La web más censurada en internet

Etiqueta: Cultura popular (página 9 de 20)

El FBI manipula las películas de Hollywood para aparecer como héroes

El FBI asesora a Hollywood en sus producciones, con el fin de controlar y decorar su imagen pública ante la sociedad a través de la industria del cine, revela BuzzFeed News citando documentos desclasificados (*).

En los últimos 5 años, la Unidad de Publicidad y Asuntos Públicos del FBI ha jugado un papel importante en la producción de cientos de películas, programas de televisión, documentales e incluso telenovelas. Fuentes de esa dependencia no proporcionaron cifras exactas del número de producciones en las que han participado, pero indicaron que la cooperación del FBI con las empresas de entretenimiento avanza a un ritmo acelerado.

“La mayoría de las personas forma su opinión acerca del FBI, basándose en la cultura popular y no en una noticia”, señala uno de los documentos desclasificados. La Unidad de Publicidad y Asuntos Públicos atiende cientos de solicitudes de cineastas, productores o compañías cinematográficas o medios de comunicación de masas que piden asesoramiento para realizar sus trabajos de manera que “sean más realistas”.

Para los cineastas el asesoramiento es gratuito, y las consultas varían desde un intercambio informativo a través de correo electrónico hasta sesiones de varios días en la sede del FBI en Washington. Pero el buró no solo responde a las inquietudes de los cineastas, sino que también asume un papel proactivo en las cintas cuando surge la oportunidad de promover sus propios intereses.

Además, la publicación señala que la relación del FBI con Hollywood data de hace ocho décadas, y esa estrategia de marketing ha sido “notablemente” exitosa. Los documentos sugieren que el personaje ideal del FBI que tiene que aparecer en pantalla es la de una persona abierta, educada, y la de una agencia amigable que no espía, no realiza escuchas telefónicas ni viola los derechos civiles. En caso contrario, el buró niega su asesoramiento a menos que se corrija el guion.

(*) https://www.buzzfeed.com/arianelange/fbi-in-hollywood

Japón estrena una película dedicada a Freddy Maymura, el guerrillero que combatió con el Che

El filme “Ernesto”, una coproducción entre Japón y Cuba, llegó hoy a los cines de Tokio para relatar la vida de Freddy Maymura, guerrillero boliviano de origen nipón que combatió junto a Ernesto Che Guevara.

La cinta narra la historia de un hijo de inmigrantes japoneses en la nación andina, quien en los años 60 de la pasada centuria estudiaba Medicina en La Habana, y cuya vida cambió de manera radical al conocer al comandante argentino-cubano.

Maymura, marcado por ese encuentro, se alistó en el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, guerrilla a cargo del Che.

El director del filme, Junji Sakamato, declaró que el personaje lo impactó: “No se me iba de la cabeza ese joven, conocido también con el nombre de Ernesto, y que murió luchando junto al líder revolucionario”.

Sakamato descubrió a su protagonista mientras investigaba sobre la emigración ocurrida a finales del siglo XIX, por parte de japoneses, al país andino.

“Freddy me inspiró y así nació la película rodada en Cuba, y casi completa en español”, manifestó.

Freddy Maymura

El actor japonés, Joe Odagiri, de 41 años, fue el encargado de meterse en la piel del combatiente, por lo que adelgazó 12 kilos y aprendió el idioma con un acento boliviano.

Ha sido muy difícil para él, ya que no es nativo, pero lo más importante para los actores es transmitir sus emociones y eso lo ha hecho muy bien, comentó Sakamato de 59 años y realizador de filmes como Face (2000), con el que ganó el premio al mejor director de la Academia Nipona de Cine.

De igual manera, visitó a Cuba y Bolivia durante toda la preparación, aunque reconoce que no ha sido capaz de aprender español.

La visita de Ernesto Guevara a Hiroshima en el verano de 1959 es el episodio que da paso a la trama.

“En Japón Guevara también es un símbolo y a pesar de que muchos jóvenes de aquí no vivieron esa época, sienten el espíritu revolucionario del Che”, apuntó Sakamato.

Recordó que su equipo de filmación tenía las fotos del recorrido y los diarios del único periodista que cubrió la estancia del guerrillero en esa ciudad, pero “nunca se publicó la noticia, aunque sí se encontraron las notas del reportero”, reveló Sakamato.

Freddy Maymura murió en agosto de 1967 a los 25 años a manos del ejército boliviano.

Esta realización cubano-japonesa se estrenará el mes próximo, a la par, en la nación caribeña y en el país andino, pero llegó hoy a las pantallas de Japón a propósito del aniversario 50 de la muerte de Guevara y de Maymura.

http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/10/06/estrenan-en-tokio-pelicula-dedicada-a-freddy-maymura-guerrillero-junto-al-che/

En la Rusia capitalista el arte también se ha transformado en industria

Kirill Serebrenikov
El mundillo de la farándula está muy revuelto en Rusia. Vive sus horas más bajas porque son las más falsas de su historia. Se ha llenado de una “culturilla” de medio pelo, ese tipo de mercancía que es el equivalente en la cultura del serrín en la carpintería. La causa es el capitalismo, esto es, una imposibilidad absoluta: el intento de convertir el arte en una industria.

Si siguen las noticias de Rusia les habrá llegado el eco lejano de que el director de cine y de teatro Kirill Serebrenikov ha sido detenido y luego sometido a arresto domiciliario, lo que a algún medio cultureta ha aprovechado para lo de siempre, al más viejo estilo URSS: Putin es un dictador, en Rusia se persigue a los intelectuales díscolos, críticos, etc.

El caso es que Serebrinkov ha sido detenido por el delito de malversación de fondos públicos, es decir, por meter en un bolsillo indebido unos dineros que el Estado le dio para que desempeñara su función seudocultural; en otras palabras: Serebrenikov no era alguien ajeno al gobierno de Medvedev sino todo lo contrario (vivía del presupuesto público).

Si damos otra vuelta a la rosca habría que añadir que Serebrenikov se disponía a rodar una película sobre Viktor Tsoi, el icono del rock ruso por antonomasia que empieza con una falsificación de la realidad que, vista desde occidente, no puede ser más oportunista: Serebrenikov hace pasar al ídolo como un homosexual, lo cual es falso.

Podríamos sospechar, entonces, que se trata de otra campaña homófoba auspiciada por el Kremlin. Pero a la revista Shanghai y demás gacetilleros occidentales nadie les ha avisado de que aquí tienen carnaza para otra campaña como la de Chechenia. Ellos se lo pierden y nosotros nos quedamos frustrados con una mentira menos.

Para hacernos una idea: recientemente otro de los “escándalos” del cine ruso es la película (una superproducción financiada por el Ministerio de Cultura) del realizador A. Uchitel sobre las aventuras íntimas del último zar, Nicolás II, en la que quien encarna el papel imperial es un actor porno alemán. Ya saben cómo funcionan estos falsos “escándalos”, que no son otra cosa que publicidad gratuita y encubierta para ayudar a pagar el derroche de gastos que genera la basura seudocultural. A falta de estímulos de otro tipo, el morbo siempre vende.

Nikita Mijalkov
Cambiemos de tercio; pasemos a hablar de alguien mejor y más conocido en los medios cinematográficos occidentales, el gran Nikita Mijalkov, que ha abandonado -dando un portazo- otro nido de dinero: el Fondo con el que el gobierno ruso subvenciona determinadas películas (y no otras), administrado por un consejo de 16 personas al que acaba de llegar uno de esos personajes de la farándula moscovita, Natalia Timakova, que auna en su persona dos cargos simultáneos: ejerce portavoz del gobierno y es Directora General de Cine.

La explicación que Mijalkov expone en su despedida nada entre dos aguas, pero es muy interesante por lo sorprendente, ya que tiene poco que ver con la imagen que se expone en occidente del tipo de colaboradores, como Timakova, que rodean a Medvedev y, en última instancia, también a Putin.

Empecemos por explicar que el consejo que gestiona los fondos del cine ruso lo componen tanto tanto políticos -la mayoría- como integrantes del llamado “séptimo arte”. Mijalkov reconoce que Timakova es una persona cualificada, es decir, que si bien aterriza en el consejo por su condición de persona de confianza del Primer Ministro, Dimitri Medvedev, conoce de cerca el mundo del cine.

Sin embargo, el punto de vista “ideológico” de ambos es opuesto, añade Mijalkov, y Timakova va a imponerlos en el consejo porque tiene poder y competencias para ello. Lo que el cineasta quiere decir es algo así como que en Rusia la política se va a imponer al arte, una tesis muy repetida en todas las partes del mundo, mucho más que la otra tesis, la de que el dinero se va a imponer al arte, que se acepta resignadamente como si fuera una maldición que hay que aguantar, es decir, el arte está obligado a soportar la presencia del dinero pero no la de la política (ni siquiera cuando uno, el dinero, llega a través de la otra, la política).

Pero todo esto es un aburrido seudodebate. Lo mejor llega cuando Mijalkov sale de la rueda de prensa y a preguntas de un periodista afirma que “Timakova afronta numerosas cuestiones corrientes con una rusofobia latente”. ¿Es rusófoba la portavoz del gobierno ruso?, ¿de un gobierno calificado de nacionalista?, ¿de qué está hablando Mijalkov?, ¿quién es Timakova?

El choque entre ambos, Mijalkov y Timakova, refleja el dilema en el que se mueven los círculos ideológicos dominantes en Moscú. El cineasta expresa la aversión (por no decir repugnancia) de grandes masas de la sociedad rusa actual contra políticos del estilo Timakova que hace 25 años en Madrid hubieran calificado de “beautiful people”.

Para entendernos, Timakova es como Carmen Alborch cuando era ministra de Cultura del PSOE; gente exquisita que se viste de gala para la ópera o la galería de arte, con la diferencia de que la rusa (y su marido Alexander Budberg) forman parte de los círculos “liberales”, o “neoliberales”, o “ultraliberales” que en Rusia son aún más indeseables que aquí.

En Rusia a estos círculos se los asocia con los tiempos duros de Yeltsin y Gaidar, cuando la liquidación del socialismo cayó como un fardo sobre las costillas de los trabajadores, los cooperativistas, los pensionistas, los funcionarios… En las altas esferas, a los críticos de aquella etapa, como al mismo Putin, se los considera nacionalistas, partidarios de la autarquía, las empresas públicas, etc.

En lo sustancial, desde 1999 Putin depuró implacablemente a aquella costra de vividores, pero en absoluto se desprendió totalmente de ella que está muy presente en altos cargos del gobierno y la administración, ciertos medios de comunicación opositores, empresas, universidad…

En el terreno cultural (por llamarlo de alguna manera), si el cine se convierte en una industria (como cualquier otra), se somete a las leyes del mercado, que son las del más fuerte, es decir, las de Hollywood, por lo que ocurrirá como en todo el mundo: las salas se llenan de ese tipo de cine insufrible, taquillazos que lo mismo se exponen en Moscú, que en Madrid o en Tegucigalpa.

La cultura es nacional; la industria es internacional (“global”). Ahora bien, no se confundan: una industria internacional es como la socorrida “comunidad internacional” o la “coalición internacional” que masacra Siria, o sea, Estados Unidos.

Mijalkov quiere otra cosa; quiere financiar cine ruso.

La portavoz del gobierno ruso, Natalia Timakova, con su marido Alexander Budberg

Irán separa a dos futbolistas de la selección por jugar contra un equipo israelí

Los futbolistas iraníes con la camiseta del Panionios
El ministro iraní de Deportes Mohammad Reza Davarzani acaba de anunciar que aparta a dos futbolistas de la selección nacional por enfrentarse con su club, el Panionios griego, a un equipo israelí, contraviniendo las normas de Irán.

“Ehsan Haji Safi y Masoud Shojaei ya no forman parte de la selección de Irán porque han traspasado una línea roja”, declaró el ministro Davarzani a la cadena pública Irib.

Los dos futbolistas, en las filas del Panionios de Atenas, rechazaron participar a finales de julio en el partido de ida de la tercera ronda previa de la Europa League frente al Maccabi Tel-Aviv.

Sin embargo, sí disputaron el partido de vuelta, celebrado la pasada semana en Grecia. “Estos últimos 38 años [desde la Revolución de 1979] ninguno de nuestros deportistas ha aceptado enfrentarse a deportistas del régimen sionista […] Ni siquiera en los Juegos Olímpicos”, precisó el ministro iraní.

“Ahora dos futbolistas han ignorado esta cuestión debido al compromiso que tienen con su club, pero ¿dónde está su compromiso con la gran nación de Irán?”, agregó el mandatario.

El vicepresidente de la asociación de fútbol del país, Ali Kafashian, dijo la semana pasada en unas declaraciones al portal Mizan Online que los dos futbolistas “deberían haber renunciado a jugar aunque eso hubiese supuesto la anulación de sus contratos”.

Dos compañeros de la selección, Ali Karimi y Mehdi Taremi, defendieron a los dos expulsados asegurando que no tenían más opción que disputar dicho partido.

En su cuenta de Twitter el ministro de Asuntos Exteriores de Israel elogió a los futbolistas iraníes porque habían “roto un tabú”.

A principios de esta semana, el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de Irán recomendó a los deportistas que desarrollan su carrera profesional en extranjero que dejen claro en sus contratos que no se medirán a rivales israelíes.

Israel e Irán no mantienen ninguna relación diplomática. El gobierno de Teherán estima que participar en una cita deportiva contra atletas israelíes equivale a reconocer el Estado de Israel y, por consiguiente, abandonar la causa palestina.

Si cae el ‘villarato’, lo siguiente es el diluvio

B.

En efecto, y como «conspiranoicos» seguidores del dicho que dice: «piensa mal y acertarás», que así nos han enseñado en medio de patrañas y mentiras, que nacimos inocentes y los vivires nos convirtieron en escépticos, al decir de Rousseau, estamos por decir, conscientes del riesgo de que se nos tome a chacota y cachondeo, de que si cae el máximo jerifalte, Villar, del «Planeta Fútbol» (él diría «furbo»), la única religión verdadera, ese opio, lo siguiente es el caos y el acabose, señores.

Hace tiempo que le buscan las cosquillas a Villar y es justamente ahora que le detienen (incluido su hijo, Gorka, factótum de casi todo el tinglado y mangancias). ¿Por qué? Pues según nuestras conspiranoias patafísicas, para hacer ver que el Estado español es tan fuerte y democrático que hasta el pope Villar puede ser susceptible de ser imputado por corrupción. Eso ha dicho el «portacoz» del Gobierno, que nunca recuerdo su nombre. Y lo dice como diciendo, subliminalmente, si  podemos con esto, que es lo más de lo más, el non plus ultra, (Florentino es intocable), ¿cómo no vamos a poder con los (putos) secesionistas catalanes (de mierda)? Con la ley (?) en la mano, eso sí.

Conclusión: están dando patadas al independentismo catalán en diversos y variopintos culos, esta vez Villar.

No me den ahora la razón, esperen a la publicidad. En seguida volvemos.

Bon apetit.

La CIA estudia a los teóricos franceses: cómo desmantelar a la izquierda cultural

Michel Foucault
Gabriel Rockhill

Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.

De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intricada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.

La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro “Radical History & the Politics os Art”).

Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield.

Jacques Derrida
La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creación teórica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigación de 1985 recién publicado, titulado “Francia: la deserción de los intelectuales de izquierda”, examina –indudablemente con el fin de manipularla– a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeñaba en la configuración de las tendencias que generan la línea política. El informe, a la vez que sugería que en la historia de la intelectualidad francesa existía un equilibrio ideológico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial –al que, como sabemos, se oponía de modo furibundo la CIA– a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en último término, permitió ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribución directa a los campos de exterminio nazis, así como su agenda xenófoba, anti-igualitaria y fascista (según las propias palabras de la CIA), los agentes secretos anónimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la década de los setenta.

Más concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuyó a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus críticas y las dirigieran a la Unión Soviética. Por parte de la izquierda se produjo una desafección gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del partido socialista. Más hacia la derecha, los oportunistas ideológicos a los que se denominaba Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña mediática descarada de difamación contra el marxismo.

Mientras otros tentáculos de la organización de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democráticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiación a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrón parisino de la CIA recogía información sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la política exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente críticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicación que ejercía la crítica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel –como fundador de Libération– a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en París y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.

Por el contrario, el ambiente antisoviético y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvió para desviar el escrutinio público y proporcionó una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al “dificultar en extremo cualquier oposición significativa de las élites intelectuales a las políticas estadounidenses en América Central, por ejemplo” […]

Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crítica que una nueva generación de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y Jean-François Revel desencadena contra “la última camarilla de eruditos comunistas” (compuesta, según los agentes anónimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinación izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolución política personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestión de “evolución” y de reconocer que la transformación social igualitaria es algo del el pasado, personal e histórico […]

Es en este contexto donde debemos situar la afición de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversión y su profundo aprecio por los “marxistas reformados”, un leitmotiv transversal al informe de investigación sobre los teóricos franceses. “A la hora de socavar el marxismo –escriben los agentes infiltrados– son aún más eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teoría marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradición marxista”. Citan en particular la enorme contribución realizada por la Escuela de los Annales, de historiografía y estructuralismo –especialmente Claude Lévi-Strauss y Foucault– a la “demolición crítica de la influencia marxista en las ciencias sociales”. Foucault, a quien se refieren como “el pensador francés más profundo e influyente”, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filósofos que “la teoría social racionalista de la Ilustración y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas”. Aunque sería un error echar por tierra las políticas o los efectos políticos de cualquiera basándose en una sola posición o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuación del chantaje del Gulag –es decir, la afirmación de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformación social y cultural solo resucitan la más peligrosa de las tradiciones– están perfectamente en línea con las estrategias generales de guerra psicológica de la agencia de espionaje […]

La obra de figuras como Foucault, Derrida y otros teóricos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crítica profunda y sofisticada que presumiblemente va más allá de cualquier relación con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglófono acogió la obra de los teóricos franceses, como acertadamente ha señalado John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad política, las tecnicidades cautelosas de la lógica y el lenguaje, o al conformismo ideológico puro activo en las tradiciones de la filosofía anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prácticas teóricas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denominó la tradición de la crítica radical –la resistencia anticapitalista y antiimperialista– ciertamente contribuyeron al alejamiento ideológico de la política transformadora. Según la propia agencia de espionaje, los teóricos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando así un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crítico serio por parte de la intelectualidad.

Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicológica de la CIA, la organización no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de producción y distribución cultural. De hecho, su estudio sobre los teóricos franceses señala el papel estructural que desempeñan las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y consolidación de un ethos político colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberían invitarnos a pensar críticamente sobre la actual situación académica del mundo anglófono y otros lugares, los autores del informe destacan cómo la precarización del trabajo académico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga más o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas.

André Glucksmann
 Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalización de la educación superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientíficos integrados en el aparato capitalista, más que en ciudadanos autónomos con herramientas solventes para la crítica social. Los mandarines teóricos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francés por “presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios técnicos y empresariales”. También señalan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicación de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria […]

El informe debería servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningún poder y que nuestras orientaciones políticas carecen de importancia, la organización que se ha convertido en uno de los agentes más poderosos del mundo contemporáneo no lo ve así. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irónicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, algo que deberíamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer erróneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el “mundo real”, no solo malinterpretamos las implicaciones prácticas del trabajo teórico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos políticos de los que fácilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nación y el aparato cultural francés proporcionan a los intelectuales una plataforma pública mucho más significativa que muchos otros países, la obsesión de la CIA por cartografiar y manipular la producción teórica y cultural en otros lugares debería servirnos a todos como llamada de atención.

En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder están particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visión crítica esté atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientíficos, que equipare las políticas de izquierda-derecha con lo “anticientífico”, que relacione la ciencia con una pretendida –pero falsa– neutralidad política, que promueva los medios de comunicación que saturan las ondas hertzianas con cháchara conformista, aísle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones académicas y de los focos mediáticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformación ecológica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, esté neutralizada, inmovilizada, apática y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crítica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposición intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo académico estadounidense, una postura política peligrosa: ¿acaso no es cómplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?

En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarización y profesionalización de la educación. Similar importancia tiene la creación de esferas públicas que posibiliten un debate realmente crítico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. También necesitamos unirnos para contribuir a la creación o el mayor desarrollo de medios de comunicación alternativos, diferentes modelos de educación, instituciones alternativas y colectivos radicales […]

http://www.investigaction.net/es/la-cia-estudia-a-los-teoricos-franceses-como-desmantelar-a-la-izquierda-cultural/

El león del desierto

La película, estrenada en 1981, relata la biografía de Omar El-Mojtar, un anciano combatiente que se levanta en armas contra los colonialistas -y fascistas- italianos. El levantamiento fracasa y el anciano guerrillero, que interpreta con su habitual maestría Anthony Quinn, es capturado y ahorcado públicamente.

Hasta hace apenas 100 años, Libia era una parte del Imperio Otomano de la que se apoderó Italia. Desde el principio las diferentes tribus del norte de África se opusieron ferozmente a los nuevos amos. Los libios estaban organizados en cofradías o hermandades de tipo feudal, donde los religioso, lo político, lo militar y lo social se fundían.

Las guerras de Libia corrían paralelas a las del Rif, donde los colonialistas españoles enviaron a sus peores carniceros, los legionarios, encabezados por generales como Millán Astray o Franco. Los italianos enviaron en 1932 al general Rodolfo Graziani para aplastar el levantamiento armado de Omar El-Mojtar, “El jeque de los militantes” y “El león del desierto”.

Diez años después de llegar los fascistas al gobierno, Graziani logró capturar a El-Mojtar y lo encerró en el Palacio del Gobierno de Bengasi, a donde fue a visitarle. ¿Quién era aquel anciano indomable que durante años había mantenido la guerra de guerrillas contra el poderoso ejército colonial fascista?

El libro de memorias del general italiano, “Cirenaica pacificata”, escrito al año siguiente, rememora el encuentro. Describe al anciano como un viejo modesto, disminuido y con los pies deformados por la enfermdad de gota que padecía. A pesar de ello, los fascistas le mantenían esposado y encadenado. Cuando el general se acerca, el anciano le tiende la mano, que el otro rechaza. Los fascistas no admiten ninguna clase de treguas.

El colonialismo ejerció de juez y parte abriendo un consejo de guerra contra el guerrillero, que fue presidido por Graziani en persona. Fue la típica farsa que duró una hora y media. En el interrogatorio éste le dice que miles y miles de libios han muerto por su culpa. “¿Merecía la pena?”, le pregunta:

El-Mojtar: Han muerto al servicio de una buena causa. Están en el paraíso
Graziani: Eso es fanatismo religioso.
El-Mojtar: No, eso es fe.

En un momento dado del intercambio, el anciano se siente fatigado y le pide un asiento al general italiano, que accede:

Graziani: Siéntate y escucha. Aún puedes salvar tu vida. Con tu autoridad, ¿puedes lograr la sumisión de los rebeldes de Djebel?

El-Mojtar: Estando preso no puedo hacer nada y, por lo demás, jamás haría eso. Todos hemos jurado morir, uno tras otro, pero no someternos. Yo jamás me sometería por mi propia voluntad. Eso es seguro.

Al día siguiente, los italianos ahorcaron al anciano en el campo de concentración de Soluk ante una muchedumbre de 20.000 personas. Subió al cadalso sujetando sus gafas entre las manos, que se le deslizan de ellas tras el último aliento.

En la escena final de la película, un niño corre hacia el cadáver que cuelga de la soga para recuperarlas, una metáfora de la continuidad de la lucha contra el colonialismo -y el fascismo- en los tiempos que corren. Mueren los héroes ancianos, pero su lucha la continúan desde la infancia otros héroes.

La próxima guerra nuclear a algunos les quedará muy lejos

Desde hace unos diez años, Nueva Zelanda vive un auge inmobiliario espectacular que tiene poco que ver con el ladrillo o la especulación propia de los bienes raíces. Ni siquiera se trata de compraventas de terrenos sino de islas remotas; cuanto más remotas mejor.

Los compradores tampoco son los típicos turistas que se quieren comprar un chalet, embobados por el paisaje de El Señor de los Anillos o una naturaleza virginal y exhuberante. No quieren sol y playa. Se trata de grandes multimillonarios que buscan un refugio apartado de todo, un lugar que no aparezca ni siquiera en los mapas más detallados.

Los grandes multimillonarios, ancianos decrépitos como Ted Turner, Benetton o el mismo Soros, temen el estallido de una guerra nuclear y buscan un agujero al que las bombas no alcancen. Algunos llevan años comprando tierras en la Patagonia argentina, pero últimamente se inclinan por el Pacífico sur.

Se trata de destinos a los que -según creen esos viejos- ninguna bomba apunta y a donde es posible que la radiación nuclear llegue muy atenuada, casi imperceptible. Creen que Nueva Zelanda o las islas Fidji reúnen esas condiciones.

Ellos, que son quienes conducen al mundo hacia la guerra, quieren que sean otros quienes paguen las consecuencias. Durante la ola de paranoia de la Guerra Fría y la caza de brujas del senador McCarthy, construyeron en los sótanos de sus mansiones refugios nucleares. Ahora el hormigón armado ya no es suficiente para soportar las nuevas armas.

Los millonarios han elaborado planes de evacuación para la eventualidad de una guerra nuclear, cuyo riesgo ellos conocen mejor que nadie. Por ejemplo, ante la posibilidad de una estampida en masa que al comienzo de la guerra colapse los medios públicos de transporte, en Estados Unidos compran ranchos remotos, en lugares como Montana o Hawai, desde el que poder abandonar el país.

La última película (la última tara, más bien) de la factoría Disney, terminada a finales del pasado año, descubre los más remotos rincones del Pacífico a través de Vaiana, la protagonista, en un relato ambientado hace miles de años, porque en las paranoias propias de la subcultura estadounidense, el futuro no es un progreso hacia delante sino un retroceso.

En Hollywood se han rodado miles de películas, como El Planeta de los Simios o Terminator, cuyo argumento es ese: cualquier tiempo pasado fue mejor, la próxima guerra nuclear nos conducirá hacia la prehistoria, etc., etc., etc. De lo que no nos hablan es de lo que podemos y debemos hacer para impedirla.

Las ‘cosillas’ de vivir en un Estado fascista

Se ha armado revuelo a cuenta de la no-cesión del, por decirlo suavemente, ultraderechista Zozulya al Rayo y las protestas de su hinchada, mayoritariamente antifascista. Ciertamente, la mal entendida normalidad democrática del país exigía que Zozulya llegara a Vallekas, besara el escudo y aquí paz y después gloria.

Aunque nos repitan machaconamente que fútbol y política han de permanecer separados, como si el fútbol no se jugara en la polis y sí en una especie de vacío o limbo terrenal, hete aquí que pueden permanecer indisolublemente unidos, fútbol y política decíamos, si es caso de lavarle la cara a un sujeto neonazi y amigo de la guerra. Entonces sí, bienvenido sea el casamiento. Como cuando los palcos se llenan de políticos, perdón, autoridades, prestos a hacer negocietes.

Que la protesta de una afición de un barrio obrero que no quiere nazis en sus filas sea motivo de alarma, polémica y querella por parte de Tebas revela significativamente la naturaleza fascista de España. ¿Civismo? ¿Educación para la ciudadanía? Debería ser el propio Tebas, por su militancia en Fuerza Nueva, aquella banda de matones neofranquistas de camisa azul, quien debería estar inhabilitado para ejercer un cargo como el que ostenta y ser motivo de querella por una trayectoria nauseabunda en el ejercicio de sus funciones, desde las leyes concursales hasta su postura en el caso de Jimmy. Pero Franco venció en el 39, y de aquellos polvos estos lodos.

Y es que mientras se cumple un año de la razzia contra miembros de Indar Gorri, inmersos aún en proceso judicial y tachados de “banda criminal”, quienes sí  cuentan con dos muertos en su haber, el Frente Atlético, mostraban su pancarta en Gasteiz en la anterior jornada de liga. ¿Tebas? Silencio. ¿La Liga? Denunciando el cántico de Iraultza ‘¡Frente Atlético, asesino!’

Unos días después, a su vuelta a Sevilla, Zozulya era recibido como un héroe por los ultras béticos, los mismos que jaleaban los malos tratos de Rubén Castro  a su mujer. Es decir, ni siquiera respetaron su presunción de inocencia, sino que directamente legitimaron la violencia contra las mujeres. Casualidad, otro jugador, Lucas Hernández ha sido acusado de agredir a su pareja, siendo el propio Tebas quien llamara a respetar su presunción de inocencia, porque “esto pasó de madrugada y estamos por la mañana y casi queremos una condena”. Basta con apreciar qué actores tendrán una querella encima de la mesa y quiénes no para adivinar a quién quiere condenar (y a quienes absolver) el amigo Tebas. He ahí su vara de medir, por no decir podredumbre, ideológica.

Mención aparte para la prensa, que obvió interesadamente el comunicado de la plataforma de las peñas rayistas para centrarse en criminalizar a Bukaneros. Mientras, nos queda la duda de que haya sido el propio presidente del Rayo, Presa, una suerte de omnipresente cacique según narran las crónicas de sus aficionados, quien haya orquestado toda esta jugada para ponerles en el disparadero una vez más.

Por otro lado, en casa hemos tenido que aguantar cómo Deia y El Correo tachaban a Zozulya de “supuesto” ultraderechista. De paso, Deia nos hablaba de otra gente que tuvo presiones a la hora de fichar por un club, como Salva o Zubikarai. Olvidaba el diario jeltzale, quién sabe si deliberadamente, a Paul Abasolo, condenado por malos tratos y más tarde incomprensiblemente indultado por ZP. ¿Por qué? El populacho, esos mal pensados, sospechan de la alta cuna del abusador y la presión política de la derecha vasca. Mientras, el presidente del Portu defendía su fichaje y echaba balones fuera con ETA. De donde vienes, manzanas traigo.

En todo caso, y volviendo al caso del futbolista ucraniano, ¿qué iban a contarnos estos medios tras su cobertura de la guerra en Donbass y las “democráticas protestas” en el Maidan? La filiación neonazi y las loas al Batallón Azov por parte de Zozulya han pasado de puntillas, de ahí que Tebas declarara “parece que de geopolítica y de guerra ucraniana sabemos todos y aprendemos todos rapidísimamente. Dios quiera que este país no tenga una situación como tuvo Ucrania”. ¡Evidencias a Tebas! Él sí que conoce bien la realidad ucraniana, aunque nos hable en pasado y obvie los bombardeos de esta misma semana.

Inferimos, pues, que la normalidad reside en mantener vivo y legitimar el orden ultraderechista, sea en Ucrania o en España. Retorcer la realidad para que el verdugo se convierta en víctima de la “coacción” es lo de menos. Lejos queda aquello de “para ser demócrata hay que ser antifascista”.

https://alabinbonban.wordpress.com/2017/02/04/cosillas-de-vivir-en-un-estado-fascista/

Se desploma la audiencia de las tertulias políticas en la tele

Los programas de tertulia política en la tele, que estuvieron de moda durante el 2015 multi-electoral y el 2016 de desgobierno, están perdiendo audiencia a un ritmo trepidante. Las cadenas de televisión han logrado saturar y aburrir a los espectadores y la continua invocación de “escándalos” de corrupción y las tonterías de “vedettes” como Inda, Maruhenda, Pablo Iglesias o Revilla no logran atraerlos de nuevo.

Los espacios de debate se alimentaron durante meses de la incertidumbre y la agitación que rodeaban al panorama político español; y su audiencia alcanzó cotas especialmente altas en vísperas de las citas electorales más interesantes o cuando los partidos comenzaron a moverse para intentar alcanzar pactos de gobierno. Pero, una vez que Rajoy fue investido y todo volvió a la normalidad (dentro de lo que cabe), su guión perdió atractivo. Y su audiencia se ha resentido.

En diciembre Al Rojo Vivo, el informativo presentado por Antonio García Ferreras en La Sexta, registró una audiencia del 10,15 por ciento, frente al 12,17 por ciento que consiguió en el mismo periodo de 2015. Durante los primeros días de enero, ha logrado una cuota de pantalla del 10,7 por ciento, frente al 12,9 por ciento del primer mes de 2016.

La caída de Las Mañanas de Cuatro ha sido mucho menor, pero sus datos en diciembre (10,27 por ciento frente a 10,7 por ciento) y enero (10,6 por ciento frente a 11,3 por ciento) también han sido más bajos que el año pasado, cuando se celebraron elecciones generales en España.

Durante los últimos meses García Ferreras ha perdido la ventaja de la que disponía frente a Javier Ruiz. De hecho, en diciembre y en lo que va de enero, ambos programas han estado parejos, en cuanto a cuota de pantalla.

El bajón de los programas políticos también lo ha notado La Sexta Noche, uno de los espacios que más popularidad adquirió cuando el bipartidismo comenzó a resquebrajarse. La tertulia presentada por Iñaki López logró en noviembre una cuota de pantalla de 8,95 puntos, frente a los 10,5 que obtuvo en el mismo mes del año anterior. En diciembre, registró 8,93 (-1.67 por ciento) y, en la primera parte de enero, 8,05 (-3,15).

Las tertulias televisivas no han sido las únicas que han perdido fuelle durante este periodo. También lo han hecho los informativos. En concreto, los noticiarios de las cadenas privadas generalistas registraron una audiencia media de 8.020.000 espectadores en noviembre de 2016, frente a los 8.502.000 del mismo mes del año anterior. En diciembre, también cayó: 7.584.000 seguidores por los 7.977.000 del último mes de 2015.

El pasado diciembre los noticiarios de La Sexta perdieron 175.000 espectadores (-1,6 de share), mientras que los de Telecinco, 164.000 (-0,8), Antena 3 121.000 (-0,8) y Cuatro, 109.000 (-1 por ciento).

Esta tendencia negativa también ha afectado a Wyoming que, si alguna vez tuvo gracia, ya no la encuentra por ninguna parte. En noviembre, El Intermedio logró un share de 10,8 puntos, frente a los 12,2 del mismo periodo del ejercicio anterior. En diciembre, de 8,85 (10,9). Y, en lo que va de enero, de 7,6 (11,03).

http://www.vozpopuli.com/medios/politica-television-pierden-audiencia-tertulias_0_992002084.html

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies