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O tempo, o mores!

Carrillo con peluca
N. Bianchi

Latinajo por «qué tiempos, qué costumbres», queja de Cicerón en una de sus «Catilinarias» contra la corrupción en tiempos romanos, del Imperio romano. Allá por 1974, en tiempos del tardofranquismo, que se dice en términos conformistas sociológicos para dividir el franquismo en «fases», se presentó públicamente en el Hotel Intercontinental de París, el 30 de julio exactamente, lo que se dio en llamar la Junta Democrática de España para situarse -y colocarse en la rampa de salida- en lo que sería conocido, posteriormente, como la «Transición española» de la dictadura a la democracia sin previa ruptura democrática o áteme usted esa mosca por el rabo, esto es, lo que fue la también llamada -aquí nada tiene nombre si alguien no lo llama- «Reforma», o sea, cambie usted algo para que todo siga igual.

En aquel hotel se reunieron, en heteróclita mezcla, al menos aparentemente, pero ya se iba viendo que todos los gatos son pardos y no solamente de noche, el secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, y el numerario del Opus Dei, Rafael Calvo Serer (1916-1988). También estuvo, y somos conscientes de que estos nombres ya apenas dicen nada pues ya ha llovido bastante, pero nuestra obligación es contar estas cosas así como «refrescar» la memoria, no sea que repitamos la historia en clave cómica, José Vidal-Beneyto, un millonario valenciano procedente del Opus Dei, otro, que iba de antifranquista pero también anticomunista ya en lo que se conoció, desde la prensa franquista, como «El Contubernio de Múnich» en 1962.

En la Junta estaban el PCE de Carrillo (ya con escisiones tras la condena de la intervención soviética en Praga en 1968), el ya mencionado Calvo Serer, el Partido Socialista del Interior fundado en 1968 por Enrique Tierno Galván (1918-1986), un partidito de cuatro catedráticos que cabían en un taxi, pero, oye, el «viejo profesor» terminó siendo alcalde de Madrid y fungiendo, además, de «posmoderno» en los tiempos de la «movida madrileña», o tempora, o mores! También se subió al carro el Partido Carlista, fundado en 1969, rama «socialdemócrata» con Carlos Hugo de Borbón-Parma (1930-2010), y es que había otra «rama», la de su hermano Javier, más integrista, más facha, para entendernos.

Y para que no falte un poco de pimienta en este gazpacho tenemos a una llamada Alianza Socialista de Andalucía fundada en 1971 por el sevillano Alejandro Rojas-Marcos (1940-), que iba de «nacionalista andaluz» granjeándose grandes simpatías en el País Vasco en el campo abertzale. Fue un bluff.

Al margen de este tinglado (de la antigua farsa), y mostrando su oposición, estaban liberales, cristianos y socialdemócratas que veían en la Junta un montaje comunista haciendo de Carrillo poco menos que un tentáculo de Moscú, ya hay que ser miope o interesado en hacer correr esa leyenda a sabiendas de su falsedad. La cosa es que el éxito propagandístico de la Junta -Carrillo era un experto en estas lides- obligó a acelerar los planes de renovación del PSOE, auspiciados por socialdemócratas alemanes y franceses, de suerte que, tres meses más tarde, en el Congreso de Suresnes (un barrio al sur de París) del 11-13 de octubre de octubre de 1974, los jóvenes «renovadores» sevillanos, capitaneados por Felipe González, y escoltados por policía secreta franquista, se impusieron al anacrónico PSOE del exterior, llamado PSOE-h(istórico) de Rodolfo Llopis, maestro nacional, masón y anticomunista, pero mil veces más honrado que el «camarada Isidoro» dizque Felipe González, Guerra, Chaves, Yáñez y demás componentes del «clan de la tortilla». Y ello con el apoyo económico y el beneplácito de de la Internacional Socialista, Willy Brandt y Mitterrand.

No había cumplido aún la Junta un año cuando el PSOE de Felipe González, de «Glez.», como le llamaba Francisco Umbral, promovió, como estructura alternativa a la Junta, una Plataforma de Convergencia Democrática (11 de junio de 1975). Cuatro meses después de la muerte del general Franco, la Junta y la Plataforma se fundieron en lo que se llamó Platajunta.

A continuación vamos a exponer los puntos que propugnaba la Junta Democrática (siempre omitieron el término «España» para no herir susceptibilidades «regionalistas», suponemos), y luego juzgue el lector/a lo que va del dicho (aquel) al hecho (hoy). Dentro vídeo:

1. (La Junta Democrática propugna): la formación de un Gobierno provisional que sustituya al actual (al de entonces, se sobreentiende, no elegido en las urnas), para devolver al hombre y a la mujer españoles, mayores de 18 años, su plena ciudadanía mediante el reconocimiento legal de todas las libertades, derechos y deberes democráticos.

2. La amnistía absoluta de todas las responsabilidades por hechos de naturaleza política, y la liberación inmediata de todos los detenidos por razones políticas o sindicales.

3. La legalización de los partidos políticos, sin exclusiones.

4. La libertad sindical, y la restitución al movimiento obrero del patrimonio del Sindicato Vertical.

5. Los derechos de huelga, de reunión y de manifestación pacífica.

6. La libertad de prensa, de radio, de opinión, de información objetiva en los medios de comunicación social, especialmente en la televisión.

7. La independencia y la unidad jurisdiccional de la función judicial.

8. La neutralidad política y la profesionalidad exclusivamente militar para la defensa exterior, de las fuerzas armadas.

9. El reconocimiento, bajo la unidad del Estado español, de la personalidad política de los pueblos catalán, vasco, gallego, y de las comunidades regionales, que lo decidan democráticamente.

10. La separación de la Iglesia y del Estado.

11. La celebración de una consulta popular, entre los doce y los dieciocho meses -contados desde el día de la restauración de las libertades democráticas-, con todas las garantías de libertad, igualdad de oportunidades e imparcialidad, para elegir la forma definitiva del Estado.

12. La integración de España en las Comunidades europeas, el respeto a los acuerdos internacionales, y el reconocimiento del principio de la coexistencia pacífica internacional.

No añadimos ni quitamos una sola coma. Juzguen ustedes.

El pendón que reinó en España

Juan Manuel Olarieta

Maria Luisa de Borbón y Parma fue Reina de España gracias a que con 14 años de edad se casó con su primo Carlos IV. Entre los siglos XVIII y XIX se convirtió en una pieza fundamental de la Corte madrileña. Su marido el Rey Carlos IV era un vago al que sólo le gustaba cazar. Lo demás, incluidos los asuntos públicos, le importaba una mierda, así que fue Maria Luisa quien se puso al timón de la monarquía española.

Como buena Reina, una de las tareas en la que puso más empeño fue la de engendrar descendencia que garantizara la continuidad de la Corona española. En total María Luisa tuvo 24 embarazos, de los que nacieron 14 hijos vivos, dos de ellos gemelos, y otros 11 abortos. Por lo tanto, pasó una gran parte de su vida embarazada, lo cual es lógico: la función de una Reina es esencialmente reproductiva. Consiste en parir.

No obstante, tuvo dos problemas. El primero fue que sus hijos fallecían durante la infancia. El otro era que ninguno era del Rey, su primo. Durante su exilio Maria Luisa informó a su confesor, Fray Juan de Almaraz, que “ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España.

El más conocido de los amantes de la Reina fue su guardaespaldas, Manuel Godoy, a quien nombró consejero privado y en 1792 Primer Ministro. En su testamento, Maria Luisa no dejó su fortuna a sus hijos, entre ellos el Rey, sino a su amante porque para una Borbón el amor de verdad nunca fue el de su familia, Borbones como ella, sino el que se intercambia entre las sábanas.

El futuro rey Fernando VII no nació hasta 1784. Al enterarse de que no era hijo de su padre, encerró al fraile Juan de Almaraz en el castillo de Peñíscola, donde murió para que no trascendiera que la dinastía borbónica se había acabado.

El Rey, pues, no era hijo de su padre, lo que en una monarquía es un problema muy serio. Quizá precisamente por ello, en 1808 Fernando VII dio un golpe de Estado contra el Rey. A Maria Luisa aquello le pilló en medio. Con el Rey no tenía ninguna relación, ni como marido ni como primo. Pero con su hijo tampoco, así que tuvo que exiliarse (llevándose las joyas de la Corona) cuando el golpista se hizo con el poder y desde Francia utilizó sus artimañas monárquicas para que Godoy, su amante, pudiera salir de la cárcel.

La Reina hablaba sin abrir apenas la boca porque perdió casi toda su dentadura y utilizaba una prótesis postiza, que alguna vez sacó de la boca en medio de la más glamurosa cena de gala. Aquellos dientes podridos eran una metáfora de la propia monarquía española, justo cuando al otro lado de los Pirineos la guillotina segaba los pescuezos de la francesa.

En las tabernas de Madrid la pareja real siempre fue el hazmerreir de todos: el Rey era el primo (en el más amplio sentido de la palabra). ¿Veía los cuernos de los ciervos que cazaba pero no los que llevaba sobre su cabeza? Por su parte, la Reina era un pendón, lo cual era peor aún. Siempre fue conocida por su colección de amantes, lo cual entonces no estaba bien visto, sobre todo en una Corte provinciana y cotilla como Madrid. El gran poeta Espronceda la calificó como “la impura prostituta”.

Las cofradías de Semana Santa llaman “simpecado” a sus pendones, pero en aquellos tiempos no había mayor pecado que ser un pendón, una condición asociada exclusivamente a la mujer promiscua.

Sin embargo, Maria Luisa no era una puta por su promiscuidad. Todo lo contrario. Fue una adelantada a su tiempo, una heroína. Fue una puta porque fue Reina. Al fin y al cabo el papel de una Reina es el de procrear, para lo cual -en aquellos tiempos- era necesario el contacto sexual. Para cumplir exactamente con lo que se esperaba de ella, Maria Luisa tuvo que llevar una doble vida. Nunca hubiera podido tener descendencia -y sostener la monarquía- con un Rey con el que carecía de intimidad.

Más que un pendón, Maria Luisa fue una mujer “pública” en el más amplio sentido de la palabra. La fulana es la monarquía, que lleva siempre una doble vida. Es la hipocresía misma. La realeza compra, vende y alquila mujeres por puros intereses políticos. La vida privada y la intimidad van por otros derroteros.

De víctimas

N. Bianchi

Leemos que EH Bildu participará en el debate sobre el Mapa de la Memoria para completar “lagunas y vacíos” ya que “todas las víctimas necesitan y merecen ser reconocidas y reparadas”. Asimismo, la coalición criticó al PSE-PSOE por querer “clasificar” a las víctimas.

Dicho Mapa de la Memoria, que consiste en una relación de víctimas habidas durante los últimos 50 años entregadas a diversos municipios vascos (excluyendo significativamente a Navarra) donde hubo esos muertos ocasionados por ETA, GAL, Batallón Vasco-Español, GAE, la Triple A o por las FSE, está impulsado por la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco ubicado en Lakua (Vitoria-Gasteiz).

EH Bildu dice querer participar en el debate por “responsabilidad” puesto que “si se reconoce a unas víctimas y a otras no, eso va en contra de la dignidad de todas ellas”. Dicho así, suena lógico, pero hay algo que rechina. Eso de meter en el mismo saco A TODAS LAS VÍCTIMAS, de insacularlas, no acaba de encajarnos bien. Es un poco como el “argumento” que dice que en la guerra civil española hubo “atrocidades por ambos bandos” diluyendo la responsabilidad principal del causante de dicha guerra, esto es, la sublevación militar-fascista. Es como si la guerra tuviera orígenes deportivos con, por supuesto, vencedores y vencidos, siendo los muertos “daños colaterales” inevitables, qué se va a hacer, el “juego de la guerra” es así, tiene estos imponderables de los cuales NADIE ES RESPONSABLE porque nadie empezó y, si unos hablan, de sublevación facciosa, otros dirán que la rebelión empezó en Asturias en el 34 con los mineros que poco menos que querían hacer una revolución bolchevique ¡contra la República!

Paradójicamente, es la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia, quien arroja algo de luz en este contencioso al exigir al lendakari Urkullu que “no avale la tesis del conflicto político” (entre, se supone,  ETA y parte del pueblo vasco y el Estado español). Admite, como quien te perdona la vida, que haya habido víctimas ocasionadas por “actuaciones irregulares de funcionarios públicos”, o sea, las FSE, pero, advierte, esas víctimas en absoluto “se pueden equiparar a la acción criminal de ETA”. Y es que la causa de la victimización de unos y otros “es distinta”, concluye Mendia, que añade: “su origen radica en otras circunstancias muy distintas entre ellas en muchos casos”.

Pues bien, aunque parezca mentira o que nos hemos vuelto locos, estamos de acuerdo con las palabras de esta señora aunque, eso sí, coincidamos por motivos bien diferentes y opuestos. Ella distingue las víctimas desde quien se sabe vencedor en el “conflicto” que ella niega -va en el guión y en el sueldo- por hurtarle su carácter político y, por lo tanto, las víctimas de ETA son las auténticas víctimas, las de verdad,  y producidas por “criminales”, por “terroristas” que querían implantar un “proyecto político” mediante la lucha armada o “terrorismo” en la jerga oficial. Las otras víctimas, las de las FSE, son, como se dijo, “actuaciones irregulares”, pero no cometidas por “criminales”, ahora no, ni por “funcionarios públicos”, policías, al servicio del terrorismo de Estado quien, en última instancia, no se olvide, tiene el monopolio de la violencia, de modo que sus víctimas son de otra clase, de otra categoría, son de segunda división. Por lo tanto, esta señora DISTINGUE  a unos de otros, y, repetimos, estamos de acuerdo, por razonamientos opuestos, por descontado. Unas y otras “víctimas” son magnitudes heterogéneas, no homogéneas porque, en efecto, sí existe ese conflicto que a ella no le gusta que se reconozca y le da una colleja a Urkullu. Y ese conflicto persiste al margen de la existencia o desaparición de la organización armada, de su derrota.

Quien está dispuesto, al parecer, a meter a todos en el mismo zapato es EH Bildu en aras de la “pacificación y la convivencia y la reconciliación”. Tiene que ser el enemigo, encarnado en esta señora, quien le recuerde quién manda aquí, quienes son víctimas del “terrorismo” y quienes “pasaban por allí” en el momento más inoportuno.

Revilla: el fascista más simpático

El presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria Miguel Ángel Revilla siempre ha tratado de ocultar su pasado franquista. Incluso en su biografía “Revilla. Políticamente incorrecto”, obra de Virginia Drake, él mismo relata que cuando estudiaba en la Universidad del País Vasco montó un sindicato antifranquista, por lo que llegaron a detenerle.

Miente. Siempre fue un fascista. De adolescente fue miembro de la Organización Juvenil Española y pasó a ser el niño mimado de los fascistas cántabros, que en 1973 le nombraron delegado comarcal de Torrelavega del Sindicato Vertical. En tal condición participó en numerosos actos públicos del régimen, en los que hablaba de “exportar y actualizar el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera”. En una de sus arengas dijo: “Tenemos que hacer comprender al mundo que el pensamiento Joseantoniano, adecuadamente actualizado, tiene plena vigencia en el contexto actual”.

El 15 de julio de 1973 el “Diario Montañés” se hizo eco de una conferencia suya sobre “España, en la encrucijada de la Europa comunitaria” en la sede de la Jefatura Local del Movimiento. En su discurso pidió a los fascistas que se mantuvieran “inflexibles” en los principios del Régimen impuesto el 18 de julio de 1936: “Tenemos una ideología que siempre he pensado que era exportable en función naturalmente, de una actualización del pensamiento de José Antonio”.

Su retórica se componía de las típicas frases vacías del franquismo: “Somos una unidad de destino en lo universal, tenemos pleno derecho a proclamarlo, a mantener la soberanía de nuestro esquema institucional y de nuestro contenido espiritual”.

Revilla es Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y diplomado en Banca y Bolsa por la Universidad del País Vasco. De 1979 a 1982 fue profesor de Estructura Económica en la Escuela Superior de Dirección de Empresas de Santander, antes de acceder a la Universidad de Cantabria, donde ejerció como profesor de Política Económica y Hacienda Pública hasta 1995.

Al mismo tiempo, fue director del Banco Atlántico en Torrelavega.

De 2003 a 2013 fue presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria en coalición con el PSOE y tampoco ha logrado silenciar los escándalos de su gestión de gobierno. Dejó un agujero de 440 millones de euros en las cuentas públicas. Algunos ejemplos del despilfarro registrado durante su primer paso por la Presidencia de Cantabria son típicos e iguales a todos los demás.

Revilla dilapidó más de un millón de euros para construir un aeródromo en una zona en la que no pueden aterrizar las avionetas debido a la proximidad de un parque eólico.

En 2004 su gobierno gastó 35 millones de euros en un proyecto de fibroyeso que acabó en la ruina. El gobierno autónomo compró el 30% del capital social de una empresa que no llegó a producir nada y acabó en suspensión de pagos tras haber despedido a 77 trabajadores.

En 2007 creó la Fundación Comercio Cantabria para “dinamizar el comercio” en la región. Tras gastar más de 20 millones de euros, apenas 500 de los 9.000 comercios cántabros se afiliaron a la entidad.

Pablo Coto, que presidió el Consejo Económico y Social del Gobierno de Revilla, se gastó 25.000 euros en copas y comilonas. El gasto fue imputado a la tarjeta de crédito del organismo, al igual que ocurrió con otros miles de euros destinados a pagar taxis y conductores. Coto fue cesado por el gobierno de Revilla dos años después de que se conociese este despilfarro.

En su última legislatura fraccionó pagos para ocultar los gastos en comilonas y dietas. Entre 2003 y 2011 diversos contratos fraccionados del Gobierno de Revilla intentaron camuflar gastos de hasta 10,5 millones de euros. La empresa que recibió los contratos diseñó todas las campañas electorales del Partido Regionalista de Revilla, el PRC.

Durante su presidencia regional, las empresas públicas autonómicas no pararon de crecer, pasando de 32 en 2007 a 45 en 2011. Entre otras cosas servían para ocultar facturas por 200 millones de euros. Una empresa pública del Gobierno de Revilla pagó la decoración de casas de sus directivos. El coste superó los 35.000 euros, cargados a los presupuestos públicos.

Revilla despotrica sobre las preferentes, pero bajo su mandato Caja Cantabria emitió 143 millones de euros en participaciones preferentes. En 2011, cuando ocupaba la Vicepresidencia del Gobierno regional, Caja Cantabria emitió otros 30 millones de euros en preferentes a través de una filial en las Islas Caimán denominada Cantabria Capital Limited.

En 2010 Revilla aprobó una subida del tramo autonómico del IRPF. Excluyó de ella a los integrantes de su gobierno, fijando el aumento impositivo ligeramente por encima de sus salarios.

En marzo de 2011 concedió un permiso para que Cantabria explorase la energía por fracturación hidráulica, más conocida como fracking. Dos años después, el propio Revilla no ha dudado en presentarse en manifestaciones contra dicha técnica de producción energética.

En 2009 Revilla afirmó que «hay un millón y medio de españoles que no quiere trabajar». Refiriéndose a los desempleados, el entonces mandatario de Cantabria afirmó que no tener trabajo durante un año conduce a «costumbres nocivas, como salir por las tardes a jugar la partida o al bingo».

Junto con Pablo Iglesias, Revilla es el mejor ejemplo de que a los políticos de hoy los fabrica la televisión, especialmente La Sexta. Sus apariciones en la caja tonta comenzaron en 2007 con Buenafuente, de La Sexta, donde participaba una vez al mes en una sección fija dedicada a comentar la actualidad.

Desde septiembre de 2010 fue invitado habitual en El programa de Ana Rosa y en febrero de 2011 se convirtió en colaborador de La Noria, ambos emitidos en Telecinco.

Desde 2013 participó en el programa La Sexta Noche, se incorporó como tertuliano a Las mañanas de Cuatro y ha colaborado de forma esporádica en Abre los ojos y mira de Telecinco.

También ha pasado como invitado por Todo va bien, Viajando con Chester en Cuatro y Hable con ellas en Telecinco. En noviembre de 2014 estrenó en Telecinco un programa propio: Este país merece la pena.

100 años de la historia de Irak contada en 100 líneas (3)

En 1968 otro golpe de Estado patrocinado por la CIA devuelve al poder al Baas, encabezado por el general Ahmed Hassan Al-Bakr. El objetivo confesado del golpe es acabar con los movimientos guerrillero en el sur del país, entre ellos los comunistas. A la sombra de Al-Bakr comienza a trepar su primo Saddam Hussein, que dirige el aparato represivo. Sus galones los ganó torturando a los comunistas en las cárceles. Aunque no hizo ni el servicio militar, en 1976 le nombran general de cuatro estrellas. Dos años antes el franquismo le otorga la Gran Cruz de Isabel la Católica y en 1978 la transición hizo lo mismo: le dió el Collar de la Orden del Mérito Civil.

A partir de 1973, con la guerra del Yom Kippur, el alza del precio del petróleo pone mucho dinero a disposición de la misma política pendular, típica del nacionalismo sin rumbo, tanto con respecto a la URSS, como con respecto al propio Baas, dividido en varias facciones enfrentadas. El Baas busca un buen lugar dentro del imperialismo. Al mismo tiempo despliega una retórica “antimperialista” vacía y utiliza a la URSS, al Partido Comunista y al petróleo como instrumentos de presión.

Una parte de las gigantescos beneficios petroleros se invierte en grandes infraestructuras, como la central nuclear de Tamuz, un diseño francés que luego el imperialismo utilizaría como prueba de la existencia de “armas de destrucción masiva”.

Tras rechazar una oferta de autonomía por parte del gobierno central, en 1974 los kurdos desatan una guerra con el apoyo de Estados Unidos, Israel y el Sha de Irán. Promoviendo esta guerra el imperialismo trata de impedir el rearme de Irak, evitando que se convierta en la cabeza del mundo árabe. Saddam reacciona llegando a un acuerdo con el Sha en Argel en 1975. El levantamiento kurdo es aplastado brutalmente.

En 1979 cae el Sha en Irán y los chiítas se hacen con el poder en Teherán. Al mismo tiempo la URSS despliega sus tropas en Afganistán y el imperialismo reactiva el yihadismo como un instrumento de guerra para controlar Oriente Medio. Para ello utiliza a Arabia saudí y Pakistán, que quieren convertir a sus respectivos países en potencias regionales. Arabia saudí trata de contrarrestar la influencia chiíta (Irán, Hezbolá, Hamás) con el wahabismo, financiado con las crecientes rentas del petróleo. El 6 de diciembre de 1993 el diario británico The Independent publicó una entrevista con Bin Laden para lavarle le cara: después de luchar contra los soviéticos en Afganistán, Al-Qaeda ponía sus fuerzas en el camino de la paz (*).

El islamismo pasó de Afganistán a Chechenia y luego a los Balcanes (Bosnia y Kosovo). La CIA, el MI6, soldados británicos de operaciones especiales y empresas privadas de seguridad armaron y adiestraron al UCK en Kosovo. Posteriomente el departamento de Estado estadounidense le incluyó en la lista de organizaciones terroristas indicando que se financiaba con fondos procedentes del tráfico de heroína. También los wahabitas le financiaban, entre ellos Bin Laden. Un hermano de Bin Laden dirigía una unidad de la yihad egipcia y un lugarteniente suyo otra de UCK durante el conflicto de Kosovo.

(*) http://www.independent.co.uk/news/world/antisoviet-warrior-puts-his-army-on-the-road-to-peace-the-saudi-businessman-who-recruited-mujahedin-now-uses-them-for-largescale-building-projects-in-sudan-robert-fisk-met-him-in-almatig-1465715.html

Primera parte * * * Segunda parte

El franquismo esclavizó a la clase obrera

Pedro Serrano Solana
Víctor Peñalver eligió el pantano del Cenajo como objeto de la Tesina de Licenciatura que ha presentado en la Universidad de Murcia, y que le ha valido una calificación de Matrícula de Honor. Uno de los motivos por los que este joven investigador nacido en Cehegín se fijó en la gran obra hidráulica de los años 50, es el hecho de que el Noroeste murciano sea la única zona de la Región en la que no existe un monográfico dedicado a la represión franquista.

“El arranque de la investigación consistió en recabar testimonios orales, que son los que conservan la memoria colectiva de los hechos históricos, pero al mismo tiempo comencé a recopilar documentación de diferentes archivos”, cuenta Peñalver. Pronto constató que “las resonancias que el Cenajo había dejado en el recuerdo de los habitantes del lugar y los hechos que relataban estas personas, no casaban con lo que plasman los documentos oficialistas”. Mientras se encoge de hombros, reconoce que es algo “normal”: “Fueron las mismas autoridades del Régimen las que generaron esos documentos, así que…”

También se dio cuenta de la impronta que había dejado una fecha en el recuerdo de los murcianos: el 6 de junio de 1963. Aquel día Francisco Franco pasó rutilante por la Región de Murcia con su enorme séquito y sus fuertes medidas de seguridad para inaugurar el pantano del Cenajo. También acudieron las cámaras del NO-DO, que grabaron a las muchas autoridades civiles, militares y religiosas, y a los lugareños venidos de diferentes partes de la provincia con pancartas de apoyo y agradecimiento al Caudillo.

Hubo nervios, explica Peñalver, pero mucho más serios que los propios de un gran evento: los nervios de los técnicos responsables del pantano, porque era la primera vez que se accionaba la maquinaria de la presa. Ni siquiera se habían hecho pruebas de funcionamiento. Fieles al simbolismo y al ceremonial de la dictadura –hasta tal punto insensata-, debía ser el mismo Franco el que pulsara el botón por primera vez. Por fortuna todo salió bien y el Generalísimo pudo subirse de nuevo en su coche y marcharse entre vítores.

Cenajo: obra hidráulica y ‘experimento social’

Tanto en aquellos que lo vivieron como en los que lo han estudiado después, es conocida la política de grandes obras hidráulicas del Régimen y la figura de Franco inaugurando pantanos. Y de entre todos los que se construyeron en la época, el del Cenajo es especialmente importante: “Lo es por la magnitud de la obra y por la cantidad de personas que trabajaron en su construcción; fue la presa más grande de la época”, cuenta el historiador. “Lo que no se menciona tanto son los trabajos forzados”, añade.

El historiador destaca dos años: 1938 y 1944. En 1938 se creó el Patronato de Redención de Penas por Trabajo a iniciativa de un jesuita, lo que según Peñalver, supuso “la legalización de la esclavitud”. “Por un lado se trataba de un proyecto económico para rehabilitar la España destruida en guerra, y por otro era un experimento social como parte de un plan para implantar el ‘chip’ del movimiento”, analiza, e insiste en subrayar el concepto de “ingeniería social”, del que formaba parte capital la iglesia que se construía junto a los pabellones de los reclusos obreros. Del ‘tajo’ a la misa hasta cumplir la condena, o en el peor de los casos, hasta morir en la obra.

En cuanto a 1944, ese año fue cuando se revocó la condición de ‘condenado político’, de modo que todos los reclusos pasaron a ser considerados ‘presos comunes’. No se trataba a todos por igual, remarca Víctor, pero unos y otros podían integrar los llamados Destacamentos Penales al objeto de cambiar días de condena por días de trabajo: “Entre 1952 y 1957, por cada dos días de trabajo se restaban tres días de condena”, relata el investigador, “aunque al final la decisión dependía del director de la prisión”.

Por otro lado, se les pagaba un salario, aunque es necesario matizar: “En los documentos de 1957 consta que el sueldo era de siete pesetas, pero no lo recibían íntegro; se les descontaba la ropa, la alimentación, la sanidad que llamaban ‘socorro’ y ‘auxilio’…”. Para ponernos en situación, Peñalver cita el trabajo de la catedrática de la UMU Encarna Nicolás en el que se recoge que el sueldo de un trabajador del campo en torno a 1941, era de entre nueve y 14 pesetas.

Víctor Peñalver explica que apenas hay documentación de la primera parte del proyecto del Cenajo: “Hablamos de los años comprendidos entre 1943 y 1952, cuando se preparó el terreno y se construyó el pabellón obrero con la cárcel, el cuartel de la Guardia Civil y la iglesia; de todo eso ya no queda nada en pie, sólo tenemos las fotos de los archivos de la Confederación Hidrográfica del Segura”. En aquel tiempo, hasta 350 presos de distintos Destacamentos Penales y cárceles cercanas trabajaron en el lugar -y se infectaron de paludismo-, algunos de ellos desplazados de la Prisión Provincial de Hellín o del destacamento del Coto Minero de la pedanía hellinera de Las Minas, por ejemplo.

Rastrear a los presos políticos ha sido una tarea compleja, reconoce el historiador, básicamente por la ocultación de datos en la época y porque a efectos legales, cuando la obra entró en su fase más intensa, ya se había igualado la condición de preso político y de preso común. Eso sí, revisando los archivos se demuestra la magnitud de la obra del Cenajo: “En mayo de 1953, el 17,47% de todos los presos que integraban los quince Destacamentos Penales franquistas se encontraban trabajando en el pantano: 123 de 704”. “La presencia de reclusos en el Cenajo es siempre superior a la media nacional, año a año, más incluso que en el Valle de los Caídos durante los años cincuenta”, afirma Víctor mientras enseña unos gráficos que ha elaborado él mismo.

En la década de los 50, además, el Régimen trataba de lavar su imagen y de borrar sus conexiones con el bando perdedor de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo primordial de integrarse de un modo suave en los organismos internacionales surgidos tras el conflicto. De hecho, España superó los controles de la Comisión Internacional contra el Régimen Concentracionario: “Vino un grupo de estadounidenses en 1952 y dieron su visto bueno, aunque no sabemos si fue porque lo que realmente les interesaba era la base de Rota…”, añade escéptico.

‘La Tumba siempre estaba abierta’

Peñalver explica que su intento de identificar a todos los presos y de conocer sus historias particulares ha sido imposible a pesar de haber buscado y cotejado muchos documentos. Sin embargo, sí que ha podido recoger dos casos concretos cuyos hechos y palabras ayudan a entender lo que significó el Cenajo: “una obra peligrosa, sin medidas de seguridad, donde se usaba dinamita y donde las tareas más difíciles y arriesgadas se reservaban a los presos, y en especial, a los anarquistas”, profundiza.

“Francisco de la Rosa nació en Calasparra. Era sindicalista de la CNT y preso político. Fue condenado a muerte y posteriormente se le conmutó la pena a treinta años y un día. No era obrero libre. Lo llevaron de un sitio a otro recorriendo penales de toda España, hasta que finalmente lo destinaron a trabajar en el Cenajo. Fue torturado y mutilado y se le condenó a destierro, de manera que no podía acercarse a menos de 20 kilómetros de su pueblo. En 1948 se suicidó. No soportó su condición de preso ni los trabajos forzados en el Cenajo. Seis años después de muerto, lo indultaron”, narra Víctor de corrido, para interpretar que “de ese modo es como el Régimen aumentaba su cifra de indultos y lavaba su imagen”. Durante el proceso de investigación tuvo la oportunidad de hablar con algunos de sus familiares y contarles lo que había encontrado en los archivos sobre Francisco.

El investigador pudo identificar a otro preso con mejor suerte: se trata de José Vicente Ortuño, que tras trabajar nueve meses en el Cenajo, en el año 1954, de cumplir condena y de conseguir pasar a Francia, publicó en el país vecino un valioso libro titulado “Raíces amargas”, en el que dedicó un capítulo entero a relatar su estancia en las obras del pantano.

Según explica Peñalver, cuando Ortuño llegó al Cenajo, el procedimiento ya estaba establecido. El mismo exrecluso lo relató de este modo: “Por la mañana, en la plaza, los cadáveres mutilados por las balas y las dentelladas de los perros que usaba la Guardia Civil le dieron la razón a mi compañero. Todos los prisioneros tuvieron que desfilar ante los cuerpos, sobre los que ya empezaban a revolotear unas moscas verdes. Por la tarde, un equipo los tiró a la caja de un tractor y los llevó al muro. La tumba estaba siempre abierta”.

“La Tumba, como llamaban a la presa, funcionó como enterramiento colectivo similar a las fosas comunes, dentro del modus operandi represivo franquista de ocultar la principal prueba del delito, el cadáver, y claro, de todo esto no hay documento probatorio porque las fuentes oficiales nunca lo reflejan”, añade Víctor Peñalver. “Había diferencias de trato entre presos políticos y comunes, y también se diferenciaba entre obreros reclusos y obreros libres”, prosigue. El historiador muestra una escueta noticia del diario ABC del año 1954, en la que se informaba del fallecimiento de tres obreros en el Cenajo: “De las muertes de los obreros reclusos no se daba publicidad”.

‘El arte de construir presas’

En la investigación, Peñalver se tropezó con importantes empresas constructoras, algunas de las cuales siguen operando en la actualidad tras pasar por fusiones, compras y ventas: “Si los organismos oficiales ocultan esta historia, las empresas también”, proclama, remitiendo a trabajos como los de Antonio Maestre e Isaías La Fuente, ‘Franquismo S.A.’ y ‘Esclavos por la patria’. “Hay que destacar el papel de estas grandes empresas que se aprovecharon de la situación y usaron mano de obra reclusa”, enfatiza Víctor Peñalver, para luego citar algunos ejemplos.

“En el Cenajo participó COVILES, Construcciones Civiles, que luego se convirtió en OBRASCON y más tarde pasó a formar parte del grupo OHL, también formada por la empresa Huarte y Laín, encargada de la construcción del Valle de los Caídos”, relata el historiador: “Contacté con ellos y les pregunté sobre este asunto, pero no colaboraron”. “En el Cenajo hubo otras empresas, como Destajista San Román, Obras y Servicios Públicos… Tapan su historia porque esa es la herencia del franquismo”, insiste. Después, muestra el lema de la empresa COVILES ‘El arte de construir presas’… “Ya ves, calificar estos procesos de construcción con la palabra ‘arte’”, lamenta el historiador.

Lugares de memoria

Hace pocas semanas se reinauguró el hotel Cenajo, un edificio de estética noble y enclavado en un paraje de singular belleza en las inmediaciones del pantano. “Allí es donde residió el equipo de arquitectos durante los 20 años que duró la obra”, explica Víctor Peñalver. “Mientras, los obreros reclusos vivían en su pabellón, y al igual que sucedió en el Valle de los Caídos, los familiares de los presos que recibían permiso para visitarles, podían alojarse durante unos días en unas casas-cueva con aspecto de chabolas que se construían en un lugar próximo, y de las que sólo quedan las ruinas”, relata.

En la reapertura del hotel, Víctor Peñalver ha echado en falta una mención o recuerdo a lo que sucedió durante la construcción del pantano, lo que le hace volver sobre las dificultades de encontrar documentos en los archivos –durante el último año ha visitado el Archivo Histórico Provincial de Murcia, el Archivo General de Alcalá de Henares y los archivos de los ministerios de Justicia y de Interior-: “En ellos sí se refleja la presencia de reclusos y la instalación de un destacamento penal en el Cenajo. Sin embargo, en los escritos oficiales de la Confederación Hidrográfica sobre el Cenajo, no se reconocen los trabajos forzados, tan sólo en uno de ellos se dice que puede ser que los hubiera, pero nada más”, afirma Peñalver.

“Los efectos de la propaganda franquista siguen en vigor con palabras que se usan mucho hoy, como sensatez, estabilidad, orden… Las ganas de obtener democracia a cambio de impunidad siguen vigentes”, reflexiona. A su juicio, “no es por ignorancia mantener la confusión sobre los trabajos forzados en el Cenajo, no existen las casualidades ni el azar en este asunto. Y por aquí han pasado también alcaldes socialistas y no se ha hecho nada”. “Contra el franquismo también hace falta terapia de choque”, afirma en referencia a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, aunque luego reconoce que “simplemente con quitar placas, sin divulgación, no se soluciona nada”.

“Para nosotros el Cenajo ha sido siempre un sitio de referencia del ocio y de la naturaleza, pero cuando íbamos, no sabíamos qué había pasado porque nadie nos lo contaba, y allí sigue la placa de la inauguración del pantano. Sin embargo, no sirve de nada que la quiten si no dicen qué fue lo que pasó realmente”, admite este investigador, para quien una buena opción sería mantener la placa de la dictadura y añadir otra al lado “que cuente la historia de verdad, la historia con mayúsculas, y que denuncie la propaganda”.

“Es necesario crear ‘Lugares de Memoria’ en estos espacios para combatir la impunidad y para acabar con las teorías negacionistas”, insiste el historiador. Antes de acabar, Víctor Peñalver pone más ejemplos de obras en las que se hizo uso del trabajo de los presos en la propia Región de Murcia: “La rehabilitación del convento de Adoratrices de Cartagena, y las explotaciones mineras del Llano del Beal y de La Unión. Estos enclaves de trabajo no han sido investigados en profundidad hasta la fecha”.


Fuente: http://www.eldiario.es/murcia/reportajes/Cenajo-herida-abierta-pantano_0_417508781.html

100 años de la historia de Irak contada en 100 líneas (2)

En 1948 se produjo el levantamiento popular más importante, conocido con el nombre de Al-Watbah (El Salto). Los estudiantes desencadenan inicialmente el movimiento por dos motivos: el primero contra las negociaciones con los imperialistas británicos (Tratado de Portsmouth) y el segundo por el destierro palestino. Luego los trabajadores ferroviarios se declararon en huelga, así como los campesinos, que ocuparon las tierras en la mayor parte del país. Varias manifestaciones masivas sacaron a la calle a decenas de miles de personas. El 27 de enero la policía disparó contra ellas, matando a unas 400 personas, lo cual no detuvo el descontento. El Presidente del Gobierno tuvo que huir a Gran Bretaña y se formó un nuevo gobierno.

En mayo continuaron los levantamientos y el gobierno declaró la ley marcial. Al año siguiente Yusuf Salman Yusuf, conocido por el sobrenombre de Fahd, Secretario General, y otros dos dirigentes más del Partido Comunista, Zaki Basim y Husain al-Shabibi, fueron ahorcados en otras tantas plazas de Bagdad. La monarquía anuncia el fin del comunismo en Irak.

Los imperialistas cosechan su fracaso más importante cuando en 1958 un poderoso movimiento de masas unido a una sublevación militar lleva al gobierno al general Abdul Karim Kassem, al que la Wikipedia etiqueta como “marxista”. Toda la familia real y el primer ministro son ejecutados, Irak se convierte en una República, se retira del Pacto de Bagdad y estrecha relaciones diplomáticas con la URSS.

Al año siguiente Saddam Hussein, con 22 años, trató de asesinar a Kassem en un operativo organizado por la CIA. No logró su propósito, fue herido de bala en el pie y evacuado por la CIA a Tikrit, su ciudad natal, desde donde le llevaron a Beirut para seguir un cursillo de entrenamiento de la CIA. De allí la CIA le instaló en un apartamento de lujo en El Cairo, Egipto, donde estudió Derecho.

El general Kassem no era otra cosa que un nacionalista, o mejor dicho: un irakista (“Irak primero”). Emprende una reforma agraria no en interés de los campesinos pobres sino para quebrar el poder económico de los terratenientes y, por lo tanto, de la monarquía. Pero una revolución se abre camino.

Para el imperialismo el fracaso en Irak es aún peor que en Cuba. Eisenhower lo califica como el desafío más importante al se enfrentan Estados Unidos desde la Guerra de Corea de 1953. Unido a la llegada de Nasser el poder en Egipto, la revolución amenaza con extenderse por todo Oriente Medio. En Líbano desembarcan 20.000 marines y otros 6.000 paracaidistas británicos se instalan en Jordania.

El Partido Comunista es la fuerza organizada más importante del país. En mayo de 1959, un millón de personas manifiestan en las calles de Bagdad bajo las pancartas del PCI, un partido que en 1959 cuenta con 25.000 militantes. Además, el número de afiliados a las juventudes alcanza los 84.000. Las calles de Bagdad están bajo el control de los comunistas. Los obreros también están organizados en poderosos sindicatos de clase. De unas 3.500 organizaciones campesinas, el 60 por ciento estaban dirigidas por los comunistas. En las universidades hasta los estudiantes de teología islámica votan a los comunistas en porcentajes que superan al 80 por ciento. La cultura, el arte, la literatura y toda la actividad intelectual del país está dirigida por los comunistas. En Irak decir Al-Muthaqqaf (intelectual) o Al-Adib (hombre de letras) es sinónimo de comunista.

Pero aunque participan, los comunistas no son capaces de ponerse al frente de la revolución, y menos de impulsar su desarrollo hasta sus últimos objetivos, que están en manos de las corrientes nacionalistas militares. Entonces aparecen los límites del nacionalismo, que no es la solución sino una parte del problema: por su origen de clase, los militares no están dispuestos a avanzar en la revolución, lo que conduce al país a un callejón sin salida y socava los fundamentos mismos de la fuerza del nacionalismo.

Kassem se niega a entregar armas al pueblo. A un tiempo se enfrenta tanto a los comunistas como a los nasseristas, considerados como “extranjeros”. En 1960 ilegaliza al Partido Comunista. Pero también se opone al imperialismo y a los monopolios petroleros internacionales. A su vez, el imperialismo utiliza a los nacionalistas kurdos para luchar en contra de la revolución.

El imperialismo también recurre a otros nacionalistas, los baasistas, que en febrero de 1963 derrocan a Kassem y lo ejecutan con el apoyo de la CIA. Comienza una orgía de sangre. A través de una emisora secreta de radio, la CIA presenta un listado de militantes a ejecutar y en los dos primeros días del golpe son asesinadas 5.000 personas. La represión se concentra en los comunistas de una manera atroz que ha pasado a ser legendaria. El secretario general del Partido, Husain Al-Radi, conocido clandestinamente como “Salam Adil”, fue salvajemente torturado hasta la muerte.

Un agente de la CIA, Harry Rositzke, presentó el golpe de 1963 como un modelo de la manera en que el imperialismo debe ejecutar este tipo de acciones. El derrocamiento de Kassem, escribe Rositzke, “estaba previsto al detalle por los agentes de la CIA” (*). La dirección baasista se reunía con la CIA en Kuwait para mantener a los imperialistas informados puntualmente de cada uno de los pasos y de los planes del futuro gobierno golpista.

Aunque el Baas es el verdadero artífice del golpe de 1963, ponen a la cabeza del Estado al coronel Abdul Salam Aref, que pocos meses después se deshace de ellos. Entre otros muchos encarcela a Saddam, que se escapa de la cárcel en 1967.

(*) The CIA’s Secret Operations: Espionage, Counterespionage and Covert Action, Boulder, 1977, pgs.109-110

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100 años de la historia de Irak contada en 100 líneas

Como país independiente Irak sólo tiene 100 años de historia, cuyos acontecimientos sociales y políticos, pasados y presentes, no se explican por motivos religiosos sino por la lucha de clases.

Hace 100 años el territorio que hoy conocemos con ese nombre formaba parte del Imperio Otomano, que fue derrotado en la I Guerra Mundial, una guerra imperialista cuyo resultado final condujo a un nuevo reparto del mundo que se materializó en el Pacto Sykes-Picot, por el cual Inglaterra y Francia se repartieron Oriente Medio. Irak fue sometido al imperialismo británico. Aquel Pacto se firmó en secreto y se conoció en 1917 gracias a la Revolución de Octubre, ya que el zarismo fue otros de los firmantes del mismo.

El mapa de Irak lo impusieron los imperialistas como consecuencia de su relevante papel geoestratégico en Oriente Medio, su proximidad a la URSS y el acceso a los pozos de petróleo. Era un país dislocado. Mientras territorios irakíes como Kuwait se separaron, se incorporaron otros, como una parte de Kurdistán, que no eran irakíes. Irak es, pues, un problema nacional dentro de otro problema nacional.

Los británicos pusieron a los sunitas a cargo del Estado, a pesar de que los chiítas eran la confesión mayoritaria. Pero al mismo tiempo, los chiítas eran los sectores más pobres de la población, especialmente campesinos.

En Irak ni siquiera el rey era irakí. Como recuerda la figura cinematográfica de Lawrence de Arabia, el imperialismo británico impuso una monarquía feudal llevada desde el exterior y basada en los terratenientes (de religión sunita), que aplastaron a sangre y fuego las revueltas de los campesinos pobres (chiítas) y las nacionales de los kurdos.

Ni una gota de petróleo quedó dentro de Irak. Se repartió en cuatro partes de un 23,75 por ciento para cada una de las potencias (Gran Bretaña, Francia, Holanda y Estados Unidos), mientras el 5 por ciento restante fue a parar a las manos de Caloste Gulbenkian, que ayudó a negociar el reparto entre los imperialistas.

Los acuerdos entre los imperialistas y de estos con la monarquía no se impusieron pacíficamente sino a costa de numerosos levantamientos populares. En mayo de 1920 hubo 10.000 muertos. En 1925 en Suleimaniya un levantamiento masivo fue bombardeado con gases tóxicos. La expresión de esas movilizaciones fue siempre política, y no religiosa, especialmente de tipo nacionalista, kurda, panarabista, luego baasista y nasserista, pero especialmente comunista.

El mandato británico sobre Irak acaba oficialmente en 1932 pero, de hecho, continúa dominando el país.

La creación del Partido Comunista en 1934 fue la culminación de la resistencia contra el imperialismo en Irak, hasta el punto de que se convirtió en la vanguardia más importante de todo el Oriente Medio. En la lucha contra el imperialismo y sus agentes internos, Partido Comunista de Irak agrupó en sus filas a todas las naciones (árabes, kurdos, asirios, shabak) y todas las confesiones religiosas (sunitas, chiítas, cristianos). Su destrucción se convirtió en el objetivo primordial de la represión imperialista.

Si tras la Primera Guerra Mundial los imperialistas británicos sucedieron a los otomanos, tras la Segunda los estadounidenses sustituyeron a aquellos.

Además de la Guerra, a partir de 1945 Oriente Medio conoce otros problemas, que se superponen a los ya existentes, ninguno de los cuales es religioso tampoco, especialmente la creación del Estado de Israel, la primera agresión israelí (1948), el destierro palestino (Al-Nakba), la caida de la monarquía en Egipto (1952), el golpe de Estado en Irán contra Mossadegh (1953) y sobre todo, la firma del Pacto de Bagdad en 1955.

El Pacto de Bagdad fue la Otan de Oriente Medio. También fue conocido como Cento (Central Treaty Organisation) y de él formaron parte países como Pakistán, Irán, Turquía, Irak y Gran Bretaña. Tenía dos objetivos: la guerra fría contra la URSS y la lucha contra los movimientos de liberación nacional, especialmente en los países árabes y kurdos. Como su propio nombre indica, Irak y el Partido Comunista de Irak constituían el objetivo central de la organización militar imperialista.

Segunda parte * * * Tercera parte

El hombre del clavel

Nikos Beloyannis
Juan Manuel Olarieta
Durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi de Grecia, Nikos Beloyannis fue uno de los comunistas que dirigió la lucha armada contra el fascismo. Nació en Amaliada, en el Peloponeso, en 1915, en el seno de una familia acomodada y estudió Derecho en Atenas.

En los años treinta fue detenido y encarcelado en la prisión de Akronauplia por el régimen fascista de Metaxas. Tras la ocupación nazi de Grecia en 1941, los fascistas griegos le pasaron al preso a los nazis alemanes.

En 1943 se fugó de la cárcel, incorporándose al ELAS, el Ejército Popular de Liberación Nacional, en el Peloponeso, con Aris Veluchiotis. Luego, durante la guerra civil griega fue comisario político del DSE, el Ejército Democrático de Grecia. Tras la derrota de la guerrilla comunista, en 1949 fue uno de los últimos en abandonar el país.

En junio de 1950 regresa clandestinamente al interior de Grecia para reorganizar el Partido Comunista, entonces ilegalizado. Le detienen el 20 de diciembre de aquel mismo año, acusado de ser un espía de la Unión Soviética. Además le detuvieron a su compañera, Helli Ioannidu, que se encontraba embarazada en aquel momento. Su hijo nacerá en agosto del siguiente año.

Hasta el momento del juicio, el 19 de octubre de 1951, le encerraron en una celda de castigo iluminada día y noche. Los fascistas orquestaron en Atenas el típico montaje judicial, para el que llevaron a casi 100 comunistas al banquillo. Uno de los jueces era Georgios Papadopulos que, poco más tarde, entre 1967 y 1974, dirigió la dictadura militar.

Beloyannis negó todas las acusaciones e insistió en el carácter patriótico de la lucha armada durante la resistencia contra la ocupación nazi (1941-1944), la intervención británica (1944-1946) y la posterior guerra civil (1946-1949). El 16 de noviembre el consejo de guerra le condenó a muerte a él y a otros 11 comunistas.

El 15 de febrero de 1952 se repitió la farsa judicial ante el Tribunal Permanente del ejército. Esta vez era 28 el número de acusados, entre ellos Helli Ioannidu, la compañera de Beloyannis. Las nuevas acusaciones volvían a ser de espionaje, por el descubrimiento el 14 de noviembre de varias radios clandestinas en Falera.

Durante el juicio, las fotos muestran al dirigente comunista con una sonrisa en los labios y un clavel rojo en la mano, una imagen que dará la vuelta al mundo y quedará inmortalizada por Picasso. Desde entonces los claveles rojos se convirtieron en otro de los símbolos del movimiento obrero y revolucionario internacional.

A pesar de las movilizaciones internacionales en contra del montaje judicial, el 1 de marzo de 1952 el Tribunal Militar Permanente volvió a condenar a muerte a Beloyannis.

Fue ejecutado en el campo de Gudi en la madrugada del 30 de marzo de 1952, un domingo, cuando no se ejecutaba la pena de muerte. Con él murieron ante el pelotón de ejecución, otros comunistas valerosos, como Dimitris Batsis, Nikos Kalumenos e Ilias Argyriadis.

En 1980 Nikos Tzimas rodó la película “El hombre del clavel” con música de Mikis Theodorakis sobre la vida y la muerte de Beloyannis. En el este de Berlín se levantó una estatua en su memoria y en Hungría se bautizó una ciudad con su nombre que durante décadas albergó a los refugiados políticos griegos que tuvieron que huir de su país por su lucha contra el fascismo.

Beloyannis, “El hombre del clavel”, no sólo fue un ejemplo de la lucha de los comunistas contra el fascismo en todo el mundo sino, además, un símbolo de los crímenes del imperialismo durante la Guerra Fría.

Retrato de Picasso

La ciencia que desmanteló Franco

Manuel Ansede

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.

La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

Con la llegada de la dictadura, El origen de las especies de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/07/24/ciencia/1437736052_945031.html

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