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Las bombas de los terroristas cristianos en Madrid

El 1 de marzo de 2006 un extremista cristiano puso una bomba en el Teatro Alfil de Madrid en el que el cómico italiano Leo Bassi representaba la obra «La Revelación» en la que mofaba de los cristianos.
El terrorista dejó prendida una bomba con una mecha de efecto retardado que habría explotado una hora después de ser descubierta, coincidiendo con la representación de la obra. El habitáculo estaba lleno de rollos de papel de atrezo y de cortinas. La explosión del artefacto casero habría provocado la propagación de las llamas por todo el recinto. 
”De no haberse descubierto”, dijeron los portavoces del Teatro Alfil en una nota, «habría estallado produciendo un incendio de grandes dimensiones con el público, técnicos, personal del teatro y artistas dentro de la sala». Al lugar de los hechos se trasladaron brigadas de la Policía y del Tedax para analizar el artefacto e iniciar la investigación sobre un acto que pudo causar innumerables muertos.
Poco antes, el 24 de febrero, la asociación católica Alternativa Española convocó una protesta a las puertas del teatro, contra la que consideraban «una obra blasfema». Además Alternativa Española presentó una querella contra el propio Leo Bassi, el Teatro Alfil y su director por considerar que la repesentación vulneraba el Código Penal y la Constitución en su defensa por el respeto a los cristianos.
Hacía varias semanas que Bassi vivía custodiado por guardaespaldas porque había recibido amenazas de muerte de grupos católicos que protestaban contra «La Revelación». Desde su estreno en el Alfil, fueron sido muchas las voces de grupos católicos que se mostraron contrarios al espectáculo por entender que ofendían sus sentimientos religiosos.
Poco después del estreno el cómico italiano manifestó que la obra era una «crítica racional al monoteísmo del Antiguo Testamento poniendo en evidencia las contradicciones peligrosas, las omisiones e inconsistencias». Bassi analizaba algunas manifestaciones de dirigentes de diversas confesiones cristianas, desde el Papa hasta los telepredicadores protestantes que causan furor en América Latina.
¿Para cuando una ley contra el terrorismo cristiano? La verdad es que no serviría de nada porque la policía no se molestó en buscar a quienes colocaron la bomba… Ya se sabe: los católicos no ponen bombas en Madrid o, dicho de otra manera: impunidad total.

Impunidad para unos, cadena perpetua para otros

Ayer se produjeron dos acontecimientos simultáneamente que muestran el funcionamiento implacable de la ley del embudo, que es como una ley de leyes que rige en las sociedades de clase.
El primero nos lo han pasado por delante de las narices todas las televisiones: Rajoy y Pedro Sánchez firmando al alimón una reforma de las leyes penales para imponer la cadena perpetua contra los terroristas, que ahora es una palabra muy cercana al yihadismo. Es casi lo mismo.
La segunda no ha tenido foto: la Audiencia Nacional archivó la petición de la Asociación Pro Derechos Humanos para que se detenga a 19 antiguos ministros franquistas acusados por los tribunales argentinos de crímenes cometidos durante la dictadura.
Una vez más los medios sólo nos cuentan la mitad de los acontecimientos para inculcarnos lo que tenemos que pensar al respecto: el franquismo no es terrorismo y el yihadismo sí lo es, o bien que ambos son variedades del terrorismo, pero éste es más importante que aquel, o mata más.
Cuando los medios sólo nos muestran una parte de la realidad ya no sabemos ni en qué mundo vivimos. Podríamos seguir contando incongruencias de ese ghetto que es la Audiencia Nacional. Por ejemplo, el mismo juez que archiva la petición de extradición de los 19 criminales franquistas, el señor Velasco, acusa a más de 50 presos de pertenencia a una organización criminal, los Ángeles del Infierno, detenidos en Mallorca.
La noticia tampoco ha salido en la tele porque los angelitos no son yihadistas sino motoristas. ¿Por qué no aumentar las penas también a los motoristas?, ¿por qué no aprobar una ley contra los terroristas que circulan en moto y en bandadas?, ¿y a los moteros que son lobos solitarios? «Por toda Alemania, los investigadores han detectado un incremento del número de contactos entre las bandas alemanas de motoristas y los militantes neonazis», decía Der Spiegel (*).
Los ministros franquistas eran los ángeles de un infierno muy singular. No sabemos si se tatuaban los biceps; lo que es seguro es que tenían tatuada su alma y esa debe ser la nueva patente de corso. La Asociación Pro Derechos Humanos calificaba de «escandaloso» que la policía española no hubiera puesto a los sanguinarios ministros a disposición de los tribunales argentinos, pero hay algo aún más escandaloso, si cabe: ¿por qué no los ha puesto a disposición de los tribunales españoles?
Es sencillo de explicar: porque en España el franquismo es como el cierzo; nunca fue considerado como un crimen sino como una parte de la historia. Cuando en noviembre del año pasado la sección argentina de Interpol pidió de forma «urgente» la detención de los 19 criminales, su homóloga en Madrid protestó ante la Secretaría General con sede en Lyon, que aceptó la reclamación.
A partir de entonces los papeles empezaron a cambiar de oficina, desfilando de una a otra y aumentado su volumen cada vez con más papeles. El tiempo pasa. El Ministerio del Interior lleva el expediente a un despacho de la Fiscalía porque saben que es una institución ajena e incompetente para tramitar y ejecutar las órdenes de detención.
¿Por qué cambian de sitio los papeles? Porque llevándolos a un departamento judicial, el gobierno se lava las manos como Pilatos. Eso es cosa judicial, o sea, depende de funcionarios «independientes».
La orden de detención argentina afecta Martín Villa, ministro de Gobernación (Interior), a Utrera Molina, que es suegro del exministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón, a otros políticos de la dictadura, exmiembros de las Fuerzas Armadas, ex jueces y hasta un antiguo ginecólogo.
También aparecen los ex ministros Antonio Carro Martínez (ministro desde 1974 a 1975), Licinio de la Fuente (vicepresidente del Gobierno entre 1974 y 1975), José María Sánchez Ventura (ministro en el último gobierno franquista), Alfonso Osorio García (ministro de presidencia entre 1975 y 1976) y Antonio Barrera de Irimo, quien falleció el pasado septiembre.
Los tribunales argentinos acusan a Utrera Molina, Licino de la Fuente, Carro y Barrera de haber convalidado con su firma la sentencia de muerte de Salvador Puig Antich en 1974. La hermana del último condenado en el garrote vil en España es una de las querellantes de la causa.
A Rodolfo Martín Villa le consideran responsable de la matanza cometida en Vitoria el 3 de marzo de 1976, en la que cinco trabajadores fueron asesinados por la policía y hubo más de cien heridos, muchos de ellos por armas de fuego.
Al ex ministro de Presidencia Antonio Carro le acusan de convalidar la sentencia de muerte de Puig Antich y de los últimos fusilamientos del régimen franquista el 27 de septiembre de 1975 en los que fueron asesinados José Humberto Baena Alonso, José Luís Sánchez Bravo Sollas, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot «Txiki» y Ángel Otaegui Echeverría.
Contra Sánchez Ventura se dirige por haber firmado las sentencias de muerte de los últimos fusilamientos del régimen franquista, al igual que contra Fernándo Suárez, mientras que Osorio está acusado por su responsabilidad por la muerte de los trabajadores de Vitoria.
Además de estos cargos políticos, la querella se dirigía contra antiguos miembros de las Fuerzas Armadas, auditores del Cuerpo Jurídico del Ejército o un médico ginecólogo acusado de sustracción de menores. Los tribunales argentinos quieren capturar a Antonio Troncoso, coronel auditor del Cuerpo Jurídico Militar, Carlos Rey, antiguo capitán auditor del cuerpo jurídico del Ejército, y a antiguos miembros de las Fuerzas Armadas, Jesús Quintana, Jesús González, Ricardo Algar, Félix Criado, Pascual Honrado, Jesús Martínez, Benjamín Solsona y Atilano del Valle.
Además, buscan a Abelardo García, denunciado por el caso de Flor Díaz Carrasco quien busca a su hermano desaparecido en el Hospital Municipal de La Línea de la Concepción el 6 de noviembre de 1967 donde trabajaba como médico ginecólogo.
La Audiencia Nacional ya había rechazado la extradición del torturador Antonio González Pacheco «Billy el Niño» y el capitán de la Guardia Civil Jesús Muñecas.
La denuncia interpuesta en abril de 2010 por múltiples víctimas y sus familiares afirma que los crímenes ocurridos desde el 17 de julio de 1936 constituían un plan sistemático y planificado de «aterrorizar a españoles» por su ideología y de sustracción de menores.
Así funciona la ley del embudo. España está llena de fascistas con nombres y apellidos que nos han aterrorizado a la población durante décadas con sus crímenes, pero a Rajoy, Pedro Sánchez y la Audiencia Nacional eso no les preocupa nada. Lo que buscan son los crímenes que aún no se han cometido; y si no los encuentran se los inventarán.
(*) German Investigators Worried: Growing Links Seen Between Hells Angels and Neo-Nazis, 5 de enero de 2009, http://www.spiegel.de/international/germany/german-investigators-worried-growing-links-seen-between-hells-angels-and-neo-nazis-a-599507.html

El PCE en la resistencia antifranquista de Guadalajara

Vicente Relaño
Quizás por haber resistido hasta el final de la guerra y por ser escenario de la primera derrota militar del fascismo italiano, la provincia de Guadalajara fue especialmente castigada desde el primer momento por la represión franquista y con un alcance que las cifras nos muestran con horror. Entre 1939 y 1944 fueron represaliadas 7269 personas nacidas o residentes en la provincia, lo que representaba un 4.3% de la población provincial de 1940. De esas 7269 personas, el PCE fue la segunda organización en número de castigados, con 1039 represaliados, siendo la primera UGT con 1904. Al igual que en el resto de España, el Partido Comunista había pasado de ser un pequeño grupo sin apenas presencia militante en nuestra provincia a convertirse en un grupo con miles de afiliados y principal sostén del Quinto Regimiento. Así, en Guadalajara el PCE pasa de tener 90 afiliados en 1935 en toda la provincia, a 8000 carnets entregados en noviembre de 1937.
Desde el primer momento de la represión franquista, en abril de 1939, los principales dirigentes provinciales fueron fueron perseguidos con saña y asesinados o encarcelados; Vicente Relaño, secretario general del PCE de Guadalajara fue prontamente detenido y sometido a un cruel trato, aunque su ejecución se retrasó hasta 1943 porque Relaño tenía más de 10 avales de personas de derechas a las que se había salvado al ponerlas bajo la protección de la Ley republicana en los días difíciles de los primeros meses de la guerra. Otros dirigentes fueron al exilio o fueron encarcelados. Desde Guadalajara se organizó una expedición falangista a Alicante para buscar a todos los republicanos alcarreños allí detenidos. A su regreso, fueron exhibidos por las calles de la ciudad en un recorrido parecido a un auto de fe.
El número de penas de muerte ejecutadas a militantes comunistas en la provincia de Guadalajara, según estadística recogida por el Foro por la Memoria de Guadalajara y basada en las propias sentencias judiciales, fue de 166, de un total de 822 fusilados entre 1939 y 1944 en las tapias del cementerio provincial, siendo la segunda organización con mayor número de asesinados después de la FNTT-UG.

En estas circunstancias es fácil entender que la mayoria de los militantes comunistas que estaban en condiciones en la posguerra de reorganizar el PCE en Guadalajara eran o bien los más jóvenes, que no habían vivido la guerra, o las mujeres, viudas o compañeras de militantes encarcelados o presos.
La militantes femeninas no fueron sólo las que tuvieron que afrontar las multas, ayudar a sus compañeros presos y sostener a la familia en una situación de persecución y postguerra, sino que fueron en muchos casos las encargadas de intentar la reconstrucción de la organización, cuyo principal objetivo era, como en el resto de España, sobrevivir y auxiliar a los presos.
Es de justicia citar a algunos de los militantes comunistas de Guadalajara que arriesgaron su vida y su libertad para reorganizar el partido y apoyar a sus camaradas presos. Son solamente unos pocos aquellos de los que se guarda memoria, pues cientos de ellos murieron anónimamente bajo un dictado de olvido que algunos desean que persista hasta el día de hoy. Como ejemplo de dignidad y lucha llegan hasta nosotros estos nombres:
Maria Valés Santos, natural de Torre del Burgo, encarcelada el 09/07/1942, acusada de reorganizar clandestinamente el PCE.
Gregoria Pérez Barbero, 23 años de Cendejas de la Torre, militante de JSU, detenida en 1943 junto a 21 personas más, acusada de ser «miembro de la organización clandestina del PCE».
Adoración Retuerta detenida «por actividades clandestinas de carácter comunista.(…)», detenida por el reparto en Guadalajara y Madrid de unos pasquines que decían «Franco os roba el aceite y el pan de vuestros hijos hambrientos, ¿a qué esperáis para manifestaros contra el hambre? Viva la República».
Tomasa Cuevas, de Brihuega, de las JSU, quien tras 12 años de cárcel en durísimas condiciones, regresó a Guadalajara en 1950 y se convertiría en uno de los mayores ejemplos de fortaleza moral, de solidaridad y de humanidad que haya podido haber en el comunismo español, rescatando la memoria de la vida, lucha y sacrificio de las mujeres de su generación.
Muchos de los militantes que lucharon por la reconstrucción del partido habían sido presos de primera hora que ya habían sido excarcelados tras cumplir penas menores, como es el caso de Pedro Martinez Magro, maestro de Jadraque que tras ser sobreseída su causa, fue puesto en libertad, participando en la reconstrucción del PCE en Guadalajara y Alcalá de Henares, hasta que en 1947 fue detenido, acusado de la explosión del polvorín militar de Alcalá de Henares y fusilado.
Un caso que ejemplifica muy bien el de aquellos combatientes que habíando logrado sobrevivir no dudan en volver a comprometerse en la lucha es el de Felix Samper Albarracín, jornalero de Sayatón y teniente del EPR quien tras salir de la carcel en 1943, fue detenido de nuevo en el 45 y acusado de pertenecer a la organización clandestina del PCE fue condenado a un año y seis meses.
Entre las mujeres que habían estado presas destaca Mercedes Wandelmer, de la Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA) y del PCE, que pertenecía a una familia de luchadores y militantes comunistas en la que hay dos fusilados. Tras salir en libertad condicional de la prisión de Barbastro en julio de 1943, fue detenida de nuevo en 1945, (“ingresó en la clandestinidad en el PCE para combatir y derrocar al régimen legalmente constituido en España y sus más sanas y tradicionales instituciones”). Fue condenada a cinco años más de prisión.
El Socorro Rojo Internacional (SRI) sirvió como primera estructura de apoyo a los presos y permitió una tímida organización del partido en nuestra ciudad con la entrega de comida, ropa y enlace entre los presos y sus familias y con el partido. Esos fardos de ropa eran precisamente usados para la introducción de mensajes, veamos un ejemplo:
Teodora Segura Muñoz, de 18 años, de Peralejos de las Truchas, fue encarcelada en 1945 por propaganda ilegal, junto a Bonifacia de la Riba Esteras “con motivo de haber llevado clandestinamente para lectura de los presos partes de guerra y revistas, las que pasaba envueltas en legajos de ropa para los presos”.
La reconstrucción del PCE en Guadalajara empezó en la propia cárcel pues los propios presos crearon una célula para repartir las ayudas y apoyarse mutuamente. La proximidad de Madrid facilitaba conseguir propaganda y traerla a Guadalajara en arriesgados viajes en tren. Algunas de las más activas militantes de SRI que sirvieron de enlace con los presos fueron: Cecilia Abad, Tomasa Cuevas, Julia García, y Trinidad Merodio, entre otras. Gracias al libro “Mujeres en las cárceles” de la briocense Tomasa Cuevas, conocemos el nombre de uno de los militantes que participó como organizador en el interior de la Prisión Central de Guadalajara de una célula clandestina. Se trataba de un militante malagueño llamado Antonio Ramón, que estaba gravemente enfermo de tuberculosis y que falleció al poco de ser liberado en los años 50. Otro de los miembros del PCE que se hallaba preso y que agravó su causa fue Emilio Alda Garcia natural de Chiloeches, tras ser acusado de ser el responsable clandestino del PCE en la cárcel de Guadalajara.
Clotilde Ballesteros
Los supervivientes de la represión estaban en el constante objetivo de la policía franquista y eso, en una ciudad pequeña como Guadalajara, hacía más difícil su tarea, siendo necesario extremar las cautelas. Hacia 1946 Clotilde Ballesteros, militante comunista nacida en Mirabueno y viuda de un importante cuadro del PCE, Juan Raposo, que había sido cruelmente asesinado a golpes en la Prisión Provincial y fusilado después de muerto, recibió la visita de un extraño personaje que le propuso hacer negocios y reunir a los militantes dispersos para teóricamente reconstruir el PCE. Clotilde lograría mantenerse con éxito en la clandestinidad y sería clave en mantener el contacto con Madrid en los años más duros. Las resistentes como Clotilde estaban especialmente expuestas porque eran el punto de contacto externo. El personaje traía la supuesta carta de un histórico militante llamado Emiliano Wandelmer quien había sido secretario provincial de las JSU. Wandelmer había sido excarcelado en 1943; tanto Emiliano como su padre Pedro y su hermana Mercedes, habían tenido un compromiso público en defensa de la República y como militantes del PCE y eran muy conocidos en Guadalajara. Tras la entrada de la tropas fascistas fueron detenidos y el padre, Pedro Wandelmer, un hombre ya de edad que no obstante llegó a ser oficial del EPR, fue ejecutado, así como Ángel Waldelmer de 22 años y anarcosindicalista. Otros miembros de la familia, como Nieves, Victoriana, Joaquina o Mercedes también sufrieron cárcel y persecución.
Emiliano Wandelmer, encarcelado en Porlier había sido torturado; el odio a su familia y a su militancia valiente le había convertido en una víctima a la que destruir y aplastar moralmente. Los resistentes sabían que Wandelmer había sobrevivido, pero existía el temor de que se hubiera quebrado moralmente y estuviera, ya en libertad, siendo utilizado por la Brigada Político Social (BPS) para romper la seguridad de la resistencia. No había pruebas de que hubiese traicionado, pero las condiciones de lucha eran tan terribles que la sospecha bastaba para tener que tomar medidas preventivas. Antonio Cañadas Dombríz, militante libertario que había sido detenido en los mismos días que Emiliano, en sus memorias inéditas (Cañadas, FMGU) señala que le vigilaron y gracias a ello: (…) Supimos que Waldelmer [sic] era el traidor porque a los que sí se habían reunido con él, les extrañó que a la reunión que él habia convocado y que fue sorprendida por la policia, no acudió el sujeto y le vieron por la calle con algún policía de la Social (…)
Sospechando que el visitante que decía venir en nombre de Wandelmer era un policía o un infiltrado, Clotilde Ballesteros, quien ya entonces participaba activamente en la actividad clandestina del PCE, se hizo la tonta y mintió al sospechoso asegurándole que ya había abandonado toda actividad política y que estaba ocupada sólo en su hijo y su nuevo marido, también encarcelado. El visitante insistió y se entrevistó con otros militantes en libertad, entre ellos con Francisco Mayoral, ex-secretario de organización de las JSU de Guadalajara, quien acababa de salir de la cárcel. Mayoral avisó de la manera más discreta posible a todos los militantes que pudo, no sin antes poner vigilancia y seguimiento al individuo sospechoso, que desapareció tras varias visitas, al comprobar seguramente el escaso eco de sus propuestas.
La lucha en la ciudad estaba muy centrada en recomponer lazos y en apoyar a los encarcelados y sus familias fundamentalmente, pero en las zonas de sierra de la provincia los guerrilleros se mantenían en armas, si bien en situación muy precaria. La capital, una ciudad de 20.000 habitantes donde en 1939-40 llegaron a estar encarcelados simultáneamente 5000 personas, era tan sólo uno de los espacios de lucha, el «llano» y la «montaña» eran los otros. Por el «llano» se entendían las poblaciones rurales y por la «montaña» las zonas agrestes en las que se mantenían los guerrilleros. El llano ayudaba a la montaña. En ese apoyo a la actividad guerrillera el PCE clandestino fue uno de los pilares fundamentales. Guadalajara formaba parte del corredor de la Cordillera Central que permitía conectar el centro y sur con el camino a Francia, pero la principal zona de resistencia fue el Alto Tajo, en las fronteras con Teruel y Cuenca. Entre 1947 y 48 hubo hasta 35 detenciones de vecinos de Ocentejo, Peralejos de las Truchas y otros pueblos de la zona, que fueron acusados de «apoyo a bandoleros» (García Bilbao, X. [et al], 2010).

La actividad clandestina del PCE siguió a pesar de todas las dificultades. Una, y no poco importante, era la de contactar con la estructura del partido a nivel nacional y de esa forma con la dirección en el exilio. Hay informes en la documentación de Jesús Monzón donde Guadalajara aparece claramente conectada con la dirección del partido en 1945 (AHPCE.Informes-jacq3). Tras la masacre de cientos de militantes en los primeros años de la dictadura, los encarcelamientos masivos y las deportaciones, la represión no cesó. Las multas, el expolio, los despidos, la persecución diaria que llegó a suponer la muerte civil de los que se habían atrevido a plantar cara al golpe y defender la República eran una cruda realidad que aplastaba cualquier intento de resistir; recordemos a comunistas como Antonio Buero Vallejo, luego famoso autor teatral, o a Ramón de Garcíasol, periodista y poeta, quienes tras sobrevivir a la guerra, la cárcel y eludir la muerte, se vieron obligados a un duro exilio interior. Buero Vallejo, en fecha tan tardía como 1980, era discutido por parte de la sociedad bienpensante de la ciudad y se entorpeció el darle su nombre a un Instituto de Bachillerato apelando a su condición de comunista.
En medio de este panorama, muchas personas abandonaron la ciudad y fueron a Madrid o a otras provincias. El PCE resistió porque la voluntad de lucha de sus militantes fue absolutamente heroica, pero las condiciones de aislamiento y represión supusieron el desgaste brutal de la generación joven que había conocido la República y luchado en la guerra, siendo los años 40 una época de resistencia que acabó por agotarla.
La salida de la cárcel de los supervivientes de la represión inicial les llevó a encontrar una Guadalajara devastada moralmente y con toda la vida civil en manos de un régimen totalitario donde no había lugar para los que no quisieran rendirse. Las redes de apoyo a presos y familias, una solidaridad antifascista ejemplar, abarcaba a todos, incluidos militantes socialistas y libertarios, aunque las tensiones derivadas del golpe de Casado se hicieron sentir siempre. Tras 1944 y hasta el 49, la actividad guerrillera y con ella el paso por Guadalajara de partidas y cuadros procedentes de Francia en ruta a otras zonas de actividad generó un repunte de la represión y del control. Una nueva oleada de encarcelamientos y juicios se cebó entre los resistentes, llevando de nuevo a la cárcel a muchos de ellos.

A primeros de los cincuenta, la situación era de devastación. Persistían redes de veteranos militantes y el PCE mantenía contacto con la dirección en Madrid y Francia, pero la actividad era sobre todo de resistencia moral, no dejarse vencer, como primer objetivo. Surgieron dos retos: el primero fue la reproducción generacional, los mayores anteriores a la guerra estaban muertos, prisioneros, en el exilio o agotados, sólo un reducido grupo mantenía la red clandestina. Los más jóvenes, sobre todo los antiguos militantes de las JSU, ahora ya en plena madurez, serían de nuevo fundamentales en la lucha, pero era preciso incorporar a las nuevas generaciones a la militancia. El otro reto era la lucha sindical. El PCE orientó su lucha al frente del trabajo y a la lucha en los sindicatos del régimen. Desde los cincuenta hasta los años 70, la historia del PCE sería sobre todo la lucha en el movimiento obrero; la fabrica de VICASA en Azuqueca de Henáres, atrajo obreros de toda España, principalmente de Extremadura y se convertiría en un punto clave de la nueva organización del partido.

Nunca se perdió el contacto con la dirección, pero hemos de esperar a los años 60 para encontrar una red de células del PCE que eran ya nuevas, fruto de la nueva dinámica política y no un eco de la guerra y la primera resistencia. El veterano combatiente Sixto Agudo sería encargado en los 60 de establecer renovadas líneas de comunicación entre la estructura clandestina y la dirección en Francia. El PCE mantiene una red en Guadalajara, con ramificaciones en Molina de Aragón o Sigüenza. Romero Marín, miembro del Comité Central del PCE, acude a Guadalajara en 1962 y mantiene contactos directos con la estructura clandestina gracias a Esteban Hernández Maestre, un joven albañil que había tomado el testigo de los viejos militantes y actuaba como organizador y nudo de la red, junto a su compañero Goyo Muela. Un piso clandestino en la calle Horno de San Gil de Guadalajara pasó a ser un punto clave de la red. En 1968, con jóvenes obreros emigrantes, la  actividad clandestina se relanzó. La Brigada Político Social conocía los nombres de todos los represaliados supervivientes y les tenía sometidos a vigilancia periódica, igual que con los cuadros más activos que estaban en los sindicatos. Vigilar para conocer y conocer para neutralizar era la pauta seguida por la Brigada Político Social en ese periodo. En 1969, Antonio Cezón, obrero de la fábrica Bressel, Antonio Rico, un obrero de Segovia, Juan Ignacio Begoña y Francisco Palero, entre otros, tejen ya una amplia red. La policía les vigila y detiene y maltrata cuando les parece conveniente, pero no lograrán impedir su actividad. La represión de la BPS es constante, siendo su afán tener localizados todos los posibles focos de resistencia. Pese a su historial de crímenes y torturas, los policías de la BPS escaparan impunes en la Transición.
Entre 1964 y 1976, el Tribunal de Orden Público, el famoso TOP, 32 personas de Guadalajara serán condenadas. El primero de ellos fue Enrique Aguado Marco, natural de Cobeta, con 51 años, condenado (Causa 106/64 TOP) por propaganda ilegal —distribución de Mundo Obrero— a 10.000 ptas. y un año de cárcel; Anastasio García, de Mandayona, fue detenido siéndole incautados ejemplares de Mundo Obrero, Nuestra Bandera, Fraternidad y Metal (revistas del sindicato clandestino), resultando condenado a dos años de prisión y una fuerte multa. Serían los primeros condenados en esta nueva etapa del franquismo que no cesaría hasta las elecciones del 77. Policías y jueces de la dictadura seguirían en sus puestos sin ser cuestionados. 
La trayectoria del PCE en nuestra ciudad desde los años 60 hasta la transición será tratada en otro artículo. Pero podemos citar como principal determinante desde los años 50, no tanto la actividad represiva del régimen, sino la nueva línea de «Reconciliación Nacional» implantada desde 1956. Como consecuencia de esa línea, la renovación generacional acabaría por producir una fractura moral entre los veteranos de la resistencia y los cuadros jóvenes de orígen católico o de familias del régimen que se encargarían de aplicar las nuevas directrices; en ellas, la memoria de la lucha de la resistencia resultaba inconveniente. La disolución del sistema de células por centro de trabajo o actividad y la adopción de una estructura de agrupaciones territoriales acabó por destruir los lazos comunistas que en difíciles circunstancias habían logrado mantener durante tantos años.
Se puede decir que a pesar de la dura represión y del ensañamiento contra los comunistas alcarreños, en todos los años de dictadura no hubo ni un sólo día en el que no hubiera una célula clandestina comunista en Guadalajara empeñada en su lucha contra la dictadura franquista.
En 1979, Clotilde Ballesteros y Trifón Cañamares García, volvieron al pueblecito de Mirabueno. Clotilde había eludido la cárcel y en 1951 marchó a Viella y luego a Barcelona donde militó en la clandestinidad. Trifón Cañamares, aquel valiente joven militante de las JSU comisario de compañía en la 49 BM, natural de Cendejas de Enmedio (Guadalajara), había mantenido su militancia en el PCE todos aquellos años. En Mirabueno, Trifón y Clotilde defendieron la candidatura al ayuntamiento de su partido, el PCE, y lo hicieron con la sinceridad y fortaleza de corazón que había caracterizado a los militantes de su generación. En 2014, los jóvenes de la UJCE de Guadalajara le dieron el nombre de Trifón Cañamares a su agrupación provincial, y el propio Trifón, emocionado, firme y lúcido a sus 103 años, pudo dirigirse a ellos, evocar a cuantos entregaron sus vidas por un ideal de paz y justicia social y transmitir el hilo rojo de la memoria que se necesita en las batallas del presente y el futuro.
Fuente: http://memoriaguadalajara.wordpress.com/

Los franquistas violaron en masa a las mujeres republicanas

Historias de miedo y sufrimiento. Historias silenciadas. Historias convertidas, por fin, en testimonios que ya nada ni nadie podrán borrar. Tras varios meses de trabajo, la asociación de investigación histórica Elkasko ha conseguido plasmar la represión específica que sufrieron las mujeres en la comarca del Gran Bilbao, una de las zonas del Estado español con mayor incidencia obrera. Los abusos sexuales, los fusilamientos y las estrictas medidas morales del régimen forman parte de este informe, que cuenta incluso con un apartado didáctico sobre el horror. 
«Nos planteamos hacer algo que luego se pudiese utilizar a nivel de educación secundaria y de centros para adultos, por lo que hemos incluido una serie de pautas tanto para los docentes como para los alumnos», explica a Público Belén Solé, una de las autoras —junto a Beatriz Díaz— del mencionado estudio, titulado Era más la miseria que el miedo. «Queremos que la gente también haga sus propias pesquisas», continúa esta catalana afincada desde hace ya varios años en Sestao. 
El informe cuenta con los testimonios de 21 personas, en su mayoría mujeres, nacidas entre 1914 y 1963 en la zona obrera de Bizkaia. «Estas historias de vida forman parte de una base de datos que sigue aumentando con nuevos testimonios y cuyo objetivo es ofrecer una visión sobre las transformaciones sociales de la Ría del Nervión a lo largo del siglo XX», señalan sus responsables. Al igual que en el resto del Estado español, la época más atroz comenzó el 18 de julio de 1936, tras el alzamiento franquista contra la República.
«Si bien la represión en general cuenta con muchos análisis, su impacto entre las mujeres ha sido muy poco investigado», afirma Solé. En ese sentido, el informe destaca que «hubo mecanismos de represión específicamente dirigidos contra las mujeres y una vivencia de la represión entre las mujeres distinta, en algunos aspectos, de las experiencias vividas por los hombres». El apartado de las violaciones es, precisamente, uno de ellos. «La violencia sexual que sufrieron las mujeres tanto en los centros de detención como durante la ocupación de las tropas franquistas fue una forma de represión de género, una forma de someter a la población por medio del terror y la vergüenza», subrayan las autoras.
Encarnación Santamaría, una de las vecinas de Sestao entrevistadas por las historiadoras, supo desde pequeña que la dictadura no sólo fusilaba por razones ideológicas. «Mi madre nos contaba que había chicas muy guapas, también jóvenes, que como no querían ir con los guardias, las fusilaban. Por la noche, porque no querían ir con ellos… preferían morir antes que ir con ellos», relató. Miren Begoña Sánchez, otra de las voces que aparecen en el informe, también rememoró este tipo de atrocidades. «He oído contar a mi familia de Elgeta cómo los moros que venían con las tropas de Franco tenían carta blanca y allí debieron de hacer atrocidades con las mujeres —explicó—. Y a una que desapareció del pueblo, la encontraron en el monte muerta, toda hinchada, toda reventada».
«También en los centros de detención era habitual que las mujeres sufrieran abusos sexuales como forma de presión durante los interrogatorios. Esta forma de violencia, ejercida de forma sistemática, fue más frecuente durante la guerra y en la primera etapa del franquismo. Más adelante, en los años 60–70, se visibilizó en espacios públicos como las manifestaciones, donde las mujeres eran insultadas por la Policía y agredidas por grupos de extrema derecha», señala el estudio. Según destacan sus autoras, “la violencia sexual es un aspecto de nuestra historia aún poco conocido y difícil de investigar, porque esta forma de violencia era y es practicada en un contexto social de permisividad o de impunidad, fundamental para permitir que las situaciones no afloren o que las denuncias no sean consideradas”.
De esta manera, los abusos sexuales cometidos por los franquistas acabarían cubriéndose por el miedo y el silencio de las víctimas: «La culpabilización y la falta de credibilidad que se imponía sobre las mujeres afectadas y sus familiares evitaban la denuncia y desembocaba en el silencio, que durante décadas ha permanecido». Palmira Merino, vecina de Sestao y testigo de esa época, dio fe de ello. «No es como ahora que todo se cuenta. Eso quedaba en secreto. Eso nadie lo contaba. Sabíamos que las habían llevado pero no sabíamos lo que les habían hecho. Y ellas jamás lo han contado. Eso era como… algo tremendo», describió.
La dictadura también ejerció una fuerte represión moral sobre las mujeres del Gran Bilbao. Uno de los máximos exponentes de aquella «gloriosa cruzada» fue el alcalde de Barakaldo, José María Llaneza, quien llegó a prohibir que las vecinas saliesen a la calle sin medias debajo de sus faldas. De acuerdo a los testimonios recogidos por las historiadoras, el jefe de los alguaciles era quien se encargaba de comprobar que ninguna mujer violase esta inédita norma. En el caso de los hombres, el alcalde les prohibía pasearse en manga de camisa. 
El informe incluye extractos de la ordenanza municipal firmada por Llaneza, en la que dictaminaba cómo debían vestir sus vecinas y vecinos a partir de ese momento. Allí se lamentaba que muchas mujeres de Barakaldo transitaban «en formas poco correctas y decorosas en sus vestido y ademanes, so pretexto de recrearse en las playas, haciendo como digo gala en calles y plazas a las idas y regreso de estos lugares de su escandalosa desenvoltura y desvergüenza, exhibiendo sus piernas sin recato de sus medias y simulando ir vestidas».
«Hoy todo esto puede parecer pintoresco, pero hay que tener en cuenta que se trató de una auténtica cruzada moral», destaca Solé. Las consecuencias aún son visibles entre la población: a pesar de los años transcurridos, las investigadoras se toparon con personas que seguían teniendo miedo a relatar sus vivencias. El terror, para muchas y muchos, quedó grabado en la memoria.
Fuente: http://www.publico.es/sociedad/chicas-negaban-guardias-fusiladas.html

Castas y caspas

N.B.

«Desgarro y convivencia», decía Américo Castro sobre las relaciones entre cristianos y judíos (y moros) en la España del Siglo de Oro. El insigne hispanista hablaba, como buen liberal-republicano, de castas y no de clases (que suena más marxista, aunque no fue Marx quien «inventó» ni las clases ni la lucha de clases, pero sí quién las puso de manifiesto como motor de la Historia) en aquella época pues no creía que hubiera habido un feudalismo en Castilla (o en Vascongadas, en la lexicografía de entonces). Es decir, que no hubo conflicto de clases como en otras partes de Europa. Sí había Señores feudales, pero los vasallos, los campesinos, eran libres. Y cuando todo el mundo es libre -castas y clases- no hay, como diría Althusser, un sujeto revolucionario, ¿para qué? La «casta», hoy, son «ellos», la «clase política». Y nosotros somos «la gente», el «personal», dicho en cheli. ¿Clases sociales? Sí, las hay, pero en los libros. ¿Y en la calle? En la calle lo que hay es «gente». No eres obrero, autónomo o pequeño empresario, eres «gente». Ni siquiera «pueblo»: gente.
A partir de ahora hay que contar en Ciencia Política con un nuevo revolucionario concepto: la gente. Y se entiende lo que se quiere decir, pero lo que no se entiende es por qué no se habla de clases sociales. Quizá porque el «casposo» soy yo.

La necesidad de re-escribir otra vez la historia

Lo dijo Alfonso Guerra nada más abandonar el escaño que había “okupado” durante más de 35 años: cuidado con esos que quieren re-escribir la historia, en este caso la historia de la transición, que debe quedar como hasta ahora, como un auténtico cambio.

Los que pretenden re-escribirla incurren en un delito de enaltecimiento del terrorismo, ha sancionado el Tribunal Supremo, empeñado en sepultar bajo mil expedientes judiciales a quienes buscan el polvo bajo el felpudo. No hay alternativa: o bien hay que pasar página, olvidarnos, que es lo que han intentado hasta ahora, o bien, en caso contrario, si la memoria nos persigue como una pesadilla, hay que volver al canon, a la versión oficial.

No sólo está ocurriendo en España, sino en toda Europa occidental, que también tuvo su transición un poco antes, en 1945, y en Europa oriental, que tuvo su transición en 1990, un poco después.

Todas estas transiciones tienen algo en común: que -según Lenin- van a contrapelo de la historia real que cabría esperar, a saber, que en los tiempos del imperialismo la tendencia de los Estados es en el sentido opuesto, de la democracia al fascismo. Un tema apasionante, sin duda, para los historiadores (para los de verdad).

En Europa oriental la caída del telón de acero también necesita re-escribir la historia de lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, que acabó “contranatura”: quien debió ganar la guerra fue el III Reich y sus aliados. El ejército soviético estropeó el guión porque la propia URSS fue un cuerpo extraño dentro de la historia del siglo pasado que los cronistas no son capacaces de digerir.

“Si no somos capaces de cambiar la historia, cambiemos la manera de contarla”, piensan, y están empeñados en ello. Para eso disponen de los aparatos ideológicos del Estado, de la universidades y de los universitarios que en medio de los archivos polvorientos siguen re-buscando los pelos que Stalin tenía justo en el agujero del culo.

La lucha contra el fascismo, cuyo máximo ejemplo es la Segunda Geurra Mundial, se resume entonces en el desembarco de Normandía, del que La 2 sigue emitiendo un reportaje tras otro, o la máquina Enigma que descrifró los códigos secretos, o los heroicos pilotos de la RAF, o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, o… cualquier cosa que no sea la URSS

Tras el golpe de Estado de Kiev del pasado año, re-calificado como acción cívica y democrática, la historia, o mejor dicho, la manera de contarla, sigue cambiando. Ahora la versión oficial es que al final de la guerra la URSS invadió primero Ucrania y luego Alemania.

Sin embargo, el desembarco de Normandía no fue una invasión de Francia por parte de Estados Unidos. Ni hablar.

“Díme cómo escribes la historia y te diré quién eres”. El gobierno ucraniano (y el polaco) está poniendo de manifiesto su naturaleza fascista al re-escribir la historia de una manera fascista. Lo mismo va a ocurrir dentro de poco en los países de Europa occidental, cuando en el gobierno se consoliden organizaciones como el Frente Nacional, Pegida y similares.

El 27 de enero se cumple el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, el símbolo por antonomasia de la barbarie fascista y el canciller polaco, Grzegorz Schetyna, ha dicho a la radio que no fueron los soviéticos sino los ucranianos quienes liberaron a los antifascistas recluidos en ellos.

¿Cómo es posible esta manipulación? Por una sencilla razón: los soviéticos no podían liberar a nadie de nada porque ellos mismos estaban esclavizados por Stalin y el KGB. La estupidez de los imperialistas y de los “historiadores” a su servicio es monumental. Si los soviéticos padecían una brutal y sanguinaria dictadura, ¿cómo es posible que 30 millones de personas dieran su vida para defenderla? Si la URSS armó hasta los dientes a una población humillada y sojuzgada tan salvajemente como dicen, ¿por qué no volvieron sus armas contra los opresores que los gobernaban?

Dado el escaso alcance de su intelecto, los mercenarios de las universidades no se plantean dudas como las siguientes: ¿por que todos los campos de concentración nazis estaban en el este de Europa y no en países como Bélgica, Francia o Dinamarca? ¿No había judíos en esos países o no sólo los judíos fueron encerrados en ellos?

El 27 de enero se conmemora el Día de las Víctimas del Holocausto (judío) y el diario L’Express titulaba ayer en su portada: “Ambiente de guerra fría en el aniversario de la liberación de Auschwitz”. Para no tener que explicar lo inexplicable, el gobierno polaco, en cuyo suelo se encuentra Auschwitz y la mayor parte de los demás campos de concentración, no ha invitado a Putin a los actos oficiales.

Pues bien, la verdad es revolucionaria y, a la inversa, la revolución es patrimonio de la verdad: la liberación del campo de concentración de Auschwitz fue obra del ejército soviético y, por si alguno aún no sabe lo que significa la palabra “soviético”, aclararé que se trataba de un ejército internacional en el que combatieron, entre otros, ucranianos, polacos, rusos… y judíos.

El nieto de uno de aquellos combatientes soviéticos que liberó Auschwitz, Pinchos Fridberg, un judío de nacionalidad letona que se declara contrario a Putin, manifestaba en Twitter (Russia Insider, 21 de enero) su indignación por la exclusión de Rusia de los actos oficiales:

“Soy ciudadano de la Lituania democrática. Esto me da el derecho no sólo para tener sino también para expresar abiertamente una opinión diferente de la opinión oficial. Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo. Mi padre fue un soldado de ese ejército desde diciembre de 1941 hasta el último día de la guerra. Fue herido en combate tres veces cuando luchaba en el frente.

“Puedo traer aquí las fotocopias de los dos documentos, milagrosamente conservados en los archivos de mi familia. Mi padre murió en 1992. Pero si hoy viviera y se enterara de que el país cuyas fuerzas liberaron Auschwitz no participa en los actos conmemorativos de 2015, creo que se sentiría ofendido.

“Putin tiene que ser invitado a Auschwitz”. Es el título de un reciente artículo de Efraim Zuroff, a quien llaman “el último cazador de nazis”. Otra publicación reciente se llama “Boris Nemtsov: no podemos celebrar la liberación de Auschwitz sin Putin”. Difícilmente Nemtsov puede ser considerado sospechoso de respaldar a Putin. “Estoy de acuerdo con Zuroff. Estoy de acuerdo con Nemtsov…”

Pues no. Hay quien no puede salir en una foto que va a dar la vuelta al mundo. Como dice la prensa de Estados Unidos Putin está aislado y debe aparecer como tal, fuera de juego. Pero, ¿aislado de quién?, ¿aislado por quién?

La transición fue una traición

Lidia Falcón
Cayo Lara dice que su generación que vivió la dictadura sabe lo que es la Transición. “Yo soy de los que defiende que se hizo lo que se podía, los sindicatos y la izquierda conquistaron lo que pudieron. Y fue un pacto no de élites. Algunos lo califican de pacto de élites… Fue un pacto de élites que estaban en la cárcel y en el exilio y otros que estaban en el poder y en la dictadura. Se habría podido avanzar mucho, pero la ruptura de ese pacto por parte de la derecha política y económica es lo que nos ha llevado a esta situación de deterioro. El no haber desarrollado España como Estado federal y plurinacional nos ha llevado a la situación actual respecto a Catalunya”.
No sólo Cayo Lara y su generación vivieron la dictadura y la Transición. Otros como yo, que pertenecemos a la generación anterior, y todavía la de mis padres, que muchos estaban vivos, las vivimos también. Y estuvimos en pie de guerra durante largos años para que no se ratificaran los pactos que nos traicionaban. La Transición fue la gran Traición. De los que estaban en el exilio, como Carrillo. y de los que habían estado en la cárcel, como Camacho. Solé Tura y otros redactores de la Constitución ni habían estado en la cárcel ni en el exilio, y pronto se vio el beneficio que obtuvieron. Por supuesto los grandes beneficiados fueron los que estaban el poder y que no lo abandonaron.
Es falso que se hubiera podido avanzar mucho con los pactos de la Transición, la prueba es el camino que hemos andado. Y no únicamente por culpa de la derecha, a menos que creamos que las derechas son demócratas y benéficas y sólo ahora, con Rajoy de gran culpable, han cambiado. Desde el momento en que el Partido Comunista acepta la Monarquía, el himno franquista y la bandera borbónica; el mismo Ejército que había masacrado a su pueblo, la misma Iglesia que había sido cómplice del genocidio español, y consiente en mantener intacto el reparto de la riqueza, el poder de la banca, de los grandes consorcios industriales y de los latifundistas del sur y del oeste de España, y aprueba la Ley de Amnistía del 77 que dejaba impunes a los asesinos fascistas, la rendición de las clases trabajadoras era sin condiciones. Tan sin condiciones que un año antes de aprobar la Constitución se firmaban los Pactos de la Moncloa para entregar todo el poder al capital y dejar al proletariado sometido a la patronal.
Y tan humillante rendición se acepta por el PCE para implantar esta parodia de democracia que reinstaura a una Casa Real corrupta, que nos está esquilmando desde hace 39 años, y que alterna en el gobierno a uno u otro partido, ambos siervos de la Banca Mundial, de las multinacionales y de la empresa armamentística, mediante la parodia de elecciones en que los resultados están previstos de antemano. Es demasiado el precio que se ha pagado por el acta de legalización del Partido Comunista.
Que nadie arguya que sin esa legalización el PCE no podía participar en política. Un partido que fue el hegemónico durante 40 años de dictadura, cuyos heroicos militantes habían sufrido persecuciones, torturas y asesinatos sin cuento, ¿qué podía temer en la era de las “democracias” europeas? Todos sabíamos que la clandestinidad se había acabado, quizá no pudiera obtener los escaños en el Congreso y las concejalías en algunos ayuntamientos, pero el precio de tanta rendición era demasiado barato.
A raíz del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 escribí un análisis que publiqué en Poder y Libertad (¿dónde iba a ser) sobre la imposibilidad de que aquel golpe triunfase. Y eso que todavía no tenía todas las claves de la implicación del rey y de los socialistas en el diseño del otro golpe, el de Armada. No me equivoqué. Ni la situación de Europa en aquel año ni el lugar que tenían en la producción, y en la ideología dominante, el Ejército, la banca, los consorcios industriales, los Grandes de España que poseen Andalucía y Extremadura, y la Iglesia, podían propiciar un golpe a lo del año 36. Como decía Marx, si la primera vez fue una tragedia, la segunda fue una farsa. Y así fue y así ha sido. Al fin y al cabo, los vencedores de la Guerra Civil seguían, y siguen, siendo los que detentaban el poder; no necesitaban provocar una nueva guerra.
Los Pactos de la Moncloa hundieron la capacidad adquisitiva del proletariado, el Estatuto de los Trabajadores anuló ventajas y derechos que había concedido la dictadura y la Ley de Amnistía garantizó la impunidad de los asesinos y ladrones que nos habían aniquilado y esquilmado. Todavía están en todas las cunetas, caminos, cementerios y carreteras de España los restos insepultos de nuestros padres y de nuestros abuelos, que en número de más de 150.000 convierten a España en el más grande cementerio. Y cuando en esforzado trabajo, costeado por ellos mismos, los nietos de los asesinados han conseguido hallar una fosa con restos humanos, los jueces se niegan a acudir a levantar los cadáveres, contraviniendo toda norma legal.
Somos el país con más desaparecidos del mundo, en proporción a su población, después de Camboya. Y el más desgraciado. Porque hasta en Camboya y en Sudáfrica se ha constituido una Comisión de la Verdad y se ha enjuiciado a algunos de los criminales que perpetraron las matanzas. En Argentina, en Chile, en Uruguay, en Guatemala, en El Salvador, en Italia, en Grecia, en Portugal, en Alemania, se ha procesado a algunos de los verdugos, que hasta han llegado a ingresar en prisión, mientras que en España los genocidas son los que gobiernan el país, ellos o sus hijos o sus cómplices. Nunca se ha investigado la fortuna de los Franco, de la que siguen disfrutando sus herederos. Nunca se ha enjuiciado a Manuel Fraga, a Serrano Suñer, a Arias Navarro, a Martín Villa, que mantiene las mismas prebendas y negocios.
Contra todo lo que defienden los hagiógrafos de La Ley de Amnistía, desde Nicolás Sartorius a Manuel Fraga, ese cuerpo legal no vino a sacar de la prisión a los antifranquistas encarcelados sino a garantizar la impunidad de los franquistas. El indulto del 27 de noviembre de 1975, por la coronación del nuevo rey, dio la libertad a miles de presos por delitos de asociación, opinión, sindicalismo, prensa, como al propio Sartorius y a Camacho y a los del proceso 1001. Y sobreseyó los sumarios y dejó sin juicio a miles de nosotros que nos encontrábamos en libertad provisional. El segundo indulto en el 76 concluyó de liberar a los que tenían acusaciones de más calado y posteriormente, en el 77, cuando se aprueba la Ley de Amnistía, solo quedaban encarcelados 70 u 80 presos de ETA condenados por terrorismo. Esta fue la única contrapartida por haber dejado sin Memoria Histórica, sin pasado, sin justicia y sin compensaciones a cientos de miles de represaliados por el fascismo y a todo un pueblo.
Cayo Lara podía saber, y debía decir, que es falso que los redactores de esa perversa Constitución se propusieran construir un Estado Federal. Ni en 1978 ni en 2015. Desde el mismo momento en que aceptaron la Monarquía sabían que estaban aherrojando a los pueblos de España. Para eso la escribieron, para seguir explotando a los trabajadores y las trabajadoras, para impedir que se proclamara la III República, para que no se pudiera articular la forma de Estado como una Federación. Sometido el país al Ejército como garante de la unidad de España. Ni aunque ahora el PSOE invente esa farsa de federalismo tiene voluntad de implantarlo, porque lo primero que es preciso para ello es proclamar la III República. Nunca se ha visto mayor disparate político y jurídico que el de una Monarquía Federal. Y ni siquiera Cayo Lara se lo dice.
Todo esto, y mucho más, como los más de trescientos trabajadores, mujeres, y militantes de la izquierda, asesinados por los fascistas entre 1975 y 1982, contuvo la tan elogiada Transición. Y Cayo Lara no sólo debería saberlo, sino que debería explicárselo a nuestros hijos y a nuestros nietos antes de que se embrutezcan totalmente con las enseñanzas oficiales, con la propaganda dominante de las televisiones en poder de las oligarquías. Cayo Lara tiene la responsabilidad de estar informado y de informar, porque para eso es dirigente de Izquierda Unida, y aunque ya no se llame Partido Comunista muchos camaradas están ahí, muchas mujeres y hombres de izquierda siguen entregando su esfuerzo para que este país no sea tan amnésico, tan cruel, tan indiferente, tan cainita con sus antepasados y con sus contemporáneos. Y las mujeres y los hombres de las clases explotadas no se merecen una explicación falsa y traicionera como la que precisamente está defendiendo la derecha, desde Rajoy a González. ¿No es una extraña casualidad?
Fueron los comunistas los que inventaron la autocrítica. Más exigentes que los que les habían precedido hasta entonces en las luchas políticas, decidieron no entregarse a la autocomplacencia de sentirse satisfechos con todo lo actuado. Tanto han sido críticos con ellos mismos que en ciertos momentos se han despedazado, y ahora, cuando ya ha llegado el momento de ajustar cuentas con el enemigo, ahora aceptan la tesis de éste y muestran que están padeciendo el síndrome de Estocolmo, como decía tan certeramente Carlos París.
Pero lo que nosotros, los resistentes, no podemos aceptar con resignación es que la Historia la escriban los enemigos y los conformistas. Porque nuestros antepasados, aquellos que dieron la libertad y la vida por evitar el triunfo fascista, se merecen que se reivindique su heroicidad, y también nuestros descendientes se merecen que les cuenten la auténtica historia, a los que de otra manera dejaremos en la ignorancia y el engaño para que sufran nuevas derrotas. Como también nosotros mismos, los que aún estamos vivos y sabemos lo que fue la interminable lucha contra la dictadura y más tarde contra la democracia, por tener un país digno que legarle a nuestros hijos, no nos merecemos tanta mentira.
Hasta la última gota de saliva, hasta el último resuello del aliento, hasta el último minuto de vida, debemos seguir gritando la verdad; esa que, como decía Antonio Gramsci, es siempre revolucionaria.

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/01/01/la-transicion-fue-una-traicion/

La masacre de los obreros de Vitoria en 1976

Los  sucesos del 3 de marzo de 1976 siguen muy vivos en la memoria de Vitoria. Aquel día, la Policía desalojó por la fuerza a los trabajadores que celebraban una asamblea en la Iglesia de San Francisco. El desalojo se saldó con cinco muertos por heridas de bala disparadas por los agentes y cientos de heridos. Ese episodio sangriento de la historia vitoriana quedó plasmado en el documental Vitoria: marzo 1976. Un documental grabado, montado y distribuido en la España post-franquista por el Colectivo de Cine de Madrid (CCM), que en aquellas fechas se desplazó a la capital alavesa para filmar de manera clandestina.
Adolfo Garijo, uno de los cinestas integrantes de CCM, ha rememorado casi 40 años después de aquella tragedia cómo fue la grabación. Invitado por la Asociación Víctimas 3 de Marzo, Garijo reflexionó sobre la importancia del cine y la fotografia en la activación social. «Una mezcla de pasión, inconsciencia y militancia nos llevó a filmar el 3 de Marzo», asegura el cineasta, acostumbrado hasta ese momento a grabar protestas y huelgas obreras en Madrid.
El documental de Garijo ha permitido mantener vivo durante todos estos años la denuncia de lo que pasó en Vitoria. Con apenas 22 años, se acercó a la capital alavesa desde Madrid con otros dos compañeros. Era el día después del 3 de marzo. «En un día agotador, caída ya la tarde tras la impresionante manifestación que fue el entierro, la gente de Comisiones nos llevó al escenario donde habían ocurrido los hechos. En las paredes se veían los impactos de bala y aún quedaba sangre en el suelo donde alguien había sido abatido».
«Borrachos de multitud como nunca lo habíamos estado en esa contradictoria y reprimida España pos-franquista, habíamos rodado por primera vez sin interferencias policiales porque la policía, la uniformada, no estaba en la calle. Se había ordenado que permanecieran en los cuarteles para no provocar una nueva masacre», recuerda Garijo en algunos pasajes del libro que escribió sobre sus experiencias fílmicas. Pero acabado el entierro, también terminó la tregua. «Los grises hicieron de nuevo su aparición en la calle».
A pesar del riesgo, Garijo y su equipo insistieron en realizar una última entrevista a familiares de las víctimas. Esa entrevista jamás se le olvidará. «De un golpe, se nos pasó la alegría de ver a una ciudad entera en la calle manifestándose contra la dictadura». El enlace de Comisiones les acercó hasta un piso de protección oficial donde les esperaban un hombre de 50 años, su mujer y una hija. «La policía había matado a su hijo. La euforia de vernos entre una multitud que gritaba contra la dictadura había dado paso al tremendo drama humano de una familia ante la muerte».
«El padre», prosigue Garijo, «que quería ser entrevistado y hablar de la injusticia de la muerte de su hijo sufrió una rotura en sus entrañas y comenzó a llorar. Solo se oían sollozos o lágrimas silenciosas. Nadie hablaba. La cámara rodaba y rodaba y el pobre hombre lloraba y lloraba, con unas lágrimas como cataratas de agua o trozos desgajados de sufrimiento que salían a borbotones de sus órbitas». Quería hablar, pero el llanto se lo impedía. «Regresamos a Madrid en un silencio espeso que nos había amargado el baño multitudinario antifranquismo».
Uno de los socios de Garijo vendió posteriormente los derechos de la mayor parte del documental a TVE, que lo ha encerrado en un cajón y del que nadie ha sabido nada. «He pleiteado por esos derechos, pero el juez no me ha dado la razón. El documental completo es patrimonio de todos los ciudadanos que aparecen en esas imágenes, de la ciudad de Vitoria», clama Garijo.
Koldo Larrañaga también es autor de muchas de las fotografías que han acompañado la denuncia de lo ocurrido el 3 de Marzo. Este sacerdote, fotógrafo y cineasta amateur grabó las imágenes de la montaña de casquillos y balas disparadas por la policía y recogidas en la Iglesia de San Francisco. «Unas imágenes que ‘misteriosamente’ han desaparecido«, se lamenta Larrañaga.

Documental sobre la masacre de 1976 en Vitoria
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Adolfo-Garijo_0_340516610.html

Pierre Vilar, historiador

Nicolás Bianchi

Falleció el 7 de agosto de 2003 con 97 años. No hace falta que se cumpla ningún aniversario para recordarle. Lo mejor, en no importa qué momento, es recordar su obra como, por ejemplo, entre tanta aportación historiográfica, «Iniciación al vocabulario del análisis histórico» donde, desde una perspectiva marxista, puede leerse que «el problema que se plantea a la historia no es el de las infraestructuras por un lado y el de las superestructuras por el otro, sino el de las relaciones estructurales entre los dos niveles diferenciados, teniendo en cuenta que cualquier esfuerzo que tienda a justificar la separación, en el análisis histórico, entre los diversos «niveles» de la estructura global, bajo el pretexto de la evidente autonomía relativa de estos niveles, constituye -sigue- en realidad un retorno cómodo a los viejos hábitos que diferenciaban «la historia económica», «la historia de las ideas», «la historia política», «la historia del arte», etc.»

Es decir, una «nueva Historia» que se sacudiera la hipoteca del positivismo decimonónico como simple narración y enumeración cronológica de hechos y acontecimientos desprovistos de «empaque». No en vano fue la escuela histórica francesa la primera en abrirse a otras ciencias en un intento -siempre utópico, ciertamente- de abarcar el proceso histórico en su totalidad. Una renovación que se llamaría «historia total» o «historia de las mentalidades» y confluyeran en la célebre escuela de los Annales de los Henri Berr, Lucien Febvre, Marc Bloch y otros. Sus pautas se pueden resumir, y es Vilar quien habla, en dos puntos centrales: 1) hay una sola historia; no existen compartimentos estancos entre una historia económica por aquí, otra política por allá ni, digamos, más «historias», haciendo chiste malo, y 2) el historiador avanza por medio de problemas: los documentos sólo contestan cuando se les pregunta siguiendo hipótesis de trabajo; la historia lo es de los hechos de masas, no de los simples «acontecimientos».

L. Febvre abominaba del anacronismo en el uso de las palabras. ¿Quién puede decir que los conceptos nación, Constitución, libertad significaran lo mismo en 1400 que en 1800 o en este minuto? Por cierto que el gran Vilar tiene un montón de páginas dedicadas al estudio (histórico) de las nociones nación, pueblo, país… de alegre uso por quienes no saben ni lo que dicen, pero cobran por ello. Igual es por eso.

Pierre Vilar era marxista y lo decía y proclamaba. No lo ocultaba. Sabía, como Marx, que los hombres hacen la historia, las masas,… sin saberlo. Luego les cuentan otra «historia». Vilar no estaba dispuesto a eso. Su gran obra, su tesina, «Cataluña en la España moderna» no la discute nadie.

Nadie salvo la Escuela Lérdica -que me acabo de inventar- cuyos lerdos miembros blasonan, como hiciera en otro tiempo y contexto Michelet de Francia, que España es, no ya una nación, sino una, cágate lorito, persona. Y yo dando ideas…

Me mandaron una carta

Nicolás Bianchi

Donde se dice: «Querido Nicolás (no Le Petit Nicholas, sino tú, Bianchi), sabes que soy dado a citar a Jorge Dimitrov, líder que fuera de la Internacional Comunista en los años treinta del siglo pasado, cuando decía el búlgaro que el fascismo es compatible con una burda falsificación del parlamentarismo». Pero, vamos a ver, Nico, ¿hay o no hay fascismo en España o Espain, como te gusta decir a ti? ¿Es baladí, pueril, irrisoria la pregunta? Si no hay fascismo, ¿cómo es que hay antifascistas? ¿Son extraterrestres?

Hay para quien el fascismo es la ultraderecha montaraz, lo que convierte a la «derechona» en «democrática» (léase: civilizada). Para otros el fascismo fue algo coyuntural y que ya pasó (como pasa un tornado, de manera natural) siendo, pues, lo permanente, la democracia burguesa, o sea, haz como yo y no te metas en «política». Otros asocian fascismo con represión masiva, a la pinochetista manera, que sería lo típico del fascismo y que siempre pasa «ahí fuera». No faltan tampoco quienes consideran, desde la izquierda fetén, que hay una combinación de métodos fascistas y de democracia burguesa, una suerte de neofascismo.

Recuerdo, Nicolás, que recién muerto (en la piltra, aunque de mala manera, dicho sea con consuelo, al menos)) el general Franco, el exquisito Antonio Gala escribió aquello tan original de «muerto el perro, se acabó la rabia», esto es, magia y volavérunt: prestidigitación. José Bergamín, rasgó el velo de Maya para decir que: «muerto el perro, se murió el perro, eso es todo». Grande Don Pepe Bergamín.

Lo de la rabia estaba o quedaba por ver. Antes del 11-S -la voladura controlada de las Torres Gemelas en Nueva York y una tercera Torre y el misil al Pentágono, que ya se olvida esto-, vivíamos en libertad, decía la propaganda occidental. Después, en nombre de la libertad, se exporta la misma -catapultando «libertad» arrasando todo- por esos andurriales de fuera y extramuros. En los años 80 -me niego a decir «del siglo pasado», como si habláramos del pleistoceno o del jurásico y fue ayer, como quien dice, disculpa Nico-, se hablaba de procesos de fascistización en Francia o Italia, pero no en el Estado español que tuvo una «transición modélica», inmaculada (también exportable), del «franquismo a la democracia»: puritito birlibirloque. Es decir, que allí donde, como Italia y Francia, el fascismo fue derribado (en la II Guerra Mundial) y se depuraron responsabilidades, se decía que llegaban tiempos de «involución», en Celtiberia Show, no, iba a ser que no, oiga: se avanzaba, al alba y con fuerte viento de levante, del fascismo crudo a la más pulcra y levítica y levitatoria democracia. Más magia, prestimanía y juego de manos.

El fascismo ya no es la cruz gamada (por cierto: el origen de la svástica no tiene que ver con los nazis; su origen es hindú, como el ajedrez o el parchís) ni las camisas negras ni el cara al sol. El fascismo es compatible con el Congreso, el Senado, las elecciones, los partidos políticos, los sindicatos, las manifestaciones y los «tertulistos». La democracia burguesa es cosa de la burguesía premonopolista. Y el fascismo lo es de la monopolista e imperialista actual. Y no hay vuelta atrás como no existe el túnel del tiempo salvo en Jolivú. Hoy Dreyffus hubiera sido condenado (y no absuelto) y Zola, el escritor naturalista francés, acusado de «colaboración con banda armada». Si Franco veía comunistas hasta en la sopa, la «democracia española» -felipatos, aznaratos, etc.- hace, ve y «construye» terroristas hasta el infinito imaginario. Buena suerte y un abrazo. «Indar Gorri».

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