La web más censurada en internet

Etiqueta: Guerra psicológica (página 50 de 94)

La hegemonía imperialista de Estados Unidos es la capacidad que tiene para influir sin ser influido

La capacidad intoxicadora de las grandes cadenas del periodismo es tal que pueden darle una vuelta de 180 grados a la historia hasta el punto de que las víctimas aparecen como culpables y al revés.

La víctima es Estados Unidos, un país siempre rodeado de enemigos y envidiosos, agredido y atacado, obligado a defenderse, que no quiere la guerra, pero le obligan… Es la fábula de Pearl Harbour en 1941.

Estados Unidos se entromete en los asuntos internos de todos los países de mundo, pero nadie puede hacer lo mismo en Estados Unidos. La intoxicación empieza cuando cualquier injerencia se magnifica como “casus belli”. Pero si la guerra es necesaria, ni siquiera hace falta injerencia porque son capaces de inventarse una.

Es el caso de la intervención del Kremlin en la elección presidencial de 2016. Tres años después la comisión del Senado que la ha investigado no ha encontrado absolutamente ninguna prueba (1).

Pero la falta de pruebas no es noticia ni lo será nunca, de manera que la mentira puede seguir funcionando en el vacío con los mismos efectos que si fuera verdad, a saber, que Estados Unidos (y el mundo entero) se defienden de una agresión procedente de Rusia.

Dicha mentira, repetida sin desmayo, no sólo tiene efectos coyunturales sobre la actualidad sino que distorsiona la historia. Desde la Revolución Rusa de 1917 Estados Unidos ha estado interfiriendo en los asuntos internos de la URSS/Rusia, una política que ha recibido el nombre de “Guerra Fría”.

De 1917 a 1933 Washington no sólo no reconoció oficialmente al gobierno soviético sino que, además, envió 8.000 soldados a Siberia para participar en una “guerra civil” que tenía por objeto derribarlo por motivos más que conocidos.

La llegada de los nazis al gobierno en Alemania y la posterior guerra mundial cambiaron temporalmente la ecuación, hasta 1945, cuando Estdos Unidos institucionalizó la injerencia con las bases militares de la OTAN, las operaciones encubiertas de la CIA y una red de radios de onda corta que emitían las 24 horas diarias en todos los idiomas soviéticos, empezando por el ruso.

Hasta hace 30 años la injerencia imperialista se justificó por la existencia de la URSS como país socialista. Pero la situación no cambió cuando la URSS desapareció, sino todo lo contrario. Bajo la bandera de “promover la democracia”, Estados Unidos aprovechó que le abrieron las puertas y en tiempos de Yeltsin intentó convertir a Rusia en una colonia económica, política y mediática, una situación que Putin sólo ha remontado parcialmente.

En 1996 Yeltsin ganó unas elecciones que tenía perdidas gracias al apoyo político, mediático y económico de Clinton. Los imperialistas se apoderaron de empresas estratégicas, infraestructuras, minas, yacimientos y bancos. Crearon nuevos medios de comunicación y se apoderaron de otros ya existentes. Tejieron una tela de araña de ONG al servicio del espionaje…

Es una obviedad constatar que los medios de difusión rusos informaron de las elecciones de 2016 en Estados Unidos. También es obvio constatar que numerosas centros de investigación, sobre todo estadounidenses, han medido el impacto electoral de dicha información. Finalmente, es harto conocido -para quien quiera enterarse- que dicho impacto ha sido prácticamente nulo porque la capacidad de Estados Unidos para influir en una elección en Rusia es muy superior a la de Rusia para influir sobre Estados Unidos.

Por eso precisamente se dice que Estados Unidos es una potencia hegemónica: porque influye sobre cualquier país muchísimo más de lo que ese país puede influir sobre ella.

A finales del pasado año Aaron Maté publicó un artículo en The Nation con conlusiones muy contundentes: “Nuevos estudios demuestran que los expertos se equivocan sobre la participación de los medios sociales rusos en la política estadounidense”. Como es natural, Maté calificaba a la información de los medios rusos como “propaganda” y decía de ella que había sido de reducidas dimensiones, nada sofisticada, propia de aficionados “y en su mayor parte no relacionada con las elecciones de 2016”.

Pero que a nadie le quepa ninguna duda: la intoxicación logra que el mundo -casi en su totalidad- comulgue con ruedas de molino.

(1) https://www.nbcnews.com/politics/congress/senate-has-uncovered-no-direct-evidence-conspiracy-between-trump-campaign-n970536
(2) https://www.thenation.com/article/russiagate-elections-interference/

La paradoja del mentiroso: cuando son los cazafantasmas quienes denuncian las noticias falsas

En la lógica formal se llama “paradoja del mentiroso” a una afirmación de la que no se puede asegurar que sea cierta o falsa, como cuando alguien confiesa que miente.

Es la demostración de que la lógica formal, fundada sobre el principio de no contradicción, acaba en una contradicción.

Ocurre lo mismo contra quienes han convertido la lucha contra las mentiras en una mentira o contra quienes roban un banco y para facilitar la huida gritan ¡al ladrón!

De quien más hay que desconfiar es de esa legión de cazadores de mentiras que ha surgido últimamente para distraer la atención.

Veamos: los días 4 y 5 de marzo la empresa estadounidense Mozilla organizó en París una conferencia sobre la lucha contra proliferación de noticias falsas durante los períodos electorales e invitó a varios “expertos” en el tema.

Entre ellos estaba New Knowledge, una empresa estadounidense campeona de la cruzada contra los engaños que ha admitido públicamente haber creado cuentas falsas en las redes sociales para simular que eran rusas.

Algunas de las cuentas se abrieron en Alamaba durante las elecciones y se asociaron al candidato republicano Roy Moore para generar la apariencia de que exitía algún tipo de vínculo entre Moore y Rusia.

¿Les suena de algo?

Por lo tanto, nosotros entendemos que dicha empresa es experta en falsedades no porque luche contra ellas sino porque es quien las fabrica.

Otros expertos eran los inquisidores de DisinfoLab, una de esas ONG que se ha atribuido a sí misma la tarea de luchar contra las noticias falsas, aunque es otro fabricante de falsedades: a principios de agosto del año pasado afirmaron que el Caso Benalla era un supuesto de “injerencia rusa” en la política francesa.

Al gobierno francés la intoxicación de DisinfoLab le vino como anillo a dedo y le faltó tiempo para sacudirse el problema Benalla de enmedio echando la culpa a Rusia, un país convertido en el comodín de la baraja.

El asunto se enredó más todavía cuando a DisinfoLab le empezaron a llover los palos por mentirosos. No le quedó más remedio que desdecirse: no había ninguna prueba de que los malditos bots rusos hubieran fabricado o inflado el Caso Benalla en las redes sociales.

“Para denunciar las noticias falsas, nadie está en mejor posición que quienes las fabrican”, concluye certeramente el semanario francés Le Canard Enchaînné.

En diciembre Macron promulgó una ley de censura con la excusa de la lucha contra la manipulación de la información durante las elecciones. En virtud de la nueva censura, el Consejo Superior Audiovisual puede suspender a los medios de comunicación durante la campaña electoral si considera que difunden información falsa.

Esta surgiendo una nueva Inquisición.

El CNI redacta los 10 Mandamientos de la pureza informativa e informática

La kryptonita del CNI
¡Quién lo iba a decir! La guerra contra los bulos no es sólo cosa de los periodistas sino también de los espías, siempre preocupados por la buena información, que es un equivalente de la pureza de sangre y, por lo tanto, requiere separar el grano de la paja.

Se va colmando el abanico de los cazarrecompensas y ahora el CNI hace lo mismo que la policía municipal cuando llega el verano y difunde una guía de recomendaciones para que los cacos no nos roben en casa. El CNI ha redactado otra para que no nos dejemos engañar por las noticias de origen dudoso (*). Nadie como un espía conoce el origen de una noticia.

Si las religiones mosaicas llevaron a la Sagrada Biblia los 10 Mandamientos, el CNI ya tiene su decálogo, especie de manual de instrucciones para que sepamos diferenciar eso que tanto ha preocupado desde siempre a los grandes pensadores de la humanidad: ¿cómo diferenciar la verdad de la mentira?

No se lo debemos al CNI exactamente sino a una oficina suya que tiene un nombre extraído de los tebeos de Mortadelo y Filemón, “Centro Criptológico Nacional” porque -como bien saben los espías y los informáticos- la información viaja “encriptada”, o sea, metida en una cripta, lo cual no tiene nada que ver con la kryptonita de Supermán sino que deriva del griego “krypto”, que es el sótano de la iglesia donde antiguamente enterraban a los muertos.

La noticias de pura sangre también están en las catacumbas, aunque eso los lectores no lo saben y para eso pagan a los espías del CNI: para que nos lo desencripten y luego nos lo cuenten. Sin aditivos, ni colorantes, ni conservantes.

¡Por fin! Ya tenemos una guía para orientarnos en lo que el CNI califica como una “guera de la comunicación” entre no sabemos qué contrincantes. Eso lo debemos averiguar nosotros mismos y para ello nos recomiendan acudir a las fuentes. Por ejemplo, ese decálogo no puede ser una noticia falsa porque lo difunde el CNI a través de Europa Press, un organismo del Estado y una agencia privada de noticias, ambas de solvencia contrastada desde los tiempos del franquismo.

El decálogo califica a este tipo de canales como “tradicionales” para diferenciarlos de otros que no lo son, por lo que arrastran la etiqueta de “dudosos”. Los espías atribuyen a las instituciones públicas la obligación de “prevenir, detectar y neutralizar” los contenidos dudosos o, en otras palabras, de censurar la información, una tarea que en 1978 se les olvidó incluir dentro de la Constitución.

Las instituciones públicas no mienten nunca. Por ejemplo, el gobierno de Aznar dijo la verdad cuando aseguró que en Irak había armas de destrucción masiva. Los portavoces oficiales no recurren a los algoritmos ni a los robots. No los necesitan; para eso tienen las ruedas de prensa y las entrevistas.

El CNI quiere proteger a las “campañas maliciosas” contra Estados legítimos. ¿Protege el CNI al gobierno de Venezuela?, ¿critica el apoyo del gobierno español a los golpistas venezolanos o es un ejercicio de cinismo?

No. España no ataca, dice el CNI, sino que es objeto de ataques de terceros países, entre los que menciona a Rusia, como no podía ser de otra forma. Para el CNI Rusia es “uno de los países que más ha desarrollado el concepto de guerra híbrida”.

“Las campañas de desinformación pretenden quebrar la confianza que los ciudadanos tienen en sus instituciones”, añade el CNI; luego todos los que denunciamos la manipulación y los engaños de las instituciones no informamos sino que desinformamos.

Por eso, los espías recomiendan introducir “buenas prácticas” en los medios de comunicación, que consisten en apoyar, defender y sostener las políticas públicas, como el euro, los desahucios o los golpes de Estado en Latinoamérica.

(*) https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/02/23/primera_guia_del_cni_contra_las_fake_news_contrasta_fuentes_sospecha_anonimos_no_compartas_informacion_dudosa_92219_1012.html

Las incesantes fábricas del odio, del miedo y la mentira

Boaventura de Sousa Santos

Cuando el respetado Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, renunció al cargo en 2018, la opinión pública mundial fue manipulada para no prestar atención al hecho y mucho menos evaluar su verdadero significado. Su nombramiento para el cargo en 2014 fue un hito en las relaciones internacionales. Era el primer asiático, árabe y musulmán que ocupaba el cargo y lo desempeñó de manera brillante hasta el momento en que decidió dar un portazo por no querer ceder a las presiones que desfiguraban su cargo, desviándolo de su misión de defender a las víctimas de violaciones de derechos humanos para volverlo cómplice de tales violaciones perpetradas por Estados con peso en el sistema mundial.

En su discurso y entrevistas de despedida se mostraba indignado con el modo en que los derechos humanos se venían transformando en parias de las relaciones internacionales, obstaculizados por las estrategias autoritarias y unilaterales de dominio geoestratégico. Reconocía que el ejercicio de su cargo le obligaba a oponerse a la mayoría de los países que habían aprobado su nombramiento bajo pena de traicionar su misión. También llamaba la atención sobre el hecho de que el perfil de la ONU reflejaba fielmente el tipo dominante de relaciones internacionales y que, por ello, tanto podía ser una organización brillante como una organización patética, dando a entender que este último perfil era el que empezaba a regir. Era un grito de alerta sobre los peligros que el mundo corría con el avance de populismos nacionalistas de derecha y de extrema derecha que hace mucho venía señalando. Al denunciar la creciente vulnerabilidad de una buena parte de la población mundial sujeta a graves violaciones de derechos humanos, él mismo se volvió vulnerable y tuvo que abandonar el cargo. El grito de alerta cayó en el silencio de la diplomacia, de los alineamientos y de las conveniencias típicas del internacionalismo patético que había denunciado.

Todo esto ocurrió en el año en que se celebraban los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el que muchos, incluido yo mismo, defendían la necesidad de una nueva declaración, más sólida y más verdaderamente universal. Esta necesidad se mantiene, pero en este momento lo más importante es identificar las fuerzas y los procesos que están bloqueando la declaración actual y la convierten en un documento tan desechable como las poblaciones vulnerables sometidas a las violaciones de los derechos humanos que la declaración pretendía defender. Cabe recordar que esta declaración pretendía mostrar la superioridad moral del capitalismo frente al comunismo. El capitalismo prometía, al igual que el comunismo, el creciente bienestar de poblaciones cada vez mayores, pero lo hacía con respeto a los principios de la Revolución francesa: igualdad, libertad y fraternidad. Era el único sistema compatible con la democracia y los derechos humanos.

Sin embargo, la ola conservadora y reaccionaria que asola al mundo es totalmente opuesta a la filosofía que presidió la elaboración de la Declaración Universal y constituye una seria amenaza para la democracia. Se basa en la exigencia de una doble disciplina autoritaria y radical que no se puede imponer por procesos democráticos dignos del nombre. Se trata de la disciplina económica y de la disciplina ideológica. La disciplina económica consiste en la imposición de un capitalismo autorregulado, movido exclusivamente por su lógica de incesante acumulación y concentración de la riqueza, libre de restricciones políticas o éticas; en síntesis, el capitalismo que suele designarse como capitalismo salvaje. La disciplina ideológica consiste en la inculcación de una percepción o mentalidad colectiva dominada por la existencia de peligros inminentes e imprevisibles que alcanzan a todos por igual y particularmente a los colectivos más cercanos, ya sean la familia, la comunidad o la nación. Tales peligros crean un miedo inquebrantable del extraño y del futuro, una inseguridad total ante un desconocido avasallador. En tales condiciones, no resta más seguridad que la de regresar al pasado glorioso, el refugio en la abundancia de lo que supuestamente fuimos y tuvimos.

Ambas disciplinas son tan autoritarias que configuran dos guerras no declaradas contra la gran mayoría de la población mundial, las clases populares miserabilizadas y las clases medias empobrecidas. Esta doble guerra exige un vastísimo complejo ideológico-mental propagado por todo el mundo, incluyendo nuestros barrios, nuestras casas y nuestra intimidad. Son tres las fábricas principales de este complejo: la fábrica del odio, la fábrica del miedo y la fábrica de la mentira.

En la fábrica del odio se produce la necesidad de crear enemigos y de producir las armas que los eliminen eficazmente. Los enemigos no son aquellos poderes que el pensamiento crítico izquierdista satanizó: el capitalismo, el colonialismo y el heteropatriarcado. Los verdaderos enemigos son aquellos que hasta ahora se disfrazaron de amigos, todos aquellos que inventaron la idea de opresión y movilizaron a los ingenuos (por desgracia, una buena parte de la población mundial) para la lucha contra esa opresión. Se disfrazaron de demócratas, de defensores de los derechos humanos, del Estado de derecho, de acceso al derecho, de diversidad cultural, de igualdad racial y sexual. Por eso son tan peligrosos. El odio implica el rechazo a discutir con los enemigos. A los enemigos se los elimina.

En la fábrica del miedo se produce la inseguridad y los artefactos ideológico-mentales que producen seguridad, la cual, para ser infalible, necesita de vigilancia permanente y de constante renovación de las tecnologías de la seguridad. El objetivo de la fábrica del miedo es erradicar la esperanza. Busca convertir el actual estado de cosas en el único posible y legítimo, contra el cual solo por locura o utopía disparatada se puede luchar. No se trata de validar todo lo que existe. Se trata de limpiar, de lo que existe, todo lo que impidió la perpetuación del pasado glorioso.

Por su parte, en la fábrica de la mentira se producen los hechos y las ideas alternativas a todo lo que pasó por verdad o búsqueda de verdad, como las ideas de igualdad, de libertad negativa (libertad de coerciones) y positiva (libertad para realizar objetivos propios, no impuestos ni teledirigidos), de Estado social de derecho, de violencia como negación de la democracia, de diálogo y reconocimiento del otro como alternativa a la guerra, de los bienes comunes como el agua, la educación, la salud, el medio ambiente saludable. Esta fábrica es la más estratégica de todas, porque es aquella en la cual los artefactos ideológico-mentales tienen que empaquetarse y disfrazarse de no ideológicos. Su mayor eficacia reside en no decir la verdad respecto a sí misma.

La proliferación de estas tres fábricas es el motor de la ola reaccionaria que vivimos. La proliferación tiene que ser la mayor posible para que nosotros mismos nos volvamos emprendedores del odio, del miedo y de la mentira; para que deje de haber diferencia entre producción, distribución y consumo en la propagación de esta vasta disciplina ideológica. Los medios de comunicación hegemónicos, la “comentariología”, las redes sociales y sus algoritmos, y las iglesias seguidoras de la teología de la prosperidad, son poderosas líneas de montaje. Pero esto no significa que las piezas que circulan en las líneas de montaje se produzcan de manera anárquica en todo el mundo. Hay centros de innovación y renovación tecnológica para la producción masiva de artefactos ideológico-mentales cada vez más sofisticados. Esos centros son los silicon valleys del odio, del miedo y la mentira. Las tecnologías se desarrollaron originalmente para servir a dos grandes clientes: los militares y sus guerras, y el consumo de masas; pero hoy los clientes son mucho más diversificados e incluyen la manipulación sicológica, la opinión pública, el marketing político, el disciplinamiento moral y religioso. La sofisticación tecnológica está orientada a colapsar la distancia con la proximidad (tuits y soundbites), la institucionalidad con lo subliminal (mediante la producción en masa de máxima personalización), la verdad con la mentira o la media verdad (hipersimplificaciones, banalización del horror, transmisión selectiva de conflictos sociales).

En un momento en que se dice que estamos en vísperas de una nueva revolución tecnológica dominada por la inteligencia artificial, la automatización y la robótica, queda la idea de que las incesantes fábricas del odio, del miedo y la mentira están queriendo orientar la revolución tecnológica en el sentido de la mayor concentración posible del poder económico, social, político y cultural y, por tanto, en el sentido de crear una sociedad de tal manera injusta que la justicia se transforme en una monstruosidad repugnante. Es como si antes de la llegada masiva de la inteligencia artificial, la inteligencia natural se fuese artificializando y automatizando para coincidir y confundirse con ella.

http://www.other-news.info/noticias/2019/02/las-incesantes-fabricas-del-odio-del-miedo-y-la-mentira/

Un avión fantasma ruso sobrevuela el Donbas o cómo la OSCE le hace el juego a los nazis ucranianos


Christelle Néant

El 17 de febrero de 2019 la OSCE aseguró en un informe dos días antes que vio lo que parecía ser un avión militar ruso en el cielo de la República Popular de Donetsk. ¿Ha proporcionado finalmente la OSCE la prueba definitiva de la presencia del ejército ruso en Donbass?

“El 15 de febrero a las 10 de la mañana, mientras se encontraba en la periferia suroccidental de Starobechevo (una zona no controlada por el gobierno, a 32 km al sureste de Donetsk), el MSS vio un objeto volando hacia el sureste de su posición, volando de suroeste a noreste. Basado en imágenes tomadas a mano, el MSS lo evaluó como un motor turbohélice de cuatro motores (probablemente un Tupolev TU-95 o Tupolev TU-142). De 10:50 a 11:10 horas, en una zona al noroeste de Lioubivka (antes Leninske, una zona no controlada por el gobierno, a 43 kilómetros al sureste de Donetsk), el MSS vio un avión (probablemente un Tupolev TU-95 o Tupolev TU-142) volando de norte a sur y viceversa”.

Esta información causó impacto y fue ampliamente compartida por los periodistas de la República Popular de Donetsk, porque la mayoría no podían creer en una información tan increíble. Si eso ocurriera, sería cierto lo que el ejército ucraniano ha estado gritando públicamente y habría presentado las pruebas (datos de radar, por ejemplo).

Pero ¡nada! Pasaron dos días desde que la OSCE publicó su informe y Kiev no había afirmado que un avión ruso hubiera violado su espacio aéreo. Bastante extraño, porque habría sido más que útil para las autoridades ucranianas probar finalmente esa “agresión rusa” ficticia que nadie vio en la realidad.

He comprobado personalmente los husos horarios que utiliza la OSCE en sus informes (UTC +2) y he comprobado si hubo algo durante el período mencionado en su informe (añadiendo una hora antes y una hora después por motivos de seguridad en caso de que lo hayan notado en el huso horario local, que es UTC +3, o hayan cometido un error) a través de sitios como Flighradar24 y otros que siguen a los aviones (incluidos algunos aviones militares y aviones teledirigidos de observación). Pero no había nada. El misterio crecía.

Después de que en torno a esta información el escándalo comenzó a difundirse el 19 de febrero, el ejército ucraniano publicó finalmente dos comentarios en su página de Facebook. El primero fue publicado por el mando de la Fuerza Aérea de Ucrania. Aquí está la traducción:

“En Internet algunas publicaciones en línea difunden una información que indica que el 15 de febrero de 2019, en el espacio aéreo de Ucrania, en la zona de operaciones de las fuerzas armadas, se observó un vuelo de tipo TU-95 de las fuerzas aerotransportadas de la Federación de Rusia. Después de comprobar la información anterior, declaramos que esto no es cierto. Las unidades de defensa aérea de la Fuerza Aérea de Ucrania llevan a cabo sus misiones de combate diarias y protegen el espacio aéreo ucraniano, y están preparadas para reaccionar rápidamente y a tiempo ante cualquier ataque aéreo”.

Este comentario sonaba un poco a «Chicos, es bueno que estéis intentando probar la realidad de la falsa ‘agresión rusa’ contra nuestro país, pero ¿podríais por favor no hacernos quedar como tontos incapaces de ver un avión enemigo y defender nuestro espacio aéreo?”

Pero parece que este comentario oficial no fue suficiente, porque dos horas después, fue el Comando General de la Operación Conjunta de Fuerzas (OFI) publicó un comentario oficial más completo, con imágenes de radar que demostraban que el avión nunca había entrado en el espacio aéreo de Ucrania o de la República Popular de Donetsk.

Las imágenes eran de mala calidad, se habían imprimido, anotado a mano y fotografiado o escaneado, en lugar de añadir comentarios con un programa de edición de imágenes. Parece que el ejército ucraniano no puede permitirse que un diseñador gráfico lo haga correctamente.

Aquí está la traducción del comentario (sin la repetición del informe de la OSCE al principio y los saludos neonazis al final):

“El 15 de febrero de 2019 unidades de las tropas de radioingeniería de los OIF descubrieron un objetivo aéreo identificado como un avión antisubmarino de largo alcance Tu-142 de las fuerzas armadas de la Federación de Rusia a las 9.56 horas en la zona del aeropuerto de Taganrog. Esta aeronave realizó un vuelo de prueba alrededor del aeródromo de Taganrog cuando se aproximaba a la frontera ucraniana a una distancia de 10 kilómetros. En el trayecto, el avión fue seguido por estaciones de radar y tropas técnicas de radio de las fuerzas conjuntas. Los aviones Tu-142 de las fuerzas armadas rusas abandonaron la zona cercana a la frontera ucraniana a las 12.30 horas cerca del aeropuerto de Taganrog. La aeronave en cuestión no cruzó la frontera ucraniana y no entró en el espacio aéreo ucraniano. Las unidades de defensa aérea del ejército ucraniano están constantemente en alerta y listas para cumplir con su deber”.

Las imágenes de radar proporcionadas por Ucrania demuestran claramente que el Tu-142 nunca entró en el cielo de la República Popular de Donetsk. La distancia más cercana fue de 10 kilómetros. Incluso cuando la aeronave estaba en la posición más cercana a los observadores de la OSCE, la distancia entre la aeronave y los observadores era de unos 30 kilómetros, que es casi el doble de la distancia entre los observadores y la frontera.

¿Cómo pudieron los observadores de la OSCE pensar que el avión sobrevolaba el territorio de la República Popular de Donetsk? ¿Son tan incompetentes que no son capaces de calcular la distancia desde el avión y mirar un mapa antes de escribir cosas tan serias? ¿O mintieron deliberadamente en su informe?

Acusar de sobrevolar el cielo de la República Popular de Donetsk de lo que es claramente un avión ruso (aunque no se mencione ninguna nacionalidad, el modelo de avión no deja lugar a dudas) es una acusación muy grave. Si fuera real, para Ucrania y para la “comunidad internacional”, significaría que Rusia habría violado el espacio aéreo ucraniano. La prueba perfecta de la agresión rusa contra Ucrania y la justificación perfecta para una guerra.

Afortunadamente, el ejército ucraniano no podía soportar ser visto como un grupo de idiotas incompetentes, incapaces de defender su espacio aéreo, y prefirió lavar su honor en lugar de aprovechar la oportunidad.

La misión de la OSCE en Donbass tiene una misión muy importante, que requiere personas competentes y honestas. La OSCE no debería “jugar” con la información que pone en sus informes. Porque se utilizan como una fuente de información “supuestamente” fiable. Pero por lo que vemos, la información escrita en sus informes no es fiable en absoluto.

Esta no es la primera vez que este tipo de tonterías han ocurrido. A menudo critico los informes de la OSCE por la forma en que presentan la información, ocultan ciertos elementos de la misma, a veces incluso acusan erróneamente a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, o afirman haber visto armas rusas modernas sin fotos o vídeos como prueba.

Tenemos muchos ejemplos de estos “errores” durante estos cinco años de conflicto en el Donbass. Hace cuatro años, afirmaron que un niño de 12 a 14 años, armado, estaba vigilando un puesto fronterizo en Makeyevka. Después de la investigación de Anatoli Sharii, se trataba una mujer de 24 años que servía en la milicia de la República Popular de Donetsk.

En diciembre de 2016 vi con mis propios ojos cómo minimizaban el calibre de las armas utilizadas por el ejército ucraniano contra los civiles de la República Popular de Donetsk, afirmando que la FAU había utilizado morteros de 82 milímetros, cuando los enormes cráteres dejados por los proyectiles demostraron claramente que eran al menos de 122 milímetros de artillería.

En febrero de 2017 vieron tanques ucranianos al pie de edificios residenciales en Avdeyevka. Incluso discutieron con los soldados ucranianos presentes allí, pero no mencionaron su presencia (que fue una grave violación de los acuerdos de Minsk con el telón de fondo de un aumento significativo de los bombardeos del ejército ucraniano contra civiles de la República Popular de Donetsk) en su informe.

La OSCE finalmente admitió haber notado la presencia de estas armas prohibidas cerca de la línea del frente y cerca de edificios de apartamentos, sólo cuando se publicaron en Internet las fotos y vídeos que demostraban su connivencia con los soldados ucranianos.

El año pasado afirmaron que un soldado borracho de la República Popular de Donetsk les impidió ir a donde querían. La investigación llevada a cabo por las autoridades de la República Popular de Donetsk demostró que el hombre estaba perfectamente sobrio, pero sólo muy cansado después de una larga guardia, y que les había impedido conducir por la parte inferior de la carretera donde había minas, salvando así sus vidas.

No mencionaré todas las ocasiones en que he visto a observadores de la OSCE anotar hechos que no aparecían posteriormente en el informe diario, o el número de veces que no vinieron a registrar los bombardeos contra civiles, cuando las casas afectadas estaban a menos de un kilómetro de donde se encontraban los observadores de la OSCE.

Esos ejemplos, incluido el último con esta aeronave militar rusa que nunca entró en los cielos de la República Popular de Donetsk, demuestran que los informes de la OSCE son absolutamente poco fiables, y que se deberían solicitar fotografías y vídeos para cada acusación importante, como la presencia de armas rusas modernas en el Donbass.

La OSCE ya ha facilitado varias fotos y vídeos de este tipo tomados por sus aviones teledirigidos cuando las armas ucranianas e incluso las de la República Popular de Donetsk y la de Lugansk están presentes cerca de la línea del frente, en violación de los acuerdos de Minsk. ¿Por qué no lo hacen cada vez que dicen que hay armas rusas?

El año pasado afirmaron que un dron suyo había avistado recientemente equipos de guerra electrónica rusos en la República Popular de Lugansk. Pero nunca han publicado una sola foto o vídeo para probarlo. La semana pasada, afirmaron haber visto un sistema de inteligencia de radio TORN en la República Popular de Donetsk. Y de nuevo, no han publicado ninguna foto o vídeo que pruebe esta acusación. Hau muchos ejemplos como estos.

Pero después de este cuento de hadas sobre el avión fantasma ruso en el cielo de la República Popular de Donetsk, que fue desmitificado por el propio ejército ucraniano, las declaraciones de la misión de la OSCE ya no pueden tomarse en serio sin pruebas (fotos o vídeos). Especialmente con respecto a la presencia de armas, aviones u otro equipo militar ruso en el Donbass.

La misión de la OSCE se ha desacreditado una vez más, destruyendo su credibilidad, que es esencial para que pueda cumplir lo que es oficialmente su misión: llevar la paz al Donbass.

http://www.donbass-insider.com/fr/2019/02/20/donbass-osce-et-la-menace-avion-fantome-russe/

La ideología dominante es como los zombis: nos persigue por más que se demuestre su falsedad

‘El oscurantismo mata la democracia’
El pliego de cargos contra el “candidato manchú” se ha muerto de muerte natural porque lo más natural es que así ocurriera, más temprano que tarde. Dos viejos espías de la NSA y la CIA, William Binney y Larry Johnson publican un artículo técnico cuyo título resume muy bien sus conclusiones: “Por qué los rusos no piratearon al Partido Demócrata”(1). Es interesante, sobre todo para los aficionados a la informática.

Ahora comparen ese titular con este otro, publicado un poco antes por el “Washington Post”, adalid de lucha contra el oscurantismo: “Cómo los rusos piratearon al Partido Demócrata y entregaron sus correos a WikiLeaks”(2).

Evidentemente uno de los dos miente y ese no es otro que el periódico “antioscurantista”, aunque los cazarrecompensas nunca tendrán la osadía de incluirlo entre los fabricantes de bulos, mentiras, fraudes, e incluso teorías de la conspiración.

Las mentiras no viajan solas sino en compañía. Foman parte de una campaña que, en el caso, del “candidato manchú” ha durado dos años durante los cuales el Comité de Inteligencia del Senado ha tomado declaración a 200 testigos, nada menos.

El filón propagandístico se ha agotado; no da más de sí. Los demócratas y los “progres” al estilo estadounidense creyeron que el jefe de los maderos, Robert Mueller, y los diputados del Congreso encontrarían un lago en medio del desierto, pero no podían. Con los micrófonos apagados en Washington todos los políticos confiesan el fracaso.

Si antes de 2016 alguien hubiera afirmado que Trump era un espía ruso, o que se iba a poner al servicio de los rusos, o que favorecería sus intereses, le hubieran internado en un siquiátrico con una camisa de fuerza. Para hacer que lo inverosímil sea creíble no basta con una noticia; es necesaria toda una campaña, es decir, resucitar a Goebbels: una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad.

Lo que resta es analizar dos cosas: primero, la campaña en sí misma y, segundo, la secuela de censura en las redes sociales, que los cazarrecompensas se han tomado a pecho con el fin de desviar la atención de las grandes cadenas hacia los pequeños medios independientes de información.

Con los medios técnicos actuales es sencillo comprobar el aluvión de “noticias” publicadas sobre este asunto, frente a quienes han difundido el artículo de Binney y Johnson, que tendrán dificultades para localizarlo.

Donde hay un aluvión de “noticias” está la ideología dominante. A través de ellas el imperialismo nos dicta nuestra opinión y los intentos que se llevan a cabo para desmontar el fraude no son suficientes. “El medio es el mensaje”, decía hace años el canadiense Marshall McLuhan, hoy olvidado. Podemos luchar contra un mensaje, criticarlo y denunciar su falsedad con los medios a nuestro alcance, pero son insignificantes frente a los medios que el imperialismo puede poner en funcionamiento.

Los que durante dos años han estado publicando basura no van a rectificar jamás y su mensaje quedará adherido a las cabezas de millones de lectores de todo el mundo para siempre, incluso a través de generaciones, porque la ideología dominante es como el Cid Campeador: sigue ganando batallas después de muerta. Es una ideología zombi. Por eso nos tropezamos tan a menudo con personas que siguen defendiendo falsedades con la mayor naturalidad.

La verdad no resplandece por sí misma, como creían algunos pensadores clásicos, sino que se defiende de la misma manera que cualquier otra causa justa: mediante la organización de sus partidarios.

(1) https://turcopolier.typepad.com/sic_semper_tyrannis/2019/02/why-the-dnc-was-not-hacked-by-the-russians.html
(2) https://www.washingtonpost.com/world/national-security/how-the-russians-hacked-the-dnc-and-passed-its-emails-to-wikileaks/2018/07/13/af19a828-86c3-11e8-8553-a3ce89036c78_story.html

Más información:

– Trump, el candidato manchú, y cómo los rojos se han apoderado de la Casa Blanca
– Los hilos que van del Kremlin a Trump pasan por WikiLeaks pero no conducen a ninguna parte
– Las mentiras llegan y se quedan para siempre
– El gobierno británico dirige a los medios en la campaña de intoxicación contra Rusia
– Espías y periodistas: se le atrapa antes al mentiroso que al cojo  

Si no puedes con el mensaje, mata al mensajero (por ejemplo a Julian Assange)

El domingo, durante la “Super Bowl”, el espectáculo de más audiencia en Estados Unidos, el Washington Post difundió un anuncio, narrado por el actor Tom Hanks, en el que hablaba de los valores del periodismo honesto y rendía homenaje a los reporteros que han perdido la vida en los últimos años, entre ellos el saudí Jamal Khashoggi, el periodista de Al-Qaeda y del Washington Post asesinado en Estambul.

Khashoggi es un héroe, mientras que Julian Assange se quedó sin ninguna mención.

El periodista australiano es la vergüenza del periodismo moderno. Lleva ya más seis años confinado en la embajada ecuatoriana de Londres, precisamente por los patrones del Washington Post y gentuza de la misma calaña, política y periodística.

La mistificación periodística de Caso Assange se encuentra en titulares como éste: “Assange vive en la embajada de Ecuador en Londres”. Parece que el australiano hubiera decidido cambiar de domicilio. La CNN recurre a otro eufemismo y dice que Assange está “asilado” en la embajada. Nadie aclara lo más elemental: Assange se pudre confinado sin haber sido juzgado por ningún tribunal, sin que nadie levante la voz, a pesar de ser el atentado más grave al derecho a la información que se ha producido en Europa desde 1945.

Suecia archivó la pantomima contra él por violación. La ONU ha reconocido que su situación es arbitraria. Pero, ¿a quién le importa la arbitrariedad de un proscrito. Da lo mismo. Si no es por un asunto es por otro, como espionaje. Alguno tiene que colar o, al menos justificar una situación inaudita en plena Europa del siglo XXI.

La libertad de información no tiene cabida en Europa, con el agravante de que absolutamente ninguno de los documentos publicados por él ha sido cuestionado. A falta de argumentos contra la información, la intoxicación mediática se ha vuelto contra el informador. No falla: si no puedes con el mensaje, acaba con el mensajero.

Así es como la información de WikiLeaks ha pasado au segundo plano, mientras convertían a Assange en un muñeco de feria: guarro, violador, espía, agente del Kremlin… No han escamoteado ningún adjetivo en su contra.

Es la típica maniobra de distracción que aleja al lector de asuntos tales como las atrocidades cometidas por Estados Unidos y sus acólitos -entre ellos España- en Irak, el campo de concentración de Guantánamo, el fraude electoral en Estados Unidos, el espionaje de dirigentes políticos de todo el mundo, la injererencia de Estados Unidos en los asuntos internos de países soberanos…

Antes de su calvario, a Assange le concedieron importantes premios por sus denuncias. En 2009 fue el ganador de los Premios Amnistía Internacional de los Medios Británicos por la exposición de los asesinatos extrajudiciales en Kenia.

Pero aquello era Kenia. Ahora la cosa es muy diferente. “Con la iglesia hemos topado”. A Assange ya nadie le recuerda, no le han vuelto a conceder ningún premio, las ONG “humanitarias” no le reconocen como preso de conciencia, ni siquiera como represaliado político. ¿Será porque esas ONG cobran de los represores?, ¿no las convierte el silencio en cómplices de la represión?

Tienen buenos motivos: Hillary Clinton propuso asesinar a Assange con un dron. ¿Qué más hace falta para levantar la voz?

A Amnistía Internacional ha manifestado su preocupación porque las filtraciones de WikiLeaks pongan en peligro a los afganos que colaboran con la ocupación militar estadounidense. Si no hemos entendido mal eso significa que las violaciones de los derechos humanos de los que ocupan Afganistán están al mismo nivel que las violaciones de derechos humanos que cometan contra ellos o, en otras palabras, la legítima defensa contra el ocupante y sus vasallos. El agresor y su víctima son iguales, como ya sabíamos.

“La democracia muere en la oscuridad”, dice la cabecera del Washington Post, y es cierto. Durante la Super Bowl tuvieron una oportunidad para aplicarse el cuento y recordar a Assange, siquiera de pasada.

El periodismo nos pone en guardia cada vez que presume de independencia y neutralidad

El 24 de enero, pocas horas después de la autoproclamación de Juan Guaido como presidente de Venezuela, la agencia AFP informaba de lo siguiente: “Trece personas fueron asesinadas en dos días durante las manifestaciones antigubernamentales que sacudieron a Venezuela, dijo una organización no gubernamental de derechos humanos”.

Unas horas más tarde, otra noticia de la misma agencia duplicaba el número de muertos y la fuente tampoco era directa sino que procedía de la misma “organización no gubernamental de derechos humanos”.

Con este término la AFP oculta al Observatorio Venezolano de Conflictos Sociales (OVCS), una institución que la agencia de noticias presenta a veces como una ONG y a veces como lo contrario: una “organización de oposición al gobierno de Nicolás Maduro”. En un caso un lector con poco entrenamiento crítico cree que la información es “neutral”, mientras que en el otro puede sospechar que es parcial.

La valoración de la misma noticia, sea cierta o falsa, cambia en el lector gregario según que la misma fuente se presente de una u otra forma.

Entre el 23 y el 29 de enero, AFP publicó al menos 9 noticias procedentes de la OVCS. Comparen: desde el inicio del Golpe de Estado en Venezuela la AFP sólo se ha apoyado una vez en el canal Telesur.

Conclusión: la AFP no es una fuente neutral ni imparcial de noticias sino que ejerce de altavoz de la oposición golpista de Venezuela, en plena sintonía con la política imperialista de sus jefes: el gobierno francés. Más claro aún: la AFP dice lo que sus jefes en París le dicen que diga.

Esperamos que nadie se haga el sorprendido por ello, pero sigamos adelante con la intoxicación mediática de la AFP, que hace referencia a 13 personas “asesinadas”, un término que sólo se utiliza para hablar de Venezuela. En cualquier otro país los manifestantes simplemente serían “muertos”, posiblemente en enfrentamientos con las fuerzas del orden.

Pero, ¿de dónde obtiene la agencia esa cifra de asesinatos? Este tipo de preguntas que tantos quebraderos de cabeza provocan son absurdas: lo importante en la intoxicación no es la procedencia sino la consecuencia de la noticia, el impacto que causa en un lector gregario.

De la noticia del “asesinato” de 13 personas durante dos días de manifestaciones antigubernamentales cualquiera deduce dos conclusiones muy simples: las víctimas son opositores al gobierno de Maduro y han sido asesinadas por la policía.

Las redes sociales son un buen exponente de ese tipo de lecturas gregarias. En el caso de Efrén Sandalio Castillo, uno de los asesinados, las redes sociales repitieron hasta la saciedad que era un opositor político y que la policía le disparó con munición real durante la manifestación.

Esta segunda parte de la información es extraña -y posiblemente falsa- por lo siguiente: en Venezuela la Guardia Nacional no utiliza munición real sino armas de plomo, tan lesivas como las que utiliza la policía francesa contra los “chalecos amarillos” pero, en cualquier caso, no letales. No mata; te deja tullido para el resto de tu vida.

Otros dos opositores que engordaron la cifra de asesinados fueron Antonio Cárdenas Blanquez y Luis Alberto Martínez, jóvenes de 22 y 32 años, que fallecieron en aquella misma fecha pero muy lejos de la manifestación golpista: los mató a tiros un panadero cuando le intentaban robar en su tienda, según explicó Noticiascol (1).

Analicemos ahora el caso de Germán Cohen, un hombre de 33 años asesinado el 23 de enero en Mérida. Se puso a gritar a los manifestantes que él era “tupamaro”, es decir, que apoyaba a Maduro. Entonces los opositores le atacaron, impidieron la intervención de la Guardia Nacional, le mataron a tiros y luego le prendieron fuego al cadáver (2), algo que no es la primera vez que ocurre.

Es una pena que la realidad mancille este tipo de noticias, tan suculentas.

(1) https://www.noticiascol.com/2019/01/26/panadero-asesina-a-dos-motorizados-durante-una-protesta/
(2) https://www.brasildefato.com.br/2019/01/29/protestos-violentos-da-oposicao-deixaram-30-mortos-em-uma-semana-na-venezuela/

Golpe de Estado en Venezuela: la ayuda humanitaria ya está en camino

El jueves la agencia Efe lanzó la falsedad más esperada: “Maduro bloquea un puente en la frontera con Colombia para impedir la entrada de la ayuda humanitaria anunciada por Guaidó”. Hemos estado esperando a que los cazarecompensas denuncien a Efe por difunir mentiras, pero no ha ocurrido, por lo que son tan cómplices como los mentirosos. ¡Ojo con esos que “luchan” contra las noticias falsas!, ¡son los más mentirosos!

En el mundo posmoderno no hay guerra, agresión, ni Golpe de Estado en el que no surja un serio problema humanitario que el imperialismo deba resolver, porque para eso están los imperialistas, sus ejércitos y sus ONG: para ayudar a la humanidad en su carencias más acuciantes.

La ayuda humanitaria se ha convertido en tal fetiche para los medios de comunicación que desde hace años la misma noticia se viene publicando al revés, aunque hay que buscarla con lupa: Venezuela estaba enviando ayuda humanitaria a diversos países, como por ejemplo a Perú.

Da la impresión de que todos los países se intercambian la ayuda humanitaria unos con otros, lo cual puede dar lugar a una caída de las exportaciones mundiales porque esas mismas mercancías se podían vender en lugar de regalar.

Pero de ese intercambio sólo se publica una parte para indicar que Venezuela tiene un importante problema humanitario, ya que la población acude a los supermercados y faltan las mercancías más básicas, como el papel higiénico o el dentrífico.

Las noticias sobre ayuda humanitaria son la etiqueta del desastre. Sólo se ponen a los países parias. Por ejemplo, no hay noticias sobre el envío de energía eléctrica humanitaria a España para que quienes padecen “pobreza enérgica” no se congelen de frío este invnierno. ¿Por qué sólo ayudan al Tercer Mundo y no a las personas que padecen hambre en Nueva York, Londres, Paríso Madrid?

Nadie se ha preocupado de señalar las causas del desabastecimiento en Venezuela, como el bloqueo imperialista, para poder remediar ese tipo de carencias; se trata de remediar sólo sus consecuecias con una ayuda humanitaria que ha sido solicitada por Guaidó porque él, a diferencia de Maduro, se preocupa de las necesidades más básicas de los venezolanos.

Las preguntas siempre quedan en el aire: si a ayuda humanitaria era tan acuciante, ¿por qué la Cruz Roja Internacional se negó a participar en dicha tarea?, ¿quién envió la ayuda humanitaria?, ¿quién pagó los gastos de transporte?

La población colombiana no tiene esos mismos problemas y carencias. Por eso la ayuda humanitaria nos dejó perplejos: ¿por qué envían la ayuda humanitaria a Colombia y no a Venezuela? Nos imaginamos a la población colombiana hambrienta viendo pasar a los camiones de ayuda humanitaria con destino a Venezuela sin poderse apoderar ni de una lata de leche en polvo o de melocotón en almíbar.

La pregunta es: si los venezolanos son los únicos que necesitan ayuda, ¿por qué no la enviaron directamente a Venezuela? En Veneuela hay puertos y aeropuertos en los que se podía haber descargado. ¿Por qué no lo hicieron de la manera más sencilla?

Depositarla en Colombia es un engorro porque en las fronteras no las pueden cruzar fácilmente, ni las personas ni las cosas. Hay que llevar encima un montón de papeles y permisos sobre la carga, las personas y los camiones. Hay que registrar los paquetes para que no entren drogas o armas camufladas…

Las ayudas humanitarias son las típicas noticias fabricadas para que den la vuelta al mundo en las portadas de las cadenas de televisión. Cuando el imperialismo quiere poner a un país la etiqueta de “Estado follado”, no tiene más que enviarle un poco de ayuda humanitaria a través de alguna ONG que se preste a la farsa. Además es necesaria alguna agencia de prensa, como Efe, que lo publique.

En la ayuda humaniaria los países donantes muestran su buen corazón, mientras que los demás son las alcantarillas del mundo. Nos dan pena porque nosotros no somos insensibles al sufrimiento de los demás (por lejos que vivan).

El ‘izquierdismo contrarrevolucionario’ es un viejo diseño de la CIA que sigue de plena actualidad

No nos hubiera debido sorprender tanto la preocupación de la CIA por impulsar a determinados artistas e intelectuales. Los espías de Langley se convirtieron en los mayores mecenas de la cultura que ha conocido la historia. No hubo materia en la que la CIA no metiese la cuchara, como lo prueba el hecho de que se sigan desclasificando documentos, hasta ahora reservados, en los que notorios escritores aparecen generosamente recompensados (*).

El encargado de esta tarea, Thomas W. Braden, lo expresó bastante claramente en 1967: “Me acuerdo de la enorme alegría que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [subvencionada por la CIA] suscitó en París más entusiasmo por Estados Unidos del que John Foster Dulles [secretario de Estado] y Dwight D. Eisenhower [Presidente] hubieran podido lograr con cien discursos”.

La cultura es muy importante para el imperialismo. Por eso la palabra “inteligencia” ha llegado a ser tan dual que lo mismo se refiere a un intelectual que a un espía. Nadie hubiera podido sospechar hasta qué punto en Langley fabrican música, pintura, libros, universidades, becas, bibliotecas, doctrinas, películas y periódicos tanto como Golpes de Estado, tortura y asesinatos en masa. A pesar de ello, tenemos una tendencia “natural” a vincular a la CIA con esto último, pero no tanto con lo anterior.

También tenemos otro vicio más: nos creemos que la CIA sólo genera facherío, reacción, que promociona a escritores de esos a los que se les ve venir desde lejos. ¡Qué error! Los espías son mucho más inteligentes; de ahí viene su nombre. Lo que fabrican son ese tipo de escritores que tanto les gusta leer a los universitarios, como Foucault, por poner un ejemplo de “izquierdista contrarrevolucionario”.

El aparato ideológico de la CIA tenía oficinas en 35 países, publicó docenas de revistas, financió editoriales y libros, organizó conferencias internacionales, exposiciones de arte, espectáculos, conciertos, premios culturales y organizaciones encargadas de dirigir toda esa actividad, como la fundación Farfield. No es cosa del pasado. Toda esa producción cultural sigue pesando en lo que se está escribiendo ahora mismo.

Un informe de 1985 que se ha logrado desclasificar parcialmente pone nombres y apellidos a muchos de los intelectuales subvencionados, entre los que cabe destacar a ilustres personajes como Jacques Lacan o Roland Barthes.

Sobre todo en Europa occidental, la CIA creó esas corrientes que en los sesenta fueron calificadas como “nueva izquierda”, ese tipo de movimientos seudoprogresistas que hoy están tan en boga. Son los que se definen a sí mismos como marxistas, pero no aceptan lo que a la CIA le importaba realmente: la URSS, lo que se llamó el “socialismo real”, algo execrable justamente porque era una realidad, no una utopía.

Las subvenciones de la CIA crearon el mito del “stalinismo”, para lo cual recurrieron a fabricar renegados, en cuyo nombre escribieron biografías y memorias de desengaño o decepción, personajes que fueron pero dejaron de ser: “yo también fui comunista”, “yo viví en la URSS”, “era muy joven y me engañaron”…

Unos decían que la experiencia práctica del socialismo era mala; los otros que también la teoría lo era. En medio de la caza de brujas en Estados Unidos o de los Golpes de Estado de Irán, Guatemala, Brasil o la República Dominicana, la “nueva izquierda” se obsesionó con la URSS y ahí sigue. No importa que ya no exista: hay que recordar al mundo que existió y que no fue algo bueno para la humanidad, que no se debe repetir.

La “nueva izquierda” es el mensaje que la CIA dejó para que en el futuro los intelectuales siguieran combatiendo, como el Cid Campeador, al socialismo real después de muerto, incluso sin necesidad de subvenciones, por su propio impulso. Los espías dejaron el trabajo hecho en la Guerra Fría; no queda más que repetir la misma monserga.

(*) https://www.cia.gov/library/readingroom/docs/CIA-RDP86S00588R000300380001-5.PDF

Por cierto: casi se me olvida añadir que Braden, el jefe del aparato de propaganda de la CIA, era periodista. Cuando dejó el espionaje pasó a trabajar en la CNN, entre otro medios. La serie de televisión “Con ocho basta”, la más famosa de finales de los setenta, se basaba en una biografía tuneada de Braden, que tenía ocho hijos. La CIA es una familia entrañable.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies