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Los nazis profanan un monumento polaco erigido en memoria de quienes combatieron al fascismo

En la ciudad polaca de Elblong, ubicada cerca de la frontera con la región rusa de Kaliningrado, los nazis han profanado un monumento en recuerdo de los polacos que lucharon contra los invasores nazis.

La placa tenía la inscripción “Rondo Obrońców Birczy” que significa “A los defensores del rondo de Bircha”.

La ciudad polaca de Bircha está en la frontera con Ucrania y en la historiografía polaca es conocida por ser atacada por matones nazis ucranianos durante y después de la Segunda Guerra Mundial.
Por eso es probable que el ataque sea obra de nazis ucranianos, y no polacos. Encima de la incripción han escrito la palabra “UBECJI”, que no significa “asesinos” exactamente. Es una derivación de la abreviatura UB, Urząd Bezpieczeństwa, la Dirección de Seguridad de la antigua República Popular.
La UB fue el primer aparato de represión del fascismo de la República Popular y en la Polonia actual los nazis imputan a los “ubeks” el protagonismo de la represión que padecieron durante la posguerra.

En Polonia no sólo se está perdiendo la memoria de los soldados soviéticos, sino también la de sus propios compatriotas antifascistas.

En Gdansk han cambiado el nombre de la calle Dombrovschakov, que rendía homenaje a los antifascistas polacos dirigidos por Yaroslav Dombrovsky que combatieron durante la Guerra Civil Española en las Brigadas Internacionales.

El día anterior en Wroclaw, desmantelaron un impresionante monumento con el águila, el símbolo histórico de Polonia, sobre la única base de que se estableció durante la época de la República Popular, a pesar de que no llevaba la corona.

https://eadaily.com/en/news/2018/10/13/v-polshe-oskvernili-pamyatnik-svoim-zhe-sootechestvennikam-bivshim-fashistov

Los cambios en la estrategia de Rusia sobre el Mar Negro

Siete meses antes de lo previsto, el 16 de mayo Putin inauguró el puente del estrecho de Kerch, que conecta por tierra la península de Crimea con Rusia, lo que pone de manifiesto que en el Mar Negro todo es muy diferente del Báltico, que tras el desmantelamiento de la URSS ha caído en las zarpas de la OTAN, donde se dedica a su juego favorito, con toda suerte de provocaciones navales y martítimas.

Mientras la OTAN se introducía en el Mar Báltico, Rusia se concentraba en el sur. Las Guerras del Donbas y Siria así lo indican.

En tiempos de Catalina la Grande, en la segunda mitad del siglo XVIII, el artífice de la politica rusa en el Mar Negro era el príncipe Grigori Potemkin, una especide de virrey de la “Nueva Rusia” (Novorossiia), es decir, de la expansión zarista hacia los territorios del Imperio Otomano, para quien el Mar Negro era un lago interior.

A mediados del siglo XIX, Nicolás I y su ministro de Asuntos Exteriores, Karl Nesselrode, cambiaron las relaciones entre Rusia el Imperio Otomano para romper su tradicional asociación con las potencias de Europa Occidental. En 1833 ambas potencias firmaron el Tratado Unkiar Skelessi. A cambio del acceso al Mediterráneo a la Marina Imperial rusa, el sultán recibió el pleno apoyo del zarismo.

Las relaciones de buena vecindad entre rusos y otomanos duraron muy poco tiempo por la presión de británicos y franceses, que en 1853 desataron la Guerra de Crimea, en la que Rusia sufrió una derrota traumática: Sebastopol cae, el Tratado de París prohibe la entrada de buques de guerra en el Mar Negro.

Desde entonces ambas potencias se han enfrentado casi siempre, bien de manera directa o a través de intermediarios. En 1877 estalla una nueva guerra en la que los zaristas quieren imponerse en los Balcanes con el pretexto del paneslavismo. En el Tratado de San Estéfano Turquía reconoce la soberanía rusa en las regiones eslavas u ortodoxas del Cáucaso, lo que obliga los británicos y austriacos a reaccionar en el Congreso de Berlín para impedir que Rusia interrumpa el tránsito hacia la India.

En la Primera Guerra Mundial, la Sublime Puerta se alineaba con las potencias centrales, mientras Rusia con británicos y franceses, al tiempo que ambos imperios desaparecen, lo que condujo a una época de buena vecindad. Si el zarismo se había expandido territorialmente, en 1921 los soviets cedieron a Turquía las regiones de Kars y Ardahan. En 1925 ambos países firmaron un tratado de amistad y en 1936 el de Montreux, que define el trásito por los Estrechos del Bósforo y Dardanelos hacia el Mar Negro.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los imperialistas rompen la buena vecindad introduciendo a Turquía de cabeza en una organización, como la OTAN, que se definía por un supuesto atlantismo. Eso supuso la instalación de misiles nucleares en las mismas narices de la URSS que derivó en la crisis de 1962.

Tras la desaparición de la URSS, en Moscú siguen suspirando por las buenas relaciones con Estados Unidos y Europa occidental; lo que concierne a Turquía ocupa un lugar muy secundario. Pero ambos países siguen en bandos opuestos en las guerras de los Balcanes y de Chechenia.

Quien arroja a uno en los brazos del otro es el imperialismo. Rusia fracasa en camelar a las potencias occidentales tanto como Turquía en ingresar en la Unión Europea. El fracaso no sólo refuerza sus vínculos mutuos, sino también con los demás Estados de la región y, muy especialmente, con Irán y los países del Cáucaso.

Al mismo tiempo las contradicciones con los imperialistas han ido creciendo, al mismo ritmo que desataban las Revoluciones de Colores y Primaveras Árabes, lo que culminó en la Guerra de Siria y el Golpe de Estado en Kiev, dos fenómenos mucho más relacionados de lo que parece a simple vista.

Además de marginar al imperialismo, los acuerdos de Astana demuestran la capacidad de los Estados de la región para resolver por sí mismos conflictos tan peliagudos como la Guerra de Siria y la decisión de retirarse del acuerdo nuclear iraní ha acabado por sacar a Estados Unidos de la región.

En el primer semestre, el comercio entre Rusia y Turquía ha crecido un 37 por ciento; ahora Turquía es el cuarto socio comercial de Rusia. Este año los hoteles de Turquía esperan recibir seis millones de turistas rusos.

Para el año que viene Rusia habrá terminado de construir la central nuclear de Akkuyu, que satisfará el 10 por ciento de las necesidades energéticas de Turquía.

El gasoducto Turkish Stream, actualmente en construcción, suministrará gas ruso no sólo a Turquía sino a todo el sur de Europa y los Balcanes.

Aunque sigue siendo miembro de la OTAN, Turquía ha comprado los sistemas rusos de defensa antiaérea SS-400, por lo que el Pentágono ha boicoteado la entrega de los cazas de combate F-35.

No obstante, las relaciones entre Rusia y Turquía no son idílicas. El caso de Siria es conocido; el caso de Georgia no lo es tanto. Pero además, Erdogan mantiene inmejorables relaciones con el gobierno fascista de Kiev, le vende armamento y no reconoce a Rusia ningún derecho sobre Crimea.


El puente de Kars que comunica Crimea con Rusia por tierra

Regreso al ‘gulag’: el tiempo para decir la verdad ha llegado y ha pasado de largo

Roginsky: otro ‘experto’ en falsificar las cifras
Arseny Roginsky fue el fundador de “Memorial”, una fundación anticomunista dedicada en cuerpo y alma a denunciar el terror rojo en la URSS, naturalmente financiada por el imperialismo estadounidense. En 2012, cinco años antes de morir, confesó que había falsificado las cifras de la represión stalinista simplemente porque siempre vivió de ello. Era su oficio: sostener el mito del gulag.

Hasta aquí no hay nada nuevo; Roginsky era otro mercenario más que ejercía por todo el mundo de “experto” en la materia. No obstante, a diferencia de otros, Roginsky accedió a la documentación original de la represión en la época soviética, respecto de la cual concluyó lo siguiente:

“Según mis cálculos, durante todo el período soviético de 1918 a 1987, según los documentos que se conservan, se debe concluir que 7.100.000 personas fueron detenidas por las agencias de seguridad del estado en todo el país. Y eso incluye a los detenidos por bandidaje, mercado negro, falsificación y muchos otros delitos”(1).

El balance de Roginsky es de 7 millones en 70 años de historia, una cifra insignificante si se tiene en cuenta que sólo el año pasado el FBI detuvo a más de 10 millones, sin contar a otros departamento de policía y en una época de paz en Estados Unidos que contrastan con 70 años de revueltas, guerras civiles, guerras mundiales y guerras frías en la URSS.

En la URSS la represión política se ejerció contra organizaciones fascistasl, como las del ucraniano Stepan Bandera, que luchó con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial y que siguió combatiendo hasta la década de los cincuenta. Más de 150.000 fascistas ucranianos murieron combatiendo y otros 100.000 fueron detenidos (2).

La policía soviética también persiguió y detuvo a muchos yihadistas en las montañas del Cáucaso y Asia Central, pero lo interesante es destacar que los servicios secretos estadounidenses armaron y abastecieron a los fascistas ucranianos y bálticos, mientras que los británicos se encargaron del apoyo a los yihadistas.

El año pasado Estados Unidos no tuvo un problema semejante, ni siquiera parecido, por lo que cabe concluir que la famosa represión soviética fue un episodio insignificante de la historia y las cifras reales son aún muchísimo más bajas si se tienen en cuenta otros documentos.

Por ejemplo, en 1954 la Fiscalía informó a Nikita Jruschov que 2,5 millones de personas habían sido encarceladas durante todo el período soviético, incluidos 600.000 presos condenados a muerte (3).

Víctor Zemskov, que ha estudiado las actividades de los diversos órganos de seguridad del Estado entre 1921 y 1954, descubrió que en ese período 650.000 personas habían sido condenadas a muerte, de las bastante no habían sido ejecutadas, mientras que 2.300.000 habían sido condenadas a penas de prisión (4).

Al final de su vida Roginsky no concluyó sino que confesó la farsa de su vida: “Ahí está el cálculo final de siete millones para todo el período soviético. ¿Qué debería haber hecho con este descubrimiento? La opinión pública dice que sólo entre 1937 y 1939 hubo doce millones de detenciones; yo pertenezco a esta sociedad, vivo entre esta gente, soy uno de ellos. Sabía que no me creerían. Y en segundo lugar, habría significado que todo lo que nos habían dicho sobre los números hasta ahora estaba mal. Y dejé todos mis cálculos a un lado por mucho tiempo; y el tiempo para decir estas cosas aún no ha llegado”.

Si; el tiempo para decir la verdad ha llegado y ha pasado de largo, porque la verdad es revolucionaria y el engaño no conduce a ninguna parte.

(1) http://old.memo.ru/d/124360.html
(2) https://topwar.ru/17965-nkvd-protiv-upa-voyna-posle-pobedy.html
(3) http://school.rusarchives.ru/bolshoj-terror/dokladnaya-zapiska-generalnogo-prokurora-sssr-ra-rudenko-ministra-vnutrennikh-del-sssr-sn-kruglo

Estados Unidos empleó armamento bacteriológico durante la Guerra de Corea

Se ha descrito a la Guerra de Corea como “la guerra olvidada de Estados Unidos”. Fuertemente armado, el ejército de Estados Unidos fue derrotado por los ejércitos de Corea del norte y China, equipados por la Unión Soviética. Por primera vez desde su independencia, Estados Unidos no pudo prevalecer en una guerra.

En la década siguiente, en su guerra colonial contra el comunismo en Asia, Estados Unidos fue derrotado resueltamente en Vietnam una vez más. Sin embargo, estos reveses militares no son las únicas razones por las que se está pasando por alto la Guerra de Corea. Hay una negación mucho más oscura en este esfuerzo por olvidar estos detalles de la historia. Esta renuencia a examinar honestamente la Guerra de Corea es la raíz de nuestro actual conflicto con Corea del norte.

El uso clandestino de armas biológicas por parte del ejército estadounidense en Corea del norte y China durante la Guerra de Corea es un hecho censurado de nuestra horrible historia. En mayo de 1951, Corea del norte acusó a Estados Unidos de utilizar armas biológicas y al año siguiente Corea del norte y China volvieron a hacerlo: la fuerza aérea de los Estados Unidos realizó salidas nocturnas para dejar caer contenedores con insectos y ratones de campo contaminados con virus de la peste bubónica, fiebres hemorrágicas y otras enfermedades altamente contagiosas en aldeas y campos de las zonas rurales de Corea del norte y China.

En 1952 se convocó una Comisión Científica Internacional para visitar Corea del norte y China con el fin de investigar las acusaciones sobre el uso de armas biológicas. La Comisión, integrada por nueve miembros, examinó las pruebas reunidas, visitó los lugares, realizó auditorías sobre el terreno y recogió testimonios. También escuchó a cuatro pilotos estadounidenses capturados. Después de preparar el informe, determinó que el testimonio y las pruebas eran abrumadoras de que el ejército estadounidense había utilizado armas biológicas en tiempo de guerra en varios lugares identificados y en momentos específicos.

La conclusión del informe es la siguiente: “La comisión llegó a estas conclusiones, pasando de una lógica a otra. Lo hizo a regañadientes porque sus miembros no estaban dispuestos a creer que una técnica tan inhumana podría haberse llevado a cabo ante su condena universal por parte de los pueblos de las naciones”(*).

El presidente Truman, el general MacArthur, el Departamento de Estado y la CIA han negado enérgicamente las acusaciones de que se utilizaron armas biológicas en la guerra de tierra quemada que estaban llevando a cabo en Corea. Las acusaciones chinas y norcoreanas fueron denunciadas como propaganda comunista. El informe de la Comisión Científica Internacional fue ridiculizado, sus miembros fueron descritos como si hubieran sido engañados por los comunistas.

La nueva presidencia de Eisenhower en 1953 llevó a los hermanos Dulles al poder y la negación de Estados Unidos de haber usado armas biológicas en Corea se convirtió en su política de bloqueo implícito. Pero también comenzaron las negociaciones de armisticio.

Al mismo tiempo, todos los documentos relacionados con las armas biológicas contenidos en los archivos del Cuerpo Químico del Ejército de los Estados Unidos -registros, cuadernos de bitácora, informes de inteligencia, registros de pilotos- fueron sistemáticamente destruidos. En los últimos 65 años, han eliminado todos los documentos que los historiadores suelen analizar durante sus investigaciones. El gobierno de Eisenhower también intentó castigar con “juicios farsa” a los disidentes públicos por criticar los decepcionantes resultados de la Guerra de Corea y avivó la fobia a los rojos como en plena Guerra Fría.

Un periodista estadounidense, John W. Powell, fue acusado de sedición por los tribunales federales por su simpatía por el comunismo chino, sus informes sobre el presunto uso de armas biológicas y sus editoriales sobre la Guerra de Corea en su revista de noticias China Monthly Review, publicada en Shanghai.

Después de mucho alboroto, el juicio comenzó en enero de 1959, pero terminó abruptamente con un carpetazo. El olvido no oficial pero muy real de la Guerra de Corea comienza realmente con el colapso de los argumentos de la defensa del gobierno. Años más tarde, Powell revisó el tema de las armas biológicas y publicó dos artículos en 1983 describiendo cómo el ejército estadounidense las había adquirido de Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

El Ejército Imperial Japonés tenía una unidad de investigación biológica clandestina en un campo de prisioneros cerca de Harbin, en la Manchuria China ocupada, llamada inocentemente Unidad 731 y dirigida por el cirujano general Shiro Ishii. Ese laboratorio militar llevó a cabo experimentos médicos con enfermedades contagiosas en prisioneros vivos que mató a miles de ellos. Unos 400.000 campesinos de China, Manchuria y Siberia murieron a causa de enfermedades desconocidas a escala regional, causadas por vectores vivos de enfermedades liberadas en contenedores por aviones japoneses.

La Comisión Científica Internacional señaló la similitud de la tecnología de diseminación de patógenos entre las utilizadas por el ejército japonés en Manchuria y las utilizadas por el ejército estadounidense en Corea y China. Después de la rendición japonesa, el Dr. Ishii y muchos de sus colegas lograron desertar y unirse a las fuerzas de ocupación estadounidenses comandadas en Tokio por el general MacArthur. Se llevaron consigo los expedientes médicos y 8.000 muestras de especímenes de sus investigaciones sobre patologías.

Esa mina de experimentos patológicos sobre personas vivas fue entregada discretamente al laboratorio de investigación de armas biológicas del Ejército de Estados Unidos en Fort Detrick. El Dr. Ishii y los miembros de su equipo científico, culpables de algunos de los peores crímenes perpetrados durante la Guerra del Pacífico, obtuvieron inmunidad frente a un juicio por crímenes de guerra.

La evidencia de la propagación de armas biológicas durante la Guerra de Corea es abrumadora. Sin embargo, la “máquina de la negación” del estado de seguridad aún persiste hoy. Recientemente, un científico del Instituto Woodrow Wilson, Milton Leitenberg, presentó su teoría de que el asunto de la Guerra de Corea era un engaño comunista gigantesco, preparado por Stalin, Mao Zedong y Zhou Enlai para denigrar a Estados Unidos durante las negociaciones de alto el fuego. El tipo de argumento teorizado por Leitenberg es similar a una película de la serie B, poco probable, en vista de su material de fuentes dudosas, así como del curso histórico. Sin embargo, este giro casi oficial muestra claramente el grado de negación que, con el tiempo, puede llegar al aparato estatal.

La continua negación de los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos durante la Guerra de Corea es un gran obstáculo para la normalización de las relaciones entre Corea del norte y Estados Unidos. No podemos poner fin a las hostilidades, ni podemos negociar seriamente con una Corea del Norte con armas nucleares con mentiras y una visión histórica falsa.

(*) https://www.greanvillepost.com/2017/05/26/the-dirty-secret-of-the-korean-war/

República Democrática Alemana: los datos fundamentales que es necesario tener muy en cuenta

En los Tratados de Yalta y Postdam, los aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS) acordaron crear zonas de ocupación militar para después de la derrota de Alemania, que serían provisionales. Cada uno de ellos ocuparía una de las zonas y se crearía un Consejo de Control común para dirigir el proceso.

Berlín había sido capturada al asalto por el ejército soviético que, según lo acordado, se retiró a su zona para permitir a las demás potencias aliadas entrar en la capital alemana y ocupar su zona.

El 5 de junio de 1945 se aprobó la Declaración de Berlín, que ratificó el reparto de la autoridad suprema en Alemania entre las fuerzas que habían derrotado a los nazis.

Más tarde los franceses también obtuvieron su propia zona de ocupación: los alilados les cedieron la región del Sarre, así como una zona de Berlín.

Por lo tanto, Alemania y Berlín quedaron divididas en cuatro zonas de ocupación.

El 10 de junio de 1945 el ejército soviético en Alemania fue el primero en autorizar la actividad de los partidos políticos democráticos y los sindicatos en su zona. Posteriormente la República Democrática Alemana siempre fue pluripartidista hasta su desaparición en 1990.

El 30 de agosto se formó el Consejo de Control a través del cual los aliados debían colaborar conjuntamente en la ocupación de Alemania. La palabra “conjuntamente” quiere decir que los unos no podían actuar unilateralmente sin los otros.

Un año antes, el 22 julio de 1944 había concluido la conferencia de Bretton Woods en la que Estados Unidos había impuesto el dólar en el comercio internacional. La URSS no participó en dicha conferencia.

1946:

El 1 de enero de 1946 se restablece el comercio entre las zonas soviética y británica.

El 5 de marzo Churchill pronuncia su discurso en Fulton en el que anuncia el Telón de Acero y el comienzo de la Guerra Fría contra la URSS.

El 6 de agosto el general estadounidense Lucius Clay anuncia en Stuttgart la unificación de las zonas de ocupación estadounidense y británica.

2 de diciembre Estados Unidos y Gran Bretaña firman un acuerdo en Nueva York para fusionar sus zonas de ocupación, lo que origina en el mapa de Europa una entidad con el nombre de “Bizone”. La actuaación de ambos aliados fue unilateral, lo que vulneraba los acuerdos firmados.

1947:

1 de enero de 1947: Siguiendo lo acordado en Bretton Woods Estados Unidos impone -otra vez unilateralmente- el dólar en el comercio con “Bizone”, lo que afecta al comercio con la zona soviética. Los alemanes no tenían dólares y la URSS tampoco, por lo que quedan fuera del comercio.

El comercio entre las dos mitades de Alemania desaparece de golpe.

El 12 de marzo el presidente Truman pronuncia su discurso, el primero sobre la política de expansión del imperialismo estadounidense en la posguerra.

El 5 de junio se aprueba el Plan Marshall.

1948:

Del 23 de febrero al 6 de marzo de 1948 se celebra en Londres la Conferencia de las Seis Potencias (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo), que acuerdan -unilateralmente- crear un Estado alemán en sólo tres zonas de ocupación.

Los imperialistas comienzan a dividir -unilateralmente- Alemania en dos estados. Se rompen los tratados firmados con la URSS durante la guerra.

El 20 de marzo la URSS se retira del Consejo de Control, que cesó sus actividades. A partir de entonces cada parte actúa por su cuenta.

El 20 de junio los imperialistas imponen el Deutschemark como moneda en sus zonas de ocupación. Pero el nuevo marco alemán no tenía nada de alemán. Se imprimió en secreto en Estados Unidos y lo pusieron en circulación sin previo aviso. Desapareció el viejo Reichsmark utilizado hasta entonces.

A cada alemán le permitieron cambiar 60 marcos alemanes a una tasa de uno nuevo por cada uno viejo. Se podían cambiar 40 marcos inmediatamente y los otros 20 dos meses después. Podían intercambiar la mitad de sus ahorros a una tasa de 1×10, mientras que la otra mitad fue congelada hasta una fecha posterior, cuando podría ser intercambiada a 1×20. Los salarios, las pensiones, los pagos y los impuestos se volvieron a calcular en la nueva moneda a una tasa de 1×1. Las empresas recibieron 60 marcos por cada trabajador.

Fue un gran atraco, uno de los mayores de la historia. Las deudas públicas debidas en el viejo Reichsmark se cancelaron sin compensación. Alrededor de dos tercios de los activos del banco, que se habían invertido en bonos del Estado, no tenían valor alguno.

La mitad de Alemania tenía una moneda y la otra mitad tenía otra. Para paliar los estragos del gran atraco, los alemanes que vivían en la zona occidental trataron de gastar sus viejos marcos en la otra. Se lanzaron a desvalijar las tiendas de la zona ocupada por los soviéticos.

El imperialismo pretendía provocar un un levantamiento popular para provocar la consabida represión de la URSS y que los medios de comunicación ofrecieran las imágenes de una carnicería, cuanto más sangrienta mejor.

Los soviéticos tuvieron que impedir la entrada de los alemanes occidentales con la vieja moneda, pero antes de la construcción del muro, en Berlín era prácticamente imposible impedir la entrada o la salida de nadie.

El gobierno soviético prohibió viajar a Berlín a través de su zona de ocupación y a los berlineses del sector occidental de la ciudad se les impidió entrar por el este.

Fue lo que los imperialistas calificaron como “bloqueo” de Berlín occidental.

El 1 de julio los gobernadores militares de las zonas de ocupación occidental presentaron los llamados “documentos de Frankfurt” a los 11 Estados bajo su jurisdicción. La decisión se había tomado en Londres para que crearan un nuevo gobierno.

1949:

El 4 de abril de 1949 los imperialistas crean la OTAN.

El 23 de mayo anuncian el nacimiento de la República Federal de Alemania. El nuevo Estado era un títere que hasta 1951 no pudo tener su propio Ministerio de Asuntos Exteriores. Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña no proclamaron la soberanía de Alemania occidental en materia de asuntos exteriores hasta el 24 de junio de 1954.

Moscú reaccionó a la creación de Alemania occidental proclamando la formación de la República Democrática Alemana el 7 de octubre de 1949.

Stalin sostuvo que era un error crear dos Alemanias en el corazón de Europa. El 10 de marzo de 1952 la URSS envió una propuesta al respecto a los imperialistas que la historia conoce como la “Nota de Stalin”.

La política soviética defendió siempre la unidad alemana, así como su neutralidad. La demás cuestiones debían ser aprobadas por los propios alemanes. La Unión Soviética quería llevar a cabo negociaciones inmediatas sobre la reunificación de Alemania y la celebración de elecciones libres en todo su territorio, con la consiguiente formación de un gobierno único que conservara la neutralidad.

El 6 de mayo de 1955 Alemania ingresa en la OTAN, una provocación que impidió definitivamente cualquier posibilidad de convertirse en un país neutral.

Hasta 1972 Alemania occidental no reconoció a Alemania oriental. Antes los dos Estados alemanes no tenían relaciones diplomáticas mutuas.

El día que el coronel soviético Stanislav Petrov evitó una guerra nuclear con Estados Unidos

La ONU eligió el 26 de septiembre para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación Total de las Armas Nucleares en memoria del coronel soviético Stanislav Petrov.

El 26 de septiembre de 1983 Petrov era teniente coronel de las fuerzas soviéticas de defensa antiaérea y estaba de servicio en Serpujov-15, un centro de mando secreto en las afueras de Moscú que vigilaba las señales de los satélites soviéticos de alerta temprana que orbitaban sobre Estados Unidos.

Aquella mañana las alarmas sonaron porque llegaron señales de que un misil balístico intercontinental Minuteman procedente de Estados Unidos había sido lanzado desde una base estadounidense. Unos segundos más tarde parecieron detectar que habían sido lanzados otros cuatro misiles más.

El plazo de tiempo estimado entre el lanzamiento de los misiles en Estados Unidos y su detonación en la URSS era de 25 minutos.

Petrov debía informar a sus superiores inmediatamente, pero les dijo que se trataba de un error. La red de radares terrestres soviéticos que debía rastrear a los misiles no detectó ningún ataque. Petrov había acertado.

La falsa alarma fue causada porque el satélite soviético confundió el reflejo del sol en las cimas de las nubes de gran altitud con el lanzamiento de un misil.

La decisión de los soviéticos fue extraordinariamente arriesgada. En Estados Unidos, Reagan había desatado la llamada “guerra de las galaxias” que aumentó considerablemente su arsenal nuclear. Los misiles de mediano alcance Pershing II estaban a punto de ser instalados en Europa occidental, acortando el tiempo entre el lanzamiento nuclear y su impacto en suelo soviético.

Desde mediados de febrero de 1981, Estados Unidos habían estado probando la vulnerabilidad de los radares y satélites soviéticos con una serie de penetraciones cercanas a la frontera. Las operaciones navales clandestinas accedieron sigilosamente a aguas cercanas a los mares de Barents, Noruega, Negro y Báltico, para probar hasta dónde se podían acercar los buques de la OTAN a las bases soviéticas. Los bombarderos estadounidenses volaron directamente hacia el espacio aéreo soviético, despegando sólo en el último momento, a veces varias veces por semana.

Las provocaciones continuas contra la URSS se podían interpretar como la preparación de un ataque furtivo. A principios de septiembre de 1983, un avión de combate soviético derribó un vuelo comercial de Korean Air después de cruzar el espacio aéreo soviético, creyendo que era un avión espía. Todos los que estaban a bordo murieron.

En esta atmósfera de Guerra Fría, la respuesta de Petrov a las advertencias de los ordenadores sobre el lanzamiento de misiles fue notablemente arriesgada.

Petrov había nacido en el Lejano Oriente soviético, cerca de Vladivostok. Su padre había sido piloto de la segunda guerra mundial. Su madre era enfermera. Después de estudiar en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Radiotécnica de la Fuerza Aérea Soviética de Kiev, se unió a las fuerzas de defensa antiaérea. Ganando un rápido ascenso, fue asignado al sistema de alerta temprana cuando comenzó a principios de la década de 1970. Murió el 19 de mayo de 2017 de una neumonía en Fryazino, un humilde barrio de Moscú. Tenía 77 años de edad.

Asesorado por la Gestapo, el franquismo mantuvo a 500.000 antifascistas presos en 180 campos de concentración

Juan Luis Valenzuela

A los más jóvenes los campos de concentración les suena a instalaciones carcelarias masificadas y criminales de los nazis y de Hitler. Los identifican con nombres como Auschwitz, Mauthasen o Dachau. Algo muy negativo pues nos indica nos indica nuestro desconocimiento de la historia propia historia reciente de nuestro país. Y es que durante la Segunda Guerra Mundial se construyeron más de 15.000 campos de concentración y exterminio a lo largo y ancho de todo el territorio controlado por la Alemania nazi. El cine o la literatura han conseguido que campos de concentración, nazismo, crueldad y tortura sean sinónimos y palabras y conceptos asociados.

En la España franquista España funcionaron numerosos campos de concentración entre 1936 y 1947, muchos de forma estable y otros temporalmente. Dirigidos por el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas fue una de las “eficaces” herramientas del sistema de represión franquista.

Por allí pasaron años condenados y esclavizados o simplemente finiquitaron su vida ex combatientes del ejército de la II República, disidentes políticos, militantes de izquierda, políticos, homosexuales, gitanos o presos comunes. Como en los campos de concentración nazis los presos comunes más peligrosos eran los responsables de la vigilancia y en especial de controlar a los presos por motivos políticos.

Pero además de mecanismo represor estos centros del sistema penitenciario fascista sirvieron para que mediante la explotación laboral de los prisioneros, el franquismo hiciera obra pública y construyera desde canales a incipientes aeropuertos como el actual de Málaga. Mano de obra barata no, esclavitud a secas.

Hay historiadores que cifran en unos 180 campos de concentración los distribuidos por toda España desde 1936 a 1942. Según solventes historiadores como el profesor Javier Rodrigo de la Universidad Autónoma de Barcelona, aproximadamente 500.000 internos fueron redistribuidos en los campos entre prisioneros de guerra y presos políticos. El primer campo de concentración creado por el dictador se creó en castillo del monte Hacho en Ceuta. El último en cerrar, el de Miranda del Ebro.

Existen investigaciones que avalan la tesis de que funcionarios nazis de la Gestapo fueron los asesores del régimen para diseñar esta red de campos de concentración franquistas, imitando su “experiencia” de los existentes en la propia Alemania nazi. Atribuyen a Paul Winzer, jefe de la Gestapo en España y un tiempo jefe del campo de concentración de Miranda del Ebro, ser el auténtico diseñador de esta red  de centros de tortura y muerte en la España de la posguerra y ejecuciones aplicando el modelo nazi

Las condiciones eran indignas pues el régimen se cebaba y se vengaba con los presos. Hambre y sed, temperaturas abrasadoras en verano y gélidas en invierno, enfermedades, piojos, interrogatorios con torturas y palizas, vejaciones y, para muchos, la espera era una especie de “corredor de la muerte” donde un mal día se les sacaba para fusilarlos. Los presos políticos calificados como «irrecuperables» eran directamente ejecutados en algún fatal día en el que sorpresivamente se les anunciaba que iba a salir del centro. Se los llevaban y ya no volvían: tiro en la frente. Fue una forma de “reeducación” cruel tanto física como psíquicamente calcada del régimen nazi.

También hubo algún campo, como el de Las Arenas en Sevilla, que sirvió, al más puro estilo nazi, para eliminar a “parias”. Allí, en el término de La Algaba, se llevaron a unos 300 «indigentes, mendigos, indocumentados o pobres, en general, que retiraban de las calles de Sevilla» entre 1941 y 1942  y que directamente fueron al “matadero” al ir dejándolos morir de hambre sin hacer nada para evitarlo.  Fue esa la forma, la de matar de hambre a la población mendiga de la ciudad de Sevilla, el sistema para la “solución final” dirigida a “vagos y maleantes”. Se calcula que más de la mitad de los reclusos fallecieron de inanición y frío.  Bueno, el verbo fallecer sería en este caso un eufemismo de “asesinar”.

La política de “recursos humanos” del régimen” para seleccionar a los responsables de gestionar los campos era sanguinaria. Se elegían a víctimas de la zona republicana con lo que los escogidos trabajaban con un espíritu torturador y de vendetta con los vencidos y en la mayoría de las ocasiones netamente sádico.

Para aquellos que hablan de un franquismo “plácido” y una posguerra incruenta habría que recordarle que en 1938, en plena guerra, estos tétricos recintos albergaban a más de 170.000 prisioneros. Al término de contienda, en 1939 ya la cifra oscilaba entre los 370.000 y 500.000. En 1940 se nombra director de la red de estos campos al general Camilo Alonso Vega, amigo y paisano de El Ferrol de Franco así como miembro de la misma promoción que el dictador. Alonso Vega fue designado en 1957 Ministro de la Gobernación, un represor destacado que terminó su vida como Capitán General del Ejército, rango alcanzado en vida tan solo por el propio Franco y Muñoz Grandes. Diez años después de finalizar la guerra civil, en 1946, seguían en activo 137 campos de trabajo más 3 de concentración, con población reclusa de 30.000 prisioneros, todos de carácter político. El último campo de concentración en cerrar fue el burgalés de Miranda del Ebro que mantuvo su actividad el año 1947.

De entre los 180 campos de concentración destacaron el de Albatera en Valencia, Camposancos en Pontevedra, Castuera en Badajoz, La Corchuela y Los Merinales en Sevilla, Los Almendros en Alicante y el de Miranda del Ebro en Burgos. En Andalucía hubo 55 centros de reclusión para unas 100.000 personas. Como en el resto de España el franquismo los utilizó para poseer franquista mano de obra esclava para sus obras públicas y como castigo y venganza por la disidencia. Destacan el del Canal de los presos en Sevilla o el de Torremolinos También estos centros de reclusión españoles sirvieron para aumentar la nómina de presos en los campos de concentración nazis europeos.

Pues el régimen franquista dedicó los trabajos forzados de este medio millón de reclusos a construir parte de lo que con el golpe de Estado y la guerra ellos mismos habían destruido, a erigir obra pública y explotar recursos. Gracias a sus trabajos se reconstruyó Belchite y otras localidades en ruinas. Se laboró en minas de sal o extracción de mercurio. Se construyeron carreteras y líneas de ferrocarril como la de Baeza-Utiel o la de Madrid Burgos, y excavación de canales como el del Bajo Guadalquivir en Sevilla. Presas y pantanos como el embalse de Zorita o El Tranco en Jaén. Miles de prisioneros fueron usados en la construcción de la Prisión de Carabanchel, el Valle de los Caídos y en el Arco de la Victoria. Colectores como en Sevilla o futuros aeropuertos como el de Málaga hecho por los presos del campo de Torremolinos. Posteriormente este trabajo fue subcontratado a empresas privadas y terratenientes que utilizaron a los prisioneros para mejorar sus propias propiedades.

Así transcurrió la penosa vida de medio millón de españoles esclavos del franquismo. Entre la venganza, la falsa de libertad, la penuria y el intento de borrar la memoria se les aplicó las más sádicas y crueles herramientas de represión física y psicológica tanto para los presos como para sus familias. Medio millón de españoles. La mayoría “culpables” de ser fieles a un régimen legítimo y a unas ideas. Fueron explotados laboralmente, de manera gratuita y apenas sin comida para obra pública y trabajos particulares de ricos y terratenientes. La mayoría albergaban la esperanza de salir libres un día  y abrazar a sus familias. Libres y vivos. Algunos no lo lograron… un tiro en la sien en los patios Otros no lo consiguieron y fueron fusilados en los patios.

Y ahora vas y lo cuentas, Pablo Casado, que «Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién». Y Francisco Marhuenda que siga contando que «Franco no fue un dictador fascista sino un militar católico, que implantó un régimen totalitario” o el ex ministro de Aznar Mayor Oreja que no condena esta etapa lúgubre de España porque se continuará preguntando: ¿Por qué tengo que condenar el franquismo, si muchas familias lo vivieron plácidamente con naturalidad y normalidad?». ¡Cosas veredes en la derecha del siglo XXI, amigo Sancho!, veredes, sí.

https://www.elplural.com/sociedad/el-franquismo-asesorado-por-la-gestapo-tuvo-500-000-presos-en-180-siniestros-campos-de-concentracion-de-posguerra_203882102

Mujer y aborto en la Unión Soviética

Como todo lo que concierne a “la mujer” (a secas), la burguesía conduce el aborto a una galaxia de normas de todo tipo, que van desde las religiosas y morales (“es un pecado”, “un crimen”) a las jurídicas (“es un derecho”). Los movimientos seudofeministas, pues, no tienen una perspectiva diferente de la Inquisición sobre el aborto; es la misma posición pero invertida.

Es el discurso que predomina ampliamente en los círculos posmodernos y, como es evidente, siempre que se habla de “derechos” la realidad se resume en leyes, sentencias y reglas formales, cuya conexión con la realidad no siempre está clara.

Por lo demás, el mundo de los derechos conduce al individualismo porque los titulares de ellos son personas y, en el caso del aborto, mujeres. Es propio de quienes se llenan la boca de frases como “cada cual hace con su cuerpo lo que quiere” y otras parecidas.

Una vez metidos en ese universo jurídico, la primera confusión histórica que hay que aclarar es que todo tiene que empezar por la despenalización del aborto, es decir, por impedir que las mujeres sean encarceladas por ello. Pues bien: la Unión Soviética fue un país pionero en este punto.

Cuando en 1917 los bolcheviques llegan al gobierno, una de sus primeras medidas ya fue suficientemente revolucionaria: una mujer, Alejandra Kolontai, fue nombrada ministra, por primer vez en la historia, un punto a partir del cual todas y cada una de las políticas implementadas fueron igualmente revolucionarias: supresión del matrimonio religioso, abolición de la autoridad marital y paterna, derecho al divorcio, igualdad entre los niños legítimos y extramatrimoniales…

En la misma línea, el 18 de noviembre de 1920 el gobierno soviético despenaliza el aborto y concede a las embarazadas la posibilidad de hacerlo de manera legal, gratuita y a cargo del servicio público de salud: “El aborto, la interrupción del embarazo por medios artificiales, se podrá llevar a cabo de manera gratuita en los hospitales públicos, donde la mujer disfrutará de las mayores garantías de seguridad en la operación”, decía el decreto, anticipándose 60 años a cualquier otro país del mundo en el que con posterioridad se ha establecido.

No obstante, se hace preciso aclarar que, como decía el propio decreto, la legalización se hacía con carácter temporal: el Estado soviético “lucha contra el aborto fortaleciendo el régimen socialista y la propaganda desarrollada en su contra entre las mujeres trabajadoras y dotándose de los medios para proteger la maternidad y la infancia. Esto lleva a la desaparición gradual de esta práctica”, en referencia a la interrupción artificial del embarazo.

Pero la burguesía ignora que la historia no se hace con decretos ni reglas formales, del tipo que sean, jurídicas o morales. Al mismo tiempo hay que cambiar las condiciones materiales para que los “derechos” se conviertan en realidades. “Una cosa es predicar y otra dar trigo”, dice el refrán. Precisamente en referencia a la situación de la mujer en los primeros años de la URSS, Lenin escribió:

“Por supuesto, las leyes no son suficientes, y no estamos satisfechos con los decretos. Pero, en el ámbito legislativo, hemos hecho todo lo necesario para que las mujeres alcancen el nivel de los hombres y podemos estar orgullosos de ello. La situación de las mujeres en la Rusia soviética puede servir como un ideal para los Estados más avanzados. Sin embargo, esto es sólo el principio. El ama de casa sigue oprimida. Para que sea verdaderamente emancipada, para que sea verdaderamente igual al hombre, debe participar en el trabajo productivo común y el hogar privado debe dejar de existir. Sólo entonces estará al mismo nivel que el hombre […] Aunque la mujer pueda disfrutar de todos los derechos, de hecho sigue oprimida, porque es responsable de todos los cuidados del hogar […] Creamos instituciones modelo, comedores, guarderías, para liberar a la mujer del hogar. Hay que reconocer que en la actualidad en Rusia estas instituciones, que permiten a las mujeres dejar su condición de esclavas domésticas, son muy raras. Su número es muy pequeño y las actuales condiciones militares y alimentarias son un obstáculo para su aumento. Sin embargo, hay que decir que surgen siempre que existe la menor posibilidad. Decimos que la emancipación de los trabajadores debe ser el trabajo de los propios trabajadores. Del mismo modo, la emancipación de las mujeres trabajadoras será obra de los propios trabajadores. Las mujeres trabajadoras deben asegurar el desarrollo de estas instituciones por sí mismas; de esta manera podrán cambiar completamente su destino en la sociedad capitalista”.

Respecto al aborto, el Partido Bolchevique combatía el malthusianismo y las políticas antinatalistas, como cualquier otra organización marxista. Además, la política soviética estuvo condicionada por las guerras y, por lo tanto, por el descenso demográfico que eso supuso. Antes de la Primera Guerra Mundial, Rusia tenía uno de los mayores índices de natalidad del mundo, muy próximo al 50 por ciento, un porcentaje paralelo al de mortalidad infantil: antes del primer año de vida morían la tercera parte de los recién nacidos.

La alta mortalidad infantil, consecuencia de la miseria extrema, no fue óbice para un fuerte crecimiento demográfico que, como consecuencia de las guerras, primero mundial y luego civil, dejó a muchos niños huérfanos y abandonados por las calles y los campos, una situación ampliamente conocida gracias a las obras de Anton Makarenko.

Además de las “condiciones militares y alimentarias” a las que se refería Lenin, existían muchas circunstancias económicas y sociales de las que, tanto entonces como ahora, dependen cualquier tipo de “derechos”. El decreto que en 1920 legalizó el aborto ni siquiera lo consideraba como un “derecho” sino como un remedio, consecuencia de la herencia del pasado: “Los supervivientes de las condiciones económicas pasadas y actuales todavía llevan a las mujeres a recurrir a esta operación. La Oficina del Comisionado de Salud del Pueblo y la Oficina del Comisionado de Justicia del Pueblo, si bien protegen la salud de la mujer y en interés de la especie, considerando que la represión en esta esfera no da los resultados esperados, decreta” la legalización del aborto.

Sobra añadir que las circunstancias y necesidades que dan lugar al reconocimiento de los “derechos” cambian con el tiempo, lo que hace que cambien esos mismos “derechos”. Para todos aquellos que se interesan por la construcción del socialismo en la URSS los cambios en la situación interna desde 1917 hasta la época de los planes quinquenales son muy conocidos. En los años treinta la situación había dado un vuelco total y no sólo porque la política del Partido Bolchevique lo había decidido, sino porque la demografía también había cambiado y con ella la sitación de la mujer e incluso de las familias.

En los primeros años de la URSS, continuaron las mismas tasas de natalidad, mientras que la mortalidad se redujo por las mejoras en la atención sanitaria, las condiciones de trabajo, la vivienda y la alimentación, lo que tuvo como consecuencia un enorme crecimiento demográfico, que en la URSS estuvo vinculado a la emigración a las ciudades.

El crecimiento demográfico estuvo acompañado de un fuerte crecimiento en el número de abortos, aunque es posible que dicho crecimiento no sea tan grande o no se corresponda a la realidad sino consecuencia de un registro estadístico mucho más estricto. En cualquier caso, en 1926 los datos oficiales registraron 400.000 abortos en la URSS, cifra que se disparó a los 700.000 en 1934, una cifra gigantesca en relación con los tres millones de nacimientos de ese mismo año.

A partir de la colectivización la tasa de natalidad disminuye bastante rápidamente, entrando en esa etapa que se suele llamar de “transición demográfica” que, como es natural, cambió la política social del gobierno soviético en un sentido que la burguesía califica como “conservadora” e incluso de “marcha hacia atrás” y que se relaciona de manera tópica con Stalin.

El 27 de junio de 1936 la legislación soviética sobre la familia cambia y con ella cambia, como es lógico, la legislación sobre la mujer, poniendo el acento de las necesidad de tutelar a la infancia. El año anterior se habían divorciado un 44 por ciento de los matrimonios, a los que seguían segundos matrimonios y luego terceros, y así sucesivamente, con los consiguientes cambios de vivienda, pensiones alimenticias y demás.

Los servicios y las ayudas sociales y familiares favorecían esa situación. Con el tiempo se fueron introduciendo más restricciones. Por ejemplo, se favorecía el matrimonio imponiendo una tasa a los solteros y se aumentaron las de los divorcios, que pasaron a 3 a 50 rublos para el primero, 150 rublos para el segundo y 300 para el tercero.

Lo mismo ocurrió con el aborto, al que desde 1924 se fueron imponiendo restricciones porque los presupuestos sobre los que se había legalizado el aborto eran erróneos. El poder soviético había supuesto que a medida que la posición económica y social de la mujer soviética fuera mejorando, disminuiría el número de abortos.

Pero sucedió todo lo contrario: quienes abortaban con mayor frecuencia eran aquellas mujeres que tenían una mejor posición social, por lo que gobierno empezó a dar prioridad a las mujeres de los sectores sociales más desfavorecidos. Primero las desempleadas que estaban solteras, luego las que trabajaban solteras con un hijo, a continuación las que trabajaban en la industria y ya tenían varios hijos y luego las demás.

Dichas restricciones ponían de manifiesto que entonces aún no había suficientes medios materiales para llevar a cabo los abortos con las debidas garantías de atención sanitaria.

Finalmente, en 1936 y en 1944 se prohibió (con excepción del aborto terapéutico) ya que empezaron a poner la vista en una inminente guerra mundial, volviéndose a restablecer el 23 de noviembre de 1955, primero gratuitamente y luego de manera onerosa.

En este punto a la burguesía hay que volverle a recordar de nuevo que la prohibición del aborto fue tan formal como su opuesto, el “derecho”, ya que en realidad se siguieron practicando abortos, entre otras razones porque los médicos los avalaban con excusas terapéuticas.

Por lo tanto, si el feminismo burgués busca un modelo, no lo va a encontrar en la URSS, donde las concepciones eran las opuestas, empezando por la inexistencia de una política sobre “la mujer” en abstracto, al margen de las clases sociales. El aborto en la URSS tampoco fue nunca un “derecho” en el sentido en el que predican actualmente los movimientos pequeño burgueses.

La política soviética fue lo más opuesto que cabe imaginar al malthusianismo que la burguesía sostiene y, en consecuencia, fue una política natalista, de donde se desprende que no ponía el acento en “la mujer” sino en la infancia, a la que no se consideraba como una “carga”, sino todo lo contrario, porque el Estado soviético puso toda clase de medios materiales para que no fuera así y, como se dice ahora, la mujer pudiera compatibilizar la vida laboral con la familiar.

Una política basada en la infancia es una política para el futuro. Cuando la burguesía propugna políticas malthusianas es porque es plenamente consciente de que el capitalismo no tiene ningún futuro.

El comunista argelino Audin fue asesinado con un cuchillo para aparentar que lo mataron los árabes

La memoría histórica es así de importante, por más años que pasen. La decisión del Presidente de la República francesa Emmanuel Macron de admitir los crímenes cometidos por los colonialistas de su país en Argelia y, en especial, el asesinato del comunista e independentista Maurice Audin, del que ya hemos hablado aquí, ha levantado ampollas, a pesar de que han transcurrido 60 años.

Hay heridas que el mero transcurso del tiempo nunca cicatriza, en especial las responsabilidades criminales y políticos del gobierno central, los ministros, los generales del ejército y los partidos políticos, entre otros.

En su momento el gobierno concedió “poderes especiales” a las autoridades coloniales, una especie de artículo 155 para encubrir oficialmente la represión, los crímenes, la tortura, la quema de aldeas con napalm y otras represalias masivas contra la población civil.

Es lo que se llama “ley marcial”. El ejército consiguió carta blanca porque en 1956 el gobierno del “socialista” Guy Mollet se la concedió: “El Gobierno tendrá las más amplias facultades en Argelia para adoptar todas las medidas excepcionales ordenadas por las circunstancias, con el fin de restablecer el orden, proteger a las personas y los bienes y salvaguardar el territorio”.

Los diputados “comunistas” votaron a favor con la ingenua excusa de que ello permitiría las negociaciones con el FLN, como había prometido Guy Mollet durante la campaña electoral de aquel año.

También entonces había partidos, como el PCF, que creían (suponemos que haciendo un alarde ingenuidad) que los programas electorales se redactan para cumplirlos, que las leyes están para cumplirlas, etc.

Entre los firmantes del decreto imponiendo la ley marcial estaban el ministro de Justicia, François Mitterrand, un fascista que en los ochenta se hizo famoso, así como el socialista Robert Lacoste, Gobernador General de Argelia, porque el decreto suponía la eliminación de los jueces ordinarios y la imposición de los consejos de guerra en Argelia.

El ejército tenía, pues, plenos poderes e hizo uso de ellos de la manera esperada para tratar de impedir los inevitable: la descolonización y la independencia de Argelia. Envió 250.000 soldados más y el recurso a la tortura se hizo habitual.

Queda el crimen del que fue víctima Maurice Audin, los nombres de sus instigadores y ejecutores. Ciertamente, ya no están en este mundo, dicen algunos franceses, pero ¿debemos seguir considerándolos héroes, como el general Massu? (1)

Maurice Audin había sido asesinado con “plena y completa cobertura del poder político”, confesó el general Aussaresses antes de morir en 2013 (2). Basándose en este testimonio y en el de uno de sus suboficiales, se sabe que el general Massu ordenó a sus hombres ejecutar a Audin. Fue llevado a las cercanías de Argel, donde fue apuñalado y enterrado.

Una grabación en France Info de la confesión del general Aussaresses en su lecho de muerte confirma su participación en el asesinato, que se llevó a cabo “con un cuchillo, para hacer creer a la gente que los árabes son los responsables”.

Según L’Opinion, en 1957 los militares empezaron a sospechar que el gobierno los quería utilizar para negociar con los independentistas, por lo que comenzaron a asesinar a quienes podrían convertirse en los interlocutores del gobierno.

El comandante Aussaresses se convirtió en el ejecutor material de esa política y le confiaron a los presos que estaban demasiado maltrechos por las torturas para ser devueltos a la vida civil. En los años posteriores a la guerra de Argelia, Aussaresses se jactó en privado de haber liquidado dos dirigentes interdependentistas, Larbi Ben Mhidi, cuyo nombre está ahora en una de las principales avenidas de Argel, y el abogado Ali Boumendjel, que fue defenestrado tras un interrogatorio muy severo.

Los prisioneros fueron asesinados con cuchillos o pistolas y luego colocados en una fosa común a 30 kilómetros de la capital. Otros fueron embarcados en helicópteros y lanzados a la bahía de Argel. Algunos terminaron dentro de vigas de cemento. Aussaresses dice que él mismo disparó a 24 independentistas.

Estos crímenes, que son ampliamente conocidos, no frenaron el ascenso en la jerarquía militar del comandante Aussaresses, que llegó a obtener el grado de general.

(1) http://canempechepasnicolas.over-blog.com/-08
(2) http://www.humanite.fr/politique/mort-d-un-professionnel-du-crime-554591

Más información:
– Comunista, independentista, matemático
– El comunista que ponía las bombas en Argel
– Francia deportó a dos millones de argelinos durante la guerra colonial
– Harkis: si Roma no paga a los traidores, ¿qué porvenir les espera?

 

Los nazis no llegaron al poder en Alemania por las urnas

Hay que soportar muy a menudo a los que aseguran que Hitler llegó al poder por las urnas, apoyado por un amplio movimiento popular, lo cual es falso. Lo que permitió a Hitler acceder a la Candillería fue un golpe de Estado.

Su principal apoyo no fueron los votos sino el capital monopolista y financiero alemán, los altos dirigentes del ejército y el Vaticano.

Uno de los principales partidarios del régimen nazi fue Carl Friedrich von Siemens, cuyo apellido no requiere más precisiones.

Entre 1918 y 1923 la reacción alemana había intentado varios golpes de Estado para deshacerse del sistema parlamentario burgués y suprimir los derechos adquiridos por el movimiento obrero. La reacción fue apoyada por una parte del ejército.

Muchos capitalistas consideraban que había que apoyar a los nazis. En 1923 un monopolista del acero, Hugo Stinnes, le dijo al embajador estadounidense: “Debemos encontrar un dictador que tenga el poder para hacer lo que sea necesario. Un hombre así debe hablar el idioma del pueblo y ser un civil. Tenemos un hombre así”.

Con la crisis económica de 1929, los capitalistas decidieron concentrarse en apoyar a los nazis. Gracias a sus millones y a la crisis, Hitler pudo reclutar a una parte del lumpen con algo parecido a lo que hoy hacen los de Hogar Social.

Durante la campaña presidencial de 1932 los nazis utilizaron por primera vez películas y discos de propaganda. Hitler usó un avión privado para volar de una reunión a otra. En 1932 sólo el mantenimiento de las SA costaba dos millones de marcos a la semana. ¿Quién pagaba todo eso?

En las elecciones federales de septiembre de 1930 los nazis se convirtieron en el segundo partido más votado, con más de 6 millones de votos. A Hitler le invitaron a presentarse ante los círculos de grandes capitalistas y varios de ellos se unieron al partido.

Sin embargo, los monopolistas aún estaban divididos porque Hitler propugnaba un control muy estricto sobre la política económica. Pasará otro año antes de que los patrones confíen la cancillería a Hitler porque temían la reacción del movimiento obrero.

Pero en las elecciones federales del 6 de noviembre de 1932 el Partido Comunista Alemán aumentó considerablemente su influencia entre los trabajadores en detrimento del Partido Socialista. El capital temía otro levantamiento revolucionario.

Los nazis perdieron dos millones de votos. Un nuevo declive del partido podría arruinar todas las esperanzas de los grandes monopolistas. Los monopolistas (Thyssen, Krupp, Siemens) zanjaron sus disputas internas y decidieron apostar por Hitler de una manera decidida.

Fueron ellos quienes impusieron la política económica de Hitler. Entre los miembros del Alto Comité Económico del gobierno nazi estaban Krupp von Bohlen, rey de la industria de armas, Fritz Thyssen, barón del acero, Carl Friedrich von Siemens, rey de la electricidad, y Karl Bosch, de la industria química.

El 27 de octubre de 1931 Siemens se dirige al capital financiero estadounidense para disipar los temores ante un gobierno nazi. Sobre todo, insistió en el deseo de los nazis era erradicar el movimiento obrero en Alemania.

El 26 de enero de 1932 Fritz Thyssen, el magnate del acero, organizó una conferencia de Hitler frente a más de 100 grandes capitalistas durante la cual aseguró que para ellos la propiedad privada era la base de la economía alemana y que su principal objetivo era erradicar al marxismo de Alemania.

El 19 de noviembre de aquel año banqueros, grandes monopolistas y terratenientes exigieron al presidente alemán Paul von Hindenburg que nombrara a Hitler para la Cancillería. El acuerdo se ratificó el 3 de enero en la mansión del banquero Kurt von Schröder. Todo estaba preparado.

El 30 de enero del mismo año nombró Primer Ministro a Hitler de manera oficial. El primer gobierno de Hitler tenía sólo tres nazis, incluido el propio Hitler. Ni siquiera se atrevió a comparecer ante el Parlamento porque se encontraba en una posición minoritaria. Lo que hizo fue exigir a Hindenburg que lo disolviera y celebrara nuevas elecciones, previstas para el 5 de marzo.

La maniobra le permitió gobernar durante cinco semanas sin control parlamentario. Fue un golpe de Estado legal, porque entonces la Constitución alemana permitía al Presidente disolver el Parlamento o suspenderlo temporalmente. 

El 4 de febrero Hindenburg aprobó un decreto de emergencia que prohibía cualquier crítica al gobierno, suprimiendo la libertad de reunión y de prensa para el Partido Comunista de Alemania y otras organizaciones progresistas.

El 27 de febrero el Reichstag, el Parlamento alemán, fue incendiado, el típico montaje que hoy calificaríamos de “bandera falsa”. Muchos historiadores están convencidos de que el incendio fue causado por las secciones de asalto nazis (SA).

Los siguientes acontecimientos confirman esa tesis. Antes de que se iniciara cualquier investigación, las emisoras de radio (los falsimedia de la época) afirmaron que los comunistas eran los culpables del incendio. Esa misma noche, con listas elaboradas de antemano, más de 10.000 comunistas, socialistas y progresistas fueron detenidos. Toda la prensa comunista y varios periódicos socialistas fueron prohibidos y se suspendieron las libertades de prensa y de reunión.

De esa manera, aplastando a los antifascistas, querían apañar las elecciones. Empezaba un golpe de Estado “desde arriba”. Pero les salió mal. Con todo a su favor, las urnas tampoco le dieron la mayoría a los nazis, ni siquiera los dos tercios de los escaños al gobierno de coalición que encabezaba Hitler.

Fue necesario un segundo apaño, el segundo acto del golpe: el gobierno de Hitler eliminó de un plumazo los 81 escaños de los comunistas sin que ningún partido se atreviera a protestar.

Con los comunistas fuera del Parlamento es como apañaron otra votación parlamentaria que, como estaba previsto, se resolvió a favor del gobierno de Hitler, al que autorizaron a promulgar decretos ley que no necesitaban al Parlamento para nada. Fue una especie de hara-kiri parlamentario, una autodisolución.

La socialdemocracia actuó como siempre: votaron en contra de la habilitación al gobierno para que aprobara decretos ley, pero concedieron legitimidad a las elecciones, pasando por alto la represión política.

Las consecuencias son las que ya se saben. En dos años, gracias a la patente de corso que les concedieron, los nazis prohibieron los partidos políticos, mataron a más de 4.200 personas y detuvieron a 317.800 antifascistas.

El 20 de marzo de 1933 el comisario nazi de la policía de Munich, Heinrich Himmler, estableció el primer campo de concentración para presos políticos en Dachau. Otros 40 le seguirán en el mismo año. A los obreros los amenazaron con recluirles en dichos campos si se declaraban en huelga.

Más información:
— ¿Quién llevó a Hitler al poder en Alemania?

— Los financieros que auparon a Hitler al poder
— El imperialismo occidental al rescate del III Reich
— Las estrechas relaciones de Estados Unidos con el Tercer Reich
 

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