizá antiestético por demasiado vistoso e impresionista: con la presencia de los esbirros uniformados es suficiente. Todos en su papel: unos repartiendo hostias, y otros recibiéndolas, todo perfecto, legal, siguiendo el guión; si se responde a la violencia policial ya sería salirse del guión y cosa de cuatro vándalos. Esto sí que es viejo.

Ven una tanqueta como quien ve una mosca en la sopa y se indignan, o simulan hacerlo, y no dudamos que algunos lo dicen sinceramente. Como si fuera novedoso y «antinatural» en una democracia como la española y tal y tal… Acá subyace un episodio del subconsciente, y es que la presencia de la tanqueta, como un ogro feroz en las calles gaditanas, recuerda los tiempos no tan lejanos de esas mismas tanquetas en las calles de Euskadi reprimiendo manifestaciones independentistas o pro-amnistía. Y eso casi a diario sembrando el terror y la muerte.

En su queja falta la connotación explícita. Vienen a decir: ¿Qué hace ahí una/s tanqueta/s… como en los tiempos de la batalla de Euskadi? Pero callan esto último. Porque sería admitir que aquí nada ha cambiado. Bueno, sí, nosotros sí hemos cambiado.

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