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El término ‘pandemia’ fue sinónimo de corrupción hasta hace muy poco tiempo

El 30 de enero la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró el coronavirus como una “emergencia de salud pública de interés internacional” y le llovieron las críticas y, sobre todo, las presiones políticas. Querían una pandemia ya; la necesitaban.

El portavoz de la OMS, Tarik Jasarevic, tuvo que ponerse delante las cámaras para explicar por qué no se había declarado una pandemia. “No existe una categoría oficial [para declarar una pandemia] … La OMS no está utilizando el antiguo sistema de seis fases -que pasó de la fase 1 [sin informes de gripe animal que causara infecciones humanas] a la fase 6 [una pandemia] que algunas personas experimentaron a causa del H1N1 en 2009”.

La OMS no aguantó las presiones ni un mes y medio, hasta el 11 de marzo, cuando los pandemonios se salieron con la suya. Pero, además de las presiones, hay que retener dos datos fundamentales: el cambio de nombre del coronavirus por una nueva sopa de letras, abandonado términos gastados, como “gripe”, y la comparación con la pandemia de 2009.

Así, con 4.291 muertos en todo el mundo, empezó esta pandemia, un cifra ridícula que se infló añadiendo 118.000 “contagiados” o “infectados”, términos que no tienen ningún significado médico porque se trata de personas sanas (pero en este tipo de cambalaches hay que mezclar las churras con las merinas).

La anterior declaración política de pandemia en 2009 fue la “gripe porcina” o H1N1 en la sopa de letras de los virólogos. A diferencia de hoy, entonces el escándalo fue mayúsculo y la OMS ha tenido que esperar un tiempo para que todo se olvide convenientemente, incluso la espiral de corrupción trabada en torno a este tipo de declaraciones.

El término “pandemia” se convirtió en sinónimo de corrupción médica internacional y desapareció por un tiempo de la terminología. Por eso el 30 de enero la OMS habló de una “emergencia de salud pública de interés internacional”.

Son juegos malabares: discretamente la OMS quería cambiar la definición de “pandemia”. Ya no era necesario que una enfermedad notificada estuviera extremadamente extendida en muchos países y fuera extremadamente mortal o debilitante. Sólo era necesario que se extendiera como la gripe estacional, más o menos.

En 2009 los primeros informes no hablaban de Wuhan sino de Veracruz, en México. Un joven presentaba síntomas de gripe H1N1, que son los de un resfriado fuerte.

Entonces la directora de la OMS era Margaret Chan y se lanzó a la piscina de cabeza: oficialmente el mundo entraba en la fase 6, o sea, pandemia. Cada gobierno tuvo que poner en marcha los programas de emergencia que implicaban compras gubernamentales de miles de millones de euros de vacunas contra la pandemia de gripe H1N1, tirados a la basura en plena época de recortes… incluso en sanidad.

El ridículo fue de los que hacen época. Desde el primer momento se comprobó que las muertes por el H1N1 eran insignificantes en comparación con la gripe estacional de todos los años. El doctor Wolfgang Wodarg, al que ya hemos mencionado, especialista en neumología, era entonces Presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Pidió que se investigara el conflicto de intereses en torno a la respuesta de la Unión Europea a la gripe porcina.

El Parlamento holandés descubrió que el profesor Albert Osterhaus, de la Universidad Erasmus de Rotterdam, que en 2009 se encontraba en el epicentro de la pandemia mundial como asesor de la OMS en materia de gripe, se estaba llenado los bolsillos con la venta de vacunas.

Osterhaus no es una excepción. Muchos de los expertos de la OMS que aconsejaron a Chan percibieron dinero directa o indirectamente de las principales multinacionales farmacéuticas, entre ellas GlaxoSmithKline y Novartis.

La declaración de la OMS sobre la pandemia de gripe porcina fue consecuencia de la corrupción. La temporada de 2009 a 2010 estuvo marcada por la gripe más leve del mundo desde que la medicina comenzó a hacer seguimientos de este tipo de enfermedades. Los gigantes de la industria farmacéutica cobraron miles de millones de dólares gracias a la alarma mundial y los gobiernos se quedaron con las vacunas en las estanterías.

Después de aquel escándalo, la OMS dejó de utilizar la declaración de pandemia en seis fases y pasó a la declaración confusa que quiso utilizar en enero de este año, “Emergencia de salud pública de alcance internacional”. Pero las presiones pudieron más y reintrodujeron el término “pandemia”, admitiendo al mismo tiempo que todavía están buscando una definición.

En otras palabras, la OMS utiliza una terminología que nadie sabe lo que significa; ni siquiera ellos.

¡Los Borbones son unos ladrones!

Rebeca Quintáns

A estas alturas de la historia parece claro que la reputación del rey emérito está definitivamente por los suelos. Dicen algunos que Felipe VI ha elegido cuidadosamente el momento para anunciar las medidas extraordinarias para apartarse como pueda de esa pared llena de cal que es la herencia Juan Carlos, cuando estamos todos en estado de shock por el coronavirus, confinados entre cuatro paredes y sin más interés informativo que ver cómo evoluciona el propio coronavirus. Pues no sé yo… Sólo ha dado explicaciones y tomado medidas tras la publicación de los pormenores en la prensa británica (The Telegraph), es decir, cuando ya era inevitable. Y, por otro lado, juegos de palabras aparte -con la corona, la Corinna y el virus-, nos están dejando mucho tiempo para pensar. ¿La herencia de Juan Carlos no es la propia Corona?

No está de más recordar ahora que Juan Carlos I no llegó al trono así como así. Fue una larga carrera, recorrida paso a paso y golpe a golpe, en la que no escatimó esfuerzos para saltar obstáculos, ya fueran los obstáculos su hermano, su padre o una amante despechada. También hizo jeribeques con un alambre para convertir el Régimen de Franco en el Régimen del 78, dejándolo todo prácticamente igual y garantizando la impunidad de los asesinos fascistas. Su historial es tan extenso que cuesta resumir… Pero sobre todo pasará a la historia por su avidez en la rapiña para amasar una fortuna descomunal partiendo prácticamente de la nada.

Empezó recaudando dinero de las donaciones de la “lista civil”, cuando sólo era príncipe. Era un grupo de potentados del mundo de la empresa y las finanzas que, con el tiempo, vieron más que recompensada su generosidad. Bueno, algunos no, como Ruiz Mateos (y gracias a estas “piezas rotas” en el mecanismo pudimos saber cómo funcionaba). Pero para los más listos, aquello más que un regalo fue una inversión, que más tarde rentabilizaron con las influencias de Juan Carlos ya rey, aunque siguieron pagándole comisiones. Porque para Juan Carlos nunca fue suficiente una asignación millonaria de los Presupuestos Generales de Estado, ni siquiera cubriendo gastos con la asignación de otros ministerios para personal, viajes y saraos… Ni siquiera metiendo mano a los Fondos Reservados cuando le dio la gana para resolver conflictos y tapar escándalos, incluyendo el pago de chantajes, para poder seguir manteniendo su ritmo y nivelón de vida.

Juan Carlos también se metió en negocios de otro tipo, mediando -o metiéndose en el medio- en la firma de contratos públicos, nacionales o internacionales, a cambio de una comisión. Muchos de estos acuerdos comerciales, además, comisiones al margen, resultaron ser fraudulentos en todo o en parte, y Juan Carlos no tuvo reparos en aceptar que otros fueran juzgados y condenados por él, sin renunciar ni a un ápice de su inviolabilidad ni para ir a declarar ni como testigo (caso de Manuel Prado y Colón de Carvajal en el Caso KIO). Asimismo, dejó que el Estado -a través de indemnizaciones o empresas públicas- asumiera todas pérdidas (caso del Ave del Desierto, en el que la empresa pública Renfe va a tener que asumir la mayor parte del descalabro económico). Él nunca salió perdiendo.

Felipe VI ha heredado todo esto, no sólo una offshore en Panamá. Las deudas políticas con el Régimen, también. Y, por lo que parece, no es ajeno a otras herencias familiares al intentar salvar su imagen con una maniobra típica de su padre: sacudirse el polvo y tirar para adelante. Golpe a golpe, va dejando cadáveres a su paso mientras continúa firme en la defensa del Régimen del 78 y, sobre todo, en mantenerse en el trono a sí mismo. Primero fueron apartados de la familia su hermana y su cuñado Urdangarín, para mantenerse lo más lejos que pudiera del caso Noós y sus ramificaciones, que involucraban también a algún amigo íntimo como Pepote Ballester. Ahora, a Juan Carlos.

Legalmente, un hijo no puede renunciar a la herencia de su padre antes de que éste se muera. Resulta curioso que Felipe VI, “el preparao”, licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, nos quiera vender esta moto, y en cambio no haga amago de renunciar a la parte que ya ha cobrado en vida, a la que sí podría renunciar: la Corona y sus prebendas.

No ha querido renunciar, e incluso ha reforzado, la condición de impune ante la justicia que permitió a su padre amasar una fortuna ilegal y oculta, que solo la prensa y la justicia extranjeras se atreven a investigar. No sé si será un delito advertir de que esto lleva a pensar que Felipe VI puede estar haciendo exactamente lo mismo que hizo su padre en su día. La prensa extranjera, menos cauta, ya ha empezado a investigar su fortuna personal, que no es como la de su padre pero lleva camino de serlo, por lo que van publicando.

No ha querido renunciar a la falta de transparencia en sus actividades (como el viaje a Arabia Saudita de 2017, con lista de empresarios elegidos a dedo y no facilitada a la prensa, entre los que figuraban amigos íntimos con condenas por corrupción como López Madrid, y en el que se fraguó el polémico acuerdo comercial de venta de armas de Navantia, y se firmaron pactos como prórrogas y aumentos de presupuesto en la contrata del AVE del Desierto).

Y desde luego no ha querido renunciar a la herencia económica de los Borbones, ni siquiera dándose por cobrado por sus servicios y rechazando el seguir recibiendo -directa e indirectamente- cantidades millonarias de los Presupuestos Generales del Estado para su bienestar y lujo personal y el de su familia.

Que no nos venga con cuentos y pamplinas, que haga como Harry y Megan (o como les están imponiendo hacer a Harry y Megan), porque el modelo lo tenemos: Felipe, te toca dejar la casa en la que vives, asignaciones y títulos.

Renuncia a todo, incluida la Corona, si quieres apartarte el mundo de corrupción de tu familia. ¡Los Borbones son unos ladrones!

La ‘mediación’ del rey que le rentó 50 millones de euros costó 2.500 puestos de trabajo

Rebeca Quintáns

Ahora mismito anda la prensa loca con la información de los 50 millones de euros que Juan Carlos I cobró por su “mediación” en la venta del Banco Zaragozano al británico Barclays en 2003, y que depositó en una cuenta en Suiza a través de uno de sus testaferros (Álvaro de Orleans-Borbón). Una información publicada por la prensa londinense (The Telegraph). Cosas sobre las que los ingleses tienen la ocurrencia de indagar y que además luego sacan a la luz; no como en España, donde la impunidad judicial que impide investigar al monarca se extiende hasta la prensa, que tampoco investiga nada, vasalla a más no poder de sus majestades.

Lo que parece preocupar a la prensa española, ahorita mismo, es exclusivamente el patrimonio del emérito (y tampoco demasiado: se limita a hacerse eco de lo que se publica en el extranjero, y apenas se queda en el trazo grueso de los titulares, sin entrar en los detalles de la letra pequeña). Pero no deja de sorprender que nadie se pregunte a cuento de qué alguien le paga cantidades millonarias al susodicho, por muy monárquicos que sean. Es decir, ¿quién paga la comisión al rey Juan Carlos?, ¿por qué se necesitaba su mediación?, ¿por qué esa mediación era merecedora de la estratosférica cantidad de 50 millones de euros?

Pues aquí va una explicación, una versión que no procede de ninguna garganta profunda y que no cuesta más reconstruir que ir sumando dos más dos más dos… a partir de datos contrastables y publicados de forma desperdigada en distintos medios a lo largo del tiempo:

1. Los que pagaron la comisión fueron los Albertos (los primos de la gabardina, héroes de la cultura del pelotazo que empezó en tiempos del PSOE de Felipe González, apellidados Alcocer y Cortina, ex de las hermanas Koplovitz), que eran los principales accionistas del Banco Zaragozano, y por ende los beneficiarios de la operación. Y los Albertos eran, y son, amigos íntimos de Juan Carlos I. Dice la prensa seria que “amigos de cacerías”, no sé si como metáfora, ironía o mera tomadura de pelo, porque lo cierto es que su relación en negocios turbios con el monarca es perfectamente rastreable. Por ejemplo, en la operación de fraude a gran escala del caso KIO, que en sus diversas ramificaciones tantos beneficios dio a chorizos de alta alcurnia. Recordemos que los Albertos participaron con la venta de los terrenos en los que se construyeron las Torres KIO en Madrid, en 1988, a través de su empresa Urbanor.

2. Los Albertos ya estaban condenados por fraude. Precisamente fue el caso Urbanor el que hizo que los Albertos necesitasen la ayuda de Juan Carlos para deshacerse del Banco Zaragozano cuanto antes. El Tribunal Supremo acababa de condenarlos a 3 y 4 años de prisión (en 2003, el mismo año de la venta del Zaragozano al Barclays), por estafa y falsificación de documentos privados. Los angelitos habían cobrado una cantidad mucho mayor por la venta a los kuwaitíes que la que transmitieron a los socios minoritarios de Urbanor, para quedarse ellos con un trozo de la tarta sustancialmente mayor. La indulgente sentencia era firme (aunque estaba recurrida ante el Constitucional y consiguieron anularla en 2008, aquí siempre ganan los mismos), por lo que tendrían que haber sido inhabilitados (o desautorizados) para operaciones financieras como la venta del Banco Zaragozano, por muy socios mayoritarios que fueran (de hecho, ya habían sido apartados de la presidencia de la entidad por esa razón).

3. La venta fue un nuevo timo de los Albertos. El Banco Zaragozano estaba en ese momento en una situación financiera de grandes dificultades, que con el tiempo se conoció, pero que entonces se mantenía oculta a la opinión pública. Los Albertos intentaban deshacerse de sus acciones, pero no lo tenían fácil. Ninguna entidad en España estaba dispuesta a comprar el banco al precio desorbitado que exigían. Y entonces engañaron al Barclays, que quería expandirse en España, ocultándoles la situación real.

4. Tráfico de influencias imprescindible. Es más que probable que, para timar a la entidad británica, igual que a los kuwaitíes en el caso KIO, hubiera intervenciones al más alto nivel. Eso, para convencerlos de que compraran por una millonada algo que no valía lo que decían en absoluto. Pero, además, había que convencer a más gente. Era entonces decisión del Banco de España (presidido por Ángel Caruana) y del Ministro de Economía (entonces Rodrigo Rato) permitir o no la operación. La ley en tales circunstancias decía que no podía hacerse, por razones más que fundadas de que la influencia de los accionistas condenados fuese en “detrimentode una gestión sana y prudente”. Pero pese al gran debate que suscitó en su momento, Rato y Caruana decidieron mantener los “derechos políticos” de los Albertos en el Zaragozano y autorizar la venta, y no decir ni mu sobre las dificultades financieras que atravesaba el banco. Ese beneplácito requería sin duda la intervención alguien muy poderoso.

5. El rey emérito cobró 50 millones. La venta del Zaragozano se llevó a efecto en 2003 por 1.100 millones de euros, de los cuales 457 fueron a parar a los Albertos, en lo que fue uno de los mayores pelotazos de su vida; y 50, a una de las cuentas suizas Juan Carlos I (esto es lo que acaba de demostrar The Telegraph). La cuenta suiza en cuestión estaba a nombre de Álvaro de Orleans-Borbón, primo e identificado como testaferro del rey emérito por Corinna Zu Sayn-Wittgenstein, socia y amante de Juan Carlos, en unas grabaciones que ni la justicia ni el gobierno español tuvieron a bien investigar, pero que sí cuentan para los ingleses.

6. Pérdidas millonarias. La operación fraudulenta, que el rey se encargó de facilitar y por la que cobró 50 millones, resultó ruinosa para Barclays Bank. En efecto, las dificultades financieras del Zaragozano estaban ahí y en seguida salieron a la luz. En los primeros años tras la compra, la delegación española del Barclays descubre el agujero financiero y reportaunas pérdidas de más de 600 millones de euros en la operación; en 2009 tiene que provisionar 553 millones más para mantener a flote su infraestructura en España; en 2010 se profundiza el agujero y debe provisionar 870 millones más; en 2011 hace otra provisión de 400 millones, dando ya por perdida toda la inversión; entre 2011 y 2014 las pérdidas ascienden a 1.300 millones de euros… En total, la propia entidad calcula que tiró por la ventana unos 4.000 millones de euros antes de conseguir desprenderse del marrón.

7. Otro pelotazo de otro amigo de Juan Carlos I: en 2015 otro gran amigo de Juan Carlos I, Isidro Fainé, aplaca los ánimos de Barclay recomprando los restos del Zaragozano para La Caixa, de la que es presidente, por 820 millones de euros. En realidad, Fainé no les está haciendo un favor, sino dando otro pelotazo. La delegación española de Barclay tiene un valor nada desdeñable, aunque sólo sea por el patrimonio inmobiliario de la red de sucursales, algunas de ellas tan emblemáticascomo la sede central del Banco Zaragozano, edificio de 10 plantas construido en los años 20 en el centro neurálgico de Zaragoza. Además, la entidad ya había sido saneada con varios ERE, y su fusión con La Caixa le va a permitir a ésta justificar uno nuevo que ya quería hacer (tras otra regulación poco anterior que había costado 2.600 empleos).

8. Más de 2.500 puestos de trabajo perdidos. En total, la operación fraudulenta con la que el rey se lucró supuso la destrucción de al menos 2.590 puestos de trabajo: 700 prejubilaciones de la delegación española del Barclay, para compensar las pérdidas, en 2011; 890 despedidos por la misma entidad, en un ERE de 2013; y 1.000 más tras la compra en 2015 por parte de LaCaixa, en otro ERE considerado justificado por la administración pública.

En resumen, la “mediación” del rey es en realidad tráfico de influencias muy bien pagado, a favor de amigos suyos, delincuentes para más señas, en negocios fraudulentos que traen consigo consecuencias negativas que pagamos todos, en este caso más de 2.500 puestos de trabajo.

Más información:
– ¡Los Borbones son unos ladrones!
– Juan Carlos I: la vida miserable de un soplón al servicio de sus amos de Washington
 

Suiza: un país por encima de cualquier sospecha de blanquear dinero negro

El suizo Rudolf Elmer es un ingenuo como Hervé Falciani, Antoine Deltour, Stéphanie Gibault y tantos otros de esos que creen que las cosas se pueden cambiar desde dentro. Las personas que trabajan en los bancos no sólo manejan mucho dinero, sino mucha información, sobre todo en la Gran Lavadora Suiza, un país que guarda las apariencias: pintado por fuera y negro por dentro.

Hervé Falciani denunció al HSBC, Stéphanie Gibault al UBS, Antoine Deltour destapó Luxleaks y Elmer también tenía serios problemas de conciencia y quiso poner en nuestro conocimiento informaciones que ya sabemos, que nos suenan a viejunas: los bancos suizos ayudan a las multinacionales a evadir el pago de sus impuestos.

Desde los años ochenta Elmer trabajaba para Julius Bär, un banquero discreto, de esos a los que nunca se les arruga el traje. En 1994 le trasladaron a las Islas Caimán, un notorio paraíso fiscal, como jefe contable y luego como director de operaciones, antes de ser despedido en 2002.

Entonces proporcionó a la fiscalía de Zurich y a una revista un CD con los datos de los clientes del banco. En 2008 comenzó a pasar información a Wikileaks. En 2011 se entrevistó en Londres con Julian Assange. Le entregó dos CD con más datos confidenciales de clientes del banco.

El sitio web publicó una primera ronda de datos del banco y, a partir de entonces la denuncia se volvió contra el denunciante. No le dieron medallas sino un calvario de juicios. El suizo creía que él era el denunciante y Europa le ha demostrado que no: él es el denunciado, el perseguido. El banco Julius Bär recurrió a los tribunales estadounidenses para cerrar Wikileaks. En 2005 Suiza inició un primer juicio en su contra. Le condenaron a más de seis meses de prisión y, naturalmente, a la inhabilitación para ejercer su profesión.

A pesar de la persecución, no se arrepiente de nada, sino todo lo contrario: grita más alto. La realidad le ha abofeteado en el rostro y le ha abierto los ojos. El creía en el sistema pero el sistema no creyó en él. El sistema no era el remedio sino la enfermedad.

El 26 de agosto el Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechazó, por cuarta vez, una de sus denuncias por el trato que le habían dado los tribunales suizos. El 13 del mes pasado le envió una carta abierta al Presidente del Tribunal Europeo.

Para lavarse la cara, Francia aprobó una ley para proteger a los denunciantes en 2016, llamada Ley Sapin 2, pero no hay nada parecido en Suiza, ni cuando Elmer comenzó a denunciar las prácticas de su banco, ni hoy en día.

La corrupción no existe. Eso que llaman “sistema” ni siquiera es un sistema; no es más que el capitalismo. Los incautos que luchan contra la corrupción se han equivocado de enemigo y acabarán en la carcel, como Assange o Elmer. Por eso han creado la Fundación Coraje, no tanto para denunciar sino para defenderse de las denuncias. Su lema es “el mundo necesita gente que cuente la verdad”.

Sin embargo, la verdad está detrás de una cortina de humo: el año pasado Suiza anunció que levantaba el secreto bancario, que está vigente desde 1934. Los bancos suizos tienen que intercambiar automáticamente los datos de sus cuentas en Suiza con las autoridades fiscales de otros países. A cambio, el mes pasado la Unión Europea le retiró a Suiza de su lista de paraísos fiscales.

El que hace la ley hace la trampa. El intercambio automático de información sólo funciona si el cliente tiene una cuenta a su nombre en Suiza. Pero si se trata de un fideicomiso, entonces el secreto sigue funcionando y lo mismo ocurre en los casos de extraterritorialidad (“offshore”), es decir, cuado el dinero no está exactamente en Suiza sino en sitios como las Islas Caimán.

“Tardé mucho tiempo en comprender que no podía cambiar a Suiza desde dentro”, dice ahora Elmer, casi convertido en uno de esos “antisistema”.

Más información:

– La impunidad cuesta muy barata
– Al servicio de dios, del capital y del Estado (tres personas distintas pero sólo un dios verdadero)
 

Sexo, mafia y poder en el gobierno de Estados Unidos (y 10)

Roy Cohn estaba al principio de su carrera cuando entró en el círculo de chantajes sexuales aparentemente dirigido por Lewis Rosenstiel. De hecho, cuando Cohn conoció a Hoover, sólo tenía 23 años. Durante las tres décadas siguientes, más o menos, antes de su muerte por complicaciones relacionadas con el Sida en 1986, a la edad de 56 años, Cohn había construido una máquina bien engrasada, en gran parte gracias a sus estrechas amistades con algunos de los personajes más influyentes del país.

Roy Cohn en compañía de Trump

Entre los amigos de Cohn se encontraban figuras mediáticas de alto perfil como Barbara Walters, ex directores de la CIA, Ronald Reagan y su esposa Nancy, los magnates de la prensa Rupert Murdoch y Mort Zuckerman, muchos famosos, abogados prominentes como Alan Dershowitz, figuras prominentes de la Iglesia Católica y organizaciones judías de cabecera como Bnai Brith y el Congreso Judío Mundial. Muchos de los nombres que rodearon a Cohn hasta su muerte en la segunda mitad de la década de 1980 pronto rodearían a Jeffrey Epstein, con sus nombres escritos en el ahora conocido “pequeño libro negro” de Epstein.

Mientras que el presidente Trump está claramente conectado tanto con Epstein como con Cohn, la red de Cohn también se extiende al ex presidente Bill Clinton, cuyo viejo amigo y asesor político, Richard “Dirty Dick” Morris, era primo de Cohn y estrecho colaborador. Morris también era cercano al ex director de comunicaciones de Clinton, George Stephanopoulos, que es un estrecho colaborador de Epstein.

Sin embargo, estos son sólo los vínculos de Cohn con miembros respetables del establishment. También era conocido por sus profundos vínculos con la mafia y adquirió una posición prominente, principalmente por su capacidad para conectar a figuras clave del mundo criminal clandestino con figuras de influencia respetadas y aceptables en la esfera pública. En última instancia, como dijo el fiscal de Nueva York John Klotz, la herramienta más poderosa de Cohn era el chantaje, que usaba contra sus amigos y contra sus enemigos, gángsters o funcionarios públicos. La cantidad de material comprometedor que logró extorsionar a través de sus operaciones de chantaje sexual probablemente nunca será conocido.

Como revelará la segunda parte de esta investigación exclusiva, Cohn, Epstein y las operaciones de chantaje sexual tienen mucho en común, incluyendo no sólo a los mismos amigos y padrinos, sino también vínculos con agencias de inteligencia y consorcios de negocios vinculados a la mafia, los modernos equivalentes de Samuel Bronfman y Lewis Rosenstiel que desde entonces se han rebautizado a sí mismos como “filántropos”.

La segunda parte también revelará que las operaciones de Cohn tuvieron sucesores, como lo reveló una serie de escándalos a principios de la década de 1990, que desde entonces han sido barridos bajo la alfombra. La considerable superposición entre las actividades secretas de Epstein y Cohn en el chantaje sexual, así como sus vínculos con muchos de los mismos individuos poderosos y círculos de influencia, sugieren fuertemente que Epstein fue uno de los sucesores de Cohn.

Como se demostrará en el último capítulo de esta investigación, Epstein es sólo la última encarnación de una operación mucho más antigua, más grande y más sofisticada que abre una ventana aterradora sobre las profundas conexiones entre el gobierno de Estados Unidos y los modernos equivalentes del crimen organizado, al hacer un escándalo verdaderamente “demasiado grande para hundirse”.

Whitney Webb https://www.mintpressnews.com/shocking-origins-jeffrey-epstein-blackmail-roy-cohn/260621/

Capítulo 1 | Capítulo 2 | Capítulo 3 | Capítulo 4 | Capítulo 5Capítulo 6 | Capítulo 7 | Capítulo 8 | Capítulo 9 | Acusan de pedofilia a Clinton y a altos dirigentes políticos y financieros mundiales | Además de explotar a los trabajadores, los capitalistas violan a su hijas como hacían los señores feudales | De la alta sociedad a la más baja política

Sexo, mafia y poder en el gobierno de Estados Unidos (9)

El cardenal Francis Spellman
Whitney Webb

La pregunta que inevitablemente surge de las revelaciones sobre las actividades de Cohn, dentro de la suite 233, es ¿a qué otros estaba protegiendo Cohn proporcionándoles menores de edad prostituidas? Uno de ellos pudo haber sido uno de los amigos cercanos y clientes de Cohn, el cardenal Francis Spellman de la Archidiócesis de Nueva York, quien se dice que estuvo presente en algunas de las fiestas de Cohn en el Hotel Plaza.

Spellman, una de las figuras más poderosas de la Iglesia Católica en norteamérica, a menudo apodado “el Papa de América”, no sólo fue acusado de apoyar la pedocriminalidad en la Iglesia Católica y de ordenar a pedófilos conocidos como el cardenal Theodore “Tío Teddy” McCarrick, sino de exhibirse tanto que muchos sacerdotes en el área de Nueva York se refirieron a él llamándolo “Mary”. Además, J. Edgar Hoover tenía un archivo que detallaba la vida sexual del cardenal, sugiriendo la participación personal de Spellman en el círculo y el tráfico protector de pedófilos del que Cohn y Hoover eran cómplices.

La gente cercana a Cohn a menudo comentaba que estaba rodeado de grupos de chicos jóvenes, pero parecía no pensar en ello. Personas cercanas a Epstein realizaron comentarios similares sobre su afición a los menores antes de su detención.

El polémico agente de influencia política republicana y “sucio tramposo» Roger Stone que, al igual que Donald Trump, también era un protegido de Cohn, dijo lo siguiente sobre la vida sexual de Cohn en una entrevista con el New Yorker en 2008: “Roy no era gay. Era un hombre al que le gustaba tener sexo con hombres. Los gays eran blandos, afeminados. Siempre parecía tener a estos jóvenes rubios a su alrededor. Nunca hablamos de ello. Lo que le interesaba era el poder y los contactos”.

Compare esta cita de Stone con lo que Donald Trump, también cercano a Cohn, diría más tarde sobre Jeffrey Epstein, con quien también era muy cercano: “Conozco a Jeffrey desde hace 15 años. Un tipo terrible. Nos divertimos mucho con él. Incluso dicen que él ama a las mujeres hermosas tanto como yo, y muchas de ellas son muy jóvenes. Sin duda, Jeffrey disfruta de su vida social”.

Aunque se desconoce el tiempo durante el cual continuó el círculo sexual del Hotel Plaza, así como si continuó o no después de la muerte de Cohn de Sida en 1986, es importante señalar que Donald Trump adquirió el Hotel Plaza en 1988. Más tarde, los invitados presentes en el lugar informaron y confirmaron que Trump “celebraba fiestas en las suites del Hotel Plaza cuando era su dueño, donde se exhibía a mujeres y niñas a hombres mayores y más ricos”, y que “las drogas ilegales y las mujeres jóvenes pasaban de uno a otro, y las consumían”.

Andy Lucchesi, un modelo masculino que había ayudado a organizar algunas de las fiestas del Hotel Plaza para Trump, dijo lo siguiente cuando se le preguntó sobre la edad de las mujeres presentes: “Muchas chicas de 14 años parecen tener 24 años. Ese es mi límite en términos de lozanía. Nunca pregunté cuántos años tenían, sólo participé. También participé en actividades que se pueden cnsiderar controvertidas”.

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Sexo, mafia y poder en el gobierno de Estados Unidos (8)

Roy Cohn y Joe McCarthy en plena caza de brujas
Whitney Webb

Durante la década de 1950 las relaciones de Roy Cohn lo convirtieron en una figura pública muy conocida y resultaron en una gran influencia política, que alcanzó su apogeo durante la presidencia de Ronald Reagan. Sin embargo, mientras Cohn estaba construyendo su reputación pública, también estaba desarrollando una oscura vida privada, que resultaría estar dominada por la misma influencia del chantaje pedófilo que parecía haber comenzado con Lewis Rosenstiel.

Una de las “fiestas del chantaje” a las que asistió Susan Kaufman con su entonces marido Lewis Rosenstiel fue organizada por Cohn en 1958 en el Hotel Plaza de Manhattan, suite 233. Kaufman describió la suite de Cohn como “magnífica, decorada en azul claro”. Describió su encuentro con Hoover, que estaba vestido de mujer, y con Cohn, que le informó de que el nombre de Hoover era “Mary” en un ataque de risa loca apenas contenida. Kaufman testificó que había chicos jóvenes presentes y Kaufman afirmó que Cohn, Hoover y su ex marido tuvieron relaciones sexuales con esos menores.

El abogado neoyorquino John Klotz, encargado de investigar a Cohn un caso mucho después del testimonio de Kaufman, también encontró pruebas sobre la “suite azul” del Hotel Plaza y su papel en un círculo de extorsión basada en el sexo, después de revisar documentos del gobierno local e información recopilada por detectives privados. Klotz compartió lo que había comprobado con el periodista Burton Hersh: “Roy Cohn ofrecía protección. Había muchos pedocriminales involucrados. De ahí sacó Cohn su poder: del chantaje”.

Sin duda la confirmación más espantosa de las actividades de Cohn en la suite 233 proviene de las declaraciones hechas por el propio Cohn al ex detective del Departamento de Policía de Nueva York y ex jefe de la División de Delitos de Trata de Personas y vinculado al Vicepresidente del Departamento de Policía de Nueva York, James Rothstein. Rothstein informó más tarde a John DeCamp -un ex senador del estado de Nebraska que investigó un círculo de pedófilos vinculado al gobierno de Omaha- que Cohn había admitido formar parte de una operación de chantaje sexual dirigida contra políticos con menores de edad prostituidas, durante una entrevista con el ex detective.

Rothstein le dijo a DeCamp sobre Cohn: “El trabajo de Cohn era dejar ir a los niños pequeños. Digamos que tuvieras un almirante, un general, un parlamentario que no quería seguir el programa. El trabajo de Cohn era atraparlos, y luego giraban suavemente. Cohn me lo dijo él mismo”.

Rothstein le dijo más tarde a Paul David Collins, un ex periodista que se convirtió en investigador, que Cohn también había identificado esta operación de chantaje sexual como parte de la cruzada anticomunista de la época.

El hecho de que Cohn, basándose en los recuerdos de Rothstein, afirmara que el círculo de chantaje pedófilo era parte de la cruzada anticomunista respaldada por el gobierno sugiere que elementos del gobierno, incluido el FBI de Hoover, podrían haber estado vinculados a él a una escala mucho mayor que la participación personal de Hoover, mientras que el FBI coordinó estrechamente con McCarthy y Cohn durante la mayor parte de la caza de brujas.

También vale la pena señalar que entre los muchos archivos de chantaje secretos de Hoover había un gran archivo sobre el senador McCarthy, cuyo contenido sugería fuertemente que el propio senador estaba interesado en las chicas jóvenes. Según el periodista y escritor David Talbot, el expediente sobre McCarthy de Hoover estaba “lleno de historias inquietantes sobre la obsesión de McCarthy por tocar a tientas los pechos y las nalgas de las chicas jóvenes cuando estaba borracho”. Las historias eran tan conocidas que todo el mundo lo sabía en la capital, según un cronista del FBI.

En su libro “El tablero del diablo”, Talbot también cita a Walter Trohan, jefe de la oficina del Chicago Tribune en Washington, como testigo personal de la obsesión de McCarthy por abusar de mujeres jóvenes. “No se podía privar de poner sus manos sobre las chicas”, dijo Trohan más tarde. “¿Por qué la oposición comunista no lo atrapó con una menor de edad para gritar que la habían violado?” La respuesta puede estar en que quienes “atraparon” a sus enemigos políticos con los menores fueron los aliados y asociados cercanos de McCarthy, no sus enemigos.

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Sexo, mafia y poder en el gobierno de Estados Unidos (7)

Décadas después de su muerte, Roy Cohn sigue siendo una figura controvertida en gran medida debido a su estrecha y personal relación con el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, los informes sobre Cohn, tanto en los últimos años como en años anteriores, a menudo pasan por alto la descripción del hombre que se convirtió en un estrecho colaborador de la Casa Blanca bajo la dirección de Ronald Reagan, la CIA, el FBI, el crimen organizado y, por cierto, muchos individuos que más tarde gravitarían alrededor de Jeffrey Epstein.

Para comprender la verdadera naturaleza de este hombre, es esencial examinar su ascenso al poder a principios de la década de 1950, cuando, a la edad de sólo 23 años, se convirtió en una figura clave en el juicio de alto perfil de los espías soviéticos Ethel y Julius Rosenberg, convirtiéndose más tarde en la mano derecha del senador Joseph McCarthy (R-WI).

La dedicación de Cohn a las actividades anticomunistas en la década de 1950 fue quizás lo que complació a J. Edgar Hoover, a quien conoció por primera vez en 1952. Durante esta reunión, descrita por Hersh en “Bobby y J. Edgar: el duelo histórica entre los Kennedy y J. Edgar Hoover que transformó a Estados Unidos”, expresó su admiración por las tácticas agresivas y manipuladoras de Cohn, diciéndole que le llamara directamente siempre que tuviera buena información que compartir. Desde entonces, Cohn y Hoover intercambiaron servicios, cumplidos enfáticos, regalos y distinguidas cenas privadas. Rápidamente cambiaron a “Roy” y “Edgar”. Hersh también describe a Hoover como un “consigliere” cercano de Cohn.

La fecha y las circunstancias de la presentación de Cohn y Rosenstiel son más difíciles de encontrar. Es posible que la conexión se hiciera a través del padre de Roy Cohn, Albert Cohn, un juez de renombre y figura influyente en el aparato del Partido Demócrata de Nueva York, entonces dirigido por Edward Flynn. Más tarde se reveló que la organización demócrata dominada por los Flynn, con sede en el Bronx, tenía vínculos de larga data con el crimen organizado, incluidos los asociados de Meyer Lansky.

No importa cuándo o cómo comenzara, la relación entre Cohn y Rosenstiel era estrecha y a menudo comparada con la relación entre un padre y su hijo. Se dice que se saludaban frecuentemente en público, y que permanecieron cerca mientras la muerte estaba junto a la cama de Rosenstiel, momento elegido por Cohn para intentar engañar a su “amigo”, entonces poco consciente y senil, para que lo nombrara albacea y guardián de sus bienes como un magnate del alcohol, estimado en 75 millones de dólares estadounidenses (más de 334 millones de dólares estadounidenses en la actualidad).

En 1969 la revista Life informó que Cohn y Rosenstiel habían hablado el uno del otro como “comandante supremo” y “comandante de campo”, respectivamente. Las referencias de los medios de comunicación a estos apodos aparecen en otros artículos de la misma época.

Aunque Life y otros medios de comunicación lo han interpretado como una simple anécdota sobre apodos compartidos entre amigos con humor, el hecho de que el famoso patrocinador del crimen, Meyer Lansky, también llame a Rosenstiel “comandante supremo”, que Cohn y Rosenstiel se convirtieran más tarde en cómplices íntimos en el mismo círculo pedocriminal sugiere que puede haber algo más que un simple caso de “apodos”. Después de todo, la mafia a la que se vinculó Rosenstiel utilizó a menudo términos militares como “soldado” y “teniente” para distinguir el rango y la importancia de sus miembros.

Una vez que conectó con Hoover, la estrella de Cohn comenzó a elevarse aún más en Washington. La recomendación de Hoover para Cohn se convertiría en el factor decisivo en su nombramiento como abogado jefe del senador McCarthy en lugar de Robert Kennedy, el rival y feroz enemigo de Cohn.

Aunque Cohn fue despiadado y aparentemente intocable como abogado de McCarthy y ayudó al senador a destruir muchas carreras durante la caza de brujas rojas y de color, sus aventuras relacionadas con su trabajo en el comité pronto lo llevarían a la ruina después de que intentara chantajear al ejército de Estados Unidos, a cambio de un trato preferencial a favor del consultor del comité y de su supuesto amante, David Schine.

Después de que se viera obligado a abandonar el bando de McCarthy a causa del escándalo, Cohn regresó a Nueva York para vivir con su madre y ejercer la abogacía. Unos años más tarde, el juez neoyorquino David Peck, socio desde hacía mucho tiempo del ex director de la CIA Alan Dulles, organizó la contratación de Cohn en el bufete de abogados neoyorquino Saxony, Bacon & O’Shea, que se convertiría en Sajonia, Bacon & Bolan después de que Tom Bolan, un amigo de Cohn, se convirtiera en socio.

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Sexo, mafia y poder en el gobierno de Estados Unidos (6)

Ficha policial de Sherman Kaminsky
Whitney Webb

La mayoría de los registros sitúan el comienzo de la
relación de Hoover con Rosenstiel a principios de la década de 1950, la
misma en la que Susan Kaufman informó que Hoover asistía a las “fiestas
del chantaje” de Rosenstiel. La ficha del FBI de Rosenstiel, obtenida
por Anthony Summers, cita que la primera reunión con Rosenstiel tuvo
lugar en 1965, aunque Summers señala la existencia de pruebas de que se
conocían desde hacía mucho tiempo. Después de solicitar la reunión, en
cuestión de horas se le concedió a Rosenstiel una reunión cara a cara
con el Director. La ficha de Rosenstiel del FBI también revela que el
barón del alcohol presionaba intensamente a Hoover para que le ayudara
en sus intereses comerciales.

Mientras tanto, los detalles
sórdidos de la vida sexual de Hoover ya eran conocidos por la comunidad
de la inteligencia y la mafia de Estados Unidos, y Hoover era consciente
de que estaban al tanto de su sexualidad reprimida y de su afición por
la ropa de mujer. Sin embargo, Hoover parecía disfrutar de las
operaciones de chantaje sexual que comprometían su intimidad, ya que
regularmente se le veía entre los huéspedes de las “fiestas del
chantaje” de Rosenstiel durante las décadas de 1950 y 1960, incluyendo
lugares como la casa personal de Rosenstiel y más tarde el Hotel Plaza
de Manhattan. La afición de Hoover por la ropa de mujer también fue
descrita por dos testigos que no estaban relacionados con Susan Kaufman.

Poco
después de su primera reunión oficial, la relación pública entre los
dos hombres se desarrolló rápidamente, Hoover incluso envió flores a
Rosenstiel cuando estuvo enfermo. Summers informó que en 1957 Hoover
escuchó a Rosenstiel decir durante una reunión: “Tus deseos son
órdenes”. Su relación se mantuvo extremadamente estrecha e íntima a lo
largo de los años sesenta y más allá.

Al igual que Rosenstiel,
Hoover era muy conocido por su acumulación de material comprometedor,
tanto para sus amigos como para sus enemigos. La oficina de Hoover
contenía archivos secretos de muchos personajes poderosos en Washington y
más allá, archivos que usaba para ganar favores y proteger su estatus
como Director del FBI por el tiempo que quisiera.

El propio uso
del chantaje por parte de Hoover sugiere que pudo haber estado más
directamente involucrado en la operación de chantaje sexual de
Rosenstiel, ya que sabía que estaba comprometido y que su participación
en la operación podría ser utilizada para obtener el material
comprometedor que quería para sus propios planes. De hecho, si Hoover
sólo hubiera sido chantajeado y extorsionado por la mafia en relación
con Lansky y Rosenstiel, es poco probable que se hubiera mantenido tan
amistoso con Rosenstiel, Lansky y los otros gángsters presentes durante
estos eventos o que hubiera participado en ellos con la misma
regularidad.

Según el periodista y escritor Burton Hersh, Hoover
también estaba vinculado a Sherman Kaminsky, que dirigía una operación
de chantaje sexual en Nueva York en la que participaban jóvenes
prostitutos varones. Esta operación fue detenida y examinada en una
investigación de extorsión dirigida por el fiscal de distrito de
Manhattan Frank Hogan en 1966, aunque el FBI se hizo cargo rápidamente
de la investigación y las fotos de Hoover y Kaminsky juntos
desaparecieron rápidamente del archivo del caso.

Los lazos
profundos entre Hoover y Rosenstiel continuarían creciendo a lo largo de
los años. Un ejemplo de ello es el reclutamiento por parte de
Rosenstiel del antiguo asistente de Hoover, Louis Nichols, como
vicepresidente de su imperio de alcohol Schenley, y la donación de
Rosenstiel de más de un millón de dólares a la Fundación J. Edgar
Hoover, también administrada por Nichols en ese momento.

Hay más
de un caso documentado en el que Hoover intentó utilizar el chantaje
para proteger a Rosenstiel y a su “comandante de campo”, nada menos que
al notorio Roy Cohn, la otra figura clave en la operación de chantaje
sexual de Rosenstiel con menores.

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Sexo, mafia y poder en el gobierno de Estados Unidos (5)

Hoover y el FBI favorecieron a la mafia
Whitney Webb

Cuando en 1951 se reunió el Comité Kefauver, la mafia era un gran problema, equivalente al terrorismo actual. Pero también era una rama protegida de la CIA, que cooptó a organizaciones criminales de todo el mundo y las utilizó en su guerra secreta contra los soviéticos y los chinos. La mafia había colaborado con el Tío Sam, y salió fortalecida y revitalizada de la Segunda Guerra Mundial. Controlaban ciudades por todo el país.

De hecho, poco después de su creación [en 1948], la CIA forjó vínculos con Lansky por iniciativa del Jefe de Contrainteligencia de la CIA, James J. Angleton. La CIA pronto recurriría a la banda vinculada a Meyer Lansky a principios de la década de 1960, como actor en su plan constantemente fracasado de asesinar al dirigente cubano Fidel Castro, demostrando que la CIA mantenía sus contactos con elementos mafiosos controlados por Lansky mucho después de que se hubiera celebrado la reunión inicial con Lansky.

La CIA también tenía estrechos vínculos con socios de Lansky, como Edward Moss, que estaba a cargo de las relaciones públicas de Lansky y que el entonces Inspector General de la agencia, J.S. Earman, calificó de interés para la CIA. Harry “Happy” Meltzer era también otro asociado de Lansky y agente de la CIA. La CIA le pidió que se uniera a un equipo de asesinos en diciembre de 1960.

Además de la CIA, Lansky también estaba conectado a una agencia de inteligencia extranjera a través de Titor Rosenbaum, un proveedor de armas y alto dignatario del Mosad israelí cuyo banco -el Banco Internacional de Crédito de Ginebra- blanqueó gran parte de los ingresos adquiridos ilegalmente por Lansky, reciclándolos en empresas estadounidenses legales.

El periodista Ed Reid, autor de la biografía de Virginia Hill, “The Mistress and the Mafia” (La patrona y la mafia), escribió que Lansky había intentado atrapar a gente poderosa a través del chantaje sexual ya en 1939. Reid alega que Lansky envió a Hill a México, donde sus conexiones en la Costa Oeste habían establecido un tráfico de drogas que más tarde involucraría a la OSS, la predecesora de la CIA, con el fin de seducir a muchos políticos, oficiales del ejército, diplomáticos y funcionarios de policía.

Finalmente, a Lansky se le atribuyó el mérito de haber obtenido fotos comprometedoras del director del FBI J. Edgar Hoover en la década de 1940, que mostraban Hoover en algún tipo de situación gay, según un antiguo compañero de Lansky que también afirmaba que Lansky había dicho a menudo que “tenía pillado a ese hijo de puta”. Las fotos mostraban a Hoover en medio de un intercambio sexual con su viejo amigo, el Subdirector del FBI Clyde Tolson.

Después de un tiempo, estas fotos cayeron en manos del jefe de contrainteligencia de la CIA, James J. Angleton, quien las mostró a varios otros funcionarios de la CIA, entre ellos John Weitz y Gordon Novel. Angleton estuvo a cargo de las relaciones de la CIA con el FBI y el Mossad israelí hasta que dejó la agencia en 1972 y, como ya se ha dicho, también estuvo en contacto con Lansky.

Anthony Summers, ex periodista de la BBC y autor de “Official and Confidential: The Secret Life of J. Edgar Hoover”, argumentó que no fue Lansky, sino William Donovan, el Director de la OSS, quien obtuvo las fotos originales de Hoover y luego las compartió con Lansky.

Summers también declaró que para los gángsters Frank Costello y Lansky, la capacidad de corromper a políticos, policías y jueces era fundamental en las operaciones de la mafia. La forma que encontraron para tratar con Hoover, según muchas fuentes de la mafia, incluía esa homosexualidad. La anécdota muestra que Lansky y la CIA tenían una relación secreta que incluía, entre otras cosas, compartir material adecuado para el chantaje, es decir, la inteligencia.

También es posible que Hoover fuera atrapado por la mafia durante una de los “fiestas de chantaje” de Rosenstiel, donde Hoover estuvo a veces presente junto a miembros prominentes de la mafia. Se dice que Hoover había usado ropa de mujer durante algunos de estos eventos y que la esposa de Meyer Lansky afirmó más tarde que su esposo tenía fotos del ex director del FBI travestido. Además, desde 1939 Hoover mostraba una preocupación inusual por la forma en que el FBI manejaba los vínculos de Rosenstiel con el crimen organizado, el mismo año en que su estrecho colaborador Lansky estaba moviendo los hilos del chantaje sexual por parte de figuras políticas clave.

La palanca de chantaje adquirida contra Hoover y la posesión de pruebas por parte de la mafia fueron citados como un factor importante en la negación de Hoover, a lo largo de varias décadas, de que las redes nacionales de delincuencia organizada eran un problema grave. Hoover afirmó que se trataba de un fenómeno descentralizado y local, por lo tanto fuera de la jurisdicción del FBI. Cuando en 1963 Hoover admitió finalmente la existencia de redes nacionales de crimen organizado, se habían integrado tanto en la infraestructura del país que se habían vuelto intocables.

El consultor parlamentario Ralph Salerno dijo a Summers en 1993 que el descuido deliberado de Hoover por el crimen organizado durante la mayor parte de su carrera como Director del FBI, permitió que el crimen organizado se hiciera muy fuerte en términos económicos y políticos, convirtiéndose en una amenaza mucho mayor para el bienestar del país de lo que hubiera sido si el problema se hubiera abordado mucho antes.

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