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La siderurgia europea agoniza por la superproducción y la inflación

En los últimos años ha habido mucha preocupación por la escasez de metales especiales -como el litio o el cobalto- necesarios para los coches eléctricos y las energías renovables. Pero quizá sean los metales más comunes los que puedan causar otro tipo de problemas en Europa. La industria metalúrgica europea está en crisis, no sólo por la inflación sino también por la superproducción.

En primer lugar, está el acero. En los últimos días, como ya hemos explicado, el gigante ArcelorMittal ha anunciado una serie de medidas para reducir la producción de sus aceros planos en Gijón y siete centros de Francia.

Sólo uno de los altos hornos de Dunkerque sigue produciendo, después de que uno de los tres se cerrara este verano, al igual que el tercero, que ya estaba en mantenimiento. La siderúrgica también ha anunciado el cierre de otros tres altos hornos en Alemania y Polonia.

Se trata de decisiones poco frecuentes, porque el proceso de producción de acero fundido -con fuegos continuos- es largo y complejo de reiniciar tras una parada.

Otro fabricante de acero, Ascometal, interrumpirá su actividad durante dos o tres semanas en diciembre en sus plantas de Moselle y Bocas del Ródano.

En el caso de los metales no férreos (todo lo que no es hierro ni acero), es esencialmente el aumento del coste de la electricidad lo que ha llevado a 40 productores europeos a dar la voz de alarma.

Las fábricas de aluminio, zinc, cobre, níquel y silicio afirman que su propia existencia está amenazada, a pesar de que ya han realizado reducciones de actividad sin precedentes en los últimos 12 meses. La producción europea de aluminio -que sólo cubre la mitad de las necesidades de la Unión Europea- ya se ha reducido a la mitad, a menos de un millón de toneladas, al igual que la producción de zinc. Europa debe importar ahora tres cuartas partes de su consumo.

El 6 de este mes Aluminium Dunkerque, uno de los mayores monopolios europeos del aluminio, anunció una reducción del 22 por cien de su producción, debido a la subida del coste de la energía.

La Unión Europea quiere limitar el precio del gas pero no sabe cómo

Varios Estados miembros de la Unión Europea quieren limitar el precio del gas, independientemente de su origen, es decir, no sólo del gas ruso, como había defendido inicialmente Ursula von der Leyen. Sin embargo, no son capaces de llegar a un acuerdo.

Ante las divergencias, la Presidencia checa de la Unión Europea convocó un consejo extraordinario de ministros de Energía para el viernes. Más allá de la voluntad de limitar los precios del gas, la reunión acabó como una jaula de grillos. No hubo acuerdo sobre el alcance de los topes a los precios del gas.

El miércoles Ursula von der Leyen presentó cinco medidas para frenar los precios de la energía, entre ellas, limitación del precio del gas ruso que llega por gasoducto. Pero los ministros han pedido que se analice un tope para el resto del gas importado por la Unión Europea.

Es el caso de Croacia, que durante la sesión se mostró partidaria de “limitar el precio del gas, independientemente de su origen”. Una posición que también defiende Polonia.

El límite del precio del gas es una cuestión de mercado y complicada. La limitación del precio de las importaciones de gas licuado podría constituir un riesgo para la seguridad del suministro de la Unión Europea, porque el gas licuado es un mercado mundial donde la competencia es cada vez más feroz. Por lo tanto, es difícil estar en una posición fuerte para negociar.

Francia aboga por una ampliación del régimen que gozan actualmente España y Portugal. La ampliación de este mecanismo también cuenta con el apoyo de Suecia, mientras que Italia y Austria se han mostrado a favor de desvincular los precios del gas de los de la electricidad.

Además de la creación de un tope, la compra colectiva de gas en toda Europa, siguiendo el modelo de la compra de vacunas, permitiría negociar precios más bajos. Esta opción también ha sido ampliamente impulsada por los ministros de energía de la Unión Europea. Sin embargo, por el momento no se ha realizado ninguna compra conjunta de gas.

ArcelorMittal cerrará dos altos hornos en Europa, uno de ellos el de Gijón

La siderúrgica ArcelorMittal, segundo fabricante de acero del mundo, cerrará “temporalmente” dos altos hornos en Europa, uno de ellos el de Gijón. Un comunicado oficial de la empresa, publicado el viernes, dice que el motivo es el aumento de los precios de la energía y las políticas de transición ecológica que está imponiendo la Unión Europea.

En Alemania la empresa cerrará dos instalaciones debido a los precios exorbitantes de la energía, que afectan fuertemente a la competitividad de la producción de acero. “A eso hay que añadir la debilidad de la demanda del mercado, las perspectivas económicas negativas y la persistencia de los elevados costes de CO2 en la producción de acero”, señala el comunicado.

El monopolio afirma que en Alemania “ya no se pueden explotar todas las instalaciones de forma rentable”. Destaca la ralentización de la industria del automóvil, que suele ser uno de los principales clientes de la siderurgia. Por ello, uno de los dos altos hornos de la planta de producción de acero plano de Bremen estará cerrado “desde finales de septiembre hasta nuevo aviso”.

“Los elevados costes del gas y la electricidad pesan mucho en nuestra competitividad”, explica Reiner Blaschek, jefe de ArcelorMittal Alemania. También denunció el nuevo impuesto sobre el gas que entrará en vigor el 1 de octubre en Alemania, destinado a evitar la quiebra de los importadores y distribuidores de gas.

En la acería larga de Hamburgo, donde ArcelorMittal produce alambrón, también se cerrará una planta a partir del cuarto trimestre. “El funcionamiento de la planta ya se ha reducido en un 80 por cien aproximadamente”, asegura el director de la obra. Allí, al igual que en Bremen, reducirán la jornada laboral.

A finales de este mes también cerrarán la fábrica de Gijón “temporalmente”. La situación se agrava por el gran volumen de acero importado de productores no europeos que no se ven afectados por el aumento de costes ligado a las cuotas de emisión de CO2 de la Unión Europea, dice un comunicado de la empresa.

En Francia no tienen previsto cerrar los altos hornos, pero sí ralentizar la actividad en Dunkerque (norte). Dos altos hornos están ya parados, uno por mantenimiento y el otro desde julio, en el marco de la “descarbonización” de la planta.

El mayor de los tres altos hornos, el número 4, que por sí solo representa más de la mitad de la capacidad de producción de acero en Dunkerque, sigue en funcionamiento.

También en el centro de Dunkerque se aplicarán medidas de ahorro con menor recurso a trabajadores temporales, vacaciones anticipadas, posibilidad de actividad parcial en función de las plantas.

A finales del año pasado, ArcelorMittal tenía 16 altos hornos en Europa.

Alemania y Francia se enfrentan por el gasoducto ibérico

A mediados de agosto el canciller alemán, Olaf Scholz, declaró que “dramáticamente” faltaba una interconexión entre la Península Ibérica y Europa central, pasando por Francia, para “aliviar” el suministro de gas.

El martes volvió a insistir. “Quiero subrayar de nuevo que apoyo mucho esa conexión”, dijo en una rueda de prensa con Pedro Sánchez. El gasoducto permitiría “mejorar las interconexiones de la red europea de gas en la actualidad y, a largo plazo, también se trata de utilizar el hidrógeno verde” en Europa de forma conjunta, insistió.

El proyecto no es nuevo. Con el nombre de Midcat -abreviatura de Midi (sur de Francia) y Catalunya- se puso en marcha en 2013 para que España y Portugal pudieran transportar gas licuado procedente de Estados Unidos o Qatar, a Europa central a través de Francia. Se abandonó en 2019 por la falta de apoyo de Francia.

“Estoy muy agradecido de que el canciller alemán comparta la visión de la necesidad de reforzar estas interconexiones”, dijo Pedro Sánchez, que asistió como invitado del gobierno alemán.

El proyecto “es algo que el gobierno español lleva pidiendo a Europa desde hace mucho tiempo”, dijo Pedro Sánchez. La infraestructura podría incluso estar operativa en un plazo de “ocho o nueve meses” en el lado español, según Enagás.

No es la primera vez que los gobiernos español, alemán e incluso portugués se pronuncian sobre el tema de las interconexiones europeas. Tanto Portugal como España disponen de numerosas infraestructuras portuarias para recibir el gas licuado transportado por barco desde todo el mundo, que podrían redistribuir por Europa.

Francia tiene otro plan

El problema es que a Francia no le interesa que Portugal y España le hagan la competencia. Francia ya tiene dos interconexiones de gas con la Península Ibérica en Biriatou y Larrau, aunque son oleoductos pequeños, de sólo 8.000 millones de metros cúbicos al año, frente a los 55.000 millones del Nord Stream 2, el oleoducto del Mar Báltico que une Rusia con Alemania.

Hay una tercera terminal de regasificación en Bouches-du-Rhone, puesta en marcha en 2010, que permite a Francia importar grandes cantidades de gas licuado sin necesidad de un nuevo gasoducto. Además, el gobierno francés tiene previsto construir una cuarta terminal de gas licuado en el Havre.

Madrid y Lisboa quieren convertirse en un importante centro de exportación de gas licuado a Europa gracias al Midcat, pero una parte de la infraestructura tiene que pasar por Francia. Cuando se construye un oleoducto, el país por el que pasa lo paga, y los franceses no querían asumir el coste, estimado en 3.000 millones de euros, para dejar que los portugueses y españoles compitan con ellos en Europa.

Francia quiere invertir el dinero en la construcción de terminales de gas licuado en Europa, en lugar de construir enormes tuberías para comprar gas español y portugués. Su objetivo es convertirse en la puerta de entrada del gas licuado en el continente. Si construye a tiempo la cuarta terminal de gas licuado en el Havre, el gas licuado importado irá a parar a Alemania.

En consecuencia, la Unión Europea está muy poco unida en este punto porque la competencia capitalista está por encima.

Pero el gasoducto ibérico tampoco es una solución, ya que no podría abastecer el elevado consumo de gas de Europa central, y en particular de Alemania. Tampoco hay gas licuado en el mundo capaz de saciar las necesidades europeas de gas. Este año la demanda mundial de gas licuado alcanzará los 436 millones de toneladas, mientras que la oferta disponible no superará los 410 millones.

Teniendo en cuenta los nuevos proyectos existentes, la capacidad aumentaría sólo un 2 por cien este año y un 3 por cien el año que viene. En 2026 el mundo sólo dispondrá de unos 100 millones de toneladas adicionales de gas licuado. De ahí los planes europeos de reducción del consumo.

Unión Europea: cuando un ciego guía a los demás ciegos

María Sajarova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, ha comparado a la Unión Europea con un cuadro del pintor flamenco Breugel, “La parábola de los ciegos”, un óleo sobre tabla, pintado en 1568, que se exhibe actualmente en el Museo di Capodimonte de Nápoles.

Seis ciegos caminan uno delante de otros. Un guía, también ciego, los precede y cae en un agujero. El siguiente ciego se tambalea por encima del primero. El tercero, conectado con el segundo, sigue a sus precedesores. El quinto y el sexto aún no saben lo que está pasando, pero al final acabarán cayendo también en el
agujero.

La pintura se inspira en una parábola del Evangelio de Mateo (15,14). Jesucristo dice: “Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos, y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo”.​

Los países europeos peregrinan al norte de África en busca de combustibles

Con ocasión de sus dos visitas a Argel, Draghi concluyó un acuerdo con Argelia para el suministro de gas. El país norteafricano es ahora el primer proveedor de gas de Italia, en sustitución de Rusia. El monopolio del petróleo y el gas ENI ha obtenido la explotación de un nuevo yacimiento por 25 años junto a la empresa nacional de hidrocarburos argelina Sonatrach en Berkin, al este del país. Los italianos y los argelinos tienen el gasoducto Transmed, que permite transportar el gas desde el desierto argelino hasta el lado italiano de la frontera, atravesando Túnez y Sicilia.

Macron también ha visitado Argelia y la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, se ha desplazado a Marruecos, siempre por el mismo motivo. Argelia es uno de los mayores exportadores de gas del mundo y Marruecos es una de las cabeceras en la producción de hidrógeno, al que ya le han puesto la etiqueta de “verde”.

Antes de que el avión de Macron despegara, el Elíseo aseguró que ningún contrato de gas estaba en la agenda de la delegación francesa. Oficialmente el viaje se realiza para tratar asuntos conmemorativos y diplomáticos. Sin embargo, en el avión vijaba la directora general de la empresa Engie, Catherine MacGregor porque los políticos se dedican a algo muy poco neoliberal: sacar las catañas del fuego a los monopolios energéticos.

Las relaciones de Francia con su colonia no son nada buenas. Desde su primer mandato presidencial, que comenzó en 2017, en dos ocasiones Argelia retiró a su embajador en París. Son los inconvenientes de haber sido una potencia colonia: la historia no se cuenta de la misma manera a un lado u otro del Medterráneo. Argelia está celebrando el 60 aniversario del final de la guerra contra los franceses.

Macron tuvo que pedir disculpas. Nada más llegar, el presidente francés, acompañado por su homólogo argelino, visitó el Memorial de los Mártires, erigido en honor a los argelinos asesinados por los colonialistas franceses.

Pero el verdadero objetivo del viaje no era pedir perdón sino conseguir el gas, aunque Argelia no tiene muchas posibilidades de aumentar sus exportaciones. Italia ya ha conseguido el que antes suministraban a España a través de Marruecos, que quedaron cortados por el servilismo del gobierno español hacia Estados Unidos y Marruecos en la cuestión del Sáhara.

La alemana Baerbock ha tenido problemas parecidos en Marruecos. En mayo Rabat llamó a consultas a su embajador en Berlín, acusando a Alemania de una posición negativa respecto al Sáhara.

En diciembre de 2020 Trump reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y Alemania convocó una reunión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad de la ONU para debatir la cuestión. Además, Marruecos fue entonces excluido de una reunión en Berlín para resolver la crisis libia y a Rabat no le gustó.

Berlín también se ha disculpado, declarando que apoya las propuestas de Rabat para resolver el conflicto del Sáhara. Si en unos casos (Argelia) manda el gas, en otros (Marruecos) es el hidrógeno. Según un informe publicado en enero de este año por la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), Marruecos se encuentra entre los cinco primeros países en la producción de hidrógeno “verde”, junto con Estados Unidos, Arabia Saudí, Australia y Chile.

El jueves, en una rueda de prensa celebrada en Rabat, Baerbock y su colega marroquí Nasser Bourita señalaron que el reino puede empezar a producir su propio hidrógeno “verde” en tres años y tiene todo lo necesario para exportar energía “limpia” a la Unión Europea en general y a Alemania en particular.

Sin embargo, Marruecos sigue dependiendo energéticamente de España, aunque está tratando de revertir esta situación. Está previsto que entre 2025 y 2027 se tiendan cuatro cables de 3.800 kilómetros entre Marruecos y la pequeña ciudad de Alverdiscott, en el norte de Inglaterra. Para 2030 se espera que suministren alrededor del 8 por cien del consumo energético de Reino Unido.

La socialdemocracia alemana comienza el viraje a favor de la paz en Ucrania

La socialdemocracia alemana, un partido típicamente belicista desde hace más de cien años, quiere dar un giro de 180 grados en relación a la Guerra de Ucrania. Exige negociaciones de paz con Rusia, un alto el fuego y el cese del suministro de armas pesadas al ejército de Kiev.

El diario Der Spiegel informa de las luchas internas en el seno del SPD, el partido socialdemócrata. A la fuerza ahorcan; la bancarrota económica está haciendo reflexionar a más de uno.

Un sector del SPD quiere un giro de 180 grados sobre Ucrania. Exigen negociaciones, un alto el fuego y el cese del suministro de armas pesadas.

Por supuesto, se echarán atrás como siempre han hecho desde hace un siglo. Pero su petición pública probablemente obligará a Scholz a hacer algunas concesiones y agravará las tensiones dentro del gobierno de coalición.

El SPD es el partido más fuerte de la coalición de gobierno. Algunos sectores se aferran a la idea de la distensión. En un llamamiento, un grupo de políticos socialdemócratas piden que se presione para conseguir un alto el fuego lo antes posible. Sugieren que se considere a China como mediadora entre Rusia y Ucrania.

Un grupo de políticos del SPD pide una ofensiva diplomática para poner fin rápidamente a la guerra en Ucrania. “Necesitamos un alto el fuego lo antes posible como punto de partida para unas negociaciones de paz exhaustivas”, escriben en un llamamiento titulado “¡Las armas deben callar!”, publicado por Der Spiegel.

Los autores reclaman un nuevo intento de “política mundial de distensión”. Una mejora fundamental de las relaciones con Moscú sólo sería posible después de la era del actual dirigente, Vladimir Putin”. Sin embargo, por el momento, “hay que encontrar un modus vivendi con el gobierno ruso sobre la base de un reconocimiento de las realidades que no nos gustan, lo que excluye una nueva escalada de la guerra”.

Los autores abogan por un papel mediador de China, se oponen a los planes de rearme y advierten del envío de material bélico pesado a Ucrania, señalando el peligro de una guerra nuclear. Con carros de combate o aviones de combate, se cruzaría una línea roja, y Rusia lo percibiría como una marcha hacia la guerra.

—https://www.welt.de/politik/deutschland/article240688237/Ukraine-Krieg-SPD-Politiker-fordern-Friedensverhandlungen-mit-Russland.html

Italia también se enfrenta a Bruselas y se niega a reducir el consumo de gas

La rebelión se extiende por el sur de la Unión Europea. Después de Grecia y Portugal, Italia se niega categóricamente a obedecer la exigencia de la Unión Europea de que los Estados miembros reduzcan su consumo de gas en un 15 por cien.

Inicialmente el gobierno español también se opuso, pero finalmente las presiones de Bruselas se impusieron y tendrá que reducir el consumo en un 7 por cien, obteniendo una segunda excepción.

Menos de una semana después del anuncio de la decisión de la Unión Europea de reducir el consumo de gas en un 15 por cien, varios países del sur de Europa han expresado abiertamente su desacuerdo. Hasta ahora, los que se han resistido han sido Portugal y Grecia. Ahora se les ha unido Italia (*).

El gobierno italiano también se opone firmemente a la idea de reducir su consumo de gas en un 15 por cien. Roma se opone al 15 por cien fijado por la Unión Europea, al carácter obligatorio de la decisión y a su generalización a todos los miembros.

Italia ocupa el primer lugar en infraestructuras de gas licuado, con una red de más de 107 depósitos de almacenamiento.

El gobierno portugués ha rechazado totalmente la propuesta de la Comisión Europea. El ministro portugués de Medio Ambiente, Duarte Cordeiro, considera esta decisión “inaceptable”, ya que no sirve a los intereses de su país. Al parecer, no es el único miembro del gobierno portugués que se opone a la decisión. Joao Galamba, Secretario de Estado de Medio Ambiente y Energía, tampoco es partidario de una reducción del 15 por cien en el consumo de gas del país.

En Grecia ocurre lo mismo. La decisión de la Unión Europea está haciendo que la gente se estremezca. El portavoz del gobierno griego, Yiannis Economou, fue muy claro al respecto. “El Gobierno no está de acuerdo en principio con la propuesta de la Comisión de reducir en un 15 por cien el consumo de gas natural del país”, dijo, y añadió que su país ha presentado propuestas a Bruselas con la esperanza de que den sus frutos.

Para el gobierno griego, cualquier reducción del gas tendrá un impacto significativo en su economía.

(*) https://www.ansa.it/english/news/politics/2022/07/22/rome-opposes-eu-15-gas-cut-sources_44e5b811-487c-432e-af30-838d145bf08a.html

El Banco Central Europeo va a dejar de publicar sus previsiones económicas

Para no sembrar el pesimismo, el Banco Central Europeo (BCE) va a dejar de publicar sus previsiones económicas. Por lo demás, en los últimos meses ha modificado tantas veces sus estimaciones a la baja que ya no resultan fiables para nadie.

El 16 de diciembre del año pasado la Presidenta del Banco, Christine Lagarde, dijo que “es muy poco probable que subamos los tipos de interés en 2022”. Sin embargo, el 3 de febrero abrió la puerta a la subida y el 9 de junio prácticamente anunció subidas de tipos en julio y septiembre.

Esta misma mañana ha notificado la de julio: un 0,5 por cien de subida, la primera subida de tipos desde hace 11 años.

Las estimaciones económicas son como las de la pandemia o los sondeos electorales. Apenas tienen carácter científico porque son un instrumento de política económica. Se trata de estimular la actividad económica o, su caso, de impedir la depresión.

La teoría económica que explican en los institutos universitarios sólo habla de crecimiento, desarrollo y expansión. Las crisis económicas no tienen cabida y los “expertos” jamás han sido capaces de anticiparse a ninguna de ellas, por evidentes que sean.

Por eso es mejor que el BCE tenga la boca cerrada, y sería aún mejor que despidiera a esas legiones de analistas que no son capaces de analizar nada.

Desde luego, es obvio que el Banco deja de publicar previsiones porque las que elabora traen muy malos augurios.

Bruselas asume el control del mercado energético europeo

Ayer la Comisión Europea pidió a los Estados miembros que para el 1 de agosto reduzcan su consumo de gas en un 15 por cien. En caso de dificultades, el objetivo pasaría a ser vinculante. Los titulares de los medios de comunicaciónn no dejan lugar a dudas sobre el verdadero alcance de la medida. El periódico francés Le Figaro lo explica así:

“El miércoles 20 de julio, Europa pasó a una economía de guerra. La Comisión presentó su plan de batalla destinado a preparar a la UE para el peor de los escenarios, es decir, una ruptura total del suministro de gas ruso. Para que conste, Rusia suministró unos 150.000 millones de m3 de gas en 2021, es decir, el 40 por cien de las importaciones de la UE. Mientras Vladimir Putin lleva varios meses jugando con los nervios de Europa en represalia por las sanciones impuestas en respuesta a la guerra de Ucrania, y mientras hay preocupación por la reanudación del gasoducto Nord Stream 1 -y con qué volumen- se espera el anuncio del jueves, la Comisión toma la delantera. ‘El objetivo es limitar los riesgos, mostrar a Putin y a los mercados que Europa podría superar una crisis así’, dice un diplomático” (*).

Para que no queden ambigüedades: Bruselas está a punto de tomar el control del mercado energético europeo y de la combinación energética de los Estados miembros. La Comisión cree que puede lograr algo que los países miembros no podrían por sí mismos y, desde luego, tratará de manera igual a países con infraestructuras energéticas muy diferentes. Algo más, por descontado: la Comisión Europea salta por encima de las empresas, públicas, pero también privadas, que tienen en sus manos la industria energética en Europa.

Ahora bien, reducir un 15 por cien el consumo de gas en Europa sirve para muy poco porque van a tener que recurrir a las reservas almacenadas. En consecuecia, si logran salvar este invierno, no lo van a lograr en el siguiente, como reconoce la propia Comisión Europea, si Rusia no mantiene el grifo abierto.

De momento, las noticias no son malas y esta mañana Rusia ha reanudado el suministro después de reparar la turbina del gasoducto Nord Stream 1.

Queda por ver hasta dónde llega esa solidaridad entre los diferentes Estados europeos o si, más bien, Bruselas ha tomado las riendas precisamente porque, por sí mismos, los Estados europeos no son nada solidarios entre sí. ¿Van a aceptar cortes de suministro unos países para que el gas vaya a los vecinos?

Esta mañana España ya ha dejado caer que no.

Bruselas se apoya en el artículo 122 del Tratado de la Unión Europea para adaptarse al peor escenario posible. Dicho artículo establece que “el Consejo, a propuesta de la Comisión, podrá decidir, con un espíritu de solidaridad entre los Estados miembros, medidas adecuadas a la situación económica, en particular si surgen dificultades graves en el suministro de determinados productos, especialmente de energía”.

Lo mismo que en la pandemia, la Comisión divide a los sectores económicos en “esenciales” y “no esenciales” y publica una lista de industrias cuya actividad deberá ser protegida en caso de crisis. En ellos están incluidos la defensa y la seguridad, la salud, la alimentación, los fertilizantes y el medio ambiente.

Los hospitales y las escuelas no se verán afectados, pero se les pide que reduzcan la calefacción y pongan el aire acondicionado a cierta temperatura. Las industrias en las que es muy complicado o imposible detener las líneas de producción también se salvarán.

Los demás sectores deberán estar preparados para parar la producción en las próximas semanas y meses, lo que nos devuelve a los cierres de empresas “no esenciales” durante el confinamiento, seguidos de los ERTE y las reducciones de jornada.

Es el manual más básico de la economía de guerra: inflación y carestía de la vida, racionamiento, recortes…

(*) https://www.lefigaro.fr/international/gaz-l-europe-bascule-dans-une-economie-de-guerre-20220720

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