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Una canción sobre la explotación de los trabajadores llega al número 1 de las listas de éxitos

Sorprendentemente el 19 de agosto la canción “Rich Men North of Richmond” de Oliver Anthony alcanzó el número 1 en las listas top 100 de Apple Music en Estados Unidos y en todo el mundo.

Es sorprendente porque no es un lanzamiento publicitario de una casa de discos, sino que ha sido encumbrada por los oyentes en las redes sociales. Está siendo un éxito viral.

La canción, en un estilo country reconocible,carece de artificios. Es un músico que canta acompañado de una guitarra. La letra cuenta la historia de trabajador frustrado por años de esfuerzo con una salario miserable. También arremete contra los políticos ricachones de Richmond.

Todo comenzó el 8 de agosto, cuando el canal de YouTube RadioWV, que comparte imágenes de actuaciones al aire libre de músicos de los Apalaches, publicó un vídeo de Anthony cantando la canción. En muy pocos días el vídeo recibió más de 20 millones de visitas.

Poco más de una semana después de que la canción fuera difundida en YouTube, Anthony actuó en un local de Carolina del Norte. Los vídeos del concierto muestran a la multitud coreando el tema.

El verdadero nombre del cantante es Christopher Anthony Lunsford y tomó su nombre artístico de un abuelo que creció pobre en los Apalaches. Ha trabajado en varias fábricas de Carolina del Norte. En 2013 padeció un accidente de laboral en una fábrica de papel. “Trabajé en el tercer turno, 6 días a la semana por 14,50 dólares la hora en un infierno”, ha escrito en sus redes sociales.

“No hay nada especial en mí”, dice. “No soy un buen músico, no soy una muy buena persona. He pasado los últimos cinco años luchando con mi salud mental y usando alcohol para ahogarla.

“Me entristece ver el mundo en el estado en que se encuentra, con todos peleando entre sí. He pasado muchas noches sintiéndome desesperado, pensando que el país más grande de la Tierra se está desvaneciendo rápidamente”.

Sus seguidores en las redes sociales comentan que sienten como si Anthony estuviera cantando sobre sus vidas. La canción sigue los pasos de los himnos de la clase trabajadora escritos por leyendas de la música country como Loretta Lynn y Johnny Cash. Alguna de las estrofas relatan:

He estado vendiendo mi alma
trabajando todo el día
horas extras por un salario de mierda
para poder sentarme aquí
y desperdiciar mi vida
arrastrarme de regreso a casa
y ahogar mis problemas.

Es una verdadera lástima hasta dónde ha llegado el mundo
para gente como yo y gente como tú.
Ojalá pudiera despertar y que no sea verdad
Pero lo es, sí, lo es.

Estos ricos del norte de Richmond
viven en el nuevo mundo con un alma vieja.
Dios sabe que todos quieren tener el control total
Quieren saber lo que piensas,
quieren saber lo que haces.
Y no quieren que lo sepas, pero así es
porque su dólar no es una mierda
está sujeto a impuestos sin fin.
a causa de los ricos del norte de Richmond.

Ojalá los políticos cuidaran de los mineros
y no sólo de los menores en una isla en algún lugar
Señor, tenemos gente en la calle que no tiene nada que comer
Y el bienestar de los ordeñadores obesos.

Bueno, Dios, si mides 5 pies 3 pulgadas y pesas 300 libras
los impuestos no deberían pagar tus bolsas de golosinas.
Los jóvenes se están metiendo a seis pies bajo tierra
porque lo único que hace este maldito país es seguir pateándolos

El estribillo de la canción habla de los políticos que quieren controlar a sus electores:

Quiero saber lo que piensas
quiero saber lo que haces.
Y ellos no creen que lo sabes
pero yo sé que lo sabes
porque tu dólar no es una mierda
y está sujeto a impuestos sin fin
a causa de los ricos del norte de Richmond

En las redes sociales, los comentarios destapan las condiciones laborales y vitales de los obreros de Estados Unidos. “¡Canción increíble!. Gracias por hablar/cantar la verdad. Como cajera en un supermercado, veo [la explotación] todos los días”.

“¡Sigue hablando por la gente! ¡Tu voz es más fuerte que la de cualquier político en este país y queremos escucharte a ti y no a ellos!”, dice un comentario de Facebook.

“Eres nuestra voz, la del pueblo estadounidense de cuello azul, te necesitamos”, escribe otro.

Un twitter la califica como “la mejor letra de la historia de la música”.

Ennio Morricone: la muerte de un genio de la música

A.Baeza

Si bien la palabra “genialidad” se suele sobreutilizar, particularmente luego de una muerte, cuesta encontrar otro adjetivo para referirse a Ennio Morricone. Todos los artículos y columnas escritas desde que se comunicó su fallecimiento a los 91 años las primeras horas de hoy lunes probablemente queden cortos para agradecer el inmenso legado que nos deja al arte y la cultura popular, cada elogio escrito en cualquier idioma no es suficiente. Sin embargo, poco abordado ha sido por la mayoría de los medios su militancia comunista así como su relación con nuestro país.

Morricone, es junto a John Williams, Hans Zimmer y Philip Glass, uno de los compositores de bandas sonoras de películas más trascendentales de la historia, responsable de generar ambientaciones emblemáticas y melodías que acompañan escenas marcadas a fuego en el imaginario colectivo de toda una generación, desde la tensión en las miradas de tres vaqueros en un cementerio en medio del desierto a punto de dispararse por una bolsa de oro, hasta la emotividad un hombre en una butaca de una sala de cine vacía.

Su carrera comenzó como compositor fantasma en la edad dorada del cine hollywoodense de los 50, sin embargo, a mediados de los 60, sus trabajos para la llamada “Trilogía del dólar” para su compatriota, el director y guionista italiano Sergio Leone (que si bien no es propiamente una trilogía, tener a Leone, Eastwood y Morricone basta para calificarla como tal), lo elevaron desde ahí en adelante en la primera plana del cine.

La música de Morricone es tan increíblemente icónica, que no es exagerado afirmar que prácticamente hizo la mitad de las películas en que participó. Y pese a que su trabajo marcó buena parte del sonido del cine en la segunda mitad del Siglo XX, a cargo de los inolvidables soundtracks de, por ejemplo, “Los Despiadados” (1967), “Agáchate maldito” (1971), “Las mil y una noches” (1974), “Saló o los 120 días en Sodoma” (1975), no recibió una nominación a los Premios Oscar (¡ni quiera por “El bueno, el malo y el feo” de 1966!), sino recién hasta 1978 por “Días de gloria”. Sin embargo, recién lo obtendría el año 2016 en aquella ceremonia en que las redes sociales felicitaban y hacían bromas con Di Caprio y los años que tuvo que esperar por su premio, sin saber quizás, la importancia del reconocimiento a Morricone por el que injustamente tuvo que esperar toda su vida (sin contar el jubilatorio “premio a la trayectoria” de 2006).

“Los odiosos ocho” (2015), cinta que finalmente le dio el Oscar, muy probablemente quede en un segundo plano tanto para la carrera de Quentin Tarantino como para el legado de Ennio Morricone, a quien le negaron tantas veces la estatuilla debido a su afiliación al Partido Comunista Italiano, un pecado mortal para la industria cultural norteamericana de la Guerra Fría. Fue por este motivo también, que no obtuvo el galardón por joyas musicales como “La misión” (1986), “Los intocables” (1987), “Bugsy” (1991) y “Malena” (2000), en las que estuvo nominado.

Su postura política le hizo estar siempre interesado por la situación de los Derechos Humanos y las dictaduras militares por las que pasaba el continente latinoamericano en los años 70 y 80.

Si bien los grandes medios recuerdan su relación con Chile desde sus visitas a actuar a nuestro país desde 2008, lo cierto es que ésta comenzó mucho antes. En una acto político-cultural en solidaridad con Chile por las violaciones a los Derechos Humanos de la criminal dictadura realizado en Inglaterra y que fuera organizado por Joan Jara -viuda de Víctor Jara-, el músico de Shwager exiliado en el Reino Unido desde 1977, Mauricio Venegas Astorga, interpretaba instrumentos andinos. Cuenta Venegas que Morricone, presente en el público, demostró gran interés por los sonidos de la quena y el charango, por lo que se contactó con él y lo invitó a tocar tiempo más tarde para la banda sonora de “La Misión”, la que le abriría las puertas y sería la primera de muchas incursiones del coronelino en la música incidental del cine y televisión.

Por su parte, mientras Inti Illimani desarrollaba su prolífica carrera artística en su exilio en Italia, donde llegó a ser una de las bandas más importantes de ese país, fue Morricone quien facilitó sus estudios para que grabaran gran parte de los álbumes de este período, uno de los más destacados, “Fragmentos de un sueño” (1987) que cuenta con la colaboración del guitarrista español Paco Peña y del guitarrista clásico australiano y también militante de izquierda, John Williams (no confundir con el compositor), con quién actuaron en un prácticamente en ruinas Teatro de Lota en la década del 90.

La visión ideológica de Morricone también se refleja en alguna de las películas en que participó, con un alto contenido político, tales como “La Batalla de Argel” (1966) película que aborda la independencia de la colonización francesa, “Tepepa… Viva la revolución” (1969) ambientada en la revolución mexicana, “Sacco y Vanzetti” (1971) sobre dos obreros anarquistas condenados a muerte, “La clase obrera va al paraíso” (1971), “La gran burguesía” (1974), “Mussolini: último acto” (1975), entre otras.

Como suele ocurrir con los grandes personajes, intentar encasillarlo en una determinada área resulta infructuoso, pues su genio desborda cualquier intento de apropiación. Y si bien no tuvo el reconocimiento merecido de parte del establishment de la gran industrial del cine, sí lo recibió de la gente común que siempre llenó cada uno de los recintos en que se presentó en vivo junto a su orquesta, y su música será parte del patrimonio del cine y de la cultura popular, incluso para personas que reconozcan su trabajo y no al autor, como suele suceder con las obras inmortales.

https://resumen.cl/articulos/ennio-morricone-cine-musica-politica-y-su-relacion-con-chile/

El jazz, una música nacida de la resistencia

El saxofonista de jazz Gilad Atzmon

Gilad Atzmon

Soy un artista de jazz, he dedicado toda mi vida adulta al estudio de la música y la cultura negra americana. El jazz es ciertamente la más importante y probablemente la única contribución americana significativa a la cultura mundial. La pregunta que sigue es: ¿dónde está el jazz negro americano ahora? ¿Por qué los negros americanos han perdido interés en su propia creación fantástica…

Una respuesta es que el jazz nació de la resistencia. Fue impulsado por el desafío al “sueño americano“: en lugar de buscar a Mammon, la riqueza y el poder, nuestros padres fundadores del arte negro americano sacrificaron sus vidas por la belleza. Literalmente se suicidaron en busca de nuevas voces, nuevos sonidos, nuevos colores, nos dejaron un gran legado pero sus hijos se trasladaron a nuevos campos artísticos como el Hip Hop y el Rap.

Para la gente que hizo el jazz y lo convirtió en una forma de arte, la música era un espíritu revolucionario. Para Bird, Now’s the Time significaba que el momento estaba maduro para el cambio social. Para John Coltrane, “Alabama” fue la respuesta apropiada a la bomba KKK de la Iglesia Baptista que mató a cuatro niñas afroamericanas.

Cuando el jazz tenía sentido, no era el lenguaje de la victimización, sino todo lo contrario; el jazz era un mensaje de desafío: todo lo que puedas hacer, nosotros los negros podemos hacerlo mejor. Y esto era cierto, nadie podía hacerlo mejor que Trane, Bird (Charlie Parker), Miles, Elvin, Sonny, Blakey, Duke, Ella y tantos otros. Estos artistas nunca pidieron dinero de Wall Street, nunca pidieron a nadie que se uniera a su lucha: en cambio, nos hicieron rogar por su belleza, su arte y su espíritu para iluminarnos y liberarnos.

La “élite” americana no tardó mucho en entender que el jazz era el mejor embajador de América en el mundo. Y todo esto sucedió en un momento en que los americanos negros estaban siendo sometidos a medidas de apartheid, especialmente en los estados del sur. Sería razonable creer que fue la transformación del jazz en “la voz de América” lo que se convirtió en un factor enorme en la liberación de los negros en el sur.

Tristemente, el jazz perdió su alma hace una década o dos. Pasó de ser la voz de la resistencia a lo que gradualmente se convirtió en un “asunto académico”, un “sistema de conocimiento, de saber”. Hoy en día, muchos jóvenes músicos de jazz son “estudiantes graduados de estudios artísticos”. Pueden ser rápidos, muy técnicos y sofisticados, pero tienen muy poco que decir y, en la mayoría de los casos, incluso prefieren no decir nada en absoluto. Algunos podrían pensar que decir algo desafía sus “objetivos artísticos”, desdibujando la distinción entre el arte y la política… Me temo que se equivocan. Si el jazz va a ser una forma de arte significativa, mejor que sea revolucionario en su núcleo. El jazz es, por encima de todo, el sonido de la libertad.

Durante un tiempo, hemos sido testigos del deterioro del jazz contemporáneo en un ejercicio técnico sin sentido. El jazz nos golpeó en la cara. ¿Esta caída artística anticipó el colapso de la civilización americana y su imagen anunciada como una “sociedad libre“?

¿Por qué murió el jazz? Porque los negros americanos perdieron interés en su forma de arte original. ¿Por qué perdieron el interés? Esencialmente porque su arte, como todos los demás aspectos de la cultura americana, las finanzas, los medios de comunicación, la mente y el sueño, han sido ocupados.

Junto con otros artistas de jazz y humanistas, odio el racismo en todas sus formas, pero soy de los que quieren que las culturas celebren sus síntomas, quiero ver a los alemanes filosofar y componer sinfonías de nuevo. Quiero ver a la gente celebrar su cultura única en la medida en que no lo hagan a expensas de los demás u oprimiéndolos. Más que nada, quiero ver a los negros sentirse orgullosos de lo que son. Quiero que nos guíen una vez más por el camino de la belleza que ellos y tantos otros nos han presentado. Espero de todo corazón que la América negra nos de un joven Coltrane, un pájaro recién afilado (Charlie Parker), la próxima Sarah Vaughn y un nuevo personaje como Miles [Davis].

Quiero ver a los artistas negros americanos hipnotizarnos con su talento, celebrar su grandeza. Quiero volver a verlos como los embajadores americanos que fueron una vez, en lugar de ser las víctimas de los abusos de los Estados Unidos. Creo que en lugar de enviar soldados americanos para supuestamente liberar a otros pueblos en las guerras imperialistas de los nuevos policías americanos, ha llegado el momento de que América se libere a sí misma.

https://gilad.online/writings/2020/6/5/liberating-the-american-people

Gilad Atzmon, Liberating the American People

Una invasión para someter a los panameños con nuevas armas sicológicas: los equipos de sonido

Hace 30 años, el presidente Bush padre se dirigió a su país diciendo: “Ciudadanos, anoche di la orden a las fuerzas militares de invadir Panamá. Muchos han sido los intentos de resolver las cosas a través de la diplomacia, pero hemos sido rechazados por el dictador Manuel Noriega, acusado además de narcotraficante”.

Además Bush dijo que quería “proteger la vida de los ciudadanos estadounidenses; salvaguardar los tratados; proteger el canal; capturar y conducir a Noriega ante tribunales de Estados Unidos y restaurar la democracia”. Lo que nunca dijo fue que la violenta invasión llamada Causa Justa, comandada por el general Maxwell “Mad Max” Thurman, usando 26.000 soldados de la 82ª división aerotransportada que llegaron furiosos, también buscaba atrapar a Pablo Escobar al que creían refugiado al lado del general.

Panamá fue un centro de experimentación de armas nuevas como los bombarderos Stealth F-117, invisibles a los radares; helicópteros artillados Apache AH-64 de alta tecnología, bombarderos AC-130 Spectre; vehículos todoterreno tipo Humvee; tanques de asalto Sheridan M-551, blindados M-113, y tecnologías nuevas para combate como chalecos Kevlar y cascos de visión nocturna. En el ataque al cuartel central de la guardia panameña en Chorrillos, en escaramuzas y en los incendios de los barrios adyacentes, murieron entre 600 y 3000 personas porque no hubo cifras oficiales; (la proporción fue de 25 panameños por cada norteamericano), además 18.000 personas perdieron sus viviendas.

Después del descomunal despliegue y de mucha destrucción, al no aparecer Noriega, y menos Escobar por parte alguna, Bush, ofreció 1 millón de dólares a quien entregara al general y 150 dólares por cada fusil recuperado; en respuesta, Noriega alcanzó a transmitir consignas radiales como “vencer o morir, ni un paso atrás”. Los norteamericanos comenzaron entonces la operación complementaria Nifty Package, con 48 miembros del cuerpo élite de la marina que debían destruir el avión privado de Noriega, el mismo que fue un regalo de Escobar, parqueado en el aeropuerto de Punta Paitilla y sabotear ciertos objetivos estratégicos.

La víspera de navidad, Noriega apareció en la Nunciatura amparado por el Nuncio Juan Sebastián Laboa; los soldados gringos que rodearon la embajada acudieron a la tortura sicológica usando el ruido de helicópteros rasantes y enormes parlantes con música estridente; como era navidad comenzaron con villancicos, pero al segundo día repetían una y otra vez episodios del Howard Stern Show y canciones como Panama de Van Halen; Welcome to the Jungle, de Guns N’ Roses y I Fought the law de The Clash, para desesperarlo con el estruendo; luego agregaron Paranoid, de Black Sabbath; Run Like Hell, de Pink Floyd; We’re Not Gonna Take It, de Twisted Sister; You Shook Me All Night Long de AC/DC y Your Time is Gonna Come, de Led Zeppelin, pero todavía aguantó una semana más, aunque hasta los periodistas que vigilaban la sede suplicaban que se apagara la tortura musical.

Luego todos los involucrados opinaban; las fuerzas especiales solicitaron Strange Days, de The Doors, la división canina recomendó Flesh for Fantasy de Billy Idol y los marines repetían una y otra vez Paradise City. El 3 de enero, el nuncio Laboa y el resto del personal casi sacaron a rastras a un Noriega aturdido; fue capturado y trasladado a los Estados Unidos como el más vil de los criminales donde sería condenado luego a 40 años de prisión.

https://www.las2orillas.co/de-la-invasion-de-panama-y-la-experimentacion-de-armas-modernas-y-tortura-con-rock/

El jazz lo crearon los negros y lo comercializaron los blancos

El trompetista de jazz Domingo ‘Nick’ LaRocca
Hace unos 100 años, el 26 de febrero de 1917, el sello Victor Records grabó el primer disco de jazz de la historia. Para muchos los temas “Dixieland Jass Band One Step” y “Livery Stable Blues” de la Original Dixieland Jazz Band (ODJB), fueron las primeras piezas de jazz que escucharon. El álbum vendió un millón de copias, dando paso a una explosión musical y cultural.

Hoy el jazz es el estilo de música menos vendido en Estados Unidos, en un mercado discográfico deprimido, hasta el punto de que habría motivos para preguntarse sobre la efemérides. ¿A quién le importa todo esto?

Pues sí importa recordarlo, y mucho. Como tantas otras expresiones artísticas, el jazz es una creación del pueblo oprimido, explotado y humillado. Sí, ese mismo al que todos los señoritos desprecian por ignorante o embrutecido.

Como toda creación popular, el jazz fue luego robado; tan robado que quisieron que su origen no hubiera sido negro. Domingo “Nick” LaRocca, el trompetista e inspirador de la ODJB así lo pretendió: “Nuestra música es estrictamente blanca”, dijo en 1936 a la revista Tempo. “Los Negros aprendieron con los blancos esta música y sus ritmos… Los negros nunca antes habían tocado una música parecida”.

Nacido en 1889 en Nueva Orleans de padres inmigrantes sicilianos, LaRocca hizo lo que tantos a los que la realidad no les gusta: reinventó la historia del jazz a su manera. Afirmó que había aprendido jazz observando a músicos clásicos mientras era tramoyista en el Teatro de la Ópera. También dijo que adquirió experiencia con los discos de John Philip Sousa.

En fin, LaRocca no paseaba por las calles de Nueva Orleans, donde las bandas negras habían asimilado los ritmos negros del ragtime. Tenía la edad adecuada para haber visto a Buddy Bolden, el trompetista de Nueva Orleans que ahora es considerado como el primer músico de jazz.

Sin embargo, los que conocieron a LaRocca le desmienten. Era un asiduo de los conciertos de músicos negros locales, como el virtuoso trompetista King Oliver. El trombonista Preston Jackson, en particular, dijo que LaRocca “solía andar con la banda [de Oliver] para tomar ideas suyas”.

Tampoco faltaban músicos negros cuando hacia 1910 empezó a tocar con la Reliance Brass Band, dirigida por “Papa Jack” Laine, un baterista blanco que contrató a músicos negros, infringiendo las leyes Jim Crow.

Pero cuando en 1916 el quinteto de LaRocca y el baterista Johnny Stein fue de gira a Chicago, los músicos negros habían desaparecido. Tuvo un gran éxito bajo el nombre de Stein’s Dixie Jass Band y el término “dixie” es un argot local que designa un “ragtime” específico de Nueva Orleans.

La estrella de Broadway Al Jolson les recomendó al Reisenweber’s Café, en el corazón de Manhattan, donde volvieron a causar sensación. El Reisenweber’s colocó un letrero luminoso donde los anunciaba como los “Jazz Creators”.

La grabación del disco fue consecuecia de su fulminante éxito en Nueva York y “Dixieland Jass Band One Step” se ha convertido en un clásico con mchas versiones posteriores, mucho mejores que el original. Los temas grabados no son cosecha de innovadores sino de imitadores.

No obstante, hay que reconocer que, como no podía ser de otra forma, LaRocca y su ODJB, es decir, los blancos, llevaron el jazz a los mercados, a las tiendas, a los teatros y al “show business”. El jazz lo crearon los negros y lo comercializaron los blancos. Por sí misma la buena música no triunga; lo que triunfa es la industria.

En 1923 la ODJB canceló un contrato discográfico con Okeh Records cuando LaRocca descubrió que la discográfica los había catalogado como “música étnica”, es decir, grabaciones propias de artistas negros destinadas a un público negro.

En 1936 LaRocca declaró que el jazz era una música “estrictamente blanca”. Entre los documentos de LaRocca, conservados en el Hogan Jazz Archive de la Universidad de Tulane, hay muchas cartas mecanografiadas (y llenas de errores ortográficos) que escribió, especialmente en los años anteriores a su muerte en 1961, para reivindicarse como uno genio que no recibió el reconocimiento que merecía. Los críticos e historiadores, escribió al musicólogo Brian Rust, sólo eran “partidarios de la integración [racial] que querían mezclar a los blancos con la gente de color”, probablemente en nombre de los “comunistas rusos”.

LaRocca demandó a un miembro de su quinteto, “Yellow” Nuñez, el clarinetista, que había reivindicado la paternidad de la cara B “Livery Stable Blues”, acusándolo de robarle la pieza. Por una vez el juez resolvió acertadamente la disputa al no conceder los derechos a ninguno de ellos, asegurando que la canción siempre fue de dominio público.

La primera grabación de jazz de la historia ha cumplido 100 años

La joya perdida de Marvin Gaye sale a la luz (y brilla)

Alejandro Lingenti

La música negra produjo muchos discos esenciales en la década del setenta. Uno de ellos fue, no lo discute casi nadie, “What’s Going On” (1971), obra magna de uno de los pilares más sólidos del legendario productor Berry Gordy en el imperio Motown, Marvin Pentz Gay (1939-1984).

Capaz de brillar como soulman romántico (en los electrizantes duetos con Mary Wells y Kim Weston) y también de sorprender como hombre comprometido con su época -criticando la brutalidad policial contra la comunidad negra, lamentando el sinsentido de la guerra e incluso detectando la esclavitud que pueden provocar las drogas-, este artista de vida íntima realmente agitada lanzó al viento un mensaje de redención colectiva que el cinismo del presente puede enfocar como ingenuo. Pero que en los setenta resonó con la energía propia de la verdad.

Un año después de la aparición fulgurante de ese disco, Gaye empezó a trabajar en un disco planeado como una continuación aún más politizada de “What’s Going On”. Probó en público con un primer single, que no funcionó comercialmente como esperaba, y terminó descartando ese proyecto.

Según diría un tiempo después, el cantante tenía la certeza de que Motown no había apoyado lo suficiente la promoción del tema porque Gordy no sentía ninguna empatía ideológica con Marvin. El argumento queda algo debilitado por un dato comprobable: la compañía había renovado contrato con él hacía muy poco y le había pagado nada menos que un millón de dólares, aunque ya conocía de sobra su ideario.

Disputas al margen, lo cierto es que el nuevo disco quedó en un limbo (Gaye no hizo demasiado para cambiar ese destino, de hecho). Algunas de sus canciones solo aparecieron dispersas en compilados y antologías del sello. Ahora reeditado completo, con su fisonomía original, revela que su ocultamiento fue un verdadero pecado. “You’re the Man” es un disco que se acomoda, a fuerza de belleza e ideas, cerca de lo mejor que produjo este devoto de Sam Cooke nacido en Washington D.C. y fallecido, igual que su ídolo, en trágicas circunstancias.

Como en “What’s Going On”, el más erótico “Let’s Get It On” (1973) o el notable tratado sobre la intimidad “I Want You” (1976), todos discos producidos en una etapa muy efervescente de su carrera, Gaye consigue otra vez reunir en un mismo repertorio múltiples facetas que conviven en armonía y le dan forma a un todo concentrado y contundente: puede cuestionar a Richard Nixon, contarnos una historia de alcoba o recordar con dolor distintos desaguisados familiares.

Se ha dicho que suena en un mismo álbum angustiado, reflexivo, motivado, comprometido, sexy, hipnótico, torturado, religioso, desafiante, desilusionado y compasivo. Todo por el mismo precio, el de rendirse ante la magnitud de un artista superlativo.

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/la-joya-perdida-de-marvin-gaye-sale-a-la-luz-y-brillagrabaciones-nid2255446


Piquetes y pancartas,
no me castigues con brutalidad.
 
Háblame, para que así veas
qué es lo que está pasando.
Sí, qué está pasando
dime: ¿qué es lo que está pasando?
Yo te diré qué es lo que está pasando.

(de la letra de “What’s Going On”)

2 años y un día de prisión por hacer música revolucionaria

En 2016, el compañero Iván Leszno, junto a 11 trabajadores y estudiantes con los que formaba el colectivo La Insurgencia, fue abordado por la policía en plena calle. Les robaron los móviles y los aparatos electrónicos que llevaban encima y les entregaron una citación para declarar en la Audiencia Nacional 9 días después. Les imputaron tres cargos: enaltecimiento del “terrorismo”, incitación al odio contra las instituciones del Estado y asociación ilícita.

¿Su delito? Organizarse para hacer música revolucionaria, por denunciar la explotación laboral, el desempleo, el imperialismo, la monarquía, la falta de derechos sociales, libertades políticas y la existencia de presos políticos, llamando a las clases populares a levantarse contra esta situación de injusticia. Para el Ministerio Fiscal lo que es motivo de persecución es la denuncia de esta violencia, pero no las causas que la provocan.

Todos ellos fueron juzgados en la Audiencia Nacional en Noviembre de 2017 mediante un montaje político en el que quedó de manifiesto que defender ideas contrarias al sistema capitalista es la peor de las delincuencias. Un mes después fueron condenados a 2 años y un día de prisión, 4800 euros de multa, 9 años de inhabilitación para ejercer trabajos públicos, el pago de las costas del juicio y la eliminación de su trabajo. Todo esto a cada uno de los 12 miembros procesados.

Desde entonces, Iván empezó a cumplir la condena, ya que recientemente le prohibieron celebrar un acto por la libertad de expresión en Málaga cuyo objetivo era denunciar esta ausencia de libertades e intentaron prohibirle otro acto más por el mismo motivo, además de estar recibiendo una constante vigilancia y persecución policial por el mero hecho de seguir denunciando su situación.

Recientemente, la Audiencia Nacional les redujo la pena de prisión a 6 meses y un día de prisión y la multa a 1200 euros. Actualmente, nuestro compañero se encuentra a la espera del resultado de un recurso en el Tribunal Supremo.

Nos parece oportuno indicar que este cambio en su situación no ha sido producto del cambio de gobierno. Esto ha sido consecuencia de la lucha organizada por el compañero y el resto de los procesados de La Insurgencia a lo largo y ancho de todo el Estado para denunciar esta situación de represión desmedida, en conjunto con el resto de represaliados.

Ante este panorama, nosotros queremos señalar que la solución no vendrá traída ni por un cambio de gobierno ni de leyes y que tampoco dependerá de la decisión de ninguna institución política, sino que lo hará a través de la lucha en la calle, organizando la solidaridad con los compañeros represaliados. Esta no es una cuestión individual. Esta es una lucha por los derechos y las libertades de todos nosotros. Esa lucha es el único camino.

¡Por la derogación de las leyes represivas!
¡Sin libertades políticas no hay democracia!
¡Amnistía total!

La masacre de My Lai: símbolo de los crímenes imperalistas en Vietnam

Era el 16 de marzo de 1968, cuando las tropas estadounidenses invadieron la región de Son My en la búsqueda de vietcongs (integrantes del Frente Nacional de Liberación de Vietnam), considerados terroristas por los americanos. El teniente William Laws Calley tenía asignada la zona My Lai 4, donde se proponía llevar a cabo las más viles acciones. Al escuchar que se alejaba el sobrecogedor sonido de los helicópteros, los aldeanos imaginaron que ya había pasado el peligro, pero no sabían que Calley y sus hombres se habían lanzado en paracaídas y merodeaban en la zona con las peores intenciones. Al llegar, sin mediar palabra, violaron a las mujeres y a las niñas, mataron el ganado y prendieron fuego a las humildes viviendas hasta arrasarlo todo. Para terminar, reunieron a los supervivientes en una acequia y los fusilaron sin piedad. Aunque nunca se sabrá la cifra exacta de asesinatos, pues el Gobierno echó tierra sobre el asunto, se estima que fueron al menos 504 personas indefensas: en la macabra operación se incautaron apenas tres armas.

Como era de suponer, dado el clima de paranoia propio de la Guerra Fría, la prensa apenas divulgó la masacre más de un año después, cuando el editor Seymour Hersh decidió publicarla en notas aparecidas el 13, 20 y 25 de noviembre de 1969 en el diario St. Louis Post Dispatch. Le siguió el Cleveland Plain Dealer, que publicó las fotos de Ronald L. Haeberle, un exfotógrafo del ejército, quien había sustraído las fotos al control oficial, pues fueron tomadas con su cámara personal. Esto fue aún más perturbador, pues las imágenes (en color) mostraban que la mayoría de los cientos de ejecutados eran ancianos, mujeres y niños, incluso muchos bebés (la escena más famosa de la película Platoon, de Oliver Stone, fue inspirada en esta matanza).

Se demostró que el teniente Calley era una persona muy inestable con serios problemas de actitud que, al no lograr ascensos ni condecoraciones, decidió cometer una matanza y fingir que los asesinados eran enemigos abatidos (sobra resaltar las similitudes con la infame realidad colombiana). Y aunque fue juzgado y condenado por los actos de My Lai, solo pasó tres años bajo arresto domiciliario, pues fue indultado por el presidente Richard Nixon en persona. En 2006 el periódico Los Ángeles Times informó que durante aquella invasión (entre 1965 y 1971) se registraron 178 asesinatos más de no combatientes. A la larga, los tribunales militares solo condenaron a 23 personas por esos hechos.

Por supuesto, esta no fue la única matanza cometida por las fuerzas estadounidenses, pero sí la que más escándalo desató a causa de las mencionadas publicaciones, que provocaron la ira del presidente Nixon y miembros del Ejército, además de la indignación general en gran parte del país. Este tipo de actos bárbaros, peor que el perpetrado por los nazis en Oradour, daba la razón a los estadounidenses pacifistas, para quienes la guerra de Vietnam no era una contienda justa ni necesaria. A su vez, el Gobierno restaba importancia a dichas manifestaciones, acusando a sus integrantes de hippies, lunáticos y hasta terroristas enemigos del país.

En este contexto, las protestas antibélicas con motivo de la guerra de Vietnam iban en ascenso en Estados Unidos, en particular contra la invasión a Camboya (anunciada con gran jactancia por Nixon en la televisión nacional). Fue así como en mayo de 1970 se desarrollaron fuertes protestas por esta causa en la Universidad Estatal de Kent (Ohio), con el incendio de un edificio, disturbios, amenaza de saqueos y el despliegue de policías, bomberos y, por orden del alcalde, incluso acudieron unos mil efectivos de la Guardia Nacional, con el resultado de que los estudiantes fueron tiroteados por esta fuerza, con un saldo de cuatro asesinados (Allison Krause, Jeffrey Glen Miller, Sandra Lee Scheuer y William Knox Schroeder) y nueve heridos (uno de ellos sufrió parálisis permanente), pues dispararon contra los estudiantes indiscriminadamente y los redujeron con bayonetas, ya que también resultaron heridos varios transeúntes que observaban las protestas en la distancia.

Los deplorables sucesos recibieron la atención inmediata de toda la nación: cientos de universidades, colegios e institutos promovieron una huelga estudiantil y hubo cierre masivo de los centros educativos. El país estaba de luto y asombrado: ¿no que la guerra era allá? Por entonces surgió un clamor en la juventud del país, siempre señalada de vivir una ilusión hippie de tinte comunista.

Por eso no querían ser parte de una guerra donde, además de ellos, muchos latinos y negros irían a pelear contra amarillos que no les habían hecho nada para proteger la tierra que los blancos les habían arrebatado a los pieles rojas y volver a casa en un cajón. De hecho, los jóvenes les tenían pánico a los planes de reclutamiento para participar en una guerra absurda e incluso incendiaban la citación (como se aprecia en la película Hair, de Milos Forman). Así, los campus universitarios de todo el país estallaron en protestas y oposiciones al conflicto, en lo que la revista Time tituló de “huelga estudiantil a lo largo de la nación”.

Por esta razón las fotografías de los muertos y heridos de la Universidad Kent, publicadas en los periódicos del mundo, amplificaron la sensación de furia hacia la política expansionista, imperialista e invasiva de Estados Unidos, aunque esta vez la violencia estalló en su propio jardín. En particular, las imágenes captadas por el fotógrafo John Filo de Mary Ann Vecchio, una niña de catorce años, llorando sobre el cuerpo de Jeffrey Miller, asesinado de un disparo en la boca, causaron estupor en el mundo entero y ganó ese año el premio Pulitzer, convirtiéndose en una de las imágenes más impactantes de la masacre.

Además de desencadenar numerosas protestas en los campus universitarios del país, la actitud ante el tiroteo quedó expresada en una pancarta creada por los estudiantes de la Universidad de Nueva York: “No podrán matarnos a todos”. Durante una manifestación en Washington D.C., unas 100.000 personas repudiaron la política criminal de Nixon y la ciudad fue un campo de batalla, con una muchedumbre rompiendo ventanales y destrozando vehículos, así que Nixon se atrincheró en Camp David bajo protección militar. Los ocho guardias nacionales involucrados fueron acusados y enjuiciados, pero alegaron defensa propia y un juez retiró los cargos en 1974.

Tras ver las fotos de la masacre de Kent en la revista Life, el canadiense Neil Young quedó en estado de shock y al instante escribió la canción “Ohio”, que su banda Crosby, Stills, Nash & Young grabó de inmediato en Los Ángeles en unas pocas tomas y tocando en directo en los estudios de Atlantic Records. La cara B del sencillo se titulaba, quizá de forma desafiante: “Find the Cost of Freedom” (Encuentra el costo de la libertad), compuesta por Stephen Stills. La canción de protesta, escrita como reacción a la masacre, es considerada el mejor homenaje de la cultura popular ante los trágicos sucesos. Apenas dos semanas y media después, el tema salió al aire en las principales estaciones de radio de todo el país y cobró gran resonancia y popularidad.

En las notas del álbum recopilatorio Decade (1977), Neil Young escribió que “David Crosby lloró cuando acabó su toma”; de hecho, al final de la canción se puede escuchar a Crosby gritando: “Cuatro, ¿por qué? ¿Por qué murieron? ¿cuántos más?”.

La letra de la canción suscita sentimientos de horror, indignación y sobrecogimiento tras los disparos. Comienza con el verso “Tin soldiers and Nixon coming” (Soldaditos de plomo y Nixon llegando), reflejando así el sentimiento de la comunidad, que atribuyó la culpa de las muertes al presidente. Crosby declaró que incluir el nombre de Nixon en la canción fue “lo más valiente que he oído nunca”. Fue así como, sin proponérselo, el grupo se convirtió en vocero del movimiento de contracultura estadounidense, dándoles el estatus de líderes del pensamiento a lo largo de la década de 1970.

Y claro, algunas estaciones de radio prohibieron la canción, a causa de la mención del presidente Nixon, pero recibió cobertura en las radios FM ilegales en universidades y ciudades grandes. “Ohio” fue incluida por la revista Rolling Stone en su lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Crosby, Stills y Nash visitaron el campus de la Universidad de Kent por primera vez el 4 de mayo de 1997, donde cantaron la canción para la Conmemoración Anual del 4 de mayo.

A causa del famoso escándalo del Watergate, Nixon finalmente se vio obligado a renunciar, también por televisión, en 1974.

https://www.elespectador.com/noticias/cultura/la-masacre-de-my-lai-nixon-y-una-cancion-de-protesta-articulo-833720

Ha muerto Kassé Mady Diabaté, la voz genuina de Mali

El cantante Kassé Mady Diabaté, una de las voces más grandes de Malí, descendiente de una larga estirpe de juglares mandingos, falleció el jueves en Bamako, la capital del país saheliano a los 72 años de edad.

En marzo el cantante fue víctima de un derrame cerebral y murió en la clínica Pasteur de Bamako, según dijo su hermano, Amara Diabaté.

Había nacido en 1949 en Kela, cerca de Kangaba, a cien kilómetros de la capital, en el corazón de “Mandé”, cuna del imperio maliense en el siglo XIII,

“Papa Kassé Mady Diabate, descansa en paz. Es una inmensa pérdida para la cultura mandinga, para la música africana y para todo el patrimonio de la humanidad”, escribió su productora Binetou Sylla en su cuenta de Twitter.

Perteneciente a la misma generación que Salif Keita, este “djeli” (juglar en mandingo) ha formado parte de grupos de renombre (Las Maravillas de Malí, Orquesta Instrumental du Mali) y ha participado en numerosos proyectos de fusión, especialmente con el flamenco o el blues.

Hasta 1989 no pudo editar su primer álbum en solitario: “Fodé”. Su voz suave, matizada en el bajo, se distinguía de la de la mayoría de los juglares.

“En Malí, la voz de Kassé Mady Diabaté es tan obvia que podría ser clasificada como patrimonio nacional”, dijo el músico y productor Oumar Diallo, conocido como Baroubleni, que acompañó a Ali Farka Touré, otra gran figura de la música maliense.

“En varias décadas, esta voz nunca se ha extinguido, siempre presente, siempre apreciada, a pesar de los cambios de moda”, subrayó.

Condecorado en diciembre de 2017 con la Orden Nacional, Kassé Mady Diabaté, fue enterrado ayer por la tarde en Bamako.

Los juglares como Kassé Mady Diabaté, son típicos narradores, músicos y poetas de África occidental. Su arte se transmite de padres a hijos y preservan las tradiciones y la cultura oral de los pueblos del Sahel.

Las 6 manipulaciones imprescindibles para convertir el rap en un delito

Juan Manuel Olarieta

Un rap no puede ser delito porque es una canción, música. A partir de aquí, cualquier otra explicación sobra. Para justificar la represión política los jueces y la prensa encubren ese hecho elemental y hacen una primera mutilación: sólo hablan de las letras. Lo que es delito no es la canción sino la letra, dicen.

Cualquier crítico musical, literario o artístico pondría el grito en el cielo por una manipulación de ese calibre que ni se ha hecho ni se hace jamás con ninguna obra artística. A nadie se le ocurre juzgar la ópera Nabucco de Verdi por su letra, escrita por Temistocle Solera, un llamamiento panfletario a la lucha por la liberación de los esclavos, que reclaman una canción de “crudo lamento que infunda valor a nuestro padecimiento”.

Si la canción de Verdi no fuera “cruda” no expresaría el horror de la esclavitud, del que son víctimas los esclavos, ya que los negreros no tienen ninguna clase de padecimiento por ello, es decir, que se trata de una diferencia de clase.

2 La segunda manipulación es que una canción es un conjunto de sonidos armónicos que entran en nuestra cabeza y en nuestro corazón por el oído, la mayor parte de las veces durante un concierto en directo, donde el sonido se vincula a una imagen en movimiento y a un ambiente en el que participan muchas personas.

El rap no es un artículo periodístico, no es un ensayo, ni una tesis doctoral, ni un libro, ni un mitin, ni una conferencia. No se dirige a la cabeza sino a las tripas. Como cualquier obra de arte, su tarea fundamental no es explicar nada, ni argumentar, ni razonar. Expresa y transmite un estado de ánimo compartido por los explotados y oprimidos: cabreo, rabia, mala hostia…

3 La tercera manipulación es tan grave como las dos anteriores: la letra de un rap se compone de varios versos, no de prosa. Convertir al verso en prosa, romper la rima y el ritmo y lo transforma en un texto plano, como si fuera la lección magistral de una catedrático de obstetricia.

Esta manipulación conduce a una paradoja: todos hablan del derecho a la libertad de expresión, pero nadie cae en la cuenta de que el rap no sólo es eso sino mucho más, una creación artística y, por lo tanto, lo que ahora está en juego es el rap mismo, un estilo musical cuya supervivencia pende de un hilo a causa de la censura y con la complicidad de los músicos domesticados que nunca levantan la voz.

4 La cuarta manipulación deriva de la anterior: cuando un cretino que -lamentablemente- tiene la sartén por el mango convierte un verso en un texto que se lee sobre el papel, vuelven a ocurrir otras dos cosas paradójicas: o bien el cretino hace una interpretación literal del texto, o si eso no le resulta favorable, entonces hace una interpretación indirecta o metafórica.

El caso es que el resultado tiene que ser el esperado: el rap es delito. Para ello podemos interpretar los textos de tal manera que ocurra así siempre.

Una de las grandes virtudes del rap es que ha reverdecido el viejo arte de la retórica, una disciplina apolillada desde hace dos siglos que enseña a exponer un tema tanto como a “leerlo” después.

Pues bien, resulta que lo que los jueces y periodistas juzgan y analizan no es ninguna canción, como ellos creen, sino su propia interpretación de la misma. Se juzgan y analizan a sí mismos porque cualquier otro es capaz de hacer una interpretación diferente.

5 La quinta manipulación es el truco más viejo del mundo que los periodistas practican desde siempre: extractar versos sueltos de un tema, un poema o una canción. Se aíslan unos versos de otros y se sacan de contexto porque de esa manera lo blanco parece negro y lo negro blanco.

La selección no es aleatoria ni inocente: hay que coger los versos más rotundos, más contundentes, más hiperbólicos, como esa amenaza de ponerle a alquien un arma de destrucción masiva en el culo. Hace falta ser un cínico redomado para sostener que ese tipo de versos son capaces de infundir miedo a alguien.

6 La sexta manipulación consiste en recomponer de nuevo las piezas del rompecabezas. Es muy fácil. Basta con poner a unos versos al lado de otros. Así unos versos ayudan a interpretar a los otros, aunque pertenezcan a un tema distinto.

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