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Exigencias, beneficios y peajes de la vía penitenciaria

Jon Iurrebaso Atutxa
ex preso político vasco de ETA

Hemos venido hablando estos días (*) de las características del concepto histórico, en términos políticos, del preso político vasco. También del concepto de arrepentimiento y de la total sumisión al enemigo que ello comporta. De la pérdida de identidad que acarrea y del perjuicio que todo ello conlleva para la liberación nacional y social del pueblo trabajador vasco.

Hoy vamos a tratar de concretar de una manera práctica lo que la sumisión al enemigo que nos ocupa y oprime comporta. Bien sea dicha sumisión por convencimiento político o por interés exclusivamente personal y con el objetivo de conseguir beneficios personales e individuales. Lo que a continuación relataremos son algunas cuestiones que el estado exige para obtener algún beneficio, repetimos, personal.

En primer lugar el estado exige un total sometimiento a su política penitenciaria en toda su extensión. Eso en la cárcel supone impunidad sin límites para nuestro enemigo. Es decir, exige el cumplimiento de todas las órdenes impartidas a los presos.

Esta cuestión afecta a los presos sociales como a los presos políticos. Las órdenes se cumplirán aunque éstas sean vejatorias. Se ordenarán para constatar la sumisión. Se efectuarán para destruir la personalidad del preso y su condición y posición política, en este caso, la de los presos políticos vascos.

Serán  ordenadas para que cada preso actúe únicamente por y para su beneficio personal. En el caso de los presos políticos vascos se exigirá una constante demostración práctica de la ruptura de los lazos políticos con el resto de presos políticos vascos en concreto y presos políticos en general (**).

Para el que se someta a su política penitenciaria será una constante el silencio ante cualquier hecho represivo que se cometa en la cárcel por muy cruel y salvaje que sea. El que se someta tendrá que demostrar con hechos que es insolidario ocurra lo que ocurra.

Si alguien no obedece, si no se somete, si es solidario con otros compañeros, si reivindica su carácter político, si actúa en una dinámica de resistencia colectiva ante los ataques por destruirlo como persona y como militante político, entonces sufrirá una represión sin límites.

Y la represión, además de sufrimiento, trae la pérdida incluso de los “derechos” que confiere el reglamento penitenciario del enemigo y de todos los avances conseguidos por anteriores generaciones de militantes por medio de mil protestas y mucho sufrimiento.

Esas son las alternativas. Sumisión y beneficios individuales cuando el estado quiera y para quien quiera o dignidad y resistencia política con la represión que ello conlleva. La primera, si se acepta la sumisión, está en manos del enemigo. La segunda, junto con una dinámica colectiva y de resistencia en las cárceles, está en manos del pueblo trabajador vasco.

(*) Este artículo es continuación de estos dos anteriores: “Sobre la pérdida del carácter político. Sobre el arrepentimiento. En términos políticos y sin acritud” y “En relación al arrepentimiento”.

(**) Después de 16 años en la cárcel esto es lo que un preso vasco detenido por militar en ETA manifestó hace ya 7 años con objeto de  conseguir un permiso de 6 días: “…estoy en contra de la utilización de la lucha armada para cualquier tipo de fin. Me siento  profundamente arrepentido de los delitos que he cometido y siento mucho el daño causado a las víctimas… estoy totalmente desvinculado de la banda terrorista ETA…  He solicitado y aceptado un destino… Estoy dispuesto a renunciar a una parte del sueldo de mi destino remunerado para cubrir la responsabilidad civil originada por mis delitos… no he secundado ninguna de las protestas que nos piden que hagamos… y sobre todo he manifestado mi rechazo a la lucha armada y mi arrepentimiento por los delitos cometidos y he pedido perdón a las víctimas…” Todo esto por 6 días de permiso. Pues esto y más les exigen hoy en día a los presos políticos vascos.

Una posición de principio sobre el derecho de autodeterminación de Catalunya

E. Kuadra Etxeandia
expreso del PCE(r) y de los GRAPO

El movimiento generado en el pueblo catalán en favor de la celebración de un referéndum está haciendo aflorar una realidad soslayada por el régimen político español: el problema nacional, o lo que es lo mismo, la no solución democrática de las aspiraciones nacionales de los pueblos oprimidos por el Estado español. Sean cuales sean las condiciones y el resultado del referéndum en Catalunya el día 1-O, el movimiento generado por su celebración lleva ganada una batalla de enorme calado estratégico: ha obligado a todas las fuerzas políticas, sociales, económicas, culturales…, a dejarse de ambigüedades y tomar partido en uno u otro sentido. Y ha puesto al descubierto, como pocas veces en los últimos cuarenta años, la verdadera esencia reaccionaria de la oligarquía financiera y del Estado del que se sirve para ejercer su dominio.

En cualquier caso, más allá de esta constatación, lo que aquí nos interesa expresar es cómo entiende el derecho de autodeterminación (o de decidir) la clase obrera, el proletariado revolucionario, los comunistas. Para cualquier demócrata, y especialmente los comunistas, cualquier análisis sobre la opresión de los pueblos y el derecho de autodeterminación, pasa por entender a su gran teórico sobre el tema: Lenin.

La definición más contundente que estableció Lenin al respecto fue que “el derecho de autodeterminación de las naciones significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político y a la libre separación política de la nación opresora. Concretamente, esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación en pro de la separación y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nación que desea separarse”. Será difícil encontrar mayor coherencia y razón histórica que la que reflejan estas palabras a la hora de definir este derecho desde una posición de principio.

Así pues, para los comunistas, no existe otro pronunciamiento que no sea a través de un referéndum. Éste, es un derecho inalienable de los pueblos de las naciones que desean separarse. Es, por tanto, un principio de la democracia política que no ofrece discusión alguna ni interpretación sesgada de su esencia, forma parte del derecho natural de los pueblos. Todo lo demás que no sea su reconocimiento es una falacia.

Los llamamientos que estamos escuchando estos días desde diversos sectores políticos acerca de “consensuar”, “dialogar” o crear mesas planetarias de no sé qué… no son más que maniobras de distracción de quienes no quieren reconocer ese derecho. Un principio no es negociable jamás, porque entonces deja de serlo. En realidad, esta posición encierra un sometimiento al estado opresor español y querer, al mismo tiempo, guardar las formas que les permitan conservar sus mullidas poltronas y su parné del erario público. Qué poco le ha durado el rictus contestatario a pedrito, y de la pantomima del no es no hemos pasado al no pero sí… Esta gente forma parte intrínseca del Estado y jamás van a ir contra los aspectos fundamentales que lo sostienen. En cuanto a esa otra izquierda desunida, más allá de sus teatrales contorsiones de “oposición sensata”, de no saber si van o vienen, de carecer de un programa de principios que reconozca el derecho de autodeterminación sin ambages, poco se puede esperar en cuanto el estado les aprieta un poco las tuercas.

Para nosotros, los comunistas, no existe otra posición que la defensa consecuente del derecho de los pueblos a expresarse por medio de un referéndum vinculante, ya que no concebimos otro mecanismo por el que los pueblos puedan dar solución democrática al problema de la opresión nacional, considerando así este derecho como un principio de la democracia política.

Por otro lado, en la metodología del análisis marxista, a la hora de fijar nuestra postura ante un problema social o político, siempre partimos de la posición de clase y de sus objetivos a corto, medio y largo plazo. Y lo hacemos, bajo el análisis concreto de la situación concreta. Tal es el caso de nuestra posición política en el actual proceso de decisión del pueblo catalán.

El proletariado, no concibe ningún tipo de opresión ni de conculcación de los derechos democráticos pues, de lo contrario, nos situaríamos en el terreno de la demagogia y de la traición a los pueblos oprimidos, tal y como hace constantemente la burguesía. Es más, si no fuera así, estaríamos defendiendo el privilegio de la nación opresora, algo inconcebible en las posiciones del proletariado revolucionario. Además, es la única posición que asegura una educación verdaderamente democrática a los pueblos en la resolución de la opresión nacional.

Evidentemente, ésta, no ha sido la posición mantenida por los partidos “comunistas” y esa ecléctica izquierda. Han sido ellos, precisamente, los que han mantenido un discurso ambiguo ante la opresión nacional. Es uno más de los principios y derechos democráticos que decidieron echar por la borda, a cambio de poder acceder a las migajas de la función pública que les ofreció el régimen franquista por ayudarle a legitimarse. Ha sido, y es, esta izquierda, la que siembra la confusión y el enfrentamiento entre los pueblos, haciendo el trabajo sucio que no podría hacer la burguesía y sus representantes políticos. Esta fue, también, una de sus muchas traiciones, consensuadas con el franquismo reformista, para dar continuidad a su régimen bajo nuevas formas de dominación. Este triste episodio de la historia de España que se denominó Transición es el que se encuentra en franca bancarrota y con él todos los que apoyaron esa estafa política.

Pero no son los únicos en no haber educado a los pueblos sobre bases democráticas y solidarias. También las organizaciones burguesas nacionalistas de las naciones oprimidas no han sabido, o no han querido, hacer un trabajo de pedagogía solidaria entre los pueblos del Estado. Se considera, sin más, a esos pueblos como ajenos al problema nacional y no como parte de él y de su solución. No se ha hecho distinción entre esa izquierda acartonada, servil y entreguista y los pueblos y, más en concreto, con lo más avanzado de los mismos, privándose de su apoyo y posibles alianzas con ellos, así como entre las minorías nacionales de la propia nación oprimida.

Para nosotros, los comunistas, la posibilidad de que una nacionalidad del peso económico, social y político como Catalunya se independice, supone un acontecimiento político transcendental, ya que provocaría una crisis de envergadura debilitando todo el entramado de dominación de la oligarquía financiera. Sus efectos sobre la clase obrera y demás pueblos del Estado supondrían un estímulo inmenso para avanzar hacia la democracia y el socialismo. Toda vez que, en las condiciones actuales, alcanzar esas metas encierra una mayor complejidad y dificultad, sin entrar en otro tipo de consideraciones futuras. Eso queda para el análisis posterior al 1-O.

Éste, es el aspecto principal que convierte nuestro apoyo al “Sí” a la independencia de Catalunya en una posición de principio, consecuente con la aplicación del derecho de autodeterminación a un análisis concreto de una realidad concreta. Lo demás es pura metafísica.

http://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/un-principio-democratico-y-una-posicion-de-principio

El precio de la tortura de un preso político en España

Marcos Martín Ponce
Marcos Martín Ponce
preso político comunista

Entre cuatro funcionarios, que acumulan incontables denuncias por malos tratos y torturas, tanto a presos políticos como a sociales, me dieron una paliza con porras, patadas, rodillazos, puñetazos… mientras que me encontraba esposado y desnudo.

El 20 de julio de 2017 un agente judicial me notificaba en la prisión de Picassent la imposición de una multa de 600 euros, en relación a las torturas a las que fui sometido en noviembre de 2012, en el módulo de aislamiento de Sevilla II. Esta multa (que se traduce en un mes más de prisión por insolvencia), hay que unir un año de cárcel adicional al considerar el Juzgado Nº 12 de Sevilla que yo fui el agresor a los carceleros. La realidad por la que pasé fue muy diferente.

Entre cuatro funcionarios, que acumulan incontables denuncias por malos tratos y torturas, tanto a presos políticos como a sociales, me dieron una paliza con porras, patadas, rodillazos, puñetazos… mientras que me encontraba esposado y desnudo.

Justo antes de perder el conocimiento, la última imagen que recuerdo es como se codeaban entre ellos para ver quien cogía la mejor posición para golpear con más saña. Cuando recobré el conocimiento estaba siendo arrastrado desnudo esposado a la espalda, sin apenas un suspiro de energía para oponer resistencia… sangrando por la boca.

Mis pies se deslizaban sobre mi propia sangre dejando dos sucios bermellones por los pasillos de aislamiento hasta llegar a una celda de castigo, donde me ataron a un somier de acero, de pies, manos y cintura. En ese potro de tortura mientras yo escupía sangre a borbotones, los funcionarios hacían lo propio con su odio de clase (como fieles mercenarios del capitalismo), a modo de insultos contra mi condición de preso político comunista.

El dolor en el pecho era insoportable cada vez que tosía. Uno de los carceleros comentó: “habrá que atarlo boca abajo, no se vaya a ahogar con su propia sangre”.

Y así me dejaron durante 48 horas, desnudo en pleno invierno, con la ventana abierta, orinándome encima. No recibí ni ropa, ni mantas, ni comida, ni agua. Cuando una ATS por fin se personó para levantar informe médico, la celda de castigo se llenó de uniformados, con la clara intención de amedrentar a aquella joven. He de agradecer la fortaleza de aquella mujer, por priorizar su profesionalidad. En el parte médico escribió: “… al menos una veintena de abrasiones en la espalda, claramente causados por objetos contundentes, provocando un hematoma masivo generalizado por cuello, espalda, brazos y piernas…”, a lo que añadía: “igualmente presenta un diente roto (con abundante sangrado), abrasiones en el rostro y un fuerte golpe en la frente…”.

Un informe médico de esta índole sería más que suficiente en cualquier país de democracia burguesa para procesar a los carceleros y al director de la prisión. Pero en el Estado español la maquinaria represiva está bien engrasada contra sus enemigos políticos. Por lo que el poder judicial tampoco se ha salido del guión establecido. Así es que lo que resulta relevante para sus señorías son los relatos de los torturadores, para los cuales de repente me convertí en un ser enajenado, violento y sin control que no paraba de agredirles. La jueza tragó con toda la sarta de incoherencias y embustes que los carceleros tuvieron a bien inventarse. Sin embargo, ateniéndonos al parte de lesiones de los funcionarios, tan solo uno de ellos presentaba “una tumefacción dolorosa a nivel del primer metacarpiano de la mano derecha”. O sea, que al señor funcionario nº 96.764 se le había ido la mano… derecha… mientras los números 67.951, 96.980 y 36.178 optaron por utilizar el instrumental especializado.

Todas las cámaras del módulo de aislamiento grabaron lo sucedido, pero ni la jueza de instrucción de Morón de la Frontera, ni la del Juzgado de lo penal nº 12 de Sevilla tuvieron en cuenta mi denuncia, ni admitieron a trámite la petición de mi abogado para que la visualización de las cámaras sirviera como prueba principal para mi defensa (ya que mi denuncia ni siquiera fue admitida a trámite). Tampoco fue tenido en cuenta como prueba mi parte médico.

Para la jueza resultaba más que suficiente el cuento victimista de esos “grandes defensores de los derechos humanos”, como calificó a los carceleros que me torturaron, al finalizar el juicio: “Los hechos declarados –dice el auto condenatorio– probados se consideran acreditados por el conjunto de pruebas practicadas y ratificadas en el acto del juicio oral”. Y estas son las garantías constitucionales de un “juicio justo” en un régimen represivo: “En concreto, las firmes declaraciones de los funcionarios que tuvieron intervención en los hechos, los cuales han expuesto de manera coincidente, coherente y razonada la sucesión de los hechos, que culminó con la reducción e inmovilización del acusado”.

Entonces ¿para qué tener en cuenta las pruebas objetivas o indagar si las denuncias de violación de derechos humanos tienen algún fundamento, si los señores funcionarios ya habían relatado lo ocurrido? Todo queda en casa ¿verdad señora jueza? ¿Qué más da que otros presos políticos (como Arkaitz Bellón, al que estos mismos carceleros agredieron y el cual murió en una celda de aislamiento pocos meses después, y al que aprovecho para rendir sentido homenaje), hubieran sido agredidos impunemente en ese mismo módulo de aislamiento? ¿Qué tendrá que ver que los juzgados mencionados estén copados con denuncias por torturas y malos tratos en la prisión de Sevilla II-Morón de la Frontera? ¿Qué más da que la Comisión de Derechos Humanos de la UE haya señalado a Sevilla II como una cárcel bajo investigación, dada la gran cantidad de este tipo de denucias que acumula? ¿Qué importa todo ésto, si los torturadores hicieron “firmes declaraciones” y “han expuesto de manera coincidente” la “sucesión de los hechos”. Pues creo que, efectivamente, no queda mucho más que decir.

Unicamente la reflexión de que, si estos son los más altos niveles de democracia y libertad que este sistema político está dispuesto a ofrecernos, será cuestión de cada cual (y del conjunto de todos nosotros) el atreverse a mirar de frente a la cruda realidad y decidir qué es lo que se tiene que hacer para que ningún preso político (ni social) vuelva a ser torturado o maltratado; siempre teniendo en cuenta que las prisiones son, tan solo, un eslabón más del sistema represivo de este Estado.


http://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/el-precio-de-la-tortura

La apología del terrorismo en los clásicos del pensamiento político: Juan de Mariana

Juan Manuel Olarieta

Desde los más remotos orígenes del pensamiento político, los grandes autores que ha tenido la humanidad siempre han justificado la violencia revolucionaria como medio para acabar con los tiranos, los explotadores y los gobernantes que les oprimen. Los jueces de la Audiencia Nacional los hubieran encerrado a todos en las mazmorras por apología del terrorismo, es decir, por darle una vuelta de 180 grados al problema, tratando a las víctimas del terrorismo como si fueran terroristas.

Los escritores clásicos no sólo no consideran delito la lucha armada y la violencia revolucionaria sino que la justifican como el ejercicio de un derecho fundamental que tiene cualquier persona: el derecho de resistencia, consagrado como tal en la Constitución francesa de 1793. Cuando me refiero a los clásicos, no pienso en Mao Zedong, Che Guevara o el general Giap, sino en los fundadores de la ciencia política moderna, que fueron los escritores españoles del siglo XVII.

El más conocido apologista del terrorismo fue el jesuita Juan Mariana, un clásico del pensamiento político que en 1599 escribió “Del rey y de la monarquía” en el que justifica y ensalza a quienes matan a cualquier monarca despótico, jefe de Estado, presidente de la república, primer ministro, torturador, represor, explotador…

Cuando los gobiernos crean “policías secretas” para perseguir a los ciudadanos o para impedir que se expresen libremente, escribió el jesuita, deben ser derrocados y si no se abandonan sus cargos por las buenas es legítimo hacerlo por la fuerza y por la violencia. En la fundación de Estados Unidos se acuñó la expresión “Sic semper tyrannis” para justificar la guerra (calificada allá de “revolucionaria”) contra el colonialismo británico. Se podría traducir como “Así hay que hacer siempre con los tiranos”: matarlos. La tradición refiere la frase atribuyéndosela a Marco Junio Bruto cuando se disponía a matar a Julio César. Por más que el tiempo transcurra, los pueblos pueden matar a los represores en cualquier momento, en cuanto tengan ocasión para ello.

En los pensadores clásicos la ejecución de un déspota no es sólo un derecho sino algo más, un deber moral, algo elevado y ético. Los pueblos están obligados a deshacerse de quienes les oprimen. Es un principio sólidamente establecido entre los profesores de la Universidad de Salamanca de aquella época e incluso en la literatura del Siglo de Oro. El caso más conocido es Fuenteovejuna, la inmortal obra de teatro de Lope de Vega, uno de los más bellos ejemplos de apología del terrorismo que se han escrito.

Naturalmente que a los déspotas no les gusta que alguien pida su cabeza, por lo que a la opresión le sigue siempre la censura. El libro de Mariana fue quemado en París por orden del monarca de turno en 1610. Sin embargo, el libro no fue prohibido por una razón muy curiosa: porque estaba escrito en latín, un idioma que sólo hablaba la gente culta. La obra estaba condenada a ser conocida sólo por un número muy reducido de personas, no por las masas. Incluso en la actualidad, es muy dífícil de encontrar en las bibliotecas. Tampoco hay muchas traducciones al castellano. La que tengo yo ahora mismo entre las manos es la edición, que data de 1640 y fue reimpresa en 1845. En su primera página dice: “No se ha traducido hasta ahora a ninguna lengua vulgar”. Es mejor que la gente no conozca sus derechos; incluso es preferible que piesen que no tienen ningún derecho a nada.

En la página 81 el jesuita dice lo siguiente de los opresores: “Esta clase de hombres, la más pestífera y perjudicial es muy laudable exterminarla de la sociedad. Así como ciertos miembros podridos se cortan, para que no inficcionen con su corrupción las demás partes del cuerpo, del mismo modo esta especie de bestias feroces en figura humana, se deben auyentar de la sociedad y herirla con el hierro”.

En el mundo actual Mariana sería un rapero con letras incendiarias, o quizá escribiría mensajes en Twitter llamando a la lucha armada contra el fascismo. La Audiencia Nacional ya le habría condenado a una pena de cárcel y habría ordenado quemar su libro otra vez. Incluso les parecería insuficiente y les habría gustado quemarle a él junto con su libro.

Os aconsejo, pues, que no leáis dicho libro. Es mejor que no leáis nada, no vaya a ser que os invadan malas intenciones…

Nuevamente sobre las lacras del idealismo histórico en Euskadi

Juan Manuel Olarieta

Tras haber expuesto una crítica a lo que considero como una defensa del idealismo histórico por su parte, J.González redacta un segundo artículo al que voy a contestar ahora en primera persona a fin de dejar más claro mi propio alineamiento en los puntos que aborda.

La opresión nacional es un fenómeno especialmente complejo por muchas razones pero, sobre todo, porque difiere bastante en cada nación oprimida y, por lo tanto, involucra aspectos históricos, lingüísticos y culturales que, además, se padecen con una tremenda carga emocional, lo cual conduce a un verdadero campo minado.

No obstante, como cualquier fenómeno complejo se puede y se debe resumir, lo mismo que se debe tener cuenta la propia simplificación de algo sobre lo que se ha discutido y se puede discutir hasta la saciedad.

Si a ello le añadimos la complejidad de las palabras con las que se pretende describir esa opresión, es dífícil desactivar ese campo de minas, sobre todo cuando no se introducen para aclararse sino para sembrar aún más confusión de la que ya existe.

No me voy a pelear, pues, con las palabras más de lo necesario, pero tampoco voy a hacer seguidismo de nadie. Sólo quiero aclarar que yo persolamente procuro no hablar nunca de “Estado español” sino de “España” y tampoco utilizo “Euskal Herria” sino “Euskadi” que entiendo como un concepto político para designar a una nación oprimida repartida en dos Estados, el francés y el español.

Por lo tanto, no considero que España sea una “entelequia” ni un “invento”, como asegura González, sino un Estado multinacional. Creo que todas las naciones, dentro y fuera de España, tienen derecho a existir, es decir, a ser reconocidas como tales por los demás, empezando por los que las oprimen. Creo, además, que sólo ellas tienen derecho a decidir si quieren seguir unidas a otras voluntariamente o separarse. Finalmente, también creo que todas las naciones tienen los mismos derechos, o sea, que son iguales.

Ahí no hay ningún “factor subjetivo”, por lo que el hecho de que Euskadi sea una nación no depende de cómo se sienta nadie, ni los vascos ni los españoles, tanto si son muchos como si son pocos los que se sienten de una u otra manera, entre otras cosas porque me parece un planteamiento infame introducido por los fascistas.

Creo que es importante tener eso en cuenta por las continuas alusiones de González a lo que él llama “conciencia”, a la que vuelve a dar una interpretación subjetiva y, por lo tanto, idealista. Con este tipo de asuntos ocurre lo mismo que con esos colectivos empeñados en poner en primer plano esa “conciencia” vinculándola a cada uno de los trabajadores individualmente. Pues bien, para un marxista, dogmático o no, la adscripción de clase, el ser obrero o burgués, no depende de ningún tipo de conciencia sino que es una condición absolutamente objetiva. Del mismo modo, el ser vasco es otra condición, a la que en cada caso individual puede ir añadida la conciencia subjetiva de serlo o de ser otra cosa distinta.

El error que se comete aludiendo a Euskadi como un “marco autónomo de lucha de clases” no se salva en absoluto trasladando la pelota al otro tejado: ¿es España un marco autónomo de lucha de clases?, entre otras razones porque es una pregunta que está resuelta desde el origen del movimiento obrero mismo, entre otros por Marx y Engels en el “Manifiesto Comunista”, que acaba con la consigna de que los proletarios de todo el mundo deben permanecer unidos y de que la lucha de clases “primeramente” es “por su forma” una lucha “nacional” de manera tal que “el proletariado de cada país debe acabar en primer lugar con su propia burguesía”.

Es algo que desde entonces ha sido explicado una y mil veces por los marxistas, por lo que doy al lector por familiarizado con ello y creo que de esa manera contesto a lo que González pregunta: el marco de la lucha de clases no es Euskadi, ni tampoco España porque la lucha del proletariado, por su contenido, es internacional.

Cuando hablan de “marco autónomo”, esos grupos y colectivos vascos, a los que González califica de “leninistas”, plantean mal dos asuntos diferentes, ambos capitales. El primero es un penoso y escolástico debate que se expone siempre colgado de una nube de ensoñaciones, al más puro estilo idealista. Se trata de los dos aspectos de la lucha de clases en Euskadi, la lucha por el socialismo y la lucha por la independencia, donde las combinaciones posibles se han repetido en muchas discusiones:

a) primero conquistamos la independencia y luego ya construiremos el socialismo
b) queremos ambas cosas a la vez y somos tan revolucionarios que si no hay socialismo tampoco queremos la independencia
c) primero hacemos la revolución socialista (en España) y luego concedemos la autodeterminación a Euskadi

A mi modo de ver los tres planteamientos me parecen otras tantas abstracciones, sobre todo el segundo de ellos. No expresan más que los buenos deseos de cada cual para que la historia tome un derrotero u otro. Ninguno de ellos tiene en cuenta suficientemente las condiciones políticas e históricas, nacionales e internacionales, en que esos acontecimientos se pueden producir.

El segundo aspecto al que se quieren referir los que hablan de “marco autónomo de lucha de clases” es la forma organizativa del movimiento revolucionario en Euskadi, donde también las combinaciones posibles se han repetido muchas veces:

a) los abertzales crean organizaciones que ellos creen de alcance nacional, cuando en realidad se circunscriben a una parte de Euskadi
b) los españolistas crean organizaciones de ámbito estatal que mantienen sucursales en Euskadi

En este punto digo lo mismo que en el anterior, pero, por concretar un poco más, dado que esos planteamientos se metamorfosean, en el caso de los “leninistas” vascos, en la necesidad de crear una vanguardia o un partido comunista sólo en Euskadi, quiero añadir que -sin ningún género de dudas- tal partido llegará, pero por vías que esos “leninistas” ni siquiera son capaces de sospechar; más bien llegará por las vías contrarias y por motivos que no tienen nada que ver con un “marco autónomo” que no existe por más partidos vascos que se fabriquen.

Como poco, me parece oportunista que los otros “leninistas”, los españoles y franceses, se declaren “solidarios” con la lucha de liberación nacional de Euskadi porque -en mi oponión- lo que deberían hacer es asumirla como cosa propia, que es algo bien distinto de lo anterior. Esto no lo digo sólo por aquella frase tan famosa y tan cierta de Engels de que “un pueblo que oprime a otros no puede ser libre”, sino por una cuestión de clase, a saber, porque la lucha de liberación nacional, como cualquier otra lucha contra la opresión, debe dirigirla la clase obrera, que es algo muy diferente de la solidaridad.

Al menos yo entiendo así el leninismo, lo que enlaza directamente con eso que González llama una y otra vez “conciencia” y “factor subjetivo” y que es tan viejo como el “Manifiesto Comunista”, donde Marx y Engels ya dijeron que la “organización del proletariado como clase” no es más que el partido comunista o, en otras palabras, la vanguardia dirigente, el verdadero componente decisivo de cualquier lucha, incluida la que se dirige contra la opresión nacional. Sin embargo, en su escrito González alude a cualquier cosa menos a ello. Repite una y otra vez la palabra “conciencia”, “sujeto revolucionario”, “pueblo concienciado” que, en efecto, no son otra cosa que idealismo y, lo que es peor, conducen al fracaso inevitablemente.

Es un tópico tratar de apañar ambos aspectos con frases, tales como “el íntimo vínculo de lo objetivo con lo subjetivo”, que es más de lo mismo: se repite en boca de todos, pero no va más allá. Siempe queda muy bien en cualquier artículo, cuando en la práctica está ocurriendo todo lo contrario.

En cualquier batalla, los errores son muy importantes, naturalmente, y es inevitable cometerlos. Sin embargo, lo peor es cuando no se corrijen y se convierten así en verdaderas lacras, que se van arrastrando durante décadas. El desastre llega cuando, además, alguien pretende hacer pasar tales errores como si fueran grandes aciertos. También es una forma de idealismo, esa concepción fantástica de la historia que se alimenta de sí misma, de sus mitos y sus leyendas. Sólo ve aciertos por todas partes, confunde los aciertos con los errores y se enfada cuando alguien le critica sus errores. El idealista cree que las críticas son ataques. No se da cuenta de que si le criticas es para que logre los objetivos que se ha propuesto.



Más información:
– En respuesta al articulo de Olarieta ‘En Euskadi el idealismo histórico es una lacra’
– En Euskadi el idealismo histórico es una lacra
– Euskal Herria marco autónomo de lucha de clases

Manifestación por la amnistía en Bilbao, 26 de noviembre

Movimiento Pro Amnistía y Contra la Represión

La existencia de presos, refugiadas y deportados políticos es la consecuencia de más de 50 años de lucha, concretamente de la lucha de un pueblo para hacer frente a la opresión nacional y social de los Estados español y francés.

ETA surgió en la época del franquismo como expresión política para enfrentarse a las salvajadas de la dictadura y, con su nacimiento, los distintos sectores populares comenzaron a construir las bases de lo que sería un amplio movimiento popular que trabajaría a favor de la independencia de Euskal Herria y el socialismo.

Desde entonces han sido muchos los pasos dados en el camino de la liberación nacional, tanto en el apartado cultural como en el frente obrero, siendo un logro general la propia supervivencia por medio de la lucha de una conciencia nacional vasca que estaba a punto de desaparecer como consecuencia de las violencias imperialistas española y francesa.

Sin embargo, a medida que la lucha y las ansias de libertad del Pueblo Trabajador Vasco iban creciendo, la represión derivada de los estados ha sido aún más severa. Las fuerzas de ocupación de los estados han golpeado con especial dureza a quienes han participado en la lucha armada y también en la kale borroka, pero también al resto de expresiones políticas, sociales y culturales que han trabajado a favor de la libertad de Euskal Herria en cualquiera de los ámbitos de la vida. Han extendido las detenciones, torturas, secuestros y asesinatos desde las militantes clandestinas hasta los trabajadores de los periódicos, pasando por las Gazte Asanbladas o por quienes trabajaban el internacionalismo, entre otros.

Al cumplirse 5 años del final de la lucha armada, seguimos siendo un pueblo oprimido y seguimos teniendo casi 400 presos y presas y decenas de refugiadas y deportados. El estado de salud de muchos presos es de enorme gravedad, las condiciones de vida de muchos refugiados son penosas y los deportados viven en un limbo legal que les condena al exilio hasta el día de su muerte, sin olvidar a quienes aún les quedan 35 años de cárcel por cumplir.

Nos corresponde a todas y todos dar una salida definitiva a estas situaciones y, la amnistía, entendida como la resolución de las razones que son raíz del conflicto, será la única alternativa que garantizará que ni hoy ni tampoco en el futuro vuelva a haber represaliados y represaliadas políticas.

Por eso, hacemos un llamamiento a Euskal Herria a participar en la manifestación nacional a favor de la amnistía que el 26 de noviembre partirá a las 6 de la tarde desde el Sagrado Corazón de Bilbo, y muy especialmente a todos los hombres y mujeres que de una u otra manera han participado en esta lucha desde el seno del Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

¡No es tiempo de quedarse en casa, sino de salir a la calle, organizarse y luchar!
Jo ta ke amnistia eta askatasuna lortu arte!

Aquella mañana que el PSOE desató el terrorismo de Estado

Foto policial de Juan Martín Luna
En octubre de 1982 el PSOE llegó al gobierno como parte integrante del golpe de Estado que se había producido el año anterior. Su objetivo era llevar adelante el mismo programa político de los militares golpistas; exactamente el mismo. Entre otras cosas suponía organizar los GAL y desencadenar la guerra contra eso que ellos llaman “terrorismo”, aunque muy pronto iba a quedar al descubierto la cortina de humo orquestada en torno al famoso “terrorismo”.

Hasta 1982 en España nunca se había producido un abismo tan grande entre la política subterránea de los “poderes fácticos” que llevaron al golpe de Estado y al PSOE al gobierno, y la efervescencia popular por un cambio real y una mejora en las condiciones de vida y trabajo que permitieron al PSOE recaudar más de diez millones de votos. La mitad de los votantes votaron al PSOE.

Como consecuencia de esa situación paradójica que rodeó a aquellas elecciones, los GRAPO propusieron una tregua unilateral para que el nuevo gobierno pudiera poner en marcha el programa electoral que había prometido, especialmente, la salida de la OTAN, es decir, que su actividad armada no se pudiera convertir en la típica excusa que siempre encuentran.

Pero el PSOE no tenía ninguna intención de cumplir absolutamente ninguna de sus promesas, sino más bien hacer todo lo contrario, lo que demostró desde el primer minuto al asesinar el 5 de diciembre de 1982 al máximo dirigente de los GRAPO Juan Martín Luna. Fue toda una declaración de intenciones, de lo que se estaba preparando en las cloacas del Ministerio del Interior.

Al dirigente de los GRAPO lo mató la policía a tiros en Barcelona en una emboscada montada por el Mando Único para la Lucha Contraterrorista que dirigía el conocido comisario fascista y torturador Manuel Ballesteros. El crimen a sangre fría era tan evidente que a la Audiencia Provincial de Barcelona no le quedó más remedio que condenar a los inspectores policía que dispararon: David Juan León Romero, Ángel Luis Adame Bernáldez y Valentín Martín Cabello.

Naturalmente que sólo era un paripé para guardar las apariencias. La pena que impusieron a cada uno de ellos no pudo ser más ridícula, la mínima: seis meses y un día de prisión porque actuaron con el atenuante de “cumplimiento del deber”, es decir, que los policías no actuaron por iniciativa propia sino siguiendo órdenes emanadas del gobierno del PSOE. En 1988 el Tribunal Supremo confirmó aquella sentencia.

Las condenas levantaron una oleada de indignación dentro el Ministerio del Interior contra los jueces. El ministro, que no era otro que el también fascista José Barrionuevo que luego fue condenado como dirigente de los GAL, el terrorismo de Estado, defendió públicamente el crimen cometido por sus policías en Barcelona.

Por el contrario, la Unión Progresista de Fiscales criticó a la policía por lo que calificó como “actitudes de desobediencia o desestabilización”, es decir, indirectamente decían que un año y medio después del 23-F la policía estaba intentando promover otro golpe de Estado.

Por su parte, en un comunicado el Grupo de Abogados Jóvenes de Madrid consideró insuficiente la pena impuesta a los criminales y criticó las declaraciones del ministro en las que defendía el crimen cometido. El comunicado era muy interesante porque los abogados solicitaban la actuación del Fiscal General del Estado por si algunas de las declaraciones de los miembros de la policía amenazando con que “ante las mismas circunstancias actuaríamos de igual manera” pudieran constituir un delito de apología, equivalente de lo que hoy llaman “enaltecimiento del terrorismo”.

De las decisiones judiciales se desprenden otras reflexiones interesantes. La primera de ellas señala con el dedo al terrorismo de Estado como verdadero “terrorismo” y la segunda muestra claramente que el Ministerio del Interior no quería la paz sino la guerra. Pero no cualquier clase de guerra sino una guerra sucia en la que la policía quedara al margen de posibles sentencias incriminatorias de los tribunales.

A lo largo de los primeros años de gobierno del PSOE, la guerra sucia de los GAL cumplió puntualmente las amenazas que realizó la policía en diciembre de 1982: “ante las mismas circunstancias actuaremos de igual manera”. Felipe González, el ministro Barrionuevo y el PSOE en su conjunto se encontraban en plena fase de preparación de las cloacas del Estado constitucional y los demás partidos parlamentarios callaron como perros todos los crímenes, empezando por el de Martín Luna que sentó un precedente fundamental para entender lo que ocurrió después: que el terrorismo de Estado tenía una dirección política que empezaba por el propio gobierno, que en aquellos tiempos encabezaba el PSOE.

Aquí todo diós es ‘antisistema’

B.
O así parece a juzgar por el tratamiento dado a elementos de la burguesía catalana obligados a personarse ante el Tribunal Supremo que juzga a Francesc Homs, portavoz del Partido Demócrata Catalán (marca que sustituye a la CDC de Pujol y Artur Mas.)

Se le acusa -a Homs- de desobediencia, prevaricación y malversación de fondos públicos como responsable de la «ilegal» (comillas mías) consulta (independentista; el paréntesis es mío) celebrada en Catalunya el 9 de Noviembre de 2014.

Antes de declarar, Homs dijo que «esto es un proceso político», «mi sentencia ya está dictada», «la Fiscalía es el brazo armado del PP». Por su parte, Artur Mas, que acompañó a Homs en comitiva junto con representantes de ERC, PNV y Podemos, arropándolo, declaró que «lo que está en juego es la democracia, no la independencia». Podía haber dicho que «esto es una prueba más, por si hacían falta otras, del nulo carácter democrático del Estado español», pero sería pedir peras al olmo burgués que es Mas, bien que asaz ilustrado que su homólogo cavernario y fascista español.

Si aterrizara un extraterrestre y no supiera que es Homs quien pronuncia esas palabras, pensaría que el TS está juzgando a miembros de ETA o a comunistas o a antifascistas o simplemente demócratas. Y es que las palabras de Homs parecen salidas de boca de militantes de ETA que, en los juicios en Las Salesas, decían no reconocer el tribunal que les juzgaba -tildándolo de «fascista»– y que a ellos sólo les juzgaba un único tribunal autorizado y reconocido por ellos: el pueblo vasco. Discurso muy parecido al de Homs. Tan parecido que el TS español lo estima poco menos que igual, no es lo mismo, ni mucho menos, pero para la Némesis española sí que lo es y actúa en consecuencia metiendo en el mismo saco a «terroristas» que fracciones burguesas de su misma clase que entienden que atacan la sagrada unidad de la única patria posible:la española recogida en el artículo 2 de la Constitución y tutelada -y garantizada- en el artículo octavo por las mismísimas Fuerzas Armadas, ¡toma Constitución o tócate los cojones, que dicen en mi pueblo y tengo entendido que en otros pueblos también!

Y es que, amable lector -como se decía en el periodismo rancio-, España es «una unidad de destino en lo universal», como decía José Antonio (Primo de Rivera) copiando a un austromarxista, Bauer, por cierto (algún amable lector me corregirá porque no estoy muy seguro).

¿Achacaremos esto a las «limitaciones», al «déficit democrático» del llamado «régimen del 78» omitiendo y olvidando el «régimen del 36», verdadero origen de esta hedionda charca donde pulula esta purria y «casta» -de la que ya forman parte los «podemitas»– trilera y prestidigitadora? Personalmente de mí sé decir que soy un tipo «metódico» y «sistemático», y ahora me entero que soy «antisistema». Como también me entero que sé gallego escuchando el chapurreo macarrónico en ese idioma a Feijóo, como el parlabarato de Fraga en su día. Joder, qué tropa.

Buenas tardes, señoras, señores.

Irán se conectará a Eurasia a través del Canal Persa

William Engdahl

Con la desaparición de las sanciones económicas estadounidenses y europeas, se hace manifiesto que Irán quiere construir, y no destruir como Occidente parece buscar a  cualquier precio. Las últimas noticias anuncian que Irán se decide a lanzarse a un gran proyecto de infraestructura, que tal vez exija una década para estar finalizado: un canal navegable, que uniría por primera vez el Mar Caspio con el Golfo Pérsico, atravesando Irán. Dada la montañosa topografía de Irán, no es fácil de abrir. Será también una gran ventaja para Rusia y para  los países que bordean el Mar Caspio, e, igualmente, será una infraestructura exactamente adaptada al gran proyecto chino de la Ruta de la Seda.

Para su marina y su comercio, Rusia busca un acceso hacia los mares cálidos desde la época de los zares Romanov. Hoy, a través de una estrecha vía que atraviesa Estambul entre el Mar Negro y el Mar de Mármara, los barcos rusos deben franquear los estrechos turcos del Bósforo, los Dardanelos, el Mar Egeo y el Mar Mediterráneo. Teniendo en cuenta las glaciales relaciones actuales entre Moscú y Ankara, desde que las fuerzas aéreas rusas abatieran deliberadamente un jet ruso en el espacio aéreo sirio, violando todas las normas de derecho internacional, la travesía del Bósforo por los navíos rusos es una empresa muy incierta, pese a los acuerdos internacionales sobre la libertad de tránsito.

Por otra parte, también para los barcos iraníes o chinos, alcanzar los puertos mediterráneos europeos exige ahora la travesía del Canal de Suez, perteneciente al gobierno egipcio. A pesar de la Convención de Constantinopla de 1888, que acuerda el derecho de libre acceso a toda nación en tiempo de guerra y de paz, el gobierno egipcio, tal y como se hizo evidente con ocasión del golpe de Estado de los Hermanos Musulmanes de Mohammed Morsi, apoyado por los EE.UU., presenta también un riesgo político muy importante. Evitando los estrechos turcos y el Canal de Suez egipcio, el canal iraní ofrece a Rusia y a otros Estados el camino mas corto hacia el Océano Índico.

Teherán ha desvelado los planes de construcción de una vía artificial que unirá por primera vez el Mar Caspio y el Golfo Pérsico. Su finalización está prevista en una decena de años y tiene unas enormes implicaciones militares y económicas.

Desde el punto de vista económico y geopolítico será en todos los planos un rival al canal de Suez. Según un artículo publicado por Sputnik International de Rusia, el proyecto se aprobó en 2012 por el antiguo presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, cuando las sanciones occidentales estaban aún en vigor. El coste se calculó entonces por Khatam-al Anbiya, empresa de ingeniería perteneciente a la Guardia Revolucionaria iraní, en unos 7.000 millones de dólares. En aquella época, en una situación propicia al bloqueo del proyecto, Washington había impuesto sanciones económicas a las empresas que participaban en el proyecto. Ahora, por diferentes razones geopolíticas, Washington ha levantado numerosas sanciones y Teherán  sigue adelante.

El canal del Mar Caspio iraní tiene una gran ventaja de seguridad: atraviesa estrictamente territorio iraní, espacio que está bien defendido.

Se contemplan dos recorridos para el “Canal de Suez” iraní. El mas corto, al oeste, atravesaría territorio montañoso, mientras que el más largo permitiría el regadío de vastas regiones desérticas del este de Irán, evitando el estrecho canal de Ormuz, entre Omán e Irán.

El itinerario oriental, entre el este del golfo de Omán y el sudeste del Mar Caspio tiene una longitud total comprendida entre 1465 y 1600 kilómetros, en función del recorrido interior. Tendría la ventaja suplementaria de permitir el regadío y el desarrollo agrícola en las provincias secas del país, en el este y en el centro, en donde la ausencia de precipitaciones ha producido una enorme sequía estos últimos decenios. La vía navegable permitiría recargar de agua el manto freático.

El itinerario occidental, aunque mas corto, presenta grandes inconvenientes. Mide unos 950 kilómetros, y enlaza valles de ríos parcialmente navegables. Tendría que atravesar los valles de las montañas Zagros durante 600 kilómetros. El principal inconveniente de esta vía es la travesía de las alturas de Zagros, y de las provincias de Kurdistán y de Hamedan, donde debe ascender a más de 1.800 metros.

Cualquiera que sea el itinerario elegido, que aparentemente  razones de seguridad han mantenido en secreto hasta ahora, numerosas ventajas se producirán a partir del canal que una el Mar Caspio al Océano Índico.

En primer lugar, por una parte creará el enlace marítimo mas corto entre el Golfo Pérsico e India y Europa del este, del centro y del norte. Por otra parte entrará en competencia directa con el canal de Suez y la inestabilidad política egipcia. Para Rusia presentará la gran ventaja geopolítica de ofrecer un acceso fácil y directo al Océano Índico, independiente del canal de Suez y de los estrechos turcos del Bósforo. Para Irán, en el plano económico, supondrá una gran fuente de empleo. Producirá cerca de dos millones de nuevos empleos en la construcción y el mantenimiento a lo largo del canal. También permitirá a Teherán relanzar las aisladas regiones del este, que se encargarían de la infraestructura, incluyendo la construcción de un nuevo puerto moderno en las regiones libres de Bam y Tabas, de astilleros navales y aeropuertos y de las nuevas poblaciones previstas. Así mismo, evitaría o reduciría considerablemente la desertificación, creando un obstáculo a la propagación del desierto hacia las tierras fértiles iraníes.

Esto sucede en el momento en que Irán se dispone a entrar como miembro de la Organización de Cooperación Euroasiática de Shangai (OCS). Irán tenía el status de nación observadora en la OCS desde 2008, pero las sanciones de la ONU impidieron su adhesión plena hasta enero pasado. Rusia y China apoyan firmemente esto, que posiblemente se ratificará a finales de este verano, con ocasión de la reunión anual. En febrero de 2016, en visita a Teherán, el presidente chino Xi Jingping ha conversado sobre la participación de Irán en el proyecto de infraestructura euroasiática de China, de la creación de una red de puertos y redes ferroviarias de gran velocidad que cubrirán Eurasia, de Pekín a Bielorrusia y mas allá. Es muy probable que Xi y el primer ministro Ruhani hayan discutido también la participación de China en la financiación tal vez la construcción del Canal Persa, la alternativa iraní al canal de Suez.

Por lo que he observado personalmente en una reciente visita a Teherán, los iraníes ya han tenido bastante guerra. No se han recuperado totalmente de las pérdidas y las destrucciones de la guerra Irán-Irak iniciada por los EE.UU. en los años 80, ni de las posteriores desestabilizaciones causadas por los EE.UU. después. Desean por el contrario un desarrollo económico pacífico, y un país seguro. El proyecto del Canal Persa iraní es una bella etapa en esa dirección.

Fuente: http://journal-neo.org/

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