La web más censurada en internet

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Google sigue imponiendo la censura y ahora le toca a los medios rusos

El director de la multinacional Google, Eric Schmidt, ha anunciado que va a introducir un truco informático -otro más- en su buscador para rebajar la posición de los medios rusos Sputnik y Russia Today en su servicio de distribución de noticias.

Cuando al cacique le preguntaron si el buscador jugaba algún papel en impedir la “manipulación de la información”, Schmidt declaró: “Estamos trabajando en detectar y rebajar la posición de ese tipo de sitios, que básicamente son RT y Sputnik”.

Ante una pregunta sobre la propaganda rusa Schmidt respondió: “Somos muy conscientes de ello, y estamos intentando diseñar los sistemas para impedirlo. Pero no queremos prohibir los sitios, no es así como operamos”.

Schmidt le cambia el nombre a la censura y la llama posicionamiento. No ocultan nada, lo meten al final del armario para que nadie lo encuentre. Juega el mismo papel: invisibilizar a los sitios web independientes en el buscador y en Google News.

Como consecuencia de ello, en todo el mundo las visitas a sitios progresistas han caído en dos tercios, como es nuestro caso.

No sólo le ocurre a un buscador como Google sino que todo internet dejará de ser neutral dentro de muy poco tiempo. Vuelve la Inquisición y la caza de brujas. Se están elaborando listas negras de sitios a censurar, como los rusos, por sus puntos de vista políticos e ideológicos.

El plan consiste en no involucrar a los Estados, que deben permanecer como garantes de la libertad de información, sino a los grandes monopolios de internet, como Facebook, Twitter y otras redes sociales.

La excusa es una falsedad: la campaña contra las falsedades. Se trata de que las grandes cadenas de comunicación, que están quedando en evidencia, tengan el monopolio del engaño.

Esos medios, que llaman a gritos a desatar una guerra tras otra, tienen la cara dura de calificar a los demás como “extremistas”, que son todos aquellos que les plantan cara.

Si los usuarios quieren tener fuentes de información alternativas, deberán aprender a utilizar otros buscadores, otras redes sociales e incluso otras cuentas de correo electrónico.

Gulag: otro descenso a un infierno lleno de… papeles

La historia del gulag la escribió -de una vez y para siempre- la maquinaria de propaganda del imperialismo durante la Guerra Fría y no hay nada más que decir. Es imposible convencer a nadie de lo contrario. Ni siquiera se puede matizar: Stalin (o el comunismo, que viene a ser lo mismo) mató a 100 millones de personas (mucho más que Hitler).

Tampoco debemos suponer que dicha maquinaria era algo sofisticado. Sería un error. Era lo más parecido a Radio Macuto y el relato siempre se construyó a base de lo que los historiadores llaman “fuentes indirectas”, opositores, anticomunistas, antiguos convictos… Es algo puramente emocional y sentimental. La mayor parte de ellos aprovechan el Informe Secreto de Jruschov, presentado en 1956, por aquello de que “no hay peor cuña que la de la propia madera”.

El gulag es como un organismo vivo. Lo interesante no es lo que haya de verdad o de mentira sino su propia biografía, cómo nace, crece, se desarrolla y -hay que esperar- que algún día muera, como cualquier otra fábula literaria. ¿O se convertirá en un zombi inmortal, en nuestra peor pesadilla?

Cualquier lector atento de este tipo de leyendas se apercibe inmediatamente de su carácter fantástico, y lo mismo debería haber ocurrido con un profesional de la historia porque en una fecha tan temprana como 1948 Timasheff se apoyó en las listas electorales para demostrar que la población del gulag nunca pudo superar los dos millones de represaliados.

Hay que aclarar, además, que el acrónimo “gulag” se refería a todo el sistema penitenciario, tanto a los presos contrarrevolucionarios como a los de derecho común, tanto a los campos de trabajo como a las zonas a las que se desterraban a los convictos, donde no permanecían encerrados.

A pesar de los pesares, en los años cincuenta las estimaciones de Dallin y Nicolayevski, que luego retoman tanto Conquest como Courtois, es que en 1940 había diez millones de convictos en los campos de trabajo, una cifra imposible a la que, sin embargo, el Informe de Jruschov respaldó.

En 1965 Conquest se convierte en la referencia bibliográfica de aquella fábula, extrapolando las fuentes indirectas e interesadas e ignorando los documentos originales. Según Conquest, a comienzos de 1939 había un mínimo ocho millones de reclusos en la URSS, la policía detuvo a siete millones entre enero de 1937 y diciembre de 1938, un periodo en el que ejecutaron a un millón de presos y en el que se produjeron otros tres millones más de muertos.

El apogeo de los millones llegó en los setenta con el represaliado anticomunista más famoso de todos, Alexander Soljenitsin, el Premio Nóbel de Literatura (no de historia), que se paseó por todas las televisiones del mundo, incluida la franquista, para inflar las cifras hasta los 12 millones de presos en 1941.

Cuando se abrieron los archivos y se demostró que todo era falso, no importó. En 1990 Conquest se mantuvo en sus trece y la Wikipedia también. ¿A quién le importa la realidad cuando tenemos una ficción mucho más adecuada?

El historiador Stephen G. Wheatcroft comenta que en los momentos de mayor represión, la tasa de reclusión en la URSS fue del orden del 0,5 por ciento de la población, muy inferior al 2,8 por ciento de la de Estados Unidos, donde siete millones de presos trabajan a la fuerza en cárceles privadas.

Estados Unidos ni siquiera se puede excusar, como la URSS, con las invasiones que llevaron a cabo los imperialistas y los nazis sobre su suelo.

En la Unión Europea ya se pueden cerrar páginas web sin que un juez lo autorice

Una ley aprobada en Bruselas el 14 de noviembre permite a la UE bloquear sitios web, sin orden judicial, por los encargados de protección de consumidores.

La orden de cierre la pueden enviar a cualquier proveedor de internet, que deberá contar con los medios necesarios para cumplirla. Es como una ley Sinde en España, pero a lo bestia.

La norma se añade a las aprobadas por los gobiernos nacionales, que han creado sus propias leyes para bloquear webs de manera arbitraria, por ejemplo, para cerrar las calificadas como “piratas”.

Oficialmente el bloqueo está pensado para acabar con tiendas web que estafen a sus usuarios pero, poco a poco, se va gestando la “manga ancha” y si una web no se puede cerrar por “terrorismo” (yihadismo), se cierra por “piratería”, en donde todos suponen que los “terroristas” y “piratas” son los demás, hasta que le toca a él y entonces se da cuenta de que se puede cerrar cualquier medio de comunicación.

El mejor ejemplo es el reciente caso del bloqueo masivo de 140 sitios web en España relacionados con el referéndum catalán (*), otra gran vergüenza internacional que no ha suscitado ninguna queja por parte de todos esos “defensores” de los derechos humanos que comen la sopa boba, empezando por los jueces, que no hicieron más que firmar a ciegas lo que el Ministerio del Interior les puso delante de las narices (sin leerlo).

El proyecto de ley incluía la posibilidad de borrar contenido que vulnerase las leyes de protección de los usuarios, pero no de bloquear el acceso a las webs. Además, incluía el requisito de la autorización judicial para proteger los derechos fundamentales de los usuarios. Ahora van a entrar “a saco” en internet gracias a una regulación de ámbito europeo, así que los países miembros no tienen que crear nuevas leyes nacionales para adoptarla.

La Unión Europea imita a España, a la vieja España franquista y carcomida de los peores tiempos. En España no ha habido ninguna transición hacia la democracia; es Europa la que inicia la transición al fascismo puro y duro.

No sabemos qué pensarán todos aquellos que hace sólo 15 años hablaban de la emergencia de una nueva “sociedad de la información”. ¿No será más bien la “sociedad de la censura”?

(*) http://cadenaser.com/emisora/2017/09/26/sercat/1506404792_673304.html

La teoría de la gran conspiración rusa y chavista contra la unidad de España

Carlos del Castillo

España asiste en estos momentos, en riguroso directo, al parto de una de esas novelescas conspiranoias: hay un ejército de hackers rusos, apoyados por Vladimir Putin y con una rama venezolana, esforzándose mucho para lograr la independencia de Catalunya.

¿Cuál es la estrategia para llevar a cabo tan perverso plan? “Lanzar noticias falsas contra España y que estas se muevan en la red”, explicó el martes Mariano Rajoy, confirmando que a pesar de la ausencia de toda prueba que sustente esa teoría, el Gobierno compra la teoría considera real la amenaza exterior. “Muchas de las actuaciones venían de territorio ruso, no sabemos si exactamente del Gobierno ruso. Y algunas han sido replicadas desde territorio venezolano”, concretó en Bruselas la ministra María Dolores de Cospedal sobre el nuevo enemigo, invisible y empeñado en atacar la democracia española.

La semilla de la teoría de los hackers rusos la plantó El País poco antes del 1-O y ahora la riegan todos los medios afines al PP. La plataforma para que el presidente del Gobierno diera pábulo a este guión de película fue una pregunta directa sobre el tema en la Cope (dando lugar a una conversación un tanto absurda con Carlos Herrera, en la que se confunden conceptos como bots con hackers). La última novedad en la teoría es la suma del frente venezolano a la causa de Putin y los suyos, así como la determinación de la UE a hacer frente al problema. Ni de lo uno ni de lo otro hay la más mínima prueba fuera de hechos circunstanciales.

La teoría de los hackers ruso-venezolanos apunta muy alto. Dispone que un personaje oscuro trata de extender el caos por occidente, y tras el Brexit, su siguiente objetivo es nada menos que romper España. Para este papel no vale Nicolás Maduro, el enemigo exterior ya clásico del Régimen del 78. Se entiende que su poder no llega tan lejos. No, en esta contienda España compite cara a cara con Vladimir Putin, que ha desplegado una red encubierta de expertos informáticos.

El problema de reclamar un personaje de tal calibre para la política nacional es que su influencia en cuestiones geopolíticas no es impostada, como la de Maduro en España. La propaganda rusa y los mensajes de los medios oficiales del Kremlin son un asunto que preocupa tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea, que tiene una unidad especial dedicada a identificar bulos e información falsa sobre la UE que estos pudieran estar divulgando. Se trata de la European External Action Service East Stratcom Task Force y su misión es analizar cada una de estas injerencias y desmentirla.

Pues bien, de las 110 injerencias detectadas por esta unidad en el último mes, ¿cuántas de ellas están relacionadas con Catalunya? Ninguna. ¿Y de los 1.368 casos del año pasado? Cero. Ucrania, Siria, la UE, Polonia y Estados Unidos centran las noticias identificadas como “desinformación” por esta unidad de la Comisión Europea, tal y como queda reflejado en el buscador en su web: euvsdisinfo.eu.

Ningún caso. No obstante, la defensa de la teoría de los hackers separatistas aún puede hacerse un poco más difícil. ¿Obvian los medios rusos lo que está pasando en Catalunya? No, como tampoco lo hace el resto de la prensa internacional. ¿Cuál es entonces su postura al respecto? “Puigdemont ha huido a Bruselas como el típico político europeo: débil, escurridizo, cobarde, un miope que esquiva su responsabilidad”, declaró Dmitry Kiselyov, presentador de los informativos de Rossiya 1, una cadena pública generalista, la segunda en audiencia del país.

Como refleja el análisis de la unidad antipropaganda de la UE, los medios rusos han virado su visión sobre la cuestión catalana y ahora critican abiertamente a los líderes independentistas tras haberlos alabado en un primer momento. Esto tiene mucho menos que ver con Catalunya de lo que podría parecer: “En lugar de establecer paralelismos constantes entre las regiones separatistas de Ucrania con Catalunya —con el objetivo general de buscar la justificación para la anexión de Crimea— comenzaron a señalar diferencias entre ellos, cuando la crisis se profundizó en España”, explican los expertos de la UE. Los medios rusos han pasado de comparar a Carles Puigdemont con los líderes del Donbass (región ucraniana alzada en armas contra el Gobierno central y apoyada por tropas rusas no-oficiales) a hacerlo con el presidente del país, Petro Poroshenko, “un pequeño Puigdemont” que “probablemente también escapará”.

Ante la necesidad de mostrar el calado de la información, el Gobierno, El País y los medios afines al PP han informado de que el asunto ya está en Bruselas, que se ha puesto manos a la obra. Lo primero es cierto: fue el ministro de Exteriores Alfonso Dastis el que sacó el tema en la reunión del Consejo Europeo esta semana. Lo segundo, no: Dastis no pudo arrancar ningún compromiso concreto de sus homólogos y, de hecho, la alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, rechazó referirse a esa presunta injerencia rusa en Catalunya, limitándose a señalar que pidió en el pasado aumentar los fondos de la unidad antipropaganda.

¿Dónde están esas noticias falsas? ¿Qué difunden? Es imposible saberlo. Ni El País ni el resto de medios de la conspiración rusa ofrecen un solo enlace a estas informaciones. No sabemos si están en ruso, con lo que se dirigirían a su propio público y no tendrían ningún impacto ni en España ni en la UE; en castellano, con el objetivo de influir en la opinión pública española; o en inglés, para lograr el apoyo de la prensa internacional tan ansiado por los soberanistas.

Existe una relación que ni el Gobierno ni los medios conspiranoicos han hecho directamente, pero que sobrevuela gracias a comentarios del propio Dastis. En varias entrevistas con medios extranjeros el responsable de Exteriores —el primer ministro en ser reprobado en dos ocasiones por el Congreso— ha intentado sembrar la duda sobre la brutalidad policial desatada el 1-O: “Muchas de las imágenes son falsas”, ha repetido. Se trata del único ejemplo en que el Ejecutivo (siguiendo nuevamente a El País) ha señalado hechos que considera falsos.

Durante el 1-O […] los medios que emprendieron una cruzada para negar la violencia que padecieron ese día los ciudadanos de Catalunya llegaron a negar hechos que habían ocurrido realmente, dando explicaciones falsas sobre lo que realmente había ocurrido.

Aunque en la actualidad hay dos comisiones de investigación en el Congreso de Estados Unidos sobre la relación de [Trump] con Rusia, los resultados de las investigaciones académicas apuntan mucho más cerca: fueron grupos internos de Estados Unidos, desde la nueva extrema derecha (alt-right) hasta ciudadanos escépticos con el sistema bajo motivaciones diversas, en su mayoría racistas, antiglobalización, antimulticulturalismo o antifeministas, los que utilizaron esta guerra de guerrillas a favor de Trump pero, sobre todo, en contra de Hillary Clinton.

La influencia real de Assange en la opinión pública española es cuestionable. Hay patrones, indicios… Pero no hay argumentos que sostengan la teoría ahora, así que motivos para desacreditar a El País, todos. En cambio, señala que la contrapropaganda española sí se ha puesto en acción, y que sí se puede constatar. Hay una operación en marcha desde el pasado viernes. De lo que hay que advertir a los ciudadanos de que nadie es inocente y todo el mundo intoxica.

No existen pruebas sólidas de que Assange colabore con Putin. Los teóricos ruso-venezolanos relacionan sus ataques a Estados Unidos (que le ha obligado a refugiarse indefinidamente en la embajada de Ecuador en Londres) con su apoyo a Rusia.

También señala el vínculo con Edward Snowden, el mayor filtrador de la historia, exiliado en Rusia, y que llegó al aeropuerto de Moscú desde Hong Kong (desde donde habría sido extraditado a Estados Unidos y juzgado por traición) gracias a una jugada de Assange, que convenció al cónsul de Ecuador de expedir un visado exprés que le permitiera salir de la ex colonia británica. Cabe destacar que Snowden ni siquiera usó a Wikileaks para revelar la vigilancia masiva de Estados Unidos, sino que se relacionó directamente con los periodistas Glenn Greenwald y Laura Poitras.

Por último, está la ubicación de las cuentas falsas que comparten información que perjudica a España. El Ejecutivo, con Rajoy, Cospedal y Dastis a la cabeza, asegura que un 55 por ciento de ellas son rusas y al menos otro 30 por ciento venezolano. A falta de descubrirle a la democracia chavista este nuevo filón, está totalmente contrastado que un gran número de empresas de venta de bots y cuentas falsas operan desde territorio ruso. Los más baratos, que solo aumentan el número de seguidores sin interaccionar, valen unos tres rublos por cada mil. Los que ejercen más funciones, como compartir contenido, son más caros. No obstante, no dejan de ser simples programas informáticos que ejecutan órdenes (y que el propio PP ha utilizado para aumentar su impacto en redes).

Estos bots no tienen nada que ver con los supuestos hackers que conspiran a favor de la independencia. La diferencia más radical quizá sea que los primeros son software y los segundos, personas, aunque habría que escuchar la explicación del Gobierno al respecto. Utilizar a la vez ambos conceptos provocó que Herrera se liara con la teoría que su propio medio defiende, afirmando a la vez una cosa y la contraria, obligando a Rajoy a regatear sus incongruencias y dejando claro que uno no sabía de lo que hablaba y a otro se lo habían explicado no hace mucho.

http://www.publico.es/politica/teoria-conspiracion-hackers-rusos-venezolanos-enemigo-forma-simulacion.html

Desde Rusia con amor (sexo, mentiras y cintas de vídeo de la Guerra Fría)

Barbereau, un pedófilo protegido por Francia
Yvan Barbereau es un ciudadano francés que vivía Irkutsk, en Siberia, con su mujer y su hija. Tras una investigación de la policía rusa sobre fotos de pedofilia publicadas en internet, entre las que figuraban las de su propia hija, fue detenido el 11 de febrero de 2015, encarcelado durante 71 días y luego internado en un hospital siquiátrico.

Finalmente el juez le dejó en libertad provisional. Le asignaron un domicilio, le prohibieron comunicarse con el exterior y tenía que llevar un brazalete electrónico.

El 11 de setiembre del año pasado envolvió el brazalete en papel de aluminio, introdujo su teléfono móvil en un autobús y se fugó, declarándose preso político.

Un tribunal ruso le condenó en rebeldía, es decir, sin estar presente en el juicio, a 15 años de cárcel, mientras seguía activo en las redes sociales, haciendo creer que estaba en Ulan Bator, la capital de Mongolia.

En realidad la embajada de Francia en Moscú le estaba escondiendo como buen refugiado político, es decir, que el gobierno francés es cómplice del delito de pedofilia.

Hace unos días escapó de la embajada con la ayuda de unos colaboradores rusos y abandonó el país. Llegó hasta Francia, donde ha reaparecido ante los medios de comunicación como víctima de una de tantas purgas políticas del malvado Putin.

Los pedófilos son criaturas de la civilización occidental, pero se trasladan a países en los que creen que todo el monte es orégano, que hay ciertos lugares en los que van a tener carta blanca para hacer lo que les de la gana con los niños. Muchos de ellos son diplomáticos y miembros de las ONG caritativas y de ayuda a la infancia marginada. Representan la soberbia del Primer Mundo en el Tercero.

El caso de Barberau es así. En 2003 se trasladó a Rostov-del-Don, en el sur de Rusia, como voluntario de la Alianza Francesa, la típica organización dedicada a hacer el bien por el mundo entero, porque en su país todo el bien que podían ya lo hicieron.

Barbereau llegó a ser director de la Alianza en Siberia y aparecía frecuentemente en los medios de comunicación locales animando a los niños a estudiar francés y seguir cursos de cocina francesa en los locales de la institución.

Como bien saben todos los lectores, desde los viejos tiempos de Stalin, la policía rusa tiene la rara habilidad de acusar a personas inocentes, como Barberau, incluso en procesos por pedofilia en los que hay fotos, grabaciones, discos duros y servidores de internet que no dejan lugar a dudas.

No obstante, la prensa francesa habla de “kompromat” y para condimentar un asunto que no lo necesita, asegura que es una táctica policial secreta porque todo lo soviético y ruso es casi siempre secreto; incluso morboso.

“Kompromat” es un acrónimo ruso para referirse a “material comprometedor”, o sea, que te han pillado con las manos en la masa. Gracias a los “kompromat” el temible KGB lograba que los detenidos cantaran de plano.

Ahora la televisión pública francesa nos recuerda un caso de los años cincuenta, cuando el KGB tomó una foto de John Vassal, agregado naval británico en Moscú, en la que abrazaba a un hombre. De esa manera, mediante el chantaje, el “kompromat” logró que empezara a trabajar para los soviéticos.

Una década después -siguen los medios franceses- ocurrió lo mismo con Maurice Dejean, el embajador francés al que pillaron en plena efervescencia sexual con una joven actriz. El general De Gaulle le llamó y le dijo: “Así que te han pillado follando, ¿eh? ¡Pillín!” Le tuvieron que retirar del servicio diplomático.

Es más reciente el “kompromat” de Trump grabado con una prostituta en un hotel de Moscú en 2013, que también sirvió para chantajearle como Presidente de Estados Unidos. Ni la Casa Blanca ni el mundo entero hubiéramos podido soportar la emisión de la orgía a través de Russia Today. Se habría convertido en un clásico de los amantes la lluvia amarilla (“golden shower”).

Según dicen, el vídeo muestra a la fulana orinando encima de un Trump extasiado de placer y el diario francés Le Parisien asegura que para chantajear a sus víctimas, la policía rusa “no vacila en difundir los vídeos en internet o en las televisiones nacionales” (*). Pues para ofrecer el servicio más completo a nuestros lectores, nosotros llevamos mucho tiempo tratando de localizar el “kompromat” por todas las webs pornográficas y no lo hemos localizado…

Somos así de concienzudos. Nos encantaría ver un vídeo en el que alguien miccione encima del Presidente de Estados Unidos. ¿Conocen Ustedes aquel refrán? “El que con niños se acuesta, meado se levanta”.

(*) http://www.leparisien.fr/faits-divers/affaire-barbereau-le-kompromat-la-technique-preferee-des-services-secrets-russes-09-11-2017-7382925.php

La censura de Google a los medios de información progresistas alcanza cotas desproporcionadas

Los buscadores que casi constantemente utilizamos en la red generan un sesgo muy importante en nuestra percepción del mundo y una influencia unilateral decisiva en nuestras decisiones y actuaciones.

Las webs empresariales utilizan “cookies” y otros procedimientos sofisticados que se instalan en nuestros ordenadores apenas lo consintamos, bien sea deliberadamente o por descuido. Así detectan nuestras búsquedas y a partir de ellas puedan ofrecernos productos comerciales que se adecúen a nuestras aficiones o demandas. En su interesante libro “El filtro burbuja: cómo la web decide lo que leemos y lo que pensamos”, Eli Parisier explica que, al escribir la palabra “depresión” en un diccionario “on line”, la web instalará 223 cookies y dispositivos de rastreo para que otras web puedan ofrecer a quien la haya escrito productos antidepresivos: “comparte un artículo de cocina de ABC News -dice en otro lugar del libro- y puede que te acaben persiguiendo por internet anuncios de ollas antiadherentes. Abre -aunque sea por un instante- una página en la que se enumeren signos de que tu mujer puede estar engañándote y prepárate para que te persigan anuncios de pruebas de paternidad”.

Se trata de un procedimiento legal pero que puede dejar de serlo cuando se aplica manipulando los algoritmos que proporcionan las respuestas del buscador, como ha ocurrido con Google. La Comisión Europea multó en junio pasado a este gigante de la red con 2.420 millones de euros por manipular los resultados de búsqueda con el fin de dirigir a los usuarios, de forma inapropiada y en perjuicio de sus competidores, a su propio servicio de compras, Google Shopping.

Pero los buscadores no solo se conciben o incluso se manipulan con fines meramente comerciales sino que también están diseñados para incidir estratégicamente en nuestra percepción del mundo y, por tanto, en los criterios de los que dependen nuestras decisiones personales y políticas. La información que nos proporcionan no es ni mucho menos neutra u objetiva, como generalmente se cree, sino que nos llega previamente filtrada en función del perfil específico que de cada uno de nosotros haya compuesto el algoritmo correspondiente. La consulta “células madre” -sigue diciendo Parisier en su libro- puede producir resultados diametralmente opuestos en el caso de que los usuarios sean científicos que apoyan la investigación o activistas que se opongan. “Pruebas del cambio climático” puede deparar resultados diferentes a un activista medioambiental y a un directivo de una compañía petrolífera. Así es como los buscadores introducen un sesgo constante que, sin que seamos conscientes, nos impide disponer de una visión plural de los fenómenos sobre los que, a través de ellos, indagamos en la red. Sin que podamos ser conscientes de ello, van conformando nuestra percepción del mundo.

Y ni siquiera eso es lo peor. Los buscadores no solamente filtran la información disponible para hacernos llegar preferentemente la que previamente parece más adecuada a nuestro perfil predefinido. Además de ello, seleccionan las fuentes de la información y eliminan las que pueden considerarse más indeseables o molestas, por decirlo de alguna manera, para el “saber establecido”. Y, paradójicamente, la excusa que se utiliza para homogeneizar la información y para silenciar la información alternativa es que hay que evitar que se difunda la falsedad y garantizar que en la red se divulgue la verdad. Paradójica, porque el resultado de esa aparentemente noble pretensión es que se fortalecen visiones del mundo que no son precisamente las que mejor reflejan la realidad.

El caso de Google es singularmente significativo. Hace un año, la agencia Reuters publicó un artículo informando del nacimiento de una organización sin fines de lucro que iba a trabajar para fomentar y garantizar la confianza y la verdad en la era digital combatiendo la difusión de noticias falsas. Se llamaba First Draft Coalition y en ella estarían incluidas grandes corporaciones de la información como Google, Facebook, Twitter, The New York Times, The Washington Post, BuzzFeed News, Agence France-Presse o CNN.

Meses más tarde, en mayo pasado, Google seguía esa línea y anunció una actualización de sus directrices para “evaluar la calidad de búsqueda” con el fin de “proporcionar ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los evaluadores marquen adecuadamente”. Unos evaluadores que son los que supuestamente tienen como función rechazar las noticias falsas, los “fakes”, las “experiencias molestas para el usuario” y las “teorías de conspiración” hoy día tan abundantes como perniciosas.

Cualquier persona sensata consideraría que el objetivo de Google es bienintencionado, sobre todo, cuando eso se hacía con las miras puestas en evitar el cúmulo de manipulaciones y mentiras de todo tipo que circularon en la red durante las últimas elecciones estadounidenses (aunque habría que decir que no solo entonces, porque la red también fue una fuente de influencia estratégica no explicitada en la elección de Obama).

Sin embargo, lo cierto es que ese cambio de criterios de Google se ha traducido en un nuevo algoritmo de búsqueda con resultados muy significativos: las webs progresistas han resultado silenciadas en los resultados que el buscador proporciona en materias económicas, políticas y sociales de especial trascendencia, produciendo así una disminución sorprendente en el número de personas que las visitan.

La pregunta que se hace cualquiera que sepa que las páginas alternativas y de izquierdas son las que resultan silenciadas por estos nuevos criterios es si realmente estas son las webs que principalmente difunden falsedades.

Y lo bueno es que sabemos a ciencia cierta que eso no es así.

El profesor de la Universidad de Elon en Carolina del Norte (Estados Unidos) Jonathan Albright analizó los sitios en donde 306 web de derechas difundieron falsedades y encontró que habían ido a 23.000 páginas a través de 1,3 millones de hipervínculos (The #Election2016 Micro-Propaganda Machine). Mapeó los resultados y le salió la imagen en la que se distingue claramente que los mayores difusores de mentiras de derechas a nivel mundial son, precisamente, las grandes corporaciones mediáticas que dicen combatir la difusión de falsedades… silenciando para ello a las páginas web progresistas y de izquierdas.

Pero Albright descubrió algo más. Las grandes corporaciones mediáticas no solo difunden una mentira para que circule lo más ampliamente posible por la red sino que eso se hace de modo que se pueda adoctrinar con la mayor eficacia: “Vi los trackers en esas páginas y me quedé asombrado. Cada vez que alguien da un like a una entrada de Facebook o visita una de esas páginas, los scripts te siguen por toda la web. Y esto permite a empresas de recolección de datos y de influencia, como Cambridge Analytica, identificar con precisión a individuos, a seguirlos por la web y enviarles mensajes políticos muy personalizados. Es una máquina propagandística. Identifica individuos para convencerles de una idea. Es un nivel de ingeniería social que nunca había visto antes. Estás atrapando a la gente y luego les mantienen atados a una correa emocional y nunca les sueltan”.

Quien desee disponer de información mínimamente plural y exenta de manipulación no se puede fiar de los grandes buscadores y más concretamente de Google, una especie de Gran Hermano Buscador que ejerce un monopolio de facto sobre el que nadie termina de pronunciarse. Pero, ojo, tampoco de las web de los grandes portales, como Facebook, que aparentemente solo nos ofrecen conectividad y entretenimiento; ni de los grandes medios que son los que en la práctica propagan las mentiras que dicen combatir.

Hay buscadores y fuentes alternativas.

No se fíen de Google

Los jueces no encuentran pruebas de la ‘trama rusa’ que interfirió en las elecciones de 2016

Paul Manafort, jefe de campaña de Trump
Hace unos días la CNN aseguraba que el fiscal especial sobre el “candidato manchú”, Robert Muller, estaba a puntito de acusar a los responsables de la campaña electoral de Trump y que las pruebas eran secretas, lo mismo que los nombres implicados en esa gran conspiración rusa.

La política moderna se teje con ese tipo de filtraciones, que no son otra cosa que insinuaciones y, en el mejor de los casos, rumores, casi siempre sucios, ya que la prensa está por medio, que no es cualquier clase de farsante sino medios de esta catadura:

– Injerencia rusa en elecciones presidenciales es ‘guerra’ (El Sol de Toluca)

– Rusia interfirió ‘descaradamente’ en las elecciones de EEUU, según el ex jefe de la CIA (El Mundo)
– Rusia interfirió en las elecciones de Estados Unidos para ayudar a Donald Trump, dice FBI (Nación)
– Cómo fue el ‘hackeo’ de piratas informáticos de Rusia durante las elecciones de Estados Unidos (BBC)
– La propaganda de la trama rusa llegó a 10 millones de perfiles en Facebook (El País)

Antiguamente a los juristas ese tipo de disquisiciones solía sorprenderles porque, puestos a buscar hechos, lo que aparece es el vacío absoluto. No hay más que informes, todos ellos procedentes de las fuentes más solventes que uno pueda imaginar, tanto más solventes cuanto más arriba se encuentran en la escala de mando.

Un informe no prueba nada, y menos en un juicio, donde hacen falta pruebas. Luego nos enteramos que, además, esos informes habían sido encargados y pagados por el Partido Demócrata, convertido en “juez y parte”.

Uno de los acusados es Paul Manafort, el jefe de campaña de Trump, que tras la acusación formal se entregó al juez voluntariamente. El New York Times publica íntegramente el acta de inculpación, en la que sobre todo se habla de malversación de fondos y fraude fiscal (*). Según el juez, Manafort recibió dinero procedente “de Europa del este”.

En un registro que llevó a cabo en julio el FBI en su vivienda, aparece que Manafort era un lobista no declarado y un consultor del antiguo Presidente de Ucrania Viktor Ianukovich que padeció un golpe de Estado fascista en 2014 porque le acusaban de ser demasiado pro-ruso.

La primera en la frente: los hechos que se le imputan a Manafort no sólo son anteriores a la campaña electoral de Trump, sino anteriores a dicho golpe de Estado. Por supuesto, son absolutamente ajenos a Rusia, al Kremlin y a Putin.

Otro de los acusados es George Papadopoulos, que ha colaborado lealmente con el FBI en la investigación, es decir, que está jugando el papel de chivato para salvar su propio pellejo involucrando a los demás, lo cual sería suficiente para estimar que su testimonio no se puede considerar como prueba válida.

Pero veamos lo que dice el soplón. Asegura que estaba en contacto con el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores y la embajada rusa en Londres para organizar contactos con el equipo de Trump si éste ganaba las elecciones, algo que, por cierto, ha ocurrido en todas las elecciones presidenciales de Estados Unidos desde 1945, al menos.

Pero prosigamos: a Papadopopulos no le acusan de eso sino haber mentido al FBI y perjudicar la investigación. No había sido miembro del equipo de campaña sino que era un voluntario que no cobraba por echar una mano, por lo que su papel era insignificante.

Ítem plus: de los documentos aportados por el FBI se desprende que los contactos de Papadopoulos con funcionarios rusos no eran directos. Lo que hizo fue utilizar a un amigo que vivía en Londres, un profesor que tenía “vínculos” con algún miembro de la embajada rusa en Londres para organizar el referido encuentro que, por cierto, nunca se produjo.

Dice Papadopoulos que le presentaron a una sobrina de Putin, de cuya existencia o inexistencia nada más se sabe…

La guerra sicológica sin cuartel que ha empredido la prensa estadounidense sobre la “trama rusa” nada en el vacío más absoluto.
No se corten Ustedes. En lugar de la basura periodística, echen un vistazo al acta judicial a ver si a nosotros se nos ha escapado algo que demuestre esa patética infiltración rusa en la Casa Blanca que llena las primeras planas y abre los informativos de la tele.

(*) https://www.nytimes.com/interactive/2017/10/30/us/politics/document-paul-manafort-rick-gates-indictment.html

La Marina de Estados Unidos hundió a uno de sus buques en 1967, matando a 300 tripulantes

Hace 50 años, para justificar su apoyo a la agresión israelí contra los países árabes, la Casa Blanca orquestó una farsa que luego se convirtió en tópica, uno de esos ataques que ahora se llaman “de falsa bandera” contra el buque USS Liberty en el que murieron casi 300 de sus propios marineros.

Estados Unidos siempre necesita algo así, parecer los agredidos y no los agresores, para embarcarse en toda suerte de guerras. Hasta ahora los más osados aseguraban que había sido Israel quien había atacado al navío, simulando que eran aviones egipcios. Ahora el asunto es aún peor: Estados Unidos se atacó a sí mismo.

La destrucción del Liberty se llamó Operación Cianuro. Formaba parte del ataque a Egipto, la llamada “Guerra de los Seis Días”, cuyo nombre en clave era Frontlet 615.

Así lo asegura un libro publicado recientemente (1), del que S.T.Patrick extrae algunas conclusiones significativas (2) sobre aquella “traición en alta mar”, a la que también se la califica como “la mayor atrocidad cometida por las fuerzas militares israelíes contra los intereses estadounidenses”.

El enmascaramiento se copió del “incidente del Golfo de Tonkín” con el que Estados Unidos justificó en 1964 la escalada bélica en Vietnam, cuando otro buque estadounidense, el USS Maddox, también fue hundido por un ataque fingido de torpederas enviadas por el gobierno de Hanoi.

En medio del escenario aparecen el entonces Presidente, Lyndon B.Johnson, y el almirante John McCain, que disimularon la intervención israelí y ordenaron un estricto silencio a los supervivientes, con la amenaza de perder sus pensiones e ir a la cárcel.

Fue la aviación israelí quien atacó materialmente el navío, aunque por sugerencia de Johnson. El barco y sus 300 marinos fueron el sacrificio ofrendado para justificar la agresión contra Egipto.

Hay quien añade que, además, el submarino USS Amberjack lanzó al menos un torpedo contra el Liberty, también siguiendo órdenes del Presidente Johnson (3).

El Liberty, que estaba en aguas internacionales, no era un buque de combate sino de vigilancia electrónica. Lo dejaron tirado y desamparado como una colilla, lo cual contradice las reglas más elementales de la guerra naval. A un portaviones le impidieron enviar aviones de protección en los 10 minutos siguientes al ataque, un tiempo más que suficiente para abortarlo y destruir los aviones y buques israelíes que formaban parte de la expedición.

Hubo un piloto israelí que se negó a atacar a un buque con pabellón estadounidense, lo que también ha estado oculto durante estos 50 años (4). No murieron sólo 34 tripulantes, no se confundieron de buque, ni se trató de un desafortunado “error” israelí, como asegura la Wikipedia (5). Fue algo total y absolutamente deliberado.

Es una ley de la historia que se repite siempre, inexorablemente: todas las guerras en las que ha participado Estados Unidos empiezan con una mentira, desde la guerra contra México hace 150 años y acabando por la de Irak de ahora mismo. Alguno se consolará pensando que no sólo las guerras empiezan con mentiras, sino que las mentiras acompañan necesariamente a las guerras a lo largo de todo su recorrido. Otro más añadiría que en las guerras todos mienten, no sólo Estados Unidos. Ya saben eso de “son todos iguales”, “los unos y los otros”, “si unos son malos los otros son aún peores”, etc. Si la culpa se reparte entre todos, a cada uno le toca un pedazo más pequeño, y así se consuelan.

(1) Phillip F. Nelson y otros: Remember the Liberty!: Almost Sunk by Treason on the High Seas, Trine Day, 2017
(2) S. T. Patrick: Top-Tier Treason and the USS Liberty, 24 octobre 2017, http://americanfreepress.net/top-tier-treason-and-the-uss-liberty/
(3) Ray Songtree: 1967: USS Liberty attacked by submarine USS Amberjack. Crew member blows whistle, Kauai Transparency Initiative, 15 de junio de 2015
(4) Ofer Adaret: But Sir, It’s an American Ship. ‘Never Mind, Hit Her!’ When Israel Attacked USS Liberty, Haaretz, 11 de julio de 2011
(5) https://es.wikipedia.org/wiki/USS_Liberty_(AGTR-5)

Twitter intensifica la presión contra los medios de comunicación rusos

La red social Twitter ha prohibido a las cuentas que pertenecen a Russia Today y la agencia Sputnik adquirir publicidad con el pretexto de una supuesta injerencia rusa en la campaña electoral de Estados Unidos del pasado año.

En una entrevista para Sputnik, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, asegura hoy que la censura de Twitter para publicidad a los medios Russia Today y Sputnik está vinculada a los informes de servicios secretos de Estados Unidos.

Zajarova denuncia que Estados Unidos pretende privar al público de fuentes de información alternativas, al alegar que “usan todos los métodos para silenciar a los periodistas”.

Señaló que la red social no tiene fundamento, ni hechos concretos o pruebas para tomar esa decisión, por lo que consideró alarmante la relación de los servicios secretos con Twitter. Asimismo, la portavoz rusa aseguró que la política está afectando “de manera destructiva el trabajo de los medios de comunicación”.

La directora de redes sociales de Russia Today ha indicado que Twitter había alentado a los medios a publicar anuncios en torno a las elecciones.

Desde hace meses Estados Unidos ha iniciado una campaña contra Rusia, a cuyo gobierno acusa de interferir en las elecciones presidenciales de 2016, en las que resultó electo Trump.

La presión contra los medios rusos, en esta oportunidad Russia Today y Sputnik, se intensifica al obligar a la empresa que presta su servicio a RT América a inscribirse como “agente extranjero”.

Los medios rusos están obligados a identificarse en Estados Unidos bajo una denominación de la época nazi.

El 23 de noviembre del pasado año el Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre “La comunicación estratégica de la Unión para contrarrestar la propaganda de terceros en su contra”, que también censura a la cadena de televisión Russia Today, Sputnik y la fundación Russkiy Mir.

Los ‘senderistas’ se infiltran en una huelga de maestros

La noticia tiene todo el aspecto de haberse producido en Arrigorriaga, pero no: procede de Lima, la capital de Perú y los periódicos la titulan “La Policía Nacional detectó senderistas excarcelados en protesta de Sutep”.

En Perú hay una huelga de los maestros de la enseñanza, convocada por el sindicato Sutep, y a la policía lo que le preocupa es identificar a quienes participan en la misma, para ficharlos y controlarlos.

La prensa sigue el mismo procedimiento policial y, para que no quepan dudas, publica las fotos de dos antiguos miembros de Sendero Luminoso entre los manifestantes en huelga, da sus nombres, Dax Sisinio Medina Flores y Walter Lorenzo Delgado Rojas, y asegura que estuvieron en la cárcel y cumplieron su condena.

La rehabilitación no existe. Aunque hayan cumplido condena, siguen siendo senderistas y lo serán toda su vida. Cualquier cosa que hagan a partir de ahora siempre tendrá ese carácter, lo cual es posible que “contamine” todo lo que hagan o a todos aquellos que se muevan a su alrededor.

Lo mismo que ETA o los GRAPO en España, también Perú es un Estado modelado en torno a la lucha armada de Sendero Luminoso y son precisamente las “víctimas” las que no quieren que se acabe nunca. Otegi siempre será “un etarra” toda su vida, y Bildu siempre será lo mismo que ETA. Nunca admitirán que, ante la ineptitud del Estado, Otegi y los suyos son quienes han acabado con ETA. Todo lo contrario: son ETA, siempre serán ETA y nada más que ETA.

En Perú ocurre lo mismo y el asunto es de tanto alcance político que merece un comunicado oficial por parte del Ministerio del Interior, después de “detectar” a los “senderistas” en la protesta junto al Ministerio de Educación, a los que califica de “infiltrados”. Junto a ellos estaba Marco Antonio Quispe Crispín, un dirigente del Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), que resulta ser “el brazo político de Sendero Luminoso”, según la policía peruana.

¿Les suena ese lenguaje pintoresco de “los brazos”? Ya saben que son como los tentáculos del mismo pulpo y conducen a una policía, unos fiscales y unos jueces sin muchas luces a concluir que “Todo es Sendero Luminoso”.

En Lima el redactor de los comunicados del Ministerio del Interior tampoco se estruja demasiado las neuronas y añade lo siguiente: “No se les ve hacer apología directa, pero los efectivos [policiales] pudieron constatar que acompañaban a la marcha”. Como siempre, muy aguda la policía: no hay apología directa, pero es posible que la hubiera indirecta.

Lo que no deben Ustedes es preguntarse: ¿apología de qué?, ¿apología de quién?

Una última observación: el comunicado oficial no lo emite el Ministerio de Educación, que es el afectado por las protestas, sino el de Interior, que nada pinta en el asunto. Sin embargo, es el ministro peruano del Interior, Carlos Basombrío, quien trata de desacreditar a los maestros en lucha por el hecho de que hay tres “senderistas” entre ellos.

Lo de menos es el motivo de la protesta, si es justa o no, sino quién participa en ella, sus antecedentes penales y sus huellas dactilares.

Conclusión: se nota a la legua que quien ha adiestrado a la policía peruana es la española. Han copiado todas las artimañas y el juego sucio de sus maestros hispánicos.

https://peru21.pe/lima/huelga-maestros-policia-detecta-senderistas-excarcelados-protesta-sutep-381684

Otro de los ‘senderistas’ infiltrados entre los maestros en lucha

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