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Una trabajadora de Amazon vive en su vehículo por un accidente de trabajo

Vickie Shannon Allen
Vickie Shannon Allen, de 49 años, es una trabajadora de Amazon que desde hace varios meses vive dentro de su vehículo, a las afueras de las oficinas de la oficina que la empresa tiene en Haslet, Texas, a causa de las terribles condiciones laborales que la multinacional impone a sus trabajadores.

Vickie se lesionó por primera vez dentro de las oficinas de Amazon el año pasado, al resbalarse mientras hacía su trabajo porque las instalaciones no cuentan con un piso apropiado. En aquella ocasión Amazon únicamente le proporcionó una almohadilla térmica para que la colocara en su espalda.

Además, durante varios días condujo más de 60 millas para llegar a su trabajo y la empresa la llevaba a su casa, tiempo en el que estuvo sin recibir ningún salario.

Tras recibir una indemnización laboral y acudir a terapia, Vickie regresó a su trabajo en enero de este año, con tan mala fortuna que volvió a sufrir un accidente en el mismo sitio en donde le ocurrió el anterior.

En junio Amazon decidió finalmente hacer modificaciones para resguardar la seguridad de sus trabajadores.

Tras su segundo accidente, Amazon la quiso obligar a firmar un acuerdo de confidencialidad para que no contara a nadie sus malas experiencias como trabajadora de la empresa, a cambio de 3.500 dólares, que se negó a firmar.

Entonces decidió hacer pública su historia, contándole a todo mundo que “trabajo para uno de los hombres más ricos del mundo [Jeff Bezos] y vivo en mi automóvil”, ya que pagar su tratamiento médico le implicó perder su casa e incluso, pasar varios días sin comer.

https://laopinion.com/2018/08/03/empleada-de-amazon-sufrio-varios-accidentes-en-su-trabajo-y-ahora-tiene-que-vivir-dentro-de-su-auto/

Solidarnosc: el gran montaje sindical de la CIA contra Polonia

En su edición del 29 de septiembre de 1981, el Wall Street Journal, que no destaca por ser “pro-sindicalista”, publicó un interesante editorial a favor del sindicato polaco Solidarnosc (Solidaridad). El Wall Street Journal atacaba a aquellas fuerzas que, según dijo, cuestionaban la conexión entre la AFL-CIO y Solidarnosc. Mostró especial irritación por la afirmación de que, a través de la AFL-CIO, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) estaba manipulando a Solidarnosc: “Qué fácil es hacer listas de las conexiones de la CIA [con la AFL-CIO]; los objetivos paralelos, las instancias de colaboración, las comunicaciones y las amistades compartidas. Qué fácil es usar la lista para tratar de desacreditar la tarea de la AFL-CIO en Polonia, y, más importante aún, para tratar de borrar la vergüenza colosal que representa Solidarnosc para el comunismo mundial”.

El editorial del Wall Street Journal no niega, curiosamente, la conexión AFL-CIO/CIA/Solidaridad en absoluto. Más bien, advierte que cualquier publicidad dada a esta conexión tiende a “empañar” o “deslegitimar” a Solidarnosc y a la AFL-CIO, y así juega a favor de la Unión Soviética. Correcto, sin duda; y la revista Counterspy, especialmente criticada por el editorial del Wall Street Journal, está ideológicamente aliada con los soviéticos, publicando frecuentemente artículos de miembros del Partido Comunista de Estados Unidos. Pero, ¿cuál es la veracidad de estas acusaciones?

La columna de Albert Shanker en la edición del 4 de octubre de 1981 del New York Times también ataca la conexión de la CIA con Solidaridad. Shanker dice que está en desacuerdo con un reportaje publicado en Literaturnaya Gazeta, un periódico soviético, alegando vínculos entre la AFT [American Federation of Teachers] y la CIA. Este artículo, del corresponsal de LG Anatoli Manakov (LG, 30 de septiembre, p.9) examina la oficina de información de Solidaridad en Nueva York, que se instaló en un edificio propiedad de la AFT de Shanker, en el 260 de Park Avenue. Manakov afirma que la AFT es miembro del Instituto Americano para el Desarrollo del Trabajo Libre (AIFLD), un frente de la CIA, que concede 100.000 dólares al año a la AFT para servicios como la oficina de Solidaridad. La respuesta de Shanker es interesante. Aunque niega que la AFT reciba dinero de la CIA, Shanker admite que sí recibe fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID).

Tampoco Shanker niega el hecho indiscutible de que la AFT sea miembro de la AIFLD. Philip Agee, antiguo agente de la CIA y autor de Inside The Company (publicado en 1975, mucho antes del ascenso de Solidaridad), escribe sobre AIFLD: “La CIA controla los sindicatos a través de un centro financiado por la AID” (p. 620). El New York Times de 15 de enero de 1981 informó que dos miembros de la AIFLD asesinados en El Salvador fueron denunciados por error como agentes de la CIA por un abogado. Según A.J. Langguth en su libro sobre el terrorismo patrocinado por Estados Unidos y la tortura en América Latina, Hidden Terrors (1978):

“La AIFLD fue una criatura de principios de los años sesenta, una fusión de talento y fondos de la CIA, la AFL-CIO, y unas sesenta corporaciones estadounidenses” (pg. 93).

Langguth cita al Director de la AIFLD atribuyéndole el mérito de haber entrenado a muchos de los dirigentes sindicales de derecha que ayudaron en el derrocamiento del gobierno de Goulart en Brasil en 1964 y el establecimiento de la dictadura militar fascista (pg.115).

El Congreso de Solidarnosc de septiembre de 1981 cursó una invitación a Lane Kirkland, Presidente de la AFL-CIO, y el comunicado de prensa de la AFL-CIO sobre la invitación añadió que Kirkland estaría acompañado por “Irving Brown, representante europeo de la AFL-CIO”. Tom Braden, ex jefe de la división Internacional de la CIA, reveló en 1967 que Brown era un agente de la CIA. Brown, escribió, reunió a ex nazis y mafiosos corsos (muchos de ellos, muy metidos en el contrabando de heroína, todavía hoy trabajan con la CIA) para infiltrarse en sindicatos dirigidos por comunistas y aterrorizar a los trabajadores en la Europa de la posguerra; la CIA financió estos esfuerzos, junto con la ILGWU (Braden, I’m Glad the CIA Is ‘Immoral’, Saturday Evening Post, 20 de mayo de 1967). Agee simplemente escribe que Brown era el “principal agente de control de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres”. Brown, un hombre de la CIA, fue también el orador invitado principal en la Convención de la AFT de 1977.

La AFL-CIO envió más de 160.000 dólares a Solidarnosc (New York Times, 7 de enero de 1981). Agee señala que George Meany, difunto presidente de la AFL-CIO, ayudó con el trabajo de la CIA; Kirkland sin duda sigue haciéndolo. Los antecedentes de Kirkland se parecen más a los de un analista de la CIA que a los de un trabajador: graduado de la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown; miembro de la Comisión Rockefeller para investigar a la CIA; trabaja con Nelson Rockefeller en la AIFLD y con su hermano David en la Comisión Trilateral. El presidente Gerald Ford, por cierto, había prohibido a la Comisión Rockefeller investigar las operaciones extranjeras de la CIA porque, en palabras de Ford, eran un “pozo negro” que “arruinaría la imagen de Estados Unidos en todo el mundo” (Harrison Salisbury, New York Review of Books 9/25/80, p.32).

Por lo tanto, verosímilmente Solidarnosc está ligada a la CIA, que es una organización antiobrera. Como muestra Langguth, el “anticomunismo” se utiliza como una razón conveniente para que los regímenes pro-estadounidenses de todo el mundo, ayudados por la CIA, repriman todos y cada uno de los movimientos que apuntan a mejorar el nivel de vida de los trabajadores. A principios de los años sesenta, “al menos un agregado laboral de la embajada de Estados Unidos, un veterano del movimiento sindical en Estados Unidos, sintió una punzada al ver a la AIFLD interrumpir el progreso en Brasil de la organización sindical con el pretexto de proteger a los trabajadores del comunismo” (Langguth, pg.115).

A través de AID, la CIA dirigía escuelas en Estados Unidos a finales de la década de 1960 en las que se enseñaban técnicas de tortura, terrorismo y tácticas de asesinato de escuadrones de la muerte a policías de toda América Latina. Estas tácticas se utilizaron para aplastar sindicatos, huelgas y movimientos obreros. De manera similar, la CIA utilizó a la mafia y a los terroristas cubanos del exilio para apuntalar a fascistas como Somoza de Nicaragua y llevar a cabo ataques terroristas contra Cuba, guiñando el ojo a su contrabando de heroína (ver W. Hinckle y W. Turner, The Fish Is Red. Harper & Row, 1981). Estos ataques incluyeron la importación del virus de la peste porcina a Cuba en la primavera de 1970, hasta la fecha el único ejemplo verificado de guerra bacteriológica por una gran potencia (Newsday, 6 de enero de 1977).

La CIA ayudó a los terratenientes pro-estadounidenses a sacar opio de Laos para el tráfico de heroína durante la guerra de Vietnam (Alfred McCoy, The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1973). Ahora ayuda a los miembros de las tribus antisoviéticas afganas en su comercio de opio (Hoag Levins, The Kabul Connection, Philadelphia Magazine, agosto de 1980). Los mismos mafiosos corsos que golpearon a los trabajadores franceses pro-comunistas en la década de 1940 siguen trabajando hoy con la CIA en el contrabando de heroína (Hendrik Krüger, The Great Heroin Coup, 1980). Este comercio instigado por la CIA mata a decenas de miles de trabajadores en todo el mundo cada año, muchos de ellos en Estados Unidos.

¿Por qué la CIA apoya a Solidarnosc? Como muestra el histérico editorial del Wall Street Journal, la CIA, la AFL-CIO, la clase dominante de Estados Unidos, de hecho todo el mundo menos la población, a la que se ha ocultado la verdad, sabe que Solidarnosc es tan reaccionaria como parece. Es una organización fascista, no muy diferente a la de Hitler, que no se parece en nada tanto a los “comunistas” de Moscú y Varsovia a los que se opone tan amargamente.

Solidarnosc no sólo tolera, sino que también promueve el antisemitismo. Folletos no firmados en el congreso de verano [de 1981] de Solidarnosc aludían sombríamente a las personalidades judías del sindicato; en algunas reuniones sindicales se hicieron preguntas sobre el papel o la presencia de los judíos; en la sección de Solidarnosc en Varsovia creció una verdadera “facción polaca”, una reacción a las erupciones de fanatismo en la Polonia anterior a la Segunda Guerra Mundial (V. Hamill, Washington Post, 26 de diciembre de 1981).

Frederick Kempe, del Wall Street Journal, que asistió al Congreso de Solidarnosc de Gdansk (septiembre-octubre de 1981), escribió que unos 100 de los más de 800 delegados eran “al menos simpatizantes” del KPN, un grupo conservador y nacionalista “manchado por una historia de antisemitismo”. Marian Jurczyk, vicepresidenta de Solidarnosc de Szczecin y candidata presidencial, utilizó el antisemitismo para atacar al gobierno polaco en un discurso pronunciado en octubre (New York Times, 9 de enero de 1982). Solidarnosc ha adoptado a Josef Pilsudski, dictador fascista de la preguerra de Polonia, como su héroe, rebautizando los astilleros de Gdansk con su nombre el 11 de noviembre de 1981.

Bajo el régimen de Pilsudski los sindicatos fueron clausurados, los trabajadores derrotados, los opositores torturados, se establecieron campos de concentración (después de una visita de Goebbels en 1934, acompañada de pogromos oficialmente tolerados) y se hicieron cumplir las leyes antisemitas. Los dirigentes de Solidarnosc incluyen miembros del Partido Socialista Polaco de la preguerra y veteranos del Ejército Nacional; ambos grupos eran antisemitas.

La Iglesia Católica polaca, también poderosa en Solidarnosc, tiene una historia repugnante de antisemitismo. En 1936 el Cardenal Hlond, Primado de Polonia (hasta 1948), escribió en una carta pastoral, leída en voz alta en todas las iglesias: “La influencia judía sobre la moral es fatal”. Los judíos, continuó, propagaban el fraude, la usura, la esclavitud y la pornografía. Los buenos cristianos deberían boicotearlos.

En Polonia, como en otros lugares, el racismo se utiliza para desviar el movimiento obrero hacia chivos expiatorios, lejos de sus verdaderos enemigos, y hacia direcciones pro-capitalistas. El mismo Congreso de Solidaridad que invitó a Kirkland votó a favor de la adhesión de Polonia al Fondo Monetario Internacional (es decir, el fin de las subvenciones a los trabajadores de la alimentación, la vivienda, etc.) y aprobó directamente un aumento de precios y la renuncia a los sábados gratuitos. En cuanto a Walesa, es un entusiasta partidario de Reagan (Evans y Novak, New York Post, 8 de diciembre de 1980) y del capitalismo. Walesa se reunió en secreto con los presidentes de Ford, General Dynamics, Westinghouse, y los peces gordos de IBM, Heinz, TWA, etc. en París en octubre [de 1981] para discutir la manera de “poder controlar el movimiento obrero” (Le Canard Enchaîné, 16 de diciembre de 1981). Porque -como todos los buenos capitalistas convienen- hay que pagar a los banqueros.

Quizá debería entristecernos e indignarnos, pero no sorprendernos, que Shanker y la AFT promuevan bandas racistas y antiobreras como la CIA y Solidarnosc. Shanker apoyó la guerra de Vietnam y se llama a sí mismo un “halcón acreditado”; ocupa el cargo por la corrupción y el “gobierno de unidad” en la AFT de la ciudad de Nueva York y del estado de Nueva York. Él y Walesa son pájaros de un plumaje, leales partidarios de las grandes empresas, enemigos de los trabajadores de todo el mundo, clones unos de otros, al igual que la CIA y la KGB, o Reagan y Brezhnev. Una verdadera revuelta obrera, aquí como en Polonia, se dirigiría primero contra estos lobos con piel de cordero, traidores que se aprovechan de las necesidades de los trabajadores y de otros para una vida mejor.

Grover C. Furr, The AFT, the CIA and Solidarnosc, Comment, Montclair State College, vol. 1, núm. 2, Spring, 1982), pgs. 31-34 https://msuweb.montclair.edu/~furrg/furraft82.pdf

Después de trabajar para el imperialismo en Solidarnosc, Tadeusz Mazowiecki se jubiló

‘Nos dijeron que la revolución es el sueño de todos, pero no: es el sueño de cada uno’

En octubre de 1934, obreros y mineros de Aller a Mieres, de Langreo a La Güeria, salieron de la mina en dirección a Oviedo. Secundaban un movimiento huelguístico auspiciado por los grandes sindicatos, pero su ánimo de subversión tenía un cariz mucho más revolucionario. En Asturias el valor de una vida humana era ya una moneda demasiado devaluada, así que si se dirigían a la capital no lo harían sin armas.

Oviedo no esconde las cicatrices de la revolución que vivió entonces. En algunas de sus calles, aún pueden verse fachadas con agujeros de bala que parecen recién hechos. Sus gentes todavía discuten sobre quién voló la Cámara Santa de la Catedral, quién incendió el teatro Campoamor y quién disparó primero. El debate de una memoria histórica aún viva y con infinidad de lecturas se palpa de forma natural.

En esta ciudad desarrolla Alfonso Zapico la mayor parte del segundo tomo de su trilogía “La balada del norte” que acaba de publicar Astiberri. Esta serie de novelas gráficas parece funcionar como una sola por su solidez narrativa y su complejidad temática, aunque las obras se componen de pequeñas vidas cruzadas .

Alfonso Zapico nace en Blimea y aprende el pasado minero desde su más tierna infancia. Los años lo han llevado ya por muchos sitios, y hoy vive en esa amazonía moderna del cómic y el diseño gráfico que es la ciudad francesa de Angulema. Su obra, además, le ha hecho merecedor de reconocimientos como el Premio Nacional del Cómic 2012 por la estimulante Dublinés. Pero todo el mundo mira su pasado en algún momento.

Él lo ha hecho sobre uno de los episodios históricos más convulsos de su tierra: la Revolución del 34, sangrienta insurrección obrera que para muchos tiene su epítome en tierras asturianas. “Los sucesos de Asturias supusieron en realidad el inicio de la Guerra Civil”, describe el periodista Enric González en el prólogo del libro. Según él, “tanto la insurrección como la brutal represión imprimieron en la Segunda República el clima feroz que dos años más tarde desembocó en una guerra”.

Ese gen de la Guerra Civil es el que nace en el primer tomo de La balada del norte, una novela de una profundidad dramática indeleble. En ella, la historia de Tristán e Isolina, el hijo de un marqués y la hija de minero enamorados en el peor momento, es también la de una Asturias en lucha consigo misma.

Su corte de novela clásica se impregna también en su arquitectura interna: páginas de nueve viñetas, sin apenas juegos formales y con disimulado reciclaje visual. Es una estructura sencilla para un estilo que solo obedece a su narrativa. “Lo que más me importa cuando hago un cómic”, confiesa Zapico, “no es tanto el dibujo como saber lo que quiero contar y saberlo contar bien”.

De ahí que el primer tomo de “La balada del norte” funcione tan bien como novela. Las tensiones obreras y las durísimas condiciones laborales de la minería son el marco en el que, poco a poco, conocemos a personajes que forman parte indisoluble de una revolución en ciernes. Unos por vivir sin mirar y otros por estar hartos de morir. “De fondo siempre está la gran historia”, nos cuenta el autor. “Aquí es la Revolución del 34, pero esta me sirve para hablar de una sociedad y de una forma de vida que no son otra que la de Asturias y su gente”, explica.

Alfonso Zapico asume todas las contradicciones de la revolución en su retrato de la lucha de clases vivida a un nivel muy palpable en la minería asturiana. Como si de una novela dickensiana se tratase, la clase obrera sufre los avatares de un destino que no tiene más remedio que afrontar y que, muchas veces, termina con alguien con las manos manchadas de sangre.

La segunda parte de “La balada del norte” sucede en Oviedo, ciudad que casi terminó arrasada en el 34. Esta vez, la guerra y la acción sustituyen el fuego lento que había hecho hervir la primera parte. Aquí ya no hay medias tintas: la gente muere en las calles de la capital asturiana. Y, sin embargo, son varios sus envites. El más obvio es un aumento considerable de la experimentación en su dibujo, que cada vez juega más con sus viñetas, con las formas que lo componen y con el poder visual de una revolución.

La experimentación también crece a nivel narrativo, abordando con elegancia la guerra vivida a muchos niveles. “Quería retratar dos frentes: el que se da en exteriores o campos de batalla, y el que vemos en interiores, entre las paredes de una casa”, nos cuenta Zapico. “En el primero hay gente que se dispara y se mata mutuamente, pero en el segundo se da otra lucha muy distinta y muchas veces más visceral”, asegura.

Así, Zapico no se queda en la epidermis del conflicto y aborda algunos de los temas que llevaron al fracaso de la revolución. La falta de cohesión de la clase obrera fue una de ellas, pero no la esencial. El socialista discutía con el anarquista y el minero con el operario ferroviario, pero también había conflictos que superaban lo político: el vecino de San Martín no se hablaba con el de Mieres, el de El Entrego miraba por encima del hombro al de La Güeria. E incluso en la casa de cada uno, el seminarista se llevaba a matar con su hermano comunista.

“Esto de la Revolución es una milonga, porque nos dijeron que era el sueño de todos”, confiesa uno de los personajes, “pero era mentira. Era el sueño de cada uno”.

A la espera de la tercera y última parte, no sería descabellado decir que “La balada del norte” es la gran novela gráfica asturiana de nuestro tiempo y el de Alfonso Zapico, pues si su obra destila emoción es por que viene de dentro.

“La gente que emigra quiere tener siempre un sitio al que volver, un suelo que pisar”, explica el autor. “Antes de hacer La balada, me di cuenta de que todo lo que yo consideraba que era mi sitio, se me esfumaba debajo de mis pies. Por eso la hice, para tener algo a lo que agarrarme: una identidad y una memoria”, cuenta.

Para él, “la mirada hacia atrás siempre es interesante y suele partir de una voluntad que se despierta en determinado momento“. “Yo no lo busqué. No hago ‘La balada del norte’ con ninguna utilidad práctica definida”, asegura. Aunque añade que “de repente” tuvo “la necesidad de hurgar en el pasado, porque al final uno es de donde viene”.

Alfonso Zapico forma parte imprescindible, desde ya, de una estimulante etapa de la novela gráfica española que se atreve a mirar atrás y a presentar batalla al olvido. Una que engloba el trabajo de autores de varias generaciones, desde Sento Llobell a Paco Roca pasando por  Jaime Martínez y Jose Pablo García. Todos dibujan su pasado para intentar entenderse. De paso, dibujan también el nuestro.

http://www.eldiario.es/cultura/comics/balada-norte-entranas-Revolucion-Asturias_0_649885013.html

La Revolución Socialista de 1917 en Rusia cambió el mundo para siempre

El aliento de la Revolución Rusa de hace un siglo todavía mantiene su acalorada temperatura emocional cien años después. La temporada está repleta de exposiciones, recolecciones de memorias, publicaciones y eventos que recuerdan el centenario de uno de los momentos más trascendentes de la historia: la primera toma del poder político, económico y social protagonizada por obreros, campesinos y soldados.

El colapso de la dinastía despótica de los zares, que reinaba sobre un país inmenso, empobrecido, hambriento y gestionado según un modelo medieval de siervos y señores feudales, cruzó la Tierra como un terremoto y trajo, con el triunfo sobre el absolutismo, la extensión del socialismo como esperanza para los desheredados del mundo. La Biblioteca Británica se suma ahora a las conmemoraciones con la exposición “Russian Revolution: Hope, Tragedy, Myths” (La Revolución Rusa: esperanza, tragedia, mitos).

Definida por la institución —tras la del Congreso de Estados Unidos, la segunda biblioteca del mundo en tamaño, con 150 millones de objetos a los que se añaden seis millones más cada año— como la “exposición definitiva” sobre la revolución triunfal de los soviets, la muestra abarca un arco temporal que va del reinado del último zar, Nicolás II, hasta la muerte, en 1924, del dirigente bolchevique, Lenin.

En cartel hasta el 29 de agosto, la muestra promete a los visitantes la posibilidad de convertirse en testigos de un mundo interrumpido, conmocionado y cambiado para siempre” mediante el análisis y la contemplación de material gráfico, fotos, cine, grabaciones sonoras, publicaciones y propaganda, así como artículos raramente vistos.

Destacan una primera edición del Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels y editado por primera vez precisamente en Londres en 1848, hasta una orden policial de Scotland Yard de 1922 prohibiendo a la biblioteca el préstamo o consulta de propaganda revolucionaria, que el gobierno británico consideraba “incendiario y demasiado peligroso” para la estabilidad política del país. También se exhibe material antibolchevique, muy poco difundido.

Los organizadores desean ofrecer la oportunidad de “entender las historias personales menos conocidas detrás de los eventos que cambiaron el mundo”, uniendo lo político con lo personal, resaltando el elenco de los grandes protagonistas de la Revolución y a la “gente común que vivió aquellos tiempos extraordinarios”.

La exposición contará la historia a través de carteles, cartas, fotografías, pancartas, armas, grabaciones y películas. El material es tan variado que va desde desde un álbum de souvenirs de lujo de la coronación del zar hasta la propaganda pintada a mano por los obreros de las fábricas.

Destacan también prendas de los uniformes del Ejército Rojo y una solicitud escrita de puño y letra por Lenin en abril de 1902 solicitando ser lector de la biblioteca del Museo Británico. Aparece firmada con el seudónimo Jacob Richter, que usaba para evadir la persecución ser lector de la biblioteca del Museo Británico. Aparece firmada con el seudónimo Jacob Richter, que usaba para evadir la persecución internacional de la policía zarista.

“Es imposible entender el mundo de hoy sin una comprensión de la Revolución Rusa”, dice la coordinadora de la muestra, Katya Rogatchevskaia. “Además de dar una visión general de acontecimientos trascendentales, desde los últimos días del Imperio Ruso y la caída del último zar, Nicolás II, hasta el surgimiento del primer estado socialista bajo la dirección de Lenin, también nos centraremos en las vidas de la gente común utilizando cartas, diarios y fotografías”.

http://www.20minutos.es/noticia/3033171/0/biblioteca-britanica-exposicion-centenario-revolucion-sovietica/
 

Cuando Stalin propuso la reunificación de Alemania

Jorge Álvarez

El 10 de marzo de 1952 pudo cambiar el rumbo de la Historia si hubiera prosperado una atrevida propuesta para la reunificación alemana. Alemania (entonces dividida en dos bloques, uno proocidental, la RFA, y otro prosoviético, la RDA) se convertiría en un único estado donde estuvieran garantizados “los derechos del Hombre y las libertades básicas, incluidas las de expresión, prensa, religión, ideas política y reunión”, admitiendo además la libre actividad de partidos y otras organizaciones democráticas, así como la formación de un ejército.

Lo que sorprenderá a más de uno es que el autor de dicha proposición fue nada más y nada menos que José Stalin. En efecto, los representantes de los gobiernos de Reino Unido, Francia y Estados Unidos recibieron un documento de manos de Andrei Gromyko, conocido desde entonces como Nota de Marzo o Nota de Stalin, donde el líder soviético ofrecía esa posibilidad casi sin condiciones, aunque en un contexto muy obvio: en esos momentos las potencias occidentales estaban preparando la fundación de lo que luego sería la OTAN y negociando con la República Federal de Alemania (creada en mayo de 1949, cuatro meses antes que la República Democrática Alemana) su ingreso en esa alianza militar, de ahí que la nota ofreciera una nueva Alemania libre, sí, pero neutral y desmilitarizada (o, al menos, sin integrarse en ninguna alianza estratégica).

Por eso y porque se estimó que la Nota de Stalin era una trampa, pues aún cuando fuera sincera se daba por hecho que los soviéticos contaban con que el país germano reunificado podría ser inducido al modelo comunista, occidente rechazó la oferta y contaatacó con su propia versión, diciendo que a Alemania debía dejársele elegir libremente su incorporación a la OTAN y concederle el derecho a un ejército si tal era su deseo.

Por supuesto, se sabía que esa alternativa resultaba imposible de aceptar por la URSS, que aún tenía sangrantes la ominosa invasión de su territorio por las tropas teutonas durante la reciente Segunda Guerra Mundial. Aquel intercambio de ofertas y contraofertas es lo que se ha dado en llamar la Batalla de las Notas, que constituyó un buen ejemplo de lo que sería la Guerra Fría (una realidad ya con el conflicto de Corea en marcha desde 1950).

El primero y más decidido en decir no a Stalin fue Konrad Adenauer, el canciller alemán, al que no bastaron las promesas soviéticas sobre retirar las tropas de ocupación, devolver las fronteras a las pactadas en la Conferencia de Postdam y facilitar la reincorporación del país a los mercados mundiales, así como suspender el proceso de desnazificación para exmilitares e incluso miembros del Partido Nazi con la excepción de los que fueran considerados criminales de guerra.

Esa actitud negativa del canciller, al que algunos críticos extremos acusaron de querer mantener separada a la mayoría católica del Oeste de la protestante del Este (que además era el tradicional feudo socialdemócrata), se explicaba más bien por ligar a Alemania al bloque capitalista y le pasaría factura tiempo después, cuando algunos políticos de su propio país plantearon que quizá había dejado pasar una oportunidad única, aunque él siempre opinó que la reunificación sólo podía desarrollarse tras un tiempo de coexistencia entre ambas repúblicas durante el cual, de forma paralela y complementaria, se fuera produciendo una adaptación de la RDA al sistema capitalista para evitar que ocurriera al contrario.

Otros, en cambio, eran más posibilistas y sugerían que Alemania podía ejercer un importante papel de mediadora entre Este y Oeste, y si se garantizaban elecciones libres y las fronteras de Postdam se podía y se debía negociar con Stalin con su nota como punto de partida.

Fue el caso del titular de Interior, Jakob Kaiser, y de algunos ministros más que, junto a varios miembros del FDP (Partido Democrático Libre, el que gobernaba), declararon dos días después que no se perdía nada con intentarlo y si resultaba ser una trampa, los mismos soviéticos quedarían en evidencia.

Pero Adenauer impuso su decisión temiendo que Stalin impusiera la presencia de la RDA en las negociaciones -consiguiendo hábilmente que fuera reconocida de facto– y aduciendo que una Alemania neutral carecería de capacidad defensiva ante una absorción por el bloque del Este. La mayoría del parlamento le apoyó, incluyendo la oposición socialdemócrata.

En la RDA la propuesta de la URSS fue recibida con entusiasmo, pues aunque ya se había organizado una fuerza paramilitar denominada Kasernierte Volkspolizei, en septiembre de 1951 también había hecho ofertas a la RFA para organizar elecciones conjuntas si antes se firmaba un tratado de paz.

Sin embargo no tardaron en volver a la realidad cuando el 25 de marzo, quince días después de la nota de Stalin, Reino Unido, Francia y EEUU enviaban la suya a Moscú condicionando la firma de ese tratado a la celebración de elecciones libres comprobadas por la ONU, a reconocer el derecho de Alemania a aliarse con quien quisiera y a rechazar las fronteras habladas en Postdam (dado que sólo eran válidas hasta firmar un tratado).

El 9 de abril Stalin presentó una segunda nota ratificando su documento pero proponiendo un cambio: que las elecciones fueran supervisadas pero no por la ONU sino por las cuatro potencias ocupantes, que seguirían activas mientras se negociaba el citado tratado de paz.

La respuesta de occidente se produjo el día 13 aceptando en parte la idea si bien con la condición de que los supervisores no fueran funcionarios del gobierno sino observadores imparciales. El líder soviético mandó una tercera nota el 24 de mayo, cuando acababa de hacerse pública la fundación de la EDC (Comunidad Europea de Defensa), criticando a esta nueva organización porque suponía un obstáculo para el ansiado tratado.

El 23 de agosto todavía vería la luz una cuarta y última nota que era más de lo mismo; dado que occidente también estaba en esa línea de cerrarse a lo que dijera el otro, la cuestión fue disolviéndose poco a poco y un muro de hormigón terminó poniéndole la puntilla a partir de 1961.

Fuente: http://www.labrujulaverde.com/2017/01/cuando-stalin-propuso-la-reunificacion-de-alemania

Se dispara la cifra de muertos por explotación laboral en Japón

Las muertes por exceso de trabajo en el Japón han encendido de nuevo las alarmas y pese a los esfuerzos del Gobierno por disminuir los índices de mortalidad, muchos consideran que el problema radica principalmente en las políticas laborales. Por lo general, las empresas someten a sus trabajadores a excesivas horas de trabajo con bajos salarios, horas extras no remuneradas y en algunos casos abusan de su poder.

De acuerdo con el Ministerio del Trabajo japonés, el año pasado se registraron al menos 189 muertes a causa de fatiga laboral extrema, mientras que las demandas por abusos de esta índole llegaron a 2.310. No obstante, los expertos creen que el número real de fallecimientos es de varios miles.

La muerte por exceso de trabajo es conocida como “karoshi”. “En un lugar de trabajo japonés, el trabajo extra siempre está ahí. Es casi como si formara parte del horario laboral normal”, aseguró Koji Morioka, profesor de la Universidad de Kansai en la ciudad de Osaka para el “Washington Post”.

A mediados de abril, el abogado Hiroshi Kawahito, que forma parte del Consejo Nacional de Defensa para las Víctimas de “Karoshi”, sostuvo  que el número real de afectados es probablemente 10 veces mayor, ya que el Gobierno es reacio a reconocer este tipo de incidentes. “El verdadero problema es no reducir la horas de trabajo y el Gobierno no está haciendo lo suficiente”, aseveró.

Frente a este problema, que se remonta a la década de 1970, las autoridades han introducido medidas y se espera que el número de empleados que trabajan más de 60 horas por semana se reduzca a un 5 por ciento hacia el 2020. La mayoría de los trabajadores japoneses cuentan con 20 días de vacaciones al año pero pocos las disfrutan o solo aceptan menos de la mitad del tiempo ya que aprovechar los días libres es visto como un signo de flojera o falta de compromiso con el trabajo.

Los brigadistas chinos en la guerra civil española

Agricultores analfabetos, trabajadores manuales, funcionarios públicos, unos 100 chinos se unieron a las brigadas internacionales que ayudan a luchar contra los fascistas del general Franco hace 80 años. A pesar de ser pocos en número, dejaron un recuerdo duradero.

En el otoño de 1937, Zhang Ruishu estaba disfrutando de uno de sus raros descansos de su trabajo de 14 horas diarias en primera línea del frente. Uno de los pocos, si no el único chino en Madrid, que no había pedido permiso de descanso -quedaba mucho que hacer-, pero su comandante había insistido en que se lo tomara. La capital española estaba decorado con desafiantes banderas desgarradas en que se leía “No pasarán” y “Madrid será la tumba del fascismo”. Zhang había visto a menudo antes estos signos. En un puesto de periódicos, sin embargo, un gran cartel promocional en la revista de noticias española la Estampa le llamó la atención.

El intrigante cartel mostraba la cara de un hombre de perfil. No era una cara bonita, sino ruda y curtida, con el pelo muy recortado, mejillas hundidas y un montón de dientes torcidos en una boca ligeramente abierta -la cara de un tonto que ha conocido dificultades. De repente, una multitud se agolpaba alrededor de Zhang; los ojos se abrían y los dedos le apuntaban. “¡Es él!” Clamaron, lanzándose hacia adelante para estrechar la mano del desconocido.

Casi 20 años después del día en que puso el pie en suelo europeo, el humilde hombre de 44 años de edad de la provincia de Shandong, ahora médico con las fuerzas republicanas en la lucha contra el fascismo en la guerra civil española, fue aclamado como un héroe en un país a casi 10.000 kilómetros de su casa.

Poco más de un año antes, el 17 de julio de 1936, al mismo tiempo que militarismo japonés se volvía cada vez más pesado en China, un grupo de oficiales [traidores] de derechas del ejército español, dirigido por el general Francisco Franco, se levantó contra el gobierno republicano democráticamente elegido. El movimiento marcó el comienzo de una guerra civil que se prolongó durante dos años y ocho meses y hacía entrever un conflicto aún mayor en Europa.

Mientras que los nacionalistas de Franco eran asistidos abiertamente por las fuerzas alemanas e italianas de los dictadores fascistas Adolf Hitler y Benito Mussolini, las naciones democráticas como Francia y Gran Bretaña aplicando una política oficial de no intervención para disgusto de muchos de sus propios ciudadanos, que vieron la contienda como una lucha contra los males del fascismo y el preludio de un conflicto aún mayor en Europa.

En respuesta a la indiferencia de sus gobiernos, decenas de miles de trabajadores, sindicalistas y estudiantes de izquierda se movilizaron y dirigieron a España, a tomar las armas. El número de combatientes extranjeros que lucharon en lo que llegó a ser conocido como las Brigadas Internacionales se ha estimado en 40.000, con voluntarios de 53 países, entre ellos Francia (9.000 personas), Estados Unidos (2800), Gran Bretaña (2.500), Polonia (3000) e incluso Alemania (4.000) e Italia (3000). Llegaron de Costa Rica y Albania, de Grecia, Cuba y Argentina, de Finlandia, Irlanda, Sudáfrica y Bulgaria.

Una investigación de varias décadas de Len y Hwei-Ru Tsou, dos investigadores americano-taiwanés (ahora retirados y con domicilio en San José, California), ha demostrado que más de 100 chinos combatieron hombro con hombro con los republicanos [y anarquistas]. Algunas de sus historias se detallan en el libro de la pareja, La llamada de España: Los voluntarios chinos en la Guerra Civil española (1936-1939), que fue publicado por primera vez en chino tradicional en Taiwán en 2001 (y ampliado en 2015), y en español y chino simplificado en 2013, con nuevo material añadido, que ahora sale a la luz.


“La llamada a las armas de Tsou” [Tsou’s call to arms ] fue una película documental realizada en Estados Unidos. “Creo que fue alrededor de 1986, que vimos ‘El Buen Combate’ [The Good Fight], dice Len Tsou, señalando que el documental se centró en la Brigada Abraham Lincoln, un batallón de combatientes estadounidenses que habían viajado a España. “Nos quedamos muy sorprendidos de que tantos voluntarios de todas partes del mundo se hubieran alistado. Comenzó entonces nuestro interés en las brigadas internacionales, y hemos aprendido todo lo que pudimos”.

Ese año fue el 50 aniversario del inicio de la guerra, y los veteranos de la Brigada Abraham Lincoln publicaron un folleto para recordar la ocasión. Contenía una lista completa de los voluntarios.

“Len y yo hechamos un vistazo y vimos que había tres nombres chinos allí”, dice Hwei-Ru Tsou. “Nos quedamos estupefactos. Los chinos en ese momento estaban luchando por su propia supervivencia, intentando rechazar la agresión japonesa”.

Una semilla había brotado, y la pareja cavó más profundo. Con muchos veteranos de guerra envejeciendo, los investigadores tuvieron que moverse rápido, viajando varias veces a España, China, Francia, Países Bajos, Bulgaria, Alemania y otros países para entrevistar a ex soldados, ex voluntarios, familiares y amigos, y entresacar la información de entre el marasmo de documentos oficiales.

Descubrieron que los chinos habían venido de todos los estratos, algunos de familias de funcionarios públicos, otros de lo más bajo de los trabajadores manuales y los agricultores analfabetos. Como su número había sido relativamente pequeña, no había habido ninguna brigada china oficial en España, y luchado en batallones de otras naciones, por lo general elegido en función de sus habilidades lingüísticas.

Aunque los fascistas de Franco tenían poder de su lado, los republicanos no estaban completamente solos: recibieron ayuda material y más de 2.000 tropas de combate de la Unión Soviética.

Mao Zedong envió una carta abierta de apoyo a los republicanos en el de mayo de 1937. “Si no fuera por el hecho de que tenemos el enemigo japonés frente a nosotros”, escribió Mao, “seguramente nos uniríamos a sus tropas”. Lo que Mao quizá no sabía era que, para aquel entonces, un número de chinos ya estaban allí.

El camino de Zhang a Europa comenzó ya en 1917, cuando -en los tiempos de la Primera Guerra Mundial- Gran Bretaña y Francia reclutaron a más de 100.000 chinos con el fin de que trabajaran en las fábricas cuyas plantillas regulares ahora estaban luchando en el frente. Nacido en la pobreza extrema en 1893, Zhang – huérfano siendo ya adolescente, sin trabajo, analfabeto y desesperado – se había registrado a bordo de un barco lleno de casi otros 2.000 hombres chinos con destino a Marsella.

Después de un viaje agotador 70 días por mar, Zhang se puso a trabajar en una fábrica de papel francesa. En menos de un año, sin embargo, Alemania se había rendido, la Primera Guerra [Mundial] terminó y los trabajadores chinos fueron un exceden para las necesidades franceses. La mayoría fueron enviados de vuelta a casa.

Sin familia y sin perspectivas en China, Zhang decidió quedarse y probar suerte, realizando los trabajos más desagradables y peligrosos (desenterrar cadáveres o detonación de bombas de gas sin explotar, por ejemplo) que los franceses evitaban.

También proveniente de Shandong, fuerte y valiente, Liu Jingtian nació en 1890. Tras su paso por el Ejército Chino también viajó a Francia en 1917, se quedó al terminar la guerra y en 1924, él y Zhang (cada vez más un autodidacta ahora enseñaba francés) obtuvieron un empleo estable en la planta de fabricación de automóviles Renault en el oeste del suburbio parisino de Boulogne-Billancourt. Al igual que muchos trabajadores de la industria del momento, se unieron al Partido Comunista Francés y, cuando estalló la guerra civil española, fueron llamados a bajar las herramientas, cruzar los Pirineos a pie y luchar contra el fascismo.

Zhang y Liu llegaron a España en noviembre de 1936, y aunque se les pidió a convertirse en ametralladores de la Brigada Internacional, por sus edades (ambos estaban en sus 40) se les asignó a los equipos médicos como camilleros, a menudo encargados de rescatar a los soldados heridos bajo el fuego enemigo. Como se describe en el Estampa, Zhang fue herido en el pecho, hombros y las manos durante el desempeño de sus funciones. También una dramática fotografía en el calor de la batalla que muestra a Liu rescatando a un soldado herido fue publicada en el diario español Frente Rojo, fue entonces alabado en reconocimiento a su heroísmo.

“En ese momento, era probable que si iban no recuperaran de nuevo sus trabajos [en la Renault de París]. Incluso puede que no fueran capaces de volver a Francia”, dice Hwei-Ru Tsou, “pero ellos fueron de todos modos, porque era una pelea muy importante. Estos dos tipos no eran jóvenes, los dos estaban solteros, y dijeron entre sí: ‘Si los trabajadores franceses van, cuando tienen familias, tienen hijos, entonces nosotros vamos también’. Fueron extraordinarios, y también muy queridos por sus compañeros. Eran muy valientes”.

Luchando con la Brigada Abraham Lincoln, estaban Zhang Ji de Minnesota y Chen Wenrao de Nueva York, que eran a demás originarios de China. Chen, nacido en la provincia de Guangdong y fue muerto en la sangrienta batalla de Gandesa, en 1938, a la edad de 25 años. Zhang, sin embargo, sobrevivió a la guerra en España.

Viniendo de una familia educada de relativamente privilegiada en la provincia de Hunan, Zhang Ji había salido de China hacia San Francisco en 1918, recibiendo el título de Ingeniero de Minas por la Universidad de Minnesota en 1923. Después de la crisis financiera del 1929, en que perdió su trabajo como una ingeniero y se radicalizó, se unió al Partido Comunista de los Estados Unidos en 1935. En marzo de 1937 a la edad de 37, Zhang Ji subió a bordo del trasatlántico SS París en Nueva York y se dirigió a Francia, luego cruzó los Pirineos hacia España. Alto, delgado y desgarbado, y no físicamente el más fuerte de voluntarios, Zhang Ji fue asignado inicialmente como conductor de camión, antes de tomar funciones de secretario.

Se describe en “La llamada de España” a un silencioso y misterioso doctor chino-indonesio, Bi Daowen (que también fue conocido por el nombre Indonesio como Tío Oen Bik) de Java, tenía 31 años cuando llegó a España, en septiembre de 1937.

Mientras que uno de los más fervientemente políticos de entre los chinos, delgado, con binóculos, fue Xie Weijin, que nació en la provincia de Sichuan en 1899. Xie participó en el Movimiento Antimperialista del Cuatro de Mayo en Shanghai en 1919 antes de dirigirse a Francia.

En la década de 1920, se unió a la Liga de la Juventud Comunista en Europa y al Partido Comunista de la rama europea china, y una foto tomada en una reunión en Berlín en 1927 muestra a Xie entregando una pancarta con la leyenda “De los Trabajadores de la huelga de Hong Kong y Kowloon” al líder comunista alemán Ernst Thalmann, que fue asesinado a tiros por orden expresa de Hitler en el campo de concentración de Buchenwald en 1944.

Xie se dirigió a España en abril de 1937. En una carta al Partido Comunista de España escribió: “No llegué a España para una estancia corta, sino para ir al frente de batalla. Me esforzaré al máximo en combatir como soldado. Espero que el comité me conceda este derecho y deje que me una a las Brigadas Internacionales al igual que muchos otros compañeros extranjeros”.

Xie se hizo ametrallador con el batallón de Austria, pero fue retirado de la primera línea por un disparo que atravesó su pierna derecha, por debajo de la rodilla.

De acuerdo con la investigación de los Tsou, Chen Agen fue posiblemente el único voluntario chino que llegó a la guerra directamente desde China. Chen, de hecho, huía de las autoridades después de haber organizado un sindicato en Shanghai. Mientras se dirigía a Europa en 1937, un cocinero vietnamita -se rumorea que fue Ho Chi Minh- quien encandiló a Chen con fábulas de la intrepidez antifascista de España, por lo que viajó allí para luchar; sólo para ser capturado y puesto a trabajar como prisionero de guerra sirviendo de mano de obra.

Con un embargo de armas, de acuerdo con la política de no intervención de muchos países, en 1938 los republicanos estaban en retirada, y en octubre el mando ordenó la disolución de las Brigadas Internacionales, con la esperanza [excusa] de convencer a los aliados extranjeros de los nacionalistas [fascistas] de retirar sus tropas; pero fue en vano, y la guerra terminó oficialmente el 1 de abril de 1939, con victoria de los nacionales.

Las suertes finales de los voluntarios de las Brigadas Internacionales fueron tan variadas como sus orígenes. Chen no fue liberado de la cárcel hasta 1942, y su rastro rápidamente se perdió en Madrid. Zhang Ji huyó de España después de la disolución de las Brigadas Internacionales y llegó a Hong Kong, donde en marzo de 1939 tas sus experiencias en la guerra civil española publicó las “viñetas españolas” en el periódico mensual Tien Hsia.

Chang había escrito de su deseo de unirse a VIII Ejército de Mao a su regreso a China, pero se desconoce si tuvo éxito; los Tsou no han encontrado ningún registro de su paradero después de Hong Kong.

Bi se enroló en China y en 1940 estaba en Yanan con las tropas de Mao. Bi fue uno de los voluntarios extranjeros que volvieron y fueron venerados como “los médicos españoles”, apoyando el esfuerzo de guerra de China contra Japón. Los médicos habían llegado en China desde Polonia, Alemania, Canadá, Gran Bretaña, India y muchos otros países, y habían servido en los campos de batalla españoles. Bi se mantuvo en Yanan hasta 1945 tras la rendición japonesa, trabajó en la Unión Soviética antes de regresar a Indonesia, donde fue condenado al ostracismo por sus acciones revolucionarias y creencias políticas. No se supo nada de él después de 1966, un año después del golpe militar de Suharto, y se sospecha que Bi pudo haber sido ejecutado.

“Cuando lo oí, lloré”, dice Hwei-Ru Tsou. “Sentí que había llegado a conocerlo. Lo sentía muy cercano a mi. Más tarde supe mucho acerca de sus hechos, no sólo en España sino también en China. Sentí que este gran hombre había sido olvidado, no sólo por su propio pueblo, pueblo de Indonesia, y sus compañeros, sino también por el mundo. Fue un hombre que vivió de sus ideales, y que tuvo un gran valor. Era un hombre increíble”.

A principios de 1939, Xie fue uno de los cientos de miles de refugiados republicanos que huyeron a Francia, donde fueron confinados en el famoso Campo de Concentración de Gurs durante ocho meses antes de regresar a China a través de Singapur, Hong Kong y Vietnam. Xie luchó con el Ejército Rojo contra los japoneses. Con el tiempo de trabajo como ingeniero para la fuerza aérea china en la década de 1950 y principios de los años 60. En 1965, sin embargo, Xie fue purgado por el Partido Comunista y acusado de revisionista debido a su implicación con los extranjeros en Europa. Murió de cáncer en 1978, no habiendo podido ser “rehabilitado”.

Liu llegó a Yanan a finales de 1939 y fue admitido en el Partido Comunista en 1946. Se sabe que trabajó en proyectos de construcción, incluyendo las [arqueológicas] viviendas cavernícolas de Yaodong por las que Yanan se hizo famoso, pero luego su rastro se pierde.

De acuerdo con Hwei-Ru Tsou, cuando los voluntarios internacionales se retiraron en 1938, Zhang Ruishu volvió a París y fue rápidamente detenido por el gobierno francés. Finalmente liberado con ayuda del Partido Comunista Francés, su antiguos compañeros de trabajo y sindicalistas de la Renault pagaron su pasaje en barco a China en el año 1939. A partir de 1949, trabajó en varias posiciones administrativas para la agencia de noticias Xinhua, retirándose en 1958. Diez años más tarde, solo y olvidado, calló a las puerta de su casa, y murió ese mismo año, a la edad de 75.

Para Hwei-Ru Tsou, las experiencias de los voluntarios chinos, que lucharon -y en algunos casos murieron- por sus convicciones internacionalistas en el lado opuesto del planeta de su tierra natal, no son mera historia, son ejemplos que brillan en un mundo habitualmente sacudido por tormentas políticas y la creciente intolerancia.

“Sus historias -en los tiempos actuales- son muy importantes”, dice. “La situación en aquel entonces -con Hitler y Mussolini levantandose sobre Europa, la situación económica y política en ese momento- podría regresar, y vemos signos de esto en algunos lugares del mundo. Estas historias pueden servir para mantenernos alerta”.

Fuente: http://www.scmp.com/magazines/post-magazine/long-reads/article/1989792/chinese-volunteers-who-fought-spanish-civil-war

Breves cosillas sobre el 18 de julio

Bianchi

Un lector -o lectora- nos sugiere que escribamos algo sobre el 18 de julio y el 80 aniversario de la sublevación militar-fascista contra la II República dándonos un ligero y cariñoso capón como si no nos hubiéramos percatado de tal efeméride.

Es posible que decepcionemos a nuestro amable lector -o lectora, nosotros siempre usamos el pangenérico, pero, en fin…- y, también, a los miles y cientos de miles de nuestros blogueros/as. De entrada y en principio, se supone que deberíamos ser nosotros, gente de izquierda sin comillas, los que recordáramos esa fecha, pero no lo hacemos porque de eso ya se encarga la prensa oficial al servicio de su amo dizque el fascismo rampante, campante e imperante. Hombre, se dirá, ya será menos, no exageremos, ustedes sí que no cambian, hay elecciones y esas cosas, otrosí: democracia. Fascismo, fascismo, lo que se dice fascismo, la dictadura de Pinochet, mire usted. Es posible si sólo nos fijamos en los aspectos formales más brutales del fascismo, represión, asesinatos, ilegalización de partidos comunistas, etc. Es evidente que el facherío ya no viste correajes y ni siquiera hace alarde de ser fachas: ahora son «demócratas». Los mismos perros con distintos collares, podríamos decir, acaso simplificando, no se nos oculta. Hay quien cree, y si no lo cree así lo vende, que muerto el dictador Franco, advino la «democracia» y las libertades y tal y tal. Recurriremos a otro refrán para decir que muerto el perro… ¡no se acabó la rabia!, como decía el gran don Pepe Bergamín (le tuteamos porque le conocimos) respondiendo a un artículo de Antonio Gala -en los albores del timo de la Transición- que decía que muerto el perro (Franco), se acabó la rabia (popular). Pues no, decía Bergamín, que se murió en Euskadi huyendo de la España -que tanto amaba- carpetovetónica de siempre: los mismos perros con distintos collares, hemos dicho. Nosotros somos sapos (cancioneros), pero no abrevamos en ese pozo, eso que lo hagan otros. A nosotros nos tendrán siempre enfrente, sobre todo tragasables como Iglesias, vendedores de mercancía vieja y averiada, farsantes y mercachifles. Aprovechamos la ocasión para decir que, así como la caverna critica a «Podemos», eso no hace que coincidamos con ellos, objetivamente, con esa purria cuando desenmascaramos a esta «neocasta». No. La caverna dice del «podemismo» lo que no son y quieren hacer creer, esto es, gente de «extrema izquierda», bolivarianos, comunistas y peligrosos bolcheviques y que así los pintan;nosotros decimos lo que son: tahúres y vendedores de crecepelos. Así que los extremos no se tocan. Ni los extremeños.

Pido permiso al lector/a para echar las potas viendo cómo un periódico -EL MUNDO, vanguardia del periodismo mendaz y amoral- reúne a hijos y nietos de generales golpistas y fascistas con hijos y nietos de luchadores y militantes antifascistas para dar una nueva versión de la «reconciliación nacional» que predicara y consignara en los años sesenta del siglo pasado el traidor Carrillo. Aliviado el estómago, seguimos. Y seguimos para decir que, así como «España» son ellos, la versión de lo sucedido en la guerra civil -que otra gente llamó «guerra nacional revolucionaria» dado el carácter que adquirió la guerra que duró casi cuatro años y que los milicos la pensaron como algo de coser y cantar en cuatro días, como quien dice tipo pronunciamiento militar decimonónico-, también es la suya: enfrentamiento trágico entre españoles donde hubo atrocidades en ambos bandos, etc. Bastaría con hacerse una pregunta elemental, muy de pueblo, para despachar y depurar responsabilidades: ¿quién empezó la guerra, la sublevación contra la República legal y legítima o, mejor dicho, contra la victoria del Frente Popular el 16 de febrero de 1936? Tal vez sigamos simplificando… Tal vez la cosa sea más «compleja» y no nos damos cuenta. Tal vez…

Y ya puestos a simplificar -verbo despectivo en ámbitos universitarios que ignoran que una simplificación es la condensación inteligible de un estudio y análisis profundo previo de una situación dada- diremos que -otra vez otro refrán sanchopancesco- de aquellos barros (el golpe fascista), estos lodos… democráticos. O fascismo «posmoderno».

Acabaremos señalando lo que nos parece un error asumido por cierta izquierda consecuente y honrada, y es establecer una diferencia entre el «régimen anterior», o sea, el franquista, el del 36, y el «régimen del 78», o sea, el actual, el de la Constitución, el de la «democracia», como si hubiera habido una «ruptura» (democrática) que degenera en fascismo y hubiera que «recuperar» las libertades arrancadas al régimen del 36 «felizmente superado». No hay tal cosa, para nosotros. Por descontado, no somos tan burros, es cierto que el fascismo, digamos desnudo y desembozado, reculó ante la lucha de clases protagonizada por las masas (y no PNVs ni PSOEs inexistentes e inoperantes, al menos) obligándole a gatopardizarse lampedusescamente: cambiar algo para que todo siga igual. Fue necesario -para el fascismo- ampliar su base social repartiendo la tarta entre la «oposición» ya muy domesticada y deseosa de recoger algunas migajas del rico Epulón capitalista. Y, de paso, acabar con las conquistas obreras y trabajadoras gracias a sindicatos comprados y vendeobreros y a un PsoE venal (reconversiones industriales, entrada en la OTAN, etc.).

Pero esto es sabido, y no nos gusta la papilla ni dar la vara. Acabaremos con otro refrán: aunque la mona (fascista) se vista de seda… No sabemos si el lector/a habrá quedado satisfecho.

Muy buenas.

Addenda: se dirá que ahora salen casos de corrupción a relucir -maravillas de la libertad de expresión- y con Franco no, o se ocultaban más (cuando salía alguna era por peleas entre «familias franquistas», tipo MATESA, REACE, un asunto de aceites en Redondela, Vigo, que llevó -y tapó- el Magistrado-Presidente de la Audiencia provincial Mariano Rajoy, padre del actual Presidente en funciones, todavía vive, el padre de Mariano Jr. , digo). Es cierto, claro que ahora nos desayunamos con una corruptela diaria para empacharnos y que lo consideremos «normal», nos habituemos a ello y hasta hagamos chanzas, la «democracia» es así, hala, a votar.

En Ucrania los vecinos impiden que los fascistas derriben un monumento a Lenin

La semana pasada los habitantes de Limanskoe, en Odesa, se enfrentaron a los soldados del batallón fascista Azov que pretendían derribar un monumento a Lenin.

Los fascistas llegaron a la localidad en un autobús para cumplir la legislación aprobada por la Rada en abril del pasado año que ordena destruir todos los símbolos de la época soviética.

Cuando ya habían destruido su parte superior, un grupo de vecinos se acercó para increparles, produciéndose un altercado, por lo que más vecinos se fueron agrupando en los alrededores.

Ante una situación tensa, los fascistas volvieron a subir precipitadamente al autobús y abandonaron el lugar, mientras los vecinos les lanzaban gritos de ¡fascistas! e ¡hijos de puta!

Algunos de los presentes grabaron el incidente, que se puede ver en internet (*).

En Ucrania la destrucción de obras monumentales soviéticas comenzó en diciembre de 2013, pero hasta el año pasado la Rada no aprobó una ley que prohibía el uso de los emblemas de la época soviética. Su objetivo es la reescritura de la historia de Ucrania.

Desde entonces la destrucción de monumentos y obras escultóricas creadas por prestigiosos artistas soviéticos ha sido vertiginosa, a pesar de la oposición de los ucranianos.

Otros han convertido la destrucción en un negocio. Su valor artístico e histórico es tan importante que algunos avispados se han apoderado de numerosos símbolos soviéticos para venderlos. A pesar de que los precios no detienen su ascenso, cada vez hay más compradores, tanto dentro como fuera de Ucrania.

Recientemente en Kiev se ha vendido una estatua de bronce de Lenin pintada con los colores nacionales ucranianos, azules y amarillos, por 15.000 dólares. No quieren a Lenin pero no les importa quedarse  con el dinero que su recuerdo genera.

(*) Одесситы подрались с ‘Азовом’ из-за Ленина
http://www.youtube.com/watch?v=tlGmHhQvbCA

Aniversario

Hoy, 25 de abril, se cumplen 42 años del glorioso 25 de abril de 1974 en que la llamada «revolución de los claveles» acabó con la dictadura en el vecino país y desconocido Portugal. Fue una asonada protagonizada por militares hartos de una dictadura salazarista sin salida y putrefacta con su testaferro Marcelo Caetano en su última etapa, y de las onerosas y engorrosas colonias africanas (Angola y Mozambique, sobre todo). No hubo sangre ni tiros y sí una alegría desbordante en el pueblo. La señal fue el compás radiofónico de una canción «Grandola Vila Morena» (terra da fraternidade) interpretada por el revolucionario bardo Jose “Zeca” Afonso cuyo eco y sonido todavía nos pone la carne de gallina a quienes vivimos aquellas inolvidables fechas.

Se habló de una «Cuba comunista» en Europa, algo que, al margen de la evidente exageración, no se podía consentir, y a ello se puso, desde el primer minuto, la embajada norteamericana en Lisboa y la CIA. Primero ensayaron con golpes de mano de militares nativos cuasi fascistas como el vetusto general Spinola y, fallando este espadón, echaron mano de un político en el exilio con vitola de socialdemócrata y líder del Partido Socialista portugués, Mario Soares, el Felipe González luso que no tardó mucho en enfriar los ánimos hasta finalmente traicionar las expectativas populares, como no se cansara de denunciar el gran dirigente del Partido Comunista portugués, Alvaro Cunhal, y otros militares de corte revolucionario como Vasco Gonçalves, Rosa Coutinho u Otelo Saraiva de Carvalho, por ejemplo.

Mucho tiempo ha pasado, es cierto. Más tiempo ha pasado desde los idus de marzo, y nos seguimos acordando tanto de estos como de aquella efeméride. Hay quien cree que el tiempo, su paso, lo cura todo y que todo se olvida; pues bien, el tiempo, su paso, cura y no cura nada, y se olvida y no se olvida nada, eso es todo y como todo. En nuestra mano está y de ello depende todo.

Desde este modesto blog sólo queríamos recordar -no vemos su evocación en ninguna parte- aquella fecha donde, al menos, en cierto modo, hubo una ruptura democrática que hizo temblar y temer con un posible efecto contagio a la vecina España con Franco agonizante mientras ya estaban diseñando desde los cuarteles de la CIA y militares españoles la milagrosa «Transición democrática» lampedusiana, es decir, cambiar algo para que todo, o casi todo, siga igual.

Allí, ruptura; aquí, ni eso. Por lo menos, una diferencia cualitativa.

Buenas tardes.

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