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Rusia depura a 300 policías que han sido denunciados por los ciudadanos

El Ministerio ruso de Interior ha despedido a unos 300 policías desde principios de 2018 después de que los ciudadanos denunciaran los abusos, dijo el ministro del Interior Vladimir Kolokoltsev.

Ha habido al menos 45.000 quejas sobre acciones policiales este año, añadió el ministro.

Como resultado de las investigaciones abiertas a raíz de esos informes, 300 policías perdieron sus empleos y 65 fueron despedidos por pérdida de confianza, manifestó.

Algunos de ellos encubrían el tráfico de drogas, dijo, apuntando que cada uno de los casos era “una emergencia” para la policía.

Una encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de toda Rusia (VTSIOM) revela que desde 2017 el nivel de confianza de las ciudadanos en la policía ha caído en un 10 por ciento.

El 57 por ciento de los encuestados expresa que confía en la policía.

El año pasado, VTSIOM informó que en Rusia la confianza en la policía había alcanzado un nivel récord del 67 por ciento, lo que fue un drástico incremento comparado con el período de mediados de 2010, cuando las cifras estaban por debajo del 50 por ciento.

Recientemente los aparatos represivos rusos se han visto sacudidos por varios escándalos importantes, el último de los cuales se refiere a la violación de una detective joven por tres jefes de departamentos de policía de la Jefatura de Policía de Ufa.

A principios de noviembre, un oficial borracho de la región de Altay condujo su lujoso todoterreno contra una tienda de comestibles y huyó del lugar.

‘Nos oponemos a la implementación de tecnologías de vigilancia masiva y reconocimiento facial en el espacio público’

María Paz Canales y Pablo Viollier

Frente a la represión que el Estado chileno ha ejercido sobre la legítima protesta social, nos oponemos a la implementación de tecnologías de vigilancia masiva y reconocimiento facial en el espacio público. Está demostrado que estas tecnologías no nos protegen: su implementación nos vulnera y entrega al Estado capacidades que menoscaban nuestros derechos.

Mientras que en mayo del año pasado la ciudad de San Francisco (cuna de este tipo de tecnologías) prohibió la utilización de tecnología de reconocimiento facial en espacios públicos, la Unión Europea pondera seguir este camino o al menos implementar una moratoria de cinco años a la utilización de estos mecanismos en espacios públicos; en Chile se ha anunciado una licitación para la compra de equipamientos para un  Sistema de Teleprotección Nacional  por más de 14 mil millones de pesos que incluye tecnología de reconocimiento facial. Este sistema forma parte del programa “Calle Segura”, la iniciativa más ambiciosa para aumentar de capacidad de vigilancia del Estado desde la vuelta a la democracia.

En el contexto de protesta social en el que el país se encuentra sumido desde octubre del año pasado y ad portas de un proceso constituyente, donde las necesidades de expresarse públicamente y manifestarse pacíficamente mantendrán movilizada a parte importante de la población: ¿Qué podría salir mal?

Las razones que han llevado a la prohibición o moratoria de uso del reconocimiento facial en espacios públicos son claras y compartidas: este tipo de tecnologías entregan al poder político una capacidad ilimitada, desproporcionada e injustificada para identificar, perfilar y vigilar a sus ciudadanas; aún cuando la ejecución de estas actividades es incompatible con el Estado democrático de Derecho.

Una de las principales críticas a las tecnologías de reconocimiento facial es su tasa de falsos positivos, es decir, el porcentaje de veces que el sistema reconoce de forma equivocada al afectado. La policía londinense reportó que un sistema de estas características identificó erróneamente a los individuos en un 92% de los casos, en Nueva York se obtuvo un 80% de falsos positivos y en nuestro país, el sistema del Mall Plaza resultó en un 90% de casos erróneos ¿Existe alguna otra industria que pueda mantenerse lucrativa con esos resultados?

Más allá de su efectividad -y la cuestionable justificación económica de esa inversión por el Estado, frente a las múltiples demandas sociales que requieren urgente atención- lo que resulta realmente espeluznante del reconocimiento facial, para aquellos que amamos y defendemos la libertad, es que estamos ante una tecnología que entrega una capacidad completamente desproporcionada al Estado y le permite ampliar su poder político para identificar a sus ciudadanas en el espacio público, un verdadero estado policial de control que trata a las personas como permanentes sospechosas. Este es el Estado del que nos habló Orwell en 1984.

Hoy estamos, entonces, ante una paradoja. El reconocimiento facial es una mala inversión para los recursos del Estado porque no sirve -ya se ha demostrado que es incapaz de entregar el resultado que promete- y el precio lo pagarán con sus derechos y libertades aquellos erróneamente identificados por el sistema. Aún si fuese capaz de alcanzar su objetivo, las consecuencias en el ejercicio de los derechos de las personas serían irreversiblemente más graves; es por esto que la implementación de este tipo de tecnologías resulta incompatible con un Estado de Derecho.

El anuncio de este sistema de vigilancia masiva ocurre en un momento particular, a la mitad de la revuelta social y política más importante que ha vivido Chile en los últimos 30 años. En un escenario en donde al menos tres organismos internacionales han constatado la existencia de gravísimas y generalizadas violaciones a los derechos humanos de la población.

La implementación de este sistema de vigilancia masiva se produce, entonces, en un contexto en el que se constata una progresiva criminalización al legítimo derecho de la población a la protesta social. El sistema propuesto entrega una herramienta tecnológica adicional para acrecentar la capacidad de control del Estado sobre la expresión y la manifestación, como un ejercicio de poder sin contrapesos ni obligación de rendición de cuentas en su uso. Si previo al estallido social vivimos situaciones como la Operación Huracán o la vigilancia policial revelada por el Paco Leaks ¿qué garantiza que un sistema de vigilancia masivo con reconocimiento facial no será utilizado para perfilar a dirigentes sociales, perseguir a activistas, medios independientes u hostigar a oponentes políticos?

Las bases de licitación son claras en entregar al sistema la mayor discrecionalidad y arbitrariedad posible, describiendo las cámaras como un mecanismo legítimo incluso para perseguir incivilidades . En otras palabras, se proponen como una solución para perseguir conductas que van desde cometer delitos hasta botar papeles en la calle, contraviniendo uno de los principios básicos de la disciplina jurídica de protección de datos personales: el principio de proporcionalidad.

Las bases de licitación son además ambiciosas, pero poco precisas. Se establece que el sistema de vigilancia tiene que ser capaz de reconocer rasgos faciales, patrones de comportamiento y contar con algoritmos de aprendizaje de máquinas (machine learning); sin embargo, no establece definición alguna de qué parámetros técnicos deberán cumplir ni provee información acerca de los datos que serán usados para su entrenamiento. Tampoco hay mención a cualquier mecanismo de control o resguardo de los derechos de las personas sujetas a este sistema de vigilancia masiva.

La pretensión del gobierno por generar mecanismos de vigilancia masivos en espacios públicos se basa en una premisa errada que nuestros tribunales superiores de justicia han sido claros en descartar: que «no existe» la privacidad en el espacio público. Claro que las personas no gozan del mismo nivel de privacidad en la calle que en la sala de estar de sus casas, pero eso no quiere decir que uno renuncie totalmente a la privacidad al cruzar el umbral de la puerta.

Y es que la privacidad y el anonimato son además condiciones necesarias para el ejercicio de otros derechos fundamentales, como la libertad de expresión, el derecho a reunión, petición, la libertad de culto y la no discriminación. De esta forma la implementación de sistemas de vigilancia masiva genera un efecto inhibidor donde, por miedo a represalias ulteriores, las personas podrían sentirse presionadas a no ejercer sus derechos o ejercerlos de forma limitada.

¿Podrán los chilenos seguir manifestándose con tranquilidad y libertad sabiendo que sus rostros están siendo identificados y que cada uno de sus patrones de comportamiento están siendo analizados por el mismo gobierno que los reprime? La respuesta es obvia.

Desde Derechos Digitales nos oponemos a la implementación de este sistema de vigilancia incompatible con el Estado democrático de Derecho, que vulnera los derechos fundamentales de la población.

La Subsecretaría de Prevención del Delito debe rendir cuenta a las chilenas de su actuar, y es por eso que tal como lo hemos hecho nosotros, invitamos a todos nuestros lectores a utilizar el mecanismo de acceso a la información pública para requerir información de cómo este plan de vigilancia masiva pretende ser implementado y les afecta. Para ello les compartimos un modelo de solicitud que pueden bajar acá. La solicitud se debe ingresar en el portal de transparencia de la Subsecretaría de Prevención del Delito, de forma que exijamos al gobierno transparentar los detalles de este sistema de vigilancia masiva a todas sus ciudadanas interesadas en proteger el respeto de los derechos humanos que les hizo salir a la calle en 2019: para exigir que la dignidad se haga costumbre.

https://www.derechosdigitales.org/14182/contra-la-vigilancia-masiva-hasta-que-la-dignidad-se-haga-costumbre/

Negar la realidad es una costumbre de los gobiernos colombianos cuando la misma realidad les salpica la cara

Renson Said

El director de la Policía [colombiana], Óscar Atehortúa, dice que la Águilas Negras (organización no organizada, la cual envía panfletos amenazando a líderes sociales y reclamantes de tierras), no existen porque “no han sido registradas”. Ya antes, María Fernanda Cabal había dicho que la masacre de las bananeras fue otro de los “mitos históricos de la narrativa comunista”. Y Santos: “El tal paro agrario no existe”.

Negar la realidad ha sido una costumbre extendida entre los distintos gobiernos colombianos cuando la misma realidad les salpica la cara. En un país preocupado por la imagen (no es casual que Colombia sea uno de los países donde más cirugías plásticas se realizan), las verdades incómodas se maquillan: no se habla ya de asesinatos de civiles inocentes, sino de falsos positivos. A los dueños de tierras usurpadas a campesinos se les dice: “compradores de buena fe”. Y así. Mientras tanto, el paro agrario deja muertos y heridos. La masacre de las bananeras ocupa lugar doloroso en la historia de Colombia y las Águilas Negras siguen intimidando a la población.

El método ha ido evolucionando. Antes, bastaba solo con cambiar el nombre de las cosas para que las cosas cambiaran, aunque no cambiaran. Ahora la realidad se niega de tajo: Las Águilas Negras no existen porque “no han sido registradas”.

No sé si las organizaciones criminales deban registrarse ante la Cámara de Comercio o ante el ministerio de Defensa, lo cierto es que constituye una realidad que no se puede ocultar.

Las Águilas Negras nacieron en Norte de Santander. Según un informe de la Defensoría del Pueblo de 2006: “Con la desmovilización del bloque Catatumbo, en diciembre de 2004, aparecen nuevas estructuras paramilitares integrados por combatientes y excombatientes de otros bloques que actuaban en diferentes zonas del país, que desde los primeros meses del 2005 han venido copando los espacios dejados por el bloque Catatumbo y el bloque Norte, luego de su desmovilización”.

Estas estructuras son las Águilas Negras cuyas acciones son similares a las de los bloques Catatumbo y Norte.

Puede ser una organización fantasma, porque no se atribuye ningún crimen. Pero eso no significa que no existan, de la misma manera como el rebusque no está tipificado (o registrado ante notaría) aunque para la mayoría de los colombianos esa sea su única ocupación.

Es curioso que las Águilas solo amenacen a familias reclamantes de tierras, a defensores de derechos humanos y a dirigentes de la oposición. Nunca han amenazado a ningún dirigente de derecha ni a ningún militar ni a ningún obispo. ¿Cómo hacen para que aparezca un panfleto en Chocó y al día siguiente otro en Bogotá? Desmovilizadas las Farc, esa logística solo la tiene el gobierno.

No es que uno sea mal pensado, pero no deja de ser sospechoso que las Águilas Negras, que nunca amenazan a ningún político de partidos tradicionales, hayan amenazado a Roy Barreras luego del debate al ministro de Defensa por el bombardeo al campamento guerrillero donde murieron menores de edad.

O sea, hay indicios, general Atehortúa, y que usted no los vea arroja luz sobre sobre la capacidad de la Policía nacional para investigar los temas de su competencia.

Negar la realidad es una forma de anular las preguntas que incomodan al establecimiento, y es, en esa doble negación, donde las águilas empollan.

https://www.elespectador.com/noticias/nacional/negacionistas-columna-901771

El capitalismo arde en el fuego del infierno

A París la llaman la “ciudad de la luz” porque desde 1789 siempre ha estado en las llamas de toda clase de insurrecciones. La Comuna de 1871 no fue la última. A partir de 1978, con el atentado de Orly, el pretexto fue el terrorismo, aprobándose las primeras órdenes sobre la aplicación de medidas de vigilancia.

Se amplió en 1981 con el Plan Pirata, cuyo fin era que el Primer Ministro tuviera manos libres en la lucha contra el terrorismo. El plan se activó diez años después con el pretexto de la Guerra del Golfo.

No sirvió de nada. En 1995 pusieron las calles de París bajo asedio militar (“vigipirate”) con el pretexto de los atentados cometidos tras el Golpe de Estado en Argelia.

Tampoco sirvió de nada, como se comprobó en 2015 con la cadena de atentados que comenzaron en la revista Charlie Hebdo.

Pero la represión nunca tiene bastante. Ahora el ayuntamiento de París vuelve a la carga. Ha anunciado una serie de medidas integrales que van desde la limpieza a la inseguridad.

Los barrios burgueses no están sucios porque los limpia el ayuntamiento. La suciedad está en los barrios más pobres y el culpable no es el ayuntamiento sino quiene padece la suciedad, o sea, los marginados.

Es el mundo al revés. La inseguridad tampoco es la que padecen los vecinos de los barrios marginados a manos de la policía, sino al revés: es la que causan los marginados, por lo que represión se focaliza en los distritos de la clase trabajadora.

Las medidas van acompañadas de una retórica de guerra amenazadora.  El ayuntamiento dice que está listo para “encender los fuegos del infierno”.

Una de las medidas emblemáticas del programa es la organización de patrullas contra la inseguridad. Los comerciantes verán los controles reforzados. Se sospecha que muchos negocios del vecindario se utilizan para el lavado de dinero, entre otras cosas. También se han denunciado casos de presión a los competidores para que compren sus arrendamientos. La venta sin restricciones de alcohol también plantea problemas de seguridad pública.

El capitalismo conduce directamente al desastre social. La capital francesa tiene la intención de acabar con la distribución no declarada de alimentos entre los más miserables. Ya no autorizará la entrega de comida a los emigrantes y los pobres. ¿El pretexto? La distibución de alimentos y las comidas en la calle esparce los residuos y la suciedad y provoca peleas entre los hambrientos.

Sin embargo, hay un pretexto aún mejor: las asociaciones de caridad realizan proselitismo religioso, de modo que a partir de ahora para distribuir alimentos en los barrios hay que obtener un permiso municipal.

La vivienda es otra lacra: cada vez hay más personas viviendo en la calle y en tiendas de campaña. Por eso el ayuntamiento anuncia la renovación de 40.000 viviendas sociales.

En cuanto los turistas salen del centro, el hedor de los vagabundos y los sin techo les invade por completo.

La guerra sucia como política de Estado en Colombia

Los falsos positivos son una política histórica en Colombia, aseveró Juan Carlos Tanus, director de la Asociación Civil Colombianos en Venezuela.

“Los falsos positivos creados por el Gobierno colombiano no son más que ejecuciones extrajudiciales, las cuales cuentan con un apoyo legal por parte del Estado, quien asume a través de sus servidores una estructura que produce cientos de homicidios”, afirmó.

Durante una entrevista en Venezolana de Televisión, Tanus aseguró que esa política ha ido en aumento y creado un impacto en la sociedad a través de las ejecuciones aplaudidas por el presidente Iván Duque.

Resaltó que esto no es una estrategia reciente esto data de hace por lo menos 20 años.

Sin embargo, puntualizó, no fue hasta este último año que la Comisión Nacional de la Verdad en Colombia comenzó a indagar.

“Esas investigaciones arrojaron que en los dos periodos de Álvaro Uribe fueron ejecutados extrajudicialmente cuatro mil dirigentes colombianos en tan solo ocho años los cuales no son comparados con los 17 años de dictadura de Augusto Pinochet en Chile”, puntualizó Tanus.

Explicó como actualmente existen documentados alrededor de 10.000 casos que confirman las ejecuciones extrajudiciales que cuentan con el aval del Estado.

“Un ejemplo de esta situación lo constituyen los seis generales investigados por su presunta vinculación con los falsos positivos y en el cual recibieron dinero, y mejoras en sus condiciones de vida”, subrayó.

Indicó que “cada vez que presentaban un civil asesinado bajo el pretexto que fue dado de baja en combate recibían a cambio beneficios del gobierno”.

Resaltó que el Gobierno colombiano hace una convocatoria a una Cumbre Antiterrorista, pero lidia con una muerte diaria de dirigentes políticos.

https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=337770&SEO=falsos-positivos-politica-historica-en-colombia

Assange abandona el módulo de aislamiento de la cárcel de máxima seguridad de Londres

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, actualmente preso en la cárcel de Belmarsh, en Londres, salió el viernes del módulo de aislamiento tras una serie de peticiones de sus abogados y compañeros de prisión.

El australiano ha permanecido incomunicado, con severas restricciones de acceso a los visitantes, desde abril, mientras espera su juicio de extradición por parte de Estados Unidos, que comenzará el 24 de febrero.

El portavoz de Wikileaks, Joseph Farrell, dice que Assange fue transferido del ala médica a otra ala el viernes junto con otros 40 presos. El traslado se produjo después de que sus abogados y los demás reclusos denunciaran al gobernador de la prisión que el trato era injusto.

Tras las reuniones entre los carceleros, los abogados y los presos, se produjo el traslado. “Es una gran victoria para el equipo legal de Assange y para los luchadores que llevan semanas insistiendo en que las autoridades carcelarias dejen de castigar a Assange”, dijo Farrell.

Assange deberá ser juzgado el próximo mes de febrero para determinar si debe ser extraditado a Estados Unidos, donde se le imputan 17 cargos de espionaje y un cargo de conspiración para cometer intrusión informática.

Los cargos se relacionan con las alegaciones de que Assange intentó ayudar a la analista de inteligencia del ejército de Estados Unidos, Chelsea Manning, a proteger su identidad digital mientras accedía a los archivos clasificados del Pentágono sobre las guerras de Irak y Afganistán.

WikiLeaks contribuyó a la publicación de miles de esos archivos, algunos de los cuales revelaron los crímenes de guerra de Estados Unidos en ambos países. Su caso se considera una prueba de fuego para la protección de las fuentes de los periodistas.

Farrell dijo que el traslado de Assange fuera del módulo de aislamiento después de nueve meses es una pequeña victoria ya que todavía no tiene acceso pleno a sus abogados.

En una reciente audiencia, el abogado Gareth Pierce dijo que al equipo de la defensa sólo le han dado tres horas de visita con Assange para coordinar el juicio.

“Se le sigue negando un acceso adecuado a sus abogados, como reconoció el juez en una audiencia de gestión de casos en el Tribunal de Westminster”, dijo Farrell.

“Los militantes siguen insistiendo en que Assange no debe estar en la cárcel, y mucho menos en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh”, añadió.

Los refugiados centroamericanos denuncian torturas en los centros de internamiento de Estados Unidos

Centro Juvenil de Shenandoah, en Virginia
Muchos adolescentes de México y Centroamérica que en años recientes han llegado como refugiados a Estados Unidos han sido víctimas de castigos y torturas en los reformatorios en los que suelen internar a algunos de los menores no acompañados que son detenidos en la frontera, quienes en lugar de ser protegidos son encarcelados debido a las políticas impuestas por Trump.

En espera de que los casos de asilo de los menores no acompañados sean resueltos por los tribunales, la policía de inmigración entrega la custodia de muchos de ellos a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), una institución del gobierno federal que depende del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).

Los menores transferidos a la ORR son internados en albergues o casas de crianza “foster care”, pero algunos otros en la etapa de la adolescencia son enviados a cárceles juveniles con las que el gobierno acuerda su encierro.

Uno de esos reformatorios es el Centro Juvenil del Valle de Shenandoah, ubicado en Virginia, donde han denunciado el maltrato físico y psicológico que sufrieron varios adolescentes citados en una demanda judicial.

Los testimonios inscritos en los documentos del tribunal describen el castigo al que eran sometidos y refieren los insultos que constantemente recibían los jóvenes inmigrantes, tanto de los otros internos estadounidenses como del propio personal del centro carcelario.

Uno de los adolescentes refugiados relata que en una ocasión se agarró a trompadas con un muchacho estadounidense porque ya estaba cansado de que lo llamaran “pendejo” y “onion head”. Los guardias del lugar lo amarraron a una silla, le cubrieron la cabeza con una bolsa y empezaron a golpearlo.

El castigo aplicado al estilo de la mafia lo recibió en cinco ocasiones, según cuenta el joven, además de que también eran sancionados con encierro en solitario y desnudos cuando no participaban en las clases o por golpear las paredes con el balón cuando jugaban al futbol o si se quejaban de alguna dolencia o malestar físico.

Los relatos de varios jóvenes refugiados citados en la demanda describen escenarios similares sobre el castigo que padecían cuando eran inmovilizados en una silla y con una bolsa en la cabeza que por momentos los asfixiaba.

La acusación por uso excesivo de la fuerza en contra del reformatorio juvenil fue presentada en 2017 pero, después de un largo proceso judicial en el que se escucharon los testimonios y se presentaron las pruebas, la demanda fue desestimada en julio de 2019.


Los abogados que representan a los demandantes han recurrido la resolución en apelación para tratar de evitar que más adolescentes que llegan al país en busca de protección como refugiados sigan siendo encarcelados en correccionales para delincuentes juveniles y expuestos al abuso.

La petición de los demandantes tuvo la semana pasada el apoyo de grandes aliados cuando un grupo de más de 50 fiscales y reconocidos abogados de todo el país enviaron una opinión a los magistrados para que las acusaciones sean llevadas a juicio, al considerar que los jóvenes inmigrantes no habían cometido delito alguno para ser enviados al reformatorio.

“El propósito de la detención es para protegerlos, no para castigarlos“, señalan los fiscales en el documento enviado al tribunal de apelaciones para expresar su preocupación por el trato que reciben los inmigrantes que buscan asilo, que en este caso incluye abuso físico y confinamiento en soledad.

https://cronio.sv/internacionales/adolescentes-centroamericanos-y-mexicanos-revelan-abuso-de-torturas-en-refugios-de-ee-uu/

Las comisarías de policía se equipan con dispositivos para extraer todos los datos de los móviles

Dispositivo UFED de extracción de datos de los móviles
Las comisarías de policía han comenzado a equiparse con dispositivos capaces de succionar todos los datos de un teléfono móvil en menos de diez minutos. Basta con enchufar el móvil para extraer todos los datos durante una detención: contactos, mensajes, fotos, vídeos, textos, claves, geolocalización, historial de navegación…

La policía puede husmear en los móviles aunque una persona se niegue a dar su clave o código PIN. Da igual que estén cifrados o no. Da igual que sean relevantes para la investigación de un delito o no. Es como si en el rgistro de un domiclio la policía se lo llevara absolutamente todo.

A estos aparatos los llaman Ufed (Universal Forensic Extraction Device), dispositivos de extracción para la investigación digital. Están equipados con programas de copiado de datos telefónicos, desarrollados por una empresa israelí que los comercializa: Cellebrite.

Fundada en 1999 en Israel, Cellebrite pertenece desde 2007 a un grupo japonés: Sun Corporation. La empresa es una de las cabezas del mercado mundial, junto con los suecos de la MSAB y se ha hecho un nombre en todo el mundo al ayudar al FBI a descifrar el teléfono de uno de los dos terroristas de San Bernardino. Hay 35.000 copias de Ufed israelíes en el mundo, que son utilizadas en más de 100 países por empresas, ejércitos, policías, aduanas, prisiones y también por organizaciones gubernamentales e internacionales como la Interpol.

Los Ufed utilizan los agujeros de seguridad de los teléfonos móviles para hacer una copia de los datos. Pueden descifrar más de 17.000 modelos de teléfonos, tabletas o GPS en pocos minutos.

En Francia Cellebrite se estableció en 2009. En ese momento, fue su competidor MSAB el que tenía el favor de la policía con el X-RY, un programa similar que enumera las llamadas entrantes y salientes, los textos y las fotos.

No hay nada nuevo en la realidad. Todos estos dispositivos ya existían antriormente. La única diferencia es que ahora los israelíes los entregan “llave en mano”.

Lo explicaron el año pasado los propios representantes de la empresa israelí en Marruecos: el 77 por ciento de los refugiados llegan sin documentos de identidad mientras que el 80 por ciento tiene móvil. En lugar del documento de identidad la policía puede utilizar el teléfono para averiguarlo todo sobre ellos: quiénes es, de dónde viene, dónde ha estado, qué ha hecho y por qué solicita refugio.

Un refugiado tiene que presentar su solicitud en el primer país donde ha sido controlado. Si se revisa su teléfono y aparece que ha estado en Italia durante unos días, se le puede deportar allá.

Naturalmente, esta tecnología se está utilizado para la represión política. En Bahrein se ha utilizado para procesar al disidente Mohammed Al-Singace, que fue torturado por la policía, según The Intercept (*).

Se probaron en Biarritz durante la convocatoria contra el G7 con el fin de piratear los teléfonos de los detenidos.

La nueva tecnología favorece la represión, ya que para la policía la mejor manera de saberlo todo de alguien es detenerle y extraer sus datos del móvil. Es mejor que un interrogatorio farragoso, mejor que registrar la vivienda, mejor que pincharle el teléfono… Hoy todo está en el móvil de cada cual.

(*) https://theintercept.com/2016/12/08/phone-cracking-cellebrite-software-used-to-prosecute-tortured-dissident/

Más de 190.000 cadáveres: una de las mayores matanzas de la historia se está produciendo en Colombia

Por primera vez, esta semana los tribunales colombianos han acreditado al Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) y a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin) como víctimas colectivas del terrorisno de Estado.

Los pueblos del Cauca han cargado con una parte importante de la brutalidad del Estado: 124.785 cadáveres, según los datos oficiales. El número corresponde a miembros de 31 Resguardos y Cabildos Indígenas del Pueblo Nasa que han sido golpeados por el terror.

El caso, que en la Justicia Especial de Paz se conoce como el 005, lo dirigen los magistrados Raúl Eduardo Sánchez Sánchez y Belkis Izquierdo Torreses. Es tan gigantesco que jamás se podrá obtener una resolución individual de cada uno de los crímenes.

Los campesinos han soportado tomas, masacres, asesinatos selectivos y violaciones por parte de la Tercera División del Ejército y el Bloque Calima de las Autodefensas.

El Caso 005 investiga 2.308 crímenes de desplazamiento forzado, conductas que afectan la libertad, violencia sexual, muertes productos del terror, confinamiento y siembra de minas antipersonas, reclutamiento ilícito, desaparición, ataques a la población y amenazas.

Se han acreditado 20.205 víctimas pertenecientes a 47 Consejos Comunitarios Afrodescendientes agrupados en la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca y otras organizaciones Afro del Sur del Valle.

Los tribunales han reconocido más de 190.000 víctimas del terror, aunque en el listado se incluyen, como no podía ser de otra forma, las acciones guerrilleras, en el mismo plano que las del Estado.

Dentro de los siete casos priorizados por la JEP se han presentado miles de colombianos para ser acreditados como víctimas: 9.264 en el caso 001 (Retención ilegal de personas por parte de las Farc-EP, 48712) en el caso 002 (graves violaciones a los derechos humanos y al DIH en los municipios de Tumaco, Ricaurte y Barbacoas), 885 en el caso 003 (Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado), 15 en el caso 004 (Urabá), 124.785 en el caso 005 (situación territorial del Norte del Cauca y el Sur del Valle), 6.226 en el caso 006 (genocidio de la Unión Patriótica) y 451 en el caso 007 (Reclutamiento y utilización de niñas y niños en el conflicto armado). En total la JEP ha reconocido más de 190.000 víctimas del conflicto armado que ya están teniendo una participación muy activa en todas las audiencias.

El terrorismo de Estado y de las bandas parapoliciales no ha parado en ningún momento. El 15 de enero el comunero Jaiber Alexander Quitumbo, de 30 años, murió tiroteado.

Cinco días antes hubo un doble asesinato en el corregimiento El Palo, sobre la vía que comunica a los municipios Caloto y Corinto. Ahí fueron atacados con arma de fuego los campesinos Juan Pablo Dicué Guejía, de 18 años, y Amparo Guejía Mestizo, de 41 años.

Operación Cóndor: el terrorismo de Estado en Latinoamérica se conoce gracias a la participación de Estados Unidos

Más de 7.000 registros secretos de Estados Unidos sobre la guerra gucia en Argentina fueron desclasificados en abril pasado. Por primera vez aparecieron documentos que vinculan directamente a Augusto Pinochet y Manuel Contreras con asesinatos selectivos planificados y ejecutados por la Red Cóndor, creada y dirigida por Contreras para coordinar la represión de los servicios de inteligencia de las dictaduras del Cono Sur. En julio de 1976 un informe de la CIA informó que una de las operaciones de Cóndor era “liquidar individuos seleccionados” y que Chile tenía “muchos objetivos en Europa”. Otro cable secreto de la CIA indicó que Contreras y Pinochet coordinaban las “listas de objetivos”. También incluyen revelaciones sobre los crímenes de Letelier-Moffitt y el general Prats y su esposa, ejecutados por la DINA en Washington y Buenos Aires.

Entre julio y principios de agosto de 1976, pocas semanas después de que el régimen de Pinochet fuera anfitrión de una reunión clave de la Operación Cóndor en Santiago, la CIA obtuvo información que vinculó al general Pinochet directamente con las operaciones de asesinatos que planificó y ejecutó la Red Cóndor. Una fuente de la CIA informó que entre los planes de Cóndor (coordinación de los servicios secretos de las dictaduras del Cono Sur) estaba el “liquidar individuos seleccionados” en el extranjero. “Chile tiene ‘muchos objetivos’ (no son identificados) en Europa”, le informó una fuente a la CIA a fines de julio de 1976.

En otro cable secreto de inteligencia de la CIA, la misma fuente entregó información adicional sobre los complots para ejecutar asesinatos: “Juan Manuel Contreras, el hombre que originó todo el concepto de Cóndor y ha sido el catalizador en su creación, coordinará los detalles y las listas de objetivos con el presidente chileno Augusto Pinochet Ugarte”.

Por esta precisa razón, la CIA estimaba que mientras algunos líderes de los países que integraban la Operación Cóndor “no serían informados de estos planes de operaciones de asesinatos en Europa”, era poco probable que esa situación se repitiera en Chile.

Estos reveladores reportes de inteligencia sobre la Operación Cóndor fueron desclasificados en abril pasado, junto con cerca de 47.000 páginas de archivos secretos de la inteligencia estadounidense sobre la guerra sucia en Argentina. Más de 7.000 registros de la CIA, el FBI, el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) arrojan nueva y cuantiosa luz sobre el estado de terror que existía en Argentina entre 1976 y 1983, cuando los militares estaban en el poder.

Los detallados documentos, desclasificados por el gobierno de Donald Trump, entregan nueva y extensa evidencia de la infraestructura de la represión, el destino de cientos de desaparecidos que fueron secuestrados, torturados y asesinados. Además, detallan el rol de Argentina en la campaña de terrorismo internacional conocida como Operación Cóndor.

Algunos de esos documentos -hasta ahora desconocidos- revelan también importante información sobre el rol de la dictadura chilena en la coordinación de la represión criminal que se ejecutó a través de la Operación Cóndor.

El “Proyecto de Desclasificación de Argentina”, como es conocido oficialmente en los círculos del gobierno estadounidense, es uno de los raros casos en que el presidente Donald Trump no revirtió una política iniciada por su predecesor (Barack Obama), sino que la completó. Fue durante la preparación de la visita de Estado que realizaría el presidente de Argentina Mauricio Macri a Estados Unidos, en abril de 2017, cuando Fernando Cutz, director senior del Consejo Nacional de Seguridad para Asuntos del Hemisferio Occidental, informó a Donald Trump que Macri le había pedido personalmente a Obama esa desclasificación especial cuando este visitó Buenos Aires un año antes.

Trump tenía antiguos vínculos personales con Macri. Décadas antes, habían salido juntos de bar en bar en Nueva York mientras sus padres hacían negocios inmobiliarios. Años más tarde, la Organización Trump buscó la ayuda de Macri para concretar su plan de construir una Torre Trump en Buenos Aires. Esa relación, “ayudó a poder presentar el proyecto como una solicitud de Macri en lugar de una iniciativa de Obama”, recordó Cutz.

Aunque hay que decir que la verdadera génesis del “Proyecto de Desclasificación de Argentina” comenzó con un error de programación presidencial. En efecto, todo se originó en la primavera de 2016, cuando la administración Obama organizó un viaje histórico de dos días para el presidente a La Habana y luego un viaje de tres días a Argentina. Las fechas de las visitas de Estado de alto perfil fueron determinadas, en parte, por el hecho de que eran las vacaciones de primavera de las dos hijas de Obama y ​​él quería que ellas pudieran disfrutar de unas cortas vacaciones en Cuba y en la Patagonia, en el sur de Argentina.

Pero el anuncio de la Casa Blanca de que el presidente de Estados Unidos estaría en Buenos Aires el 24 de marzo de 2016, coincidiendo con el 40 aniversario de la sangrienta toma de control militar, provocó una protesta de las agrupaciones de derechos humanos en Argentina. Estados Unidos era percibido, en palabras del Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, como “un cómplice de golpes de Estado en esta región”. Las protestas masivas, con pancartas que decían “El Día de la Memoria: Fuera Obama”, fueron vistos como una amenaza.

Fue entonces que, en una reunión con el presidente Mauricio Macri, activistas de derechos humanos, liderados por las famosas Abuelas de Plaza de Mayo, le exigieron que le pidiera a Obama que desclasificara los registros de inteligencia que podrían ayudarlas a localizar a sus hijos e hijas desaparecidos. También a los nietos que habían nacido en centros de detención secretos y luego adoptados por familias militares después de que sus madres fueron ejecutadas.

Para corregir esta grave afrenta a las familias de las víctimas, la Casa Blanca y el gobierno de Macri organizaron una ronda de “diplomacia de la desclasificación”: el uso de documentos secretos de Estados Unidos para avanzar en las relaciones bilaterales. Así, en la mañana del 24 de marzo de 2016, Obama y Macri visitaron el Parque de la Memoria en Buenos Aires para presentar sus respetos a las víctimas de la guerra sucia.

“Hoy, en respuesta a una solicitud del presidente Macri, y para continuar ayudando a las familias de las víctimas a encontrar algo de la verdad y la justicia que merecen, puedo anunciar que el gobierno de los Estados Unidos desclasificará aún más documentos de ese período, incluyendo, por primera vez, registros militares y de inteligencia. Creo que tenemos la responsabilidad de enfrentar el pasado con honestidad y transparencia”, declaró Obama en un discurso conmovedor.

Solo tres meses más tarde, en junio de 2016, la Casa Blanca emitió una “tarea” para todas las agencias de seguridad nacional de Estados Unidos, titulada “Proyecto de Desclasificación de Argentina”: ordenó una búsqueda de archivos durante 18 meses y una revisión de los registros relevantes. “La Administración continúa apoyando los esfuerzos para aclarar los hechos que rodean las violaciones de derechos humanos, los actos de terrorismo y la violencia política en Argentina durante el período de la Guerra Sucia de 1975 a 1984”, se lee en la directiva, en la que, además, se pidió a las agencias “que prioricen el apoyo para este esfuerzo”.

Según John Fitzpatrick, quien dirige la Oficina de Administración de Registros de la NSC, casi 400 archiveros, analistas, oficiales de FOIA (Ley de Libertad de Información) y administradores de registros provenientes de 16 agencias gubernamentales diferentes participaron en la búsqueda y el procesamiento de los documentos, usando aproximadamente 30.000 horas de trabajo para completar el proyecto.

Antes de que Barack Obama dejara la presidencia de su país, su administración publicó las dos primeras partes de los registros. Luego, en abril de 2017, durante su propia reunión cumbre con Mauricio Macri, el presidente Trump le entregó personalmente un pendrive que contenía la tercera parte. Como era de esperar, Donald Trump marcó el lanzamiento final de estos documentos proclamándolo como el más grande de la historia.

“La publicación de los registros constituye la mayor desclasificación en la historia de los registros del gobierno de los Estados Unidos directamente a un gobierno extranjero”, escribió Trump en una carta enviada a Macri el 11 de abril de 2019.

Cuando los documentos de inteligencia se desclasifican, generalmente están repletos de párrafos tachados: franjas de información ocultas en virtud de la seguridad nacional o para proteger “fuentes y métodos” encubiertos. Pero debido al meticuloso control de calidad ejercido por un administrador de registros NSC llamado John Powers, los últimos registros publicados por la CIA, el FBI y la Agencia de Inteligencia de Defensa en Argentina están mucho menos censurados que las desclasificaciones especiales anteriores. Esta transparencia excepcional los ha convertido en documentos mucho más valiosos para los historiadores, así como para los investigadores legales que continúan persiguiendo estos crímenes contra la humanidad.

Como colección, los documentos constituyen un catálogo del sadismo que caracterizó el terrorismo de Estado en Argentina. Por ejemplo, un cable de la CIA informó que varios meses después del golpe de Estado de 1976, la policía federal detuvo y asesinó en masa a 30 militantes y luego dispersó partes de sus cuerpos -utilizando dinamita- en un campo abierto “como una advertencia a los extremistas de izquierda”.

Otro informe del FBI proporcionó detalles sobre cómo las fuerzas de seguridad interceptaron y robaron una carroza fúnebre con los restos de Marcos Osatinsky, líder del grupo guerrillero Montoneros, “para evitar que el cuerpo fuera sometido a una autopsia, la que habría demostrado que había sido torturado”.

Al menos media docena de cables del FBI y la CIA registran una operación del SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado que tuvo en Argentina una función similar a la DINA en Chile), para secuestrar, torturar y ejecutar a dos oficiales de la embajada cubana sospechosos de ayudar a militantes de izquierda en Argentina. Después de que los cubanos fueron asesinados, según un informe del FBI marcado como “Secreto / solo para sus ojos”, “sus cuerpos fueron arrojados con cemento en un gran tambor de almacenamiento y arrojado al río Luján”, cerca de Buenos Aires.

Otro cable del Departamento de Estado describió cómo los agentes de seguridad argentinos detuvieron y torturaron a una psicóloga en silla de ruedas para obtener información sobre uno de sus pacientes.

La tortura fue rutina, afirmó Patricia Derian, subsecretaria de Estado para los Derechos Humanos durante la administración del presidente estadounidense James Carter, después de un viaje de investigación a Argentina.

“La picana eléctrica, algo así como una picana de ganado sobrecargada, sigue siendo aparentemente una herramienta favorita de tortura, como lo es el tratamiento del ‘submarino’ (inmersión de la cabeza en una tina de agua, orina, excremento, sangre o una combinación de estos)”, según el resumen de abusos que surgen de los documentos desclasificado que hizo Derian. “Ya no hay ninguna duda de que Argentina tiene el peor historial de derechos humanos en América del Sur”, concluyó.

Muchos de los documentos recientemente desclasificados van más allá de una descripción de las violaciones de los derechos humanos e identifican a los infractores. “Estos documentos entregan nombres. Identifican a los perpetradores y a sus víctimas”, observa mi colega Carlos Osorio, analista senior del Archivo de Seguridad Nacional, quien proporcionó una amplia experiencia y apoyo al “Proyecto de Desclasificación de Argentina”.

Debido a que entregan esos nombres, proporcionan un nivel de verdad y responsabilidad que muchos otros proyectos de desclasificación no han logrado, afirma Osorio.

Por ejemplo, un informe de la CIA sobre una reunión de los participantes de la Operación Cóndor en diciembre de 1976, realizada en Buenos Aires, “para discutir operaciones de guerra psicológica”, proporciona los nombres de los dos oficiales de la DINA que asistieron: el teniente coronel Enrique Cowell Mansilla, quien se desempeñó como subdirector de Operaciones Psicológicas de la DINA; y el teniente Arturo Mejías, del mismo departamento de la DINA chilena.

Además, cientos de cables del agente del FBI Robert Scherrer, quien constantemente proporcionó la información más detallada sobre las operaciones y los abusos de las fuerzas de seguridad argentinas, contienen las identidades no censuradas de sus fuentes confidenciales, proporcionando así una lista maestra de las personas que presenciaron, tuvieron conocimiento o estuvieron directamente involucrados en el aparato de represión. Aunque muchas de sus fuentes han fallecido, los registros sin censura permitirán a los investigadores de derechos humanos determinar quién dentro del Ejército, los Servicios de Inteligencia y la policía argentinos tenían conocimiento en detalle sobre atrocidades específicas. Esa información ayudará ahora a avanzar en una serie de investigaciones en curso sobre derechos humanos.

No obstante tener su sede del FBI con asiento en Buenos Aires, Robert Scherrer se convirtió en el investigador principal del asesinato con un coche bomba del ex embajador chileno Orlando Letelier y su colega en el Instituto de Estudios de Política, Ronni Moffitt, de tan solo 25 años. El atentado terrorista tuvo lugar en Washington el 21 de septiembre de 1976.

El famoso informe de “Chilbom” [bombardeo de Chile] de Scherrer fue el primer –y durante años el único– documento parcialmente desclasificado que mencionaba la participación de la Operación Cóndor, identificándola como una “organización [recientemente establecida] entre los servicios de inteligencia cooperantes en América del Sur”. La inteligencia que Scherrer reunió sugería que el asesinato de Letelier y Moffitt era una posible misión de “fase tres” de Cóndor, encabezada por el general Augusto Pinochet de Chile y su policía secreta, la DINA.

El cable “Chilbom” de Scherrer ahora ha sido desclasificado por completo, y la identidad de su fuente revelada: un agente de Inteligencia del Ejército argentino involucrado en los esfuerzos de los escuadrones de la muerte en Europa. “La fuente es el Dr. Arturo Horacio Poire, quien es miembro del grupo especial argentino que posiblemente participará en la tercera fase de la ‘Operación Cóndor’”, se lee en el informe de Sherrer. La identificación de Poire ha abierto la puerta a una nueva investigación sobre los esfuerzos de Cóndor para extender su represión al exterior.

Pero la versión no editada del cable de Scherrer es solo uno de las docenas de registros excepcionalmente detallados del FBI y la CIA sobre la Operación Cóndor que se encuentran en la colección de Argentina. Proporcionan una historia mucho más completa de la infraestructura y la capacidad operativa de Cóndor de lo que se conocía anteriormente.

Argentina -y no el Chile de Pinochet, país que ideó por primera vez el concepto de colaboración de las policías secretas de las dictaduras del Cono Sur-, fue designado “Cóndor 1”. Los registros desclasificados de la CIA dejan en claro que los “distintivos de llamada” numéricos para los países miembros eran en realidad alfabéticos: Argentina fue Condor-1; Bolivia, Cóndor-2; Chile, Cóndor-3; Paraguay, Cóndor-4; Uruguay, Cóndor-5. Estas designaciones se usaron en comunicaciones encriptadas entre los países miembros de Cóndor.

Luego del asesinato de Orlando Letelier y Ronnie Moffit en Washington, altos oficiales de las Fuerzas Armadas argentinas se preocuparon porque la investigación en Estados Unidos renovara la atención en otro asesinato similar y el rol de militares argentinos en ese hecho: el atentado con un carro bomba que acabó con la vida del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en Argentina, en septiembre de 1974.

La CIA supo que el comandante en jefe de la Armada argentina, almirante Emilio Massera, recibió varios reportes sobre el asesinato de Letelier que discutían “el probable curso de la investigación, cómo esta afectaría al régimen chileno, y la posible aparición de información sobre el asesinato de Prats”. De acuerdo a fuentes de la CIA en Argentina, las Fuerzas Armadas estaban preocupadas de que el gobierno del entonces presidente de EEUU, Jimmy Carter, “va a intentar crear un escándalo por el caso Prats en Argentina” y decidieron que “deben adoptarse medidas para ocultar cualquier responsabilidad de Argentina” en el asesinato del ex comandante en jefe chileno y su señora.

La “oficina central de archivos” de la Operación Cóndor se estableció en Santiago, según fuentes de la CIA. Pero Argentina fue la sede operativa de un programa especial de Cóndor llamado “Teseo” (el mítico rey griego que mató al temible Minotauro y otros enemigos del orden social), cuya misión era “liquidar individuos seleccionados” en el extranjero. Los cables secretos de la CIA describen a “Teseo” como “una unidad establecida por la organización cooperativa Cóndor de servicios de inteligencia sudamericanos para realizar ataques físicos contra objetivos subversivos”, primero en París y luego en otras ciudades europeas.

En septiembre de 1976, las naciones de Cóndor firmaron un acuerdo titulado “Regulación de Teseo, Centro de Operaciones”, para ratificar su cooperación en planificación, financiamiento, logística, comunicaciones y “selección de objetivos”. La CIA obtuvo una copia del acuerdo que describe, con detalles banales, cómo cada servicio de inteligencia contribuiría al programa internacional de asesinatos. El Centro de Operaciones estaría compuesto por “representantes permanentes de cada servicio participante”. Su horario de trabajo sería de 9:30 a.m. a 12:30 p.m. y de 2:30 p.m. a 7:30 p.m. Cada país haría una contribución de US$10.000 para gastos operativos, con cuotas mensuales de US$200 pagadas “antes del 30 de cada mes”.

Los equipos para ejecutar asesinatos enviados a Europa estarían compuestos por cuatro individuos, “eventualmente con una mujer incluida” presumiblemente para ayudar a proporcionar cobertura para la misión. “Los costos operativos en el extranjero se estimaron en US$3.500 por persona durante diez días”, describió el acuerdo, “con US$1.000 adicionales para la primera vez, para asignación de ropa”. En la sección clave titulada “Ejecución del objetivo”, el acuerdo establece que los equipos operativos “a) interceptarán el objetivo, b) llevarán a cabo la operación y c) escaparán”.

Los funcionarios de la CIA vieron estos complots de Cóndor para asesinar en Europa como un posible escándalo para la agencia y se movieron proactivamente para frustrarlos. “Los planes de estos países para emprender acciones ofensivas fuera de sus propias jurisdicciones plantean nuevos problemas a la Agencia”, escribió Ray Warren, entonces jefe de la División de América Latina. A fines de julio de 1976, Warren activó la alarma del subdirector de la CIA: “Se deben tomar todas las precauciones para garantizar que la Agencia no sea acusada injustamente de ser parte de este tipo de actividad”.

Un mes después, Warren volvió a advertir a sus superiores de las “ramificaciones políticas adversas para la Agencia en caso de que Cóndor participe en asesinatos y otras violaciones flagrantes de los derechos humanos”. Pero también informó sobre la “acción” que los agentes de la CIA estaban realizando para “evitar” esas ramificaciones “en caso de que los países de Cóndor procedan con el aspecto europeo de sus planes”.

Si bien esa sección del memorándum de Warren todavía está censurada, otro documento desclasificado basado en el memorándum de Warren y otros registros de la CIA -un informe del Senado sobre Cóndor calificado como de alto secreto-, fue publicado sin modificaciones. “La CIA advirtió a los gobiernos de los países en los que es probable que ocurran los asesinatos, Francia y Portugal, que a su vez advirtió los posibles objetivos”, se lee en el informe sin censura. “La trama fue frustrada”, concluye.

Estos registros revelan la habilidad de la CIA para contrarrestar las misiones asesinas de Cóndor en Europa, y revive las preguntas sobre por qué y cómo fracasó en detectar y disuadir una misión similar en el centro de Washington, DC: el atentado con coche bomba de septiembre de 1976 que cobró la vida de Letelier y Moffitt.

Hasta ahora, “la Operación Cóndor ha sido un misterio mortal”, dice el periodista de investigación John Dinges, que está utilizando los registros desclasificados para reeditar su libro pionero “Los años del cóndor”. “Durante décadas, tanto la CIA como el FBI nos mantuvieron en la oscuridad sobre lo que sabían y cuándo lo supieron”. Pero con los documentos recientemente publicados, “esa pregunta central puede ser respondida, y es vergonzoso para el gobierno de los Estados Unidos”, afirma Dinges.

Hubo un enlace íntimo de la CIA con los funcionarios de Cóndor, y una amplia inteligencia temprana de los planes de Cóndor que pudieron haber evitado el asesinato en Washington, concluyó.

Como muchos registros, en el “Proyecto de Desclasificación de Argentina”, los documentos sobre la Operación Cóndor entregan nombres, fechas, lugares de reunión y descripciones vívidas de los programas clandestinos llevados a cabo por los servicios de inteligencia y seguridad de las dictaduras del Cono Sur.

Este tesoro de nuevas evidencias ayudará a los investigadores de derechos humanos en Chile, Argentina y los otros países de Cóndor que continúan persiguiendo los delitos de terrorismo patrocinados por el Estado en la era de los regímenes militares.

De hecho, desde que se publicaron los documentos en abril de 2019, equipos de funcionarios argentinos los han evaluado por su valor probatorio en los enjuiciamientos de derechos humanos. A mediados de septiembre, según funcionarios de la embajada argentina, el Ministerio de Justicia de ese país transmitió un conjunto de consultas y solicitudes de aclaración a Washington. Los funcionarios estadounidenses que trabajaron en el proyecto de desclasificación están ahora examinando esas preguntas.

Los documentos “ya fueron aportados en causas en curso tanto en etapa de investigación como de juicio”, según un comunicado del Ministerio Público Fiscal en Argentina. Han revelado “nuevos datos sobre el funcionamiento de las instituciones durante la última dictadura“, así como “datos sobre la responsabilidad de funcionarios que participaron en violaciones masivas a los derechos humanos”.

Las organizaciones de derechos humanos, así como las familias de las víctimas, para quienes los documentos pueden proporcionar un cierre triste pero conmovedor, también están revisando este material. Y con mucho interés y expectativa ya que gran parte de los propios archivos de la represión de Argentina también han desaparecido: fueron quemados, enterrados o tal vez arrojados al océano, al igual que muchas víctimas.

Como dijo Carlos Osorio en la audiencia con motivo de la publicación de los registros, el 12 de abril pasado: “En varios casos estos documentos proporcionarán a esas familias la única evidencia que hayan tenido sobre el destino de sus seres queridos”.

https://ciperchile.cl/2020/01/09/operacion-condor-los-asesinatos-selectivos-que-implican-a-pinochet-y-a-manuel-contreras/

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