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Estados Unidos cobra a precios astronómicos el gas que envía a Europa

Los suministradores de gas estadounidenses exigen precios “astronómicos” para enviar gas y compensar las entregas rusas, denunció el miércoles el ministro de Economía alemán, Robert Habeck, a pesar de que los dos países son “amigos”.

“Algunos países, incluso amigos, obtienen a veces precios astronómicos”, dijo Habeck en una entrevista con el diario Neue Osnabrücker Zeitung. “Esto es un problema”, añadió el ministro, que pidió a la Comisión Europea que “hable” con estos países.

Los suministros rusos representaban el 55 por cien de las importaciones alemanas de gas antes de la Guerra de Ucrania. Luego lasentregas se redujeron considerablemente y se interrumpieron a principios de septiembre.

El gobierno alemán tuvo que diversificar sus proveedores y aumentar considerablemente sus compras de gas licuado, cuyos precios son mucho más elevados. El país -como el conjunto del continente europeo- se ha volcado especialmente en Estados Unidos, cuya cuota de importación de gas licuado ha pasado del 28 al 45 por cien en el último año.

Habeck ha centrado sus críticas en Estados Unidos, por su insolidaridad. “Recurrió a nosotros cuando los precios del petróleo se dispararon […] Creo que esa solidaridad también sería útil para amortiguar los precios del gas”, dijo el ministro. La primavera pasada, cuando los precios del petróleo se dispararon, Estados Unidos, seguido por sus aliados de la Agencia Internacional de la Energía, recurrió a sus reservas estratégicas de barriles para aliviar la presión de los mercados.

Berlín pide a la Unión Europea que coordine sus compras de gas para bajar los precios. La Unión Europea debe “poner en común su poder de mercado y orquestar un comportamiento de compra inteligente y sincronizado […] para que los distintos países de la Unión Europea no paguen más”, concluyó.

Para limitar los precios del gas para sus empresas, el gobierno alemán anunció la semana pasada un gigantesco paquete de ayudas de 200.000 millones de euros. Esta iniciativa ha sido criticada por sus vecinos europeos, encabezados por Francia e Italia, que acusan a Berlín de competencia desleal.

El cabecilla de Pfizer se niega a rendir cuentas ante el Parlamento europeo

Los contactos de alto nivel entre Albert Bourla y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, antes del multimillonario contrato sobre las vacunas contra el coronavirus son objeto de una investigación por parte del Parlamento Europeo.

El director general de Pfizer, Albert Bourla, se ha negado de declarar ante la comisión especial del Parlamento sobre la pandemia, donde debía responder a preguntas sobre las negociaciones secretas sobre vacunas con las multinacionales farmacéuticas.

La negativa sigue a un informe de auditoría sobre la estrategia de adquisición de vacunas de la Unión Europea publicado a principios de este mes, que planteó nuevas preguntas sobre los contactos de Bourla con la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, antes de la firma del contrato multimillonario sobre la compra de vacunas.

El jefe del gigante farmacéutico estadounidense, principal proveedor de las vacunas a la Unión Europea, debía comparecer ante la comisión el 10 de octubre. El comité se reúne con los principales funcionarios que participaron en las negociaciones secretas.

Otros ejecutivos del sector farmacéutico se dirigieron al comité, entre ellos el director general de Moderna y altos ejecutivos de AstraZeneca y Sanofi.

La presidenta de la comisión, la eurodiputada belga Kathleen Van Brempt, ha declarado que “lamentaba profundamente” la decisión del cabecilla de Pfizer.

Tras una visita a la sede de Biontech la semana pasada, Van Brempt dijo en una declaración escrita que estaba deseando discutir “con otros directores generales”, incluido Bourla, director general de Pfizer.

El informe, elaborado por el Tribunal de Cuentas Europeo, constató que von der Leyen había participado directamente en las negociaciones preliminares del mayor contrato de vacunas de la UE, por hasta 1.800 millones de dosis de la vacuna de Pfizer, que se cerró en mayo del pasado año. Esto se aleja del procedimiento de negociación seguido para otros contratos, en los que un equipo negociador conjunto de funcionarios de la Comisión y de los Estados miembros lleva a cabo las conversaciones exploratorias.

El organismo de control de la Unión Europea también señaló que la Comisión se negó a proporcionar cualquier registro de las discusiones con Pfizer, ya sea en forma de actas, nombres de expertos consultados, términos acordados u otras pruebas.

En 2021 el New York Times informaba de la aparente relación entre Bourla y von der Leyen, que se intercambiaban mensajes de texto en el período previo al acuerdo. El diciembre del pasado año ya explicamos los vínculos del marido de Von der Layen con la industria farmacéutica, en general, y con Pfizer en particular.

—https://www.politico.eu/article/pfizer-ceo-albert-bourla-pulls-out-of-testifying-to-eu-parliament-covid-panel/

La crisis económica profundiza todas las grietas internas de la Unión Europea

A medida que la crisis energética se agrava en el Viejo Continente, las grietas de la unidad europea, antes poco visibles, empiezan a aparecer a plena luz del día. Acaba de surgir una nueva manzana de la discordia: el gigantesco paquete de subvenciones anunciado por Alemania -200.000 millones de euros- para proteger su economía amenazada por la recesión debido a la subida de los precios de la electricidad.

Es pura competencia desleal. Mario Draghi ha criticado abiertamente el apoyo del gobierno de Olaf Scholz a las empresas privadas. “No podemos dividirnos en función del margen de maniobra de nuestros presupuestos nacionales”, dijo el Primer Ministro italiano en funciones.

Al pedir que se “eviten las distorsiones peligrosas e injustificadas del mercado interior”, Draghi puso de relieve un problema que aumentará en los próximos meses. Los países más ricos y menos endeudados, como Alemania, disponen de más recursos que los Estados de Europa Central y Oriental, o los países sobreendeudados, como Italia, Grecia y España.

Thierry Breton también ha afirmado que el plan alemán debería “examinarse en detalle” y evaluar su “impacto en la igualdad de condiciones en el mercado interior”. El Comisario Europeo de Mercado Interior pidió que el apoyo a las empresas “se haga de forma muy transparente, en consulta y con coherencia europea”.

El anuncio alemán se produjo en vísperas de una reunión de los ministros europeos de Energía, cuando Berlín está bloqueando una de las medidas clave defendidas por otros gobiernos europeos: la introducción de un precio máximo para el gas. El gobierno de Scholz teme que ese tope provoque una escasez de gas. Sobre todo porque uno de cada diez fabricantes alemanes ya ha reducido su producción debido a los precios de la energía.

Esta batalla interna entre los europeos ensombrece el futuro de la Unión. El viernes los Veintisiete acordaron medidas sin precedentes que habrían sido inimaginables hace sólo unas semanas: cada Estado miembro tendrá que tomar medidas para reducir su consumo de electricidad en un 5 por cien en las horas punta entre el 1 de diciembre y el 31 de marzo. Los Estados miembro también tendrán que recuperar parte de los beneficios excesivos obtenidos por algunos productores de electricidad de bajo coste (nuclear, carbón, renovables).

Los beneficios generados cuando la electricidad se venda a más de 180 euros por megavatio-hora entre el 1 de diciembre y el 30 de junio tendrán que ser confiscados para financiar medidas de apoyo a los consumidores, como la congelación de los precios al por menor.

La tercera medida es que los Veintisiete tendrán que gravar a las empresas petroleras por sus actividades de producción y refinado de petróleo en Europa. Se aplicará un tipo mínimo del 33 por cien a los beneficios de este año, considerados excesivos (beneficios un 20 por cien superiores a la media de los últimos cuatro años).

Los cálculos que se manejan en Bruselas son que los gravámenes a los productores de electricidad y a las compañías petroleras permitirán recaudar 140.000 millones de euros, lo que equivale a un 1 por cien del PIB de la Unión Europea. Ese dinero debería ayudar a los países a financiar medidas de crisis como la congelación de las tarifas del gas y la electricidad.

Es el cuento de la lechera. No van a recaudar tanto dinero, pero aunque lo lograran, no sería suficiente. La factura energética del Viejo Continente es del orden del 6 por cien del PIB en los próximos dos años.

El capital financiero empieza a dudar del euro

En Europa la crisis no es sólo industrial y energética, sino también financiera. Desde que apareció hace 20 años, el euro está en el punto más bajo de su historia con respecto al dólar. “Es una tormenta prfecta”, dice el banco Nordea. Las importaciones son más caras y el euro caerá aún más.

El banco se pronuncia también sobre la crisis política, porque en definitiva el euro es un proyecto político: “La fragmentación política en Europa ha aumentado, con partidos políticos alejados del centro que ganan las elecciones”, asegura el banco.

Se refiere a Italia indirectamente, aunque la crisis no afecta a la estabilidad interna de la Unión Europea sino también a su máxima epresión financiera: el euro, que puede caer muy rápidamente, con secuelas que ningún país europeo está en condiciones de soportar: déficit comercial, escasez, desempleo y recortes presupuestarios.

Las tensiones políticas acabarán siendo tan fuertes entre los países de la zona del euro que el riesgo de fragmentación aumentará. En este contexto tan tenso, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ha hecho unas declaraciones que no dejan lugar a dudas.

El Banco Central Europeo no se dedica a corregir los errores de la política nacional, dice Lagarde. “El Banco Central Europeo no activará su nueva herramienta antifragmentación IPT (Instrumento de Protección de la Transmisión) para aliviar los costes de endeudamiento de los Estados miembros si estos aumentan debido a errores de política interna”.

En Italia la Unión Europea ha perdido a su peón más dócil, Mario Draghi, que en sus tiempos dijo -a diferencia de Lagarde- que el Banco Central Europeo haría lo que fuera necesario para sostener el euro.

Pero la situación ha cambiado y ahora es mucho peor que en tiempos de Draghi. Ya no se hacen declaraciones incondicionales. Ni siquiera de apoyo a los países que, como Italia, están en bancarrota. Que se las arreglen como puedan.

Pero Lagarde ha dado otro paso más. Ha dicho que “podrían ser necesarias medidas adicionales si la inflación no desciende a alrededor del 2 por cien cuando los tipos de interés alcancen el llamado nivel neutro, el nivel que no estimula ni obstaculiza la economía”.

Es una amenaza. Hay que prepararse bien para esas “medidas adicionales” de Lagarde.

Revuelta agraria en el país de los tulipanes

Los levantamientos campesinos parecían una reliquia del pasado más remoto. También parecían algo propio de países “atrasados”. Una revuelta agraria en el corazón de Europa es algo absolutamente sorprendente. Sin embargo, es un signo de los tiempos que corren.

Los Países Bajos están experimentando una impresionante agitación rural que dura ya tres años, aunque sólo se ha conocido desde junio de este año. Incluso se habla de “revuelta agraria”.

Holanda es el segundo exportador agrícola del mundo. Los campesinos holandeses son los principales beneficiarios de la PAC (Política Agraria Común), la mayor partida del presupuesto comunitario. El sector agrícola neerlandés también se beneficia del libre comercio internacional fomentado por los acuerdos económicos celebrados en el seno de la OMC (Organización Mundial del Comercio).

En los años sesenta ya se produjo una revuelta en el campo. Muchas explotaciones rechazaron las limitaciones de la PAC. Los agricultores se opusieron a la modernización forzada que exigieron el gobierno y los bancos, entre ellos Rabobank. Como resultado de las presiones monopolistas, la agricultura se especializó, se volvió productivista y desarrolló la ganadería intensiva. En la actualidad, la agricultura holandesa forma parte de un complejo agroindustrial altamente mecanizado que depende en gran medida de la química: fertilizantes, herbicidas, piensos…

Europa te lo da y luego la misma Europa te lo quita, primero en nombre de la PAC y ahora en nombre del calentamiento climático. Bruselas quiere cambiar las prácticas agrarias con su Agenda 2030. Las ayudas que propone sólo ascienden a 25.000 millones de euros, mientras que las proyecciones más optimistas prevén la eliminación de un tercio de las explotaciones ganaderas de aquí a 2030 y la reconversión inevitable de otro tercio.

Quizá el calor acabe con el planeta, sí, pero los seudoecologistas lo harán mucho más rápidamente. El gobierno holandés quiere reducir la cabaña ganadera a la mitad. En la primavera de este año, el Ministerio de Naturaleza y Nitrógeno anunció la obligación de reducir las emisiones de óxido de nitrógeno en un 70 por cien en las proximidades de las zonas Natura 2000.

Es imposible leer el nombre de ese Ministerio holandés sin que se escape una carcajada.

Desde la pandemia, los Países Bajos están experimentando una fuerte agitación social que empezó con las mascarillas, los confinamientos y la vacunación obligatoria. Además de las marchas callejeras, los holandeses han pasado al sabotaje: cortes de carreteras, bloqueo de los centros de carga y de las infraestructuras de transporte. El 5 de julio la policía disparó contra los manifestantes y algunos políticos han pedido sacar al ejército de sus cuarteles.

Las encuestas hunden al gobierno y en 2019 apareció un nuevo partido, el BBB (Movimiento Campesino Ciudadano), que podría obtener unos 20 escaños. Se tata de la típica organización con un programa confuso, populista y reaccionario a partes iguales, que no es otra cosa que expresión de un amplio decontento social.

Europa no quiere la paz

Al menos de manera retórica, la Unión Europea siempre se caracterizó por sus declaraciones en favor de la paz. De hecho, siempre escuchamos que la Unión Europea se había creado precisamente para evitar la guerra en Europa, un Continente dividido por viejas rivalidades a las que había que poner fin.

Ahora las cosas son distintas. En Estrasburgo la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha dejado bien claros los derroteros por los que marcha la política de Bruselas: “No debemos buscar el apaciguamiento”.

En otro discurso pronunciado el jueves en la Universidad de Princeton ha repetido: “Sé que algunos piden el fin de los combates, pero tengo que decir que la realidad es esta: si Rusia deja de luchar, la guerra se acaba, si Ucrania deja de luchar, no habrá más Ucrania”.

“Hay mucho en juego, no sólo para Ucrania, sino para Europa, para la comunidad internacional y para el orden mundial”, añadió.

Habría que leer esas declaraciones un par de veces o tres porque, en efecto, hay quien cree que el escenario de estala guerra es Ucrania y Von der Layen les vuelve a recordar que no es así. En Ucrania hay una guerra mundial que nunca ha necesitado ninguna escalada bélica para mostrar lo que está “en juego”.

Por lo demás, las consecuencias de la guerra no serán sólo la derrota total de Ucrania, ya que este choque no es sólo militar. La guerra es una de las manifestciones más obvias de la fragmentación del mundo y de la vuelta a los bloques, rompiendo una ilusión creada hace hace 30 años por la caída del muro de Berlín. Hoy los muros están por todas partes.

Una de las consecuencias de la fragmentación del mundo son las sanciones impuestas a Rusia. En una entrevista con la CNN, Von der Leyen pidió más sanciones con el pretexto del discurso previo de Putin, en el que las grandes potencias occidentales han querido ver una “escalada militar”.

En Ucrania no va a haber ninguna escalada militar, ni mucho menos nuclear. No hace falta. La escalada es la propia Guerra de Ucrania.

Ahora bien, no podemos descuidar una cuestión: si Von der Layen ha necesitado asentar con claridad que la política de la Comisión Europea es la guerra, es poque se está gestando un movimiento en favor de la paz en el interior mismo de Europa que, por cierto, irá indisolublemente ligado a la lucha contra la crisis capitalista y sus secuelas: paro, carestía y racionamiento.

Loe veremos.

Recesión y desindustrialización: Europa regresa a la Edad Media

Los partidarios del decrecimiento están de enhorabuena. La revista Forbes dice que Europa se encamina a una “profunda recesión” y a una desindustrialización que devolverá al Viejo Continente a una “edad oscura”.

La revolución industrial surgió, precisamente en Europa, con la máquina de vapor y el carbón que la puso en funcionamiento. El mundo moderno nació de una energía abundante, lo que no es posible con los precios actuales de la luz.

Forbes asegura que no estamos ante una crisis a corto plazo. Europa va a padecer en sus propias carnes situaciones dramáticas que hasta ahora sólo conocía por los periódicos, cuando se referían a países lejanos. El Presidente francés Macron ha dicho que la época de la opulencia es el pasado. Nos esperan la inflación y el racionamiento.

Los informes del banco Barclays hacen las mismas previsiones: “Ahora esperamos una recesión más profunda y prolongada y una inflación elevada más persistente debido al impacto de los precios más altos de la energía, un ciclo de endurecimiento más decisivo del Banco Central Europeo y una demanda más débil”.

El Barclays prevé una recesión en la eurozona en el cuarto trimestre que persistirá hasta el segundo trimestre de 2023, con una contracción del 1,7 por cien del PIB real. El de España retrocederá un 1,6 por cien.

Unos países estarán peor que otros. Alemania será el más perjudicado debido a su fuerte dependencia del gas ruso y a los cuellos de botella en el transporte de gas en Europa.

Por su parte, la agencia de calificación Fitch habla de una “tormenta perfecta para la economía mundial”. En su informe coincide en que la eurozona y Reino Unido entrarán en recesión a finales de este año.

“Hemos vivido una especie de tormenta perfecta para la economía mundial en los últimos meses, con la crisis del gas en Europa, una fuerte aceleración de las subidas de los tipos de interés y la profundización del desplome inmobiliario en China”, señala.

Se avecinan revueltas populares, según todos los pronósticos. Las protestas no han hecho más que empezar, lo mismo que los despidos y los cierres de empresas.

Europa renuncia a poner topes al precio del gas

La Comisión Europea sigue dando tumbos. Quiere hacer algo pero no sabe qué. Ahora ha renunciado al plan de poner un límite a los precios del gas, sea ruso o no, como parte de las medidas para hacer frente a la crisis energética.

La semana pasada la Comisión Europea dijo que propondría un objetivo obligatorio de la Unión Europea para reducir el consumo de electricidad en las horas punta, un tope a los ingresos de los generadores de electricidad y las empresas de combustibles fósiles, y un tope a los precios del gas ruso como medidas inmediatas para rescatar los mercados europeos de la crisis.

“Propondremos un tope al gas ruso. El objetivo aquí es muy claro”, dijo el miércoles pasado la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Sin embargo, los Estados miembros de la Unión Europea siguen divididos en cuanto a la limitación de los precios del gas ruso. Al menos diez de los 27 gobiernos se opondrían a esta medida. Alemania, la mayor economía de Europa y el miembro de la Unión Europea más afectado por el gasoducto Nord Stream, ahora clausurado, no está a favor del proyecto.

Otro grupo de países de la Unión Europea, entre los que se encuentran Francia y Polonia, ha presionado para que se limite el precio del gas importado. Sin embargo, la Comisión Europea desconfía de esta idea, ya que un tope de este tipo perjudicaría la capacidad de Europa para atraer grandes volúmenes de gas licuado si los precios son más altos en otros lugares.

Por lo tanto, es poco probable que se incluya un límite al precio del gas en la propuesta de la Comisión, aunque el borrador del proyecto todavía está sujeto a cambios.

Sin embargo, el ejecutivo europeo presiona para que se establezca un límite a los ingresos de los productores de energía nuclear y renovable y una tasa sobre los beneficios adicionales de las empresas de combustibles fósiles, incluido el sector del refinado.

Noruega se opone a limitar el precio del gas

Mientras la mayoría de los países europeos quieren introducir límites al precio de las importaciones de gas para reducir la factura energética, Noruega se opone por dos motivos. El primero es que se está forrando con la subida de precios. El segundo es que sus yacimientos de gas se están agotando.

El país escandinavo, que se ha convertido en el principal proveedor de gas natural de Europa desde las sanciones a Rusia, ha sido discreto hasta ahora en este asunto y considera que un precio máximo no cambiará el problema de fondo, que es que “hay muy poco gas en Europa”.

“Estamos de acuerdo en mantener un diálogo aún más estrecho con la Unión Europea en el futuro en relación con las diferentes propuestas que están sobre la mesa. Abordamos las discusiones con una mentalidad abierta, pero somos escépticos respecto a un precio máximo del gas”, declaró el lunes el Primer Ministro noruego, Jonas Gahr Store.

“Pero hay críticas en el país y en el extranjero, y algunos temen que sea visto como un especulador de la guerra. A medida que la guerra y la consiguiente crisis energética se prolongan, el dinero que fluye hacia el norte [Noruega] está resultando embarazoso”, afirmó la semana pasada el semanario británico The Economist.

Este año, los ingresos por petróleo y gas podrían alcanzar los 150.000 millones de euros, a los que habría que sumar otros 1.900.000 millones el año que viene, batiendo el récord del año pasado: 830.000 millones.

La Comisión Europea quiere limitar el precio del gas, pero no está convencida de que la medida vaya a funcionar. Ocurre como con las mascarillas durante la pandemia. Intentaron poner límites a los precios de compra y nadie quiso venderlas ya que siempre había un tercero que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por ellas.

Noruega dice lo mismo que Rusia: los países europeos se han negado a firmar contratos a largo plazo de suministro de gas a precios establecidos. Siempre optaron por comprar en el momento y a los precios de mercado. Ahora es muy tarde para cambiar una política errónea.

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