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Los alemanes se han volcado en apoyo de los refugiados (3)

Por eso que dicen de que empezar un artículo con números es aburrido: 176 fueron los ataques contra alojamientos para refugiados en Alemania solamente hasta finales de junio [de 2015]. En todo 2014, no llegaron a 200, así que puede verse con claridad el aumento. El tipo de ataque: piedras, cócteles molotov que provocan incendios, pintadas de esvásticas… de todo. En la mayoría de los casos la agresión es contra albergues en planificación, en obras, en los que aún no están viviendo refugiados en el interior. En otros casos, como pasó el 11 de julio en el pueblecito de Böhlen, incluso disparan fuego real contra un albergue en el que están viviendo refugiados dentro.

Alemania tiene un problema de racismo y en todos los medios, en el centro de la sociedad, se encuentra ahora mismo este debate, porque cada semana el corazón se sobrecoge con una nueva noticia de muestras de xenofobia. El viernes 24 de julio [de 2015], en Dresde, delante de unas carpas que habían montado para acomodar a un millar de refugiados, tuvo lugar una manifestación del partido neonazi NPD, así como otra demostración en defensa de los refugiados. Según cuenta la prensa, habrían sido unos 200 neonazis y unos 350 defensores de los refugiados. Los primeros, al parecer, atacaron a los segundos con piedras y botellas rotas provocando tres heridos, uno de ellos de gravedad.

[…] Los racistas extremos son muchos menos que los racistas de andar por casa o que, sobre todo, los antiracistas. Y, de ese modo, en el pueblito de Freital, en Sajonia, semana tras semana medio pueblo se dedicaba a manifestarse delante de un asilo de inmigrantes. La mayoría huidos y traumatizados, explicaban en la televisión pública que estaban muertos de miedo y con razón no se atrevían a salir solos o por la noche. Hasta que todo el país se enteró y se organizaron autobuses, un concierto antifascista y hasta el colectivo de artistas Dies Irae llevó a cabo una acción de guerrilla urbana colocando publicidad pro-refugiados en las paradas de autobús. Los eslóganes no tienen desperdicio: “El zorro es listo y se hace el tonto, el nazi hace lo contrario” o “Los nazis comen falafel en secreto”. El jefe del partido de izquierdas Die Linke, Michael Richter, sabe a que se están enfrentando en Freital: su coche salio volando por los aires después de que desconocidos colocaran un explosivo en la noche del domingo 26 de julio.

Este inconveniente de cara más radical que le ha surgido a la sociedad alemana es en realidad la punta del iceberg del pensamiento egoísta y miedoso de una buena parte de la sociedad alemana, como las manifestaciones del movimiento Pegida pusieron de manifiesto. Los “patriotas europeos contra la islamización de occidente” han dado la nota durante meses mezclando conceptos y expandiendo una cultura de negación de la diversidad y de rechazo al extranjero. Si bien estas protestas por fin se han calmado en los últimos meses [de 2015], su trabajo de propaganda ha calado entre determinados sectores sociales.

Pegida se distancia de los ataques a inmigrantes, a albergues para refugiados y hasta de las manifestaciones que tienen lugar justo en frente de las residencias de refugiados. Sin embargo, miembros del movimiento han demostrado, sobre todo en internet, lo peligrosos que pueden llegar a ser, amenazando a periodistas, deseándoles la muerte y tratando de asustarles para que no informasen de una forma negativa sobre el movimiento. Y es que internet es el lugar donde el problema alemán actual más patente queda: cientos y cientos de comentarios en páginas de Facebook y en blogs llenos de odio y miedo a los extranjeros que vienen huyendo de las guerras o quién sabe de qué.

[…] Las condiciones en que los refugiados son alojados en Alemania son más que dudosas en muchos casos. Ahora el ejército, en un generoso acto, ha puesto cuarteles con capacidad para 3.500 personas a disposición de los refugiados. Por suerte, podrán vivir en un verdadero ambiente carcelario en medio de la nada. Con la puerta abierta, pero con un billete a ninguna parte, ya que en muchos casos no hay ni autobús de línea ni ellos tienen dinero para pagarlo.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/libertades/27463-alemania-tiene-problema-racismo.html

Los alemanes se han volcado en apoyo de los refugiados (2)

Un hombre sirio inmortaliza el momento desde el autobús. Graba la agitación de las flores amarillas, el balanceo de los carteles en los que se puede leer «bienvenidos» en diversos idiomas. Se escuchan gritos y aplausos. Decenas de personas se congregan para acoger a los que huyen de la guerra. Ellos lo agradecen y así lo hacen saber. Al fin, están a salvo. Este vídeo choca con la imagen de los ataques de grupos neonazis a varios centros de acogida en distintos puntos del territorio germano. Menos visible pero muy presente, el movimiento a favor de los refugiados se extiende por todo el país.

Es la otra cara de Alemania que se encuentran refugiados como la familia de Sinpan y Rawed. Después de todo lo que han pasado, todavía sonríen. Han conseguido su objetivo. Ya solo les falta cruzar la barrera elevada por el personal de seguridad. Van saliendo a la de uno, dos, tres, cuatro, cinco… stop. Los siguientes de la fila son los hermanos y primos de ambos. Una familia entera kurda que ha dejado atrás todo lo que tenían para huir del horror de la guerra en Siria. Su ciudad, Hasaka, se había convertido en un lugar demasiado peligroso, así que la familia vendió sus pertenencias y se puso en camino hacia Alemania, donde los dos primos llevan ya casi un año viviendo. «Cuando llegaron dijeron: ¿y esto es Alemania?», se ríe Rawed.

El viaje fue horrible, cuentan. Las mafias les cobraron unos 8.000 euros por cabeza y les trajeron escondidos en un camión. Un transporte similar al que estos días ocupaba las portadas de los diarios con decenas de refugiados que habían fallecido en su interior asfixiados. Un viaje peligroso a merced de las mafias ante la inexistencia de rutas legales para ejercer su legítimo derecho al asilo. Llegaron el día anterior y han tenido suerte de que esta misma noche la podrán pasar en un albergue de emergencia. Después de todo el día esperando, por fin pueden abandonar el jardín de la oficina de asuntos sociales.

A este lugar, situado en el barrio berlinés de Moabit, vienen cada día alrededor de medio millar de refugiados a inscribirse como tales para comenzar el largo proceso de la solicitud de asilo ante la burocracia alemana. Desde aquí son enviados a albergues provisionales distribuidos por todo el país. Durante todo agosto se han visto escenas delante de esta oficina más propias de países no industrializados y empobrecidos: familias enteras, niños, bebés, personas mayores y enfermos durmiendo al raso. Sin comida ni agua siquiera.

Sin agua en pleno agosto. Familias enteras haciendo cola toda la noche y todo el día, durmiendo incluso en la cola. Pero alguien puso el grito en el cielo en Twitter y de la noche a la mañana se organizó el reparto de agua que tanto necesitaban los refugiados. Voluntarios cocinaban para ellos lo que ciudadanos de Berlín traían para donar de forma altruista. Durante unas dos semanas la organización Moabit hilft (Moabit ayuda) fue prácticamente la organización que coordinó el trabajo de los cientos de voluntarios que han pasado para regalar tiempo y fuerzas a los recién llegados.

A raíz de la presión de dichas organizaciones, la oficina de asuntos sociales instaló un grifo para que los refugiados puedan beber pero que en realidad, está sirviendo también para asearse. Además reparten vasos y botellas de agua. La comida sigue llegando de los voluntarios aunque ahora han prometido que a partir de esta semana será una empresa quien se encargue de prepararla con cargo al erario público.

[…] Las personas se organizan a través de Facebook, Twitter, crean documentos de Google compartidos en los que van escribiendo las necesidades de cada lugar.

De esa forma es como Leticia y Jacob, de Valencia y Alicante, pero residentes en Berlin, se enteraron de lo que estaba pasando y decidieron presentarse voluntarios. Unas veces reparten agua y comida. Ropa, mantas. Hacen de payasos para los críos. Ante la inacción de las autoridades, los berlineses se han puesto a ayudar a destajo […]

Los médicos se han autoorganizado también. Su colegio envió una misiva a la que han respondido mas de un centenar de facultativos que, de forma voluntaria, se van turnando para atender a los refugiados. Ya han conseguido que al menos un médico sea remunerado para casos de emergencia. «Algo completamente absurdo», asegura el personal médico. A partir del lunes, sin embargo, después de varias reuniones con el Ayuntamiento y el Estado, han prometido crear un punto de atención sanitaria para que los médicos puedan atender de forma adecuada las emergencias, recibiendo para ello alguna de las salas que Cáritas tiene en el edificio.

Otras personas se han acercado también a mostrar su solidaridad, como Imsa Höppner, que se acercó un día a llevar agua y quedó tan impresionada que mandó a sus amigos y conocidos una petición por Facebook para que donasen a los refugiados. Fue así como comenzó una aventura a raíz de la cual ella y las personas que se han ido sumando han repartido ya unos 300 paquetes de bienvenida: una manta, artículos de aseo y frutos secos. Entretanto, Imsa siente que el proyecto se ha vuelto algo demasiado grande que no le deja tiempo para respirar, por lo que también ella opina que todo esto que están haciendo es una tarea del Estado.

Por todo Berlín los grupos de apoyo a los refugiados recogen todo tipo de material que puedan necesitar, desde artículos de necesidad básica e higiene hasta otros más singulares como laca de uñas o tinte para el pelo.  Los mensajes de solidaridad se repiten a lo largo del país. Hasta los estadios de fútbol han dado la bienvenida a los refugiados a través de pancartas desplegadas en las gradas. Los clubes invitan a grupos de jóvenes sirios a los partidos y los hinchas reivindican ayuda para ellos.

Fuente: http://www.eldiario.es/desalambre/Asilo-Alemania-voluntarios-ONGs-Siria-refugiados-catastrofe_humanitaria_0_425557671.html

Los alemanes se han volcado en apoyo de los refugiados

‘Bienvenidos a Alemania’, dice el cartel
Los partidos políticos alemanes que se sientan en las instituciones ‘no nos representan’ tampoco. Ninguno de ellos. Ni siquiera ‘La Izquierda’. Si alguien ha creído que la postura socialfascista de dicho partido es consecuencia del estereotipo ‘alemán’ (racista, xenófobo) se equivoca: en Alemania la población se ha volcado en apoyo a los refugiados. Los partidos ‘de izquierda’ no tienen nada que ver con ella.

Con comida, ropa y mantas son recibidos miles de refugiados que llegan a Alemania, en una ola de solidaridad a la que se sumó el papa Francisco con un llamado a las parroquias para acoger a refugiados.

“La gente nos trata muy bien aquí, nos tratan como a seres humanos, no como en Siria”, dijo con lágrimas en los ojos Mohammad, un sirio de 32 años que tuvo que abandonar la ciudad de Quseir, devastada por la guerra.

En las estaciones de tren de Fráncfort y Múnich, en el oeste y el sur, se reunieron grupos de voluntariado para acoger a los refugiados y ofrecerles abrigo y alimento.

En una Europa dividida sobre qué hacer frente a la peor crisis migratoria desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania decidió flexibilizar sus normas de acogida de los ciudadanos sirios, que huyen del conflicto en su país.

Cerca de 13.000 refugiados han entrado a Alemania durante el fin de semana tras viajar desde Hungría a través de Austria, según cifras suministradas hoy por el Ministerio alemán del Interior.

Durante el sábado llegaron 8.000 refugiados mientras que hoy, hasta las 15:00 hora local (13.00 GMT), fueron cerca de 5.000 los que accedieron a la localidad bávara de Múnich.


La mitad de los refugiados que han llegado a Múnich serán repartidos entre otros estados de Alemania mientras que el resto permanecerá de momento en Baviera.

La estación de Múnich es donde llegan la mayoría de los trenes, lo que hace que las autoridades de la capital bávara se hayan visto obligadas a reaccionar rápidamente para acoger a los recién llegados.

En el curso de menos de 48 horas se han aclimatado dos salas del pabellón de ferias como centro de acogida, así como otro viejo pabellón no lejos de la estación.

Otras ciudades alemanas que ha recibido un alto número de refugiados han sido Dortmund, en el oeste del país, Saalfeld, en el este, Hamburgo y Kiel, en el norte, y Francfort en el centro.

En todas partes los refugiados han sido recibidos con aplausos y regalos de la población alemana.

Fuente: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2015/09/6/alemanes-reciben-con-aplausos-13-mil-refugiados

‘La Izquierda’ es igual a los neonazis

En las elecciones alemanas de 2013 el partido Die Linke (La Izquierda) fue el tercero más votado. Surgió en 2007 de la fusión del Partido del Socialismo Democrático, heredero del SED de la RDA- y la WASG, una escisión de la socialdemocracia.

A pesar de su nombre, Die Linke es un partido reaccionario que está haciendo causa común con los neonazis que se enfrentan a los emigrantes y llaman a fortalecimiento de la represión policial en su contra.

Uno de los portavoces de su grupo parlamentario, Dietmar Bartsch, ha dicho que en Alemania hay un “déficit de vigor” a la hora de hacer que los emigrantes respeten las leyes y se comporten como lo que son: invitados.

Es el lenguaje neonazi: los que llegan a Alemania no son refugiados sino exactamente eso: invitados que se aprovechan de la “hospitalidad” alemana.

En una entrevista a la revista Der Spiegel, su colega Sahra Wagenknecht ha dicho que no pueden admitir la entrada en Alemania de un millón de emigrantes cada año, por lo que hay que poner límites y expulsar a los que no acepten las leyes del país.

Wagenknecht, antigua portavoz de la “Plataforma Comunista”, ha criticado que en Alemania se hayan eliminado tantos puestos de policía como consecuencia de los recortes presupuestarios, proponiendo como tarea un reforzamiento de los aparatos represivos.

El presidente del partido, Berndt Riexinger, ha dicho que la reducción del número de policías supone una desestabilización para Alemania, una disminución de su capacidad funcional que conduce a la “quiebra del Estado”.

En una entrevista a “Tagesschau” el dirigente parlamentario del mismo partido, Jan Korte, se preguntaba si la policía estaba suficientemente equipada y si se había producido una quiebra del Estado alemán.

En una maniobra aún más sucia, Die Linke trata de lanzar a los trabajadores contra los refugiados e emigrantes. Wagenknecht ha dicho varias veces que presionan para bajar los salarios y que agravan los problemas de vivienda, ya que si no se construye más vivienda pública, la oleada de emigrantes incrementará los precios de los alquileres.

Lo que se callan como perros es que allá donde gobierna, Die Linke está vendiendo viviendas públicas para sanear los presupuestos. En Dresde han apoyado la venta por el ayuntamiento de la empresa pública inmobiliaria HLM que disponía de 60.000 viviendas y que el comprador es Forteresse, el típico fondo buitre de especuladores. En total el ayuntamiento de Dresde ha vendido 120.000 viviendas públicas en los últimos 15 años.

Su marido, el conocido dirigente socialdemócrata Oskar Lafontaine, que luego se pasó a Die Linke, utiliza los mismos trucos sucios que sus demás colegas de “la izquierda” para enfrentar a los trabajadores y a los sectores más humildes de la población, en contra de los refugiados, culpables de todos los males de Alemania.

No hay ninguna diferencia entre los neonazis y “la izquierda” reformista. Todos ellos buscan un chivo expiatorio entre los refugiados para tapar que el problema procede del capitalismo, del imperialismo y de las guerras desencadenadas por ellos en el norte de África y Oriente Medio.

Francia pasa del terrorismo yihadista al terrorismo policial

El 21 de noviembre la policía asaltó en Estrasburgo la vivienda de un anciano de 80 años. Aterrorizado por la violenta invasión, el anciano se desvaneció y tuvo que ser llevado urgentemente a un hospital.

La familia ha narrado la terrorífica historia a la cadena de televisón France 3 Alsace.

El anciano vivía con una hija de 46 años, deficiente mental y la policía reventó la puerta con un explosivo. Entraron encapuchados dando gritos. El octogenario trató de incorporarse pero cayó al suelo fulminado.

A pesar de ello, la policía le esposó cuando estaba tendido en el suelo del salón de su casa. También esposaron a su hija y la sacaron fuera de la vivienda para registrarla, aunque más que registrarla la devastaron y destrozaron.

A la hija deficiente mental, la policía le hace firmar una declaración
de manera ilegal, ya que no podía hacerlo sin la intervención de su
tutor.

Tras cinco días hospitalizado, el anciano no sale de su asombro; no comprende la violenta entrada y el no menos violento registro que ha dejado su casa inutilizable.

Al final, no hay armas, no hay drogas, no hay detenidos. Sólo hay terror, que por esta vez tiene su origen en el salvajismo policial.

La historia se remonta al norte de África, cuando tras los atentados de París dos hijos del anciano se fueron de vacaciones a Túnez y en la aduana les registraron. Al volver también fueron registrados en Italia, después les ocurrió lo mismo en la frontera suiza, antes de entrar en Francia.

El más joven de los dos hermanos estaba en trámites de divorcio y aprovechó el paso por Suiza para visitar a su hija en Bale, donde vivía con su madre. En el momento de la visita estaba acompañado de su hermano y un amigo común de ambos. Tras la visita, cuando cruzaban la frontera con Francia, la policía encontró un frasco con bicarbonato sospechoso en el maletero del coche: uno de los hermanos padece del estómago.

Había algo aún más sospechoso: tanto el hermano como el amigo tenían barba, por lo que ambos fueron detenidos. Al ser interrogados, dan la dirección de su padre en Estrasburgo como domicilio.

Como tienen patente de corso con el estado de urgencia, la policía también registra el domicilio de otro de los hermanos, donde se encontraban su mujer y sus tres hijos, a los que encañonaron con sus armas.

En total, desde el inicio del estado de urgencia, al policía ha practicado 35 registros domiciliarios sólo en la prefectura del Bajo Rhin. A escala general, la televisión habla de 2.000 registros, 529 detenciones y 300 confinamientos.

Anonymous destapa a los políticos del Ku Klux Klan

El domingo el grupo Anonymous comenzó a publicar datos personales de varios miembros de Ku Klux Klan, cumpliendo así con la promesa que realizó hace varios días, cuando aseguró que revelaría la identidad de 1.000 integrantes de esta organización fascista, entre ellos varios senadores y alcaldes estadounidenses.

Ha comenzado publicando 23 direcciones de correo electrónico y 57 números de teléfono de varios miembros activos del Ku Klux Klan en la página de almacenamiento Pastebin. Esta acción forma parte de su campaña contra el conocido grupo de matones fascistas.

El pasado 28 de octubre Anonymous difundió un comunicado en el que anunciaba que daría a conocer las identidades de mil miembros, afiliados a Ghoul Squad y otros socios de varias facciones del Ku Klux Klan de todo Estados Unidos.

Los piratas comenzaron esta operación el año pasado, como reacción a las amenazas del grupo fascista de usar “fuerza letal” contra los manifestantes que protestaban en Ferguson por los asesinatos racistas cometidos por la policía.

Según la publicación de Anonymous en la página de almacenamiento Pastebin, los senadores estadounidenses Thom Tillis, John Cornyn, Dan Coats y Johnny Isakson son miembros del Ku Klux Klan.

Además, según los piratas, varios alcaldes de Estados Unidos, incluidos Madeline Rogero de Knoxville, Jim Gray de Lexington, Paul D. Fraim de Norfolk y otros, pertenecen a esta organización fascista.

600 ataques nazis contra albergues de refugiados en Alemania

Si un nacional secuestra, viola y mata a un extranjero no causa la misma conmoción que si sucediera al revés, en cuyo caso los medios de comunicación llamarían al linchamiento de todos los extranjeros.

Si la víctima del crimen fuera un niño, la paranoia mediática se multiplicaría exponencialmente.

En Austria los medios han creado tal pánico a los extranjeros (emigrantes, refugiados) que los locales están pidiendo permiso de armas y comprando armas. En realidad, lo cotidiano es que los extranjeros son quienes deben tener miedo a los europeos, y no al revés.

El jueves un nazi sueco mató con un sable a dos personas, un profesor y un alumno, en una escuela por motivos raciales. En un registro practicado en su domicilio, la policía encontró una carta escrita por el asesino en la que reconocía que seleccionó a sus víctimas por su origen étnico.

En su cuenta de YouTube el asesino publicaba propaganda nazi y en su perfil de Facebook apoyó la campaña del partido fascista Demócratas de Suecia a favor de convocar un referéndum contra la emigración.

Ese mismo jueves un alemán de 32 años, Silvio S., confesó ser el autor del secuestro, violación y asesinato de un niño refugiado, llamado Mohamed, de 6 años de edad, llegado de Bosnia-Herzegovina con su familia hace un año. El niño desapareció a comienzos de octubre de un albergue para refugiados de Berlín.

También ha confesado el asesinato de otro niño, Elías, de 4 años, desaparecido desde el mes de julio de su casa en Postdam, cerca de Berlín. La policía investiga otras desapariciones de niños por si pudieran ser obra del detenido.

El asesino mató al niño estrangulándolo con un cinturón y lo enterró en un jardín a 50 kilómetros de Berlín. En el caso de Mohamed lo tenía guardado en el maletero de su coche.

Según estimaciones policiales, hasta finales de octubre se han producido unos 600 ataques atribuidos a los nazis contra albergues de refugiados.

Por otro lado, la situación en la frontera con Austria es insostenible, ha advertido un portavoz de la policía del puesto de Passau, para quien es “cuestión de tiempo, que muera aquí de frío el primer bebé”.

El racismo y el fascismo se han convertido en una plaga en Suecia

Un artículo publicado por el diario británico The Guardian narra el incidente padecido por Kyle James, un afroamericano que fue expulsado en julio de un club de Estocolmo por dos vigilantes jurados, que le golpearon y le agredieron con gas pimienta.

Posteriormente, la policía sueca detuvo a James, que fue acusado de haber golpeado a uno de los agentes de seguridad, y tras obligarle a despojarse de su ropa, fue encerrado en una celda desnudo durante horas. Según James, «fue una de las experiencias más humillantes de mi vida».

«Siempre tuve la percepción de que la gente era liberal y de mente abierta en Escandinavia, pero ni siquiera un animal debería ser tratado así», relató el afectado.

The Guardian recuerda que, según un informe de la ONU presentado el pasado lunes al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el aumento de la violencia racista en Suecia, particularmente contra los ciudadanos procedentes de África, es «un problema social».

Los crímenes racistas hacia los suecos de origen africano se incrementaron más de un 40 por ciento entre 2008 y 2014, según cifras oficiales del Consejo Nacional de Prevención del Crimen de Suecia.

Christer Mattson, director del Instituto Segerstedt –un observatorio del fascismo dependiente de la Universidad de Gotemburgo– denuncia a The Guardian la situación, agregando que Suecia no ha debatido suficientemente su pasado racista.

Lo mismo que en el III Reich, en Suecia se aprobaron leyes eugenésicas que permitían esterilizar a la población por motivos raciales. Pero si en Alemania cayó el III Reich, en Suecia no. Las leyes racistas estuvieron vigentes hasta los años sesenta. En 1996 los socialdemócratas se opusieron a una ley para indemnizar a las víctimas de la eugenesia, que no se pudo aprobar hasta 1999.

El FBI desata la ofensiva contra los Panteras Negras

Lo realmente nuevo en el Partido de los Panteras Negras no fue el llamamiento a las armas. Ni siquiera fue lo más importante. Lo que les diferenció de otros, es que era una organización y que tenía el proyecto de organizar. Los Panteras Negras no convocaban a las masas a celebrar asambleas o manifestaciones, sino que las encuadraban por regiones, ciudades o barrios, en los que formaban células y comités.

Todo lo demás era consecuencia de ello especialmente el programa y la propaganda. El primero era muy sencillo, elemental, apenas diez puntos que semejaban más bien a un estricto código de conducta del militante, heredado de los movimientos precedentes: no se debía golpear a las mujeres, nada de drogas… Incluso un programa tan sencillo deja bien claro a las masas que los Panteras Negras no tenían ningún interés por reunir cualquier clase de fuerza o por sumar indiscriminadamente. En la organización no entraba quien quería; tenía reservado el derecho de admisión.

Una organización de esas características supone también un rearme ideológico, la difusión de propaganda, una tarea de formación de los militantes, la lectura y el estudio. La propaganda escrita no sustituye a la oral, que sigue siendo la más importante, sino que la complementa. Así se creó una intelectualidad negra de naturaleza militante, no académica, cuyo máximo representante fue Leroy Eldridge Cleaver.

La biografía de Cleaver es parecida a la de otros militantes de aquellos años. Trabajador e hijo de trabajadores en Little Rock, Arkansas, su familia emigra en busca de otro trabajo para acabar en un barrio marginal de Los Ángeles, un paso intermedio que conduce siempre a la cárcel que, para un revolucionario es una universidad.

En 1958 a Cleaver le condenaron, y no era la primera vez, a 14 años de cárcel por violación y tentativa de asesinato de una mujer blanca. En prisión se autocriticó y se unió a “Nation of Islam”, siguiendo luego los pasos de Malcom X cuando rompió con aquella organización. En la cárcel se convirtió en un intelectual cuyo pensamiento no era universitario sino carcelario, militante y revolucionario. Al salir de la cárcel le nombraron redactor de la conocida revista “Ramparts” y posteriormente en director de publicaciones de los Panteras Negras.

La mejor señal de que la línea los Panteras Negras era correcta es que 24 de sus dirigentes empezaron a ser perseguidos y detenidos, a pesar de ser una organización muy pequeña, de apenas 700 militantes repartidos a lo largo de Estados Unidos. La solidaridad y la lucha contra la represión adquieren una importancia creciente, no sólo en los juicios políticos sino también en cualquier clase de persecución policial o de asesinato en los barrios. La organización instala comedores populares en los barrios y recauda dinero para que las familias puedan visitar a los presos.

El 28 de octubre de 1967 la policía detiene a Newton tras un tiroteo en el que resulta gravemente herido. Un policía muere y otro cae herido. Le acusan de asesinato, con una previsible pena de muerte si le condenan. Es el detonante de una amplia campaña de solidaridad que se convierte en el motivo central de la actividad del Partido. Un abogado blanco, Charles R.Garry, asume su defensa. Bobby Seale le llama “el Lenin de los estrados”.

La telaraña de juicios sólo era una parte de la represión. Las fotos de los dirigentes del Partido llenan las paredes de las comisarías. Sus coches son seguidos sistemáticamente por la policía. Las oficinas permanecen vigiladas las 24 del día y periódicamente son registradas. El 25 de enero de 1968, a las dos horas de la madrugada, la policía invade la vivienda de Bobby Seale y su mujer, los levantan de la cama y los detienen por intento de asesinato. Por la noche detienen a otros 6 militantes, por los mismos motivos. El juez declara ilegales los registros domiciliaros y falso el atestado que le presenta la policía. Salen todos en libertad.

En una semana se produjeron 16 detenciones de militantes por motivos espúreos, lo que no frena la represión. El 16 de enero del año siguiente la policía vuelve a penetrar de madrugada en la vivienda de Eldridge y Kathleen Cleaver en San Francisco y les amenazan, así como a Emory Douglas, un miembro de la comisión cultural del Partido que está presente en ese momento. Tras un registro, no encuentran la documentación que esperaban y el montaje fracasa.

El Partido cae en la trampa que le tiende la policía, un combate cuerpo a cuerpo, una clara señal de falta de madurez. Pero sólo era una de tantas maniobras que la policía, y en especial el FBI, empiezan a tender de manera sistemática para acabar con la organización. Son las que luego se conocieron con el nombre de Cointelpro o Programa de Contrainteligencia, una nueva edición del que ya se había practicado durante la “caza de brujas” contra el Partido Comunista.

El FBI tenía, pues, una amplia experiencia política que iba mucho más allá de las detenciones, los juicios y las cárceles. En 1960 el programa Cointelpro se había dirigido contra 2.370 movimientos, como los independentistas puertorriqueños, los estudiantes revolucionarios e incluso contra el propio Martin Luther King. Los Panteras Negras padecen una campaña sistemática de cerco y aniquilamiento que aborda varios frente de manera simultánea:

Vigilancia. Cada militante de cada una de sus células es espiado, seguido, fotografiado y cada uno de sus correos intervenidos y cada una de sus conversaciones telefónicas grabadas. Estas acciones se llevan a cabo tanto de manera reservada como abierta, a fin de intimidar y hacer notar a cada uno de ellos la presencia agobiante del aparato represivo del Estado y sus enormes capacidades.

Correo. El FBI escribe y difunde cartas falsas para enlodar las relaciones políticas y personales entre los diferentes militantes. Además de falsas por su origen, las cartas contienen informaciones también falsas sobre una supuesta vida disoluta de los dirigentes, que manejan gigantescas cantidades de dinero, se emborrachan o dilapidan el dinero en el juego.

Ataques de falsa bandera. El FBI ataca las sedes de otras organizaciones en nombre de los Panteras Negras. También fabrica falsas octavillas, falsos comunicados y falsos carteles firmados con la apariencia de proceder del Partido para entregárselos a otras organizaciones políticas y crear conflictos entre unos y otros.

Redadas. Las detenciones por motivos ridículos se multiplican. Es una guerra de desgaste que obliga a un esfuerzo continuo en litigios y campañas de denuncia, un despilfarro de energías, de tiempo y de dinero que, al mismo tiempo sirve para enturbiar la imagen de la organización: “si le han detenido por algo será”.

Infiltración. La policía introduce a sus agentes y confidentes en la organización, que no sólo sirven para obtener información sino para sembrar el caos interno, las disensiones y las polémicas. Al mismo tiempo, los militantes honestos son acusados de ser infiltrados, lo que siembra la desconfianza.

Provocación. Algunas células llevan a cabo acciones incontroladas e ilegales que justifican una represión indiscriminada contra los demás.

Asesinato. El FBI provoca tiroteos o ejecuta fríamente a los dirigentes más destacados.

Drogas. El FBI puso a sus agentes a introducir las drogas en los barrios más combativos de las ciudades de Estados Unidos.

Son sólo algunos de los mecanismos que formaron parte de Cointelpro. El repertorio es mucho más amplio y en Estados Unidos se ha dirigido contra los Panteras Negras y cualquier clase de movimiento que no esté controlado por los aparatos del Estado.

En Detroit lo mismo que en Vietnam

Negros, esclavos y rebeldes (5)
En julio de 1964 estalló una revuelta en el barrio negro de Harlem, en Nueva York, como consecuencia del asesinato por un policía (blanco) fuera de servicio de un adolescente (negro) de 15 años. Las manifestaciones se transformaron en motines, los coches ardieron, las tiendas fueron saqueadas y los negros salieron a la calle con piedras, barras de hierro y cócteles Molotov para defenderse de la policía.

Progresivamente las protestas se extendieron de Harlem a Manhattan, Brooklin y Bedford-Stuyvesant. Luego, el levantamiento pasó de Nueva York a otras ciudades como Rochester. Las calles se convirtieron en un campo de batalla durante cuatro días y cuatro noches consecutivas. En otras ciudades los ecos no se apagaron hasta 10 días después.

El balance fue terrorífico: 7 muertos, 800 heridos de los cuales 48 eran policías, más de 1.000 detenidos y millones de dólares en daños materiales. La prensa se abalanzó contra aquel movimiento, al que acusaron de salvajismo y barbarie.

Fue el comienzo de una ola. El verano del año siguiente se produjeron levantamientos en todos los barrios más humillados de las grandes ciudades de Estados Unidos. A mediados de agosto, el barrio de Watts, en Los Ángeles, ardió literalmente durante cinco días a causa de la detención de un negro al que la policía acusó de estar borracho.

El balance fue aún peor que el año anterior en Nueva York: 35 muertos, 800 heridos, 700 viviendas incendiadas, un perímetro de 77 kilómetros cuadrados devastados y 500 millones de dólares en daños materiales.

Además, de Los Ángeles los negros se sublevaron en más de 20 ciudades: Jacksonville en Florida, Sacramento en California, Omaha en Nebraska, Nueva York, San Francisco, Chicago… En Cleveland, Ohio, la policía no pudo contener la revuelta y el gobernador tuvo que llamar en su auxilio a la Guardia Nacional. A finales del verano habían muerto 12 manifestantes y 400 heridos fueron conducidos a los hospitales.

El detonante de los levantamientos era siempre parecido. En Chicago, por ejemplo, se inició como consecuencia de que la policía detuvo a unos menores que abrieron una boca de incendios para refrescarse con el agua.

El verano del año siguiente los desórdenes volvieron a las calles, afectando a más de 100 ciudades. En Newark, Nueva Jersey, las protestas se sucedieron del 12 al 17 de julio. Hubo 27 muertos, de los cuales 25 eran negros. Ingresaron en la cárcel unos 1.500 detenidos, los heridos ascendieron a 2.000, las bloques de viviendas incendiados sumaron unos 60 y muchos centros comerciales fueron saqueados. Las paredes de las calles aparecían con numerosos impactos de bala y los blindados patrullaban las calles con las ametralladoras apuntando a los peatones día y noche.

En Detroit la sublevación duró del 24 al 28 de julio y, en palabras de Robert Kennedy, fue la crisis más importante desde el final de la guerra civil. El Washington Post la calificó como la mayor tragedia en la larga historia de los levantamientos de los barrios negros.

Todo empezó con una redada de la policía en un café clandestino frecuentado por los negros, que desencadenó las correspondientes protestas seguidas del feroz despliegue de terror policial. Ante su impotencia el gobernador llamó a los paracaidistas y los tanques de la Guardia Nacional, que comenzaron un asalto a los barrios negros, calle por calle y casa por casa. En los combates participaron la 82 y 101 división que llegaban de combatir en las selvas de Vietnam. Dispararon indiscriminadamente contra los peatones y la gente sentada en las plazas y los jardines. Los helicópteros ametrallaron las ventanas de las casas y bloques enteros de viviendas se consumieron en llamas. Por la mañana las calles aparecían devastadas por el fuego y las barricadas.

La represión se extendió. Las comisarías y juzgados colapsaron. Habilitaron como centro de detención un garaje subterráneo de la policía en el que se hacinaron hasta 1.000 detenidos. En la cárcel de la ciudad, con plazas para 1.200 presos, se agolparon 1.700. A otros detenidos tuvieron que internarlos en los reformatorios de menores, en autobuses…

El balance es aterrador: 41 personas murieron, 2.000 fueron heridos, 3.200 detenidos, otros miles perdieron sus viviendas, 1.500 centros comerciales saqueados, 1.200 incendios, las fábricas de automóviles paralizadas, 7.000 millones en daños materiales…

Todos los levantamientos tenían varios rasgos en común, además de los sangrientos enfrentamientos con la policía. Es evidente que no se pueden disimular como si sólo hubieran sido “disturbios raciales” y que iban mucho más allá de los “derechos civiles” porque no cabían dentro del Estado sino que iban dirigidos en su contra. Por eso el Estado no dudó en asesinar fríamente a los personajes que creía más representativos del movimiento, como Martin Luther King o Malcom X.

También es evidente que el movimiento estuvo acompañado por un contexto favorable de luchas y protestas de otros sectores sociales, como los blancos, en contra de la guerra de Vietnam, de los que no se pueden separar.

Desde luego que nunca existió nada menos parecido a un movimiento pacifista negro. La propia dureza de los enfrentamientos muestra que los negros no tenían ningún miedo porque no tenían nada que perder. Estaban dispuestos a todo. Formaban parte del odio profundo de los sectores más oprimidos de Estados Unidos contra el capitalismo y sus instituciones políticas, empezando por el Estado. Pero lo más importante es la falta de organización de los levantamiento y, por lo tanto, de dirección.

Cabe decir que el movimiento nunca tuvo dirección y que la represión política hizo todo lo posible, incluidos los asesinatos selectivos, para que nunca pudiera tenerla. Hay luchas que, en definitiva, es la propia situación quien las convoca; pero las realmente importantes las convoca una determinada organización.

La diferencia es crucial. Las luchas del proletariado negro en Estados Unidos en los años sesenta son la mejor ilustración de la diferencia entre una revuelta y una revolución. Las primeras están destinadas a perder; las otras están destinadas a ganar.

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