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Pragmatismo de tres centavos

Bianchi

No queremos meternos dónde no nos llaman ni somos quién para criticar la línea política que ha adoptado la izquierda abertzale vasca que, según dicen, obedece a «nuevos tiempos» y responden a «nuevos ciclos».

Así como admiramos la lucha del pueblo vasco por su liberación nacional, deploramos la rapidísima deriva reformista que está protagonizando su nueva dirección. El martes pasado, día 12, en Pamplona, su líder Rufi Etxebarria dio una charla donde «mentalizó» a las bases abertzales de que se fueran olvidando de la amnistía para los presos «políticos» (y ponemos en cursiva «políticos» pues llegará el día en que hasta le quitarán este carácter a los gudaris vascos) y se vaya pensando -ya lo están haciendo- en soluciones individuales para los presos (no, por supuesto, los que tienen largas condenas) aunque, eso sí, sin arrepentirse ni delatar a nadie que es como el fascismo español llama a «colaborar con la justicia», o sea, la «vía Nanclares», menos mal, todo un detalle. En otras palabras, que hay que usar «los cauces legales».

Están gestionando una derrota -en la dialéctica estatal-militar de «vencedores y vencidos»-, por más que nos duela, pero hay que decir siempre la verdad aunque escueza, como si fueran avances en una dirección que no sabemos -aunque lo sospechamos y maliciamos- adónde conduce. Y, en relación con los presos políticos vascos, diciéndoles poco menos que se busquen la vida por sí mismos -la manifestación anual que se hace en enero en Bilbao es casi un ritual, una procesión cuaresmática en silencio, una liturgia, que hasta parece que les molesta, como si no fuera con ellos- en una especie de burdo pragmatismo que viene a decir que lo importante es salir como sea de la cárcel sin mirar el «cómo», casi una especie de sálvese quién pueda.

Este antiideológico pragmatismo a la yanqui manera me recuerda el proverbio chino aquel que decía «gato blanco o gato negro, qué más da, lo importante es que cace ratones». Lo usó el venal y felón -sólo Fernando VII le superó en vileza canallesca- Felipe González copiando, encima, al dirigente chino revisionista Deng Tsiao-ping, que ni en esto son originales.

A esto me recuerda, a salir «a como dé lugar», que dicen los mejicanos. Si fuera para retomar, tácticamente,  una antorcha libertaria y revolucionaria, lo entenderíamos, pero nos tememos que va a ser que no, como se dice ahora.

Todos nos alegramos de la salida de los presos antifascistas, patriotas y demócratas, pero por la puerta grande. ¿Que no es así? También nos alegramos, pero no es lo mismo, evidentemente.

¿Qué la amnistía es ahora un imposible metafísico? ¿Qué no hay condiciones? Muy bien, pues las creamos nosotros, como se ha hecho toda la puta vida, y no dar la batalla por perdida de antemano.

Buenas noches.

Los peones del servicio secreto franquista en Euskal Herria

Xabier Makazaga
Es obvio que el ex-subcomisario José Amedo guarda numerosos secretos sobre la guerra sucia ejecutada en Iparralde usando las siglas GAL, a partir de 1983. Y es muy probable que también sepa mucho sobre los atentados cometidos años antes usando otras siglas; sobre todo, la del Batallón Vasco-Español, BVE.

Poca duda cabe de que Amedo empezó a “trabajar” en Iparralde (1) en pleno franquismo, y sería conveniente indagar sobre su relación con personajes como Ramón Lillo (2), al cual define como “viejo conocido”. Lillo dirigió en 1976 un comando mercenario que atentó en Iparralde contra varios refugiados utilizando unas metralletas Marietta compradas por la Policía española en los EEUU, y no sería nada de extrañar que Amedo tuviera que ver con aquellos atentados.

Lillo y Amedo eran entonces inspectores de policía. El primero, agente del Servicio Secreto franquista, el SECED. El segundo, según Wikipedia, ejecutó en la década de los 70 “labores de espionaje relacionadas con el entorno de la organización terrorista ETA”. Y fue precisamente en 1976 cuando otros dos inspectores con los que Amedo compartía piso desaparecieron en Iparralde. Un año después, hallaron sus cadáveres, hecho que lo marcó profundamente.

Fue asimismo en 1976 cuando otro viejo conocido de Amedo empezó a trabajar para el SECED. Se trataba de Jesús Diego de Somonte que en 1983 era ya comandante y jefe de los Servicios Secretos en Euskal Herria. Ambos tenían por costumbre reunirse en la Jefatura Superior de Policía de Bilbo.

Cuando estaba promocionando su libro “Cal viva”, a Amedo se le escapó que también conocía al capitán Alberto Martín Barrios que los octavos de ETA pm (3) secuestraron, y dos semanas después mataron, en octubre de 1983. Según la versión oficial, fue la muerte del capitán la que desencadenó la guerra sucia de los GAL, pero tengo fundadas sospechas de que no fue dicho fatal desenlace el que precipitó los acontecimientos, sino el secuestro mismo.

Los secuestradores de Martín Barrios afirmaron en un comunicado que lo estaban sometiendo a un “concienzudo interrogatorio” sobre “la tarea real” que desempeñaba, porque habían detectado que el capitán realizaba “extraños movimientos” que ligaban a “una actividad reservada de tipo especial”.

Entonces, la Policía pretendió que, quizás, sus secuestradores lo habían confundido con el comandante Diego de Somonte, que acabo de mencionar. Un bulo que sospecho lanzaron para esconder la verdad: que el capitán Martín Barrios era también de los Servicios Secretos.

Me sobran los motivos para sospechar que ésa era su verdadera labor. Entre otros, el que lo sucedido tras su secuestro sea mucho más comprensible si su ocupación oficial, en la farmacia del Gobierno Militar de Bilbo, no era sino una tapadera para otras inconfesables actividades.

De ser la verdadera labor de Martín Barrios la que sospecho, se entiende a la perfección que su secuestro hiciera saltar todas las alarmas en el corazón del Estado. No era para menos. Si el capitán estaba al corriente de lo que Amedo y compañía estaban tramando en Iparralde, las autoridades españolas se tuvieron que poner muy, pero que muy nerviosas.

En esas circunstancias, no es nada de extrañar que dieran la orden de secuestrar, a toda costa y con suma urgencia, a Joxe Mari Larretxea, dirigente del grupo que se responsabilizó del secuestro del capitán. Y tampoco extraña tanto que mantuvieran la orden después de que la Policía francesa pillara a los compinches de Amedo intentando secuestrarlo. Lo volvieron a intentar y los volvieron a pillar in fraganti, con el subsiguiente escándalo.

En todo caso, habría que preguntarle a Amedo de qué conocía al capitán Martín Barrios, y también podría aclarar, de paso, algunas cuestiones relativas a su estrecha relación con el ya fallecido comandante Diego de Somonte. Por ejemplo, si es cierto, como afirma su viuda, que ambos viajaban a menudo juntos a Iparralde y que su marido también tenía previsto hacerlo el 23 de septiembre de 1983, en aquel viaje en el que, a la vuelta, Amedo tuvo un accidente de auto en la autopista.

Según el ex-subcomisario, la Ertzaintza le incautó entonces un maletín que contenía datos muy comprometedores sobre diversos mercenarios que pocas semanas después empezarían a cometer los atentados reivindicados usando las siglas GAL. Se trataría de números de teléfono de dichos mercenarios, y pisos de contacto que iban a usar. Unos datos que la Ertzaintza jamás puso a disposición de juez alguno.

Amedo también sabe muchísimo sobre no pocos agentes policiales franceses que participaron en la guerra sucia a cambio de fuertes sumas de dinero procedente de los fondos reservados. Entre ellos, “Jean-Louis”, uno de los protagonistas de su libro “Cal viva”, del que afirma conocer la identidad y cargo que ocupa en la actualidad en la Policía.

Conoce también la identidad de bastantes otros, pero tan sólo cita por su nombre a quienes quedaron al descubierto: Jacques Castets y Guy Metge. Y denuncia que ese último falleció en un accidente de tráfico que provocaron “los servicios galos de Información” a los que dirige un claro mensaje, al igual que a los hispanos. Les advierte de lo muchísimo que sabe, y guarda a buen recaudo, como guardó aquel famoso comunicado de los GAL manuscrito por Sancristóbal y Damborenea (4).

Según la viuda de Diego de Somonte, su marido le solía decir que cualquier día iban a hacer desaparecer a Amedo, y el propio Amedo también ha dejado bien claro su temor al respecto. Afirma que le ofrecieron fugarse de la cárcel, para que rehiciera su vida en Sudamérica con otra identidad, y que se negó en redondo por temor a que se deshicieran de él, como se deshicieron de Guy Metge.

Por eso guarda Amedo a buen recaudo sus comprometedores secretos, como seguro de vida, y por eso habla tan descaradamente de esos secretos en sus libros y entrevistas, con absoluto desprecio no sólo a las víctimas de la guerra sucia, sino también a la propia Justicia.

¿Y qué dice la Justicia española al respecto? Nada de nada. Y hacer, aún menos, por supuesto.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/04/24/acerca-del-terrorismo-de-estado-en-el-estado-espanol-los-secretos-de-amedo/

Aclaraciones al texto:

(1) Iparralde es la parte de Euskal Herria que está enclavada en Francia
(2) El policía Ramón Lillo, conocido actor de cine de películas infames, fue comisario jefe de la Audiencia Nacional.
(3) Los octavos de ETA pm fueron una escisión de ETA político-militar que se negó a abandonar la lucha armada.
(4) Julián Sancristóbal y Ricardo García Damborenea eran terroristas miembros a la vez del PSOE y de los GAL.

Prejuicios sobre la lengua vasca

Bianchi

Así titula el madrileño Juan Carlos Moreno Cabrera, catedrático de Lingüística General, un opúsculo del que resumiré sus ideas centrales.

Hay juicios y prejuicios. Los primeros se figuran sentencias firmes. Los segundos son peores: son sentencias verdaderas, consuetudinarias. Ambas letales y fulminantes, socialmente hablando, que no jurídicamente. También hay prejuicios lingüísticos de muy difícil erradicación. Tanto que determinan y condicionan actitudes y modos de comportamiento, v.gr: casticismos y «boronismos» (típico tópico costumbrista de vasco rural duro de mollera) de patulea variopinta.

Señala Moreno Cabrera al menos cinco prejuicios sobre el euskera o lengua vasca que, en el fondo, quieren desprestigiar la lengua madre de la nación vasca sin Estado. El primero dice que el euskara es una lengua muy antigua y arcaica. Es cierto que es antigua… como lo son todas. La lástima, para quienes la odian (en realidad se odia más a quien la habla que a la lengua misma), es que es una lengua que se habla, luego es una lengua contemporánea aunque sea preindoeuropea o ugrofinesa o caucásica o bereber (y no nos estamos choteando). Las lenguas romances, por ejemplo, como el castellano, surgieron del latín vulgar y no de la nada. No existe ni hay lengua nueva. Ni el papiamento. El esperanto o el volapuk son otra cosa, otra historia.

El segundo prejuicio expresa la idea de que el euskera es una lengua aislada perteneciente a una sola familia lingüística. Una especie de fósil sobreviviente, que diría Miguel de Unamuno, bilbaíno él y «euskaldunberri» (que aprendió el idioma vasco), para quien, antropomorfizando la lengua -rasgos típicos del positivismo finisecular de la época-, pedía honor y sincero embalsamamiento (sic) y exequias nobles (resic).

Dice el tercer prejuicio que todas las lenguas habladas se manifiestan en multitud de dialectos. Es cierto. Nos parece que el idioma inglés, pongamos por caso, es único (en la escuela) y, sin embargo, está fragmentado en centenares de variedades que incluyen no sólo los dialectos de Gran Bretaña, sino los que existen en África, América, Asia y Oceanía, o sea, lo que fue parte de su Imperio que, como dijera el malhadado, pero humanista, Nebrija, es acompañado por la lengua. Estaba tan en lo cierto que el dominio actual del inglés -como lengua de trabajo, ya que el chino lo habla más gente, pero dentro de la nación china, básicamente- lo prueba de forma irrefutable.

Unido estrechamente a este tercer prejuicio va el cuarto que, con mala baba y con balín, mantiene que el euskara estándar o euskara «batua» (euskera unificado por encima del euskera dialectal) es una lengua artificial (y quienes la hablan, deduzco, robots). También esto es cierto, en parte. Igual que no lo es menos (de cierto) que todas las lenguas actuales son estándares. ¿O qué fue, si no, la Real Academia Española de la Lengua, fundada en 1713 por Felipe V a imitación, como Borbón que era, de la francesa, sino el propósito de dictar -y «fijar, limpiar y dar esplendor»– normas reguladoras? Ni el español o castellano moderno estándar nació entonces ni el euskera en 1968 (año en que se verificó la unificación de la lengua vasca por «Euskaltzaindia» o Academia de la Lengua Vasca).

Y, por último, el quinto prejuicio que proclama que el euskera -siempre oímos esto- es difícil de aprender. No más que el alemán que uno estudiara con sus declinaciones de mozuelo. No -no es difícil- para niños que ni saben de declinaciones, pues ya mamaron la lengua en sus madrigueras vernáculas antes de ir a la escuela. Lo que me lleva a la coda contra el etnismo lingüístico que ni sabe lo que dice. Para mí tiene más mérito quien aprende algo, una lengua, verbigracia, que quien, sin esfuerzo, la mamó «ab initio» y «ab ovo». Y esto en todos los órdenes.

Unilateralidad y panfilismo

Bianchi

No queremos amargar el turrón o el roscón a nadie -bueno, hay a quien sí nos gustaría-, y menos a las buenas gentes que levitan de tanta bonhomía como, por ejemplo, la Izquierda Abertzale de un tiempo a esta parte. Algunos líderes de ella repiten el mantra de que mediante las «vías pacíficas y democráticas» van a obligar a los Estados a moverse en lo que concierne al llamado «conflicto vasco»: es la famosa «vía vasca»… a no sabemos dónde, quizá a la nada, a ninguna parte. Y conste que si va a buen puerto, me la envaino, que aquí no forzamos la realidad para que encaje y no nos estropee el titular.

Desde luego, por lo que se ve, ni el Estado español, mucho menos el francés, están interesados en ningún proceso «democrático» al margen de la que hace perdurar su statu quo territorial.  No tienen la menor necesidad de «moverse» y no hay comunidad internacional que les inste a ello que, a todo esto, no se va a mover por las piadosas razones de ciertos mediadores internacionales de supuesto prestigio tipo Brian Currin u otros, que, por cierto, no saben cómo se las gasta el Estado español y mejor harían en denunciar internacionalmente el inmovilismo de un Estado que ellos no llamarán «fascista», pero yo sí. Como fascista es quien hace suyo aquello de (España) «antes roja que rota» (pensando ahora en Cataluña), y eso es lo que vienen a decir los Rajoy, Sánchez, Susana Díaz, Albert Rivera y/o P. Iglesias ahora embozado.

Las «vías pacíficas y democráticas», que ojalá fueran viables, son útiles allá donde ambos contendientes buscan una paz justa y verdadera, incluso un armisticio, pero ocurre que el Estado español no busca ninguna paz sino pura y simple «pacificación a la romana»: por derrota y sumisión. A esto conduce el «unilateralismo», a la entrega incondicional de armas (en sentido literal) y bagajes con el agravante de que se persiste en vender esta mercancía averiada por la fuerza de los hechos como «éxitos y progresos» sin que haga falta, siquiera, que nos vayamos al bajonazo electoral habido por el abertzalismo en las últimas elecciones generales del 20-D.

A la burguesía no se la convence «por vías pacíficas y democráticas». Al contrario, lo que se ha conseguido con la celérica deriva reformista y agachando la cerviz es que se ponga gallita y bravucona pues, ciertamente, se lo están poniendo como las carambolas a Fernando VII, o sea, «a güevo».

Dos no se arreglan -ni se dan de tortas- si uno no quiere y ese es el caso del Estado español, un imperio venido a menos que acostumbra a llevar estas cuestiones de esta manera hasta que le echan a patadas de los foros, algo que no va a suceder -más bien lo contrario, se le apuntala- con estas políticas a lo Gandhi (este, por lo menos, hablaba de «resistencia pasiva» como no pagar impuestos a los ingleses) que yo llamo «panfilismo» o, según el diccionario, «benignidad extremada» que algunos, bienintencionados, confunden con «ingenuidad», pero que, a medida que pasa el tiempo, huele muchísimo a chamusquina y a espurios intereses inconfesables…

Have a nice day
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La ley del embudo en Euskal Herria

El señor Gil de San Vicente es un conocido y reconocido demagogo cuya abigarrada escritura es un reciclado de distintos tipos de basuras intelectuales, entre las que prevalece un trotskismo sazonado por encima con virutas vasquistas. La presentación de su última escoria, “El problema español y el nacionalismo del Partido Comunista de España” (*) provoca muchas pésimas sensaciones, la mejor de las cuales es repugnancia.

Es natural que alguien así se haya propuesto “dar la vuelta a la historia del problema español” cuando lo que en realidad hace es dar la vuelta a la historia; y punto. Manipularla, falsificarla, retorcerla, desfigurarla… Inventarse la historia e inventarse historias son típicos tanto del trotskismo como del nacionalismo, del vasco y del español.

Sólo el lenguaje (“el problema español”) ya denota el origen de clase de tales bodrios. Es la terminología de la intelectualidad burguesa que cavila sobre la “España invertebrada”, sobre “España como problema”, sobre el “ser de España” y su “esencia imperecedera”. Toda esta diarrea intelectual sólo demuestra una cosa: que lo mismo que todos los burgueses, Gil no sabe lo que es España.

En el caso de Gil es posible que el problema se haya originado en su cuna pero, en cualquier caso, le conduce a una contradicción: la chabacanería vasquista, de la que él es un buen ejemplo, se lamenta de que los españoles les digan lo que tienen que ser, pero al revés la cosa no funciona, y algunos vascos se han atribuido la tarea de decirles a los españoles lo que han sido, lo que son, lo que deben ser, lo que tienen que ser, lo que pueden y lo que no pueden.

Este tipo de escritos proliferan porque la burguesía de un pueblo expoliado de sus derechos, como el vasco, acumula mucho resentimiento desde hace años y tiene ganas de revancha. Quiere hacer con “los españoles” lo mismo que han hecho con ellos, pagarles con su propia moneda. Por ejemplo, los vascos pueden ser nacionalistas, pero los españoles no.

No seré yo quien niegue que esa discriminación tiene un cierto fundamento porque ambos nacionalismos (el vasco y el español) no se pueden poner en el mismo plano, ya que responden a situaciones políticas opuestas. Como siempre que ocurren ese tipo de simplificaciones (“todos son iguales”) hay que dejar bien claro que uno (el nacionalismo vasco) es reactivo frente al otro (el nacionalismo español), que es dominante sobre él, le oprime y le mantiene en una situación de subordinación.

Eso es cierto. Ahora bien, requiere una explicación que Gil no expone, lo cual conduce -por más que con su verborrea disimule cuanto pueda- a una verdadera ley del embudo según la cual los españoles tienen que pasar de ser imperialistas, de tenerlo todo, a no tener nada.

Eso es intolerable y, por mi parte, no estoy dispuesto a admitir ni la más leve insinuación en tal sentido. A los grupúsculos liliputienses y a sus compinches, como Gil, estoy dispuesto a tolerarles su bazofia trotskista, su anticomunismo, su manipulación de la historia, sus fraudes, su patrioterismo chabacano y muchas cosas más, excepto que con sus porquerías pretendan enfrentar a vascos y españoles, y divulgar que la conquista de los derechos de unos supone una pérdida para los otros.

Lo digo por un motivo bien sencillo de entender: se llama internacionalismo de verdad, que nada tiene que ver con las elucubraciones de Gil. Creo que no hará falta reiterar que el internacionalismo es lo contrario del nacionalismo, de cualquier clase de nacionalismo, y que conduce a dejar bien claro lo siguiente:

Primero: somos realmente los internacionalistas (y no los nacionalistas) los únicos que defendemos de una manera consecuente la lucha contra la opresión nacional, entre otras cosas porque no sólo defendemos la de una de ellas, sino las de todas

Segundo: la lucha contra la opresión nacional se dirige contra un Estado, no contra ninguna otra nación, ni pueblo

Tercero: el pueblo español está interesado en lo mismo que los pueblos oprimidos; por lo tanto, no pierde absolutamente nada, sino al contrario, gana, con cuantos derechos conquisten las nacionalidades oprimidas

En todas sus variantes, la burguesía de las nacionalidades oprimidas (la vasca, la catalana, la gallega) no tiene claro ninguno de esos principios elementales que derivan del internacionalismo. Es más: se oponen a ellos. Creen que han patentado la lucha contra la opresión nacional en el Registro correspondiente de la Propiedad Intelectual.

No se trata de un problema ideológico, de dos teorías o puntos de vista diferentes, el nacionalismo y el internacionalismo. Se trata de algo mucho peor: ninguna de las burguesías nacionalistas logrará nunca sus objetivos porque no saben cuál es el origen de su problema, contra quién están luchando. Les duele algo, se lamentan, lloran pero no saben por qué. En consecuencia, tampoco pueden saber cómo remediarlo y de ahí sus peligrosas divagaciones.

En su insondable mediocridad, que denota su marchamo clasista, imaginan que la causa de sus problemas son “los españoles” y quizá todos partidos “españoles” como el PCE u otros que son “españolistas”, como les gusta decir. Quizá sea cosa de diglosia, del idioma español, que se impone al vernáculo y le oprime. O quizá de la cultura española, que solapa a la vasca y no permite que se desarrolle.

El texto de Gil es buena muestra del seguidismo que el patrioterismo vasco hace del patrioterismo español en todos y cada uno de sus pequeños y grandes complejos: el idioma español no es sólo el idioma de España, ni es patrimonio de los españoles.

Cualquiera es capaz de entender que el aprendizaje de otro idioma no va, per se, en detrimento del materno y que una cultura, per se, nunca puede obstaculizar a otra. No se conocen casos así. La opresión nacional no es un problema cultural, y mucho menos es un problema de cualquier tipo de cultura, sino en todo caso de un determinado tipo de cultura que, como cualquier ideología, expresa y sirve a un tipo muy determinado de clase social, de política y de Estado.

Donde hay un oprimido tiene que haber un opresor, y si los primeros quieren liberarse de los segundos deben identificarle exactamente porque de lo contrario inventarán fantasmas, molinos de viento que ocultan a los verdaderos opresores contra quienes deben combatir.

Los diversos grupos patrioteros que forman parte de la burguesía liliputiense prefieren buscarse enemigos ficticios, de cartón, antes que enfrentarse con quien realmente tiene la sartén por el mango, que es España, la única España realmente existente, un Estado con una determinada naturaleza de clase.Las consecuencias son obvias: frente a un enemigo de cartón, coaliciones de cartón, como Iniciativa Internacionalista, y formas de lucha acartonadas, como las electorales.

Con tanto cartón, más que a una batalla política, los liliputienses nos llevan a las fallas. Ya sólo nos queda prenderle fuego a los “ninots” y hasta el año que viene, hasta las siguientes fiestas, o hasta las siguientes elecciones.

(*) https://www.boltxe.eus/2015/12/04/el-problema-espaol-y-el-nacionalismo-del-partido-comunista-de-espaa/#Prlogo-al-libro-El-nacionalismo-imperialista-del-Partido-Comunista-de-Espaa-Crtica-de-una-historia-de-dominacin

La ‘kale borroka’ vuelve a Euskal Herria

Ibon Iparragirre
En la noche del sábado unos desconocidos quemaron ocho autobuses en Bizkaia, un sabotaje provocado para reivindicar la libertad del preso político Ibón Iparagirre, que está gravemente enfermo.

El fuego ha prendido en los autobuses aparcados, vacíos, en las cocheras que la empresa Acha, concesionaria de Bizkaibus tiene en el polígono industrial de Ugaldeguren, en Derio, cerca de Bilbao.

Siete autobuses quedaron completamente calcinados y otro parcialmente quemado. Los bomberos tuvieron que trabajar hasta las cinco de la madrugada para extinguir las llamas.

Tras examinar la zona, la Ertzaintza ha encontrado una garrafa de gasolina, restos de un petardo usado para provocar el fuego y pasquines que reclamaban la puesta en libertad de Ibon Iparagirre.

Un vecino de la zona ha explicado que hubo “una humareda bastante potente”, y que “se oía cómo iban estallando las ruedas, los depósitos y los cristales, uno a uno, hasta que llegaron los bomberos”.

Esos pueblos que oprimen a otros pueblos…

Tras la Segunda Guerra Mundial la ola descolonizadora dio lugar al nacimiento de la India que, más que un país, es todo un continente, un mosaico de castas, naciones y religiones, unas dentro de otras.

La dilatada lucha contra el colonialismo británico se prolongó tras la independencia, en cierta manera, convirtiendo a la India en uno de los motores del bloque de países no alineados que siempre mantuvo buenas relaciones con la URSS.

Pero la India también es una buena prueba de las carencias del nacionalismo burgués. Con la independencia la burguesía india no solucionó nada; cambió el problema de sitio.

Del seno de la India surgieron otros movimientos tan nacionalistas como el indio y opuestos a él. Por ejemplo, poco después de que la India lograra su independencia surgió Pakistán que, a su vez, logró su independencia.

No hay más que recordar las guerras de Cachemira para comprender que la independencia de la India no solucionó el problema nacional y la de Pakistán tampoco. Ambos países, poseedores de bombas atómicas, son enemigos mortales. El odio feroz de Pakistán hacia la India lo llaman el “síndrome bengalí”, que ha causado un millón de muertos y diez millones de desplazados.

Aunque tiene un nombre sicopatológico, dicho síndrome no tiene un origen neuronal sino político: lo nutrió el imperialismo británico. No es posible entender ningún movimiento nacional sin poner al descubierto las políticas de los imperialistas.

Pakistán es uno de esos países sin identidad propia. Busca en la religión algo que por sí mismo no tiene. Lo mismo que India, es otro mosaico de pueblos enfrentados al gobierno central de Islamabad a sangre y fuego. En 1971 ya perdió un pedazo al aparecer “Pakistan oriental” (Bangla Desh) y puede perder otros, como Baluchistán, donde hay un importante movimiento guerrillero.

Por reacción frente a la India, el gobierno de Islamabad se ha alineado históricamente siempre con los sectores más negros del imperialismo. No es casualidad que, lo mismo que en Oriente Medio, la reacción pakistaní se haya vestido con las ropas del peor islamismo. No tiene otras… salvo el ejército, la verdadera columna vertebral del Estado.

Desde la década de los setenta del pasado siglo, el ejército pakistaní emprende una profunda campaña de islamización del país para acabar con los movimientos independentistas locales y crear una unidad nacional ficticia.

Como en cualquier otra parte del mundo, en Pakistán los movimientos nacionales son una forma que tienen los imperialistas para repartirse el mundo y, como cualquier otro botín, los bocados siempre pueden ser más pequeños cada vez. Así se demostró en los Balcanes hace veinte años y se sigue demostrando hoy en Kurdistán.

La burguesía local esconde ese aspecto de la lucha nacional porque la independencia es la parte del botín que le corresponde a ella.

Pero bajo un internacionalismo de pacotilla otros también esconden que las naciones tienen un derecho legítimo a decidir su propio futuro y a independizarse.

En la opresión nacional hay dos aspectos fundamentales sin los cuales no es posible entender ni siquiera lo más elemental de la misma en la época imperialista en la que vivimos actualmente. El primero es que la lucha nacional no es más que la forma que adopta la lucha internacional en un punto geográfico determinado. El segundo es que la opresión nacional no es el problema de uno (el oprimido) sino el de dos (el oprimido y el opresor).

Un diputado americano de las Cortes de Cádiz, Dionisio Inca Yupanqui lo resumió así en 1810: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”. Se lo decía a aquellos diputados españoles que tanto hablaban de libertad y de lucha contra la opresión, en nombre de las nuevas naciones americanas que querían su independencia.

En aquel momento España luchaba por la suya contra Francia. Quería su independencia pero no admitía la de las colonias americanas, que en algunos casos (Filipinas, Cuba, Puerto Rico) se demoró casi un siglo entero.

Como el problema nacional es internacional su única solución es también internacional y, por lo tanto, internacionalista, es decir, es una tarea que corresponde a la única clase social que tiene una dimensión internacional: la clase obrera.

Teología política

N. Bianchi

Que es lo que hacía San Agustín (o Agustín de Hipona) y su agustinismo político en su «Ciudad de Dios». Y algo de cierto hay en ello si consideramos a la «política» como la secularización de la «teología».

A la izquierda abertzale, especialmente, se le pide desde hace años que «condene» la violencia, de ETA, por supuesto, y que los militantes de esta última se «arrepientan», que hagan «penitencia», atritos y contritos, y no dicen que se vayan a un convento o a un desierto a «expiar» sus culpas de puto milagro, usando este lenguaje religioso.

El secretario general de Sortu (partido político integrado en la coalición Bildu), Hasier Arraiz, acaba de declarar -en este minuto en que escribo- a la televisión autónoma vasca que cuando le piden -por enésima vez, ciertamente- que «condene» la violencia (de ETA, insistimos), él se niega porque le quieren imponer un único «relato» (sic) y por ese aro no pasa. Añade que así como él tiene otro «relato», no trata de imponerlo a nadie, de modo que no hagan con él lo mismo. ¿Qué está diciendo este doliente hombre? Pues que, según entendemos, de buena gana «condenaríamos» a ETA si, a su vez, la otra parte, el «unionismo» español, «condenara» la otra violencia, es decir, la del Estado. Y como esto no pasa, y ya se ha visto con la defenestración de Arantza Quiroga, secretaria del PP en el País Vasco, y su timidísimo amago de «hablar» de las víctimas, todas las víctimas, del «conflicto vasco», o así llamado, pues yo, la izquierda abertzale, tampoco «condeno» nada. En otras palabras, no tenemos ningún problema en «condenar» el «terrorismo» de ETA siempre y cuando «la otra parte» haga lo propio con el terrorismo de Estado, la guerra sucia y sus cloacas. Una cuestión más de semántica que de calado, es lo que hay.

Es este un discurso que un revolucionario -lo que no es la izquierda abertzale, evidentemente y ni ganas, que eso queda para los «iluminados»– no admite y rechaza, al menos en principio, es decir, yo no soy un cura ni un teólogo ni un juez que son los llamados a «condenar» -o absolver-, sino un revolucionario que, viendo las dos violencias, sólo «condena» la del Estado terrorista que gestiona los intereses del capitalismo, modo de producción, que, como dijera Marx, ha venido al mundo «chorreando sangre». También dice Arraiz -un burócrata vocacional al que le ha tocado esta papeleta con Otegi en la cárcel, por quien, por cierto, también pedimos su libertad desde este modesto blog- que «no le importa tanto de dónde vienen (los abertzales) sino adónde van». Muy bien, muy original, muy profundo. El explorador y misionero protestante escocés David Livingstone fue un estúpido por preguntarse por las fuentes del Nilo. ¿Para qué complicarse la vida si ya nos llegan sus límpidas aguas hasta Egipto de las que beben animales, seres humanos y las tierras que riega con sus crecidas? ¿Para qué molestarse? Admitimos que es una regular, tirando a mala, metáfora esta que ponemos, pero refleja, creemos, un poco el «pragmatismo» absolutamente acrítico -con el presente- y ahistórico -con el pasado reciente- del que sólo quiere ver las consecuencias de un conflicto olvidándose, adrede, de las causas que lo motivaron, esto es, cerrar falsamente la herida y tira millas y viva la virgen que son dos días: carpe diem!

Para el Gobierno español, da igual su pelaje, que ETA deje las armas «UNILATERALMENTE» está bien, cojonudo, así se las ponían (las carambolas jugando al billar) a Fernando VII. También para la Izquierda Abertzale, promotor principal de que eso haya ocurrido así y de esa vergonzosa manera (*). ¿Se moverá el Gobierno, dará algún paso ? No parece. No importa, nosotros, la IA, seguiremos por la senda de la «unilateralidad», les «obligaremos» a moverse. ¿Ingenuidad o mala fe? Que el pueblo catalán, con el Gobierno (burgués) al frente, declare «UNILATERALMENTE» la independencia de Catalunya, eso está mal y muy feo para el Gobierno español, ahí no vale; en el caso anterior, sí vale. Como niños. ¿Simplifico en exceso? Es posible, pero es que así es el Gobierno de «simple», esta sí, esta no, como la canción preferida de Mariano.

(*) Para quien crea, si acaso lo hubiere, que, de algún modo, estamos por la labor de una «vuelta atrás», al «terrorismo», como dice el discurso dominante, diremos que no se preocupe nadie: no somos tan lerdos ni burros, aunque, como marxistas, asumimos -y criticamos si procede- todo lo que forma y conforma la Historia, es decir, lo que hacen los hombres sin, muchas veces, saber que la hacen.

Buenas tardes, señores/as.

La lucha contra la opresión nacional es una parte de la lucha contra el imperialismo

Juan Manuel Olarieta

El 20 de agosto el sitio Vilaweb publicó un confuso artículo titulado “Dret d’autodeterminació: les deu preguntes clau” (Derecho de autodeterminación: las diez preguntas clave) que se caracterizaba por reducir el derecho a la autodeterminación a su aspecto jurídico.

Si fuera así, la exposición de Vilaweb no sólo sería jurídicamente correcta sino que se podría calificar de impecable. También es impecable en el sentido de que en el texto queda claro que la cuestión nacional es, en realidad, una cuestión internacional.

Sin embargo, induce a la confusión porque el derecho a la autodeterminación no es la autodeterminación misma, lo mismo que el derecho de manifestación no es una manifestación.

¿Por qué Vilaweb procede de esa manera?, ¿por qué reduce la autodeterminación a un derecho? Sin duda, porque la burguesía catalana quiere el derecho de autodeterminación pero no la autodeterminación. Quiere la autodeterminación por la vía pacífica, “por las buenas” y de momento no está dispuesta a hacer nada más por ello.

En favor de la burguesía catalana hay que decir que, por el momento, eso ya sería un paso importante, nada desdeñable, si estuviera dispuesta a seguirlo hasta el final.

Esa misma “vía pacífica hacia la independencia” es lo que está permitiendo que el fascismo esté reaccionando en su contra de la manera en que lo está haciendo, bajo la batuta de los servicios militares de espionaje, empezando por las recientes declaraciones de Felipe González y otras acciones que vendrán después, entre las que sobresalen las amenazas de todo tipo.

La burguesía (la catalana y la de Madrid) tiene muy claro lo que la constelación de colectivos populares y progresistas (dentro y fuera de Catalunya) aún no han aprendido, a saber, que la autodeterminación real no es una modificacion fronteriza, ni consiste en cambiar las aduanas, ni en repartir otros pasaportes, sino que supone un enfrentamiento con el fascismo, con el Estado reformado en 1977 y, en definitiva, su destrucción. La independencia de Catalunya no sólo cambiaría a Catalunya sino a España entera.

Para que eso ocurra la burguesía catalana tendrá que dar pasos adelante que ahora mismo no quiere dar porque comprometen su propia situación. Esos pasos adelante sólo los puede dar -y los dará efectivamente- el proletariado porque es una clase social que, a diferencia de la burguesía, no tiene nada que perder tampoco en ese terreno.

De ahí que el movimiento independentista en Catalunya tenga también ese carácter masivo y popular, que ha obligado a la burguesía a ponerse a la cabeza a regañadientes, para impedir una explosión social, parecida a las que conoció en el siglo XX.

Hasta la fecha la burguesía catalana no ha ido más allá no sólo por su condición de clase sino por otra razón adicional: porque, como he dicho, la cuestión nacional es, en realidad, una cuestión internacional o, dicho en términos leninistas, porque la lucha contra la opresión nacional es una parte de la lucha contra el imperialismo.

En este punto es donde el artículo de Vilaweb descarrila por completo. Al más puro estilo burgués reconvierte la cuestión nacional de tal manera que no es ya una lucha contra el imperialismo sino algo intrínseco al imperialismo mismo, para lo cual tiene que falsificar la historia de los procesos independentistas más recientes, cuyo modelo es el de Kosovo.

Vilaweb no se pregunta por qué “España reconoce el derecho del pueblo del Kosovo a la autodeterminación” y no el de Catalunya. La respuesta no puede ser más sencilla: Kosovo es un Estado creado por el imperialismo, no un ejemplo de ejercicio de la autodeterminación.

Tampoco se pregunta por qué “durante el siglo XXI en Europa han aparecido tantos Estados nuevos”, y la respuesta sigue siendo sencilla: porque los imperialistas se están repartiendo el mundo, es decir, troceándolo y apoderándose de sus despojos.

Dice igualmente Vilaweb que “Sudán reconoce en la constitución el derecho del Sudán del sur a autodeterminarse”. Pero tampoco es que el sur se haya autodeterminado sino que el imperialismo y el sionismo han creado otro Estado para mantener a Sudán en la misma situación que Irak o Libia. ¿Es eso lo que pretenden Vilaweb y la burguesía catalana?, ¿esos son sus modelos?, ¿Kosovo?, ¿Sudán del sur?

La burguesía catalana no quiere la independencia; quiere cambiar la dependencia, sustituir a España por otro patrono. Eso significa que para que la burguesía catalana se enfrente realmente al Estado fascista español tiene que haber un patrono dispuesto a dividir España, del mismo modo que ha dividido anteriormente a otros en el mundo, e incluso en Europa, como Yugoeslavia o Checoslovaquia, y se hace imprescindible precisar además lo siguiente: toda división supone un reparto de los despojos (nacionales o no) que resulten de ello.

Eso la burguesía (la catalana y la española) también lo sabe, a diferencia de los movimientos populares y progresistas (dentro y fuera de Catalunya). Sabe, además, que ese patrono imperialista, que no es otro que Alemania, aparecerá dentro de muy poco tiempo para “luchar contra la opresión nacional en España”. Por eso vivimos en un “impasse” ahora mismo, mientras unos y otros afilan sus cuchillos, en Barcelona pero también en Madrid.

¿Cuál debe ser la posición del proletariado dentro y fuera de Catalunya en ese proceso? No pueden caber dudas: en la medida en que la lucha independentista, además de justa, está dirigida contra un Estado fascista, como el español, la clase obrera dentro y fuera de Catalunya debe defender la lucha por la independencia y esforzarse al máximo por ponerse a la cabeza de la misma, demostrar que es el defensor más consecuente de los legítimos derechos nacionales.

Pero el proletariado tiene su propia línea, sus propios métodos de organización y de lucha, su propia ideología, de tal manera que no puede admitir, como hace Vilaweb, que en Bolivia haya unas supuestas “naciones indias” que tienen también su propio derecho de autodeterminación. Eso es una estupidez, como ya demostró el gran dirigente comunista Mariátegui hace más de 80 años. ¿O a la burguesía catalana le gustan las reservas indígenas de Arizona o Dakota?, ¿es ese acaso su modelo de independencia?

(*) http://www.vilaweb.cat/noticies/dret-dautodeterminacio-les-deu-preguntes-claus/

De víctimas

N. Bianchi

Leemos que EH Bildu participará en el debate sobre el Mapa de la Memoria para completar “lagunas y vacíos” ya que “todas las víctimas necesitan y merecen ser reconocidas y reparadas”. Asimismo, la coalición criticó al PSE-PSOE por querer “clasificar” a las víctimas.

Dicho Mapa de la Memoria, que consiste en una relación de víctimas habidas durante los últimos 50 años entregadas a diversos municipios vascos (excluyendo significativamente a Navarra) donde hubo esos muertos ocasionados por ETA, GAL, Batallón Vasco-Español, GAE, la Triple A o por las FSE, está impulsado por la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco ubicado en Lakua (Vitoria-Gasteiz).

EH Bildu dice querer participar en el debate por “responsabilidad” puesto que “si se reconoce a unas víctimas y a otras no, eso va en contra de la dignidad de todas ellas”. Dicho así, suena lógico, pero hay algo que rechina. Eso de meter en el mismo saco A TODAS LAS VÍCTIMAS, de insacularlas, no acaba de encajarnos bien. Es un poco como el “argumento” que dice que en la guerra civil española hubo “atrocidades por ambos bandos” diluyendo la responsabilidad principal del causante de dicha guerra, esto es, la sublevación militar-fascista. Es como si la guerra tuviera orígenes deportivos con, por supuesto, vencedores y vencidos, siendo los muertos “daños colaterales” inevitables, qué se va a hacer, el “juego de la guerra” es así, tiene estos imponderables de los cuales NADIE ES RESPONSABLE porque nadie empezó y, si unos hablan, de sublevación facciosa, otros dirán que la rebelión empezó en Asturias en el 34 con los mineros que poco menos que querían hacer una revolución bolchevique ¡contra la República!

Paradójicamente, es la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia, quien arroja algo de luz en este contencioso al exigir al lendakari Urkullu que “no avale la tesis del conflicto político” (entre, se supone,  ETA y parte del pueblo vasco y el Estado español). Admite, como quien te perdona la vida, que haya habido víctimas ocasionadas por “actuaciones irregulares de funcionarios públicos”, o sea, las FSE, pero, advierte, esas víctimas en absoluto “se pueden equiparar a la acción criminal de ETA”. Y es que la causa de la victimización de unos y otros “es distinta”, concluye Mendia, que añade: “su origen radica en otras circunstancias muy distintas entre ellas en muchos casos”.

Pues bien, aunque parezca mentira o que nos hemos vuelto locos, estamos de acuerdo con las palabras de esta señora aunque, eso sí, coincidamos por motivos bien diferentes y opuestos. Ella distingue las víctimas desde quien se sabe vencedor en el “conflicto” que ella niega -va en el guión y en el sueldo- por hurtarle su carácter político y, por lo tanto, las víctimas de ETA son las auténticas víctimas, las de verdad,  y producidas por “criminales”, por “terroristas” que querían implantar un “proyecto político” mediante la lucha armada o “terrorismo” en la jerga oficial. Las otras víctimas, las de las FSE, son, como se dijo, “actuaciones irregulares”, pero no cometidas por “criminales”, ahora no, ni por “funcionarios públicos”, policías, al servicio del terrorismo de Estado quien, en última instancia, no se olvide, tiene el monopolio de la violencia, de modo que sus víctimas son de otra clase, de otra categoría, son de segunda división. Por lo tanto, esta señora DISTINGUE  a unos de otros, y, repetimos, estamos de acuerdo, por razonamientos opuestos, por descontado. Unas y otras “víctimas” son magnitudes heterogéneas, no homogéneas porque, en efecto, sí existe ese conflicto que a ella no le gusta que se reconozca y le da una colleja a Urkullu. Y ese conflicto persiste al margen de la existencia o desaparición de la organización armada, de su derrota.

Quien está dispuesto, al parecer, a meter a todos en el mismo zapato es EH Bildu en aras de la “pacificación y la convivencia y la reconciliación”. Tiene que ser el enemigo, encarnado en esta señora, quien le recuerde quién manda aquí, quienes son víctimas del “terrorismo” y quienes “pasaban por allí” en el momento más inoportuno.

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