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Escuadrones de la muerte, desapariciones y torturas

Greg Grandin

El mundo se divide, como lo describe el capitán Segura en la novela de Graham Greene de 1958 “Nuestro hombre en La Habana”, en dos clases: los torturables y los no torturables. Hay gente, explicó Segura, que espera ser torturada y otros que se indignarían ante la idea. Y claro pensaba Greene, los católicos, en particular los católicos latinoamericanos, eran más torturables que los protestantes. Ahora, por cierto, los musulmanes gozan de esa distinción, víctimas de una red mundial, de encarcelamiento extraterritorial y subcontratado, coordinado por Washington y entrelazado por vuelos secretos, campos de concentración, y centros ilegales de detención. El despliegue por la CIA de Unidades Especiales de Remoción orwellianas para secuestrar a presuntos terroristas en Europa, Canadá, Oriente Próximo, y otros sitios y el envío rápido de esos prisioneros fantasma a países del Tercero Mundo para ser torturados, son descritos hoy en día con el término “entrega extraordinaria”, una frase inquietantemente certera.

Entregar [render] significa en inglés no sólo transferir, sino extraer la esencia de algo, así como pasar un veredicto y devolver o retribuir buenas descripciones de lo que ocurre durante sesiones de tortura.

En los decenios después que Greene escribiera “Nuestro hombre en La Habana”, los latinoamericanos acuñaron una palabra igualmente resonante para describir el terror que había llegado a reinar sobre gran parte del continente. Durante toda la segunda mitad de la Guerra Fría, los aliados anticomunistas de Washington asesinaron a más de 300.000 civiles, muchos de ellos simplemente desaparecidos. La expresión ya era bien conocida en Latinoamérica cuando, al aceptar en 1982 su Premio Nobel de Literatura en Suecia, el novelista colombiano Gabriel García Márquez informó que en la región los desaparecidos a causa de la represión eran casi 120.000, que es como si hoy no se supiera donde están los habitantes de una ciudad como Uppsala.

Cuando los latinoamericanos usaban la palabra como verbo, usualmente lo hacían de un modo considerado gramaticalmente incorrecto en la forma transitiva y a menudo en la voz pasiva, como en ella fue desaparecida. El implicado (pero ausente) actor/sujeto indicaba que todos sabían que el responsable era el gobierno, incluso si se confería al gobierno un poder inconfesable, omnipotente. Los desaparecidos dejaban atrás familias y amigos que gastaban sus energías tratando con burocracias laberínticas, sólo ser enfrentados por el silencio o para que se les dijera que su pariente desaparecido probablemente se había ido a Cuba, sumado a las guerrillas, o escapado con un(a) amante. Las víctimas a menudo no eran las más políticamente activas, sino las más populares, y generalmente eran escogidas para asegurar que su repentina ausencia generara un escalofriante efecto dominó.

Una vilísima trinidad

Como las entregas, las desapariciones no pueden ser realizadas sin una infraestructura sincronizada, sofisticada, y cada vez más transnacional, en la que Estados Unidos jugó un papel decidido en los años sesenta y setenta. En los hechos, agentes de inteligencia militar de Estados Unidos y la CIA, trabajaron en Latinoamérica, trabajando en estrecha colaboración con aliados locales, ayudaron primero a establecer la vilísima trinidad del terrorismo patrocinado por el gobierno que ahora se ve en Iraq y otros sitios: escuadrones de la muerte, desapariciones y tortura.

Escuadrones de la muerte

Unidades paramilitares clandestinas, nominalmente independientes de las agencias de seguridad establecidas, pero en condiciones de utilizar las capacidades de los servicios de inteligencia y logísticas de esas agencias, son las piedras de base de todo sistema efectivo de terrorismo de Estado. En Latinoamérica, Washington apoyó el asesinato de presuntos izquierdistas por lo menos ya en 1954, cuando la CIA realizó con éxito un golpe en Guatemala, que derrocó a un presidente democráticamente elegido. Pero su primer patrocinio continuo de escuadrones de la muerte comenzó en 1962 en Colombia, un país que entonces competía con Vietnam por la atención de Washington.

Después de haber terminado una brutal guerra civil de 10 años de duración, el recién consolidado gobierno de Colombia, enfrentado a un campesinado todavía intranquilo, se volvió hacia Estados Unidos para pedir ayuda. En 1962 desde la Casa Blanca, Kennedy envió al general William Yarborough, conocido más tarde por ser el padre de los boinas verdes (así como por dirigir la vigilancia militar interior de destacados activistas por los derechos cívicos, incluyendo a Martin Luther King). Yarborough asesoró al gobierno colombiano en el establecimiento de una unidad irregular para ejecutar actividades paramilitares, sabotaje y/o actividades terroristas contra conocidos defensores comunistas, una de las mejores descripciones de un escuadrón de la muerte.

Como lo indica el historiador Michael McClintock en su indispensable libro Instruments of Statecraft, Yarborough dejó un programa virtual para crear escuadrones de la muerte dirigidos por militares. Fue implementado de inmediato, gracias a la ayuda y al entrenamiento de Estados Unidos El uso de semejantes escuadrones de la muerte se convirtió en parte de lo que los teóricos de la contrainsurgencia de la era gustaban de llamar contraterror un concepto difícil de definir ya que reflejaba tan de cerca las prácticas que trataba de refutar.

Durante todos los años sesenta, Latinoamérica y el Sudeste Asiático funcionaron como los dos laboratorios primordiales para los contrainsurgentes de Estados Unidos que iba y venían entre las regiones aplicando perspectivas y afinando las tácticas. A comienzos de los años sesenta, las ejecuciones por los escuadrones de la muerte eran una característica normal de la estrategia de contrainsurgencia de Estados Unidos en Vietnam, que pronto se consolidaría en el infame Programa Phoenix, que neutralizó entre 1968 y 1972 a más de 80.000 vietnamitas 26.369 de los cuales fueron permanentemente eliminados.

Como en Latinoamérica, así también en Vietnam, el propósito de los escuadrones de la muerte no fue sólo eliminar a aquellos de los que se pensaba que trabajaban con el enemigo, sino mantener a los simpatizantes potenciales de los rebeldes en un estado de miedo y ansiedad. Para lograrlo, el Servicio de Información de Estados Unidos en Saigón suministró miles de copias de un panfleto impreso con un ojo de aspecto fantasmagórico. Los escuadrones del terror depositaban ese ojo sobre los cadáveres de los que habían asesinado o lo colocaban en las puertas de casas sospechosas de albergar ocasionalmente a agentes del Vietcong. La técnica era llamada articular la amenaza una manera de generar un rumor aterrador de boca en boca.

En Guatemala, una táctica semejante comenzó aproximadamente al mismo tiempo. Allí, dejaban una mano blanca sobre el cuerpo de una víctima o la puerta de una víctima potencial.

Desapariciones

El paso siguiente en el currículo de la contrainsurgencia fue Centroamérica, donde, en los años sesenta, consejeros de Estados Unidos ayudaron a establecer la infraestructura requerida no sólo para asesinar sino para desaparecer a grandes cantidades de civiles.

Después de la Revolución Cubana, Washington se había lanzado a profesionalizar las agencias de seguridad de Latinoamérica de un modo muy similar a como trabaja ahora el gobierno de [Washington] para modernizar los sistemas de inteligencia de sus aliados en la guerra mundial contra el terror del presidente.

Entonces, como ahora, el objetivo era convertir a unidades letárgicas, mal entrenadas, de inteligencia de un alcance limitado, en una red internacional capaz de reunir, analizar, compartir, y actuar utilizando, información de un modo rápido y eficaz. Consejeros estadounidenses ayudaron a coordinar el trabajo de unidades en competencia de las fuerzas de seguridad de un país, instando a los militares y a los agentes policiales a superar sus diferencias y a cooperar. Washington suministró teléfonos, teletipos, radios, coches, fusiles, munición, equipamiento de vigilancia, explosivos, picanas eléctricas, cámaras, máquinas de escribir, papel carbón, y archivos, mientras instruía a sus aprendices en lo último en técnicas de control de disturbios, mantenimiento de antecedentes, vigilancia, y arrestos masivos.

Ni en El Salvador, ni en Guatemala existía ni siquiera un indicio de una seria insurrección rural cuando los Boinas Verdes, la CIA, y la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos comenzaron a organizar las primeras unidades de seguridad que después crecerían a una densa red de paramilitares de escuadrones de la muerte en toda Centroamérica.

Una vez creados, los escuadrones de la muerte operaron bajo sus propios nombres pintorescos: Ojo por ojo, Ejército secreto anticomunista, Mano Blanca pero eran esencialmente apéndices de los mismísimos sistemas de inteligencia que Washington había ayudado a crear o a fortalecer. Como en Vietnam, se puso cuidado en asegurar que los paramilitares parecieran no estar afiliados a las fuerzas regulares. Para permitir una posibilidad plausible de negación, la eliminación de los agentes [enemigos] debe ser lograda rápida y definitivamente instruye guerra de contrainsurgencia, un texto clásico de 1964, por una organización que de ninguna manera debe ser confundida con el personal contrainsurgente que trabaja por lograr el apoyo de la población. Pero en Centroamérica, a fines de los años sesenta, los cadáveres se apilaban tan alto que hasta responsables de las embajadas del Departamento de Estado, a menudo mantenidos fuera de la onda sobre lo que hacían sus homólogos en la CIA y el Pentágono, se veían obligados a admitir los vínculos obvios entre los servicios de inteligencia respaldados por Estados Unidos y los escuadrones de la muerte.

Washington, desde luego, desmentía en público su apoyo del paramilitarismo, pero la práctica de las desapariciones políticas tuvo un gran salto adelante en Guatemala en 1966 con el nacimiento de un escuadrón de la muerte creado, y supervisado directamente, por consejeros de seguridad de Estados Unidos Durante los primeros dos meses de 1966, una unidad combinada de operaciones clandestinas de oficiales policiales y militares trabajando bajo el nombre de Operación Limpieza, un término que los contrainsurgentes de Estados Unidos luego reciclaron en otros sitios en Latinoamérica realizó una serie de ejecuciones extrajudiciales.

Entre el 3 y el 5 de marzo de ese año, la unidad cometió su máximo crimen. Capturó, interrogó, torturó y ejecutó a más de 30 izquierdistas. Sus cuerpos fueron colocados en sacos y lanzados al Océano Pacífico desde helicópteros suministrados por Estados Unidos. A pesar de ruegos del arzobispo de Guatemala y de más de 500 peticiones de habeas corpus presentadas por parientes, el gobierno guatemalteco y la embajada de Estados Unidos mantuvieron silencio sobre la suerte de los ejecutados.

Durante las siguientes dos décadas y media, fuerzas centroamericanas de seguridad financiadas y entrenadas por Estados Unidos hicieron desaparecer a decenas de miles de ciudadanos y ejecutaron a cientos de miles más. Cuando partidarios de la guerra contra el terror propugnaron el ejercicio de la Opción Salvador, se referían a esta matanza.

Después de los golpes respaldados por Estados Unidos en Brasil, Uruguay, Chile, y Argentina, los escuadrones de la muerte no sólo fueron institucionalizados en Sudamérica, se hicieron transnacionales. Durante el fin de los años setenta y en los ochenta, la CIA apoyó la Operación Cóndor un consorcio de agencias de inteligencia establecido por el dictador chileno Augusto Pinochet que sincronizó las actividades de muchas de las agencias de seguridad del continente y orquestó una campaña internacional de terror y asesinato.

Según el embajador de Washington en Paraguay, los jefes de esas agencias se mantenían en contacto los unos con los otros a través de una instalación de comunicaciones de Estados Unidos en la Zona del Canal de Panamá que cubre toda Latinoamérica. Esto les permitió coordinar información de inteligencia entre los países del cono sur. Justo este mes, el jefe de seguridad de Pinochet, el general Manuel Contreras, que sirve una condena a prisión de 240 años en Chile por una amplia variedad de violaciones de derechos humanos, dio una entrevista a la televisión en la que confirmó que el director adjunto de la CIA en aquel entonces, general Vernon Walters (que sirvió bajo el director George H.W. Bush), estaba plenamente informado sobre las actividades internacionales de la Operación Cóndor.

Tortura

La tortura es el espíritu animador de esta triada, el más vil de esta vilísima trinidad. En Chile, los esbirros de Pinochet mataron o desaparecieron a miles pero torturaron a decenas de miles. En Uruguay y Brasil, el Estado no sólo hizo desaparecer a cientos, pero el temor a la tortura y la violación se convirtió en un modo de vida, particularmente para los políticamente involucrados. La tortura, aún más que las desapariciones, tenía más que el propósito de hacer hablar a una persona, sino de hacer que todos los demás se callaran.

Ahora, Washington ya no puede negar que sus agentes en Latinoamérica facilitaron, excusaron, y practicaron la tortura. Desertores de los escuadrones de la muerte han descrito la instrucción dada por sus tutores estadounidenses, y los supervivientes han testificado de la presencia de estadounidenses en sus sesiones de tortura. Un manual de tortura del Pentágono, distribuido en por lo menos cinco países latinoamericanos, describía extensivamente procedimientos coercitivos desarrollados para destruir la capacidad de resistir.

Esos manuales para uso en el terreno fueron compilados utilizando información obtenida de experimentos de control de la mente y de choques eléctricos realizados en los años cincuenta por encargo de la CIA. Precisamente como los memorandos de la tortura de la actual guerra contra el terror teorizan sobre la diferencia entre dolor y dolor severo, daño psicológico y daño psicológico duradero, esos manuales se esforzaban por regular la aplicación del sufrimiento. La amenaza de infligir dolor puede provocar temores más dañinos que la sensación inmediata de dolor, decía un manual.

Sobre todo hay que ser eficiente, dijo el consejero policial estadounidense Dan Mitrione, asesinado por los revolucionarios uruguayos Tupamaros en 1970 por entrenar a las fuerzas de seguridad en los aspectos más refinados de la tortura: Hay que causar sólo el daño estrictamente necesario, ni un poco más. Mitrione enseñaba por demostración, según se dice torturando hasta la muerte a gente sin vivienda fija secuestrada en las calles de Montevideo. En todo caso tenemos que controlar nuestros caracteres, decía. Hay que actuar con la eficiencia y la limpieza de un cirujano y con la perfección de un artista.

Florencio Caballero, después de escapar del tristemente notorio Batallón 316 hondureño al exilio en Canadá en 1986, testificó que los instructores estadounidenses le instaron a infligir dolor psicológico, no físico, para estudiar los temores y debilidades de un prisionero. Obligue a la víctima a estar de pie, enseñaron los estadounidenses a Caballero, no la deje dormir, manténgala desnuda y aislada, ponga ratas y cucarachas en su celda, déle comida mala, sírvale animales muertos, tírele agua fría, cambie la temperatura. ¿Suena conocido?

Sin embargo, como demostró de modo tan claro Abu Ghraib y como los vídeos destruidos de interrogatorios de la CIA habrían indudablemente dejado por lo menos igual de claro, no es siempre posible mantener una distinción entre la tortura psicológica y la tortura física. Como lo admitió un manual, si un sospechoso no reacciona, hay que realizar la amenaza del dolor directo. Una de las víctimas de Caballero, Inés Murillo, testificó que sus aprehensores, incluyendo a por lo menos un agente de la CIA su participación fue confirmada en un testimonio en el Senado del director adjunto de la CIA la colgaron desnuda del cielo raso, la obligaron a comer pájaros muertos y ratas crudas, la hicieron estar de pie durante horas sin dormir y sin permitirle que orinara, le lanzaron agua helada a intervalos regulares durante períodos prolongados, la golpearon hasta ensangrentarla, y le aplicaron choques eléctricos en su cuerpo, incluyendo sus genitales.

Todo vale

Inés Murillo pertenecía indudablemente a la clase torturable de Greene. Sin embargo, Greene escribió en tiempos más corteses. Actualmente, cuando se trata de tortura, todo vale.

Los ideólogos de la guerra contra el terror, como el profesor de derecho en Berkeley, John Yoo, han trabajado duro para limitar la definición de lo que es tortura, expandiendo así las posibilidades para su aplicación. Han trabajado por lo menos igual de duro por aumentar la cantidad de personas en todo el mundo que puedan ser sometidas a la tortura definiendo a cualquiera que les de la gana como  combatiente enemigo apátrida, y por lo tanto desprotegido por las leyes nacionales e internacionales que prohíben el trato cruel e inhumano. Hasta el antiguo Fiscal General John Ashcroft se declaró potencialmente torturable, al decir recientemente a una audiencia en la Universidad de Colorado que estaría dispuesto a someterse al submarino si fuera necesario.

Las cosas están tan descontroladas que el profesor de derecho de Harvard, Alan Dershowitz quien, en su posición privilegiada en Harvard seguramente se indignaría si lo fueran a torturar, piensa que hay que regular esa práctica, como si se tratara de un acto médico rutinario. Ha sugerido que se faculte a los jueces para que expidan mandatos que permitan a los interrogadores para que inserten agujas estériles bajo las uñas de los dedos para causar un dolor extremadamente agudo sin poner en peligro la vida.

Pinochet, que no temía justificar sus acciones en nombre de la civilización occidental, nunca habría soñado de defender la tortura de un modo tan descarado como Dick Cheney, respaldado por teóricos legales como Yoo. Al mismo tiempo, historiadores revisionistas, como Max Boot, y eruditos como Robert Kaplan de Atlantic Monthly, reescriben la historia, pretendiendo que operaciones como el Programa Phoenix en Vietnam o los escuadrones de la muerte en El Salvador, fueron tácticas efectivas, moralmente aceptables y deberían ser emuladas en la actual Guerra contra el Terror.

Pero este tipo de promiscuidad tiene sus riesgos. En Latinoamérica, la palabra desaparecido llegó a denotar no sólo la persecución sino el repudio moral, cuando madres e hijos de los desaparecidos condujeron un movimiento continental para restaurar el vigor de la ley. Llevan a tener la esperanza de que algún día la red mundial de represión armada por el gobierno de [Washington] sea tan desacreditada como lo es actualmente la Operación Cóndor en Latinoamérica. Como escribiera Greene hace medio siglo, en la víspera de la caída de otro famoso torturador, Fulgencio Batista de Cuba, es un verdadero peligro para todos cuando cambia lo que es aterrador.

http://www.tomdispatch.com/post/174873/greg_grandin_on_the_torturable_and_the_untorturable

Las noticias contra Venezuela se fabrican a la medida y por un puñado de dólares

Premian a Cano, la periodista mentirosa
Un audio filtrado evidencia que la periodista Claudia Cano, del Canal Uno de la televisión colombiana, le indicó a un desertor del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) lo que necesitaba que dijera para construir “su noticia”.

El Canal Uno de Colombia emitió un reportaje sobre Edgar de Jesús Villanueva, un antiguo miembro del SEBIN que huyó a Estados Unidos y acusa al director del organismo y a otros funcionarios del gobierno venezolano de pertenecer a una inexistente banda de traficantes de drogas: el Cártel de los Soles (el Sol es la marca que distingue los uniformes de los militares venezolanos).

Las acusaciones de Villanueva se hicieron a petición de Cano, la presentadora, pero un archivo de audio muestra a la periodista indicando al antiguo agente del SEBIN lo que debe decir a cambio de dinero y para «ponerle picante a la noticia».

Cano no solo construyó la “noticia” con las declaraciones solicitadas a Villanueva, sino que omitió otras como la negación de torturas a ciudadanos detenidos por delitos en las protestas opositoras.

En el audio, Villanueva dice que haría las declaraciones solicitadas «porque necesita el dinero, pero no le gusta mentir en cámara». Por su parte, Cano le pide que diga que el director del SEBIN y el Diosdado Cabello son parte del Cártel de los Soles «porque es un secreto a voces».

El llamado Cártel de los Soles es una supuesta organización internacional de narcotráfico orquestada por militares venezolanos que hasta el momento solo ha existido en los medios de comunicación de la reacción y en la obsesiva retórica contra el gobierno de Venezuela.

Nunca se ha sido decomisado ni un gramo de droga de ese cartel, el cual señalan como «el más poderoso» de la región; incluso más poderoso que los de México y Colombia, que controlan cerca de 70 por ciento de las entradas de contrabando a Estados Unidos.

Naturalmente el Canal Uno cambia las cosas de sitio y niega las evidencias más evidentes: lo que es un montaje no son sus burdas informaciones contra Venezuela sino las que ponen de relieve su propia corrupción.

Los frutos amargos de la CIA en Guatemala

Corinne Autey-Roussel


“Existe, por lo que conozco, una única regla en las relaciones
internacionales. La injerencia de un país en los asuntos de otros causa
resentimientos. Produce un efecto de resultados exactamente opuestos a
sus intenciones”
(Allen Dulles, director de la CIA, en una conferencia
de la National Association of Manufacturers en el hotel Waldorf-Astoria
el 3 de diciembre de 1947)

Crecida por el éxito en la
implantación del Sah al frente de Irán, la CIA, un organismo reciente
que, aunque construido sobre la base de la Agencia de Investigaciones
Militares (OSS), que la precedió, aún tiene falta de experiencia y tiene
a sustituirla por un entusiasmo bullicioso y desordenado, se lanza con
el celo infatigable del misionero a una operación con el objetivo de
derribar al nuevo presidente electo de Guatemala, supuestamente culpable
del pecado mortal de comunismo, bajo el código de PBSuccess. La
operación resultará un monumental fiasco, no porque falle en su
objetivo, sino porque el gobierno guatemalteco que derriba no es de
ninguna manera amenazante para Estados Unidos. En contrapartida, la
ingerencia de Estados Unidos radicalizará a la izquierda guatemalteca
hasta llevar a una guerra civil que durará décadas. “¡Qué no daríamos
hoy por tener un Arbenz! Debiéramos inventar uno pero todos los
candidatos está muertos”
(Un funcionario del Departamento de Estado de
Estados Unidos en 1981).

La dictadura fantoche y los grandes beneficios

El presidente es un demócrata progresista claro, sin ninguna relación con la URSS, pero la CIA que hizo caso omiso de la historia de Guatemala y del nacimiento del movimiento reformista de Arbenz, lo ignora con soberbia. Protege los intereses de la United Fruit Company, (UFCO, alias “la frutera” y “el pulpo”), una empresa bananera norteamericana introducida en Guatemala en 1904 que, gracias a privilegios otorgados en los tiempos de las dictaduras militares de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920) y de Jorge Ubico (1931-1944), se apoderó de carreteras, puentes, comunicaciones, bancos, de la única compañía ferroviaria y del único gran puerto al Atlántico, de los transportes marítimos y de los servicios públicos, constituyendo el centro neurálgico del país. La United Fruit interviene en todo aquello que toca de cerca o de lejos a las políticas del país, impone sus políticos fantoches y se arroga ventajas fastuosas. Por ejemplo, se exime virtualmente de todo tipo de impuestos “durante 99 años”, y posee más del 40 por ciento de las tierras cultivables, de las que no emplea más que el 5 por ciento. La exención de impuestos de la United Fruit Company y otros favores ilícitos son ganados en 1935 por un abogado miembro del consejo de administración de la firma Sullivan and Cromwell, John Foster Dulles, futuro secretario de Estado y hermano de Allen Dulles, futuro director de la CIA y también abogado de la misma empresa. Durante años, Allen Dulles viajará a Guatemala a expensas de la compañía frutícola.

El yugo monopolista de la United Fruit Co. (que también está implantada en Honduras, Costa Rica, Colombia, Nicaragua, Panamá y República de Ecuador) impuesto gracias a la corrupción de dictadores militares locales, dará al mundo la expresión “república bananera”.

La situación se mantiene hasta 1944, cuando la revolución guatemalteca de octubre, dirigida por un grupo de militares disidentes, estudiantes y trabajadores progresistas derriba la dictadura de Federico Ponce Valdés (julio-octubre de 1944) y la reemplaza por una junta de tres hombres (Jacobo Arbenz, Jorge Toriello y Francisco Aran), que convoca inmediatamente elecciones libres y democráticas. En diciembre de 1944, el escritor Juan José Arévalo se convierte en el primer presidente elegido democráticamente de Guatemala, e inicia inmediatamente una serie de reformas agrarias destinadas a terminar con el trabajo forzado de los jornaleros, implantado desde 1877, y favorecer la creación de una clase media de pequeños agricultores. Arévalo sufrirá un mínimo de 28 intentos de golpe de Estado, pero tiene el apoyo firme de su ministro de Defensa, el coronel Jacobo Arbenz y de la guardia presidencial.

La llegada al poder de Arbenz en 1951 empeora una situación ya tensa. Dos años después de su toma de funciones, de acuerdo con las conclusiones de informe de 300 páginas del BIRD, hoy Banco Mundial, sobre las condiciones económicas de Guatemala y las modificaciones urgentes a emprender para hacer de Guatemala un país capitalista moderno, el presidente Arbenz demanda la expropiación de todas las tierras en barbecho, que desea repartir entre los campesinos sin tierra, entre ellos 225.000 acres de tierras arables y no cultivadas de la UFCo. Arbenz propone compensar a la compañía frutera norteamericana pagando la tierra al precio que la propia compañía especifica en sus declaraciones fiscales, pero están enormemente reducidos para pegar menos impuestos y en lugar de los 3 dólares por acre que han declarado hasta entonces la compañía exige, y con ella el Departamento de Estado, 75 dólares por acre, y ni un céntimo menos.

Los grandes propietarios agrarios amenazados por las expropiaciones y la UFCo fomentando rebeliones estudiantiles, asesinando a líderes campesinos, y acusando a Arbenz de comunismo, exigían a Estados Unidos intervenir. En noviembre de 1953, el embajador estadounidense John E. Peurifoy, un anticomunista obtuso que cuenta en su haber con la manipulación de elecciones en Grecia, es nombrado en Guatemala para poner en marcha la mecánica del golpe de Estado tramado algunas semanas antes en los cuarteles de la CIA.

“El presidente [Arbenz] ha declarado que el problema en su país es el de la relación entre la Compañía Frutera y el Gobierno. Se ha metido en una larga disertación sobre la historia de la Compañía desde 1904; y se lamenta después de que no ha pagado impuestos al gobierno. Ha dicho que hoy, cuando el gobierno debe cumplir un presupuesto de cerca de 70 millones de dólares, la Compañía no contribuye a ello más que con aproximadamente 150.000 dólares. Esta suma se deriva exclusivamente de la tasa de un centavo por racimo de bananas exportado de Guatemala.

He interrumpido al presidente en ese momento para indicar que debía comenzar por el principio y que me parecía que, mientras los comunistas ejercieran su influencia sobre el gobierno, no tenía esperanzas de mejores relaciones. El presidente ha dicho entonces que había algunos comunistas en su gobierno, y que tenían influencia. A continuación ha lanzado su versión oficial, según la que estos comunistas son ‘locales’ (sin lazos con la Unión Soviética). Ha expuesto su antigua amistad con Gutiérrez y Fortuny (dos destacados comunistas), de los que ha declarado que son dos personas íntegras. Le he dicho que muchos países habían pensado tener a hombres íntegros en el pasado, pero que se habían dado cuenta demasiado tarde de que los comunistas habían tomado el poder.

Respondió que esto no podía producirse en Guatemala. Los comunistas no representan una amenaza para el país” (John Peurifoy en un telegrama al Departamento de Estado, 18 de noviembre de 1953). Peurifoy concluye su informe diciendo que Arbenz “piensa como un comunista, habla como un comunista, e incluso, si no es uno de ellos, servirá hasta que llegue otro”.

Dos meses más tarde, en enero de 1954, Peurifoy declaró a Time Magazine que “la opinión pública, en Estados Unidos, podría obligarnos a tomar algunas medidas para impedir que Guatemala caiga en manos del comunismo internacional”.

El molino de la propaganda de la CIA

“La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y las opiniones de masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Los que manipulan este mecanismo oculto en la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder de nuestro país” (Edward L. Bernays, Propaganda, 1928)

El control de la propaganda anti Arbenz está mantenido por tres entidades: la United Fruit Company, la administración Eisenhower y la CIA. La United Fruit Co. (que concentrará sus esfuerzos en Estados Unidos, mientras que la CIA se encargará de la propaganda en Guatemala) disponía desde hacia años ya de un arma formidable: Edward Bernays, sobrino estadounidense de Sigmund Freud, considerado “padre” de las relaciones públicas, experto en la manipulación de masas. La campaña de desinformación anticomunista que Bernays lanzará será de tal eficacia que servirá luego a la CIA de modelo contra Cuba y Vietnam.

Desde su llegada a las oficinas de la United Fruit en 1939, Bernays creía que para vender más bananas era preciso mitificar la región. Para ello, abrió la Middle America Information Bureau, oficina especializada en la “educación e información” sobre América Central para periodistas y, en último término, los consumidores estadounidenses.

“Yo escribía los artículos, uno tras otro, los repartía y eran enviados a publicaciones a través de todo el país. Yo no sabía gran cosa sobre América Central. Hice algunas búsquedas aquí y allá, pero la mayoría de las informaciones provenían de la United Fruit Company” (Samuel Rovner, periodista del equipo de Bernays).

El cuartel general del ataque anticomunista de Bernays, así como su red de publicaciones ya estaban operativos muchos años antes de la elección de Arbenz. En las notas que envía a Sam Zemurray, presidente de la UFCO, Bernays explica como quiere amplificar al máximo el rumor de una posible instalación del comunismo de forma insidiosa en el “patio trasero” de Estados Unidos, para presionar al gobierno norteamericano hacia una intervención militar. Diez medios escogidos, entre ellos el Reader’s Digest y el Saturday Evening Post, se encargaron de dar la señal de alarma de los “hechos” al mundo, cada uno desde un ángulo ligeramente diferente por necesidades de la “pluralidad de opiniones”. “En algunos casos, los artículos estaban redactados por miembros de sus redacciones. En otros, la publicación nos pedía proporcionarle un artículo, y por nuestra parte, encontrábamos el mejor redactor posible para encargarse de hacerlo”, escribiría más tarde Bernays.

Otros artículos aparecieron en el New York Times, el New York Herald Tribune y publicaciones liberales como The Nation, procurando de paso una gran satisfacción a Bernays, quien consideraba que el control de la opinión pública norteamericana pasaba esencialmente por la seducción del público de izquierda liberal. Todas estas publicaciones discuten doctoralmente, sin la menor precaución o la menor prueba, la “creciente influencia del comunismo en Guatemala”.

Mientras los periodistas sudan sobre sus máquinas de escribir en las redacciones de Nueva York o de Cincinatti, las eminencias editoriales tienen derecho al “tour” del amo. En junio de 1952 Bernays lleva a los editores de Newsweek, Cincinatti Enquirer, Nashville Banner, New Orleans Item y a un coeditor de Time, al editor para extranjero de Scripps-Howard, y representantes de United Press, San Francisco Chronicle, Miami Herald y del Christian Science Monitor a un periplo de dos semanas roborativo en el exotismo del paraíso capitalista y bananero de la UFCO. La aventura viril, “los gin-tonics y el White Label Scotch de Dewar a la sombra de terrazas tropicales, kilómetros interminables por los feudos privados cubiertos de jungla, los indios feroces, a veces amenazantes a veces sumisos, las botas los uniformes caquis, los caballos y las pistolas” (McCann). En su autobiografía, Bernays exhibe su buena fe: estos señores eran muy libres de ir, de venir, de ver todo y de hablar a quien quisieran, pero Thomas McCann, agregado de prensa de la UFCO, escribirá más tarde que la prensa “no veía más que una puesta en escena cuidadosamente preparada por el organizador de la expedición. El plan no tenia nada de objetividad. Y además, la propia invitación demandaba implícitamente concesiones, que eran subrayadas por la insistencia de Bernays y de la compañía en decir lo contrario”.

Por su parte, la CIA no descansa. Desde septiembre de 1952 está preparando una operación, la “PBFortune”, que prevé el asesinato de funcionarios del gobierno de Arbenz, de líderes sindicales y de otros personajes molestos (58 personas deben ser asesinadas, y otras 74 hechas prisioneras o exiliadas), una guerra psicológica a base de amenazas de muerte y actos de violencia gratuita contra el gobierno, la ayuda aérea del dictador nicaragüense Somoza y finalmente la toma del poder por un militar del ejército guatemalteco destituido de sus funciones por Arbenz, el coronel Carlos Castillo Armas. Como resultado de filtraciones que comprometían la seguridad de la operación, la “PBFortune” acabará en la papelera.

Una propaganda tentacular

Con el asunto marchando demasiado lentamente para su gusto, Bernays cambia de marcha: moverá a fondo el motor del anticomunismo maccartista. Llegará a establecer una red de espías sudamericanos que serán la fuente de una “lista secreta de 100 autores/periodistas especialmente interesados en América central”, engendrando una auténtica paranoia anticomunista mediante falsas “filtraciones” y supuestas “exclusivas” como por ejemplo en 1954, una imaginaria transferencia de armas de la Unión Soviética a los comunistas de Guatemala a través de México DF. La United Fruit Co. no solo tiene a Bernays a su servicio, tiene en nómina a un lobbysta a quien los escrúpulos no molestan, Thomas G. Corcoran, consejero de Roosvelt, de quien su hijo Eliott dirá que “aparte de mi padre, Tom [Corcoran] es el individuo más influyente del país”. Para más seguridad, la United Fruit Co. Contrata también los servicios de otros dos expertos en relaciones públicas, el conservador John Clements y el ex asistente Secretario de Estado para Latinoamérica de Truman, Spruille Braden. La relación entre empresarios privados y líderes políticos es total. Las pasarelas entre unos y otros son tan numerosas que la United Fruit, una compañía privada agroalimentaria especializada en plátanos, y el gobierno USA son indisociables.


La United Fruit tenía envidiables conexiones con la administración Eisenhower. El Secretario de Estado John Foster Dulles y la empresa en la que había trabajado, Sullivan and Cromwell, habían representado durante mucho tiempo a la UFCO. Allen Dulles, patrón de la CIA, tenía su plaza en el consejo de administración. Ed Withman, director de relaciones públicas, era el esposo de Ann Withman, secretaria personal de Eisenhower. Withman había producido una película “Por qué el Kremlin odia las bananas”, que presentaba a la UFCO. En la primera línea de las trincheras de la Guerra Fría. El éxito de la empresa en evitar la toma de sus tierras por el comunismo internacional fue más tarde descrito como “la versión Disney del tema” por un representante de la UFCO. Pero los esfuerzos de la empresa merecieron la pena. Cubría los gastos de los periodistas que viajaban a Guatemala para aprender allí la opinión de la UFCO. “Sobre la crisis algunas de las publicaciones más respetadas de América del norte, incluyendo New York Times, New York Herald Tribune y New Leader, publicaron artículos a gusto de la compañía” (Walter LaFeber, The United States in Central America, 1993).

De esta forma, la opinión mundial se encontró bajo el fuego cerrado de artículos, panfletos, fotos, películas y dibujos animados, todos ellos emitidos por la United Fruit, el Departamento de Estado y la CIA, que narraban al unísono “el imparable ascenso de los soviéticos” en Guatemala.

John Moors Cabot, Secretario de Estado para Asuntos Inter Americanos y hermano de Thomas Cabot, ex presidente la United Fruit, declaró que “los tentáculos del Kremlin están ahora a la vista de todos”, en la Casa Blanca. Peurifoy lo superó: “No podemos permitir el establecimiento de una República soviética entre Texas y el Canal de Panamá”. La CIA no se queda atrás. En mayo de 1953, informa oficialmente de que la situación en Guatemala es hostil a Estados Unidos, que los comunistas ejercen una influencia desproporcionada con la debilidad de su número y en fin, que su influencia está destinada a crecer mientras el presidente Arbenz continúe en el poder. En 1954, John Foster Dulles da un puñetazo sobre la mesa en la conferencia de la Organización de Estados Americanos y exige una acción vigorosa.

En Naciones Unidas, Henry Cabot Lodge, senador representante de Estados Unidos, accionista de United Fruit y pariente cercano de Thomas y John Moors Cabot, bloquea una petición de ayuda de Jacobo Arbenz. La complicidad de Francia y de Gran Bretaña se intercambia con el silencio norteamericano sobre su presencia en el Canal de Suez, en Chipre y en Indochina. Los dictadores de Nicaragua, Honduras, Venezuela y de República Dominicana, todos aliados de Estados Unidos, lanzan sus propias campañas de desinformación y ofrecen campos de entrenamiento, estaciones de radio y aeródromos a los norteamericanos. Somoza, el dictador de Nicaragua, llegará a exhibir pistolas grabados con la hoz y el martillo supuestamente interceptados en un submarino que se dirigía hacia Guatemala. La operación, con el nombre en clave de Washtub, preveía el descubrimiento por unos pescadores (en realidad, hombres de Somoza) de reservas de armas supuestamente escondidas por Arbenz en Nicaragua.

Somoza hablará de un submarino fotografiado, pero se negará a mostrar los clichés. La historia se trata en los medios guatemaltecos, incluso con la mejor voluntad del mundo, nadie lo cree.

La propaganda en Guatemala

En Guatemala, la UFCo. recluta a un arzobispo, Mariano Rosell Arellano, quien denuncia los “manejos comunistas” en una carta pastoral; treinta aviones de la CIA repartirán ejemplares fotocopiados a lo largo del país. Los medios guatemaltecos están igualmente de su parte, y, en aquella época, se reducen a dos áreas: prensa y radio. Los dos medios, por la fuerza de las circunstancia se dirigen solamente a la mitad de la población, estando la otra mitad formada por indios mayas que no hablan español ni ingles. Por suerte para la CIA, es la parte “culta” la que tiene las riendas del país, y de ella proceden las dos capas sociales fundamentales en las políticas de América latina: los estudiantes y el ejército.

La CIA planifica una operación de propaganda de seis componentes: un semanario anticomunista para estudiantes, “El Rebelde”, bajo control total de la CIA proporciona el apoyo del primer componente. Sus temas serán reproducidos por el segundo componente, una radio clandestina emitiendo desde una granja lechera (Operación Sherwood), la “Voz de la Liberación”; el tercero consistirá en una cabecera de prensa general en donde la CIA pueda meter artículos que discutirán los temas de la publicación y de la radio, siempre bajo una perspectiva anticomunista. El cuarto reúne a los jefes anticomunistas de asociaciones de trabajadores, el quinto distribuye pequeños objetos religiosos entre los indios y el sexto agrupa a las asociaciones de propietarios agrícolas. Al igual que los líderes de las asociaciones de trabajadores, estos últimos serán encargados de convencer a los dudosos y desmoralizar a la oposición.

Tal vez sea la radio el único logro obtenido por la Operación PBSuccess. Los estadounidenses dominan el campo de los medios y en esta atmósfera de redacción febril, de palabras pomposas empleadas por su impacto emocional y música escogidas para exaltar, subir la moral y seducir a su auditorio, están en su elemento. Tres animadores guatemaltecos (dos hombres y una mujer), bajo la dirección de un editor de prensa estadounidense, David Atlee Philips, se turnan al micrófono para encadenar odas a la bravura de los soldados “que combaten contra la hidra comunista”, llamadas al patriotismo, la voz calurosa de su animadora que convoca a “las mujeres católicas, esposas y madres, a mantener a sus maridos alejados de los sindicatos, auténticos nidos de víboras” y otras pamplinas. La empresa marcha muy bien en ese país aislado del mundo, tanto más en cuanto los productores saben alternar las exhortaciones y los reproches con música popular guatemalteca, éxitos americanos de moda y chistes sobre los comunistas y el equipo gubernamental de Arbenz. La radio comienza su emisión el 1 de mayo de 1954. Cerrará el 2 de julio de 1954, tras dos meses de emisiones.

La arlesiana soviética: Operación PB History

Desde mayo de 1953, el presidente Eisenhower dió su conformidad para la preparación de un golpe de Estado en Guatemala; Carlos Castillo Armas, con 150 o 200 hombres entrenados por la CIA, se mantenía en Honduras a la espera de la luz verde de Washington, cuando la noticia de la llegada de un carguero con armas checas a Puerto Barrios en mayo de 1954 encendió la mecha. La prensa bascula en la histeria, y Eisenhower da la orden de pasar a la acción. El 18 de junio de 1954, Castillo Armas y su tropa entran en Guatemala. Las relaciones públicas nunca se quedaron dormidas. Desde el arranque del golpe de Estado, la oficina de prensa de la United Fruit ofrece actualizaciones regulares sobre los combates. En su cuartel general de Boston, los periodistas siguen las hostilidades puntualmente.

Al cabo de nueve días de ataques embarullados de Castillo Armas, de sucesivos  fracasos y acciones caóticas de la CIA, y por razones que quedan oscuras, Arbenz, que sin embargo mantenía una posición ventajosa, se hunde y capitula. Contra toda suposición, el golpe de Estado llegaba a su fin.

Desde el éxito de la Operación, Frank Wisner, director de la Office de Policy Coordination (OPC, una rama de la CIA especializada en acciones psicológicas y paramilitares) desea reforzar la imagen triunfal de la CIA en el Congreso y envía agentes a Guatemala para desenterrar las pruebas de una relación entre el antiguo gobierno Arbenz y los soviéticos, así como algún “comunista” al que corromper. En la mente de Wisner se trata por una parte de demostrar de la manera más evidente las “maquinaciones soviéticas” en el patio trasero de Estados Unidos, América central, y por otra parte encontrar comunistas “a quien controlar y utilizar a favor de Estados Unidos y de sus intereses”.

Entre los más de 150.000 documentos encontrados en las dependencias del gobierno Arbenz tras su saqueo por la Junta de Castillo Armas, los agentes de Wisner no encontraron más que algunos libros marxistas, documentos chinos sobre las reformas agrarias, páginas de una biografía de Stalin, pruebas de intentos de comprar armas a Italia por parte de Arbenz y algunas cartas demostrando “una fuerte tendencia pro-comunista”. Ningún lazo con el Kremlin y ningún comunista que “corromper”.

Aunque haya sido tergiversada por la propaganda, por una prensa servil y una cohorte de dictadores aliados, la Operación PBSuccess estará a punto de fracasar debido a una fuerza de intervención ridículamente pequeña y una inverosímil sucesión de acciones precipitadas, improvisaciones sobre la marcha y líos debido al amateurismo de la CIA y sus marionetas locales. Castillo Armas, uno de los más incompetentes jefes militares, estuvo a un dedo de la derrota.

La operación triunfará solamente a causa del extraño hundimiento psicológico de Arbenz. Según algunos observadores, la situación matrimonial de Arbenz, que acababa de descubrir el adulterio de su mujer, hubiera sido el catalizador. Para otros, Arbenz, asustado por un rumor de la CIA, según el que los norteamericanos preparaban una ofensiva de gran amplitud, dimitiría para evitar un baño de sangre en su país; según otros, Arbenz temería que los problemas dieran alas a oficiales de su entorno ambiciosos, y hubiera preferido rendirse que morir asesinado. Es incomprensible que un coronel de un ejército de América central, acostumbrado a estos complots e intentos de golpes de Estado que marcaban la vida cotidiana de las repúblicas bananeras de los años 50, haya podido hundirse ante un ataque tan anárquico y torpe.

Allen Dulles no dudará en considerar a PBSuccess como un logro y hacer de ello el modelo de las siguientes intervenciones “secretas” de Estados Unidos Algunos años más tarde, ello llevaría a la CIA a la operación más catastrófica de su historia, la debacle de Bahía Cochinos.

En 1955, Castillo Armas se reúne con el vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, que le pide lo que estos quieren que haga, y lo hará. Lo que quieren Estados Unidos es el fin del “comunismo” en Guatemala. Castillo Armas se sumerge en una represión absurda desde todos los puntos de vista: el derecho de voto de los analfabetos queda anulado, la ley agraria de Arbenz también, las tierras entregadas recientemente a los campesinos vueltas a recuperar por la fuerza, el comunismo se hace causa de muerte, centenares de personas “desaparecen”, arbitrariamente presas sin posibilidad de apelación o comunicación con el exterior.

El resentimiento crece rápidamente y en 1960 estalla una guerra civil. Durará treinta cinco años, décadas durante las que los norteamericanos apoyarán a los dictadores a sus milicias gubernamentales contra los rebeldes, en su mayoría indios mayas. A día de hoy, los escuadrones de la muerte guatemaltecos apoyados por Estados Unidos, son responsables de la muerte de 200.000 personas.

Pero uno de los rebeldes, un joven argentino presente en Guatemala en el momento del golpe, escapa a las persecuciones. La ingerencia de la que ha sido testigo le radicalizara hasta llegar a ser uno de los más grandes iconos de la izquierda revolucionaria sudamericana y una de las peores pesadillas de Estados Unidos: Ernesto “Che” Guevara.

La opositora venezolana Lilian Tintori escondía 200 millones de bolívares en una furgoneta

Anoche el fiscal general venezolano, Tarek William Saab, informó que la policía había hallado 200 millones de bolívares dentro de una furgoneta aparcada en la urbanización Los Palos Grandes, una zona elitista de la capital, centro de las protestas de los opositores.

Los billetes, según explicó el fiscal, pertenecen a la nueva moneda que entró en circulación a principios de año, y se encontraban dentro de tres cajas de madera utilizadas para transportar el papel moneda, que se imprime en Suiza.

Una suma tan alta de dinero equivale en Venezuela a unos 256 años de salario mínimo actual. Con ella se puede comprar una vivienda o un vehículo.

El fiscal añadió que la furgoneta pertenecía a familiares de Leopoldo López, dirigente de la organización terrorista Voluntad Popular, responsable de las acciones criminales de 2014 que dejaron 43 muertos. A causa de ellas López está condenado a 14 años de cárcel.

El hallazgo es un delito y se ha designado a un fiscal perteneciente a la Dirección de Delitos Comunes del Ministerio Público para realizar las investigaciones.

Minutos después del anuncio de la fiscalía, la esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori, admitió que el dinero era suyo y ofreció una cascada de explicaciones sobre el hallazgo, todas ellas tan falsas que provocó fuertes reacciones en las redes sociales, tanto de chavistas como de seguidores de la oposición.

Al principio la terrorista venezolana, reconocida mundialmente por sus giras internacionales para denunciar una suopuesta “crisis humanitaria” y las violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno venezolano, escribió que rechazaba el «montaje que estaban orquestando» en su contra.

Después aseguró que la policía había «confiscado» su dinero para pagos «urgentes»: su abuellita está enferma y no tiene seguro. Por eso necesita todo ese dinero que la malvada policía chavista le ha confiscado.

Posteriormente, ante los insultos de sus propios seguidores en las redes, quienes cuestionaban la posesión de una suma tan alta de dinero en efectivo recién impreso, publicó un mensaje con la foto de una mujer de la tercera edad, supuestamente su abuela, convaleciente en la cama de un centro de salud.

Finalmente, escribió que la furgoneta era de ella y que el dinero era para «gastos familiares».

Tras las explicaciones y fotos de Tintori, las redes ardieron en su contra. Incluso hasta sus seguidores cuestionaron cada una de sus afirmaciones.

Algunos mensajes relacionaron sus viajes al exterior y su reunión con Trump como «posible» fuente del alijo de divisas.

Uno surgió de la imagen de la foto que se hizo Tintori junto al cantante venezolano radicado en España Carlos Baute, quien se reunió con ella en Madrid para hacerle una «donación» de medicamentos.

El lunes, el pelele de Jose Luis Rodríguez Zapatero, viajó a Venezuela para promover el terrorismo y uno de sus contactos más importantes fue, como siempre, Tintori.

Zapatero estuvo presente en una reunión junto con López, Tintori y Jorge Rodríguez, miembro de la dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela. En ella Rodríguez le ofreció a López cambiar la cárcel por un arresto domiciliario. El condenado aceptó la medida pero su esposa, Tintori, impidió el acuerdo: quiere a su marido en la cárcel para seguir denunciando por todo el mundo la violación de los derechos humanos en Venezuela y, naturalmente, ganar más dinero con ese negocio.

Para que vean las terribles condiciones carcelarias en Venezuela: según Larry Davoe, Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Derechos Humanos, no hay en todo el continente americano un preso en mejores condiciones y mejor atendido que él; tiene una habitación con baño privado, sala, cocina, comedor, acceso a actividades deportivas, religiosas y un huerto para sembrar.

Es normal que su esposa quiera que permanezca en la cárcel los 14 años. En ningún otro sitio va estar en mejores condiciones.

En noviembre Estados Unidos dará los primeros pasos para un ataque militar a Venezuela

Manuel José Montáñez

Ha surgido una propuesta de maniobras militares conjuntas ordenada por el Pentágono al ilegítimo gobierno de Temer; donde el embajador norteamericano Peter McKinley, juega un rol preponderante; sin embargo y a los fines de formalizar públicamente esas operaciones, será o es, la parte brasileña quien invita oficialmente, al ejército norteamericano a participar. Es decir, los gringos ordenan, pero escurren el bulto, la responsabilidad y hacen aparecer como que son otros quienes los invitan.

Por el ejército norteamericano, participarían por lo menos, unos 800 hombres de las Fuerzas Especiales, denominados “Seal”, en las maniobras que financiará íntegramente Tío Sam, haciendo galas de su desprendimiento, lógicamente, siempre y cuando se trate de incrementar su control sobre la región.

En esta patraña, también participarán los ejércitos del Perú y Colombia. Es importante destacar y recordar, que Brasil, Colombia y Perú, tienen una frontera común, que en el mapa brasileño se conoce como “Cabeza de Perro”, una especie de zona de aliviadero (tierra de nadie), donde cohabitan grupos delincuenciales, narcotráfico, paramilitarismo e incluso, disidentes de la guerrilla colombiana que no se sumaron al “Proyecto de Pacificación” de Nariño, pues lo consideran es una patraña de Santos.

Para los Estados Unidos (léase las últimas declaraciones del asesor de seguridad Herbert McMaster), ellos no harían directamente la guerra al pueblo venezolano, dejando entrever que apoyarían cualquier iniciativa militar que surja contra la RBV por parte de terceras naciones, para “rescatar al pueblo venezolano”. De allí la conveniencia de que los protagonistas de estas maniobras sean tres países con quienes compartimos fronteras; en una coyuntura en la que gobiernos de la derecha desconocen y se han declarado abiertamente en contra de la voluntad popular del pueblo venezolano y su Constituyente, aprobada por más de ocho millones de voluntades.

Todo lo anterior forma parte de una estrategia conjunta, orquestada por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, para derrocar al presidente Nicolás Maduro Moros.

Para noviembre (fecha en que se ejecutaría el ejercicio), ellos apuestan a que deberían acrecentarse las posiciones anti constituyente y lo más importante, que éstas se desarrollarán en el marco de las elecciones regionales tentativamente programadas por el CNE, para diciembre de 2017. Dos objetivos tácticos a perturbar.

Por eso, no hay que olvidar que la actuación de la ultraderecha en las elecciones a gobernadores, no implica que ellos abandonen sus pretensiones golpistas y desestabilizadoras. Así lo dejó entrever el diputado Freddy Guevara, en el sentido de que para ellos, su participación “es un movimiento táctico”.

Quedará de parte de la soberana ANC, legislar para que se normalice la situación política nacional y efectivamente, logremos la tan anhelada paz.

Aunque desde el punto de vista estratégico, estas maniobras no representan el inicio de una invasión militar, la realidad es que tras de ésta, se esconde un objetivo más perverso, geopolíticamente hablando. Es decir, se permitirán un “mejor estudio” del Teatro de Operaciones Sur Venezolano y a la vez, concretarán lo que sería su objetivo fundamental; valga decir, empujar hacia nuestro territorio, la mayor cantidad posible de fuerzas irregulares con las cuales acrecentarían el caos y profundizarían la crisis delincuencial en ese espacio geográfico, con la posibilidad de crear una especie de territorio sin autoridad (tesis separatista), desde donde operaría un conveniente “ejército difuso” con el cual atacarían al gobierno central venezolano. Es el mismo formato creado por ellos en el norte de África, contra Libia y Siria, actualmente sumidos en el caos.

A nuestros oídos llegó una especie (desde una fuente muy bien informada en Planalto), sobre una entrevista entre la estación CIA y el gabinete de seguridad institucional (GSI), donde se manejó la posibilidad de aprovechar las maniobras en la frontera con Venezuela, para entregar algunos suministros y pertrechos militares a la oposición antichavista y así materializar la promesa que le hiciera el embajador norteamericano a la Sra. Lilian Tintori de VP, a través del canciller brasileño, Marco Galvao, durante su visita a Itamaratí en mayo de este año 2017.

En ese sentido, el sátrapa de Temer, miente a su pueblo sobre lo que realmente ocurre en Planalto respecto del tema que nos ocupa y terminó cediendo (como un buen perrito echado en la alfombra), al chantaje del embajador yanqui para que aceptara y convocara las maniobras militares tripartitas a cambio de recibir apoyo político estadounidense a su usurpador gobierno; ayuda que requiere para sobrevivir pues se convirtió en el “presidente” más impopular de todos los tiempos en Brasil; disputándole el descrédito, a Macri de Argentina, Pedro Pablo Kuczynski del Perú y Santos de Colombia.

Conocimos también que el general Villas Boas (quebrantado de la salud), está en contra de las maniobras injerencistas, lo que ha obligado a la embajada del Tío Sam a disuadir al bandido de Temer a que le exija la renuncia al Sr. Gral. Vilas Boas, quien opina que “invitar al ejército norteamericano a hacer ejercicios conjuntos, es como, enseñar al enemigo como combatirles en la selva”.

Los actuales gobernantes (brasileño, colombiano y peruano), parecen haber olvidado las históricas y viejas pretensiones estadounidenses de apoderarse de nuestra Región Amazónica (estamos obligados a no olvidar), la más rica en biodiversidad y agua del planeta, la cual pretenden despojar bajo el eufemismo de convertirla en un “territorio bajo jurisdicción internacional”, con el argumento de que somos incapaces de preservarla. Para ellos no somos más que cifras; es decir, somos cerca de 500 millones de habitantes (compradores y consumidores), que le garantizarían la rentabilidad a la enferma economía norteamericana. Al salir huyendo, derrotados, de Euroasia, pretenden llegar acá, a los fines de retomar el control de lo que históricamente ellos nos han considerado, su “patio trasero”.

En su momento, el poeta y canta autor brasileño, Gilberto Passos Gil Moreira (Gilberto Gil), ex Ministro de la Cultura -hasta 2008- del compañero Lula, les respondió dignamente en la ONU, a los gringos y a sus socios Europeos: “A Amazônia é nossa”.

Es vergonzoso, pero hay que decirlo. Nos aseguran desde allá, que es tal la presión y la influencia del diplomático estadounidense en Brasilia, que por momentos pareciera que Temer no gobierna en la Patria de Anita de Garibaldi; asegurándonos en perfecto portugués:


“É incrível, mas todas as ordens do que o usurpador (ler ditador), executam, deixam a embaixada dos EUA”.
“Plateau perdeu sua majestade e foi transformado em uma pantomima”.

https://www.aporrea.org/oposicion/a250809.html

Continúa la arremetida contra los miembros de las FARC

Desde que comenzó la implementación del Acuerdo de paz se han registrado 24 asesinatos entre integrantes de las FARC y sus familiares. A eso se le suman los homicidios de decenas de líderes sociales que se han registrado en lo corrido del año.

Aunque se ha publicitado por parte del Gobierno Nacional que es la hora de la paz, los hechos registran otra cosa. Los informes de la ONU, Marcha Patriótica y otros muestran cómo en lo corrido de este 2017 se ha incrementado la violencia por grupos al margen de la ley, que la institucionalidad insiste en llamar bandas criminales, pero son estructuras paramilitares.

Diversos voceros y líderes de la comunidad internacional han denunciado este hecho, como el representante en Colombia de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Todd Howland, así como Rémy Pagani, alcalde de Ginebra (Suiza), quien después de la visita hecha en el país manifestó en entrevista al Espectador que el Gobierno debe reconocer el paramilitarismo sin eufemismos, así como brindar protección a los líderes sociales y cumplir con el Acuerdo de paz.

Esta semana pasó un crudo balance para los miembros de las FARC, puesto que ya van varios miembros asesinados en momentos donde las ZVTN pasan hacer Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (http://prensarural.org/spip/spip.php?article21916).

Varios voceros de las FARC se han manifestado exigiendo cumplir con lo acordado. Pastor Alape dijo en redes sociales: “Trágica semana para la paz, 4 excombatientes de @FARC_EPueblo asesinados en 4 días. El miedo no cambiará nuestra voluntad de paz”. Al respecto, Pablo Catatumbo manifestó: “¿Hasta cuándo el odio? #PazSonGarantías”.

Son varias las voces que han criticado las salidas en falso del Gobierno frente a los acuerdos pues sus permanentes incumplimientos y la falta de voluntad política han sido permanentes. Mientras tanto, los excombatientes siguen cumpliendo y demandan mayor protección del Estado. Además exigen la salida de sus compañeros de las prisiones.

http://prensarural.org/spip/spip.php?article21931

 

En Colombia no hay ni paz ni ningún proceso hacia la paz

Adán Mazo, comandante de las FARC asesinado
El jueves fue asesinado en Colombia el dirigente social Manuel Ramírez Mosquera, reclamante de tierras, en el departamento de Chocó, al noroeste de Colombia.

Ramírez fue asesinado con arma de fuego por dos hombres que le dispararon en tres ocasiones, según informó la policía.

Hasta los momentos la policía no sabe nada, no tiene una hipótesis de lo ocurrido, no sabe quiénes pueden los posibles responsables del hecho… ni hará nada por descubrir algún indicio.

La víctima formaba parte de las más de 320 familias que desde mayo pasado habían tenido que huir de sus tierras a causa de los ataques de las bandas paramilitares contra los campesinos.

En lo que llevamos de año solo en el departamento de Chocó se contabilizan tres dirigentes sociales asesinados, una práctica reiterada en Colombia. En total 79 de ellos han sido asesinados desde comienzos de este año.

El pasado 11 de agosto otros tres dirigentes sociales fueron asesinados en un plazo de 72 horas. En total,  desde enero del año pasado, el defensor del pueblo, Carlos Alfonso Negret, habla de 186 asesinatos.

Aparte de los dirigentes de los movimientos sociales y derechos humanos, también han sido asesinados siete comandantes de las FARC. El lunes asesinaron en Ituango a Jesús Adán Mazo, más conocido como “Andrés Molina”, comandante del movimiento guerrillero.

El denominado “proceso de paz” entre el gobierno y el movimiento guerrillero no ha sido otra cosa que un desarme unilateral por parte de las FARC. No sólo no ha reducido la violencia, sino que la ha incrementado. El único cambio es que ahora todos los muertos pertenecen el mismo bando.

En abril la BBC reconocía que el año pasado Colombia había registrado la tasa más baja de asesinatos en 40 años. En total se habían contabilizado unos 12.000 casos. Sin embargo, los crímenes políticos habían aumentado (*).

Se repite así exactamente lo que ya ocurrió con el anterior “proceso de paz” en los años ochenta, cuando la Unión Patriótica fue exterminada implacablemente por los mercenarios y las bandas paramilitares.

En los ochenta tras otro “proceso de paz”, se creó la Unión Patriótica, una formación política que debía demostrar que en Colombia es posible una actividad política pacífica y reivindicativa. Todos sus dirigentes fueron aniquilados, uno a uno.

Ninguno de los crímenes ha sido investigado ni juzgado. Nunca; no se castigaron en los ochenta y no se castigarán ahora. La impunidad de los pistoleros es absoluta. En Colombia no es posible la lucha política parlamentaria, pacífica y legal.


(*) http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39448854

Más información:
– Colombia: las matanzas en medio del proceso de ‘paz’

La CIA destapa su intención de desestabilizar al gobierno venezolano

Mike Pompeo, actual director de la CIA
Carlos A. Lozano Guillén

Ni más ni menos fue el propio director de la CIA del gobierno de Donald Trump, Mike Pompeo, el que develó el plan para desestabilizar el gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela. Dijo lo siguiente, en versión de Andrés Oppenheimer: “Cuando se le preguntó acerca de la crisis venezolana en la Conferencia de Seguridad de Aspen del 20 de julio, Pompeo dijo a la audiencia que estaba trabajando duro para el restablecimiento de la democracia en Venezuela”. Y añadió: “Yo estuve en Ciudad de México y Bogotá hace dos semanas, hablando de este tema, tratando de ayudarles a entender lo que podrían hacer, para que puedan obtener un mejor resultado para su parte del mundo y nuestra parte del mundo”.

Reconoció lo que ya todo el mundo sabe, que la CIA está tras las protestas de la “oposición democrática” en Venezuela, no solo estimulando las manifestaciones sino financiando las guarimbas terroristas que cometen todo tipo de actos vandálicos, delitos y crímenes. En su haber cuentan con dos viles asesinatos, porque le prendieron fuego a dos personas “sospechosas de ser chavistas”.

Sostener durante 120 días las protestas cuesta mucho dinero y todo sale de la bolsa de la agencia en Washington. Los días previos a la elección de la Constituyente, las guarimbas cerraron las calles con alambre de púas, utilizado en cantidades alarmantes. ¿De dónde salió el dinero? ¿De dónde sale el billete para financiar a los jovencitos que cometen los actos terroristas, dotados de tantos instrumentos y armas? Eso lo sabe y lo avala la MUD, como también el expresidente Pastrana que se fotografió con un grupo de ellos, como los presidentes Juan Manuel Santos de Colombia y Enrique Peña Nieto de México; y también Luis Leonardo Almagro, flamante Secretario General de la OEA.

En Venezuela están repitiendo los mismos métodos empleados por la CIA en Chile, en 1973, que llevaron al golpe militar contra el gobierno popular de Salvador Allende. Desabastecimiento, acaparamiento, paros, violencia callejera y terrorista y financiación a los golpistas. Son los métodos miserables y canallas del terrorismo de Estado yanqui.

Pompeo desenmascaró a Santos y a Peña Nieto. Habló con ellos y les dio recomendaciones (¿órdenes?) de cómo actuar. De inmediato el mandatario colombiano arreció la andanada contra Maduro y se atrevió a decir que no reconocerá el resultado de la Constituyente. Es el caso de un traidor y desleal examigo si es que algún día lo fue. Bastante desagradecido porque es de público conocimiento la ayuda del comandante Hugo Chávez y del presidente Nicolás Maduro, definitiva a la hora de la verdad, para que se adelantaran los diálogos de La Habana. Son habilidades de Santos, experto jugador de pócker.


http://semanariovoz.com/la-cia-vuelve-ataca/

Manual de instrucciones para un Golpe de Estado perfecto: Guatemala 1954

Guillermo Toriello
diplomático del gobierno de Árbenz

La Máquina de Decidir, pieza por pieza

– DWIGHT EISENHOWER:

Presidente de los Estados Unidos. Derribó el gobierno de Mohammed Mossadegh, en Irán, porque había nacionalizado el petróleo. Ha dado orden de derribar también el gobierno de Jacobo Árbenz, en Guatemala.

– SAM ZEMURRAY:

Principal accionista de la United Fruit. Todas sus inquietudes se convierten automáticamente en declaraciones del gobierno de los Estados Unidos y en rifles, morteros, ametralladoras y aviones de la CIA.

– JOHN FOSTER DULLES:

Secretario de Estado de los Estados Unidos. Fue abogado de la United Fruit.

– ALLEN DULLES:

Director de la CIA. Hermano de John Foster Dulles. Como él, ha prestado servicios jurídicos a la United Fruit. Juntos organizan la Operación Guatemala.

– JOHN MOORS CABOT:

Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos. Hermano de Thomas Cabot, que fue presidente de la United Fruit.

– BEDELL SMITH:

Subsecretario de Estado. Sirve de enlace en la Operación Guatemala. Futuro miembro del directorio de la United Fruit.

– HENRY CABOT LODGE:

Senador. Representante de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas. Accionista de la United Fruit. En varias ocasiones ha recibido dinero de esta empresa a cambio de discursos en el Senado.

– ANNE WHITMAN:

Secretaria personal del presidente Eisenhower. Casada con el jefe de Relaciones Públicas de la United Fruit.

– SPRUILLE BRADEN:

Fue embajador de los Estados Unidos en varios países latinoamericanos. Cobra sueldo de la United Fruit desde 1948. Exhorta a Eisenhower, con gran eco de prensa, a suprimir por la fuerza el comunismo de Guatemala.

– ROBERT HILL:

Embajador de los Estados Unidos en Costa Rica. Colabora con la Operación Guatemala. Futuro miembro del directorio de la United Fruit.

– JOHN PEURIFOY:

Embajador de los Estados Unidos en Guatemala. Llamado el “Carnicero de Grecia” por su anterior gestión diplomática en Atenas. No habla una palabra en lengua castellana. Se formó políticamente en el Senado, en Washington, donde trabajó de ascensorista.

La Máquina de Mentir, pieza por pieza

– EL MOTOR:

Se convierte al verdugo en víctima y a la víctima en verdugo. Quienes preparan la invasión de Guatemala desde Honduras, atribuyen a Guatemala la intención de invadir Honduras y toda América Central. A la vista están los tentáculos del Kremlin, denuncia John Moors Cabot desde la Casa Blanca. El embajador Peurifoy advierte en Guatemala: “No podemos permitir que se establezca una república soviética desde Texas hasta el Canal de Panamá”. La piedra del escándalo es un cargamento de armas embarcado desde Checoslovaquia. Los Estados Unidos han prohibido la venta de armas a Guatemala.

– ENGRANAJE 1:

Se bombardea a la opinión pública mundial con noticias y artículos, declaraciones, panfletos, fotografías, películas y tiras cómicas sobre las atrocidades comunistas en Guatemala. Este material pedagógico, que jamás confiesa su origen, proviene de la oficinas de la United Fruit en Boston o de las oficinas del gobierno en Washington.

– ENGRANAJE 2:

El arzobispo de Guatemala, Mariano Rossell Arellano, exhorta a la población a sublevarse contra el comunismo, enemigo de Dios y de la patria. Treinta aviones de la CIA riegan su pastoral por todo el país. El arzobispo hace llegar a la capital la imagen popular del Cristo de Esquipulas, que será nombrado Capitán General de la Cruzada Libertadora.

– ENGRANAJE 3:

En la Conferencia Panamericana, John Foster Dulles golpea la mesa con el puño y arranca la bendición de la OEA a la proyectada invasión. En las Naciones Unidas, Henry Cabot Lodge bloquea las demandas de auxilio de Jacobo Árbenz. La diplomacia norteamericana se moviliza en todo el mundo. Se obtiene la complicidad de Inglaterra y Francia a cambio de un compromiso de silencio de los Estados Unidos sobre los delicados asuntos del Canal de Suez, Chipre e Indochina.

– ENGRANAJE 4:

Los dictadores de Nicaragua, Honduras, Venezuela y República Dominicana brindan campos de entrenamiento, emisoras de radio y aeropuertos a la Operación Guatemala. También aportan lo suyo a la campaña de propaganda. Somoza reúne a la prensa internacional en Managua y muestra unas cuantas pistolas que llevan grabado el sello de la hoz y el martillo. Dice que provienen de un submarino ruso y que han sido interceptadas camino de Guatemala.

La reconquista de Guatemala:

Guatemala no tiene aviones ni batería antiaérea, de modo que los pilotos norteamericanos, en aviones norteamericanos, bombardean el país con toda comodidad.

Una poderosa emisora de la CIA, instalada en la azotea de la embajada de los Estados Unidos, difunde confusión y pánico en todo el país: la Máquina de Mentir informa al mundo que ésa es la radio rebelde, La Voz de la Liberación, transmitiendo desde la jungla de Guatemala la marcha triunfal del coronel Castillo Armas. Mientras tanto, Castillo Armas, acampado con toda su tropa en una plantación de la United Fruit en Honduras, espera órdenes de la Máquina de Decidir.

El gobierno de Árbenz asiste, paralizado, a su propio derrumbe. Los bombardeos aéreos llegan a la capital y revientan los depósitos de combustible. El gobierno se limita a enterrar a los muertos. El ejército mercenario, Dios, Patria, Libertad, atraviesa la frontera. No encuentra resistencia. Por dinero o por miedo, los jefes militares rinden sus tropas sin disparar un tiro. Un médico argentino de ventipocos años, Ernesto Guevara, intenta, en vano, organizar la defensa popular en la capital: no sabe cómo ni tiene con qué. Improvisadas milicias deambulan, desarmadas, por las calles. Cuando Árbenz manda, por fin, abrir los arsenales, los oficiales se niegan a obedecer. Uno de estos días sombríos y sin grandeza, Guevara sufre un ataque de asma y de indignación; y una medianoche, al cabo de dos semanas de bombardeos, el presidente Árbenz baja lentamente las escalinatas del Palacio Nacional, cruza la calle y pide asilo en la embajada de México.

Noticiero:

El arzobispo de Guatemala declara: “Admiro el sincero y ardiente patriotismo del presidente Castillo Armas”. En ambiente de gran algarabía, Castillo Armas recibe la bendición del nuncio papal, monseñor Genaro Verrolino.

El presidente Eisenhower felicita en la Casa Blanca a los responsables de la CIA. Les dice: “Gracias por haber eliminado una cabeza de playa soviética”.

El jefe de la CIA, Allen Dulles, encarga a un periodista de la revista “Time” la redacción de una nueva Constitución para Guatemala.

La revista “Time” publica un poema de la esposa del embajador de los Estados Unidos en Guatemala. Dice que el señor y la señora Peurifoy son optimistas porque Guatemala ha dejado de ser comunista.

En la primera reunión con el embajador después del triunfo, el presidente Castillo Armas expresa su preocupación por la insuficiencia de las cárceles locales, que no disponen de las celdas necesarias para encerrar a los comunistas. Según las listas enviadas desde Washington por el Departamento de Estado, los comunistas guatemaltecos suman 72.000.

Se celebra una fiesta en la embajada de Estados Unidos en Guatemala. Cuatrocientos guatemaltecos invitados cantan a coro el himno de los Estados Unidos de América.

http://mictlantecuhtli.tripod.com/politica/Guatemala1.htm
Documental: así explicó al mundo la United Fruit los motivos del Golpe de Estado en Guatemala
– ‘¿Por qué el Kremlin odia las bananas?’

Colombia: las matanzas en medio del proceso de ‘paz’

Luis Jairo Ramírez

Hay una realidad en Colombia que está preocupando a la opinión pública nacional y a la comunidad internacional: existe un nuevo genocidio en curso en medio del proceso de paz.

Según Carlos Alfonso Negret, Defensor del Pueblo, desde enero de 2016, han sido asesinados 186 líderes sociales (sindicalistas, defensores de derechos humanos, indígenas y líderes de zonas campesinas) lo que equivale a que cada cuatro días es asesinado un líder social en Colombia. De enero a julio del presente año han sido asesinados 52 líderes sociales. Igualmente ha señalado que por cada líder asesinado hay 10 personas amenazadas de muerte. De otro lado, ya son 15 asesinatos de familiares y guerrilleros amnistiados de las FARC. Simultáneamente hay una preocupante oleada de judicializaciones.

A una sola voz, tanto el Ministro de Defensa Luis Carlos Villegas, como el Fiscal Néstor Humberto Martínez, se han apresurado a manifestar que estos crímenes no corresponden a una acción sistemática, que el Estado no tiene ninguna responsabilidad, reduciéndolos a hechos aislados o a delitos comunes inconexos entre ellos, en una vergonzosa expresión de encubrimiento a paramilitares y batallones militares que las autoridades civiles conocen pero prefieren mirar para otro lado; pero las denuncias de pobladores rurales también señalan una alianza de ciertos sectores políticos de extrema derecha con representación parlamentaria con los llamados clanes del golfo y otras expresiones para-estatales.

Es evidente que hay una intención clara de destruir el movimiento social, generar un clima de terror en las áreas rurales y producir nuevos eventos de desplazamiento. Lo que preocupa es que estos asesinatos se producen en zonas beneficiarias con circunscripciones especiales electorales y contra líderes que podrían ser los eventuales candidatos a corporaciones públicas, lo cual denota una acción pérfida, calculada desde dentro y fuera del Estado.

Es indignante que el gobierno subestime este extermino y de paso evada su compromiso de avanzar en el desmantelamiento del fenómeno paramilitar y la depuración de elementos criminales de la fuerza pública, tal como es su compromiso con los acuerdos de paz.

En los últimos días se ha conocido que un grupo no identificado está ofreciendo un millón de dólares por el asesinato de cada uno de los nueve miembros del secretariado de las FARC. El sistema judicial permanece impávido ante estas denuncias, ocupado como está en atravesar todo tipo de obstáculos al proceso de paz.

La guerra sucia continúa siendo funcional a los intereses del establecimiento; a pesar de afirmaciones en contrario la doctrina del “enemigo interno” no ha desaparecido, bajo sus manuales se siguen eliminando opositores al régimen. La movilización social debe expresarse en la calle para hacer retroceder semejante perversidad de las elites dominantes.

http://semanariovoz.com/33865-2/

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