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El trabajo de difusión ‘cultural’ de la CIA contra la URSS durante la Guerra Fría

El Washington Post acaba de descubrir ahora (*) que la CIA publicó y distribuyó la novela épica de Boris Pasternak, Doctor Zhivago, para socavar a la URSS, pero para los historiadores de la Guerra Fría y los que vivían al otro lado del Telón de Acero, es una noticia muy vieja.

Desde su mismo origen en 1947 la CIA comprendió que para derrocar a la Unión Soviética, además de bombas, eran necesarias pinturas, sinfonías y prosa.

A finales de la década de 1940, en el apogeo de la Guerra Fría, la CIA empezó a darse cuenta de que la Revolución de Octubre había conquistado a muchos artistas, escritores y científicos de Europa Occidental.

En 1950 creó el Congreso para la Libertad de la Cultura con el objetivo de socavar el prestigio de la URSS y ganar los corazones y las mentes de los intelectuales progresistas europeos.

La intelectualidad europea sabía que Estados Unidos era una sociedad capitalista, comercial y filistea que carecía de una tradiciones culturales, lo que Hugh Wilford, autor de varios libros sobre operaciones secretas de la CIA durante la Guerra Fría, califica como “prejuicios culturales antiamericanos”.

Los libros eran un arma y “Doctor Zhivago” fue sólo uno de los que fueron subsidiados. Sus autores fueron promocionados a lo más alto, alcanzado el Premio Nobel de Literatura gracias al espionaje, mientras vetaban a otros novelistas, como Gorki.

“Creo que ‘Archipiélago de Gulag’ fue aún más importante que ‘Doctor Zhivago’, como ejemplo de propaganda exitosa desde el punto de vista estadounidense”, dice Serguei Jruschov, hijo del ex primer ministro soviético y miembro del Instituto Watson de Estudios Internacionales de la Universidad de Brown.

Jruschov se refiere a la novela histórica del Premio Nobel Alexander Soljenitsin, que estuvo preso en un campo de trabajo soviético y en su novela detalla la vida dentro de las cárceles.

“Y también diría que las ‘Veinte cartas a un amigo’ de Svetlana Alliluyeva [la hija de Stalin] fue la más dolorosa en la época de Brezhnev”, añade Jruschov. A Svetlana le pagaron casi un millón de dólares por su novela.

“Conseguir esos libros en la Unión Soviética era relativamente fácil”, dice Jruschov. “A la gente de la embajada estadounidense [en Moscú] le gustaba conocer a artistas y periodistas y, por supuesto, les hablaban de las llamadas ‘artes no oficiales’ en la Unión Soviética, cuando se hablaba de escultura, pintura, música, escritura y normalmente distribuían libros y panfletos al pueblo soviético”, dice Serguei Kruschev.

“Era ilegal en ese momento, pero en realidad todos sabían que lo estaban haciendo”, añade.

El Congreso para la Libertad de la Cultura financió numerosas revistas literarias y culturales, incluyendo la revista británica “Encounter” y, con pleno conocimiento de causa, la “Revue de Paris”.

Fue la sombra detrás de conciertos patrocinados, como la actuación de una orquesta sinfónica de Boston en abril de 1952 en un festival de música en París.

La elección de la música para la interpretación no es casual. La CIA coronaba a Igor Stravinsky, uno de los compositores más famosos de su tiempo y crítico declarado de la URSS.

La CIA incluso financió la versión animada de “Rebelión en la granja” de George Orwell.

Para financiar estas actividades, la CIA lavó dinero en secreto a través de una variedad de organizaciones culturales en América y Europa.

En la Unión Soviética se consideraba que el denominado “arte moderno” reflejaba la decadencia de la burguesía occidental y muchos artistas huyeron, entre ellos Vasili Kandinsky y Mark Rothko.

La CIA gastó millones de dólares para subsidiar el movimiento artístico neoyorquino de los años 50 conocido como “expresionismo abstracto”, un estilo de pintura practicado por Rothko y Jackson Pollack, artistas poco apreciados por los estadounidenses de aquella época.

El espionaje les apoyó, organizando exposiciones de pintura por toda Europa y les ayudó a difundir el “arte abstracto” como una tendencia mundial.

La difusión del expresionismo abstracto ayudó a que la intelectualidad europea progresivamente pasara a inclinarse del lado del imperialismo durante la Guerra Fría, afirma Hugh Wilford, profesor de historia en la Universidad pública de California.

Hoy en día, es difícil imaginar a los maestros de espías americanos como mecenas del arte, pero “en aquel momento había algunos tipos bastante sofisticados navegando por la CIA”, dice Wilford.

“Probablemente apreciaban el papel de los mecenas culturales porque habían sido formados en una especie de escuela preparatoria, las clases de Ivy League de las que formaban parte personas como Nelson Rockefeller y [el editor del New York Herald Tribune] John Hay Whitney”.

«Así que era lógico que esta organización, entonces bastante aristocrática, la CIA, hiciera esto», dice Wilford.

El Congreso para la Libertad de la Cultura, que llegó a tener oficinas en 35 países y cerca de 300 empleados, fue clausurado en los años sesenta.

(*) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/during-cold-war-cia-used-doctor-zhivago-as-a-tool-to-undermine-soviet-union/%2f2014%2f04%2f05%2f2ef3d9c6-b9ee-11e3-9a05-c739f29ccb08_story.html

Más información:

– El colonialismo ideológico de la posguerra
– La CIA estudia a los teóricos franceses: cómo desmantelar a la izquierda cultural
– A la CIA siempre le gustaron más los intelectuales de la ‘nueva izquierda’
– Bajo los adoquines ya no hay arena de playa
– El expresionismo abstracto
 

Una hija de Himmler trabajó para el servicio de inteligencia alemán

Una hija del dirigente nazi Heinrich Himmler, Gudrun Burwitz, trabajó entre 1961 y 1963 como secretaria para el servicio de inteligencia alemán (BND), según el diario Bild.

El BND ha confirmado que Burwitz trabajó para la organización bajo un nombre falso, a pesar de que hasta su muerte, ocurrida recientemente, cuando tenía 88 años, Burwitz fue una nazi convencida y siempre mantuvo contactos con organizaciones nazis.

La hija de Himmler entró a trabajar para los servicios secretos de la República Federal de Alemania cuando al frente del mismo estaba Reinhard Gehlen, que durante el III Reich había sido general del ejército.

El BND ha creado un grupo de trabajo que investiga desde hace años su propio pasado nazi porque muchos de los espías reclutados por Gehlen habían trabajado en el pasado para la Gestapo o las SS.

Burwitz admiraba a su padre, uno de los peores carniceros hitlerianos, y nunca se distanció de sus crímenes, apoyando a organizaciones nazis como “Juventud Vikinga”, que seguía el modelo de las juventudes hitlerianas.

También apoyo a una organización fundaba en 1951 que prestaba ayuda financiera a antiguos criminales de guerra.

A lo largo de su vida, sólo concedió una entrevista, en 1959 cuando tenía 30 años, y en ella defendió que su misión era la de cambiar la imagen de su padre ante la historia. “Mi padre es visto hoy como el genocida más grande de la historia. Quiero intentar cambiar esa imagen”, dijo.

La hija estaba casada con Wulf-Dieter Burwitz, también militante nazi y funcionario del neonazi Partido Nacionaldemócrata Alemán.

Heinrich Himmler (1900-1945) fue jefe de la policía hitleriana y ministro de Interior durante el III Reich y una de sus tareas fue la organización del exterminio de los antifascistas europeos.

Al final de la guerra, Himmler intentó huir, cayó prisionero de los aliados y se suicidó el 23 de mayo de 1945.

Solidarnosc: el gran montaje sindical de la CIA contra Polonia

En su edición del 29 de septiembre de 1981, el Wall Street Journal, que no destaca por ser “pro-sindicalista”, publicó un interesante editorial a favor del sindicato polaco Solidarnosc (Solidaridad). El Wall Street Journal atacaba a aquellas fuerzas que, según dijo, cuestionaban la conexión entre la AFL-CIO y Solidarnosc. Mostró especial irritación por la afirmación de que, a través de la AFL-CIO, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) estaba manipulando a Solidarnosc: “Qué fácil es hacer listas de las conexiones de la CIA [con la AFL-CIO]; los objetivos paralelos, las instancias de colaboración, las comunicaciones y las amistades compartidas. Qué fácil es usar la lista para tratar de desacreditar la tarea de la AFL-CIO en Polonia, y, más importante aún, para tratar de borrar la vergüenza colosal que representa Solidarnosc para el comunismo mundial”.

El editorial del Wall Street Journal no niega, curiosamente, la conexión AFL-CIO/CIA/Solidaridad en absoluto. Más bien, advierte que cualquier publicidad dada a esta conexión tiende a “empañar” o “deslegitimar” a Solidarnosc y a la AFL-CIO, y así juega a favor de la Unión Soviética. Correcto, sin duda; y la revista Counterspy, especialmente criticada por el editorial del Wall Street Journal, está ideológicamente aliada con los soviéticos, publicando frecuentemente artículos de miembros del Partido Comunista de Estados Unidos. Pero, ¿cuál es la veracidad de estas acusaciones?

La columna de Albert Shanker en la edición del 4 de octubre de 1981 del New York Times también ataca la conexión de la CIA con Solidaridad. Shanker dice que está en desacuerdo con un reportaje publicado en Literaturnaya Gazeta, un periódico soviético, alegando vínculos entre la AFT [American Federation of Teachers] y la CIA. Este artículo, del corresponsal de LG Anatoli Manakov (LG, 30 de septiembre, p.9) examina la oficina de información de Solidaridad en Nueva York, que se instaló en un edificio propiedad de la AFT de Shanker, en el 260 de Park Avenue. Manakov afirma que la AFT es miembro del Instituto Americano para el Desarrollo del Trabajo Libre (AIFLD), un frente de la CIA, que concede 100.000 dólares al año a la AFT para servicios como la oficina de Solidaridad. La respuesta de Shanker es interesante. Aunque niega que la AFT reciba dinero de la CIA, Shanker admite que sí recibe fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID).

Tampoco Shanker niega el hecho indiscutible de que la AFT sea miembro de la AIFLD. Philip Agee, antiguo agente de la CIA y autor de Inside The Company (publicado en 1975, mucho antes del ascenso de Solidaridad), escribe sobre AIFLD: “La CIA controla los sindicatos a través de un centro financiado por la AID” (p. 620). El New York Times de 15 de enero de 1981 informó que dos miembros de la AIFLD asesinados en El Salvador fueron denunciados por error como agentes de la CIA por un abogado. Según A.J. Langguth en su libro sobre el terrorismo patrocinado por Estados Unidos y la tortura en América Latina, Hidden Terrors (1978):

“La AIFLD fue una criatura de principios de los años sesenta, una fusión de talento y fondos de la CIA, la AFL-CIO, y unas sesenta corporaciones estadounidenses” (pg. 93).

Langguth cita al Director de la AIFLD atribuyéndole el mérito de haber entrenado a muchos de los dirigentes sindicales de derecha que ayudaron en el derrocamiento del gobierno de Goulart en Brasil en 1964 y el establecimiento de la dictadura militar fascista (pg.115).

El Congreso de Solidarnosc de septiembre de 1981 cursó una invitación a Lane Kirkland, Presidente de la AFL-CIO, y el comunicado de prensa de la AFL-CIO sobre la invitación añadió que Kirkland estaría acompañado por “Irving Brown, representante europeo de la AFL-CIO”. Tom Braden, ex jefe de la división Internacional de la CIA, reveló en 1967 que Brown era un agente de la CIA. Brown, escribió, reunió a ex nazis y mafiosos corsos (muchos de ellos, muy metidos en el contrabando de heroína, todavía hoy trabajan con la CIA) para infiltrarse en sindicatos dirigidos por comunistas y aterrorizar a los trabajadores en la Europa de la posguerra; la CIA financió estos esfuerzos, junto con la ILGWU (Braden, I’m Glad the CIA Is ‘Immoral’, Saturday Evening Post, 20 de mayo de 1967). Agee simplemente escribe que Brown era el “principal agente de control de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres”. Brown, un hombre de la CIA, fue también el orador invitado principal en la Convención de la AFT de 1977.

La AFL-CIO envió más de 160.000 dólares a Solidarnosc (New York Times, 7 de enero de 1981). Agee señala que George Meany, difunto presidente de la AFL-CIO, ayudó con el trabajo de la CIA; Kirkland sin duda sigue haciéndolo. Los antecedentes de Kirkland se parecen más a los de un analista de la CIA que a los de un trabajador: graduado de la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown; miembro de la Comisión Rockefeller para investigar a la CIA; trabaja con Nelson Rockefeller en la AIFLD y con su hermano David en la Comisión Trilateral. El presidente Gerald Ford, por cierto, había prohibido a la Comisión Rockefeller investigar las operaciones extranjeras de la CIA porque, en palabras de Ford, eran un “pozo negro” que “arruinaría la imagen de Estados Unidos en todo el mundo” (Harrison Salisbury, New York Review of Books 9/25/80, p.32).

Por lo tanto, verosímilmente Solidarnosc está ligada a la CIA, que es una organización antiobrera. Como muestra Langguth, el “anticomunismo” se utiliza como una razón conveniente para que los regímenes pro-estadounidenses de todo el mundo, ayudados por la CIA, repriman todos y cada uno de los movimientos que apuntan a mejorar el nivel de vida de los trabajadores. A principios de los años sesenta, “al menos un agregado laboral de la embajada de Estados Unidos, un veterano del movimiento sindical en Estados Unidos, sintió una punzada al ver a la AIFLD interrumpir el progreso en Brasil de la organización sindical con el pretexto de proteger a los trabajadores del comunismo” (Langguth, pg.115).

A través de AID, la CIA dirigía escuelas en Estados Unidos a finales de la década de 1960 en las que se enseñaban técnicas de tortura, terrorismo y tácticas de asesinato de escuadrones de la muerte a policías de toda América Latina. Estas tácticas se utilizaron para aplastar sindicatos, huelgas y movimientos obreros. De manera similar, la CIA utilizó a la mafia y a los terroristas cubanos del exilio para apuntalar a fascistas como Somoza de Nicaragua y llevar a cabo ataques terroristas contra Cuba, guiñando el ojo a su contrabando de heroína (ver W. Hinckle y W. Turner, The Fish Is Red. Harper & Row, 1981). Estos ataques incluyeron la importación del virus de la peste porcina a Cuba en la primavera de 1970, hasta la fecha el único ejemplo verificado de guerra bacteriológica por una gran potencia (Newsday, 6 de enero de 1977).

La CIA ayudó a los terratenientes pro-estadounidenses a sacar opio de Laos para el tráfico de heroína durante la guerra de Vietnam (Alfred McCoy, The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1973). Ahora ayuda a los miembros de las tribus antisoviéticas afganas en su comercio de opio (Hoag Levins, The Kabul Connection, Philadelphia Magazine, agosto de 1980). Los mismos mafiosos corsos que golpearon a los trabajadores franceses pro-comunistas en la década de 1940 siguen trabajando hoy con la CIA en el contrabando de heroína (Hendrik Krüger, The Great Heroin Coup, 1980). Este comercio instigado por la CIA mata a decenas de miles de trabajadores en todo el mundo cada año, muchos de ellos en Estados Unidos.

¿Por qué la CIA apoya a Solidarnosc? Como muestra el histérico editorial del Wall Street Journal, la CIA, la AFL-CIO, la clase dominante de Estados Unidos, de hecho todo el mundo menos la población, a la que se ha ocultado la verdad, sabe que Solidarnosc es tan reaccionaria como parece. Es una organización fascista, no muy diferente a la de Hitler, que no se parece en nada tanto a los “comunistas” de Moscú y Varsovia a los que se opone tan amargamente.

Solidarnosc no sólo tolera, sino que también promueve el antisemitismo. Folletos no firmados en el congreso de verano [de 1981] de Solidarnosc aludían sombríamente a las personalidades judías del sindicato; en algunas reuniones sindicales se hicieron preguntas sobre el papel o la presencia de los judíos; en la sección de Solidarnosc en Varsovia creció una verdadera “facción polaca”, una reacción a las erupciones de fanatismo en la Polonia anterior a la Segunda Guerra Mundial (V. Hamill, Washington Post, 26 de diciembre de 1981).

Frederick Kempe, del Wall Street Journal, que asistió al Congreso de Solidarnosc de Gdansk (septiembre-octubre de 1981), escribió que unos 100 de los más de 800 delegados eran “al menos simpatizantes” del KPN, un grupo conservador y nacionalista “manchado por una historia de antisemitismo”. Marian Jurczyk, vicepresidenta de Solidarnosc de Szczecin y candidata presidencial, utilizó el antisemitismo para atacar al gobierno polaco en un discurso pronunciado en octubre (New York Times, 9 de enero de 1982). Solidarnosc ha adoptado a Josef Pilsudski, dictador fascista de la preguerra de Polonia, como su héroe, rebautizando los astilleros de Gdansk con su nombre el 11 de noviembre de 1981.

Bajo el régimen de Pilsudski los sindicatos fueron clausurados, los trabajadores derrotados, los opositores torturados, se establecieron campos de concentración (después de una visita de Goebbels en 1934, acompañada de pogromos oficialmente tolerados) y se hicieron cumplir las leyes antisemitas. Los dirigentes de Solidarnosc incluyen miembros del Partido Socialista Polaco de la preguerra y veteranos del Ejército Nacional; ambos grupos eran antisemitas.

La Iglesia Católica polaca, también poderosa en Solidarnosc, tiene una historia repugnante de antisemitismo. En 1936 el Cardenal Hlond, Primado de Polonia (hasta 1948), escribió en una carta pastoral, leída en voz alta en todas las iglesias: “La influencia judía sobre la moral es fatal”. Los judíos, continuó, propagaban el fraude, la usura, la esclavitud y la pornografía. Los buenos cristianos deberían boicotearlos.

En Polonia, como en otros lugares, el racismo se utiliza para desviar el movimiento obrero hacia chivos expiatorios, lejos de sus verdaderos enemigos, y hacia direcciones pro-capitalistas. El mismo Congreso de Solidaridad que invitó a Kirkland votó a favor de la adhesión de Polonia al Fondo Monetario Internacional (es decir, el fin de las subvenciones a los trabajadores de la alimentación, la vivienda, etc.) y aprobó directamente un aumento de precios y la renuncia a los sábados gratuitos. En cuanto a Walesa, es un entusiasta partidario de Reagan (Evans y Novak, New York Post, 8 de diciembre de 1980) y del capitalismo. Walesa se reunió en secreto con los presidentes de Ford, General Dynamics, Westinghouse, y los peces gordos de IBM, Heinz, TWA, etc. en París en octubre [de 1981] para discutir la manera de “poder controlar el movimiento obrero” (Le Canard Enchaîné, 16 de diciembre de 1981). Porque -como todos los buenos capitalistas convienen- hay que pagar a los banqueros.

Quizá debería entristecernos e indignarnos, pero no sorprendernos, que Shanker y la AFT promuevan bandas racistas y antiobreras como la CIA y Solidarnosc. Shanker apoyó la guerra de Vietnam y se llama a sí mismo un “halcón acreditado”; ocupa el cargo por la corrupción y el “gobierno de unidad” en la AFT de la ciudad de Nueva York y del estado de Nueva York. Él y Walesa son pájaros de un plumaje, leales partidarios de las grandes empresas, enemigos de los trabajadores de todo el mundo, clones unos de otros, al igual que la CIA y la KGB, o Reagan y Brezhnev. Una verdadera revuelta obrera, aquí como en Polonia, se dirigiría primero contra estos lobos con piel de cordero, traidores que se aprovechan de las necesidades de los trabajadores y de otros para una vida mejor.

Grover C. Furr, The AFT, the CIA and Solidarnosc, Comment, Montclair State College, vol. 1, núm. 2, Spring, 1982), pgs. 31-34 https://msuweb.montclair.edu/~furrg/furraft82.pdf

Después de trabajar para el imperialismo en Solidarnosc, Tadeusz Mazowiecki se jubiló

La CIA instigó el terrorismo fascista en Italia durante los ‘años de plomo’

En 2001, durante un juicio en Milán contra los fascistas que bombardearon la Piazza Fontana en 1969, el general Gianadelio Maletti, jefe de contrainteligencia militar, confimó que los servicios de inteligencia estadounidenses eran quienes habían instigado el terrorismo fascista en Italia durante la década de los setenta.

En el bombardeo del banco en Milán, los fascistas asesinaron a 16 personas.

Era la primera vez que un alto funcionario de la inteligencia italiana lanzaba una acusación de este tipo ante un tribunal. El general Maletti dijo que sus hombres habían descubierto que una célula terrorista de los fascistas en la región de Venecia había sido abastecida con explosivos militares procedentes de Alemania.

Los explosivos se obtuvieron con la ayuda de miembros de la inteligencia de Estados Unidos, lo que indica que los estadounidenses habían ido más allá de la infiltración y el control de grupos fascistas para instigar el terrorismo, dijo el general.

“La CIA, siguiendo órdenes de su gobierno, quería crear un nacionalismo italiano capaz de detener lo que veía como un deslizamiento hacia la izquierda y, para ello, podría haber hecho uso del terrorismo de derechas”, dijo el general Maletti al tribunal de Milán. “Creo que esto es lo que pasó en otros países también”.

El general había vivido en Sudáfrica durante los últimos 21 años como fugitivo de la justicia italiana y fue condenado a 14 años de prisión por filtrar un documento de los servicios secretos a la prensa y en 2000 recibió una condena de 15 años por obstrucción a la justicia. Se le concedió una inmunidad especial de 15 días para poder declarar en el juicio por el atentado contra un banco en la Piazza Fontana de Milán, la atrocidad que inauguró la “estrategia de la tensión”, una serie de atentados destinados a desplazar el centro de gravedad político del país hacia la derecha.

“La impresión era que los estadounidenses harían cualquier cosa para evitar que Italia se deslizara hacia la izquierda”, dijo el general Maletti durante una entrevista en su hotel de Milán. “No olvide que Nixon estaba a cargo y que Nixon era un hombre extraño, un político muy inteligente pero un hombre de iniciativas poco ortodoxas”.

La CIA apoyó financieramente al SID, el servicio italiano de inteligencia de defensa, pero los homólogos estadounidenses del general Maletti no estaban dispuestos a compartir información. Puede que haya habido una buena razón para la cautela americana. En unas memorias póstumas publicadas en 2000, el héroe de la resistencia en tiempos de guerra, el conde Edgardo Sogno, afirmó que visitó la estación de la CIA en Roma en julio de 1974 para informarle de sus planes de un golpe anticomunista.

“Le dije que le estaba informando como aliado en la lucha por la libertad de Occidente y le pregunté cuál sería la actitud del gobierno estadounidense”, escribió Sogno. “Me respondió lo que yo ya sabía: Estados Unidos habría apoyado cualquier iniciativa que tendiera a mantener a los comunistas fuera del gobierno”.

A pesar de los contactos con sus homólogos de la CIA, no se pronunció ninguna palabra sobre el complot de Sogno. “Yo, por ejemplo, no sabía lo de Sogno. Sabía que el Sr. Sogno estaba siendo investigado por un magistrado de Turín, pero no sabía que tenía contactos tan importantes con agencias estadounidenses en Estados Unidos e Italia”, dijo el general Maletti. “Claramente, Sogno tenía gran confianza en la complicidad del servicio americano”.

El general de 79 años fue condenado en rebeldía por obstruir una investigación sobre un ataque de 1973 contra el ministro del Interior al ocultar información crucial a los magistrados.

Cuatro personas murieron y 45 resultaron heridas cuando un “anarquista”, Gianfranco Bertoli, lanzó una granada contra una multitud en las afueras del cuartel general de la policía de Milán. Bertoli, según los jueces, era en realidad un hombre de simpatías fascistas y un antiguo informante del SID, llamado “Negro”. Los hombres del general Maletti fueron advertidos antes del ataque contra el ministro Mariano Rumor, pero no tomaron ninguna medida para impedirlo y no transmitieron su información sobre Bertoli incluso después de los asesinatos.

“Entre los países más grandes de Europa occidental, Italia ha sido tratada como una especie de protectorado. Me avergüenza pensar que todavía estamos sujetos a una supervisión especial”, concluía el general.

https://www.theguardian.com/world/2001/mar/26/terrorism

La paradoja del mentiroso y la coartada de las armas de destrucción masiva

Rafid Al-Janabi, alias ‘Curveball’
En 2013 Le Nouvelle Observateur, el típico medio de la socialdemocracia, publicó (*) un relato inverosímil de otra inverosimilitud: las armas de destrucción masiva que tenía Saddsm Hussein escondidas en algún arsenal militar escondido.

Se trata de lavar la cara al imperialismo, al mismo tiempo que se critica algo, una  mentira, que quedará en la historia ya para siempre como ejemplo de engaño y manipulación de masas. El engaño del engaño se puede resumir de la manera siguiente: nosotros engañamos porque, a su vez, fuimos engañados. Los imperialistas también fueron víctimas.

En la lógica matemática no es tan diferente a lo que denominan como “la paradoja del mentiroso”, sólo que con consecuencia dramáticas: 100.000 civiles muertos y 15 años de una guerra sin fin.

El pretexto para la invasión de Irak comenzó el 5 de febrero de 2003 en la ONU. En un discurso famoso, el Secretario de Estado, Colin Powell, dijo: “No cabe duda de que Saddam Hussein tiene armas biológicas” y que “tiene la capacidad de producir más rápidamente” en número suficiente para “matar a cientos de miles de personas”.

Saddam Hussein también disponía de unos “laboratorios móviles” clandestinos que fabrican tóxicos atroces como “peste, gangrena gaseosa, ántrax o virus de la viruela”.

Cuando se vio obligado a poner las pruebas encima de la mesa, Powell añadió: “Tenemos una descripción de primera mano” de estos centros de exterminio.

Aquello “de primera mano” también era mentira. Powell se refería a “un desertor [que] actualmente vive en otro país, con la certeza de que Saddam Hussein lo matará si lo encuentra”. Es “un testigo directo, un ingeniero químico irakí que supervisó uno de estos laboratorios”, “un hombre que estuvo presente durante los ciclos de producción de agentes biológicos”.

¿Quién era exactamente este informante? Su nombre en clave es “Curveball”, tenía 31 años y estaba en manos del BND alemán.

“En aquel momento, no necesitaba saber nada más”, confesó luego el Powell. “Pensé que obviamente la CIA lo habría interrogado y verificado todas sus acusaciones”. La culpa no la tuvo Powell sino la CIA… Él sólo ejercía de megáfono del espionaje.

“Curveball”, el irakí que proporcionó el pretexto para la agresión era Rafid Al-Janabi, un refugiado que vive en un pequeño apartamento con su esposa y sus dos hijos cerca de Karlsruhe, en Alemania.

Rafid llegó al aeropuerto de Munich en noviembre de 1999, tres años antes del discurso de Powell. Salió de Irak gracias a un contrabandista y un pasaporte falso con el que llegó hasta Rabat, en Marruecos. Fue detenido por la policía alemana y enviado a un albergue para refugiados.

Se convirtió en uno de los 60.000 irakíes que esperan un permiso de residencia. Se da cuenta de que tiene pocas posibilidades y que, mientras tanto, tendrá que vegetar en un centro hacinado.

Nada más llegar, Rafid tuvo que contar su vida a un funcionario del albergue. “Soy ingeniero químico, graduado por la Universidad de Bagdad”, dice. “Trabajaba en una fábrica de semillas agrícolas en Djerf Al-Nadaf, a 70 kilómetros de Bagdad”.

Unos días después de su llegada exige ver a un superior. Tiene revelaciones que hacer. En realidad, dice, las semillas son sólo una tapadera; el laboratorio de Djerf Al-Nadaf no depende del Ministerio de Agricultura, sino del de Defensa. La planta es parte de un vasto programa clandestino de armas biológicas del que conoce todos los detalles.

Se inicia la bola de nieve: el albergue se pone en contacto con el espionaje. Rafid deja de ser interrogado por un funcionario y pasa a manos de un tal Dr. Paul, que se presenta como inspector de la ONU, especializado en armas de destrucción masiva. Es otra mentira: es el jefe de la división de armas químicas del BND.

Rafid le asegura al oficial que tras graduarse en la Universidad de Bagdad en 1994 fue contratado por la Comisión de la Industria Militar. “Primero trabajé en Al-Hakam”, donde un equipo de la ONU encargado de rastrear las armas prohibidas en Irak, Unscom, descubrió, unos años antes, los restos de pollos muertos por la inyección de toxinas.

El sitio era el principal centro clandestino de fabricación de armas biológicas. Fue destruido por Unscom en 1996. “En Al-Hakam, pasé dos años comprando piezas de repuesto”, dice Rafid.

El BND envía un resumen de los interrogatorios de la fuente milagrosa a su socio estadounidense habitual, el servicio de inteligencia del ejército estadounidense, el DIA, que tiene una base en Munich desde los años cincuenta. Allí, a lo largo de la Guerra Fría, a los delatores soviéticos sobre las armamento se les dio un nombre en clave que siempre terminaba en “ball”.

El DIA pone a Rafid el nombre de “Curveball”, un apodo que otros servicios de espionaje adoptarán sin entender que en la jerga anglófona, “curva” significa “engaño”.

Pero, ¿quién engaña a quién?

El espionaje alemán saca a “Curveball” del albergue y le proporciona un bonito apartamento amueblado, televisión por cable, seguro médico, un Mercedes, un guardaespaldas y una tarjeta de refugiado político. Cinco espías del BND se encargan de hacer su vida lo más agradable posible. Le enseñan la ciudad y descubren todos sus placeres, le invitan a los mejores restaurantes, a las discotecas más exclusivas. Sólo los desertores de lujo tienen derecho a ese trato preferencial, a tantas “niñeras”, como dice el BND. Los servicios le costarán al espionaje alemán más de 1 millón de euros en 2000.

A cambio, “Curveball” habla. Dice que el proyecto de laboratorio móvil nació en 1995. Cuando supo que Unscom iba a descubrir el centro de Al-Hakam, Saddam Hussein decidió continuar con el programa de armamento químico en camiones refrigerados que circulan por la ciudad.

Los camiones laboratorio se ensamblaban en la fábrica de semillas de Djerf Al-Nadaf, cuenta Rafid. Él estaba a cargo del proyecto. Las pruebas duraron dos años y los primeros laboratorios comenzaron a funcionar en 1997. Él vio personalmente a siete de ellos produciendo sustancias letales.

A Saddam Hussein Djerf Al-Nadaf le sabía a poco y ordenó construir otras seis laboratorios móviles clandestinos. Antes de que los inspectores de la ONU fueran expulsados de Irak, los laboratorios rodantes sólo funcionaban el viernes, el día de oración, cuando Unscom estaba inactivo.

Tras varios meses de interrogatorios, Raafid confiesa que el jefe de Djerf Al-Nadaf, al que identifica como Basil Latif, tiene un hijo, que es el principal comprador de productos destinados a la fabricación de agentes tóxicos. Pero Rafid no sabe que entonces Latif vivía en Dubai, donde los espías del BND y el MI6 le interrogaron en octubre de 2000.

Latif negó que el centro que dirigía produjera armas químicas y, lo que es mucho peor: su único hijo sólo tenía 16 años. La fábula de “Curveball” era mentira, pero a las mentiras también se les puede sacar provecho (tanto o más que a la verdad) en un terreno, como la diplomacia, donde casi todo es mentira.

Durante 18 meses el BND rompió todo contacto con Rafid, que pasó a convertirse en lo mismo que los demás refugiados: fuerza de trabajo a buen precio. Consiguió un trabajo en el Burger King de Karlsruhe.

En marzo de 2002, se casó con una joven marroquí, a la que dejó embarazada muy pronto.

Pero los acontecimiento comenzaron a precipitarse. Ocurrió el 11-S y el testimonio de Rafid podía últil precisameente por su falsedad.

En mayo de 2002, la CIA pidió al BND que volviera a ponerse en contacto con el irakí. Había recibido un centenar de entrevistas de “Curveball” y quería saber más (o menos, según se mire). Interrogado de nuevo, Rafid cambia la versión, es decir, cambia una mentira por otra mentira. Dice que en realidad no era el director del proyecto de laboratorio móvil sino sólo un asistente. Tampoco vio la fabricación de sustancias tóxicas ya que había abandonando Djerf Al-Nadaf.

Unos meses más tarde, en octubre de 2002, en un informe de alto perfil al Congreso, la CIA declara con “la más alta fiabilidad” que Irak tiene unidades móviles de producción de armas químicas. Ante una comisión parlamentaria, el jefe de la CIA, George Tenet, dijo que su servicio consideraba a Rafid como un “desertor creíble”.

No se lo creen ni siquiera dentro de la CIA. Tyler Drumheller, jefe de la división europea, quiere interrogar directamente a “Curveball”, que se niega. No quiere saber nada de americanos ni israelíes.

Pero la Casa Blanca necesita que el relato de “Curveball” sea verdad. Les da la coartada perfecta que necesitan.

El 18 de diciembre de 2002 Tenet le pregunta a su homólogo alemán, August Hanning. si la CIA puede usar la información de “Curveball” y le reitera la necesidad de interrogarle directamente. El jefe del BND se niega, aunque le permite usar la declaración falsa de Rafid con dos condiciones: que no se mencione el nombre del BND y se aaclare que las afirmaciones de no han sido confirmadas.

El 27 de enero el jefe de la sucursal de la CIA en Berlín advierte que “el uso de esta fuente [es] muy problemático”.

A pesar de los pesares, la Casa Blanca hace de su capa un sayo. El 28 de enero de 2003 Bush pronuncia un discurso en el que larga el asunto de los laboratorios móviles. En la ONU Powell repite el mismo mantra unos días después.

Pero el fraude fue muy rentable para el imperialismo desde el punto de vista mediático y en 2004 el BND le recompensó al mentiroso “Curveball” con una asignación mensual de 3.000 euros. Los paga una empresa ficticia creada en Munich por el espionaje. A cambio, tiene prohibido hablar con la prensa.

En 2007 el canal estadounidense CBS publicó el nombre de Rafid por primera vez y confirmó que vivía plácidamente de unas mentiras generosamente recompensadas por el presupuesto público alemán, a pesar de que en mayo de 2004, cuando el fraude ya había cumplido con el papel asignado, hasta CIA le había calificado como “mentiroso”.

A Rafid le quitaron entonces su asignación pero le concedieron la nacionalidad alemana y empezó vivir de las entrevistas porque la rueda de los engaños mediáticos es como la de los ratones enjaulados: no se cansan de dar vueltas sobre lo mismo para acabar en el punto de partida.

(*) https://www.nouvelobs.com/l-enquete-de-l-obs/20130308.OBS1260/l-incroyable-histoire-du-mensonge-qui-a-permis-la-guerre-en-irak.html

Las secuelas psíquicas de los lavados de cerebro financiados por la CIA en Canadá

La artista canadiense Sarah Anne Johnson siempre conoció a grandes rasgos la historia de Velma Orlikow, su abuela materna. Con la esperanza de recibir ayuda para la depresión postparto, Orlikow ingresó en 1956 en el Allan Memorial Institute de Montreal, un renombrado hospital psiquiátrico de Canadá. Pero después de pasar tres años entrando y saliendo de la clínica, su estado había empeorado, en lugar de mejorar, y su personalidad había sufrido grandes cambios.

Tuvieron que pasar más de dos décadas antes de que Johnson y su familia tuvieran una explicación de lo que había ocurrido y fue mucho más extraña de lo que cualquiera de ellos hubiera podido imaginar. En 1977 se descubrió que la CIA había estado financiando el Allan Memorial Institute para desarrollar experimentos de lavado de cerebro y control mental como parte de un proyecto para toda América del norte conocido como MK Ultra.

La agencia de espionaje estadounidense buscaba mejorar sus conocimientos sobre el lavado de cerebro desde que un grupo de estadounidenses capturados en la guerra de Corea elogiara públicamente al comunismo y denunciara a Estados Unidos. Esa búsqueda llevó a la agencia al norte de la frontera en 1957, donde Ewen Cameron, un psiquiatra de origen escocés, trataba de descubrir si los médicos podían borrar la mente de una persona para introducirle nuevos patrones de comportamiento.

A finales de los 50 y principios de los 60, Orlikow fue una más entre los cientos de pacientes que se convirtieron en víctimas de estos experimentos en Montreal. “Es casi imposible de creer”, dice Sarah Anne Johnson, que tras la muerte de su abuela comenzó a investigar sobre el instituto indagando en los papeles y documentos judiciales sobre Orlikow. “Algunas de las cosas que [Cameron] hizo a sus pacientes son tan horribles e increíbles que parecen pesadillas”.

Los pacientes eran sometidos a electroshocks de alto voltaje varias veces al día, les daban medicamentos para dormirlos durante períodos que podían durar meses y les inyectaban enormes dosis de LSD.

Tras reducirlos a un estado infantil (algunas veces, despojándolos de habilidades básicas como la de vestirse o atarse los zapatos), Cameron intentaba reprogramarlos bombardeándolos con mensajes grabados que se repetían durante 16 horas seguidas. Primero, los mensajes negativos sobre sus defectos. Luego, los positivos. En algunos casos se repetían hasta medio millón de veces.

“No podía hacer que sus pacientes los escucharan lo suficiente, así que instaló altavoces en el interior de unos cascos de fútbol americano y los cerró con llave sobre sus cabezas”, dijo Johnson. “Como enloquecían hasta golpearse la cabeza contra las paredes [Cameron] pensó que podría inducirles un coma para ponerles las cintas todo el tiempo que hiciera falta”.

Además de los intensos ataques del electroshock, a la abuela de Johnson le inyectaron LSD en 14 ocasiones. “Ella decía que eso le hacía sentir como si sus huesos se derritieran. ‘No lo quiero’, decía, y los médicos y las enfermeras le respondían: ‘Eres una mala esposa, eres una mala madre, si quisieras mejorar, harías esto por tu familia, piensa en tu hija’”, contó Johnson.

Cuando Orlikow murió, Johnson tenía 13 años. La experiencia de su abuela, y la profunda huella que dejó en su familia, está presente en su obra como artista. “Ya desde una edad muy temprana, yo sabía que mi abuela no era como las otras abuelas”, dijo Johnson, de 41 años. “Los nervios y la ira estaban siempre a flor de piel. Si alguien se tropezaba con ella o si estábamos en un restaurante y alguien le derramaba algo encima, explotaba sin más. No le hacía daño a nadie, sólo gritaba y tardaba horas en calmarse”.

Buscaban borrar las emociones

Johnson pasó mucho tiempo con su abuela. Solía estar en su casa por las tardes mientras sus padres trabajaban. Las dos se sentaban en el sofá y veían la televisión juntas, rodeadas de montañas de libros y de periódicos. Años más tarde, Johnson comprendió los estragos que los experimentos habían provocado en el cerebro de Orlikow: podría llevarle tres semanas leer un periódico, meses escribir una carta, y años terminar un libro. “Pero siguió intentándolo, intentó ser la misma de siempre y hacer las cosas que antes amaba”, dijo Johnson. “Ahora pienso que todos los días en ese sofá ella tenía que enfrentarse a un montón de sus propios fracasos”.

Escenas similares ocurrieron a lo largo de todo Canadá cuando los antiguos pacientes del instituto trataron de regresar a sus vidas. Como dice Alison Steel, cuya madre fue internada en 1957, “contaminó a toda la familia”. Su madre entró con 33 años porque mostraba signos de depresión tras la pérdida de su primer hijo. “En esa época, el doctor Cameron era considerado un psiquiatra milagroso”, dijo Steel. “Se suponía que era maravilloso tratando a personas deprimidas o con problemas de salud mental”.

A Jean, la madre de Steel, le inducían el sueño con productos químicos. Una vez pasó 18 días sin despertar. En otra ocasión, fueron 29 días. La sometían con rondas de electroshocks, le daban inyecciones de drogas experimentales y la acosaban con ataques aparentemente interminables de mensajes grabados. “Dicen que fue una tortura para seres humanos, una tortura humana”, dice Steel, que tenía cuatro años cuando hospitalizaron a su madre. “Lo que intentan hacer es borrar tus emociones. Te despojan de tu alma”.

Después de tres meses en la institución, Jean regresó a casa. El tratamiento habían afectado a su memoria y la había dejado en un estado de nerviosismo y ansiedad. “No era capaz de hablarme de la vida y de cosas normales. No era capaz de bromear y reír”, dijo Steel. A veces, su madre interrumpía inesperadamente las conversaciones para hacer declaraciones que Steel atribuye a los mensajes grabados. “Ella soltaba algo así como: ‘Debemos hacer lo correcto’”, contó Steel.

El psiquiatra detrás de los experimentos, Ewen Cameron, murió en 1967 por un ataque al corazón mientras escalaba una montaña. Pero en las últimas décadas ha habido varios intentos de expacientes y familiares por responsabilizar al Gobierno canadiense y a la CIA.

El Gobierno de Canadá, que había subvencionado la investigación de Cameron desde varias agencias, ofreció en 1992 compensaciones de unos 70.000 euros a 77 expacientes del instituto reducidos a un estado infantil. A cientos de otras personas (entre ellas, la madre de Steel) les denegaron la indemnización. En algunos casos, por considerar que el daño no había sido suficiente.

Steel, que demandó al Gobierno en 2015, llegó a un acuerdo el año pasado por el que recibió 70.000 euros a cambio de firmar un contrato de no divulgación. Según el abogado Alan Stein, representante de varios expacientes y familiares, el acuerdo es uno de los pocos que se han firmado en los últimos años. Sin tener pleno conocimiento del alcance de los experimentos que se llevaron a cabo, el Gobierno canadiense ha dicho que esas compensaciones tienen un carácter puramente humanitario y de compasión. Según Stein, el Gobierno “nunca ha admitido su responsabilidad legal”.

En 1980, la abuela de Johnson y otros ocho expacientes se enfrentaron a la CIA con una demanda colectiva por los seis años en que la agencia financió a Cameron. El desafío legal dejó a su abuela con ansiedad y ataques de pánico, dijo Johnson. “Y entonces ella juntaba, tan difícil como le resultaba, cada pedacito de energía y coraje para afrontarlos”. Los demandantes empezaron pidiendo una disculpa pública y un millón de dólares cada uno en daños y perjuicios. En 1988 llegaron a un acuerdo y recibieron poco más de 80.000 dólares por persona.

El arte se convirtió en la herramienta de Johnson para procesar la dolorosa historia familiar. En una serie de 2009 usa a una ardilla para representar a su abuela, después de que Orlikow dijera que las inyecciones de LSD la hacían sentir como una ardilla atrapada en una jaula. Una videoinstalación de 2016 muestra a Johnson con una máscara hecha a partir de una antigua foto de la abuela y tratando de preparar la comida. “Una tarea imposible, teniendo en cuenta que el médico la desmontó y la volvió a juntar”, dijo Johnson.

La experiencia de Velma Orlikow en el hospital de Montreal le dejó profundas cicatrices pero su lucha por la justicia es un profundo motivo de orgullo para su nieta. Es esa combinación la que Johnson intenta capturar en una obra de 2009 pintada sobre una imagen de su abuela sonriendo mientras balancea a sus dos nietos en el regazo con las manos convertidas en enredaderas y bucles que envuelven con firmeza a los niños.

“Esas enredaderas son un hecho. No son oscuras. No es algo malo”, dijo. “Parece extraño decir esto pero. debido a la terrible experiencia por la que pasó mi abuela y lo de demandar a la CIA después, he crecido sintiéndome parte de una familia que defiende lo que cree. Así que esto forma parte de mí ahora, así es como veo yo el mundo”.

https://www.eldiario.es/theguardian/lavados-cerebro-financiados-CIA-Canada_0_767823894.html

Más información:
— Ewen Cameron, la ciencia al servicio de la tortura
— Frank Olson: el caso del asesino asesinado por sus iguales
— 13 experimentos macabros con seres humanos perpetrados por Estados Unidos

La aviación estadounidense compró la tecnología soviética de última generación

Los cazas furtivos de quinta generación Lockheed Martin F-35 Lightning II de Estados Unidos provienen originalmente de la tecnología aérea usada en los aviones de guerra Yak-141, de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Según indica el analista Brad Howard, en una columna publicada esta semana en el portal estadounidense Task and Purpose, la creación de los aviones furtivos F-35 de Estados Unidos coincide con la era de disolución de la URSS en 1991, cuando la empresa OKB Yakovlev, creadora del Yak-141, tuvo que vender tecnología para poder pagar sus deudas.

En el aquel entonces, las empresas Lockheed y OKB Yakovlev firmaron un acuerdo de cooperación que, entre otras cosas, autorizaba a la empresa estadounidense alcanzar los datos vitales del Yak-141, incluyendo las informaciones de pruebas que requirieron “años de desarrollo”.

“Esta fue información crítica que ayudó a comenzar el desarrollo del motor, el corazón de los F-35 modernos”, ha resaltado Howard, analista norteamericano en asuntos militares.

Aunque el experto resalta que las dos aeronaves tienen diferentes perfiles aerodinámicos y sistemas de estabilización, ha destacado que la empresa estadounidense Lockheed ha usado la tecnología de Yak-141 para crear las primeras versiones de F-35.

“Pero casi con certeza los datos obtenidos del proyecto VTOL soviético (despegue y aterrizaje vertical de aeronaves) se utilizaron para desarrollar la versión del Joint Strike Fighter VTOL F-35. Por consiguiente, al menos parte de su existencia del F-35 se debe al programa de armas de la era soviética”, escribe Howard.

Esta afirmación, no obstante, no sorprende a los analistas rusos. Es más, autores de una reciente investigación afirman que en 1995, con el permiso del gobierno ruso, OKB Yakovlev vendió toda la información sobre el Yak-141 a los estadounidenses. Luego la colaboración entre Lockheed y OKB Yakovlev se paralizó.

El caza F-35 es un avión de quinta generación desarrollado en tres modelos diferentes por la gigante estadounidense de la aeronáutica Lockheed Martin. Sin embargo, desde el Pentágono reconocieron que en 2016 el 83 por ciento de estos aviones de combate no ha podido ni siquiera despegar en un test simulado.

—https://www.hispantv.com/noticias/rusia/375562/eeuu-lockheed-martin-f35-union-sovietica

La sede del espionaje electrónico español se encuentra en Ciudad Real

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La propuesta fue del BND, el servicio de inteligencia de Alemania, y el espionaje español firmó el acuerdo encantado. Ellos ponían la tecnología y España el terreno. Después, se compartía la información.
 
El centro de escuchas se levantó en Cádiz para interceptar las conversaciones telefónicas y de fax entre varios continentes. Hubo algunas sospechas de vecinos de pueblos cercanos sobre actividades extrañas, pero la discreción fue absoluta y nunca hubo problemas especiales.
 
En 1993 decidieron cerrar lo que había en Cádiz y concentrar las instalaciones, dotarlas de medios tecnológicos mucho más modernos y extender la vigilancia a otros soportes como el informático. Para ello, se instalaron en Castilla-La Mancha, cerca de los pueblos de Manzanares el Real, Bolaños y Daimiel.
Allí está el Centro de Estudios de Propagación Radioeléctrica, la Red Echelon española, un nombre perfecto para encubrir una instalación dedicada exclusivamente al espionaje. Mediante el uso de palabras clave (descriptores en su jerga) se busca interceptar información de la máxima utilidad, generada en España y en muchos otros países que ofrecen interés para nuestra política internacional.

En sus inicios hubo que depurar bastante el tema de los descriptores, que resultó no ser tan sencillo como inicialmente parecía. Por ejemplo, la palabra ETA llenaba los discos de almacenamiento, pues era la sigla en inglés que utilizaban miles de pilotos para referirse al «estimado tiempo de llegada».


Como es lógico, las medidas de seguridad son extremas y no se permite a nadie acercarse a ellas. Los vecinos de la zona lo saben bien: cuando paran cerca de las alambradas situadas bastante alejadas de los edificios, siempre acude personal de seguridad para ordenarles que se alejen de inmediato.
 
Esas veinticinco hectáreas, en las que se levantan más de cien antenas de veinte metros de alto, contienen numerosos búnkeres subterráneos en los que trabajan personal alemán y español que no se deja ver en los pueblos de los alrededores.

Ellos reciben la información procedente de sus propias antenas y de los satélites espías en los que España tiene participación.
 

La potencia y supuesta capacidad de estas escuchas, que pueden interceptar comunicaciones intercontinentales, es lo más parecido que existe en España a la red Echelon, que comandada por Estados Unidos e Inglaterra se dedica a grabar no sólo las conversaciones en cualquier lugar del mundo, sino a interceptar cualquier tipo de comunicaciones, incluidas por supuesto, la de los ordenadores.
 
Aunque el CNI nunca confirma ni desmiente estas informaciones, hace unos años caducó el acuerdo con los alemanes y parece ser que este Echelon se encuentra en estos momentos bajo el exclusivo control y explotación del servicio de inteligencia español.

‘Nosotros también quisimos expulsar a algún espía ruso, pero no encontramos ninguno’

Ardern, Primera Ministra de Nueva Zelanda
Para agradar a sus socios, al gobierno de Nueva Zelanda también le gustaría expulsar a algún espía ruso… pero no ha encontrado ninguno.

“Hemos realizado auditorías en Nueva Zelanda. No tenemos aquí a ningún oficial de inteligencia ruso no declarado. Si los tuviéramos, los expulsaríamos”, dijo la Primera Ministra, Jacinda Ardern, a la radio pública.

Ha sido una lástima. A pesar de sus esfuerzos, no ha podido sumarse a las represalias coordinadas del campo imperialista contra el envenenamiento de los Skripal en Reino Unido.

“Cuando hay toda una serie de intereses internacionales […] ¿Me sorprende que Nueva Zelanda no esté en lo más alto de su lista? La respuesta es no”, añadió Ardern.

16 países de la Unión Europea, Estados Unidos, Ucrania, Canadá, Noruega y Australia, han expulsado a más de 100 diplomáticos rusos como consecuencia de la campaña Skripal.

El antiguo espía Serguei Skripal fue encarcelado en Moscú tras su detención en 2006 por vender información en Londres. Fue canjeado por otro espía y rehizo su vida en Gran Bretaña, donde fue envenenado el mes pasado, junto con su hija. Desde entonces Londres, seguido por sus socios imperialistas, acusa a Moscú del envenenamiento, a pesar de que reconoce que carece de pruebas.

Antigua colonia británica y aliada incondicional en Londres, Nueva Zelanda ofreció su apoyo al gobierno de May pero reconoció que no podía hacer mucho en vista de la ausencia de actividad de espionaje ruso sobre su territorio.

Pero no hay que desesperar. En la radio Ardern advirtió que su gobierno “continuará evaluando qué medidas puede tomar para apoyar a la comunidad internacional después del ataque de Salisbury”.

Ya lo saben. En nuestras antípodas no apoyan a la comedia urdida por Londres, sino a la comunidad internacional. En otras palabras: no pueden circunscribir el caso Skripal a un sólo país, sino que pretenden involucrar al mundo entero.

Nueva Zelanda pertenece al club de los “Cinco Ojos”, una alianza del espionaje de Gran Bretaña, Canadá y Australia alrededor de la CIA y Estados Unidos.

¡Ultimo momento! Rusia culpable de la muerte de Manolete

Darío Herchhoren

Esta es la expresión que se usa en España cuando a alguien se le culpa de todos los males habidos y por haber.

Y esto es lo que se viene haciendo desde hace algún tiempo con Rusia. Primero se le acusó de interferir en las elecciones norteamericanas y de haber influido a favor del candidato Trump. Esto nunca se pudo probar, y el Congreso de los EEUU así lo declaró hace pocos días.Luego que intervino en las elecciones catalanas. Más tarde en las mejicanas. Y ahora en el atentado contra un ex espía doble que sirvió en el antiguo KGB soviético.

Hace 15 días un ex agente ruso y espía británico, el coronel Serguei Skripal y su hija fueron atacados por un gas nervioso en territorio inglés, según el gobierno británico.

Pero ¿quién es Serguei Skripal? Se trata de un ex coronel ruso, que servía en el servicio de inteligencia ruso, y que fue descubierto por dicho servicio espiando a favor del Reino Unido. Fue juzgado y condenado a una pena de 12 años de prisión, de los cuales cumplió dos tercios, ya que fue indultado por el gobierno ruso, siendo presidente de la Federación Rusa Medviedev, y primer ministro Vladimir Putin.

Dicho indulto fue forzado por la necesidad de rescatar a espías rusos presos en Inglaterra, y entre ambos gobiernos se acordó un canje de presos, y Skripal recobró la libertad y se estableció en el Reino Unido con su hija, donde vive en una pequeña población donde curiosamente se fabrican armas químicas. ¿Casualidad? No. Skripal prestaba servicios en esa planta de muerte.

El gas nervioso del cual fue aparente víctima Skripal se fabricaba en la URSS; pero también se fabricaba en otros 16 paises.

A la vista de todos estos datos, el gobierno ruso negó toda participación en el ataque químico, y solicitó al gobierno de Theresa May que le diera toda la información de que disponía, ofreciendo formar una comisión conjunta de investigación entre ambos países. Obviamente el gobierno británico se negó en redondo.

Pero en cambio envió un ultimátum al gobierno ruso para que en un plazo perentorio de 36 horas diera una información «creible» sobre los hechos.

Lo cierto es que Inglaterra no tiene ni una sola prueba objetiva de que Rusia estuviera involucrada en este presunto atentado. De hecho se habla de «casi con seguridad» el gobierno ruso es el autor del atentado. Es decir que no tienen nada.

Lo que si tiene el gobierno de Theresa May, es una formidable crisis e credibilidad, a consecuencia del «Brexit», y está en minoría en la Cámara de los Comunes, tiene graves problemas económicos, y tendrá que pagar una gorda suma de dinero para salir de la Unión Europea.

En estos casos no hay nada mejor que buscar un enemigo exterior, que sirva para soldar las grietas del propio cortijo, y Theresa May ha elegido ese camino, y ha expulsado a 23 diplomáticos rusos a los cuales acusa de pertenecer al espionaje ruso. Pero todos los globos terminan por desinflarse, y como ocurrió con el ex agente ruso Litvinenko, que fue envenenado con polonio, el gobierno británico utiliza la técnica del calamar: emborronar todo con tinta para que no se vea nada. Pero no le servirá de mucho, ya que Rusia devolverá el golpe. Manolete fue muerto por un toro y no por Rusia.

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