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Lucha obrera: la cara oculta de Mayo del 68

Asamblea de fábrica en mayo de 1968
El movimiento de los “chalecos amarillos” ha resucitado -medio siglo después- el de Mayo del 68, al que le ha ocurrido como a las 13 Rosas, que han dejado de ser rojas, o al 8M, que ha dejado de ser el Día de la Mujer Trabajadora. La burguesía ha secuestrado la historia y el papel en ella de las clases sociales, para hacer de Mayo del 68 una lucha estudiantil, escondiendo que -por encima de todo- fue una lucha obrera con características propias.

En los países de Europa occidental, los años sesenta no sólo se caracterizaron por el crecimiento económico sino por una explotación extensiva e intensiva de la fuerza de trabajo. El mundo rural se industrializó, llevando a la clase obrera a legiones de campesinos arruinados y a sus hijos. Se crearon nuevas fábricas que incorporaron a las mujeres a las cadenas de montaje. Una riada de emigrantes llegó del sur: italianos, españoles, portugueses, argelinos…

Las viejas organizaciones políticas y sindicales que habían participado en la liberación de Francia estaban en vías de degeneración, pero los nuevos trabajadores estaban al margen de ellas.

Tanto las nuevas como las viejas fábricas introducen nuevos mecanismos de explotación intensiva de la fuerza de trabajo, expresados por el cronómetro y el control del rendimiento de cada uno de los trabajadores. En enero de 1968, en Caen, en la fábrica de Jaeger, los huelguistas protestan: “Los contadores funcionan pero los trabajadores se paralizan”. La mano de obra más veterana no puede el seguir el ritmo extenuante y repetitivo de la producción en masa.

Los trabajadores reivindican un aumento del descanso semanal, un descenso del ritmo y una menor carga de trabajo, como en la Rhodiaceta de Besançon en febrero-marzo de 1967.

Los salarios cada vez se parecen más al destajo; ya no dependen tanto de la cualificación o de la formación sino del puesto ocupado y del rendimiento en el mismo.

A principios de 1968 aparecen también una serie de movilizaciones obreras contra la desaparición de las viejas industrias y las viejas comarcas industriales, como las zonas mineras de Nord-Pas-de-Calais o Saône-et-Loire, los valles de los Vosgos, etc. Cunde un temor generalizado al paro.

El 13 de mayo de 1968 los sindicatos convocan una huega contra la política económica del gobierno y la represión, es decir, que sus protagonistas son los obreros que se manifiestan por las calles de las principales ciudades francesas.

Al día siguiente, en Bouguenais, un barrio de Nantes, los trabajadores de Sud-Aviation se reúnen en asamblea, votan a favor de la huelga, cierran las puertas de la fábrica, la ocupan y secuestraron al director de la fábricas y a varios directivos.

El movimiento de huelgas se extiende a apartir de ahí y va de las grandes fábricas a las pequeñas. El 20 de mayo el paro alcanza a unos dos millones de trabajadores. La ocupación de las fábricas abre las puertas a otros sectores sociales, como los estudiantes, que participan en las reuniones de los obreros y se familiariazan con sus reivindicaciones. A partir de ahí, los estudiantes llevan a los obreros a las asambleas universitarias y acaban paralizando los centros académicos.

Las huelgas se escapan al control de los sindicatos. La ocupación prolongada de los locales acaba formando centros paralelos a los partidos y sindicatos, lo que da al movimiento un carácter espontáneo y conduce a que algunas fábricas como Perrier en Montigny-le-Bretonneux o MCA en Brest, por ejemplo, sean autogestionadas por los propios trabajadores. En Sochaux los huelguistas de Peugeot crean lo que llaman “un foro” para discutir sus aspiraciones.

Para reconducir la protesta, el gobierno eleva el salario mínimo un 35 por ciento y reúne a los empresarios y los sindicatos en Grenelle a fin de iniciar una negociación. El 27 de mayo los trabajadores de Renault rechazan la propuesta, un acuerdo que siguen muchas otras fábricas.

El gobierno trata de tomar la iniciativa también en el terreno político con lo único que sabe hacer la burguesía: convocar nuevas elecciones. El 30 de mayo De Gaulle disuelve la Asamblea Nacional y los reformistas cumplen con su papel aferrándose a las elecciones.

Los sindicatos empiezan a negociar en algunas empresas y luego en sectores productivos siguiendo las pautas marcadas en Grenelle.

El gobierno saca a la policía a la calle, pero las batallas más importantes no se producen ahí sino en el desalojo de las fábricas ocupadas. El 6 de junio asaltan la fábrica de Renault en Flins y el 11 de junio la de Sochaux. La represión ocasiona cuatro muertos, entre ellos los obreros Pierre Beylot y Henri Blanchet, que mueren en Sochaux. El estudiante de secundaria Gilles Tautin muere cerca de Les Mureaux. Además hay ochenta heridos, algunos muy graves. El gobierno expulsa a unos 250 trabajadores emigrantes, incluidos españoles y portugueses.

A partir de entonces el aliento decae, aunque se mantiene hasta bien entrado el mes de junio en un sector estratégico, como el metal.

Luego le tocó el turno a los falsificadores de la historia, que debían encumbrar a una costra de intelectuales de pacotilla, parásitos de la Sorbona e izquierdistas de salón como Daniel Cohn-Bendit, Serge July, Bernard-Henri Lévy y tantos otros (lo peor de lo peor).

Más información:

Los capitalistas de las maquilas recurren al Presidente de México para frenar la ola de huelgas

La patronal Index, que representa a los capitalistas de las maquiladoras, pide al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que intervenga para frenar la ola de huelgas que sacude a México.

Index ha publicado anuncios publicitarios en periódicos a página completa y ha lanzado una campaña a través de Twitter después de que los trabajadores de 45 maquiladoras de Tamaulipas hayan conquistado un aumento salarial del 20 por ciento y un bono de 32.000 pesos.

La campaña es un medio de presión de la patronal en el que culpan de la ola de huelgas a López Obrador por haber duplicado el salario mínimo. Durante su campaña, López Obrador se comprometió, además a mejorar las condiciones de los trabajadores y su representación en los sindicatos.

López Obrador tomó posesión de su cargo el 1 de diciembre, y lo que no dicen los capitalistas es que se están beneficiando de las deducciones fiscales que el nuevo Presidente ha decretado en favor de las empresas fronterizas.

Los trabajadores mexicanos han tomado la iniciativa. En Matamoros más de 20 fábricas siguen en huelga, aunque ahora los paros se han extendido por varios estados y ya no alcanzan sólo a las maquiladoras. Los maestros de Michoacán han bloqueado las vías ferroviarias durante una huelga.

La semana pasada la multinacional Fisher Dynamics envió “porros” (matones rompehuelgas del sindicato) para disolver los piquetes de huelga por la mañana, pero por la tarde ya había cedido a las reivindicaciones.

El 12 de febrero los obreros de Tridonex, en Matamoros, cerraron por completo los portones de acceso a la fábrica y no pudo entrar nadie (*). Dos días después realizaron una marcha junto con sus compañeros de Schumex y Adient en la que visitaron cada maquiladora en huelga en Matamoros para protestar por la represión y mostrarles su apoyo de clase.

Arca Continental, la segunda embotelladora de Coca-Cola más grande del mundo, con unos 500 trabajadores, también está en huelga.

Ayer la policía tuvo que intervenir en Matamoros para desalojar a los trabajadores de la fábrica Bright Finishing que mantenían bloqueados los accesos de entrada.

El Wall Street Journal advirtió la semana pasada de que las huelgas de Matamoros son las mayores que ha visto México en casi 30 años, lo que calificó como “un indicador temprano del resurgimiento de las reivindicaciones laborales en México”.

El portavoz de los monopolios estadounidenses certifica que las huelgas han acabado con los viejos sindicatos oficiales. Por ello el gobierno mexicano está promoviendo una nueva legislación laboral para fabricar sindicatos “independientes”, capaces de representar a “una mayoría de los trabajadores” a fin de prevenir levantamientos obreros espontáneos o “salvajes” como los de Matamoros.

El diario añade que es una exigencia del gobierno de Trump para que México pueda formar parte del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá.

Algunos sindicatos “independientes”, como el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), forman parte de ese plan, que recuerda mucho a la transición española, cuando los imperialistas se volcaron en financiar sindicatos domesticados como UGT, USO o ELA-STV.

(*) https://www.elmanana.com/escala-el-conflicto-obrero-en-maquila-impiden-manifestantes-acceso-a-empresa-maquiladora-paro-laboral-salario-minimo-bloqueo/4750688

Después de desalojar a los trabajadores de la fábrica Bright Finishing,
la policia mexicana ocupó ayer los accesos de entrada

Se cumplen 100 años de la histórica huelga general de Seattle

Del 6 al 11 de febrero de 1919 más de 60.000 trabajadores en Seattle, Washington, se sumaron a una de las huelgas generales más importantes en la historia de Estados Unidos. Durante seis días, alentada por los llamamientos de los trabajadores de los astilleros locales, unida en todas las industrias, la clase obrera tomó el control de la vida económica de la ciudad principal del noroeste del Pacífico.

La élite financiera y política de Seattle fue sacudida profundamente por la huelga, viendo en ella el latido de la reciente Revolución de Octubre y el toque de alarma de la revolución en Estados Unidos. Los titulares de los periódicos capitalistas pusieron el grito en el cielo por el peligro de los actos “antiestadounidenses” y “bolcheviques” de los obreros. Se movilizó a miles de tropas federales, policías e incluso estudiantes universitarios de clase alta para reprimir la lucha.

Efectivamente, los trabajadores de Seattle se inspiraron en la revolución rusa. En los meses anteriores a la huelga, los estibadores se negaron a cargar barcos destinados al contrarrevolucionario Ejército Blanco de Rusia. Luego se negaron a cargar a los barcos que abastecían a la guerra no declarada del imperialismo en la Unión Soviética. Y en los años previos a 1919 muchos miles de obreros en Seattle y las regiones circundantes se sintieron atraídos por el socialismo y el sindicalismo revolucionario de Trabajadores Industriales del Mundo (IWW), a pesar de la intensa represión del gobierno de Wilson.

La huelga estalló como una épica expresión de conflicto de clases impulsada por las bases, pero en gran medida quedó bajo el control de los dirigentes sindicales de Seattle, que se aseguraron de que no se moviera más allá de su forma espontánea. Esto fue decisivo. La huelga finalizó sin que se cumplieran las demandas y fue seguida por detenciones, redadas y censura de grupos radicales y comunistas.

En menos de una semana los trabajadores de base de Seattle ofrecieron una muestra del inmenso poder de la clase obrera en lucha unificada, y en una sola ciudad de Estados Unidos. Pero también demostraron que hasta la acción más militante será desactivada y derrotada si no cuenta con una dirección políticamente consciente.

El inicio de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914 fue un punto de inflexión en la historia de la humanidad, llevando al capitalismo mundial a una crisis sin precedentes. En la época del imperialismo, las contradicciones internas del capitalismo obligaron a la clase dominante a sumir al mundo en una guerra en la que murieron millones de trabajadores.

Ganando la reelección en 1916 con el lema “Él nos mantuvo fuera de la guerra”, en 1917 Wilson lanzó a Estados Unidos a la vorágine mundial. Dependientes de la paz laboral para que la producción fuera constante en tiempo de guerra, las grandes empresas y el gobierno de Estados Unidos permitieron la libre sindicación de la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL), pero con la condición de que los burócratas sindicales ayudaran a reprimir las huelgas durante la guerra. El gobierno también promulgó la Ley de Espionaje de 1917, que otorgó al Estado el derecho a detener y procesar a cualquier persona que participara en actividades antibelicistas. Se usó la ley para hacer una redada en la oficina de IWW y detener a sus dirigentes. También detuvieron a los dirigentes antibelicistas del Partido Socialista (PS), prominente entre ellos Eugene Debs.

Eugene Debs
Sin embargo, los trabajadores se unieron en masa al Partido Socialista y a IWW, que se opusieron abiertamente a la guerra y al “sindicalismo empresarial” patriótico de la AFL y su presidente, Samuel Gompers. Los miembros de IWW llegaron a su pico en 1917 con unos 150.000 afiliados y Seattle fue el centro de la actividad en gran parte de la costa oeste. El Partido Socialista de Washington también tuvo una presencia concentrada en Seattle, con cerca de 4.000 miembros que pagaban cuota en el partido, situado en el ala izquierda de la organización.

Pese a los esfuerzos de la AFL para bloquear las huelgas, entre 1916 y 1918 el número promedio de trabajadores en huelga por año fue 2,4 veces mayor que en 1915. Más de un millón de obreros estadounidenses paralizaron la producción en 1917 y 1918, y más de 4 millones lo hicieron en 1919, en la mayor ola de huelgas en la historia de Estados Unidos hasta ese momento. El profundo sentimiento antibelicista en la clase obrera se entrelazó cada vez más con los cambios económicos causados por la guerra, especialmente la inflación, para impulsar la ola de huelgas. El costo de vida en Seattle se duplicó entre 1913 y 1919.

Muchas de estas huelgas mostraron una creciente solidaridad y coordinación entre los diferentes sectores de la clase obrera. En la costa oeste los trabajadores de los astilleros desaceleraron el proceso de distribución al negarse a procesar madera “de 10 horas” durante varios meses, en solidaridad con los madereros que estaban en huelga por una jornada de ocho horas. En 1919 los obreros en Winnipeg, Canadá, hicieron otra huelga general, y 500.000 obreros del acero y mineros del carbón en Estados Unidos realizaron huelgas superpuestas. El espíritu del socialismo y la Revolución rusa inspiró todas estas luchas.

Las condiciones que provocaron la huelga general de Seattle no fueron para nada locales. La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias inmediatas galvanizaron a los obreros en los centros imperialistas y a las masas oprimidas en las colonias. Las huelgas, protestas, revueltas y luchas revolucionarias se extendieron por todo el mundo, especialmente después de que la clase trabajadora tomó el poder en Rusia en octubre de 1917.

Las noticias sobre la Revolución de Octubre fueron leídas ampliamente por los obreros en Estados Unidos, sobre todo tras los informes de John Reed, oriundo de Oregón, en “Diez días que estremecieron al mundo”. A menudo los barcos rusos llegaban a los puertos de San Francisco y Seattle. El 3 de enero de 1918 el Consejo Central del Trabajo de Seattle envió una carta a los obreros rusos tras los intercambios con la tripulación del barco Shilka :

“Extendemos a todas las facciones de obreros por igual nuestra buena voluntad y firme creencia de que, al final, el gobierno de los trabajadores será absoluto y que los asuntos de vuestro gran país, el primero en la historia moderna, permanecerán en las manos de la única clase necesaria y responsable de la sociedad: la clase obrera. Expresándoles nuevamente nuestra profunda simpatía por vuestros esfuerzos por establecer una verdadera democracia y prometiendo nuestro sincero apoyo para acelerar ese fin, les saludamos fraternalmente”.

Muchos más se sintieron profundamente inspirados por el triunfo de la clase obrera rusa y se opusieron a los esfuerzos de los capitalistas estadounidenses para derrotarla. En el otoño de 1919 los obreros portuarios de Seattle se negaron a cargar y enviar un barco de Estados Unidos que transportaba municiones para el Ejército Blanco contrarrevolucionario.

John Reed
Preparativos para la huelga
La clase obrera en Seattle estaba organizada en 110 sindicatos de oficio afiliados a la AFL, que representaba a más de 65.000 miembros. Además, había un puñado de locales de IWW con 3.500 miembros, sobre todo en trabajos de madera, agrícolas y marítimos, y algunos sindicatos artesanales y segregados de trabajadores negros y japoneses. Los sindicatos dirigidos por la AFL separaron deliberadamente a la clase obrera por oficio y ocupación, nacionalidad, raza y género. Desde la década de 1880 muchos sindicatos de la AFL prohibieron a los obreros blancos organizarse con sus compañeros negros, hispanos y asiáticos.

Sin embargo, también existía un marco sindical general en Seattle. Todos los sindicatos de la AFL elegían delegados para una organización mayor, el Consejo Central del Trabajo. En respuesta a los abrumadores sentimientos políticos de los obreros de base, muchos dirigentes llevaron concepciones radicales a sus asientos en el Consejo, al menos en comparación con la dirección nacional de la AFL. Harry Ault y Hulet Wells, entre otros, eran militantes activos del Partido Socialista de Washington. Incluso James Duncan, elegido secretario del Consejo en 1915, era un “respetado progresista” y autodenominado socialista, más orientado al sindicalismo industrial que al artesanal, promovido por la AFL.

En 1919 los obreros de Seattle pudieron recurrir al Consejo Central del Trabajo para iniciar la huelga general. Pero la chispa que la encendió provino de los 35.000 trabajadores de los astilleros de la ciudad —la sección más grande de la clase obrera— que se declararon en huelga desde el martes 21 de enero para exigir los aumentos salariales prometidos como compensación por sus sacrificios durante la guerra. Se dieron cuenta de su importancia industrial tras construir suministros navales y operar los puertos del área de Seattle, tarea que servía directamente a los intereses de las empresas y el gobierno de Estados Unidos.

Al día siguiente de comenzada la huelga, los trabajadores de los astilleros enviaron representantes de su Consejo de Comercio del Metal a una reunión del Consejo Central del Trabajo para exigir una huelga en toda la ciudad en muestra de apoyo a su lucha.

El día de la apelación, casualmente o no, los principales dirigentes del Consejo estaban en Chicago para una reunión de la Liga Internacional de Defensa de los Trabajadores en relación a la condena de Tom Mooney, dirigente de la AFL en San Francisco. Con sustitutos de los 25 delegados desaparecidos, el Consejo aprobó el llamamiento para la huelga general y se envió un voto a los 110 sindicatos de la ciudad.

Al cabo de una semana los trabajadores de base votaron abrumadoramente a favor de la huelga general. Los obreros exigieron unirse a la huelga general incluso en sindicatos que parecían conservadores —Sindicato de Carpinteros, Unión de Músicos, Unión Tipográfica y algunos locales de camioneros—, a menudo arriesgando sus propias negociaciones y luchando contra las intenciones de sus dirigentes locales. Solo un puñado de sindicatos no se declararon en huelga, sobre todo en sectores gubernamentales como el Servicio Postal, donde el riesgo de ser despedido era especialmente alto.

Incapaces de parar el apoyo que había crecido, los miembros del Consejo Central del Trabajo votaron el 29 de enero para establecer la primera reunión del Comité de Huelga General para el 2 de febrero. El Comité de Huelga General funcionaría como el órgano más importante de la lucha, compuesto en gran parte por delegados de base de todos los sindicatos participantes, incluyendo al Consejo Central del Trabajo.

Simultáneamente, surgió un grupo ejecutivo de los principales funcionarios laborales llamado el “Comité de los Quince”, que se convirtió en el representante más agresivo de la aristocracia laboral, que constantemente buscó formas de acabar la huelga. La tensión entre los intereses de las bases, representadas por el Comité de Huelga General, y los de la aristocracia laboral —y de los capitalistas de Seattle detrás de ella— representada por los “Quince”, fue un componente clave de la conducta y derrota de la huelga.

En los cuatro días siguientes al 2 de febrero, el Comité de Huelga General coordinó todos los aspectos de la preparación logística. Varias personas —representantes sindicales, miembros del Comité de Huelga, Wobblies (miembros del IWW), funcionarios de la ciudad—entraron y salieron del Templo del Trabajo para hacer solicitudes a los tres subcomités de construcción, transporte y provisiones. En estas discusiones los dirigentes organizaron cocinas, el cuidado de niños, periódicos y comunicados de prensa. Se aseguraron de que las tiendas de comida no perecieran, que la basura no se amontonara y que se atendieran las necesidades básicas de la clase trabajadora.

Revelando el carácter conservador de la dirección superior, el “Comité de los Quince” efectuó exenciones para ciertos trabajos, planteadas sobre todo por desesperados ejecutivos de sindicatos locales y funcionarios públicos. Se obligó a algunos lavanderos, trabajadores de servicios públicos y operadores telefónicos a realizar su tarea durante la huelga para no obstaculizar las operaciones económicas y financieras esenciales. Pero algunas de las exenciones aprobadas fueron pedidas por las bases, como que los trabajadores de hospital pudieran procesar recetas de farmacia y que se autorizara a los trabajadores de hostelería a producir comida para los huelguistas, siempre y cuando tuvieran la tarjeta firmada que decía “Exento por el Comité de Huelga”.

Entre los trabajadores hubo intensas discusiones ideológicas sobre el socialismo y el significado más amplio de la huelga. El término “bolchevismo”, usado por los enemigos de los obreros como epíteto, fue asumido por muchos. Pero la dirección sindical sofocó estas discusiones para mantener a raya la influencia del socialismo. Por ejemplo, los Quince votaron contra el eslogan de huelga, “No tenemos nada que perder, salvo las cadenas, y un mundo que ganar”, eligiendo en cambio, “Juntos Ganamos”.

Con miedo de que la lucha se escapara de su control, la dirección sindical argumentó que la huelga general debía anunciar su fecha de finalización. Esto fue derrotado. Como escribió Anne Louise Strong para el Comité de Historia un mes más tarde: “Francamente, muchos de los miembros más antiguos del movimiento obrero le temían a la huelga general. Veían en ella posibilidades como la interrupción total del movimiento obrero de Seattle. Instaron a que se fijara a la huelga un límite de tiempo definido”.

Mientras los comités de trabajo efectuaban los preparativos, el miedo creció entre la burguesía, ilustrado por los titulares: “Paren antes de que sea muy tarde”, “Seattle será destruida en dos días” y “Fuerzas federales listas para cualquier crisis en la ciudad”.

Los burgueses local almacenaron comida, equipos de iluminación y otras provisiones. Algunas familias ricas se fueron a Portland para quedarse en hoteles durante la huelga. El alcalde de Seattle, Ole Hanson, pidió que miles de tropas estatales y federales se unieran a la policía local, veteranos y estudiantes universitarios voluntarios, cuyas amenazas de detención e incluso disparo a cualquier trabajador revoltoso debían tomarse en serio debido a hechos recientes como el asesinato en Montana de Frank Little, organizador de IWW, y la redada policial y deportación de mineros del cobre en Bisbee, Arizona.

Mientras los principales funcionarios sindicales trabajaban para atenuar las implicaciones revolucionarias de una huelga tan masiva, los capitalistas y sus armas representativas vieron correctamente en ella las reverberaciones de la Revolución rusa. Un día antes de la huelga, el periódico el Seattle “Star” publicó un editorial de portada que hacía un llamamiento desesperado al nacionalismo y el anticomunismo:

“Denominamos a esto que está ante nosotros una huelga general, pero es más que eso. Será una prueba de fuego para la ciudadanía estadounidense, una prueba de fuego de todos los principios por los cuales lucharon y murieron nuestros soldados. Es para determinar si este es un país en el cual vale la pena vivir y un país por el cual vale la pena morir. El desafío depende de ustedes, hombres y mujeres de Seattle. ¿Bajo qué bandera se ponen ustedes?”

https://www.wsws.org/es/articles/2019/02/19/hist-f19.html

Segunda parte: https://mpr21.info/2019/02/se-cumplen-100-anos-de-la-historica_26.html

Huelga general en Sudáfrica contra el paro y la privatización de empresas públicas

La mayor federación sindical de Sudáfrica, Cosatu (afín al partido gobernante), ha convocado hoy una huelga general en protesta por el elevado desempleo, un 27,1 por ciento según cifras oficiales, y contra los planes del presidente, Cyril Ramaphosa, de dividir la empresa eléctrica pública Eskom en tres entidades para solventar su grave crisis.

En ciudades como Johannesburgo, Durban (este) o Port Elizabeth (sureste), miles de afiliados de Cosatu (Congreso de Sindicatos Sudafricanos) están protagonizando marchas, cortes de tráfico y concentraciones desde primera hora de la mañana.

Por el momento, no hay cifras totales de seguimiento, pero la convocatoria ha afectado a sectores como el minero, el energético o el sector público (tradicionalmente más sindicalizados), sin llegar a paralizar el país.

En Johannesburgo, centenares de afiliados se manifestaron en el centro de la ciudad vestidos con los colores del sindicato y con pancartas en las que se podían leer consignas como “A una empresa no se le debería permitir recortar puesto de trabajo solo para obtener beneficios”.

Cosatu, que cuenta con un millón y medio de afiliados, es uno de los aliados tradicionales del Congreso Nacional Africano (CNA), gobernante en Sudáfrica desde la victoria de Nelson Mandela en los primeros comicios democráticos del país, en 1994.

Sus dirigentes aclaran que esta convocatoria no significa una retirada de apoyo de cara a las elecciones generales del próximo mayo, pero advirtieron también de que esa postura podría revisarse.

La central sindical considera que el gobierno necesita una llamada de atención ante los recortes de empleo en numerosos sectores, como el de la minería, pero también frente a las posibles privatizaciones de empresas públicas.

Cosatu cree que las medidas puestas en marcha por el gobierno de Ramaphosa contra el paro -estancado desde hace años por encima del 25 por ciento y convertido en uno de los principales problemas económicos y sociales del país- no están siendo efectivas.

Los últimos datos, publicados ayer por el instituto oficial de estadísticas del país, revelan que Sudáfrica cerró 2018 con una tasa de desempleo del 27,1 por ciento.

Si bien la huelga estaba convocada de antes, el descontento sindical se acrecentó cuando la semana pasada Ramaphosa anunció un plan para solventar la grave crisis que atraviesa la eléctrica pública Eskom, consistente en dividirla en tres entidades.

Eskom, que tiene casi un siglo de trayectoria y es una de las empresas eléctricas más grandes del mundo, se encarga de la producción y distribución eléctrica para casi toda la población de Sudáfrica.

Escándalos de corrupción, masivos cortes de luz programados por a la incapacidad de dar abasto a la demanda y una deuda de 30.000 millones de dólares han convertido a esta empresa en uno de los mayores lastres para la debilitada economía sudafricana, lo que llevó al presidente a proponer el plan de división.

Los sindicatos, sin embargo, recibieron la noticia como un primer paso hacia su privatización.

“Estamos aquí para apoyar a los trabajadores contra la privatización de las empresas públicas”, dijo hoy Solly Mapaila, dirigente del Partido Comunista Sudafricano (SACP, también aliado histórico del CNA), en declaraciones a la televisión pública SABC desde la cabecera de la marcha en Johannesburgo.

Ramaphosa, por su parte, ha avanzado que la lucha contra el desempleo será central en su campaña para las elecciones de mayo y ha prometido que Sudáfrica creará 275.000 empleos al año.

http://www.finanzas.com/noticias/empleo/20190213/huelga-general-sudafrica-elevado-3993755_age.html

En México los sindicatos también están al servicio de las multinacionales

En los primeros días de enero, el PRI lanzó un golpe a Andrés Manuel [López Obrador], Presidente de la República. Juan Villafuerte, Srio. Gral. del Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales y de la Industria Maquiladora, CTM–PRI, en Matamoros, Tamaulipas, anunció a sus 50.000 afiliados en 45 maquiladoras, que “agradecieran” a Andrés Manuel, que por primera vez en 22 años el bono que se les pagaba anualmente, este año no se pagaría.

¿El potencial efecto político de esta burda mentira? Impacta a un total de 4.5 millones de personas que dependen de la maquila (franja fronteriza), suponiendo sólo dos dependientes económicos de 1.5 millones de trabajadores; por dos dependientes = 3 millones de dependientes + 1.5 millones de trabajadores = 4.5 millones de personas.

La razón de no pagárselos, de acuerdo a la versión de la CTM–PRI, era el decreto presidencial firmado el 29 de diciembre de 2018 por Andrés Manuel, que entre otras cosas, aumenta 100 por ciento el salario mínimo en la zona fronteriza, de 88.36 a 176.72, este es un hecho inédito en la historia de México.

El sindicato, CTM–PRI, al servicio de las trasnacionales, y en franca violación a los contratos colectivos de trabajo firmados por ellos mismos como representantes sindicales, dijeron que por única vez este año 2019, no se indexaría el incremento anual al salario del 100 por ciento, como lo señala el decreto y en cumplimiento del contrato colectivo, en lugar de eso, este año, el “incremento” salarial se haría reduciendo o terminando los bonos de puntualidad, producción, etc., para trasladarlos al monto del salario. El dirigente sindical sabe perfectamente que el incremento salarial del 100 por ciento es un hecho extraordinario, y que el año que entra será un aumento normal de acuerdo al índice de inflación, 5 ó 6 por ciento anual.

En México tenemos 3 millones de trabajadores en aproximadamente 3.000 maquiladoras. La mitad de esta industria se encuentra localizada en la franja norte del país, sólo en el estado de Chihuahua, 400.000 paisanas y paisanos trabajan en esta industria.

El pasado 23 de enero, del presente año 2019, por primera vez en 55 años, en la industria maquiladora de exportación, estalló en Matamoros, Tamalipas, una huelga simultánea en 45 maquiladoras, en las que trabajan 50.000 obreras y obreros. Este hecho no tiene precedente en la historia de movimiento obrero mexicano de la industria maquiladora.

El movimiento logró un 20 por ciento de aumento salarial anual, y que no se les quitaran los 32.000 pesos del bono anual. De aquí surgió el nombre del movimiento: 20/30.

No se logró el 100 por ciento de incremento, porque el Sindicato de la CTM–PRI traicionó a los 50.000 trabajadores de las 45 empresas de Matamoros, Tamaulipas, en violación flagrante de su contrato colectivo, que establece que su salario se aumentará anualmente, en la medida que se incremente el salario mínimo.

¿Qué nos dice esta huelga?

1. El negocio sindical, al cobrar a los trabajadores de la industria maquiladora el 4 por ciento de todos los ingresos de 3 millones de trabajadores en la República, asciende, conservadoramente, cada año a 400 millones de dólares, 8.000 millones de pesos. La CTM–PRI muy probablemente tiene la mayor parte de este ingreso, no por defender los intereses de los trabajadores, sino por defender los intereses de las empresas trasnacionales.

2. ¿De dónde sale esta cifra? 176 pesos salario mínimo por día, por 365 días por 3 millones de trabajadores = 193.000 millones de pesos, el 4 por ciento en dólares al tipo de cambio de 19.00 es de 400 millones de dólares.

3. Al proyecto de la 4T le urge un decreto presidencial que ponga orden en la industria maquiladora, empezando porque la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y la Secretaría de Hacienda auditen a los sindicatos, con las reformas que se requieran a las leyes aplicables, para evitar que con el pretexto de la “autonomía sindical” sigan impunemente operando feudos sindicales que defienden a las trasnacionales y no a los obreros.

4. En esta huelga tuvo una participación destacada nuestra paisana la licenciada laboralista Susana Prieto Terrazas. En redes sociales cuenta que ha sido amenazada de muerte por algunos dirigentes sindicales de Tamaulipas. Sería bueno que las autoridades correspondientes tomaran nota y se le otorgara la protección necesaria.

https://www.elheraldodechihuahua.com.mx/analisis/que-es-el-movimiento-2030-3035224.html

P.D.: El movimiento no decae. Ayer los obreros de Tridonex, también en Matamoros, cerraron por completo los portones de acceso a la fábrica y no pudo entrar nadie.

Las huelgas contra lo que la abogada Susana Prieto Terrazas califica como “el robo del siglo” han llegado a Reynosa y Victoria y “en muchos casos los obreros van a la huelga sin el apoyo de los sindicatos”, informa la agencia Reuters.

Una lucha obrera valiente en el norte de México

Adamina Márquez

En Matamoros nadie hablaba de otra cosa. En las humildes casas de los obreros se asegura que la huelga es legal y que nadie se va a echar para atrás, que los patrones pueden pagar lo que se les pide y más, que los delegados del sindicato ni siquiera los han ido a visitar desde que colocaron las banderas rojinegras en las 45 maquiladoras de esta ciudad fronteriza. Es verdad, aquí todo se mueve en contra de los intereses obreros: dueños de las fábricas, administrativos de las mismas (incluido “el de recursos humanos”), el líder sindical y el sindicato en su conjunto, desde la secretaria hasta los delegados en cada una de las fábricas; los medios de comunicación, las autoridades estatales, municipales y hasta el Gobierno federal.

“Por qué nos dejábamos, por qué, sí, mira, Felipa, cómo nos tratan”, dice compungida a su amiga, María del Carmen García. Ella es obrera desde hace 38 años en Candados Universales de México S.A. de C.V.; en todos esos años, no había vivido nunca un levantamiento obrero como el que hoy se realiza en Matamoros.

Felipa Rojas Alejos, la amiga de María del Carmen, tiene más de 50 años. Hasta hace dos semanas, antes de que estallara la huelga, laboraba en la fabricación de equipo de transmisión y recepción de señales de radio, televisión y equipo de comunicación inalámbrico para la empresa Contec, aunque su recibo dice que trabaja para Edemsa (“creo que por evasión fiscal”, aclara).

Ella ha sido despedida y recontratada en dos ocasiones. Ahora, luego de que instara a sus compañeras a la huelga, no sabe cuál es su estatus legal: ¿está despedida porque la huelga no es legal?, ¿la pueden correr? Si la corren, ¿tiene derecho a la indemnización al cien por ciento? Como a Felipa, éstas y decenas de interrogantes más, quitan el sueño a los cerca de 40.000 trabajadores que desde el viernes 25 de enero se alzaron en huelga en Matamoros. A pesar del miedo y de la desinformación que impera en el movimiento, se mantienen altivos y repelen cualquier intento de intimidación.

“Pues con temor y todo, dijimos, ‘dame la bandera’ y todas nos salimos. La supervisora estaba superenojada, parecía un monstruo. Nos decía que nos iba a mandar a golpear, que nos iba a correr, que iba a traer a la policía porque lo que estábamos haciendo no era legal. No sé de dónde ni cómo, pero agarramos valor y pusimos las banderas”, dice María del Carmen, mientras relata cómo fue que en su centro de trabajo se armaron de valor y enfrentaron a sus directivos, acción que nunca, en 38 años de obrera, había pensado hacer. Pero lo hicieron.

Revive el movimiento obrero mexicano

Desde los años ochenta, Tamaulipas no había vivido un movimiento obrero como el que hoy se ve en las calles de Matamoros. Esta entidad es una de las que mayor cantidad de maquilas e industria manufacturera concentra en el país, al menos 242 empresas (algunas no están cuantificadas por la Secretaría de Desarrollo Económico de Tamaulipas) de los sectores automotriz, autopartes, electrónico, químico, petroquímico, tecnologías de la información, aeroespacial y médico. En éstas laboran 234.244 personas, quienes producen el 57,7 por ciento del valor total producido en la entidad, es decir, 234.445 millones de pesos (mdp) aproximadamente, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Este sector produce más de la mitad de la riqueza estatal, pero el obrero manufacturero de Tamaulipas recibe apenas un salario de 200 pesos diarios en promedio; la jornada suma 48 horas, la necesidad es mucha y el salario muy bajo. Sin embargo, los movimientos obreros no son una constante en Matamoros ni en Tamaulipas ni en cualquier otro estado de la República. Matamoros es el reflejo de la situación de toda la clase obrera mexicana: o se aguantan o los despiden.

Eso fue lo que pasó a finales de diciembre de 2018. Los cerca de 40.000 trabajadores de las 45 empresas pertenecientes al Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales de la Industria de la Maquiladora (SJOIIM) –el más grande de la ciudad– escucharon de voz de su líder, Juan Villafuerte Morales, que no recibirían el pago del bono anual por culpa del Presidente de la República; éste había prometido un aumento salarial que las empresas no podían costear; les informó que no recibirían bono pero sí un aumento salarial, aunque no especificó de cuánto.

Los obreros no supieron cómo reaccionar. “La verdad es que no conocemos de leyes, somos ignorantes. Sabemos que el sindicato brinda asesorías, pero son los días de descanso, imagínese, trabajamos 48 horas, seis días a la semana, llega el día de descanso y lo que menos queremos es ir al sindicato; lo que queremos es descansar; además hay que hacer el quehacer y atender las cosas de la casa”, explica Felipa Rojas Alejos. Por eso, cuando un personaje externo se acercó para asegurarles que sus derechos salariales estaban siendo violados, según la Ley del Trabajo, los obreros matamorenses se adhirieron a esta consigna: “pago de 32.000 pesos por concepto de bono y aumento salarial del 20 por ciento”.

Todo empezó el pasado cinco de enero. En Facebook comenzó a circular un vídeo en el que se veía a una mujer de expresión adusta exigiendo al Presidente que hiciera valer su compromiso de campaña y se aumentara al 100 por ciento el salario mínimo en las fábricas maquiladoras de la frontera. El vídeo circuló rápidamente en los teléfonos celulares de los obreros, quienes investigaron el nombre de la mujer. Se trataba de Susana Prieto Terrazas, abogada originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua.

“Yo tenía conocimiento del porcentaje del aumento, pensé que éste se acumulaba en un año y eso era lo que representaba el bono, porque a las empresas no les convenía que ese porcentaje se diera al tabulador, no les convenía, sobre todo porque iba aumentar lo que pagan en las horas extraordinarias de trabajo. Pero empezó el rumor muy fuerte de los 32.000 pesos que desconocíamos. Nos hace falta mucha cultura para saber leer, saber entender las palabras. Pero, desde hace dos semanas, gracias a la licenciada Susana Prieto Terrazas, logramos entender muchas cosas”, asegura Laura, obrera en Parker Industrial, en donde cerca de mil trabajadores producen anillos de plástico.

Trabajadores

“Cada año recibíamos un bono anual de 3.500 a 4.000 pesos, dependiendo del rango que tuviera el trabajador y de la empresa, pero Juan Villafuerte nos dijo en diciembre del año pasado, que este año no nos iban a dar nada, por eso decidimos hablar con la abogada y le pedimos que viniera, que nos ayudara”, explica José Gándara, obrero en Decofinmex S.A. de C.V.

Ya con los ánimos caldeados, al menos 5.000 obreros de las 45 maquilas pertenecientes al SJOIIM se organizaron y, el sábado 12 de enero, realizaron una manifestación afuera de las oficinas del Sindicato para enfrentar a su líder. Pero éste se mantuvo en su posición, este año no habría bono. Días después, para cuando la abogada de Ciudad Juárez llegó a Matamoros, la inconformidad ya se había extendido entre la mayoría de los 40.000 trabajadores afiliados al SJOIIM.

Con ella a la cabeza, pidieron a Juan Villafuerte y más tarde a la Junta de Conciliación y Arbitraje una copia del contrato colectivo, de donde dedujeron que a los obreros les correspondía un bono equivalente a 32.000 pesos, además del aumento salarial del 100 por ciento. A través de redes sociales, la información se esparció en toda la ciudad fronteriza; los obreros de otras maquiladoras (incluso de otros sindicatos) se unieron al movimiento.

El 22 de enero, cerca de 5.000 obreros se manifestaron en la plaza principal, en el centro de Matamoros. Los encabezaba esta mujer de mediana estatura, rolliza y de expresión adusta. Desde ahí se llamó al paro laboral, varios obreros invitaron a sus compañeros a abandonar las fábricas. Tres días después, el 25 de enero, a las dos de la tarde, la huelga era ya un hecho. Los trabajadores colocaron banderas rojinegras a la entrada de las fábricas y no permitieron la entrada a nadie.

“Es una cláusula la que estamos reclamando, la cláusula 43 del contrato colectivo de trabajo que dice que cada vez que el gobierno incremente de manera oficial el salario mínimo, lo que resulte en pesos se aumentará a cada uno de los tabuladores de los trabajadores. Esta cláusula permite que pidamos 88.77 pesos por 365 días del año, es el bono, el mismo que se ha venido pagando desde hace 15 años, pero que ahora resulta en un bono de 32.401 pesos”, explica Triso González, trabajador de la empresa Lineage Power Matamoros S.A. de C.V.

Lo cierto es que los trabajadores no conocen sus contratos de trabajo. Firman el documento porque tienen la necesidad de hacerlo, pero la mayoría no lee lo que firma. Solo se informa de cuánto le van a pagar, cuántas horas tendrá que laborar y cuál será su horario de trabajo. No más. Así lo asegura el señor Juan –no quiso dar su apellido–, quien en su larga vida como obrero solo ha participado en dos paros laborales, uno a sus 20 años y otro, hoy, cuando casi va a cumplir 60. Los contratos laborales –dice– solamente los conocen el sindicato y las empresas. “Tú solo firmas, la verdad es que no leemos, en general, no sabemos lo que estamos firmando, uno lo que quiere es trabajar, ¿verdad?”.

No les quedó más que confiar en la palabra de la experta entre todos ellos, Susana Prieto Terrazas, y no se arrepienten. Ella les habló del bono y de cómo debían calcularlo, ellos le creyeron; les dijo que era desmesurado pedir el 100 por ciento de aumento salarial porque los patrones nunca lo aceptarían, así que los obreros redujeron la demanda a solo 20 por ciento de aumento. Desde entonces, en Matamoros todos llaman a esta jornada obrera como la lucha por el 32-20.

Contubernio entre sindicato y gobierno

Once años después de la tragedia en las minas de Pasta de Conchos, Coahuila, no se había vuelto a ver en México un movimiento obrero tan grande como el que hoy se vive en Tamaulipas; pero los medios nacionales apenas lo trataron en sus páginas; los locales hicieron como si nada pasara. Fueron las redes sociales y algunos medios electrónicos quienes le hicieron eco a la información. Trabajadores del mundo mostraron su apoyo a este levantamiento obrero, mandaron mensajes solidarios y de apoyo, entre ellos los obreros de Italia, quienes enviaron una fotografía en la que se observa a un grupo de trabajadores frente a una imagen de Carlos Marx, el ideólogo de los trabajadores del mundo. Ellos sostienen una cartulina en la que se lee el mensaje: “Solidaridad con los trabajadores de las maquiladoras”.

El mismo día que estalló la huelga, el viernes 25, en la ciudad de México, cerca de 50 personas se manifestaron frente a Palacio Nacional para reclamar la atención del Presidente de México frente a esta problemática. Pero la respuesta del Gobierno de la República no llegó. Dos días después de estallada la huelga, se le atribuyó al senador Ricardo Monreal Ávila una llamada telefónica que los obreros catalogaron de traición a la clase trabajadora; la madrugada del 27 de enero, la guardia de obreros que resguardaba las instalaciones de la Empresa Autoliv –una de las 45 en paro–, fueron sorprendidos por un convoy de patrullas de la Policía Estatal, con los elementos de seguridad iba el líder del SJOIIM, Juan Villafuerte Morales, y el abogado de éste, quienes informaron a los trabajadores que se tenían que quitar de la entrada y retirar las banderas de huelga por instrucción del senador Ricardo Monreal y el presidente Andrés Manuel López Obrador, pues la huelga no era legal.

Pero los obreros no se retiraron. Llamaron a su representante, Susana Prieto; cuando ésta llegó, ya venía hablando por teléfono, supuestamente con el senador Monreal. En el vídeo que Susana Prieto transmitió a través de Facebook, la voz del otro lado de la línea exige que se termine el paro; ella le informa que ha puesto el altavoz y que está presente la prensa y denuncia a Juan Villafuerte, líder sindical y a su abogado de la CTM de haber intentado romper la huelga todo el día.

El vídeo de la llamada se ha viralizado en redes sociales, algunos medios locales y nacionales lo hicieron público en sus páginas. La respuesta del senador llegó 24 horas después, el domingo 28. Mediante un vídeo que circuló en sus redes sociales, Ricardo Monreal negó su participación en la anterior llamada: “No hemos intervenido de manera alguna en esta situación laboral que está en este momento ocurriendo en Tamaulipas”.

Lo cierto es que ésta no fue la primera treta del Sindicato y de las diferentes instancias de gobierno para tratar de romper la huelga. Varios delegados del SJOIIM, incluido su líder, y los administradores de las empresas, han intentado persuadir de deversas formas a los obreros para que desistan. La intentona que más revuelo causó tuvo lugar el 28 de enero en Candados Universales De México S.A. de CV. En esta pequeña empresa laboran solo 80 personas, en su mayoría mujeres.

En huelga

Dos días antes, la gerente de la empresa había estado marcando y mandando mensajes a las obreras para que se presentaran a trabajar el lunes a primera hora. A las que se encontraban afuera de las instalaciones haciendo guardia, las amenazó con llevar a la policía para desalojarlas, pues les aseguró que estaban incurriendo en una ilegalidad.

María del Carmen García se encontraba ese día haciendo guardia. “Nos dijo que éramos unas ignorantes, que no sabíamos nada, que tendríamos que regresar a trabajar porque lo que estábamos haciendo no era legal. Dijo que si no lo hacíamos nos mandaría a golpear y se rió en nuestra cara. Hasta la delegada (del sindicato) nos hizo una jugada. Nos hizo que tapáramos las entradas de la fábrica, que pusiéramos mantas. Al rato llegaron hartas patrullas de Fuerza Tamaulipas porque según nos estábamos robando las cosas. La delegada venía con ellos”.

Pero el lunes 28, desde las cinco de la mañana, las 80 mujeres, reforzadas por 200 obreros de otras maquilas, se amarraron, brazo con brazo, para proteger la entrada. “Aquí no pasa nadie, estamos en huelga”, repetía un hombre de mediana edad, obrero de Dura, una de las empresas vecinas. Al poco rato llegaron las patrullas, los policías aseguraron que no venían a amedrentar, que solo estaban cuidando el orden. Una hora después se presentaron el gerente y otros cuatro administrativos de la empresa, pero solo uno de ellos hablaba español. Los demás se comunicaban en inglés. Venían perfumados, con los zapatos boleados y gruesos abrigos. No se acercaban a los obreros, charlaban entre ellos mientras esperaban.

Una hora después regresaron las patrullas; la mujer se acercó para intercambiar palabras con los policías, que tomaron fotos y se retiraron. Pasaron algunos minutos antes de que una persona con carpetas y hojas sueltas se presentara como Ramiro Castillo Guerrero, supuesto abogado del SJOIIM, asegurando a los obreros que su huelga tenía el respaldo del Sindicato y que no se fueran a mover, que todo era legal, pero no muestra documentación ni nada.

Otra hora después, a la entrada de Candados Universales, se presentaron dos analistas de la Secretaría del Trabajo estatal. Uno de ellos dijo llamarse Braulio Sánchez Lozano y exhortó a los obreros a regresar a sus labores. “La junta local se ha declarado incompetente para llevar el caso de Candados Universales por ser del sector automotriz. Al declararse incompetente, el caso se remite a una instancia federal y será ésta la que diga, la que acuerde y dé el permiso para el estallamiento de la huelga. Por lo pronto, la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en el Estado de Tamaulipas se declara incompetente y por lo tanto los trabajadores deben reanudar sus actividades dentro de la empresa”.

Policías

Esto mismo sucedió en 10 plantas productoras más: Olso International, Dura de México (plantas II, III y IV), Autoliv México East, Decofinmex, Productos Electromecánicos Bac, Candados Universales de México (plantas I y II) y Aotiv Contract Services Tamaulipas, quienes fueron confirmados por la Secretaría del Trabajo de la no procedencia de su huelga y de que el caso había sido turnado a una instancia federal de la Junta de Conciliación y Arbitraje. Pero los obreros no lo creyeron aferrándose al hecho de que, hasta el cierre de esta edición, 30 de las 45 plantas maquiladoras que estallaron en huelga el 25 de enero, habían aceptado ya el aumento del 20 por ciento de salario y el pago de los 32.000 pesos por concepto de bono.

Ante las dudas, el temor y las diversas intentonas de romper la huelga, una obrera de Parker Industrial aseguró: “Yo me siento orgullosa. porque fuimos valientes, resistimos más de dos semanas, pasamos hambre, lluvia, frío (…) nos llamaron ignorantes, revoltosos, cuando realmente luchamos por nuestros derechos. Muy pocos fuimos los valientes, no importa, si con esto vamos a beneficiar a todos los obreros que no nos apoyaron por ignorancia o por miedo, no importa. Esos miedos los tuvimos nosotros también, pero pensamos, si ya nos subimos a este barco, no nos vamos a bajar”.

Entrevistado vía telefónica por un conocido diario nacional, el presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index), Luis Aguirre Lang, aseguró que 15 maquiladoras saldrán del país tras las huelgas en Matamoros. “Desafortunadamente, con esta crisis laboral, se van del país 15 empresas del sector automotriz, ya lo han venido anunciando y han pedido la autorización de hacerlo público. Esto representa cerca de 30.000 empleos. Lo que más nos preocupa es el estado de indefensión legal para que el gobierno intervenga”, afirmó.

Hasta el momento, ninguno de los tres niveles de gobierno se ha pronunciado ante el hecho, a pesar de ello, los obreros continúan su lucha. Tienen miedo, sí, pero el triunfo en 30 plantas que ya aceptaron la demanda del 32-20 les da seguridad de que van a ganar tarde o temprano.

http://www.cronicadechihuahua.com/La-valiente-lucha-obrera-en,56482.html

La ola de huelgas obreras se extiende por las fábricas de México

La victoria de la ola de huelgas de 70.000 trabajadores de 45 maquiladoras en Matamoros, en el norte de México, se ha extendido a los trabajadores de otras empresas. Según los datos del gobierno, durante la última semana 15.000 obreros más han lanzado huelgas espontaneas o “salvajes” en rebelión contra las empresas y los sindicatos amarillos.

Los paros actuales incluyen trabajadores de los sectores eléctrico, supermercados, textil, alimentación y recogida de basura, entre otros. Al mismo tiempo, hay llamamientos para que los trabajadores en las 45 fábricas originales vuelvan a huelga para defender a los 1.500 obreros que han sido despedidos como represalia por la huelga.

El Estado y las empresas siguen amenazando a los obreros con marcharse de Matamoros, dejando a 20.000 trabajadores sin empleo.

Ayer los obreros afiliados al Sindicato Industrial de Trabajadores en Plantas Maquiladoras y Ensambladoras de Matamoros (Sitpme) iniciaron una huelga en 30 empresas.

Los trabajadores de las maquiladoras Candados Universales y Kearffort, las últimas dos empresas en aceptar la exigencia del Sjoiim, cedieron a las reivindicaciones de sus trabajadores: 20 por ciento de aumento salarial y 32.000 pesos de un bono anual, lo que los obreros califican como 20/32.

A unos 500 conductores de la planta de Coca-Cola en Matamoros, la segunda embotelladora más grande que tiene la marca en América Latina, se les obliga a trabajar horas extras gratis y se les cobra por las botellas que se rompen en el transporte. “Acabamos restando, no sumando dinero aquí”, dicen los obreros.

En la embotelladora Coca-Cola así como en las cadenas de distribución comercial Soriana, Smart y Chedraui, la lucha de los trabajadores continúa. Los trabajadores de cinco sucursales de Soriana comenzaron paros escalonados en demanda de un aumento de 20 por ciento y el pago de horas extras.

En Chedraui, la cuarta cadena de supermercados más grande de México, la huelga de los 200 trabajadores de dos de las plantas ha finalizado porque les devolvieron el bono de asistencia que la empresa les habían eliminado.

En tanto, Smart despidió a 90 trabajadores que el lunes comenzaron la huelga. Cinco refirieron no haber recibido su liquidación. Los disconformes habían denunciado que la empresa les subió el sueldo a 176 pesos, pero eliminó tres bonos, por lo que sus percepciones en lugar de mejorar disminuyeron este año.

Explotados hasta la muerte: 169 trabajadores han muerto de cáncer en la refinería que Repsol tiene en Cartagena

Antiguos obreros de empresas del sector industrial en Cartagena lograron este miércoles un hito en su lucha por ver reconocido, por parte de la Justicia, que la exposición al amianto en su puestos de trabajo ha podido ocasionar enfermedades pulmonares e incluso la muerte de cientos de extrabajadores por cáncer. El fiscal superior de la Región, José Luis Díaz Manzanera, ha presentado en los juzgados de Cartagena una denuncia contra la empresa Repsol “y otros”, por presuntos delitos contra los derechos de los trabajadores, lesiones por imprudencia grave y homicidio por imprudencia en la refinería de petróleos de Escombreras.

Así se lo comunicó este miércoles el fiscal al presidente de la Asociación de Afectados por el Amianto (Apena) de Cartagena, Ricardo Torregrosa, quien hace un año interpuso una denuncia contra la petrolera por negarse a entregar el listado de exempleados que estuvieron en contacto con el citado material cancerígeno. La relación de personas fue solicitada por la Inspección de Trabajo e incluso por la Asamblea Regional, que aprobó una resolución por unanimidad en noviembre de 2017.

“En situaciones similares en otras empresas,como Michelin, GM y Volkswagen, con un solo fallecido por amianto, las autoridades obligaron a estas compañías a entregar el listado de todos sus trabajadores. Mientras, en la Región de Murcia, con docenas de enfermos y cinco condenas firmes por fallecimientos, nadie ha obligado a Repsol a entregar el censo”, denunció Torregrosa. Y rechazó la explicación de Repsol de que retiró el amianto en 1990 y que, en todo caso, tenía sistemas de protección de la plantilla.

Repsol volvió a defender este miércoles que “siempre” ha actuado con “responsabilidad”. “En nuestra actividad productiva no se trabaja directamente con amianto, ni se manipula. Tal y como hemos acreditado, todas las operaciones y actividades relacionadas con el montaje y desmontaje de amianto son contratadas a empresas especializadas. En todo caso la salud de nuestros trabajadores y su seguridad son prioritarias para nosotros”, informó la compañía en un comunicado.

Según fuentes conocedoras de la investigación, la Fiscalía también trata de aclarar si la Comunidad Autónoma y otras administraciones públicas incurrieron en “omisión” de su responsabilidad de proteger la salud de los trabajadores. Así lo expuso Apena en su escrito.

Este miércoles el presidente del colectivo mostró su “satisfacción” por la decisión de Díaz Manzanera y expresó su confianza en que la Dirección General de Salud Pública facilite al fin el listado de personas afectadas por estas patologías. También lamentó que Murcia fue la última comunidad en aprobar un censo y añadió que “muchas personas creen que han enfermado o muerto por culpa del tabaco”. Asimismo, calificó de “arbitrarias y sin fundamento científico” varias sentencias de la jurisdicción de lo social de Cartagena, pese al criterio del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) favorable a reconocer la enfermedad profesional.

Según Apena, solo entre los años 2000 y 2015 hubo 169 fallecimientos por mesiotelioma. De estas personas muertas presuntamente por haber respirado fibras de asbesto, hay 44 mujeres. La asociación sostiene que son esposas de “obreros manuales o de mono”, ingenieros y otros técnicos que estaban en espacios donde había tuberías con aislante de fibrocemento. Ellas “les lavaban las ropa”.

El problema se extiende “potencialmente” a las miles de personas que trabajaron en los sectores químico y naval hasta la prohibición del uso del amianto, hace 17 años. Eso incluye desde el astillero público de Navantia -antes denominado Bazán e Izar y donde eran reparados barcos que utilizaban el amianto como aislante-, Explosivos Río Tinto, Potasas y Derivados, Enfersa, Española del Zinc (Zinsa) y otras sociedades.

https://www.laverdad.es/murcia/cartagena/fiscal-indicios-delito-20190206213741-nt.html

El gobierno ‘socialista’ de Portugal acaba con la huelga de los trabajadores de sanidad por decreto-ley

El gobierno “socialista” de Portugal ha acabado con la huelga de los trabajadores de sanidad por decreto-ley, tras meses de huelgas intermitentes y, además, quiere identificar a todos los que han aportado dinero a la caja de resistencia.

Con este tipo de medidas, esa “izquierda” queda retratada una vez más en el país vecino y nadie se puede extrañar de que quienes se empeñan en seguir votando en las farsas electorales una y otra vez prefieran a “la derecha”, es decir, al original, antes que a una mala copia suya.

Lo mismo que en otras huelgas recientes en otros países, para llevar a la cabo la movilización, los trabajadores han tendo que crear nuevas formas de organización sindical, al margen de los sidicatos históricos, siempre vendidos a la patronal.

La reorganización del movimiento obrero portugués ha favorecido que esta misma semana comenzara otra oleada de huelgas en seis hospitales portugueses, que hoy se ampliarán a nueve, y que seguirá hasta el 28 de febrero.

Una de las promotoras de la huelga es Lucía Leite, presidenta de ASPE, el nuevo sindicato de enfermería al margen de las centrales tradicionales, impulsó una nueva forma de caja de resistencia a través del “crowdfunding”, lo que ha permitido a los trabajadores resistir. La caja obtuvo más de 700.00 euros a través de donaciones anónimas, con una media de 20 euros por donante. El gobierno del Partido Socialista, sin embargo, va a exigir que se identifique a todos ellos, al más puro estilo policial.

Los enfermeros exigen que se vuelva a la ley de 2009, cuando la carrera tenía cinco categorías y no como ahora que solo tiene una, por lo cual el salario base es igual el primer día de trabajo que 30 años después. También exigen más personal, subida de salarios y jubilación a los 57 años.

La liquidación de la huelga, llamada “requisición civil” en Portugal, es una decisión que sólo cuenta con tres precedentes en Portugal desde la Revolución de los Claveles de 1974, ya que sólo se había aplicado a las huelgas en las líneas aéreas portuguesas.

Hasta ahora los gobiernos portugueses, a diferencia de los españoles, se habían mostrado extremadamente respetuosos con el derecho de huelga de los trabajadores, ya que incluso es muy raro que se impongan servicios mínimos.

La semana pasada el primer ministro, Antonio Costa, anunció que su gobierno iba a imponer la “requisición civil” que, en definitiva, no es otra cosa que la obligatoriedad de acudir al trabajo. “Son huelgas salvajes que buscan simplemente atentar contra la dignidad de los enfermos, contra el Servicio Nacional de Salud y son absolutamente ilegales”, dijo.

En diciembre, la nueva ministra de Sanidad, Marta Temido, se estrenó calificando la huelga de “cruel”. Sobraron minutos para la respuesta de la presidenta del Colegio de Enfermeros, Ana Rita Cavaco: “Cruel es tener 40 pacientes por enfermero; cruel es tener 4,2 enfermeros por cada mil habitantes cuando la media de la OCDE es de 9,3”.

1.500 despidos tras las huelgas de los obreros de las maquilas del norte de México

Hasta el momento se contabilizan 1.500 despidos por la huelga de las maquiladoras de Matamoros y dos empresas han anunciado el cierre, según ha confesado el Presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (Index) local, Rolando González Barrón.

Quizá lo peor no haya llegado aún porque la patronal sigue amenazando con más despidos: “Vamos a ver, y ojalá me equivoque, pero si siguen así las cosas, y no hay quien aplique la ley, nosotros veríamos despidos de 20 a 25.000 trabajadores en los próximos tres años, de seguir así, ojalá me equivoque, 1.500 gentes, y no llegamos ni a los 6 meses”, sostuvo González.

El representante de las maquilas justifica los cierres y despidos como consecuencia de que las huelgas no habían sido legales y detalló que los despidos se dieron en 17 empresas del sector automotriz, el más atacado por la huelga, así como el sector electrónico y médico.

Pero las represalias no han desalentado al movimiento obreros de Matamoros, que sigue el ejemplo de los obreros de las maquilas. En algunas empresas de comercio también han comenzado a estallar huelgas con las mismas reivindicaciones de las maquilas, es decir, un aumento salarial de 20 por ciento y un bono anual de 32.000 pesos.

La huelga de las maquilas de Matamoros, junto a la frontera oriental con Estados Unidos, puso en pie a 70.000 trabajadores en lo que ha sido calificado coo la “insurrección obrera” más importante de México de los últimos 70 años.

Comenzó a princicipios de enero y fue un rotundo éxito para los trabajadores, que lograron sus reivindicaciones y acabaron con las mafias sindicales vendidas a la patronal.

La huelga desató en varias ciudades de México una importante campaña de solidaridad con los trabajadores y la más formidable censura y manipulación de internet por parte de los grandes monopolios informáticos y cadenas de noticias.

México es el país más grande del mundo  en maquiladoras, que integran a unos tres millones de trabajadores, mujeres en su mayor parte, y generan otros siete millones más de empleos indirectos.

Aparecieron en 1965. El 90 por ciento de ellas están en la frontera con Estados Unidos, donde forman una especie de “zona franca”. No son más que gigantescas estaciones ferroviarias de carga para la exportación.

Más información:
– El movimiento obrero del norte de México rompe con las mafias sindicales y alcanza un gran éxito
– La insurrección obrera provoca la bancarrota de los sindicatos ‘blancos’ en el norte de México

– Rebelión obrera en las maquildoras de la frontera de México con Estados Unidos
– La mayor mina subterránea de México ha permanecido cerrada 11 años a causa de una huelga

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