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El incidente de Xian

Con el apodo de “Sverdlov” un lector menosprecia mi artículo sobre los cambios en la política exterior rusa en el que defiendo los derechos de Rusia y Siria, algo que considera opuesto a los del proletariado y de las masas explotadas.Una única frase le sirve al lector para calificar mi artículo de “vomitivo”, de “folclorismo prorruso”, pequeñoburgués e imperialista. Su opinión no merecería mayor atención de no ser porque es típico de determinados grupúsculos empeñados en convertir al marxismo en una caricatura, típica de la moderna cultura de los videojuegos y los comics.

Uno de los rasgos diferenciadores de ese “marxismo” caricaturesco es el repudio de los asuntos nacionales como concernientes a la burguesía y, por lo tanto, ajenos al proletariado, por no decir opuestos. Ante el problema nacional, los amantes de los videojuegos hacen lo que Poncio Pilatos: se lavan las manos.

Su neutralidad es impostada: están con los opresores y su complicidad consiste en ocultar el hecho mismo de la agresión tras el velo de la equiparación entre “los unos y otros”, de que todos son iguales, todos son burgueses, todos son imperialistas, todos hacen lo mismo, se pelean ente ellos mismos, etc.

La esencia del marxismo y, por lo tanto, del proletariado, es el partidismo, y quien no es capaz de tomar partido en una batalla es porque ignora lo que está en juego en la misma. Son como ese tipo de personas reaccionarias que dicen que no son de izquierdas ni de derechas. No cabe duda: ese tipo de gente está con las fuerzas dominantes, sostienen la dominación.

A los amantes de los videojuegos les gustaría que en la lucha de clases los proletarios estuvieran en un lado y los burgueses en el contrario. Serían fácilmente identificables. En la barricada unos vestirían mono azul y otros frac y pajarita.

No obstante, muy pocas veces hemos visto algo tan esquemático a lo largo de la historia. A veces no hay dos contendientes sino tres y la capacidad de dirección de la clase obrera se demuestra precisamente porque agrupa a su alrededor a sectores sociales heterogéneos, incluida la propia burguesía.

Lo expuesto se podría decir al revés: la fuerza de la burguesía también se demuestra por su capacidad para arrastrar tras de sí a una parte, e incluso a la totalidad de la clase obrera, lo cual expone a las claras el nefasto papel que desempeñan las organizaciones que dicen encabezarla.

La opresión nacional es uno de los ejemplos típicos de esas situaciones en las que se dilucida quién dirige a quién y es un asunto muy importante porque, como decía Lenin, la época imperialista conduce a una “intensificación del yugo nacional” (1). Al dejar la opresión nacional en manos de la burguesía, los neutrales le hacen el mejor favor: le ponen al frente de la clase obrera.

Desde la caída del Telón de Acero en 1990 la “intensificación del yugo nacional” ha conducido a esas paradojas que vienen deslumbrando a muchas organizaciones. Por ejemplo, durante la guerra de los Balcanes, algunos equipararon a la OTAN con el gobierno de Belgrado, una ciudad que estaba siendo bombardeada y agredida, como hoy lo está siendo Siria. ¿Había que tomar partido por un gobierno burgués como aquel?

Sólo hacer ese tipo de preguntas es repugnante. Da la impresión de que cabe alguna duda al respecto. Sin embargo, a ciertos paladines de la clase obrera esas situaciones les sacan de su estupor simplista y su esquematismo infantil. La realidad, el mundo, se presenta en todo su esplendor abigarrado y parece que el movimiento obrero nunca hubiera tenido que hacer frente a este tipo de situaciones complejas.

Nada más lejos de la historia, y se podrían poner muchos ejemplos de lo contrario. Uno de ellos es la invasión de China por Japón en 1934, que cambió por completo las coordenadas del país y, por lo tanto, la estrategia de la Internacional Comunista y del Partido Comunista de China.

Desde 1927 los comunistas habían estado en guerra con los nacionalistas de Chiang Kai-chek, el Kuomintang, cuya línea política no cambió, a pesar del ataque japónes. Al Kuomintang le importaba más el exterminio de los comunistas que el de los imperialistas japoneses. En eso se resumía su “nacionalismo”: preferían combatir a los nacionales que a los extranjeros.

Los amantes de los videojuegos quizá entiendan aquella situación nueva como un trío: imperialistas, nacionalistas y comunistas. Quizá piensen que China tampoco tenía (ni tiene) derechos legítimos o que esos derechos eran (son) “burgueses” y que lo procedente era mantener la lucha contra la burguesía “nacionalista” y contra los imperialistas japoneses al mismo tiempo, “contra los perros grandes y los pequeños”, como decía Mao (2). Al fin y al cabo los perros no dejan de ser perros por su tamaño. ¿Se trataba de permanecer neutrales entre unos y otros perros?

La neutralidad podía haberse visto reforzada por la propia actitud del Kuomintang, que cuando el PCCh les ofreció formar un frente unido contra los imperialistas, no se dio por enterado y siguió combatiendo a los comunistas, mientras Japón se apoderaba del país palmo a palmo.

Pero a diferencia de los neutrales, los comunistas saben quién es su enemigo y a partir de la ocupación japonesa no reconocieron más que un único enemigo, por lo que la traición nacionalista no impidió que mantuvieran su propuesta de unidad que, poco a poco, fue calando entre las masas, incluidas las del Kuomintang, hasta el punto de que el 12 de diciembre de 1936 se produjo uno de esos acontecimientos paradójicos que no aparecen en los videojuegos infantiles: con ocasión de una visita de Chiang Kai-chek a las líneas del frente en Xian, le detuvieron los propios generales de su ejército, que estaban de acuerdo con la propuesta de unidad con los comunistas para hacer frente a Japón de manera conjunta.

Aquellos generales hicieron algo más paradógico aún: avisaron a los comunistas de la captura y les invitaron a cruzar las líneas del frente, por lo que Mao y Zhou En-lai se encontraron cara a cara con su mortal enemigo nacionalista Chiang Kai-chek, alguien cuya traición a China merecía la muerte sobradamente.

No fue aquello lo que ocurrió. Delante de su estado mayor Chiang Kai-chek firmó un acuerdo con los comunistas para combatir de manera coordinada al imperialismo japonés, por lo que fue liberado. Naturalmente Chiang Kai-chek no cumplió el acuerdo, como era de suponer. Entre combatir a los comunistas y combatir a los imperialistas, Chiang lo tenía tan claro que también se lo aclaró a las masas.

A diferencia de los neutrales, los chinos conocen muy bien sus derechos, sus intereses y sus necesidades, y no podían admitir la ocupación japonesa, ni asesinatos en masa, como el de Nankín, donde un año después del acuerdo de Xian, los japoneses asesinaron a 300.000 civiles chinos, una de las mayores matanzas que la historia ha conocido.

A los chinos les quedó muy claro para siempre que si querían luchar por sus derechos, incluidos sus derechos nacionales, no podían acudir a los nacionalistas sino a los comunistas, que la lucha nacional estaba indisolublemente ligada a la lucha contra el imperialismo y que sólo los comunistas eran capaces de enfrentarse a un enemigo así.

Entonces la tarea del Partido Comunista de China era la misma que la de ahora: “Desenmascarar a los seudorrevolucionarios y conquistar la hegemonía”, escribió Mao (3). Por consiguiente, lo que se debe discutir no es si Rusia y Siria tienen derechos, ni si son legítimos, algo que a mí me parece obvio, sino la mejor manera de que los comunistas asuman la dirección de la lucha por la defensa de los mismos.

Pero si alguien cree que ahí sólo hay un asunto nacional, propio de Rusia o de Siria, se equivoca. De Putin dicen que es un “nacionalista”, algo que no dijeron de Yeltsin. Pero no se trata sólo de un problema nacional. En el siglo XX las revoluciones respectivas en Rusia (1917) y China (1949) pusieron a ambos países en el centro del mundo y la liquidación del socialismo en ellos no ha cambiado esa situación porque tampoco se trata sólo de un problema de clase.

Tanto Rusia, como China, son países que han pasado del socialismo al nacionalismo y volverán otra vez al punto de partida más rápidamente que ningún otro porque las espadas siguen el alto: en ellos aún no se ha resuelto ni un problema (modo de producción) ni otro (problema nacional). Por el contrario, se han agudizado, como corresponde a la etapa imperialista en la que vivimos, de la que no deberíamos olvidar nunca que -entre otras cosas- supone una “intensificación del yugo nacional”.

(1) Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, pgs.142 y 156.
(2) Mao, Sobre la táctica de lucha contra el imperialismo japonés, Obras Escogidas, tomo I, pg.171
(3) Mao, ibid, pg.170.

El cuento de la lechera en versión monopolista

La multinacional suiza de la alimentación Nestlé es suficientemente conocida. Es una de las mayores del mundo. Tiene casi 200 filiales repartidas por la geografía de los cinco continentes, 240.000 trabajadores y cerca de 100.000 millones de francos suizos de cifra de negocio, de la que un 29 por ciento procede de Asia y África, más que de Europa, donde la cifra de negocio es del 28 por ciento.

Lo que quizá no conozca el lector es a Codilait, una empresa camerunesa del mismo sector que Netslé. A comienzos de los años noventa a un empresario africano, Pius Bissek, se le ocurrió hacer la competencia al gigante suizo con una moneda, el franco CFA a razón de 656 por cada euro.

En Codilait el empresario Bissek trabajaba con su cuñado y otros 200 trabajadores más. La cifra de negocio era de 5.000 millones de francos CFA al año, o sea, unos 7 millones de euros.

Si tenemos en cuenta que en África con el salario de un trabajador viven otras cinco personas más, normalmente familiares, entenderemos la importancia de este tipo de empresas, aunque sean casi artesanales.

La competitividad de las empresas africanas como Codilait es ínfima, por muchas razones. En Camerún una vaca suministra un litro y medio de leche diaria aproximadamente, frente a los 40 ó 50 de una vaca suiza.

A pesar del importante coste que supone llevar la leche desde Europa, a 1.000 kilómetros de distancia, sigue siendo más rentable que la leche que son capaces de producir países africanos, como Camerún.

Codilait comercializaba leche a razón de 300 francos CFA, frente a Nestlé que la ponía a 225 francos, o sea, a 34 céntimos de euro.

Sin embargo, una de las marcas de leche que comercializaban los africanos era SuperMilk, un concentrado de leche azucarada (leche condensada) que vendían a 600 francos, contra 700 que costaba el equivalente producido por Nestlé.

Excepto la leche en polvo, importada de Europa, toda la producción de Codilait era de origen africano, incluida la materia prima, como el agua, las grasas o los botes en los que se almacenaban.

Así estaba la competencia hasta que en 1994 se devaluó el franco CFA y los productos de Codilait se hicieron mucho más baratos que los de la multinacional suiza, cuyas importaciones multiplicaron su precio por dos.

La reacción de Nestlé fue brutal. Para arruinar a la empresa africana empezaron a hacer “dumping”, es decir, a vender sus productos por debajo del precio de coste. No les importaba perder dinero con tal de hundir a la competencia.

A los gerentes de Codilait no les quedó otro remedio que contraatacar. Abrieron una investigación para conocer exactamente la composición de los productos que vendía la multinacional suiza. Tomaron muestras y las enviaron a un laboratorio de lucha contra el fraude y los resultados no pudieron ser más alarmantes: los lácteos de Nestlé no contenían leche sino materias grasas vegetales, aceite de palma refinado y aceite de coco.

Sin embargo, el producto estrella de Nestlé en África, la marca Gloria, decía en su etiqueta que el contenido estaba fabricado “a base de leche”. La multinacional estaba engañando a los africanos. Les vendía gato por liebre.

Además, para Codilait era un caso de competencia desleal que le condujo a la quiebra en 2004. La mayor parte de los obreros tuvieron que ser despedidos.

Se levantó una oleada de protestas en contra del engaño suizo. De la etiqueta del bote de leche condensada Nestlé quitó la imagen de la vaca y cambió el título. En lugar de un producto elaborado “a base de leche” lo pusieron como un “alimento lácteo concentrado de azúcar”. Pero por dentro no había ni una gota de leche.

La ofensiva de Codilait llegó al punto de denunciar el fraude a la aduana de Camerún porque los derivados lácteos se benefician de exenciones fiscales por tratarse de un alimento. Al fraude alimentario Nestlé le añadía un fraude aduanero y fiscal.

Un tribunal camerunés ordenó llevar una muestra de las importaciones de Nestlé a un laboratorio, que confirmó el fraude. Allí no había ni una gota de leche. El fraude a la hacienda africana era espectacular: ascendía a 1.750 millones de francos CFA.

De manera flagrante, la multinacional suiza había cometido varios delitos y en 2002 tuvo que retirar la marca Gloria de “leche condensada” de los mercados de Camerún.

Al año siguiente los gerentes de Codilait exigieron una indemnización ante los tribunales, ya que la competencia desleal de Nestlé había llevado a su empresa a la quiebra.

En 2010 los tribunales dictaminaron que Nestlé había cometido un delito de importación fraudulenta y otro de competencia desleal, imponiendo una modesta indemnización a la empresa africana de 740 millones de francos.

Los ejecutivos de Codilait consideraron que esa cifra no era suficiente y apelaron a un tribunal superior.

A partir de entonces empezó el verdadero juego juego subterráneo, del que sólo se conoce una parte. El embajador de suiza y el jefazo de Nestlé logran que el presidente de Camerún les reciba personalmente. Le anuncian que tienen intención de edificar una fábrica en Camerún que va a crear numerosos puestos de trabajos… el consabido cuento de la lechera que casi nunca falla.

Algunos meses después de la entrevista se produce un “reajuste ministerial” en el gobierno fabricado a medida de las necesidades de la multinacional y el ministro de Finanzas se compromete a negociar personalmente con Nestlé para que restablezca el daño que ha causado al país… y bla, bla, bla, bla. Lo típico.

Los efectos de la negociación no se hacen  esperar. En setiembre de 2012 el tribunal de apelación emite su veredicto eximiendo a Nestlé de cualquier clase de responsabilidad, saltándose por encima los informes de los laboratorios.

Codilait pierde hasta el último céntimo de los 740 millones que tenía ganados y vuelve a recurrir de nuevo ante instancias superiores que a comienzos del año pasado deberían haber emitido un veredicto y a fecha de hoy aún no se han pronunciado.

Las multinacionales como Nestlé tienen muy mala leche. No sólo se llaman así porque están por encima de los países sino porque están por encima de las leyes. Tienen carta blanca para cometer todos sus fraudes, sobre todo si los hacen en África.

La ONG ‘Human Rights Watch’ es otro de los tentáculos de Estados Unidos

Purificación González de la Blanca

Me despierto -hoy, 17 de diciembre- con la radio y un “informativo” en el que se difunde un comunicado de HRW, acusando al gobierno sirio de lanzar “barriles explosivos”, bombas de racimo y armas químicas contra su población.

No queda ahí la cosa, el gobierno sirio es acusado también de arrestos arbitrarios, desapariciones forzadas, detenciones de niños (los niños siempre dan mucho juego), torturas y muertes bajo custodia de las fuerzas del gobierno, “condiciones penitenciarias tan duras que casi se ajustan a las denuncias de muertes masivas bajo custodia que hizo en enero un desertor militar, que fotografió a miles de cadáveres en hospitales militares de Damasco…”

La “película” que ha montado HRW no es nueva, es un “déjà vu”, por repetida. Los pasos son los mismos dados en Libia. Ahora acusan a un gobierno legítimo, que gobierna en coalición de 4 partidos, no lo olvidemos (PCS, PSS, P. Baaz y P. Nasserista) -y que ha arrasado en dos procesos electorales- de crímenes monstruosos para justificar lo injustificable: una invasión.

EEUU y sus socios lo intentaron todo para hundir al gobierno que dirige Bashar al-Assad, comenzando por inventar una oposición dirigida por grupos terroristas, que no les han servido para la causa dado su nivel de barbarie, como es el caso del Frente Al-Nusra. Han pasado entonces a expandir al enemigo perfecto: el Estado Islámico, ISIS o Daesh, que tampoco ha podido con Siria, ya que Rusia -que ha intervenido en ayuda de Siria en base a un convenio de cooperación en materia de defensa que ambos países mantienen suscrito desde hace años- ha descubierto el juego. El Daesh solo era un pretexto para entrar a destruir infraestructuras y equipamientos sirios.

¿Qué hacen entonces EEUU y sus aliados? Después de haber promovido inspecciones de la ONU, de la Liga Árabe, de haber acusado al gobierno de utilizar armas químicas, de inventar un “Observatorio Sirio de Derechos Humanos” (que es un comerciante de ropa, Rami Abdel Rahman, que vive en Londres), de crear unos “Amigos de Siria” que fueron un fiasco, sin desdeñar los medios de comunicación, convertidos en medios de propaganda…

Cuando les fallan los argumentos siempre aparece puntual HRW, uno de los puntales del Imperio. De acuerdo con Wikipedia, Human Rights Watch y Amnistía Internacional (más de lo mismo) son las dos únicas organizaciones internacionales de derechos humanos de Occidente que operan en todo el mundo en la mayoría de las situaciones de opresión o abuso grave.

Las multinacionales norteamericanas Winston y Ford, el Fondo Nacional para la Democracia, creado por Ronald Reagan, financiado por el Congreso de los EEUU y dedicado a promover la visión de la democracia que conviene a los intereses norteamericanos, etc. Entre los miembros honoríficos de esta asociación están, por ejemplo, el Senador John McCain, famoso por crear y financiar grupos juveniles para desestabilizar los países de la antigua URSS (¿recordamos las “revoluciones de colores”?)

Nunca denunció HRW las más de 130 guerras del Nobel de la Paz, Obama; ni se cuestionó la existencia de la prisión de Guantánamo, ni las torturas de Abu-Graib, ni las de Mazar-i-Sharif… ¿Cómo va a denunciar a su patrón?

HRW -que todavía no ha pedido perdón por su apoyo a la guerra de Libia- es un títere teledirigido de las guerras del imperio que tiene sobre su conciencia la muerte de millones de personas y la destrucción de un buen número de países. HRW chorrea sangre.

Fuente: http://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/human-rights-watch-la-pieza

Los cambios en la política exterior de Rusia desde 1990

Andrei V. Kozyrev
Juan Manuel Olarieta

El ruso tiene una capacidad sorprendente para formar neologismos, algunos de los cuales son tan coyunturales como el tiempo que un ministro permanece en su cargo. Es el caso de “kozyrevtchina” una palabra que designa la etapa en la cual Andrei V. Kozyrev estuvo al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, que va de los tiempos de Chevardnadze (1990) a los de Primakov (1996).

Pero “kozyrevtchina” no sólo designa a una época de la diplomacia rusa, la primera posterior al hundimiento de la URSS, sino que también se puede traducir por el tipo de política exterior que entonces Rusia puso en práctica, caracterizada por el servilismo hacia Estados Unidos. Por utilizar una palabra más gráfica, diríamos que Kozyrev era un vendido o que vendió Rusia a intereses ajenos.

Lo que se predica de Kozyrev al frente de los asuntos exteriores de Rusia, se puede decir de otros departamentos, como la economía, en donde la propiedad socialista no sólo fue saqueada sino subastada a capitalistas que, en buena parte, eran extranjeros.

Pero el primer ministro y ministro de Economía Ygov Gaidar, a pesar de su sumisión, no tiene una palabra acuñada que lo exprese, a diferencia de Kozyrev.

Los neologismos como “kozyrevtchina” expresan, sin ninguna duda, la sorpresa ante el punto al que podía llegar el gobierno ruso en los tiempos de Yeltsin, y un asombro no menor produjo luego el viraje posterior de Putin tratando de remediar el desastre provocado por Yeltsin, Gaidar, Kozyrev y otros parecidos.

Tampoco puede extrañar, por tanto, que tras la “kozyrevtchina” la política de Putin se califique de hegemonismo o expansionismo y que se equipare a la de Estados Unidos, de la cual hay que reconocer que no ha cambiado en todo este tiempo.

Si huimos de los personalismos, de las diferencias entre Yeltsin y Putin, y si no creemos que los gobiernos “elijan” entre unas u otras políticas, y menos en asuntos exteriores, hay que preguntarse por los factores que obligaron a Rusia a cambiar y pasar del servilismo inicial a la firmeza actual.

Desde los tiempos de Gorbachov, es decir, desde la última etapa de la URSS, por no hablar de las anteriores, todo fueron concesiones, incluida la más importante de ellas, la liquidación de un Estado, a pesar de lo cual el imperialismo no cedió -en absoluto- en sus pretensiones, sino todo lo contrario.

Primero los imperialistas sentaron sus campamentos en los antiguos países del Pacto de Varsovia y luego en las antiguas repúblicas que habían pertenecido a la URSS, desde el Báltico hasta el Caspio. Fueron los años que Rostislav Ischenko calificaba recientemente como “guerra invisible”.

Al menos así lo vivieron los rusos “desde dentro”. No sólo Rusia quedó rodeada sino que el tercer escalón era el asalto a la propia Rusia. A finales de los noventa el propio aparato político del Estado tenía varios caballos de Troya en su interior: estaba copado (colonizado) por grupos de presión al servicio de Estados Unidos, incluida la diplomacia, los medios de comunicación y determinados sectores económicos.

La equiparación de Rusia con Estados Unidos o con cualquier potencia imperialista no sólo muestra la errónea comprensión de la política internacional de un país determinado, sino sobre el imperialismo, en general, del imperialismo como “etapa” de la historia.

No sólo es un error equiparar el imperialismo a la dependencia, es decir, a una de sus características, sino que el propio concepto de dependencia es erróneo por varias razones. En primer lugar, porque no se pueden poner a los países dependientes a un lado y los independientes al otro. En el segundo, porque la dependencia es un concepto amplio en el que influyen varios factores, entre ellos el económico.

Lo que caracteriza al imperialismo, decía Lenin hace cien años, es que el capital financiero es una fuerza tan considerable que subordina incluso “a los Estados que gozan de la independencia política más completa”. Entre las grandes potencias y los países coloniales existen toda clase de situaciones intermedias y de formas diversas de dependencia, poniendo Lenin el ejemplo de Argentina (1).

Lenin advirtió sobre la posibilidad de que el imperialismo se convirtiera en una trivialidad vacía de contenido, el tipo que concepciones simplistas que van ligadas a la pobreza y al “Tercer Mundo” en general. Las anexiones, los repartos del mundo, decía Lenin, no son sólo territoriales, geográficos o geoestratégicos, sino “económicos”. Por mi parte, añadiría que a medida que el imperialismo ya tiene al mundo repartido desde hace años, los nuevos repartos tienen cada vez más un significado económico, como Lenin apuntó sagazmente: “Lo característico del imperialismo es precisamente la tendencia a la anexión no sólo de las regiones agrarias, sino incluso de las más industriales” (2).

El rasgo fundamental por el que Lenin diferencia al imperialismo moderno de otras formas históricas anteriores que se parecen a él son las contradicciones interimperialistas, en las cuales no puede haber equilibrio ni equiparación económica, militar o política. Cuando tal equilibrio existe, es sólo una fase que dará lugar al desequilibrio y, en última instancia, a la guerra.

Es la ley del desarrollo desigual, según la cual el capitalismo crece más rápidamente precisamente “en las colonias”, dice Lenin, entre las cuales aparecen “nuevas potencias imperialistas” de tal manera que en el reparto del botín una parte considerable del mismo “va a parar a países que no siempre ocupan el primer lugar desde el punto de vista del ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas” (3).

Para entender el imperialismo en los últimos años no hay más que mirar un mapa de 1990 para compararlo con otro dibujado 25 años después en regiones como el Báltico, el Cáucaso o Asia central. Un poco de geografía basta para darse cuenta de que en 1990 Rusia perdió tres cuartas parte del territorio y la mitad de la población.

Podemos hacer las comparaciones que se quieran. Por ejemplo, en 1990 Rusia se había reducido incluso respecto a 1725, el año en el murió Pedro el Grande. Con el desmembramiento de la URSS 25 millones de rusos quedaron viviendo fuera de las fronteras de Rusia.

En 1990 Rusia perdió a sus viejos aliados en Europa central y oriental. A partir de entonces aquellos países son una cuña que Estados Unidos tiene introducida entre Europa y Rusia, como se ha comprobado en la reciente crisis de los refugiados.

Pero lo que se le venía encima en un futuro inmediato a Rusia era (es) aún peor. Por si en Moscú aún tenían dudas, la OTAN se lo dejó bien claro durante la guerra de los Balcanes: el futuro de Rusia era el mismo que el de Yugoeslavia, es decir, ninguno.

No obstante, a pesar de las numerosas evidencias, algunos dudan sobre si Rusia está siendo sujeto u objeto de un nuevo reparto del mundo, es decir, si Rusia pretende anexionarse algo o son otros los que pretenden anexionarse a Rusia.

Rusia es hoy el bocado de los imperialistas. Su singular posición en el mundo es lo que la convierte en una especie de paladín de otros países que están en un posición idéntica, como Siria sin ir más lejos. En Siria el ejército ruso no está actuando de manera desinteresada, sino todo lo contrario: está defendiendo sus propios intereses.

Ahora bien, esos intereses coinciden con los de Siria y con los de muchos otros pueblos del mundo y lo que es más importante: esos intereses son plenamente legítimos, tanto por parte de Rusia como de Siria, por lo que no cabe ninguna clase de neutralidad entre los agresores y los agredidos.

Por último, hay que decir que lo de Putin no tiene mérito ninguno, que no ha tenido ninguna clase de opciones, salvo la de adoptar el camino actual de enfrentamiento sin concesiones a los planes de Estados Unidos porque el anterior, la “kozyrevtchina”, conducía a Rusia a convertirse en otro Afganistán, otro Libia, otro Siria, otra Ucrania u otro Estado paria cualquiera envuelto en guerras interminables, necesitado de un protectorado internacional, de la “ayuda exterior” de las ONG y de la presencia de “cascos azules” u otros ejércitos de ocupación.

(1) Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Obras Escogidas, tomo I, pgs.748 y 751.
(2) Lenin, El imperialismo, cit., pg.756.
(3) Lenin, El imperialismo, cit., pg.761.

Las guerras del Cáucaso (3)

Shamil Basaiev
La guerra de Chechenia forma parte de un plan de ruptura de los lazos entre Europa y Asia y, por intermedio de los independentistas wahabíes, un golpe de los imperialistas estadounidenses para reventar la Federación Rusa. A los imperialistas nunca les bastó con erradicar el socialismo de la URSS sino que necesitaban desmembrarla. Estados Unidos ya controla Azerbaián y Georgia, país que ha dado su apoyo en numerosas ocasiones a los independentistas chechenos, a pesar de que históricamente las relaciones entre georgianos y chechenos han sido tensas. En respuesta, los rusos apoyan en Georgia a los separatistas de Osetia del sur. Asistimos, pues, a un reacomodo estratégico en el que el control y dominio de la región del Cáucaso, Asia Central y sus reservas energéticas desempeñan un papel fundamental en la pugna entre las potencias imperialistas: Estados Unidos, de un lado, y la Unión Europea, de otro, con Rusia en medio.

Así lo explicó Mijail Alexandrov, especialista del Instituto CIS de Moscú, en el diario del Ministerio de Defensa ruso, Krasnaia Zvezda: “La situación en Osetia del norte precisa ser vista en el contexto de la creciente batalla por el control de la Transcaucasia entre Rusia y las potencias anglosajonas. Los anglosajones pretenden expulsar a Rusia de la Transcaucasia y, para ello, precisan desestabilizar la situación en el norte del Cáucaso y en Rusia en general”.

La desestabilización de Rusia mediante la manipulación de las tensiones políticas entre las poblaciones del Cáucaso y Asia central está en la pauta de Washington desde la época de la URSS. Una de sus primeras postulantes fue la francesa Helène Carrère d’Encausse, así como Alexander Benningsen, profesor de la Sorbona, y el orientalista británico Bernard Lewis.

Miembro de la Academia francesa, Hélène Carrère d’Encausse nació en París en 1929 con el apellido Zourabichvili. Proviene de una familia zarista que se refugió en Francia tras la Revolución de Octubre. Sus ancestros fueron funcionarios imperiales, llegado uno de ellos a presidente de la Academia de Ciencias en tiempos de Catalina II. Desde hace muchos años está considerada como una de las mayores expertas en asuntos soviéticos. Su obra más conocida, “L’Empire éclaté” (La explosión del Imperio) se publicó en 1978. En 1992 fue consejera del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, financiando las manipulaciones en el interior de los antiguos países del bloque socialista y de la recién desaparecida Unión Soviética. Dos años después fue diputada del Parlamento Europeo y vicepresidenta de la Comisión Asuntos Exteriores y Defensa. Fue una asesora muy cercana a Chirac en asuntos orientales durante su etapa como Presidente de la República Francesa. Como sus escritos sobre la URSS (incluida una biografía de Lenin) gozan de gran reputación en todo el mundo, para conocerla más de cerca es conveniente mencionar una entrevista en la televisión rusa NTV en la que explicó así los estallidos incendiarios en París a finales de 2005:

“Esas gentes llegan directamente de sus aldeas africanas. Pero la ciudad de París y las otras ciudades de Europa no son aldeas africanas. Por ejemplo, todo el mundo se asombra: ¿por qué los niños africanos están en la calle y no en la escuela? ¿Por qué sus padres no pueden comprar una vivienda? Las razones son claras: muchos de esos africanos, os lo aseguro, son polígamos. En una casa hay tres o cuatro mujeres y 25 niños. Viven tan hacinados que ya no son casas, sino ¡dios sabe qué! Se comprende por qué esos niños corretean por las calles”.

Esa es toda la ciencia de la académica Carrère d’Encausse.

La estrategia imperialista de manipulación de las poblaciones musulmanas de la URSS se concreta a partir de la invasión soviética a Afganistán en 1979. Afganistán fue el campo de entrenamiento de las redes de yihadistas, financiadas, entrenadas y mantenidas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán, de donde provienen los islamistas que portan la marca de Al-Qaeda.

En aquella época, la política de Carter estaba bajo la dirección del consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, luego autor del libro “El gran tablero de ajedrez mundial: la supremacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos”, donde ya aludía (1997) a los Balcanes euroasiáticos. Brzezinski afirma en su obra que el interés de Estados Unidos como primera potencia verdaderamente mundial es asegurar que ninguna potencia rival llegue a controlar Eurasia o, lo que es lo mismo, que sólo la controlen ellos. El consejero de Carter también es consejero de la sociedad petrolera BP Amoco, con reconocidos intereses en la zona: “Eurasia es el tablero sobre el que se desarrolla el combate por la primacía global […] La tarea más urgente consiste en velar para que ningún Estado o reagrupamiento de Estados tenga los medios para expulsar a los Estados Unidos de Eurasia o debilitar su papel de árbitro”. Brzezinski es partidario de la partición de Rusia en tres: la Rusia europea, la Rusia de Siberia, y la Rusia del extremo oriental, con vistas a debilitarla en el combate por la primacía de su tablero euroasiático.

El Pentágono no ha dejado de provocar a Rusia para que lleve a cabo acciones agresivas contra los chechenos, tanto en el plano militar como diplomático, para debilitar su todavía frágil alianza con Alemania y Francia. La injerencia imperialista tiende a prolongar el drama checheno haciendo al Kremlin único responsable del mismo.

Las grandes potencias imperialistas se disputan el control del Cáucaso y de los recursos del Mar Caspio. La cuestión chechena es una cuestión estratégica internacional: por allí pasa una red de oleoductos indispensables para la explotación rusa del petróleo del Mar Caspio. Los rivales de Rusia, especialmente Estados Unidos, están interesados en que el conflicto perdure y que se extienda incluso a todo el Cáucaso. Los esfuerzos que Estados Unidos despliega en la región son visibles. Ha instalado a sus peones en Georgia, cuyo ejército controlan, como controlan el espacio aéreo desde su base de Inçirlik, en Turquía.

La desestabilización de Rusia se juega en varios frentes simultáneamente. Lituania acoge en su territorio el “Kavkaz Center” (Centro Caucásico), desde donde Basaiev difundió el comunicado en el que reivindicaba la carnicería en la escuela de Beslán, además de los atentados contra los dos aviones civiles rusos perpetrados una semana antes. La masacre fue revindicada en internet por Basaiev pero su sitio no ha sido molestado. No satisfecha, Lituania pidió explicaciones a Rusia por el trágico desenlace de su ataque en Beslán, como si fuera Putin y no Basaiev el responsable de la masacre. Vilnius realiza así un doble juego para desestabilizar a Moscú y perturbar las relaciones euro-rusas.

En Chechenia coexisten dos gobiernos, uno pro-ruso y otro en el exilio en Londres. Un año después de la matanza de la escuela de Beslán, su máximo responsable Shamil Basaiev, fue proclamado viceprimer ministro de ese gobierno checheno en el exilio. Su portavoz, Ahmed Zakaiev, disfruta de asilo político. En Washington su ministro de Relaciones Exteriores, Ilyas Ajmadov, también disfruta del asilo político de los imperialistas. Una de las sedes de este gobierno está en un local de la la “Freedom House” que dirige el antiguo director de la CIA James Woolsey, y su financiación corre a cargo del Comité Norteamericano para la paz en Chechenia, copresidido por Zbigniew Brzezinski y por su ejecutor, Alexander Haig hijo. Estados Unidos también ha concedido asilo político a Ilyas Ahmadov, acusado de crímenes de guerra y ayudante del independentista Aslan Masjadov. Ahmadov fue contratado por la organización “National Endowment for Democracy”, donde participan el sionista Paul Wolfowitz (antiguo ministro de Defensa), Frank Carducci (antiguo director de la CIA) y el general Wesley Clark (antiguo Comandante en Jefe de la OTAN). Por eso, el New York Times no califica a los chechenos de terroristas sino de resistentes y, un año después de la masacre de Beslan, Basaiev, con una orden internacional de busca y captura, concedía una entrevista a una cadena estadounidense de televisión.

Cuando Ahmed Zakaiev fue detenido en Copenhague, Rusia solicitó formalmente su extradición implicándole, entre otros actos, en el secuestro de 1.000 personas en el Teatro Duvrobka de Moscú, que se había producido apenas una semana antes. Pero el embajador de Dinamarca en Moscú advirtió de que las leyes danesas no permitían su extradición a Rusia.

El oligarca ruso Berezovsky, perseguido por evasión fiscal, también está refugiado en Londres, bajo el asilo político del gobierno. Desde allí mueve varios de los hilos del ajedrez geopolítico del Cáucaso en interés de sus jefes. Como en Irak, de nuevo, petróleo y guerra van de la mano también en Chechenia.

Washington habla un doble lenguaje cuando pide al Kremlin que negocie con el gobierno checheno en el exilio: “¿Por qué no se reúnen ustedes con Osama Bin Laden, lo invitan a Bruselas o a la Casa Blanca para iniciar conversaciones, para preguntarle lo que quiere y dárselo, a fin de que los deje en paz?”, respondió Putin. La presión estaba destinada a obligar a Putin a negociar con Masjadov, es decir, a reventar la Federación Rusa a cambio de la etiqueta democrática, como aceptó Yeltsin disolver la URSS para ganar los favores de la Casa Blanca, o como obligó a Milosevic a negociar en París con la fantasmagórica UÇK de Kosovo, antes de destituirlo.

Las guerras del Cáucaso (2)

El presidente ruso Boris Yeltsin

Entonces comenzó otra etapa de la historia de Chechenia, la primera guerra (1994-1996), que empezó como un enfrentamiento interno. En mayo de 1993 los enfrentamientos armados se trasladaron al centro de Grozni. Tres distritos de la capital proclamaron su lealtad a la oposición. Dudaiev envió a sus milicias para recuperar el control de estas zonas y, al mismo tiempo, con el fin de contrarrestar las acusaciones de dictador, anunció la celebración de elecciones legislativas en 1995 y presidenciales en 1996. En un atentado dirigido contra Dudaiev, falleció su ministro del Interior.

Yeltsin envía tropas para atacar Grozni, estabilizar la región, frenar las tendencias independentistas y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan el Cáucaso. La guerra se prolongó durante varios meses. La ofensiva acorazada se produce por tres frentes pero choca con una fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que destruye su centro histórico. La guerra costó más de 50.000 muertos y una importante cantidad de refugiados. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y los rusos consiguen ocupar una gran parte del territorio.

Pero la guerra provocó una fuerte crisis política en el interior de Rusia. Actuó como aglutinante de la oposición a Yeltsin. Parte de las fuerzas armadas, de la cúpula de la Iglesia ortodoxa y de las masas se manifestaron en contra de una política vacilante hacia Chechenia que sólo respondía a los vaivenes de la correlación de fuerzas en el Kremlin. Negociaban cuando la popularidad del Gobierno era mínima (junio de 1995) o cuando estaba en juego su continuidad (elecciones de agosto de 1996) y, por otro lado, desencadenaron acciones militares extremadamente violentas (por ejemplo, la conquista de Samachki), como medio de afianzar su influencia en el país.

La guerra fue encarnizada, en especial para el pueblo checheno, pero también para el ejército ruso, objeto de las represalias de las milicias chechenas, que no claudicaron en su lucha por la independencia. En 1995 Basaiev dirigió durante dos días el secuestro de 2.000 personas en el hospital de Budionnovsk (sur de Rusia) que dejó un saldo de 150 muertos y 400 heridos, en su mayor parte pacientes o personal médico. En abril de 1996 Dudaiev fue asesinado por el lanzamiento de un misil teledirigido por el ejército ruso. Su cuerpo no apareció.

En agosto de aquel año Yeltsin decidió modificar su estrategia. Encomendó a Alexander Lebed, un general ruso, secretario del Consejo de Seguridad y opuesto a la intervención militar en el Cáucaso, negociar la paz con Yandarbiev. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecieron el fin de las hostilidades, la retirada de los tanques rusos y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia, tras el cual se convocatoría un referéndum. El plan supone, de facto, la autonomía total.

Comienza una nueva etapa para Chechenia, que no dudó en utilizar los acuerdos alcanzados para actuar como si de un Estado independiente se tratase. Prueba de ello fue la proclamación, inmediatamente después del acuerdo, de la ley islámica, la declaración por parte del Parlamento checheno del ruso como idioma extranjero e incluso la solicitud de establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre los dos Estados.

En enero de 1997 unas elecciones presidenciales reconocidas tanto por la OSCE como por el Kremlin, otorgaron a Masjadov la presidencia del gobierno. El nuevo presidente tuvo que hacer frente a dos grandes problemas: la situación económica cada vez más precaria y los embates de los sectores wahabitas dirigidos por Basaiev.

En agosto de 1999 Vladimir Putin fue elegido primer ministro y en diciembre Yeltsin renunció a la presidencia. Pero el acontecimiento más importante de aquel año fue la invasión del Daguestán, vecino de Chechenia, por Basaiev y sus seguidores. Fue un intento de provocar una nueva guerra a una escala aún más vasta con la esperanza de generar un levantamiento islámico en toda la región. Tras los chechenos estaban los wahabitas saudíes y Estados Unidos, interesados en desestabilizar la región e impedir la consolidación de la paz.

Empezó así la segunda guerra en la que Putin arrasó Grozni, bombardeada masivamente de septiembre a marzo del siguiente año. Cuando los rusos toman Grozni en la primavera de 2000, las operaciones militares de gran envergadura -bombardeos masivos de ciudades y pueblos- se trasladaron del llano a la montaña, donde las batallas continuaron. Los rusos ejecutaron duras operaciones de limpieza, con el objetivo de localizar a los islamistas entre la población civil.

Aunque las fuerzas rusas lograron conducir a los agresores de vuelta a Chechenia rápidamente, los islamistas redoblaron sus fulgurantes y demoledores golpes. En septiembre de aquel año Rusia padece tres atentados que, en una semana de horror, dejaron 230 muertos.

A diferencia de la anterior, esta segunda guerra generó escasa oposición en Rusia. Estaba estratégicamente vinculada a la daguestaní y también complicó las relaciones con Georgia, una república sumida durante años en una profunda crisis. Se abrió así un nuevo frente de guerras chechenas añadido a otros conflictos del Cáucaso con epicentro en el corredor de Pankisi (frontera común checheno-georgiana).

En marzo de 2000 Putin inició su presidencia designando en junio al antiguo jurisconsulto musulmán (muftí) de Chechenia, Ajmad Kadirov, como presidente del gobierno local. Después del 11 de setiembre de 2001, tendrá un buen argumento para justificar la prolongación de la guerra en Chechenia como parte integrante de la guerra contra el terrorismo fundamentalista.

En octubre de 2002 se produjo el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú, dirigido por Movsar Barayev, sobrino de Shamil y acusado de varios crímenes sanguinarios. La policía terminó con los 41 secuestradores.

El comando checheno recibió ayuda de numerosos cómplices en Moscú para preparar la operación. Los insurgentes fueron informados sobre lo que ocurría fuera del teatro por un centro analítico. Ese centro recogía información de varias fuentes, incluido el cuartel general de la operación de rescate, la procesaba y enviaba instrucciones a los secuestradores. Es muy probable que se tratara de una agencia de espionaje imperialista, posiblemente británica o estadounidense, con el apoyo de algunos miembros de los propios servicios secretos rusos.

En marzo de 2003 se celebró un referéndum que aprobó un proyecto de constitución elaborado por el gobierno ruso, concediendo a Chechenia el estatuto de república autónoma dentro de la Federación rusa. En septiembre fue elegido presidente el títere Ajmad Kadirov, que al año siguiente fue ejecutado por los comandos wahabitas de Basaiev.

El 29 de agosto de 2004 Rusia convocó elecciones en Chechenia. Los estadounidenses y sus aliados wahabitas trataron de sabotear los planes de Moscú por todos los medios posibles. Cinco días antes de las elecciones, el 24 de agosto, dos aviones, un Tupolev 154 de la línea Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea Moscú-Volgogrado, explotaron en pleno vuelo provocando la muerte de 90 personas. Las Brigadas Islamistas (Kataib al-Islambuli) se atribuyen la acción. Una semana después la misma organización hizo estallar una bomba en el metro de Moscú, frente a la estación Rizhskaya, provocando 10 muertos y unos 50 heridos.

Sin embargo, el llamamiento de los imperialistas estadounidenses y sus aliados independentistas a boicotear el escrutinio obtuvo poco éxito, ya que el promedio de participación alcanzó el 79 por ciento. El general Alí Aljanov, candidato favorable a Rusia, ganó las elecciones sin dificultad. Los observadores internacionales atestiguaron unánimemente la limpieza del escrutinio, incluso los de la Liga Árabe, mientras los estadounidenses denunciaron una farsa organizada por el virrey Putin. Mala perdedora, la prensa imperialista vio en aquel resultado la prueba de una manipulación.

Las rivalidades imperialistas quedaban al descubierto. Dos días después se celebró una cumbre ruso-germano-francesa en Sochi para apoyar a Putin. En ella Chirac y Schröder, que tenían puntos de vista muy diferentes sobre la guerra, le felicitaron por restablecer la democracia en Chechenia.

El respaldo europeo a Putin no frenó a los independentistas. Tres días después de las elecciones, las sangrientas provocaciones wahabitas continuaron con una de sus operaciones más definitorias: el secuestro de 1.181 rehenes en la escuela de Beslán, en Osetia del norte, una República autónoma de la Federación Rusa.

El doctor Leonid Roshal, que ya había desempeñado el papel de negociador durante el secuestro del Teatro Duvrobka, llegó para negociar con los asaltantes. Sin embargo, sorprendentemente, éstos no plantearon ninguna petición. El macabro juego no consistía en negociar nada sino en crear una crisis, dejar que la situación se deteriorara. Se negaron a dar de comer y beber a los rehenes, que tuvieron que ingerir su propia orina para sobrevivir. Luego mataron a 20 de ellos cuando un miembro del comando fue herido por la policía rusa.

Al día siguiente, el antiguo presidente de Ingushetia, Ruslan Aushev, trató de mediar y obtuvo la liberación de algunos rehenes. El jefe del comando declaró que actuaba siguiendo órdenes de Shamil Basaiev. Al final del segundo día, empezaron a llegar a Beslán los periodistas extranjeros. Fue entonces cuando, inesperadamente, el jefe del comando exigió la presencia de varias personalidades para plantear que no daría de beber a los niños hasta que Putin anunciara por televisión la independencia de Chechenia.

Al tercer día, los secuestradores permitieron a los médicos a evacuar los cadáveres de 21 rehenes que empezaban a descomponerse debido al calor y la humedad. Se oyó entonces una explosión, sin que se sepa si se trató de un disparo hecho por el padre de algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que parece más probable, el estallido accidental de una de las bombas. La explosión desencadenó un tiroteo generalizado en medio del cual las tropas rusas se lanzaron al asalto, que causó 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos, 31 secuestradores y 172 niños.

Sólo un secuestrador sobrevivió y fue juzgado. Las autopsias revelaron que 22 de los 32 secuestradores eran toxicómanos que murieron en estado de abstinencia por falta de droga. La identificación de los atacantes sigue siendo incierta. La prensa imperialista volvió a arremeter con saña contra Putin, acusado de ser responsable de la carnicería por mantener una atroz guerra colonial en Chechenia y, a la vez, por haber organizado un asalto a ciegas.

Expertos rusos dejaron entrever que la operación había sido preparada por los servicios secretos británicos para debilitar a Rusia. Luego, el Kremlin reconoció que el asalto había sido preparado por una potencia extranjera y planteó la cuestión al Consejo de Seguridad de la ONU, que rehusó debatir un proyecto de resolución, limitándose a emitir un comunicado de condena del secuestro y de los atentados contra los aviones en el que exhortaba a la “comunidad internacional” a cooperar con Rusia para detener y juzgar a los culpables. Pero la “comunidad internacional” no se dio por enterada y siguió protegiendo a los secuestradores.

El 8 de marzo de 2005 Masjadov fue abatido en el curso de una refriega con tropas rusas. Su familia había sido secuestrada en febrero al parecer por los hombres de Ramzan, el hijo del asesinado Kadirov.

El 13 de octubre de ese mismo año en la república rusa de Astemirov-Balkaria una unidad de 100 wahabitas chechenos y árabes dirigidos por Anzor Astemirov asesinó al menos a 24 funcionarios de policía y civiles.

Al año siguiente, el 10 de julio de 2006, días previos a la cumbre del G8 en Petersburgo, murió Basaiev en condiciones no esclarecidas. Las fuentes chechenas consideran que sucedió como consecuencia de una explosión accidental, mientras Moscú atribuyó la autoría a sus tropas.

La agresión imperialista contra Siria (y 3)

Eduardo Luque

[…] Las similitudes entre el caso libio y sirio son muchas; también algunos de sus personajes; el primero, el expresidente Sarkozy. Éste se reunía el 6 de septiembre del 2011 en el Palacio del Eliseo con el patriarca maronita de Siria, S. B. Bechara Boutros Rahi, principal autoridad de la más importante iglesia oriental vinculada a Roma. En esa tensa y tormentosa reunión adelantó dos hechos: que la guerra contra Siria estaba decidida y que se impondría en el poder a los Hermanos Musulmanes.

El segundo actor fue el ministro de Asuntos Exteriores francés Alain Juppé; condenado a 18 meses de cárcel por corrupción, fue rescatado del ostracismo político por su mentor, el presidente francés. Sin embargo los medios occidentales hicieron un enorme ejercicio de desmemoria y se olvidaron de su pasado inmediato.

El tercer personaje es el presidente Obama, que continúa su política de reconfiguración de Oriente Próximo. El cuarto es David Cameron, un mediocre político sin ideas, que se propone como recolonizador del antiguo imperio británico. El Estado de Israel se apresta a intervenir militarmente cuando vea la ocasión. Dos nuevos elementos se incorporan: la monarquía absolutista de Jordania, y Turquía (de donde proceden las armas que nutren a los grupos militares en territorio sirio). Un confuso incidente, donde un peregrino turco y el chófer del autobús resultaron heridos por pedradas, fue presentado en Occidente como el asesinato de estas personas a manos del ejército sirio; el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Ahmet Davutoglu, insinuó que Ankara podría considerar una acción militar contra Siria si el presidente Al-Assad no abandona el gobierno de forma “inmediata e incondicional”. El presidente turco Erdogán comparó inmediatamente al gobierno sirio con “Hitler y Mussolini”.

Los rumores de una intervención militar desde Turquía que permitiera a la OTAN actuar en defensa de uno de sus miembros son alentados por la inteligencia israelí. Estamos en una fase de guerra no convencional, con envío de mercenarios y de fuerzas especiales para desestabilizar el régimen. La narración que se nos ofrece por parte de los medios nos aleja de esta realidad. El abismo entre la imagen y la realidad se hace cada vez más sangrante. ¿Por qué hemos de fiarnos de unos medios de comunicación occidentales que, como hemos visto en el caso de Irak, Afganistán, Libia, han tergiversado la realidad hasta convertirla en una parodia de sí misma? Internet no es necesariamente la fuente de la sabiduría y la verdad sino un moderno campo de batalla para la desinformación y el control de la opinión pública. ¿Debemos pasar por alto que los países propulsores del genocidio iraquí (EEUU, Francia, Inglaterra, Arabia Saudita) sean los que guíen y nos muestren quién es bueno y quién malo ¿Precisamente ellos? ¿Es más veraz su palabra que la de los cancilleres rusos o chinos?

Siria, como hemos señalado, es una pieza clave en el proyecto de reconfiguración geoestratégica de EEUU y la OTAN. La intervención político-militar abarcaría desde el norte de África hasta Asia central. El imperio y los países de la Unión Europea no tienen problema en aliarse a sectores confesionales mientras no cuestionen el modelo neoliberal. Importa bien poco que los nuevos gobernantes no respeten ni los más elementales derechos humanos. El caso libio con la imposición de la Sharia como fuente del derecho es el ejemplo más inmediato. Occidente no cuestiona las dictaduras medievales de Arabia Saudita, Qatar o Barhein; en cambio, un país laico como Siria es inaceptable. La guerra contra Siria puede fácilmente evolucionar hacia una guerra de la OTAN y Estados Unidos contra Irán. En noviembre el veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU evitó la acción militar. La situación es extraordinariamente tensa en la zona. Al envío de dos portaviones y su escolta por los EEUU, Rusia ha respondido enviando unidades de guerra electrónica de la flota del Mar Negro: un portaviones ruso y su escolta se dirigen desde el Báltico a la costa siria. Para Rusia los puertos en territorio sirio son vitales por su carácter estratégico; si China cedió en el caso libio fue porque se la amenazó con cortar el flujo de petróleo desde Arabia Saudita, una situación que puede repetirse. Rusia no parece estar dispuesta a admitirlo.

El silencio de la izquierda ha sido clamoroso. Nada ha salido de Europa en el caso libio y menos aún en el caso sirio, nada excepto el apoyo indirecto a los países occidentales. Ni pacifistas ni izquierdistas, ni izquierdas alternativas. Ni el Partido de la Izquierda Europea ni alguno de sus componentes. Los intelectuales y artistas han desaparecido del campo de la crítica. Los dirigentes sindicales ni están ni se les espera, ellos también se han manifestado a favor de la intervención. No ha servido de nada el ejemplo libio con sus miles, decenas de miles de muertos civiles. Un país que cae en manos de fuerzas políticas reaccionarias, donde se privatizan los recursos públicos y el terror se expande no merece ni la más pequeña reflexión. ¿Tienen derecho a defenderse un país y un gobierno cercados militar y económicamente por fuerzas extranjeras? Según la izquierda occidental no tienen ningún derecho. La tele o Youtube nos dicen quién es dictador y quien demócrata. Libia se ha convertido en un inmenso cementerio por efecto de las bombas de la OTAN; ahora se pretende lo mismo con Siria. Ni por activa ni por pasiva se puede ser cómplice de un crimen. Frente a la OTAN solo podemos exigir su disolución. No puede haber posiciones neutrales frente al exterminio de los pueblos. Decir “Ni OTAN ni Al-Assad” es decir en la práctica “Sí a la OTAN”. La no movilización contra la guerra es la que permite también a los criminales extenderla por doquier, porque en definitiva y como diría Edmund Burke “Lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”.

Continúa la expansión de la OTAN hasta las fronteras de Rusia

La decisión, calificada de “histórica”, de la OTAN de invitar a Montegro a incorporarse a sus filas puede acabar con el país balcánico convertido en el afiliado número 29 de la alianza militar imperialista.

Montenegro fue el último integrante de la antigua Yugoeslavia en lograr su independencia en 2006, es decir, que sólo tiene nueve años de historia.

Para que la independencia de Montenegro fuera posible, previamente la OTAN tuvo que desatar una feroz guerra civil en los Balcanes para destruir hasta los últimos restos de Yugoeslavia.

Montenegro es un país minúsculo con 630.000 habitantes, pero tiene dos puertos en el Mediterráneo y una envidiable posición estratégica en los Balcanes. Sus fronteras miran a Albania, Croacia (miembros ambos de la OTAN), Kosovo (un protectorado de la OTAN), Serbia y Bosnia-Herzegovina.
 

El país balcánico es un importante como depósito de armas y material de guerra. En su territorio hay diez grandes fortines subterráneos construidos en la época de la Guerra Fría. Tiene hangares fortificados para aviones, que fueron bombardeados en 1999 por la OTAN, pero con el apoyo financiero de la Unión Europea ha iniciado su reconstrucción.

Montenegro también es un candidato para entrar en la Unión Europea, a pesar de que a la cabeza del gobierno se encuentra Milo Djukanovic, al que desde 2013 la Europol, la oficina europea de policía, tiene fichado como un narcotraficante.

En efecto, Montenegro es un punto de entrada de la heroína procedente de Afganistán y el centro más importante para el lavado del dinero sucio procedente de su comercio. De esta manera la OTAN controla tanto el centro de producción (Afganistán), como el de distribución (Montenegro) de la heroína.

La incorporación de Montenegro a la OTAN forma parte del cerco trabado en torno a Rusia, una política de provocación iniciada en 1999, cuando se incorporaron Polonia, Chequia y Hungría, los tres antiguos miembros del Pacto de Varsovia.

En 2004 la OTAN incorporó a otros siete antiguos países del este de Europa: Estonia, Letonia, Lituania (integrantes de la extinta URSS), Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia (integrantes del Pacto de Varsovia) y Eslovenia (antes integrante de Yugoeslavia).

En 2009 integró a Albania (antiguo miembro del Pacto de Varsovia) y Croacia (antes integrante de Yugoeslavia).

La integración de Montenegro se produce en medio de fuertes protestas populares y la puerta queda abierta para que otros países (Macedonia, Bosnia-Herzegovina, Georgia y Ucrania) también lo hagan posteriormente.

Poco a poco la OTAN estrecha el nudo corredizo en torno al pescuezo de Rusia como si se tratara de la ejecución de un ahorcamiento brutal. Al mismo tiempo se lamenta cuando el condenado patalea y protesta…

Fuente: http://ilmanifesto.info/la-nato-si-allarga-ancora/

La ‘guerra contra el terrorismo’ conduce a la Tercera Guerra Mundial

Robert Bibeau

Para entender la política nacional e internacional -ambas están enlazadas- es necesario estudiar la economía y después aplicar esos conocimientos a la política. Hay que plantear la cuestión ¿Cuáles son los intereses en un conflicto regional o mundial?, lo que debería llevar a preguntarse ¿Qué clases sociales actúan en el conflicto y qué intereses económicos defienden? Estas son las preguntas a las que intentaremos responder.

La hipótesis que preferimos es que la alianza de los trust financieros internacionales -asociados con varios gobiernos imperialistas dominantes- actúa entre bambalinas para preservar la forma de producción capitalista. Para ello cada una de las alianzas imperialistas maneja su política regional e internacional enfrentándose a las otras alianzas e intentando enfeudar a las fuerzas nacionalistas de las clases burguesas y proletarias de los países sometidos a esos conflictos. Veremos que la clase trabajadora tiene muy poco papel en esas intrigas a pesar de ser el sujeto fundamental.

Dos axiomas complementarios

Las claves para comprender los recientes acontecimientos económicos y políticos internacionales son, por una parte, admitir que la economía gobierna la política y raras veces lo contrario. De este primer axioma deriva el segundo, que estipula que los poderes financieros mundiales dirigen las potencias de la política internacional, las cuales deben garantizar que las clases sociales vayan derechas por los caminos que les asignen. Dichos caminos de austeridad pueden conducir hasta resignarse al sacrificio final dictado por los generales y llegar incluso a la muerte para mantener este sistema económico depravado.

Una vez admitidos estos axiomas es fácil desenredar la complicada madeja de intereses entrecruzados, así como la mezcolanza de teorías “del complot” que se disputan el escenario en el teatro político internacional.

Histórico del nacionalismo chovinista ‘islamista’

Desde 1979, desde la revolución iraní dirigida por el ayatolá Jomeini, la religión musulmana se convirtió en un factor de identidad muy poderoso en los estados-nación donde causan estragos dicha religión y la explotación neocolonial. En la mayoría de esos países las burguesías nacionalistas locales consiguieron amalgamar sus múltiples intereses sirviéndose de ese denominador común, que permite apaciguar las relaciones de clases y a veces incluso movilizar a los populachos locales que viven en condiciones de producción arcaicas (semifeudales) para librar guerras fratricidas que afectan al reparto de las prebendas tras la liquidación de los recursos nacionales.

De esta forma se movilizó a Irak (suní) contra Irán (chií) a una guerra de ocho años que costó un millón de muertos en cada bando. Carne de cañón trabajadora para forzar un realineamiento político y económico por parte de la burguesía iraní disidente. Se entiende que las potencias imperialistas occidentales manejaban los hilos entre bambalinas animando a Sadam Hussein a destruir Irán, que se atrevió a utilizar el nacionalismo chií para alejarse de sus antiguos amos occidentales. Irán impulsó el enfrentamiento hasta el punto de sugerir que se podría sustituir el petrodólaren el mercado del oro negro. Desde la firma del acuerdo sobre el expediente nuclear iraní se entiende que si Irán sabe desembarazarse de esas enemistades podrá unirse a la comunidad de estados autorizados por el imperialismo globalizado.

El integrismo en Afganistán

Fue lo mismo cuando la burguesía izquierdista afgana intentó tomar el control de sus recursos para venderlos al mejor postor, llegando incluso a firmar acuerdos de defensa con el bloque imperialista soviético. Inmediatamente los feudales nacionalistas musulmanes afganos, entre ellos los talibanes, fueron reclutados por Al-Qaida, financiada por la CIA, para erradicar a esa banda de nacionalistas -laicos- sometidos a los intereses del otro bando imperialista. Desde entonces los estadounidenses resultaron cazados. Los talibanes recuperaron el control de su país y la población afgana regresó al yogo de sus amos nacionalistas islamistas tras 30 años de una guerra terrorista sanguinaria perpetrada por los aviones y los drones de la OTAN.

La guerra civil en Líbano y en la Palestina ocupada

La guerra civil libanesa fue otra demostración de la utilización del nacionalismo islamista para descalificar a un clan y promover a otro bajo múltiples escudos de armas religiosos-nacionalistas (chií, suní, cristiano, druso). Hizbulá, la mayor organización nacionalista chií, salió ganadora del enfrentamiento. Pasó lo mismo en la guerra de los clanes religiosos en Palestina, donde la burguesía suní acabó desacreditando a las facciones burguesas laicistas miembros de la OLP. La burguesía nacionalista de Hamás, suní, se impuso como portavoz de la burguesía palestina ansiosa por acordar un reparto de las tierras disputadas con las facciones religiosas judías en el poder en Tel Aviv. Es interesante señalar, de paso, que el poder imperialista israelí, industrializado y occidentalizado, no supo escapar del imperativo del nacionalismo religioso chovinista, atrapado en medio de ese océano nacionalista-religioso en la confluencia del norte de África y Oriente Próximo.

Argelia bajo los golpes del FIS y el FLN

También Argelia ha conocido las crispaciones islamistas por parte de las facciones burguesas reaccionarias que fueron excluidas del reparto del poder político -de adorno- tras la guerra “de independencia” que dirigió la burguesía nacionalista laica (pseudosocialista). Hay que señalar que los grupos religiosos no contribuyeron gran cosa durante la “guerra nacional de independencia” (sic). En cualquier caso la población argelina, en la miseria y muy frustrada por los resultados del Gobierno “independiente”, escuchó con agrado los llamamientos a la revolución de las oportunistas facciones islámicas nacionalistas. Lo que la pequeña burguesía argelina exiliada en París y Montreal no le perdona. Sin embargo fue la clase trabajadora argelina, la que siempre está bajo el yugo de los potentados nacionales -laicos o islamistas- la primera que sufrió la guerra civil de 15 años entre las facciones nacionalistas islamistas (FIS) y las facciones terroristas agrupadas en el FLN nacionalista, laico y pseudosocialista. La mismo que en Túnez y en Marruecos, cuyo peso económico es marginal en los negocios internacionales y donde las facciones nacionalistas fueron detenidas, encarceladas o fusiladas antes de haber podido incrustarse de en poder.

El islamismo integrista en Turquía, la aliada de la OTAN

En Turquía, desde Ataturk, la burguesía nacionalista chovinista, más o menos como en Siria y en Egipto, estaba consolidada al mando del aparato de Estado capitalista. Sin embargo este país, como Egipto, está en vías de industrialización acelerada lo que provoca -la crisis económica sistémica también repercute aquí- enfrentamientos obreros y levantamientos populares que asustan mucho a la burguesía nacionalista chovinista islamista aislada en la época de Ataturk. Esta fracción de la clase burguesa que había hecho del islamismo su fondo de comercio vuelve a la superficie para reclamar su parte del legado otomano. La nueva Turquía “islamista” juega dócilmente su partición en el concierto de las nacionales y maniobra en la región. Por lo tanto está poco preocupada por los ataques “yihadistas”, al menos hasta ahora. El ataque que acaba de perpetrar, por orden de la OTAN, contra los cazas rusos lo demuestra ampliamente. Estados Unidos y la OTAN dejan que esa burguesía podrida masacre a sus nacionalistas kurdos mientras fomentan la disidencia nacionalista de los kurdos de Irak y de Siria sembrando la confusión en esa región sangrante del mundo. Nos preguntamos para quién actúa Thierry Meyssan cuando pretende que: “Con una mano el Gobierno francés moviliza todos sus medios para focalizar a la población sobre los atentados del 13 de noviembre y después sobre la Cop21. Y con la otra aprovecha la falta de atención general para lanzar con Israel una nueva guerra en Irak y en Siria. Su objetivo ya no es derrocar al régimen laico sirio ni destruir su ejército, sino crear un estado colonial a caballo entre Irak y Siria, dirigido por los kurdos, con el fin de atenazar a los estados árabes. El sueño del poder israelí del Nilo al Éufrates ha vuelto”.

Francia e Israel no están en absoluto al mando de las guerras de Oriente Próximo, las dirige el Estado Mayor estadounidense con mucho cuidado de arreglarse con su nuevo aliado iraní, muy poderoso en el golfo Pérsico. Irán no dejará que se partan Irak o Siria. Tolera al Kurdistán, pero solo de momento. Los capitalistas israelíes deben de estar muy desesperados para conchabarse con el Elíseo, cuya aviación fue incapaz de asesinar a Muammar Gadafi sin el apoyo logístico y la intervención decisiva de la aviación estadounidense. Los imperialistas franceses deben de estar muy desesperados para conchabarse con los “fracasados” del ejército israelí, muy capaces de masacrar a la población civil palestina pero incapaces de enfrentarse a Hizbulá.

Los Hermanos Musulmanes en Egipto

El Egipto de Mubarak hacía buena pareja con los Hermanos Musulmanes desde hacía mucho tiempo. El país fue sometido a una revuelta, primero popular y después trabajadora, de gran envergadura, no para lograr el derecho de voto para elegir a un nuevo dictador, sino para conseguir el derecho a vivir decentemente. Al contrario de lo que pretenden algunos comentaristas, las revueltas populares fueron reales y la represión sanguinaria. Sin embargo las facciones burguesas nacionalistas, con las religiones musulmana y copta de fondos de comercio, se asustaron a la vista de la sucesión de levantamientos populares duramente reprimidos por el ejército, lo que las llevó a aceptar el mantenimiento de clan despótico de Mubarak (sin Mubarak) y a restablecer el poder a los militares sin desencadenar acciones terroristas en el extranjero. Sin embargo los Hermanos Musulmanes egipcios, nacionalistas religiosos chovinistas, siempre han mantenido una rama de Al Qaida en el Sinaí como una espada de Damocles sobre la cabeza del poder militar de El Cairo. La Cofradía espera que la situación nacional e internacional se calme antes de reclamar el poder que las urnas burguesas le concedió.

El islamismo integrista en el imperio saudí

Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania juegan la carta nacionalista wahabí extremista desde hace mucho tiempo. Dado que esos países arcaicos  donde las fuerzas de producción feudales flojean bajo la presión de las fuerzas productivas sociales- se pliegan escrupulosamente al reparto de las regalías petroleras y al uso del petrodólar en el mercado del oro negro, no es necesario crear disturbios sociales-religiosos para mantener la adhesión evidente de esos Estados. Esta coyuntura está demostrada por la relativa quietud en la que viven esos países, comanditarios de las bandas de mercenarios “yihadistas” que castigan los países limítrofes. Las brigadas “yihadistas” saben que no deben morder la mano que las alimenta. Otra cosa es Yemen, donde una parte de la burguesía local de confesión chií apoyada por Irán, la nueva potencia regional, se está revolviendo contra la autoridad feudal de los antiguos vándalos parásitos. Arabia Saudí -Estado terrorista- sufre una derrota militar humillante a manos de los “yihadistas” locales. Probablemente la misma suerte reservada a las veleidades nacionalistas separatistas kurdas de Irak y Siria, que pretenden crear un Kurdistán a sueldo de los sionistas israelíes.

El integrismo islamista en Irak y Libia

Cuando la burguesía nacionalista laica de Irak intentó librarse de la tutela de las multinacionales del petróleo el amo del juego invadió el país, desmanteló el Estado iraquí y ofreció el país a pasto a los clanes nacionalistas islamistas como advertencia de lo que podría ocurrir a cualquier otro estado díscolo. La Libia de Gadafi y su banda capitalista no lo comprendieron y corrieron la misma suerte unos años después. Desde entonces diversos clanes de mercenarios, representantes del sufismo, garantizan la provisionalidad de ese país desgarrado y exangüe. Tras el rápido hundimiento de la clase burguesa libia los mercenarios del desierto, yihadistas a sueldo, se dirigieron al Sahel, de Sudán a Mauritania pasando por Malí. Pero que no se preocupen las potencias occidentales, solo Libia y el Sahel sufren los delitos de esos terroristas alquilados. Bajo bandera falsa yihadista se dedican a diversos crímenes de derecho común, como el comercio de esclavos y el contrabando de armas y drogas, nada que tenga que ver con el islam.

Los terroristas ‘yihadistas’ causan estragos en Siria


El clan de Assad se aseguró el control del Estado sirio desde los años 50, en la época en que las burguesías nacionales regionales se repartieron los poderes en función de sus lealtades ideológicas, de clanes y sectoriales (industria y comercio). El territorio sirio no contiene grandes riquezas naturales, lo que limita mucho la codicia de las grandes potencias. La “comunidad internacional” (sic) consiente que Rusia  una potencia imperialista competidora- se beneficie de una base militar en Latakia, en los confines del Mediterráneo. Pero la geopolítica mundial, revolucionada por el declive del imperio estadounidense y europeo y por el auge de la lejana China  la verdadera competidora de la antigua potencia declinante- hizo necesario, a los ojos de la potencia hegemónica decadente, golpear a Rusia con el fin de alejarla de China y plegar su economía a las necesidades de las empresas occidentales. Siguió una serie de conflictos teledirigidos en Chechenia, para empezar en el Cáucaso, en los Balcanes, en Ucrania y finalmente en Siria.

Este último frente es, de lejos, el más complicado de analizar y descifrar. Los maleantes de los servicios secretos occidentales no encontraron un apoyo serio en la burguesía siria y tampoco en las jerarquías religiosas (suní, alauí, chií, cristiana) para desencadenar una guerra civil interna y someter al clan de Bachar al Assad, nacido de un compromiso entre esas diferentes facciones burguesas nacionalistas-religiosas mantenidas por su padre en un frágil equilibrio. Los servicios secretos de las potencias occidentales (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania) y las potencias regionales (Turquía, Arabia Saudí, Catar) tuvieron que transportar, entrenar, armar, financiar y proveer un ejército de mercenarios “pseudoyihadistas” reclutados entre los millones de “reservistas” errantes y desocupados llegados de 20 países en crisis.

En Siria se concretó el peor de los escenarios que podía imaginar el Pentágono. El clan de Bachar al Assad no ha soltado la presa a pesar de la violencia de la zarabanda. La población siria desesperada, hundida por las atrocidades cometidas por los asesinos derramados por el país, no se levantó contra el poder despótico, al contrario, consideró que el déspota era más tranquilizador que los bandidos que Occidente lanzó contra ella. Rusia, aunque rápidamente se alejó de Libia no flaqueó, menos incluso que el aliado iraní al que creía arrinconado por las sanciones internacionales y el boicot de la “comunidad internacional” (sic). Finalmente la situación sobre el terreno se deterioró para los oportunistas reunidos por la estampida, que empezaron a seguir su propia agenda. Los mercenarios “yihadistas”, al plantearse si existirá otro final que una muerte inevitable, empiezan a cansarse o asustarse. Esto explica los golpes de fuerza como el de París, cuando la pelotera está entre antiguos cómplices. Y he aquí que el “sublugarteniente” Erdogan es enviado al frente por la OTAN, que siempre espera que esta guerra atípica se convierta en una guerra atómica.

El análisis oportunista de la izquierda burguesa

Geraoid O. Colmain, analista político, declaró recientemente que:

“Los ataques terroristas de los denominados grupos islamistas están orquestados en el extranjero, lo mismo que los ataques terroristas de la OTAN a Afganistán, Irak, Siria y Yemen. En particular están orquestados en el extranjero por las mismas potencias neoimperialistas y neocoloniales, Estados Unidos e Israel […] Estos ataques constituyen una profundización de la guerra emprendida por esas potencias imperiales contra las poblaciones de Oriente Medio, de Europa y de África con el fin de dividir para reinar y así someter a todas a las potencias al  nuevo orden mundial  en construcción, un nuevo orden conducido por un puñado de dirigentes tiránicos, una élite maquiavélica […] No existe una guerra contra el terrorismo, continúa O Colmain, existe una guerra que utiliza a los grupos terroristas, delegados de dichas potencias occidentales, contra los Estados-nación que resisten la dominación estadounidense-israelí y para disciplinar a las poblaciones trabajadoras de Europa, de África y de Oriente, con el fin de someterlas al dictado de las citadas potencias que desean provocar una guerra mundial entre todos los pueblos con el fin de alimentar su industria militar y armamentista. Las emigraciones forzosas de millones de refugiados constituyen una ingeniería migratoria coercitiva a expensas de los países de Europa del Este y Alemania, donde la presión se acumulará sobre los sueldos y los empleos de las masas trabajadoras locales, suscitando regionalmente grandes revueltas sociales contra los emigrantes inocentes. O Colmain añade que no hay ni ha habido nunca guerras antiterroristas de Occidente contra la religión musulmana, puesto que esos grupúsculos terroristas pseudoislamistas son criaturas de los servicios secretos occidentales, Al Qaida es el ejemplo típico al respecto, concluye el analista”.

En este sucinto párrafo el analista condensa la teoría del “complot” que encanta a la izquierda burguesa y trata de acreditar al respecto la sucesión de ataques terroristas que agobian a ciertos países desde hace decenios. Muchas afirmaciones de este especialista son verídicas, pero muestran un sofisma en cuanto que acreditan la teoría de un complot dirigido por la alianza israelí-estadounidense para construir el nuevo orden mundial (sic) ignorando la responsabilidad de las burguesías nacionalistas chovinistas europeas y mundiales. De esa constatación O. Colmain deduce que para enfrentarse tanto a las actividades de baja intensidad cometidas por errantes, bandidos y retornados de baja estofa, como a las actividades terroristas de gran envergadura perpetradas por generales con la ayuda de portaaviones, cazas, drones y enormes bombarderos, hay que derribar a todas las burguesías nacionales, a cada una en su casa, en los países traseros neocolonizados e islamizados, así como en los países industrializados e imperialistas.

No existe un posible nuevo orden político mundial. Un nuevo orden político mundial solo puede basarse en un nuevo modelo de producción que hay que construir. Y lejos de ver la emergencia de un nuevo modo de producción estamos viendo marchitarse el antiguo medio de producción capitalista dispuesto a lanzar a la humanidad a una guerra nuclear apocalíptica antes que desaparecer.

La propaganda oficial sobre el terrorismo ‘islamista’

La editorialista del diario L’Orient-Le Jour resume así la posición oficial que los medios dominantes deben propagar con respecto a los sucesos imputados:

“Los sucesos regionales e internacionales parecen precipitarse. Líbano, Francia y Malí, tres países en tres continentes distintos han sido golpeados en ocho días por el terrorismo islamista, que parece extender sus tentáculos de odio por todas partes y amenaza a nuevas capitales con agresiones del mismo tipo (en particular a Bruselas). El mundo entero se moviliza contra el Estado Islámico y los franceses efectúan ataques precisos e intensivos. Lo que por otra parte suscita una pregunta elemental: ¿Qué hace ahora la coalición internacional, dirigida por Estados Unidos, que declaró la guerra al Estado Islámico hace un año y medio? El caso es que en pocos días la opinión pública internacional ha cambiado y empuja a los dirigentes de todo el mundo a actuar contra esa organización terrorista”.

Lo inquietante de esta serie de argumentos es que sin detenerse a responden a la importante cuestión que plantea, la periodista se apresura a afirmar que la situación ha cambiado y que ahora la opinión pública internacional empujará a los dirigentes de la “comunidad internacional” a actuar (!). La perorata de la redactora forma parte de la intoxicación mediática extremista. Da a entender que Estados Unidos y sus aliados han declarado la guerra a los terroristas mientras numerosas informaciones señalan que son esas mismas potencias coaligadas las que reclutan, financian entrenan, arman y apoyan de todas las formas imaginables a esos “pseudoyihadistas”, la mayoría pobres y sin medios de subsistencia de los cuales 100.000 habrían muerto desde hace cuatro años en Siria y cuyos efectivos se mantienen en 30.000 combatientes activos gracias en particular a la ayuda occidental.

El cronista René Naba añade y acusa:

“[La responsabilidad incumbe al Gobierno francés] no solo en Libia y en Siria, sino también por su silencio mortal en Yemen, su alianza privilegiada con el reino saudí -la incubadora absoluta del yihadismo errático degenerativo- y con su aprendiz Catar; con la Meca de la cofradía de los Hermanos Musulmanes -la matriz de todas las organizaciones radicales yihadistas de Al Qaida y Jabhat An Nosra- y por último, pero no menos importante, con Turquía, el timón regulador de los yihadistas en el plano militar, al mismo tiempo que principal proveedor del flujo migratorio con destino a la Unión Europea inmersa en la crisis sistémica de su economía”.

Los servicios secretos incluso no disimulan sus actividades de apoyo al Estado Islámico.

“Los servicios secretos franceses habrían alentado a más de 3.500 islamistas franceses radicales a ir a Siria […] a derrocar al régimen sirio o a morir en el terreno. La idea de regresar al territorio francés no se contempla […] Según las cifras avanzadas habría más de 10.000 combatientes de nacionalidad europea que luchan bajo la bandera del Estado Islámico”.

El presidente Vladimir Putin, cuyo aliado sirio está en el ojo del huracán, declaró que tiene pruebas de que 40 personalidades de los negocios internacionales procedentes de países miembros de la coalición anti-Estado Islámico le financian directamente. Las informaciones tienden a demostrar que el jefe del Estado Islámico es un agente comprobado de la CIA. Ahora se reconoce que el hijo del presidente turco, Erdogan, coordina el comercio del petróleo que recoge el Estado Islámico en los pozos de Irak y Siria, contribuyendo así a la financiación del Estado odioso.

“Una serie de pruebas tiende a demostrar que Catar compró a Ucrania material militar antiaéreo de vanguardia por cuenta del Estado Islámico. La operación se desarrolló a finales de septiembre de 2015, justo antes de la intervención militar rusa contra la organización terrorista. Fue aprobada por la embajada de Estados Unidos en Doha. El material se transfirió vía Bulgaria y Turquía. Oficialmente Catar, Ucrania, Estados Unidos, Bulgaria y Turquía luchan contra el Estado Islámico”.

Finalmente la desconfianza es tan grande frente a las autoridades gubernamentales que algunos se preguntan si no será el propio Estado burgués el que habría organizado, orquestado o dejado que se organizasen esos atentados “de falsa bandera” en el corazón de París. Obviamente el gran capital internacional no va a crear las condiciones de una conjuración y aunque se levanten voces reclamando la guerra son más numerosas las personas que protestan por la propaganda de los medios de comunicación a sueldo y llaman a desconfiar de las autoridades gubernamentales.

El objetivo es la guerra

Quemando etapas, probablemente por exceso de entusiasmo, un experto en asuntos iraquíes se fue de la lengua y reveló sin ambages:

“Teniendo en cuenta la experiencia de Irak veo con buenos ojos, como lo ven desde Irak y ahora seguramente desde París, a raíz del acercamiento reciente entre Putin y Obama, la tendencia cada vez más fuerte a favor de una alianza unificada al estilo de la que se constituyó para acabar con el nazismo. Y ahora que París está de luto cada vez más responsables políticos y geoestrategas militares ponen lúcidamente por delante la eficacia operativa de los golpes rusos que, en una semana, han tenido más impacto que los estadounidenses en un año. A pesar de las fuertes reticencias de estos últimos, aparentemente movidas como siempre por el nuevo orden mundial proclamado y decretado desde 1991 por Bush padre, parece que la proeza militar tiene una explicación que va más allá de la fuerza ejercida: esos mismos rusos consiguieron, sobre todo, integrar a las autoridades iraquíes, iraníes y sirias en torno a una estructura única de coordinación de inteligencia anti-Estado Islámico con sede en Bagdad”.

Queda claro que el gran capital mundial quiere arrastrar a todo el mundo, reeditar la hazaña de 1940. Volver a crear la internacional apocalíptica bélica con el fin de lanzar a los trabajadores de los distintos países unos contra otros en un inmenso holocausto mundial para el reparto de las zonas de recursos, los mercados y los sectores de producción de plusvalía. El especialista iraquí simplemente no ha entendido que la alianza no puede estar dirigida por dos potencias hegemónicas competidoras, Estados Unidos y Rusia. ¿Contra quién se dirigiría esa alianza de enemigos? ¿Contra un Estado fantasma que posee algunas armas suministradas por sus enemigos, financiado por sus antiguos patrocinadores unidos contra él y sus 30.000 combatientes ya desarmados? En 1940 las potencias del Eje alinearon a casi 15 millones de soldados armados hasta los dientes y bien entrenados  Seguramente la alianza reaccionaria que se está construyendo no apunta al Estado Islámico fantoche, ¿adónde apunta?

Jacques Attali también publica sus fantasías y en sus ensoñaciones más lúcidas el exasesor de François Mitterrand ve una tercera guerra mundial en preparación cuyo desencadenamiento prevé en 2030. Para evitarla propone la creación de un supraestado de derecho mundial, la creación de un nuevo orden mundial, la manía de los bohemios de la izquierda burguesa. La ONU de alguna manera, más autoritaria y firmemente anclada en manos de los magnates de las finanzas internacionales, sometiendo a miles de millones de trabajadores bajo el látigo del trabajo asalariado. En resumen el sirviente propone dar a los que fomentan la próxima guerra un instrumento complementario para llegar a sus fines.

El experto Patrick Martin anuncia que:

“El complejo militar y de inteligencia estadounidense está comprometido en preparativos sistemáticos para la Tercera Guerra Mundial. Para el Pentágono un conflicto militar con China y/o Rusia es inevitable y esa perspectiva se ha convertido en la fuerza motriz de su planificación técnica y estratégica”.

Para hacer la guerra -y más si es la guerra mundial- hacen falta muchas armas. En noviembre de 2015 el investigador Jules Dufour, del grupo Mondialisation, publicó un artículo titulado “Le réarmement planétaire” en el que señalaba que

“El mundo cada vez está más militarizado. Los gastos militares aumentan sin cesar en muchos países. Más de 5.000 millones de dólares diarios se dedican a la guerra o a su preparación. Los gobiernos están absolutamente sometidos a las exigencias de los lobbies militares […] Hay 640 millones de armas ligeras diseminadas por todo el mundo (una por cada diez personas). La producción de cartuchos militares es de 14.000 millones anuales […] Los gastos militares mundiales llegaron a 1,747 billones de dólares en 2013, lo que equivale al 2,4 por ciento del PIB mundial”.

El especialista Larry Chin comenta:

“Esta crisis apocalíptica no es una guerra ‘contra el terrorismo’, sino una guerra  de  terrorismo librada por terroristas, dirigida por terroristas y criminales de guerra psicópatas que se ponen al margen de la ley. No tienen en absoluto la intención de acabar con el terrorismo. De hecho es todo lo contrario: los ejércitos terroristas de Occidente son una gran ventaja utilizada para infiltrar y desestabilizar, para derrocar a los regímenes que la OTAN quiere alinearse, para invadir y conquistar. Y hunden uno tras otro: primero Irak y Libia, después los sucesos actuales en Siria, todo para la lograr ambiciones aún más amplias. La ‘guerra contra el Estado Islámico’ incluso no concierne a este grupo, a pesar de las atrocidades que cometen estos asesinos. Esta guerra es, y siempre será, una guerra mundial entre superpotencias que enfrenta a Occidente con Rusia y China y en cualquier parte donde decidan los intereses occidentales y sus grandes empresas, bien sean geoestratégicas o centradas en los recursos”.

Conclusión

Solo se puede añadir que todo se está tramando para lanzar a las masas proletarias a la guerra total. En realidad una guerra mundial solo puede enfrentar a dos enemigos irreconciliables que luchan por la supervivencia. Es decir, el conflicto enfrentaría a la Alianza Atlántica imperialista, dirigida por el “eje del bien” estadounidense, con la alianza asiática dirigida por China y Rusia, como predijo Samuel Huntington en su libro El choque de las civilizaciones. Eso significaría que las burguesías nacionalistas chovinistas habrían ganado su apuesta de movilizar a las masas proletarias para que se maten entre ellas en una guerra por el reparto de los recursos, de los mercados y de los sectores de producción de plusvalía, fuente de todos los beneficios. Una vez acabase esta nueva guerra la carne de cañón trabajadora regresaría a su esclavitud laboral.

Pero ese conflicto internacional podría enfrentar a otros dos grandes enemigos todavía más irreconciliables, la gran burguesía mundial y lo que quedaría de sus aparatos estatales con el proletariado internacional para la erradicación del modo de producción capitalista y la creación de un nuevo modo de producción comunista.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=206570

El Pentágono utilizó a una ONG para espiar en Corea del norte

El Ministerio de Defensa estadounidense utilizó a Humanitarian International Services Group (HISG), una ONG cristiana, como cobertura para espiar en Corea del norte, según The Intercept.

De 2004 a 2012 el Pentágono financió con varios millones de dólares un programa de espionaje en Corea del norte encubierto bajo la acción de la referida ONG.

Para el imperialismo Corea del norte es uno de los objetivos prioritarios de penetración y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles.

Cuando en diciembre de 2004 el Pentágono inició su programa de espionaje, la ONG cristiana, dirigida por Kay Hiramine ya enviaba ropa y medicamentos a Corea del norte por vía marítima. Se trataba de probar la capacidad de la ONG para infiltrarse en el país exportando biblias.

El espionaje militar estimaba que introducir biblias en Corea de norte era muy difícil, ya que el país no admite la penetración imperialista a través del protestantismo. Si Kay Hiramine lo lograba, el Pentágono sabría que la podría utilizar como método para introducir luego equipos ópticos de grabación.

El Pentágono quería utilizar a la ONG para introducir distintos tipo de material militar para “preparar el terreno” con vistas a un guerra entre ambos países.

Según Sam Worthington, presidente de InterAction, una organización que agrupa a 200 ONG estadounidenses, utilizar una ONG y trabajadores humanitarios para espiar es “inaceptable” y constituye una “violación del derecho internacional”.

El sitio independiente NK News, especializado en Corea del norte, ha puesto en duda la veracidad de la información que suministra The Intercept. Para ello utiliza los testimonios de cuatro miembros de ONG que han trabajado en Corea del norte, quienes consideran que es imposible introducir biblias en el país asiático desde Estados Unidos.

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