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Los rusos siguen nombrando a Stalin como la figura más destacada de la historia

Cualquier turista puede hacer la prueba por la calle de una ciudad rusa elegida al azar: los peatones le dirán que su personaje histórico favorito es Stalin, según un sondeo del Centro Levada que se publicó ayer (*) sobre las figuras más destacados de todos los tiempos y de todos los pueblos.

Alguno podría creer que eso se debe a que en Rusia la radio, la televisión y demás medios de comunicación siguen emitiendo los mismos contenidos en que hace 70 años.

Se equivoca: la opinión favorable a Stalin se mantiene en Rusia a pesar de las veladas campañas anticomunistas que están llevando a cabo los medios desde hace 30 años. Incluso tras el fin de la URSS, en Rusia ha sido imposible cambiar el extraordinario aprecio que los rusos sienten por el dirigente bolchevique.

En la popularidad creciente de Stalin y de la URSS en la sociedad soviética actual desempeña un papel fundamental el desastre económico, social y político en el que vive sumida Rusia. Para los rusos, no hay comparación posible entre una época y otra.

A pesar de ello, el crédito de Putin también va ganando enteros con el transcurso del tiempo, lo
cual tiene bastante mérito al tratarse de un político en activo desde
hace ya muchos años, a pesar de lo cual no sólo no padece ningún
desgaste sino todo lo contrario.

Es verdad que las comparaciones siempre son odiosas, sobre todo si el tiempo está de por medio. Pero en las encuestas de opinión rusas Stalin también va por delante de las grandes glorias de Rusia, como el poeta Pushkin (número dos). En el corazón de los rusos Stalin siempre está el primero, aunque no fuera ruso. Incluso va por delante de Lenin, que va en cuarto lugar por detrás de Putin (número tres).

Si el lector no se conforma sólo con mirar los primeros puestos del escalafón se quedará aún más sorprendido, si cabe, al comprobar quiénes siguen por detrás, grandes figuras históricas de Rusia van por detrás, como Pedro el Grande o Yuri Gagarin, aunque lo más sobresaliente de estas encuentas es la aparición de científicos de relive internacional, como Newton, Lomonosov, Menedeleiv o Einstein y que en un país como España sorprenden.

Ese perfil de personajes históricos nunca aparecerían si la encuesta se llevara a cabo en España. Aquí un sondeo parecido pondría en un pedestal a mentecatos como Messi, Cristiano Ronaldo o Montoro.

Desde 1999 Stalin se mantiene en primer lugar en todas las encuestas de opinión que se hacen en Rusia. Si ahora mismo se presentara a las elecciones, barrería a todos sus oponentes por una mayoría absoluta.

(*) http://www.levada.ru/2017/06/26/vydayushhiesya-lyudi/

Plaza de toros de Badajoz: la sangre republicana subía un palmo del suelo

Campesinos que habían osado enfrentarse al feudalismo de los señoritos dando vida al sueño de la reforma agraria. José Herrera Petere: “La carne y la sangre viva, el trabajo, el sudor, las lágrimas y el hambre, salían al encuentro de la bisutería, las barras de carmín, los polvos, el colorete, las rentas artificiales, las trampas, la hipocresía”. República y al fin la tierra para quien la trabaja. Pacíficos jornaleros, a lomos de burros y pertrechados de azadas, dispararon a la tierra con sus arados en 280 pueblos, comenzando a labrar más de 3.000 fincas. Los terratenientes y sus caciques jamás les perdonaron aquella insolencia, el propósito de vivir dignamente, sin servidumbre ni amos.

El Ejército de África, el general Yagüe, las columnas de Asensio y Castejón se dirigieron a Badajoz, importante porque representaba el faro de la reforma agraria republicana. Pero Badajoz no se rendía, yunteros, lavanderas, ferroviarios, costureras, albañiles, maestras, mecánicos, criadas, médicos… decidieron resistir, defender la República. Durante días Badajoz padeció el bombardeo aéreo incesante y los obuses sembrando el terror, las columnas sublevadas habían puesto el cerco. Las milicias populares defendían la ciudad pero no llegaba artillería ni aviación de Madrid. La ciudad tenía sus horas contadas. A los republicanos les sobraba corazón, pero les faltaban municiones. La defensa heroica sucumbió. Badajoz cayó, empezó la escabechina, la carnicería más monstruosa que se pueda imaginar.

Los republicanos detenidos en la
Catedral de San Juan fueron fusilados en los altares. Los arrestados por
toda la ciudad congregados en la plaza del Ayuntamiento fueron
ametrallados por grupos, a centenares, pero el genocidio no había hecho
más que empezar: Mutilación, castración de cadáveres, ametrallamientos
colectivos, saqueo indiscriminado, violaciones, degüellos. Yagüe ordenó
el encierro de los prisioneros en la plaza de toros. Se entregaron
invitaciones para acudir al festejo, se instalaron focos para iluminar.
En los tendidos señoritos, falangistas, terratenientes, señoritas
cristianas, devotas de la alta sociedad, monjas, frailes, aguardaban
impacientes la orgía de sangre que se avecinaba.

Jorge Pinto,
terrateniente de Olivenza hacía bailar a las mujeres antes de matarlas.
El sargento moro Muley vestido de torero usaba la bayoneta como estoque
contra la cara y cuello de los prisioneros. La gente de ley y orden daba
olés y aplausos cuando los prisioneros eran banderilleados. El
miliciano Juan Gallardo Bermejo le arrebató la bayoneta a uno de los
legionarios-torero y lo mató. Se retiraron de la arena moros y
legionarios y comenzó un ametrallamiento masivo. No más de 2 ó 3
personas sobrevivieron de más de 4.000; se llenaron las fosas comunes.
Texto de Julián Zugazagoitia: “Cientos de prisioneros ametrallados como
perros de caza, eran empujados al ruedo para blanco de las
ametralladoras que los destruían con ráfagas implacables
”.

El
periodista Jay Allen, del Chicago Tribune contó 1.200 asesinados solo el
día 15, entre ellos el alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero y el
diputado socialista Nicolás de Pablo. El día 25 publicó: “Les llevan al
ruedo, hay ametralladoras esperándoles, la sangre subía un palmo del
suelo… 1.800 hombres -mujeres también- fueron abatidos en 12 horas”
.
Jacques Berthet, corresponsal del Journal de Genève (actual Le Temps):
“Alrededor de 1.200 personas han sido fusiladas, las aceras de la
Comandancia Militar empapadas de sangre, arrestos, ejecuciones en masa
en la Plaza de Toros”
. Le Populaire: “17 de agosto. continúan las
ejecuciones en masa en Badajoz, sobrepasando los 1.500, entre ellos
militares republicanos, el coronel Cantero, el comandante Alonso, el
capitán Almendro, el teniente Vega, suboficiales, soldados”
. Mario Neves,
Diario de Lisboa: “En las avenidas principales, larga hilera de
cadáveres insepultos, los legionarios y los moros encargados de las
ejecuciones quieren que sirvan de ejemplo”
. Yagüe lo confirmó al
corresponsal del New York Herald, John Whitaker: Por supuesto que los
matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos
conmigo
, teniendo mi columna que avanzar contra el reloj?, ¿O iba a
soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?”
En
el libro “La columna de la muerte” Francisco Espinosa documenta 1.389
ejecuciones y constata hasta 3.800. Según Paul Preston podrían ser
2.500.

La victoria final del bando sublevado y la desaparición de
todos los archivos municipales y provinciales relacionados con la masacre de Badajoz
han hecho que estos jamás hayan sido llevados ante un
tribunal. El Estado actual, heredero directo de la dictadura, ha
destinado cero euros, en sus legislaturas, a todo lo relacionado
con la memoria histórica. En España 140.000 personas siguen actualmente
“desaparecidas”
.


https://documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com/2017/06/15/badajoz-agosto-de-1936-cuando-el-diablo-sonrioayague/

Los jueces de la Audiencia Nacional protegen a los torturadores franquistas

Un criminal protegido por los jueces
Cristina Fallarás

Se llama Antonio González Pacheco (Aldea del Cano, Cáceres, 1946). Se apoda Billy El Niño y es un conocido torturador que gozaba aplicando sus tormentos en la Dirección General de Seguridad franquista. Los relatos de sus víctimas son sobrecogedores y de dominio público. Con la Transición se convirtió en inspector del Cuerpo Superior de Policía y en 1977, Rodolfo Martín Villa le concedió la Medalla al Mérito Policial.

Martín Villa fue presidente de Endesa antes de que José María Aznar lo pusiera al frente de la gestión del Prestige (2003), antes de que Jesús de Polanco lo nombrara presidente de Sogecable (2004), antes de que Luis de Guindos lo designara consejero del Sareb, el Banco malo (2012). Pero antes, mucho antes de todos esos democráticos nombramientos, fue uno de los responsables de la Matanza del 3 de marzo (1976) en Vitoria, donde murieron cinco trabajadores y más de 150 resultaron heridos. O sea, responsable de la mayor carnicería de la Transición. Pero eso fue antes de tanto nombramiento.

De hecho, un año antes de condecorar al sanguinario torturador conocido como Billy El Niño.

Y todo lo anterior contribuye a entender el papel de la recién nombrada presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Concepción García Espejel –‘Concha’, amiga de María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP–, su responsabilidad en el hecho de que el torturador siga en la calle con todos sus derechos intactos, protegido además.

El 18 de septiembre de 2013, la jueza argentina María Servini de Cubría dictó orden de busca y captura, a través de Interpol, contra cuatro torturadores franquistas: Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño; José Ignacio Giralte González, Celso Galván Abascal, y contra el guardia civil Jesús Muñecas Aguilar, por torturas y crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura.

Concepción García Espejel presidió el tribunal de la Audiencia Nacional que no solo consideró que no se trataba exactamente de torturas, sino que, si había algún delito, ya había prescrito. Además, dictó un auto previo prohibiendo a los medios de comunicación fotografiar la cara del “reclamado” y suspendió las medidas cautelares ordenadas por el juez Pablo Ruz: retirada del pasaporte, obligación de comparecer semanalmente en el juzgado y de facilitar un teléfono de contacto en el que estar permanentemente localizable.

Para prohibir la fotografía o grabación de Billy El Niño, el tribunal de Espejel argumentaba que era “esencial destacar que el reclamado ha mostrado su oposición clara y contundente a que su imagen sea grabada en la vista y posteriormente reproducida por los medios de comunicación”. Se sumaban a la petición del torturador la defensa y el Ministerio Fiscal. Asimismo, el Tribunal presidido por Espejel argumentaba que entre los derechos de Billy El Niño, “cuyo conflicto con el de información habrá de resolverse en cada caso concreto conforme a las exigencias del principio de proporcionalidad y ponderación, se encuentra el derecho a la propia imagen”. Finalizaba el auto: “Atendidas la ausencia de consentimiento del afectado y las razones invocadas por su defensa, en aras a salvaguardar su integridad física, se autoriza exclusivamente un barrido posterior desde el fondo de la Sala”. O sea, el cogote.

De nada sirvió que las asociaciones de víctimas denunciaran dicha decisión. El 10 de abril de 2014, la hoy presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional prohibió a los medios de comunicación difundir cualquier imagen de la cara del torturador.

Veinte días después, el 30 de abril de 2014, Espejel presidió el tribunal que tenía que conceder o no la extradición de Billy El Niño a Argentina “para ser juzgado por delitos de torturas constitutivas de delito de lesa humanidad”. Se denegó la extradición, para empezar, “al estar prescritos los hechos conforme a la legislación española del delito por el que se le reclama”.

Pero, además, añadía: “No todo delito de tortura es, per se, delito de lesa humanidad, porque tales delitos conllevan necesariamente como presupuesto inexcusable que los mismos ‘se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil’, lo que no se aprecia en el caso”.

Y, finalmente, el tribunal presidido por Espejel ofrecía una singular clasificación de las torturas sobre la que basaba la negativa de extradición del torturador: “Algunas de las denuncias narran detenciones por motivos políticos, por manifestarse las víctimas contra hechos cometidos por la dictadura franquista en cuanto tal, y otras, por el contrario, son víctimas ajenas a la reivindicación política, tratándose de torturas perpetradas tras detenciones verificadas en una manifestación contra la carestía de la vida; otras, finalmente, en relación con personas a las que se consideraba próximas a organizaciones terroristas”. No se indicaba cuál de ellas, si es que había alguna, era considerada delito por el tribunal.

La jueza que le protege
El papel del PSOE

Además de la extradición de los agentes torturadores, la jueza Servini, en el marco de la llamada Querella Argentina, solicitaba a España la de tres ministros franquistas: Alfonso Osorio, Rodolfo Martín Villa y José Utrera Molina, acusados de crímenes contra la humanidad cometidos de tres ministros franquistas: Alfonso Osorio, Rodolfo Martín Villa y José Utrera Molina, acusados de crímenes contra la humanidad cometidos durante la dictadura de Franco.

En aquel momento, exactamente el 29 de abril de 2015, el PSOE se unió al ministro Rafael Catalá y rechazó la extradición. Entre otros argumentos de difícil defensa, el diputado socialista José Ignacio Sánchez Amor declaró en el Congreso de los Diputados que “en una democracia, los verdugos también tienen derechos, nosotros se los hemos dado”.

La decisión del PSOE no sorprendió a las asociaciones pro derechos humanos ni a las víctimas. Sólo cuatro meses antes, todos los damnificados habían celebrado en el Congreso un acto por los Derechos Humanos para pedir a la Cámara que colaborara con la Querella Argentina. El 10 de diciembre de 2014, ante dicha delegación, el 90% de los diputados decidió no acudir a la Cámara. Exactamente los pertenecientes a PP, PSOE, UPyD y CiU.

Por parte del PSOE sólo acudieron Odón Elorza e Ignacio Sánchez Amor, en calidad de “público”.

Los torturadores y asesinos de la dictadura franquista jamás han sido juzgados, ya que se beneficiaron de la Ley de Amnistía aprobada en 1977. Dicha estratagema, una ley de punto final encubierta, consiguió dejar impunes todos los delitos del franquismo.

En diciembre de 2016, Podemos presentó una Proposición no de Ley para que se modificara la Ley de Amnistía y se añadiera un artículo estableciendo que no se aplicaría en los casos “de torturas, desapariciones forzadas, crímenes de genocidio o de lesa humanidad”. La coalición morada se amparaba en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, que España suscribió en abril de 1977. De hecho, el relator especial de la ONU del Consejo de Derechos Humanos, Pablo De Greiff, ya había instado al Gobierno español a dejar sin efecto la Ley de Amnistía, y denunciado su uso como herramienta política.

El 20 de diciembre de 2016, el PSOE, junto con PP y Ciudadanos, vetaron dicha modificación.

Decenas de denuncias

Esta semana, decenas de víctimas de los suplicios de Billy el Niño acudirán a los tribunales españoles a denunciar al torturador franquista. Consideran que se trata de crímenes de lesa humanidad, y por lo tanto deben ser juzgados y no prescriben.

Teniendo en cuenta la premiada trayectoria política y empresarial de Rodolfo Martín Villa, uno de los reclamados por la jueza Servini por crímenes contra la Humanidad, se hace difícil contemplar la posibilidad de éxito de su empeño. Más, considerando que han pasado solo dos años desde que el PSOE se unió al rechazo de su extradición, algo que al PP se le suponía.

Si además se observa que la presidenta del tribunal que lo dejó en libertad es la misma que acaba de ser nombrada presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, el retrato que arrojan las mayorías políticas de este país es la cara de la cruz de dichas víctimas.

Tres policías franquistas acusados de crímenes contra la humanidad

El torturador González Pacheco
Tres policías franquistas denunciados ante la justicia española. José Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, Manuel Gómez Sandoval y Tomás Nieto Berrocal eran inspectores de la Brigada Política Social. Están acusados de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad. E identificados por una de sus presuntas víctimas: el militante antifranquista Luis Suárez-Carreño.

El “sadismo y crueldad” de Billy el Niño eran “vocacionales”, cuenta Suárez-Carreño. Fue una de sus víctimas y recuerda su cara. Relata cómo el policía “disfrutaba” torturando. Ahora quiere ver ante el juez a su verdugo. Lo ha denunciado 44 años después.

Luis Suárez-Carreño fue detenido en 1970 y 1973. Procesado por el Tribunal de Orden Público, pasó tres años de cárcel en Carabanchel. Estaba acusado de asociación ilícita y propaganda ilegal. Pertenecía a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). El texto de la querella incorpora un periodo concreto: los tres días que sufre torturas en la Dirección General de Seguridad (DGS) de la madrileña Puerta del Sol.

Su denuncia es la  primera a título individual y el arranque de una secuencia que busca obligar a actuar a la justicia española. Otros futuros querellantes serán el exparlamentario europeo Willy Meyer, Felisa Echegoyen, Rosa María García, Adolfo Rodríguez,  Jesús Rodríguez o Chato Galante. Que los jueces decidan: o no aplican la Ley de Amnistía o amparan a quienes “se les imputan delitos de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad”, en palabras del abogado Jacinto Lara.

La denuncia aporta un documento: el informe El franquismo y la violación sistemática de los derechos humanos que acredita el contexto como aspecto esencial para que los delitos sean considerados como crímenes contra la humanidad. “El dictamen pericial de contexto está firmado por cuatro doctores en Historia: José Babiano, Gutmaro Gómez Bravo, Antonio Míguez Macho y Javier Tébar”, señala el letrado.

Luis identifica a los tres policías franquistas ahora denunciados. Los funcionarios de la dictadura de Franco, además, dejan constancia documental. “Firman la orden de registro de la vivienda y ponen a disposición de la BPS al detenido”. Luis es sometido “a interrogatorio durante tres días” en los que “sufre torturas” y la declaración queda firmada “por Billy el Niño y Nieto Berrocal”.

¿Cómo actuaba Billy el Niño?

Destacaba, se había hecho famoso entre la gente de izquierda porque tenía un modo de involucrarse en los interrogatorios muy entusiasta. Disfrutaba. Su sadismo y su crueldad eran vocacionales. Otros policías te golpeaban sin una especial pasión. No digo que sin fuerza e indiferencia ante lo que nos pudiera pasar. Pero él intentaba dominarte psicológicamente, transmitir que sabía mucho, en el plano personal, sobre la organización… Billy el Niño mostraba una pasión y un interés perverso y morboso sobre ciertos aspectos. Era su clave diferencial.

¿Qué le ocurrió?
En el año 73 me detienen por segunda vez. Ya había sido detenido y procesado en el 70. La policía tenía bastante información sobre mí y era una presa de la que querían sacar tajada. Se ensañan conmigo. Saben que tengo un puesto de responsabilidad en la LCR y quieren aprovechar para sacar información sobre otros compañeros y la estructura de la organización.

¿Qué métodos usaban los torturadores franquistas?

Era una sucesión de golpes en el cuerpo. Intentaban no dejar marcas y para eso te ponían un abrigo. Como era verano, ayudaba a que pasaras un calor espantoso, sudaras y tuvieras una sed enorme. Los golpes en la planta de los pies eran bastante dolorosos, sobre todo al cabo del tiempo, de unas horas. Acabé con las plantas de los pies destrozadas. También te obligaban a caminar en cuclillas por la sala de tortura. Esto fomentaba el agotamiento y en unas horas ya eres víctima del desconcierto, no tienes claro ni dónde ni cómo estás. Pierdes las referencias.

¿Tres días así?

Todo eso durante tres días que son muy largos. Soy torturado sistemáticamente, con interrogatorios constantes. La dinámica era que te bajan al calabozo, para que te relajes, y luego te vuelven a subir. Y vuelta a empezar. Provocaban un estado general de pánico y agobio. Insufrible. Permanezco en la Dirección General de Seguridad los tres días máximos que permitía entonces la ley antes de pasar al juez.

En el 73 detienen también a su mujer (menor de edad, con 18 años, la mayoría entonces estaba en los 21).

Junto a mí detuvieron a mi mujer, que era muy joven y tenía poca relación con la actividad militante, aunque conocía mi implicación. Me decían lo que le iban a hacer a ella, lo que había hablado de mí, era un proceso psicológico de intentar romperte, de querer hacerte culpable. Cuando me bajaban al calabozo y mi mujer oía pasos, pensaba que era yo y gritaba. Lo único que podíamos hacer era gritarnos.

¿Los fantasmas de aquellos días le siguen persiguiendo?

No he pensado recurrentemente en ello. No es un recuerdo agradable, desde luego, pero no lo he olvidado. Recuerdo muchas cosas con nitidez, aunque seguro que algunos detalles se habrán perdido. Como cuando los policías se tomaban unos cubatas y yo seguía allí, torturado y sudando después de horas de calor y sin beber ni una gota de agua. Sí, tengo cosas grabadas que no las puedo olvidar.

Estaba detenido en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. Un lugar de infausto recuerdo para muchos.

Era el lugar de paso obligado. Ahí es donde estaba la Brigada Político-Social, los sociales que les llamábamos entonces. Y por ahí teníamos que pasar todos. Ahí tiraron a Enrique Ruano por la ventana y a fecha de hoy no hay ni una sola referencia ni testimonio sobre la importancia que tuvo el edificio como espacio de represión pero también de lucha por la libertad y contra el franquismo. Es un ejemplo de cómo este país, en términos de memoria, sigue teniendo mucho por hacer.

¿Qué episodios de violencia contra detenidos recuerda?

Muchos salieron con heridas y daños físicos graves. En el tiempo que estuve en [la cárcel de] Carabanchel había compañeros que venían Muchos salieron con heridas y daños físicos graves. En el tiempo que estuve en [la cárcel de] Carabanchel había compañeros que venían tocados. Yo llegué con severas lesiones en los pies y recuerdo algún compañero que quedó cojo, o un compañero del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) que murió hace poco y arrastró toda su vida las secuelas que le acarreó aquel episodio de tortura.

Serían miles de personas, pero la Administración no se ha preocupado por recuperar estas historias, no se han recopilado ni siquiera los testimonios orales, y se pierden.

Sufrió tortura en sus dos detenciones, ¿y en la cárcel?

No. Cuando hacíamos huelgas de hambre o protestábamos había represalias como las celdas de castigo, el aislamiento. Porque en la cárcel seguíamos la resistencia. De hecho, así alcanzamos en los años 70 un cierto estatus de respeto de las autoridades franquistas como presos políticos. Aunque no estábamos reconocidos como presos políticos oficialmente, pero eso nos daba opción de estudiar, discutir, formarnos, compartir recursos y comida… un cierto aire de libertad y organización que se había luchado tanto dentro como fuera. También era muy importante el apoyo social y estudiantil y el internacional como un movimiento que hizo mucho por los presos y la lucha por las libertades.

La justicia argentina ya intentó sin éxito procesar a Billy el Niño y otros presuntos torturadores franquistas. ¿Cree que la justicia española atenderá ahora el caso?

Es nuestra esperanza. Quiero puntualizar que la querella argentina no está muerta. El Estado español no está prestando la obligatoria colaboración con la justicia argentina pero el proceso sigue adelante, no se ha anulado ni suspendido. Lo que pretendemos es abrir más frentes de acción de justicia. Que haya justicia. Obligar a los jueces a que tengan que pronunciarse y se nieguen a amparar estos delitos, que quede claro que la Ley de Amnistía no tiene validez ante crímenes contra la humanidad. Estamos en un proceso de arranque de una secuencia.

A mí me ha tocado ir delante, pero nuestros abogados, especializados en derechos humanos, y las asociaciones de víctimas del franquismo, preparamos una serie de querellas individuales que se suman a las iniciativas y denuncias de ayuntamientos como los de Pamplona o Vitoria para defender a los ciudadanos que sufrieron estos crímenes. Con la esperanza, siempre, en que la verdad y la justicia resplandezcan.

http://www.eldiario.es/sociedad/sadismo-crueldad-Billy-Nino-vocacionales_0_656535193.html

Enaltecimiento del terror y de los terroristas de la Revolución Francesa

Juan Manuel Olarieta

El terror y el terrorismo son una creación histórica de la burguesía. Asediada por la reacción europea, en 1793 la burguesía francesa puso en marcha “desde arriba”, desde el aparato del Estado, una gran maquinaria de exterminio, perfectamente orquestada, para acabar con reyes, príncipes, marqueses, barones y, naturalmente, cardenales, obispos, prelados y monjes, en fin, las clases dominantes del Antiguo Régimen.

Su símbolo fue la guillotina y, desde entonces, la historia sabe que no hay parto sin dolor, no hay evolución ni progreso que no comporte violencia ni enfrentamiento. Las sociedades nunca han conocido ninguna transición pacífica. Toda revolución engendra una contrerrevolución y a la inversa. Los poderosos no se resignan, no ceden pacíficamente sus privilegios, sino todo lo contrario: se aferran a ellos con uñas y dientes.

Lo que hoy llaman “derechos humanos” y libertades tuvo su origen en todo lo contrario: el terror. El 10 de junio de 1794, en plena vorágine terrorista, el Comité de Salud Pública eliminó a los acusados el derecho de defensa y el derecho al recurso contra sus condenas. A esta constatación jurídica hay que añadir la política: los “acusados” formaban parte de una clase social, la aristocracia feudal. Eran “el enemigo” de clase e iban a ser privados de derechos para que los derechos pudieran triunfar en lo sucesivo.

Un abogado, Robespierre, que presidía el Comité de Salud Pública, se encargó de convencer a los diputados de que votaran a favor de aquella ley con un tono característico del que Marx se burlaría años después. Como otros personajes similares a los que la historia reservó un papel parecido, Stalin sin ir más lejos, también Robespierre ha sido injustamente tratado de “carnicero”, cuando él fue de los primeros en defender la abolición de la pena muerte. La historia es así de paradójica.

El decreto fue redactado por Georges Couthon para reducir el proceso judicial a una pura fórmula. Lo que el Tribunal Revolucionario debía decidir era muy simple, sin término medio: o el acusado sale absuelto o se le corta la cabeza.

En aquella época, los juristas como Robespierre o Couthon, tenían concepciones políticas muy claras. En un periódico, El Mercurio Universal, Couthon explicó el 12 de junio el objetivo de aquel decreto. Hasta el momento las medidas judiciales adoptadas para defender la Revolución habían sido insuficientes, escribía Couthon. Los enemigos eran mucho más poderosos de lo que cabía sospechar en un primer momento. El viejo despotismo había creado una “verdad judicial” que no era la “moral” ni “natural”. Frente a la aureola de la aristocracia y la iglesia no bastaban las pruebas ni las evidencias que se llevan a los tribunales.

Las palabras mágicas de Couthon fueron las siguientes: “El plazo para castigar a los enemigos de la patria es el tiempo de reconocerles: se trata menos de castigarlos que de aniquilarlos, decía el jurista. No hay sospechosos; lo que hay son enemigos. El exterminio de los señores feudales debía pasar de los juzgados a la tribuna política.

Es imposible sustraerse a la tentación de reproducir párrafos enteros de aquel escrito, que parece de hoy mismo: “Una Revolución como la nuestra —decía el abogado francés— no es más que una sucesión rápida de conspiraciones porque es la guerra de la tiranía contra la libertad, del crimen contra la virtud. No se trata de dar ejemplo, sino de exterminar a los satélites implacables de la tiranía o de perecer con la República. La indulgencia hacia ellos es atroz, la clemencia es parricida […] La República atacada desde su surgimiento por enemigos pérfidos y numerosos, debe golpearles con la rapidez del rayo, tomando las precauciones necesarias para salvar a los patriotas calumniados. Sólo poniendo el ejercicio de la justicia nacional en manos puras y republicanas, podrá cumplir su doble cometido”.

Fue como abrir la veda. Sólo en París, durante el verano de 1794, los verdugos de la Revolución ejecutaban 200 penas capitales a la semana. El gran escritor Víctor Hugo describió la matanza de aristócratas en su novela “El Noventa y Tres”, cuando los desarrapados viajaban de pueblo en pueblo con una guillotina rodante preguntando por los duques del lugar, o por los curas. ¿A quién hay que cortar la cabeza aquí?

Gracias al terror y al terrorismo los revolucionarios franceses trajeron al mundo las libertades y los derechos, contaminados desde entonces por aquel pecado original, del que los historiadores, los juristas y los periodistas no quieren ni oir hablar.

Les ocurre como a todos los demás mortales: quieren los derechos pero no están dispuestos a ensuciarse las manos para conquistarlos, ni para defenderlos. Que lo hagan los demás.

‘Nos dijeron que la revolución es el sueño de todos, pero no: es el sueño de cada uno’

En octubre de 1934, obreros y mineros de Aller a Mieres, de Langreo a La Güeria, salieron de la mina en dirección a Oviedo. Secundaban un movimiento huelguístico auspiciado por los grandes sindicatos, pero su ánimo de subversión tenía un cariz mucho más revolucionario. En Asturias el valor de una vida humana era ya una moneda demasiado devaluada, así que si se dirigían a la capital no lo harían sin armas.

Oviedo no esconde las cicatrices de la revolución que vivió entonces. En algunas de sus calles, aún pueden verse fachadas con agujeros de bala que parecen recién hechos. Sus gentes todavía discuten sobre quién voló la Cámara Santa de la Catedral, quién incendió el teatro Campoamor y quién disparó primero. El debate de una memoria histórica aún viva y con infinidad de lecturas se palpa de forma natural.

En esta ciudad desarrolla Alfonso Zapico la mayor parte del segundo tomo de su trilogía “La balada del norte” que acaba de publicar Astiberri. Esta serie de novelas gráficas parece funcionar como una sola por su solidez narrativa y su complejidad temática, aunque las obras se componen de pequeñas vidas cruzadas .

Alfonso Zapico nace en Blimea y aprende el pasado minero desde su más tierna infancia. Los años lo han llevado ya por muchos sitios, y hoy vive en esa amazonía moderna del cómic y el diseño gráfico que es la ciudad francesa de Angulema. Su obra, además, le ha hecho merecedor de reconocimientos como el Premio Nacional del Cómic 2012 por la estimulante Dublinés. Pero todo el mundo mira su pasado en algún momento.

Él lo ha hecho sobre uno de los episodios históricos más convulsos de su tierra: la Revolución del 34, sangrienta insurrección obrera que para muchos tiene su epítome en tierras asturianas. “Los sucesos de Asturias supusieron en realidad el inicio de la Guerra Civil”, describe el periodista Enric González en el prólogo del libro. Según él, “tanto la insurrección como la brutal represión imprimieron en la Segunda República el clima feroz que dos años más tarde desembocó en una guerra”.

Ese gen de la Guerra Civil es el que nace en el primer tomo de La balada del norte, una novela de una profundidad dramática indeleble. En ella, la historia de Tristán e Isolina, el hijo de un marqués y la hija de minero enamorados en el peor momento, es también la de una Asturias en lucha consigo misma.

Su corte de novela clásica se impregna también en su arquitectura interna: páginas de nueve viñetas, sin apenas juegos formales y con disimulado reciclaje visual. Es una estructura sencilla para un estilo que solo obedece a su narrativa. “Lo que más me importa cuando hago un cómic”, confiesa Zapico, “no es tanto el dibujo como saber lo que quiero contar y saberlo contar bien”.

De ahí que el primer tomo de “La balada del norte” funcione tan bien como novela. Las tensiones obreras y las durísimas condiciones laborales de la minería son el marco en el que, poco a poco, conocemos a personajes que forman parte indisoluble de una revolución en ciernes. Unos por vivir sin mirar y otros por estar hartos de morir. “De fondo siempre está la gran historia”, nos cuenta el autor. “Aquí es la Revolución del 34, pero esta me sirve para hablar de una sociedad y de una forma de vida que no son otra que la de Asturias y su gente”, explica.

Alfonso Zapico asume todas las contradicciones de la revolución en su retrato de la lucha de clases vivida a un nivel muy palpable en la minería asturiana. Como si de una novela dickensiana se tratase, la clase obrera sufre los avatares de un destino que no tiene más remedio que afrontar y que, muchas veces, termina con alguien con las manos manchadas de sangre.

La segunda parte de “La balada del norte” sucede en Oviedo, ciudad que casi terminó arrasada en el 34. Esta vez, la guerra y la acción sustituyen el fuego lento que había hecho hervir la primera parte. Aquí ya no hay medias tintas: la gente muere en las calles de la capital asturiana. Y, sin embargo, son varios sus envites. El más obvio es un aumento considerable de la experimentación en su dibujo, que cada vez juega más con sus viñetas, con las formas que lo componen y con el poder visual de una revolución.

La experimentación también crece a nivel narrativo, abordando con elegancia la guerra vivida a muchos niveles. “Quería retratar dos frentes: el que se da en exteriores o campos de batalla, y el que vemos en interiores, entre las paredes de una casa”, nos cuenta Zapico. “En el primero hay gente que se dispara y se mata mutuamente, pero en el segundo se da otra lucha muy distinta y muchas veces más visceral”, asegura.

Así, Zapico no se queda en la epidermis del conflicto y aborda algunos de los temas que llevaron al fracaso de la revolución. La falta de cohesión de la clase obrera fue una de ellas, pero no la esencial. El socialista discutía con el anarquista y el minero con el operario ferroviario, pero también había conflictos que superaban lo político: el vecino de San Martín no se hablaba con el de Mieres, el de El Entrego miraba por encima del hombro al de La Güeria. E incluso en la casa de cada uno, el seminarista se llevaba a matar con su hermano comunista.

“Esto de la Revolución es una milonga, porque nos dijeron que era el sueño de todos”, confiesa uno de los personajes, “pero era mentira. Era el sueño de cada uno”.

A la espera de la tercera y última parte, no sería descabellado decir que “La balada del norte” es la gran novela gráfica asturiana de nuestro tiempo y el de Alfonso Zapico, pues si su obra destila emoción es por que viene de dentro.

“La gente que emigra quiere tener siempre un sitio al que volver, un suelo que pisar”, explica el autor. “Antes de hacer La balada, me di cuenta de que todo lo que yo consideraba que era mi sitio, se me esfumaba debajo de mis pies. Por eso la hice, para tener algo a lo que agarrarme: una identidad y una memoria”, cuenta.

Para él, “la mirada hacia atrás siempre es interesante y suele partir de una voluntad que se despierta en determinado momento“. “Yo no lo busqué. No hago ‘La balada del norte’ con ninguna utilidad práctica definida”, asegura. Aunque añade que “de repente” tuvo “la necesidad de hurgar en el pasado, porque al final uno es de donde viene”.

Alfonso Zapico forma parte imprescindible, desde ya, de una estimulante etapa de la novela gráfica española que se atreve a mirar atrás y a presentar batalla al olvido. Una que engloba el trabajo de autores de varias generaciones, desde Sento Llobell a Paco Roca pasando por  Jaime Martínez y Jose Pablo García. Todos dibujan su pasado para intentar entenderse. De paso, dibujan también el nuestro.

http://www.eldiario.es/cultura/comics/balada-norte-entranas-Revolucion-Asturias_0_649885013.html

Exhumados los restos de cinco presos fugados del Fuerte de San Cistóbal durante la guerra civil

Este fin de semana la Sociedad de Ciencias Aranzadi ha exhumado los restos de cinco republicanos en una fosa común en Urtasun, que se enmarca en el Programa de exhumaciones de gobierno de Navarra.

Los cinco cuerpos recuperados corresponden a otros tantos presos de la fuga de Ezkaba que fueron apresados y asesinados en su intento de huir a Francia. Fueron fusilados el sábado 28 de mayo de 1938, tras ser capturados tres de ellos en el paraje de Zotolar (Eugi) y los otros dos formaban parte de un grupo que fue interceptado en Bardegi (Iragi).

El gobierno de Navarra ha puesto en marcha el Proyecto Ezkaba para localizar, exhumar e identificar a los más de 200 presos que, tras huir de las inhumanas condiciones en las que estuvieron recluidos en la prisión de San Cristóbal, fueron nuevamente apresados y brutalmente asesinados y enterrados en fosas comunes a lo largo de la ruta de huida a Francia.

La exhumación de Urtasun se suma a la que hace escasas semanas se llevó a cabo en Burutain y a las que ya el año pasado se realizaron en Usetxi y Olabe. Previamente, las asociaciones memorialistas ya habían impulsado otras exhumaciones en Berriozar, Elía y otros lugares.

Sin embargo, son muchos todavía los cuerpos que faltan por localizar y exhumar para, en caso de poder ser identificados, devolverlos a sus familiares, que llevan casi 80 años esperando a conocer el paradero de sus antepasados.

El gobierno de Navarra ha hecho un llamamiento para que le haga llegar cualquier información que puedan tener sobre el paradero de nuevas fosas, ya sean de la fuga de Ezkaba o de los miles de navarros que sufrieron el terror franquista.

Más información:
— Aparece la mayor fosa común de la guerra con presos antifascistas fugados de la cárcel

La salvaje represión de las manifiestaciones populares contra la Expo92 en Sevilla

Joven herida de bala en Sevilla en 1992
La imagen maquillada de la Expo 92 en Sevilla también guarda un doble fondo de violencia que pocos conocen en la propia ciudad andaluza y el panorama nacional. Dos manifestaciones que fueron duramente reprimidas por hablar en contra del colonialismo en América 500 años antes. En unos tiempos donde ya estaba bien instaurada la democracia o al menos así lo parecía, el propio delegado de gobierno socialista, Alfonso Garrido, prohibía manifestarse en contra de una Exposición Universal que trajo sólo un lavado de cara para los más ricos de la ciudad y extranjeros que pudieron disfrutar de sus atracciones, hoy desvencijadas por el paso de los años y abandonada durante casi una década en la apartada Isla de la Cartuja.

El balance policial represivo que se registró en las dos manifestaciones del día 19 y 20 de abril de 1992 en contra del macro evento son demoledores. Tres heridos graves de bala (uno en coma) y numerosos contusionados. 84 detenidos. 42 expulsados por aplicación de Ley de Extranjería (la mayoría eran de nacionalidad europea) y detenidos sin orden judicial. Todos ellos estuvieron hacinados durante más de seis días en una comisaría de policía en el centro de la ciudad donde recibieron tratos vejatorios y palizas. Once personas fueron llevadas a los calabozos por un delito de atentado a la autoridad y la resistencia bajo prisión preventiva. La versión oficial del gobierno y la prensa hablaba de “grupos de punkis con barras de hierro en una manifestación por la ciudad”. Nadie se paró a investigar los hechos.

Agustín Toranzo era un joven de apenas veinte años que vivió en primera persona los acontecimientos. “Aún los que vivimos aquellas manifestaciones en el centro de Sevilla con más de 500 personas gritando en contra de la Expo recordamos la dureza de la policía hiriendo a los manifestantes con disparos al aire y dando palizas a todo el que caía al suelo. Nada podía salir mal y estaban dispuestos a todo. Al ver la falta de control de aquella situación los policías intentaron disparar primero al aire y al formar una estampida empezaron los disparos por la espalda”. Ulises, un joven de tan solo 19 años no quiso volver a Sevilla nunca más por la gravedad de su estado. Toranzo cuenta que Ulises estuvo en coma varias semanas con una sonda para hacer sus necesidades como secuela largos años”. La otra joven que recibió el disparo, Belén salía de misa aquel día en dirección contraria al tumulto. “El tiro se lo llevó milímetros más arriba del corazón y pudo salvar su vida. Aún se ven los disparos en plena iglesia donde se vivió la manifestación”.

Agustín no iba solo en aquella marcha, de la que acabó siendo uno de los detenidos. Mariano Agudo, fotógrafo freelance pudo inmortalizar a toda prisa algunas de las imágenes que testimoniaron aquel horror. Agudo recuerda el importante “valor testimonial e histórico de aquella marcha”, que parecía propia de otra época. Más bien de la Transición o finales del franquismo. “Quisimos coger todo el material de aquellos días y editarlo junto a los personajes que habían vivido la manifestación del día 19 de abril y luego la del día 20. Fue así como nació el documental Prohibido Volar. Disparan al aire. La cinta, creada por Intermedia Producciones, y dirigida por Mariano Agudo y Julio Sánchez ha estado largos años censurada y sin exponer al público. Agudo relata que “aún a día de hoy se considera tabú hablar de la Expo y de todo lo que allí ocurrió”.

Entre los demás testimonios que se encuentran en el inédito documental se encuentran otras historias como la Bea una joven vasca que recibió un balazo en la pierna y estuvo varios días ingresada hasta que salió del hospital. Cuando inició su recuperación, fue custodiada por la policía para ir a la comisaría. “Se metían constantemente conmigo por ser vasca y estuve vigilada por 20 policías en turnos de dos durante día y noche Me obligaron a estar esposada a la cama la primera noche y a ver la inauguración de la Expo por la televisión. Me insultaban todo el rato. No hubo medidas para frenar todos los movimientos que había en contra de la Expo y creo que el balance pudo ser mucho más grave”.

Belén es la famosa chica de la foto que recibió de improviso un disparo en el pecho. “Un chico me apretaba la herida para que no me desangrara. Me llevaban de un sitio para otro mi madre y mi abuela porque no sabían bien que pasaba. Yo me creía que era una maratón. No entendía bien todo aquel jaleo. La policía al ver el grave error que cometieron me llevaron corriendo al hospital Virgen del Rocío”. Esta actuación desproporcionada continuó con detenciones arbitrarias de cualquier elemento cercano al colectivo social “Desenmascaremos al 92” o de corte “subversivo” siendo trasladados a la nueva comisaría creada en aquel año. Al centro de detención de Blas Infante llevaron a muchos de los sospechosos recibiendo un grave trato físico con torturas e insultos.

La Sevilla de los 90 no era símbolo de progreso. Sus carencias estructurales eran más que evidentes. “Era una de las regiones más deterioradas y pobres de Europa que quisieron cambiarla en cuestión de cinco años sin buscar los problemas reales de su población”. Beatriz Moreno, una afectada de aquella represión de la Expo, cuanta que pintaron con pintura blanca todas las fachadas de las casas por orden del ayuntamiento, aunque se cayeran meses más tarde. Se levantaban muros frente a las nuevas carreteras para hacer desaparecer los asentamientos chabolistas, las grandes masas de obreros yendo a trabajar alrededor de la Exposición Universal y los accidentes laborales numerosos que no salían en los medios. Barrios como la Alameda no salían ni en las agendas de turismo por el alto número de yonkis que había.

La segunda manifestación se vivió el mismo día de la inauguración de la Expo, el 20 de abril. Toranza recuerda que fue mucho menos numerosa pero no menos dura. “Al otro lado del recién creado Puente de la Barqueta los policías reprimían a la gente de las protestas con palizas y los asistentes a la Expo aplaudían a los policías que daban golpes”.

Colectivos indígenas desembarcaron en la ciudad para participar en las protestas y donde recordaron “el fuerte expolio vivido por el imperio colonialista español y la desaparición de muchos de sus pueblos”. Antonio estaba como periodista de la cadena andaluza Canal Sur sin saber bien de dónde venían aquellos gritos. “Las pancartas de los jóvenes tardaron poco en estar de pie porque cinco furgones de la policía llegaron incluso a arrastrar a la gente por los pies y manos para quitarlos del escenario de la Expo. Les daban patadas en los riñones”. Antonio tuvo que dejar de grabar por los golpes recibidos en el estómago.

Paralelamente, una veintena de extranjeros fueron detenidos en un camping a la afueras de la ciudad. Tenían bien identificados a los activistas que estaban involucrados en las marchas. “Sin orden judicial los llevaron hasta Barcelona en furgones donde estaban hacinados en condiciones infrahumanas. Pasaron seis días detenidos”, afirma Beatriz Moreno. Ya había más de medio centenar de detenidos en las comisarías y cárceles de Sevilla. Agustín y Mariano participaron a los pocos días en la rueda de reconocimiento de los policías que dispararon en la manifestación del día 19. La versión del informe final no concretaba la autoría de ninguno de ellos. El único reconocido como autor material fue el inspector de policía Juan Soriano Vidal.

En noviembre de 1996 se llevó a cabo el juicio contra el inspector jefe de policía Soriano y la prueba pericial de la guardia civil determinó que hubo solo disparos al aire. “Los testimonios de los agentes se contradecían con una misma versión de los manifestantes y vecinos. El acusado reconoció que había disparado para disolver la multitud pero no llegó a ser acusado por el juez, apunta Agustín.

En diciembre de 1997 Soriano salió finalmente absuelto. “Los policías dispararon contra los manifestantes sin haber pruebas suficientes para incriminar a Soriano como autor de estos disparos”, aclara la sentencia. El mito de la Expo continúo sin encontrar culpables a este grave episodio.

http://www.publico.es/sociedad/sevilla-cara-oculta-violencia-policial.html

«Prohibido volar, disparan al aire», el documental censurado
https://www.youtube.com/watch?v=B5BKj5M3otw

 

La comisaría del terror franquista en Gran Canaria

Canarias está impregnada de escenarios donde la represión Franquista dejó huella para siempre. Sin embargo, muchos de estos lugares, con el paso de los años se han ido transformando y han caído en el olvido las historias que allí se vivieron. Es el caso de la antigua comisaría de la calle Luis Antúnez (en Las Alcaravaneras), donde está ahora el colegio de La Salle. Asociaciones de la memoria histórica recuerdan que este edificio fue en el pasado “un punto de detención y torturas”, por lo que piden que en él se coloque una placa en la que se conmemore a las víctimas.

El portavoz de la Plataforma de Fusilados de San Lorenzo, Francisco González, que ha publicado dos libros relacionados con el franquismo en Canarias (basados en relatos y testimonios de familiares de víctimas de la represión) señala que este homenaje servirá para que “la historia nunca se vuelva a repetir”. Explica que en esta comisaría, como ya han testificado otros historiadores, se llevaron a los 27 de Agaete, hombres de los que nunca se conoció su paradero.

González, como también relata en su último libro, recuerda que al Valle de Agaete se le empezó a conocer como El Valle de las Viudas, ya que después de que en la madrugada del 4 de abril de 1937 fueran sacados de sus casas e introducidos en unas guaguas, no se supo nunca nada más de ellos. Las mujeres de estos jornaleros y comerciantes iniciaron su búsqueda por toda la Isla. Y es que, cuando fueron a preguntar por ellos a la comisaría de la calle Antúnez, les dijeron que habían sido puestos en libertad. Sin embargo, “lo más seguro que es los hayan arrojado por la Sima de Jinámar, según cuentan algunos testimonios recogidos”, señala.

“Una de las víctimas es César Expósito, de sólo 34 años, carnicero de profesión y que pertenecía a la Sociedad de Oficios Varios de Agaete, su hija de ocho años vio cómo se llevaban a su padre”, relata González. No obstante, menciona otros nombres como Antonio Álamo Godoy, José Álamo Sosa, Antonio Dámaso Álamo, Gregorio Dámaso Álamo, Jose Diepa Jiménez… entre otros. Todos jornaleros humildes, pero faltan otras personas que también fueron conducidas a este lugar a la fuerza para extraerles información.

El portavoz de la Plataforma de Familiares de Fusilados de San Lorenzo explica que, en esta comisaría, las torturas iban desde la ingesta purgante de cristales de sal, exomita o sulfato de magnesio, con el fin de sonsacarles información, hasta otras más fuertes. “Colgarles de los pies, electricidad, apalearles hasta casi la muerte…” son otras de las técnicas que cuenta.

También menciona la historia de Agustín Cabrera, presidente de la Fereracion Obrera, “que fue ahorcado en esta comisaría, llamada de Investigación y Vigilancia en ese entonces”.

Los interrogatorios podían durar días. “Allí llevaron también a muchas mujeres a fin de que dieran información”. Cuenta que a cada persona que entraba se le asignaba un número y a muchos de ellos luego los llevaban a “la Sima de Jinámar, a la Marfea, a los Pozos de Tenoya y Arucas… sitios de exterminio”, “había incluso quien moría durante las torturas”.

La Plataforma de Familiares Fusilados de San Lorenzo y el Foro Canario Víctimas del Franquismo comenzarán a recoger firmas en los próximos días, además de distintas campañas por redes sociales y movilizaciones, a fin de que se ponga una placa en este edifio y se recuerde lo que ocurrió.

Esta no es la única lucha que abandera González por la Memoria Histórica, también es nieto de un sindicalista asesinado por las fuerzas franquistas y que está enterrado en la fosa común de Vegueta y lucha para que esta se exhume, por lo que integra también un comité popular por esta causa. A su vez, promueve la exhumación de la Sima de Jinámar, una causa con la que se ha comprometido el Cabildo de Gran Canaria, pues un arqueólogo bajará a examinar su estado y estudiar la posibilidad.

No obstante, asegura que estos no son los únicos puntos donde se llevaron a cabo “crímenes franquistas”, también hubo otros puntos de tortura en Arucas, Tamaraceite… y en el local del Círculo de Arenales, una casa antigua de la calle León y Castillo. Se trataba de un circulo de los obreros pero convertido en un lugar de detención y tortura. “Ahí llevaron a mucha gente de La Isleta y ahí fueron torturados y asesinados después por lo que más adelante pediremos que se conmemore este lugar también”, afirma.

http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/comisaria-represion-franquista-Gran-Canaria_0_645685825.html

Agustín Rueda: torturado hasta la muerte en la cárcel de Carabanchel

Agustín Rueda
Ángel Rebollar López

Tuve la oportunidad de conocerle en la cárcel de Carabanchel, salí una semana antes de que descubrieran los túneles y masacraran a Agustín, allí le conocíamos por el Jenofonte por su aspecto recio y alto.

Era uno de los líderes de la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) y había tenido un papel protagonista en los motines de julio del 77 y en enero del 78. Su corpulencia nos da una idea de la cantidad y el ensañamiento de las torturas que acabaron con su vida.

A pesar de nuestras diferencias políticas, fundamentalmente en el terreno de la utilidad de la lucha armada, gustábamos de intercambiar nuestras posturas, desde un respeto mutuo y entrañable. Nunca le olvidaré, una víctima más del fascismo de Estado, como Yolanda González y, como con ella, sigue sin hacerse justicia.

Yo entré en Carabanchel a primeros de febrero de 1978. Para poner en situación, a finales de enero habían concluido unos motines que acabaron en un baño de sangre. Durante varios días los internos, tomaron las terrazas de la 7ª y 3ª galería, para pedir la amnistía para todos los presos, ya que ellos eran consecuencia de franquismo, igual que los políticos amnistiados. En ocasiones los amotinados conseguían echar a los policías de la terraza en la que estaban y ocuparla, encontrando mucho alcohol y anfetaminas con lo que se tonificaban las fuerzas los antidisturbios. Los muertos que hubo nunca se sabrán. Cuando se rindieron fueron apaleados por los antidisturbios, razón por la cual la gran mayoría de los sublevados se cortaron la venas y algunos el vientre, con el fin de evitar los palos y ser llevados a los hospitales, a su regreso les esperaba lo que intentaron esquivar, algunos volvieron a quitarse los puntos ante tal situación.

Yo fui destinado a la 7ª galería, donde estaba el núcleo de la COPEL, al que nada más llegar me sumé. Llegué de noche y con mucho frío, lo primero que me impresionó fueron las pintadas con sangre Libertad o muerte, Amnistía para todos, mejor morir luchando que vivir de rodillas.

Me dieron una manta, que la suciedad mantenía más rígida que los capotes almidonados de los toreros, y que utilice para echármela por encima de mi cazadora y pantalones, una naranja y me metieron en una celda, en la que al alba comprobé que la ventana carecía de cristales, la calefacción arrancada, el servicio destrozado y estaba rodeado de escombro y excrementos. Hasta los quince días de estar allí no nos pudimos duchar, tampoco había electricidad. Ese mismo día encontré mejor lugar y compañía.

Después de los motines se había conseguido la autogestión del almacén y la cocina, desde se estaba haciendo el túnel para contactar con otro ya iniciado por militantes de ETA, cuya información habían pasado a la COPEL, que nos llevaría a la libertad. Había mucha tensión y el plan era poco realista, pero cuando no hay salida todo vale. La fuga iba a ser masiva y eso favoreció el descubrimiento.

Agustín Rueda Sierra, nació en Sallent el 14 de noviembre de 1952, hijo de madre tejedora y padre minero, en una barraca de la empresa. A los 14 años entró a trabajar en el sector del motor. A los 19 años entró en las minas de Sallent, en 1972 participa en la huelga y encierro de los mineros, siendo despedido por este motivo. En 1973, siendo militante de la CNT, es detenido en una manifestación por las mejoras en las condiciones de vida de los mineros y recluido en la Modelo de Barcelona. A su salida en febrero del mismo año, vuelve a Sallent pero no encuentra trabajo, por lo que tiene que irse a Francia a la vendimia y de albañil ocasional.

En 1976, acabada la mili, se va a Perpiñán y a Ceret, donde contacta con cenecistas del exilio y hace funciones de correo pasando diverso material por la frontera. En 1977 es detenido pasando explosivos a España y acusado de pertenecer a Grupos Autónomos libertarios, también se le acusa de realizar acciones contra las elecciones sindicales, ingresando en la prisión de Gerona, donde contacta con la COPEL, recién creada en la prisión de Carabanchel y extendida como la pólvora a todas las cárceles del territorio nacional. El 1 de enero de 1978 es trasladado a Carabanchel, sin informar a su abogado.

Al llegar se integra rápidamente en la COPEL y empieza a trabajar en el túnel, que ya estaba iniciado. Este fue descubierto el día 13 de marzo, a media mañana y fueron detenidos y torturados 8 reclusos con la intención de averiguar la trama y los responsables. A Agustín Rueda no consiguieron sacarle nada y durante horas le martirizaron hasta agotarle la vida. El 14 de marzo a las 7,30 certificó su óbito el doctor Gregorio Arroyo como shock traumático.

El resultado de la autopsia indica las lesiones fueron producidas por un grupo de agresores que utilizaron objetos contundentes y alargados, de tipo blando, como puede ser una porra y otros objetos duros de menor tamaño. Se puede afirmar que no es posible, excepto con una especial destreza, causar tantas lesiones externas respetando las estructuras óseas subyacentes. El cadáver fue enterrado en Sallent, sin permiso del Ministerio de Sanidad, ante un gran acompañamiento, al igual que las muchas manifestaciones que se realizaron, especialmente la de Madrid, en repulsa por el asesinato y en petición de justicia.

Tres días después, el juez ordena el procesamiento, por presunto homicidio contra el director Eduardo Cantos Rueda, el subdirector Antonio Rubio, el jefe de servicio Luis Lirón de Robles y 9 funcionarios más. Cuando se cerró el sumario en 1980 estaban todos en libertad condicional desde 1979 siguiendo las órdenes del ministro Landelino Lavilla Alsina.

Los 7 presos torturados se repartieron en distintas prisiones, uno fue apuñalado, 4 salieron libres y los otros dos, Pedro Garcia Peña y Alfredo Casal Ortega, cuyos testimonios fueron decisivos en el juicio, enviados a Herrera de la Mancha, donde fueron torturados para que desistiesen de sus denuncias y como consecuencia de ellas, en el caso de Herrera de la Mancha, fue destituido y condenado el director de la misma.

La sentencia fue recurrida y en 1988 el juez Lerga de la Audiencia Provincial de Madrid consideró que la paliza y asesinato de Agustin Rueda fue causa de una imprudencia temeraria con resultados de muerte y no un caso de homicidio.

El director Eduardo Cantos Rueda, el subdirector Antonio Rubio y 5 funcionarios más, fueron condenados a 10 años en lugar de los 30 que pedía la acusación. Para los otros 3 acusados las penas fueron de 8, 7 y 6 años y a dos años los médicos Jose Luis Casas y Jose Maria Barrigón, por ocultar el grave estado del torturado y negarle el auxilio necesario. Ninguno de ellos estuvo más de 8 meses en la prisión. Fue el primer juicio por torturas de la historia de España.

http://www.trasversales.net/t40ar3.htm

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