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El imperialismo sigue lanzado por la vía de la provocación

El éxito cosechado por Charlie Hebdo ha creado escuela. Una revista sin gracia alguna que estaba a punto de cerrar, ha sido relanzada a los cuatro vientos con siete millones de ventas en la edición de la semana pasada y dinero sin límite para seguir con más de lo mismo: la provocación.

Al imperialismo le ha dado por los chistes. Ahora le toca el turno a otra revista, Fluido Glacial, que también hace gala de muy malos humores hacia el “peligro amarillo”, como se titula su última portada, en la que aparece un francés con traje tirando de una bici-taxi en la que van cómodamente sentados un chino junto a una rubia.

Los imperialistas de traje y corbata han nacido para dominar, para sentarse y que sean los “amarillos” los que tengan que sudar empujando la bici.

El diario Global Times, una marca británica del monopolio chino de prensa Renmin Ribao, ha protestado en un editorial calificando la caricatura de “indecencia”, por lo que hay que esperar reacciones por parte del gobierno chino, que no tiene el mismo sentido del humor que los imperialistas franceses y al que este tipo de “indecencias” no le gustan nada. “No todos tienen buen carácter”, avisa el Global Times.

Los chinos tratan de calmarse. En otro editorial el diario chino Huanqiu Shibao minimiza la ofensa. Concede la palabra a Hu Ronghua, subdirector del Centro de Investigaciones sobre cuestiones europeas de la Universidad de Fudan, en Shanghai: “Esta representación de los chinos considerados como el ‘peligro amarillo’ es muy desagradable, pero no representa el punto de vista de los franceses”. El profesor universitario confía en que los chinos reaccionen con calma a esta nueva provocación.

La postura de Huanqiu Shibao, un diario nacionalista muy agresivo, es un indicio de que por esta vez al menos China quiere reconducir el ataque por las vías subterráneas y diplomáticas que acostumbra. Veremos lo que les dura su proverbial paciencia.

Hablando en cristiano

Nicolás Bianchi

No, Ronaldo, CR, no. Hablaremos de otros señores más cincunspectos. Y que hablan claro y sencillo y muy llanamente, como podrá verse si se tiene a bien continuar la lectura de estas modestísimas líneas.

El señor don Sinalagmático propuso que se ejerciera el Derecho de Autodeterminación como elemento básico de los Izquierdos Humanos. Don Perifrástico dijo que, ejem, no están los tiempos sino para sugerir -y no exigir- de manera responsable el Derecho a la Autodetermina. Por su parte, don Suceso Estocástico, mucho más realista -así decía-, habló del Derecho a la Autodeter. Hummm, se dijo caviloso don Cibernético, no sé, no sé, ¿y qué tal el Derecho a la Autode? Es posible, contestó don Entrópico, en política y en democracia todo es posible, como se sabe, pero lo viable, hoy por hoy, es solicitar el Derecho a la Auto. Sí, es lo más plausible, dijeron de consuno los señores Antanaclasis, don Anadiplosis y míster Anacoluto, conocidos como la «Triple A». Y punto, remacharon, mientras Monsieur Probóscide asentía con la trompa.

Cambiando de tema, el griego Domenikhós Torturíkides presentó un posible caso denunciado de torturas en el Reino de España (y no de corrupción como podría pensarse estos días pues no gustaban discutir de lo obvio). El señor don Nanogramo, jurista eminente, mostró sus dudas pirrónicas en pretérito perfecto, es decir, ¿he habido, has habido o ha habido? Serio y bizarro se puso don Norandrosterona, jurisperito reputado, para preguntarse en pretérito pluscuamperfecto si ¿había habido, habías habido o había habiendo habido? Del verbo haber, va de suyo, es casi un pleonasmo. Solemne se mostró don Hematocrito para inquirir, jitanjáfora mediante, y a saber lo que es eso, en pretérito anterior, si hube habido, hubiste habido o hubo habido. Y agregó con solvencia: ¿hubiendo habido hubo de haber habiendo habido o habiendo de haber hubo lo que hubo de haber habido? Aquí está el quid y hasta el quiddam, sentenció satisfecho. Todavía más escolástico, en plan de futuros contingentes, el musculoso y viril don Testosterona, que fuera lanzador de martillo en su época universitaria, usando futuro perfecto, diagnosticó un ¿habré habido, habrías habido o habrá habido? Por último, que ya está bien, el doctor en Derecho don Nomenclátor Arroba Punto Com, se expresó en subjuntivo ante el asombro y pasmo del foro y en pretérito pluscuamputrefacto, que diría el gran Augusto Monterroso, de esta manera y no de otra, lean: ¿hubiera o hubiese habido, hubieras o hubieses habido o qué coño hubiere o hubiese habido?

En resumen: ¿hubo de haber lo que habiendo habido habría habido de haber habido lo que hubo si lo hubo lo que hubiera habido, einnn? ¿De qué tratamos?, preguntó el británico míster Trending Topic. De un presunto caso de torturas, le respondieron.

Luego de frugal refectorio, para recobrar fuerzas después de tanto esfuerzo intelectual sobrehumano, se pasó a la conjugación en el Monasterio de San Esteban de Salamanca del escurridizo verbo SER, adornado con divertidos zéjeles y más discutidos zeugmas. Ciertamente emotivas y edificantes jornadas.

Una de deportes

Nicolás Bianchi

Buenos días, esto es el Telediario de las tres de la tarde (¡) y abrimos dando paso a nuestro corresponsal en Düsseldorf, Alemania, para que informe sobre la rabiosa actualidad que más acucia a los españoles, a ver, Pepito Trola, ¿me recibes?, sí, ahora sí, puto retorno, dínos, ¿cuántas tuercas ha fabricado hoy el trabajador español Pepe Luis en la empresa Benz? ¡1.500 tuercas! Extraordinario, de Guiness, eso demuestra que nuestros obreros son los mejores del mundo mundial haciendo tuercas, de nota y para sacar pecho. Y no como los baloncestistas españoles (catalanes, en realidad) que juegan en la NBA para forrarse y llevárselo crudo.

Conectamos ahora, cuando son las tres y pico, una hora menos en Canarias (se dice una hora ANTES porque, que sepamos, en Canarias no se viven 23 horas), con Finlandia porque queremos saber, y así lo demanda nuestra ansiosa audiencia, cuántos tornillos ha hecho por hora durante ocho horas (en Canarias serían siete, allí la gente se muere una hora antes, gente educada) nuestro compatriota Pepe Domingo, adelante, te escuchamos, alégranos el día, sorpréndenos… ¡Cómorrr! ¡500 tornillos por hora! ¡Increíble! Eso es hacer patria y españolear enseñoreándose por esos mundos de dios, ele, arsa, ojú, arte, viva la madre que nos parió y lo demás es envidia puñetera, digooo. Pero no se crean, amigos televidentes, que nos olvidamos de nuestras lindas mujeres trabajadoras españolas, no somos machistas en este canal, aunque, a fuer de sinceros, tienen los mejores culos y tetas del orbe equinoccial y espectral y latitudinario, sin mencionar, somos gente modesta, que cuando una española besa, besa de cojones, o sea, de verdad, o sea, mirusté.

A ver, sí, te recibo, cuéntanos, ¿cuántos ladrillos ha puesto al minuto la albañil Felisa Pérez? ¿Trescientos, dices? Impresionante, otro récord. ¡Eso es trabajar y españolear y no tocarse el comino, dicho sea con perdón, pero, entiéndanos, la emoción nos embarga, permita el televidente esta licencia grosera que, seguro, nos perdonará contagiado de estos desmayos y deliquios transverberantes y sinalagmáticos.

Son ya las tres y veinte y conectamos con Moenchengladbach según se mira a la izquierda y donde al fondo hay sitio siempre que no empujes, ¿sí?, queríamos saber cuantas veces ha utilizado el productor u operario (los obreros ya no existen) Pepe Coitao, la llave alen y, ya puestos, si ha echado (sin hache, sí) mano de la broca del 10 o, haciendo alarde como cumple en un gallardo español, de la llave estrella, estamos intrigados, la verdad… ¡Cómorrrrr! ¡Qué me dices! ¡Que se ha vestido de torero y, enfundándose la roja, ha prescindido de esos utensilios y aparejos y lo ha hecho todo a pelo y a martillazo limpio y cabezazos? Olé, olé y otra vez olé, vivan tus cojones, y viva Franco y arriba Gpaña y vivan los cuatro puntos cardinales de mi Gpaña, Rusia es culpable, Gibraltar español, cagondios!

Y ahora, amigos, pasamos a los Deportes, pero ¿a quién le importan las hazañas de nuestros viriles deportistas en la NBA, los Gasol y cía, Nadales y Alonsos? Nosotros estamos con la clase obrera, como se puede ver a lo largo de este informativo. Así son las cosas y así les hemos informado. Buenas tardes y que os den…

Kyrie Eleison

Nicolás Bianchi

Nací y crecí bajo dos polos: el yo y el Absoluto. Mi búsqueda de lo Último no era una especulación filosófica ni científica sino una liberación y una autorrealización, una religión, un nirvana tras sucesivas metempsicosis y karmas. Al principio, invocaba muchos dioses pero en especial a uno por encima del resto, una suerte de henoteísmo védico, un Absconditum. Ni mitos ni leyendas, ni animismos ni primordiales: lo Último dizque Lo Más de lo Más. Un cristiano diría: la Hostia Bendita.

El Último Principio es absoluto misterio. No es comprensible ni se compadece con las categorías humanas. Ve pero no es visto. Conoce, pero es incognoscible. Está más allá de todo ser empírico.Es la verdadera realidad de todo ser. El resto es sólo un fenómeno subjetivo de Él. Es el principio cósmico y antrópico que llena el universo y pluriverso. Los católicos dirían: el Pantócrator o teofágicas eucaristías.

Los que creemos fanáticamente en ÉL, es decir, LO MÁS DE LO MÁS, el non plus ultra, el finisterre místico, los que libamos el soma iniciático, también practicamos oraciones y doxologías contemplativas, como si nos guiáramos por Upanishad leídos por gurús y yoghis con sus mantras y hare krishnas, hare, hare, rama hare…

Meditamos sobremanera luego de años de contemplación, oración y renuncia al mundo y sus vanidades. Como el santo Antonio en el desierto egipcio o Simón el Estilita, moda que hizo que el desierto –morada de peligros y demonios que vivían tranquilamente- se poblara de eremitas como hoy el Everest está lleno de alpinistas aficionados para sacarse una foto restando emoción y mérito a la proeza. Yo no. Yo me llamo Jeremías que viene del griego “Jeremian”: soledad, llanto, devoción.

Los, vale decir, mandamientos de lo ÚLTIMO ULTIMÍSIMO, lo ulterior y transmundano y sobrenatural, se condensa en estas tesis (que no son de Feuerbach, precisamente): ÉL es el yo y la conciencia pura. ÉL es el fundamento y la base del mundo. ÉL transciende todo nombre y forma visible. ÉL es el centro de unidad y es omnipotente. ÉL es no-dualista en su autoconciencia. ÉL es la esencia de todas las cosas. ÉL es el valor supremo. ÉL es alcanzable sólo místicamente. ÉL está más allá de toda definición y categoría humana. Y, por último y décimo, ÉL es el origen creador, sustentador y controlador de todas las cosas. Estos preceptos se resumen en uno solo, a saber: ÉL es la HOSTIA. Y no decimos “ELLA” porque hasta las Bernardas Albas de este país están a su servicio.

Como epopte de ÉL, capitidisminuido, mi “yo” es espástico y estocástico, apofántico y antífono, apocatástico y anagnórico, paroxístico y apocalíptico (sobre todo para los no integrados y ni ganas). ¿Y quién es ÉL? ¿A qué dedica su tiempo libre? ÉL es el ESTADO DE DERECHO “sub specie aeternitatis”. ¿De qué pensaban que hablaba? ¿De la FIFA?

¡Policías! ¡Vuestro sitio está en ‘Podemos’!

Juan Manuel Olarieta

Hace sólo dos años Pablo Iglesias era muy radical. Seguía siendo un payaso, lo mismo que ahora, pero muy radical, casi de extrema izquierda, como dice la caverna. El 14 de noviembre ante las cámaras de televisión calificó a los policías de matones. Entonces aún le quedaba mucho para trepar hasta donde está ahora. No era diputado sino sólo el presentador del programa de televisión La Tuerka, que es tanto como decir la segunda división del famoseo político.

Iglesias se refería a la detención de una colaboradora de su programa durante la huelga general. Entonces decía cosas como ésta: «A los que gobiernan este país les huelen los pies a franquismo y a muchos policías se les debería caer la cara de vergüenza cuando en lugar de proteger a la gente se convierten en matones al servicio de los ricos».

Al año siguiente ya había ascendido en su fulgurante carrera como estrella de la televisión, pero seguía siendo el mismo payaso radical, casi de extrema izquierda, como dice la caverna. En julio de 2013 en el programa «Te vas a enterar» de Cuatro, calificó a los antidisturbios como «pistoleros uniformados cometiendo delitos ante las cámaras» y «dando palizas». El motivo era que aquellos pitoleros uniformados habían cargado contra una manifestación en protesta por los planes de Sanidad sobre reproducción asistida.

En unos pocos meses las cosas han cambiado mucho. A la policía se le ha caído la cara de vergüenza, o por lo menos la careta. Ya no son matones ni pistoleros uniformados. Iglesias ha podido conocerles mejor y, por fin, ahora puede opinar con pleno conocimiento de causa. Conclusión: no se puede hablar en esos términos de la misma manera que antes.

En este país a la hora de lanzar acusaciones contra la policía la gente tiene la manía de generalizar, y es un error. Durante un acto público celebrado el miércoles en Bruselas Iglesias manifestó que «hay policías que quieren poner grilletes a banqueros y corruptos». Lo mismo repitió en su blog: «A la policía no se le paga para que piense, sino para que obedezca. Es indudable que habrá policías crueles que disfruten pegando y policías de extrema derecha encantados de cargar contra gente de izquierdas, pero también es indudable que habrá agentes demócratas y sensibles que preferirían detener a banqueros antes que a la gente que protesta».

No se puede meter a todos los policías en el mismo saco. Es verdad que hay policías de extrema derecha que son, a la vez, unos sádicos que tienen orgasmos múltiples cada vez que agarran la porra con la mano. Pero no todos son así. También los hay sensibles, que son tan demócratas y de izquierdas como los de «Podemos». ¿Os acordáis de aquello del poli bueno y el poli malo? Pues de eso se trata. Como en todas partes, en la policía hay de todo porque, aunque no lo parezca, los policías también son seres humanos. Tienen su corazoncito.

Por eso mismo ayer «Podemos» se dirigió a la policía animándoles a sumarse a su proyecto político, al que califican de «regenerador», al estilo de Joaquín Costa, como si aún estuviéramos en 1900. Por lo menos a mí no me caben dudas de que el mejor lugar para la policía está en «Podemos».

Según estos campeones del famoseo político, «cuando la policía se convierte en guardaespaldas de los poderosos en lugar de en protectores de los ciudadanos es que nuestra democracia tiene un serio problema». Los de «Podemos» conocen bien a la policía, por lo que en su comunicado repiten los mismos consejos sabios de Iglesias: «A muchos de ellos también les gustaría poner las esposas a los políticos y banqueros corruptos en vez de tener que seguir sus órdenes y arrestar a quienes denunciamos esta situación. Hagámoslo posible. ¡Podemos!»

Pero me parece que esto es una contradicción que no acabo de entender: si a los policías no les pagan para que piensen, ¿por qué piensan?, ¿acaso piensan gratis?, ¿piensan por su cuenta?, ¿piensan diferente de quienes les pagan? Es más: ¿cómo podemos saber si los policías piensan realmente?, ¿acaso «Podemos» no sabe sino que sólo lo sospecha, es decir, que «Podemos» funciona igual que la policía, por meras sospechas?

(Al Excelentísimo Señor Fiscal: quien ha llamado matones y pistoleros a los policías ha sido Pablo Iglesias, no yo, que en este artículo me he limitado a reproducir sus palabras. Si quiere meter a alguien a la cárcel, métale a él, joder, que siempre nos toca a los mismos. ¿O hay que salir por la tele para tener carta blanca?)

Alegoría del transistor

Nicolás Bianchi

En la cancha once contra once disputaban el control del cuero. En las gradas miles de golas permanecian mudas, golletes sin emoción por algún lance del juego, insensibles, ningún aplauso por ese caño meritorio o dribbling plausible del rival. Tampoco, qué menos, abucheo al árbitro que pitó, erróneamente, orsay. Nada. La masa, el público, no rugía. Sólo veía o miraba –que lo aclare Heisenberg- el frufrú del juego. Y, ya se dijo, sin pasmo, sin filosofía, sin asombro. Ningún cántico o sonido, nada. Sólo el garrir de un loro, el humo de los cigarros y el reflejo del sol en el anillo dorado de una bella mujer ajena al partido de fútbol. Hubo chutazo, misil, obús, del volante zurdo que astilló el travesaño y entró unas pulgadas en el útero de la portería, pero el trencilla no lo vio o no lo quiso ver. Un gol-fantasma, como los gobiernos. En los anfiteatros y vomitorios ni protesta ni vehemencia, sólo el segundo principio de la termodinámica, calma entrópica (o neguentrópica). Los jugadores perjudicados no hicieron aspaviento y el juego –que es de lo que se trata- continuó. Sólo volutas de vegueros y tabacos que dibujaban extrañas formas y pompas en el aire de De Chirico que, fantásticas, desaparecían con un tenue ábrego. Sólo en el palco, las élites gesticulaban en soledades sonoras y otros oximorones clamorosos. Gente concienciada. En las barras bravas, robots sin alma. Sólo humo, mucho humo (sense of smoke, not sense of humour). Y soma, abundante soma, el nepenta de A.Huxley. No había pueblo ni nervio, sólo público sociológico abúlico. No había “raza” ni volkisch salvo en el palco de autoridades que, incluso, se contagiaron con tanta desidia y bostezaron. Se justificó la acidia porque hubo gol y nadie festejó. Ni dios, como dice el vulgo. ¿Hubo motivo? No, claro que no. El gol es un orgasmo, un nirvana, pero la gente, el pueblo, el público estaba somatizado, como drogado. Sólo exhalaba humo con los ojos fijos en el campo de juego, moviendo la cabeza como partida de ping-pong. El Stadium, el templo del siglo moderno, la última belleza catártica y sublime arquitectónica de la “arquitextura”, antes del armagedón, alberga las ruinas físicas adiaforéticas y epicenas del homo faber, indiferentes y apáticas. En medio de guerras locales y focales, hambrunas inmisericordes, ni siquiera el deporte-rey, el fútbol, logra despertar a las adormecidas masas y sacarlas del sopor. Pero hubo milagro.

De pronto, en la modorra, se oyó una voz metálica. Procedía de un transistor encendido por un cadáver (se entiende que antes de serlo). Era la voz estentórea de un locutor desatado que, en el páramo, ululaba: “soy español, español, español”. Súbito, el velo del templo se rasgó, los muertos resucitaron y volvieron los amaneceres refulgentes al grito de “a por ellos” y el “viva España”. Volvía, por fin, la alegría de vivir y el derecho a la vida y búscate la vida. Todo gracias a un locutor mediático. El país pareció reanimarse… No sabíamos lo que éramos pero ahora sí lo sabemos gracias a esta estirpe de novela de caballerías que Cervantes pensó que ridiculizó.

Osho apellido vajcoh

Nicolás Bianchi
La película de Emilio Martínez-Lázaro, «Ocho apellidos vascos», arrasa en las taquillas como panal de rica miel. Se trata, o esa es la pretensión inicial, de una comedia romántica de costumbres, por lo tanto, como si Mesonero Romanos o Estébanez Calderón o los hermanos Quintero fuera el autor, trufada de tópicos, clichés y estereotipos: un señorito andaluz (sevillano, para más señas) que se enamora perdidamente (gancho para el público adolescente) de una «vasquita» abertzale pelín borde, díscola y harto antipática, pero no hasta el extremo -aquí los guionistas vascos tuvieron que hilar fino para no epatar la clientela jatorra- de parecer odiosa al espectador.
Las comedias se hacen con el fin primordial de hacer reír al espectador. Igual que ese era el objetivo de las sagas de Paco Martínez Soria o el «landismo» o el «destape» en los años setenta del siglo pasado: también el público se partía la caja… y nada más. ¿Nada más? No. Detrás de la supuesta intranscendencia de esos inocuos largometrajes se escondía, con mayor o menor sutilidad subliminal, uno o varios mensajes sociopolíticos en forma de moralinas y corolarios que justificaran y reforzaran pivotes y fundamentos de los aparatos ideológicos de la clase dominante, es decir, del orden establecido: la familia, la religión, las buenas costumbres, la hombría de bien, la española cuando besa… en definitiva, el casticismo, el costumbrismo, el que inventen ellos.
Eran, se supone, comedias que hoy no resisten el paso del tiempo, el crítico más implacable. Se hacían desde el poder y para refrendar el sistema, palabra actualmente muy en boga (y la contraria: antisistema). Las comedias, históricamente, raramente se han hecho contra el poder establecido, pero sí contra una determinada clase social o casta o estamento o tribu urbana a la que se satiriza. «Ocho apellidos vascos», desde luego, no está hecha -ni probablemente lo pretende- para criticar el poder. Presenta unos personajes como hipotipos que tratan de reflejar, de alguna forma, segmentos sociales de los cuales una de dos: o nos reímos o no nos reímos. Si nos reímos puede ser porque, ora nos vemos reflejados en los personajes y sabemos -así le dicen- «reírnos de nosotros mismos», con lo cual, al parecer, se demuestra alto grado de inteligencia, ora bien, porque nos reímos distanciadamente, sin espasmos, de unos personajes que no nos conciernen. Pero ambos se ríen. Y si no nos reímos -porque, recuerdo, se trata de reírse y nada más como desiderátum-, es porque, o bien, somos secos y adustos como una tiza, unos amargados que-no-saben-reírse-de-sí-mismos, o bien porque -deformación profesional- vemos (perversamente) que detrás hay gato encerrado -deformación conspiranoica-.
¿Y si ni una ni otra «deformación» y sólo se trata de pura distracción? Es posible, pero ¿quién se ríe, en última instancia, de quién? Hacer risas, casi ridiculizándolo forzando el acento vasco, que, en sí mismo, tiene una potente carga graciosa y/o cómica, pero, como todo, depende del según y cómo de la intención con que se haga, consciente o inconscientemente, sin baba o con mala baba y, sobre todo, cómo se percibe, crítica o acríticamente, arduas cuestiones, del mundo abertzale desde el sistema no es precisamente ejercer de Aristófanes que no dejaba títere con cabeza. No hay ese ánimo. Sólo hay risas… y nada más, ya se ha dicho (y taquilla).
Ni siquiera se inspira en el Libro Segundo de la Poética de Aristóteles que trata de la comedia ácida, la que corroía -previsiblemente- el basamento del poder que tan celosamente custodiaba el ciego Jorge de Burgos (trasunto de Borges) en la Biblioteca -el scriptorium- de la abadía de «El nombre de la rosa» de Umberto Eco.
Pero para que vean lo «liberales» que somos en este blog, pasen, vean y juzguen el film.

El imperialismo francés se queda sin presupuesto

El imperialismo no es sólo la fase superior del capitalismo, sino muchas otras cosas que Lenin no tuvo en cuenta, a pesar de que tienen su importancia. Por ejemplo, si envías a un ejército de mercenarios a invadir un remoto país africano, hay que pagarles dietas por desplazamiento y pluses de peligrosidad porque de lo contrario la moral de las tropas se resiente.

Es lo que les ha ocurrido esta semana a los 1.500 pistoleros franceses que invadieron la República Centroafricana. A primeros de mes llegó el momento del cobro y no les han pagado las dietas y pluses prometidos, y lo que es aún peor: el alto mando colonial ha reconocido que, en menos de un par de horas, el impago ya está afectando al estado de ánimo de la Legión Extranjera y es muy posible que a causa de ello disparen con desgana, como en los chistes de Gila.

En su momento el socialista Hollande dijo que la expedición colonial no era tal sino una operación humanitaria que tenía por objeto velar por el respeto a los derechos humanos en África central, así que no me explico cómo es posible que la soldadesca se haya venido abajo tan pronto. ¿Es posible que sólo se apuntaran a la aventura por la paga? ¿No les motivaban de manera suficiente las altas razones humanitarias?

Tenemos más dudas. ¿Está el imperialismo francés sujeto también a recortes presupuestarios? ¿Ha quebrado su ejército? Nada de eso. El Alto Estado Mayor dice que se trata de un fallo informático en el programa «Louvois» que tramita las nóminas. Está anticuado. Lo tendrían que haber cambiado hace tres años, pero se les ha debido olvidar, o no les llega por culpa de los recortes.

El caso es que por una u otra vía llegamos siempre al mismo punto: los recortes del gasto público. ¿Se acabará el imperialismo francés por falta de presupuesto? ¿Podrán llenar el depósito de los helicópteros? Los 1.500 mercenarios franceses ¿esperarán a que el ejército cambie el programa informático o llevarán el asunto a magistratura?

Pero el problema no es sólo Francia. En diciembre 28 países europeos se comprometieron con urgencia a llevar un contingente de tropas, llamado Eufor, a la República Centroafricana. Se trataba de respaldar a Francia, que ya tiene tropas sobre el terreno, es decir, de demostrar que el operativo imperialista era cosa de todos.

La urgencia europea se ha quedado en nada; han ido dando largas y Francia sigue sola en África. Las promesas se han ido rebajando. De los 1.000 mercenarios han pasado a la mitad. Del despliegue ya sólo queda un acantonamiento en la capital y la posible escolta de algunos convoyes de ayuda. Los 40 millones de euros de presupuesto se han reducido a 26. El martes en una reunión en Bruselas rechazaron un presupuesto de 3,7 millones de euros para construir un barracón donde alojar al cuerpo expedicionario.

No se puede ser imperialista contando sólo con la calderilla.

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