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‘Working class a hero’

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado total de desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando en los bolsillos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban a toda ostia un cristal rojo, a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuanto estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.

Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo o de cualquier color más o menos indefinido superponiendo tres o cuatro cristales. Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema. Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana.

Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de confusión de las lenguas, pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de acabar todos sonajas, el orden, las reglas del juego y tal y tal. Esto último, sobre todo.

Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales si alguno carecía de algún vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir a sus propios enemigos para que se lo prestaran de acuerdo con su necesidad del momento. Sólo el León, que por entonces era Presidente de la Selva, se reía de unos y otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco lo suyo, por divertirse. De esa época viene el dicho de que «todo Camaleón es según el color del cristal con que se mira».

‘Incitación al nixonicidio’, testamento poético de Pablo Neruda

El 23 de septiembre de 1973 el Cementerio Central de Santiago se llenó de gente, de claveles rojos y de obreros cantando La Internacional para dar el último adiós al poeta comunista (en 1945 ingresó en el Partido Comunista de Chile) Pablo Neruda. Dos años antes enfermó gravemente de cáncer. Pero más le quebraron las embestidas del imperialismo yanki y los sabotajes internos contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende y su «socialismo a la chilena». Poco antes, en octubre de 1971, recibía en Suecia, a los 67 años de edad, el Premio Nobel de Literatura festejado en todo Chile. Pero un clima preocupante ya sobrevolaba por las amplias alamedas santiagueñas, que culminó el el «pinochetazo» de 11-9-73. Esto, su enfermedad y ver cómo los milicos destrozaban con saña su casa de Isla Negra acabó con él, pero tuvo tiempo, siendo embajador de Chile en París, de ajustar cuentas con el criminal presidente Nixon en su “Incitación al nixonicidio” del que reproducimos algunos versos. Y ahora, ¡firmes, que el poeta va a disparar!

Comienzo por invocar a Walt Whitman

Es por acción de amor a mi país
que te reclamo, hermano necesario,
viejo Walt Whitman de la mano gris,
para que con tu apoyo extraordinario
verso a verso matemos de raíz
a Nixon, presidente sanguinario.
Sobre la tierra no hay hombre feliz,
nadie trabaja bien en el planeta
si en Washington respira su nariz.
Pidiendo al viejo bardo que me invista,
asumo mis deberes de poeta
armado del soneto terrorista,
porque debo dictar sin pena alguna
la sentencia hasta ahora nunca vista
de fusilar a un criminal asdiente
que a pesar de sus viajes a la luna
ha matado en la tierra tanta gente,
que huye el papel y la pluma se arranca
al escribir el nombre del malvado,
del genocida de la Casa Blanca.

La herencia

Así Nixon comanda con napalm:
así destruye razas y naciones:
así gobierna el triste Tío Sam:
con asesinos desde sus aviones,
o con dólares verdes que reparte
entre politijarpas y ladrones,
Chile,te colocó la geografía
entre el océano y la primavera,
entre la nieve y la soberanía
y ha costado la sangre de la gente
luchar por el decoro.Y la alegría
era delito en tiempo precedente.
¿Recuerdan las masacres miserables?
Nos dejaron la patria malherida
a golpes de prisiones y de sables!

A verso limpio

Horademos a Nixon,el furioso,
a verso limpio y corazón certero.
Así, pues,decidí que falleciera
Nixon, con un disparo justiciero:
puse tercetos en mi cartuchera.
Y por los tribunales venideros,
abriendo puertas, cruzando fronteras,
recluté hombres callados y severos,
caídos en sangrientas primaveras.

Paz, pero no la suya

¡Paz en Vietnam! ¡Mira lo que has dejado
adentro de esa paz de sepultura
llena de muertos por ti calcinados!
Con un rayo de eterna quemadura
preguntarán por ti los enterrados
Nixon, te encontrarán las manos duras
de la revolución sobre la tierra
para humillar tu pálida figura:
será Vietnam que te ganó la guerra.
Nixon, ¡no creo en tu vencida paz!
Tu invasión fue vencida y fue diezmada
cuando ya no podías perder más.
Y cuando tus aviones homicidas
caían como moscas abatidas
por los disparos de la libertad!
Es la victoria de Ho Chi Minh ausente
la que obligó a tu mano ensangrentada
a confirmar la paz de esos valientes.

Diario de loros

Y desde Nueva York el dirigente
es el gerente de la Pepsicola:
Instruye desde allá sus carcamales.
Pontifica “El Mercurio” cada día:
Nixon le dicta los editoriales.
Es un diario “chileno” ¡Mama mía!
Ay qué cinismo, qué melancolía
la de estos loros de pajarería!

Con la centella

Pueblos, mirad el horizonte claro
y con nosotros el joven Lautaro.
Pueblos, el mundo nuestra llama sigue
y con nosotros va Manuel Rodríguez.
Pueblo, no volveremos al pasado
porque va Balmaceda a nuestro lado.
¡Venceremos! El pueblo es soberano
y su mano decide la centella
en la defensa del género humano:
En la noche del mundo nuestra estrella,
la veneran los pueblos más lejanos!

Mi compañero Ercilla

Comencé con Walt Whitman, viejo hermano
del antiguo esplendor americano.
Vino Walt Whitman y me dio la mano.
Ahora llamo a un noble compañero:
entre todos y todo fue el primero
don Alonso de Ercilla, el duradero.
Lo llamo a la batalla y a la esperanza,
a la Revolución y a mi Alabanza
y termino con él en compañía,
cantando a coro y a plena alegría:
la misma antigua lucha esplendorosa
viene del fondo de la Araucania
y nuestra poesía no reposa.

El León de Belfast califica de ‘fascistas’ el confinamiento y demás medidas políticas contra la pandemia

El irlandés Van Morrison ha saltado a la arena grabando tres canciones contra el confinamiento y otras medidas políticas represivas impuestas con el pretexto de la pandemia.

El conocido cantante califica dichas medidas como “fascistas”. Asegura que carecen de fundamento científico y ha desafiado al ministro de Sanidad de Irlanda del norte, Robin Swann, para que las revele a fin de que estén abiertas al escrutinio público.

En su página de Facebook el cantante escribe: “Hoy le pido al ministro de Salud de Irlanda del Norte que muestre todas las pruebas científicas que tiene a mano al pueblo de Irlanda del Norte para que puedan estar abiertas al escrutinio público”.

“Acepto que no soy un epidemiólogo, pero por supuesto él tampoco lo es. Sin embargo, estoy más que dispuesto a presentar las pruebas a intelectos eminentes dentro de este campo de la medicina, ya que al hacerlo podemos encontrar soluciones útiles a los muy graves problemas que enfrentamos ahora como sociedad.

“Es su trabajo probar la ciencia, no el mío. Simplemente la estoy cuestionando”.

Hace ya un mes que Van Morrison dijo que en torno al virus se había formado una “seudociencia” está tratando de reunir a los músicos en una campaña para restaurar los conciertos de música en vivo con el público a pleno rendimiento.

El ministro ha saltado en la revista Rolling Stone y en lugar de hacer lo que Morrison le pide, que ponga las pruebas encima de la mesa, larga la consabida letanía de los políticos cretinos, que es la misma en todo el mundo: el cantante es un conspiranoico, han muerto muchas personas y bla, bla, bla, bla, bla…

En una de sus últimas canciones “No More Lockdown” (No más confinamiento), el León de Belfast afirma que los científicos del Imperial College inventan “hechos torcidos”:

“No más confinamiento
no más abusos del gobierno
no más matones fascistas
perturbando nuestra paz
fingiendo que es por nuestra seguridad
cuando en realidad es para esclavizar”

https://www.belfastlive.co.uk/news/van-morrison-releases-statement-hitting-19010733

Consulta al Dr. Pueblo

En el siglo IV de esta era, el Imperio romano administraba las prefecturas de Bretaña, Galia, la Galia Narbonense, Hispania, Lusitania, Dacia y Macedonia. En el siglo IX, el reino inglés lo componían Sussex, Essex, Kent, Wessex, Mercia, Estanglia, Northumbria, Cumbria, Lothian y Domnonea.

Si nos vamos a los príncipes alemanes, tenemos a Mecklemburgo, Brandemburgo, Lusacia, Polonia, Silesia, Bohemia, Sajonia, Baviera, Tirol, Palatinado, Hessen, Pomerania, etc.

En el siglo XV existió el Estado de Borgoña, configurado por los ducados de Lotaringia, Luxemburgo, Brabante, Gueldres, el condado de Hainaut y los obispados de Utrecht y Lieja.

Si nos detenemos en el imperio austrohúngaro, la lista es interminable, pero ya sus topónimos y la exonomástica nos «suenan» más: Valaquia, Anatolia, Besarabia, Moldavia, Transilvania y los pueblos eslavos como los serbios, bosnios, croatas, checos, eslovacos, eslovenos, rutenos (ucranianos)… Dejaremos Italia, Bélgica, Suiza, Escandinavia, la Rusia de los zares, Irlanda, los Estados Pontificios y hasta Prusia.

Lejos de mí afirmar que todo este cúmulo de nombres eran naciones, pero sí que formaban eso que acuñó la burguesía en su fase revolucionaria y se conoce como «pueblo». Fueron distintos procesos históricos de unificación (y lo contrario) lo que las hizo constituirse en naciones. Antes eran estados más o menos sólidos o embrionarios y luego naciones. O no (desaparecieron, simplemente).

Se suele hablar -impropiamente- de la «nación india» (no la hindú) o de la «nación judía», pero no lo son. Es más correcto hablar de, por ejemplo, el Estado de Israel y no digamos de Palestina con todo su aval milenario.

Llegados a este punto, resulta inevitable traer a colación el País Vasco o, más de actualidad, Catalunya, y volver a recordar lo que todo el mundo sabe, esto es, que son naciones (sin estado) históricamente formadas, surgidas sobre la base de la comunidad de idioma, territorio, vida económica y de psicología. Lo único que no tienen, aparte de libertad y democracia, es una Liga de fútbol propia. Se niega la palabra a estos pueblos, y podría llegar el día en que quienes hoy niegan el derecho de autodeterminación, lo reclamarían si se diera una situación irreversible. Pero está en el gen fascista de este régimen negarlo y, mientras tanto, joder.

Paul Robeson: un ejemplo de censura de la música revolucionaria que se ha prolongado hasta hoy

Al comienzo de la Guerra Fría, una chusma racista atacó un concierto de Paul Robeson en las afueras de Peekskill, una localidad del norte del estado de Nueva York. Podemos imaginarnos la agresión con cualquier imagen de la actualidad de Estados Unidos.

Robeson ya no es la leyenda que fue en los años cuarenta. Era hijo de un antiguo esclavo convertido en pastor y una madre cuyos antepasados esclavos se habían casado con indios de Delaware y cuáqueros blancos.

Había nacido en 1896, creció en Nueva Jersey y asistió a la Universidad de Rutgers, que el año pasado celebró el centenario de su graduación con todos los honores. Robeson destacó en todo: en los estudios, en el deporte y en la música.

Hubiera sido un americano perfecto si no hubiera sido negro. Como cantante triunfó en Estados Unidos y en Europa. En la URSS recibió el Premio Stalin. El público nunca había escuchado una voz como la suya.

También era un actor de gran fuerza, una estrella en potencia cuya aura agitaba las visiones de un héroe cinematográfico negro, hasta que las limitaciones raciales de Hollywood quedaron en evidencia.

La Guerra Fría se volvió en su contra. Comenzó la caza de brujas, una operación de gran envergadura para acabar con el más mínimo asomo de cultura progresista en Estados Unidos.

El concierto de Peekskill fue un viraje. Estaba programado para el 27 de agosto de 1949. Mientras sus anfitriones intentaban llevar a Robeson al recinto del concierto, la carretera fue bloqueada y una chusma reaccionaria, que comenzó a gritar consignas racistas y antijudías.

Consiguieron bloquear la llegada del coche en el que viajaba Robeson, destrozaron el escenario, prendieron fuego a las sillas y quemaron una gran cruz al más puro estilo Ku Kux Klan.

Tres días después, la multitud se reunió en Harlem para expresar su apoyo a Robeson. Planearon volver a intentar celebrar el concierto el 4 de septiembre en el mismo lugar.

Los representantes de varios sindicatos, trabajadores del cuero, electricistas, estibadores y almaceneros, tomaron posiciones fuera de la residencia de la familia Robeson en una casa privada antes del concierto. Los veteranos de la Segunda Guerra Mundial se prepararon para cualquier eventualidad.

Los racistas tomaron posiciones con armas largas en una colina cercana, pero Robeson regresó al escenario del concierto rodeado por un cordón de seguridad de los sindicatos. A punta de pistola, Robeson cantó junto con Pete Seeger y otros, comenzando por “Let My People Go!”.

Mientras los espectadores trataban de salir del lugar por un camino estrecho, los racistas golpearon los coches y autobuses con piedras y algunos participantes fueron arrastrados fuera de sus coches y golpeados al grito de “¡Iros a Rusia, judíos y rojos!”

La intoxicación periodística de la época tituló que “¡Robeson se lo había buscado!”. La censura se cebó sobre el cantante comunista. Las organizaciones que decían defender los derechos civiles se apartaron de él y sus conciertos fueron prohibidos. Le quitaron el pasaporte. Su voz fue totalmente silenciada.

Paul Robeson canta ‘Joe Hill’ ante los mineros escoceses en huelga
https://www.youtube.com/embed/B0bezsMVU7c

 

El derecho a la vida

La vida no existe, lo que hay son las condiciones de vida y trabajo. Viven los animales y las plantas, la naturaleza. El ser humano, animal social, no. O existe desviviéndose, metafísicamente hablando.
– Tal vez -dice un lector de Kafka-, pero puedo pellizcarme y exclamar ¡ay!
– No sigues viviendo sino que sigues con vida.
– Bueno, tengo casa, trabajo, esposa, estoy abonado a Netflix y soy bueno al mus. No me quejo, vivo.
– Pero no eres libre. Tu queja sería porque no te alcanza para otro superfluo vicio. Os engañan y os confunden.
– Me amarga usted -dijo el hombre con atributos.
– No es lo mismo trabajar como necesidad realizadora de la persona que por maldición bíblica, como pasa bajo el capitalismo. Los animales no trabajan: el hombre, sí. Esta es la diferencia. Los primeros viven y el segundo se des-vive pues se «mata» a trabajar explotándolo. El animal come, bebe y engendra, pero no trabaja. Al igual que hacen los reyes y los parásitos con la diferencia de que para el animal la vida es un medio de vida y ambos (medio y vida) no se distinguen y son indiscernibles: animal y vida son la misma cosa. Para un rey o un parásito la vida no es un medio sino un modo de vida. El rey come, vive y engendra y se toma la vida (que le viene regalada) como medio para vivir a modo. El parásito, igual, pues aspira a vivir «como un rey», esto es, sin hincarla. Del proletariado querrían hacer lo mismo: comer, beber, engendrar y reproducir nuevos proletarios pero tomándose la vida como medio y no como modo. Como veo que no me hago entender, lo diré más claro: yo, capitalista y sujeto, te uso a ti como objeto y como medio para vivir a modo. Democracia y capitalismo son conceptos incompatibles. O llamar Estado de derecho donde se tortura. Es mentira, es la caverna de Platón. La ideología es tan real como la falsa conciencia. Se miente para recrearla y vivir a modo. Inteligencias, diría Carlyle, vulpinas, zorrescas, putas y putos de la pluma. Gente vendida.
– Vale, pero todo eso, que por sabido conviene repetir para que no se olvide, ¿qué tiene que ver con el derecho a la vida?
– Recurriré a Marx, quien decía esto de los partidos políticos burgueses: «vuestro derecho no es otra cosa que la voluntad de vuestra clase convertida en ley». Yo, burgués, maté, pero, una vez en el poder, a mí no se me puede matar. Esto es el derecho a la vida. Y aquí se acaba la historia y no hay más historias. Este es el fin de la Historia. Defiendo tanto el derecho a la vida como el derecho a morirse de hambre. Soy un liberal…

Una empresa de cerveza de Estados Unidos difunde un mensaje contra la policía en las latas

Michael Dempster, propietario de Mirage Beer, que se anuncia a sí misma como una cervecería Puget Sound “centrada en una granja”, lanzó una lata lupulada en junio llamada “Choosey Lover” que tiene un sello en la parte inferior que dice: “ACAB significa todos los policías”.

En inglés el acrónimo ACAB significa “Todos los policías son unos hijos de puta” y la marca de cerveza se ha convertido en la favorita de los antifascistas y del movimiento contra el racismo.

La marca de cerveza se distribuye por todo el país, desde el Bajo Manhattan hasta Portland, Oregón.

Dempster defendió su postura anti-policía después de recibir un revés en las redes sociales, incluso por algunos que dijeron que nunca volverían a comprar su cerveza. “Recurrí a la marca porque me opongo al racismo institucional, del cual la policía moderna es un brazo militarizado”.

“Si eso significa que alguien ya no comprará mi cerveza, bien”, dice Dempster. Cualquiera que no esté de acuerdo con el mensaje debe saber que no la he creado pensando en ellos, añadió. “Hago mi cerveza para gente que es activamente anti-racista, anti-Trump, anti-fascista y pro-igualdad”.

El gerente de la tienda Chuck’s Hop Shop de Seattle dijo que el mensaje contra la policía no ha afectado a las ventas de la cerveza, aunque el acrónimo ACAB llama la atención de los compradores. “La gente habla de eso”, dijo el gerente.

“Creo que su mensaje es correcto, y estoy orgulloso de él por tomar una posición, honestamente”, añadió el gerente y es que pesar de los gestos de disculpa, la policía de Estados Unidos está muy mal vista entre la población.


https://www.debate.com.mx/mundo/Cerveceria-de-Seattle-defiende-su-mensaje-llamando-bastardos-a-los-policias–20200814-0318.html

¡Amemus patriam! Serventesio patafísico a lo Jarry (y 4)

El nombre de Iberia no procede de Asia, como se ha dicho por ahí, sino de aquí: Megathenus, Josefo y Estrabón dicen que los íberos transportados a Oriente por Sesostris y Nabucodonosor dieron nombre a la Iberia Asiática, colonización española en el Cáucaso que citan también Apolodoro, Avieno, Prisciano y Sócrates el historiador. Hércules llevó una colonia de sicarios íberos al Palatino, que fue origen de Roma y dieron nombre a la Italia meridional de Sicania, hoy Sicilia; los oscos, amcos y euscos, que son los mismos vascos, formaron las tres confederaciones etruscas o vascas de Italia antes de la dominación gala. Hablando de vascos, fue Elcano de Guetaria quien diera la vuelta al mundo y, de paso, demostrara su redondez, en una nao de 102 toneladas, descuadernada, y que con 19 espectros llegan a Sanlúcar de Barrameda. ¿Descubrió Cook el archipiélago de las Sandwich? Rotundamente no: fue Gaetán, como Torres dio su nombre al Estrecho austral(iano). Los españoles del siglo XVI descubrieron la isla hawaiana de Honolulú, y no Cook (donde, por cierto, muriera de mala manera y peor postura). Fue Irlanda descubierta y civilizada por los españoles en tiempos de los celtas, que colonizaron Galicia, cuyo rey Breogán la señaló desde la gigantesca Torre de Hércules de La Coruña, verificando la segunda incursión San Vicente Ferrer, que bautiza con su nombre la tierra próxima al nefando islote de Blasket, tumba, ay, de la Armada Invencible. Las Canarias, en fin, fueron asimismo descubiertas por los navegantes catalanes de 1414. Pedro Ruiz remonta el Nilo y Páez la Abisinia siguiéndoles, después, a los cardadores de lana los ganadores de fama como Livingstone y Stanley. ¡Así se escribe la Historia, señores!

¿Le leyenda negra? Filfa, envidia. ¿Acaso fuimos nosotros quienes aguillotinaron a Lavoisier o encarcelaron a Galileo o Luis Vives, abrasaron a Servet, Bruno, Juana de Arco o Savonarola? ¿O amargaran la vida de Parmentier cuando propagaba la alimenticia patata por creerla causa de lepra y odiaron a Le Bon por haber descubierto el gas de alumbrado? ¿Hablamos de física? Bien, sépase que 72 años antes (nosotros siempre «antes»; el extranjero, a lo más, «perfecciona» lo nuestro) de que los hermanos Montgolfier, en 1709, se elevaran en globo, ya lo hizo Guzmán en su passarola o globo henchido de aire caliente ante la Corte de Lisboa. ¿Sería osadía decir que Torres Quevedo fue el Edison español, iniciador de la telemecánica? Se habló de Lindbergh, el aviador americano (un nazi, por cierto) y su hazaña, pero nadie de el capitán Jiménez y su «raid» París-Madrid en cinco horas y veinte minutos. O el vuelo del Plus Ultra con Franco (Ramón) y sus compañeros atravesando el Atlántico desde Palos a la Argentina. O Galarza que vuela hasta Manila. Juan de la Cierva inventa su autogiro que necesita poco espacio para aterrizar y esta es su ventaja. En química ahí está la Escuela de Vergara donde Elhuyar descubriera, junto con su hermano, el tungsteno o wolframio.

Me dicen que pare y no abrume y no siga, que tome aliento al menos. Mas ¡vivedios! que no callaré sin citar al catalán Eximenis quien estableciera una estigmatología criminal muchos siglos antes (1389) de Lombroso o la dactiloscopia perfeccionada por Oloriz y su obra sobre la identificación de los delincuentes. ¿No sería un crimen de lesa patria terminar este vademécum (?) sin nombrar al padre de la Toxicología el mallorquín Mateo Orfila? ¿Olvidaremos irresponsablemente a Seoane y Argumosa en su peritaje de 1855 relativo al famoso asunto de las llagas de Sor Patrocinio? Fue Vives, iniciador del psicologismo científico, quien tratando de vesania pide para los locos mejor trato y que no se les atosigue y martirice porque son enfermos. Hubo quien demostrara que fue el sabio catalán Mariano Cubí y Soler, frenólogo que impartiera lecciones en Barcelona y América, el verdadero precursor de Lombroso pues ya en 1840 exponía la teoría del criminal nato como hoy se descubre sin empacho ni repulgos el… «delito potencial» de quien tirando una piedra puede pasar a mayores. Ante todo, prevención.

¿Quienes creen ustedes que inventaron la camisa y el tenedor? ¡¡Nosotros!! Fue Jaime I el que ordenó la monda de cloacas y acequias y reglamentó las mancebías y Fernando VI declaró obligatorias las morberías (cuarentenas), hoy de triste actualidad, con motivo de una horrible peste del siglo XV. De ahí los hospitales de San Lázaro (lazaretos).

Resista el lector, haga un último esfuerzo y lea esto que sólo gente de escaso caletre tacharía de poca enjundia. Hablamos de cocina de la que hoy blasona tanto pazguato. Se habla de la «tortilla francesa»; pues bien, de eso rien de rien, ná de ná; la fórmula la dio Martínez Matiño, cocinero de Felipe IV, en 1637, llamándola «tortilla de Cartuja». Lo que pasa es que la invasión napoleónica les facilitó más platos nuestros por los completos recetarios de conventos como el de Alcántara y manuscritos regionales que usurparon, las noticias llevadas por la emperatriz Eugenia de Montijo, por Alejandro Dumas en su viaje (sopa de ajo, lengua estofada, gallina en pepitoria, pollo con tomate y pimiento, cocido madrileño, etc.). Los benedictinos tenían multitud de fórmulas para guisar perdices y faisanes, modo de aderezar el bacalao, su hígado de pato o foie-gras y sus trufas pasaron la frontera en el regreso napoleónico de 1807, el «consumido» o consommé, famosos sus chorizos sin rival, migas y gazpachos. ¿Se sabe que «nuestros» árabes introdujeron el higiénico uso de manteles y servilletas para las comidas, los pañuelos de hilo para sonarse, el lavatorio de manos antes y después de comer, la vajilla de cristal, los cubiertos, los helados, las confituras y los perfumes? ¿Y quién trajo de América la patata, el tomate, el pimiento, el chocolate y el cacao? ¡Nosotros, cojones! Como veo que pierdo decoro, lo dejaremos aquí. Vale.

¡Amemus patriam! Serventesio patafísico a lo Jarry (3)

El jesuita Juan de Mariana
Bianchi

Pasaré ahora, en esta tercera entrega, a un tema que me es muy caro y precioso: el arte militar. ¿Qué decir de la guerrilla, españolísima palabra de ámbito internacional? ¿Es necesario nombrar a los integrantes de ese ejército invisible? ¿Los Espoz y Mina, El Empecinado, el desequilibrado párroco Merino, Renovales, Sarasa, Romeu, Milans, etc.? ¿Tendré que recurrir, vivedios, a Polibio para ensalzar la espada, a partir de la iberiana, invento de los euscaros, larga, puntiaguda y de dos filos? ¿O que los romanos usaron el gladius o sable hispaniense mereciendo universal renombre los de Zaragoza, Sevilla o de Toledo, acaparador del mineral de Somorrostro? Fueron los ejércitos españoles quienes generalizaron por Europa las armas de fuego, bombardas con sus variantes, cerbatanas, rubadoquines (especie de ametralladora), batemuros, mosquetones, luego las culebrinas, cañones, siendo célebres los arcabuces construídos en Madrid en el siglo XV.

La artillería se utiliza por primera vez en el sitio de Algeciras de 1342 contra los moros sitiadores, por las huestes castellanas de Alfonso XI, contando Málaga a la sazón célebres fábricas. Ya en el siglo XIX, Echalme idea la espoleta de percusión, Aranaz las granadas rompedoras, Jerónimo Muñoz calcula la trayectoria de los proyectiles en que, por supuesto, se habían equivocado los extranjeros. Y no sigo ni me desgañito más. Pero cómo callar sin faltar al honor patrio si omitiera que España  surtía de naves al Imperio romano, los quinquerremeros de Gadir (Cádiz) eran la última palabra y el último grito de la arquitectura naval de la antigüedad; Álvaro de Bazán inventa el galeón; el marqués de Santa Cruz la fragata. Sevilla tuvo el primer arsenal, las Atarazanas, creadas por Alfonso el Sabio, de donde parte la galera real que, al mando de don Juan de Austria, guerreó bravamente en Lepanto. Sin menoscabar la Armada de Pedrarías Dávila, daré un salto cronológico para citar la navegación submarina, problema soñado por Blasco de Garay y resuelto por Narciso Monturiol (masón) con su «Ictíneo» o barco-pez, siguiéndole el submarino de Cosme García Sanz, en 1870, construido de acero y ensayado en Alicante. Y sobre todos ellos, el cartagenero Isaac Peral, teniente de navío que ideó el submarino en 1886 construido al año siguiente en el Arsenal gaditano de La Carraca. Peral murió pobre pues no le hicieron ni caso y encima rechazó una pingüe oferta inglesa por su invento, ¿necio o patriota?

Es deplorable que, por falta de espacio, no pueda extenderme y tenga que resumir, por ejemplo, el capítulo de la filosofía hispana. ¿Habrá quien ignore el senequismo, primer moralismo de la antigüedad pagana? ¿El cristiano isidorismo, el panteísta averroísmo, el maimonismo, que inspiró a Servet y G. Bruno? ¿El lulismo (de R. Lulio) de aquel caballero andante de la filosofía que predicaba en las plazas e inicia la ciencia única, enlaza el mundo metafísico con la lógica y fecunda la ética, doctrina que siguen Agripa, Valerio, Kircher o Zalzinger? Más tarde aparecen las escuelas nacionales del vivismo y el suarismo. Luis Vives influye en Bacon, Burghley, Walter Raleigh y sienta las bases de la filosofía cartesiana. De su destrucción de sofistería escolástica bebieron Comenio, Bullart y Erasmo hasta llegar al laicismo de nuestro Cabarrús. Agréguese el filósofo pesimista Gracián que influyó e inspiró a Rochefoucault y alabara Schopenhauer. Y acabemos con Suárez (el Doctor Eximio), que quiso conectar a Santo Tomás con Aristóteles. En obras de Vitoria, Ayala, Menchaca o Soto libaron Grocio y demás doctrinarios del Derecho Natural. Civilista sin par fue Nebrija.

Sorprende en Derecho Político aquel P. Mariana defensor de la libertad contra la tiranía regia (siempre que fueran príncipes protestantes). Las instituciones políticas aragonesas se adelantaron más de trescientos años al habeas corpus inglés. Ondegardo, Vives, Mariana, Rojas, Deza o Pedro de Valencia ensalzan el comunismo manso, precursores de Tolstoi, Spencer y Wallace. También nuestras Cortes antecedieron a todas por existir desde 1090 con pacto constitucional para que no haya guerra ni paz, justicia, etc. sin su acuerdo, concibiéndose desde los Concilios de Toledo el sistema parlamentario, aunque el parlamentarismo libre procede en rigor de quienes usaban ante los Reyes aquella magnífica fórmula de juramento: «cada uno de nosotros vale tanto como vos y todos juntos más que vos». Verdadero padre del Derecho Internacional fue Francisco de Vitoria, y no Grocio, como se ha dicho, y de eso «ná».

Amigos, esto se alarga y yo me canso pues soy viejo. Pero sacaré fuerzas de flaqueza y hablaré de astronomía para decir que en el cielo toledano descuella Azarquel (que suena a pitufo), del siglo XI, todavía venerado en Alemania, que dio la exacta precisión de los equinoccios siendo aceptados sus trabajos por Copérnico y Haller. ¿Fatigaré al lector si digo que el descubrimiento de la Cruz del Sur se debe a nuestros cosmógrafos para reemplazar en latitudes meridionales a la estrella polar de Europa? Las Tablas Alfonsinas ni mento por modestia.

(Continuará)

España, motor industrial de Europa

Bianchi

¡Amemus patriam! Serventesio patafísico a lo Jarry (II)


¡Y nosotros sin saberlo! ¡Inaudito! Tuvo que ser el propio Guicciardini, poco amigo de España, el que declarara que de nuestros puertos se exportaban lanas y sedas magníficas. En 1311 se constituye en Barcelona el gremio de curtidos -en París tres siglos después, para que se chinchen-; los cueros de Córdoba inician los famosos cordobanes. Plinio ensalzó ya nuestra tintorería con almagro, cochinilla, campeche y añil. La glíptica se conocía aquí seis siglos antes de Jesucristo sobre ágata, azurita o serpentina. ¿Mencionaré las ingeniosas máquinas ideadas por Juanelo Turriano? El alfabeto se inventó por Argantonio, monarca de los tartesios o turdetanos 650 años antes de Cristo. San José de Calasanz establece en el mundo la enseñanza primaria gratuita en 1550 al fundar el Colegio Mayor de la Presentación, trece años antes de que el Concilio de Trento acordase la creación de seminarios para estudiantes pobres. Los capellanes castrenses dirigen las Escuelas de analfabetos en los distintos Cuerpos del Ejército. Francisco de P. Martí, natural de Játiva, idea la taquigrafía española. ¿Quién enseña a los sordomudos en el siglo XVI sino fray Pedro Ponce? ¿Y a los ciegos? Alejo de Venegas.

Imaginaros por un instante que estáis en un concurso televisivo, y en lugar de preguntaros de qué color es el caballo blanco de Santiago, os dicen ¿no es cierto que Torres Naharro inventó 150 años antes que Boileau los preceptos poéticos? Y vosotros contestaréis que sí, que por supuesto, que faltaría más. Y acertaréis. ¿Hablamos de prosistas? Sería abusar, pero ¿se sabe que fue el cerebro pujante de Hervás y Panduro de dónde salió la filología comparada al establecer la familia de lenguas malayas y polinesias, mucho antes de Guillermo de Humboldt? Eso por no recordar que la crítica literaria nace y descuella con Vives, Fox Morcillo, Larra, y la histórica con Menéndez Pelayo quien, a todo esto, no le hacía ascos a pavonearse entre salones regios y aristócratas y otros de más bajo jaez. ¿Acaso se sabe algo de nuestra riqueza paremiológica (refranes, adagios) reproducida por Sbarbi y Haller? ¿Y qué me decís de la literatura enigmística cifrada en acertijos y adivinanzas? ¿Hablaré de la numismática de Antonio Agustino, del siglo XVI, cuyo libro aún pagaban los ingleses a peso de oro hace cien años?

Antes de pasar a otro interesantísimo capítulo de esta apasionante historia que humildemente redacto en provecho de los jóvenes -y jóvenas-, pido perdón por dejarme en el tintero los discursos del divino Arguelles, que superó a Mirabeau; de Donoso Cortés, que elegiría -decía-  a la noble dictadura del sable antes que a la del plebeyo puñal, y Ríos Rosas, de los Olózaga, Nocedal, Aparisi Guijarro, de un Castelar o Pidal, Moreto, Vázquez de Mella, de Martos, Cánovas, Silvela, Maura, Canalejas, pura escuela de Areópago. Por no remontarme a los españolísimos oradores Osio, Séneca o Quintiliano.

A riesgo de cansar al amable lector, pero honesto con él, no puedo dejar de decir que antes del siglo XII era ya famoso el Colegio de Música de Montserrat, modelo reproducido luego fuera de la Península. La cátedra salmantina daba profesores al extranjero y es aquí, en España, donde se idearon diversos instrumentos músicos o musicales. Por ejemplo, la guitarra, típica de los moros cordobeses, y que los latinos llamaran cítara hispana. El tambor es usado desde el siglo X, del árabe «al-tambor». La gaita, la dulzaina. El acordeón-clarinete fue tomado por los españoles de Manila. La chirimía es antiquísima.

Me salto, por obvio, la pintura y la escultura española para detenerse en la arquitectura y recordar que fue Cerdá quien motivara con su «Teoría general de la urbanización» la Ley de Ensanches de 1864. Fue de España, cómo no, que aprendieron Francia, Alemania, Inglaterra, Italia el empedrado de las calles, su vigilancia y limpieza, darles nombre, las chimeneas, acristalamiento de ventanas y canalones en los aleros. Ya Felipe II estableció el servicio de incendios, Carlos III, que pasa, y es verdad, por ser el modernizador de Madrid, el alumbrado público. También se inauguran las «ciudades-jardines». Y mientras, señores, Europa, en bragas. ¡Así se escribe la historia!

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