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El ejército ruso se despliega en el norte de Siria para proteger a los kurdos

Ante los ataques del ejército turco en el norte de Siria, el ejército ruso ha desplegado cientos de soldados en las zonas de mayoría kurda de Alepo y Hassaka, ha informado esta mañana la agencia de noticias iraní Pars Today.

El despliegue es consecuencia de un acuerdo de los kurdos con el mando ruso en Alepo por el que estos últimos se encargarán, además, de la formación militar de las unidades kurdas en Afrin, Qamichli y Hassaka.

Aunque la información contiene algún error, pone de manifiesto el papel que Rusia se ha impuesto a sí misma, tanto en la Guerra de Siria como en Oriente Medio, en general, que es la de arbitraje, mediación y estabilización entre las numerosas partes enfrentadas.

Un diputado kurdo del Parlamento irakí, Salar Mahmud, ha denunciado que el plan turco consiste en apoderarse del monte Sinjar, al oeste de Mosul, con el fin de impedir que el PKK cree una segunda base de apoyo, como en el monte Qandil, y cerrar las vías de acceso entre el Kurdistán irakí y el sirio.

En una entrevista a la televisión Sumaria, el diputado kurdo asegura que Turquía encubre sus planes dentro del proyecto de liberar a Mosul del Califato Islámico. Pero eso no puede ser factible porque el gobierno central de Bagdad ya ha repetido que no admite tropas extranjeras sobre su suelo y que será su propio ejército quien asaltará Mosul con sus propias fuerzas.

Incluso el primer ministro, Haider Al-Abadi, se ha referido expresamente a que no acepta la invitación de Erdogan de colaborar en la liberación de Mosul. Durante la anterior incursión en el norte de Irak, el gobierno de Bagdad ya exigió que las tropas turcas salieran de su territorio “en 24 horas”.

Rusia y Turquía coordinan los ataques de sus aviones en Siria

Rusia y Turquía viven una luna de miel. Ayer el ministro de Asuntos Exteriores, Mevlut Cavusoglu, se declaró dispuesto a colaborar con Rusia en la Guerra de Siria, si Moscú lo creía necesario.

El ministro turco se refirió expresamente a la tregua y al envío de ayuda humanitaria a Siria pero, tras el encuentro del 15 de setiembre entre el jefe de Estado Mayor turco, el general Hulusi Akar, y su homólogo ruso, Valeri Guerassimov, la colaboración de ambos países en Siria está a punto de extenderse también al terreno militar.

Esta mañana se ha hecho público que las fuerzas aéreas de ambos países coordinan las incursiones de sus aviones en el norte de Siria. Altos oficiales de ambos países discuten un protocolo de actuación sobre el espacio aéreo sirio para evitar accidentes de sus cazas y bombarderos.

El protocolo indica que cuando una de las partes se disponga a realizar operaciones militares en una zona, la otra debe abstenerse de llevar sus aeronaves a ella.

La información procede de la agencia de prensa iraní Tasnim, que cita al diario Harit y fuentes militares turcas, lo que no coincide con las declaraciones que realizó el martes Buthaina Shaaban, la asesora de Bashar Al-Assad, en contra de la incursión de Turquía en suelo sirio, así como de los vuelos de sus aviones sobre el espacio aéreo.

En una entrevista a la cadena libanesa Al-Mayadin, Shaaban dijo que Turquía no había dado ninguna garantía sobre la intervención de sus tropas en Jarablus, que tampoco existía ninguna clase de coordinación con el ejército turco en el norte de Siria y, finalmente, que los turcos tampoco actuaban de acuerdo con Irán o Rusia.

Al menos en este punto el gobierno de Siria demuestra una cierta falta de coordinación porque esta mañana su embajador ante la ONU, Bashar Al-Jaafari, ha denunciado la violación del espacio aéreo por parte de Estados Unidos, pero no ha mencionado para nada a Turquía.

¿Por qué La Sexta se ha convertido en portavoz del yihadismo en España?

En el noticiario de este mediodía de La Sexta, la gacetillera Helena Resano ha insertado una información, acompañada de imágenes de vídeo, que mostraban a la ciudad de Alepo destruida -según ella- a causa de los bombardeos del ejército sirio, que causan gran número de víctimas inocentes entre la población civil.
Pero los yihadistas no han roto ni un plato en Siria. Ni les ha mencionado. Es lógico; los intoxicadores de La Sexta están rabiosos, lo mismo que sus socios de Qatar, por la inminente caída de sus muchachos de Al-Qaeda en Alepo. No es la primera vez que el trotskista Roures, que dirige la cadena, y su lacayo Ferreras, encargado de la desinformación, lavan la cara a los yihadistas, pero ante el inminente final, tan contrario a sus intereses, están elevando el tono.

Como ya hemos explicado en otras entradas, La Sexta es una cadena fundada en tiempos de Zapatero por ciertos sectores del PSC-PSOE, siendo Carme Chacón uno de los caciques más conocidos de aquella operación propagandística.

El monopolio Mediapro, propiedad de Roures, está asociado a la cadena de televisión Al-Jazira, cuyos dueños son los sátrapas de Qatar, los mismos que han creado, financiado y armado a toda la constelación de grupos que utilizan la marca Al-Qaeda, entre los que se encuentra el Frente Al-Nosra en Siria.

Mediapro cuenta con una oficina con 90 empleados en Doha, la capital de Qatar, y entre sus propiedades está también Público, una web de noticias que Roures tiene en internet. Aunque se presenta con la etiqueta de “izquierda”, Público apoyó la salvaje agresión imperialista contra Libia, en la misma línea que Alliberament 99 (Ada Colau, David Fernández, Ernest Urtasun, Kaos en la Red) salió en defensa del imperialismo desde una supuesta “izquierda”.

La Sexta y Al-Jazira protegen su inversión en la Guerra de Siria con embustes. No pueden admitir la derrota del yihadismo. La cadena de televisión es la avanzadilla de los mercados que ciertos capitalistas catalanes (Banco de Sabadell, La Caixa, Mango) quieren abrir en los Emiratos Árabes, en donde Mediapro ha recibido varios premios de manos de los jeques petroleros, los mismos que propagan el terrorismo en todo el mundo.

El plató del programa “Más vale tarde” que presenta Mamen Mendizábal es el mismo desde el que antes emitía Al-Jazira, aunque el primer paso de la alianza entre Mediapro y Al-Jazira ha sido el canal Bein Sports, que emite fútbol en la modalidad de pago por visión.

La coalición entre La Sexta y la cadena yihadista es a largo plazo, por lo que a los espectadores de ese medio les espera una buena ración de basura desinformativa en el futuro, sobre si tiene relación con Siria u Oriente Medio.

Más información:

– La Secta manipula la información sobre Siria
– Bashar Al-Assad es la oposición siria
– Los buitres se pelean por la carroña
 

Estados Unidos arma a los yihadistas con misiles TOW

Además de asesores militares, el Frente Al-Nosra ha recibido de Estados Unidos misiles guiados TOW, ha confesado Abu Al-Ezz, un dirigente del grupo yihadista, en una entrevista con el diario alemán Kölner Stadt-Anzeiger (*).

Según Al-Ezz, Washington patrocina a ese grupo extremista de forma indirecta, a través de países que apoyan al Frente Al-Nosra. “Pero todavía no estamos satisfechos con este apoyo”, señaló el dirigente. Para tener éxito ante las fuerzas gubernamentales los yihadistas deberían estar recibiendo “armas más sofisticadas” de sus jefes del Pentágono.

Al-Ezz destaca que el Frente Al-Nosra “ha ganado batallas gracias a los misiles antitanque TOW. Gracias a estos misiles llegamos a un equilibrio” frente al ejército sirio. “Las fuerzas gubernamentales tienen una ventaja porque cuentan con aviación y lanzadores de misiles, pero nosotros tenemos los sistemas TOW fabricados en Estados Unidos, y la situación en algunas zonas está bajo control”, dijo, aclarando que este armamento fue “destinado directamente” a la organización terrorista desde el Pentágono.

También relata que cuando el Frente Al-Nosra se encontraba acorralado, contó con el asesoramiento de “oficiales de Turquía, Qatar, Arabia saudí, Israel y Estados Unidos”. Al ser preguntado si los instructores militares norteamericanos están presentes en las filas de los yihadistas, Al-Ezz respondió: “Los estadounidenses están de nuestro lado”.

Asimismo indica que la organización terrorista ha recibido tanques y sistemas de lanzacohetes múltiples enviados desde Libia a través de territorio turco. El Frente Al-Nosra también cuenta con apoyo financiero de Washington, Arabia saudí, Qatar y Kuwait. “El dinero provenía de los gobiernos de esos Estados, no de individuos privados”, comenta al diario alemán.

(*) http://www.ksta.de/politik/interview-mit-al-nusra-kommandeur–die-amerikaner-stehen-auf-unserer-seite–24802176

Siria obstaculiza los planes imperialistas de repartirse las esferas de influencia en Oriente Medio

Naram Sargon

Vistas todas las pruebas de las que disponemos, sería perder tiempo prestar atención a las declaraciones del ministro norteamericano de Defensa y del comandante en jefe del ejército norteamericano, insultar nuestra inteligencia explicándonos el por qué y el cómo de sus tiros “amigos” contra Deir Ezzor.

Sería igualmente inútil tratar de convencer de la evidente relación entre el Califato Islámico y el proyecto americano; el Califato Islámico, el Frente Al-Nosra y los islamistas son las tropas terrestres del ejército de Estados Unidos en Oriente Medio desde la guerra de Afganistán; las fuerzas aéreas de Estados Unidos son las tropas aéreas del Califato Islámico, del Frente Al-Nosra y de los islamistas

Porque la cuestión es el significado de los ataques aéreos de la Coalición Internacional dirigida por Estados Unidos en el nordeste de Siria, operación manifiestamente premeditada para permitir a las tropas del Califato Islámico avanzar y barajar las cartas, mientras que simultáneamente la fuerza aérea israelí proporcionaba cobertura aérea al Frente Al-Nosra en Quneitra, en el sur del país. Y por qué este “error aéreo” y estos tiros amigos sobre Deir Ezzor y el Golán, después de los fracasos de los intentos de Estados Unidos en pos de convertir la tregua en Alepo en una pausa militar y la ruta de Castello en un cordón secreto que une la bolsa turca con los grupos armados del Frente
Al-Nosra.

Esta operación no es un mensaje ordinario enviado por Estados Unidos al buzón del monte de Tharda, sino la primera confesión indudable de su impotencia ante el ejército sirio y sus aliados del norte a sur del país, mientras sus propios aliados en tierra titubean en Alepo, en la Ghouta de Damas y en Idlib.

Todo indica que el “Ejército Islámico de Estados Unidos” ya no tiene capacidad de provocar choques sobre el terreno y que el Califato Islámico ya no es esa fuerza invencible capaz de avanzar en todo lugar, por su debilidad sin el apoyo de una u otra de las grandes potencias presentes en los Estados de la Coalición dirigida por Estados Unidos.

Todo indica que el pretendido error de Estados Unidos ha sido ejecutado en respuesta a los avances del ejército sirio en numerosos frentes de Deir Ezzor, que han demostrado el descenso de capacidad de los ataques del Califato Islámico, como el asedio de las manadas del Frente Al-Nosra (convertidos mediante una jugarreta grotesca en Fatah Al-Sham, para aprovecharse de la tregua de la que está excluido según el acuerdo ruso-americano del 9 de setiembre) en Alepo, ha demostrado su corrosión pese a su movilización y gran pertrechamiento de cara a la “madre de todas las batallas” desde hace mas de dos años.

Las batallas de Alepo han revelado las capacidades de maniobra ahora limitadas del Frente Al-Nosra, cuyas oleadas de ataque han acumulado pérdidas, transformándolo en una masa informe que no es capaz de ejecutar el menor ataque en el sur del país sin la ayuda pública y explícita de los israelíes.

Lo cual significa que hemos entrado en una etapa de reblandecimiento del núcleo duro de las fuerzas islamistas terroristas, surgidas después de la guerra de Estados Unidos en Afganistán, y que nos enfrentamos directamente a las fuerzas que se disimulaban detrás y que manipulaban con las manos cubiertas de sus guantes de terrorista, las marionetas islámicas en el escenario en que hacían de revolucionarios sirios.

En otros términos, Israel y Estados Unidos han salido de entre bastidores una vez que los turcos han tropezado frente a Rusia, mientras Estados Unidos intenta desesperadamente esconder al Frente Al-Nosra bajo el hábito de los derviches sufíes, y el ejército israelí le ofrece su chaleco de hierro para evitar su muerte.

Atacando a Deir Ezzor Estados Unidos evidencia de forma abierta que se habían dado cuenta de que la batalla de Alepo no corría en su favor, y de que todas sus tácticas y trucos humanitarios no cumplirían su esperanza de salvar a las milicias armadas en las que confiaban. Y ello porque han oído su oración fúnebre, y han comprendido que su hundimiento en Alepo trastocaría su proyecto en el norte de Siria, si era seguido de su probable caída en Idlib antes de la de Obama. De ahí su decisión de penetrar hacia el este del país bajo el pretexto de “fuego amigo”, para sugerir de lo que son capaces de hacer y que lo volverán a hacer, tal vez.

El proyecto estadounidense no ha cambiado. Únicamente ha cambiado el plan de enfoque a causa de las dificultades insolubles encontradas. Si el régimen sirio, que tiene la puerta del Mediterráneo, no cae, no se transformaría en un régimen inútil para Rusia, China e Irán y su profundidad en Asia, aprisionándole entre el mar Mediterráneo y el río Éufrates, lo que cerraría el inmenso corredor entre la puerta occidental y la “puerta oriental”, antiguamente guardada por Saddam Hussein, según se dice.

Por ello el proyecto de Estados Unidos consiste ahora en que una de estas dos puertas esté herméticamente cerrada por un cerrojo USA, o bien que las dos puertas estén separadas por una barrera hostil a una de ellas, que Estados Unidos busca instalar en no importa qué tipo de frágil entidad entre Siria e Irak, de manera que su frontera natural sea el Éufrates, y que esté dominada por no importa qué organización o bloque militar hostil al Estado sirio en la región este del país. De ahí la promoción de la idea de una inevitable partición de Siria.

Una partición que se concretaría por un “arco de combates” que va de Idlib hasta Abou Kamal a través de Alepo, Raqqa y Deir Ezzor, arco que quedaría cortado por la línea horizontal de una entidad kurda, igualmente frágil, creada en su parte norte.

Es lo que explica que Estados Unidos haya desplegado al Califato Islámico a lo largo del río Éufrates en un corto espacio de tiempo, antes de proceder al despliegue del Frente Al-Nosra en una línea que va hacia Idlib, que ha intentado alcanzar la costa a fin de conseguir el enclave geográfico proyectado, entre el mar y el río.

Por esto, los pretendidos revolucionarios, los denominados “moderados” del Frente Al-Nosra y asociados, debían tomar Alepo, Idlib y la costa, dirigiéndose después hacia Raqqa, Deir Ezzor y Abou Kamal con el pretexto de liberarlos del Califato Islámico, que debía recular dócilmente hacia la región de Al-Anbar en Irak sin combatir, exactamente de la misma forma que había retrocedido en Jarablus a fin de dejar sitio a los turcos, para quienes la entrada en la plaza Taksim fue mucho más difícil y costosa que entrar en Jarablus, masivamente ocupado por los del Califato Islámico y los terroristas suicidas.

Pero este enésimo proyecto, destinado a compensar el fracaso de la toma de toda Siria por Estados Unidos, y después el fracaso de la toma de su mitad, ha fracasado a su vez, a causa de la resistencia de Deir Ezzor y de la ciudad de Hassaka, en donde velaba el ejército sirio.

Era evidente por esto que el ejército sirio no abandonaría Deir Ezzor, convertida en el Stalingrado del Éufrates, y que la próxima liberación de Alepo significaría que el arco de los combates, diseñado por los planificadores de Estados Unidos y sus cómplices, iba a partirse en pedazos, al quedar la fuerzas sirias en disponibilidad de avanzar a gran velocidad de una Alepo liberada hacia Raqqa y Deir Ezzor; un trayecto táctico más ventajoso que el que va de una Raqqa liberada hacia Alepo. Estados Unidos ha intentado impedir el avance del ejército sirio en la línea Alepo liberada-Raqqa-Deir Ezzor, sobre todo impulsando a los kurdos y a las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias a extenderse para controlar el “arco de los combates”, desde el Éufrates hasta Raqqa. Pero los kurdos han rechazado a descender hacia el sur antes de avanzar hacia el oeste, en vista de que se enfrentarían a un ambiente hostil a su ideología y a su psicología, lo que ha terminado por despertar el monstruo demográfico kurdo del sudeste de Anatolia tan temido por los turcos, que han amenazado con retirarse del proyecto.

Entretanto, no habiendo conseguido liberar al Frente Al-Nosra sitiado en Alepo por el ejército sirio mediante la creación de una brecha en la carretera de Ramussé, al sur de la ciudad, y estando cerrada la ruta norte de Castello a toda ayuda llegada de Turquía, Estados Unidos ha decidido desafiar a rusos y sirios eliminando la barrera de Deir Ezzor mediante esta innoble operación de un pretendido error, ayudados en ello por los turcos, que se han propuesto generosamente para “liberar” Raqqa junto a la Coalición Internacional, como todos los hemos oído explicar recientemente.

Dispararon sus “proyectiles amigos”, seguidos inmediatamente por los asaltos del Califato Islámico sobre Deir el-Zor, sin que ese Califato Islámico haya temido la mirada inquisitiva de la aviación estadounidense, que supuestamente golpea a todo lo que se mueve al oeste de sus bases iraquíes. ¡No veamos en ello ninguna paradoja!

Según este plan, si Deir Ezzor cae, los turcos se abalanzarían hacia Raqqa y Deir Ezzor, mientras que el Califato Islámico se retiraría conforme al mismo escenario que Jarablus, bajo el pretexto de la enorme presión militar; los turcos han acordado con Estados Unidos que la línea del Éufrates sea una región internacional neutra por el hecho de que es una zona de guerra contra el Califato Islámico, con el riesgo de que la reinicie si la Coalición Internacional se retirara. Es preciso pues que el Califato Islámico permanezca sitiado en Irak, para impedir su expansión.

De esa forma Turquía rompería la espalda de los kurdos dividiéndoles en dos mitades situadas al norte de Siria. De esa forma Estados Unidos cortarían a Siria en dos mitades a un lado y otro del Éufrates, que se convertiría en una frontera de una entidad nacida de los hechos consumados como, tal vez, la que se construiría en torno a los esbirros de Al-Julani (fundador de Al-Nosra y actual jefe de Fatah Al-Sham) tras el lavado de su barba chorreante de la sangre de los sirios. De esa forma, el inmenso corredor hacia Asia quedaría cortado entre la puerta del Mediterráneo y la puerta oriental en la frontera de Irak.

Por todos esos motivos, ese “fuego amigo” estaba dirigido a la vez contra Siria y contra Rusia, para imponer el punto de vista de Estados Unidos respecto a Alepo, es decir, la apertura de la ruta de Ramussé conforme a su condición de paso de los convoyes “humanitarios” libremente y sin inspección. Lo que resultaría en una anulación de todo el beneficio obtenido del cerco en torno a Al-Nosra, y a evitar el contenido del acuerdo ruso-americano sobre Alepo, dado que este acuerdo les ha impuesto el reconocimiento de esta organización terrorista como el “enemigo común”, al mismo nivel que el Califato Islámico.

Pero pese a este golpe terriblemente doloroso en Deir Ezzor, la comprensión de sus razones nos lleva a descubrir que el proyecto USA titubea, lo mismo que sus ejércitos islamistas terroristas, y que Estados Unidos está ahora convencido de que el pueblo sirio y sus aliados podrían llegar a ser lo que demoliera sus proyectos y sus ejércitos.

Fuente: http://www.thawraonline.sy/index.php/selected-articles-list/108150-2016-09-19-08-39-11

Tras un acuerdo de paz siempre llega una matanza

Niño asesinado en Hula, Siria, mayo de 2012
Si, en Siria cada vez que alguien firma un acuerdo de paz, es como para echarse a temblar porque después siempre llega una matanza. Pero lo peor es que las matanzas las cometen los mismos que firman la paz. Ha llegado un punto en el que los sirios ya no tienen miedo a la guerra sino a la paz.

El 7 de setiembre los estadounidenses y los rusos firmaron uno de esos acuerdos de paz y se produjo el ataque de la “coalición” al ejército sirio en Deir Ezzor, matando a más de 60 soldados.

Los aviones de la “coalición” se habían equivocado. Le puede pasar a cualquiera. Vas a matar a alguien y acabas con el vecino de al lado que no tenía nada que ver.

Los que no se equivocaron fueron los rusos que, por su parte, unos días después bombardearon un convoy de ayuda humanitaria. Los rusos no se equivocan: donde ponen el ojo ponen la bala.

Suponemos que quienes estén habituados a escuchar este tipo de relatos en los noticiarios se quedarán perplejos. Si no quieren la paz, ¿para qué firman tantos acuerdos y treguas?

Ya hemos perdido la cuenta del número de altos el fuego que se han firmado en Siria. Tampoco somos capaces de recordar el sinfín de ONG humanitarias que desempeñan su benéfica tarea en medio de los tiroteos y bombardeos.

Es la guerra más pacífica y humanitaria que recordamos desde la guerra de Troya. Al principio, cuando la Primavera de 2011, los moderados dijeron que eran pacifistas y que en Siria una guerra civil era impensable, pero hasta el momento lo impensable ha costado unos 300.000 muertos.

Ya nadie se acuerda de que, al principio, la guerra se justificó por razones humanitarias, porque Bashar Al-Assad era un dictador sediento de sangre y había que impedir las matanzas. El remedio es peor que la enfermedad.

En 1945 la Carta de la ONU se firmó para garantizar la paz entre los Estados, la resolución pacífica de conflictos y para impedir que unos Estados se mezclaran en lo que entonces se llamaban los “asuntos internos” de otros.

Tras la caída de la URSS el mundo ya no conoce “asuntos internos” sino todo lo contrario. Ahora los profesores de Derecho Internacional engañan a sus alumnos diciéndoles que existe un fantasmal “derecho internacional humanitario” que obliga a una no menos fantasmal “comunidad internacional” a acabar con los dictadores y las dictaduras para evitar la represión, las detenciones, las torturas, la censura y demás violaciones de los derechos humanos.

Tras la masacre de Hula en mayo de 2012 en la que murieron más de 100 personas, de las que unos 40 eran niños, los medios de todo el mundo reprodujeron las declaraciones de un superviviente de 11 años que se permitía increpar a la “comunidad internacional” con un discurso perfectamente aprendido y argumentado: “el gobierno nos está asesinando y Ustedes no hacen nada por impedirlo”.

La “comunidad internacional” se conmovió por relatos como éste y otros parecidos. Sus respectivos gobiernos, siempre atentos al sentir de la ciudadanía, también se pusieron en marcha, prepararon aviones, munición, misiles…
Pero cuatro años después las matanzas siguen igual, es decir, la guerra ha fracasado porque no ha podido impedir las matanzas sino que más bien parece que las ha alimentado.

Pero en este punto el lector tiene que ser un poco sutil para no confundir una matanza con una guerra y resignarse a admitir la conclusión evidente del “derecho humanitario”: es peor una matanza que una guerra.

Tanto las matanzas como las guerras son siempre culpa de los mismos. En la guerra siempre matan los mismos, y cuando eso no ocurre es por error, que es la teoría que inventó el Ministro del Interior, Martín Villa, durante la transición: “lo nuestro son errores, lo de los demás son crímenes”.

Este es el fundamento del nuevo “derecho humanitario” que enseñan en las universidades, aunque les faltan algunos detalles por pulir. Por ejemplo, en la matanza de Hula ocurrió lo mismo que ahora: el gobierno sirio firma una tregua y unos días después ejecuta la matanza (o se la imputan que tanto da).

Las matanzas, además de acabar con las vidas humanas, acaban también con los acuerdos de paz. Los que nunca han cometido matanzas, como la de Hula, son los moderados del “ejército libre de Siria”. No necesitan ese tipo de atrocidades porque ellos no han firmado ninguna paz. Están contra la paz; por eso no cometen matanzas sino que hacen guerras.

“Si vis pace, para bellum”.

La CIA y Arabia saudí en la historia inconfesable de Al Qaeda (y 2)

El New York Times confirmó indirectamente las declaraciones de la congresista estadounidense Tulsi Gabbard. Tres semanas antes de los atentados del 13 de noviembre había denunciado en la CNN el apoyo clandestino a Al Qaeda por parte de la CIA en el frente sirio, criticando que la Agencia tenía como objetivo derrocar a Bashar Al Assad apoyando a unos rebeldes, muy lejos de la moderación que nos había sido descrita hasta entonces. Como ella afirmó durante esa entrevista, “Estados Unidos y la CIA deben detener esta guerra ilegal y contraproducente para derribar el gobierno sirio de Assad, y deben focalizarse en nuestro enemigo real, los grupos islamistas extremistas. Porque actualmente estamos viendo la causa de que sea contraproducente: actuando […] para derrocar al gobierno sirio de Assad, estamos reforzando a nuestros enemigos, los islamistas extremistas”.

Antes de dar detalles más amplios sobre esta política clandestina y sus consecuencias, ella recuerda que “no ha existido una votación en el Congreso para autorizar el uso de la fuerza, para autorizar una guerra que tiene por objetivo derrocar un gobierno soberano. Desde que yo he tomado posesión [en la Cámara de Representantes] no ha habido ningún voto, ni tampoco antes de que fuera elegida [en 2013]. Por tanto el pueblo norteamericano no ha tenido la oportunidad de expresarse, de aprobar o desaprobar esa guerra. Por consiguiente, esa guerra es ilegal”. Es muy probable que el carácter ilícito de estas operaciones explica porque el presidente Obama, la anterior secretaria de Estado Hillary Clinton y otros altos responsables norteamericanos han ocultado sistemáticamente el papel esencial de la CIA en el conflicto en Siria, como recientemente lo ha señalado el profesor de la Universidad de Columbia Jeffrey S. Sachs.

En esa entrevista en la CNN, Tulsi Gabbard también explicó que esta guerra secreta “es contraproducente porque actualmente las armas norteamericanas van a las manos de nuestros enemigos de Al Qaeda y otros grupos, grupos islamistas extremistas que son nuestros enemigos jurados. Son esos grupos los que nos han atacado el 11 de septiembre, de los cuales se supone que tenemos que buscar su derrota, pero sin embargo los apoyamos con armas para derrocar el gobierno sirio […] Yo no quiero que el gobierno de los Estados Unidos proporcione armas a Al Qaeda, a islamistas extremistas, a nuestros enemigos. Creo que es un concepto muy simple: ¡no podemos vencer a nuestros enemigos si, al mismo tiempo, se les arma y se les ayuda! Es algo absolutamente insensato para mi […] Hemos discutido de esto [con responsables de la Casa Blanca] a la vez durante las sesiones [parlamentarias] y en otras ocasiones, y creo que es importante que los ciudadanos de Estados Unidos se levanten y digan: ‘Mirad, no queremos ir [a Siria] y hacer lo mismo que con Saddam Hussein, hacer lo que pasó en Libia con Gadaffi, porque son países que se han hundido en el caos y que han sido conquistados por terroristas islamistas a causa de la acción de Estados Unidos y de otros [países]’”.

Entrevistado algunas semanas después de estas declaraciones, Nafeez Ahmed señala que “la representante Gabbard es una política de primera línea en el seno del Partido Demócrata”, del que desempeñaba la vicepresidencia antes de unirse al equipo de campaña de Bernie Sanders. Este buen conocedor de los arcanos de Washington añade que ella dispone de un “acceso a informaciones gubernamentales confidenciales relativas a las políticas extranjeras y militares de Estados Unidos, ya que pertenece a importantes omisiones parlamentarias: la Comisión de la Cámara de Representantes sobre las Fuerzas Armadas y la correspondiente a Asuntos exteriores. Por eso sus críticas hacia las políticas clandestinas de la administración Obama en Siria deben tomarse muy en serio”.

Sorprendido por el hecho de que declaraciones de Tulsi Gabbard no hayan suscitado la indignación nacional en Estados Unidos, Naffez Ahmed añade que “su testimonio en la CNN, lejos de ser una ‘teoría del complot’ infundada, confirma el apoyo de la CIA a favor de grupos afiliados a Al Qaeda en Siria, operado principalmente mediante socios regionales tales como los Estados del Golfo y Turquía”. Siendo hoy de notoriedad pública estas acciones clandestinas, suscitan cuestiones incómodas sobre la forma en que los intereses geoestratégicos a corto plazo de Estados Unidos y de sus aliados continúan amenazando la seguridad nacional de nuestras democracias y desestabilizando un número creciente de países. Finalmente, menos de una semana después de los atentados del 13 de noviembre, Tulsi Gabbard presentó una proposición de ley, cuyo fin es “detener inmediatamente la guerra ilegal y contraproducente destinada a derrocar el gobierno sirio de Al Assad”, no habiendo sido nunca discutida ni votada esta iniciativa en la Cámara de Representantes.

El Congreso no controla las operaciones de la CIA

El artículo del New York Times citado anteriormente señala también la importancia de los jefes de estación de la CIA en Arabia saudí, que son descritos como “los auténticos lazos” entre Washington y Riad desde hace muchas décadas. El Times remonta los orígenes de esta relación opaca y mixta a la creación del Safari Club. Movilizando fondos extranjeros en los años 80, esa red ha permitido financiar las operaciones clandestinas de la CIA en Angola, en Nicaragua y en Afganistán escapando a la supervisión del Congreso norteamericano. Dicho sistema de financiación se adoptó en 2012 en la guerra de Siria, y esa institución no pudo controlar lo que el Washington Post describió en 2015 como un “vasto esfuerzo [contra Assad] de muchos miles de millones de dólares implicando [la CIA], a Arabia saudí, Qatar, Turquía” y sus aliados, a través de “una de las mayores operaciones clandestinas” de la Agencia. Conforme a la doctrina de la “negación plausible”, la financiación exterior que moviliza no se ha sometido a la supervisión del Congreso, que no puede ejercer su control sobre las actividades y los presupuestos de los servicios especiales extranjeros.

Resulta de ello que Estados Unidos puede fácilmente rechazar las críticas del aumento de grupos extremistas en Siria hacia sus aliados de Próximo Oriente, mientras que la CIA apoya activamente sus operaciones de los “Military Operations Centers”, bases secretas en Turquía y en Jordania desde las que se han entregado millares de toneladas de armamento a las milicias anti Assad, también a las más extremistas.

Si las políticas impuestas desde hace 40 años por los jefes del espionaje estadounidense y saudí esconden aún muchos secretos, no hay duda de que han favorecido la creación y la internacionalización de las redes yihadistas que amenazan ahora la paz mundial. Como explicaba Yves Bonnet, antiguo responsable de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST) “la CIA y Arabia saudí han creado el terrorismo mesiánico del que se reclaman Al Qaeda y el Daesh”. Citando de nuevo a Nafeez Ahmed, “las redes muyaidines afganas han sido formadas y financiadas bajo la supervisión de la CIA, del MI6 y del Pentágono. Los Estados del Golfo han aportado sumas de dinero considerables, mientras que los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI) han asegurado la unión sobre el terreno con las redes militantes coordinadas por Abdullah Azzam, Osama bin Laden y sus cómplices. El gobierno de Reagan, por ejemplo, proporcionó dos mil millones de dólares a los muyaidines afganos, completados por otro aporte de la misma cantidad de Arabia saudí”.

Tras recordar estos hechos bien conocidos, Nafeez Ahmed pone en cuestión una falsa idea que ha sido continuamente repetida por una gran mayoría de expertos y periodistas internacionales desde el 11 de setiembre: “Según la creencia popular, esta configuración desastrosa de una colaboración entre Occidente y el mundo musulmán en la financiación de extremistas islamistas habría finalizado con el hundimiento de la Unión Soviética. Como he explicado en una declaración en el Congreso un año después de la publicación del informe de la Comisión del 11 de septiembre, esta creencia popular es errónea […] Un informe clasificado de los servicios de inteligencia norteamericanos, revelado por el periodista Gerald Posner, ha confirmado que Estados Unidos eran plenamente conscientes del hecho de un acuerdo secreto alcanzado en abril de 1991 entre Arabia saudí y Bin Laden, residente entonces bajo vigilancia. Según ese acuerdo, Bin Laden estaba autorizado a abandonar el reino con su financiación y sus seguidores y a continuar recibiendo un apoyo financiero de la familia real saudí con la única condición de abstenerse de ir en contra y desestabilizar el propio reino de Arabia saudí. Lejos de ser observadores lejanos de este acuerdo secreto, Estados Unidos y Gran Bretaña participaron en él activamente”.

Según el último libro de Peter Dale Scott, este acuerdo de abril de 1991 entre Bin Laden y la familia real saudí se ve corroborado en el libro premiado con el Pulitzer de Lawrence Wright sobre Al Qaeda y el 11 de setiembre. Según otras fuentes fiables, este acuerdo se habría renovado en 1995, según Anthony Summers, después en 1998, según Ahmed Babeeb. Paralelamente, según el antiguo diplomático y oficial consular norteamericano en Djedda, Michael Springmann, “la CIA transfirió [a muyahidines que habían combatido en Afganistán] hacia los Balcanes, Irak, Libia y Siria, proporcionándoles visados USA ilegales”, afirmando haber descubierto que el consulado en el cual él trabajaba era en realidad “una base de la CIA”.

A la vista de los elementos estudiados en este artículo, lejos de ser la nebulosa inasible que se nos describe en los medios occidentales, la red de Al Qaeda ha sido empleada por los servicios especiales norteamericanos y sus socios también después de la guerra fría, a fin de desempeñar diferentes objetivos geoestratégicos inconfesables. Como hemos analizado, se trata de hechos corroborados que nos permiten, quince años después del 11 de septiembre, medir hasta que punto las políticas clandestinas de la CIA y sus aliados están fuera de control. Las informaciones que demuestran que las fuerzas apoyadas por la Agencia en Siria combaten a aquellas que apoyan las operaciones del Pentágono sobre el terreno son una ilustración edificante.

La guerra contra el terrorismo es una guerra mundial

Un estudio en profundidad de la historia de Al Qaeda indica que el aumento mundial de la yihad armada se origina en las relaciones turbulentas entre los responsables de la CIA y sus homólogos saudíes, cuyo reino es descrito por numerosas fuentes autorizadas como el principal patrocinador de las organizaciones islamistas a través del mundo. De la yihad afgana al takfirí sirio, las acciones clandestinas de la CIA masivamente cofinanciadas por los petrodólares saudíes han reforzado hasta el presente la nebulosa Al Qaeda, y ello pese al 11 de septiembre, la mal llamada “guerra contra el terrorismo”, y los recientes atentados que han golpeado a las poblaciones occidentales.

La CIA ha delegado estas operaciones en los servicios saudíes y otros socios extranjeros, lo que explica por qué es tan difícil comprender el peligroso juego de la Agencia ante el terrorismo islamista.

La historia inconfesada de Al Qaeda debe ser explicada a la opinión pública porque, como demuestra la tragedia siria, las lecciones de la yihad afgana no han sido evidentemente comprendidas por nuestros dirigentes. Nuevas catástrofes ligadas al terrorismo son de temer en el mundo occidental, principalmente debido al regreso de Siria de combatientes extremistas a sus países de origen. En un contexto de guerra perpetua que genera anualmente miles de millones de beneficios para las multinacionales de la energía, del armamento, de mercenarios, y de la inteligencia privada, los dirigentes occidentales ¿tienen la voluntad de detener estas intervenciones y redefinir una estrategia para Oriente Medio menos militarizada y más constructiva?

Después de quince años de la “guerra contra el terrorismo” que ha amplificado considerablemente esta amenaza, que ha potenciado una privatización masiva de las operaciones militares, y que ha producido la muerte de más de un millón de personas solamente en Irak, en Afganistán y en Pakistán, esta preocupante cuestión merece plantearse.

Respecto al “casus belli” que ha legitimado esta guerra perpetua, también subsiste una cuestión también preocupante. Los principales acusados de los atentados del 11 de septiembre aún no han sido juzgados por los tribunales militares de Guantánamo. Aunque las confesiones conseguidas bajo tortura son jurídicamente inadmisibles, el mayor crimen de la historia moderna de Estados Unidos nunca ha sido objeto de ningún proceso. El Congreso norteamericano acaba de autorizar a las familias de las víctimas de estos sucesos a demandar a Arabia saudí por su supuesto papel en esos ataques, pese al veto de Obama, que impidió la promulgación de esta ley.

En este contexto, a la vista de la relación entre el reino de los Saud y la CIA, este análisis escrito por Jean Pierre Chevenement en 2004 es hoy aún más pertinente: “La propagación del terrorismo islamista, ciertamente lamentable, también proporciona una coartada ideal a la empresa de recolonización de Medio Oriente y la dominación mundial, a la escala de un ‘nuevo siglo americano’, al que se lanzó el gobierno de George W. Bush. La historia de la vuelta de las milicias wahabitas de Osama bin Laden contra Estados Unidos, que les habían apoyado contra la URSS en Afganistán, supone tantas zonas sombrías que nos podemos preguntar si la cooperación tan estrecha entre la CIA y los servicios saudíes del príncipe Turki, rota solo quince días antes del 11 de setiembre, aclararía de forma útil las circunstancias de un acontecimiento que abrió una nueva página en la historia de las relaciones internacionales: como Atenea saliendo armada del muslo de Júpiter, aquel día se decretó la cuarta guerra mundial”.

La CIA y Arabia saudí en la historia inconfesable de Al-Qaeda (1)

Gulbuddin Hekmatyar, padrino de Bin Laden
Maxime Chaix
Quince años después del 11 de septiembre, cuando el Congreso norteamericano acaba de autorizar a sus ciudadanos a demandar a Arabia saudí por su supuesto papel en estos atentados, la “guerra contra el terrorismo” lanzada poco después del hundimiento de las Torres Gemelas no encuentra final. En este contexto, un número creciente de expertos designan al militarismo occidental presente en el proyecto “Gran Oriente Medio” como un factor principal de amplificación de la amenaza terrorista. Una menor atención se ha concedido a las políticas clandestinas de la CIA, los servicios secretos saudíes y sus aliados, que sin embargo están en el origen de esta plaga.

Todo observador atento está al corriente del papel central de estas agencias en la creación y asesoramiento de Al-Qaeda, desde la campaña antisoviética de los años 80 en Afganistán hasta el apoyo de los grupos armados que intentan derrocar a Bashar Al-Assad en Siria. Una inmersión en un período turbulento y mal entendido de la historia reciente de los servicios especiales norteamericanos y sus principales socios.


La ‘segunda CIA’: el Safari Club

Tras el escándalo del Watergate, el Congreso impuso a la CIA severas restricciones legales y presupuestarias. En respuesta, los oficiales de la Agencia crearon una red alternativa denominada Safari Club, por el nombre de la lujosa residencia de vacaciones en Kenia en donde se reunían sus miembros. Como ha explicado el antiguo diplomático canadiense Peter Dale Scott en su última obra, “El Estado profundo norteamericano”, durante los años 70 importantes funcionarios en activo o retirados de la CIA estaban descontentos con las reducciones presupuestarias efectuadas bajo el mandato de Carter por Stansfield Turner, director de la Agencia.

En respuesta, organizaron una red alternativa denominada Safari Club. Supervisada por los servicios secretos franceses, egipcios, saudíes, marroquíes e iraníes (entonces bajo el Sah), el Safari Club estaba secundado en Washington por una “red privada de investigación”, según Joseph Trento. Esta red reagrupaba oficiales de la Agencia tales como Theodore Shackley y Thomas Clines, que habían sido marginados o desplazados por el director de la CIA Stansfield Turner. Como el príncipe (y antiguo jefe de los servicios secretos saudíes) Turki ben Faisal explicará más tarde, el objetivo del Safari Club no era solamente el intercambio de investigaciones, sino también “la explotación de operaciones clandestinas que la CIA no podía ejecutar directamente debido al escándalo del Watergate y de las reformas que siguieron”. Así se puso en marcha una especie de “segunda CIA”, hostil al presidente Carter, pero favorable al que le iba a suceder, el antiguo gobernador Ronald Reagan, un fiero oponente a los acuerdos entre Estados Unidos y la URSS.

El BCCI, la ‘segunda CIA’ y la creación de Al-Qaeda

En aquellos tiempos, el Safari Club tenía necesidad de una red de bancos para financiar sus operaciones anticomunistas. Con la bendición del director de la CIA George Bush padre, el jefe de los servicios secretos saudíes Kamal Adham transformó el banco BCCI en una auténtica lavandería internacional de dinero. Siempre según Peter Dale Scott, en los años 80, el director de la CIA William Casey tomó decisiones cruciales en la dirección de la guerra secreta en Afganistán. En cualquier caso, fueron elaboradas fuera del marco burocrático, y fueron preparadas con los directores de los servicios de investigación saudíes, con Kamal Adham en primer lugar, y luego el príncipe Turki ben Faisal. Entre estas direcciones podemos citar la creación de una legión extranjera encargada de ayudar a los muyaidines afganos a combatir a los soviéticos. En otras palabras, se trata de la puesta en marcha de una red de apoyo operativo conocida con el nombre de Al-Qaeda desde el fin de esa guerra entre la URSS y Afganistán.

Casey afinó los detalles de ese plan con los dos jefes de los servicios secretos saudíes, así como con el director del Bank of Credit and Commerce International (BCCI), banco pakistano-saudí del que Kama Adham y Turki ben Faysal eran accionistas. Haciendo esto, Casey dirigía entonces una segunda Agencia,  una CIA extraoficial, construyendo con los saudíes la futura Al-Qaeda en Pakistán, mientras que la jerarquía oficial de la Agencia en Langley “pensaba que eso era imprudente”.

Masivamente financiada por los petrodólares de los Saud, entre ellos aquellos obtenidos de las cajas negras de los contratos de armamento gestionados por su embajador en Washington, el príncipe Bandar ben Sultan, la operación de apoyo a la yihad afgana acabará en el esfuerzo de los señores de la guerra extremistas, de los traficantes de opio y de heroína en los años 80. En una obra anterior, que fue recomendada por el general Bernard Norlain, cuando dirigía Revue Défense National, Peter Dale Scott explicaba que en mayo de 1979 los servicios secretos pakistaníes de ISI pusieron a la CIA en contacto con Gulbuddin Hekmatyar, el señor de la guerra afgano que ciertamente se benefició del menor apoyo en su país.

Islamista radical, Hekmatyar era también el más importante traficante de drogas muyahidin, y el único que había desarrollado un complejo de seis laboratorios de transformación de la heroína en el Beluchistán, región de Pakistán controlada por el ISI. Esta decisión tomada por el ISI y la CIA desmiente la habitual retórica norteamericana según la cual Estados Unidos ayudaba al movimiento de liberación afgano. De hecho, apoyaban los intereses pakistaníes (y saudíes) en un país frente al cual Pakistán no se sentía seguro. Como declaró en 1994 un dirigente afgano a Tim Weiner, periodista del New York Times, “nosotros no hemos elegido a los jefes de la guerra. Estados Unidos han creado a Hekmatyar proporcionándoles armas”.

Ahora, su deseo es “que Washington los abandone y les obligue a no matarnos, para protegernos de esta gente”. Finalmente, a principios del año 2002 Hekmatyar llamará a la “guerra santa” contra Estados Unidos desde su exilio en la capital iraní, antes de instalarse en Pakistán para organizar las operaciones anti-occidentales en Afganistán.

Los petrodólares saudíes financian a los talibanes y a Al-Qaeda

En los años 90, los petrodólares saudíes y el discreto apoyo de la CIA, del MI6 y del ISI favorecieron la emergencia de los talibanes. En efecto, según el investigador y periodista británico Nafeez Ahmed, que fue consultor en las investigaciones oficiales sobre los atentados del 11 de septiembre y del 7 de julio, a partir de 1994 y hasta el 11 de septiembre, los servicios de investigación militar norteamericanos, así como de Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán han proporcionado secretamente armas y fondos a los talibanes, que cobijaban a Al-Qaeda. En 1997, Amnistía Internacional deploró la existencia de “lazos políticos estrechos” entre la milicia talibán, que había conquistado Kabul, y Estados Unidos. Bajo la tutela norteamericana, Arabia saudí continuaba financiando las madrasas. Los manuales redactados por el gobierno norteamericano a fin de adoctrinar a los niños afganos con la ideología de la yihad violenta durante la guerra fría fueron entonces aprobados por los talibanes. Se integraron en el programa base del sistema escolar afgano y fueron ampliamente empleados en las madrasas militantes pakistaníes financiadas por Arabia saudí y el ISI, con el apoyo de Estados Unidos.

En un mundo en el que, citando al general De Gaulle, “los Estados no tienen amigos, sino solamente intereses”, Nafeez Ahmed explica estas políticas clandestinas de apoyo a los talibanes en el hecho de que las administraciones Clinton y Bush esperaban servirse de estos extremistas para establecer un régimen fantoche en el país, a la manera de su bienhechor saudí. La esperanza vana y manifiestamente infundada era que un gobierno talibán asegurara la estabilidad necesario para instalar un oleoducto trans-afgano (TAPI) dirigiendo el gas de Asia central hacia Asia del sur bordeando Rusia, China e Irán. Estas esperanzas fueron canceladas tres meses antes del 11 de septiembre cuando los talibanes rechazaron las propuestas norteamericanas. El proyecto TAPI fue bloqueado a continuación, debido al control intransigente de Kandahar y de Quetta por los talibanes; en cualquier caso, este proyecto está ahora en curso de finalización, pero notoriamente sin la participación de las grandes empresas occidentales.

Recordemos que la multinacional californiana Unocal, absorbida por Chevron Texaco en 2005, negocia este proyecto con los talibanes entre 1997 y la primavera de 2001, con el apoyo del gobierno estadounidense. El régimen del mullah Omar protegía a Osama bin Laden y a sus hombres en aquel tiempo.

Siguiendo en los años 90, las políticas clandestinas de la CIA y de sus aliados británicos, saudíes y pakistaníes favorecerán el apogeo global de Al-Qaeda, una realidad documentada pero ampliamente ignorada en el mundo occidental. En este mismo artículo, Nafeez Ahmed recuerda que, como el historiador británico Mark Curtis describe minuciosamente en su sensacional libro, “Secret Affaires: La complicidad de Inglaterra con el islam radical”, los gobiernos de Estados Unidos y del Reino Unido han continuado apoyando secretamente redes afiliadas a Al-Qaeda en Asia central y en los Balcanes tras la guerra fría y por las mismas razones que anteriormente: la lucha contra la influencia rusa y ahora china, con el fin de extender la hegemonía norteamericana sobre la economía capitalista mundial. Arabia saudí, primera plataforma petrolera del mundo es el intermediario de esta estrategia anglo-americana irreflexiva.

Tras los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la CIA endurece su política antiterrorista deteniendo arbitrariamente, torturando y liquidando a presuntos miembros supuestos o comprobados de la red de Bin Laden en el marco de la “guerra global contra el terrorismo”. Sin embargo “hacia mediados [de la década pasada] la administración Bush decidió utilizar a Arabia saudí para enviar millones de dólares a los yihadistas asociados a Al-Qaeda, extremistas salafistas e islamistas de los Hermanos Musulmanes. La intención era reforzar a estos grupos a través de Próximo Oriente y Asia central, con el objetivo de enfrentar y rechazar la influencia geopolítica del Irán chiíta y de Siria”.

En 2007 el gran periodista Seymour Hersh informa en detalle del despliegue de esta estrategia en el New Yorker, citando cierto número de fuentes gubernamentales procedentes de los medios de la defensa y de la inteligencia en Estados Unidos y en Arabia saudí. Así, la administración Bush reivindicaba una “guerra contra el terrorismo” apoyando a la vez a grupos yihadistas a través de los servicio saudíes, una política de guerra “por delegación” que encuentra sus orígenes en Afganistán en los años 80, y que se impondrá a Siria tres decenios más tarde.

La CIA coordina el esfuerzo de guerra contra Assad

En enero de 2016, cuarenta años más tarde de la creación del Safari Club, el New York Times reveló que Arabia saudí había sido “con diferencia” el principal financiero de la guerra secreta de la CIA en Siria, bautizada como “Operación Timber Sycamore”. Este diario cita el papel principal del príncipe Bandar ben Sultan en la misma, cuando dirigía los servicios saudíes entre julio de 2012 y abril de 2014, reconociendo que esta operación de “numerosos miles de millones de dólares” anuales había llevado al reforzamiento de los grupos yihadistas en Siria, con la complicidad de la CIA. Según el Times, “los esfuerzos saudíes [en Siria] fueron dirigidos por el ostentoso príncipe Bandar ben Sultan (…) quién pidió a los espías del reino comprar millares [de metralletas] AK-47 y millones de municiones en Europa del Este para los rebeldes. La CIA ha facilitado algunas (sic) de estas compras de armamento para los saudíes, entre ellas un vasto acuerdo con Croacia en 2012. Durante el verano de ese mismo año, estas operaciones parecían estar fuera de control en la frontera entre Turquía y Siria, con los Estados del Golfo como transmisores de dinero y armas a las facciones rebeldes, incluyendo grupos de los cuales altos responsables norteamericanos tienen el temor de que estén ligados a organizaciones extremistas como Al-Qaeda”.

En realidad, pese a esos temores de Washington, la CIA coordinaba clandestinamente desde enero de 2012 al menos dos redes de aprovisionamiento de armas financiadas por las petromonarquías del Golfo y Turquía: una serie de entregas aéreas desde los Balcanes, que fue recientemente objeto de una profunda investigación del BIRN y de la OCCRP, confirman el papel central de la CIA en ese tráfico ilegal de armas; y otra vía de aprovisionamiento desde Libia, según las revelaciones nunca desmentidas del periodista de investigación Seymour Hersh.

Fuente: http://maximechaix.info/?p=3605

Los aliados ‘marxistas’ del imperialismo en Oriente Medio

Guerrileros kurdos de Komala con su dirigente
Ayer el presidente de Irán, Hasan Rohani, se entrevistó en Nueva York con el de Turquía, Erdogan. Tras la reunión, Rohani manifestó que Irán siempre y en todas las etapas será un amigo y hermano de Turquía: “Estamos dispuestos a desarrollar nuestras relaciones con Ankara en todos los ámbitos, incluido el transporte, la industria y la energía”.
El dirigente iraní expresó su apoyo a la “amistosa y fraterna Turquía”. Por otro lado, Rohani transmitió en nombre de Teherán una “profunda tristeza” por la intentona golpista en Turquía y expresó su disposición a ayudar a recuperar la estabilidad y la seguridad en el país otomano.
Rohani señaló que el fallido golpe de estado se produjo en Turquía tras una serie de incidentes que algunas potencias habían planificado “contra nuestra región”, añadiendo: “No tenemos la menor duda de que con el esfuerzo y el empeño conjunto podremos paralizar el camino que el enemigo ha planeado contra nosotros”.
“El terrorismo es una amenaza contra todos, y el papel de ambos países en la lucha contra el terrorismo y la inseguridad en la región, especialmente en Siria e Iraq, tiene mucha importancia”, explicó el presidente iraní.
Cuando Rohani se refiere al terrorismo no sólo incluye a los yihadistas, sino también al PJAK, que es la delegación del PKK en Irán, y cuando se refiere al enemigo, alude al imperialismo. Para Irán se trata de los diferentes brazos de la misma hidra, contra la que está empeñado en una batalla desde la revolución de 1979.
En Irán ya existían dos organizaciones independentistas kurdas, el PDKI y Komala, mientras que en 2004 los imperialistas fundaron una tercera, el PJAK, tras la invasión de Irak porque las otros dos estaban en una situación de extraordinaria debilidad. El imperialismo necesita un movimiento independentista fuerte bajo su control.
Tras la invasión de Irak, los imperialistas querían llevar la guerra al interior de Irán con el PJAK y la OMPI. En agosto de este año, un dirigente del PJAK, Siyamend Moini, declaraba con motivo de los enfrentamientos en Hasaka, entre kurdos y sirios:
“Iran tiene que entender claramente que cualquier tipo de ataque a Rojava no va a acabar en Rojava. Existe una probabilidad de estalle una guerra dentro de Irán. Hay fuerzas gigantescas que desean transferir esta guerra a Irán con todas sus fuerzas. Cualquier contra nuestro movimiento también es un ataque contra nosotros [PJAK] y la posición y la reacción del PJAK sobre ese asunto está clara. Irán teme el estallido de una guerra civil. Con los cambios que han ocurrido en los gobiernos regionales, cambios en la naciones-estados, es inevitable. Esos cambios pueden ser como los que han ocurrido en Irak y en Siria o se pueden hacer de manera pacífica. Si Irán no elige la segunda opción, una guerra civil es inevitable” (1)
La sucursal del PKK en Irán no se preocupa por ocultar su naturaleza servil hacia el imperialismo. En 2015 desató una “intifada” en Irán inspirada en la Primavera Árabe, a partir de la cual se habría de desencadenar una guerra, continuación de las de Irak y Siria.
La base de operaciones del PJAK es la misma que la del PKK: las montañas Qandil, a 15 kilómetros de la frontera de Irán, donde las fuerzas de ambas organizaciones son entrenadas por consejeros militares estadounidenses, israelíes y británicos.
Lo mismo que en Siria con el PYD, el uso de una marca diferente se debe a que el PKK está en el listado de organizaciones de naturaleza terrorista de Estados Unidos y del Consejo Europeo, lo que no ocurre con el PJAK y permite una financiación abierta de dicha organización.
Hasta ahora ha habido otro motivo adicional diferenciador: mientras Turquía ha sido un aliado fiel del imperialismo, Siria e Irán son Estados cuya destrucción es uno de los objetivos primordiales del imperialismo. En este empeño, tanto el PYD como el PJAK son meros instrumentos. Por el contrario, el apoyo al PKK por parte de Estados Unidos sólo ha aparecido a la luz más recientemente y ha provocado un golpe de Estado en Turquía, como ha manifestado Rohani de forma indirecta.
Dos años después de la fundación del PJAK, la Secretaria de Estado Condolezza Rice aprobó un aumento de 75 millones de dólares para el fondo de propaganda antigubernamental y grupos de la oposición que operaban dentro de Irán, lo que promovió una carta del congresista Dennis Kucinich dirigida al presidente Bush en la que le preguntaba si la Casa Blanca “coordinaba y apoyaba” al PJAK desde Irak, aprovechando la ocupación militar derivada de la guerra.
Bush negó cualquier apoyo a dicha organización, a pesar de que los propios militantes reconocen que se trata de la misma organización. El año pasado el Wall Street Journal publicó un amplio reportaje que tituló “Los aliados marxistas de América contra el Califato Islámico”. El PKK son esos “marxistas” aliados con el imperialismo. En una entrevista, una militante, Zind Ruken, destacaba los vínculos entre las diferentes sucursales de la misma organización: “A veces soy un PKK, a veces soy un PJAK, a veces soy un YPG. Eso no es realmente importante. Todos son miembros del PKK”(2).
No nos preguntaremos ahora por las razones que tuvo uno de los más autorizados portavoces mediáticos del imperialismo para entrevistar a unos “marxistas” que, además, también están considerados como “terroristas” en Estados Unidos.
Ni unos (imperialistas) ni otros (PKK) se han preocupado por esconder sus mutuos vínculos, en donde la sacrosanta cruzada contra el Califato Islámico sólo desempeña el papel de coartada. De otra manera no se explica que esa alianza se haya trabado también con el PJAK, cuyo campo de batalla es Irán.
El 12 de junio de 2006 un portavoz del PJAK, Ihsan Warya, no escondió a la revista Slate que al PJAK le gustaría convertirse en un “agente de Estados Unidos”, trabajar conjuntamente con el imperialismo contra Irán, por lo que se sentían decepcionados de que no hubieran establecido contacto. La cooperación del imperialismo con los kurdos durante la guerra de Irak, decía el portavoz, contrastaba con el vacío hacia los kurdos que luchan contra el gobierno de de Teherán (3).
Según el periodista Seymour Hersh, la creación del PJAK en 2004 fue iniciativa de Estados Unidos, para lo cual contó con el apoyo del ejército israelí (4).
A finales de 2006, un dirigente del PKK admitía a la prensa libanesa que Estados Unidos había contactado con los kurdos que luchaban en Irán. Añadía además que si Estados Unidos estaba interesado en el PJAK, también estaba interesado en el PKK, ya que ambos grupos eran miembros del KCK (Confederación Democrática de Kurdistán) (5).
En agosto del año siguiente, Haji Ahmadi, máximo responsable del PJAK visitó Washington para ampliar la ayuda política y militar de Estados Unidos al movimiento kurdo iraní. Luego trató de rebajar el alcance de la vista, afirmando que sólo llevó a cabo “contactos limitados”.
Sin embargo, Biryar Gabar, un comandante del PJAK de Sanandaj reconoció a Newsweek que las reuniones de Haji Ahmadi en Washington fueron “al más alto nivel” y que versaron “sobre el futuro de Irán”.
En una entrevista concedida en abril de 2009 al diario turco Akşam, el presidente del Consejo Asesor de Inteligencia de la Casa Blanca entre 2001 y 2005, Brent Scowcroft, admitió que Estados Unidos “apoyó y promovió” al PJAK en la época de Bush, mientras que Obama dejó de hacerlo posteriormente (6).
El apoyo al PJAK, en el que también está involucrado el Estado de Israel, no es ningún secreto sino un asunto bastante documentado en el mundo universitario. Eso favorece que la bibliografía al respecto empiece a ser abundante. Por ejemplo, así lo afirma Nader Entessar de la Universidad del Sur de Alabama (7)
Lo mismo sostiene Suleyman Elik de la Universidad Medeniyet de Estambul (8). En idéntica línea, Robert Scheer y Reese Erlich han escrito recientemente que Israel está apoyando la lucha armada del PJAK dentro de Irán, aunque mantiene en secreto su ayuda (9).
Notas:

(1) http://rojhelat.info/en/?p=9146
(2) http://www.wsj.com/articles/americas-marxist-allies-against-isis-1437747949
(3) http://www.slate.com/id/2143492/?nav=fo
(4) The Next Act, The New Yorker, 19 de noviembre de 2006 (http://www.newyorker.com/fact/content/articles/061127fa_fact).
(5) http://www.dailystar.com.lb/article.asp?edition_id=10&categ_id=2&article_id=77119
(6) Ihsan Bal, M. Turgut Demirtepe, USAK Yearbook of Politics and International Relations International Strategic Research Organization (USAK), vol. 5, 2012, pg. 43.
(7) Kurdish Politics in Regional Context, In Kurdish Politics in the Middle East, Rowman & Littlefield, 2010, pg. 205.
(8) Iran-Turkey Relations, 1979-2011: Conceptualising the Dynamics of Politics, Religion and Security in Middle-Power States, Routledge, 2013, pgs. 91-92.
(9) Iran Agenda: The Real Story of U.S. Policy and the Middle East Crisis, Routledge, 2016, pg. 140.

30 espías han muerto en los bombardeos contra las posiciones yihadistas

Un bombardeo ruso desde buques fondeados en las costas de Siria ha destruído una sala de operaciones cerca de Alepo desde la que agentes extranjeros de inteligencia dirigían las operaciones de los yihadistas.

Lograron matar a 30 espías israelíes, estadounidenses, turcos, saudíes, qataríes y británicos, aunque el Ministerio ruso de Defensa no ha comentado el operativo.

Los rusos localizaron la sala de operaciones en medio de la montaña Saman, en la parte occidental de la provincia de Alepo. Fue acondicionada por los servicios de inteligencia extranjeros con el fin de coordinar las operaciones de diversos grupos yihadistas contra las fuerzas del gobierno sirio en las provincias de Alepo e Idlib.

La mayor parte de los medios sirios de comunicación progubernamentales citaron al servicio en árabe de la agencia de noticias Sputnik como fuente principal de la información. Según Al-Masdar News, “buques de guerra rusos dispararon cohetes kalibr en los puestos de mando de los terroristas en el oeste de Alepo, donde oficiales turcos, saudíes, israelíes, británicos y estadoundenses estaban desplegados para ayudarlos en sus operaciones”.

La agencia iraní de noticias FarsNews asegura que “los buques de guerra rusos dispararon tres proyectiles kalibr contra la sala de operaciones de coordinación de los agentes extranjeros en la región de Dar Ezza en la parte occidental de Alepo, cerca de la montaña de Saman, matando a 30 oficiales israelíes y occidentales”.

Si bien no hay duda de que los grupos yihadistas y de la “oposición” en Siria son entrenados, avituallados y dirigidos por los servicios de inteligencia extranjeros (en su mayoría Estados Unidos, Turquía y Arabia saudí), las fuentes progubernamentales de Damasco aún no han proporcionado evidencias en vídeos y fotos que confirmen esta información.

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