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El Golpe de Estado sanitario

El equipo de 70 expertos que asesora al gobierno suizo desde el origen de la pandemia lleva un título militar, “task force”, como si fuera una unidad de choque. Lo mismo que en otros países, su campo de acción no es sólo la enfermedad, ni la ciencia, sino los hábitos de comportamiento de las personas, es decir, que han puesto en práctica un experimento de ingeniería social.

El reglamento interno del equipo establece que sus miembros no deben comunicarse directamente con los medios de comunicación. Sólo su presidente está facultado para ello, y si la comunicación se refiere a nuevas medidas, debe hacerlo después de que se hayan hecho públicas por el gobierno.

Los miembros del equipo se han saltado a la torera estas disposiciones, participando regularmente en los medios de comunicación, que los han elevado a los altares: sólo lo que ellos afirman es ciencia. La televisión, la radio y los periódicos han convertido a unos desconocidos en auténticas estrellas de la sociedad del espectáculo (*).

Hace un año nadie conocía a Fernando Simón en España y lo mismo ocurría con Martin Ackerman, su homólogo en Suiza, que aparece en la foto de portada. Hoy no hay nadie que no los conozca en sus respectivos países. En un año, los periódicos han dedicado miles de portadas y primeras planas a estas nuevas figuras del famoseo, un fenómeno que jamás había ocurrido antes, ni siquiera con el deporte, la música o cualquier otro espectáculo de masas. Antes los periodistas eran altavoces de los políticos y ahora de los científicos.

Naturalmente, el equipo científico no se limita a aconsejar. Está creando un nuevo tipo de sociedad, de relaciones personales, de comportamientos públicos y privados.

Las armas de estos expertos son muy simples. Se componen de amenazas, miedo y falsedades. Si el gobierno (y la sociedad) no hacen lo que ellos dicen, llegará la hecatombe. Cuando el gobierno decide no seguir sus recomendaciones, los expertos se salen con la suya acudiendo a los medios, porque los periodistas, como la sociedad, siempre cree más a un científico que a un político. El científico sabe; el político sólo opina.

Así ocurrió en Suiza con el uso obligatorio de mascarillas en el transporte público, o el cierre de restaurantes, bares y discotecas.

El equipo científico es ahora uno de los organismos más influyentes de Suiza y a nadie parece importarle que no los haya elegido nadie, que no representen a nadie y no sean responsables ante nadie. Sus miembros son cooptados. Se han elegido a sí mismos. No existe ningún reglamento que establezca los criterios de elección o de destitución. En marzo del año pasado invitaron a incorporarse a Pietro Vernazza, médico jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas de un Hospital Cantonal y a continuación le despidieron sin ninguna explicación. ¿Por qué? No se sabe…

Además de la falta de legitimidad democrática, el funcionamiento de los equipos es totalmente opaco.

¿Al servicio de quién están los expertos? Ni siquiera en Suiza hay transparencia sobre los conflictos de interés de los asesores científicos del gobierno. Hasta junio del año pasado los expertos suizos no hicieron declaraciones de interés. Sin embargo, sigue pendiente la comprobación de su exactitud.

¿Cómo toman sus decisiones?, ¿por mayoría?, ¿por unanimidad?, ¿se lo juegan al mus? Nadie lo sabe.

¿Llevan actas? En caso afirmativo, ¿se darán a conocer algún día o serán secretas?

¿Cuánto tiempo estarán en su cargo, tomando decisiones que comprometen la vida y los derechos de las personas?, ¿hasta que ellos mismos decidan? Tampoco se sabe.

En Suiza dicen que los expertos no están cobrando por su asesoramiento, lo cual no hay quien se lo crea. En España parece que son de pago, pero ¿cuánto han cobrado en lo que llevamos de pandemia?, ¿han cobrado las horas extra o no?

En Suiza saben quiénes son los expertos, pero en España no. Los expertos son fantasmas (en el más amplio sentido de la palabra). ¿Qué papel están jugando los sicarios de IS Global en el equipo que asesora al gobierno español?, ¿a quién deben su lealtad?, ¿al gobierno o a La Caixa que los financia?

Por cierto, el Vicepresidente de IS Global no es otro que Javier Solana, antiguo secretario general de la OTAN.

(*) https://www.foeg.uzh.ch/dam/jcr:13f6efc8-f9c4-45dd-816c-b6a8356edfe6/2020_Gesamtausgabe.pdf

Los bulos de la CIA se estiran nueve meses

Al comienzo de la Guerra Fría la CIA puso en marcha la Operación Ruiseñor (Mockingbird) para influir en las publicaciones de los medios de comunicación. El plan era secreto porque nadie debía enterarse de que los medios no informaban sino que intoxicaban.

Hoy las cosas han cambiado mucho. Los medios de comunicación no esconden que su fuente de información es la CIA, es decir, que sus reportajes los elaboran en Langley. No es ningún secreto: la CIA y los medios son lo mismo.

Por ejemplo, en junio del año pasado el New York Times publicó que los rusos pagaban dinero a los talibanes por cada soldado estadounidense que mataran en Afganistán.

El periódico ponía como fuente a “funcionarios anónimos de inteligencia”, o sea, a la CIA. El artículo lo había escrito la CIA; el periódico se limitaba a llevarlo a la imprenta, o a la web.

La intoxicación fue reproducida por (casi) todos los medios del comunicación del mundo.

El jueves de la semana pasada el gobierno de Biden reconoció oficialmente lo que cualquier gacetillero mediocre sabía: los servicios de inteligencia de Estados Unidos tenían una confianza “de baja a moderada” en dicha “información”.

Hace unos días el propio periódico reconoció que su fuente era la CIA.

Los mismos “servicios de inteligencia” que difundieron la “noticia” en junio, la desmienten nueve meses después.

Es el momento de saber lo que pretendían lograr las mentiras de la CIA, que no era sólo desacreditar a Rusia por enésima vez, sino impedir que Trump llevara a cabo su proyecto de retirar las tropas de Afganistán.

Lo que la CIA quería transmitir al mundo a través del New York Times era: en Afganistán nuestras tropas no se enfrentan sólo a los talibanes sino también a los rusos. Si nos vamos de Asia central, los rusos llegarán otra vez a Kabul de la mano de los talibanes.

Trump seguía siendo el ‘candidato manchú’: una marioneta de Putin.

Ahora Biden demuestra que no tiene un plan diferentes del de Trump y vuelve sobre la misma promesa: retirará las tropas de Afganistán antes de setiembre de este año.

Lo que debería aclarar son dos cosas: si dentro de esas “tropas” incluye a los comandos de operaciones especiales y si incluye también a la CIA.

YouTube ha censurado 800.000 vídeos por sus contenidos críticos sobre el coronavirus

La directora general de YouTube, Susan Wojcicki, ha explicado la intensificación de la censura en la plataforma y se ha comprometido a intensificarla aún más. Para ello YouTube ha creado lo que califica como un “índice de visitas violentas” capaz de eliminar los contenidos antes de que los usuarios tengan la oportunidad de verlos.

Wojcicki reconoce que la nueva métrica se ha introducido por las presiones de los gobiernos, la prensa y los anunciantes.

Los algoritmos marcan el contenido, que luego se envía a los censores humanos, que deciden finalmente si el contenido es “violento” y debe ser eliminado.

No obstante a lo largo de la entrevista, Wojcicki deja claro que “violencia” es cualquier cosa, admitiendo que a lo largo del año pasado habían aprobado 10 reglamentos diferentes sobre la pandemia, además de otros sobre los procesos electorales.

Los comentarios de Wojcicki reflejan la censura masiva que se ha producido en la plataforma por diferentes motivos que nada tienen que ver con “la violencia”. Más de 800.000 vídeos han sido eliminados por sus contenidos críticos sobre el coronavirus, mientras que numerosos personajes públicos, periodistas y medios de comunicación se han enfrentado a sanciones después de que YouTube les acusara de difundir afirmaciones “falsas” sobre las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado.

—https://www.youtube.com/watch?v=cF50hjiwRoM

La normal anormalidad

El hombre que siente miedo sin peligro,
inventa el peligro para justificar su miedo
Johann Wolfgang Goethe

Normopatía: enfermedad de proporciones pandémicas

El miedo al desempleo y a la miseria, un miedo intensificado en la fase neoliberal del capitalismo, tendría un efecto normalizador en el trabajador al que hundiría en el conformismo. Su normopatía conformista sería una “estrategia defensiva” contra la ansiedad, contra la incertidumbre, contra el riesgo, contra el miedo ante “la suerte de los que no adhieren al engaño”, pero también contra el temor a reconocer “la propia cobardía” y contra el “sentimiento de culpabilidad” por no hacer nada en semejantes circunstancias (1).

Estamos ante una terrible enfermedad de proporciones pandémicas. La percepción es unánime. Especialistas de Reo Virtual, tras reunirse para celebrar las primeras Jornadas sobre Trastornos de la Existencia y Pensamiento Único, afirman de manera rotunda que: «La normalidad se ha convertido en una seria amenaza para la salud e, incluso, la vida de las personas y coinciden en la necesidad de tomar medidas urgentes”. La doctora Virginia Strangelove lleva varios años dedicando todos sus esfuerzos a la investigación y llega a la conclusión que: “Tenemos como resultado de este proceso a un individuo ‘normal’. Un adulto-consumidor domesticado. Un vegetal sin profundidad que simplemente se dedica a ver lo que le rodea sin intentar comprender nada. Un mero espectador pasivo de ‘lo que pasa’, y que forma parte de un gran rebaño tele dirigido” (2).

El psicólogo mexicano Enrique Guinsberg define al normópata como “aquel que acepta pasivamente por principio todo lo que su cultura le señala como bueno, justo y correcto, no animándose a cuestionar nada y muchas veces ni siquiera a pensar algo diferente, pero, eso sí, a juzgar críticamente a quienes lo hacen e incluso a condenarlos o a aceptar que los condenen” (3).

Aunque pueda parecer extraño, la normopatía se ha convertido en un soporte más de una supuesta objetividad. Hasta tal punto de que, no hay opción al diálogo porque imperan las normas, que en realidad convierten o, más bien disfrazan de autoridad a algunas personas. (4) Las estadísticas, los sondeos, los mensajes que marcan el criterio de normalidad se han vuelto omnipresentes, forzando a quien se sale de la norma, a los indecisos, a alienarse con la mayoría. Si una persona no cumple las normas, es expulsada. Si no hace uso de lo que llaman «lenguaje inclusivo», silenciada. Si no piensa como la norma indica, negada su existencia. Si no condena los actos declarados por el Poder como alegales, resulta criminalizado.

Este modelo de conducta se presenta hoy supuestamente avalado por algunas ciencias y, por lo tanto, como irrefutable. No hay duda de que la normopatía se ha convertido en una amenaza seria para la salud. Este grave trastorno inducido por el conductismo de masas que se difunde a través de los medios de comunicación, la propaganda comercial-política, la cultura, etc., se ha expandido hasta convertirse en una nueva forma de totalitarismo moderno” (5).

El rapto del lenguaje

Antonio Álvarez Solís solía hablar del “rapto del lenguaje” al referirse a las modificaciones lingüísticas empleadas por la clase dominante, mediante las cuales se utilizaban conceptos, palabras, que habiendo sido patrimonio del proletariado, eran aprehendidas por el capital y utilizadas en su propio beneficio con el consiguiente desconcierto para aquellas personas que solamente vislumbraban la superficialidad de las cosas.

“De todos los usos del lenguaje es, quizás, el uso emotivo el más importante. Lo que buscan las palabras es, generalmente, mover a la acción, más que comunicar pensamientos. Para lograr ese objetivo, el lenguaje se utiliza como una herramienta de persuasión, en la cual, las fórmulas mágicas, los usos retóricos, la propaganda y hasta la mentira están a la orden del día” (6).

En la actualidad, hay un nuevo ataque al lenguaje por parte de los poderes económicos y políticos neoliberales, que ha sido minuciosamente preparado y puesto en práctica a través de los medios de comunicación controlados por ellos, mediante un cúmulo de nuevos mercenarios (periodistas y tertulianos) de un ejército sin armas de fuego, o “ejército de la palabra” que combate la opinión disidente. El objetivo es subvertir el significado real de las palabras para poder modificar la realidad a su antojo y ganar la complacencia de los ciudadanos, que perciben como positivas políticas muy perjudiciales para la igualdad y el bien común (7).

Una de estas perversiones es el llamado “bien común” que ha sido, y es utilizado en la situación de excepcionalidad mundial que estamos viviendo. Cualquier medida tomada, cualquier mentira expresada, cualquier penalización impuesta, cualquier coacción,… está tomada, dicen, en pro del bien común.

Mientras el neoliberalismo exacerba el culto al individualismo y a las cacareadas libertades individuales, en contraposición a las propuestas socializantes de primar el colectivo, respetando lo individual, se da la paradoja, durante esta pandemia organizada, que los conceptos se han trastocado.

Ahora resulta que la gran preocupación de las corporaciones es el bienestar colectivo y para ello deben limitarse las libertades individuales. Ante esta metamorfosis conceptual, la supuesta izquierda, ya sea progresista, comunista o colectivista, se ha visto desarmada mientras que los defensores del reaccionarismo se enfrentan a las medidas de control social colectivo en base a la ortodoxia fundamentalista neoliberal.

¡Aguda contradicción! ¿De verdad el capital se preocupa por lo colectivo? Depende, pues precisa de lo colectivo para mantener en funcionamiento su maquinaria consumista-productiva y justificativa de su interés en el “Bien Común”. Lo blanco es negro, lo negro es blanco, como si estuviéramos asistiendo a un espectáculo de magia en el cual el ilusionista saca un conejo de su sombrero.

¿Dónde está la trampa? En este caso no se trata de las habilidades artesanas de un ilusionista. Son cientos, miles de cerebros pensantes acurrucados y pendientes de sus pingües ingresos que abarrotan las distintas disciplinas académicas de las más prestigiosas universidades. Las ciencias sociales, la psiquiatría oficial, la sociología, la psicología de masas han jugado y juegan un papel fundamental en la educación de las percepciones sensoriales de los miembros de la sociedad, que como afirma Franco Basaglia “son funcionarios del consenso”, o Ronald David Laing que los define como “Policías de la mente”. Así un enjambre de técnicos ha tomado el relevo del antiguo verdugo que era el anatomista del sufrimiento.

El Bien Común solamente es posible cuando las decisiones que atañen a la sociedad, -el común-, son puestas a consideración del mismo y en función de la libertad individual de emitir juicio, se produce un debate democrático, tras el cual, el común puede tomar decisiones. Si se coarta el debate democrático y en consecuencia, las opiniones que NO resultan convenientes al poder establecido; cualquier decisión que se tome: orden, mandato, coacción, amenaza, penalización,… atendiendo a un supuesto bien común, resultan falsas, pues la decisión ha estado tomada al margen de aquellos a los que le impone. Si tomamos el caso de la pandemia y sus consecuencias, las decisiones han sido tomadas por una élite privada corporativa multinacional que tiene la desfachatez de hablar en nombre de común, sin estar autorizados para ello, tan solo amparados por el poder otorgado por el mismo poder.

Así comprobamos que cientos de miles de honestos profesionales de la salud y científicos que no viven de las prebendas de la industria farmacéutica, cuestionan las medidas tomadas y son vilipendiados de “negacionistas”. Pero lo que niegan es una “verdad orquestada artificiosamente”, afirmando una realidad distinta, pues niegan el discurso del poder y emiten sus opiniones en aras de un bien común radicalmente distinto conceptualmente del que aparece en el leguaje discursivo del mundo corporativo.

Un ejemplo claro del rapto del lenguaje lo tenemos en el hecho de:

Tras declarar el cuarto estado de alarma en la historia de España, Pedro Sánchez dirigió una petición lingüística a los medios de comunicación: “Creo que podemos ir acuñando todos una expresión más contemporánea, que nada tiene que ver con lo que representa el ‘toque de queda’ para generaciones con más experiencia y más vida a sus espaldas”. El presidente del Gobierno propuso un sustituto de esas tres palabras con sabor militar, ‘toque de queda’, en un “ejercicio de pedagogía” para la ciudadanía.

“Esto es una ‘restricción de movilidad nocturna’ —dijo Sánchez—, nada tiene que ver con el ‘toque de queda’, que tiene otra serie de componentes y significados en la mente de todos”. Pero el Diccionario de la Real Academia Española no atiende a las connotaciones que el presidente quiere sortear con un nuevo término. Según la definición del DRAE, un toque de queda es una “medida gubernativa que, en circunstancias excepcionales, prohíbe el tránsito o permanencia en las calles de una ciudad durante determinadas horas, generalmente nocturnas” (8).

Y con la tranquilidad de no obtener una respuesta contundente por parte de las formaciones políticas ni de la inmensa mayoría de la sociedad, bien podríamos denominar el estado de alarma como un moderno “Gewollte Ausnahmezustand” (estado de excepción querido o deseado), expresión utilizada por los juristas del nazismo para justificar el decreto de 28 de Febrero de 1933 Verordnung des Reichspräsidenten zum Schutz von Volk und Staat (Decreto del Presidente del Reich para la protección del Pueblo y del Estado) que suspendía los artículos de la Constitución de Weimar sobre las libertades personales.

Erich Fromm, hace años, hablaba de “conformidad automática” y ponía el ejemplo de los guardianes de campos de concentración que, cuando estaban a punto de llegar los aliados, decían no temer nada porque, al fin y al cabo, ellos lo único que habían hecho era obedecer órdenes (9). Esto es lo que dirán como justificación, los abanderados de los confinamientos, de las inoculaciones masivas, de las catalogaciones infecciosas… si algún día de mañana se descubre todo el entramado mundial de los estados de excepción.

Mientras las críticas sobre la forma, que no sobre el contenido, sin que tengan un efecto subversivo en el seno de los movimientos políticos de los trabajadores, el Estado puede permitir la presencia de la crítica, como concreción de su “liberalidad” democrática. Por el contrario, en la medida en que la libertad de información y las críticas adquieren una fuerte dimensión política contestataria sobre los contenidos, el Estado, tiende a la utilización sistemática de la censura, la vigilancia y el encarcelamiento de la disidencia (10).

Objetividad perdida, subjetividad olvidada

Una de las razones por las que no podemos acabar con el capitalismo es precisamente su movimiento continuo que lo retroalimenta y que no deja ningún intervalo, ningún espacio para la resistencia, ninguna pausa para que se le detenga, se le cuestione, se le conteste o se le hagan objeciones. Por esto y por más, el discurso capitalista, como dice Lacan, es “locamente astuto” (follement astucieux) y “no puede funcionar mejor” (ça ne peut pas marcher mieux).

Si la dominación capitalista se realiza con tanta eficacia, es porque ha conseguido operar no solo sobre los sujetos y a pesar de ellos, sino con ellos y a través de ellos. La operación, es de “mimetismo” y no de simple “adaptación”. No hay tiempo de comprender ni siquiera las innumerables noticias inconexas con las que se nos ametralla incesantemente. ¿Cómo habríamos de comprender algo de nuestras vidas? Y no habiendo tiempo de comprender, tampoco llega el momento de concluir (11).

Normalidad

Es mucho el mal que la gente normal hace discretamente, imperceptiblemente, al actuar con su normalidad acostumbrada. Y a veces, al dejar de comportarse normalmente, la misma gente normal se delata y nos muestra lo peligrosa que es. Nosotros, los normales, tenemos la disposición y la capacidad para matar, herir, torturar, enjaular, dominar, explotar, ensuciar, contaminar, devastar. No hay nada perjudicial que no sepamos hacer y que no hagamos día con día.

Hannah Arendt al escribir sobre Adolf Eichmann, (uno de los responsables directos en aplicar “la solución final”) dice que “era normal”. Su forma de hablar era como la de un oficinista común y corriente. Su normalidad se expresaba en sus palabras lo mismo que en su aspecto, sus gestos y todo lo demás. Todo era normal en él. Y, por si quedara alguna duda, “seis psiquiatras habían certificado que Eichmann era un hombre normal”. Era normal porque “no constituía una excepción en el régimen nazi”.

Es principalmente el capitalismo, por lo tanto, el que produce nuestra normalidad y su patología. ¿Cómo la produce? Imponiendo sus normas enloquecedoras. ¿Y cómo las impone? Mediante, el conformismo, la sumisión y la obediencia. Los impone y los aplica eficazmente a través de sus dispositivos laborales, organizacionales, tecnológicos, mediáticos, publicitarios, y con sus aparatos represivos, jurídico-coactivos, disciplinarios e ideológicos (12).

Debemos explicar y no sólo describir, pensar dialécticamente y no sólo constatar empíricamente. Hay que ver lo que puede ser además de lo que aparenta ser, lo que falta o sobra en lo que se presenta. Y ante todo, organizar la resistencia ante la Nueva Normalidad, que puede ser mucho peor que la anterior, pues lo que se vislumbra es el intento de apropiación de la esencia de nuestra vida.

Epilogo

Wagner:
¡Perdone!, le he escuchado declamar; ¿no leía usted una tragedia griega? Me gustaría iniciarme en ese arte, pues resulta provechoso hoy en día. He oído muchas veces que un actor puede aleccionar a un predicador.
Fausto:
Siempre y cuando el predicador sea un actor, lo cual puede muy bien pasar en los tiempos que corren
(Johann Wolfgang von Goethe. Fausto. La tragedia. Primera parte. De noche)

(1) David Pavón-Cuéllar. Conferencia dictada el 26 de junio de 2018 en el auditorio Vicente Guerrero de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México.
(2) http://psicologoslr.blogspot.com/2013/10/una-enfermedad-que-se-extiende.html
(3) https://www.lahaine.org/est_espanol.php/normopatas
(4) https://disidentia.com/normas-alma-de-la-correccion-politica/
(5) https://coterraneus.wordpress.com/2016/07/07/la-normopatia/
(6) La manipulación del lenguaje en el discurso jurídico, político y social. Critical Journal of Social and Juridical Sciences Euro-Mediterranean University Institute. Italia. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=18153297012
(7) Susan George; Roger García Lenberg. Julio 2011. La perversión del leguaje político, https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3676005
(8) https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-10-28/sanchez-toque-de-queda-lenguaje-rae-eufemismo_2808112/
(9) Anatomía de la Destructividad Humana. México: Siglo XXI. 1974
(10) Héctor Ceballos Garibay. Crítica a la democracia http://www.revistas.unam.mx
(11) David Pavón Cuéllar. Versión en español de la ponencia presentada en inglés el martes 20 de agosto de 2019 en el Simposio The usefulness or uselessness of Psychoanalysis in an Era of Acceleration. Congreso bianual de la International Society of Theoretical Psychology, en la Escuela Danesa de Educación de la Universidad de Aarhus, en Copenhague, Dinamarca. https://sujeto.hypotheses.org/category/capitalismo/capitalismo-neoliberal
(12) David Pavón-Cuéllar. Conferencia dictada el 26 de junio de 2018 en el auditorio Vicente Guerrero de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Ciudad de México.

 

 

 

La manipulación de la población por los ‘expertos’ en instrumentalizar el miedo

Desde el comienzo de la pandemia, el gobierno británico no sólo fue asesorado por un equipo de epidemiólogos sino también por otro de sicólogos, llamado SPI-B, especialistas en la manipulación del comportamiento humano.

El 22 de marzo del año pasado el SPI-B elaboró un documento que hasta ahora ha sido secreto. Estaba destinado para el Grupo de Asesoramiento Científico de Emergencias (Sage), creado al comienzo de la pandemia y se basaba en un viejo argumento: la manipulación del miedo.

“Un número considerable de personas todavía no se siente suficientemente amenazada personalmente; podría ser que estén tranquilos por la baja tasa de mortalidad en su grupo demográfico […] Es necesario aumentar el nivel de amenaza personal percibido entre los que son complacientes, utilizando mensajes emocionales contundentes”.

El mismo documento presentaba una elenco de 14 medidas para aumentar la sumisión, entre las que incluía “utilizar los medios de comunicación para aumentar la sensación de amenaza personal”, una táctica que consideraban muy eficaz, aunque los efectos indirectos “podrían ser negativos”.

Algunos participantes en Sage admiten ahora sentirse “avergonzados” por los consejos recibidos de los sicólogos. Un asistente habitual a las reuniones de Sage dijo: “El pueblo británico ha sido sometido a un experimento psicológico no evaluado sin que se le diga qué es lo que está ocurriendo”.

“Todo consiste en tratar de dirigir el comportamiento en la dirección que una élite ha decidido, en lugar de decidir si es lo correcto o lo ético”.

El miembro de Sage dice que los informes de SPI-B no eran cuestionados por los de Sage porque “el núcleo de miembros de Sage no está muy bien equipado para evaluarlo y no hay otros científicos sociales en el núcleo de Sage”.

“Cuando alguien de SPI-B dice que hay que aumentar el miedo y mantenerlo, no se cuestiona mucho al principio y la mayoría de los cuestionamientos proceden de fuentes externas, no de dentro”.

Boris Johnson, junto con los asesores científicos Chris Whitty y Patrick Vallance, han sido acusados de “instrumentalizar el miedo”, pero la estrategia sicológica del gobierno para manipular el comportamiento de una población desprevenida podría resultar contraproducente y causar daños a largo plazo.

Ya relatamos que lo mismo había ocurrido en Austria. En el caso británico, la manipulación masiva ha tenido un éxito innegable al lograr persuadir a una población atemorizada para permanecer encerrada en sus casas durante la mayor parte del año pasado.

La manipulación diaria de las estadísticas sobre muertes, hospitalizaciones y “casos” ha sido tan eficaz que el cumplimiento del confinamiento ha superado con creces las expectativas del gobierno.

El pasado mes de julio, una encuesta realizada por la consultora Kekst CNC reveló que casi la mitad de los encuestados, descontando los “no sabe”, pensaba que el coronavirus había matado al 1 por ciento de la población británica, lo que equivale a más de 600.000 personas, cuando la cifra real en ese momento era de 44.000. Casi un tercio de los encuestados pensaba que entre el 6 por ciento y el 10 por ciento, o más, de la población había muerto por el coronavirus, lo que supondría hasta 6,6 millones de fallecimientos.

Paul Dolan, catedrático de Ciencias del Comportamiento de la London School of Economics, dijo: “La idea de que hay que aumentar la amenaza personal de la gente de forma desproporcionada con respecto a la amenaza a la que se enfrenta es un problema. Sienta un precedente muy peligroso: la frase que se utiliza es ‘armamento del miedo’”.

“Una vez que se ha avivado el miedo, no se puede reducir. No es como abrir y cerrar un grifo: no se puede acabar con el miedo.

“Nos hemos centrado exclusivamente en las tasas de mortalidad y de casos, pero estoy bastante seguro de que el público entendería situar las muertes en el contexto de las medias de cinco años.

“Se ha perdido una gran oportunidad de comunicar el riesgo. En lugar de limitarse a decir que un centenar de personas han muerto hoy de Covid, el gobierno podría decir qué proporción de muertes representa, y si eso se traduce o no en un exceso de muertes.

Gary Sidley, psicólogo clínico y consultor jubilado de la sanidad pública, dijo: “Es como si hubiera una pequeña industria en torno a la gestión de la pandemia y excluyera las voces alternativas”.

“Hay una creciente preocupación dentro de mi campo sobre el uso del miedo y la vergüenza como motor del cambio de comportamiento”.

Sidley y otros 46 sicólogos han escrito a la Sociedad Británica de Psicología (BPS) planteando su “preocupación por las actividades de los psicólogos empleados por el gobierno […] en su misión de conseguir la conformidad masiva del público con las restricciones actuales del coronavirus”.

La carta añade: “Nuestra opinión es que el uso de estrategias psicológicas encubiertas -que operan por debajo del nivel de conciencia de la gente- para ‘empujar’ a los ciudadanos a conformarse con una política de salud pública polémica y sin precedentes plantea profundas cuestiones éticas”.

Un comité de la BPS debatirá el asunto en su próxima reunión del 21 de junio, casualmente el mismo día en que debe finalizar el confinamiento.

Laura Dodsworth, que ha pasado el último año investigando el miedo para un libro de próxima aparición titulado “Un estado de miedo: cómo el gobierno del Reino Unido armó el miedo durante la pandemia, dijo: “He entrevistado a personas que se han deshecho del miedo, a personas que han tenido que ser disuadidas del suicidio y a personas que han desarrollado agorafobia.

El problema del miedo es que nubla el pensamiento racional. Te vuelves más dependiente de los mensajes del gobierno, lo que te hace más temeroso, lo que te hace aún más dependiente de sus mensajes, creando un bucle de perdición. Hemos olvidado cómo analizar el riesgo”.

Los sicólogos acusan a los ministros de utilizar “tácticas sicológicas encubiertas” para manipular el comportamiento de la población y se empiezan a preguntar por el número de trabajadores que volverán a ocupar su puesto o a la normalidad y cuál será el impacto del confinamiento sobre el empleo y la salud física y mental.

También afirman que “los niveles exagerados de miedo son responsables de la ‘muerte colateral’ de muchos miles de personas con enfermedades no relacionadas con el Covid“ que están “demasiado asustadas para ir al hospital”.

Un informe de la Universidad de Nottingham del año pasado sugería que el miedo podría incluso traducirse en muertes adicionales, ya que una mala salud mental debilita el sistema inmunitario.

El informe decía: “Es bien sabido que cuando los estados de ánimo negativos persisten en el tiempo provocan la desregulación de los sistemas fisiológicos que intervienen en la regulación del sistema inmunitario. Por lo tanto, existe un potencial significativo para que el daño psicológico infligido por la pandemia se traduzca en daño físico. Esto podría incluir una mayor susceptibilidad al virus, peores resultados si se infecta, o incluso peores respuestas a las vacunas en el futuro”.

https://www.telegraph.co.uk/news/2021/04/02/state-fear-ministers-used-covert-tactics-keep-scared-public/

Más información:
— El gobierno austriaco infundió el pánico deliberadamente entre una población no suficientemente temerosa del coronavirus

La intoxicación periodística está fabricando una leyenda falsa sobre los uigures

¿Se ha vuelto loco el mundo? “Campos de concentración”, “esterilización de mujeres”, “trabajos forzados”, “censura cultural”, “genocidio”… ¿De dónde vienen estos términos, que nos recuerdan las horas más oscuras de la historia de la humanidad?, ¿Qué es esta parodia de juicio que se lleva a cabo contra China desde la distancia, sin ninguna prueba concreta, sin ningún testimonio válido, por parte de individuos que nunca han pisado esta región del mundo -la región autónoma uigur de Xinjiang en China- de la que es seguro que seguramente poca gente había oído hablar antes del comienzo de este año?, ¿Dónde están estos nuevos apasionados de la “causa uigur”, esta etnia cuya situación no preocupaba a nadie hasta ahora? Y las grandes marcas extranjeras que han anunciado que dejarán de utilizar algodón cosechado en Xinjiang
para fabricar su ropa son la gota que colma el vaso.

Estos ataques dan una imagen muy pobre de un país que está bajo el fuego de todas las críticas imaginables sin haber pedido nada. China se defiende como puede publicando informes, testimonios, reportajes y organizando videoconferencias, como la realizada con miembros del gobierno de la región autónoma uigur de Xinjiang y la embajada de China en Reino Unido para promover la actividad económica en Xinjiang, pero no se hace nada. Eso perjudica gravemente las relaciones entre la UE y China, a pesar de que a principios de este año la UE y China se congratularon de la consecución de un histórico acuerdo de principio sobre inversiones. Las relaciones entre China y Occidente, ya tensas últimamente en diversos temas, no necesitaban esto, especialmente en un contexto sanitario tan complicado que requiere trabajar juntos en lugar de luchar.

Soy francesa y he vivido en China durante casi 7 años. Por suerte, tengo familia en Urumqi, la capital de Xinjiang. Tuve la la oportunidad de visitar la región muchas veces entre 2014 y 2019, y no reconozco el Xinjiang que me han descrito en el que conozco. Mis viajes a la región nunca fueron por motivos de trabajo y, por tanto, no fueron “orquestados” por ninguna organización, ni utilicé agencias de viajes. Antes de poner un pie allí, sólo conocía esta región a través de mis lecturas, novelas históricas en su mayoría, y por sus tesoros arqueológicos, especialmente las espléndidas pinturas murales budistas del siglo VI de Kuqa conservadas en el Museo Guimet de París.

Sabía que era un mosaico de culturas, que muchos grupos étnicos vivieron allí: uigures, por supuesto, pero también mongoles, rusos, kazajos, kirguises… Una tierra enorme que jugó un papel esencial en el desarrollo de la Ruta de la Seda, que fue objeto de conquistas y reconquistas por parte de muchos pueblos aportando cada uno sus costumbres y religiones. También era consciente de los disturbios en la provincia en 2008 y 2009 y del temor a los ataques terroristas islamistas en algunas zonas. Pero no sabía exactamente qué esperar una vez que llegara allí.

Me quedé principalmente en Urumqi, pero también fui a Kashgar, Aksu y a esta espléndida región cuyos verdes valles recuerdan a los Alpes suizos: Kanas. Y me causó la misma impresión que cuando fui a Mongolia Interior o a la región autónoma de Corea en Jilin: una sensación de total armonía, respeto por los demás y, sobre todo, apego a la naturaleza y sus maravillas.

¿Censura cultural? En Xinjiang, todas las señales de tráfico y los rótulos de las tiendas están en mandarín y en la lengua turca que hablan los uigures. Los documentos administrativos también están en ambas lenguas. Tras sufrir un susto de salud que me obligó a permanecer en el hospital durante una semana en Urumqi en 2016, fui tratada por un equipo de médicos uigures en un centro situado junto a una de las mayores mezquitas de la ciudad. Cada mañana me despertaba el canto del muecín llamando a los fieles a la oración y el comedor del hospital era 100 por cien halal. De ahí mi sorpresa cuando leí en la página de la Wikipedia dedicada a Xinjiang:

“En la década de 2010, cientos de miles de musulmanes uigures practicantes… están pasando por campos de reeducación chinos. Se inculca la ideología comunista a los reclusos, que son torturados y obligados a comer cerdo y beber alcohol”.

Por la forma en que está escrito, se nota que es una fuente fiable… Cené con un policía kazajo y con un miembro de las Fuerzas Especiales de Intervención uigures (¡que por suerte ambos hablaban inglés!) y recuerdo que les pregunté si habían encontrado algún obstáculo para entrar en la policía china. “¡Ninguno!”, respondieron. “Hay tantas tonterías sobre Xinjiang que ya ni siquiera prestamos atención…” Eso fue en 2015 y no creo que su sentimiento haya cambiado desde entonces. He visto a personas de etnia han comer en restaurantes uigures y viceversa. Las mezquitas, el Gran Bazar, la artesanía tradicional musulmana, todo se conserva y se exhibe.

No pretendo saberlo todo sobre Xinjiang, ya que he estado allí menos de diez veces, pero lo que vi allí no se corresponde en absoluto con lo que nos cuentan algunos medios de comunicación occidentales. Me baso esencialmente en el testimonio de las personas que conozco y que siempre han vivido allí; los han que dicen que “aman la vida en Urumqi y que no la dejarían por nada del mundo”, los uigures que me dijeron exactamente lo mismo. Y también aquella pareja de turistas franceses que conocí en un vuelo de Urumqi a Pekín, que me dijeron que “Xinjiang era su provincia china favorita”. Tanto en la ciudad como en el campo -algunos de ellos muy pobres y desiertos, aunque las cosas deben haber mejorado desde mi visita- la gente parecía feliz y se dedicaba a sus asuntos, tranquilamente. Los musulmanes rinden culto como quieren y se visten como quieren. No sentí ninguna animosidad por parte de nadie y me recibieron con calidez y amabilidad.

La polémica sobre el algodón de Xinjiang es especialmente injusta. ¿Obligar a los trabajadores uigures a recoger flores de algodón en los campos?, ¿Seguimos en la época de la esclavitud en Estados Unidos? Afortunadamente, el ridículo no mata… Más del 70 por ciento del algodón se recoge mecánicamente, dada la inmensidad de las fincas.

Soy francesa y estoy orgullosa de ello. A mí no me gusta que se critique a mi país injustificadamente, así que ¿por qué los chinos no van a tener derecho a indignarse cuando se dicen tonterías sobre su país? Oigamos lo que tienen que decir al respecto y al menos démosles el beneficio de la duda. En cuanto a mí, sólo espero el final de la crisis sanitaria para volver a Xinjiang y reírme de ello con mis familiares, porque siempre es mejor que llorar por ello.

Laurène Beaumond https://www.facebook.com/bruno.guigue

El hackeo del SEPE y la voladura del Maine

La crisis no es la consecuencia de una tragedia, sino al revés. Suele ser difícil demostrarlo para quien duda del relato dominante, pero de vez en cuando en España se producen episodios grotescos que ponen en evidencia que tras esa tragedia hay una finalidad, una oportunidad o un interés espúreo. El problema es que en España lo grotesco nos hace reír, pero no pensar. Leer más

Economía política de la histeria colectiva

Hay muchos estudios sobre los efectos psicológicos adversos de la histeria colectiva, los confines impuestos por el Estado, los medios de comunicación e internet que crean ansiedad y pánico colectivos tras una amenaza, ya sea real o imaginaria. Pero ninguno ha examinado hasta ahora en qué medida las instituciones políticas individuales y los Estados contribuyen a la propagación de la histeria colectiva en un mundo digital que llega al mundo entero de manera casi instantánea.

Las pruebas empíricas de la histeria de masas, es decir, la ansiedad colectiva debida a la percepción de una amenaza, se remontan al menos a la Edad Media y persisten hasta nuestros días. Uno de los casos más conocidos de histeria colectiva se produjo tras la emisión radiofónica en 1938 de la adaptación de Orson Welles de la novela de H.G. Wells “La guerra de los mundos”, en la que la Tierra es tomada por extraterrestres. Al parecer, algunos de los asistentes entraron en pánico, pensando que realmente estaban siendo invadidos por extraterrestres.

Otro momento más reciente de histeria colectiva se produjo en las escuelas de todo Portugal, que en mayo de 2006 enviaron informes a las autoridades sobre docenas, luego cientos de casos de estudiantes que sufrían erupciones cutáneas, mareos y dificultades respiratorias. ¿Una alergia? ¿Envenenamiento? ¿Un virus? No, los estudiantes habían sido víctimas de “Morangos com Açúcar” (Fresas con azúcar), una telenovela para adolescentes cuyo episodio, justo antes del brote en las escuelas reales, relataba una enfermedad similar y potencialmente mortal que afectaba a los personajes adolescentes de su escuela ficticia.

Además del efecto placebo (una persona mejora de una enfermedad porque espera mejorar), también existe el llamado efecto «nocebo» (una persona enferma simplemente porque espera enfermar). Existe el caso de un hombre que, mientras participaba en una investigación clínica, intentó suicidarse tomando una cantidad de pastillas que no sabía que eran realmente inofensivas. Desarrolló todos los síntomas de una muerte inminente hasta que un médico que estaba al tanto de la investigación le dijo que la sustancia que había tomado era placebo: el paciente se recuperó en quince minutos.

El 3 de febrero los profesores Philipp Bagus, José Antonio Peña-Ramos y Antonio Sánchez-Bayón publicaron un artículo en la revista “International Journal of Environmental Research and Public Health” sobre la economía política de la histeria colectiva en el contexto de la pandemia (*).

Según los investigadores, “la población ha estado sometida a un enorme estrés psicológico durante la crisis. El confinamiento contribuyó a un aumento de la ansiedad y el estrés, ingredientes importantes en la propagación de la histeria colectiva”. Las encuestas muestran que la gente se siente más infeliz.

Otras pruebas anecdóticas de lo que podría llamarse histeria colectiva se observan en el acaparamiento de papel higiénico y otros artículos de primera necesidad y en el hecho de que algunas personas apenas salen de sus casas por miedo a infectarse, cuando el riesgo de infectarse fuera si se mantiene alejado es mínimo.

Otras se han asustado hasta un punto que no puede explicarse por su ínfimo riesgo de muerte en caso de infección. Mucha gente pensó que se trataba de un virus mucho más mortífero que el coronavirus en realidad, con tasas de supervivencia en Estados Unidos, por ejemplo, de más del 99,98 por ciento hasta los 50 años, del 99,5 por ciento hasta los 70 años y del 94,6 por ciento por encima de los 70 años.

Las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades pulmonares crónicas matan a mucha más gente que el coronavirus en todo el mundo sin el mismo bombo mediático, el pánico y la intervención gubernamental a una escala sin precedentes.

El riesgo es la probabilidad de que se produzca un peligro. La percepción de esta probabilidad se distorsiona cuando se enfrenta a peligros desconocidos, aterradores y potencialmente devastadores que afectan a las generaciones futuras. El objetivo del estudio de los tres investigadores es examinar hasta qué punto el Estado influye en esta distorsión de la realidad y, en consecuencia, en la propagación de la histeria colectiva y el comportamiento irracional que suele acompañarla.

Un Estado omnipotente y omnisciente que se ha dotado de amplias prerrogativas para intervenir en la vida económica y social y que tiene el poder de prohibir precisamente las actividades que frenan la actividad económica, exacerba los factores que fomentan la histeria de masas, al igual que la inclinación humana al pensamiento gregario.

El pensamiento gregario y la presión social alimentan la histeria de masas por sí mismos, tanto más fácilmente cuanto que no se presentan a la población alternativas que puedan reducir la ansiedad, el miedo y el estrés, como el deporte, el entretenimiento y la socialización, imponiendo el aislamiento, soportando los dictados del Estado.

La concentración de poder impide que la información necesaria para resolver los problemas se genere de forma espontánea y descentralizada por parte de todos los interesados en todos los niveles de la sociedad.

(*) https://www.mdpi.com/1660-4601/18/4/1376

YouTube ha censurado más de 80.000 vídeos con información alternativa sobre la pandemia

YouTube comenzó a censurar los vídeos discrepantes sobre el coronavirus el pasado mes de febrero y la ofensiva se ha intensificado en los últimos meses.

Según un informe de Axios, YouTube ha eliminado más de 80.000 vídeos que contenían información alternativa sobre la pandemia. Los vídeos son marcados primero por revisores humanos o por sistemas de inteligencia artificial de lo que califican como “moderación de contenidos”.

A continuación se revisan y se eliminan si contienen información que contradice la proporcionada por la Organización Mundial de la Salud.

Si se descubre que un vídeo infringe las normas de YouTube, se sanciona la cuenta. Si se descubre que un vídeo infringe las políticas de YouTube, la cuenta recibe una advertencia. Tres advertencias en un periodo de 90 días dan lugar a un bloqueo permanente de la cuenta.

Otras plataformas convencionales, como Twitter y Facebook, también han introducido políticas para censurar los vídeos discrepantes sobre el coronavirus en los últimos meses.

https://www.axios.com/youtube-removed-30000-covid19-vaccine-videos-misinformation-a8968086-95a4-4d5e-86da-0e22ddbc1b6a.html

Estados Unidos acusa a Rusia de ‘desinformar’ sobre las vacunas

El Departamento de Estado de Estados Unidos apuntó contra Rusia por estar “poniendo en peligro” a la gente al “difundir desinformación sobre vacunas que sabemos que salvan vidas cada día”.

El portavoz del departamento, Ned Price, se refirió a una consulta sobre un informe publicado en Wall Street Journal que reportó una presunta campaña de desinformación llevada a cabo por Rusia contra las vacunas de Estados Unidos, incluida la de Pfizer.

En este sentido, Price sostuvo que el Centro de Compromiso Global de Estados Unidos ha identificado “cuatro plataformas rusas en línea que están dirigidas por los servicios de inteligencia rusos y que difunden desinformación”.

Además, añadió que en estos sitios se incluye “desinformación sobre dos de las vacunas que por ahora han sido aprobadas” por la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos). Hasta ahora, la agencia ha dado luz verde a las fórmulas de Pfizer, Moderna y recientemente a la de Johnson & Johnson.

“Está muy claro que Rusia vuelve a usar sus viejos trucos, y al hacerlo está poniendo potencialmente en peligro a la gente al difundir desinformación sobre vacunas que sabemos que salvan vidas cada día”, advirtió el portavoz.

También la secretaría de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, hizo referencia a esta “campaña de desinformación” durante la rueda de prensa de ayer, para reiterar que Estados Unidos luchará “con todas las herramientas” de las que disponen contra la desinformación. “Somos conscientes de ello, lo estamos vigilando y estamos tomando medidas para solucionarlo”, ha subrayado.

Tras la publicación de la información este fin de semana, desde el Kremlin negaron las acusaciones, tildándolas como “una tontería”, en palabras del vocero Dimitri Peskov, que a su vez ha recordado el tratamiento de medios occidentales hacia la vacuna rusa antes de que se hicieran públicos los resultados sobre su eficacia.

https://www.infobae.com/america/eeuu/2021/03/09/estados-unidos-acuso-a-rusia-de-sembrar-desinformacion-sobre-las-vacunas-y-poner-en-peligro-a-la-poblacion-estan-usando-sus-viejos-trucos/

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