La web más censurada en internet

Etiqueta: Lucha obrera (página 10 de 30)

Los capitalistas chilenos proponen subir los salarios para contener las luchas populares

“El que no llora no mama”. La crisis social en Chile ha llevado a varios de los capitalistas más prósperos del país a hacer autocrítica e incluso a proponer mejorar las condiciones salariales de sus trabajadores, como afirmó ayer un representante de la patronal.

La peor convulsión en las calles en más de 30 años en Chile ha expuesto el descontento social de la población, entre cuyas quejas se cuenta la desigualdad y las brechas salariales, en un país donde el salario mínimo es de 301.000 pesos (unos 412 dólares) y en el que la mitad de los 8,6 millones de trabajadores gana en promedio 400.000 pesos (555 dólares).

Alfonso Swett, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), reconoció a medios locales que deben ejecutarse cambios. «Sabemos que tenemos que agrandar nuestras manos, meternos las manos al bolsillo y que duela», aseveró Swett, cabeza de uno de los grupos empresariales más poderosos de Chile.

Swett afirmó que existe la «convicción» en su sector de que se deben mejorar las condiciones de los trabajadores. Otros poderosos empresarios ya han decidido aumentar el salario mínimo de sus empleados como un gesto en medio de esta crisis social que ha dejado 20 muertos y más de un millar de heridos.

«Las crisis se resuelven con acciones concretas», declaró el millonario Andrónico Luksic, quien prometió desde el 1 de enero del año 2020 aumentar a 500.000 pesos (unos 687 dólares) el salario mínimo de los trabajadores de su conglomerado empresarial Quiñenco, que maneja empresas como el Banco de Chile, uno de los más importantes del país, y CSAV, el cuarto operador de transporte marítimo del mundo.

Luksic, quien además se mostró dispuesto a discutir un impuesto del 1 por cien al patrimonio de los más ricos, llevó a otras empresas a hacer anuncios similares como la inmobiliaria Crystal Lagoons, que anunció un incremento al salario mínimo de sus trabajadores a 600.000 pesos (825 dólares), la plataforma de seguros Comparaonline (849 dólares) o la empresa financiera Tanner (828 dólares).

«La compleja situación que está atravesando Chile nos hace reflexionar sobre nuestro rol en esta sociedad. Entiendo las frustraciones que hoy se visibilizan», dijo Antonio Turner, gerente general de Tanner.

La crisis social provocará un cierre de año «muy malo» para la economía chilena y, ante esta nueva realidad, se reducirán las estimaciones de crecimiento de Chile, actualmente del 2,5 por ciento anual, según dijo ayer el flamante ministro de Hacienda, Ignacio Briones, en el cargo desde el lunes tras un nuevo cambio de gabinete del Presidente Sebastián Piñera, pedido por las protestas en la calle.

«Ya tendremos tiempo para retomar los temas del crecimiento, porque claramente para financiar todo lo que tenemos que construir en soluciones, vamos a necesitar crecimiento», sostuvo Swett.

http://www.diarioextra.com/Noticia/detalle/402294/empresarios-proponen-mejorar-los-salarios-ante-la-crisis-en-chile

La trágica muerte de una trabajadora emigrante en un almacén de cítricos de Murcia

Explotada hasta la muerte: Hind El Bekkali
Un sueño convertido en pesadilla. El de Hind El Bekkali, una mujer que partió de Marruecos hace veinte años para labrarse un porvenir en España y regresó a su país en un ataúd para ser enterrada en el pequeño pueblo de Fquih Ben Salah, en la región central del país vecino. El 8 de octubre, a las 18.24, el 112 confirmaba su muerte en un accidente laboral en el almacén Cítricos La Paz, en Fortuna, donde trabajaba desde hacía casi cinco meses como envasadora.

Hind, de 39 años, deja huérfanos de madre a tres hijos de 16, 12 y 6 años. “Estoy muy mal, muy mal de verdad, no tengo la cabeza para hablar con nadie”, solloza al otro lado del teléfono apesadumbrado Abdelaziz Hassimatar, que cruzó este miércoles el Estrecho tras dar sepultura a su mujer en la tierra que la vio nacer y ya está de vuelta en Fortuna.

Hassimatar es claro al respecto de la muerte de su mujer y apunta a que fue una negligencia de la empresa donde trabajaba. “Ella no tenía formación para asumir la tarea que se le asignó, Hind me contó que le habían cambiado de puesto unos días antes del accidente, el asunto está en manos de mi abogado”.

Su esposa se encontraba limpiando en una zona de la fábrica “cuando fue succionada por una de las máquinas de precalibrado”. Hassimatar y diversas organizaciones de defensa de los trabajadores se han apresurado en denunciar que el puesto de Hind no era el de limpieza, que no tenía formación para acometer esa tarea y denuncian irregularidades en materia de prevención de riesgos laborales.

Estamos ante un accidente laboral como los que hay en muchas empresas españolas. Al día siguiente hubo otro en Mercadona, que no ha trascendido.

Jawad Romaili es el letrado del marido de la víctima. Según declaró, “hubo un incumplimiento de la normativa de riesgos laborales; tres días antes de su muerte fue cambiada de puesto de trabajo, la enviaron al triaje, y la empresa presuntamente no le dio formación específica para ello”. En la zona de envasado y la de triaje, según explicó Romaili, hay cintas diferentes: “En el triaje hay un robot, cuando terminan tienen que limpiarlo y alguien le mandó esa labor”.

La noticia de la muerte de Hind corrió como la pólvora entre la comunidad marroquí residente en Murcia, que en un porcentaje elevado procede de la misma región que Hind –Beni Mellal- y también se gana la vida en el campo o los almacenes agroalimentarios. “La hermana de mi mujer es amiga suya y desde que ha pasado todo esto no puede dormir”, cuenta apenado un paisano que vive en Mula. En Marruecos tampoco ha pasado desapercibido el suceso, del que se han hecho eco algunos medios de comunicación.

Tras el accidente, organizaciones como Comisiones Obreras han puesto de nuevo el acento en la precarización del sector de las envasadoras, contratadas en su mayoría por Empresas de Trabajo Temporal (ETT), como era el caso de Hind.

“En los almacenes donde no hay control sindical estamos viendo cómo se cometen ilegalidades en la cotización de los días trabajados, no se abonan las horas extraordinarias como se debería y en especial en materia de prevención laboral hay muchos incumplimientos”, explica Santiago Navarro, secretario general de Comisiones Obreras (CCOO) en la región.

La mayoría de trabajadores de los almacenes, en el manipulado de cítricos, tomate y fruta son mujeres, un 80 por ciento de unos 10.000 empleos que se generan cada año. “Y cada vez es mayor el porcentaje de mujeres inmigrantes, que en períodos fuertes de la campaña hacen jornadas interminables”.

Soumia ha llegado a trabajar “desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche”. Catorce horas, “parando 15 minutos por la mañana y por la tarde para almorzar y merendar, y una hora para comer”.

Hombros destrozados y manos atrofiadas

La situación “es horrible”, se queja Kawtar, quien lleva varios en Murcia de un almacén a otro. “Dicen que venimos a quitarle el trabajo a los españoles, pero hacemos los trabajos de los que ellos huyen”. Kawtar denuncia que tiene amigas con enfermedades laborales no reconocidas. “Con los hombros destrozados, pérdida de musculación, manos atrofiadas…”

Algunas personas “lo aceptan porque es una oportunidad para hacer dinero; pero es muy duro, sobre todo en algunos almacenes que tienen muy mala fama porque te tratan mal, a veces tus propias compatriotas que están de encargadas”. Para esta mujer, “hay situaciones que no se pueden permitir; trabajar, sí pero como una esclava, no”.

José María López, de Comisiones Obreras, apunta a las ETT como “una herramienta para que las empresas dispongan de empleados por debajo del coste mínimo, flexibilizando y precarizando las relaciones laborales; es un tema delicado porque la intención es ganar, ganar y ganar; se busca la rentabilidad a cualquier coste”.

Las ETT, prosigue, son las responsables de formar e informar a los trabajadores. “Una formación que muchas veces consiste en dar a las mujeres, en este caso, montones de documentación escrita para que la firmen y estar justificados documentalmente; estamos hartos de denunciarlo”.

Sabah Yacoubi, presidenta de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes en Murcia (ATIM), ha querido mostrar también su solidaridad con la víctima y ha informado de que está organizando una manifestación con varios colectivos para honrar la muerte de Hind y para protestar contra las precarias condiciones de estas trabajadoras. No descartan, además, personarse en la causa.

El caso se dirimirá en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Cieza, que tendrá que aclarar si Hind había recibido formación sobre las tareas que se le encargaron y si se cumplieron todas las medidas de seguridad.

Los representantes legales de Cítricos La Paz aseguran que “se han puesto todos los mecanismos en marcha para acompañar a la familia; se ha asignado un psicólogo al marido Y se ha pagado el sepelio en Marruecos”. Incluso el dueño de la empresa “le dijo que a sus hijos no les iba a faltar de nada”, apunta Mariano Bo.

“A mí nadie me ha ayudado, el entierro lo tiene que pagar la empresa porque está estipulado en el convenio”, reclama Abdelaziz Hassimatar a este periódico. “Los que se han volcado con nosotros han sido nuestros vecinos de Fortuna”, señala al tiempo que relata que le quedan unos días para incorporarse a la finca donde está empleado, “aunque no sé si tendré fuerzas”.

La empresa cuenta con unos 700 u 800 trabajadores y que el 80 por ciento es plantilla propia. “A los que vienen de la ETT se les ficha una vez han sido probados y si la empresa está satisfecha con ellos”.

En cuanto a las medidas de seguridad, “esta trabajadora había recibido dos cursos en los últimos cuatro meses, de la ETT -han aportado un documento firmado por Hind-; su encargada, además, es árabe y habla español, por lo que todas las instrucciones eran comprensibles para ella”.

Según relatan, “no es cierto que se le cambiara de puesto de trabajo tres o cuatro días antes y que no conociera las medidas de seguridad, porque son las mismas en todas las áreas: no acercarse a las máquinas, no meter las manos, ni la cabeza, en unos espacios que además están vallados perimetralmente”.

A falta de conocer los resultados de la investigación en marcha, lamentan que “no podemos saber qué ha pasado porque no había nadie en ese momento con ella, una compañera estaba en el vestuario y la otra estaba en el puesto de observación, que está más elevado y la tenía fuera de su campo de visión; cuando se dieron cuenta pulsaron el botón de seguridad y se puso el protocolo en marcha pero ya era tarde”.

El Comité de Empresa ha difundido un vergonzoso comunicado en el que asegura que Hind “contaba con la debida formación e información del puesto que desarrollaba. El sistema de trabajo consiste en tareas repetitivas diariamente que son de sobra conocidas por el personal, ya que se instruye a los mismos y se les facilita las indicaciones precisas para realizar su actividad”.

Santiago Navarro considera que “no es que la mujer fuera imprudente, la empresa debe impedir que el trabajador se vea en esas circunstancias y la ley exige que haya una serie de protecciones para que el trabajador no pueda introducir ningún miembro”.

El abogado de Hassimatar aseguró que “los horarios presuntamente no se cumplían en la empresa. En la declaración del marido de la víctima ante la Guardia Civil expone que su mujer había días que entraba a las ocho de la mañana y salía a las siete o las ocho de la tarde, incluso a las diez de la noche”. Hassimatar así lo explicó también a este periódico.

Desde ATIM y Comisiones insisten en denunciar el incumplimiento de la ley en este sector, en especial con los trabajadores inmigrantes, “que se ven con una soga al cuello, no tienen capacidad de organización y cuando reclaman sus derechos se ven fuera de la empresa; hay mucho clientelismo, y además de que no se actúa, las sanciones a veces son irrisorias”.

“En algunos almacenes tenemos que levantar la mano hasta para ir al servicio, y nos descuentan el tiempo no trabajado; me han llegado a decir que venga de casa con las necesidades hechas o con un pañal”, asegura una de las mujeres entrevistadas por este periódico.

Un salario con engaños

El salario mínimo es de 7,04 euros/ hora, “pero nunca llegan”, explica José María de Comisiones. “Es un engaño porque les descuentan de ahí el 30 por ciento de la Seguridad Social”. Cuando “se contrata, por llamarlo de alguna manera, a personas sin papeles es mucho peor, porque entonces se vulneran aun más los derechos mínimos”.

Para acudir a los puestos de trabajo, lo hacen en furgonetas o autobuses que van recogiendo a los trabajadores en una ruta que los lleva desde su lugar de residencia al almacén donde trabajan y que cobran unos cinco euros por trayecto a cada empleado. “¿Qué permisos tienen esas furgonetas?”, se pregunta José María, quien denuncia que a veces los conductores funcionan como una empresa de contratación directa y saben qué perfiles tiene que reclutar. “Los que no dan problemas”.

No es fácil plantarse, como hicieron hace 20 años las empleadas de los almacenes de la Vega Alta en el conocido como el ‘Caso Nolotil’. Un grupo de mujeres atiborradas de analgésicos para amortiguar sus dolores, que se atrevieron a denunciar los abusos a las que estaban sometidas en un sector que sigue acumulando denuncias de los trabajadores.

https://www.eldiario.es/murcia/reportajes/trabajadora-arrollada-maquina-citricos-precariedad_0_956105219.html

La lucha contra la explotación de las trabajadoras costureras en México

Sara Lovera

Levantadas sobre los escombros -ya que el sismo dejó atrapadas más de 600 costureras en decenas de edificios de la avenida San Antonio Abad, de las calles de Uruguay, Belisario Domínguez, Perú y José María Izazaga, donde se concentraban pequeñas fábricas y talleres de confección, establecimientos hoy desolados- unas 800 costureras de 40 fábricas, de las más de 11.000 afectadas de 400 establecimientos por el terremoto del 19 de septiembre de 1985, lucharon más de tres años por sus derechos y sus puestos laborales. Protestaron y marcharon por las calles; organizaron mítines y alzaron un campamento.

Sin más recursos que el coraje y la razón, fundaron el 22 de octubre de 1985 el Sindicato Nacional de Trabajadoras de la Costura, Confección, Vestido, Similares y Conexos 19 de Septiembre, encabezado por Evangelina Corona, Alicia Cerezo, Guadalupe Conde, Leticia Olvera y Alejandra Martínez, entre muchas otras.

Organizadas y apoyadas por muy distintos grupos, enderezaron más de 345 demandas ante la Junta de Conciliación y Arbitraje, lograron convenios para 2.000 trabajadoras en cerca de 100 empresas, con indemnizaciones de aproximadamente 429 millones de pesos (24 millones 600 mil dólares). En 84 empresas de la confección y del vestido hubo conflictos de carácter laboral, resueltos y/o archivados, con soluciones de una lentitud ofensiva.

Entonces había exceso de oferta laboral. Las costureras laboraban 11 horas diarias; trabajaban a destajo, no tenían horarios de comida, les pagaban centavos por cada costura, vivían humilladas y sin derechos laborales. Cientos de talleres operaban fuera de la ley. Lo mismo sucede tres décadas después.

Fueron tres intensos años de lucha, ellas en pie. Firmaron condiciones nuevas de trabajo, formaron dos cooperativas; crearon una guardería, se unieron a organizaciones sociales/feministas, pero 30 años después, el sindicato sólo representa a cinco empresas, tres de ellas fuera de la capital, en Irapuato, Guanajuato. Al día de hoy, las condiciones de unas 10.000 trabajadoras no han variado.

Este septiembre de 2015, al caminar por San Antonio Abad, Izazaga, 20 de Noviembre, Manuel Doblado, Belisario Domínguez, Paraguay, Ecuador y Perú, puede verse que los antiguos talleres desaparecieron: hoy son centros de venta de ropa importada que comercializan vestidos de fiesta y pantalones, trajes, sacos y faldas adocenadas provenientes de la maquila internacional.

En mayo de 2015, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ofreció a la Cámara de esa industria un apoyo de 450 millones de pesos (22 millones 500 mil dólares), pues solo en 2014 entraron al país 150 millones de prendas de vestir procedentes del extranjero.
Símbolo encarnado

Frente al lastimado monumento metálico en Tlalpan donde se alzó durante varios años el campamento de las costureras en lucha, que funcionaba como refugio y centro de las movilizaciones, se aprecia un tendajón derruido y gris, donde comenzaron las operaciones del sindicato.

Tres décadas después, aunque no se sabe quién administró y vendió parte de ese terreno, el sindicato sigue en pie, afirma Alejandra Martínez, su secretaria general, quien plantea que en estas décadas la industria se ha reducido; hay, como antes, talleres clandestinos, ubicados desde los años sesenta en Ciudad Netzahualcóyotl; hoy se multiplican en Tlaxcala, y hay una huelga que está por cumplir 38 meses sin que se logre acuerdo alguno: la de la fábrica Cartagena, símbolo encarnado: 21 costureras la sostienen, bajo la lluvia y en contra del desprecio y el olvido de Ernesto Kuri Serú, propietario de la fábrica, quien provocó el paro por negarse a pagar un solo derecho de estas costureras, como si nada hubiera sucedido.

Hoy las costureras, miles desempleadas, sobreviven al infortunio que un día les dio gran fuerza. En Cartagena esperan pacientes una solución.

En el recuerdo de Alejandra está la fábrica de vestidos Read, donde el sindicato operó durante 20 años. Ahí se hacían los vestidos de fiesta, con canutillo y tul; los trajes de novia, otros más de telas finas. Eran 40 las costureras que vieron cerrar el establecimiento en 2004. El combate contra el sindicato fue feroz, nos dice Alejandra.
Un cambio de vida

A Leticia Olvera, la lucha obrera le cambió la vida. Militante de Mujeres en Acción Sindical tras el sismo de 1985, hoy mira el pasado con enojo. «Muchas fábricas cerraron apenas nos organizamos», recuerda. Tal fue el caso de la de ropa íntima Cárnival. Hoy Leticia lucha para que sobreviva una organización de proyectos productivos, y aprendió que además de los derechos laborales, las mujeres necesitan igualdad y derechos sexuales y reproductivos.

Alicia Cerezo reconoce que su vida dio un giro de 90 grados. También se hizo feminista, pero advierte que miles de sus compañeras quedaron atrapadas en una condición lamentable, y que el fracaso del sindicato está ligado a los intereses patronales y al sindicalismo espurio. Las costureras, tal y como fuimos antes, han desaparecido.

Evangelina Corona, quien tras la lucha se hiciera asambleísta, trabaja en una oficialía de partes a su avanzada edad; Alicia y Leticia promueven el seguro de desempleo en módulos de la Secretaría del Trabajo del Distrito Federal; Lupe Conde se jubiló como maestra de corte y confección. Miles trabajaron hasta hace poco, y algunas lograron su jubilación.
Globalizacion y pérdida

Según la Cámara Nacional de la Industria Textil y del Vestido, que dirige Samuel Gersheinch Salvocou, la confección apenas representa el 0,1 por ciento de la industria; la competencia por la apertura internacional tiene colocada a la del vestido en un sistema globalizado que ha eliminado los antiguos talleres y pequeñas fábricas que hace tres décadas, sólo en la capital, llegaron a tener 70.000 costureras.

La información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de las Cuentas Nacionales 2014, señala que en todo el país hay 74.026 trabajadoras formales de la costura, el 1,3 del personal ocupado formalmente en toda la manufactura nacional, y confirma que los salarios anuales de cada trabajadora no llegan más que a 12.000 pesos (600 dólares) unos 700 pesos (35 dólares) efectivos cada semana.

Alejandra Martínez reafirma que las costureras pagadas en nómina no logran más de esos 700 pesos semanales, y en este 2015 en curso, las que trabajan a destajo reciben sólo dos pesos (0.1 dólares) al día por prenda cosida, y las jornadas se extienden hasta por 10 o 12 horas diarias. «No hubo cambio ni hay inspectores en los talleres, ni protección, ni se cumple con el salario mínimo profesional, ni se conmueve la Secretaría del Trabajo», afirma.

Hoy, las grandes tiendas departamentales contratan a empresas de dudoso origen, las llamadas outsourcing, afirma el abogado Manuel Fuentes, uno de los defensores de las costureras, quien añade que, donde hay pequeñas fábricas, existen contratos de protección, es decir, contratos de trabajo que proponen las centrales obreras, sin organizar a las trabajadoras en sindicatos y que sirven para encubrir a la patronal. El abogado de Cartagena Eduardo Díaz confirma que quienes laboran en la costura lo hacen sin derechos.

Sin embargo, el valor de las ventas es hasta de 90.000 millones de pesos (4.500 millones dólares), pero principalmente en la industria de confección en cuero; en la elaboración de alfombras y en la producción de moda en gran diseño.

La ropa popular es china o proveniente de talleres outsourcing que contratan El Palacio de Hierro, Liverpool o Sears, empresas que reciben ropa cortada por diseñadores, con telas importadas y confección pagada a precios irrisorios, informan Eduardo Díaz, Alejandra Martínez y Manuel Fuentes.

Una de las características que definió a la industria que ya tiene más de un siglo de vida, fueron los talleres familiares. En 1985, la mitad de la producción se hacía en estos talleres, ubicados en el Estado de México, hoy en Tlaxcala y en los alrededores de la ciudad de México y de otras capitales, los patrones se ahorran millones de pesos en impuestos. Para las costureras del Distrito Federal, pese a la reducción de la industria por la competencia internacional, la situación actual es semejante a la de esa época.

Una descripción detallada de lo que sucedía en las pequeñas fábricas se lee en un estudio realizado por la Secretaría del Trabajo en octubre de 1985. En el documento sin firma, el anónimo autor señalaba:

«A medida que los medios de comunicación se adentraban en el caso de las costureras, salían a la luz las terribles condiciones de trabajo con que operaba la industria en general, y la casi total inexistencia de protección sindical. Así, se supo que las costureras trabajaban jornadas de más de ocho horas diarias, ya que su salario se les pagaba a destajo, lo que las forzaba a cumplir con cargas de trabajo muy altas; que a menudo había sanciones muy rigurosas por retardos y faltas, y que, dado que existía abundancia de mano de obra disponible, las amenazas de despido resultaban frecuentes y los salarios que se pagaban en muchos casos eran menores que el mínimo. También se supo que muchas veces los empresarios firmaban contratos por una semana con sus trabajadoras para evitar así registrarlas en el Seguro Social.

«Para evitar robos en las empresas, se afirmó que en algunos talleres las trabajadoras eran sometidas a rigurosas revisiones y, en algunos casos, los dueños cerraban con llave los accesos a los talleres mientras las obreras estaban trabajando. Varias versiones de personas presentes durante el sismo sostenían que por esa razón muchas trabajadoras no habían podido salvar sus vidas.

«Estas denuncias provocaron serios reclamos a las organizaciones obreras y a las autoridades del trabajo. El líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez, afirmó que la industria textil, principalmente en el rubro de la confección de ropa, era uno de los ramos más incontrolables desde el punto de vista sindical, pues se manejaba en la clandestinidad desde hacía varios años en talleres escondidos con una marcada explotación de la mano de obra, en los que no se pagaba ni el salario mínimo y se negaban prestaciones sociales. Por su parte, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Textil, afiliado a la CTM, Adolfo Gott Trujillo, indicó que la mayoría de los trabajadores que laboraban en los talleres donde se confeccionaba ropa no estaban afiliados a ningún sindicato. Solo una minoría estaba organizada en pequeños sindicatos desconocidos.


http://amecopress.net/Mexico-Costureras-olvidadas-y-explotadas

115 días de huelga: la lucha de las trabajadoras de las residencias de Gipuzkoa contra la precariedad

Desde el 7 de octubre las trabajadoras de las residencias de la tercera edad de Gipuzkoa, recorrieron a pie toda la comarca para reivindicar un convenio digno y exigir un modelo de cuidados de calidad en los centros, en una marcha que finalizó el 18 de octubre en San Sebastián, ante la Diputación.

Han permanecido de huelga casi un tercio de este año por tramos intermitentes de unos 30 días. El sector de las residencias reúne a más de 5.000 trabajadoras en Gipuzkoa, que cumplieron 115 días de huelga sin que el movimiento feminista diera señales de vida. En la lucha de las trabajadoras de la limpieza de Elorrio tampoco se les vio el pelo.

La brecha salarial que soportan es del 30 por ciento en comparación con los sectores privatizados en los que trabajan hombres, lo que, aseguran, “supone 6.000 euros menos al año”. La negociación para la mejora de las condiciones laborales de estas trabajadoras comenzó en 2017.

La falta de personal en los centros que hace que en ocasiones una única trabajadora se tenga que hacer cargo de más de 20 ancianos, el mal estado de los edificios y la angustia que supone el hecho de que el “negocio” prime ante la calidad y dignidad del trabajo, son algunas de las cuestiones que llevan a las trabajadoras de cuidados de personas de la tercera edad a no tirar la toalla y a seguir con su lucha.

La lucha ha tenido que hacer frente tanto a las empresas privadas como a las instituciones autonómicas vascas. El alcalde de Donosti les negó el espacio público para manifestarse con la excusa del Festival de Cine, a pesar de lo cual mantuvieron la convocatoria de protesta.

La Diputación Foral de Gipuzkoa ha creado un cuadro deplorable: el dinero es público (más del 90 por ciento de las camas son concertadas), los beneficios son para las empresas privadas, las condiciones de trabajo son miserables y la calidad asistencial bajo mínimos.

Esta lucha recuerda a la que sus compañeras en Bizkaia realizaron en 2017, que con 370 días de huelga y tras 2 años de conflicto, se convirtió en la más larga de la historia de Bizkaia. Aquella movilización tuvo un final feliz, al terminar con la firma de un preacuerdo de convenio con Gesca, Elbe y Lares, las tres patronales del sector, en el que se estipula que llegarán a los 1.200 euros de salario neto por 14 pagas en 2020 y a las 1.592 horas anuales en el año 2022.  En Álava también ha habido protestas, aunque menos contundentes.

Tanto en aquella ocasión como en esta, las trabajadoras han destacado que se trata de una huelga de trabajadoras y de una lucha social. No descartan la huelga por tramos e ir a la huelga indefinida.

Las trabajadoras saben que sin huelgas no hay manera de avanzar, ya que las instituciones autonómicas están acostumbradas a pulsos muy largos con las trabajadores. Va a tocar hacer una huelga por cada convenio que se intente mejorar, porque de lo contrario no les hacen ni caso, ni a ellas ni a los ancianos que atienden.

Los trabajadores ecuatorianos han conseguido frenar la ofensiva del gobierno y el FMI en diez días

Diez días de protestas contra el Gobierno de Lenín Moreno han convertido a Quito en un campo de batalla donde las movilizaciones convocan a múltiples sectores de la sociedad ecuatoriana.

Barricadas, incendios, multitudes, carreras, gases, heridos, muertos… La escenografía alcanzó su punto máximo el 12 de octubre cuando el presidente Lenín Moreno anunció que el toque de queda, vigente desde el día 9, sería a partir de las tres de la tarde en vez de las ocho de la noche.

A la hora de su anuncio las avenidas principales que desembocan sobre la Asamblea Nacional, epicentro de las manifestaciones, reunían a miles de personas en medio de humaredas.

A los trabajadores de los transportes se les unieron muchos sectores sociales: campesinos, estudiantes, jóvenes, profesionales, mujeres, solidarios… con un elemento común: el descontento profundo hacia el gobierno.

El 12 de octubre fue cuando con más nitidez pudo verse cómo se acercaron más sectores a la movilización.

Finalmente el gobierno ha tenido que dar marcha atrás, anulando las medidas económicas que han causado un amplio rechazo popular.

La solidaridad entre la gente de Quito y los manifestantes se manifestó de muchas maneras. Una de ellas fue la permanente labor de las brigadas de médicos voluntarios, así como del constante ir y venir de camionetas con alimentos e insumos, muchas veces caseros —como paños mojados con limón— para hacer frente al efecto de los gases lacrimógenos.

Otra imagen del encuentro entre diferentes sectores se dio con las movilizaciones que iniciaron desde diferentes barrios populares de la capital que se fueron sumando de a poco al punto central del enfrentamiento. Se vieron pasar columnas con banderas de Ecuador y la misma consigna repetida: «fuera Moreno fuera».

El gobierno optó por varias tácticas ante esa situación. Intentó generar miedo con el anuncio del toque de queda, luego con la represión masiva que le siguió, y finalmente con el despliegue de militares en las calles. El objetivo fue aislar hasta acorralar al movimiento popular ante una ciudad vacía por la prohibición de estar en la calle.

«Somos gente que estamos protestando por un bien común, un bien para todos, no queremos ser más pobres de lo que ya estamos, la gente pobre que puede comprar un pan ya no va a poder siquiera comer, y ese es el pueblo que está reclamando eso, si la gente no se levanta hoy este Gobierno se va a seguir llenando los bolsillos de dinero», dijo un joven, uno de los tantos que han protagonizado estas jornadas.

El objetivo de aislar políticamente a la protesta fue impedido por el cacerolazo que atravesó la ciudad de Quito y en varias partes del país durante la noche. Así quedó nuevamente ratificado que Lenín Moreno no enfrenta una protesta de los indígenas, sino que está ante una crisis de legitimidad producto de sus decisiones y su violencia que no paró de escalar en los diez días de protesta.

Llega ahora el momento de las negociaciones. El gobierno tendrá que sentarse a la mesa después de los muertos, los heridos, los detenidos y la ola de represión en un escenario que no se veía en el país desde hacía muchos años.

Quito, una ciudad que se ha transformado en campo de batalla, podría tener una tregua en caso de lograrse un acuerdo. De lo contrario continuará su espiral de movilización frente a un gobierno dispuesto a aumentar la represión para mantener las medidas económicas del FMI rechazadas por una mayoría del pueblo ecuatoriano.

La Gran Huelga del Acero cumple cien años

La policía carga contra los obreros en Pensilvania
Tom Mackaman

El 22 de septiembre de 1919, un cuarto de millón de trabajadores siderúrgicos dejaron sus herramientas e hicieron una huelga que pronto se extendió desde Chicago y St. Louis, en el oeste, hasta Bethlehem, Pensilvania, a solo 160 kilómetros de la ciudad de Nueva York, en el este. En su pico, quizás 350.000 obreros se unieron a la Gran Huelga del Acero, que paralizó a la que entonces era la industria más importante de Estados Unidos.

Los trabajadores desafiaron la represión de las autoridades estatales y locales. Los derechos a la asamblea y libertad de expresión fueron ignorados en algunas ciudades siderúrgicas. Guardias privados, policías y tropas estatales —los obreros los llamaban “cosacos”, en referencia a la gendarmería zarista— amenazaron y atacaron a los piquetes. Gary, Indiana fue ocupado brevemente por 2.000 tropas federales. Las ciudades de la empresa desalojaron a familias. Las tiendas de la empresa cortaron el crédito. Sin ingresos, los trabajadores pasaron hambre y frío.

Pero los obreros siderúrgicos y sus familias estaban acostumbrados a las dificultades. Resistieron durante gran parte del otoño y en pleno invierno. Sin embargo, a pesar de la fuerza que demostraron, la huelga comenzó a disiparse en diciembre y se suspendió a principios de enero de 1920. Los obreros volvieron a las fábricas, golpeados por US Steel, la empresa más grande del mundo en aquella época, y por las otras empresas siderúrgicas.

Para evitar el surgimiento de otra lucha similar, tras la huelga US Steel implementó un gran programa de espionaje industrial. La empresa siderúrgica pagó a una legión de empleados de la oficina de correos, empresarios locales y “soplones” para saber lo que los obreros leían y pensaban y cuáles eran sus organizaciones. Los obreros socialistas fueron un objetivo especial, y por buenas razones. La influencia del socialismo y de la Revolución rusa se sintió en cada rincón de la Gran Huelga del Acero, a pesar de los esfuerzos de los dirigentes de la huelga en insistir que era una lucha por “pan y mantequilla”.

Una de las luchas laborales más importantes en la historia de Estados Unidos, la Gran Huelga del Acero y su derrota ofrecen lecciones estratégicas cruciales para los trabajadores de hoy. En particular, demuestra que las principales luchas industriales de la clase obrera deben ser guiadas por una perspectiva política que esté a la altura de la dimensión de esa tarea.

Los sindicatos que trataron de organizar a los obreros siderúrgicos, bajo la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL), fracasaron catastróficamente. Sus estrechos métodos de organización ni siquiera tenían relación con la naturaleza de la industria siderúrgica. No tenían ninguna perspectiva para superar la división racial impuesta por las compañías siderúrgicas a los obreros. Y su subordinación política al Partido Demócrata y a Woodrow Wilson y los objetivos bélicos del imperialismo estadounidense durante la Primera Guerra Mundial perjudicaron a la huelga desde el inicio. En el análisis final, la naturaleza de los propios sindicatos fue la barrera más notable para organizar a la industria del acero.

La industria siderúrgica

El medio siglo que separó al final de la Guerra Civil del inicio de la Primera Guerra Mundial fue una época de cambio dramático. En 1865 no había automóviles, teléfonos, aviones o rascacielos; no había luces eléctricas ni voces humanas grabadas ni películas. En 1914 sí existían todas estas maravillas y otras.

El paisaje de George Innes de 1856 del centro de laminado de hierro de Scranton, Pensilvania, «El valle de Lackawanna», captura la pequeña escala de la industria.

En cuanto a la industria, en la época de Lincoln había pocas fábricas grandes, incluso en el norte. La “manufactura” se mantuvo cerca de su raíz latina—para hacer a mano. La industria siderúrgica dramatiza este punto. En la década de 1850, el fabricante de hierro —y republicano radical— Thaddeus Stevens tenía unos 200 trabajadores en su empresa Cambria Iron Works, cerca de Gettysburg, en Pensilvania. Cuando los soldados confederados del general Jubal Early la destrozaron en su invasión de junio y julio de 1863, una sola división de caballería manejó el asunto en un día.

La industria siderúrgica de 1914 habría sido irreconocible tanto para Stevens como para sus antagonistas. Ahora las fábricas tenían una extensión de muchas hectáreas y sus chimeneas tenían decenas de metros de altura. Daban trabajo a miles y miles de obreros, y a unos 10.000 o más si se incluyen a Homestead Works, cerca de Pittsburgh, y a los grandes complejos de US Steel en el sur de Chicago y en Gary.

Las fábricas definieron a una región grande. Enormes cargueros de mineral recorrieron los Grandes Lagos desde Duluth, Minnesota, en la cabeza del Lago Superior, a través de una banda de ciudades cuyas poblaciones crecieron fuertemente con el acero y con otras industrias: Milwaukee, Chicago, Gary, Detroit, Toledo, Cleveland, Erie (puerto fluvial de Pittsburgh) y Búfalo. El desarrollo del horno Bessemer y el proceso de coquización, mediante el cual se transformó el carbón bituminoso para fines industriales, llevó a la órbita de la industria siderúrgica a los campos de algodón que se extendían desde los montes Apalaches hasta el sur de Illinois.

En 1914 las operaciones de los pequeños fabricantes de hierro, como Stevens, habían sido devoradas por industriales como Andrew Carnegie. El acero se convirtió en una industria altamente capitalizada que invirtió mucho en nueva tecnología. Criticado por los fabricantes de acero británicos, que se aferraron a sus plantas físicas durante mucho más tiempo, Carnegie respondió que “Estados Unidos los está convirtiendo en un número atrasado porque conservan esta maquinaria gastada”.

Pero la despiadada reducción de costos e implacable búsqueda de eficiencia de Carnegie hizo que la industria fuera caótica y puso enormes presiones deflacionarias a la economía a finales del siglo XIX. El capital financiero intervino. En un proceso que ilustra bien el análisis de Lenin sobre el surgimiento del capitalismo, el banquero líder, J.P. Morgan, compró a Carnegie y a sus rivales clave en 1901, creando US Steel, la corporación más grande del mundo. Inicialmente se capitalizó en la suma inaudita de $1,400 millones, y constituyó, ella sola, casi la vigésima parte del producto interno bruto de Estados Unidos.

La “fundación del acero” monopolizó la industria y eliminó la competencia en el mercado interno. Sin embargo, una vez logrado esto, solo podía encontrar salida y crecimiento en el mercado mundial. Procesos similares, como explicó Lenin, comenzaban en los otros grandes países capitalistas, conduciendo a las grandes potencias a una guerra entre sí.

Los trabajadores del acero

Mientras los capitalistas y sus gobiernos dividían al mundo y se preparaban para la guerra, las mismas fuerzas estaban, hablando objetivamente, uniendo a los trabajadores. La industria siderúrgica de Estados Unidos trasladó a las fábricas a trabajadores de docenas de tierras. La afluencia fue tal que se definió despectivamente a la Gran Huelga del Acero como una lucha de “extranjeros” o “huelga de fortachones”. Hacia 1914, los inmigrantes del este y sur de Europa y sus hijos representaban más del 70 por ciento de la mano de obra industrial. En las fábricas se unieron a los obreros “estadounidenses”, que a menudo eran hijos de inmigrantes irlandeses, ingleses, alemanes o escandinavos.

La Primera Guerra Mundial les cortó a las fábricas de acero su suministro europeo de mano de obra. Su escasez fue compensada, en gran medida, por la Gran Migración de afroestadounidenses del sur rural. Entraron a las fábricas por miles y ocuparon trabajos en los talleres junto a otros recién llegados de Polonia, Hungría, Rusia, Lituania, Serbia y otros lugares. Los inmigrantes negros trajeron con ellos el recuerdo amargo del sistema de segregación de Jim Crow, su violencia y sus humillaciones. Pero descubrieron en las ciudades del norte que los aliados demócratas de los políticos sureños de Jim Crow imponían violentamente la segregación racial en los vecindarios. Estos políticos, que trabajaron codo a codo con los industriales, ayudaron a fomentar la animosidad racial contra los recién llegados, desatando los “disturbios raciales” que mataron a muchos en East St. Louis en 1917 y en Chicago en 1919, en la víspera de la Gran Huelga del Acero.

Aún así, las condiciones brutales en las fábricas fueron una poderosa fuerza unificadora. En la industria del acero, los turnos de doce horas eran la norma, y en 1913 el obrero promedio trabajaba 66 horas por semana. La muerte y las lesiones eran comunes. En el transcurso de un año, en una sola fábrica del sur de Chicago, 46 hombres murieron en su trabajo y 386 quedaron “discapacitados permanentemente”. Los obreros generalmente habitaban ambientes muy contaminados, en viviendas abarrotadas, apenas por encima del nivel de subsistencia. A menudo vivían a poca distancia de las fábricas que se alzaban imperiosamente sobre sus barrios, un recordatorio constante del poder de las empresas siderúrgicas sobre sus vidas.

Los sindicatos del metal

Ningún sindicato “puro y simple” es lo mismo que organizar una fuerza laboral políglota contra un oponente tan poderoso como US Steel y sus empresas satélites. Pero los sindicatos existentes en la industria siderúrgica bajo la AFL eran particularmente inadecuados para la tarea.

El torrente de obreros inmigrantes en la industria siderúrgica durante el cuarto de siglo anterior fue el corolario de una reorganización dramática de la mano de obra en las fábricas. La mecanización de la producción, la proliferación de estudios de tiempo y movimiento y los esquemas de “gestión científica” intentaron poner, en palabras del experto en eficiencia Frederick Winslow Taylor, “el cerebro del pesebre bajo la gorra del trabajador”. El objetivo de los capitalistas del acero, el empaque de carne y de otras industrias era romper el monopolio sobre el conocimiento de la producción, que estuvo en manos de los obreros capacitados durante mucho tiempo.

Los sindicatos del acero quedaron muy rezagados con respecto a estos desarrollos. Eran sindicatos de artesanos que organizaban a los obreros según su habilidad en las plantas. Los sindicatos siderúrgicos se aferraron a esta perspectiva cuando la posibilidad de tal organización se evaporó ante los desarrollos industriales y técnicos, e incluso tras ser aplastados en huelgas, como ocurrió con Carnegie en la Huelga de Homestead, en 1892.

Durante mucho tiempo, la AFL rechazó los esfuerzos para movilizar a los obreros no calificados en la industria siderúrgica. Despreció a las masas de trabajadores industriales “extranjeros”, y a nivel nacional hizo campaña por la exclusión de la inmigración. La mayoría de los sindicatos de la AFL excluyó a los obreros afroestadounidenses de su membresía, con la notable excepción de United Mine Workers. Las empresas siderúrgicas fueron astutas con esto, y durante la Gran Huelga del Acero reclutaron a decenas de miles de afroestadounidenses como rompehuelgas.

Los dieciocho sindicatos de artesanos en la industria perduraron después de Homestead y de una posterior ofensiva corporativa tras la formación de US Steel. Con poca o ninguna negociación, en el momento de la Gran Huelga del Acero la mayoría no eran mucho más que clubes sociales para los obreros más acomodados y los dirigentes sindicales. Por lo tanto, la organización seleccionada por el presidente de la AFL, Samuel Gompers, para liderar el impulso organizacional en el acero, el Comité Nacional para Organizar a los Trabajadores del Hierro y el Acero, debía respetar el terreno jurisdiccional de todos los sindicatos de artesanos. El Comité Nacional fue dirigido por William Z. Foster, el futuro líder del estalinista Partido Comunista de Estados Unidos.

Las concepciones políticas de Gompers, la AFL y el Comité Nacional fueron un fracaso. Pocos burócratas de la AFL podían ser acusados de pensamiento radical. Pero en sus orígenes, en los años 1880, la “Casa del Trabajo” aceptó, como es natural, que había un conflicto fundamental entre los propietarios y los trabajadores. Esta perspectiva llegó a su fin en la Primera Guerra Mundial, cuando la AFL se aferró al corporativismo—la creencia de que el triunfo del imperialismo estadounidense (“el esfuerzo bélico”) y el posterior botín de las grandes empresas de Estados Unidos sería compartido con los trabajadores.

Con la oferta de un estatus semioficial de parte del gobierno de Wilson, Gompers y el resto de la AFL trabajaron fuertemente para evitar que los obreros hicieran huelgas durante la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Aun así, en cada año, 1917 y 1918, más de 1 millón de trabajadores dejaron sus tareas en una ola de huelgas provocada por una inflación desenfrenada y una creciente politización entre los obreros. Sin embargo, aún después de la guerra, cuando las corporaciones afilaban sus cuchillos para una contraofensiva, Gompers trató de conservar la fe en Wilson. Cuando los trabajadores irrumpieron en el Comité Nacional en el verano de 1919, Gompers apeló repetidamente a Foster para que retrasara una huelga con el fin de llegar a un acuerdo. Pero US Steel no quería reconocer al sindicato.

La demora resultó fatal. Se reducía la capacidad productiva de la industria siderúrgica, que fue construida durante la guerra. Se acercaba la recesión severa de 1920. US Steel y los otros productores podían soportar una huelga. Peor aún, la huelga del acero se tambaleó y colapsó cuando comenzó una huelga poderosa de mineros—también de unos 350,000 obreros—liderada por United Mine Workers (UMW). En ese año, los mineros de base pidieron la nacionalización de la industria del carbón, que estaba vinculada estrechamente con la industria del acero. Pero no hay nada que sugiera que la UMW, el Comité Nacional o la dirección de la AFL hayan considerado alguna vez una acción industrial conjunta.


La influencia de la Revolución de Octubre

Desde la década de 1950, los historiadores tienden a ver al “Temor Rojo” de principios de la década de 1920 como una reacción exagerada y paranoica. Sin embargo, una lectura más cercana del período muestra que la creciente ola de huelgas —unos 4.5 millones de obreros solo en 1919— se entrecruzó con varias formas de radicalismo de la clase trabajadora bajo el impacto de la Revolución rusa.

La AFL finalmente aceptó el impulso organizacional cuando fue evidente que hacer lo contrario tenía el riesgo de provocar un resultado más radical. El Comité Nacional suplicó a los patrones del acero al decirles, en palabras de sus organizadores, que “la única seguridad de la industria es permitir que los hombres se organicen en un sindicato conservador afiliado a la AFL”.

El revolucionario I.W.W. (los Trabajadores Industriales del Mundo, también conocido como “los Wobblies”) había encabezado las principales huelgas de los trabajadores del acero y los mineros del hierro en Pensilvania y Minnesota, respectivamente, en los años previos a la guerra. En 1917, huelgas espontáneas sacudieron a fábrica tras fábrica. Estas fueron atribuidas a los Wobblies, pese a que toda la dirección de I.W.W. había sido detenida por el gobierno de Wilson, incluido William “Big Bill” Haywood. El fallecido David Montgomery estimó que una sexta parte de todas las huelgas en 1917 fueron encabezadas por I.W.W., y muchas de las demás “respiraron el espíritu de Un Gran Sindicato”.

Mientras tanto, el Partido Socialista (PS) creció rápidamente en 1917 y 1918, cuando su líder, Eugene Debs, también fue detenido por Wilson por oponerse a la guerra. El crecimiento del PS se concentró en los obreros industriales y especialmente en las “Federaciones de Idiomas Extranjeros” de Europa del este y del sur, que estaban arraigadas en los grandes centros siderúrgicos.

A partir de 1918 las huelgas en la industria siderúrgica fueron atacadas por ser huelgas “bolcheviques”. La hostilidad hacia la revolución de los trabajadores en Rusia se fusionó, en la propaganda mediática, con la ola de huelgas de los “extranjeros”, muchos de los cuales fueron sacados de tierras en Europa atrapadas por la revolución. De manera previsible, cuando se produjo la Gran Huelga del Acero de 1919, la prensa afirmó que los bolcheviques también estaban detrás de ella. Efectivamente, muchos de los obreros se inspiraron en la Revolución de Octubre.

Tras anunciar su apoyo a la Revolución rusa, la Federación Socialista de Ucrania en Estados Unidos triplicó su afiliación. Un asesor finés le aconsejó a un orador socialista conservador que “inyecte un considerable bolchevismo en el discurso y la necesidad de la democracia industrial en todo el mundo” si quería contener el enojo de un grupo de obreros fineses procedentes de los muelles de minerales en Superior, Wisconsin. Una huelga de 13.000 obreros de Toledo en el verano de 1919 formó una organización llamada “Consejo de Obreros, Soldados y Marineros”.

Un investigador del gobierno de Wilson advirtió que no podían contener por mucho más tiempo a los obreros del acero en Hammond, Indiana, quienes operaban con las “doctrinas del bolchevismo y el socialismo”. Un informante en Pittsburgh explicó que los trabajadores del acero “piden literatura y devoran cualquier literatura laboral o radical que puedan tener en sus manos”. En Gary, el 4 de mayo, las autoridades disolvieron una multitud estimada entre 4.000 y 10.000. Los investigadores descubrieron que los eslóganes de la manifestación eran los siguientes:

“Exigimos la liberación de los presos políticos; exigimos el reconocimiento del gobierno soviético; exigimos la liberación inmediata de nuestros Eugene Debs y Wm. Haywood; exigimos la retirada inmediata de las tropas estadounidenses de Rusia”.

Como concluyó David Saposs, un comentarista laboral contemporáneo, “el resultado del asunto es este: los métodos de organización en la huelga del acero fueron anticuados y se hicieron ostentosos para que los organizadores reconocieran las posibilidades radicales… El grito del bolchevismo fue… algo peligroso porque vendía a las masas de obreros siderúrgicos inmigrantes, que fueron derrotados bajo viejas banderas y eslóganes, una idea y métodos no probados bajo los cuales podrían verse tentados a librar otra batalla”.

Una experiencia inolvidable

La experiencia de la derrota de la Gran Huelga del Acero ofrece lecciones clave para los trabajadores de hoy.

En el nivel más inmediato, no se pueden reformar o revivir las formas de organización sindical anticuadas, que no tienen relación con las condiciones existentes. Ese fue el gran error de Foster en 1919. Los organizadores del Comité Nacional intentaron imponer 18 sindicatos de artesanos a una sola fuerza laboral no calificada en una industria masiva. Esos sindicatos fueron hostiles hacia los obreros que debían organizar, y lo fueron aún más a medida que los trabajadores demostraron su fuerza industrial y se inclinaron hacia el socialismo, como señaló Saposs.

Como demostraron los trabajadores automotrices de Estados Unidos en la lucha por sindicar su industria en la década de 1930, los sindicatos viejos tuvieron que ser literalmente expulsados de las fábricas.


Hace un siglo, los sindicatos de la AFL mantuvieron exclusiones raciales que impidieron la afiliación de los obreros y aceptaron una división de la fuerza de trabajo que benefició a los patrones del acero y ayudó a crear un grupo vasto de esquiroles. Hoy, los practicantes de la política de identidad —haciéndose pasar por “progresistas” e incluso socialistas— insisten en que el problema social esencial es el “privilegio blanco”. Los nombres y señalamientos cambiaron, pero quien está avivando la política racial es el mismo partido político: el Partido Demócrata. Los obreros deben aprender la lección de 1919. De la promoción de divisiones raciales y nacionales surgen consecuencias terribles.

Hace un siglo, los obreros que participaron en la Gran Huelga del Acero y otras luchas del período mostraron un interés inmenso por el socialismo. Con el resurgimiento de la lucha de clases a escala global, los trabajadores deben armarse con la ideología más avanzada, acorde a la inmensidad de las tareas que enfrentan.

400 trabajadores despedidos como represalia tras la huelga de la multinacional Walmart en Chile

Tras la huelga de julio, como represalia la multinacional Walmart ha despedido en Chile a unos 400 trabajadores. “Esto no es cualquier despido, aquí están sacando compañeros y compañeras que son antiguos en la empresa, que son parte integral del sindicato y que participaron activamente en la huelga», acusó el presidente del sindicato interempresas Lider, Juan Moreno.

Moreno aseguró que el 30 de septiembre –transcurridos los 60 días de plazo producto de la negociación colectiva– Walmart comenzó un despido masivo de trabajadores en distintas ciudades de Chile.

“Sobre el 90 por ciento de los despedidos, en ciudades como Valdivia, Puerto Montt y Valparaíso, responde a socios del SIL”, indicó.

Esta situación también afecta a locales de las comunas de Maipú, Peñalolén y Santiago Centro, “donde vemos que los socios desvinculados son trabajadores antiguos, con más de cinco años de antigüedad. No estamos hablando de rotación de plazos fijos, sino de indefinidos, de trabajadores con trayectoria y compromiso con nuestras convicciones”, detalló Moreno.

“La empresa establece un precedente negativo para todos los trabajadores  al ejecutar despidos masivos y selectivos después de un periodo de negociación y manifestaciones democráticas de los trabajadores, como es el derecho a huelga”, añadió.

En julio pasado, unos 17.000 trabajadores de la cadena llevaron a cabo una huelga de 6  días, marcada por las reivindicaciones relativas a la automatización de la cadena, logrando un aumento salarial real de hasta un 5,1 por ciento y de 3,5 por ciento adicional para todos los trabajadores afectados por la multifuncionalidad.

En su reclamo, los trabajadores fueron respaldados por parlamentarios de la oposición, como el diputado Daniel Núñez, del Partido Comunista, que calificó los despidos como “represalias”.

El senador del Partido Socialista Carlos Montes comentó que “esto aparece como una represalia, después de una huelga bastante exitosa para los trabajadores, puede haber una práctica antisindical. Los abogado de los sindicatos tendrán que verlo, si se plantean despidos masivos  de esas estas características sin trabajarlos con los sindicatos, afectan mucho las relaciones laborales en el país. Esto está detrás de toda las discusiones sobre las  leyes laborales, un empresariado que no tiene ninguna consideración con lo que representa para los trabajadores un despido sorpresivo en estas condiciones”.

https://m.elmostrador.cl/dia/2019/10/03/walmart-sindicato-denuncia-despidos-post-huelga-y-la-compania-asegura-que-ha-creado-mas-empleos/

Más de 3.000 trabajadores de Chihuahua, en México, se ven afectados por la huelga de General Motors en Estados Unidos

Entre 3.000 y 3.500 trabajadores de empresas de Chihuahua, en México, de acuerdo a cifras preliminares, podrían verse afectados, de agudizarse el problema de la huelga de General Motors en Estados Unidos y que eso ocasione medidas como paros técnicos o baja de producción.

Lo anterior lo informó el presidente de Index-Chihuahua, Luis Carlos Ramírez López, quien indicó que las negociaciones desarrolladas el miércoles entre la empresa y el sindicato norteamericano no arrojó avances, por lo que se sigue a la expectativa del diálogo.

En tanto, la directora de Desarrollo Económico y Turístico del municipio de Chihuahua, Angélica Granados, dijo que en coordinación con Index y el Gobierno del Estado buscan establecer un Plan B que defina qué hacer en caso de la huelga de GM se prolongue y eso traiga mayores efectos a la plaza.

Señaló que están atentos a las actualizaciones del conflicto de General Motors en Estados Unidos, “sabemos que ya afecto a otras entidades, como el caso de Guanajuato, pero en Chihuahua no ha llegado a impactar”.

De cualquier forma, se ha tenido reuniones con Index y Gobierno del Estado para hacer un cálculo de qué puede ser afectado si fuera el caso y qué acciones tomar, prever, y así minimizar el costo empresarial y social.

La directora de Desarrollo Económico y Municipal dijo que es necesario hacer una proyección y ver cuáles son las empresas que pueden verse afectadas, del número de empleados y los días que se atender una contingencia en condiciones aceptables.

Este cálculo es lo que se trabaja actualmente, y en paralelo, ver cómo se puede ayudar, agregó la funcionaria.

Recordó que el Municipio tiene diversos programas dentro de la manufactura, como por ejemplo el programa de balance y bienestar familiar, donde acude el Municipio con funcionarios del DIF, así como del Instituto Municipal de las Mujeres y de atención psicológica.

Estos servicios se hacen como una extensión de los beneficios que las empresas ofrecen a sus empleados, señaló.

Observó que, en un caso extremo, de seguir el problema de GM en Estados Unidos con repercusión en México, aquí se tendría eventualmente que dejar de producir los insumos que ya no estaría demandando la armadora.

Angelica Granados subrayó que eso es algo que todavía se está calculando con las empresas, de manera preventiva, pero aún es algo que no sucede, “no hay esa afectación ahora”

Indicó que la administración municipal ha trabajado mucho con el sector privado, academia y asociaciones de la sociedad civil, en todos los sentidos y viendo cómo se puede apoyar, sin ocurrencias, sino en lo que realmente se demanda y necesita.

Finalmente indicó que desde el municipio se busca generar las condiciones para que los proyectos y acciones necesarias se lleven a cabo.

https://diario.mx/estado/temor-en-chihuahua-por-huelga-en-gm-20191004-1570138.html

La huelga de General Motors afecta al sustento de 40.000 familias obreras en la región de Saltillo, en México

Hoy se cumplen 19 días del inicio de la huelga de General Motors que ha ha provocado una reacción en cadena dentro y fuera de Estados Unidos por la escasez de piezas. La multinacional ha tenido que cerrar sus fábricas de camionetas y transmisiones en Silao, México.

El secretario general de la Confederación de Trabajadores de México en Coahuila (CTM), Tereso Medina Ramírez, auguró que de prolongarse la huelga, afectará al sustento de al menos 40.000 familias de la región sureste, que dependen de la fábrica instalada en Ramos Arizpe (1).

“Es importante dar a conocer que nuestros trabajadores de la Región Sureste tengan seguridad en el empleo. Hasta ahorita la planta de General Motors en Ramos Arizpe, no tiene ningún riesgo de amenaza de que pueda haber algún paro, que pueda poner en riesgo la permanencia de los empleos. Hay estabilidad y seguridad en el empleo de nuestros trabajadores. La empresa no nos ha llamado a eso”, expresó en una entrevista.

En esta huelga participan más de 49.000 trabajadores, al tiempo que la multinacional pierde alrededor de 82 millones de dólares al día. En este contexto, el máximo representante de la CTM en la entidad, espera que la situación de la empresa se normalice para evitar que esta situación dañe la economía mexicana.

En Chihuahua y Ciudad Juárez las fábricas que suministran piezas a General Motors han tenido que realizar “paros técnicos” para no exceder los inventarios, según Sergio Mendoza Vidal, presidente de Clúster Automotriz (2).

Las fábricas locales de recambios producen millones de volantes, bolsas de aire, sensores, componentes de aluminio y otras. Según Mendoza Vidal, la huelga ha interrumpido la cadena de suministros, lo que provoca “paros técnicos”.

Las empresas están reasignando a los trabajadores a otras líneas de producción.

La huelga de la multinacional es la primera desde 2007 y afecta 33 centros de producción y 22 de distribución en Estados Unidos. Se inició el 16 de septiembre tras el bloqueo de las negociaciones para la firma de un nuevo convenio colectivo. El anterior convenio caducó el 15 de septiembre.

(1) https://www.elheraldodesaltillo.mx/2019/10/04/huelga-en-gm-afectaria-a-40-mil-familias-en-saltillo-y-la-region/
(2) http://www.omnia.com.mx/noticia/120742

A causa de la huelga 10.000 trabajadores de General Motors han sido ya despedidos (temporalmente) en Estados Unidos y México

La huelga masiva en General Motors cumple su día decimoséptimo en un ambiente que dista de ser cordial. Con la cadena de proveedores afectada y sin un acuerdo a la vista, la cosa va a peor.

De momento, la multinacional ha detenido la producción en las plantas de ensamblaje y transmisión que tiene en Silao, México, donde se ensamblan el Chevrolet Silverado y el GMC Sierra. Alrededor de 6.000 trabajadores serán despedidos de forma temporal.

Contando con los trabajadores que se han suspendido de empleo en Canadá, México y Ohio, General Motors ya ha despedido casi a 10.000 obreros.

El rechazo de la UAW a dar por finalizada la huelga se produjo justo después de conocerse que la multinaiconal había inactivado sus plantas de ensamblaje en Silao, México. La escasez de piezas de recambio está afectando a aproximadamente 6.000 trabajadores solo en México.

Esta es la primera huelga de empleados de General Motors en 12 años y afecta a más de 30 fábricas en Estados Unidos. Las demandas de los trabajadores no solo pasan por mejoras salariales y cobertura médica: también piden que no se cierren las fábricas de Lordstown (Ohio), Detroit-Hamtramck (Michigan) y Osahawa (Canadá).

La multinacional ha jugado la baza del coche eléctrico como parte de un plan de inversión de 1.800 millones de dólares en diferentes plantas de producción de Estados Unidos que crearía cientos de nuevos puestos de trabajo.

Los analistas de Wall Street predicen que el fabricante no podrá recuperar la producción perdida este año debido a la huelga y durante las primeras dos semanas de huelga las pérdidas de General Motors podrían sumar más de 1.000 millones de dólares (*).

Además, el gigante de Detroit se enfrenta a la incertidumbre sobre la disminución de las ventas, una guerra comercial con China y la incógnita de cuándo recuperarán las inversiones en vehículos autónomos y eléctricos.

(*) https://eu.detroitnews.com/story/business/autos/general-motors/2019/10/01/united-auto-workers-strike-general-motors-day-16-negotiations-continue/3826476002/

Más información:

– Los piquetes de trabajadores de General Motors incrementan la presión sobre la multinacional
– General Motors despide a otro trabajador mexicano por sumarse a la huelga en una fábrica donde llevaba trabajando 24 años
– Los 46.000 trabajadores de General Motors mantienen la huelga por segundo día consecutivo en Estados Unidos en contra de la precariedad laboral

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies