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La hegemonía imperialista de Estados Unidos es la capacidad que tiene para influir sin ser influido

La capacidad intoxicadora de las grandes cadenas del periodismo es tal que pueden darle una vuelta de 180 grados a la historia hasta el punto de que las víctimas aparecen como culpables y al revés.

La víctima es Estados Unidos, un país siempre rodeado de enemigos y envidiosos, agredido y atacado, obligado a defenderse, que no quiere la guerra, pero le obligan… Es la fábula de Pearl Harbour en 1941.

Estados Unidos se entromete en los asuntos internos de todos los países de mundo, pero nadie puede hacer lo mismo en Estados Unidos. La intoxicación empieza cuando cualquier injerencia se magnifica como “casus belli”. Pero si la guerra es necesaria, ni siquiera hace falta injerencia porque son capaces de inventarse una.

Es el caso de la intervención del Kremlin en la elección presidencial de 2016. Tres años después la comisión del Senado que la ha investigado no ha encontrado absolutamente ninguna prueba (1).

Pero la falta de pruebas no es noticia ni lo será nunca, de manera que la mentira puede seguir funcionando en el vacío con los mismos efectos que si fuera verdad, a saber, que Estados Unidos (y el mundo entero) se defienden de una agresión procedente de Rusia.

Dicha mentira, repetida sin desmayo, no sólo tiene efectos coyunturales sobre la actualidad sino que distorsiona la historia. Desde la Revolución Rusa de 1917 Estados Unidos ha estado interfiriendo en los asuntos internos de la URSS/Rusia, una política que ha recibido el nombre de “Guerra Fría”.

De 1917 a 1933 Washington no sólo no reconoció oficialmente al gobierno soviético sino que, además, envió 8.000 soldados a Siberia para participar en una “guerra civil” que tenía por objeto derribarlo por motivos más que conocidos.

La llegada de los nazis al gobierno en Alemania y la posterior guerra mundial cambiaron temporalmente la ecuación, hasta 1945, cuando Estdos Unidos institucionalizó la injerencia con las bases militares de la OTAN, las operaciones encubiertas de la CIA y una red de radios de onda corta que emitían las 24 horas diarias en todos los idiomas soviéticos, empezando por el ruso.

Hasta hace 30 años la injerencia imperialista se justificó por la existencia de la URSS como país socialista. Pero la situación no cambió cuando la URSS desapareció, sino todo lo contrario. Bajo la bandera de “promover la democracia”, Estados Unidos aprovechó que le abrieron las puertas y en tiempos de Yeltsin intentó convertir a Rusia en una colonia económica, política y mediática, una situación que Putin sólo ha remontado parcialmente.

En 1996 Yeltsin ganó unas elecciones que tenía perdidas gracias al apoyo político, mediático y económico de Clinton. Los imperialistas se apoderaron de empresas estratégicas, infraestructuras, minas, yacimientos y bancos. Crearon nuevos medios de comunicación y se apoderaron de otros ya existentes. Tejieron una tela de araña de ONG al servicio del espionaje…

Es una obviedad constatar que los medios de difusión rusos informaron de las elecciones de 2016 en Estados Unidos. También es obvio constatar que numerosas centros de investigación, sobre todo estadounidenses, han medido el impacto electoral de dicha información. Finalmente, es harto conocido -para quien quiera enterarse- que dicho impacto ha sido prácticamente nulo porque la capacidad de Estados Unidos para influir en una elección en Rusia es muy superior a la de Rusia para influir sobre Estados Unidos.

Por eso precisamente se dice que Estados Unidos es una potencia hegemónica: porque influye sobre cualquier país muchísimo más de lo que ese país puede influir sobre ella.

A finales del pasado año Aaron Maté publicó un artículo en The Nation con conlusiones muy contundentes: “Nuevos estudios demuestran que los expertos se equivocan sobre la participación de los medios sociales rusos en la política estadounidense”. Como es natural, Maté calificaba a la información de los medios rusos como “propaganda” y decía de ella que había sido de reducidas dimensiones, nada sofisticada, propia de aficionados “y en su mayor parte no relacionada con las elecciones de 2016”.

Pero que a nadie le quepa ninguna duda: la intoxicación logra que el mundo -casi en su totalidad- comulgue con ruedas de molino.

(1) https://www.nbcnews.com/politics/congress/senate-has-uncovered-no-direct-evidence-conspiracy-between-trump-campaign-n970536
(2) https://www.thenation.com/article/russiagate-elections-interference/

El Club de Roma, anatomía de un grupo de presión

La explosión demográfica y la contaminación ambiental se convirtieron en temas predilectos de la prensa latinoamericana en la década de los setenta.

Una aciaga ideología comenzó a surtir de catástrofes futuras las columnas del periodismo especializado primero, y del general, en seguida. Fue, por un momento, como si hubiera renacido de sus cenizas el mismo Oswald Spengler, profeta de hecatombes, que al trazar un paralelo entre la Historia y la vida de un organismo, fatalmente debía caer en el pesimismo.Lamentablemente, se supo que esta ideología emanaba de un círculo cerrado de intelectuales, el Club de Roma, que reconocía a su vez una paternidad directa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

La dilatada polémica a la que dio lugar el Club de Roma está reflejada en las páginas de este libro, que abre el intelectual brasileño Celso Furtado y cierra el vicepresidente de Estados Unidos Nelson Rockefeller, paradógicamente coincidentes en que una filosofía que propone el no-crecimiento de la humanidad, es una filosofía que sencillamente niega los fundamentos de su existencia.

El idealismo con el que gran parte de la izquierda ha asumido la tesis del decrecimiento, olvidando el siniestro origen del concepto y sus autores, sin atender a conceptos como soberanía energética, liberación nacional o desarrollo para todos es un ejemplo perfecto de lo vago del término.

Es importante que pensemos no en “decrecer”, sino en preguntarnos para qué crecemos y para quién, ya que podemos crecer creando una sociedad miserable y desigual (Tailandia, Estados Unidos o Malasia, como ejemplos extremos) o podemos crecer resolviendo desde problemas ambientales o eliminando la injusta distribución de la renta bajo el capitalismo.

Descargar el libro ‘El Club de Roma: anatomía de un grupo de presión’

Más información:
— Público asume las tesis del imperialismo sobre los límites del crecimiento

Las instituciones financieras internacionales como armas de la guerra económica imperialista

Whitney Webb

En un manual militar filtrado sobre “guerra no convencional” recientemente publicado por WikiLeaks, el ejército estadounidense afirma que las principales instituciones financieras del mundo -como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)- se utilizan como “armas financieras no convencionales en tiempos de conflicto, incluso si hay una guerra general a gran escala”, así como para ejercer presión sobre “las políticas estatales y la cooperación”.

El documento se titulado oficialmente “Field Manual (FM) 3-05.130, Army Special Operations Forces Unconventional Warfare” y fue escrito originalmente en septiembre de 2008. Su contenido ilustra el asedio económico que Estados Unidos mantiene sobre Venezuela desde hace años por medio de sanciones y otras formas de guerra económica. Aunque el documento ha despertado un renovado interés en los últimos días, fue publicado originalmente por WikiLeaks en diciembre de 2008 y ha sido descrito como el “Manual de Cambio de Régimen” del ejército de Estados Unidos.

Los recientes tuits de WikiLeaks sobre el tema llamaron la atención sobre una sección del documento de 248 páginas titulado “Financial Instrument of U.S. National Power and Unconventional Warfare” [Mecanismos financieros del poder nacional de Estados Unidos y guerra no convencional]. Esta sección señala en particular que el gobierno de Estados Unidos ejerce “poder financiero unilateral e indirecto a través de una influencia persuasiva sobre las instituciones financieras internacionales y nacionales, influyendo en la disponibilidad y las condiciones de los préstamos, donaciones u otras formas de asistencia financiera a actores estatales y no estatales extranjeros” y se refiere expresamente al Banco Mundial, al FMI y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), así como al Banco de Pagos Internacionales (BPI), como “mecanismos diplomáticos y financieros para lograr” esos objetivos.

El manual también plantea la “manipulación estatal de impuestos y tasas de interés” y otras “medidas legales y administrativas” para “abrir, modificar o cerrar flujos financieros” y especifica además que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro de Estados Unidos -que supervisa las sanciones contra otros países, como Venezuela- “tiene una larga y valiosa experiencia en la guerra económica para cualquier campaña de operaciones de fuerzas especiales militares no convencionales”.

Esta sección del manual señala que estas armas financieras pueden ser utilizadas por el ejército estadounidense para crear “incentivos o desincentivos financieros para persuadir a adversarios o aliados a cambiar su comportamiento a nivel estratégico, operativo y táctico” y que estas campañas de guerra no convencionales están altamente coordinadas con el Departamento de Estado y la comunidad de inteligencia de Estados Unidos para determinar “qué elementos del terreno humano en el Área de Operaciones de Guerra No Convencional es más probable que cederán a presiones financieras”.

El papel de estas instituciones financieras internacionales “independientes” como apéndices de la fuerza imperialista estadounidense se desarrolla en otras partes del manual, y varias de estas instituciones se describen en detalle en un anexo del manual titulado “El instrumento financiero del poder nacional”. En particular, el Banco Mundial y el FMI figuran como instrumentos financieros y diplomáticos del poder nacional estadounidense, así como parte integrante de lo que el manual denomina el “sistema actual de gobierno mundial”.

Además, el manual afirma que el ejército estadounidense “entiende que la manipulación adecuadamente integrada del poder económico puede y debe ser un componente de la guerra no convencional”, lo que significa que estas armas son ampliamente utilizadas en campañas de guerra no convencional llevadas a cabo por Estados Unidos.

Otro punto interesante es que estas armas financieras están gobernadas en gran medida por el Consejo de Seguridad Nacional (NCS), que actualmente está encabezado por John Bolton. El documento señala que el NCS “tiene la responsabilidad primordial de la aplicación de los instrumentos económicos y militares del poder nacional estadounidense en el extranjero”.

Aunque el manual de guerra no convencional se distingue por el hecho de que también afirma abiertamente que las instituciones financieras supuestamente “independientes” como el Banco Mundial y el FMI son esencialmente apéndices al poder del gobierno estadounidense, los analistas han observado durante décadas que estas instituciones apoyan sistemáticamente los objetivos geopolíticos de Estados Unidos en el extranjero.

De hecho, el mito de la “independencia” del Banco Mundial y del FMI se disipa rápidamente simplemente observando la estructura y la financiación de estas instituciones. En el caso del Banco Mundial, la institución está ubicada en Washington y el presidente de la organización siempre ha sido un ciudadano estadounidense elegido directamente por el Presidente de Estados Unidos. En la historia del Banco Mundial, la Junta de Gobernadores del Banco Mundial nunca ha rechazado la elección de Washington.

El 5 de febrero el presidente Donald Trump nombró a David Malpass, un ex economista de Bear Stearns, para dirigir el Banco Mundial. Malpass es conocido por no haber predicho la bancarrota de su antiguo empleador, Bear Stearns, durante la crisis financiera de 2008 y es probable que limite los préstamos del Banco Mundial a China y sus aliados o que se alie con ellos, dada su reputación bien establecida como un halcón chinófobo.

Además de elegir a su presidente, Estados Unidos es también el mayor accionista del banco, lo que lo convierte en el único país miembro con derecho de veto. De hecho, como señala el manual de guerra no convencional filtrado, Estados Unidos puede bloquear cualquier cambio importante en la política del Banco Mundial o en los servicios que ofrece, “porque las decisiones importantes requieren una mayoría superior al 85 por ciento de los votos”. Además, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steve Mnuchin, ex banquero de Goldman Sachs y “rey de las ejecuciones hipotecarias”, ejerce de Gobernador del Banco Mundial.

Aunque el FMI difiere del Banco Mundial en varios aspectos, incluyendo su misión y objetivos declarados, también está dominado en gran medida por la influencia y la financiación del gobierno de Estados Unidos. Por ejemplo, el FMI también tiene su sede en Washington y Estados Unidos es el mayor accionista de la empresa, el mayor con diferencia, con un 17,46 por ciento de la institución. También paga la mayor parte del mantenimiento de la institución, es decir, 164.000 millones de dólares anuales en compromisos financieros del FMI. Aunque Estados Unidos no elige al director del FMI, utiliza su posición privilegiada como principal prestamista de la institución para controlar la política del FMI amenazando con suspender su financiación si la institución no cumple con los requisitos de Washington.

Como resultado de la influencia de Estados Unidos en el comportamiento de estas instituciones, han utilizado sus préstamos y subvenciones para “atrapar” a las naciones en deudas, y han impuesto a estos países programas de “ajuste estructural” que han resultado en austeridad, privatización masiva de los activos públicos y desregulación que benefician a las empresas extranjeras a expensas de las economías locales. A menudo, estas mismas instituciones, al presionar a los países para que desregulen sus sectores financieros y mediante la corrupción de sus relaciones con los actores estatales, se encuentran en la raíz de los problemas económicos que luego tratan de “resolver”.

https://www.mintpressnews.com/leaked-wikileaks-doc-reveals-how-us-military-uses-of-imf-world-bank-as-unconventional-weapons/254708/

Sanciones económicas, embargo, bloqueo: guerra imperialista

Cuando el periodismo se llena de eufemismos es para bajar el telón, apagar las luces y que la oscuridad llene el escenario del mundo. Ahora hablan de “sanciones económicas” y antes de “embargo” para referirse a un bloqueo, es decir, a un acto de guerra, lo que antiguamente se calificaba como “asedio”.

La nueva terminología oculta que el mundo está en guerra y, a partir de ahí, oculta todos los demás elementos fundamentales de la misma. Oculta, por ejemplo, que quien impone el bloqueo es el imperialismo, las potencias que tienen la capacidad para ejecutarlo. Pero también oculta que las víctimas del bloqueo no son los soldados del enemigo sino la población civil.

El bloqueo, pues, no es en nada diferente a ninguna guerra imperialista, aunque resulta particularmente odioso. No hay más que recordar el “embargo” impuesto a Irak en la década de los noventa, que costó la vida a cientos de miles de personas inocentes, esas con las que las noticias se llenan la boca, como si su suerte les importara.

Como en la Venezuela actual, el “embargo” a Irak tuvo su contrapartida “humanitaria”, que en aquella ocasión se llamó “petróleo por alimentos”. El imperialismo te quita con una mano lo que te da con la otra para demostrar su buen corazón. La ONU lo avala con la doctrina R2P: las grandes potencias tienen el deber de “socorrer” a las pequeñas.

La “ayuda humanitaria” opera así retroactivamente como una fuente inagotable de noticias que ponen el acento en las víctimas, a quienes se presenta como “Estados fallidos”. Los papeles se intercambian y la responsabilidad del caos no es del agresor, sino todo lo contrario. Los imperialistas son benefactores de la humanidad.

Desde 1962 el bloqueo de Cuba, impuesto por Estados Unidos, le ha costado al país 134.499 millones de dólares. Desde 1992 la ONU ha aprobado 26 acuerdos para poner fin al bloqueo, pero todo ha sido inútil, salvo para que algún reportero o turista despistado se sorprenda de la carestía que padece la Isla que, naturalmente, se aliviaría levantando el bloqueo.

Repasar el listado de países bloqueados, tanto en la actualidad como a lo largo de la historia, resultaría ilustrativo del alcance de los tentáculos del imperialismo. Lo mismo cabe decir de quienes se convierten en bloqueadores de segunda mano para complacer a sus amos de Washington.

El bloqueo expresa el peso económico de Estados Unidos en el capitalismo actual. A diferencia de otro tipo de armas, que atemorizan sólo por el hecho de poseerlas, el bloqueo es creíble por la retorsión que supone para quien tiene la tentación de sortearlo, como se ha puesto de manifiesto en el caso de Irán. Los grandes monopolios europeos están sometidos a un chantaje ante el que la Unión Europea y cada uno de los países que la forman se han mostrado impotentes: quien negocie en Irán no negocia en Estados Unidos.

No hay nada más lejos del “neoliberalismo” que ese tipo de imposiciones, a las que hay que añadir la extraterritorialidad de las leyes y los tribunales estadounidenses, cuyas decisiones se aplican en el mundo entero.

Las instituciones que dirigen el capitalismo en el mundo son muy conocidas, y también es conocido que no tienen la condición internacional con la que se presentan porque, a su vez, están dirigidas desde Estados Unidos. No obstante, hay algunas, como la OFAC (Office of Foreign Assets Control), a las que no se les suele prestar tanta atención. La OFAC gestiona las sanciones económicas que los imperialistas mantienen contra distintos países.

Es un organismo del Departamento del Tesoro (Ministerio de Hacienda) que depende de la Oficina de Terrorismo e Inteligencia Financiera, una denominación que lo dice todo. Además de países, también hay empresas, organizaciones e incluso personas asimiladas al cajón de sastre del “terrorismo” y, en consecuencia, con ellas no se puede hacer el más mínimo negocio. En caso contrario lo de menos es la multa o el embargo de sus bienes porque el negociante puede acabar en la cárcel.

La OFAC lleva un control absoluto de cada una de las transacciones que se realizan en el mundo, o al menos lo intenta. Para ello mantiene un listado de SDN (Specially Designated Nationals o personas especialmente controladas) que se actualiza continuamente y que se puede consultar en internet (1).

Es una espada de Damocles impuesta al mundo entero por los mismos que alardean de ser los defensores del libre mercado. Recientemente WikiLeaks publicó el manual de operaciones de “guerra no convencional” aprobado por el Pentágono que no incurre en los eufemismos de la prensa. La terminología cambia mucho y es posible leer expresiones tales como “armas financieras”, “guerra económica” o alusiones al Banco Mundial, el FMI y la OCDE como intituciones a las que Estados Unidos puede recurrir para imponer su hegemonía en el mundo (2).

El martes el diario francés Le Figaro decía lo siguiente: “La segunda guerra de Siria ha comenzado. Una guerra que no se desarrolla en el terreno militar sino en el económico”(3). Hay países que están en guerra desde siempre, o que salen de una guerra para meterse en otra. Corea del norte está en guerra, Cuba está en guerra, Rusia está en guerra, Irán está en guerra, Venezuela está en guerra… El capitalismo actual no es más que una parte de la guerra permanente que Estados Unidos mantiene para defender su hegemonía mundial.

(1) http://www.treasury.gov/resource-center/sanctions/SDN-List/Pages/default.aspx
(2) https://file.wikileaks.org/file/us-fm3-05-130.pdf
(3) http://www.lefigaro.fr/international/2019/02/26/01003-20190226ARTFIG00257-l-amerique-et-l-europe-frappent-la-syrie-au-portefeuille.php

El comodín Al-Qaeda es reutilizable también para justificar un ataque contra Irán

En Oriente Medio hay una baraja con muchas cartas, pero Al-Qaeda no es una ellas; es el comodín, lo más útil que cabe imaginar en cualquier circunstancia. Lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Encaja en todas las combinaciones imaginales, por sorprendentes que puedan parecer a simple vista.

Altos funcionarios del gobierno de Trump le susurran al oído al Washington Times lo más inverosímil que cabría imaginar y que el diario reproduce entusiasmado: Irán es un aliado de Al-Qaeda y, por lo tanto, puede ser atacado. “La alianza entre Irán y Al-Qaeda proporciona una justificación legal para los ataques militares estadounidenses”, añade el periódico (1).

Irán no combate a Al-Qaeda, como creíamos hasta ahora, sino todo lo contrario: es un refugio para sus combatientes, para su dinero y para sus armas. En otras palabras, en la jerga fantasiosa de esos “altos funcionarios” de Washington, Irán sustituye a Irak. Tienen que atacar a Irán por lo mismo (por la misma mentira) que antes atacaron a Irak.

La compleja y duradera relación entre esos dos enemigos declarados de Estados Unidos, Al-Qaeda e Irán, es una amenaza inaceptable para la seguridad del mundo.

La autorización para recurrir a la fuerza militar adoptada por el Congreso pocos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, sigue en vigor. A Bush le permitió invadir Afganistán con la excusa de atacar a Al-Qaeda en Afganistán a través de los talibanes que apoyaban.

Esa misma ley podría justificar ahora legalmente el ataque al territorio iraní, si Trump considera que las sanciones económicas no son suficientespara neutralizar la amenaza que para Estados Unidos e Israel representa el gobierno de Teherán.

Si nos hemos tragado que Trump es un espía ruso, también podemos tragar con esta locura, a cambio de ignorar que Irán está combatiendo activamente a Al-Qaeda en Siria e Iraq.

Cuando en 2001 Estados Unidos atacó Afganistán, las familias de los dirigentes de Al-Qaeda huyeron a Irán, donde fueron puestos en arresto domiciliario. Así siguen desde entonces: tienen la condición de rehenes por medio de los cuales Irán se asegura contra los ataques de Al-Qaeda, como bien reconoce el Washington Times en su artículo: en Irán los miembros de Al-Qaeda son “moneda de cambio”.

Trump lo tiene muy complicado en Irán. No va a poder formar una de sus fantasmales “coaliciones internacionales”. No sólo no tiene el apoyo de la Unión Europea sino que los grandes monopolios europeos son los más perjudicados por el bloqueo económico de Irán, como se ha puesto de manifiesto en las recientes cumbres de Varsovia y Munich.

Ni siquiera tiene el apoyo de Irak, con cuyo gobierno no puede contar ni siquiera como retaguardia. Los intentos de Netanyahu de crear un “frente árabe” contra Irán han fracasado. Si Estados Unidos quiere atacar a Irán, tendrá que ir por su cuenta. Sus aliados del Golfo Pérsico pondrán dinero encima de la mesa, pero no constituirán una fuerza militar, más allá de las hordas yihadistas al estilo de lo que ya hicieron en Siria.

Digamos de paso lo siguiente: recientemente se ha publicado el borrador de un artículo que estaba a punto de terminar el difunto periodista Khasshoggi, descuartizado en Estambul, en el que se oponía al “frente árabe” y preconizaba todo lo contrario: una alianza con Irán (2).

Pasemos ahora al otro lado de la frontera iraní, al este, donde Estados Unidos puede volver a captar a los talibanes para una lucha contra Irán. También puede seducir a Pakistán, como ya ha denunciado el gobierno de Teherán. Este lunes el príncipe saudí Mohamed Ben Salman, el asesino de Khashoggi, visitó Pakistán, donde tiene grandes intereses económicos.

El martes pasado se produjo un atentado en la región de Sistán-Baluchistán, en la frontera entre Irán y Pakistán, donde 27 soldados iraníes fueron asesinados en circunstancias similares al de Cachemira, que causó 41 muertos. El gobierno de Teherán acusa a la inteligencia pakistaní y el de India también.

Los talibanes negocian con los estadounidenses en Islamabad, donde también se han reunido con el Primer Ministro pakistaní Imran Khan y con el príncipe Mohamad Ben Salman.

A su vez, Irán también negocia con los talibanes para ofrecerles un apoyo alternativo al que reciben de Pakistán.

En cualquier caso, para Irán es prioritario asegurar su flanco oriental. Combinaciones no faltan. Como Estados Unidos ha dejado al gobierno afgano fuera de las conversaciones con los talibanes, literalmente con el culo al aire, podría adelantarse a los talibanes y aceptar la mano iraní…

(1) https://m.washingtontimes.com/news/2019/feb/18/iran-al-qaeda-alliance-may-provide-legal-rationale/
(2)
https://www.middleeasteye.net/fr/news/exclusif-lappel-de-jamal-khashoggi-en-faveur-de-lunite-entre-les-peuples-saoudien-et-iranien

La lucha contra el sionismo es una lucha contra el imperialismo y los nuevos ‘delitos de odio’ no la van a frenar

Con la criminalización del “negacionismo” del llamado “holocausto” y la creación de los delitos de odio, en Europa la represión se encamina hacia la inmunización de Israel y del sionismo como ideología criminal, es decir, que da un giro de 180 para proteger a los delincuentes.

La vestimenta ideológica es que la lucha contra el sionismo es una agresión a los judíos, por lo que los judíos son sionistas. Recientemente Macron rindió pleitesía al Crif (Consejo representativo de las Instituciones Judías de Francia), donde lo dejó bien claro: la Unión Europea asumirá como propia la definición de “antisemitismo” de la Alianza Internacional para la Memoria de la Soah, lo cual significa que los ataques “a los judíos” los definen los propios “judíos” y que el antisionismo forma parte de esa definición.

Es otra falsificación de la historia: durante la primera mitad del siglo XX, la gran mayoría de los judíos eran enemigos del sionismo, lo que puede conducir al absurdo de calificar a los judíos como antisemitas.

El sionismo es parte del imperialismo; participa de sus mismas características: la conquista, el asentamiento y el colonialismo. A finales del siglo XIX y antes de la Primera Guerra Mundial, la gran mayoría de los judíos de Europa central y Rusia emigraron masivamente a occidente y, especialmente a Estados Unidos. Otros muchos se integraron en las sociedades de las que formaban parte, donde acabaron asimilados. A partir de 1880, y a pesar del antisemitismo, el número de matrimonios mixtos entre los judíos alemanes aumentó constantemente: entre 1901 y 1929 la proporción aumentó del 17 al 59 por ciento.

La participación activa de los judíos en el movimiento obrero y comunista internacional fue otra forma de integración social y los pogroms de la Rusia zarista y la represión nazi no estuvieron dirigidos contra “los judíos” sino -principalmente- contra los revolucionarios.

En 1897 se creó el Bund, la Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia, una organización socialdemócrata cuya federación Lenin no admitió dentro del Partido bolchevique. El Bund compartía los principios de la II Internacional que, en lo que a la cuestión nacional se refiere, estaban dominados por los “austro-marxistas”, esto es, por el federalismo y una especie de autonomía cultural.

Cuando en 1943 los nazis aplastan el levantamiento del ghetto de Varsovia, acaban también con ese movimiento, que no era estrictamente judío sino socialdemócrata, es decir, político y no religioso ni étnico.

Las grandes potencias imperialistas son las que convierten a un movimiento minoritario, como el sionismo, en mayoritario incorporándolo al nuevo orden mundial inaugurado en 1945 y creando en torno a él una de las más formidables campañas propagandísticas que ha conocido la historia, que no es otra cosa que la reedición del mito bíblico de la huida de Egipto que encabezó Moisés.

En 1948 la creación del Estado de Israel por el imperialismo fue otro “éxodo” que, si se desprende de la mitología religiosa, debería llamarse conquista, asentamiento y colonización de Palestina. El nuevo Estado no sólo atrae a una parte importante de los judíos de la diáspora sino que compromete al resto en su defensa. A diferencia del judaísmo, que forma vínculos en torno a una religión, el sionismo los crea en torno a un Estado, o sea, a una política determinada.

Cabe concluir, pues, que la suerte del sionismo está ligada al imperalismo y a sus lacras coloniales. En Palestina los sionistas no son muy diferentes a los blancos en Sudáfrica, convencidos de llevar a cabo una misión civilizadora o típicamente religiosa (misionera) porque se creen superiores a los indígenas.

Como los demás colonos que ha conocido la historia, los sionistas llegan a una tierra (Palestina) pero dependen de otra (Gran Bretaña primero, Estados Unidos después). Viajan y se establecen en oriente pero representan a occidente. Creen simbolizar la cultura en medio de la incultura y la barbarie. En norteamérica los colonos metieron a los indios en las reservas, en sudáfrica los blancos crearon bantustanes y en Palestina los sionistas hicieron exactamente lo mismo.

Los imperialistas pueden seguir inventando los delitos que quieran. Pueden seguir emitiendo reportajes a mansalva sobre el holocausto. Quizá tapen la boca e intimiden en sus respectivos países. Quizá hayan logrado lavar el cerebro a más de uno y silenciar a otros cuantos. Pero no cabe duda de que ese castillo de naipes que es Israel se derrumbará inexorablemente porque un Estado no se puede sostener indefinidamente sobre el crimen organizado, por más que la ONU se empeñe en ello.

Huawei: los viejos capitalistas han perdido la partida tecnológica frente a los nuevos

El imperialismo ha desencadenado una furiosa campaña contra la multinacional china de telecomunicaciones Huawei. La hija del fundador de la empresa, Meng Wanzhou, fue detenida en Canadá por dos razones: violar las sanciones contra Irán y participar en actividades clandestinas de espionaje.

Además, un dirigente de la empresa también fue acusado de espionaje en Polonia (1) y el director financiero de la empresa fue detenido en Canadá a petición de Washington.

No hace falta ser un genio para deducir que tanto Canadá como Polonia actúan de marionetas cuyo hilos mueve Estados Unidos y que la diana no es la empresa sino China. Por eso los titulares de la propaganda dicen que la empresa -o su fundador- son cercanos al gobierno de Pekín. De ahí también las acusaciones de espionaje, que no sólo van contra los dirigentes de la empresa sino contra las propias mercancías que vende.

Huawei estaba a punto de comerse el mercado estadounidense de un bocado. Primero lo intentó con una alianza monopolista con ATT y luego en solitario, en medio de toda clase de zancadillas por los partidarios del “libre mercado”.

¿Hay pruebas de que Huawei espía? Naturalmente que tienen pruebas; lo que ocurre es que no nos las pueden mostrar porque son secretas. Pero haberlas haylas.

Lo que nos quieren hacer creer es que, a diferencia de otras marcas comerciales, como Samsung, por ejemplo, los móviles de Huawei espían a los usuarios. Dicho de otra forma: las grandes empresas de telecomunicaciones no son capaces de competir abiertamente con las chinas y tienen que recurrir a la guerra sucia, a los trucos y artimañas que fabrican en Washington y reproducen sus altavoces a lo largo y ancho de todo el mundo, desde la CNN hasta InfoLibre, que convierte las sospechas en certezas: “Huawei nos espía”, asegura (2).

Al imperialismo y sus medios de comunicación les preocupa nuestra intimidad, que no vigilen nuestros movimientos en internet, nuestras cuentas corrientes o nuestros “selfies”. Por eso lo más importante es seguir este buen consejo: “El FBI, la CIA y la NSA recomiendan no utilizar teléfonos Huawei por miedo al espionaje chino”, decía El Mundo el año pasado (3).

Cuando vayamos a comprar un móvil nunca debemos elegir Huawei. Cualquier otra marca preserva nuestra intimidad personal.

Nosotros siempre hacemos caso a las recomendaciones del FBI, la CIA y la NSA porque -puestos a elegir- preferimos a los de casa. Nos gusta que nos espíen los nuestros, los autóctonos, empezando por la policía municipal.

El viejo capitalismo occidental no puede alardear de nada; ha perdido la batalla. La alta tecnología ya es china. Huawei ya vende más teléfonos que Apple y, lo que es más importante, la empresa está avanzando en el desarrollo de la próxima generación de la red 5G, internet de las cosas, coches eléctricos sin conductor, pagos en el supermercado, descarga acelerada de películas guarras y todas las demás cosas que nos entusiasman a los consumidores compulsivos.

El capitalismo es así: tenemos unos teléfonos tan inteligentes que sirven para todo, excepto para hablar por teléfono.

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46853250
(2) https://www.infolibre.es/noticias/opinion/blogs/foro_milicia_democracia/2019/02/01/el_espionaje_huawei_91378_1861.html
(3) https://www.elmundo.es/tecnologia/2018/02/15/5a84880aca4741d6378b45af.html

Conspiración contra Venezuela: la gestación de un Golpe de Estado entre bastidores

Según los participantes en las negociaciones, la coalición de gobiernos latinoamericanos que se sumó rápidamente a Estados Unidos para reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, se reunió después de semanas de diplomacia secreta, incluyendo mensajes filtrados a los militantes y un viaje de alto riesgo al extranjero por parte del dirigente de la oposición que disputa el poder a Nicolás Maduro.

Según su aliado, el ex alcalde de Caracas en el exilio Antonio Ledezma, a mediados de diciembre, Guaidó viajó en secreto a Washington, Colombia y luego a Brasil para informar a los funcionarios de la estrategia de manifestaciones masivas de la oposición, coincidiendo con la ceremonia de investidura de Maduro para su segundo mandato el 10 de enero, a pesar de la amplia condena internacional.

Para salir de Venezuela, tuvo que cruzar en secreto la arriesgada frontera con Colombia para evitar a los funcionarios de inmigración que, a veces acosan a los representantes de la oposición en el aeropuerto y les impiden viajar al extranjero, dijo otro dirigente antigubernamental, que habló de forma anónima.

Crear consenso dentro de la fragmentada coalición antigubernamental fue una dura batalla. Durante años, la oposición ha estado dividida por el ego, la estrategia y la represión del gobierno, lo que ha llevado a varios dirigentes importantes al exilio y hace que los encuentros directos sean imposibles. Otras personalidades en Venezuela estaban bajo la estrecha vigilancia de los servicios de inteligencia, y todos tenían miedo de alertar al gobierno.

Las largas sesiones de escritura de mensajes SMS cifrados se convertieron en norma, dijo el dirigente de la oposición. Un funcionario estadounidense dijo que se han utilizado intermediarios para enviar mensajes al mentor político y opositor de Guaido, Leopoldo López, quien se encuentra bajo arresto domiciliario, tras un fallido intento de levantamiento masivo contra Maduro en 2014. El funcionario estadounidense habló anónimamente por razones de seguridad.

A pesar de que Guaidó aseguró que se declararía presidente interino en el mitin del 23 de enero, coincidiendo con el aniversario del Golpe de Estado de 1958 que puso fin a la dictadura militar venezolana, el suspense duró hasta horas antes de su anuncio, según un diplomático latinoamericano del Grupo de Lima que pidió el anonimato porque no se le permite hablar con los medios de comunicación. Algunas facciones moderadas han sido abandonadas o querían un planteamiento más moderado, temiendo que un movimiento audaz pudiera llevar a la oposición a un nuevo fracaso. Al final, estas diferencias se resolvieron internamente, sin discordia pública.

“Esta es la primera vez en al menos cinco años que la oposición ha demostrado su capacidad para converger de manera constructiva”, dijo un veterano funcionario canadiense hablando en forma anónima porque no se le permitió hacer declaraciones públicas.

La decisión de comprometer a Maduro directamente sólo fue posible gracias al fuerte apoyo del gobierno de Trump, que encabeza un coro predominantemente conservador de gobiernos latinoamericanos que inmediatamente reconocieron a Guaidó.

Esta no ha sido una hazaña fácil, comparable sólo recientemente a la forma en que el hemisferio en 1994 se unió a Jean Bertrand Aristide para devolverlo al poder en Haití después de su desalojo por un Golpe de Estado, dada la desconfianza de América Latina hacia Estados Unidos, como resultado de las intervenciones militares estadounidenses en la región durante la Guerra Fría. Igualmente impresionante es que el plan ha recibido el apoyo de ambos partidos y dos de los demócratas más influyentes del Senado, Dick Durbin y Bob Menéndez, quienes elogiaron el plan.

El momento decisivo fue el comentario del presidente Donald Trump en agosto de 2017, en las gradas de su club de golf de Nueva Jersey, de que una “opción militar” estaba sobre la mesa para hacer frente a la crisis venezolana.

En las semanas siguientes, el Sr. Trump condenó enérgicamente a Maduro en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, así como a sus discretos asistentes de prensa y a algunos dirigentes latinoamericanos por la invasión militar del país.

Como resultado, los países de la región se dieron cuenta de que tenían un socio en Estados Unidos que estaba listo para afrontar una crisis que había durado años, pero que los gobiernos estadounidenses anteriores habían decidido minimizar debido a sus limitadas implicaciones para la seguridad nacional, dijo Fernando Cutz, ex asesor principal del presidente Barack Obama y Trump sobre la seguridad nacional en América Latina.

Para algunos, particularmente para México, que está renegociando el TLCAN [Tratado de Libre Comercio], tomar una postura más agresiva es también una oportunidad para ejercer influencia en las relaciones bilaterales con el gobierno de Trump.

“Trump es personalmente responsable de muchos de estos problemas”, dijo Cutz, quien ahora trabaja para el Grupo Cohen, una firma consultora con sede en Washington. “En todos los intercambios que ha tenido con dirigentees latinoamericanos desde que llegó al poder, habla de Venezuela. Forzó un montón de manos”

El 4 de enero, un día antes de la toma de posesión del Sr. Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional, los ministros de Relaciones Exteriores de 13 países del Grupo de Lima, que no incluye a Estados Unidos, declararon que no reconocerían el segundo mandato de Maduro.

Esto provocó un gran revuelo en la Casa Blanca para asegurar que no se quedara atrás, dijo un ex funcionario y miembro del personal del Congreso de Estados Unidos que estaba en estrecho contacto con el Consejo de Seguridad Nacional. Ambos hablaron en forma anónima porque no se les permitió discutir la estrategia del Gobierno.

Canadá, miembro del Grupo de Lima, desempeñó un papel clave entre bastidores, y su Ministra de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland, se reunió con el Sr. Guaidó el día anterior a la ceremonia de inauguración de Maduro para ofrecer el apoyo de su gobierno si se enfrentaba al dirigente socialista, dijo el representante canadiense. Colombia, que comparte frontera con Venezuela y ha recibido a más de 2 millones de migrantes que huyen del caos económico, así como Perú y el nuevo presidente de la extrema derecha brasileña Jair Bolsonaro, también han estado activos.

https://www.apnews.com/d548c6a958ee4a1fb8479b242ddb82fd

Estados Unidos ya tiene casi todo el petróleo venezolano pero le falta controlar el mercado mundial

El discurso dominante en los medios de comunicación alternativos de que Washington quiere imponer un régimen títere en Venezuela para controlar el petróleo del país tiene poco sentido si se tiene en cuenta que ya compra el 41 por ciento del total de las exportaciones de la República Bolivariana, lo que significa que se debe dar una explicación más matizada.

Estados Unidos es el mayor cliente de Venezuela, mientras que Venezuela es el tercer mayor proveedor de crudo importado a Estados Unidos, por lo que Washington ya tiene lo que necesita de Caracas. Dada esta dinámica irónica entre los dos opositores geopolíticos e ideológicos, es de esperar que Estados Unidos tenga algún día acceso a los recursos de las mayores reservas de petróleo del mundo en la Franja del Orinoco, lo que contradice una vez más el discurso simplista de que Washington está librando una guerra sólo por el petróleo.

El control del petróleo venezolano es una de las razones de este conflicto, pero no en la forma en que se describe. Además de asegurar el pleno control geopolítico de la cuenca del Caribe, Estados Unidos quiere ganar una influencia predominante sobre Venezuela para integrarla en una estructura paralela de tipo OPEP que desafíe el acuerdo conjunto entre Rusia y Arabia saudí en la OPEP.

Estados Unidos quiere formar un cártel de los Países Exportadores de Petróleo del norte y el Sur de América (NASAPEC). Esta entidad podría ejercer una fuerte presión a largo plazo sobre el mercado internacional del petróleo a expensas de Rusia y Arabia saudí. Si a esto se añaden los planes de inversión conjunta de Estados Unidos y Qatar en gas natural licuado (GNL), es evidente que los imperialistas quieren controlar la industria energética mundial, lo que tendría consecuencias muy negativas para Rusia.

Rusia depende de sus exportaciones de energía para hacer avanzar sus intereses financieros y geopolíticos, lo cual resultaría más difícil -a pesar de su asociación de petróleo y gas con Arabia saudí e Irán respectivamente, que forman parte de la estrategia de equilibrio del país- si NASAPEC y su alianza GNL con Qatar en se convierten en un competidor.

El riesgo es que Rusia pierda muchos ingresos a largo plazo si Estados Unidos logra mantener bajos los precios del petróleo y el gas, lo que podría combinarse con el aumento de los costes asociados a la nueva carrera armamentista provocada por la retirada de Washington del Tratado INF para presionar a Moscú.

El legado final de Putin reside en su capacidad para cumplir las promesas que hizo a sus compatriotas durante su campaña de reelección el año pasado, incluso si todas ellas se basaban en el supuesto de que los futuros mercados del petróleo y el gas licuado permanecerían estables y en gran medida bajo control ruso, así como en el hecho de que el progreso de los misiles hipersónicos del país podrían impedir una nueva y costosa carrera de armamentos.

Las medidas energéticas y militares estadounidenses han disipado esos supuestos y podrían poner en peligro los planes cuidadosamente preparados por el dirigente ruso para mejorar las condiciones de vida de todos sus compatriotas, en particular de la mayoría de la población que vive fuera de sus ciudades más desarrolladas de Moscú y San Petersburgo, aunque, por el momento, el peor de los escenarios aún está lejos de ser seguro, a la espera del resultado de la crisis en Venezuela, lo que explica por qué en Moscú están tan interesados en actuar como intermediarios entre el gobierno de Maduro y los golpistas.

https://eurasiafuture.com/2019/01/26/why-would-the-us-want-venezuelas-oil-when-it-already-buys-41-of-its-total-exports/

El historial de relaciones de Baltasar Garzón con la oposición venezolana y el paramilitarismo (I)

Garzón y Rajoy durante su romance en la lucha antiterrorista
Diego Herchhoren 

El diario español Publico ha difundido una información de la periodista Patricia López que parece que no ha tenido el eco y la trascendencia debida: los vínculos del ex juez Baltasar Garzón con la oposición venezolana y su papel de interlocutor para favorecer un alzamiento militar contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro Moros.

Este dato, cuya fuente proviene según la autora del Centro Nacional de Inteligencia español (CNI), es otro episodio más de una agenda política que, desde hace más de una década, vincula al juez estrella con lo más negro del paramilitarismo y los grupos de oposición en Venezuela promovidos por la política exterior de EEUU en el continente. 
En el caso colombiano, Garzón es el protagonista del libro Nos matan y no es noticia, de los periodistas Ricardo Ferrer Espinosa y Nelson Javier Restrepo Arango que hace un duro examen de quien ahora aparece como apoderado de los capos venezolanos huidos a quien España da cobijo para operar contra Maduro.
En su prólogo, achacan a Garzón una «siniestra y exitosa normalización del paramilitarismo» que está representada en al menos tres actos concluyentes: cuando ha aconsejado al gobierno de Álvaro Uribe sobre la toma de medidas represivas, como la incomunicación -y en consecuencia, la tortura-, así como la flexibilidad con los miembros del paramilitarismo, a un régimen genocida que las aplica contra el movimiento popular; cuando, pagados por el Banco Santander, ha organizado encuentros de acreditación de Álvaro Uribe Vélez como demócrata, avalando su política de seguridad y derechos humanos (certificación realizada, por ejemplo, en Nueva York el 15 de diciembre de 2005 al lado de otro criminal como Henry Kissinger o de impresentables como Ernesto Zedillo de México y el ex presidente Felipe González,); y cuando ha empleado, junto con otros jueces españoles, instrucciones y consignas recibidas de organismos de inteligencia implicados en crímenes internacionales, para acusar injustamente en España a activistas por la paz y los derechos humanos vinculados con la izquierda colombiana (2008-2010), así como al Gobierno de Venezuela.

Garzón y la colaboración con el paramilitarismo en Colombia

En el año 2003 se da el pistoletazo de salida a una operación que el periodista Oriol Malló (víctima de torturas en una detención ordenada por Garzón previo a las Olimpiadas de Barcelona 92) describió en su libro El cártel español. En ella se hace un repaso a toda la historia del intervencionismo de las grandes multinacionales españolas a lo largo del Siglo XX latinoamericano, y se detiene en un episodio infame silenciado por los aduladores del ex juez.

Garzón, Kissinger, Uribe y Felipe González en 2005

Corría el inicio del s.XXI cuando Álvaro Uribe Vélez accedía a la Presidencia de Colombia con la promesa de acabar con la guerrilla. Empresas españolas interesadas en las áreas estratégicas del país latinoamericano veían con preocupación la actividad revolucionaria de las FARC y el ELN, puesto que tenían intereses contrapuestos a estas organizaciones armadas y, para asegurar la inversión, necesitaban de un fuerte compromiso estatal en acabar con ellas sea como sea.

Al año siguiente, Garzón y el ex Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional española Javier Zaragoza desembarcaban en Colombia para dar respaldo y asesoramiento a la iniciativa del uribismo «Proyecto de Estatuto Antiterrorista«, que establecía medidas de aislamiento de los detenidos relacionados con el conflicto colombiano y que fue muy criticado por Naciones Unidas y la OEA por atentar contra derechos civiles consagrados. No obstante, Garzón y Zaragoza insistieron en ese entonces ante los legisladores del uribismo que ese era «un proyecto de mínimos» ya que según ellos, la lucha antiterrorista debía ser «realista».  La Ley de Justicia y Paz que tanto elogió Garzón fue calificada como una «ley de impunidad» del paramilitarismo, entre otros, por Michael Fruhling, vocero de Naciones Unidas sobre el conflicto.

Paramilitares: de sicarios a vigilantes de seguridad gracias a Garzón


¿Por qué de impunidad?, porque su aplicación a la desmovilización de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), principal organización paramilitar del país, se basaba en que sus componentes, al reconocer sus delitos, pasarían a formar parte de las empresas de seguridad que protegerían los intereses españoles formados por Gas Natural, Banco Santander o el Canal de Isabel II entre otros. Es lo que los imperialistas de los derechos humanos llaman «justicia transicional», la misma que en España sirvió para consagrar la impunidad del franquismo y que se extiende hasta hoy.

El asesoramiento de Garzón y Zaragoza en esta ley de impunidad fue tan exitoso, que en 2005 el entonces rey Juan Carlos I otorgaría personalmente a Uribe la Orden de Isabel la Católica con el fin de «premiar la lealtad acrisolada y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de aquellos territorios«. Garzón incluso llegó a criticar la extradición a EEUU de varios dirigentes del paramilitarismo por narcotráfico ya que, a su juicio, eran un «obstáculo a la paz».

Varias organizaciones firmaron en 2012 una carta abierta al entonces presidente de Colombia Juan Manuel Santos afirmando que «Nos duele que haya sido Baltasar Garzón quién haya avalado en un primer momento el proceso de reingeniería paramilitar, llamado desmovilización, por la seguridad democrática de Álvaro Uribe Vélez, afirmando que era un modelo de justicia.»

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