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La policía baila ‘Paquito El Chocolatero’

Desfile de la policía fascista
La Dirección General de la Policía está empeñada en un cambio de imagen del Cuerpo que se llama a sí mismo “Policía 3.0”. Pero si se imaginan que se trata de la policía del futuro, algo así como Robocop, se equivocan. Es el cutrerío facha de toda la vida.

Para muestra vale un botón. En la víspera de la fiesta del Día de la Policía, que se celebró este año en Murcia, organizaron una gala para entregar sus premios anuales y el acto concluyó de una manera muy poco solemne con la intervención de una charanga de la policía que acometió los sones de “Banderita”, el pasodoble colonialista escrito hace 100 años cuya letra es muy apropiada para prepararnos contra el desafío catalanista que padecemos en la actualidad:

“Allá por tierra mora
allá por tierra africana
un soldadito español
de esta manera cantaba”

Para acomodar el pasodoble al colonialismo hispánico, la charanga policial estuvo asistida de una cantante ataviada con mantón… de Manila, la capital de Filipinas, que cuando se compuso el himno acababa de lograr su independencia.

Además de colonialista, el pasodoble es pornográfico, como recordó el inolvidable escritor José Bergamín: “No todo el mundo sabe, cuando escucha los alegres y garbosos sones del banderita, tú eres roja; banderita, tú eres gualda, que este pasodoble jaranero pertenece a una zarzuelilla, más bien revistilla pornográfica (entonces se decía sicalíptica), titulada Las corsarias, que se estrenó y se hizo cartelera en el madrileño teatro Martín, dedicado a esa especie del ‘género chico’ al que los hermanos Álvarez Quintero -sus creadores, con Vega, Arniches, López Silva, Fernández Shaw, Perrin y Palacios…- habían denominado ‘género ínfimo’, cuando se empequeñecía demasiado en su propósito teatral”.

Pero tratándose de la policía “nacional” no cabe esperar más que algo de género tan “ínfimo” como otra pieza que no falta nunca en las juras de bandera y otras fiestas cutres a las que sólo van los policías que quieren trepar: Paquito El Chocolatero.

La policía “nacional” no marcha hacia el futuro sino hacia el pasado. Durante la transición se la logró desmilitarizar, pero ahora volvemos al franquismo, a los galones, los saludos, los uniformes, los desfiles y… la música militar. Quieren hacer de los policías lo que dice el himno que cantan: soldaditos.

Tampoco tiene mucho de “nacional”. Una vez aplastada la actual insubordinación catalana, lo que tendremos es una verdadera policía imperial.
Fuente: http://www.eldiario.es/politica/Banderita-Paquito-chocolatero-Policia-Cosido_0_446906344.html

9 detenidos en Galiza por actos en favor de los presos políticos

Antom Arias Curto
Anarquistas en Catalunya, independentistas en Galiza… El Ministerio del Interior no descansa y para eso utiliza la famosa teoría del “entorno”. Esta vez se trata del entorno” de Resistencia Galega, contra el que la Guardia Civil hizo ayer otra redada.

La operación represiva, denominada Jaro, se desarrolló a primera hora de la mañana en varias localidades gallegas y llevó a los calabozos a nueve independentistas, entre ellos Antom Arias Curto, que fue uno de los dirigentes del desaparecido Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive.

Además de Arias Curto, en la operación fueron detenidos Joam Peres, Borja Mejuto, Joam Fernandes (Cake), José Antom Gonzales Maceiras (Muros), los hermanos Óscar y Salvador Gomes, Enrique T.F. y Sabela I.G. Excepto Salvador Gomes, que quedó libre debido a sus problemas de salud, el resto de los detenidos fueron trasladados a Madrid.

La Guardia Civil se desplazó desde Madrid para realizar las detenciones y los registros en los domicilios de los detenidos y en locales en Santiago, Boiro, Muros, Ourense, Pontevedra, Vigo y Lugo. No aparecieron armas, ni explosivos, ni nada de nada.


Sin embargo, para justificar las detenciones el Ministerio del Interior se ha sacado de la manga que Arias Curto es uno de los principales dinamizadores del “entramado de apoyo al terrorismo”.

Pero más allá de las notas oficiales para consumo de la prensa, no hay de “terrorismo”, ni tampoco hay ningún “entramado”. Los han detenido por ejercer su libertad de expresión y se justifican con la patente de corso del famoso “enaltecimiento del terrorismo”.

Según reconoce la propia Guardia Civil los detenidos realizaban actos a favor de presos políticos. El pasado 11 de octubre conmemoraron el Día da Galiza combatente en Vigo. Un crimen terrible.

En la terminología característica de la Guardia Civil, los detenidos son “el núcleo duro” de Causa Galiza, un movimiento político. Como esto suena demasiado inofensivo le añaden unas gotas de picante: a su vez Causa Galiza es el “brazo político” de Resistencia Galega.

¿Cuál es el crimen que han cometido los detenidos? Los nueve detenidos, dice la nota oficial, participaron en el acto de 11 de octubre y en otros de apoyo a los presos condenados como miembros de Resistencia Galega.

La intervención de la Guardia Civil levantó un enorme clamor ya que para intimidar, a pesar de que los detenidos no tenían armas, iban fuertemente armados.

Para el Ministerio del Interior esta operación supone un “duro golpe”, aunque no dicen contra quién. También amenaza con eso de que “no se descartan nuevas detenciones”.

Bajo este Estado nadie puede descartar nunca “nuevas detenciones” que son en realidad muy viejas, las de siempre.

Otro detenido por la falta de libertad de expresión

La redada contra los anarquistas en Barcelona ha coincidido con la detención el miércoles de un joven llamado Óscar en Vallecas.
La policía se presentó en el domicilio de Óscar, de 19 años de edad, al que detuvieron acusándole de un delito de injurias a la Corona y se lo llevaron detenido hasta la Comisaría de Moratalaz.

Una vez en la comisaría, le tomaron las huellas dactilares y le hicieron las correspondientes fotos policiales, posteriormente le tomaron declaración en presencia de una abogada de oficio. Tras prestar declaración, Óscar fue puesto en libertad con cargos.

Le acusan de cometer un delito de Injurias a la Corona y Usurpación de Identidad a través de su cuenta de Twitter @policiia, una cuenta en la que se indica claramente que no es oficial, ya que se trata de contar chistes.

Sus tuits humorísticos son bastante habituales en el espacio Tremending Topic.

— Está usted detenido.
— ¡Léame mis derechos!
— Mierda, sargento, ¿qué hacemos? ¡Pide que leamos!
— Es listo el cabrón… ¡Dale un porrazo!

Pero los fascistas no tienen sentido del humor y Óscar ha quedado pendiente de recibir en los próximos días una citación judicial, para prestar declaración ante la Audiencia Nacional.

El nuevo Código Penal sigue castigando la libertad de expresión creando delitos como las injurias contra la Corona, que pueden acarrear hasta dos años de cárcel.

Fuente: http://www.ecorepublicano.es/2015/10/detienen-en-vallecas-un-joven-por-un.html

La policía de Estados Unidos mata más que ninguna otra del mundo

Ernesto Carmona

En comparación con otros países capitalistas desarrollados, Estados Unidos sin duda es diferente cuando se trata del nivel de violencia dirigida por el Estado contra las minorías, informó Richard Becker, de Liberation, en enero 2015.

Usando cifras de 2011, Becker escribió que sobre una base per cápita «la tasa de muertes a manos de la policía de Estados Unidos fue aproximadamente 100 veces mayor que la tasa de los policías ingleses en 2011», 40 veces más letal que la tasa de los policías alemanes y 20 veces más mortífera que la de sus colegas canadienses. Becker dijo que probablemente éste no es el tipo de «excepcionalismo [norte]americano» que tenía en mente el presidente Obama cuando se dirigió a los cadetes graduados de West Point en mayo 2014.

No está claro cuántos miembros de la policía de Estados Unidos asesinan cada año, ya que no existe un seguimiento de tal información mantenido con precisión por ninguna agencia federal. La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) compila estadísticas anuales sobre lo que llama «homicidios justificados»  de la policía; todos los asesinatos policiales reportados en el FBI se registran como «homicidios justificados». Estos reportes tampoco son obligatorios. Desde que la presentación de informes al FBI sobre homicidios se convirtió en una colaboración voluntaria para las policías y departamentos del sheriff, sólo alrededor de 800 agencias de policía proporcionan estadísticas, de un total de 18.000.

Según las estadísticas del FBI, en 2013 hubo 461 «homicidios justificados» de la policía, pero el sitio web KilledByPolice.net informó que las policías de Estados Unidos mataron a alrededor de 748 personas en sólo los últimos ocho meses de 2013 y 1.100 en 2014. Las cifras de ciudadanos que asesinó la policía fueron compiladas utilizando como fuentes los medios corporativos de información. Como no todos los asesinatos de la policía se informan y es prácticamente imposible el control de todas las fuentes de noticias de todo el país, estas cifras probablemente subestiman el número real de asesinatos de civiles a manos policiales.

En Inglaterra, que Becker caracteriza como «un país capitalista con una larga historia de racismo», la policía no porta armas de patrulla. Los registros oficiales indican que los policías británicos sólo utilizaron armas de fuego tres veces mientras estaban de servicio en todo 2013, con cero muertes reportadas.

En los últimos meses, hubo una explosión de oposición a los asesinatos policiales en Estados Unidos. Cientos de miles de personas han salido a las calles en centenares de ciudades, pueblos y campus. «Como en todas las otras luchas progresistas a lo largo de la historia», escribió Becker, «la clave para un cambio real es el movimiento de la gente en las calles, escuelas y lugares de trabajo».

En junio de 2015, un equipo de reporteros de The Guardian presentó el mayor y nuevo informe sobre asesinatos policiales ocurridos en Estados Unidos. Resumiendo el estudio del Guardian, Jon Swaine, Oliver Laughland y Jamiles Lartey informaron que 102 personas desarmadas fueron asesinadas por la policía de Estados Unidos a lo largo de los cinco primeros meses de 2015 y que las agencias de orden público están matando gente al doble de la tasa calculada por el gobierno de Estados Unidos.

Además, reportó el Guardian, «los estadounidenses negros tuvieron más del doble de probabilidades de andar desarmados que los blancos cuando fueron asesinados durante encuentros con la policía». Basado en el análisis de los registros públicos e informes de noticias locales e informes propios de The Guardian, los autores informaron que «el 32 por ciento de personas negras asesinadas por la policía en 2015 estaban desarmadas, al igual que el 25 por ciento de los hispanos y latinos, en comparación con el 15 por ciento de los blancos muertos».

Durante el período de cinco meses cubierto por el estudio, los investigadores del Guardian identificaron 27 personas asesinadas por uso policial de armas eléctricas Taser. Todas menos una de estas víctimas estaban desarmadas. El estudio también documentó 14 muertes durante la detención a manos de oficiales involucrados en altercados posteriores a la aprehensión, entre ellos el de Freddie Gray, cuya muerte por rotura del cuello a bordo de una camioneta de la policía de Baltimore provocó protestas públicas y el auto de procesamiento de agentes de policía de seis ciudades.

Veintiséis por ciento de las personas asesinadas por la policía exhibió algún tipo de enfermedad mental, con al menos 29 casos que involucraron a una víctima que registraba inclinación suicida.

Para su crédito, el Washington Post publicó una investigación significativa de asesinatos policiales en Estados Unidos, alrededor del mismo tiempo en que apareció el estudio del Guardian. Los análisis posteriores corroboraron muchas de las conclusiones de la investigación del Guardian. Ambos estudios encontraron que la policía disparó fatalmente a aproximadamente 2,5 personas por día a lo largo de los cinco primeros meses de 2015. En ambos estudios se encontraron disparidades raciales significativas entre los muertos, sobre todo en los casos de sospechosos desarmados.

En los 385 casos que identificó el Post, sólo tres funcionarios han enfrentado cargos.El estudio del Post encontró que «para la gran mayoría de los departamentos, un tiroteo fatal es un evento raro». De unas 18.000 agencias resguardadoras del orden público, sólo 306 registraron un tiroteo fatal en los primeros cinco meses de 2015. El Post encontró que 19 agencias estatales y locales participaron en tres o más tiroteos fatales cada una, incluyendo los departamentos de Policía de Los Ángeles, la ciudad de Oklahoma y Bakersfield, California.

Entre muchas fuentes significativas citadas por el informe del Post se encuentra Jim Bueermann, ex jefe de policía y presidente de la Fundación de la Policía, una organización no lucrativa dedicada a mejorar la aplicación de la ley. Bueermann habló por muchos cuando dijo: «Estos tiroteos son groseramente subregistrados. Tenemos que entender los fenómenos detrás de estos encuentros fatales  Existe una necesidad social imperiosa para ello, pero también falta voluntad política para hacer que ocurra».

La policía británica abandona la custodia de Julian Assange

La policía británica se ha aburrido de custodiar la puerta de la embajada de Ecuador en Londres para detener a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Después de tres años de vigilar la legación diplomática ha mandado a los guardianes a que cumplan otras funciones.

La presencia de policías durante 24 horas «ya no es proporcionada» y los recursos son «finitos», dijo un portavoz oficial.

No obstante, la policía advirtió que continuará con un «plan encubierto» para arrestar al australiano si deja el edificio. Se estima que la vigilancia de Assange le ha costado 20 millones de dólares a la policía.

Assange es un programador informático nacido en Australia que en 2009 denunció los crímenes cometidos por la policía en Kenia.

En 2006 fundó el sitio web WikiLeaks para publicar información secreta sobre los chanchullos internos de los imperialistas. Desde entonces ha publicado más documentos clasificados que toda la prensa mundial junta. El sitio de internet ha padecido el mayor número de ataques informáticos que se conoce con el fin de impedir el acceso a ellos, por lo que para evitar su desaparición existen más de mil sitios diferentes con la misma información clonada.

En 2012 creó el Partido WikiLeaks, anunciando su presentación como candidato para el Senado australiano.

Como consecuencia de sus actividades está perseguido y tuvo que refugiarse en la embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia por una farsa judicial en el que le imputan un supuesto delito sexual cometidos en 2010.

La denuncia la interpuso una gusana cubana que trabaja para la CIA. Fue cerrada inicialmente y luego reabierta por presiones de la embajada de Estados Unidos en Estocolmo.

Estados Unidos le acusa de espionaje y traición, por lo que podrían imponerle la pena de muerte.

Assange es una de las muestras de que el imperialismo no tolera ni la más leve deslealtad: si les atacas son capaces de perseguirte hasta la tumba.
Además, es un ejemplo de que las informaciones oficiales no tienen nada que ver con el mundo real, que se esconde en medio de una maraña de datos reservados que tratan por todos los medios de que no vean la luz.

50 años del golpe de Estado que masacró a un millón de comunistas en Indonesia

En la noche del 30 de setiembre de 1965 los imperialistas desencadenaron un golpe de Estado militar en Indonesia que derrocó al gobierno e impuso una dictadura militar que asesinó a un millón de militantes del Partido Comunista de Indonesia.

Indonesia, el país musulmán más poblado del planeta, era una colonia holandesa que conquistó su independencia tras la Segunda Guerra Mundial, después de cuatro años de guerra contra los imperialistas británicos y holandeses.

Bajo la presidencia de Ahmed Sukarno, el país pasó a formar parte del bloque de países no alineados, estableciendo estrechas relaciones con los países socialistas. Ante una situación muy comprometida, Estados Unidos inició planes de desestabilización, especialmente dirigidos contra el Partido Comunista que, con sus 3,5 millones de militantes, era uno de los mayores del mundo.

Así lo demuestra la directiva 171/1 del Consejo de Seguridad Nacional de 1953, que era relativamente novedosa en las técnicas de los golpes de Estado contrarrevolucionarios. Se trataba de mantener una presión sostenida contra el gobierno de Sukarno y, al mismo tiempo, estrechar relaciones con el ejército.

En el terreno político, Washington nombra como nuevo embajador en Yakarta a Hugh S. Cumming y comienza a entregar grandes cantidades de dinero a partidos políticos, como el socialista y el Masjumi. Se trataba de segar el inmenso terreno sembrado por los comunistas entre las masas: los sindicatos, los campesinos, las cooperativas, los jóvenes, los estudiantes, las mujeres, la cultura… Aproximadamente las organizaciones de masas dirigidas por los comunistas encuadraban a unos 15 millones de personas.

En noviembre de 1957 los esbirros de la CIA tratan de asesinar a Cikini, un conocido dirigente político progresista. Al tiempo que asesina a unos, el imperialismo apoya a otros y promueve los movimientos independentistas. John Foster Dulles le indica a su nuevo embajador que no se debe atener de manera irrevocable a una política de preservación de unidad de Indonesia y arma al movimiento guerrillero PRRI-Permesta que asola Sulawesi y el oeste de Sumatra. Para reprimir los levantamientos armados, el gobierno de Sukarno tiene que apoyarse cada vez más en el ejército, convertido en un coto de colaboradores de la CIA. El 14 de marzo de 1957 se declara la ley marcial.

A partir del año siguiente, Estados Unidos aprueba un programa extraordinario de financiación y rearme del ejército indonesio, a cambio de promocionar en el escalafón militar a gorilas como el general Nasution que había dirigido la represión en 1948 contra los comunistas en Madiun. Fue la primera vez que se ensayó la técnica del contragolpe de Estado fascista, ya conocida en la guerra civil española y que luego se pondría en práctica en Chile en 1973: los militares dan un golpe de Estado para evitar que el golpe lo den los comunistas, salvando así al país. Es la justificación perfecta. La represión de Madiun también se basó en una provocación previa de los militares, que luego justificación de ese modo el baño de sangre subsiguiente.

La técnica del contragolpe de Estado va acompañada de una amplia campaña de propaganda sobre el inminente “peligro comunista” para mantener alerta permanentemente a la población. En esta función los periodistas y los universitarios juegan un papel importante, ya que son quienes tienen que escribir en los periódicos o hablar en la radio. También el Partido Socialista desempeña a la perfección el papel socialfascista que ya había ensayado en Europa anteriormente. Los partidos reformistas engañan con sus etiquetas “de izquierda” y sus “reivindicaciones”. Con excepción de algún exaltado, nadie podría decir que, en realidad, son cómplices de la peor reacción, de los militares y de los fascistas. Nadie sabe tampoco que se trata de organizaciones creadas y financiadas por la CIA.

En Indonesia el papel de la intelectualidad reaccionaria la cumplen Joop Beek, un jesuita anticomunista holandés, que explota las contradicciones entre una minoría dirigente cristiana y una mayoría musulmana explotada, así como Guy Pauker, profesor de la Universidad de Berkeley y consultor de la Rand, que desempeña el papel de enlace entre los socialistas y los golpistas emboscados dentro del ejército.

Con el creciente protagonismo militar, los altos oficiales asociados a la CIA acaparan los cargos de los aparatos del Estado. Entre ellos destaca también el general Mohammed Suharto, cuya “formación” procede de las academias militares imperialistas, quien emprende una profunda reforma de los órganos de dirección del ejército indonesio, así como de la escuela, donde se impone una nueva doctrina estratégica llamada “guerra territorial” elaborada por Pauker que pone la lucha contrainsurgente en el centro de las tareas militares, especialmente la destrucción del Partido Comunista.

Además los imperialistas implementan un vasto programa de “ayuda cívica” del ejército para edificar una infraestructura política capaz de erosionar el terreno de los comunistas entre las masas, tanto en las ciudades como en el campo.

Para poner en marcha el programa, en 1962 se instala en Yakarta una unidad del Miltag (Military Training Advisory Group) para adiestrar a las milicias civiles que servirían de unidades de apoyo al ejército en los barrios y aldeas, e incluso entre los funcionarios. Se trataba de crear un Estado paralelo al estilo de lo que Gladio estaba haciendo en Europa.

El general Suharto era un viejo renegado. Es lo que le había permitido trepar en la burocracia militar, a pesar de su condición de musulmán. Durante la Segunda Guerra Mundial ya había colaborado con el imperialismo japonés. Sabía luchar contra los suyos. Aunque nunca siguió cursos de formación en Estados Unidos, implementó eficazmente el programa de “guerra territorial” entre los oficiales del ejército afiliados al Partido Socialista.

El Estado paralelo que estaba forjando Estados Unidos en torno al ejército era imprescindible para aislar a los comunistas y, por lo tanto, para exterminarlos. También era imprescindible para segar la hierba bajo los pies del presidente Sukarno y sus apoyos más seguros dentro de los cuarteles, en especial del general Yani, jefe del Estado Mayor.

La culminación de los años de paciente trabajo de zapa del imperialismo culmina en la noche del 30 de setiembre de hace 50 años con un falso golpe de Estado llamado “Gestapu” que tenía por objeto impedir un golpe de Estado contra Sukarno. Los golpistas secuestraron a Aidit, secretario general del Partido Comunista para “salvar su vida”.

El 3 de octubre, con la misma excusa de impedir el golpe de Estado, el ejército inicia una agresiva campaña anticomunista atribuyendo la responsabilidad del mismo al Partido Comunista. Dos días después los primeros militantes comunistas empiezan a caer asesinados en las calles de la capital.

Siempre con la misma excusa de impedir el golpe, son asesinados seis generales a quienes también se les imputa la intentona.

No hay nada más confuso que un contragolpe de Estado, un golpe dentro de otro o dar un golpe de Estado para impedir otro. Hay un golpe ficticio y otro real. Se da un golpe Estado para sostener al mismo Estado, todo ello dentro de una maraña de conspiraciones clandestinas, que en España ya conocimos el 23 de febrero de 1981.

El portavoz de “Gestapu” fue el teniente coronel Untung, quien al día siguiente del golpe declara que el presidente Sukarno está a salvo bajo su protección, que han logrado salvar su vida y la de los seis general que iban a ser asesinados. También dice que habían evitado que el 5 de octubre un grupo de generales diera un golpe de Estado. Aquel día estaba previsto un desfile militar por las calles de Yakarta y el golpe real se anticipa a un golpe ficticio.

El contragolpe de Estado es una típica técnica fascista dirigida contra las organizaciones de la clase obrera y, principalmente, contra los partidos comunistas. Al mismo tiempo, la excusa de impedir el asalto al poder de los comunistas facilita la represión contra las masas, como se demostró tras la guerra civil española. El comunismo no es más que la excusa para desmantelar a los sindicatos y las organizaciones de masas.

Una de las tareas de Cumming en la embajada de Yakarta fue la elaboración de listados de ejecuciones masivas, que comprendían millones de personas. A pesar de la amplitud, lo mismo que en España o en Chile, la represión no fue indiscriminada, sino extremadamente selectiva. No se puede frenar un movimiento popular sin liquidar a las organizaciones que lo dirigen. Había que descabezar al movimiento organizado.

Naturalmente, el golpe siempre quedó en medio de la neblina típica sembrada por la intoxicación, las mentiras de la prensa y el ocultamiento, especialmente de los responsables últimos del baño de sangre que, como cabía esperar, no eran otros que los imperialistas. En 1990 el Washington Post recogió unas declaraciones de Robert J. Martens, antiguo miembro de la sección política de la embajada de Estados Unidos en Yakarta, el equipo de funcionarios y agentes de la CIA que durante dos años se encargó de elaborar la minuciosa lista de la masacre. Nada se dejó a la improvisación.

Las cifras de asesinados no se conocen, ni siquiera de una manera aproximada. De madrugada los ríos aparecieron literalmente cubiertos de cadáveres que flotaban sobre las aguas. En 1983 la CIA reconoció 250.000 asesinatos, pero Ralph McGehee, antiguo responsable del espionaje imperialista en Yakarta, ha elevado las estimaciones a una franja entre los 500.000 y el millón de asesinatos. Dos generales indonesios, como Sodomo y Sarwo Edhie, cercanos al golpista Suharto, dan cifras comprendidas entre los 500.000 y los dos millones.

Tampoco se conoce el número de encarcelados, aunque las cifras son del orden de un millón de comunistas, encarcelados sin juicio previo y deportados a la isla de Buru durante periodos que oscilaron entre los 10 y los 15 años.

No hay palabras para describir la ola de horror. Las mujeres comunistas fueron vejadas y violadas, muchos revolucionarios y sindicalistas murieron en el potro de la tortura, descuartizados, decapitados, despellejados en vida.

Lo mismo que en la guerra civil española, los comunistas no fueron los únicos represaliados. También lo fueron sus familiares, despedidos de sus trabajos, de sus viviendas e incluso de su nacionalidad, sometidos a una vigilancia permanente y obligados a subsistir como verdaderos parias. Utilizar expresiones como “clase obrera” en un artículo estaba penado con 12 años de cárcel por incitación a la “propaganda comunista”.

En 2000 el general Latief, comandante de una brigada de infantería en Yakarta, que fue encarcelado en 1965 y liberado 34 años después, confesó que Suharto conocía la conspiración contra el Presidente Sukarno, que siete generales fueron secuestrados la noche del golpe y luego asesinados y que la provocación no era más que un medio de aislar al Presidente e iniciar la caza de los comunistas.

Neville Maxwell, miembro del Instituto de Estudios Commonwealth, dio a conocer una carta dirigida a Bhutto, que entonces era ministro de Asuntos Extranjeros de Pakistán, por uno de sus embajadores en Europa en el narraba una conversación entre un responsable de la inteligencia militar holandesa y un miembro de la OTAN en la que aquel indicaba que Indonesia iba a caer “en el saco de Occidente como una pera podrida” como consecuencia de un golpe de Estado organizado por “los servicios de información occidentales”. La carta estaba fechada en diciembre de 1964, antes del golpe, y era bastante detallada. Consignaba también la técnica de la provocación con la que los medios de comunicación justificarían el baño de sangre, para lo cual se inventaría un golpe previo organizado por los comunistas.

La matanza la ejecutaron de manera metódica las milicias entrenadas por la CIA, la mayor parte de cuyos integrantes eran musulmanes. Se pareció también a la guerra civil española en que los verdugos estaban fanatizados por una concepción religiosa de “Cruzada”. Más que una lucha política, se presentó como la eliminación de los ateos.

La intoxicación le dio la vuelta a los acontecimientos, en la prensa, en la radio y en los libros de texto. Todavía hoy en las escuelas de Indonesia a los niños se les proyecta un documental imputando a los comunistas la responsabilidad del golpe. El embajador estadounidenses acuñó la expresión “carnicería comunista”, que ahora todos repiten para referirse al golpe de 1965. Lo mismo dicen los “historiadores” de casi todas las universidades del mundo entero. Las masacres subsiguientes fueron consecuencia de la ira espontánea de la población contra los comunistas.

La represión nunca es un acto único, sino una campaña de exterminio planificada y llevada a término a lo largo del tiempo. En Indonesia se prolongó durante más de 30 años. Desde la clandestinidad, el Partido Comunista continuó la lucha revolucionaria, lo cual acarreó represalias contra los presos políticos, que el régimen utilizó como rehenes. Entre 1985 y 1990 el general Suharto mató a 22 dirigentes del Partido Comunista que estaban encarcelados desde el golpe de Estado.

Después de la guerra civil española, el exterminio de los comunistas en Indonesia es la mayor masacre política de la historia, en proporción a la población. Los imperialistas nunca ocultaron su alegría. El embajador británico Andrew Gilchrist escribió a su Ministerio en Londres: “Jamás he ocultado que opino que algunos pelotones de ejecución en Indonesia son un preliminar indispensable para cualquier cambio efectivo”. Un año después, el embajador estadounidense le declara su apoyo al general Suharto: “Estados Unidos ve con buenos ojos y admira lo que hace el ejército”.

Los imperialistas lo celebraron por todo lo alto. El primer ministro australiano Harold Holt calificó la matanza como “una reorientación política”, y lo mismo escribió el New York Times. La revista Time escribió: “Es la mejor noticia que ha habido en Asia desde hace años”. Para News & World Report, Indonesia traía esperanza de Asia, un continente en el que la habían perdido. Bajo las botas del general Suharto, Indonesia se convirtió en un puntal del imperialismo en Asia. Margaret Thatcher escribió sobre su peón: “Uno de nuestros mejores y más preciados amigos”.

Una vez exterminados los comunistas, en noviembre de 1967 los monopolios internacionales se reunieron en Ginebra para repartirse el bocado de Indonesia: General Motors, Imperial Chemical Industries, British Leyland, British-American Tobacco, American Express, Siemens, Goodyear, International Paper Corporation, US Steel…

900 antidisturbios desembarcan en Catalunya

Con secretismo y de forma escalonada, el Ministerio del Interior está trasladando en las últimas horas a cientos de antidisturbios de la Unidad de Intervención Policial (UIP) a Cataluña para la jornada electoral del próximo domingo. Serán 19 grupos de antidisturbios presentes el 27-S en la nación catalana, alrededor de unos 900 policías “nacionales”, a pesar de que la seguridad ciudadana es competencia exclusiva de los Mossos d’Esquadra, y la policía “nacional” se limita a la vigilancia de los edificios del Estado.

La relevancia del dispositivo también se pone de manifiesto en el desplazamiento de parte de la cúpula Ministerio del Interior a Barcelona. Está previsto que al frente del despliegue esté su ideólogo, y el de todos los anteriores coincidentes con fechas señaladas del proceso soberanista, el director adjunto operativo de la policía, Eugenio Pino.

Con total seguridad estará también en Barcelona el jefe de la Unidad Intervención Policial a nivel estatal, José Miguel Ruiz Igusquiza. El comisario jefe de la UIP estará arropado por su inmediato superior, el miembro de la Junta de Gobierno de la Policía Florentino Villabona, comisario general de Seguridad Ciudadana. Solo acontecimientos del tipo de una cumbre europea, que van acompañadas de impresionantes despliegues de seguridad, han merecido en el pasado el desplazamiento desde Madrid de miembros de la cúpula policial.

Junto a los antidisturbios, también viajan en las últimas horas agentes de las Brigadas de Información de la Policía desde distintas provincias españolas. Las Brigadas de Información son las estructuras locales de la Policía para luchar contra el terrorismo y otros extremismos violentos. Según las fuentes consultadas, los policías camuflados supervisarán concentraciones, manifestaciones y crearán posibles altercados.

A apenas 300 kilómetros de la capital catalana, la policía “nacional” situará su camión con cañón de agua. El vehículo blindado estará apostado hoy en Zaragoza, a la espera de que se reclame su intervención. Supondría su estreno, ya que a pesar de haber costado 348.480 euros, aún no ha sido utilizado en las manifestaciones populares que tienen que reprimir. El camión ha sido desplazado a varios puntos de la geografía nacional en las últimas semanas.

El clima político en Catalunya mantiene desplegado de forma permanente dos grupos de antidisturbios, más de 80 policías, en la comunidad autónoma. A estos se unirán este fin de semana otros grupos llegados de Málaga, Sevilla y Oviedo, entre otros puntos de la geografía nacional. La Unidad Central de Intervención, con cinco grupos y sede en Madrid, se desplaza al completo a Cataluña este fin de semana. La movilidad de la Unidad de Intervención Policial es una de sus características y los agentes abandonan sus destinos continuamente en función de los acontecimientos que requieren impedir protestas y golpear a los manifestantes.

El envío de antidisturbios a Cataluña ya ha resultado polémico en esta legislatura. En junio de 2014 casi 300 agentes pasaron varios días en dos hoteles de Calella a la espera, según la versión oficial, de que los Mossos d’Esquadra les pidieran refuerzos para aplastar la protesta con motivo de la demolición del centro okupado de Can Vies. El envío se realizó a pesar de que la Generalitat había rechazado el ofrecimiento. Las dietas y la estancia de los policías “nacional” costaron más de 70.000 euros a las arcas públicas.

Al día siguiente de que el Tribunal Constitucional suspendiera la consulta soberanista del 9N, en septiembre del año pasado, el Ministerio del Interior envió de urgencia 180 antidisturbios a Cataluña que días después, regresaron a sus destinos habituales. Las manifestaciones en la calle relacionadas con el proceso soberanista han estado protagonizadas todos estos años por la ausencia de incidentes.

La implicación de la policía “nacional” en el combate contra los derechos de Catalunya, más allá de las funciones que tiene atribuidas por ley, ha sido una constante durante toda la legislatura, sobrepasando el ámbito de la demostración de músculo que supone trasladar a sus unidades de choque. La policía “nacional” tiene una brigada secreta dedicada a rastrear información comprometedora de políticos vinculados al independentismo.

Los policías “nacionales”, parte de ellos miembros de la Unidad de Asuntos Internos –destinada a investigar a otros agentes- han trabajado sobre el terreno sin autorización judicial con el objetivo de buscar indicios de corrupción que en la mayor parte de los casos no acabaron en un juzgado, sino en las portadas de determinados medios de comunicación, siempre en fechas próximas a acontecimientos señalados del proceso. En otras ocasiones, el trabajo les ha llevado al extranjero. Ocurrió con la  falsa cuenta en Suiza del antiguo alcalde Barcelona Xavier Trias.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, comparó el pasado jueves la guerra de banderas en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona con la situación que se vivía en el País Vasco “cuando ETA estaba plenamente activa”. Para el ministro, la imagen vista en el consistorio “tiene connotaciones muy negativas” al recordar a la “guerra de banderas” que se vivía años atrás en el País Vasco “cuando ETA estaba plenamente activa y operativa, sembrando regueros de sangre y terror por todas partes”.

El FBI desata la ofensiva contra los Panteras Negras

Lo realmente nuevo en el Partido de los Panteras Negras no fue el llamamiento a las armas. Ni siquiera fue lo más importante. Lo que les diferenció de otros, es que era una organización y que tenía el proyecto de organizar. Los Panteras Negras no convocaban a las masas a celebrar asambleas o manifestaciones, sino que las encuadraban por regiones, ciudades o barrios, en los que formaban células y comités.

Todo lo demás era consecuencia de ello especialmente el programa y la propaganda. El primero era muy sencillo, elemental, apenas diez puntos que semejaban más bien a un estricto código de conducta del militante, heredado de los movimientos precedentes: no se debía golpear a las mujeres, nada de drogas… Incluso un programa tan sencillo deja bien claro a las masas que los Panteras Negras no tenían ningún interés por reunir cualquier clase de fuerza o por sumar indiscriminadamente. En la organización no entraba quien quería; tenía reservado el derecho de admisión.

Una organización de esas características supone también un rearme ideológico, la difusión de propaganda, una tarea de formación de los militantes, la lectura y el estudio. La propaganda escrita no sustituye a la oral, que sigue siendo la más importante, sino que la complementa. Así se creó una intelectualidad negra de naturaleza militante, no académica, cuyo máximo representante fue Leroy Eldridge Cleaver.

La biografía de Cleaver es parecida a la de otros militantes de aquellos años. Trabajador e hijo de trabajadores en Little Rock, Arkansas, su familia emigra en busca de otro trabajo para acabar en un barrio marginal de Los Ángeles, un paso intermedio que conduce siempre a la cárcel que, para un revolucionario es una universidad.

En 1958 a Cleaver le condenaron, y no era la primera vez, a 14 años de cárcel por violación y tentativa de asesinato de una mujer blanca. En prisión se autocriticó y se unió a “Nation of Islam”, siguiendo luego los pasos de Malcom X cuando rompió con aquella organización. En la cárcel se convirtió en un intelectual cuyo pensamiento no era universitario sino carcelario, militante y revolucionario. Al salir de la cárcel le nombraron redactor de la conocida revista “Ramparts” y posteriormente en director de publicaciones de los Panteras Negras.

La mejor señal de que la línea los Panteras Negras era correcta es que 24 de sus dirigentes empezaron a ser perseguidos y detenidos, a pesar de ser una organización muy pequeña, de apenas 700 militantes repartidos a lo largo de Estados Unidos. La solidaridad y la lucha contra la represión adquieren una importancia creciente, no sólo en los juicios políticos sino también en cualquier clase de persecución policial o de asesinato en los barrios. La organización instala comedores populares en los barrios y recauda dinero para que las familias puedan visitar a los presos.

El 28 de octubre de 1967 la policía detiene a Newton tras un tiroteo en el que resulta gravemente herido. Un policía muere y otro cae herido. Le acusan de asesinato, con una previsible pena de muerte si le condenan. Es el detonante de una amplia campaña de solidaridad que se convierte en el motivo central de la actividad del Partido. Un abogado blanco, Charles R.Garry, asume su defensa. Bobby Seale le llama “el Lenin de los estrados”.

La telaraña de juicios sólo era una parte de la represión. Las fotos de los dirigentes del Partido llenan las paredes de las comisarías. Sus coches son seguidos sistemáticamente por la policía. Las oficinas permanecen vigiladas las 24 del día y periódicamente son registradas. El 25 de enero de 1968, a las dos horas de la madrugada, la policía invade la vivienda de Bobby Seale y su mujer, los levantan de la cama y los detienen por intento de asesinato. Por la noche detienen a otros 6 militantes, por los mismos motivos. El juez declara ilegales los registros domiciliaros y falso el atestado que le presenta la policía. Salen todos en libertad.

En una semana se produjeron 16 detenciones de militantes por motivos espúreos, lo que no frena la represión. El 16 de enero del año siguiente la policía vuelve a penetrar de madrugada en la vivienda de Eldridge y Kathleen Cleaver en San Francisco y les amenazan, así como a Emory Douglas, un miembro de la comisión cultural del Partido que está presente en ese momento. Tras un registro, no encuentran la documentación que esperaban y el montaje fracasa.

El Partido cae en la trampa que le tiende la policía, un combate cuerpo a cuerpo, una clara señal de falta de madurez. Pero sólo era una de tantas maniobras que la policía, y en especial el FBI, empiezan a tender de manera sistemática para acabar con la organización. Son las que luego se conocieron con el nombre de Cointelpro o Programa de Contrainteligencia, una nueva edición del que ya se había practicado durante la “caza de brujas” contra el Partido Comunista.

El FBI tenía, pues, una amplia experiencia política que iba mucho más allá de las detenciones, los juicios y las cárceles. En 1960 el programa Cointelpro se había dirigido contra 2.370 movimientos, como los independentistas puertorriqueños, los estudiantes revolucionarios e incluso contra el propio Martin Luther King. Los Panteras Negras padecen una campaña sistemática de cerco y aniquilamiento que aborda varios frente de manera simultánea:

Vigilancia. Cada militante de cada una de sus células es espiado, seguido, fotografiado y cada uno de sus correos intervenidos y cada una de sus conversaciones telefónicas grabadas. Estas acciones se llevan a cabo tanto de manera reservada como abierta, a fin de intimidar y hacer notar a cada uno de ellos la presencia agobiante del aparato represivo del Estado y sus enormes capacidades.

Correo. El FBI escribe y difunde cartas falsas para enlodar las relaciones políticas y personales entre los diferentes militantes. Además de falsas por su origen, las cartas contienen informaciones también falsas sobre una supuesta vida disoluta de los dirigentes, que manejan gigantescas cantidades de dinero, se emborrachan o dilapidan el dinero en el juego.

Ataques de falsa bandera. El FBI ataca las sedes de otras organizaciones en nombre de los Panteras Negras. También fabrica falsas octavillas, falsos comunicados y falsos carteles firmados con la apariencia de proceder del Partido para entregárselos a otras organizaciones políticas y crear conflictos entre unos y otros.

Redadas. Las detenciones por motivos ridículos se multiplican. Es una guerra de desgaste que obliga a un esfuerzo continuo en litigios y campañas de denuncia, un despilfarro de energías, de tiempo y de dinero que, al mismo tiempo sirve para enturbiar la imagen de la organización: “si le han detenido por algo será”.

Infiltración. La policía introduce a sus agentes y confidentes en la organización, que no sólo sirven para obtener información sino para sembrar el caos interno, las disensiones y las polémicas. Al mismo tiempo, los militantes honestos son acusados de ser infiltrados, lo que siembra la desconfianza.

Provocación. Algunas células llevan a cabo acciones incontroladas e ilegales que justifican una represión indiscriminada contra los demás.

Asesinato. El FBI provoca tiroteos o ejecuta fríamente a los dirigentes más destacados.

Drogas. El FBI puso a sus agentes a introducir las drogas en los barrios más combativos de las ciudades de Estados Unidos.

Son sólo algunos de los mecanismos que formaron parte de Cointelpro. El repertorio es mucho más amplio y en Estados Unidos se ha dirigido contra los Panteras Negras y cualquier clase de movimiento que no esté controlado por los aparatos del Estado.

Más de 30 muertos en enfrentamientos entre la policía y manifestantes en Nepal

El viernes murieron cinco manifestantes y un policía en enfrentamientos en el sur de Nepal, donde las protestas contra el proyecto de una nueva Constitución se intensifican.

«Cinco manifestantes -dos en Mahottari y tres en el distrito de Dhanusa- murieron después de que la policía se viera obligada a disparar contra manifestantes agresivos», dijo un portavoz de la policía. «Un agente también falleció», añadió.

El policía, herido tras recibir golpes de los manifestantes, estaba siendo trasladado al hospital en una ambulancia, cuando la multitud, indignada por la muerte a balazos de cinco manifestantes, lo sacó a la fuerza del vehículo y lo linchó.

«Una muchedumbre de 150 personas detuvo y rodeó la ambulancia, sacó [al policía] para llevárselo a un campo y matarlo. Quemaron la ambulancia» declaró el portavoz de la policía.

En total, más de 30 personas, entre ellas 11 policías y un bebé de 18 meses, han muerto en los últimos días en choques entre manifestantes y fuerzas antidisturbios durante las movilizaciones contra el proyecto de Constitución.

Este proyecto, que dividiría al país en siete provincias, perjudicaría según sus opositores a algunas comunidades históricamente marginadas.

Las consultas sobre la nueva Constitución comenzaron en 2008, dos años después del fin de diez años de lucha armada dirigida por los maoístas que acabó con la autocracia.

La represión y el control policial no padecen recortes presupuestarios

El 15 de mayo un decreto del actual gobierno aprobó una partida presupuestaria extraordinaria de 10 millones para la “potencialización tecnológica y de los sistemas de información y comunicación” de los servicios de Información.

De ellos 4 millones de euros están destinados a un sistema de geolocalización de teléfonos móviles y 1,09 para comprar dispositivos de seguimiento electrónico y de grabación de conversaciones “en ambientes hostiles”.

Se trata de herramientas informáticas sofisticadas capaces de ubicar a un individuo a través de su teléfono celular o de grabar de forma secreta conversaciones en lugares cuyo acceso es imposible para los policías.

En el preámbulo, el gobierno no es nada original. Justifica la necesidad del crédito al Ministerio del Interior con la excusa de moda: el aumento de atentados yihadistas dentro y fuera de Europa. Se trata de “combatir la amenaza [yihadista], neutralizar o minimizar los riesgos de acciones criminales terroristas contra nuestros ciudadanos y la atomización de los riesgos”.

Además de los sistemas de seguimiento y escucha, 1,1 millones de euros irán destinados a programas informáticos y equipos asociados a la implementación de una herramienta de inteligencia que integre todos los datos de las investigaciones contra el terrorismo y la “radicalización” que llevan a cabo los servicios centrales y los periféricos de la policía.

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