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El infierno de los republicanos españoles exiliados en el norte de África

Marzo de 1939. Hace más de un mes que Cataluña cayó en manos de las fuerzas franquistas. Cerca de medio millón de refugiados republicanos españoles huyen por el norte, en lo que aún hoy sigue siendo la migración más importante de la historia en una frontera francesa. Pero la retirada no es el último capítulo de la guerra civil española: en el sudeste de la península ibérica, los últimos bastiones republicanos caen uno tras otro. Las hostilidades culminan en el “cuelo de botella de Alicante”. Sin poder huir por Valencia ni por el sur de España, que ya estaba en manos de los franquistas, los milicianos y civiles republicanos se ven obligados a tomar el mar.

Desde Alicante, varios miles de personas embarcan de emergencia rumbo al puerto más cercano, Orán. La flota republicana proveniente de Cartagena llega a puerto en Argel, antes de ser desviada, con 4.000 personas a bordo, hacia Bizerta, en Túnez. En total, en pocos días probablemente hayan llegado a las costas de África del Norte entre 10.000 y 12.000 españoles, tal vez más, según algunos testimonios.

Si bien un puñado de republicanos son recibidos por sus allegados en Orán, que posee una fuerte comunidad hispánica, a partir del 10 de marzo de 1939 el gobierno de la Tercera República Francesa que administra África del Norte le pone un freno a su llegada. Desde hace un año, los decretos-leyes Daladier regulan la entrada de refugiados: clasifican entre “la parte sana y dedicada al trabajo, y los indeseables de la población extranjera”, imponen arrestos domiciliarios y reclusiones en centros de internamiento. El mismo esquema será retomado en Argelia, Marruecos y Túnez.

Mientras el alcalde de Orán celebra con gran pompa la victoria franquista, una parte de los republicanos son mantenidos por la fuerza en embarcaciones convertidas en barcos-prisiones. Quienes logran desembarcar permanecen en carpas, sobre todo en el muelle distante de Barranco Blanco. Eliane Ortega Bernabeu, cuyo abuelo estaba a bordo de uno de esos barcos, el Ronwyn, relata:

“Estaban totalmente aislados, apartados de los habitantes. Sin embargo, algunos oraneses venían a ayudarlos, les traían comida, que subían a bordo de los navíos utilizando cuerdas. En cambio, otra parte de la población no quería recibir a esos españoles, porque les preocupaba la enorme cantidad que eran. El alcalde de la ciudad, el padre Lambert, era amigo de Franco. Contribuyó enormemente a crear un clima de temor en la población”.

En el puerto de Orán, la situación se eterniza: miles de republicanos permanecerán allí más de un mes, en condiciones de insalubridad y subalimentación total.

En Túnez, los marinos y los civiles de la flota republicana también son apartados de la población. Rápidamente son enviados en tren hacia el centro del país y a campos de internamiento, sobre todo el de Meheri Zebbeus. En Argelia, luego de desembarcar, los refugiados también son llevados a campos de internamiento: “Había civiles, obreros, sindicalistas encerrados detrás de alambre de púa, y bajo la amenaza constante de las bayonetas”, señala Eliane Ortega Bernabeu.

En los numerosos campos, la mayoría de los cuales se encuentra en territorio argelino, se aplica la misma legislación que en la metrópoli. Peter Gaida, historiador alemán y autor de varias obras sobre los campos de trabajos forzados y los republicanos, explica:

“Los exiliados son considerados como peligrosos para la defensa nacional, están obligados a ofrecer prestaciones a cambio del asilo: una parte de ellos va a los campos de internamiento, la otra a las Compañías Trabajadores Extranjeros (o CTE)”.

Se trataba de prestaciones legales, ya que Francia estaba en guerra y los franceses también eran requisados.

En Argelia, las mujeres, los niños y también los inválidos fueron enviados a varios campos: Carnot (Orleansville) o Molière eran los más conocidos. Los combatientes iban a Boghar y Boghari, donde eran alistados para satisfacer las necesidades de mano de obra de la potencia ocupante. Su fuerza de trabajo fue utilizada principalmente para renovar caminos en la región de Constantina y para explotar las minas de carbón y de manganeso en el sur de Orán.

Los dirigentes de la Tercera República Francesa deciden entonces conectar las minas de Kenadsa, situadas al sur de Orán, con los ferrocarriles marroquíes. Dos mil republicanos españoles y miembros de las Brigadas Internacionales integran la Compañía General Transahariana para construir las vías en el desierto. En su libro “Camps de travail sous Vichy” (“Campos de trabajo bajo el gobierno de Vichy”, editorial Les Indes Savantes, que se publicará en francés en junio de 2021), Peter Gaida publica el testimonio de uno de ellos, internado en el campo de Colomb-Béchard, en Argelia:

“Nos enviaron a cuatro kilómetros del oasis para quitar la arena de una enorme duna petrificada de más de 2.000 metros de largo. La temperatura era asfixiante, más de 40º a la sombra, el agua era escasa y estaba caliente. Así comenzaron las disenterías, las crisis de paludismo, los vómitos y los fuertes dolores de cabeza”.

Luego del armisticio del 22 de junio de 1940, el gobierno de Vichy en el poder pone en marcha un viejo sueño colonial: la edificación de un ferrocarril estratégico, el transahariano, también llamado “Mediterráneo-Níger”. La idea es conectar las colonias de África del Norte con las de África occidental, o más bien, las capitales de ambos imperios coloniales, Argel y Dakar. Vichy emprende entonces la construcción de un enlace ferroviario de 3.000 kilómetros en pleno desierto. Pero los objetivos son múltiples: la cuestión también es transportar tropas militares, materiales y carbón explotado en Marruecos. Además, existe un proyecto en África Occidental para irrigar el río Níger y crear un cultivo de algodón gigantesco, para que Francia pudiera independizarse de los británicos. Para ello se necesitaba un ferrocarril que llegara hasta Argel.

Se trataba de una obra colosal, y estaba dividida en tres fases: la construcción de un eje Orán-Gao, bordeando el Níger; un segundo eje de Gao a Bamako, y un tercero que llevaría la línea ferroviaria hasta Dakar.

La mano de obra es ideal: las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros (Groupements de Travailleurs Étrangers, GTE, sucesores de los CTE) disponen de un marco legislativo represivo, una sutil alianza entre el colonialismo y el fascismo. En Marruecos, Túnez y Argelia se crean campos de internamiento. Pero los republicanos españoles no son los únicos que serán enviados a las diferentes construcciones: “Desde los campos franceses, como el de Vernet, serán deportados a los de África del Norte, en barco, anarquistas y comunistas franceses, miembros de las Brigadas Internacionales y personas con perfiles muy diversos. Para Vichy ‘se trata de bocas inútiles y de brazos necesarios’”, explica Peter Gaida.

Además, varios miles de judíos son excluidos del ejército francés y asignados a las Agrupaciones de Trabajadores Israelitas (Groupements de travailleurs israélites, GTI). “En los campos también hay norafricanos, principalmente líderes de movimientos nacionalistas en Túnez y en Argelia. Así que hay una población bastante mixta, e incluso hay rastros de judíos alemanes y de yugoslavos”, comenta Gaida.

En la región de Orán, los detenidos políticos considerados como peligrosos son internados en los campos de Djelfa, Djeniene Bourezg o Hadjerat M’Guil. “En total hay seis campos dedicados a la represión”, comenta Eliane Ortega Bernabeu. “Son campos de la muerte, como los llamaban los republicanos internados. Entre 1940 y 1942, en Berrouaghia, todos los indicadores que hemos podido registrar demuestran que fallecieron al menos 750 personas de hambre, de frío o de las sevicias”.

Los reclusos sufren castigos, vejámenes y torturas. “El campo de Meridja [en Argelia] cerró después de que los republicanos hicieran una huelga de hambre para protestar contra los actos de tortura. En realidad, fue reabierto por Vichy un poco más al norte, con el nombre de Ain el-Ourak”, continúa Eliane Ortega Bernabeu. La construcción del transahariano, por su parte, se interrumpe: solo se construirán 62 kilómetros de vías.

En Túnez, las condiciones en los campos parecen apenas más clementes que en Argelia o en Marruecos. La mitad de las 4.000 personas que llegaron en 1939 volvieron a España, luego de una promesa de amnistía formulada por Franco. Victoria Fernández, hija de un republicano español exiliado en Túnez, relata:

“Según mis investigaciones, luego de su vuelta a España, fusilaron por lo menos a 25, y los otros vivieron en condiciones extremadamente difíciles. De los 2.000 que permanecieron en Túnez, una parte importante fue enviada a campos en la región de Kasserine, donde trabajaron en plantaciones hortícolas y de árboles frutales, o para diversas empresas”.

En numerosas ocasiones se han reportado maltratos, sobre todo en la región de Gabès. “Además, enviaron a 300 marinos republicanos al desierto, al sur del país. Politizados y refractarios, eran aún más indeseables que los otros”, continúa Victoria Fernández. Paralelamente, unos 5.000 hombres tunecinos de confesión judía serán asignados a trabajos forzados, en distintos campos, cerca de las primeras líneas.

El desembarco de los aliados en África del Norte en noviembre de 1942, conocido con el nombre de “Operación Torch”, reconfigura la situación: la incertidumbre se instala en el gobierno francés, y los generales Henri Giraud y Charles de Gaulle se disputan el control de Argelia y de Marruecos. En Túnez ingresa la Wehrmacht, que permanecerá seis meses: “Durante ese período de ocupación alemana, una parte de los republicanos españoles huyeron hacia Argelia, los otros intentaron disimular su identidad. Los que fueron atrapados fueron enviados a los GTE, en la región de Kasserine”, explica Victoria Fernández.

Otros republicanos hacen el camino inverso desde Argelia y Marruecos. Peter Gaida escribe: “Les proponen firmar un contrato de trabajo, volver, o tomar las armas. Así que muchos se alistan en las fuerzas vinculadas a la Francia Libre, y atacan a las fuerzas alemanas en Túnez. Luego de la partida de la Wehrmacht del país, algunos desembarcan en Sicilia, y volvemos a encontrar rastros suyos en las fuerzas de la Francia Libre en Provenza. De modo que, luego de ser refugiados de la Guerra Civil Española, de haber sido internados por la Tercera República y de haber sido trabajadores forzados bajo el gobierno de Vichy, terminan combatiendo por la liberación de Francia. Un destino pocas veces valorado, del que son víctimas y a la vez héroes”.

En 1943, una parte de los republicanos españoles partió hacia Casablanca, antes de embarcar para México o América del Sur. “Otros se quedaron, como mi familia. En realidad, pensaban que Franco terminaría siendo depuesto, dormían con la valija debajo del colchón”, recuerda Eliane Ortega Bernabeu. Su nacimiento en Orán en 1954 coincide con el comienzo de la guerra de liberación nacional en Argelia:

“No soy una pied-noir, en primer lugar porque es un término colonial, pero también porque no soy francesa. Soy una española de Orán. Los republicanos llevaban consigo los valores democráticos, así que se oponían firmemente al colonialismo. Para ellos, la explotación de un pueblo por otro era un horror. Mucho más tarde, me di cuenta de que mi padre pagaba su cuota en el Frente Nacional de Liberación. Él y los otros veían la pobreza de los indígenas, la explotación, la tortura. Automáticamente se adhirieron a su combate”.

Los españoles que quedaron en Túnez terminaron yéndose, principalmente debido a problemas económicos. La última ola dejará el país tras la muerte de Franco, cuando España reconoció su servicio en la marina.

—Laurent Perpigna Iban, https://orientxxi.info/magazine/el-infierno-de-los-republicanos-espanoles-exiliados-en-africa-del-norte,4683

1 de mayo de 1946 en Argel. Los republicanos españoles desfilan junto a los obreros argelinos contra la explotación capitalista y por la liberación colonial

Los revolucionarios siempre molestan

Este mes de abril se cumplen veintinueve años del asesinato de Chris Hani (10 de abril de 1993), secretario general del Partido Comunista Sudafricano y líder de la organización militar del CNA. Un asesinato nunca investigado a fondo y que se saldó con la detención y condena de un par de monigotes de extrema derecha sin querer ir más allá en las responsabilidades políticas, ya que éstas podrían poner al descubierto una inmensa trama tanto nacional como internacional involucrada en la “transición” sudafricana. Transición que dejó incólume el poder económico de los colonialistas blancos y así después de veintisiete años de teórica democracia, la vida de millones de proletarios negros no ha cambiado substancialmente.

¿En qué contexto mundial fue asesinado Hani?

La intervención de Chevardnadze, Ministro de Asuntos Exteriores de la URSS en 1988 en la Asamblea General de la ONU dejó claro que “los desacuerdos ideológicos deben ser excluidos de la política exterior y de la diplomacia” (1).

O en la entrevista concedida a Pravda por el académico Primakov, Presidente del Instituto de Relaciones Internacionales del PCUS con motivo del Encuentro Internacional “Asia-Pacífico: Diálogo, paz, cooperación” en relación a Kampuchea y Sudáfrica: “Somos partidarios de la reconciliación nacional y de la formación de gobiernos de coalición”.

A finales de octubre de 1988, M.Khatchatourov, vicepresidente de la agencia Novosti integrante de una delegación soviética en una gira por África austral, “rechazó la teoría “del todo o nada” en la lucha contra el apartheid y respaldó las negociaciones entre el Presidente Botha y los dirigentes africanos” (2). Obtuvo una respuesta de un editorialista del periódico zimbabuense The Herald: “Parece que la posición de la Unión Soviética ya no coincide con la posición de África sobre el aislamiento de Sudáfrica. Por el bien de la paz mundial, África debería capitular ante un apartheid reformado. Nuestro eminente colega parece olvidar que el régimen del apartheid se niega a abandonar el racismo” (3).

Andrei S. Pokrovski, responsable de los países de África austral en el Instituto de Estudios Africanos de Moscú afirmaba: “El gobierno de África del Sur y la ANC (Consejo Nacional Africano) aceptan que deben encontrar una solución al problema del apartheid. Las condiciones están a punto de florecer por la apertura de conversaciones aunque no haya unidad entre negros y blancos… El problema de la libertad de la población negra no puede resolverse de golpe, debe ser por etapas” (4).

La Unión Soviética en 1988 estableció relaciones diplomáticas de bajo nivel con Sudáfrica y firmó un acuerdo por cinco mil millones de dólares con la gigantesca empresa diamantífera De Beers, pese a la retórica de Moscú de adhesión a las sanciones y su apoyo al CNA.

En julio de 1991, EEUU decidió eliminar la Ley Anti-Apartheid. La OUA consideró en admitir a Sudáfrica, mientras que Kenia y Madagascar anunciaron que mejorarían los lazos comerciales y de transportes con Pretoria “como un gesto en apoyo a De Klerk”. La Comunidad Europea levantó su proscripción voluntaria sobre nuevas inversiones en Sudáfrica. Igualmente actuaron Dinamarca y Suecia.

En 1992, el gobierno sudafricano perpetró dos grandes masacres de población civil negra: La Masacre de Boipatong el 17 de junio y la Masacre de Bisho que tuvo lugar el 7 de septiembre con un resultado de centenares de asesinados (5)(6).

Este hecho llevó a que se suspendieran temporalmente las negociaciones entre gobierno y CNA, pero además en el interior del CNA se iban imponiendo las posiciones que reclamaban la vuelta e intensificación de la lucha armada contra el régimen del apartheid. Posiciones encabezadas por Chris Hani y Winfreda Madikizela “Winnie”. A pesar de ello Mandela y De Klerk suscribieron un “Registro de Entendimiento” el 26 de septiembre de 1992, según el cual ambas partes volverían a las negociaciones en marzo de 1993 para acordar un consenso en la participación de la transición y formular principios constitucionales.

Pero la oposición de una cada vez mayor de la militancia del CNA, de su brazo militar y del Partido comunista, ponían en tela de juicio la bondad de dichas negociaciones, tal como se constató posteriormente. Y es en este contexto que se produce el asesinato de Chris Hani cuyo papel político y líder en la lucha contra el apartheid ya estaba a punto de superar a Mandela.

Así, con el camino despejado, el 15 de octubre de 1993 se concedió el Premio Nobel de la Paz al presidente del CNA, Nelson Mandela y al presidente de Sudáfrica, Frederik De Klerk. Y el 18 de noviembre se firmó una constitución interina y un plan quinquenal para un gobierno de unidad nacional a elegir en 1994 (7).

Constitución que permitiría a los negros expulsados de sus hogares bajo el apartheid solicitar un pequeño pago gubernamental en concepto de reparación. Pero garantizaba a los propietarios de tierras y las empresas de los blancos que el gobierno no tomaría sus propiedades sin indemnizarles totalmente, y afectando solamente aquellas tierras o minas que estuvieran abandonadas, con lo cual daba protección constitucional a los que disponían la mejor y mayor parte de la riqueza del país. También, se garantizaba a los blancos que tendrían una cantidad mínima de escaños en los consejos municipales, sin importar cuán pequeño fuera su porcentaje de votos. Y acuerdos informales garantizaban que el ejército, la policía y la burocracia permanecerían en manos de la minoría blanca con el objetivo de impedir que los opositores de los acuerdos utilizaran la lucha armada.

Nabandle Nomzamo Winfreda Madikizela ‘Winnie’

También este mes de abril es el cuarto aniversario del fallecimiento de Nabandle Nomzamo Winfreda Madikizela “Winnie” (2 de abril de 2018) que como Hani criticó el acuerdo de Nelson Mandela con los dirigentes blancos para poner fin a la segregación en Sudáfrica: “Mandela nos abandonó, el acuerdo es malo para los negros”. Estas palabras de Winnie la convirtieron en un estorbo para el CNA. «Ella nos dio su vida y compromiso. Ella no traicionó nuestra lucha», dijo Jessie Duarte, vicesecretario general del Congreso Nacional Africano a raíz de su fallecimiento (8).

El veterano de la lucha Kingsley Makhubela considera a Madikizela una figura “que fue deshumanizada y tratada injustamente, pero estoy feliz de que la gente esté empezando a juzgarla muy justamente”. Lindiwe Hani, hija de Chris Hani, dijo que ayudó a empoderar a las mujeres de Sudáfrica. «Umama Winnie no necesita defensa. Sus acciones son la razón por la que puedo estar aquí como una mujer negra independiente, fuerte y sin complejos. No solo mantuvo el fuego del hogar encendido, recogió la leña y encendió el fuego. No tenía miedo» (9).

Frente a un Nelson que aceptó dejar las tierras y las minas sudafricanas en manos de la minoría blanca, se erigió una Winnie que mantuvo, alto y claro, que el apartheid no desaparecería mientras la riqueza del país siguiera concentrada en manos de la minoría. Exigía una nacionalización sin compensaciones de las tierras que los arrendadores blancos les habían expoliado.

A riesgo de granjearse la cólera de sus compañeros de partido, se convirtió en la portavoz de millones de sudafricanos que, desde sus chabolas, acusaban a los altos cargos del CNA de haberse aliado con la oligarquía blanca para poder explotarlos mejor. La voz de Winnie tenía más autoridad que ninguna para juzgar la acción de los dirigentes en las zonas más pobres. De ahí que gozara de tanta popularidad entre los más desfavorecidos, a pesar de las campañas de destrucción mediática y difamación no solamente en Sudáfrica, sino en todo el mundo occidental. Tan solo basta con leer los denigrantes panfletos escritos en todos los periódicos españoles, europeos y norteamericanos a raíz de su fallecimiento.

En una entrevista concedida al periodista francés François Soudan en septiembre de 2017, Winnie declaraba: “Mandela y yo hemos tenido numerosos desacuerdos. Desde el principio, él y sus allegados han cometido errores en las negociaciones sobre el poder de los blancos, errores cuyo precio estamos pagando ahora. Por ejemplo, el problema de las tierras. ¿En nombre de quién deberíamos pagar para volver a comprar lo que nos arrebataron a la fuerza? Y, ¿con qué dinero? El capital aún está en manos de la minoría blanca. No ha cambiado nada”.

Winnie tenía razón, puesto que más de un cuarto de siglo después de la abolición del apartheid, Sudáfrica seguía y sigue siendo propiedad de la minoría blanca: controla más del 73 % del territorio y casi la totalidad de las minas. El paro afecta al 35 % de la población, básicamente negra y a más de un 50 % de sus jóvenes.

Julius Malema, el exdirigente de la Liga Juvenil del CNA, que fue destituido por exigir la nacionalización de las tierras y de las minas concentradas en manos de la oligarquía, le rindió homenaje con estas palabras: «Ya que Mama Winnie, vivía con su pueblo y ya que nunca lo ha traicionado, le fue otorgado el título de Madre de la Nación. Alguien que jamás miró por encima del hombro a los negros y a las masas pobres” (10).

Dulcie Evonne September

Unos años antes, el 29 de marzo de 1988 fue asesinada en París la representante para Europa del Consejo Nacional Africano, Dulcie Evonne September. ¿Por qué fue asesinada? ¿Quién se benefició de su asesinato? ¿Por qué sus asesinos andan libres? ¿Por qué nunca el nuevo gobierno sudafricano ha abierto una investigación al respecto después de tantos años?

El impresionante trabajo de investigación periodística “Apartheid Guns and Money: A tale of profit“ (11), de Hennie van Vuuren revela que el asesinato de Dulcie intenta enmascarar una red de traficantes de armas, espías, políticos, corporaciones y banqueros.

Tras el asesinato de Dulcie September, el CNA se apresuró a instalar a un nuevo hombre en su antiguo puesto. Solly Smith, también conocido como Samuel Khanyile, que debía continuar el trabajo de Dulcie, pero posteriormente se averiguó que era un agente del Gobierno sudafricano. ¿Se colocó un agente doble en su oficina inmediatamente después de su asesinato para deshacer todo su trabajo de investigación del siniestro mundo de los políticos, espías, traficantes de armas y banqueros?

Según los documentos de archivo encontrados por Open Secrets aportan importantes pistas así como las notas personales de Dulcie September que no fueron confiscadas por las agencias de inteligencia y los agentes dobles. A través de ellas se confirma que investigaba las turbias redes de especuladores enriquecidos con el apartheid. Las pruebas actuales sugieren que Dulcie estaba investigando partes de esta siniestra trama poco antes de su asesinato. Si hubiera tenido éxito, las consecuencias habrían sido nefastas para empresarios, plutócratas, banqueros y políticos por igual, tanto de Sudáfrica como de Europa.

El papel de Dulcie September en la lucha ha sido borrado por muchos. No puede decirse lo mismo del empresario, banquero y político racista belga André Vlerick, profesor de economía en la Universidad de Lovaina y en la de Gante. Fundador de Protea (12), una organización belga de extrema derecha pro-apartheid que vendía armas al gobierno sudafricano y blanqueaba el dinero de dichas ventas a través del KredietBank (13). Además de Protea en Bélgica, creó “organizaciones hermanas” en Austria, Gran Bretaña, Dinamarca, Francia, Italia, Países Bajos, Suiza y Alemania Occidental. Y sin embargo su nombre figura actualmente entre los destacados prohombres belgas, sin el menor rubor, a imagen y semejanza de Leopoldo II, el gran genocida del Congo.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC) convocó en su momento una audiencia institucional especial de tres días sobre la colaboración del sector empresarial con el régimen del apartheid, incluido el suministro de armas, bienes y servicios utilizados con fines represivos. Aunque la CVR constató que «la mayoría de las empresas se beneficiaron de operar en un contexto racialmente estructurado» no se tomó ninguna medida al respecto, y con ello se enterraba definitivamente cualquier investigación sobre el asesinato de Dulcie Evonne September.

Como otros muchos revolucionarios en cualquier parte del mundo, o tan sólo personas que han intentado luchar sin descanso contra la explotación y el stato quo, sus nombres han sido denigrados o borrados de la memoria. Estas pequeñas líneas sirvan para denunciar la propaganda capitalista y rendir un pequeño homenaje a quienes no se han rendido y recuperar su memoria.

(1) Pravda 28 de septiembre de 1988
(2) Sunday Mail. Harare, 23 de octubre 1988
(3) The Herald, Zimbabwe, 27 de octubre 1988
(4) Alain Gresh. La diplomatie soviétique à l’épreuve. Le paix des grands, l’espoir des pauvres. La Découverte.1989. Pág. 165
(5) https://www.sahistory.org.za/article/boipatong-massacre-17-june-1992
(6) https://www.sahistory.org.za/article/bisho-massacre-1992
(7) El Fin Del Apartheid En Sudafrica. Augusto Hernández Campos. Profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.
(8) https://www.aa.com.tr/es/mundo/miles-de-sudafricanos-rinden-tributo-a-winnie-mandela/1115419
(9) https://www.voanoticias.com/noticias-internacional/madikizela-mandela-continua-su-lucha
(10) https://www.investigaction.net/fr/winnie-mandela-portrait-interdit/
(11) https://www.hurstpublishers.com/book/apartheid-guns-and-money/
(11) https://www.dailymaverick.co.za/article/2017-08-28-declassified-apartheid-profits-andr-vlerick-banker-and-bigot/
(12) https://derijkstebelgen.be/nieuws/kb-lux-en-verborgen-kant-andre-vlerick

 

 

Los nazis no pudieron descifrar los códigos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, los oficiales soviéticos de cifrado fueron uno de los activos humanos de combate más importantes y los nazis estaban desesperados por capturarlos. “Quien capture a un oficial de cifrado ruso o incaute equipo criptográfico ruso recibirá una Cruz de Hierro y vacaciones en casa, trabajo en Berlín, y después de la guerra una finca en Crimea”, podía leerse en una orden emitida por Adolf Hitler en agosto de 1942. Esa orden nunca llegó a buen puerto.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los rompecódigos enemigos fueron incapaces de leer un solo mensaje cifrado soviético de los que lograron interceptar. El sistema de cifrado podría ser vulnerable sólo en un caso: si los descifradores tuvieran acceso al equipo de cifrado o a las claves del cifrado. Sin embargo, los oficiales soviéticos de cifrado se comportaron como verdaderos héroes y los códigos no estuvieron en peligro en gran medida gracias a su coraje.

En su artículo “La protección de la información de los partisanos soviéticos durante la Gran Guerra Patria”, el especialista en criptografía ruso, Dmitri Larin, dice que “de acuerdo con las instrucciones recibidas, los oficiales soviéticos de cifrado recibían protección fiable, además, normalmente tenían un bote con gasolina cerca y una granada siempre a mano, para que si el enemigo se acercaba pudieran destruir los documentos, el equipo y a sí mismos”.

Se lanzó una verdadera cacería de oficiales soviéticos de cifrado para obtener sus equipos y códigos. Como resultado, muchos de ellos resultaron muertos. El historiador ruso, V. A. Anfilov, escribe que “los criptógrafos de la embajada de la URSS en Alemania fueron los primeros en ser atacados. El 22 de junio de 1941 lograron quemar con urgencia lo más importante que poseían: los códigos”.

“Aquel mismo día, las SS irrumpieron en el edificio de la Embajada soviética en Berlín. El oficial de cifrado de la misión comercial soviética, Nikolai Logachov, se las arregló para atrincherarse en una de las habitaciones y quemó todos los códigos, apenas logrando mantenerse consciente en mitad del denso humo creado. Los nazis consiguieron echar la puerta abajo, pero era demasiado tarde: todos los códigos habían sido destruidos. Logachov fue capturado, pero luego fue intercambiado por empleados de las misiones diplomáticas alemanas en Moscú”.

Los oficiales de cifrado mostraron un verdadero heroísmo protegiendo los códigos. La trágica historia de la muerte de la operadora de radio, Elena Stempkovskaia, fue publicada en el periódico del Ejército Rojo: “Los alemanes se dirigieron al puesto de mando del batallón. Se fijaron en la operadora de radio y corrieron hacia ella. Elena cogió una carabina… mató a dos alemanes. Pero los nazis se abalanzaron sobre Stempkovskaia y la capturaron. Los nazis torturaron a la joven durante toda una noche, pero Elena se mantuvo callada. La obligaron a caminar por las calles, mientras se burlaban de ella y entonces le cortaron las manos”.

Cada mensaje enviado en el frente tenía un código separado desarrollado exclusivamente para este que nunca se repetía. Como el enemigo no tenía acceso a ese sistema de cifrado, prácticamente nunca pudo descifrar las comunicaciones soviéticas de primera línea.

El cifrado se utilizó para transmitir todas las comunicaciones secretas durante la guerra: el cuartel general del Ejército recibía hasta 60 telegramas diarios, mientras que en el cuartel general del frente la media fue de hasta 400 telegramas diarios.

En el frente, se utilizaron máquinas de cifrado y telefonía secreta. La máquina de cifrado M-101 Izumrud (Esmeralda), creada en 1942, era considerada el dispositivo criptográfico más fiable, por lo que se utilizaba para cifrar mensajes de especial importancia.

Además de la Izumrud, los oficiales soviéticos de cifrado en el frente también usaban la máquina Sobol-P. Según el historiador Dmitri Larin, ese era el dispositivo más sofisticado para la transmisión segura de información, y no tenía equivalentes en el extranjero. Los primeros dispositivos se enviaron a Stalingrado. Las Sobol-P permitieron establecer comunicación a través de un canal de radio en lugar de las líneas telefónicas, que podían ser fácilmente destruidas o interceptadas por el enemigo. Descifrar un sistema de cifrado de voz para comunicaciones de radio cerradas era extremadamente difícil.

En sus memorias, famosos comandantes de la Segunda Guerra Mundial escribieron que sin los criptógrafos no habrían ganado las batallas. El comandante militar soviético, Gueorgui Zhukov, conocido como “el mariscal de la Victoria”, escribió que el excelente trabajo de los oficiales de cifrado le había ayudado a ganar más de una batalla, mientras que el mariscal Iván Konev, que liberó Ucrania, Moldavia, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia y participó en las operaciones de Berlín y Praga, escribió en sus memorias: “Debemos rendir homenaje a nuestro equipo y a nuestros encargados de comunicaciones, que aseguraron estas y en cualquier situación acompañaron literalmente a cada paso a cualquiera que se suponía debía utilizarlas”.

https://es.rbth.com/historia/83771-nazis-no-pudieron-descifrar-codigos-sovieticos-segunda-guerra-mundial

Dos películas contra la caza de brujas que merece la pena recordar

La película Punto de mira (“One of the Hollywood Ten”), se estrenó en 2001 y fue escrita y dirigida por el galés Karl Francis. Actualmente se puede ver en Amazon.

Centrada en la caza de brujas organizada por el senador estadounidense Joseph McCarthy, relata la carrera artística del director Herbert J. Biberman, que formó parte de los llamados “Diez de Hollywood”, un grupo de cineastas acusados de pertenecer al Partido Comunista.

En 1947 la Comisión de Actividades Antiamericanas empezó a investigarle, y cuando se negó a responder a las preguntas sobre su afiliación al Partido Comunista, Biberman acabó en prisión durante 6 meses por defender sus convicciones antifascistas.

Biberman formó parte de las listas negras de Hollywood junto a su esposa, la actriz Gale Sondergaard y obtuvo notoriedad a raíz de su obra maestra “La sal de la tierra”, una película de 1954.

“Punto de mira” arranca con la ceremonia de entrega de los Oscar de 1937, en la que Sondergaard gana el premio a la mejor actriz de reparto y en la ceremonia pronuncia un discurso contra el fascismo, inédito en la época más dorada de Hollywood.

Tanto Biberman como Sondergaard fueron represaliados y perseguidos, personal y profesionalmente. El rodaje de “La sal de la tierra” tuvo que superar una cadena de sabotajes, tanto de la industria cinematográfica, como del FBI, que puso en pie a una banda de matones para impedir la realización de la película.

La actriz protagonista, la mexicana Rosaura Revueltas, fue deportada y la persecución se extendió al guionista, al productor, al compositor y al actor Will Geer.

La película relata una huelga que protagonizaron los mineros de Nuevo México, una dura y amarga batalla en la que las mujeres desempeñaron un papel decisivo.

La censura no pudo impedir que “La sal de la tierra” acabara siendo uno de las pocas películas preservadas por la Librería del Congreso de los Estados Unidos por su importancia histórica y cultural.

Para ver ‘Punto de mira’

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Para ver ‘La sal de la tierra’

Se cumplen 81 años del atentado contra el periódico del Partido Comunista de Suecia

El 3 de marzo de 1940 tuvo lugar el atentado en la ciudad de Lulea, 900 kilómetros al norte de Estocolmo, a orillas del mar Báltico. Los explosivos de trotyl estallaron a las 3 de la madrugada. Destruyeron totalmente las instalaciones de la imprenta del “Norrskensflamma” (La Luz de la Aurora Boreal).

De la gente que estaba en las instalaciones algunos se salvaron, pero 5 personas murieron en el incendio. Las víctimas mortales fueron el miembro del comité central Arthur Hellberg y su esposa Alice con su hija de 8 años Maj. También murió la cajera de la juventud comunista Svea Granberg y su hijo de 12 años Torgny.

El esposo de Svea, Valdemar Granberg estaba en Storsien donde había un campo de trabajo forzado para presos políticos donde en esa época tenían confinados a comunistas y sindicalistas considerados un peligro para las concesiones que Suecia le daba a la Alemania nazi.

Los que hicieron el atentado fueron 5 personas, un periodista del diario de derecha Norrbottenkuriren, 3 subtenientes y un soldado, todos nazis. Luego fueron condenados a 6 y 7 años. Uno de ellos murió en la cárcel en 1941 y los otros fueron indultados en 1944 y 1945. Sin embargo, los autores intelectuales y que organizaron el atentado como el fiscal y jefe de policía de Lulea Ebbe Hallberg no fueron juzgados.

El atentado fue parte del ataque a los comunistas en Suecia en esa época. Los comunistas tenían que ser silenciados a cualquier precio. Tenían lugar persecuciones, razias y confinamientos en campos de trabajo forzado entre otras cosas. Tanto la prensa de derecha como la socialdemócrata alentaban los ataques contra los comunistas.

Incluso después del atentado se burlaron de las víctimas y un diario de derecha lo califico de auto atentado. En ese momento Finlandia era aliada a la Alemania nazi y estaba en guerra con la Unión Soviética. Finlandia tenía como presidente a Kyosti Kallio, el primer ministro era Risto Ryty y estaba bajo el mando militar del mariscal Gustav Mannerheim quien durante la guerra civil en Finlandia en 1919 asesinó a infinidad de trabajadores, comunistas y socialistas.

El 30 de noviembre de 1939 la Unión Soviética había atacado Finlandia para asegurar el área que rodeaba a Leningrado y defender así la ciudad ante el seguro ataque de la Alemania nazi. Fue lo que se llamó la guerra de invierno, vinterkrig. Duró del 30 de noviembre de 1939 al 13 de marzo de 1940. En Suecia estaba la campaña para alistar voluntarios para lucha contra la Unión Soviética en dicha guerra de invierno a la que, por supuesto, los comunistas suecos se oponían. Los autores del atentado habían sido voluntarios a la guerra contra la Unión Soviética.

En el centro de Lulea se inauguró en 1998, casi 60 años después del atentado, un monumento a las victimas realizado por la artista Toivo Lundmark.

https://suramericapress.com/81-anos-del-atentado-al-periodico/

Cambiar mucho para que nada cambie

En el momento en que Zbigniew Brzezinski era el director de la Comisión Trilateral encargó un informe a tres sociólogos: Michel Crozier, fundador y director del Centre de Sociologie des Organisations, París, director de investigación del Centre Nationale de Recherche Scientifique, Samuel P. Huntington, director asociado del Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard, y Joji Watanuki, Profesor de Sociología de la Universidad de Sophia, Tokio (1). Uno europeo, otro norteamericano y otro japonés, para disponer de un análisis global después de las movilizaciones y revueltas de 1968-69 en Europa, América y Asia que aglutinaron millones de personas, y que momentáneamente crearon un cierto pavor entre las clases dominantes ya que intuían una cierta pérdida del control social. Las élites mundiales se interrogaban como gobernar unas sociedades en las cuales la autoridad de gobiernos, partidos políticos mayoritarios y sindicatos se percibía con hostilidad, y perdían legitimidad. Estaban preocupados.

Y, como cosa lógica, cuando uno está preocupado, intenta indagar los motivos de dicha preocupación, lo cual sabe hacer muy bien el capital a diferencia de las organizaciones obreras que casi siempre han preferido esconder la cabeza bajo el ala, ya sea por incapacidad, ya sea por miedo, o ya sea por dogmatismo o burocratismo.

Dicho informe tenía por título “La crisis de la democracia. Informe sobre la gobernabilidad de las democracias para la Comisión Trilateral” (The Crisis of Democracy. Report on the Governability of Democracies to The Trilateral Commission) (2).

Junto a un cambio cultural se desencadenaba la llamada “crisis del petróleo” con un incremento del desempleo, aumento de las demandas sindicales obreras y demandas sociales de la clase media.

Una de las consideraciones que según el informe cabría analizar era la posibilidad de que algunos procesos políticos debían mantenerse bajo el control de los expertos, ya que según su opinión, en muchas ocasiones, la autoridad debe provenir de la jerarquía, de la experiencia y del conocimiento de determinados sectores, y no del debate público. Que hoy se identifica con el simplismo de los “expertos en salud”.

Las élites mundiales preocupadas

En la década de los 60 se produjeron las independencias formales de la mayoría de países africanos, con especial relevancia la independencia de Argelia (1962) después de una tenaz lucha del pueblo argelino y un genocidio nunca reconocido por Francia. A raíz de estos cambios geopolíticos, las enormes riquezas del continente africano ya no quedaban a total disposición de los países coloniales, aunque conservasen parte importante de las mismas tenían que realizar un cierto reparto con los nuevos gobernantes. La consecuencia para Europa fue una merma de sus ingresos anteriores fruto del saqueo total, y en relación con ello una insatisfacción a las demandas de sus ciudadanos a los que se les había prometido un constante aumento de sus niveles de consumo y la promesa de ascenso social.

Esta ruptura de las expectativas de los ciudadanos europeos, cuyo nivel de consumo se había realizado en una escala ascendiente desde el final de la segunda parte de la guerra mundial, junto a una cierta tolerancia hacia las organizaciones sindicales, cuya colaboración en la reconstrucción posbélica fue imprescindible para el capital, una parte importante de la clase obrera europea exigía con cierta fuerza mejoras en todos los ámbitos. En paralelo, la creación de una extensa clase media que prometía a sus hijos un futuro con ascenso en la escala social.

La conjunción de varios factores: reivindicaciones económicas de la clase obrera, multiplicidad de organizaciones ciudadanas, vecinales y profesionales, exigencia de ascenso social de las clases medias, una intelectualidad progresista emanada de la resistencia durante la guerra, y unos medios de comunicación todavía no controlados totalmente por las grandes corporaciones mediáticas, crearon las premisas de las explosiones sociales a finales de la década de los 60 que ponían en tela de juicio a gobiernos, sistemas productivos y sistemas educativos, con la consecuente pérdida de legitimidad de las élites nacionales e internacionales. Junto a ello un cierto sentimiento solidario con otras sociedades que, lejanas, se enfrentaban a la dominación imperialista (Cuba, Argelia, Vietnam, Laos, Camboya, Burkina Faso, Namibia, Angola, Mozambique, Colombia, Nicaragua, Guatemala…) rompiendo el consenso anterior que cerraba los ojos ante la depredación colonial.

En Estados Unidos el auge de la lucha por los derechos civiles contra la segregación, la rebelión de Watts (Los Ángeles) en 1965 (3), el asesinato de MalcolmX (1965); Martin Luther King (1968) y los dos hermanos Kennedy (1963 y 1968); el escándalo Watergate (1972). Y el aumento de la protesta contra la intervención en Vietnam que desde 1963 se fue incrementando mediante manifestaciones cada vez más numerosas con sabotajes a los transportes y ciertas producciones, ocupaciones de centros universitarios, bloqueos de carreteras y la resistencia al alistamiento militar con miles de deserciones, obligaron a suspender a principios de 1973 la Ley de Servicio y Entrenamiento Selectivo vigente desde 1940, un reclutamiento obligatorio para llenar las vacantes en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que no podían cubrirse por medios voluntarios.

Asia

Aunque lo más conocido fue sin duda la intervención de Estados Unidos en Vietnam, Laos y Camboya, en Asia, durante los sesenta se producía una movilización social en varios países fruto de diversos factores, pero seguramente el mayor de ellos tuvo que ver con la guerra de Vietnam cuyo momento culminante coincidió en solidaridad con la Ofensiva del Tet del Frente de Liberación de Vietnam en 1968 y en repulsa a la presencia de las tropas norteamericanas en el sudeste asiático.

En Japón, a principios de la década de los 60, un movimiento popular y estudiantil intentó evitar la ratificación del Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón y una organización estudiantil escindida del Partido Comunista de Japón consiguió el control de la Federación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles. El 15 de enero de 1968, Día de la Juventud, una gran marcha se dirigió al puerto de Sasebo, en Negasaki, para rechazar la escala del portaviones norteamericano «Enterprise». Este mismo año una gran manifestación bloqueó el aeropuerto de Tokio para impedir que el primer ministro viajara realizara un viaje oficial a Vietnam del Sur en plena ocupación militar estadounidense. Ando Norisuke, estudiante de doctorado en pedagogía en la Universidad de Tokio, publicó un libro titulado “Teoría de la revolución estudiantil” en el describe que “las luchas universitarias que se desarrollan actualmente en todo el Japón y cuyo punto culminante se sitúa en la lucha de Todai y Nichidai sobrepasan cualitativamente, por su amplitud y el nivel de sus reivindicaciones, todas las luchas reformistas entabladas hasta ahora” (4).

En junio de 1968, los estudiantes de la Universidad de Tokio, la universidad más selecta de Japón, y la Universidad Nihon, la mayor institución de educación superior del país, con aproximadamente una décima parte de la población total de estudiantes universitarios, crearon los “Consejos universitarios de lucha conjunta” (5). Según el libro de Dan Keisuke “Japón Hoy” (6), la policía en 1969 tomó el control de la Universidad de Tokio tras dos meses de ocupación de la misma por los estudiantes exigiendo una transformación del sistema educativo denunciando el autoritarismo en las relaciones profesor-alumno y la vinculación entre universidades y las grandes empresas.

En la India, la creación del movimiento Naxalita en el noroeste de Bengala e iniciado en 1967 por Charu Majumdar, Kanu Sanyal y Jangal Santhal, en el que participaron un gran número de campesinos, estudiantes y jóvenes indios en repulsa del latifundio, la explotación feudal y la humillación social por parte de terratenientes y prestamistas. En 1970 se funda la Federación de Estudiantes de la India por parte del Partido Comunista de la India (Marxista) que demandaba organizar a los estudiantes en defensa de mejoras al sistema educativo.

En Turquía, en 1965 se fundó la Federación de la Juventud Revolucionaria de Turquía, aglutinando a una parte importante del estudiantado que explotó en 1968 exigiendo mayor participación en la toma de decisiones estudiantiles. La Universidad Técnica de Medio Oriente (METU) en Ankara, fue una de las más activas políticamente manifestando una postura antiimperialista. En 1968, Robert Komer, quien prestó asistencia militar en Vietnam, fue nombrado embajador de los Estados Unidos en Turquía; el 6 de enero de 1969, ya como embajador, visitó a la METU, provocando que su vehículo fuera incendiado por los estudiantes. A causa de ello la METU estuvo cerrada durante siete meses, y la Universidad de Estambul por cuatro. Otro hecho relevante, fue la revuelta por la llegada de la Sexta Flota de Estados Unidos a Estambul.

En Paquistán, el Movimiento de 1968 fue parte de la protesta contra el régimen dictatorial de Ayub Khan. En febrero y marzo de 1968 se produjo una ola de huelgas en el país. El 13 de febrero, se izó la bandera roja en Lahore, y más de 25.000 trabajadores ferroviarios se manifestaron con el lema «Solidaridad con el pueblo chino: Destruye el capitalismo». En el distrito industrial de Faisalabad, la administración del distrito tuvo que solicitar el permiso de un líder sindical local Mukhtar Rana para el funcionamiento del transporte por carretera. Los trenes llevaban pancartas con mensajes revolucionarios por todo el país. Fue una respuesta a la explotación y la opresión que ensancharon el abismo entre ricos y pobres. Las protestas duraron hasta marzo de 1969 durante las cuales se movilizaron entre 10 y 15 millones de personas consiguiendo la renuncia del gobierno de Ayub Khan (7).

En Filipinas, como resultado de una ola de protestas por la política dictatorial de Ferdinan Marcos desde 1965 en que asumió la presidencia del país, en 1968 se funda el partido comunista de Filipinas tras el Congreso de Restablecimiento que rompía con la tradición del antiguo partido comunista (PKP-Lava), y en 1969 se creó el Nuevo Ejército del Pueblo.

En China, durante la undécima sesión del VIII Comité Central del 8 de agosto de 1966, se tomó la “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la Gran Revolución Proletaria”, cuyo documento guía (Declaración de los 16 puntos), partió del principio de que la burguesía derrotada, se valía de las ideas, de la cultura y los hábitos, para tratar de corromper a las masas y así, de nuevo, tomar el poder. Se proclamó “no hay que temerle al desorden”, incitando a aniquilar la dominación de los intelectuales burgueses y proponiendo transformar el sistema educativo colocando “la enseñanza al servicio de la política proletaria y combinar el estudio con el trabajo productivo”. Una revolución cultural que erizó no solamente a las élites capitalistas, sino también al llamado socialismo real.

América Latina

En América Latina, el asesinato de Ernesto Guevara en Bolivia en octubre de 1967 se convierte en un ejemplo que había de abrir conciencias y atraer a más combatientes. No es de desdeñar el papel jugado por los cambios operados en el seno de la Iglesia católica a raíz del Concilio Vaticano II y el impulso a la llamada teología de la liberación. En 1968 Paulo Freire redacta su libro “Pedagogía del oprimido”, que es la carta de nacimiento de la educación popular y el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez pronuncia una conferencia titulada “Hacia una teología de la liberación”, con la que nace esta corriente religiosa. En el terreno del pensamiento crítico, son los años de elaboración y difusión de la teoría marxista de la dependencia por los brasileños Ruy Mauro Marini y Theotonio dos Santos, y de la formulación de la teoría de marginalidad por Aníbal Quijano, José Nun y Miguel Murmis.

En toda la América Latina, la lucha de los estudiantes no es sino la faz más visible del descontento de las clases medias y populares. Las protestas obrero-campesinas tenían como base el tema de la distribución de la tierra y las supresiones de algunos beneficios de que disponían los obreros industriales. La rebelión estudiantil expresaba el descontento de las clases medias y urbanas empobrecidas.

En México, los movimientos estudiantiles de 1968 fueron el punto de llegada de más de una década de cambios sociales particulares en México que fueron confluyendo con las movilizaciones internacionales. Fue una vorágine de movilizaciones en respuesta a las formas culturales e institucionales vigentes en las cuales además de estudiantes universitarios, escuelas preparatorias y profesionales, se unieron profesores, obreros, amas de casa, sindicatos e intelectuales tanto de la Ciudad de México como del interior de la república (8).

En un momento culminante de las protestas sociales, el 2 de octubre de 1968, en México capital, en la Plaza de las Tres Culturas se produjo una matanza de más de 300 personas que representó el cénit de las detenciones masivas, arbitrarias e ilegales que se realizaron durante los meses anteriores, y por la planificación detallada de una masacre cometida por el Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia, creado para garantizar la seguridad de los Juegos Olímpicos, integrado por más de mil quinientos elementos de diferentes instituciones policiales y militares que se infiltraron vestidos de civiles en Tlatelolco (9).

En Chile, se estaba en vísperas de la campaña electoral que llevaría en 1970 a la victoria del candidato de la Unidad Popular, Allende. Ya en 1967, año de la Reforma Universitaria, el 11 de agosto amaneció con un lienzo en el frontis de la Casa central de la Universidad en el que se leía «El Mercurio miente» en una gran campaña de denuncia del papel que jugaban los medios de comunicación.

En Argentina, partir de 1964, la CGT aumentó su combatividad ocupando fábricas. El 15 marzo 1969, los estudiantes ocuparon las calles de Corrientes, donde uno de ellos fue asesinado por la policía. En Rosario, un joven obrero y un estudiante murieron de los tiros de la policía lo que provocó el alzamiento de la población. Tras la supresión de varios beneficios de los que gozaban los obreros cordobeses, el 15 de mayo, la población de Córdoba se enfrentó a la policía en una multitudinaria protesta que al día siguiente se transformó en huelga general. El 29 y 30 de mayo ocurrió el Cordobazo: obreros y estudiantes ocuparon el centro de la ciudad.

En Colombia, el enfrentamiento armado estaba ya consolidado y la muerte en combate del sacerdote Camilo Torres Restrepo, en febrero de 1966, atrajo a números integrantes hacia las distintas guerrillas. Al mismo tiempo una parte importante del campesinado de apartó de la tutela del Gobierno reformista de Lleras. En una clara ruptura con los terratenientes y también con el Gobierno que intentaba conciliar intereses antagónicos, se ocuparon 645 fincas de grandes propietarios durante 1970.

En Uruguay, en los cinco meses que transcurrieron entre la marcha del 1 de Mayo del 68 y la clausura de los cursos en la Universidad de la República, la Universidad del Trabajo y los colegios secundarios, decretada por Jorge Pacheco Areco el domingo de 22 setiembre, se produjeron: 56 huelgas, 40 ocupaciones, 220 manifestaciones y 433 atentados con cócteles Molotov, según cifras aportadas por Jorge Landinelli en su libro ‘1968: la revuelta estudiantil’. En mayo había 10 liceos ocupados, dos cerrados por huelga, tres cerrados por el Gobierno para evitar ocupaciones y los enfrentamientos con la policía eran casi diarios. En julio el Gobierno decretó la militarización de los funcionarios estatales de electricidad, agua, petróleo y telecomunicaciones que estaban en huelga y se produjo una confluencia entre obreros y estudiantes.

Este, a grandes rasgos es el panorama del “mundo occidental” periférico donde ya se avecinaba lo que posteriormente se denominó la “crisis del petróleo” de 1975. En octubre de 1973, los países árabes decidieron bloquear sus exportaciones de crudo a aquellos países que habían apoyado a Israel en la llamada guerra del Yom Kipur, que había tenido lugar en ese mismo mes. Esta estrategia, unida a un control de la producción, hizo subir el precio del petróleo de una forma espectacular a lo largo de los meses siguientes. Si antes del conflicto un barril valía, aproximadamente, 1,65 dólares, en 1974 el mismo barril cotizaba por encima de los 9 dólares. Este aumento, y los desequilibrios que la economía norteamericana y europea venían arrastrando, desataron una grave crisis económica caracterizada por la existencia simultánea de estancamiento e inflación. Aunque el embargo petrolero sólo duró seis meses, con el fin de hacer frente al fenómeno inflacionista se desencadenó una epidemia de alzas de tasas de interés de los bancos centrales que encareció los créditos, provocó una reducción en el crecimiento económico y aumentó el desempleo en Occidente.

Con respecto a España, un detallado análisis del papel de la Trilateral en la denominada transición, fue publicado por Aquilino González Neira en 1983 en el monográfico nº 17 de “España Crítica” con el nombre de. “El supergobierno del mundo. La Trilateral manda en España”.

Las crisis económicas, no son por sí mismas suficientes para que el capitalismo se derrumbe. La mortalidad del sistema no vendrá impuesta por las fuerzas derivadas de sus crisis. Hay que tener en cuenta la capacidad de respuesta que exhibe el capitalismo, con su aptitud y su disposición –varias veces demostradas- de captar la enseñanza de sus reveses y percances, para así perfeccionar su estrategia de conservación aplicando diversas soluciones a problemas derivados de su esencia y funcionamiento.

“De acuerdo con una estrategia fundada en la asimetría que exhibe el propio sistema globalmente: las tendencias de las crisis en las economías centrales son resarcidas o atenuadas por las contratendencias de las crisis exportadas a las economías periféricas, según los movimientos de un intercambio desigual cuyo balance favorece siempre a las economías del polo dominante” (10).

La Trilateral en marcha

En este contexto, es cuando la Trilateral publica el informe aludido “La crisis de la democracia” fruto de un escrupuloso análisis de la situación mundial, aunque en él no se hace mención a ninguno de los conflictos en Asia (con la excepción de Japón), en América Latina o en África. Lo cual no significa que no se hayan analizado al detalle, pero la diferencia estriba en que las soluciones para dichos entornos geopolíticos serían estrictamente militares (golpes de estado, dictaduras sangrientas, fraudes electorales, etc.) y en el centro del sistema las soluciones irían encaminadas en primer lugar a la cooptación de los movimientos sociales, cambios legislativos, acaparamiento de los medios de comunicación y grandes modificaciones en los sistemas educativos. Todo ello mediante una mezcla de represión y tolerancia.

El gran cambio económico, político, cultural y militar a partir de la ola conservadora mundial en los años 80, personificada por Margaret Tatcher y Ronald Reagan fué el primer resultado de la aplicación de las conclusiones del Informe de la Trilateral, el cual podemos aventurar que es plenamente vigente aunque haya mutado a instituciones como el Foro Económico Mundial, G-7, Open Society, Fundaciones multinacionales y por lo que hemos vivido este año pasado podríamos incorporar también la OMS.

¿Hoy, está preocupado el capital?

Fruto de la experiencia pasada en la década de los 60 del siglo pasado, por la cual tuvo que realizar un diagnóstico a posteriori para establecer un nuevo tipo de contrato social, de dramáticas consecuencias para la mayoría de la humanidad, en la actualidad el diagnóstico y las medidas derivadas del mismo, se ha realizado con anterioridad a la posibilidad, aunque remota, de estallidos sociales a nivel mundial.

Los diseños y metamorfosis realizados a partir de la década de los 80 al poner en práctica un nuevo patrón tecnológico basado en la aplicación microelectrónica al proceso industrial y de servicios, lo que denominaron tercera revolución industrial, estuvieron acompañados de un amplio despliegue de promesas para todos los gustos. Para limpiar la conciencia de la clase media, el invento, la creación y financiación de las llamadas organizaciones no gubernamentales a través de las cuales enrolaron a los hijos de la clase media que, sin agobiantes problemas económicos podían “ser solidarios” con los pobres de la tierra. Reflexión que llevó a cabo Gustau Nerín en el libro “Blanco bueno busca negro pobre”.

Como medida preventiva, analizados los antecedentes de la década de los 60, en los cuales la reivindicación de libertad sexual, que rompía con los moldes de una sociedad caracterizada por el puritanismo y que establecía un paralelismo entre libertad sexual y libertad política y económica, en los años 80 otra creación de alcance mundial fragmentaba las posibles derivas comunicativas entre las personas: el sida, que mediante una campaña propagandística mundial sin precedentes, se alentaba al individualismo, al recelo hacia los semejantes, se propagaba el miedo, diariamente aparecían en las cabeceras de los noticiarios los muertos, los infectados, las fotos espeluznantes, la mayoría falsas, pero con un consenso global ante un supuesto virus del cual hasta hoy, están buscando su cadena proteínica.

Una gran ofensiva de desmembramiento de algunos sindicatos algo rebeldes, y la cooptación de los mismos en otros países a base de suculentas subvenciones a cambio de no entorpecer el proceso de cambio de patrón tecnológico. La privatización de lo público, unos cambios radicales en los contratos de trabajo y las llamadas deslocalizaciones de las industrias hacia países con muy bajos salarios y nula sindicación.

Toda esta maraña encubrió las llamadas reestructuraciones industriales con el cierre de miles de empresas y millones de asalariados enviados al desempleo.

Hoy, en la segunda década del siglo XXI, el capital está inmerso en una nueva remodelación a nivel global para mantener su tasa de ganancia. Lo que denominan cuarta revolución industrial, basada en las nuevas tecnologías de la comunicación, la inteligencia artificial, la robótica, el trabajo a distancia o a domicilio, con unas consecuencias sobre los asalariados similares o peores a las de los años 80.

También, se han puesto en práctica un manojo de medidas de índole diversa para imponer un nuevo contrato social que acepte, sin más, los futuros cambios. Dentro de estas medidas, tal vez la de más calado, ha sido el experimento a nivel mundial de aislamientos y reclusiones, prohibición de reuniones, de manifestaciones, de movilidad… utilizando a semejanza de los años 80 un peligro invisible atribuido a la maldad de un virus, como el VIH-SIDA.

Así como en los años 80 los paladines y cabezas visibles de los cambios estructurales fueron los dirigentes políticos, ya en el año 2008, primera fase de la nueva debacle, aparecieron los “expertos” en economía quienes al estilo de los antiguos adivinos auguraban desdichas para muchos y alegrías para unos pocos. Estos expertos nos hablaban de crisis, de desequilibrios financieros, de déficit, etc., y el gran velo que pretendía ocultar todo el entramado despótico del capital lo caracterizaron culpabilizando a la banca por sus malos hábitos. Pero cada vez el discurso era menos creíble y daba la impresión en ciertos momentos que podrían producirse revueltas ocasionadas por los cientos de miles de desahuciados de sus casas. Los “expertos” económicos caían en desgracia a los ojos de las poblaciones.

¿Qué hacer?

Los políticos cada vez más deslegitimizados, los dirigentes sindicales comiendo de la mano de la patronal, los “expertos” en economía desautorizados, la aparición de formaciones de extrema derecha en multitud de países, y una “izquierda” con la mirada puesta solamente en los espectáculos electorales.

Espectáculos a los que cada vez asiste menos público, un pequeño ejemplo de ello han sido las recientes elecciones al Parlament de Catalunya del 2021 en las cuales la suma de la abstención, el voto nulo y el voto en blanco ha supuesto el 50,98% del electorado. ¡Mayoría absoluta! Pero no es privativo de Catalunya puesto que es una tendencia que se generaliza en Europa a excepción de los cinco países que tienen el voto obligatorio. Da lo mismo, las butacas se mantienen en el mismo número y con el mismo estipendio, aunque solo se depositara un solo voto.

“Las dos razones principales para no votar en las últimas elecciones de la UE, observadas a nivel de la Unión, son la falta de confianza en la política o el descontento con la política en general” (11).

“El fenómeno de la creciente abstención existe desde hace varias décadas y atañe en cierta medida a todas las elecciones. Hasta 1979, en Italia, la afluencia de los electores a las urnas superaba el 90%. Desde entonces ha empezado a bajar y nunca ha dejado de disminuir: en los últimos comicios europeos, solo el 57% acudió a las urnas. Excluyendo las elecciones locales, uno de los datos más bajos fue el de las elecciones regionales en Emilia Romaña, en las que solo el 38% votó. La decisión de no ir a votar si se convierte en una decisión generalizada termina por perjudicar la legitimidad de las instituciones democráticas y de los partidos políticos, y favorece una evolución hacia modelos no siempre liberales. En 2019,según el Eurobarómetro, el organismo de la Comisión Europea que mide y analiza las tendencias de la opinión pública, la confianza de los ciudadanos en las instituciones es baja en toda Europa: desde hace unos diez años, menos de la mitad de la población europea confía en las instituciones políticas de su país” (12).

Si los políticos están cada vez más desautorizados, si los “expertos” económicos han demostrado sobradamente que sus recetas conducen a una depauperación de amplias capas de la población, si las Iglesias, semivacías, no tienen la potestad de condenar al infierno a los herejes, y el recurso a la represión pura y dura puede hacer decaer todavía más el desencanto en las instituciones, los cerebros pensantes han encumbrado a otro tipo de expertos: “los científicos” que junto a los filántropos se han erigido en una nueva élite aparentemente alejada de los “políticos” y de los “economistas”.

Con la mirada puesta en el próximo decenio, han articulado, al igual que hicieron a partir de las revueltas de 1968, unas nuevas modalidades de acción política encabezadas por los correveidiles del gran capital mundial que se caracteriza en estos momentos en el conglomerado cibernético, el químico-farmacéutico y la industria militar. Como novedad en esta estrategia del capital han hecho aparecer a los directivos de la Organización Mundial de la Salud como los nuevos salvadores de la humanidad mediante una campaña de terror, que ha sido puesta en tela de juicio por miles de científicos de todo el mundo (13).

Y bajo la cobertura de los nuevos “expertos” están transformando el tejido productivo, la concepción de la ciencia, las relaciones sociales, la cultura, la educación, en un nuevo intento de sumir a la población mundial en un estado de pánico, ante el cual se intenta que acepten los grandes cambios tecnológicos previstos.

La crisis de la democracia de la Comisión Trilateral debe ser interpretada como el suplemento ideológico del ataque neoliberal de los años 80. Y dentro de este suplemento cabe destacar la necesidad del capitalismo de estructurar una metamorfosis cultural.

Como parte de la cultura, la representación del planeta, desde el siglo XVI a través de la cartografía de Mercator, realizada desde el “primer mundo”, ha representado en el subconsciente una visión del mundo en la cual el llamado norte es enorme frente a un sur decrépito. Cuando los mapamundis más populares están deformados, nuestra visión del mundo está falseada. Falsedades que se utilizan sistematicamente en cualquier ámbito de la comunicación de masas. Que ahora podemos establecer un paralelismo con la divulgación gráfica y de datos respecto de los motivos de la pandemia y del “descalabro mundial”, empezando por la reproducción caricaturesca de un patógeno, que se ha nombrado SARS-Cov-2 o Covid-19, que se divulgaban como la expresión “del mal”, cual “demonio medieval”, con reiteradas reproducciones y atribuciones carentes de rigor científico, sin plantear ni la realidad de su origen, ni mucho menos las causas reales de donde se pueden establecer el por qué de la patología que está afectando a determinados sectores de la población, en especial de los paises predominantemente “ricos”.

Patógeno, que para mantener dichas inconcreciones, los van caracterizando como un “ser mutante”, renombrándolo con apellidos de variantes, que si la Británica, Brasileña, Sudafricana, Californiana, Británica-2, etc., en un relato novelesco sobre “enemigos autoreplicantes”, con explicaciones oficiales carentes de rigor, cuando no de pura mentira, escondiendo la evidencia respecto de lo que es la tradicional modificación o mutación de los organismos microscópicos y silenciando otros factores tóxicos, ambientales o de forma de vida que también intervienen en la generación de patologías en la salud humana.

Pero todo ello sirve en pro de mantener el pánico ante el depredador invisible, símil alienígena, con el único propósito de extender un estado de terror social y así sumir a la población no solo en el desconcierto, sino en una alienación que lo desactive socialmente.

Si solamente nos paramos a mirar un árbol podemos perder de vista el bosque

Así está ocurriendo con la dichosa pandemia, nuestros ojos enfocan y ven cifras: de fallecidos, de infectados, de vacunados, de desempleados, de prestaciones económicas, de aumento de la pobreza, de cierres de entidades productivas, de número de alumnos por aula, de presupuestos en la enseñanza, de número de maestros, de cantidad de sanitarios, de presupuestos de sanidad…, cifras, cifras, cifras, pero alrededor hay todo un bosque de cambios que quedan difuminados, o aparentemente sin relación alguna con las cifras.

De la misma manera que la operación pandemia se ha organizado desde mucho antes de la fecha de su proclamación pública, otros aspectos, relacionados con el cambio cultural necesario para el capital en esta nueva “gran transformación”, parafraseando a Polanyi, también se han ido organizado en los últimos años grandes cambios culturales, insertados mediante grandes campañas publicitarias y avalados por “expertos” de todas las disciplinas provenientes del mundillo académico subvencionado. A su lado la confección de figuras “mediáticas” de corte popular para que el mensaje llegara a un amplio abanico social.

“Conforme se intensifiquen las incomodidades, el orden social se hará más problemático y aumentará el peligro de que los líderes políticos busquen distraer el descontento con chivos expiatorios internos o externos”. Así lo anuncia Fred Block en la introducción del libro de Polanyi La Gran Transformación (2ª reimpresión. Fondo de cultura económica. 2011) Lo cual ha sido tenido en cuenta por los diseñadores de la “nueva normalidad” que nos anuncian. Según Milton Friedman, sólo una crisis produce un verdadero cambio. Cuando esta ocurre, “las acciones para la reconstrucción dependen de un conjunto de ideas pre-elaboradas en el ámbito político-cultural” (14).

“En la clandestinidad de la vida social nacen nuevas aspiraciones, visiones de la sociedad deseable; el pensamiento alternativo propone una solución totalmente diferente: Estas fuerzas de la negación y de la esperanza son inciertas y confusas, heterogéneas y variables. Pero estas fuerzas son la vida que nace… hay que poner en duda la actitud general que progreso y desarrollo deban medirse con índices tecnológicos y económicos que están muy alejados del contexto humano y social.” (15). Estas reflexiones de Suchodolski nos invitan a pensar sobre los temas culturales tanto en lo referente a la ética como a la educación, las relaciones personales, los entornos sociales y la relación con la naturaleza.

Para Gramsci, el proyecto educativo debe tener como principio fundamental educar a la persona integral para que sea capaz de comprender, aceptar o criticar la política, la cultura y la sociedad. No la concepción de educar a las masas como especialistas, tecnócratas y demás expertos profesionales. Teniendo este concepto como referencia, debemos acordarnos del Plan Bolonia de 1999 que precisamente reemplaza el conocimiento integral por una amorfa especialidad fragmentada. La Declaración de Bolonia, de 1999 y la Estrategia de Lisboa de 2001 formó parte de la negociación en el seno de OMC del Acuerdo General de Comercio y Servicios iniciada y en dicho acuerdo la educación universitaria pasa a ser uno de dichos “servicios”.

“En 2003 la Comisión Europea financió y publicó un documento que se denominó “Tuning Educational Structures”, que traduce afinación o sincronización de las estructuras educativas, donde se afirma que los empleadores dentro y fuera de Europa exigirán información confiable sobre lo que significa en la práctica una capacitación o un título determinado. Antes de publicar el informe se llevó a cabo un cuestionario para seleccionar 85 competencias consideradas pertinentes por compañías privadas e instituciones de educación superior. Participaron en el estudio 150 graduados, 30 empleadores y 15 académicos, todos ellos vinculados con los gobiernos y las grandes compañías, y comienza a hablarse de la necesidad de adquirir “competencias”, dejando en un segundo plano los contenidos sustantivos propios de cada materia. Con base en estas competencias demandadas por el empresariado, se establecieron los actuales “estándares educativos” (16).

Del mismo modo que se ha exacerbado la individualidad y la competencia en todos los órdenes educativos, a nivel social la cultura del individualismo ha penetrado con asimismo con fuerza. Daniel Bernabé ha realizado una radiografía en su libro La trampa de la Diversidad en el cual Pascual Serrano en la presentación dice: “Debemos dar una respuesta urgente a estas preguntas, si no queremos que la fuerza de lo colectivo se acabe diluyendo en el irremediable individualismo de lo identitario… Ya no se busca un gran relato que una a personas diferentes en un objetivo común, sino exagerar nuestras especificidades para colmar la angustia de un presente sin identidad de clase…”

Paralelamente cabe situar todo el entramado de deshumanización, la teoría de los “transhumanistas” en la cual la reproducción de la sociedad ya no debe ser el fruto afectivo de la relación entre dos personas de distinto sexo, sino prodigando una serie de variantes en las cuales “la ciencia” interviene en los cuerpos humanos femeninos para convertirlos en máquinas reproductoras, que al igual que en el trabajo asalariado, el fruto de su trabajo es alienado y puesto a la venta en supermercados de criaturas, para aquellas personas que dispongan de recursos suficientes para comprarlos. Dichas personas-máquinas reproductoras no son miembros de la clase dominante y sus acólitos, sino el proletariado femenino mundial. La edición de criaturas con características al gusto del comprador, óvulos fecundados insertados en úteros de mujeres proletarias para proveer de sucesores a las clases dominantes y la posibilidad de edición de fetos con características de sumisión para mantener un proletariado dócil.

Todo esto es posible hoy, no solamente posible, sino ya experimentado y laureado con el premio Nobel de química 2020.

Y alrededor de esta nueva Gran Transformación, el discurso ecológico acuñado por las grandes corporaciones forma parte del entramado cultural con sus discursos, miedos, pronósticos catastróficos y figuras mediáticas a su servicio como la de Greta Thunberg paseándola por las catedrales políticas del mundo y a imagen y semejanza del flautista de Hamelin arrastrando tras de sí miles de adolescentes de todo el mundo.

Los grandes contaminantes mundiales pertenecen al complejo químico-farmacéutico-militar, así como la industria automovilística de consumo individual y la industria textil. Unos 80.000 millones anuales de prendas de ropa impulsados por la cultura del “fast-fashion”, el cual consiste en una producción y consumo masivo de ropa en un tiempo reducido. Este sector produce el 20% de las aguas residuales mundiales y el 10% de las emisiones globales de carbono. Pero no aparece en perspectiva la reducción del consumo ni militar, ni químico-farmacéutico, ni automovilístico individual, ni textil, ni energético. ¿De qué se trata pues?

Ekai Journal se hace una pregunta: ¿la transición ecológica es progresista o reaccionaria? “La financiarización de la actividad económica, la dificultad de rentabilizar las inversiones productivas, el contexto geopolítico, han llevado a la oligarquía financiera occidental a una apuesta creciente por los modelos neomalthusianos ya anunciados en los años 70 por el Club de Roma, el informe Kissinger y el informe Rockefeller. Estos modelos apuntan a una apuesta de las grandes corporaciones por asegurar el control político de Occidente en un contexto de decrecimiento económico y a una búsqueda de la rentabilidad a través de la transferencia de fondos públicos hacia sectores de actividad específicos, como el de las energías renovables” (17), fondos que irán a compensar la caída de la tasa de ganancia de las grandes corporaciones.

La Comisión Europea de Ursula von der Leyen presentó en diciembre de 2019 el denominado “Pacto Verde Europeo”, y el 14 de enero de 2020 la Comisión completó esa iniciativa con un plan de financiación que busca movilizar un billón de euros de fondos públicos durante la próxima década (18).

Y próximamente en la puerta de las oficinas de empleo aparecerá un letrero que dirá: “Los que entráis aquí, perded toda esperanza” (Advertencia escrita en el umbral de la puerta de “El Infierno”, en La Divina Comedia de Dante Alighieri).

(1) http://trilateral.org/file.showdirectory
(2) http://www.trilateral.org/download/doc/crisis_of_democracy.pdf
(3) http://crdl.usg.edu/events/watts_riots/
(4) http://www.sociologicamexico.azc.uam.mx
(5) https://www.sinpermiso.info/textos/el-68-japones-una-reaccion-colectiva-al-rapido-crecimiento-economico-en-una-epoca-de-agitacion
(6) https://books.google.es/books/about/Jap%C3%B3n_hoy.html
(7) https://es.qaz.wiki/wiki/1968_movement_in_Pakistan
(8) http://ciencia.unam.mx/contenido/infografia/49/especial-mexico-68-estallido-de-movimientos-sociales-
(9) https://www.cndh.org.mx/noticia/matanza-de-tlatelolco
(10) Comercio Exterior. vol. 32, núm. 8, México, agosto de 1982, pp. 864-875
(11) https://www.europarl.europa.eu/at-your-service/files/be-heard/eurobarometer/2019/post-election-survey-2019-complete-results/executive-summary/es-post-election-survey-2019-executive-summary.pdf
(12) https://www.internazionale.it/notizie/jacopo-ottaviani/2019/05/16/elezioni-europee-astensionismo
(13) https://gbdeclaration.org/la-declaracion-de-great-barrington-sp/
(14) Miguel Ángel Contreras Natera, El proyecto neoconservador y el 11 de septiembre, http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1012-25082008000100005
(15) Bogdan Suchodolski. Pedagogía de l’essència i pedagogía de l’existència. Eumo. 1986
(16) Antonio Valdecantos. El saldo del espíritu, capitalismo, cultura y valores. 2013
(17) http://www.ekaijournal.info/2021/03/la-transicion-ecologica-es-progresista.html
(18) https://www.europarl.europa.eu/news/es/headlines/society/20200109STO69927/un-billon-de-euros-para-financiar-la-transicion-ecologica-en-la-ue

43 años sin Agustín Rueda

En la madrugada del 14 de marzo de 1978, en la cárcel de Carabanchel moría a causa de las torturas infligidas el joven obrero libertario Agustín Rueda Sierra.

Los ejecutores de esas torturas fueron los funcionarios actuando bajo la participación y supervisión directa del director de la prisión de Carabanchel Eduardo Cantos, el subdirector Antonio Rubio.

Tres días después, un juez dictaba orden de procesamiento por presunto delito de homicidio contra el director de la cárcel, Eduardo Cantos Rueda, el subdirector Antonio Rubio, el jefe de servicios Luis Lirón de Robles y nueve funcionarios más. Una muestra del contexto de conductas no infrecuentes en las prisiones.

Al parecer, según dice Manolo Revuelta en su libro “Sumario 22/79 Herrera de la Mancha, una historia ejemplar”, el entonces director general de instituciones penitenciarias rechazó la propuesta del director de la cárcel para “echar tierra al asunto”. Inmediatamente los funcionarios de prisiones se movilizaron creando “comisiones de apoyo” a los encausados y la apertura de una cuenta corriente en la cual a finales 1979 se habían ingresado más de siete millones de pesetas (Sumario 22/79 herrera de la Mancha. pág. 131).

Cinco días más tarde, el 22 de marzo de 1978 dicho director general de prisiones fallecía a raíz de unos disparos, una acción reivindicada posteriormente por los Grupos Revolucionarios Armados Primero de Octubre.

Al director general de instituciones penitenciarias le fueron otorgadas a título póstumo en 1978 la medalla de oro al mérito penitenciario; la gran cruz del mérito naval con distintivo blanco y la gran cruz de la real orden de reconocimiento civil a las víctimas del terrorismo. De este modo la Administración del Estado no tan solo negaba cualquier responsabilidad sobre las torturas y muerte en las cárceles, sino que se alentaba a futuros torturadores y homicidas a continuar con estas prácticas, lo cual ocurrió posteriormente en la cárcel de Herrera de la Mancha con varios presos y en especial contra un testigo en Carabanchel del asesinato de Agustín Rueda.

A raíz de las denuncias presentadas por varios presos, el Ministerio fiscal solicitó el procesamiento de seis funcionarios de la cárcel de Herrera de la Mancha, petición a la cual se opuso la Abogacía del Estado y como resultado, un AUTO dictado por el Juez de Instrucción de Manzanares el 28 de enero de 1980 en el cual “No ha lugar a decretar el procesamiento solicitado por el Ministerio Fiscal y la Acusación Particular, de los Funcionarios de la prisión de Régimen Cerrado de Herrera de la Mancha”.

¡Aquí no pasa nada!

El sumario de los procesados de la cárcel de Carabanchel fue cerrado en 1980 pero todos habían sido puestos en libertad condicional en 1979 por orden de Rodolfo Martín Villa, Ministro de Interior en aquel momento. Ministro bajo cuyo mandato se produjeron los asesinatos de Vitoria en 1976, Semana pro-amnistía en 1977, Sanfermines en 1978, Caso Scala en 1978,… y una larga lista cuyos datos pueden encontrarse en las distintas hemerotecas de estos años. Y tal como “liberó” a los torturadores y homicidas de Carabanchel y concedió la medalla de plata al mérito policial al torturador Antonio González Pacheco “Billy el niño”.

Al cabo de 10 años, en 1988, la Audiencia Provincial de Madrid consideró que la tortura y asesinato de Agustín Rueda era “un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte” y no un caso de homicidio.

Se condenó a 10 años de cárcel a Eduardo Cantos, director de Carabanchel cuando se produjeron los hechos, al subdirector Antonio Rubio y a cinco funcionarios más. Otros tres encausados fueron condenados a ocho, siete y seis años, respectivamente. Y a dos años de cárcel los médicos que ocultaron el grave estado de Agustín Rueda tras las torturas. De todos ellos, ninguno llegó a permanecer más de ocho meses en prisión.

Chicho Sánchez Ferlosio fue el primero que dedicó un poema en homenaje a Agustín Rueda:

Amigo Luís Llorente, que fuiste preso ayer;
escúchame Felipe; Santiago, entérate:
bajad de esos escaños forrados de papel,
que Agustín Rueda Sierra murió en Carabanchel.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Si cuatro de uniforme te empiezan a pegar.
¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Tendido está en el suelo y no contesta ya.

Bonita democracia de porra y de penal;
con leyes en la mano te pueden liquidar.
Y a aquél que no lo alcanza de muerte un tribunal,
lo cogen entre cuatro y a palos se la dan.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Lo sacan de la cárcel para ir al hospital.
¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Agustín por buscarla, miradlo como está.

En 1988, a los diez años del asesinato, el grupo de rock Barricada, dedicó un tema a la muerte de Agustín Rueda Sierra. El tema se llamó “El último vagón” en el disco llamado Rojo. Otro grupo de rock que le ha dedicado una canción es el grupo “Sin Dios”, que en 2002, en su CD “Odio al imperio”, cantan un tema llamado “Agustín Rueda”.

También, a los diez años del asesinato, en un momento en que algún periodista se atrevía a abrir la boca sobre algo que no fuera dictado, Rosa Montero escribía el 16 de Enero de 1988 en El País: “… Así, con la perspectiva pudridora del tiempo transcurrido, el tormento de Rueda se ha convertido en un espejo horripilante de este país, con directores que no dirigen, médicos que no medican y funcionarios que no funcionan. Y todos ellos aplicando su poco de muerte al cuerpo lacerado de Agustín.

… Eduardo Cantos, el ex director de la cárcel, declaró haber estado presente aquel día en el interrogatorio de dos de los reclusos. De dos de los apaleados como Rueda. Y explicó que no se entero de que les estuvieran pegando porque se encontraba de espaldas y hablando por teléfono. Eso dijo Eduardo Cantos con toda impavidez y sin que le temblara la grasienta papada. Qué apasionante llamada debía de estar realizando, qué espaldas tan impenetrables y graníticas, para que allí, en el morrillo de su corpachón, se estrellaran y perdieran los quejidos, los insultos, los alaridos, el redoble seco de los golpes. Así están todos, sordos y ciegos. Y a su paso van dejando un reguero de sangre.

… Durante una larguísima década todos nosotros nos hemos convertido en Eduardo Cantos. Magistrados que no magistran, políticos que no ejercen su labor política, ciudadanos que no exigimos lo que debemos exigir, toda una sociedad de sordomudos. A qué teléfonos habremos estado llamando mientras Agustín Rueda moría una y otra vez en el olvido”.

Los crímenes de Estado suficientemente demostrados anteriores a 1977 quedaron impunes mediante la “Ley de amnistía”, y los posteriores mediante unas lecturas interesadas del código penal por parte de los magistrados, y cuando el escándalo ha sido lo suficientemente grande como en el caso de Agustín Rueda, la mano salvadora del ministro de turno ha cubierto con un tupido velo les crímenes y sin pudor ha recurrido a los indultos o cualquier otro artilugio para acurrucar a sus pupilos. Pupilos de extrema derecha claro.

Los peligrosos y puestos en el punto de mira son aquellos que no se someten ni se arrodillan ante tanta desvergüenza.

La segunda muerte de Stalin y la independencia de Lituania

A finales del mes pasado se cumplió al 30 aniversario de la contrarrevolución en Lituania, que tuvo una gran repercusión en el derrumbe de la URSS. Fue el primer país en declarar su independencia del gobierno de Moscú. La prensa imperialista lo calificó como “la segunda muerte de Stalin”.

En enero de 1991, las fuerzas armadas de la URSS y el Comité de Seguridad del Estado trataron de reprimir la contrarrevolución, que había tomado el poder en Lituania y estaba llevando a cabo un ataque a gran escala contra los trabajadores y los derechos de la población.

Había comenzado la era de Yeltsin después de otro Golpe de Estado en Moscú y la quinta columna que operaba dentro de la URSS protagonizó una serie de provocaciones tanto contra los contrarrevolucionarios lituanos, como contra los partidarios de la URSS.

El programa de Golpe de Estado siguió un guión que luego se hizo fue conocido. Lanzaron una poderosa campaña de intoxicación contra el PCUS, contra el poder soviético, contra el ejército y los órganos de seguridad del Estado soviético, pero también utilizó una maquinación que se repetiría más tarde en Moscú, en octubre de 1993, y en Kiev, a principios de 2014.

La OTAN, Estados Unidos y los países de la Unión Europea reclutaron a hordas de matones y provocadores, que se unieron a la contrarrevolución local, dispararon contra la población para acusar posteriormente al poder soviético.

Los “independentistas” lituanos, de ideología neonazi y sicarios del imperialismo, tomaron temporalmente el control. Sus políticas llevaron al país al colapso de las fuerzas productivas, al empobrecimiento y a la estratificación social. En toda Lituania (y en todas las repúblicas bálticas), después de 1991, comenzó una caza de brujas en la que fiscales, jueces, policías vendidos a los títeres locales enviaron a las mazmorras a quienes les hiceron frente, especialmente a los comunistas y a los trabajadores.

Ahora Lituania es poco más que una base militar de la OTAN en el cerco a Rusia. La integración en la Unión Europea no ha menguado ni un ápice el carácter nazi de sus dirigentes políticos.

 

En Crimea el zarismo quema sus últimos fuegos artificiales

En Crimea el recuerdo de la casa imperial está profundamente marcado por las cicatrices de la Guerra Civil. Fue el último baluarte del Ejército Blanco durante la Guerra Civil que entre 1917 y 1922 enfrentó a los bolcheviques con los últimos restos del zarismo.

El general Piotr Wrangel se refugió en Crimea con sus tropas para intentar resistir el avance del Ejército Rojo. Sin embargo, no logró unirse a las fuerzas del almirante Kolchak, sus tropas fueron diezmadas y se vieron obligadas a evacuar la península.

Tras el desmantelamiento de la URSS, aquellas hordas zaristas no fueron rehabilitadas por la historia, sino por un decreto del Kremlin.

Crimea fue uno de los destinos favoritos de los Romanov. A tres kilómetros de Yalta, el Palacio de Livadia recuerda a los habitantes de la península el esplendor de un Imperio que aún hoy alimenta sus fantasías. Fue en Alutsha, en Tataria, donde el 10 de octubre de 1894 Nicolás II conoció a su mujer, Alexandra Fiodorovna.

También fue allá, a orillas del Mar Negro, donde los últimos Romanov fueron evacuados por los británicos a Constantinopla junto a 150.000 contrarrevolucionarios.

El 31 de octubre del año pasado el gobierno local que preside Sergey Aksyonov decidió rendir un homenaje a los contrarrevolucionarios que cayeron en defensa del zarismo.

Invitó al Gran Duque Gregori Romanov a inaugurar un monumento erigido en honor de los miembros de la casa imperial que fueron justamente ejecutados en las Revoluciones de 1905 y 1917. En su discurso Romanov destacó la importancia del monumento para él mismo y para las generaciones futuras, antes de dar las gracias a los que financiaron la obra, expresando la esperanza de que este tipo de iniciativas encuentren apoyo en otras regiones de Rusia. “Te abrazo y te acaricio infinitamente, quiero mostrarte todo el poder de mi amor por tí. Siempre tuya hasta la muerte y más allá”, dijo en un discurso que quiso ser nostálgico, pero que acabó en caricatura.

El acto reunió a la escoria más reaccionaria de la península, que es muy poca. Acudió al homenaje una delegación de la Asamblea de la Nobleza Rusa, encabezada por Oleg Shcherbatchev, presidente del consejo central de la Sociedad de Descendientes de la Primera Guerra Mundial.

El dinero para levantar el monumento salió de los bolsillos del oligarca Konstantin Malofeiev, que sostiene la Fundación Basilio el Grande y el movimiento “Águila bicéfala”, últimas reliquias de un pasado atroz para los obreros y campesinos de la vieja Rusia zarista.

El monumento, que fue bendecido por el obispo Néstor de Yalta, se erigió en memoria de Nicolás II y su familia y se hizo un llamamiento a todos los escultores rusos para que inmortalizaran a la pareja imperial.

Los artistas contratados, Irina Makarova y Maxim Bataev, convencieron a un comité para supervisar el proyecto, que incluía al Gran Duque Gregori Romanov y a Elena Aksyonova, fundadora del canal de televisión Tsargrad y esposa de un dirigente del partido zarista de Crimea.

El monumento se compone de cuatro esculturas de bronce que representan al zar, la zarina el tío Serguei Alexandrovitch, ejecutado en la Revolución de 1905, y su esposa, la Gran Duquesa Elizabeth Fiodorovna. Tiene algo más de dos metros de altura y está coronado por una cruz ortodoxa.

El enano fascista de la Memoria Histórica.

Las asociaciones memorialistas se suman a la derecha reaccionaria: Puigdemont no es un exiliado.

Las declaraciones desafortunadas (o no) del vicepresidente Pablo Iglesias comparando el exilio de Puigdemont con el exilio republicano han levantado ampollas y teléfonos.

Emilio Silva presidente de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica), comenta en El Español: «Insiste en que el Estado democrático del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos no tienen nada que ver: «Es desafortunado».»

El estado democrático al que se refiere Emilio Silva es el que respondió con 1000 antidisturbios y una acción de guerra en las capitales catalanas. Todo para impedir el ejercicio del voto en un referéndum sobre un derecho reconocido por la ONU: la autodeterminación de los pueblos.

La Asociación de Descendientes del Exilio Español ha ido más lejos y lo ha calificado de «autoexilio».  Machado se «autoexilió». 500.000 personas se «autoexiliaron» por la frontera francesa en febrero de 1939, etc. Si la presidenta de la asociación puede explicar la diferencia entre «exilio» y «autoexilio» sería de gran ayuda…

El absurdo ha generado un increíble juego de palabras para no definir a Puigdemont como exiliado. Lo que al final ha servido para echar un capote al estado español. Para decirle a su público: quitáos de la cabeza que son tan fascistas como Franco.

Las asociaciones memorialistas no entienden (o no quieren entender) que este estado emana del 18 de julio.

Asociaciones y personalidades que se manifiestan contra la comparación Puigdemont- exilio republicano tienen corta memoria. Por ejemplo, olvidan que los antidisturbios de la Guardia Civil y Policía Nacional cantaban el «Cara al Sol». Que rememoraban la entrada del general Yagüe en Barcelona en febrero del 39. Etc.

Olvidan que las operaciones de la Guardia Civil contra el independentismo catalán toman el nombre de operaciones de la División Azul, no por un chascarillo entre compañeros del cuerpo: sino porque son una institución fascista dentro de un estado fascista.

¿A quién beneficia que a Puigdemont no se le considere un exiliado?

El régimen franquista tampoco consideraba «exiliados» a los antifascistas. ¿Quién los consideraba prófugos, ladrones, etc.? Los abuelos de los que entraron a sangre y fuego el 1 de octubre.

En España hay exiliados por: rapear, actuar, militar en movimientos políticos y por organizar un referéndum. En muchos de los casos, los apellidos de sus jueces se repiten con los de sus abuelos generales.

¿Qué es lo que hace falta para que le llamen «exiliado»? ¿Que masacren a cientos de miles de catalanes?

Decir que Puigdemont no es un exiliado es echarle un capote al estado emanado del 18 de julio de 1936.

 

Relacionadas:

  •  https://www.elespanol.com/espana/politica/20210119/exilio-republicano-pablo-iglesias-igualar-padres-puigdemont/552196116_0.amp.html
  • https://elpais.com/espana/2021-01-18/pablo-iglesias-tiene-que-pedir-perdon-al-republicanismo-espanol.html
  • https://politica.e-noticies.es/puigdemont-no-es-un-exiliado-es-un-autoexiliado-134172.html
  • https://www.elnacional.cat/es/politica/volhov-guardia-civil-division-azul_551271_102.html

 

 

 

 

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