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El feminismo según una negra… musulmana

Ndella Paye
Ndella Paye

Hace algunos días, una compañera en clase de inglés, en Londres, respondía a la pregunta: “Si tuvieras una varita mágica, ¿qué te gustaría ser?” Respuesta: “Un hombre”. Porque, nos ha dicho, los hombres tienen una vida mucho más fácil…

Me he preguntado mucho por qué no está orgullosa de ser mujer. He terminado por comprender que no era cuestión de orgullo, sino solamente un deseo de tener una vida más apacible, un poco de descanso en un mundo sin reposo para las mujeres que somos. Hace años que lucho por la igualdad hombre/mujer, a todos los niveles de lo que me caracteriza; lo primero, en tanto que mujer en un mundo patriarcal, dominado por los hombres. Siempre he estado orgullosa de ser mujer, y nunca he querido ser un hombre por nada del mundo, ni siquiera por un poco de reposo, pero si que comprendo que una mujer pueda estar tan fatigada de su vida y de su condición de mujer que pueda llegar a desear ser un hombre.

Yo me definía en 2003 como feminista a secas, sin adjetivo: estamos dominadas por todos los hombres sin distinción, cualesquiera que sean las creencias o el color de piel. Pero rápidamente me di cuenta de que ser feminista a secas podía fácilmente llegar a fundamentarse en el “universalismo” del feminismo blanco. Como mucho, se daba garantía a sus aberraciones negativas de nuestras especificidades, y puestos en lo peor, nos alienábamos. De todas maneras, desde 2004, basta ser visiblemente musulmana para quedar excluida de oficio del feminismo “tout court”. Para estas feministas a secas, o “feministas universales”, ser visiblemente musulmana significa ser sumisa a un hombre por lo menos, y cuando una mujer que lleva el velo está sometida a un hombre, no tiene el derecho de participar en la lucha por la liberación. Hay que dar la vuelta a su sumisión y librarse de ella a lo grande: ninguna solidaridad con las que se definen como sumisas, solamente desprecio, condescendencia, rechazo.

Por lo tanto tuve que añadir un adjetivo a mi feminismo, definiéndome ahora como feminista islámica. Porque me he dado cuenta de que en el interior del Islam los hombres musulmanes dominan a las mujeres justificando su dominación en el Corán. Ha sido necesario emplear otra estrategia; seleccionar textos de las escrituras se convertía en algo esencial para reivindicar la igualdad hombre/mujer. Era urgente armarse teológicamente para usar las mismas armas y poder al menos debatir, ser escuchada. Me oía a mí misma decir que más que iguales éramos complementarias. Era la misma complementariedad esgrimida en otros lugares, entre ellos otros lugares sexistas, no musulmanes, y que consistía en asignar bizarramente a las mujeres los mismos papeles inmutables y exclusivos de esposas y de madres. Claro, no estamos en la misma categoría deportiva en los Juegos Olímpicos. Si quieres igualdad, me decían, corre como los hombres.

Déjenme recordar de pasada que los hombres que me salían con esto no corrían como los atletas de los JO.OO. Comprendí rápidamente que el que quiere dominar encuentra siempre un texto en algún sitio, en la religión o en otra temática (ciencias naturales, textos legales) para justificar su necesidad de estar por encima, de ser venerado, porque está detrás de dios, o casi a su nivel. Lo cual, desde mi punto de vista de feminista islámica, vuelve a ofrecer al dios verdadero su status de Ser único digno de adorar, cayendo en el pecado del asociacionismo (consistente en asociar el hombre a dios), el más grave de los pecados, el único que dios no perdona. En resumen, como escribía Simone de Beauvoir en otro contexto (también sexista), las mujeres deben construirse y evolucionarían lastradas por estos “dioses con rostro humano” que son… ¡los hombres!

En fin, tras algunos años, me he definido más bien como afro-feminista, porque siendo negra y marchando junto a mujeres negras como yo, he comprendido que me situaba en el cruce de muchas dominaciones, sin por ello abandonar mi feminismo islámico. Ahora, las dominaciones y las discriminaciones que he sufrido a causa del color de mi piel se contemplan teniendo en cuenta mi análisis del sistema patriarcal. En mi comunidad musulmana se me repetía sin cesar que el color de piel no era importante, porque el día del juicio final, dios solamente mirará los corazones. Salvo que aquí abajo, los hombres y las mujeres ven los colores muy claramente, y actúan en función de ellos. Por lo tanto, tuve que resistir y no negar lo que yo era: una mujer negra musulmana.

Estructurar no es simple ni cuando no hay más que dos cosas que cuadrar. Pero ¿cómo llegar a ello cuando hay multitud de conexiones que hacer? Tengo que combatir el sexismo de los hombres blancos y la islamofobia de los hombres y mujeres blancos y blancas. ¡También tengo que luchar contra el sexismo de los hombres musulmanes, y contra la “negrofobia” de los hombres y mujeres árabe-musulmanes y de los blancos! Al mismo tiempo, lucho contra la jerarquía de colores, el colorismo, en el interior de mi comunidad negra porque yo soy oscura, y contra la “misoginegra”, misoginia que sufrimos en tanto que mujeres negras por parte de los hombres blancos, pero también de los hombres negros. En resumen, nuestras vidas de mujeres comprometidas son políticas y no tienen descanso. No se nos evita nada, y comprobarán que no he tocado la violencia de clase, la pobreza material, que puede hacer de nuestras vidas realmente un infierno.

Lo mejor para el final. Siendo los musulmanes los chivos expiatorios del momento, y especialmente las mujeres musulmanas en particular, puede añadirse a la “misoginegra” y a otras agresiones, lo que yo llamaría la “misoginoislamofobia”. La palabra aún no existe pero nada me impide inventarla para definir el desprecio y el odio hacia las mujeres musulmanas en general, especialmente cuando lo son de manera ostensible, como se dice.


Es cierto que el desprecio por las mujeres musulmanas que llevan el velo no es un dominio reservado solo a los hombres. Este odio puede incluso ser más virulento cuando procede de las feministas a secas, y se sufre mucho más dolorosamente, créanme, porque se espera una solidaridad de género. Cuando la misoginia es reforzada y apoyada por mujeres (mejor dicho, por feministas), es mucho más violento.

Tengo, pues, la impresión de que el 8 de marzo no consigue aflorar toda esta complejidad de mi vida de mujer negra visiblemente musulmana. Tengo la impresión que hace falta que me divida en 1000 pedazos para conseguir luchar contra todas estas violencias, discriminaciones, dominaciones, fragilidades. Peor aún, no consigo encontrar un lugar adecuado en donde llevar todas estas luchas, todas igual de importantes para mí. Me queda la pluma para expresar lo que padezco, mi sufrimiento. Tendrá el mérito de permitirme vaciar mi carga y también dejar pistas, y, quien sabe, hacer reflexionar y al mismo tiempo reconfortar a todas aquellas que se reconozcan en estas palabras.

No os equivoquéis: esto no es un abandono de la lucha, ni siquiera una queja, aunque tenga todo derecho a ello. Christine Delphy lo decía un día: “Nunca he creído que el feminismo fuera a cambiar mi vida, me ha permitido darle un sentido”. Estas palabras de Christine me han ayudado a superar las pretensiones y esperanzas un poco desmesuradas de que mi vida, o incluso la de mis hijas, se vea revolucionada por mis combates, y a comprender que estos combates tienen por sí mismos el mérito de dar sentido a mi vida. Lo que, a la vista del violento sistema al que debo enfrentarme, no está tan mal.

No podría acabar sin aportar todo mi apoyo a mis compañeras y hermanas de lucha Rokhaya Diallo, Sylvie Tissot (de Les Mots Sont Importants) y Sarah Benichou (por el Colectivo 8 mars pour toutes), atacadas judicialmente por la actual alcaldesa del distrito XX de París, ¡que quiso “apagar” el 8 de marzo anterior desprogramando debates organizados en torno a la película “Je ne suis pas feministe, mais…”, de los hermanos Tissot, debates en los que yo debía participar! La señora Calandra (nombre de la alcaldesa) formó parte de los que colgaron el “Je suis Charlie” en la fachada de la alcaldía, invocando a pleno pulmón la “libertad de expresión” frente a los “extremistas”, pero no ha dudado en censurar un debate feminista sobre el 8 de marzo. Ah si, parece incluso que los gastos judiciales pueden ser pagados por los contribuyentes, si Su Alteza Calandra tiene la impudicia de hacer votar su acusación en el consejo de París… Pero la movilización comienza a dar frutos, y los electos parisinos se han comprometido a oponerse.

¡Feliz 8 de marzo, y viva la libertad de expresión en el país de Charlie!

Fuente: http://lmsi.net/misogynislamophobie

‘El harén fue una escuela que preparaba a las mujeres para la vida’

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la mujer del presidente turco, Emine Erdogan, dijo que los harenes otomanos fueron una “escuela que preparaba a las mujeres para la vida”. Sus declaraciones recorren las redes sociales turcas estos días.

“El harén era una escuela para los miembros de la dinastía otomana y un establecimiento escolar para preparar a las mujeres para la vida”, declaró Erdogan en una intervención pública en Ankara ante las cadenas turcas de televisión.

Por su parte, su marido, el presidente, ha declarado que “la mujer es, ante todo, una madre”.

En tiempos del Imperio Otomano, el harén reunía a las cortesanas del sultán. Las mujeres del harén, confidentes, favoritas y esclavas sexuales, recibían educación literaria, artística o práctica sólo por el exclusivo placer del sultán, de las que ellas eran una de tantas propiedades.

Las más diestras se convertían en en personajes influyentes, una parte del poder político inmersa en un mundo de intrigas que fueron el venero de infinidad de relatos y novelas.

La familia Erdogan componen un retrato exacto de la actual burguesía turca, a medio camino entre la reacción islámica más frenética y los negocios más turbios. El AKP, el partido gobernante de Erdogan, ha convertido al islam en una moda, donde cada vez más mujeres portan unos velos de diseño, coloridos al más puro estilo “fashion”, con el maquillaje, el perfume y la barra de labios.

Como buena musulmana, Emine Erdogan es madrina de numerosas asociaciones, tanto de mujeres como de beneficencia. Nunca ha ocultado su admiración por el Imperio Otomano, desaparecido hace sólo 100 años tras la Primera Guerra Mundial.

“En tiempos de Murad III [sultán turco del siglo XVI] los únicos objetos que no podían entrar en un harén eran los libros”, recuerda una universitaria, Özlem Kurumlar, en su cuenta de Twiter.

Una comunista es la primera presidenta de la República de Nepal

La nueva Constitución de Nepal establece la República por vez primera y por vez primera el Parlamento eligió ayer a una mujer comunista, Bidhya Devi Bhandari, como Presidenta.

Son decisiones históricas en un país que hasta hace pocos años era una autocracia medieval en donde el rey era considerado como una entidad más divina que humana.

Bhandari ha sido diputada y ministra de Defensa. También es una dirigente del Partido Comunista Nepalí (Unificación Marxista-Leninista).

Es conocida en Nepal por ser la esposa de Madan Bhandari, un histórico dirigente comunista nepalí fallecido en un accidente de coche sospechoso en 1993.

De un total de 601 diputados, 327 han votado a favor de Bhandari, un 54,4 por ciento.

Por muchas razones, la elección es un vuelco radical en las ancestrales prácticas políticas de Nepal que ha llamado la atención del mundo entero.

Bhandari ha prometido a la prensa que iniciará negociaciones con los pueblos del sur del país que no aceptan la nueva Constitución.

El gobierno nepalí ha cerrado la frontera con la India y ha prohibido las manifestaciones en Terai y las regiones más meridionales del país.

En el Parlamento nepalí están representados 24 partidos políticos, de los que la mayor parte de ellos son locales y sólo hay tres de alcance general, entre ellos los que se autocalifican como comunistas, que son el referido Partido Comunista Nepalí (Unificación Marxista-Leninista) a la que pertenece Bhandari y los maoístas, que ganaron las elecciones ampliamente obteniendo el doble de escaños que cualquier otro.

A pesar de su nombre, el partido al que pertenece Bhandari es una organización nacionalista y reformista surgida en 1991 de la fusión de otros dos: el Partido Comunista de Nepal (marxista-leninista) y el Partido Comunista de Nepal (marxista).

Olga Benario, la vida heroica de una militante comunista

Olga Benario nació en Munich en 1908. Era hija de un abogado judío Leo Benario y de Eugénie Gutmann. Cuando tenía quince años ingresó en las Juventudes Comunistas y más tarde vivió en Berlín con Otto Braun, un escritor y militante comunista experimentado.

Ambos se destacaron en las luchas contra las bandas nazis de matones, hasta que fueron detenidos en 1927. Aunque ella fue liberada, Braun no, siendo acusado de «traición a la patria».

Un años después participó en el asalto a la prisión de Moabit, en pleno centro de Berlín, a punta de pistola, logrando liberar a Braun. Los persiguieron, las fotos de ambos circularon por toda la prensa alemana, se ofrecieron recompensas por pistas sobre su paradero, pero lograron fugarse a la Unión Soviética.

En 1931 se separó de Braun y se unió por un tiempo al oficial soviético B. P. Nikitin.

En la URSS se convirtió en oficial del Ejercito Rojo y recibió entrenamiento militar y político impartido por la Escuela Lenin en Moscú.

Participó activamente en la movilización de los sindicatos por el cumplimiento de los planes quinquenales.

En 1934 fue enviada desde Leningrado a Brasil por encargo de la Internacional Comunista, para apoyar la preparación de la insurrección. Viajó en compañía del dirigente comunista brasileño Luis Carlos Prestes, a quien el novelista Jorge Amado llama “El Cavaleiro da Esperança” en la extraordinaria novela “Los subterráneos de la libertad”.

Después se convirtió en su compañera y tuvo con él una hija, llamada Anita Leocadia.

En Brasil fundó la Alianza Nacional Libertadora, movimiento creado para preparar la insurrección contra el gobierno de Getulio Vargas. Fue un error. Ni Prestes ni la Internacional Comunista comprendieron el carácter nacionalista y progresista de aquel gobierno, y en 1935 promovieron la llamada “intentona comunista”.

El gobierno logró sofocarla y tanto Olga Benario como Prestes fueron detenidos. Pero Olga estaba embarazada y, poco después, fue entregada por el régimen de Getulio Vargas a la Alemania nazi.

Fue encarcelada primero por la Gestapo en la prisión de mujeres de Barnimstrasse, donde nació su hija, que por ser considerada brasileña, pudo ser reclamada por su abuela Leocadia. Con el avance del III Reich en Europa y el temor a que Anita volviera a caer en manos de los alemanes, Leocadia acompañada de su hija Ligia deciden trasladarse a México. Olga fue transferida al campo de concentración de Lichtenburg y luego al de Ravensbruck.

En la última carta que Olga le escribió a Carlos Prestes y a su hija se despide de ellos, con la certeza de que le quedaba poco tiempo de vida: «He luchado por lo justo, por lo bueno y por lo mejor del mundo… Quiero que me entiendan bien: prepararme para la muerte no significa que me rinda, sino saber hacerle frente cuando llegue».

En febrero de 1942, un poco antes de cumplir los 34 años, fue enviada al campo de exterminio de Bernburg, en donde fue asesinada en una cámara de gas.

Tanto en la antigua República Democrática Alemana como en el Brasil actual, muchas plazas y calles llevan su nombre. Fernando Morais escribió en portugués una biografía anovelada sobre la vida de Olga, llevada al cine en 2004.

Cuando Lenin se iba de putas

Sin ningún género de dudas, Lenin fue el personaje más importante del siglo pasado y uno de los más relevantes de toda la historia de la humanidad. Pero tampoco caben dudas acerca de que su atractivo reside en su actividad pública y en sus escritos. Fuera de sus batallas políticas, la vida personal es casi irrelevante, entre otras cosas porque la subordinó deliberadamente a su lucha revolucionaria.

Es algo que la burguesía no entiende porque su concepción de la vida, tanto de la pública como de la privada, es hedonista, naturalmente porque se lo puede permitir. Es una clase social que no duda si tiene que optar entre un revolcón en la cama y una tediosa reunión política.

En el terreno intelectual la burguesía tiene un punto de vista subjetivo de la historia, donde las biografías heroicas y su voluntad personal, desempeñan un papel decisivo. Convierte la historia en un apartado de la sicología, o algo peor: de la sicopatología.

Así lo entiende Helen Rappaport, profesora de la Universidad de Oxford, que en 2009 escribió una obra en la que hasta el título (“Conspirator: Lenin in Exile”) es engañoso porque no trata sobre un “conspirador”, ni tampoco de un exiliado, sino sobre un Lenin doméstico, en donde la vida íntima se reduce a la vida sexual.

Se trata de un libro de cotilleo sofisticado, pulcro y universitario. Demuestra que a la burguesía lo que le preocupa no es el ancho mundo sino algo que tiene bien cerca: la vida privada del vecino.

Una vez que introduce a Lenin entre las sábanas, Rappaport puede proceder al típico dualismo del hombre contra la mujer, en este caso Nadia Krupskaia. Naturalmente que la “historiadora” de Oxford pone de manifiesto un punto de vista de clase, el de la burguesía. Lo que se trata de saber son otras dos cosas: si, además, como mujer, pone de manifiesto también un punto de vista feminista y, finalmente, si algo de todo esto tiene que ver con la historia o sólo son chorradas en las que no merece la pena perder el tiempo.

Empezaré por el último punto, a partir del cual se explica todo lo demás. La “historia” que la burguesía escribe es una fábula. Por ejemplo, en una entrevista sobre su libro, Rappoport confesó sus fantasías disfrazadas de “historia” de la siguiente manera:

“Lenin tenía, estoy convencida de ello, una faceta sexual oscura, que ha sido completamente borrada de los archivos rusos. Estoy convencida que cuando vivía en París frecuentaba a las prostituídas; se encuentran indicios en las fuentes francesas, pero es difícil de probar”(1).

Les ocurre a todos los “historiadores” burgueses: están convencidos de algo pero no tienen pruebas de nada. Buscan pero no encuentran, aunque para ellos eso no es motivo suficiente para mantener la boca cerrada.

La pregunta que hay que hacerles a esos “historiadores” es la siguiente: si no hay pruebas de nada, ¿de donde surge su convencimiento?

Todo se aclara si tenemos en cuenta que, en realidad, sí hay pruebas, aunque los “archivos rusos” las han borrado, lo cual es normal en una dictadura como la soviética en donde todo se manipulaba para ocultar la verdad.

También hay que prestar atención al detalle de que “los rusos” no sólo alteraban la realidad de los acontecimientos para engañar a sus conciudadanos, sino que eliminaban, además, los documentos de los archivos, es decir, ese tipo de papeles que no se pueden leer inmediatamente pero se descubrirán en el futuro.

Pongámonos en situación. Imaginemos que los faraones egipcios (que también eran unos dictadores) hubieran hecho lo mismo con los jeroglíficos de las pirámides para ocultar su vida privada. La tarea de los historiadores resultaría casi imposible.

Lo mismo que los faraones, “los rusos” siempre han tenido la pretensión de engañar a las generaciones futuras, de manera que aunque se abran los archivos a la vista pública, no servirá de nada. Fueron tan previsores que todo lo borraron, lo corrigieron y lo alteraron, incluso los documentos en los que debe constar que Lenin se gastaba el tiempo y el dinero en recorrer los burdeles de París.

Los historiadores de la URSS no pueden fiarse de los archivos y documentos, como en cualquier otro trabajo historiográfico. Deben apoyarse en su olfato, como si fueran perros.

Hay otro aspecto escabroso de la vida privada de Lenin que los archivos de la URSS ocultan: que tenía una “doble vida” con la militante bolchevique Inés Armand, su amante.

Tampoco de eso hay ninguna prueba, pero si alguien se toma la molestia de hacer una búsqueda en internet encontrará las páginas llenas de este idilio romántico, otro “secreto de Estado” en la URSS y otra página borrada de la biografía de Lenin, dice la Wikipedia.

En este caso la desgracia no es tanto para Lenin como para Armand, que sólo es conocida por este episodio, no por su lucha revolucionaria. También aquí la burguesía tiene sus folletines universitarios, como el de Michael Pearson, titulado “Lenin’s Mistress” (La amante de Lenin). Armand es una revolucionaria sin individualidad, sin vida propia.

La trotskista Bárbara Funes empieza así un artículo sobre ella: “Injustamente, Inessa Armand es más conocida por los historiadores como amante de Lenin que como dirigente bolchevique. Lo cierto es que también fue amiga y camarada de Nadhezda Krupskaia, la compañera de Lenin y, lejos de las intrigas pasionales que algunos chismosos de la historia hubieran preferido, ésta –conociendo el amor que había nacido entre su compañero y su amiga– les ofreció hacerse a un lado. Sin embargo, el respeto y el cariño que tanto Inessa como Lenin le profesaban hicieron que resignaran una posible relación amorosa y mantuvieran, hasta la temprana muerte de Inessa, una intensa colaboración política revolucionaria” (2).

Funes incurre en el mismo vicio que denuncia: el chismorreo. No le importa que, como en todo lo demás que concierne a la historia de la URSS, no haya pruebas de nada de lo que dice. No son otra cosa que cotilleos de la burguesía feminista, que recorren luego las páginas de los basureros que los avalan, como Rebelión en este caso.

Tanto Rappaport como Funes comparten la misma ideología, que no es otra que la burguesa, porque es de ahí, de esa clase social, de donde procede la opresión de la mujer, no del hombre. Al mismo tiempo que alardea de “feminismo” y lamenta la invisibilidad de la mujer, es la burguesía la que reduce su papel al de esposa de alguien, amante de alguien, o hija de alguien.

(1) www.bookdepository/interview/with/author/helen-rappaport, esta página ha sido borrada de internet, a pesar de que no es soviética ni rusa.
(2) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=49611

La Reina Nanny (Negros, esclavos y rebeldes)

La parte más escondida de la historia de la esclavitud es la historia de las revueltas de esclavos. En los 300 años en los que los negros padecieron esclavitud protagonizaron 250 levantamientos, sin contar las fugas, los incendios, sabotajes, envenenamientos y otras formas de resistencia, entre las que hay que destacar los cursos clandestinos de lectura y escritura.

En 1598 los africanos crearon sobre el territorio actual de Brasil una república de Palmares sobre un territorio mayor que el de Bélgica. Los africanos tuvieron que defenderse de los ataques portugueses y holandeses hasta el siglo XVIII.

Desde 1642 existía en Florida, sometida entonces a la Corona española, una comunidad cimarrona (“maroon”) compuesta por negros fugados a la que un siglo después se unieron los indios seminolas que huían de las matanzas y el saqueo de las tierras de los colonos blancos. En 1816 la comunidad trató de convertirse en el Estado seminola afro-indio y lograron resistir la expansión de los colonos hasta 1842.

Como consecuencia de la resistencia en los asentamientos cimarrones, Jaimaica nunca pudo ser totalmente colonizada por los británicos. Una de las dirigentes de la lucha fue la Reina Nanny, más que una heroína, un personaje legendario y un símbolo nacional jamaicano. La mayor parte de lo que se conoce sobre su biografía procede de fuentes orales, transmitidas durante 300 años a través de generaciones.

Nanny nació en la tribu de los Ashanti, en el actual territorio de Ghana en 1686. Cuando era una niña los negreros la trasladaron a Jamaica y fue vendida como esclava en Saint Thomas Parish, una región próxima a Port Royal donde los esclavos trabajaban las plantaciones de caña de azúcar.

Sus hermanos Accompong, Cudjoe, Johnny y Quao pertenecían al mismo amo y se fugaron al mismo tiempo de la plantación. Nanny y Quao crearon una comunidad cimarrona en Portland Parish donde Nanny conoció a su marido, Adu.

Hacia 1720, Nanny y Quao llegaron a controlar la región de Blue Mountains, a la llamaron Nanny Town, un territorio de 2,4 kilómetros cuadrados que fueron ocupando los cimarrones que Nanny logró liberar de la esclavitud.

La comunidad cimarrona vivía de la agricultura, la ganadería y el trueque de alimentos por vestidos y armas. La zona, situada sobre un collado de 300 metros de altitud y junto aun precipicio, era estratégica y fácil de defender. Los centinelas avistaban la presencia de los negreros a distancia soplando un cuerno que cumplía las funciones de alarma. Hoy el soplo del cuerno, llamado “abeng”, es en Jamaica un símbolo de libertad en todas las fiestas.

Nanny fue una audaz estratega y dirigente militar de los cimarrones, precursora de la moderna guerra de guerrillas y de las emboscadas en la que los mercenarios de los esclavistas eran implacablemente aniquilados. En Jamaica se la conoce como la Reina Nanny.

Pero entre 1728 y 1734 la comunidad cimarrona fue atacada sistemáticamente por los negreros y las fuerzas británicas. En uno de esos combates cayó Nanny en 1733. El Diario de la Asamblea de Jamaica de 29 de marzo de aquel año mencionaba a un esclavo negro que combatió en la guerra contra los cimarrones, el Capitán Sambo, también conocido como William Cuffee, como modelo de esclavo leal: “Este buen negro ha matado a Nanny, la mujer rebelde”, dice la mención.

Tras la derrota, algunos cimarrones se suicidaron lanzándose por el acantilado. Otros fueron capturados vivos. Pero unos 300 pudieron huir y unirse a otra comunidades clandestinas, donde continuaron la lucha. El capitán Kojo (Cudjoe) se convirtió en el jefe militar de los clandestinos que, periódicamente, hacían incursiones por las plantaciones liberando a los esclavos, quemando los campos y ejecutando a los terratenientes, muchos de los cuales tuvieron que regresar a Inglaterra.

Lo mismo que Nanny, Kojo había sido capturado en la actual Ghana por negreros españoles, que le llevaron a Jamaica, donde nadie pudo nunca someterle. El gobernador Edward Trelawney tuvo que firmar un tratado de paz con él en 1793. Los negros se quedaron con sus tierras y crearon su propio gobierno. Desde entonces el 6 de enero los jamaicanos celebran una fiesta de homenaje a Kojo.

Los blancos nunca regalaron nada. Hasta 1833, después de grandes levantamientos de esclavos, no se abolió la esclavitud en Jamaica.

Haití fue el primer país en sacudirse la dominación colonial. De 1791 a 1804 Toussaint L’Ouverture dirigió una revuelta contra el colonialismo francés en la isla de Santo Domingo con Christophe y Dessalines. Su objetivo fue crear un Estado negro que fuera reconocido por los países del mundo. Toussaint L’Ouverture está considerado como el fundador del nacionalismo negro. Fue quien superó el aislacionismo característico de los negros cimarrones que trataron de refugiarse en quilombos o comunidades aisladas.

El movimiento fue aplastado en 1844 con la llegada de los españoles, que dividieron la isla en dos: Haití sometida los franceses y la República Dominicana a España y luego a Estados Unidos.

El movimiento de liberación se fue desarrollando en todo el mundo, incluso en Estados Unidos. El 7 de octubre de 1800 unos 1.000 africanos armados dirigidos por el general Gabriel Prosser marcharon hacia Richmond, en Virginia. Se convirtió en una fecha simbólica para el movimiento de los afro-americanos en Estados Unidos.

Los blancos respondieron de la manera acostumbrada, con la represión y la organización de milicias paralelas. Prohibieron a los negros salir entre las 6 horas de la tarde y las 6 de la madrugada. A su vez la represión condujo a que el movimiento negro adoptara la violencia como forma de respuesta. Los esclavos empezaron a apoderarse de las armas de fuego y aprender su manejo.

En 1831, durante una segunda oleada abolicionista, David Walker, un esclavo liberto, plantea una propuesta de la Sociedad Americana de Colonización, que quería devolver a los negros a un nuevo Estado, Liberia, que se crearía en el noroeste de África. El Estado estaría compuesto por negros que tendrían su propio gobierno negro. Es una “alternativa” que, sobre todo, mucho blancos no ven con malos ojos. En el fondo no es otra cosa que segregacionismo y dejar a Estados Unidos sólo con los blancos.

Jamaicano soplando el “abeng”

La violación como arma de guerra

El gobierno de la República Democrática de Congo ha prohibido la distribución de una película sobre el doctor Denis Mukwege, que ha dedicado su vida a la lucha contra las violaciones, que en África se utilizan como arma de guerra.

La película, realizada por el director belga Thierry Michel y titulada “The Man Who Mends Women”, relata los esfuerzos del ginecólogo por ayudar a las mujeres que han sido víctimas de violaciones cometidas por los casos azules de la ONU, miembros de las fuerzas armadas y las milicias.

La guerra en la República Democrática del Congo terminó formalmente en 2003, pero el conflicto armado continúa, sobre todo al este del país. Un estudio de 2011 del American Journal of Public Health estima que 400.000 mujeres de entre 15 y 49 años fueron violadas en un periodo de 12 meses entre 2006 y 2007. Un millar al día. 45 cada hora.

El gobierno congoleño sostiene que la película perjudica la reputación del ejército y del país, que ya ha sido bautizado como “la capital mundial de las violaciones”.

En Bukavu, en la región de Kivu del Sur, Mukwege fundó hace 16 años el hospital Panzi, en el que han sido tratadas 42.000 mujeres y niñas que han sido violadas, muchas de ellas, por varios hombres a la vez.

“Esta es un arma de guerra aún peor que las convencionales. La mujer no solo es violada, sino que a menudo lo hacen varios hombres al mismo tiempo, delante de su comunidad y de su familia, de su marido y sus hijos. La deshumanizan. Y destruyen sus genitales. Disparándoles. Con productos químicos. Quemándolas. Usando plástico hirviendo”, cuenta el ginecólogo.

En 2012 pronunció un discurso ante la ONU en el que dijo: “Me encantaría decir que tengo el honor de representar a mi país, pero no puedo. De hecho, ¿cómo puede uno estar orgulloso de pertenecer a una nación sin defensa, abandonada a sí misma, completamente saqueada e impotente frente a 500.000 de sus niñas violadas durante 16 años; seis millones de sus hijos e hijas asesinados durante 16 años sin una solución duradera a la vista?”

Meses después, sobrevivió a un intento de asesinato. Su familia fue retenida a punta de pistola hasta que él llegó a casa. Le esperaban cuatro hombres. Aún no sabe cómo, pero logró esquivar los disparos que, sin embargo, alcanzaron a un trabajador. Decidió escapar a Bélgica. Tras unos meses, optó por volver. “Quiero que las mujeres dejen de ser un campo de batalla. Y quiero que la siguiente generación esté libre de esta lacra. Si no lucho hoy, todo esto será imposible”.

La inolvidable biografía de Harriet Tubman

La biografía de Harriet Tubman es la de todos los explotados y la de quienes lucharon contra la explotación. No se pudo recuperar hasta el estallido del movimiento negro en los años sesenta. Su nombre clandestino era “Moisés”, la figura mitológica del “Ferrocarril Clandestino”, la ruta Ho Chi Minh de los negros del sur de Estados Unidos en tiempos de la esclavitud. Sus viajes furtivos a los Estados esclavistas para liberar a las mujeres y los niños la convirtió en un icono de los movimientos negros de liberación.Su nombre originario fue Araminta “Minty” Ross y nació en 1822 en la plantación propiedad de Anthony Thompson en Maryland. Fue la quinta de 9 hermanos de Harriet “Rit” Green y Ben Ross, dos esclavos pertenecientes a dos familias distintas. Su padre Ben estaba al servicio de Anthony Thompson, un rico terrateniente viudo, mientras que “Rit” al de Edward Brodess, yerno del anterior.

Entre 1822 y 1824 Brodess obtuvo la propiedad de los niños esclavos de la familia, entre ellos la de Minty, vendiendo luego varios de ellos, rompiendo la unidad de la familia Ross. Desde los seis años de edad Minty fue alquilada para trabajar al servicio de varios propietarios, entre ellos la familia Cook. Una de las labores que le encomendaron fue la de atrapar las ratas que había en la plantación una parte de la cual era pantanosa. Para cazarlas debía sumergirse en las aguas, a veces heladas en invierno, por lo que enfermó gravemente.

“Dormía en el suelo, junto al fuego, y lloraba sin parar. Me preguntaba s era yo la única que entraba en casa y me metía en la cama de mi madre. Era extraño porque ella nunca tuvo cama. Sólo una tabla de madera clavada a la pared con paja por encima”, contó luego Minty.

Miss Susan, su dueña, estaba convencida de que a los esclavos había que azotarles regularmente con un látigo. Aquella esclavista brutal golpeaba a Minty en la cabeza, en la cara y el cuello. Al llegar a vieja, aún conservaba las cicatrices. Por lo demás, el trabajo era tan brutal como la vida. De adolescente una viga de hierro le fracturó el cráneo.

En una ocasión un vigilante le pidió ayuda para capturar a un negro fugitivo llamado Barnett y la joven se negó. Aunque Barnett logró huir, el vigilante le lanzó una pesada piedra, que en su trayectoria golpeó a Minty en la sien. Le volvieron a fracturar el cráneo, la llevaron ensangrentada e inconsciente a la mansión, pero como no había cama para tenderla, la pusieron sobre una tejedora, en la que permaneció dos días sin ninguna clase de cuidados médicos.

Aquel incidente cambió su vida y su carácter. Los dolores de cabeza ya nunca le abandonaron. Padecía frecuentes desvanecimientos y en medio de una conversación se dormía, aunque luego despertara de nuevo y continuara la charla. Otras veces no había manera de reanimarla.

Desde entonces las visiones, los sueños y la religión ocupó un lugar importante en la vida de Minty. Se convirtió en una mística. Rezaba frecuentemente y empezó a ayunar todos los viernes. Aunque pertenezcan a la misma secta metodista, el dios de los negros no era el de los blancos. El paraíso de estos estaba en el cielo; el de los anteriores estaba en la tierra.

Los metodistas negros se escinden de los blancos y en las iglesias son las predicadoras negras, como Lerena Lee, Maria Stewart o Sojourner Truth, las que empiezan a tomar la palabra para hablar de explotación y de liberación. Una pastora de Filadelfia, Zilpha Elaw, predica: “Cristo ha enviado a la mujer para anunciar al discípulo Pedro que ha regresado de entre los muertos”.

En febrero de 1831, tras negarse a comer, una joven esclava llamada Henny es golpeada y se revuelve lanzando jabón a los ojos de su dueña. La mata, la corta en pedazos con un hacha y luego esconde los restos en un armario. Unos meses después la ahorcaron en Cambridge, pero las peores pesadillas para los blancos no acabaron: una sedición dirigida por Nat Turner, un esclavo iluminado, mata por noche a los blancos a todos los blancos que puede, cuando dormían plácidamente. A Turner le ahorcan el 11 de noviembre en Virgina. Su cuerpo fue desollado, decapitado y troceado.

Entre 1830 y 1840 Minty trabaja para un constructor de barcos. En 1844 se casa con un hombre libre, un mulato llamado John Tubman, de quien toma el apellido. También aprovecha para ponerse el mismo nombre que su madre.

En 1849 su dueño Brodess muere a los 47 años de edad. Como ha dejado numerosas deudas, corre el riesgo de ser vendida a otro esclavista, por lo que huye de noche, abandona a su marido y conquista su libertad. Se instala en Filadelfia pero viaja frecuentemente a Maryland para liberar a su familia y amigos. Era muy extraño que un liberto se atreviera a viajar a zonas en las que los esclavistas les pudieran reconocer, capturar, azotar y, finalmente, ahorcar.

En Maryland logró liberar a unos 70 esclavos que huyen de la esclavitud por el llamado Ferrocarril Clandestino, una vía de escape que les trasladaba lejos del alcance de los esclavistas. Según censo de esclavos de 1850, la mayor parte de las fugas de esclavos se produjeron en Maryland. Los viajes se organizaron por medio de comunicaciones secretas que sólo un círculo muy reducido de negros conocían.

Los viajes eran de casi 150 kilómetros que se hacían de noche y a pie, por lo que podían prolongarse entre cinco días y tres semanas. Otros eran mucho más largos y acababan en Canadá. Para defenderse de los cazadores de esclavos y de sus perros, Harriet llevaba un revólver y no le asustaba tener que utilizarlo. En una ocasión contó la historia de que escapando con un grupo de esclavos, y cuando la moral estaba baja por la dificultad de las adversidades, uno de los hombre insistió en regresar a la plantación. Le apuntó con la pistola y le dijo: “Continúa o te mataré”. Días después el hombre se encontraba entre los que alcanzaron a llegar a Canadá.

El padre de Harriet, Ben Ross, logró huir en 1840. Tuvo una gran influencia sobre su hija y, una vez liberado, se convirtió en un militante del Ferrocarril Clandestino. Le capturaron en 1857 y su hija tuvo que regresar a Maryland para salvarle la vida. Logró llevarles hasta Canadá.

La habilidad de Harriet para viajar por los Estados esclavistas sin ser detectada siempre ha sido un ejemplo de clandestinidad y buena organización. Un blanco abolicionista como John Brown se interesó por la red de evasión que Harriet había puesto en pie. La Brown llamaba “general Tubman”. A su vez, Harriet apoyó su plan para crear un nuevo Estado con los negros que iban siendo liberados. Brown era partidario de utilizar la lucha armada y organizar un levantamiento general de los esclavos. En 1859 se apoderó de un arsenal en Harpers Ferry, Virginia, pero fracasó y fue ahorcado.

Durante la guerra civil, Harriet viajó a Carolina del sur, donde se trabajó para el espionaje unionista como cocinera, enfermera y exploradora.

En 1860 se trasladó de nuevo a su tierra natal para liberar a su hermana Rachel y a sus hijos Ben y Angerine, lo que finalmente pudo lograr después de varios intentos, cuando su hermana ya había muerto. Fue su última expedición liberadora.

Tras la guerra civil se estableció en Fleming, en el Estado de Nueva York, convirtiéndose en una dirigente del movimiento negro. Acogió en su casa a decenas de huérfanos, antiguos esclavos miserables. Hasta su muerte en 1913, ya muy anciana, jamás abandonó la lucha, ni la lectura. En Estados Unidos el movimiento negro la recuerda cada 10 de marzo, aniversario de su fallecimiento.

En Estados Unidos muchas organizaciones, sobre todo de mujeres negras, han seguido su ejemplo de lucha y llevan su nombre con orgullo.

En 1978 con su biografía se rodó la miniserie de televisión “Una mujer llamada Moisés” (A Woman Called Moses), basada en la novela de Gloria Naylor:

Primera parte:
https://www.youtube.com/watch?v=LndJrZcEKto
Segunda parte:
https://www.youtube.com/watch?v=emudKsEvdpo

El pendón que reinó en España

Juan Manuel Olarieta

Maria Luisa de Borbón y Parma fue Reina de España gracias a que con 14 años de edad se casó con su primo Carlos IV. Entre los siglos XVIII y XIX se convirtió en una pieza fundamental de la Corte madrileña. Su marido el Rey Carlos IV era un vago al que sólo le gustaba cazar. Lo demás, incluidos los asuntos públicos, le importaba una mierda, así que fue Maria Luisa quien se puso al timón de la monarquía española.

Como buena Reina, una de las tareas en la que puso más empeño fue la de engendrar descendencia que garantizara la continuidad de la Corona española. En total María Luisa tuvo 24 embarazos, de los que nacieron 14 hijos vivos, dos de ellos gemelos, y otros 11 abortos. Por lo tanto, pasó una gran parte de su vida embarazada, lo cual es lógico: la función de una Reina es esencialmente reproductiva. Consiste en parir.

No obstante, tuvo dos problemas. El primero fue que sus hijos fallecían durante la infancia. El otro era que ninguno era del Rey, su primo. Durante su exilio Maria Luisa informó a su confesor, Fray Juan de Almaraz, que “ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España.

El más conocido de los amantes de la Reina fue su guardaespaldas, Manuel Godoy, a quien nombró consejero privado y en 1792 Primer Ministro. En su testamento, Maria Luisa no dejó su fortuna a sus hijos, entre ellos el Rey, sino a su amante porque para una Borbón el amor de verdad nunca fue el de su familia, Borbones como ella, sino el que se intercambia entre las sábanas.

El futuro rey Fernando VII no nació hasta 1784. Al enterarse de que no era hijo de su padre, encerró al fraile Juan de Almaraz en el castillo de Peñíscola, donde murió para que no trascendiera que la dinastía borbónica se había acabado.

El Rey, pues, no era hijo de su padre, lo que en una monarquía es un problema muy serio. Quizá precisamente por ello, en 1808 Fernando VII dio un golpe de Estado contra el Rey. A Maria Luisa aquello le pilló en medio. Con el Rey no tenía ninguna relación, ni como marido ni como primo. Pero con su hijo tampoco, así que tuvo que exiliarse (llevándose las joyas de la Corona) cuando el golpista se hizo con el poder y desde Francia utilizó sus artimañas monárquicas para que Godoy, su amante, pudiera salir de la cárcel.

La Reina hablaba sin abrir apenas la boca porque perdió casi toda su dentadura y utilizaba una prótesis postiza, que alguna vez sacó de la boca en medio de la más glamurosa cena de gala. Aquellos dientes podridos eran una metáfora de la propia monarquía española, justo cuando al otro lado de los Pirineos la guillotina segaba los pescuezos de la francesa.

En las tabernas de Madrid la pareja real siempre fue el hazmerreir de todos: el Rey era el primo (en el más amplio sentido de la palabra). ¿Veía los cuernos de los ciervos que cazaba pero no los que llevaba sobre su cabeza? Por su parte, la Reina era un pendón, lo cual era peor aún. Siempre fue conocida por su colección de amantes, lo cual entonces no estaba bien visto, sobre todo en una Corte provinciana y cotilla como Madrid. El gran poeta Espronceda la calificó como “la impura prostituta”.

Las cofradías de Semana Santa llaman “simpecado” a sus pendones, pero en aquellos tiempos no había mayor pecado que ser un pendón, una condición asociada exclusivamente a la mujer promiscua.

Sin embargo, Maria Luisa no era una puta por su promiscuidad. Todo lo contrario. Fue una adelantada a su tiempo, una heroína. Fue una puta porque fue Reina. Al fin y al cabo el papel de una Reina es el de procrear, para lo cual -en aquellos tiempos- era necesario el contacto sexual. Para cumplir exactamente con lo que se esperaba de ella, Maria Luisa tuvo que llevar una doble vida. Nunca hubiera podido tener descendencia -y sostener la monarquía- con un Rey con el que carecía de intimidad.

Más que un pendón, Maria Luisa fue una mujer “pública” en el más amplio sentido de la palabra. La fulana es la monarquía, que lleva siempre una doble vida. Es la hipocresía misma. La realeza compra, vende y alquila mujeres por puros intereses políticos. La vida privada y la intimidad van por otros derroteros.

La ablación de clítoris afecta a medio millón de mujeres en Estados Unidos

Jaha Dukureh sufrió en carne propia los efectos atroces de la mutilación genital femenina. A ella, que ahora vive en Estados Unidos, se la practicaron en Gambia cuando era bebé. Su hermana murió desangrada tras soportar el mismo procedimiento. Lo que se le hizo a Dakureh se llama “infibulación”: se extirpan el clítoris y los labios, y se sella la vagina para asegurarse de que la niña llegue virgen al matrimonio.

Antes de la visita del presidente estadounidense, Barack Obama, a África, entre el 24 y el 28 de julio, Dakureh, actualmente es una ferviente activista contra la mutilación genital femenina, urgió al mandatario a “desempeñar un rol histórico en la lucha” para eliminar este flagelo.

“Aunque los orígenes de la mutilación genital femenina son antiguos y previos a la religión organizada, hay una cosa sobre la que tenemos certeza: su propósito es controlar la sexualidad femenina y reducir la humanidad de las mujeres”, escribió en un poderoso artículo para el periódico británico The Guardian.

En los últimos 15 años, la cantidad de mujeres y niñas en riesgo de ser sometidas a esta práctica en Estados Unidos más que se duplicó, alertan organizaciones de activistas, reclamando medidas más enérgicas para impedir esta violación a los derechos humanos.

Según datos del Buró de Referencia Poblacional, una organización independiente con sede en Washington DC, 506.795 niñas y mujeres en Estados Unidos fueron sometidas a esta operación o corren riesgo de serlo.

“Es importante que este asunto deje de ser un tabú”, dijo Paula Kweskin, abogada experta en derechos humanos en diálogo con IPS. Ella produjo la película documental “Honor Diaries” (Los Diarios del Honor), que aborda el problema de la ablación femenina. “Es necesario que se debata a todos los niveles, para que pueda abordarse y erradicarse. Cuando se lo barre bajo la alfombra, mujeres y niñas son revictimizadas por el silencio y la inacción”, añadió. “Políticos, médicos, policías, maestros y líderes comunitarios, todos tienen un rol que cumplir en garantizar que las niñas puedan recibir la ayuda que necesitan y merecen. No hay excusas para este tipo de abuso”, declaró Kweskin.

Entre las 10 principales áreas metropolitanas donde mujeres y niñas corren mayor riesgo de sufrir mutilación genital femenina figuran Nueva York, Washington Minneapolis-Saint Paul.

El Buró señala que esta práctica, que conlleva la remoción parcial o total de los genitales externos de niñas y mujeres por motivos religiosos, culturales u otros, no médicos, tiene devastadores efectos sanitarios y sociales, tanto inmediatos como a largo plazo, especialmente los relativos al dar a luz. La mayoría de las niñas en riesgo viven en África subsahariana. En Yibuti, Guinea y Somalia, por ejemplo, nueve de cada 10 adolescentes de entre 15 y 19 años sufrieron mutilación genital. Pero la práctica no se limita a los países en desarrollo.

Un informe divulgado en julio por la Universidad de la Ciudad de Londres y la organización Igualdad Ahora estima que 137.000 mujeres y niñas padecieron la ablación en Gran Bretaña.

En Estados Unidos, según el Buró, los esfuerzos por impedir que las familias envíen a sus hijas al exterior para que allí las sometan a esta tradición (en lo que se conoce como “corte de vacaciones”) dispararon la aprobación de una ley en 2013 que vuelve ilegal transportar a una niña fuera del país a sabiendas de que el fin del viaje es mutilar sus genitales.

“Urgimos a Estados Unidos a brindar una actualización pública sobre sus planes para garantizar que todos los esfuerzos por erradicar la mutilación genital femenina sean sostenibles y apoyados con financiamiento y alentando los esfuerzos del Estado a tal fin en los ámbitos locales”, dijo el mes pasado la directora de políticas de Igualdad Ahora, Shelby Quast.

La población estadounidense “no quiere pensar que esto ocurre aquí. Pero sus hijas pueden estar sentadas junto a una mejor amiga que puede estar siendo sometida a un procedimiento cultural violento”, señaló a la Radio Nacional Pública. “Si les cortaran la nariz o la oreja —algo que todos pudieran ver—, la respuesta sería otra. No podemos continuar escondiendo esto”, enfatizó.

El Congreso legislativo de Estados Unidos ya había aprobado en 1996 una ley que ilegalizaba practicar mutilaciones genitales femeninas, y 23 estados poseen leyes contra esta costumbre, que ha aumentado en parte por la mayor inmigración desde países donde es prevalente, especialmente en el norte de África y en la región subsahariana.

Según el Buró, entre 2000 y 2013 la población africana nacida fuera del continente se más que duplicó, pasando a 1,8 millones. Apenas tres países de origen (Egipto, Etiopía y Somalia) representaron 55 por ciento de todas las mujeres y niñas estadounidenses en riesgo en 2013.

“Esta es una práctica bárbara y completamente innecesaria, que causa daños físicos y psicológicos devastadores para incontables niñas y mujeres en Estados Unidos y países de todo el mundo”, dijo Raheel Raza, presidenta del Consejo para los Musulmanes que Enfrentan el Mañana.

Esta activista por los derechos humanos es una de las mujeres musulmanas que aparecen en el documental “Honor Diaries”, que rompe el silencio sobre la mutilación genital y otros abusos contra mujeres y niñas.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2015/08/medio-millon-de-ninas-en-peligro-de-mutilacion-genital-en-eeuu/?

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