La web más censurada en internet

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El parlamento francés aprueba una ley contra la libertad de expresión con el pretexto de las ‘noticias falsas’

La Asamblea Nacional de Francia ha dado luz verde a dos proyectos de ley contra la libertad de expresión con el pretexto de las “noticias falsas” (“fake news”) que se aplicará incluso en periodos electorales.

El texto define noticia falsa como “cualquier alegación o imputación de hechos inexacta o engañosa”.

No es ninguna novedad; ni siquiera es moderno. En Francia ya estaba vigente una ley de prensa de 1881 que prohibía la difusión de “noticias falsas”. Lo que cambia es que ahora la diana es internet.

El partido del presidente Emmanuel Macron, La República en Marcha (LREM), presentó una propuesta de ley ordinaria y otra de ley orgánica específica para las elecciones presidenciales.

Los textos, aprobados en primera lectura, permitirán que un candidato a las elecciones pueda ocultar o prohibir la difusión de determinadas noticias en internet con un procedimiento rápido.

Es un procedimiento que no sólo compromete a los usuarios sino a los grandes monopolios de la comunicación. Un juez podrá ordenar al proveedor de internet, por ejemplo, que bloquee el acceso a ese contenido. Para ello se requiere que la información se haya difundido de forma premeditada y masiva para influir en las elecciones.

Además, las plataformas en línea y las redes sociales se comprometen a una mayor transparencia en relación con los contenidos patrocinados tres meses antes de las elecciones. Con ello se refieren a las situaciones en las que alguien paga para que su contenido sea más visto por los usuarios.

La oposición critica una ley “inaplicable” e “ineficaz”, dada la velocidad de propagación de las noticias en las redes, muchas veces desde sitios ubicados en el extranjero. Denuncia asimismo el peligro de una “policía para controlar el pensamiento” y de un “intento de controlar la información”.

Las ley son una promesa electoral de Macron, quien denunció haber sido víctima de “noticias falsas” antes de las elecciones presidenciales de mayo de 2017, lo que no le impidio ganarlas precisamente con noticias falsas y promesas engañosas.

La ley busca impedir el trabajo informativo de canales como Russia Today y la agencia Sputnik, medios rusos acusados de haberse entrometido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 y en las francesas de 2017.

‘Minority Report’: delincuentes en potencia y policías del futuro

“Minority Report” es una película de ciencia ficción dirigida por Steven Spielberg en 2002, basada en un breve relato homónimo escrito por Philip K. Dick en 1956 que se podría traducir como “Voto particular”. A partir de 2015 Spielberg siguió estrujando la película para sacar una de esas horripilantes series de televisión.

El relato, la película y la serie describen el fascismo, el paso de la represión a la prevención, situándolo en un mundo futuro ubicado en 2054 en el que la policía usa métodos predictivos para evitar asesinatos. Se trata de encarcelar a los delincuentes “en potencia”, es decir, antes de cometan un delito.

Hoy la policía pasa más tiempo delante el ordenador que patrullando las calles. La han dotado de dos nuevas tecnologías de la información, las grandes bases de datos y eso que algunos llaman grotescamente “inteligencia artificial”. El propio desarrollo de la técnica y el papanatismo creado a su alrededor, refuerzan la tendencia al cambio del papel de la policía de la represión a la vigilancia y el control en masa.

El mundo de “Minority Report” no es tan fantástico como parecía hace 16 años, cuando se estrenó. Un estudio de 2016 de la organización UpTurn encontró que 20 de las 50 fuerzas policiales más grandes de Estados Unidos utilizan la vigilancia predictiva. Actualmente ha comenzado a implementarse también en Francia.

La vigilancia alimenta las bases de datos que, a su vez, alimentan la vigilancia y el ridículo discurso en torno a ella, repleto de términos, como “peligro” o “riesgo”, que acaban formalizándose en los códigos penales.

En las retransmisiones de los partidos de fútbol, cuando los comentaristas quieren burlarse del árbitro, dicen que ha pitado “peligro”, pero nadie se burla cuando el peligro llega al código penal y a alguien le meten en la cárcel por ello, porque es “peligroso”.

Incluso en las facultades de derecho los profesores se vanaglorian por la desaparición de la Ley de Peligrosidad Social de 1970, a la que califican de “franquista”.

Con el peligro ha ocurrido lo mismo que con la legislación antiterrorista: ya nadie la considera como tal porque se disimuló dentro del código penal. Así se disimula el fascismo.

La policía preventiva de “Minority Report” tiene su paralelo en un código penal lleno de “delitos de riesgo”, que es tanto como decir de delitos que no deberían serlo.

Hace años que en España la Dirección General de Tráfico no funciona ya en base a multas sino a grandes campañas de prevención, como las de alcoholemia o el cinturón de seguridad, manejadas siempre con el mismo criterio discriminatorio, es decir, político: los controles se colocan en unos puntos y en otros no (por ejemplo en las zonas turísticas).

El control y la vigilancia siempre funcionan, así, políticamente. Se vigilan unos barrios y no otros; se controla a unas personas y no a otras; se persiguen determinados delitos y no otros.

Al tiempo que retroalimentan esa discriminación, las nuevas técnicas informáticas encubren su componente político, como si fuera consecuencia de algoritmos matemáticos.

Un programa de la policía de Chicago se apoyó en la llamada “inteligencia artificial” para identificar a personas con altas probabilidades de ser violentas con armas de fuego. Un estudio de 2016 de la Corporación Rand demostró que era una patraña.

Si la policía local de Madrid instala controles de alcoholemia en Entrevías, en lugar de ponerlos en La Moraleja, llena su bases de datos con una conclusión demoledora: el porcentaje de vecinos de Entrevías que son unos delincuentes en potencia es mucho mayor que en La Moraleja.

Es una “verdad” que se retroalimenta a sí misma cada vez que ponen un control en el mismo barrio, que vigilan siempre a las mismas personas y que se ceban en los mismos delitos: el robagallinas.

Como en la película, todo se viene abajo cuando el delincuente en potencia es el policía, porque si vigilaran más a la policía y a las comisarías, las bases de datos se llenarían de todo lo contrario.

Más información:
— La policía predictiva de Los Ángeles ya está en marcha
— La policía predictiva se concentra en los ‘puntos calientes’ de la ciudad
— El funcionamiento de la policía en una sociedad dividida en clases sociales
— Cómo detener a los futuros manifestantes antes de que cometan actos violentos
— El panóptico ya es una realidad, el ojo que todo lo ve
— La represion fascista con algoritmos matemáticos (PredPol)

El apoyo de la multinacional IBM al franquismo durante la guerra civil

Hitler con Watson, el presidente de IMB
La dilatada historia de IBM, fundada en 1911 con el nombre de CTR (Computing Tabulating Recording Corporation), no está exenta de sombras que empañan sus muchas luces. Bajo el paraguas de la multinacional centenaria se inventaron el cajero automático, el disquete, el disco duro y aún hoy la empresa asombra al mundo con el desarrollo de su inteligencia artificial, llamada Watson en honor al más dirigente de la multinacional. Sin embargo, las vicisitudes empresariales llevaron a IBM a negociar con los regímenes fascistas en España y Alemania.

“En los primeros 3 meses de 1939, IBM vendió 700.000 tarjetas perforadas a España”, asegura el investigador estadounidense Edwin Black. El país estaba en plena Guerra Civil y el destinatario de aquellas cartulinas preparadas para contener información no era otro que el bando sublevado de Francisco Franco.

Hijo de judíos supervivientes de campos de concentración, Black es el autor de “IBM y el Holocausto”, un libro en el que se pone de manifiesto la colaboración de la compañía dirigida por Watson con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial a través de la venta de maquinaria y tarjetas perforadas que, entre otras cosas, se utilizaron para la organización de los campos de concentración. Sin embargo, aquella no era la primera operación de IBM en suelo europeo en tiempos bélicos.

“Si recibes tantas tarjetas perforadas en tan poco tiempo, estás preparado para multiplicar tus operaciones”, explica el investigador. Y el momento en que llegó esa venta masiva al bando de Franco no fue casual. El material tecnológico se recibió a comienzos de 1939, cuando apenas faltaban semanas para que Franco suscribiera, desde Burgos, el último parte de guerra dando por finalizada la contienda. “La ayuda de IBM fue clave para que Franco ganara la Guerra Civil”, sentencia Black.

Aquel parte del 1 de abril de 1939 fue el del célebre “cautivo y desarmado el Ejército Rojo”. Según Black, las tarjetas perforadas habrían sido utilizadas por Franco y los suyos precisamente para eso: dar caza y recluir a sus oponentes. “Se les dio un uso relacionado con el censo militar, pero también para las encarcelaciones y la organización de prisioneros en campos de concentración y, sobre todo, para que los servicios secretos [el SIPM, Servicio de Información y Policía Militar] persiguieran a republicanos”, desglosa el investigador.

Las tarjetas de IBM “fueron programadas para rastrear a los partidarios del Gobierno democrático para que pudieran ser detenidos”, añade el historiador Edwin Krales, que también ha indagado acerca del papel de la tecnológica en los grandes acontecimientos de la primera mitad del siglo XX. Estos contenedores de información eran la clave para que las tabuladoras Hollerith fueran útiles. “Configuraban las máquinas para cualquier cosa que estuvieran buscando”, explica Krales.

No obstante, Black aclara que la relación entre IBM y los regímenes de Hitler o Franco era estrictamente comercial. “IBM vendía estas tarjetas perforadas no por afinidad al fascismo, sino porque aspiraba al dominio mundial de la informática”, argumenta.

Con ello, Black no resta importancia a la colaboración del gigante tecnológico con el golpe militar en España o el Holocausto nazi. De hecho, a día de hoy, el autor se dedica a recorrer las facultades de Informática de medio mundo pidiendo, con las sombras de Watson y la multinacional como argumento, que el nombre del dirigente de IBM desaparezca de rincones honoríficos de las universidades. “IBM nunca ha pedido disculpas ni ha dado explicaciones por los miles de muertes que provocó en la Guerra Civil”, denuncia el investigador.

Si la Guerra Civil sirvió de campo de pruebas para que los contendientes de la entonces futura II Guerra Mundial experimentaran el potencial de su armamento, para IBM la oportunidad de vender su material al bando franquista no fue muy distinta. “La Guerra Civil se convirtió en el terreno de prueba para averiguar la eficacia de las tarjetas perforadas”, explica Krales.

Tras la Guerra Civil, prosigue, IBM seguía produciendo tarjetas perforadas que se usaron en los territorios ocupados por los nazis “para llevar a cabo sus redadas”. Hoy, una de estas tabuladoras se conserva en el Museo del Holocausto de Washington, y fue precisamente ante esta máquina donde Black se preguntó por primera vez cuál era la relación entre IBM y la Alemania nazi. Años más tarde, publicaría su investigación.

Volviendo a España, lo cierto es que una vez terminada la guerra antifascista, la relación entre Franco y la tecnológica estadounidense no se dio por concluida. Una noticia publicada el 4 de enero de 1946 por el diario ABC anunciaba la “entrega al Caudillo de un importante donativo” procedente de las arcas de IBM. “La International Business Machine Corporation, de Nueva York, hace donación de 109.000 pesetas para su reparto entre las clases más necesitadas”, explicaba la nota.

50.000 de esas pesetas iban a parar directamente a manos de Franco, según ABC, para que él fuera el encargado de repartirlas. El dictador agradecía entonces “los generosos sentimientos filantrópicos de Mr. Watson, recordando al propio tiempo que no es la primera vez que este señor envía donativos a España”.

Para Black, estas habituales donaciones que el propio Watson hacía a través de su empresa habrían sido más bien una suerte de pagos por los servicios prestados. “España se convirtió en un país neutral importante: era un interlocutor entre Nueva York y Alemania”, argumenta el investigador.

El comercio directo con Alemania e Italia (tanto con sus Gobiernos como con sus empresas) estaba completamente prohibido para las empresas estadounidenses. Sin embargo, España y Suiza eran las grietas perfectas por las que colarse: su condición oficial de países neutrales durante la Segunda Guerra Mundial los convertía en la puerta de entrada para que IBM introdujera sus tarjetas perforadas con destino final en las potencias del Eje. “España funcionó como un socio para IBM”, sentencia Black.

La relación comercial de IBM con el fascismo se habría extendido durante casi una década por medio de la venta de material tecnológico.

https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2018-04-21/otra-historia-de-ibm-tarjetas-franquismo-guerra-civil_1552819/

 El fascismo está indisolublemente ligado al monopolismo y la técnica nunca ha sido un instrumento políticamente ‘neutral’.
No hay más que ver esta tarjeta perforada de IMB con el emblema nazi

Google diseña los crímenes que el Pentágono comete por medio de drones

Google está diseñando aplicaciones para el programa ilegal de guerra de drones del ejército estadounidense. La denuncia del New York Times el mes pasado causó indignación entre los trabajadores del monopolio informático. Más de 3.000 de ellos firmaron una carta a la dirección exigiendo el fin de sus vínculos con el Pentágono.

El programa, conocido como Proyecto Maven, involucra el uso de sistemas de inteligencia artificial para analizar imágenes de aviones no tripulados, que ayudan al Pentágono a identificar objetivos para cometer asesinatos con drones. El programa ya ha costado la vida a decenas de miles de personas en Oriente Medio y el norte de África. La participación de Google en el programa asesino fue revelada por Gizmodo el mes pasado.

La carta de los trabajadores, dirigida al director general, Sundar Pichai, afirma: “Creemos que Google no debería estar en el negocio de la guerra. Por lo tanto, exigimos que el proyecto Maven sea cancelado, y que Google escriba, publique y haga cumplir una política clara de que ni Google ni sus contratistas construirán nunca tecnologías de guerra”.

Respondiendo a críticas anteriores de los trabajadores de Google, Diane Greene, ejecutiva de la subsidiaria de computación en nube de la multinacional, dijo el mes pasado, que las aplicaciones no se utilizarán “en la operación o pilotaje de aviones no tripulados” y “no será utilizado para disparar armas”.

La carta rechaza estas débiles excusas, afirmando: “Aunque esto elimina un conjunto limitado de aplicaciones directas, la tecnología está en construcción para los militares y, una vez entregada, podría utilizarse fácilmente para colaborar en esas tareas”.

El programa de asesinatos con drones del gobierno de Estados Unidos, que implica el asesinato de personas sin juicio, viola el derecho internacional e involucra a Google en actividades que podrían conducir a un procesamiento criminal. No obstante, el New York Times, que difundió la carta por primera vez, no pudo encontrar ni un solo trabajador dispuesto a testificar públicamente, como consecuencia del clima de intimidación y represión dentro de la multinacional.

La carta advierte que las actividades de la multinacional “dañan irreparablemente la marca Google”. El argumento de que otras empresas informáticas, como Microsoft y Amazon, también participan no excusa la responsabilidad de Google.

Los vínculos de Google con los militares no son nuevos. Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google de 2001 a 2017, ocupa un puesto en la Junta Asesora de Defensa del Pentágono, junto con el vicepresidente de Google, Milo Medin.

La relación de Google con los militares está vinculada a su participación, con Facebook y otras multinacionales tecnológicas, en la campaña de censura de internet. Ya en abril, Google modificó sus algoritmos de búsqueda para “resaltar el contenido autorizado” para contrarrestar la divulgación de noticias falsas.

Los censura introducida por Google en su buscador ha limitado el acceso a sitios independientes, progresistas y antimperialistas. La caída en el número de visitas a este sitio, que no es nada fiable para Google, ha sido del 90 por ciento desde enero de 2017.

Cientos de miles de teléfonos móviles incorporan virus maliciosos

Docenas de modelos de teléfonos móviles tienen virus incorporados de serie, según los expertos del servicio antivirus Doctor Web, que han identificado 45 modelos de móviles con virus instalados.

Esto afecta a cientos de miles de usuarios de móviles, dependiendo de la empresa. “Los usuarios nos dijeron que su programa antivirus encontró malware en sus teléfonos inteligentes. Analizamos la situación y llegamos a la conclusión de que el software estaba en el área del sistema donde ningún virus podía venir de fuera, sino que sólo podía integrarse durante la fase de producción”, dijo Boris Sharov.

Una investigación más detallada ha revelado que el malware instalado en la fase de producción en 45 modelos de teléfonos estaban ejecutando Android.

Entre estos smartphones se encuentran varios modelos de Leagoo, Zopo Speed 7 Plus, UHANS A101, Doogee, Umi London, Tesla SP6.2, Haier T51, CherryMobile Flare y otros.

Aunque estas marcas no están tan familiarizadas como una serie de competidores en el mercado, son habituales entre algunos usuarios de todo el mundo, explicó Sharov.

“Identificamos una lista muy larga de servidores a los que el malware estaba enviando datos desde teléfonos inteligentes… Todos los teléfonos inteligentes eran de origen chino, cientos de miles de usuarios de teléfonos inteligentes de todo el mundo pueden ser víctimas de este virus”, añadió.

Doctor Web es un proveedor ruso de soluciones de seguridad informática que desarrolla la solución Dr.Web. Software antivirus web para empresas y particulares desde 1992.

https://www.rt.com/business/422677-smartphones-built-in-virus/

El futuro ya está aquí: la informática es un arma de destrucción masiva

El verano de 2016 un equipo de la Casa Blanca preparó un ataque informático contra los medios de comunicación rusos, hombres de negocios cercanos al Kremlin y el propio Putin. El plan se dejó de lado por orden de Susan Rice, asesora de seguridad nacional de Obama.

El coordinador de ciberseguridad de la Casa Blanca, Michael Daniel, ha relatado de los detalles del proyecto y el debate del equipo de Obama sobre la manera de enfrentarse a Moscú. El plan aparece en un libro de Michael Isikoff y David Corn, jefe de la oficina en Washington de la revista Mother Jones. La traducción de su título es: “La ruleta rusa. La historia interna de la guerra de Putin contra Estados Unidos y la elección de Donald Trump”. El libro, cuyos extractos han sido publicados por Yahoo News, acaba de salir a la venta.

Según Michael Daniel, quien le asistió en esta tarea fue Celeste Wallander, la principal experta de Rusia en el Consejo de Seguridad Nacional.

Según el proyecto, la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) iba a organizar una serie de ataques cibernéticos a gran escala para desmantelar los sitios web creados en Rusia, Guccifer 2.0 y DCLeaks, que supuestamente piratearon correos electrónicos del equipo electoral de Hillary Clinton y del Comité Nacional Demócrata, y lanzaron un ataque contra agencias de inteligencia rusas para perturbar sus nudos de mando y control.

El plan fue abandonado por Susan Rice y Lisa Monaco, consejera de seguridad interna de Obama, quienes temían que una filtración del proyecto pudiera ponerle contra la pared.

El futuro ya está aquí. La nueva guerra mundial ya no es lo que era, ni lo que la mayor parte de las personas esperaban. En ella lo que hay son drones, sicarios interpuestos, operaciones especiales, satélites espaciales y… ordenadores.

El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (y 4)

En 1994, el mismo año en que el Highlands Forum fuera fundado bajo los cuidados de la Oficina de la Secretaria de Defensa, la ONA y DARPA, dos jóvenes estudiantes de doctorado en Stanford, Sergey Brin y Larry Page, hicieron el estreno de su primer buscador y clasificador automatizado en la web. Esa aplicación sigue siendo el núcleo de lo que se convertiría en el servicio de búsqueda de Google. Brun y Page hicieron este trabajo con la financiación de la Digital Library Initiative (DLI), un programa multi-agencia de la National Science Foundation (NSF), la NASA y la DARPA.

Pero esto es solamente una parte de la historia. A través de todo el desarrollo de ese buscador, Sergey Brin informó de forma regular y directa a dos personas que nada tenían que ver con Stanford: la doctora Bhavani Thuraisingham y el doctor Rock Steinheiser. Ambos representaban a un activo grupo de inteligencia de Estados Unidos que investigaba sobre seguridad de la información y búsqueda de datos.

Thuraisingham es actualmente profesora distinguida con la Cátedra Louis A. Beecherel y directora ejecutiva del Cyber Security Research Institute en la Universidad de Texas en Dallas, y valiosa experta en minería de datos, gestión de datos y seguridad de la información. Pero en los años 90 trabajó para MITE Corp., un destacado contratista del Departamento de Defensa, donde dirigió el proyecto Massive Digital Data Systems, patrocinado por la CIA y por el director de Central Intelligence, para promover investigación innovadora sobre tecnología de la información.

“Financiamos a la Universidad de Stanford a través del científico informático Jeffrey Ullman, que tenía a muchos estudiantes graduados prometedores trabajando en muchas áreas interesantes”, me dijo Thuraisingham. “Uno de ellos era Sergey Brin, fundador de Google. El grupo de inteligencia en el programa MDDS esencialmente realizó la financiación de Brin, quien fue apoyado por muchas otras fuentes, incluyendo el sector privado”.

Este tipo de financiación ciertamente es frecuente, y que Sergey Brin lo recibiera siendo simplemente un graduado en Stanford parece haber sido algo incidental. El Pentágono en aquel entonces estaba pendiente de cualquier investigación sobre informática. Pero ilustra la profundidad a la que está imbricada la cultura de Silicon Valley con la inteligencia de Estados Unidos.

En un extraordinario documento en la web de la Universidad de Texas, Thuraisingham recuerda que desde 1993 a 1999, la Intelligence Community (IC) comenzó “un programa denominado Massive Digital Data Systems (MDDS) que yo dirigía para esa IC cuando estaba en MITRE Corp.” El programa financió 15 líneas de investigación en varias universidades, incluyendo la de Stanford. Su meta era el desarrollo de “tecnologías de gestión de datos que administraran desde bastantes terabytes hasta petabytes de datos”, incluyendo “procesamiento y recuperación, gestión de transacciones, gestión de metadatos, gestión de almacenamiento e integración de datos”.

Por entonces, Thuraisingham era directora científica de datos e información en MITRE, en donde dirigía equipo de investigación y desarrollo de líneas para la NSA, la CIA, el US Air Force Research Laboratory, así como para el US Navy’s Space and Naval Warfare Systems Command (SPAWAR) y Communications and Electronic Command (CECOM). Daba cursos para funcionarios del gobierno de Estados Unidos y contratistas de defensa sobre minería de datos en contraterrorismo.

Ese artículo en la Universidad de Texas tiene un anexo con una copia de un resumen del programa MDDS que fue presentado en el “Annual Intelligence Community Symposium” en 1995. El resumen revela que los principales patrocinadores del programa MDDS eran tres agencias: la NSA, la oficina de la CIA de Investigación y Desarrollo y el Community Management Staff (CMS), que operaba bajo el director de Central Intelligence. Los administradores del programa, que proporcionaron financiación de entre 3 y 4 millones de dólares durante 3 ó 4 años, fueron identificados como Hal Curran (NSA), Rick Steinheiser (de la ORD, Oficina de Investigación y Desarrollo de la CIA) y la propia doctora Thuraisingham.

Thuraisingham continúa su artículo reiterando que este programa conjunto CIA-NSA ayudó parcialmente a Sergey Brin a desarrollar el núcleo de Google, mediante un préstamo a Stanford dirigido por el supervisor de Brin, el profesor Jeffrey Ullman:

“De hecho, el fundador de Google Sergey Brin fue parcialmente financiado por este programa mientras era estudiante de doctorado en Stanford. Junto con su consejero el profesor Jeffrey Ullman y mi colega en MITRE, el doctor Chris Clifton (director científico de MITRE en tecnología de la información) desarrollaron el Query Flocks System, que daba soluciones para buscar en grandes cantidades de información almacenada en bases de datos.

“Recuerdo una visita a Stanford con Steinheiser de la Intelligence Community, y a Brin llegando en patines, dar su presentación, e irse rápidamente. De hecho, la última vez que nos encontramos en 1998, Brin nos demostró su dispositivo de búsqueda que se convirtió en Google poco después”.

Brin y Page formaron oficialmente la empresa Google en septiembre de 1998, el último mes que informaron a Thuraisingham y a Steinheiser. “Query Flocks” (técnica de consulta masiva) era también parte del sistema patentado de búsqueda “PageRank” (presentación de los resultados de la búsqueda), que Brin desarrolló en Stanford bajo el programa CIA-NSA-MDDS, así como la financiación de NSF, IBM e Hitachi. Aquel año, el Dr. Clifton, que trabajó bajo Thuraisingham para desarrollar el Query Flocks, redactó un informe con el supervisor de Brin, Ullman, y Steinheiser, de la CIA. Con el título de “Knowledge Discovery in Text” el informe fue presentado en una conferencia académica.

“La financiación del MDDS que recibió Brin fue significante en tanto que financiación inicial, pero probablemente fue superada por otras fuentes de financiación”, declaró Thuraisingham. “La duración de esa financiación fue de unos dos años. En ese período, yo y mis colegas del MDDS visitamos Stanford para ver a Brin y comprobar sus progresos cada tres meses más o menos. No era una supervisión exactamente, pero queríamos comprobar el progreso, señalar problemas potenciales y sugerir ideas. En esos encuentros, Brin nos presentó la búsqueda por ‘query flocks’, y también nos demostró distintas versiones del buscador de Google”. Brin informaba así de forma regular a Thuraisingham y a Steinheiser sobre el desarrollo de Google.

[Actualización del artículo al 2 de febrero de 2015]

Desde la publicación de este artículo, Thuraisingham ha rectificado el artículo al que hacemos referencia más arriba. La versión modificada incluye una copia de la versión original de su resumen sobre el MDDS. En esta versión modificada, Thuraisingham rechaza la idea de que la CIA fundara Google, y dice por el contrario:

“En realidad, el profesor Jeffrey Ullman en Stanford y mi colega en MITRE Chris Clifton junto con algunos más desarrollaron el Query Flocks System, como parte del MDDS, que proporcionó soluciones para búsquedas en grandes cantidades de datos almacenados en bases de datos. Igualmente, Sergey Brin, cofundador de Google, formaba parte del grupo de investigación de Ullman por entonces. Recuerdo visitas periódicas a Stamford con Steinheiser de la Intelligence Community, y a Brin llegando en patines, dar su presentación e irse rápidamente. Durante nuestra visita a Stanford en septiembre de 1998, Brin nos enseñó su buscador, que yo creo que se convirtió en Google poco después”.

“Hay también bastantes inexactitudes en el artículo del Dr. Ahmed de 22 de enero de 2015. Por ejemplo, el programa MDDS no era un programa “delicado”, como él afirma; era un programa desclasificado que financiaba a universidades en Estados Unidos. Por otra parte, Sergey Brin nunca nos informaba, ni a mi ni a Rick Steinheiser; sólo nos hizo algunas presentaciones durante nuestras visitas al Departamento de Ciencias de la Computación, en Stanford durante los años 90. Y MDDS nunca financió a Google; financiaba a la Universidad de Stanford”.

Aquí no existen diferencias efectivas entre los relatos de Thuraisingham, aparte de aseverar que su declaración asociando a Sergey Brin con el desarrollo de los “query flocks” es equivocado. Hay que subrayar que este reconocimiento no se deriva de su propio saber, sino de este mismo artículo, citando a un portavoz de Google.

El extravagante intento de disociar a Google del programa MDDS patina. En primer lugar, MDDS nunca financió a Google, porque durante el desarrollo del núcleo del sistema de búsqueda de Google no existía una empresaa con ese nombre. La beca fue por el contrario proporcionada por la Universidad de Stanford mediante el profesor Ullman, a través de quien se empleó algo de financiación del MDDS para apoyar a Brin, que en aquel tiempo estaba desarrollando Google.

En segundo lugar, Thuraisingham añade que Brin nunca la “informó” ni a ella ni a Steinheiser, de la CIA, pero admite que “nos dio presentaciones durante nuestras visitas al Departamento de Ciencia Computacional en Stanford, durante la década de los 90”. Queda poco claro aquí cual es la diferencia entre informar y dar una presentación detallada; de otra forma, Thuraisingham confirma que ella y la CIA se tenían mucho interés en el desarrollo de Google por parte de Brin.

En tercer lugar, Thuraisingham describe el programa de MDDS como “no reservado”, pero ello no contradice su naturaleza “delicada”. Habiendo trabajado durante décadas como contratista y consejera de inteligencia, Thuraisingham debe ser consciente de que hay muchas maneras de clasificar la inteligencia, incluyendo “delicada pero no reservada”. Algunos antiguos funcionarios de la inteligencia con los que hablé comentaron que la práctica total ausencia de información pública sobre esta iniciativa de la CIA y del MDDS sugiere que, pese a que el programa no estaba clasificado, es probable que su contenido fuera considerado muy delicado, lo que explicaría los esfuerzos para minimizar la transparencia sobre el programa y la forma en que trataron de desarrollar herramientas para la inteligencia norteamericana.

En cuarto término y finalmente, es importante señalar que el informe del MDDS que Thuraisingham incluye en su documento de la Universidad de Texas afirma claramente que no solo el Director de Central Intelligence, la CIA y la NSA eran los que controlaban la iniciativa del MDDS, sino que los futuros destinatarios del proyecto eran “el Departamento de Defensa, la IC y otras organizaciones gubernamentales”: el Pentágono, las centrales de inteligencia de Estados Unidos y otras destacadas agencias del gobierno de Estados Unidos.

En otras palabras, la provisión de financiación de MDDS a Brin por mediación de Ullman, bajo la supervisión de Thuraisingham y Steinheiser, se debió en lo fundamental a que éstos reconocieron la potencial utilidad del trabajo de desarrollo de Google por parte de Brin para el Pentágono, y para el gobierno federal y la inteligencia del Estado en su conjunto.

Nafeez Ahmed https://medium.com/insurge-intelligence/how-the-cia-made-google-e836451a959e https://medium.com/insurge-intelligence/why-google-made-the-nsa-2a80584c9c1

El Pentágono en la guerra de la información digital

El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (3)

El Highlands Forum ha servido como una influencia de doble vía: por una parte, para que la red en la sombra de contratistas privados pueda influenciar la formulación de la política de las operaciones en la inteligencia militar estadounidense; por otra, para que el Pentágono pueda influir sobre lo que sucede en el sector privado. No hay más clara evidencia de esto que el papel auténticamente instrumental del Forum en la incubación de la idea de la vigilancia masiva como mecanismo para dominar la información a escala mundial.

En 1989 Richard O’Neill, entonces un experto en criptología de la Marina, escribió un informe para el US Naval War College, “Hacia una metodología para la gestión de la percepción”. En su libro “Future Wars”, el coronel John Alexander, entonces un funcionario en el US Army’s Intelligence and Security Command (INSCOM), registra que el informe de O’Neill señala por vez primera una estrategia para “gestión de la percepción” como parte de la guerra de información (Information Warfare, o I.W.). O’Neill proponía una estrategia que identificaba tres tipos de objetivos: adversarios, para “que perciban que son vulnerables”; potenciales aliados, “que perciban que la causa de la guerra es justa”, y finalmente, la población civil y los dirigentes políticos, “que perciban que el coste merece el esfuerzo”. Un informe secreto basado en el trabajo de O’Neill llegó a la máxima dirección del Departamento de Defensa. Reconocieron que O’Neill tenía razón y le indicaron que enterrara el proyecto.

Pero el Departamento de Defensa no lo enterró. Alrededor de 1994, el Highlands Group fue fundado por O’Neill como un proyecto oficial del Pentágono a instancias del entonces secretario de Defensa de Bill Clinton, William Petty, quien se unió al cuadro de directores de SAIC tras jubilarse como funcionario en 2003.

En palabras de O’Neill, el grupo funcionaría como un “laboratorio de ideas” del Pentágono. Según “Government Executive”, expertos en tecnología militar y de la información se reunieron en el primer encuentro del Forum “para evaluar los impactos de la tecnología de la información y de la mundialización en Estados Unidos y en la guerra de la información. ¿Cómo cambiarían el mundo internet y otras tecnologías?” Ese encuentro ayudó a plantar la idea de la “guerra informativa centrada en redes” en las mentes de los “principales pensadores militares de la nación”.

Excluyendo al público

Los registros oficiales del Pentágono indican que la meta principal del Highlands Forum era el apoyo a las políticas del Departamento de Defensa en la especialidad de O’Neill: la guerra de información. Según el informe “Annual Report to the President and the Congress” y bajo una sección titulada “Information Operations”, la Oficina del Secretario de Defensa autorizó el “establecimiento del Highlands Group, de expertos claves en el Departamento de Defensa, la industria y la academia”, a fin de coordinar las operaciones de información en las agencias federales de inteligencia.

Al año siguiente, el informe anual del Departamento de Defensa reiteró el papel clave del Forum en las Operaciones de Información: “Para examinar las cuestiones sobre O.I. (Operaciones de Información) el Departamento patrocina el Highlands Forum, que une gobierno, industria y profesionales académicos de varios campos”.

Hay que notar que en 1998 el Highlands Group se convierte en el “Forum”. Según O’Neill se quiso evitar el sometimiento de los foros a “restricciones burocráticas”. Aludía a lo que era la ley “Federal Advisory Committee Act” (FACA), que regula la forma que el gobierno de Estados Unidos puede formalmente solicitar el asesoramiento sobre intereses especiales. Conocida como la ley sobre “apertura gubernamental”, la FACA impide que los funcionarios gubernamentales mantengan consultas secretas o a puerta cerrada con personas ajenas al gobierno, para llevar a cabo sus políticas. Toda consulta debe tener lugar a través de comités de asesoramiento federales que permitan el control público. La FACA requiere que los encuentros sean públicos, anunciados a través del Registro Federal y que los grupos de asesoramiento estén registrados en la Administración General de Servicios, entre otros requisitos destinados a mantener el control del interés público.

Pero “Government Executive” informaba de que “O’Neill y otros creían” que tales regulaciones “sofocarían el libre flujo de ideas y las discusiones sin tapujos que deseaban”. Los abogados del Pentágono creían que la palabra “group” acarrearía ciertas obligaciones y aconsejaron llevar todo el tema en privado: ”Por lo que O’Neill lo renombró como Highlands Forum, y entró en el sector privado para gestionarlo como consultor del Pentágono”. El Highlands Forum funciona así bajo el manto de la empresa de capital-riesgo intelectual de O’Neill: “Highlands Group Inc.”

En 1995, un año después de que William Perry nombrara a O’Neill para encabezar el Highlands Forum, SAIC, la organización “socia” del Forum, lanzó un nuevo Center for Information Strategy and Policy, bajo la dirección de Jeffrey Cooper, miembro del Highlands Group que asesora a altos funcionarios del Departamento de Defensa sobre cuestiones bélicas.

El Center tenía exactamente el mismo objetivo que el Forum, funcionar como “centro informativo para unir las mejores y más brillantes mentes en guerra de información, patrocinando una continua serie de seminarios, informes y symposiums para explorar a fondo las implicaciones de la guerra de información”. El propósito era “permitir a dirigentes y ejecutivos del gobierno, la industria y la academia tratar temas claves en torno a la información, para asegurar que Estados Unidos mantuviera su ventaja sobre todos y cada uno de sus posibles enemigos”. Pese a las regulaciones de la ley FACA, los comités federales de asesoramiento están ya profundamente influenciados, si no son rehenes, de los poderes empresariales. Bordeando la FACA, el Pentágono se libró incluso de las ligeras restricciones de la FACA, excluyendo de forma permanente la posibilidad de conocimiento público.

Es hipócrita la alegación de O’Neill de que no hay informes ni recomendaciones. Según él mismo admite, las consultas secretas del Pentágono con la industria que han tenido lugar a través del Highlands Forum desde 1994 han estado acompañadas por presentaciones periódicas de informes académicos y políticos, grabaciones y notas de reuniones, y otras formas de documentación reservada accesible solo a los delegados del Forum. Esto viola el espíritu, sino la letra, de la FACA, de una forma patente pensada para escapar al control democrático y a la ley.

El Highlands Forum no necesita producir recomendaciones consensuales. Su propósito es proporcionar al Pentágono una red de mecanismos escondidos para cimentar relaciones estables con el poder empresarial, identificando el nuevo talento, que puede ser empleado para perfeccionar las estrategias de la guerra de la información bajo un absoluto secreto.

El número total de participantes en el Highlands Forum es alrededor de un millar, pese a que la mayoría de las sesiones consisten en reuniones en pequeños seminarios con un máximo de entre 25 y 30 personas, uniendo a expertos y funcionarios relacionados con el asunto. Los delegados incluyen a alto personal de SAIC y Booz Allen Hamilton, RAND Corp., Cisco, Human Genoma Sciencies, eBay, PayPal, IBM, Google, Microsoft, AT&T, the BBC, Disney, General Electric, Enron, entre otros muchos; miembros demócratas y republicanos del Congreso y el Senado; altos ejecutivos de la industria energética de Estados Unidos, como por ejemplo Daniel Yergin, de la IHS Cambridge Energy Research Associates, y personajes clave relacionados con las campañas presidenciales.

Otros participantes son altos profesionales de los medios de comunicación: David Ignatius, editor asociado del “Washington Post” y editor ejecutivo del “International Herald Tribune”; Thomas Friedman, veterano columnista del “New York Times”, y Arnaud de Borchgrave, editor del “Washington Times” y United Press International; Steven Levy, ex editor de “Newsweek”, antiguo escritor en “Wired” y jefe técnico editor en “Medium”, actualmente; Lawrence Wright, periodista en “New Yorker”; Noah Shachtmann, editor ejecutivo en “Daily Beast”; Rebecca McKinnon, cofundadora de “mundial Voices Online”; Nick Gowing, de la BBC y John Markoff, del “New York Times”.

Debido a su actual patrocinio por la Oficina de la subsecretaria de Defensa para Inteligencia, el Forum tiene acceso directo a los dirigentes de las principales agencias de vigilancia y supervisión de Estados Unidos, así como a los directores y sus asistentes de las agencias de investigación del Departamento de Defensa, desde la DARPA hasta la ONA. Esto significa que el Forum está hondamente introducido en los destacamentos del Pentágono dedicados a la investigación.

https://medium.com/insurge-intelligence/how-the-cia-made-google-e836451a959e
https://medium.com/insurge-intelligence/why-google-made-the-nsa-2a80584c9c1

La empresa intelectual de capital-riesgo del Pentágono

El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (2)

En el prólogo a su libro de 2007, “A crowd of One: The Future of Individual Identity”, John Clippinger, un científico del MIT en el Media Lab Human Dynamics Group, describe que participó en una reunión del Highlands Forum, “un encuentro sólo por invitación financiado por el Departamento de Defensa y presidido por el asistente para redes e integración de la información”. Éste era un alto funcionario del Departamento de Defensa, supervisor de las operaciones y las políticas de las más poderosas agencias de espionaje como la NSA y la Defense Intelligence Agency (DIA), entre otras. Desde 2003, el puesto se modificó hasta lo que es ahora la Subsecretaría de Defensa para Inteligencia.

El Highlands Forum, como escribió Clippinger, fue fundado por un capitán retirado de la Marina llamado Dick O’Neill. Sus delegados incluían miembros veteranos del ejército en numerosas agencias y divisiones, “capitanes, vicealmirantes, generales, coroneles, mayores y comandantes”, así como “miembros de la dirección del Departamento de Defensa”. Lo que en un principio parece ser la página web principal del Forum describe a Highlands como “una red informal multidisciplinaria, patrocinada por el Gobierno Federal”, centrada en “información, ciencia y tecnología”. Las explicaciones son escasas, más allá de un sencillo logo del Departamento de Defensa. Pero Highlands también tiene otra página web, describiéndose como “una empresa de capital riesgo intelectual”, con “amplia experiencia asesorando a empresas, organizaciones, y dirigentes gubernamentales”. La empresa proporciona un “amplio rango de servicios, incluyendo estrategia, planificación, creación de escenarios para expansión de mercados mundiales”, así como “trabajar con los clientes para construir estrategias para su implementación”. El Highlands Group Inc, dice la web, organiza un amplio rango de foros sobre estos temas. Por ejemplo, además del Highlands Forum, desde el 11-S el Grupo cuenta con un “Island Forum”, un evento internacional celebrado en asociación con el Ministerio de Defensa de Singapur, que O’Neill supervisa como director consultivo. El Ministerio de Defensa de Singapur describe el “Island Forum” como “patrocinado, como el Highlands Forum, por el Departamento de Defensa” de Estados Unidos.

Documentos filtrados por el antiguo miembro de la NSA Edward Snowden demuestran que Singapur jugó un papel clave, permitiendo a Estados Unidos y a Australia colocar cables submarinos para espiar a potencias asiáticas, como Indonesia y Malasia.

La web del Highlands Group también revela que está asociado con uno de los más poderosos contratistas de Defensa de Estados Unidos. Highlands está “apoyado por una red de empresas e investigadores independientes”, incluyendo “nuestros socios durante los últimos diez años en el SAIC, y las vasta red de participantes en el Highlands Forum”.

Las siglas SAIC responden a la empresa armamentística de Estados Unidos “Science Applications International Corporation”, que en 2013 cambió su nombre a Leidos, dirigiendo a SAIC como una empresaa subsidiaria. SAIC-Leidos está entre los diez mayores contratistas de Defensa y trabaja estrechamente con el entorno de inteligencia de Estados Unidos, especialmente con la NSA. Según el periodista de investigación Tim Shorrock, que fue el primero es descubrir la extensión de la privatización de la inteligencia de Estados Unidos en su libro seminal “Spies for Hire” (Alquiler de espías), SAIC tiene “una relación simbiótica con la NSA: la agencia es el principal cliente de la empresaa y SAIC es el mayor contratista de la NSA”.

El nombre completo del capitán Dick O‘Neill, presidente fundador del Highlands Forum es Richard Patrick O’Neill, que tras su trabajo en la Marina se unió al Departamento de Defensa. Su último puesto fue el de delegado para el Asistente Secretario de Defensa para Comando, Control, Comunicaciones e Inteligencia, antes de formar Highlands.

El Club de Yoda

Pero Clippinger también se refería a otro misterioso personaje, muy respetado por los asistentes al Forum: “Se sentó en la parte trasera de la sala, inexpresivo tras sus gruesas gafas negras. Nunca le oí pronunciar una palabra… Andrew (Andy) Marshall es un icono dentro del Departamento de Defensa. Algunos lo llaman Yoda, un indicativo de su status mítico e inescrutable… Ha servido a muchas administraciones y era comúnmente contemplado como por encima de políticas partidistas. Fue un apoyo del Highlands Forum y un habitual desde sus comienzos”.

Desde 1973 Marshal ha encabezado una de las agencias más poderosas del Pentágono, la Office of Net Assessment (ONA), el “think tank” interno de la secretaría de Defensa, que dirige investigación altamente clasificada sobre futuras planificaciones para políticas de defensa en el entorno militar y de inteligencia de Estados Unidos. La ONA ha jugado un papel clave en las principales iniciativas estratégicas del Pentágono, incluyendo Maritime Strategy, Strategic Defense Initiative, Competitive Strategies Initiative, y Revolution in Military Affairs.

En un inhabitual perfil en “Wired”, el periodista Douglas McGray describía a Andrew Marshall, ahora de 93 años, como funcionario “más desconocido del Departamento de Defensa, pero uno de los más influyentes”. McGray añadía que el “Vicepresidente Dick Cheney, el Secretario de Defensa Ronald Rumsfeld y el Secretario Delegado Paul Wolfowitz”, comúnmente considerados los halcones del movimiento neoconservador en la política norteamericana, estaban entre los “protegidos” de Marshall. Hablando en un discreto seminario en la Universidad de Harvard, unos meses después del 11-S, el fundador y presidente del Highlands Forum Richard O’Neill dijo que Marshall era mucho más que un asistente regular al Forum. “Andy Marshall es nuestro co-secretario, por lo que indirectamente todo lo que hacemos se basa en el sistema de Andy”, comentó a la audiencia. “Directamente, la gente que está en los encuentros del Forum pueden entregar resúmenes a Andy sobre toda una variedad de temas, para sintetizar cosas”. También comentó que el Forum tenía un tercer co-secretario: el director de la Defense Advances Research and Projects Agency (DARPA), que en aquel tiempo, nombrado por Rumsfeld, era Anthony J. Tether. Antes de unirse a DARPA, Tether era vicepresidente del Sector de Tecnologías Avanzadas de SAIC.

La influencia del Highlands Forum sobre las políticas de defensa de Estados Unidos ha funcionado así a través de tres canales principales: su patrocinio por la “Office of the Secretary of Defense” (que a mediados de la década pasada se modificó a “Office of the Undersecretary of Defense for Intelligence”, a cargo de las principales agencias de control); su lazo directo con la ONA de Andrew “Yoda” Marshall, y su relación directa con la DARPA. Según Clippinger en el libro “A Crowd of One”, “lo que sucede en los encuentros informales del Highlands Forum podría, a través del tiempo y mediante imprevistos y curiosos caminos de influencia, tener un enorme impacto, no solo en el Departamento de Defensa sino en todo el mundo”. Escribía que las ideas del Forum “pasaron de ser heréticas a ser las dominantes. Ideas que eran anatema en 1999 fueron adoptadas como política solamente tres años más tarde”. Pese a que el Forum no produce “recomendaciones consensuales”, su impacto es más profundo del que tiene un comité de asesoramiento gubernamental tradicional. “Las ideas que surgen de los encuentros están disponibles para su empleo por personas con poder de decisión, así como por miembros de los think-tank”, según O’Neill:

“Incluiremos personal de Booz, SAIC, RAND y otros en nuestros encuentros… Nos complace esta clase de cooperación porque, sinceramente, tienen la decisión en sus manos. Tienen ya un largo recorrido y son capaces de influenciar las políticas gubernamentales con un auténtico trabajo académico… Producimos ideas e interacción y redes para que ellos las empleen siempre que las necesiten”.

Mis repetidas peticiones a O’Neill de más información sobre su trabajo en Highlands Forum fueron ignoradas. Tampoco el Departamento de Defensa respondió a otras múltiples solicitudes de información y comentarios sobre el Forum.

https://medium.com/insurge-intelligence/how-the-cia-made-google-e836451a959e
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El Pentágono creó Google para dominar la guerra de la información en el mundo (1)

En el entorno de los ataques contra “Charlie Hebdo” en París, los gobiernos occidentales se están movilizando rápidamente para legitimar y expandir los medios de vigilancia masiva y los controles sobre internet, todo ello en nombre de la lucha contra el terrorismo. Los políticos europeos y estadounidenses han llamado a proteger el estilo de espionaje utilizado por la NSA, y a progresar en la capacidad de intrusión en la intimidad de internet, ilegalizando el cifrado. Una idea es el establecimiento de colaboraciones en la telecomunicación a fin de borrar de forma unilateral contenidos que se consideren “impulsores del odio y la violencia” en situaciones consideradas “convenientes”. A niveles parlamentarios y gubernamentales se plantean acerbas discusiones a fin de explorar la supresión de la confidencialidad en las conversaciones entre cliente y abogado.

Que algo de lo anteriormente mencionado hubiera servido para impedir los ataques a “Charlie Hebdo” sigue siendo un misterio, y especialmente teniendo en cuenta que los terroristas estaban en el radar de la inteligencia francesa desde hacía una década. No hay muchas novedades en esta historia. Las atrocidades del 11-S fueron las primeras de varios ataques terroristas, cada uno de ellos seguido por el incremento de draconianos poderes estatales a expensas de las libertades civiles, respaldado con el establecimiento de fuerzas militares en zonas identificadas como refugios terroristas. Pero poco indica que esta fórmula probada y comprobada haya hecho nada para reducir el peligro. En cualquier caso, parecemos estar atrapados en un progresivo círculo de violencia sin ningún fin claro a la vista.

Mientras nuestros gobiernos presionan para incrementar sus atribuciones, “Insurge Intelligence” puede revelar ahora el nivel al que la inteligencia norteamericana estuvo implicada en el origen de las plataformas de internet que hoy conocemos, con el propósito concreto de emplear la tecnología como mecanismo de lucha en la “guerra mundial de la información”, destinada a legitimar el poder de unos pocos sobre el resto de la población. El eje de esta historia es esa empresa que, en muchas formas, define el siglo XXI con su presencia discreta: Google.

El “estilo Google” es amable, divertido, una tecnología “user-friendly”, amistoso para el usuario, que llegó a destacar mediante una combinación de habilidad, suerte y auténtica innovación. Esto es cierto. Pero sólo es un mero fragmento de la historia. En realidad, Google es una cortina de humo tras la que acecha el complejo militar-industrial de Estados Unidos. La historia interna del ascenso de Google, que se revela aquí por primera vez, abre un bote de gusanos que va más allá de la empresa, encendiendo una luz de forma inesperada sobre la existencia de una red parasitaria que dirige la evolución del aparato de seguridad nacional de Estados Unidos, beneficiándose de forma obscena de su funcionamiento.

Durante las dos últimas décadas, la estrategia exterior y de inteligencia de Estados Unidos ha desembocado en una “guerra mundial contra el terror”, consistente en invasiones prolongadas del mundo musulmán y una vigilancia total de la población civil. Estas estrategias han sido incubadas, si no dictaminadas, por una red secreta dentro del Pentágono y más allá de él. Establecida bajo la administración Clinton, consolidada bajo Bush, y firmemente reforzada con Obama, esta red, en su mayoría formada ideólogos neoconservadores, selló su dominio sobre el Departamento de Defensa a principios de 2015, mediante las operaciones de una oscura entidad empresarial ajena al Pentágono, pero dirigida por éste. En 1999 la CIA creó su propia empresa de capital riesgo, “In-Q-Tel”, para la financiación de empresas emergentes, que pudieran crear tecnologías útiles para las centrales de inteligencia. Pero la inspiración para “In-Q-Tel” había llegado antes, cuando el Pentágono estableció su propio equipo en el sector privado.Conocido como Highlands Forum, esta red privada operó como un puente entre el Pentágono y las poderosas élites norteamericanas ajenas al Ejército desde mediados de los años 90. Pese a los cambios en la administración civil, la red alrededor del Highlands Forum se ha convertido de forma progresiva en la triunfadora por el dominio de la política de defensa de Estados Unidos.

Gigantescos contratistas como “Booz Allen Hamilton” y “Science Applications Internacional Corporation” son descritos a veces como la “comunidad influyente en la sombra”, debido a las puertas giratorias entre ellas y los gobiernos, y su capacidad para influenciar y aprovecharse de la política de Defensa, simultáneamente. Pero mientras estos contratistas compiten por poder y dinero, también colaboran entre sí cuando conviene. El Highlands Forum ha proporcionado durante veinte años los medios para que algunos de los más destacados miembros de esa comunidad en la sombra se reunieran con antiguos funcionarios gubernamentales, y con otros dirigentes de importantes empresas.

Me topé por primera vez con la existencia de esta red en noviembre de 2014, cuando informé para “Vice’s Motherboard” que la nuevamente anunciada “Defense Innovation Initiative” del secretario de Defensa Chuck Hagel trataba en realidad sobre la construcción de Skynet, o algo similar, esencialmente para dominar la inminente era de una guerra robotizada. Esta historia estaba basada en un informe poco conocido financiado por el Pentágono, publicado dos meses antes por el NDU (National Defense University) en Washington, una institución dirigida por militares que, entre otras cosas, genera investigación para el desarrollo de la política de defensa de Estados Unidos a los más altos niveles. Ese informe clarificaba el pensamiento tras la nueva iniciativa, y los revolucionarios adelantos científicos y tecnológicos que se esperaban capitalizar.

Un coautor de este informe del NDU es Linton Wells, un funcionario de Defensa de 51 años que actuó como jefe de información del Pentágono con la administración Bush, supervisando la NSA y otras agencias de espionaje. Aún mantiene el control sobre materias reservadas, y según un informe de una publicación del ejecutivo, presidió el Highlands Forum, fundado por el Pentágono en 1994.

La revista “New Scientist” ha comparado este Foro con los encuentros elitistas de Davos, Ditchley y Aspen, describiéndolo como “mucho menos conocido, pero… tan influyente como ellos”. Los encuentros regulares del Forum unen “gente innovadora para evaluar interacciones entre la política y la tecnología. Sus mayores éxitos han estado en el desarrollo de redes bélicas basadas en alta tecnología”. Dado el papel de Wells en este Forum, tal vez no sea sorprendente que su informe fuera capaz de tener un impacto tan profundo en la política del Pentágono. Pero si eso fue así, ¿por qué nadie se dio cuenta? Pese a estar patrocinado por el Pentágono, no lo pude encontrar en la web del Departamento de Defensa sobre el Forum. Actuales y antiguas fuentes militares y de inteligencia nunca habían oído hablar de ello, así como tampoco los periodistas sobre seguridad nacional. Yo estaba perplejo.

Nafeez Ahmed https://medium.com/insurge-intelligence/how-the-cia-made-google-e836451a959e https://medium.com/insurge-intelligence/why-google-made-the-nsa-2a80584c9c1

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