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La podredumbre sindical de UGT vuelve a salir a la luz

José Ángel Fernández Villa
En 2012 el dirigente de la UGT asturiana José Ángel Fernández Villa regularizó ante Hacienda un patrimonio de 1,2 millones de euros, según informó el diario El Comercio de Avilés (1).

El dirigente de UGT, que al mismo tiempo era confidente de la policía desde los tiempos franquistas, utilizó al sindicato como pantalla para lucrarse, valiéndose de la opacidad fiscal para desviar fondos.

Un juzgado acusa al sindicalista de blanqueo de capitales, malversación de fondos públicos y apropiación indebida.

La empresa minera Hunosa pagó 541.057 euros a Fernández Villa de manera encubierta, bien mediante el cobro de cheques (243.462 euros, durante el periodo 1989 y 2001) o a través de transferencias a las cuentas del SOMA-UGT (297.594 euros, desde 2001 hasta 2012).

Hasta 2011 Fernández Villa encargaba a sus dos secretarias personales que cobrasen los cheques emitidos a su nombre por parte de Hunosa para el pago de dietas a los miembros del comité intercentros, alegando que esos talones formaban parte de sus salarios y sugiriéndolas “discreción” durante el cobro.

Sobre el sindicalista pesan graves acusaciones. Su mano derecha era el constructor José Antonio Postigo, a quien colocó al frente del Montepío de la Minería. Otro constructor, Juan Antonio Fernández, construía entonces una obra faraónica: el geriátrico de UGT en Felechosa a costa del dinero (31 millones de euros) de los trabajadores de las minas.

El geriátrico fue una obra ruinosa, otra más. Nunca tuvo una ocupación que lo rentabilizara, a pesar de la campaña de promoción que llegó a apoyar con su presencia en una visita oficial el actual rey Felipe VI. La bancarrota del geriátrico acabó vaciando los fondos del Montepío minero (2).

Durante el franquismo, para ejercer su labor de chivato, Fernández Villa se relacionó con la CNT y las Comunas Revolucionarias de Acción Sindicalista, un colectivo presente en Langreo y Gijón.

Fue senador por el PSOE entre 1999 y 2003. El 13 de octubre de 2009 fue condecorado por el Ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, con la Medalla del Mérito en el Trabajo.

(1) http://www.elcomercio.es/politica/201603/03/guardia-civil-concluye-villa-20160303092121.html
(2) http://www.atlanticaxxii.com/2977/se-buscan-colaboradores-necesarios-de-villa

Los documentos originales de la Internacional Comunista en internet

El año pasado los archivos de la Internacional Comunista, fundada en 1919 y disuelta 1943, fueron abiertos al público en versión electrónica por el Archivo Público de Historia Social y Política de Rusia (AEHSPR) de Moscú.

Se pueden consultar en este enlace:

http://sovdoc.rusarchives.ru/

Los materiales escaneados y divulgados en la web equivalen a cerca del 10 por ciento del conjunto de documentos de la Internacional Comunista. El material digitalizado supone cerca de 89 colecciones (de un total de 500) y más de 1,5 millones de documentos.

La versión digital del archivo culmina cerca de una década de trabajo realizado bajo los auspicios del Consejo de Europa y el Consejo Internacional de Archivos. En el proyecto participaban también otros archivos internacionales, entre ellos de España, Italia, Francia, Suiza, Alemania y la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

La digitalización de nuevos materiales depende de la obtención de recursos financieros para ello, afirmó Svetlana Rosenthal, subdirectora de departamento de trabajo científico en el AEHSPR y responsable de temas de movimiento obrero. El equivalente a 10 colecciones de documentos de la Internacional Comunista tienen todavía carácter secreto, aunque se trabaja en su desclasificación, afirmó la investigadora.

Con motivo del lanzamiento del archivo digital se celebró en el AEHSPR una exposición en la que hay correspondencia de los dirigentes políticos, incluido Stalin, carteles, fotografías (también de la guerra de España y las Brigadas Internacionales), todo ello en versión original.

David Leitch, el director del Consejo Internacional de Archivos, consideró que la digitalización de los archivos de la Internacional Comunista es una muestra de lo que puede conseguir la cooperación internacional y un éxito habido cuenta el enorme volumen y diversidad lingüística de los materiales. La digitalización realizada hasta ahora ha costado un millón de dólares y el acceso a los fondos es libre y gratuito. Antes, los investigadores podían consultarlos en la sala de lectura del AEHSPR.

El AEHSPR, que dirige el historiador Andrei Sorokin, ha divulgado también en la web los documentos personales de Stalin así como la documentación del Politburó del Partido Comunista de la URSS. Asimismo, están accesibles los documentos de las Brigadas Internacionales que lucharon en la Guerra Civil.

La huelga general en Amsterdam en 1941 contra el fascismo

En su página web, los hinchas del Ajax de Amsterdam Club de Fútbol cuentan la historia de la huelga general que desencadenaron los obreros cuando la localidad holandesa fue ocupada por los nazis para protestar contra las deportaciones de judíos.
Ésta es la traducción íntegra:

En señal de protesta contra los primeros grandes registros y las detenciones de 427 judíos el 23 de febrero de 1941, una masiva huelga estalla dos días después en Ámsterdam. Constituyó un éxito. Los tranvías se paralizaron, y los habitantes de Ámsterdam se dan cuestan de que algo está sucediendo. El segundo día la huelga se ve rota por la policía alemana, produciéndose muertos y heridos, junto a numerosas detenciones. Aquella huelga se celebra cada 25 de febrero, el denominado “Februaristaking”, junto a la estatua dedicada al obrero portuario.

Desde 1918, el antisemitismo es el programa común de la extrema derecha apoyada por la derecha, frente a todo movimiento que cuestione el capitalismo. ¿Por qué? Para esconder las cuestiones sociales detrás de los chivos expiatorios. Ese uso táctico del antisemitismo por parte de la derecha y la extrema derecha también está presente en Austria, en Hungría, en Rusia, en Polonia…

Desde 1921 el partido nazi multiplica las declaraciones, las gesticulaciones y las agresiones antisemitas. Dejando a un lado a la URSS y a los partidos de izquierda (comunistas y socialistas) las reacciones son inexistentes. A partir de 1933 la Alemania nazi es un inmenso campo de concentración, en el cual elementos embrutecidos se divierten a costa de los judíos, incluso hasta la muerte. No solamente los grandes Estados capitalistas no dijeron nada, sino que siguieron evitando todo choque con Hitler, en una situación en que hubiera podido fácilmente ser detenido, desestabilizado y derribado. De esa forma sigue prosperando el fascismo, hasta que en 1941 casi toda Europa sufre su dominación. Y también los Países Bajos conocen una oleada de extrema derecha ligada al nazismo. Fueron el escenario de la invasión de ejércitos con la cruz gamada, de la capitulación (10 de mayo de 1940), de la “colaboración” por parte de la extrema derecha, y del apoyo de la inmensa mayoría de la derecha a los nazis respecto a las medidas antisemitas.

En julio de 1940, los judíos tuvieron que abandonar cualquier puesto que ocuparan en la defensa aérea. Dos meses después, los altos funcionarios tienen que admitir la prohibición de nombrar a judíos para los puestos de la función pública. Poco después los funcionarios tienen que declarar si son “arios” o no. Posteriormente, los funcionarios judíos son despedidos.

En diciembre de 1940 quedan prohibidos para los judíos los cafés y los cines. Es una máquina implacable, que impresiona por su barbarie. Algunos altos funcionarios protestan por escrito y dimiten. En las universidades, las protestas son más valientes: en noviembre de 1940 tendrán lugar las huelgas estudiantiles de Delft y de Leiden, en solidaridad con los compañeros y profesores judíos. Pero los nazis hacen dominar su orden de plomo.

Durante los meses de enero y febrero de 1941 se desencadena la agresión antisemita. Los miembros de la milicia, colaboracionistas holandeses vestidos con camisas negras, atacan a las tiendas judías y a los cafés que rechazan colocar el cartel prohibiendo la entrada a los judíos. Se producen heridos, la tensión aumenta y los habitantes de Ámsterdam se defienden. En una tarde de luchas callejeras, un colaboracionista queda herido en el suelo, y muere tres días más tarde en el hospital. La respuesta es firme y se realizarán las primeras grandes redadas en la ciudad, los días 22 y el 23 de febrero. En el barrio judío centenares de hombres son detenidos por los alemanes, con una extraordinaria violencia. Serán trasladados al campo de concentración de Mauthausen, en donde morirán todos. Esto aún no lo sabe Ámsterdam; pero con lo que han visto sus habitantes basta.

La organización de la huelga es, en gran parte, obra de los comunistas. Ya se habían dado huelgas en Ámsterdam: los obreros de la siderurgia habían rechazado trabajar en Alemania. El ocupante había cedido. Los parados contratados temporalmente por el Estado habían reclamado primas de invierno, con éxito. Pero esta vez la cuestión ya no era material. Para los huelguistas de los días 25 y 26 de febrero de 1941 se trataba de la vida de sus conciudadanos.

Habiendo sido testigos de la violencia de los nazis y sus colaboradores hacia los judíos, los trabajadores de Ámsterdam con mayor nivel de conciencia de clase y de seguras convicciones políticas (para evitar que los ocupantes y sus aliados holandeses se pusieran al corriente) se reúnen el 24 de febrero de 1941 por la tarde, en una asamblea en la plaza de Noordermarkt. De forma muy valiente se decide la huelga y sus reivindicaciones; esencialmente, el rechazo a las deportaciones y a las persecuciones de los judíos, pero también en contra del trabajo forzado en Alemania, y a favor de la soberanía de los Países Bajos ocupados.

“Aquella huelga cambió mi vida”, dice pausadamente Harry Verhey. En 1941 tenía 23 años, y era conductor de tranvía. “Todos sabíamos que habían efectuado redadas el 22 y 23 de febrero. Los viajeros hablaban de ello en el tranvía, prudentemente. Estaban muy impresionados. Todos teníamos el sentimiento de que había que hacer algo, que no se podía dejarles así. La población judía estaba muy bien integrada, y había concejales judíos. Yo tenía amigos judíos, y habíamos crecido juntos. Al final de la jornada se reunió el grupo del Partido Comunista y allí se habló de una huelga contra las redadas. Se organizó muy rápidamente, los alemanes no llegaron a enterarse por sus soplones. Se discutió sobre la organización concreta de la huelga; era necesario comenzar por los tranvías. Si no salían, la gente comprendería rápidamente que algo estaba pasando. Entonces, hacia las 4 de la mañana, fuimos a hablar a los compañeros, en las rutas que llevaban el personal hacia las cocheras”.

“La cosa no era fácil, y había que ir despacio. Lo primero era decir que ‘había que hacer algo’. Después de tantear y preparar el terreno, se iba más allá. Se les decía que todas las fábricas harían una huelga de una jornada y que era necesario participar en ella. La dirección de los tranvías nos amenazaba, y cuando llegábamos a las cocheras, a veces había que tirarse en los raíles para impedir salir a las líneas. Tras estos principios, todo fue mejor. Los funcionarios, los portuarios, las oficinas, los institutos… Todo el mundo salía a la calle. Los ojos brillaban y se estaba menos triste porque por lo menos estábamos haciendo algo. Yo nunca tuve miedo. Estaba dominado por la cólera […] Tras estos dos días de huelga fuimos castigados. La dirección retuvo una parte de nuestros salarios. Los viajeros lo sabían, y nos daban todos un poco de dinero. Pero no se pudo organizar una segunda huelga. Los alemanes fusilaron a algunos huelguistas. En aquel tiempo, en nuestro país ya no existía la pena de muerte. Aquellas ejecuciones sembraron el miedo”.

En esta ilustrativa huelga de febrero de 1941 nos encontramos con el habitual problema de las luchas obreras, y también estudiantiles. Estos dos medios sociales siempre han representado los puntos de apoyo del combate democrático en la sociedad capitalista bajo formas liberales., autoritarias o fascistas. Pero la ausencia de armamento lleva casi siempre a un aplastamiento sangriento, cuando el poder lo decide. Por el contrario, el ejército y la policía, armados para proteger el Estado de derecho, nunca han desempeñado ese papel cuando han tenido que elegir entre democracia y fascismo (aparte de algunos casos discutibles, como en Francia en 1934). En esa tónica, la represión de la huelga de febrero de 1941 no fue una excepción. Rápidamente, soldados y milicianos de extrema derecha dispararon indiscriminadamente: nueve muertos y numerosos heridos.

“Pero la huelga de febrero tuvo su efecto. Sirvió para clarificar nuestra relación con los ocupantes. No había compromiso posible. Estaba claro el límite entre el bien y el mal. A partir de entonces comenzó la resistencia en nuestro país.

Al día siguiente de la huelga, Harry Verhey, que estaba siendo buscado, se unió al maquis. Formó parte de la Resistencia hasta la Liberación, en el seno del Partido Comunista. Más tarde, desde 1968 a 1978, fue primer adjunto al alcalde de Ámsterdam. Hoy tiene 80 años.

Los alemanes se vieron totalmente sorprendidos por la huelga. La mañana del 25 de febrero de 1940 algunos de ellos se encontraron frente a una masa compacta de huelguistas, y se dieron asustados rápidamente la vuelta. Hacia el mediodía se organiza más o menos la represión, pero no pudo impedir la continuidad de la huelga, que aumenta. Al día siguiente se extiende a las poblaciones alrededor de Ámsterdam. Pero las SS, que llegaron a toda prisa desde La Haya, lanzaron granadas y dispararon sobre la multitud. Hubo muertos y heridos graves. Se decidió limitarse a estos dos días de acción. Para el ocupante, el balance de la huelga fue catastrófico. Significó el fracaso del intento de ganarse al pueblo holandés para el nacional-socialismo. Los alemanes decidieron suspender las redadas de forma provisional, a fin de calmar los ánimos. A pesar de ello, aún en marzo de 1941 fueron fusilados 18 resistentes y huelguistas.

Hoy, una estatua desafía el viento y la lluvia en una plaza en pleno centro de Ámsterdam, en donde antes de la Segunda Guerra mundial estaba el barrio judío de la ciudad. Es una representación en bronce de un hombre fuerte y musculoso. Un portuario, que se dirige con las manos desnudas a combatir a puñetazos a un enemigo que se pensaba invencible. La estatua, del escultor holandés Mari Andriessen, representa al obrero honrado e indomable de Ámsterdam.

Desde la guerra, y cada año, aquí viene la población en una larga manifestación que conmemora los sucesos del 25 y 26 de febrero de 1941: la huelga general contra las persecuciones contra los judíos, que paralizó Ámsterdam. Fue la única gran huelga en Europa contra el antisemitismo de los nazis. Aquella “Februaristaking” está grabada en la memoria de Ámsterdam, que le debe su divisa: “heroica, decidida, generosa”.

Constituyó una formidable lección de solidaridad, que desde 1945 se ha transformado en una manifestación contra el racismo y la discriminación.

Fuente: http://www.ajaxfr.com/25_et_26_fevrier_1941.html

Lech Walesa, al chivato se le agotaron los laureles

Los últimos documentos publicados por el Instituto de la Memoria Nacional de Polonia demuestran que el “sindicalista” Lech Walesa era un confidente de los servicios secretos, con el nombre clave de “Bolek”.

En los ochenta, al final de la Guerra Fría, Walesa fue muy conocido como elemento disgregador del bloque de países del este de Europa. Era dirigente de un simulacro de “sindicato obrero” llamado Solidarnosc (Solidaridad), creado a tal fin.

En agradecimiento a los servicios prestados, el imperialismo le concedió luego el Premio de la Paz y llegó a ser presidente de su país tras el desmantelamiento de 1990.

El conocido director de cine Andrzej Wajda rodó sobre Walesa otra de sus películas basura, una hagiografía titulada “La esperanza de un pueblo”.

El expediente personal de Walesa consta de 90 documentos y hay un sobre que confirma su colaboración con la policía polaca como chivato. El sobre está escrito de puño y letra por Walesa y también constan los recibos del dinero que le pagaban como confidente.

En total el archivo consta de 279 páginas, la mayor parte de ellas con informes elaborados por Walesa, así como notas tomadas por un funcionario del servicio secreto de los encuentros entre ambos.

Los documentos publicados cubren el periodo 1970-1976 y han sido autentificados por todos los historiadores que han accedido a ellos.

En 2000 un tribunal sostuvo que Walesa no había sido un agente secreto. Entonces el espía declaró que denunciaría por difamación a todos aquellos que se lo imputaran.

Pero la historia se escribe contra las causas judiciales. En 2008 dos historiadores polacos del Instituto de la Memoria Nacional publicaron un libro que le desenmascaró. Incluso la televisión emitió un reportaje sobre la doble vida de Walesa. Ahora ha sido la revista Politika la que ha vuelto denunciar las oscuras andanzas de Walesa.

Cuando era presidente, Lech Kaczynski también le acusó públicamente de soplón y dio su nombre en clave: Bolek.

Walesa y Kaczynski eran tal para cual. En los años ochenta ambos colaboraron en el tinglado Solidarnosc, pero luego la relación entre ambos se deterioró, cuando se empeñaron en demostrar quién de los dos era más reaccionario.

Fuente: http://www.polityka.pl/tygodnikpolityka/kraj/1651372,1,musimy-ochronic-prawde-o-roli-lecha-walesy-w-historii-polski.read

La huelga que conquistó la jornada laboral de 8 horas

Para la burguesía, el anarcosindicalismo se estaba convirtiendo en una clara amenaza para el orden social que sustentaba su hegemonía social y económica. La prueba de fuego entre ambos se inició el 5 de febrero de 1919 con el conflicto de la Canadiense en Barcelona, una huelga mítica en la historia del sindicalismo libertario por su importancia, duración y dimensiones.

Mientras en Berlín habían asesinado a Rosa Luxemburgo el 15 de enero, en Barcelona, durante las semanas previas a la huelga, había incidentes entre libertarios y ugetistas, con algún asesinato durante la huelga de tipógrafos; acusaciones de Pestaña contra Cambó (Lliga Regionalista) sobre la intención de asesinarlos a él y a Seguí; suspensión de las garantías constitucionales; clausura de sindicatos; detenciones de dirigentes y activistas libertarios; buques de guerra en el puerto y censura de prensa. La cuestión de fondo que alimentó la huelga fue, además del derecho a la sindicación, el intento de forzar a la patronal al reconocimiento definitivo de la CNT como la interlocutora del mundo del trabajo en Cataluña.

La huelga de la Canadiense (llamada así porque el principal accionista de la Compañía era el Canadian Bank of Commerce of Toronto) se prolongó por 44 días convirtiéndose en huelga general paralizando el 70% de la industria catalana. El conflicto comenzó al organizarse entre el personal de oficinas, un Sindicato Independiente, que el gerente de La Canadiense, Fraser Lawton, nunca aceptó, por lo que éste empleó como estrategia hacer fijos ocho empleados eventuales y rebajarles el sueldo.

Éstos protestaron con el argumento de que: «a mismo trabajo, mismo sueldo». Estas ocho personas, que eran precisamente las que habían organizado el Sindicato Independiente dentro de la empresa, inmediatamente fueron despedidos por Lawton. Cinco de los sancionados pertenecían a la sección de facturación y sus compañeros, en acto de solidaridad, el día 5 de febrero de 1919 se declararon en huelga hasta que se readmitiera a sus compañeros despedidos. Los 117 empleados de la sección de facturación se dirigieron hacia Gobernación para hablar con el gobernador, que les prometió que intercedería por ellos ante la empresa, si volvían al trabajo.

Cuando éstos volvieron, se encontraron con fuerzas de la policía que les impedían el paso, no dejándoles entrar al interior del edificio, produciéndose diversos incidentes y quedando todos ellos despedidos. Al día siguiente la noticia corrió por Barcelona como un reguero de pólvora.

Los huelguistas buscaron la ayuda de la CNT, que se involucró en el conflicto. Se nombró un comité de huelga que lo formaron varios de los despedidos y miembros de la CNT y que estuvo liderado por Simó Piera. La huelga se extendió hacia los encargados de la lectura de contadores.

Contado la huelga con un amplio apoyo popular —se formaron cajas de resistencia que recaudaron 50.000 pesetas en una semana— el gerente de la empresa propuso una negociación cuya fecha fue fijada para el 17 de febrero en el edificio de la compañía y a la que acudieron cinco delegados en representación de los trabajadores. Cuando el gerente se enteró que entre los delegados había un afiliado a la CNT no quiso negociar.

Los huelguistas iniciaron cortes en el suministro eléctrico, quedando Barcelona prácticamente paralizada a las cuatro de la tarde del 21 de febrero, aunque había otra compañía Energía Eléctrica de Cataluña que seguía suministrando energía. El 4º Regimiento de zapadores y algunos marineros ocuparon la sede de la empresa y llegó a la ciudad un nuevo gobernador militar, Martínez Anido. Con el permiso de los inversores, Romanones confiscó la empresa y los ingenieros militares consiguieron iluminar la ciudad la noche del 22.

El día 23 se unieron a la huelga los trabajadores de la compañía Energía Eléctrica de Cataluña, lográndose el paro total de las compañías eléctricas. El 26 los trabajadores de las compañías de aguas y del gas se sumaron a la huelga, por lo que dichas empresas también fueron confiscadas…

Otro hecho de la máxima relevancia fue la huelga general revolucionaria convocada por UGT en agosto de 1917 que recibió el apoyo del sindicato anarquista CNT y que el ejército reprimió en tres días, salvo en algunas zonas como las cuencas mineras asturianas, donde la huelga duró cerca de un mes. Finalmente, debe citarse la huelga de la empresa eléctrica La Canadiense que comenzó en Barcelona el 5 de febrero de 1919 y se prolongó durante 44 días convirtiéndose en una huelga general en la industria y el campo catalanes.

Fuente: http://mtvo-bcn.blogspot.com.es/2011/03/la-huelga-de-la-canadiense-y-la-jornada.html

El cierre de Altos Hornos de Vizcaya

Enrike Kuadra Etxeandia

Como obrero que fui de AHV el trabajo sobre su fundación, andadura y reestructuración, elaborado por el profesor Xabier Barrutia («Altos Hornos de Vizcaya. Análisis crítico de su cierre y testimonios vitales», Universidad del País- Vasco) despertó en mí una cierta curiosidad desde que tuve conocimiento de su publicación. Recientemente, aprovechando un receso en mis ocupaciones diarias, decidí hincarle el diente en un provechoso fin de semana. Lo fue así, porque creo que ha conseguido en este humilde lector satisfacer la mayor parte de sus interrogantes acerca de los fundamentos y causas que motivaron el cierre de AHV como siderurgia integral y, por extensión, la reconversión industrial iniciada por el gobierno del PSOE en la década de los ochenta.

Lo primero que anuncia el autor en la portada de su obra es que se trata de un «Análisis crítico». Desde mi punto de vista, el hecho de que este espíritu se mantenga en toda su tesis me parece vital para conseguir un enfoque y profundidad que verdaderamente el tema lo requiere, y sin el cual quedaría profundamente limitado, plano.

El segundo aspecto que me ha llamado la atención, es la profusión bibliográfica que da sentido, y aporta, todos los datos para un análisis correcto sobre las causas del tema tratado. Lógicamente, un trabajo de estas características no puede por menos que sustentarse sobre una buena información y un metódico trabajo de ordenamiento y análisis en profundidad de la misma.

En tercer lugar, creo que la estructura literaria en que está redactado el trabajo hace que su lectura sea un tanto amena. Esto, no es algo baladí en una obra de estas características. Estamos ante un trabajo de historia contemporánea sustentado sobre gran abundancia de datos de diverso orden y temática que no es fácil presentar con amenidad. Y además, elaborado por un economista, lo que ahonda en su importancia y reconocimiento al esfuerzo literario. Si tenemos en cuenta que el trabajo expuesto va dirigido (o al menos creo que debe ser su dirección principal) a un amplio sector social compuesto por los propios trabajadores de AHV, la amenidad en su lectura juega un papel importante.

Por último, me parece necesario subrayar ciertos factores políticos y económicos internacionales que influyeron decisivamente en las decisiones que condujeron a la reconversión industrial y al cierre de AHV. En este sentido, si bien es cierto que el tema nuclear del que surge la tesis y su hilo conductor está centrado en demostrar la rentabilidad y viabilidad de AHV, hay dos aspectos en el análisis del profesor Barrutia que apuntan a esas causas políticas que me parecen reseñables: la actuación de la Unión Europea y del gobierno socialista. Artífices, los primeros, de la imposición de la reconversión industrial; y ejecutores, los segundos, de su realización.

Hoy, tres décadas después de aquellos hechos (con la perspectiva que da el tiempo pasado), se puede percibir aún con más nitidez la profundidad y la dimensión internacional –así como sus repercusiones en nuestro país- que encerraba la integración en la Unión Europea. La decisión de los sectores oligárquicos dominantes españoles de alejarse del tutelaje yanqui integrándose en el mercado europeo, conllevaba un amplio reajuste económico, financiero y político. En este cambio de rumbo la reconversión industrial se perfilaba como una de sus piedras angulares debido a la crisis crónica (de la que se desprenden los ciclos de ajuste) del modo de producción capitalista.

Es decir, tal y como estamos viendo –y sufriendo- continuamente, hay una necesidad intrínseca en la permanente reconversión de los medios de producción capitalista; condicionada, lógicamente, en función de los intereses de las potencias industriales dominantes. Así pues, es cierto, tal y como demuestra el profesor Barrutia en su trabajo, que esas reconversiones tuvieron más causa política que económica y de rentabilidad en el caso dé su repercusión sobre España y, más en concreto, en el caso de la siderurgia integral vasca. No escapa tampoco a esta decisión «ilógica» la soterrada lucha de intereses entre los diferentes grupos oligárquicos españoles, con una pérdida de influencia notable en los sectores vascos tradicionales de esa propia oligarquía.

En cuanto a otros sectores implicados: trabajadores, directivos, políticos, gobierno central y vasco, etc., el autor deja pinceladas críticas que por sí mismas darían lugar a reflexiones más extensas como parte de un análisis político de mayor calado; no siendo, lógicamente, este trabajo el lugar para desarrollarlas.

En cualquier caso, y a modo de conclusión, el trabajo del profesor Barrutia se construye sobre un cuerpo bien fundamentado, riguroso, donde la interpretación valorativa de los datos esgrimidos contiene un alto grado de acierto. A través de la estadística, las entrevistas, los balances, el mercado, etc., el autor nos va conduciendo, de forma cronológica en el tiempo, a través de sus vericuetos argumentales hacía el fundamento de la tesis expuesta.

En definitiva, un libro necesario para entender la reconversión industrial y el papel otorgado en ese desmantelamiento a AHV. A este obrero que nació y creció, a «toque de cuerno» de la fábrica, junto a otros cinco miembros de la familia que llegamos a trabajar en AHV, no podemos más que sentirnos representados en este encomiable esfuerzo del profesor Barrutia. Es por ello, que no puedo por menos que expresarle mi agradecimiento desde nuestro mundo proletario, artífice fundamental del profundo desarrollo alcanzado por la sociedad moderna y la humanidad entera.

Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/2016/02/articulo-de-enrike-kuadra-etxeandia-el.html

80 años de la victoria del Frente Popular

Bianchi

Exactamente hoy, 16 de febrero de 1936, se cumple el octogésimo aniversario del triunfo del Frente Popular o, mejor llamado, Bloque Popular frente al Bloque Nacional, una coalición de múltiples partidos republicanos, nacionalistas (catalanes), radicales, democráticos y pequeñoburgueses que incluía al Partido Comunista, Socialista e incluso a la CNT que no se abstuvo esta vez. Enfrente la CEDA, lerrouxistas, agraristas, en un intento de llevar el fascismo al poder a través de las urnas -por la «vía legal»-,  y monárquicos. Los falangistas, que no obtuvieron nada, iban «por libre» (igual que el católico PNV).

Ganó, bien que no por mucho, el Bloque Popular que proclamó la tan ansiada amnistía a los presos obreros encarcelados tras la insurrección proletaria de 1934 (o la restauración del Estatuto catalán suspendido por el gobierno radical-cedista del «Bienio Negro»). Lo que los partidos democráticos burgueses consideraban una coalición electoral más veían que se les iba de las manos la dirección del movimiento popular tomando un peligroso -para ellos- rumbo proletario que había que desnortar, como, por ejemplo, Indalecio Prieto, socialista siempre partidario de la conciliación de clases o, incluso, el propio Largo Caballero, que pasaba por ser más «radical» (el «Lenin español», nada menos), pero,  en el fondo, también prietista. Aún así, la reacción, terratenientes, oligarcas y militares vieron en ese triunfo poco menos que la antesala de una revolución con las trazas de la bolchevique en Rusia, y vino el golpe del 18 de julio, la sublevación militar-fascista que el general Mola, principal cerebro del golpe, pensó como un clásico pronunciamiento decimonónico que durara «tres o cuatro días, como mucho» (pensando en tomar rápido Madrid) y duró aquello tres años de guerra nacional revolucionaria del pueblo contra el fascismo indígena y extranjero. Jamás se había visto en la historia nada parecido en lo relativo al coraje del pueblo entregado a su suerte, salvo la ayuda de la Unión Soviética de Stalin, a quien la gente adoraba, seguramente porque la gente era idiota.

De aquella tragedia hoy se quiere hacer una comedia, una farsa, haciendo querer ver que puede formarse un nuevo «frente popular» liderado por el PsoE en comandita con «Podemos» y los «independentistas» catalanes (incluido, ahora sí, el regionalista PNV, que demuestra tener más amor a la pela, a pesar de que esta fama se la lleven los catalanes, en fin…).

Como diría aquel, «manda güevos». Como si quienes ganaron la guerra, los fascistas, se hubieran hecho un harakiri y hubieran pasado por un «Nuremberg» y hete aquí que, con el milagroso advenimiento de la «democracia» mediante una mítica «Transición modélica y pacífica», sin previa ruptura democrática, que qué menos, pero ni eso, parece ser que la «democracia» está en peligro en manos del apático y abúlico Rajoy a quien hay que conseguir que, o bien que se vaya (la caverna, y poner a otro), o bien que despoltronar para poner un gobierno «reformista y progresista», esto es, un nuevo «frente popular» que tumbe al (neo)fascismo coronado (en la República, por lo menos, no había rey), o en peligro de «fascistización», que suena mejor. Como si esta «neocasta» no formara parte ya de ese fascismo que ganó la guerra y ellos contribuyen a encalar su podrida fachada.

Pero, claro, hablar de aquella guerra, la del 36.es propio de dinosaurios. Hoy lo que está en peligro es el «régimen del 78», o sea, cuando advino la democracia gracias a la Constitución. Es esta «democracia», muerto Franco, la que hay que recuperar. Es precisamente este «régimen democrático» el que hay que salvar de las garras de la derechona y sus medidas y recortes antipopulares, por lo tanto: ¡¡¡viva el frente popular liderado por Pedro (Sánchez) y Pablo (Iglesias)!! ¡¡¡ Vivan Los Picapiedra, los Flinstones) !!!

Me las piro.

O, mejor, me quedo para arrumbar tanta basura junta.

Hemos querido recordar esta fecha olvidada por quienes prefieren celebrar el 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la II República, que nosotros, por supuesto, también celebramos y conmemoramos, pero lo cortés no quita lo valiente, que decía aquél.

Buenas tardes.

Morir por una pintada

La tarde del 5 de febrero de 1977, Miguel Vicente Basanta López, 32 años, obrero de la construcción en paro, está realizando una pintada en la tapia de la antigua fábrica de Alumalsa, en Zaragoza. Acaba de escribir “Trabajo sí, policía no”. Cuando se dispone a dibujar una hoz y un martillo, el agente de la Policía Armada nº 31866, Francisco Tovar Tovar, fuera de servicio y de paisano, que está paseando con su familia y la pistola en la sobaquera, le da el alto y le encañona de cara a la pared.

A Miguel Vicente Basanta se le juntan a su tartamudez el miedo y los nervios, e incapaz de responder con palabras a los gritos y amenazas intenta salir corriendo. Francisco Tovar le dispara tres veces por la espalda mientras huye. Basanta cae abatido con dos balazos en la cabeza. Ingresa en la clínica San Juan de Dios a las 21.37 horas, en estado preagónico, falleciendo a las 21.45 horas.

La versión policial, desmentida por la falta de pruebas, testigos presenciales y la autopsia, fue que el policía había disparado desde el suelo tras ser golpeado con una barra de hierro (jamás encontrada) por Miguel Basanta. La prensa, tras desestimar una vinculación absurda con ETA o los GRAPO, presenta a Basanta como un delincuente habitual. El Capitán General de la V Región Militar, Manuel Lara del Cid, ordena el sobreseimiento de la causa basándose en la legítima defensa del policía.

La familia de Miguel Vicente presentó una querella criminal contra el autor de los disparos en 1989, siendo desestimada por la justicia en virtud del principio de causa juzgada por la jurisdicción militar. Tampoco prosperarán los recursos ante la Audiencia Provincial de Zaragoza y Sala Segunda del Tribunal Constitucional.

La Justicia cierra todas sus puertas y cuando todo parece olvidado se crea la Comisión Ciudadana Miguel Vicente Basanta, que culmina en el homenaje popular del cuatro de febrero de 1996, frente a la tapia donde fue asesinado. A propuesta de la Asociación de Vecinos del Barrio de San José una calle de Zaragoza lleva actualmente su nombre.

La masacre de 17 de Octubre de 1961 en París

La masacre de París del 17 octubre de 1961 ocurrió durante la guerra de Argelia. La represión de la policía parisina, entonces dirigida por Maurice Papon (condenado en 1990 por crímenes contra la humanidad perpetrados durante el régimen colaboracionista Vichy), contra la población argelina de la región parisina dura todo el otoño de 1961. Para entonces Francia ya había más o menos perdido la guerra, y Charles de Gaulle empezaba a negociar con el FLN.

El día 17 de octubre de 1961, una manifestación pacífica convocada por el FLN contra el toque de queda impuesto sobre los argelinos que vivían en la región parisina por el prefecto de policía Maurice Papon desembocó en una represión brutal, que causó entre 70 y 200 muertos.

El historiador Jean-Luc Einaudi cuenta 200, y 325 argelinos muertos por la policía a lo largo del otoño de 1961. Los argelinos no fueron las únicas víctimas, porque el racismo de la policía hacía que cualquier persona de color (marroquíes y tunecinos, pero también portugueses) fuera detenida, golpeada y asesinada.

Algunas de las víctimas fueron arrojadas al río Sena desde los puentes, tras ser golpeadas hasta la inconsciencia. Los archivos policiales han demostrado que Papon animó a los oficiales a obrar de esa manera; por otro lado, los policías participantes tuvieron la precaución de quitarse el número de placa del uniforme, lo que demuestra una acción organizada.

El 17 de octubre de 1961 las fuerzas policiales bloquearon todos los accesos a la capital, las estaciones de metro, los trenes, las llamadas “portes” (puertas), etc. De aproximadamente 150.000 argelinos residentes en París, se calcula que entre 30.000 y 40.000 se unieron a la manifestación. Las acciones policiales efectuaron 11.000 detenciones y los detenidos fueron transportados por el RATP (autobuses y trenes de cercanías) al Parc des Expositions, centro de internamiento ya usado durante la ocupación nazi.

Los detenidos no sólo eran argelinos, sino también marroquíes, tunecinos, españoles e italianos emigrantes, que fueron enviados a diversos acuartelamientos, el Palais des Sports de la Puerta de Versalles, el Estadio Coubertin, etc.

A pesar de estas detenciones, entre 4.000 y 5.000 personas consiguieron agruparse y manifestarse pacíficamente entre la Plaza de la República y la Plaza de la Ópera, sin incidentes. Pero fueron bloqueados en Ópera, y los manifestantes retrocedieron. A la altura del Cine Rex (actual Rex Club, en los Grandes Bulevares), la policía abrió fuego y cargó contra los manifestantes, causando bastantes muertes.

En el puente de Neuilly (que separa a París de los suburbios) las fuerzas policiales también abrieron fuego, causando más muertos. Los argelinos fueron arrojados al Sena en diversos puentes de la ciudad y los suburbios, principalmente en el céntrico Puente Saint-Michel, justo al lado de Notre Dame y a dos pasos de la Prefectura de policía….

El silencio se mantuvo, en algunos casos, mediante amenazas contra policías que habían sido testigos y podrían haber denunciado a sus compañeros. La masacre fue objeto de ocultación estatal. El presidente Charles de Gaulle dijo que era algo “secundario”. El 8 de febrero de 1962 una manifestación, principalmente de miembros del Partido Comunista y de la CGT también acabó en una masacre (la llamada “masacre de Charonne”, una estación de metro parisina).

En la década de los 90 la Masacre del 17 de Octubre, como es conocida en Francia, llegó a la conciencia nacional. En particular, el testimonio de Jean-Luc Einaudi durante el proceso de Maurice Papon por crímenes contra la humanidad le ayudó a conseguir permiso para investigar los archivos de la policía, a los cuales no había tenido acceso antes (échate a temblar, Rodolfo Martín Villa…).

Papon fue juzgado solamente por los hechos perpetrados cuando era prefecto de Burdeos durante la Segunda Guerra Mundial y siempre negó, a pesar de las pruebas acumuladas contra él por el historiador Jean-Luc Einaudi, su responsabilidad directa en la masacre. El 17 octubre de 2001 el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë, puso una placa en el puente de Saint-Michel para conmemorar la masacre. El 18 de febrero de 2004 se realizó una petición para nombrar a una estación de metro en Gennevilliers como “17 de Octubre de 1961”, en recuerdo de la masacre.

“Aquí ahogaron a los argelinos”, recuerda la pintada

‘La transición se hizo bajo la amenaza y el chantaje permanente’

Así lo asegura alguien que conoció aquella época muy de cerca: el antiguo secretario general del PCE entre 1982 y 1988 y fundador de Izquierda Unida, Gerardo Iglesias.

Lo que no dice es su responsabilidad, la del PCE y la de Izquierda Unida en aquella transición. ¿Acaso el PCE no es también responsable de la amenaza y el chantaje?

Aunque seamos capaces de suponer quiénes fueron los chantajistas, los franquistas, Gerardo Iglesias no dice quiénes fueron los chantajeados: los antifascistas, los que siguieron luchando contra el fascismo.

Tampoco dice nada acerca de las consecuencias lógicas que se derivan de una amenaza y un chantaje permanentes: que nadie puede admitir la validez de los actos, leyes y constituciones impuestas en tales condiciones.

En consecuencia, ¿por qué seguimos admitiendo la legitimidad de un Estado edificado bajo una amenaza permanente?

“La transición ha hecho que asumamos muchos elementos de la dictadura franquista”, dice Gerardo Iglesias ahora en una reciente entrevista. Pero, ¿quién es el que asume todos esos “elementos” de la dictadura?, ¿por qué lo hace?, ¿por las amenazas?, ¿por miedo?

Si es así, ¿por qué casi nadie denuncia que padecemos un “chantaje permanente”?, ¿por qué casi todos dicen lo contrario, que hay un estado de libertad?, ¿quién miente?

En efecto, mienten quienes hablan de libertad, pero también ha mentido Gerardo Iglesias en la presentación de su último libro “La amnesia de los cómplices”.

¿Los cómplices? ¡Él es el cómplice! Lo fue antes, cuando era secretario general del PCE, y lo es ahora, cuando llama a votar a Podemos, que es la Izquierda Unida que él quiso crear hace 30 años, es decir, más de lo mismo, por no decir peor.

Gerardo Iglesias fue el hijo predilecto de Carrillo y nunca se ha desprendido de esa lacra. Sin embargo, carece de las malas artes de su padrino político, que era un verdadero perro. De ahí derivan sus incongruencias. En su época al frente del PCE enarboló la bandera fascista; ahora da conferencias por Asturias bajo la republicana.

Ante una pregunta, el antiguo capo de Izquierda Unida responde lo siguiente: “Los descendientes de las víctimas son los que mejor pueden decir hasta qué punto las heridas siguen abiertas, hasta qué punto esa afirmación de ‘no hay que reabrir las heridas’ es falsa. Las heridas nunca se cerraron, se cubrieron con un tupido velo. Los crímenes del franquismo hay que juzgarlos, vivan o no los responsables”.

Es otra de sus incongruencias. Los crímenes del franquismo no hay que juzgarlos. Se juzgarán, más pronto de lo que algunos creen.

Pero los criminales y los franquistas no son los demás. También hubo y hay cómplices, encubridores, instigadores y delatores, como Gerardo Iglesias y sus colegas, sin ir más lejos.

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