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De la guerra comercial a la guerra financiera entre Estados Unidos y China

Como su propio nombre indica, una guerra comercial, como la que ha desatado Estados Unidos contra China, entre otros países, no parece afectar al capital financiero, pero sólo porque la guerra financiera empezó mucho antes.

China ha pasado de de ser una potencia en la exportación de mercancías a convertirse una potencia en la exportación de capitales y, al menos aparentemente, las cifras indican que padece serios problemas en ese terreno, que hasta ahora parecían mucho más serios que los comerciales. Aunque no se conoce su cuantía, lo más probable es que la deuda de China alcance al 250 por ciento de su Producto Interior Bruto, lo que indica una situación de quiebra técnica.

También se ha repetido muchas veces que China mantiene importantes reservas de dólares estadounidenses con un objetivo táctico: sostener su cotización en los mercados mundiales frente al yuan, bajar los precios e incrementar las exportaciones de mercancías. El objetivo principal es siempre el de exportar mercancías, mantener a China como “fábrica del mundo”.

Sin embargo, no está tan claro. Desde que en 2005 comenzó el programa “Panda Bond”, China imita lo que Estados Unidos hizo desde 1945: llevar el yuan a todas partes e inflar deliberadamente su propia deuda.

Dos años después avanzó un paso más: incorporó el yuan a la cesta de derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional, lo cual significa que China quiere convirtirse en un centro financiero mundial.

El Fondo Monetario Internacional puso condiciones para que China pudiera unirse al club, una de ellas, la ampliación de la liquidez, lo que obligó a China a endeudarse hasta las cejas. El proyecto de la nueva Ruta de la Seda y otros parecidos no son más que una de las consecuencias de la expansión de la deuda china.

Hace 30 años que el capital financiero internacional persigue tres objetivos. El primero es el de reducir el papel del dólar como moneda de reserva internacional. El segundo es la creación de una moneda única. El tercero es que hasta esa moneda se forme, los derechos especiales de giro cumplan ese papel.

China apoya esos tres objetivos que suponen el fin de la hegemonía internacional del dólar y, además, la introducción del yuan en la canasta de los derechos especiales de giro.

A partir de aquí queda sobre la mesa una primera cuestión a dilucidar: si la administración de esa moneda va a estar en manos del Fondo Monetario Internacional o de otro organismo.

Una segunda cuestión la puso el banco central chino encima de la mesa en 2015: se trata de “digitalizar” los derechos especiales de giro, creando una versión electrónica de la cesta para que pueda extenderse rápidamente.

El Fondo Monetario Internacional está de acuerdo con ese plan y ha afirmado que las criptomonedas y la técnica de la cadena de bloques (“blockchain”) son el futuro del sistema monetario internacional.

El plan requiere una economía estadounidense debilitada, un dólar más débil y la conversión China en un nuevo motor económico para el capitalismo. Por eso China se ha preparado para otra crisis del dólar y acumula cada vez mayores reservas de oro, que son el colchón con el que se quieren proteger del inminente colapso del dólar.

‘Si el KKK recluta a sus miembros aquí es porque no tiene miedo a la policía’

La semana pasada los residentes del condado de Oneida, al norte del estado de Nueva York, amanecieron con una preocupante sorpresa. Bolsas de plástico dejadas en los estacionamientos de las casas, llenas de dulces, aparecieron con mensajes y propaganda del Ku Klux Klan, donde los miembros del United Northern & Southern Knights invitaban a los vecinos a integrarse en la organización racista y advertían que estaban haciendo ya labores de supervisión. El hecho se sumó a otros llamamientos de ese grupo en lo que va de año en el área de Syracuse y en las localidades de Fulton y Saratoga.

“Estamos vigilando los barrios… ¡Pueden dormir esta noche sabiendo que el Klan está despierto!”, decía el mensaje del KKK, que fue visto por muchos niños y adultos del área, lo que generó preocupación, especialmente entre la comunidad hispana que reside al norte del estado de Nueva York.

Así lo manifestó Jirandy Martínez, directora ejecutiva de la organización Community Resource Center, quien mencionó que estos incidentes no pueden tomarse a la ligera, especialmente cuando los racistas hablan ya de reclutamiento.

“Obviamente somos conscientes de que existen grupos de odio como el Ku Klux Klan, pero nos alarma ver la velocidad con la que pudieran estar reclutando miembros en el norte del estado de Nueva York”, comentó la militante, quien culpó a la Administración Trump de promover ese sentimiento de odio, que ve como el caldo de cultivo de esos grupos.

“La historia del KKK es atacar a personas de color y afroamericanas y en eso caemos todos los inmigrantes y lo que está pasando es el resultado de lo que está haciendo el gobierno de Trump”, agregó la dirigente vecinal, al tiempo que anunció que los grupos de militantes del norte de Nueva York están alerta y empezarán acciones concretas que frenen el avance que esa organización pueda tener.

“No podemos permitir que se extiendan al condado de Westchester, que es más inclusivo y más liberal y que cuenta con muchos inmigrantes, por eso tenemos que responderle a los miembros que pueden ser víctima de estos grupos y sus planes, con más talleres educativos a los jóvenes en temas de odio y comunicación”, comentó Martínez, pidiendo que las autoridades asuman una postura más fuerte contra esas amenazas.

“Los representantes del Gobierno deben reforzar la protección y emitir una voz de cero tolerancia contra el odio, pues mientras nosotros agregamos a la agenda de lucha migratoria este nuevo tema con ayuda del distrito de las escuelas, no es posible que se muestre como algo aceptable, ya que si el KKK siente que puede hacer reclutamiento aquí, es porque no sienten el temor de la policía”, agregó la defensora de los inmigrantes.

El Sheriff de Oneida, Rob Maciol, entendió la preocupación de los residentes del norte de Nueva York, pero advirtió que por ahora no puede contemplarse lo ocurrido como un delito.

“Comparto con la comunidad la idea de que solo la mención del KKK causa ansiedad e ira, pero la Constitución de Estados Unidos protege su derecho a la libertad de expresión”, dijo Maciol en un comunicado, sin descartar que estarán vigilantes. “Si las acciones de este grupo se vuelcan a solicitar a las personas que cometan actos violentos, o cruzan la línea y violan la ley, la Oficina del Sheriff no dudará en presentar cargos penales contra ellos”.

Ante la preocupación que se ha desatado, la oficina del ejecutivo de Westchester, George Latimer, rechazó las acciones del KKK y manifestó que allí no habrá espacio para la propagación del odio.

“El condado de Westchester tiene una política de tolerancia cero para la discriminación y la intimidación. Los grupos de supremacistas blancos y los anuncios que promueven tales grupos no son bienvenidos aquí”, dijo esa oficina en un comunicado. “La Comisión de Derechos Humanos del Condado de Westchester valora la dignidad, la seguridad y el respeto mutuo de todas las personas en nuestras fronteras. Afirmamos el ideal de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

El Gobierno de Westchester de paso hizo un llamamiento a todos los residentes del condado a denunciar la presencia de carteles públicos de supremacía blanca, crímenes e incidentes de prejuicio, ante las autoridades locales.

María Villalba, residente de la localidad de Mamaroneck, quien tiene tres hijos adolescentes, confesó sentir temor ante los nuevos movimientos del KKK en el norte del estado de Nueva York y dijo que es necesario que los hispanos estén con los ojos bien abiertos y denuncien cualquier cosa sospechosa, por pequeña que parezca.

“Estamos en un momento en que esos grupos se sienten más valientes y pueden atacarnos. No se trata de sentir miedo, pero no sobra estar alerta y estar organizados y educar a nuestros hijos que pueden ser objeto de esos grupos”, dijo la hondureña.

El propio gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo manifestó su molestia y preocupación por las últimas acciones del KKK en el estado, y tras destacar un reciente episodio, no solo rechazó cualquier acción de odio sino que ordenó una investigación de la que se esperan los resultados.

“Estoy impactado y disgustado por el reporte de un esqueleto negro con una soga alrededor del cuello que se muestra junto a una bandera confederada en una casa en el condado de Oneida. Estos símbolos racistas y violentos son ofensivos, son un claro acto de intimidación y van en contra de todo lo que creemos en este estado”, dijo Cuomo, a través de un comunicado. “Ordené a la policía estatal que investigue este asunto, además de la investigación en curso sobre la distribución reciente de material KKK en el mismo área. En un momento en que el presidente Trump y Washington están sembrando el miedo y la división en todo el país, Nueva York debe ser un paraíso para la tolerancia y la igualdad”.

La asambleísta Carmen de la Rosa, mencionó la urgencia de que la Legislatura estatal promueva más leyes que frenen con duros castigos a los grupos de odio en el Estado y pidió a las autoridades estar alerta.

“Hay que investigar bien de dónde vienen esas amenazas y si el objetivo es meter miedo o realmente hacer daño y al mismo tiempo en Albany debemos penalizar más los crímenes de odio, pues aunque existe el derecho a la libertad de expresión hay acciones que deben ser tomadas con seriedad cuando una persona o una organización se expresa de una manera violenta contra un grupo”, dijo la dirigente política.

De la Rosa agregó que los grupos de odio y los supremacistas no solo están actuando al norte del Estado sino que mencionó que en pleno corazón de la comunidad latina en Manhattan, en Washington Heights, ya se han visto acciones preocupantes.

“Hace dos semanas un grupo supremacista blanco comenzó a poner mensajes y fotos racistas en redes sociales y pusieron un cartel en el parque Fort Tryont diciendo ‘paremos la inmigración’ mostrando que la raza blanca de Europa es la suprema y tuvimos una concentración para denunciar el odio y hacer un llamado al amor y la decencia”, dijo la asambleísta.

Nueva York es el cuarto estado con más grupos fascistas

El Centro de leyes de pobreza del sur (SPLC), una organización nacional que hace seguimiento al auge de los grupos fascistas en todo el país, reveló en su último informe que en todo Estados Unidos han sido detectadas casi 1.000 organizaciones así, y el 5 por ciento de ellas (48) actúan en el estado de Nueva York, la mitad en localidades fuera de los cinco condados de la Gran Manzana.

El grupo ve con preocupación el aumento de la mayoría de movimientos de odio, que en los últimos 19 años se duplicó, pasando de 457 a 954 y la tendencia sigue hacia el incremento. “El número de grupos de odio aumentó de 917 en 2016 a 954 en 2017, (4 por ciento). Dentro del movimiento de supremacía blanca, los grupos neonazis vieron el mayor crecimiento, aumentando en un 22 por ciento. Los grupos antimusulmanes aumentaron por tercer año consecutivo. Los grupos del Ku Klux Klan, mientras tanto, cayeron de 130 grupos a 72”, asegura esa organización, que creó un mapa para poner de manifiesto a esos grupos que promueven el odio.

“El SPLC define un grupo de odio como una organización que, con base en sus declaraciones o principios oficiales, las declaraciones de sus dirigentes o sus actividades, tiene creencias o prácticas que atacan o difaman a toda una clase de personas, generalmente por sus características inmutables”, agrega la SPLC.

La organización explica que a nivel nacional Nueva York es el cuarto estado con mayor presencia de grupos de odio, precedido por California, donde se han detectado 75, Texas y Florida, con 66 cada uno, y le siguen los estados de Georgia, con 40 grupos identificados, Virginia y Tenesse, con 37 y Pensilvania, con 36. Los estados con menos grupos de odio son Wyoming, Hawaií y Nueva México, solo con un único grupo detectado.

https://eldiariony.com/2018/08/09/comunidad-latina-en-alerta-tras-campana-del-kkk-para-reclutar-miembros-en-upstate-ny/

La guerra comercial desatada por Washington se vuelve contra sus patrocinadores

El gigante petrolero chino Sinopec, la refinería de petróleo más grande de China, ha suspendido sus compras de petróleo estadounidense para sus refinerías en el contexto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. No es la única prueba de que Pekín puede influir en el sector energético en sus relaciones con Washington.

La noticia llegó justo después de que el 3 de agosto China aumentara los aranceles sobre 60.000 millones de dólares de las importaciones estadounidenses, incluido el petróleo, si Washington impone nuevos aranceles a los productos chinos.

La guerra comercial desatada Washington podría volverse contra ellos mismos, cuando pretenden desempeñar uno de los principales el papeles protagonistas del sector energético mundial, convirtiéndose en un exportador neto de recursos energéticos en 2022. Las exportaciones de petróleo de Estados Unidos a China, que es el segundo mayor importador de este recurso después de Canadá, podrían disminuir un 40 por ciento en septiembre en comparación con meses anteriores.

Para reemplazar las entregas de Estados Unidos, las empresas chinas recurrirán a otros grandes exportadores, incluido Irán. Pekín no ha obedecido las peticiones de Washington para detener las compras de petróleo iraníes. Una delegación estadounidense visitó China la semana pasada para convencer al gobierno de que apoye las sanciones estadounidenses contra Teherán.

Pero Estados Unidos no está en condiciones de abrir una guerra comercial con China y, al mismo tiempo, imponer un bloqueo a Irán y pretender que ambos países no se entiendan entre ellos.

Es posible que Pekín no quiera tensar la cuerda demasiado y no aumente sus importaciones de petróleo iraní, pero basta que mantenga las importaciones para reducir el impacto del bloqueo estadounidense. Las exportaciones a China representan alrededor de una cuarta parte de las exportaciones de petróleo de Irán.

La retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear iraní ha contribuido al desarrollo de las relaciones económicas entre China e Irán. El jefe de la diplomacia iraní, Javad Zarif, visitó China pocos días después del anuncio del restablecimiento de las sanciones estadounidenses contra su país. Este cambio condujo, en particular, al lanzamiento del proyecto de enlace ferroviario entre China e Irán, que forma parte de la nueva Ruta de la Seda.

Otro sector que puede verse afectado por la guerra comercial es el GNL (gas natural licuado), que también figura en la lista exportaciones amenazadas por la guerra arancelaria. Dado que China es el tercer consumidor más grande de GNL en Estados Unidos, esta medida podría ser perjudicial para los propios Estados Unidos.

Las empresas chinas pueden negarse a invertir en proyectos estadounidenses para aumentar su capacidad de exportación de GNL. El pasado mes de noviembre Sinopec, el Banco de China y China Investment Corporation firmaron un acuerdo no vinculante con Alaska Gasline Development Corporation para la fabricación de GNL en Alaska, así como sobre futuras compras del GNL producido por la planta.

Sin embargo, aún no se ha tomado la decisión final sobre este proyecto. Según Hugo Brennan, de la consultora británica Verisk Maplecroft, este proyecto puede ser víctima de la guerra comercial.

China podría fortalecer sus vínculos con otros productores de GNL, como Rusia. En junio, el ministro ruso de Energía, Alexander Novak, dijo que Moscú estaba discutiendo con sus socios chinos, incluida la CNPC, que tiene una participación del 20 por ciento en el proyecto de GNL de Yamal lanzado en diciembre de 2017, su participación en el proyecto GNL-2 del Ártico.

El golpe de Estado contra Trump sigue ganando terreno en Washington

Peter Strozk pone voz a las mentiras del FBI
La filtración a Wikileaks de 30.000 correos electrónicos de la secretaria de Estado Hillary Clinton forma parte integrante del montaje del “Candidato Manchú” orquestado en 2016 por determinadas fuerzas políticas en Washington para oponerse a la política experior que quiso implementar el nuevo gobierno de Trump.

Lo mismo que la intrusión en los servidores del Partido Demócrata, según la campaña de intoxicación fue un ataque de Rusia para impedir que Clinton llegara a la Casa Blanca.

A mediados de este mes Peter Strozk, el policía del FBI que investiga este caso, fue interrogado en la Cámara de Representantes de Washington y confirmó lo que los congresistas querían oir: los rusos espiaron los correos electrónicos de Clinton, a pesar de que en la audiencia Louis Gohmert, representante por Texas le dijo que el país “extranjero” implicado en el espionaje a Clinton “no está vinculado a Rusia”.

A Strozk los congresistas le dijeron muchas cosas, como que la filtración era una grave chapuza, una violación de las normas de seguridad por parte de Clinton, que se estaba tratando de camuflar con el consabido escándalo ruso. En plena campaña electoral no se podía decir que la candidata había creado un enorme agujero de seguridad.

Menos cuatro de ellos, los 30.000 correos estaban dirigidos “en abierto” a direcciones que no estaban en la lista de distribución, según el Inspector General de la Comunidad de Inteligencia, Chuck McCullough, lo cual no excluye la averiguación de los “extranjeros” que los capturaron. ¿Quiénes fueron?

Parece que fue una operación de piratería de China, que penetró en el sistema informático desprotegido de la secretaria de Estado y capturó el tráfico de su correo electrónico, miles de mensajes. El Inspector General de la comunidad de inteligencia informó de ello a Strozk cuando le encargaron la investigación del escándalo, pero decidió ignorarlo.

China, pues, ocupa un segundo plano en las preocupaciones de Washington. Strozk y los demás (FBI, CIA, NSA) sabían desde el primer momento quién había capturado los correos, pero se callaron porque necesitaban seguir con la farsa rusa para bloquear las relaciones entre Trump y Puntin.

Durante dos días de audiencia a puerta cerrada Page reveló detalles del encubrimiento que de la filtración ha venido haciendo el FBI, por lo que Strzok y sus jefes (James Comey, Andrew McCabe, Bill Priestap) han sido acusados de ocultar información, mientras el grueso de los parlamentarios y los principales medios de comunicación siguen atacando continuamente a Rusia.

Al día siguiente de la cumbre de Helsinki entre Trump y Putin se produjo otra muestra del clima imperante en Washington contra Trump. El general de cuatro estrellas de la Fuerza Aérea que dirigió tanto a la CIA como a la NSA, Michael Hayden, dijo lo siguiente:

“Entre bastidores, secciones del ejército activo, espías de la CIA y ex jefes de importantes agencias de inteligencia estadounidenses discuten qué hacer con Donald Trump. Si los militares lanzaran un golpe de estado contra Trump, no hay duda de que los dirigentes del Partido Demócrata se unirían detrás de una junta estadounidense”.

Las presiones han sido tan fuertes que Trump ha tenido que dar otro paso hacia atrás: desmentir, aclarar, matizar… En Washington el golpe de Estado no se ha detenido a lo largo de estos dos años. Más bien da la impresión de que va ganando terreno.

8 exiliados políticos denuncian a Estados Unidos por torturas y racismo en una cárcel privada

Un grupo de ocho solicitantes de asilo que estuvieron encarcelados en el Centro de Detención de Adelanto, han entablado una demanda federal porque fueron severamente torturados por participar en una huelga de hambre en 2017 para pedir asilo político.

Con la querella de derechos civiles, buscan acabar con las condiciones inhumanas a las que son sometidos los inmigrantes detenidos en Adelanto, una localidad californiana a unos 100 kilómetros al noreste de Los Ángeles.

“La demanda es contra el Servicio de Migración y Aduanas (ICE), la ciudad de Adelanto y el grupo GEO Inc, dueño del Centro de Detención de Adelanto, porque el trato que reciben los detenidos es atroz”, dijo Tessie Borden, portavoz de la organización Clérigos y Laicos Unidos por una Justicia Económica (CLUE).

“Ese trato es ilegal contra quienes están pidiendo asilo en este país”, enfatizó.

“Estamos buscando que un juez diga que así no se trata a las personas detenidas y muchos menos a quienes tienen el
derecho de pedir asilo”, remarcó.

En mayo de 2017 un grupo de inmigrantes detenidos en el Centro de Detención de Adelanto, una cárcel privada propiedad del grupo GEO Inc, iniciaron una huelga de hambre como protesta contra la condiciones inhumanas de detención.

Aseguran haber sido golpeados y rociados con gas pimienta. Como castigo fueron aislados durante diez días para que no pudieran hablar con sus abogados o recibir visitas de sus familiares.

Los demandantes son refugiados de El Salvador y Honduras que se vieron obligados a huir de sus países después de
convertirse en blanco de organizaciones delictivas.

Isaac Antonio López Castillo, uno de los demandantes, era un periodista de investigación en El Salvador que denunció las conexiones entre el gobierno local, la policía y la violenta pandilla MS-13. Como resultado fue amenazado de muerte y se vio obligado a huir de El Salvador.

Otro de los demandantes, Omar Arnoldo Rivera Martínez escapó de El Salvador después de que unos pandilleros atacaron a su hija adolescente y mataron a su hermano.

Josué Vladimir Cortez Díaz huyó de El Salvador después de ser sometido a abusos sexuales por ser gay.

Luis Ernesto Peña García decidió dejar El Salvador cuando a su hermano y dos hermanos fueron secuestrados. Él mismo fue amenazado con el secuestro.

Defensores de varias organizaciones proinmigrantes se unieron para apoyar a los solicitantes de asilo en
su demanda contra el ICE, GEO group y la ciudad de Adelanto.

Cuando lograron llegar a Estados Unidos y solicitar asilo, fueron puestos bajo detención en Adelanto y expuestos a
condiciones de tortura.

“La comida que no es dan es una basura. La verdad ni un perro se la comería”, dijo Josué Mateo Lemus Campos de 25
años quien escapó de El Salvador en 2017.

Estuvo detenido durante seis meses en Adelanto, entre mayo y noviembre de 2017. Un mes antes había escapado de El
Salvador.

“La verdad no me sentía muy bien. Los oficiales lo quieren hacer sentir como que uno no es nada en este país”, dijo.

“Me sentía demasiado frustrado por el trato. Lloraba mucho. La mente de uno se va cerrando. A veces no comía. Sufría dolores de cabeza. La medicina que nos dan no es la adecuada”, recuerda con pesar.

Algunas otros abusos que los llevaron a la huelga de hambre son: la entrega de ropa interior sucia y sin lavar, falta de acceso a agua limpia para beber, maltrato, humillación, limitación de la comunicación con sus abogados y familias así como fianzas muy altas.

La querella establece que el 12 de junio de 2017, a Omar Arnoldo Rivera Martínez, los carceleros de GEO, le golpearon la cara contra la pared haciéndole perder su corona dental y un diente.

Además sufrió 30 diferentes rasguños, hematomas severos y la fractura de la nariz. Después de ser evaluado por un
médico, cinco meses más tarde, le dijeron que necesitaba una cirugía.

Fue acusado de ser el dirigente de la huelga de hambre de 2017. No solo le pusieron un uniforme rojo de alta custodia sino que lo enviaron a una sala de alta seguridad donde están los miembros de las pandillas que asesinaron a miembros de su familia y lo obligaron a huir de su país.

Rachel Steinbeck, la abogada que representa a los demandantes dijo que buscan una declaración que reconozca que las las prácticas de GEO son ilegales y que tienen derecho al debido proceso.

“En última instancia, buscamos que se asegure que los inmigrantes no van a ser nunca más tratados con crueldad”,
indicó.

Agregó que demandan que el gobierno federal cumpla con las leyes y dejen de traumatizar a la gente por ejercer su
derecho a pedir asilo y obtener justicia para ellos y sus familias.

El salvadoreño, solicitante de asilo Isaac Antonio López Castillo denunció en la querella que tras ser rociado con gas pimienta en la cara, el cuero cabelludo y la ingle, fue golpeado. Fue forzado además a ponerse de pie bajo una regadera de agua hirviendo. Sufrió hematomas severos en su cuerpo y dolor severo en las costillas, pero a pesar de sus súplicas por atención médica, nunca la recibió.

El ataque ocurrió el 12 de junio de 2017 cuando los ocho hombres que hacían la huelga de hambre se sentaron en dos
meses y presentaron una carta en la que detallaban sus preocupaciones por el trato recibido en Adelanto y pedían se remediaran las condiciones a las que eran sometidos.

Los guardias de GEO les ordenaron que regresaran a sus camas para la cuenta matinal. Los demandante permanecieron
sentados, enlazaron brazos y pidieron hablar con los funcionarios de ICE.

Según la querella, los guardias respondieron pidiendo refuerzos. Y llegó una supervisora mujer que comenzó a gritarles en inglés, les mostró el bote de aerosol con gas pimienta, el cual golpeó repetidamente contra la mesa. Inmediatamente después, lo vació contra las caras, bocas, cráneos e ingles de los huelguistas de hambre.

En total, los demandantes aseguran que les arrojaron dos latas de gas pimienta. Luego los jalaron de las mesas, los empujaron golpearon y esposaron. Después de un rato, los llevaron a las regaderas con agua hirviendo. Algunos de los que oían los gritos de dolor de sus compañeros, se rehusaron a meterse bajo la regadera.

Al menos uno de los demandantes, se desmayó del dolor bajo la regadera.

Por participar en la huelga de hambre, fueron obligados a cambiar sus uniformes azules de baja custodia por uniformes color naranja de mediana custodia, un nivel más alto.

María Morfín quien tiene a su hermano detenido desde hace dos años, denuncia que está desesperada ya que que durante las olas de calor que se han abatido en la región, las autoridades del Centro de Detención en Adelanto, les ha apagado el aire acondicionado hasta por tres días.

“También desde hace casi un mes, ya no les permite colgar una cobija cuando usan el sanitario. Esa cobija les permitía tener un poco de privacidad al usar el servicio. Los guardias los amenazaron con castigarlos si siguen colgando la cobija”, se lamentó.

https://laopinion.com/2018/07/24/solicitantes-de-asilo-demandan-al-ice-alegan-que-los-golpearon-durante-huelga-de-hamb

‘Dios bendiga al estado profundo’ (el golpismo sigue campando por Washington)

Hay muchos detalles significativos de las reacciones que se han producido en los más podridos ambientes de Washington por la entrevista entre Trump y Putin, seguida de una invitación para un segundo encuentro.

Esos ambientes son lo que antes se llamaban “poderes fácticos” y ahora “estado profundo”, una expresión importada de Turquía para poner de manifiesto la duplicidad con la que funciona el Estado monopolista contemporáneo o, en otras palabras, las cosas no son lo que parecen; los que parecen no llevan las riendas y los que son no aparecen ante las cámaras.

En Washington ese “estado profundo” está tan rabioso que el 21 de julio un comentarista del Post, Eugene Robinson, publica una columna con ese título, “Que dios bendiga al estado profundo”, en la que reclama un Golpe de Estado, porque “el estado profundo es lo que interpone entre nosotros y el abismo”.

Ni más ni menos. El Congreso es ineficaz, escribe Robinson, y Trump es un traidor; se ha vendido a Rusia. A los patriotas de verdad sólo les queda la segunda linea, esos funcionarios “competentes y experimentados”.

Esa segunda línea a la que invoca el columnista la forman los que no aparecen. Es la “burocracia pública” y el espionaje, que en Estados Unidos es tanto como aludir la maraña de organismos del tipo Agencia de Seguridad Nacional, CIA, inteligencia naval, servicio de información militar…

No importa nada que, a diferencia de Trump, a todos esos funcionarios no los haya elegido nadie y, en consecuencia, que no se deban a los intereses de sus electores porque, como en los tiempos del absolutismo del siglo XVIII hay un “deber superior” que, naturalmente, Robinson no define, seguramente porque el Estado está por encima de los electores.

Estos comentarios que circulan con la mayor naturalidad son típicos del fascismo, por más que procedan de los círculos del Partido Demócrata, el equivalente de los “progres” en otros lares, ese movimiento difuso que ha convertido a Trump en el paladín de la reacción por antonomasia, lo cual sería absolutamente exacto sino fuera porque a ellos les sirve para esconder sus inconfesables objetivos, que no son otros que los de la guerra imperialista.

Como en los años treinta del siglo pasado, los reformistas y los “progres” son un puntal del fascismo, de la reacción y del imperialismo. De ahí que la Tercera Internacional los calificara como socialfascistas y socialimperialistas.

Pero también en verdad que las múltiples torpezas de un patán como Trump se lo están poniendo en bandeja a los “progres”.

12 espías rusos acusados de piratería informática en Estados Unidos

Robert Mueller
El asesor especial Robert Mueller ha redactado una acusación de 29 páginas (*) contra 12 espías rusos del GRU, el servicio de inteligencia militar.

Un gran jurado de Washington ha emitido 11 acusaciones contra ellos.

La primera es que los piratas rusos accedieron a las cuentas de correo de John Podesta y otros miembros de la campaña electoral de Hillary Clinton, revelando el contenido de sus correos electrónicos.

También les acusan de instalar programas para espiar los servidores del Partido Demócrata y extraer los correos electrónicos y otros datos de dicho Partido.

Los correos electrónicos fueron luego entregados a DCLeaks y Guccifer II, dos piratas anónimos, y más tarde a Wikileaks. Mueller asegura que DCLeaks y Guccifer II trabajaban para el GRU, mientras que Wikileaks, a la que llama “Organización 1”, aún no ha sido acusada formalmente, aunque aparece claramente involucrada.

Hay otro Gran Jurado diferente para las interminables demandas contra Julian Assange y Wikileaks. Assange siempre ha negado que los correos electrónicos que publicó procedieran de fuentes rusas. Por su parte, Craig Murray, un antiguo embajador británico, ha confesado que recibió los correos electrónicos en un viaje a Washington y fue quien se los entregó a Wikileaks.

Según Mueller, para acceder a los ordenadores del Partido Demócrata, contrataron varios servidores y nombres de dominio, aunque en la acusación hay poca o ninguna evidencia de ello. Se trata de la forma habitual de proceder en el mundo de la piratería informática.

Las acusaciones 2 a 9 de Mueller se refieren a la suplantación de identidad, ya que los intrusos utilizaron los nombres de usuario y claves de cuentas personales pertenecientes a terceros.

La acusación 10 es por lavar dinero anónimamente por medio de criptodivisas, como bitcoin. Los espías rusos hicieron circular bitcoins a través de docenas de cuentas y transacciones y luego los utilizaron para contratar servidores, acceder a una red privada virtual (VPN) y a los nombres de dominio utilizados en la operación.

La acusación número 11 afirma que algunos de los acusados piratearon los colegios electorales y las empresas estadounidenses que proporcionan los programas de las campañas electorales.

Como se ve, las acusaciones son muy amplias, lo que denota una vasta operación, tan grande que hubiera resultado bastante fácil encontrar alguna prueba de ella; pero no hay ni indicios de nada de lo que Mueller alega.

Hay que tener en cuenta que, como han reconocido varios informes, el ataque informático, no causó ninguna modificación en los resultados de las elecciones. Quien quiera que fuera su autor, fracasó por completo (si realmente es cierto que el objetivo hubiera sido modificar los resultados electorales, lo cual sería discutible).

Vayamos a las coincidencias conspiranoicas: la acusación se publica precisamente poco antes del final del campeonato mundial de fútbol en Rusia y de la primera cumbre entre Trump y Putin. Conclusión: su propósito es sabotear las conversaciones entre ambos.

El otro propósito es más de lo mismo: seguir sosteniendo la campaña de intoxicación contra Rusia.

Casi todo el mundo sabe (y Mueller también) que su acusación nunca llegará ante ningún tribunal, por varias razones. No sólo porque no tiene pruebas, ni tampoco porque los acusados son rusos y Moscú no va a admitir su extradición, sino porque el abogado más inepto le va a hacer una pregunta muy sencilla que no quiere contestar: ¿de dónde ha obtenido Usted toda esa información?

Estados Unidos no es como España, donde la más mínima referencia al CNI paraliza cualquier investigación.

La cuestión es la siguiente: no es que Mueller se haya inventado una historieta de la nada o que no tenga pruebas de una parte -al menos- de lo que asegura con tanta rotundidad. El verdadero problema es que lo que tiene no lo puede mostrar sin descubrir su única baza: su acusación se apoya en el espionaje de la NSA, que es ilegal.

Pero nos podemos equivocar y entonces nos encontraremos, como en febrero, con una gran y grata sorpresa cuando Mueller acusó a la Agencia Rusa de Búsqueda en Internet, una empresa de piratería informática con objetivos comerciales, de influir en las elecciones estadounidenses. También entonces esperamos que no hubiera juicio y, para nuestra sorpresa, Concord Management, una de las empresas rusas acusadas, aceptó el desafío y exigió que se le comunicaran los documentos del expediente.

Pero Mueller se sorprendió más todavía e intentó retrasar la divulgación de los documentos. El asunto todavía está bajo debate.

No podemos cerrar esta entrada sin contar algo más que las grandes cadenas de comunicación no van a contar: en la rueda de prensa en la que presentó la acusación, el sicario de Mueller, Rosenstein, agregó que la acusación no significa que los estadounidenses cuya identidad fue suplantada en el operativo fueran conscientes o cómplices de los rusos, por lo que no han cometido ningún delito.

También reconoció que dicho operativo no cambió los resultados electorales. “Para ese viaje no es menester alforjas”, dice uno de los más castizos refranes castellanos.

(*) https://www.justice.gov/file/1080281/download

Las potencias europeas temen un acuerdo unilateral de Trump con Putin que las deje de lado

La cumbre entre Putin y Trump se ha celebrado hoy en Helsinki, última parada de la gira europea de Trump. Durante mucho tiempo algunos políticos alemanes han temido que Trump pudiera adoptar medidas unilaterales, al margen de la OTAN.

El coordinador de la coalición transatlántica de Merkel, Peter Beyer, dijo: “En la Alianza hay mucha preocupación por los acuerdos que podrían alcanzar Trump y Putin” durante la cumbre.

El dirigente liberal alemán Christian Lindner también mostró su preocupación, diciendo que no confiaba en Trump y que sus acciones en las áreas de comercio y seguridad no estaban en el interés a largo plazo de Washington.

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, se unió al coro de políticos occidentales ansiosos de asesorar a Trump antes de la cumbre, advirtiéndole de que no haga “transacciones unilaterales” con Rusia.

“Los acuerdos unilaterales a expensas de los aliados también perjudicarán a Estados Unidos”, declaró Maas en una entrevista publicada ayer en el periódico alemán Bild am Sonntag. “Si golpeas a tus compañeros, corres el riesgo de perder”, le aconseja a Trump.


No obstante, según Maas las conversaciones de alto nivel entre Estados Unidos y Rusia son una buena señal. La reunión puede ser “un paso adelante” hacia el desarme nuclear.

Recientemente, Maas acusó a Trump de poner en peligro la arquitectura de seguridad europea. El sábado criticó a Trump porque el aumento del gasto en defensa que defiende no hará al mundo más seguro. Maas subrayó que más armas no significan automáticamente más seguridad, y añadió que las exigencias de Trump “no tienen nada que ver con una política de seguridad seria”.

La clase dirigente británica también teme que Trump socave la OTAN al concluir un acuerdo de paz con Putin durante la reunión. Temen que el presidente ruso pueda persuadir a Trump para que degrade los compromisos militares estadounidenses en Europa, comprometiendo así la defensa de los países de la OTAN contra la llamada “agresión rusa”.

Los ‘delitos de odio’ encubren los crímenes de un fascismo galopante

Fields junto con Vanguardia Americana
Ayer la fiscalía de Estados Unidos anunció que acusará de un “delito de odio” a James Fields, el neonazi que atropelló con su vehículo a un grupo de manifestantes antirracistas en Virginia el año pasado.

El 12 de agosto de 2017 se desató una ola de violencia en Charlottesville a causa del desmantelamiento de una estatua confederada, símbolo del racismo en Estados Unidos, cuando la organización nazi “Vanguardia Americana” convocó una protesta paralela.

El crimen, pues, no es un hecho aislado, como quieren aparentar. Tras el crimen de Charlottesville, los grupos fascistas amenazaron en las redes sociales con organizar eventos futuros que serían más grandes que el que habían provocado.

En una foto tomada por el New York Daily News, Fields aparece en el centro de pie rodeado de otros seis hombres, todos vestidos con el uniforme paramilitar de “Vanguardia Americana”, la organización convocante del acto paralelo. Los nazis portaban escudos blancos con el logo en blanco y negro de su organización: dos ejes cruzados. La estatua confederada de Robert E. Lee estaba en el fondo.

El Daily News dijo que la foto fue tomada pocas horas antes de que Fields estrellara su coche contra los que participaban en la manifestación contra el racismo.

A Fields, que permanece en prisión desde entonces, le acusan de 30 cargos, incluyendo haber causado la muerte a Heather Heyer, un militante de 32 años.

La fiscalía también le acusa de “crímenes de odio”, un cajón de sastre en el que se considera que las víctimas son atacadas por pertenecer a un grupo racial o religioso, o por alguna particularidad sexual o discapacidad.

En Estados Unidos los llamados “delitos de odio” los juzgan tribunales federales como crímenes agravados por las circunstancias, algo que suele elevar las penas.

Bajo la etiqueta moderna de los “delitos de odio” se encubre el fascismo y tanto los fiscales (en Estados Unidos y en Europa) como los colectivos “alternativos” contribuyen al camuflaje: el criminal Fields era un nazi que defendía al III Reich y la limpieza étnica. Por eso pretendía unirse al Ejército después de su graduación.

Tras el ataque fascista de Charlottesville, en un principio Trump se mostró reacio a condenar abiertamente el crimen, lo que desató una polémica a gran escala.

http://www.chicagotribune.com/news/nationworld/ct-james-fields-jr-charlottesville-20170818-story.html
http://www.scmp.com/news/world/united-states-canada/article/2106656/man-who-allegedly-rammed-car-charlottesville-crowd
https://www.debate.com.mx/mundo/neonazi-juzgan-crimenes-odio-atropella-protesta-james-fields-20180627-0170.html

La larga historia de racismo y xenofobia antiinmigrante en Estados Unidos

Muchas de las principales figuras del partido Demócrata argumentan que la prohibición del ingreso a los inmigrantes es “antiamericano”, ignoran la larga historia de políticas xenófobas de Estados Unidos. El dirigente de la minoría demócrata del Senado Chuck Schumer (por Nueva York) dio una conferencia de prensa en la que habló en contra de la orden ejecutiva de Trump para bloquear la entrada de personas de siete países de mayoría musulmana. Con lágrimas en los ojos, dijo: “Esta orden ejecutiva fue mal intencionada y antiestadounidense”. Por supuesto, Schumer no mencionó que la lista de países se había creado por primera vez por un programa bipartidista de restricción de visados, la ley de prevención del terrorismo y el programa de exención de visas. Esta ley fue votada por ambos partidos en el Congreso y aprobada por Obama en 2015.

Schumer también olvidó mencionar que estos son los países que la administración Obama atacó a un ritmo de tres bombas por hora en 2016. En su declaración pública, Schumer sugirió que un grupo bipartidista de legisladores debería formular un plan de inmigración para contrarrestar la orden reaccionaria de Trump. “Las lágrimas corren por las mejillas de la estatua de la libertad esta noche como una gran tradición de América, la bienvenida a los inmigrantes, que ha existido desde la fundación de Estados Unidos, que hoy ha sido pisoteada”. Schumer argumenta que las acciones de Trump son contrarias a las tradiciones de Estados Unidos, pero esto es completamente falso. El gobierno de Estados Unidos siempre ha mantenido leyes y políticas antiinmigrantes. Los siguientes ejemplos ilustran cuatro de las principales.

Ley de Sedición y Extranjería

La Ley de Sedición y Extranjería fue aprobada por John Adams, el segundo presidente de Estados Unidos en 1798. Esta ley aumentó los requisitos de residencia para obtener la ciudadanía de cinco a catorce años. También prohibió que las personas de naciones consideradas “enemigas” se conviertan en ciudadanos de Estados Unidos. Los inmigrantes estaban sujetos a la deportación si eran considerados “peligrosos para la paz y la seguridad de Estados Unidos”. El hecho de que el segundo presidente de Estados Unidos haya firmado una ley con una clara política antiinmigrante revela cuán lejos llega el precedente histórico de la xenofobia que continúa hasta hoy.

La Ley de Exclusión China

La Ley de Exclusión China fue aprobada en 1882 y se mantuvo de diversas formas durante más de 100 años. La ley prohibía el ingreso de trabajadores chinos ingresen a Estados Unidos, al mismo tiempo que negaba la ciudadanía a cualquier residente chino que ya viviera en el país. En 1943 se les otorgó el derecho de naturalización y de migración desde China -aunque este derecho tenía un tope de 105 personas por año. En 1968 estos límites se volvieron más laxos, con un máximo anual que permitía el ingreso de 20.000 personas procedentes de países por fuera del hemisferio occidental. La Ley de Exclusión China era explícitamente racista, y es un claro ejemplo de la forma en que la xenofobia y la geopolítica han dominado la política estadounidense.

Campos de concentración japoneses

Durante la Segunda Guerra Mundial, de 110.000 a 120.000 personas de origen japonés fueron detenidas y encerradas en campos de concentración, solo por su origen y ascendencia, sin importar su nacionalidad. El concepto racista de que los japoneses eran enemigos nacionales y potenciales terroristas se repite hoy en las políticas antimusulmanas, chauvinistas y el discurso de la administración Trump. Estos campos de concentración para japoneses son una clara muestra del racismo y la xenofobia que se repite a lo largo de toda la historia de Estados Unidos.

Ley de Sedición y Extranjería

La Ley de Sedición y Extranjería fue aprobada por John Adams, el segundo presidente de Estados Unidos, en 1798. Esta ley aumentó los requisitos de residencia para obtener la ciudadanía de cinco a catorce años. También prohibió que las personas de naciones consideradas “enemigas” se conviertan en ciudadanos de Estados Unidos. Los inmigrantes estaban sujetos a la deportación si eran considerados “peligrosos para la paz y la seguridad de Estados Unidos”. El hecho de que el segundo presidente de Estados Unidos haya firmado una ley con una clara política antiinmigrante revela cuán lejos llega el precedente histórico de la xenofobia que continúa hasta hoy.

La Ley de Exclusión China

La Ley de Exclusión China fue aprobada en 1882 y se mantuvo de diversas formas durante más de 100 años. La ley prohibía el ingreso de trabajadores chinos ingresen a Estados Unidos, al mismo tiempo que negaba la ciudadanía a cualquier residente chino que ya viviera en el país. En 1943 se les otorgó el derecho de naturalización y de migración desde China -aunque este derecho tenía un tope de 105 personas por año. En 1968 estos límites se volvieron más laxos, con un máximo anual que permitía el ingreso de 20.000 personas procedentes de países por fuera del hemisferio occidental. La Ley de Exclusión China era explícitamente racista, y es un claro ejemplo de la forma en que la xenofobia y la geopolítica han dominado la política estadounidense.

Campos de concentración japoneses

Durante la Segunda Guerra Mundial, de 110.000 a 120.000 personas de origen japonés fueron detenidas y encerradas en campos de concentración, solo por su origen y ascendencia, sin importar su nacionalidad. El concepto racista de que los japoneses eran enemigos nacionales y potenciales terroristas se repite hoy en las políticas antimusulmanas, chauvinistas y el discurso de la administración Trump. Estos campos de concentración para japoneses son una clara muestra del racismo y la xenofobia que se repite a lo largo de toda la historia de Estados Unidos.

El Acta Patriótica

El Acta Patriótica de 2001, firmada por George W. Bush, y su renovación, firmada por Barack Obama, sentaron las bases para la prohibición de Trump con respecto a los inmigrantes de países musulmanes. Después de los ataques del 11S, el Acta Patriótica fue aprobada, ampliando el poder del gobierno para buscar e investigar a personas y empresas sin una orden judicial. También permitió la detención durante largos períodos y sin juicio a inmigrantes sospechosos de “terrorismo”, lo que dio como resultado la persecución y vigilancia a nivel nacional de las personas musulmanas por parte del gobierno de Estados Unidos.

Las políticas xenófobas son profundamente estadounidenses

Esta mentira, de que la política antiinmigración es nueva y contraria a toda la tradición de Estados Unidos, es difundida ampliamente por el partido Demócrata, y es totalmente funcional a su política: demonizar al partido Republicano con el argumento de que solo los demócratas pueden mantener la “grandeza de Estados Unidos”. Este discurso tiene el objetivo de desalentar el cuestionamiento del núcleo racista y xenófobo de toda la historia de Estados Unidos, responsabilizando a los republicanos por este “momento” de xenofobia y racismo. Una falsificación destinada a encubrir el rol y la responsabilidad de los demócratas en la formación reaccionaria y el racismo a lo largo de la historia de Estados Unidos.


La idea de Estados Unidos como una nación abierta a todos los inmigrantes es una farsa, se contradice con toda su historia. Las palabras escritas en la Estatua de la Liberad han sido negadas por la historia. Las lágrimas derramadas por Schumer y las palabras que pronunció el domingo esconden la hipocresía de alguien que pertenece al partido que aprobó el bombardeo continuo sobre la región donde se encuentran los siete países a cuyos ciudadanos se les prohíbe el ingreso hoy. También pertenece al partido de Obama, el presidente que ha deportado a más inmigrantes que cualquier otro, y que abrió la puerta a los actuales ataques de la administración Trump.

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