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China consigue separar a los principales aliados de Washington en Oriente Medio

El mes pasado Arabia Saudí dio un gran paso en su acercamiento a China al ingresar en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), con el estatus de “socio dialogante”. Esta decisión sigue de cerca la visita de Xi Jinping a Riad hace tres meses y, sobre todo, el anuncio de la petrolera Saudi Aramco de construir una refinería de 10.000 millones de dólares en China y tomar una participación del 10 por cien en una importante refinería china.

El anuncio de esta adhesión no es sorprendente, dado el deseo de Riad de liberarse de una dependencia exclusiva de Estados Unidos y acercarse a potencias asiáticas como Rusia y China. Confirma la tendencia básica que se está produciendo actualmente en Asia: la consolidación de un bloque independiente, unido en una dinámica de seguridad y económica, como ya indicaba el acuerdo irano-saudí del pasado 10 de marzo.

Arabia Saudí vuelve su mirada hacia Oriente y parece apostar claramente por el bloque asiático. Su enfoque es pragmático: los países asiáticos, con China a la cabeza, representan los primeros mercados para sus hidrocarburos. Su integración en la organización china responde a una estrategia más amplia, consistente en diversificar sus socios. Que sean occidentales o asiáticos es, en última instancia, una consideración secundaria, siempre que se refuerce su base internacional.

La adhesión de la mayor economía de Oriente Medio a la OCS es una señal de éxito para la diplomacia china. Creada en 2001 bajo el doble auspicio de Moscú y Pekín, la OCS es una institución política, económica y de seguridad euroasiática que inicialmente incluía a cuatro de los países de Asia Central -Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán-, a los que pronto se sumaron India y Pakistán. En los últimos años, la Organización ha atraído a otras potencias del mundo musulmán.

Irán ha hecho de su aceptación en la organización una victoria diplomática tras años de negociaciones y la considera una forma saludable de eludir las sanciones estadounidenses. Egipto, Qatar y Turquía, potencias aliadas de Estados Unidos, también han obtenido el estatus de “socio dialogante”. Aunque no tiene el alcance de una alianza de seguridad capaz de competir con la OTAN o Asean, la OCS aborda sin embargo estas cuestiones, junto a los problemas de acelerar la integración económica en Asia y desarrollar asociaciones comerciales.

Al presentarse como una plataforma de diálogo e integración sin verdaderas exigencias vinculantes para sus miembros, la OCS está actuando como una operación de seducción a largo plazo para China, que está consiguiendo desviar, uno a uno, a todos los principales aliados de Washington en Oriente Medio, Asia Central y Asia Meridional.

Los países del Golfo Pérsico, por su parte, prefieren ver su acercamiento como una simple diversificación de sus relaciones. Pero como muchos de sus vecinos escaldados por la retirada estadounidense de la región, Riad quiere convertirse en un actor independiente en la escena internacional, aunque este deseo de autonomía le lleve a cooperar con Moscú y Pekín en contra de los intereses de Occidente.

Para China, decidida a garantizar la estabilidad en Oriente Medio en nombre de sus intereses económicos, la integración de Irán y Arabia Saudí en su esfera de influencia supone una victoria en más de un sentido. Su doble pertenencia a la OCS podría acelerar su reconciliación, sobre todo teniendo en cuenta que Riad tiene interés en fomentar una relajación de sus relaciones bilaterales con Teherán para obtener la condición de miembro de pleno derecho dentro de unos años. Por mediación de las dos principales potencias de Oriente Medio, la influencia de China con los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, y en particular con Qatar, acabará por reforzarse, abriendo así otros mercados.

Estos acontecimientos ponen de manifiesto el fracaso del gobierno de Biden para evitar que Estados Unidos pierda su influencia en la región, pero también en la escena mundial. Estos movimientos diplomáticos, que actúan como un refuerzo acelerado del bloque euroasiático, allanan el camino para la siguiente fase: la desdolarización de la economía mundial, uno de los principales pilares de la hegemonía estadounidense.

A pesar de los desmentidos de Pekín, está claro que la expansión de la OCS forma parte natural de su lucha contra la hegemonía de Estados Unidos. Ante el vacío estratégico dejado por Washington, China ya se ha establecido como una fuerza de influencia alternativa en Oriente Medio.

La multinacional BP saqueó 15.000 millones de libras de petróleo irakí tras la invasión de 2003

Aunque los ministros británicos han negado que la guerra de Irak estuviera relacionada con el petróleo, la empresa británica de bandera disfrutó de una ganancia inesperada a su regreso a Irak tras la invasión de 2003.

BP regresó a Irak en 2009 tras 35 años de ausencia y se hizo con una importante participación en el mayor yacimiento petrolífero del país, cerca de Basora, ocupado por los británicos.

BP ha bombeado 262 millones de barriles de petróleo irakí desde 2011.

John Sawers, el primer representante especial del Reino Unido en Irak tras la invasión, ha ganado 1,1 millones de libras desde que se unió al consejo de BP en 2015.

Shell, otro “supergrande” petrolero británico, también obtuvo un contrato en Irak en 2009 como operador principal para desarrollar el yacimiento petrolífero supergigante de Majnoon.

BP ha bombeado petróleo por valor de 15.400 millones de libras en Irak desde 2011, cuando inició la producción en el país por primera vez en casi cuatro décadas.

La nueva información llega en el vigésimo aniversario del inicio de la invasión de Irak, considerada ilegal por la ONU. Sin embargo, ni el presidente estadounidense George W. Bush ni el primer ministro británico Tony Blair, los dirigentes que dirigieron la guerra, han sido investigados penalmente.

La invasión comenzó en marzo de 2003 y desencadenó un catastrófico desastre humanitario: se calcula que 655.000 irakíes murieron en los tres primeros años del conflicto, es decir, el 2,5 por cien de la población.

Estados Unidos y Reino Unido denunciaron ampliamente que se trataba de una guerra por petróleo: Irak posee las quintas mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Irak no tenía ninguna relación con los atentados terroristas del 11 de septiembre, que habían tenido lugar 18 meses antes y habían desencadenado la “guerra contra el terror”.

Los datos sobre la producción de BP en Irak tras la invasión proceden de los informes anuales de la empresa y se calcularon utilizando el precio medio anual del barril de petróleo para cada año de producción. Entre 2011 y 2012, BP bombeó 262 millones de barriles de petróleo irakí.

‘Blair Petroleum’

La empresa comenzó a producir 31.000 barriles de petróleo irakí al día en 2011, pero rápidamente aumentó a 123.000 barriles al día en 2015. En 2020 BP produjo más petróleo irakí que todas sus operaciones europeas, incluido el Mar del Norte británico.

En los meses previos a la invasión de 2003, BP recibió el apodo de “Blair Petroleum” debido a las intensas presiones del primer ministro británico en favor de la empresa.

La historia de BP y Shell en Irak se remonta a hace un siglo, y la industria petrolera del país estuvo dominada en gran medida por las dos empresas británicas durante la mayor parte del siglo XX.

La Irak Petroleum Company, que tuvo prácticamente el monopolio de la producción de petróleo del país durante cuatro décadas antes de los años sesenta, tenía su sede en Oxford Street, Londres. BP y Shell poseían juntas el 48 por cien de la misma, antes de que fuera nacionalizada en 1972 y sus concesiones expropiadas.

Invasión y privatización

Pero BP volvió a Irak por primera vez desde los años 70, seis años después de la invasión británica. “Buscamos continuamente acceder a recursos y, en 2009, Irak era uno de ellos”, dijo entonces la empresa.

La nueva oportunidad era un contrato ganado a una empresa estatal para impulsar la producción en el yacimiento de Rumaila, cerca de Basora, uno de los mayores del mundo. En aquella época el ejército británico ocupaba Basora y sus alrededores, en el sur de Irak.

El yacimiento de Rumaila tiene 80 kilómetros de longitud y fue “descubierto” por BP en 1953. Es el mayor de Irak.

El plan original del gobierno Bush era que el gobierno irakí firmara una nueva ley del petróleo que habría privatizado indirectamente el petróleo de Irak mediante un tipo de contrato no convencional llamado Acuerdos de Producción Compartida (APC).

Estos acuerdos habrían permitido a las empresas petroleras extranjeras firmar contratos con el gobierno para explotar zonas específicas del sector petrolero irakí a cambio de una parte de los beneficios del petróleo. Pero la constitución irakí exige que el parlamento ratifique las leyes y, debido a la dinámica interna del país en aquel momento, el parlamento acabó siendo controlado por partidos nacionalistas opuestos a la ocupación.

El gobierno irakí tuvo que volver a una ley más antigua que sólo permitía los “contratos de servicios técnicos” (CST), que permitían que el petróleo siguiera siendo propiedad irakí y ofrecían a las petroleras extranjeras una tarifa plana a cambio de servicios.

La inversión de BP en Rumaila adoptó la forma de un CST, que entró en vigor en diciembre de 2009. Según el acuerdo, BP recupera los costes independientemente del precio del petróleo y recibe un canon por barril de producción por encima de un umbral definido.

Sin embargo, la empresa afirmó que “el contrato de servicios técnicos (CST) bajo el que operamos en Irak funciona como un PSA” o acuerdo de reparto de la producción.

Contratista principal

BP era el contratista principal de la explotación de Rumaila, con una participación del 38 por cien. China National Petroleum Company (CNPC) poseía el 37 por cien y el 25 por cien restante pertenecía al gobierno irakí.

BP declaró, junto con CNPC, su intención de invertir 15.000 millones de dólares en los próximos 20 años para aumentar la producción de Rumaila a casi 3 millones de barriles diarios o el 3 por cien de la producción mundial de petróleo.

En aquel momento, Rumaila ya producía la mitad de las exportaciones de petróleo de Irak e incluía cinco yacimientos de producción. BP y sus socios renovarían los pozos y las instalaciones.

En su primer año de funcionamiento, BP aumentó la producción del yacimiento de Rumaila un 10 por cien por encima de la tasa acordada inicialmente con el Ministerio de Petróleo irakí, lo que permitió a la empresa obtener una parte del petróleo producido. Durante la década siguiente, BP extraería de Rumaila una media de 65.000 barriles de petróleo al día.

En 2014, BP aumentó su participación en el TSC de Rumaila al 48 por cien y el contrato se prorrogó cinco años, hasta 2034.

“A pesar de la inestabilidad y la violencia sectaria en el norte y el oeste del país, las operaciones de BP continúan en el sur”, declaró la empresa.

En 2015 afirmó que “seguimos construyendo relaciones en las regiones históricas de BP en Oriente Medio, con oportunidades crecientes”, incluido Irak, donde la producción de BP ha alcanzado la cifra récord de 123.000 barriles diarios. Irak es ahora una de las “principales zonas de producción” de BP.

Espía, diplomático y monopolista

John Sawers, el primer representante especial de Reino Unido en Irak en 2003, que se incorporó al consejo de administración de la empresa en 2015, es una de las personalidades que han salido ganando en BP.

Durante los siete años siguientes, Sawers recibió de la empresa 1,1 millones de libras en concepto de honorarios. Su participación en BP también valía 135.000 libras el año pasado, un aumento del 181 por cien desde que se incorporó a la empresa.

Sawers se unió a BP como director no ejecutivo en mayo de 2015, después de haber sido aparentemente “identificado” el año anterior cuando dejó su trabajo como jefe del MI6, la agencia de inteligencia extranjera del Reino Unido.

“John aporta una gran experiencia en política internacional y seguridad, que son tan importantes para nuestro negocio”, dijo la empresa. Sawers ha pasado la mayor parte de su carrera en la diplomacia, “representando al gobierno de Reino Unido en todo el mundo”, añadió BP. Debido a esta experiencia, BP nombró a Sawers presidente de su comité geopolítico.

Sawers estuvo cerca del Primer Ministro Tony Blair en el momento de la invasión de Irak, siendo su asesor en política exterior de 1999 a 2001. En mayo de 2003, Blair nombró a Sawers primer Representante Especial británico para Irak tras la invasión.

El papel del Representante Especial consistía en “trabajar con los irakíes, con los socios de la coalición y con otros representantes de la comunidad internacional para ayudar y guiar los procesos políticos conducentes al establecimiento de un gobierno provisional”.

Sawers pasó a ser director político y miembro del consejo del Foreign Office de 2003 a 2007. Su influencia en Irak continuó cuando regresó al país para representar al gobierno británico en octubre de 2005, tras el éxito del referéndum constitucional.

BP siempre estuvo cerca del MI6

Sawers parece haber sido agente del MI6 al principio de su carrera. En 2009, cuando fue nombrado jefe del MI6, la BBC comentó: “Como Downing Street señaló tímidamente, Sir John ‘se une’ al SIS [Servicio Secreto de Inteligencia] – no se dieron detalles de su carrera anterior en el MI6”.

BP lleva mucho tiempo cerca del MI6. En un artículo publicado en 2007 en el Mail on Sunday, que posteriormente fue eliminado, un informante de la empresa afirmaba que “BP trabajaba estrechamente con el MI6 al más alto nivel para ayudarle a conseguir contratos e influir en el clima político de los gobiernos”.

El ex agente renegado del MI6 Richard Tomlinson escribió en sus memorias de 2001 que BP tiene “oficiales de enlace del MI6 que reciben los datos relevantes de CX”.

El predecesor de Sawers como jefe del MI6, John Scarlett, fue el alto funcionario de inteligencia responsable del notorio expediente de Tony Blair previo a la invasión sobre las armas de destrucción masiva de Irak. Scarlett “propuso utilizar el documento para engañar a la opinión pública sobre la importancia de las armas prohibidas de Irak”.

En la sección sobre sus habilidades, BP dice que “la gestión de Sawers de la reforma del MI6 también complementa el enfoque de BP en el valor y la simplificación”.

El supergigante petrolero de Shell

El otro “supergigante” petrolero británico, Shell, también regresó a Irak en 2009, cuando “se aseguró una posición significativa” en el país con un contrato gubernamental para desarrollar el yacimiento de Majnoon, de nuevo cerca de Basora, en el sur de Irak ocupado por los británicos.

La empresa lo describió como “uno de los yacimientos petrolíferos más importantes del mundo”, con unos 38.000 millones de barriles de petróleo.

Shell se ha adjudicado un Contrato de Servicios Técnicos (CST) de 20 años como operador principal, con una participación del 45 por cien en la explotación de Majnoon. Se dice que la petrolera malaya Petronas tiene una participación del 30 por cien y el Estado irakí el 25 por cien restante.

Según Shell, se espera que la producción alcance los 1,8 millones de barriles de petróleo al día, frente a los 45.000 de entonces. Shell también dijo que el yacimiento tenía “más potencial de exploración”.

También en 2009 Shell se aseguró una participación del 15 por cien en un contrato para desarrollar el yacimiento West Qurna 1 -también cerca de Basora- como parte de un consorcio encabezado por ExxonMobil.

Este contrato se renegoció en 2014 y la participación del gobierno se redujo del 25 por cien al 5 por cien y se distribuyó a otros accionistas, entre ellos Shell.

Sin embargo, en 2018, Shell vendió su participación del 20 por cien en el campo West Qurna 1 y su participación del 45 por cien en el campo Majnoon al gobierno irakí.

Matt Kennard https://declassifieduk.org/bp-extracted-iraqi-oil-worth-15bn-after-british-invasion

Continuará la ocupación de Siria por las tropas estadounidense

La llegada sin previo aviso del alto mando militar estadounidense, el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, a una polvorienta base estadounidense en el remoto noreste de Siria puede traer a la memoria una famosa cita de Dick Cheney, vicepresidente en la presidencia de George W. Bush: “El buen Dios no tuvo a bien poner petróleo y gas sólo donde hay regímenes democráticamente elegidos amigos de Estados Unidos. De vez en cuando tenemos que operar en lugares donde, teniendo en cuenta todo, uno normalmente no elegiría ir. Pero vamos donde está el negocio”.

Solo durante el 27 de febrero las tropas estadounidenses transportaron al menos 34 camiones cisterna llenos de petróleo sirio robado a través del paso fronterizo ilegal de Al-Mahmoudiya hacia sus bases en Irak. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores sirio, las pérdidas acumuladas por el sector del petróleo y el gas del país a causa de los robos y otras acciones estadounidenses ascienden a 107.000 millones de dólares en agosto del año pasado.

El petróleo es un mineral único que anestesia el pensamiento, nubla la visión, corrompe. Pero la visita de Milley tenía que ver con algo más que el petróleo: “evaluar los esfuerzos para prevenir un resurgimiento” del Califato Islámico y “revisar las defensas para las fuerzas estadounidenses contra ataques, incluidos los de aviones no tripulados pilotados por milicias respaldadas por Irán”.

Se trata de una exageración por dos razones: en primer lugar, sólo hay unos 900 soldados estadounidenses en total en Siria y Milley no tiene por qué emprender una misión tan rutinaria; en segundo lugar, no hay antecedentes de que el Califato Islámico haya atacado nunca a las fuerzas estadounidenses en Siria.

Entre los Estados de la región es conocido que Estados Unidos asesora al Califato Islámico, entrena a los cuadros del oscuro grupo yihadista en la remota base estadounidense de Al-Tanf en la frontera sirio-irakí, e incluso proporciona apoyo logístico a las operaciones del grupo en la región desértica de Siria.

No está claro que Milley se reuniera con comandantes de las Fuerzas Democráticas Sirias dirigidas por kurdos, que han sido el principal aliado de los estadounidenses en el noreste de Siria.

Una explicación plausible sería que Milley acudió siguiendo instrucciones de la Casa Blanca con el telón de fondo de una ley para poner fin a la implicación de Estados Unidos en Siria. El mes pasado el congresista estadounidense Matt Gaetz, que ha presentado una Resolución de Poderes de Guerra para ordenar a Biden que retire las tropas de Siria, ha atacado frontalmente la visita de Milley.

Gaetz dijo en un comunicado: “Si el general Milley desea tanto esta guerra, debería explicar por qué estamos luchando y por qué merece la pena [gastar] el dinero y la sangre estadounidenses. Una política exterior America First exige realismo, pensamiento racional y seriedad”.

Añadió que “Siria es un polvorín cenagoso. Estados Unidos no tiene ningún interés discernible en seguir financiando una lucha en la que las alianzas cambian más rápido que las arenas del desierto”.

Pero Milley ni se inmutó. Preguntado por los periodistas si cree que el despliegue en Siria merece la pena, Milley dijo que “es importante”. Explicó: “Creo que una derrota duradera del Califato Islámico y seguir apoyando a nuestros amigos y aliados en la región […] son tareas importantes que se deben hacer”.

El congresista Gaetz presentó el proyecto de ley tras un comunicado de prensa del Mando Central de Estados Unidos el 17 de febrero en el que anunciaba que cuatro miembros del servicio habían resultado heridos durante una incursión en helicóptero en el noreste de Siria al producirse una explosión desde tierra.

La conclusión es que las únicas razones para que Estados Unidos siga ocupando alrededor de un tercio del territorio sirio son consideraciones geopolíticas. Principalmente:

— mantener la huella de Estados Unidos en el estratégico Mediterráneo oriental
— las relaciones problemáticas de Estados Unidos con Turquía
— la seguridad de Israel
— las bases rusas en Siria
— el eje ruso-sirio-iraní
— la geoestrategia para mantener a Siria débil y dividida en un futuro previsible

Un comentario publicado el año pasado en el diario gubernamental China Daily reflejaba la tragedia siria: “El presunto saqueo del petróleo sirio por Estados Unidos y sus apoderados no hará sino empeorar las condiciones en el país, golpeado por las sanciones, en su lucha por reconstruirse tras años de guerra […] el consumo de los limitados recursos de Siria por parte de la potencia hegemónica y sus grupos apoderados en la atribulada nación fomentará la militancia y socavará los esfuerzos por estabilizar la región en general”.

El comentario citaba al Ministerio de Asuntos Exteriores sirio en el sentido de que la presencia de fuerzas estadounidenses en el noreste del país y el saqueo del petróleo sirio son un intento de obstaculizar una solución política y socavan la estabilidad y la seguridad. Afirmaba que “la forma de actuar de Washington y su apoyo ilimitado a los grupos terroristas muestran la hipocresía de Estados Unidos en la región, una situación que ya no es aceptable ni moral ni políticamente”.

El proceso de normalización del gobierno de Assad con los Estados regionales del Golfo -especialmente, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar-, así como con Egipto y Turquía, ha puesto a Estados Unidos en un aprieto. Resulta especialmente irritante para Estados Unidos que Rusia esté mediando en el acercamiento turco-sirio.

El viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Mijail Bogdanov, ha anunciado que su país, Turquía, Irán y Siria están debatiendo la organización de una reunión de sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores: “Estamos trabajando en ello. Puedo decir que hemos acordado no revelar detalles por el momento; no todo es tan sencillo; debemos trabajar reservadamente según los principios de la diplomacia discreta”, añadió en una oblicua referencia a los tortuosos intentos de hacer descarrilar el proceso.

Baste decir que a Washington cada vez no le queda más remedio que agitar de nuevo la olla siria y crear agitación con vistas a tener una coartada para la continua ocupación de Siria. El gobierno sirio ha llamado la atención sobre ello en una declaración en la que condena la “visita ilegal de Milley a una base militar ilegal estadounidense”.

La declaración alegaba que “la comunidad internacional sabe muy bien que el Califato Islámico es un vástago ilegítimo de la inteligencia estadounidense [y] el apoyo prestado por las fuerzas estadounidenses a las milicias terroristas y separatistas en las zonas de su ocupación es una postura estadounidense declarada destinada a prolongar la guerra terrorista contra Siria por objetivos que ya no se ocultan a nadie”.

El propio Milley ha sido sincero al afirmar que la ocupación militar estadounidense debe continuar. Dada la reputación profesional de Milley de hacer siempre lo que le ordenan, que es muy consciente del “factor viento” (como dirían los chinos) en los pasillos del poder en Washington en un momento dado, es totalmente concebible que Biden obtenga ahora exactamente la retroalimentación y la recomendación que necesita para bloquear el impulso en el Congreso de Estados Unidos para la retirada de las tropas estadounidenses de Siria.

El diario moscovita Vedmosti considera que Rusia, Turquía, Irán y Siria tienen una posición común que exige el fin de la ocupación estadounidense de Siria, que dura ya 7 años.

—https://www.indianpunchline.com/us-occupation-of-syria-will-continue/

El Pentágono puede desatar una guerra abierta con Irán sobre suelo sirio

El miércoles el jefe del Estado Mayor Conjunto del ejército estadounidense, el general Mark Milley, dijo ante el Congreso que Estados Unidos debe atacar a la Fuerza Qods de Irán, una rama del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), tras un ataque con drones en Siria que mató a un subcontratista militar estadounidense.

“Sabemos que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria iraní, y en particular la Fuerza Qods, es el grupo que debemos atacar, y atacarlo muy duramente a lo largo del tiempo, y eso es exactamente lo que pretendemos hacer”, dijo Milley.

El Pentágono dijo que el avión no tripulado que alcanzó una base estadounidense en Siria la semana pasada era de origen iraní, pero no aportó pruebas que apoyaran esa afirmación. Biden ordenó ataques aéreos contra instalaciones que, según el Pentágono, eran utilizadas por grupos afiliados al CGRI, en referencia a las milicias antiestadounidenses y antiisraelíes que operan en Siria a petición del gobierno de Bashar Al Assad.

Teherán niega que Estados Unidos tuviera como objetivo instalaciones militares iraníes y afirma que los ataques aéreos alcanzaron un centro de desarrollo rural y un centro de cereales.

Más tarde, el Pentágono afirmó que los ataques habían tenido como blanco dos objetivos de la Fuerza Qods del CGRI y estimó que al menos ocho militantes habían muerto en los ataques aéreos, pero dijo que no eran iraníes. Otros informes no confirmados elevan el número de muertos a 19.

Si Estados Unidos comienza a atacar directamente a la Fuerza Qods de Irán, como sugiere Milley, podría desencadenarse una guerra abierta con Irán. Ambos países estuvieron al borde del conflicto en enero de 2020, cuando el gobierno de Trump lanzó un ataque con drones que mató al general iraní Qasem Soleimani, que era el comandante de la Fuerza Qods en ese momento.

La ocupación estadounidense del este de Siria sigue corriendo el riesgo de desencadenar una guerra más amplia, ya que las bases estadounidenses son atacadas con frecuencia. Según el Pentágono, desde enero de 2021 se han producido unos 80 ataques contra tropas estadounidenses en Siria.

El Pentágono afirma que todos estos ataques fueron apoyados por Irán, pero nunca ha aportado pruebas que respalden la denuncia. Muchas milicias chiíes operan independientemente de Teherán, y otros grupos en Siria tendrían interés en atacar a las fuerzas estadounidenses, incluido el Califato Islámico, que es enemigo tanto de Estados Unidos como de Irán y tendría interés en avivar un conflicto entre ambos.

(*) https://www.al-monitor.com/originals/2023/03/top-us-general-advocates-targeting-irans-irgc-quds-force-after-syria-drone-attack

En Oriente Medio la correlación de fuerzas cambió en menos de 24 horas

El gobierno de Trump diseñó los Acuerdos de Abraham para forjar una alianza contra Irán entre Israel y los países árabes. Faltaba la rúbrica saudí para cobrar todo su significado.

El 9 de marzo los saudíes anunciaron que estaban dispuestos a firmar un tratado de paz con Israel y unirse a los Acuerdos de Abraham, si Estados Unidos garantizaba su seguridad frente a Irán, le ayudaba a construir un programa nuclear civil y le abría sin restricciones su catálogo de venta de armas (1).

Era un ultimátum. Estados Unidos no respondió ni propuso alternativas, por lo que al día siguiente los saudíes se buscaron la vida en otro lugar y anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Irán. En cuestión de horas la situación había dado un vuelco total.

Ante el silencio de Washington, las nuevas reglas del juego las patrocinó China, que nunca había tenido ningún protagonismo en Oriente Medio. A los países árabes les pilló desprevenidos. Biden quería escapar de Oriente Medio para enfrentarse a China en su propio terreno, en Extremo Oriente y dos años más tarde, Arabia saudí permite a China entrar en Oriente Próximo por la puerta grande.

Los Acuerdos de Abraham han empezado a desmantelarse. El enemigo ya no es Irán y, lo que es peor, los países árabes se pueden agrupar en torno a la República Islámica.

Emiratos Árabes Unidos, que firmó los Acuerdos, se muestra -por primera vez- especialmente cariñoso con Irán. El 16 de marzo Ali Shamjani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad iraní, realizó una visita oficial a Emiratos que “representa una nueva etapa en las relaciones políticas, económicas y de seguridad” entre ambos países.

Otro firmante de los Acuerdos de Abraham, Bahrein, ha estado acusando a Irán de apoyar los levantamientos chiítas en el país para derrocar al gobierno, una acusación que no se ha vuelto a repetir. Otro dirigente iraní ha visitado tambien el país y ambas partes negocian para restablecer vínculos aéreos comerciales y abrir embajadas.

Como ocurre desde hace décadas, Egipto ya no encabeza nada en el mundo árabe. Se limita a seguir determinadas corrientes, en este caso la de Emiratos. El gobierno egipción ya había asegurado a Teherán en julio del año pasado que no apoyaría ni participaría en ninguna alianza militar regional en su contra (2). Luego, a finales de año, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, y el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sisi, mantuvieron una reunión positiva en la cumbre Bagdad II.

Jordania es otro país que también nada siempre a favor de la corriente, con la diferencia de que antes soñaba con una “OTAN árabe” (dirigida contra Irán, naturalmente) e incluso firmó un tratado de paz con Israel. El rey Abdalah acusó a las milicias proiraníes de Siria de introducir drogas de contrabando en el país. Ahora aboga por un acuerdo regional con Siria, principal aliado de Irán en la región.

Es más, el 13 de enero el ministro iraní de Asuntos Exteriores declaró que estaban estudiando la posibilidad de que el rey Abdullah visite Teherán.

Sólo son unas pocas muestras del vuelco que ha dado la correlación de fuerzas en Oriente Medio en menos de 24 horas. Por si quedan dudas, Irán ha aclarado que la mejora de sus relaciones con los países árabes no supone abandonar al Eje de la Resistencia, es decir, a Siria, Hezbollah y Ansarollah.

(1) https://www.wsj.com/articles/saudi-arabia-seeks-u-s-security-pledges-nuclear-help-for-peace-with-israel-cd47baaf
(2) https://www.mei.edu/publications/how-tehran-views-iranian-saudi-agreement

Sigue el saqueo del petróleo sirio por las tropas estadounidenses de ocupación

Decenas de camiones cisterna llenos de petróleo sirio han sido introducidos de contrabando por las tropas de ocupación estadounidenses en sus bases del norte de Irak.

El 25 de marzo el ejército estadounidense transportó de contrabando al menos 80 camiones cisterna cargados con cientos de toneladas de petróleo sirio robado desde la región de Yazira hasta sus bases en Irak.

Los camiones cisterna salieron de Siria como parte de un convoy de 148 vehículos que cruzó el paso fronterizo ilegal de Al-Walid a primera hora del sábado de la semana pasada.

Entre los demás vehículos del convoy estadounidense había camiones frigoríficos y vehículos blindados.

La última operación de robo de petróleo de Washington se produjo pocas horas después de que los yacimientos de Conoco y Al-Omar, en el noreste de Siria, fueran bombardeadas con misiles y drones en represalia por un ataque aéreo estadounidense perpetrado el viernes en la provincia de Deir Ezzor que causó varios muertos.

El yacimiento de Conoco fue alcanzado por más de 15 misiles. En declaraciones a la cadena de televisión Al Yazira, un funcionario estadounidense declaró que uno de los yacimientos había sido alcanzado por “ocho cohetes”.

Los medios de comunicación estadounidenses citaron al Pentágono diciendo que los ataques habían causado varias víctimas. Ningún grupo ha reivindicado la autoría del ataque, que supone la tercera operación armada exitosa contra tropas estadounidenses en Siria en 24 horas.

Al comentar los ataques aéreos del viernes, lanzados desde la base aérea qatarí de Al-Udeid, Biden afirmó que su país estaba preparado para “actuar con contundencia para proteger a nuestros hombres”, y añadió que Estados Unidos “no busca un conflicto con Irán”.

Es la tercera vez que las tropas estadounidenses saquean los recursos de Siria desde que el país sufrió un devastador terremoto el 6 de febrero.

Washington mantiene unos 900 soldados en Siria, repartidos principalmente entre la base de Al-Tanf y la región nororiental del país. Aunque las tropas estadounidenses, seguidas por los kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias, ocuparon inicialmente grandes franjas del país con el pretexto de luchar contra el Califato Islámico, la justificación oficial de la ocupación cambió una vez que los yihadistas fueron derrotados.

En 2019, Trump dijo: “Nos quedamos con el petróleo. Tenemos el petróleo. El petróleo está a salvo. Dejamos tropas atrás solo por el petróleo”.

Decenas de camiones cisterna realizan cruces ilegales entre Irak y Siria cada semana en convoyes acompañados por aviones de guerra o helicópteros estadounidenses. Pastores de la región corroboran estas afirmaciones, afirmando que el petróleo sirio se transporta al emplazamiento militar de Al-Harir en Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán irakí, una zona conocida por ser un centro de operaciones del espionaje occidental e israelí.

En agosto del año pasado el Ministerio de Asuntos Exteriores sirio afirmó que las pérdidas sufridas por el sector del petróleo y el gas del país debido a las acciones de Estados Unidos ascendían a 107.000 millones de dólares desde que comenzó la Guerra de Siria en 2011.

Los países del Golfo se liberan de la tutela de Washington

La mediación de China para normalizar las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán ha sido muy bien acogida internacionalmente, sobre todo en la región de Asia Occidental. Un grupo de Estados descontentos, que no quieren ver cómo China se adelanta en ningún frente, aunque con ello avance la causa de la paz mundial, observaban en silencio.

Estados Unidos ha tomado la delantera en ese grupo de almas muertas. Pero también se enfrenta a un dilema. ¿Puede permitirse ser un aguafiestas? Arabia Saudí no sólo es la fuente de reciclaje de petrodólares -y, por tanto, un pilar del sistema bancario occidental-, sino también el mayor mercado de exportación de armas de Estados Unidos. Europa se enfrenta a una crisis energética y la estabilidad del mercado del petróleo es una de sus principales preocupaciones.

Arabia Saudí ha demostrado una notable madurez al afirmar que su política de “mirar al este” y su asociación estratégica con China no significan que se deshaga de los estadounidenses. Los saudíes se lo toman con calma.

Al fin y al cabo, Jamal Khashoggi era un activo estratégico del establishment de seguridad estadounidense; Estados Unidos es parte interesada en la sucesión saudí y tiene un historial de patrocinio de cambios de régimen para crear otros perversos.

No obstante, el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán clava un cuchillo en el corazón de la estrategia estadounidense en Asia Occidental. Aísla gravemente a Estados Unidos e Israel. Los sionistas pueden mostrar su descontento ante la candidatura del presidente Biden para un nuevo mandato. China se ha adelantado a Estados Unidos, con consecuencias de largo alcance, lo que supone un desastre en política exterior para Biden.

Washington no ha dicho su última palabra y puede estar conspirando para impedir que el proceso de paz se convierta en la principal política de la región de Asia Occidental. Los comentaristas estadounidenses creen que la normalización entre Irán y Arabia Saudí será una empresa a largo plazo y que las posibilidades de éxito son escasas.

Sin embargo, los protagonistas regionales ya están creando cortafuegos locales para preservar y fomentar el nuevo espíritu de reconciliación. Por supuesto, China (y Rusia) también están ayudando. China ha lanzado la idea de celebrar una cumbre regional entre Irán y los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo a finales de año.

Un funcionario saudí anónimo declaró al diario Asharq Al-Awsat que el presidente chino Xi Jinping planteó el año pasado al príncipe heredero saudí, Mohammed Bin Salman, que Pekín sirviera de “puente” entre el reino e Irán, y éste lo acogió con satisfacción, ya que Riad considera que Pekín se encuentra en una posición “única” para ejercer una “influencia” sin parangón en el Golfo.

“Para Irán en particular, China es el primer o segundo socio internacional. La influencia es, por tanto, importante en este sentido, y no existe una alternativa equivalente en términos de importancia”, añadió el funcionario saudí.

El funcionario saudí afirmó que el papel de China hacía más probable que se mantuvieran los términos del acuerdo. “China es un actor importante en la seguridad y la estabilidad del Golfo”, señaló. El funcionario también reveló que las conversaciones en Pekín incluyeron “cinco sesiones muy profundas” sobre temas espinosos. Los temas más espinosos fueron Yemen, los medios de comunicación y el papel de China.

Mientras tanto, también hay noticias positivas en el aire: la probabilidad de una reunión a nivel de ministros de Asuntos Exteriores entre Irán y Arabia Saudí en un futuro próximo y, sobre todo, la carta de invitación del rey Salman de Arabia Saudí al presidente iraní, Ebrahim Raeisi, para visitar Riad. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Hossein Amirabdollahian, señaló el domingo sobre la crisis yemení que “nosotros [Irán] estamos trabajando con Arabia Saudí para garantizar la estabilidad en la región. No aceptaremos ninguna amenaza de los países vecinos.

Ciertamente, el entorno regional está mejorando. Hay signos de una relajación general de las tensiones. En la primera visita de este tipo en más de una década, el ministro turco de Asuntos Exteriores estuvo en El Cairo y el ministro egipcio de Asuntos Exteriores visitó Turquía y Siria. La semana pasada, a su regreso de Pekín, el almirante Ali Shamkhani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, visitó Emiratos Árabes Unidos, donde le recibió el presidente Sheikh Mohammed.

Poco después, el domingo, el presidente sirio Bashar Al-Assad llegó a Emiratos Árabes Unidos para una visita oficial. “Siria ha estado ausente de sus hermanos durante demasiado tiempo, y ha llegado el momento de que regrese a ellos y a su entorno árabe”, dijo el jeque Mohamed Al Assad durante su histórico encuentro en el palacio presidencial.

Shamkhani describió sus conversaciones de cinco días en Pekín que condujeron al acuerdo con Arabia Saudí como “francas, transparentes, exhaustivas y constructivas”. Y añadió: “Aclarar los malentendidos y mirar hacia el futuro en las relaciones Teherán-Riad conducirá sin duda al desarrollo de la estabilidad y la seguridad regionales y al fortalecimiento de la cooperación entre los países del Golfo Pérsico y del mundo islámico para gestionar los desafíos actuales”.

Es evidente que los Estados regionales se están beneficiando del “buen rollo” generado por la entente saudí-iraní. Contrariamente a la propaganda occidental sobre un reciente distanciamiento entre Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohammed se identifica estrechamente con las tendencias positivas del entorno regional.

Aquí es donde el papel protagonista de China en la promoción del diálogo y la amistad resulta decisivo. Los países de la región consideran a China como un interlocutor benévolo y los intentos concertados de Estados Unidos y sus socios menores de aplastar a China no tienen ninguna repercusión en los Estados de la región.

China tiene inmensos intereses económicos en la región, especialmente la expansión de la Ruta de la Seda en Asia Occidental. Por tanto, la estabilidad política y la seguridad de la región son de vital interés para Pekín, razón por la cual se ha convertido en patrocinador y garante del acuerdo entre Irán y Arabia Saudí. Evidentemente, no hay que subestimar la durabilidad del acuerdo saudí-iraní. El acuerdo saudí-iraní seguirá siendo el acontecimiento más importante en Asia Occidental durante mucho tiempo.

Fundamentalmente, Arabia Saudí e Irán se ven obligados a cambiar el enfoque de sus estrategias nacionales hacia el desarrollo y el crecimiento económico. Esta cuestión ha recibido poca atención. Los medios de comunicación occidentales lo han ignorado deliberadamente y han preferido demonizar al príncipe heredero saudí y crear un escenario catastrofista para el régimen islámico iraní.

El programa nuclear iraní

Dicho esto, la incógnita conocida es la creciente tensión en torno al programa nuclear iraní. Esta cuestión es uno de los principales puntos de desacuerdo entre Teherán y el Reino. Además, las amenazas israelíes de ataques contra las instalaciones nucleares iraníes se están intensificando. Es importante señalar que está previsto que el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Amirabdollahian, visite Moscú esta semana.

Es necesario un esfuerzo coordinado entre Rusia y China para impedir que Estados Unidos plantee la cuestión nuclear junto con Israel y aumente las tensiones, incluidas las militares, de modo que se disponga de un pretexto para desestabilizar la región y marginar el acuerdo saudí-iraní como leitmotiv de la política regional.

Todas las partes entienden perfectamente que “si el acuerdo de Pekín se materializa, el violento y fanático gobierno de derechas israelí será el primer perdedor, porque el cumplimiento del acuerdo daría lugar a un sistema regional estable y próspero que allanaría el camino para una mayor normalización y todos los logros que conlleva”, como escribía hoy un editorialista libanés en el diario Asharq Al-Awsat.

En general, los Estados de la región actúan por voluntad propia, abandonando cada vez más su determinismo ligado a decisiones y acciones que se creían causalmente inevitables. Los Estados soberanos se han dado cuenta de que son capaces de tomar decisiones o emprender acciones independientemente de cualquier acontecimiento o estado previo en el universo.

—https://www.indianpunchline.com/free-will-trumps-determinism-in-gulf-politics/

Estados Unidos ha matado a más de medio millón de personas en Irak

Más de medio millón de muertos ha causado la Guerra de Irak destada por Estados Unidos hace 20 años, según una estimación del Instituto Watson de la Universidad de Brown (*).

Estados Unidos inició la invasión militar con el pretexto de unas armas de destrucción masiva que no existían y sigue atacando militarmente el país 20 años después.

La guerra comenzó con bombardeos el 19 de marzo de 2003. Las tropas estadounidenses abandonaron Irak en 2011, nueve años después, para desencadenar la Primavera Árabe.

Pero la evacuación fue puramente formal. Trasladó sus bases a Siria, desde donde realiza importantes operaciones militares hasta el día de hoy.

Miles de personas -desde las tropas y la policía irakíes hasta combatientes estadounidenses y de otros aliados- han muerto y resultado heridos. Si se suman los civiles en Irak (desde la invasión estadounidense en 2003) y Siria (desde 2014), el número de muertos oscila entre 550.000 y 580.000.

Esa cifra de muertes puede multiplicarse por dos, tres o cuatro debido a causas indirectas como la malnutrición relacionada con los refugiados, la falta de acceso a agua potable, atención sanitaria y enfermedades prevenibles.

Más de 7 millones de personas de Irak y Siria tienen estatuto de refugiado y casi 8 millones de personas han sido desplazadas dentro de los dos países.

La devastación de las infraestructuras locales perdurará mucho más allá de los principales combates. De hecho, aún no se pueden calcular los costes totales definitivos de la guerra de Estados Unidos en Irak y Siria.

El año pasado el  ejército estadounidense llevó a cabo 313 misiones: 122 en Siria y 191 en Irak. También continúan los daños a combatientes y civiles.

Los soldados condenados por cometer crímenes de guerra fueron indultados por Trump en 2019. Las tropas británicas tambien ha sido acusadas de cometerlos y las investigaciones han sido archivadas sin obtener ningún resultado. En su informe de 2017, la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda, afirmó que tenía indicios sólidos de que las tropas británicas habían cometido crímenes de guerra en Irak.

(*) https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/2023/Costs%20of%2020%20Years%20of%20Iraq%20War%20Crawford%2015%20March%202023.pdf

El fracaso de Estados Unidos en Irak ha abierto las puertas a Rusia y China

Hace veinte años Estados Unidos invadió Irak. Bush describió la agresión militar como necesario para “liberar a su pueblo y defender al mundo de un grave peligro”. Unas semanas más tarde, se jactó de que la guerra había sido un éxito porque “las tropas estadounidenses habían expulsado al dictador irakí Sadam Husein y derrotado a su ejército”.

Bush aterrizó en un portaaviones estadounidense y se enfundó un traje de las Fuerzas Aéreas estadounidenses al estilo de Tom Cruise en “Top Gun”, orquestando la sesión fotográfica más grandiosa de la historia de Estados Unidos. “El tirano ha caído e Irak es libre”, anunció bajo una gran pancarta que proclamaba “Misión cumplida”.

El alarde publicitgario no tardó en desmoronarse. Antes de que Bush dejara el cargo, aumentó el número de tropas para luchar contra los yihadistas y los partidarios de Sadam. El caos ha continuado casi sin tregua desde entonces.

Gran parte de las críticas a la Guerra de Irak son el equivalente político de mirarse el ombligo. Se presta cierta atención, aunque quizá no la suficiente, a las posibles repercusiones regionales negativas. Tampoco se ha prestado suficiente atención, al menos al principio, a los importantes efectos sobre Rusia y China. Estas omisiones deben considerarse otros errores garrafales.

Desde el principio Arabia saudí se negó categóricamente a participar en la agresión. “No aceptamos que esta guerra amenace la unidad o la soberanía de Irak”, declaró un alto funcionario.

Arabia saudí permitió a los aviones de guerra estadounidenses utilizar sus bases aéreas, pero las relaciones han cambiado: Arabia Saudí ha estrechado poco a poco sus lazos con China y Rusia, esta última miembro asociado a la OPEP.

En los últimos años los saudíes han insistido en que pretenden evitar verse arrastrados a lo que Estados Unidos denomina “competición de grandes potencias”, según Gerald Feierstein, ex embajador estadounidense en Yemen. “Los saudíes han dejado claro que sus intereses se centran en mantener una relación sólida con su principal socio en materia de seguridad, Estados Unidos, su principal socio económico, China, y su principal socio en la OPEP, Rusia”.

La Guerra de Irak ha alterado radicalmente los puntos de vista saudíes hacia Estados Unidos y estos cambios se reflejan ahora dramáticamente en los asuntos internacionales.

Durante la Guerra del Golfo de 1990-1991, cuando Estados Unidos encabezaba el desalojo de las fuerzas invasoras irakíes de Kuwait, Moscú ayudó a los estadounidenses facilitando el paso de vuelos militares sobre Rusia.

Pero en 2003 Rusia consideró la Guerra de Irak como una violación del derecho internacional y un ataque a un gobierno con el que Moscú había mantenido relaciones diplomáticas y comerciales.

Putin intentó frenar las tendencias unilaterales de Estados Unidos. En los Balcanes se opuso a la guerra aérea de Clinton contra Serbia y en favor de Kosovo.

En marzo de 2003 pidió el fin de la Guerra de Irak. “Si permitimos que la ley del revólver sustituya al derecho internacional, según el cual los fuertes siempre tienen razón y derecho a hacer cualquier cosa, se pondrá en tela de juicio uno de los principios fundamentales del derecho internacional: el principio de la soberanía inalienable de los países”, afirmó.

Desde entonces, Putin ha protegido a quienes considera sus amigos, incluido el gobierno sirio dirigido por Bashar Al-Assad, diplomática, política y militarmente. Rusia ha proporcionado bombardeos aéreos para paralizar a los yihadistas, ayudando al ejército de Assad y a sus aliados libaneses a hacerlos retroceder hacia el noroeste de Siria.

Rusia ha llenado el vacío dejado por Estados Unidos. El firme apoyo aflojó después de que Estados Unidos, escaldado en Irak, se negara a apoyar plenamente incluso a los “rebeldes moderados”.

La disposición de Irán a suministrar aviones no tripulados a Rusia para que los utilice en sus bombardeos sobre Ucrania es la última manifestación del nuevo papel de Moscú.

Mientras tanto, la influencia económica de China en Oriente Medio se ha visto reforzada por la ineptitud de Estados Unidos en Irak. La región se ha incorporado a los planes de la Nueva Ruta de la Seda, desvelados en 2013. En 2020 China fue uno de los mayores importadores de petróleo de Oriente Medio.

Antes China se centraba en sus cercanías y en cuestiones económicas. Ahora se encuentra en el centro de la diplomacia mundial. Su ayuda para reanudar las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán es un ejemplo llamativo: los saudíes fueron en su día aliados incondicionales de Estados Unidos.

También lo es el plan de Pekín para poner fin a la guerra en Ucrania fomentando un alto el fuego y conversaciones de paz.

Los planificadores de la guerra de Bush tenían en mente la organización de un nuevo Oriente Medio. No pensaron que la guerra de Irak y su ineptitud se vería como una apertura a nuevas actividades políticas y militares exteriores por parte de Rusia y China.

“La guerra de Irak puso fin a una era de arrogancia occidental sobre la teoría y la práctica de la promoción de la democracia”, escribe Louise Fawcett, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford. “Para Rusia y China, la guerra de Irak ha contribuido así a erosionar el mito de la omnipotencia occidental y a convertir Oriente Medio en un espacio competitivo de oportunidades económicas y estratégicas”.

La estrechez de miras y las falsas expectativas contribuyeron a configurar estas nuevas realidades geopolíticas, al igual que los engaños utilizados por el gobierno de Bush para promover la guerra.

La razón declarada de la invasión era impedir que Irak desarrollara armas de destrucción masiva: nucleares, químicas y biológicas. A pesar de la insistencia de Bush y sus funcionarios en que tales programas existían, no se encontró ninguno.

El gobierno estadounidense y sus funcionarios de inteligencia también han insistido en que Sadam Husein estuvo implicado en los atentados de Al Qaeda de 2001 en Nueva York y Washington. Pero la historia demuestra que no es así.

Las acusaciones estaban “llenas de basura”, afirmó Robert E. Kelly, investigador asociado del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri). Kelly formó parte de un equipo del Organismo Internacional de Energía Atómica que investigó la afirmación de que Irak tenía armas nucleares.

“Prevalecieron la política, la conformidad y el pensamiento de grupo”, escribe Kelly en un ensayo en un ensayo publicado por el Sipri el 9 de marzo. “El resultado de todo esto fue una guerra que mató a cientos de miles de personas y alimentó años de inestabilidad en Irak y en toda la región”.

Una nueva arquitectura para Oriente Medio: el acuerdo irano-saudí

El acuerdo entre Arabia Saudí e Irán (garantizado por China) no consiste principalmente en restablecer las relaciones diplomáticas. Ambos equipos estaban dirigidos por sus jefes de seguridad. El acuerdo pretende construir una nueva arquitectura de seguridad para la región.

Esta arquitectura es potencialmente revolucionaria. Desde que Isaac Rabin decidiera a principios de la década de 1990 invertir el paradigma de seguridad original de Israel de “periferia” (Estados no árabes) frente a la vecindad árabe de Israel (para allanar el camino a la aspiración de Rabin de un cierto entendimiento con los palestinos), la región se ha transformado en un páramo de arquitectura fabricada contra la seguridad.

Para alcanzar los objetivos de buscar la paz con la esfera árabe, los dirigentes israelíes -que necesitaban una causa en torno a la cual pudieran unirse los israelíes y el Congreso estadounidense- demonizaron a Irán. Desde entonces, se ha dicho (durante algunas décadas) que Irán está a punto de adquirir un arma nuclear (aunque eso nunca ha sucedido).

Las consecuencias han sido desastrosas: Irán se ha convertido en un puercoespín espinoso, con Ahmadineyad rezongando a quienes pudieran acercársele que mantengan las distancias. Estados Unidos e Israel convirtieron la polarización intelectual y cultural inherente a la revolución iraní en un casus bellum [motivo de guerra].

El mantra era que para que Israel y sus aliados árabes se sintieran seguros, Irán y su mentalidad revolucionaria tenían que ser destruidos, o al menos “reconectados” mentalmente con los modos de vida occidentales.

Cualquier paralelismo con los actuales llamamientos occidentales para que Rusia sea desmantelada y sometida a rehabilitación mental no es coincidencia.

Como resultado, a medida que este bellum (guerra) se desarrollaba en la región, Irak, Siria, Líbano y otros países -todos ellos en su día Estados ricos- se transformaron en basureros económicos de pobreza.

Pero entonces los “platos” geoestratégicos cambiaron: el interés de Estados Unidos en la región menguó bruscamente y China y Rusia pasaban a primer plano, con una fórmula mucho más atractiva que la de Washington: en lugar de exigir lealtad y subordinación absolutas, China insistía en el respeto de la soberanía y la autonomía en los asuntos internos de otros Estados.

Ahí estaba el “atractivo” que ejercía sobre los dos Estados islámicos rivales el ascenso de las nuevas potencias mundiales (China-Rusia). Pero la otra parte de la ecuación era que los saudíes habían entrado en cólera porque Estados Unidos los degradaba como vasallos. Incluso Trump les insultó diciendo que “no podrían durar una semana” sin la protección estadounidense. Luego, cuando las instalaciones de Aramco fueron atacadas con misiles, ¿dónde estaba la protección estadounidense? No había tal.

Fueron necesarios otros dos elementos para que este acuerdo viera la luz. El primero fue una mediación paciente y a la vieja usanza (el proceso había comenzado en Pekín hace unos seis años, durante la visita del rey Salman), pero con el presidente Xi prestando su atención personal a la mediación (una característica de la diplomacia olvidada hace tiempo en Occidente).

En segundo lugar, Irán estaba saliendo de su larga estancia de introspección, gracias en gran parte al compromiso de Rusia y China, y a la “ventana” abierta por la posibilidad de unirse a la Organización de Cooperación de Shanghai y a los Brics. A Irán le han ofrecido “profundidad”: estratégica y económica.

Al mismo tiempo, Arabia Saudí se fue distanciando, lenta pero constantemente, de la propuesta planteada por primera vez a Abdul Aziz ibn Saud a principios del siglo XX por St. John Philby de que el wahabismo radical era el arma secreta del reino para asegurar su dominio sobre el mundo islámico. Esta idea fue adoptada entonces con entusiasmo por los servicios de inteligencia occidentales para debilitar y contener a Irán. Simplemente, Mohamed Bin Salman fue desarmando poco a poco al wahabismo.

Entonces llegó el momento. Y China lo aprovechó. Las conversaciones duraron tres días (del 6 al 10 de marzo) y no salió nada. El resultado golpeó a Washington y Tel Aviv como un trueno.

Por supuesto, no conocemos los acuerdos secundarios secretos, pero es seguro que Arabia Saudí habrá pedido -y recibido- garantías de que Irán no buscará armas nucleares, que no amenazará las infraestructuras vitales del reino, que no tratará de desestabilizarlo y que Arabia Saudí e Irán trabajarán juntos para poner fin a la guerra en Yemen.

Irán habrá pedido a Arabia saudí que deje de financiar a medios de comunicación exteriores que tratan de difundir sus mensajes de cambio de régimen en Irán y de apoyar a movimientos como la Organización de Muyahidines del Pueblo (MEK), algunos grupos kurdos con base en Irak y militantes que operan desde Baluchistán hacia Irán.

¿Qué presagia esta arquitectura? Hay demasiadas cosas para enumerarlas brevemente, pero como ejercicio de reflexión, imaginemos las consecuencias en Líbano si Arabia saudí e Irán decidieran juntos acabar con el sufrimiento del pueblo libanés; la casi inanición en Siria o el colapso del Estado irakí.

Imagine las consecuencias económicas para Asia de una determinación conjunta de Irán, Arabia Saudí, el Golfo y Rusia de aplicar una nueva política energética en la que ambos actúen para configurar los precios de las materias primas y darles una estructura de precios y ventas diferente.

¿Qué pasa con Estados Unidos e Israel? Mark Dubowitz, del equipo neoconservador Fundación para la Defensa de las Democracias, lo expresó sucintamente: “Esto es un fracaso para los intereses estadounidenses. Demuestra que los saudíes no confían en que Washington les respalde, que Irán ve una oportunidad de deshacerse de sus aliados estadounidenses para acabar con su aislamiento internacional, y establece a China como el mayordomo de la política de poder en Oriente Próximo”.

El sueño de Netanyahu de una alianza árabe unida para apoyar la acción militar israelí contra Irán ha llegado a su fin. Netanyahu sabe muy bien que Washington nunca apoyaría una acción militar contra Irán sin un apoyo árabe activo y sustancial. Eso también es cosa del pasado. La Doctrina Carter de 1980, según la cual Estados Unidos no permitiría el desarrollo de ningún rival en Oriente Próximo, también ha terminado. China, Rusia y Eurasia están creciendo.

El acuerdo llega en un momento delicado para Netanyahu. Irán pretendía ser una distracción ante el creciente trauma interno de Israel. Ahora tiene que hacer frente a la crisis sin nada más que la propia crisis.

Alastair Crooke https://english.almayadeen.net/articles/analysis/iransaudi-deal:-not-a-diplomatic-normalisation-but-an-archit

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