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Reflexiones incómodas sobre el coronavirus (no aptas para ingenuos)

Los partes oficiales de defunciones hospitalarias en muchos países, sin mayor discusión y con poca rigurosidad, atribuyen la causa al Covid-19 basados únicamente en el resultado de alguna de las pruebas recomendadas por la OMS: la RT-PCR (1) (conocida también como “prueba molecular”) o de la prueba serológica (llamada “prueba rápida”) que se aplica al ingreso de los pacientes.

Esto es un error por dos razones: la primera es técnica y la segunda administrativa.Desde el punto de vista técnico, el problema no es tan grave, pero igualmente debe tenerse consciencia de éste. La prueba RT-PCR es ampliamente aceptada como la más confiable en comparación con el test serológico y la prueba de antígenos. Lo que RT-PCR hace es identificar trazos del genoma del SARS-COV2 y amplificarlo (replicarlo) para que pueda ser observado, revelando la situación de contagio en tiempo real; en cambio, el test serológico o llamada también “prueba rápida”, a través de la detección de anticuerpos revela si la persona fue contaminada en el pasado, pero no revela si necesariamente tiene el virus en el momento de tomarse la prueba, por lo cual puede generar falsos positivos y falsos negativos. Por ese motivo, aunque la serológica es aceptada como una prueba de urgencia por su inmediato resultado, la prueba RT-PCR es tomada como la prueba confirmatoria.

Sin embargo, publicaciones especializadas como “Genotipia”, entre otras, advierten que aun la RT-PCR puede generar “falsos positivos” y “falsos negativos” (2). El Dr. Pablo Goldsmith, virólogo argentino, también ha puesto en evidencia que esta prueba tiene un margen de error importante, tanto por sus limitaciones de confiabilidad en sí, como por errores comunes en el procedimiento de la toma de muestras, por lo que recomienda otras técnicas complementarias (3). El neumólogo alemán Wolfgang Wodarg (4), presidente de la Asamblea Parlamentaria del Comité de Salud del Consejo de Europa, explica que esto ocurre porque la prueba RT-PCR se industrializó sin antes haber hecho pruebas con el suficiente tiempo para verificar su calidad, por lo que no es 100% confiable. Es decir que, a pesar de lo que se nos dice, no hay consenso entre especialistas para considerarla como una prueba segura.

Sin embargo, a pesar de su imperfección hay consenso en considerar a la RT-PCR como una buena prueba, además de que no existen las pruebas 100% seguras. Si solo ese fuera el problema, se resolvería mediante un protocolo complementario para disminuir la posibilidad de equivocarse en el dictamen del deceso, como sugiere el Dr. Goldsmith. Sin embargo, en el caso del Covid-19 no es tan simple.

El problema de fondo es que para muchos centros de asistencia de esta enfermedad si dio “positivo” en la prueba de Covid-19, parece ser irrelevante que la muerte del paciente haya sido causada por otra enfermedad preexistente o adquirida en el hospital. Esta práctica es un error metodológico grave porque si alguien muere por otra causa, teniendo al mismo tiempo el virus, es una falta de profesionalismo atribuirle la muerte al Covid-19.

Un lineamiento desde arriba

Este proceder es resultado, no de las ocurrencias individuales de los médicos, sino de estándares acordados desde el más alto nivel que los centros asistenciales tienen que aplicar. Ejemplo de lo anterior es lo que ocurre en Estados Unidos. En un cuestionario sobre certificados de defunción publicado el 24 de marzo de 2020 por el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), se instruye lo siguiente:

El certificado de defunción de todos los difuntos en los que la enfermedad haya causado o se suponga que haya causado o contribuido a la muerte debe incluir el Covid-19 […] Si el difunto tenía otras condiciones crónicas como EPOC o asma que también pueden haber contribuido estas condiciones pueden ser reportadas en la Parte II” (5).

Es notorio aquí términos como “se suponga”, o “pueden haber contribuido”, lo cual está lejos de ser preciso. Cualquier otra dolencia es relegada a segundo plano.

La Dra. Debora Birx, Coordinadora de la Fuerza de Tarea contra el coronavirus del gobierno de Donald Trump, quiso desmarcarse en una conferencia de prensa de la práctica de otros países diciendo: “Si tienes una condición preexistente, y digamos que el virus te hace ir a la UCI [unidad de cuidados intensivos] y luego tienes un problema de corazón o riñón, algunos países registran eso como un problema de corazón o de riñón y no como una muerte por Covid-19 […] en Estados Unidos. Si una persona muere con Covid-19 lo contamos como una muerte por Covid-19” (6).

En Honduras, el problema es peor. Según el Dr. Carlos Umaña basta que una prueba serológica o “prueba rápida”, de positivo para ser tratado como Covid-19 “hasta que se demuestre lo contrario” (7). También se pueden encontrar irregularidades en el registro de pacientes, como la copia de listados completos de un reporte del 7 de mayo, irregularidad que fue admitida por la Secretaria de Salud después de ser un escándalo en las redes sociales (8). Solo esto ameritaría una auditoría a la SINAGER.

En el caso de Estados Unidos esto podría obedecer a un motivo económico porque el Medicare [sistema de seguro de salud de Estados Unidos] subsidia con 13.000 dólares si el hospital dictamina un paciente con Covid-19 y 39.000 dólares si es colocado en un ventilador mecánico (9). En el caso de Honduras, el motivo más bien podría ser político y vinculado a la corrupción. La crisis sanitaria nos mantiene en casa mientras funcionarios y empresarios inescrupulosos roban a sus anchas y además el gobierno se vuelve elegible para más ayuda al exterior.

Hay quienes se atreven a denunciarlo. La Dra. Judy MiIkovits, conocida viróloga norteamericana que jugó un rol importante en el aislamiento del virus del VIH ha criticado que a los médicos se les obliga a reportar que las muertes donde exista la presencia de Covid-19 se deben catalogar como defunciones por esa enfermedad. La Dra. Chinda Bartolino, conocida forense argentina, denuncia que en su país son amenazados con cárcel quienes cuestionen estas prácticas oficiales. En Honduras el Colegio Médico ha expresado su incredulidad respecto a las estadísticas de la SINAGER.

La prensa alineada

Otro fenómeno semejante es el que ocurre con la prensa. Hay una gran obsesión de la prensa vinculada a los centros de poder por “descubrir” casos de Covid-19 a como de lugar. Mediáticamente hay un esfuerzo por destacar el Coronavirus como el causante de cualquier incremento en la morbi-mortalidad observada. Por ejemplo, en un reportaje de CNN se decía lo siguiente sobre el caso de Estados Unidos:

“Utilizando datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) el equipo encontró un aumento de cerca de 15.000 muertes, del 1 de marzo al 4 de abril. Durante el mismo lapso, los estados informaron de 8.000 muertes por covid-19. Eso es casi el doble”, dijo a CNN Dan Weinberger, quien estudia la epidemiología de las enfermedades infecciosas en Yale. El equipo no pudo mostrar si el aumento de las muertes se debió al coronavirus, dijo Weinberger. Pero hay fuertes indicios de que sí. Por ejemplo, el equipo también analizó datos sobre visitas al médico. Lo que vemos es que en muchos estados, uno ve un aumento en las enfermedades similares a la gripe, y luego, una o dos semanas después, ve un aumento en las muertes por neumonía e influenza”, dijo Weinberger. “Esto proporciona alguna confirmación de que lo que estamos viendo está relacionado con el coronavirus” (CNN en español, 28 de abril 2020, reportaje de Maggie Fox).

Como puede verse en este reportaje, una afirmación que es una suposición se convierte en la “confirmación” de que el plus de muertes en Estados Unidos se debió a Covid-19, a pesar de que el mismo reportaje explica que hubo también el incremento de casos de Influenza y de neumonías, las cuales pueden tener varias causas. ¿Por qué CNN no supuso que se trataba de influenza y si tuvo que suponer que se trata de Covid-19?

Al mismo tiempo puede observarse que en los noticieros de cualquier país el resto de las enfermedades son muy poco mencionadas, por no decir que absolutamente. Por ejemplo, en Latinoamérica existen, además de la pandemia Covid-19, dos enfermedades epidémicas graves, como el dengue y el sarampión (10), que en otro momento serían sensación en las primeras planas. Pero hoy día, solo Covid-19 existe en el imaginario periodístico.

En cambio, los reportajes o documentales que revelan estas malas práctica son sacados de circulación por las grandes cadenas mediáticas, calificándolas de “conspiranoicos”, aunque sean respetables programas, como ocurre con el documental “Plandemic” de la cadena Fox en Estados Unidos (11).

Con justicia el citado virólogo argentino Pablo Goldsmith afirma que “nuestro planeta es víctima de un nuevo fenómeno sociológico, el acoso científico-mediático, desencadenado por peritos solamente sobre la base de resultados de análisis de diagnóstico molecular de laboratorio” (12).

Las otras enfermedades invisibilizadas

En el campo asistencial concreto, estas malas prácticas ocasionan problemas adicionales. Por el congestionamiento de casos de Covid-19, la mayoría de los centros asistenciales de salud atienden prioritariamente estos casos, mientras que del resto de enfermedades o accidentes solo se atienden emergencias o accidentes de gravedad. Esto disminuye la capacidad de los sistemas de salud para cubrir dolencias que no son Covid-19, pero que podrían incluso ser más peligrosas para los seres humanos. De hecho, las cirugías previstas están siendo suspendidas y la mayoría de los recursos económicos del sistema de salud se orientan casi exclusivamente a atender la pandemia.

El confinamiento forzoso y sus efectos colaterales también contribuyen a esto. El encierro de las ciudades produce el poco o nulo acceso de sus habitantes a los alimentos o medicamentos debido a limitaciones de funcionamiento y abastecimiento de las farmacias, la falta de transporte público, las restricciones de circulación y la falta de recursos económicos, aun en casos de emergencia. Por otro lado, el estrés del encierro por prolongados periodos de tiempo reduce las defensas y produce cuadros psicológicos o psiquiátricos de riesgo.

Entonces, es razonable pensar que una consecuencia de estas prácticas es que muchas personas estarían viendo agravar las otras dolencias y que sus posibilidades de tener graves consecuencias por ello, incluida la muerte, se incrementan con esta política, aunque no sean tan visibles como Covid-19.

Al largo plazo, el énfasis puesto en Covid-19 constituye una bomba de relojería para el sistema de salud pública. Muchos casos que se dejan de atender explosionan hoy dentro de los hogares y muchos otros explotaran en el futuro próximo, porque no han desaparecido sino que se han escondido de la vista pública.

(1) RT-PCR es la sigla en inglés de “Reacción en Cadena de la Polimerasa con Transcriptasa Inversa”.
(2) Megia González, Rubén, “SARS-COV1: ¿Cómo detectar el nuevo coronavirus con ayuda de la genética?”, 7 de abril 2020. Disponible en: genotipia.com
(3) Entrevista a Pablo Goldschmidt el 9 de abril de 2020 con Eduardo Feinmann en Radio Rivadavia. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=CtoCNhlLsQk
(4) Entrevista hecha por Míster Roka TV, del 22 de marzo 2020, disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Xs5ne_2E5LE. EL 4 de enero de 2010, Wodarg denunció, en una entrevista ofrecida al periódico francés L’Humanité, la presunta planificación de la psicosis de la Gripe A (H1N1), y la presunta ola de histeria y pánico que recorrió el mundo, atribuyéndole la responsabilidad a la Organización Mundial de la Salud, denunciando a personas que presuntamente están estrechamente vinculadas con las farmacéuticas, y que presuntamente todo fue una campaña montada y organizada.
(5) CDC, citado por Ryan Mc Maken: “En marzo, las muertes en EE. UU. de COVID19 sumaron menos del 2 por ciento de todas las muertes, 6 de abril 2020, disponible en https//mises.org/es/wire
(6) Meiling Lee, “Medicos se preocupan de que guías de CDC inflen muertes por el virus del PCCh, según senador estatal”, 17 de abril 2020
(7) Entrevista al Dr. Carlos Umaña, en el Programa “Son las Tres”, el 20 de abril 2020.
(8) Ver: Comunicado de la Secretaria de Salud a través de la Unidad de Vigilancia de la Salud y el Laboratorio Nacional de Virología del 12 de mayo de 2020.
(9) Los Ángeles Times, https://www.latimes.com/espanol/california/articulo/2020-05-05/los-pacientes-con-coronavirus-podrian-ser-la-nueva-gallina-de-los-huevos-de-oro-para-los-hogares-de-ancianos
(10) EL Espectador, 13 de mayo 2020, https://www.elespectador.com/coronavirus/dengue-sarampion-y-covid-19-las-epidemias-que-amenazan-america-latina-articulo-918820
(11) Se trata PlandemicMovie.com. Este documental es objeto de una gran polémica en todas las redes sociales, de donde está siendo borrado por las grandes cadenas porque contiene diversas recomendaciones presuntamente erróneas de la entrevistada principal, la Dra. MiIkovits. Mi sospecha es que se le ha censurado, no tanto por sus ideas particulares, sino porque el documental presenta evidencias irrefutables de que la mala práctica que aquí critico proviene del más alto nivel oficial del gobierno norteamericano.
(12) Pablo Goldschmidt: “Coronavirus: El pánico es injustificado dice un virólogo argentino en Francia”, Clarín, 9 de maro de 2020, disponible en: https://www.google.com/amp/s/www.clarin.com/buena-vida

Tomás Andino Mencía https://criterio.hn/reflexiones-incomodas-sobre-el-covid-19-no-aptas-para-ingenuos/

La primera parte de este artículo se puede leer en: https://criterio.hn/reflexiones-incomodas-sobre-covid-19-no-aptas-para-ingenuos-1a-parte/

El recurso al coronavirus oculta los verdaderos motivos de las muertes de los trabajadores de Estados Unidos

En Estados Unidos la atención médica es privada, por lo que la mitad del país, es decir, 160 millones de personas, sólo tiene médico si tiene trabajo.

Con la crisis económica 43 millones de trabajadores, además de perder su empleo, perderán también su seguro médico. En los últimos dos meses 33 millones de trabajadores ya están despedidos y no van a poder costearse la atención médica, ni ellos ni sus familiares.

Actualmente el porcentaje oficial de paro es del 14,7 por ciento, aunque algunos economistas calculan que, en realidad, está entre el 19 y el 23,6 por ciento, si tenemos en cuenta el número de los que han perdido su trabajo en las últimas dos semanas, así como el número de los que no han solicitado el seguro de desempleo.

El mes pasado el Instituto de Política Económica estimó que 12,7 millones de trabajadores ya habían perdido el seguro médico asociado a su contrato de trabajo.

Como consecuencia de la crisis económica, los trabajadores y sus familiares no van a ser atendidos, salvo en los hospitales de la beneficencia que, hasta ahora, han sido un colchón, para paliar la atención médica de los parados, pero que resultan claramente insuficientes, dado el volumen de paro que se espera.

La atención médica en Estados Unidos no está preparada para soportar una recesión económica, según el doctor Adam Gaffney, presidente del Programa de Médicos para una Salud Nacional. “Es inevitable que la gente muera porque no pueden obtener la atención que necesitan debido a la recesión que se avecina”.

Las cifras de mortalidad se van a disparar y el recurso al coronavirus contribuirá a ocultar los verdaderos motivos de los fallecimientos, así como su naturaleza de clase.

La única pandemia es, pues, la crisis del capitalismo.

El mecanismo de ocultación lo expuso el secretario de Salud, Alex Azar, el mes pasado: el gobierno va a financiar la atención sanitaria a los enfermos de coronavirus, mientras que los demás no podrán acceder a la atención sanitaria.

Dado que el dinero va a parar a las grandes empresas aseguradoras, que cobran en función de los casos atendidos, tanto ellas como los enfermos están interesados en consignar que, en efecto, su dolencia tiene su origen en el virus.

Las cifras de la pandemia no dejarán de inflarse y la crisis del capitalismo no existe: estamos ante una recesión económica causada por un virus, que ha obligado al cierre de las empresas y bla, bla, bla, bla, bla….

El Estado de Alarma y el confinamiento han debilitado el sistema inmunológico de la población, según el estudio de seroprevalencia del gobierno

Decodifican por primera vez parte clave del sistema inmunológico ...Los resultados de la primera ronda del Estudio Nacional de Seroprevalencia del Coronavirus ENE-COVID-19 esclarecen que tan sólo el 5% de la población en España ha estado en contacto con la enfermedad y ha generado anticuerpos.
Es decir, estos resultados muestran que la población de nuestro país está lejos de haber adquirido la inmunidad de grupo o de rebaño, una circunstancia que favorecería un menor contagio del coronavirus si hubiera un rebrote de casos o una segunda oleada de la pandemia. Para que esto hubiera ocurrido así, se tendría que haber registrado una seroprevalencia de un 60%.
Esto pone en evidencia que las medidas de aislamiento y distanciamiento social han hecho que la población quede más expuesta no solo al coronavirus, sino que ha debilitado su sistema inmunológico.
Esta primera ronda, además, arroja luz sobre cuáles han sido las provincias en las que ha habido un mayor contacto con el virus. Soria, Cuenca, Albacete, Segovia y Madrid son los territorios en los que existe una seroprevalencia mayor que en ningún caso llega a superar el 20% de sus poblaciones. El estudio también aclara que no existen diferencias de seroprevalencia entre hombres y mujeres ni por segmentos de edades.
La investigación está organizada por el Ministerio de Sanida, el Instituto de Salud Carlos III, las comunidades autónomas y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los investigadores que trabajan en el estudio pretenden monitorizar a una población de 90.000 habitantes repartidos en todo el territorio español en tres fases. No obstante las conclusiones a las que ha llegado el Ministerio con estos datos son que «habrá que esperar a la ansiada vacuna», que todo indica que no llegará nunca.

Una empresa farmacéutica que aprovecha la histeria para sus propios intereses económicos

Dr. William Bruno

La paciente llega a la sala de emergencias respirando tres o cuatro veces más rápido de lo normal, una respuesta fisiológica a la incapacidad de los pulmones para suministrar suficiente oxígeno al cuerpo. Esto crea una sensación que podría experimentarse en caso de ahogamiento. Parece asustada. Desesperada. Me presento como médico de urgencias e intento asegurarle que se sentirá más cómoda con el oxígeno extra que la enfermera le está colocando.

A la paciente ya se le ha diagnosticado Covid-19 y la intentamos recuperar en su casa antes de que sus síntomas empeoraran, lo que la llevó a regresar al hospital. Responde a una pregunta jadeando por aire: “¿Hay medicación para esto?”

Como la mayoría de mis colegas, he pasado incontables horas siguiendo la literatura médica sobre el Covid-19 en anticipación al tratamiento de pacientes como el que he descrito. Lamentablemente, la realidad es que no hay tratamientos probados y, a pesar del considerable entusiasmo y la fanfarria, gran parte de las investigaciones realizadas hasta la fecha han sido de poca monta y han sido llevadas a cabo por empresas farmacéuticas por motivos económicos.

Muchas de las intervenciones propuestas hasta ahora suponen la adaptación de medicamentos existentes, como la cloroquina, un fármaco antipalúdico, o la ivermectina, un fármaco antimicótico, con la esperanza de que estos medicamentos puedan ser útiles para el tratamiento del nuevo coronavirus. Desafortunadamente, los resultados han sido decepcionantes. La inverosimilitud biológica de utilizar medicamentos desarrollados para tratar enfermedades no virales ha llevado a muchos clínicos y científicos a considerar estas intervenciones con escepticismo. Sin embargo, esto no ha impedido que las autoridades [de Estados Unidos] las presenten como opciones de tratamiento.

El remdesivir, un antiviral desarrollado originalmente para tratar la fiebre hemorrágica causada por los virus Ébola y Marburgo [un virus endémico en varios países africanos], es el último tratamiento potencial para generar entusiasmo.

El estudio inicial utilizado para justificar su uso fue un pequeño grupo de pacientes con Covid-19. Aunque una gran proporción de los pacientes que tomaron el medicamento mejoró, no hubo un grupo de control para la comparación, lo que hizo imposible acreditar la mejora de remdesivir. Esto está muy lejos de la norma aceptada para probar una nueva terapia: un ensayo controlado aleatorio, en el que un grupo de tratamiento recibe el nuevo fármaco y su resultado clínico se compara con un grupo de control que recibió medidas estándar o un placebo. Eso no ha impedido que Gilead, la empresa farmacéutica propietaria del remdesivir, se jacte de su éxito, levante la esperanza y suba el precio de sus propias acciones.

La decisión de llevar a cabo un estudio metodológicamente cuestionable como el descrito -y su posterior publicación en una de las principales revistas médicas del mundo- es el mejor reflejo de la desesperación de la comunidad médica en un momento de crisis, en el que se está dispuesto a sacrificar datos de calidad por resultados rápidos. Una opinión menos “generosa” lo vería como una cínica estratagema para generar entusiasmo por una droga sin el riesgo de un ensayo negativo, en el que el grupo de tratamiento no muestra una mejora significativa respecto al grupo de control.

Se podría señalar la dificultad de llevar a cabo un ensayo clínico bien diseñado, con grupos de tratamiento y control, bajo el peso de una pandemia mundial, donde una gran parte de nuestros sobrecargados recursos de atención de la salud se dedican a la prestación de atención, lo que hace que los grandes ensayos clínicos multiinstitucionales sean una lejana segunda prioridad. A este respecto, el uso de la remodelación en otros contextos es una lección instructiva.

En diciembre de 2019 un equipo de investigadores publicó los resultados de un ensayo controlado aleatorio (en el que los participantes se asignan al azar a un tratamiento experimental o a una atención estándar) en el que se comparaba el rebrote con otros tratamientos para la enfermedad del Ébola. Lo notable de este estudio no es que los investigadores hayan podido utilizar un diseño de investigación tan riguroso, sino que lo hicieron en un Congo devastado por la guerra, durante un brote del virus del Ébola.

Por su parte, Gilead ha iniciado numerosos ensayos clínicos para evaluar más a fondo la eficacia del remdesivir en el tratamiento del Covid-19. El mes pasado [abril] se publicaron datos preliminares en un estudio del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, que mostraron que los pacientes infectados que recibían la droga sólo tenían un beneficio modesto en cuanto a la duración de la estancia en el hospital, pero ninguna reducción de la mortalidad. La revista médica The Lancet, tal vez en un intento de atenuar la excitación del exceso de celo, ha publicado datos de un ensayo controlado aleatorio aún no publicado que refuta este modesto beneficio y sugiere que el remdesivir puede no ser útil en los pacientes de Covid-19. A pesar de las limitaciones de los datos preliminares, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha anunciado que permitirá el uso regular de la droga en pacientes hospitalizados, alimentando el frenético rumor de que el tratamiento puede estar al alcance de la mano.

Por cierto, el reciente ensayo del remdesivir sobre el Ébola en el Congo refutó estudios anteriores, metodológicamente inferiores, y sugirió que otros tratamientos eran en realidad superiores al remdesivir para su uso en la enfermedad del Ébola. Esto no quiere decir que la eficacia, o la falta de eficacia, de la droga en el tratamiento del virus del Ébola pueda utilizarse como prueba de su eficacia sobre el Covid-19, un proceso de enfermedad completamente diferente. Sin embargo, la historia de un nuevo tratamiento que se mostró prometedor en los primeros estudios, sólo para resultar decepcionante en estudios posteriores más rigurosos, vale la pena tenerla en cuenta a medida que la ciencia se desarrolla para el uso de remdesivir para Covid-19.

Como todos los médicos, quiero decirle a los pacientes, como el que describí, que de hecho tengo una droga para darle. Pero quiero saber que su indicación se basa en la ciencia médica y no en la codicia empresarial o la imprudencia del pánico. Los investigadores que estudian el virus del Ébola en el Congo están demostrando que una calamidad no es excusa para una ciencia descuidada. De hecho, en tiempos de crisis como estos, la sociedad debe confiar en que la ciencia médica sea un bastión de racionalidad.


William Bruno, es médico de urgencias del Centro Médico USC de Los Ángeles
https://truthout.org/articles/pharmaceutical-company-pushes-new-unproven-covid-treatment-drug/

Más información:
– Fauci cambia las pruebas de los antivirales para aprobar un fármaco contra el coronavirus de la multinacional Gilead

La pandemia es el confinamiento: lo que está aumentando es el número de muertes ocasionadas por el toque de queda

En Gran Bretaña este año ha aumentado el número de personas fallecidas en su domicilio respecto al promedio de los cinco años anteriores

Según Jason Oke, estadístico del Departamento Nuffield de Ciencias de la Salud de Atención Primaria de la Universidad de Oxford, este año han muerto 8.196 personas más en los domicilios, incluyendo 6.546 muertes no relacionadas con el coronavirus (*).

El dato va acompañado de una disminución de las muertes de personas en los hospitales por motivos ajenos al coronavirus, lo que lleva al estudio a concluir que muchas de las personas que en años anteriores ingresaban en los hospitales, ahora están muriendo en sus casas.

La conclusión de los científicos es que las personas están muriendo por otras causas que no se habrían producido en condiciones normales, lo que califican como “daños colaterales del confinamiento”.

Otro análisis sugiere que puede haber habido ya unas 10.000 muertes más en el Reino Unido que en años anteriores.

En Italia se ha producido una situación similar: ya se han producido 11.600 muertes excesivas debido a personas gravemente enfermas que evitan acudir a los hospitales.

Los datos de varios países confirman un retraso en la presentación de los pacientes con infarto de miocardio durante la pandemia, ya sea porque la gente no quiere sobrecargar los servicios de salud en este momento o porque temen contagiarse de coronavirus, dice el profesor Andrew Goddard. “Es esencial que los pacientes que temen un ataque al corazón o un derrame cerebral llamen al 999”, el número de teléfono de emergencias.

Un equipo de analistas de Sudáfrica también ha descubierto que las consecuencias económicas del confinamiento en el país provocarán la muerte de 29 veces más personas que el propio coronavirus.

El profesor Richard Sullivan advirtió que habrá más muertes por cáncer en Gran Bretaña que el número total de muertes por coronavirus debido a las restricciones de las pruebas de detección y al tratamiento resultante del confinamiento.

De sus comentarios se hizo eco Peter Nilsson, Profesor de Medicina Interna y Epidemiología de la Universidad de Lund, quien dijo: “Es muy importante comprender que las muertes por Covid-19 serán mucho menores que las muertes causadas por el confinamiento de la sociedad cuando se arruine la economía”.

Los expertos también advirtieron que el confinamiento dará lugar a 1,4 millones de muertes por infecciones de tuberculosis no tratadas.

Si el confinamiento en sí mismo termina costando muchas más vidas que si los países hubieran seguido el ejemplo de Suecia, entonces ¿qué sentido tiene?

https://www.theguardian.com/society/2020/may/08/more-people-dying-at-home-during-covid-19-pandemic-uk-analysis

El hospital culpa al coronavirus de una muerte pero la ciencia demuestra lo contrario

Diariamente en Colombia son más las denuncias que provienen de los casos difuntos por Covid-19. A pesar de darse un sepelio como pacientes positivos, en algunos casos no lo son, por eso familiares piden que aclaren sus muertes.

En la ciudad colombiana de Ocaña, la segunda persona en contraer el virus en la región falleció el pasado 26 de abril, sin embargo, el día anterior había llegado a las instalaciones Hospital Emiro Quintero Cañizares con signos vitales débiles, la oportuna reacción por parte del personal de salud logró reanimar el cuerpo y mantenerlo estable hasta el próximo día en el que falleció.

Familiares del difunto afirman que el 25 de abril el hombre había sido diagnosticado para Covid-19 y por esta razón se le dio un sepelio como paciente positivo, a pesar de esto, el día de su defunción se le fue tomada la segunda prueba la cual salió negativa.

De acuerdo a lo anterior, la familia le pide al hospital que aclare el tema ya que en el registro a nivel nacional aun figura como persona fallecida con Covid, mientras la ciencia demuestra lo contrario. El Hospital informó a la opinión pública que se hizo una petición por escrito para que se el mismo Ministerio de Salud el encargado de dar una respuesta al respecto.

http://noticias.canaltro.com/covid-19-un-nuevo-camino-hacia-los-falsos-positivos/

Pandemia y control poblacional

Darío Herchhoren

La aparición de la pandemia del covid 19 significó una alarma mundial, que fué aprovechada por algunos estados para dar una vuelta de tuerca sobre el control que ejercen sobre la sociedad entera.
En los países de occidente conviven estados más democráticos y estados más autoritarios. Cuando hablamos de estados democráticos lo hacemos desde la legalidad burguesa que es la que conocemos porque vivimos en un país capitalista, y cuando hablamos de estados más autoritarios nos referimos a estados tales Arabia, Brasil, Filipinas, etc. donde las libertades democrático burguesas no están garantizadas.

Desde el punto de vista sanitario, el confinamiento de la población es una medida que se toma para evitar la difusión de una enfermedad, y suele ser efectiva a esos efectos.

Pero desde un punto de vista democrático, ese confinamiento puede tener otra lectura, ya que restringe y mucho la libertad de movimientos, que es esencial a un estado democrático. Decía el famoso penalista español Luis Jiménez de Asúa, que la libertad de ambular no solo se restringe poniendo a un policía que te controle, sino que se puede restringir la libertad de ambular poniendo un perro bravo junto a los ciudadanos, o generando miedo a sanciones económicas (multas) en caso de violación de las normas generadas por el estado.

Pero veamos un poco con la cabeza fría. Es cierto que el confinamiento sine die de las personas puede ser una agresión contra la libertad de ambular, que es uno de los derechos más elementales de los seres humanos, pero el estado nos contesta que esas medidas se toman para proteger el derecho a la vida, que está amenazado por la existencia de una pandemia. Hay un evidente choque entre dos derechos fundamentales.

Sin embargo hay una gran cantidad de situaciones en las cuales el estado se apropia de información sobre nosotros mismos que no suscitan tanta efervescencia, y que aceptamos como algo consustancial al funcionamiento de una democracia, y pruebas al canto: Cuando tramitamos un DNI, damos una serie de datos personales que quedan en poder de un órgano del estado como es la policía, y ahora el DNI viene con un chip que contiene, según la policía unos datos personales tales como si hemos sido detenidos, si hemos estado en prisión, y como no lo sabemos podría contener datos sobre nuestra ideología o sobre nuestras creencias religiosas. Si matriculamos a nuestros hijos en la escuela primaria también damos unos datos personales que quedan en manos del estado. Si abrimos una cuenta corriente en un banco pasa lo mismo.
                                                                                                                                                                                            
Pero lo peor está por llegar, y es que la policía por razones de seguridad, nos lo dicen así, puede escuchar nuestras conversaciones telefónicas, y mediante los teléfonos móviles, saber nuestra ubicación exacta con día y hora. Nuestras calles están repletas de cámaras de seguridad, que nos filman y siguen nuestros movimientos hasta que entramos dentro del ámbito de otra cámara de seguridad. Y así de seguido.

Con esto queremos demostrar que en realidad vivimos en un estado policial que nos controla en todo momento, que sabe de nuestros movimientos y de nuestra ideología aunque nunca la digamos y lo saben por medio del estudio de los algoritmos.

Realmente, que nos enclaustren en casa, no es en realidad más que una vuelta de tuerca más en nuestras desgraciadas vidas y que si no rompemos con un estado que cada vez es menos democrático burgués y más fascista, terminaremos como robots, que haremos todo lo que nos manden, sin rebelarnos contra esa sutil dictadura que parece democrática. ¡Sublevémonos ya!

Bill Gates financió el diseño del modelo epidemiológico fraudulento de coronavirus utilizado en Gran Bretaña y Estados Unidos

Suecia: ‘del dicho al hecho hay un trecho‘
El modelo epidemiológico utilizado en Gran Bretaña y Estados Unidos para justificar las previsiones de un estallido exponencial de la pandemia de coronavirus, fue diseñado por el Imperial College de Londres, que cobró 79 millones de dólares de Bill Gates.

Las proyecciones aterradoras no se han cumplido en absoluto. No era un error, sino un auténtico montaje adobado por ordenadores y matemáticas. Después del espantoso ridículo, los científicos de verdad han empezado a pedir explicaciones a los mercenarios, empezando por el mafioso que encabezó el diseño del modelo, Neil Ferguson, que pronosticó 2,2 millones de muertos en Estados Unidos (1). Actualmente son 80.000, a pesar de inflar las cifras con todo tipo de cadáveres.

Buena parte de los fraudes de la ciencia moderna tienen el mismo origen en los modelos informáticos. Ferguson y sus sicarios han reconocido que, en efecto, el modelo presenta “problemas” que hasta la fecha no han sido capaces de resolver.

Un antiguo informático de Google ha analizado el código fuente y asegura que tiene desviaciones tan grandes que van mucho más allá de lo que en estadística llaman “márgenes de error”.

Lo que cabe esperar de los “amantes de la ciencia” como Gates es que ahora destinen otros 79 millones de dólares a corregir los “errores” del anterior.

Ferguson formó parte del grupo de “expertos” que convenció al Primer Ministro británico Boris Johnson para que abandonara la estrategia anterior, similar a la de Suecia, para evitar las 510.000 muertes previstas por el modelo informático para Gran Bretaña.

Durante un mes estuvieron ocultando el código fuente del modelo. Ante las presiones, lo publicaron el 27 de abril en el repositorio de GitHub (2), pero con una inusual salvedad: los archivos con los parámetros concretos eran sólo unos ejemplos y no reflejaban los que utilizaron en sus previsiones.

El truco fue el siguiente: publicaron un algoritmo genérico que permite a otros elaborar modelos epidemiológicos para cualquier país del mundo, pero no el que ellos utilizaron para Gran Bretaña y Estados Unidos.

A un equipo científico de Upsala, en Suecia, se le ocurrió transplantar el modelo de Londres a su país con una política, como la actual, de “puertas abiertas”, es decir, sin confinamiento, y las conclusiones fueron que la catástrofe estaba segurada. Para impedir la sangría humana, Suecia debía apuntarse al confinamiento. Las previsiones multiplicaban por 40 las cifras reales y conocidas, lo que suponía un total de 40.000 cadáveres para el 1 de mayo y casi 100.000 para el próximo mes de junio.

Afortunadamente el gobierno de Suecia no se dejó arrastrar por los delirios de ese tipo de “expertos” y sus modelos informáticos. El tiempo le ha dado la razón: el número de muertes a fecha de hoy es de 3.460 muertes imputadas al virus.

Así son los “expertos”: si la realidad no confirma una teoría, lo que hay que cambiar es la realidad para agradar los oídos de Bill Gates o cualquier otro que ponga el dinero encima de la mesa.


(1) https://www.cato.org/blog/how-one-model-simulated-22-million-us-deaths-covid-19
(2) https://github.com/mrc-ide/covid-sim/issues/144

El Pentágono invierte en la fabricación de jeringillas con vacunas predosificadas contra el coronavirus

Las pandemias y las vacunas que las remedian siguen siendo derivaciones de los ejércitos. Ayer el Pentágono anunció una inversión de 138 millones de dólares en una empresa privada que fabrica dosificaciones inyectables de una vacuna contra el coronavirus.

El contrato de los militares tendrá vigencia a partir del otoño de este año y en la empresa ya participan el Departamento de Salud y el banco de inversiones estadounidense Jefferies.

La empresa contratista, Apiject Systems America, está especializada en fabricar pequeñas jeringuillas de plástico desechables y predosificadas. El acuerdo aumentará radicalmente la fabricación de dichas jeringuillas que, hasta ahora, sólo se habían distribuido localmente.

Para finales de año, la empresa quiere alcanzar un volumen de producción de 100 millones de jeringillas, dice el Pentágono en su comunicado. El plan es “luchar contra el Covid-19 cuando se disponga de una vacuna segura y probada”, según el comunicado.

El contrato comprende la creación de nuevas fábricas en Connecticut, Carolina del Sur e Illinois para la fabricación ultrarrápida de jeringuillas hasta alcanzar una producción de 500 millones el año que viene.

El acuerdo “ayudará a reducir la dependencia de Estados Unidos de las líneas de producción extranjeras y tecnologías más antiguas con plazos de entrega más largos”, dicen los militares.

Para reconstruir una industria que habían abandonado a China durante muchos años, el Pentágono ha estado invirtiendo cientos de millones de dólares en los últimos dos meses en la compra de mascarillas, pruebas de detección y otros productos farmacéuticos de empresas estadounidenses.

Ya se han adjudicado varios contratos, incluyendo un contrato de 133 millones de dólares para la producción de mascarillas quirúrgicas N95 adjudicado a tres empresas estadounidenses: 3M, Honeywell y Owens & Minor.

Una empresa de Maine especializada en la fabricación de los hisopos de algodón necesarios para los tests nasales de coronavirus, ha conseguir un contrato de 75,5 millones de dólares.

https://www.lorientlejour.com/article/1217850/le-pentagone-investit-dans-les-seringues-pre-dosees-pour-un-vaccin-contre-le-coronavirus.html

7 muertos en Guinea Conakry a causa de las protestas contra el confinamiento

Siete personas murieron ayer en Conakry y en el noroeste de Guinea en enfrentamientos con la policía causados por protestas populares contra el confinamiento.

El gobierno ha querido preservar a la capital de la llegada de población procedente de barrios y localidades cercanas. Para imponer el confinamiento la policía ha establecido controles en las carreteras que impiden la circulación de vehículos.

“Ha habido cinco muertes en Coyah y una en Dubreka”, dos prefecturas cercanas a Conakry, donde los manifestantes protestaban contra los controles de la policía que bloquean la circulación en las carreteras para aislar a la capital, dijo el portavoz de la policía, el mayor Mory Kaba.

Una de las víctimas es una mujer embarazada. Todas las víctimas han sido asesinadas por disparos de armas de fuego realizadas a quemarropa.

En Coyah, los manifestantes saquearon las comisarías de policía y de la gendarmería, según Kaba.

En Kamsar, cerca de la ciudad minera noroccidental de Boké, una persona murió cuando los manifestantes protestaban “contra los cortes de luz”, según la misma fuente. La víctima fue “asesinada a tiros”, dijo una fuente médica.

Es falso que los vecinos protestaran contra los cortes de electricidad. Para paliar el descontento por el toque de queda, el gobierno ha concedido tres meses de electricidad gratis y el consumo ha causado cortes de suministro, incluso en la capital.

En Coyah y Dubreka la policía y la gendarmería han impuesto controles de carretera para evitar que los vecinos de los barrios y localidades cercanas viaje por la carretera que lleva a Conakry, que es el lugar de trabajo de muchos habitantes de ambas prefecturas.

En definitiva, el confinamiento se ha impuesto con el único propósito de aislar a las clases dominantes de la capital, de los trabajadores que viven en los suburbios.

Anoche un camión militar se dirigió hacia Coyah para que los soldados reforzaran a la policía local.

A fecha de hoy en Guinea se atribuyen 11 muertes al coronavirus. Si los disturbios se reproducen, pronto el remedio será peor que la enfermedad.

Manifestación contra el confinamiento en Friguiadi

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