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La descubridora del coronavirus fue una trabajadora sin titulación universitaria

Con la histeria actual, la descubridora de los coronavirus, la científica escocesa June Almeida, ha saltado a la fama, aunque no se han realzado suficientemente algunos detalles muy interesantes de su biografía.Almeida era una trabajadora e hija de trabajadores que tuvo que abandonar el colegio a los 16 años porque no tenía dinero para asistir a la universidad. En un mundo en el que campean los títulos oficiales, incluidos los de la Universidad Rey Juan Carlos, no conviene airear que en numerosas disciplinas científicas los profanos han realizado importantes investigaciones que han impulsado el progreso del saber.

Tras abandonar sus estudios, Almeida trabajó de enfermera en varios hospitales británicos y, como en las Islas no le permitían avanzar en su formación, se trasladó a Canadá, iniciando una importante tarea como microscopista en el terreno del cáncer. Desarrolló un nuevo método para mejorar la visualización de los virus, agregándolos a los anticuerpos.

Cuando las publicaciones de la neófita saltaron a la fama, los británicos retrocedieron. Quizá se acordaron de Jenner, a quien consideran como el inventor de las vacunas, pero a quien jamás admitieron en el seno de la medicina. Lograron convencer a Almeida de que regresara de Londres, aunque la obligaron a seguir algunos de los cauces oficiales para darle un título que no necesitaba.

La burguesía ha creado una sociedad formalizada a su imagen y semejanza, donde lo importante es siempre lo oficial, el certificado que se enmarca para colgar de la pared a la vista de todos, a fin de que algunos se permitan ponerse un peldaño por encima de los demás y pontificar. Sobre todo pontificar, emitir encíclicas, decretos y sentencias.

Junto con David Tyirell, un científico que trabajaba en las enfermedades respiratorias, en 1964 Almeida descubrió en las células de pacientes resfriados la morfología de un nuevo tipo de virus que, por su aspecto exterior, parecían revestidos por una corona.

El descubrimiento no fue consecuencia de su titulación sino de la pericia de Almeida al microscopio.

En 2002, junto con David Tyrrell y Michael Fieder, escribió un libro titulado de una manera sugerente y bastante característica de la virología: “Guerras Frías: la lucha contra los resfriados comunes” (Cold Wars: The Fight Against the Common Cold).

No es ninguna casualidad que el coronavirus apareciera en las personas aquejadas de resfriados, ni que a un periódico se le escapen a veces cosas como la siguiente: “Los resfriados no tienen profilaxis ni otra cura que la que nos proporciona nuestro nunca suficientemente valorado sistema inmune. Hace algunos años se diseñó, y comercializó, una vacuna contra los resfriados. Sin embargo, los protocolos de administración eran complejos y su eficacia profiláctica muy cuestionable” (*).

Por lo demás, Almeida sólo llegó a describir la forma externa de una de las muchas variedades de coronavirus. En una época en la que la microscopía electrónica aún estaba en mantillas, la observación fue una proeza. Pero los virus no se identifican sólo por su morfología. Además, es necesario aislarlos, purificarlos y secuenciarlos, una tarea que no se ha completado, lo que complica cualquier avance en este terreno.

Son muchos los científicos que han realizado importantes descubrimientos sin necesidad de título, en varias disciplinas, incluida la matemática. En ocasiones el título es un lastre y los investigadores no son capaces de romper con el cúmulos de aprendizajes previos.

La tesis se puede volver del revés: son muchos los reconocidos científicos que, como Newton, han apoyado sonoros disparates que condujeron a que Engels le calificara de “burro”. Los historiadores destacan determinados aspectos del pensamiento de un autor y pasan por encima de otros.

Todo esto se resume muy fácilmente en lo que escribiera un gran sabio como Antonio Machado: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”.

(*) https://www.abc.es/sociedad/abci-june-almeida-cientifica-identifico-primer-coronavirus-202005150123_noticia.html

Más información:
– Teoría y práctica del contagio y la vacunación a lo largo de la historia de la medicina
– Para sacar a Newton fuera del armario

La Fundación Rockefeller preconiza la militarización de la sociedad con el pretexto de la pandemia

La Fundación Rockefeller ha presentado un “Plan de Acción Nacional para el Control de Covid-19” en el que esbozan “medidas pragmáticas para reabrir nuestros lugares de trabajo y comunidades”. Pero estas no son, como dice el título, simplemente medidas de salud. El Plan -al que han contribuido algunas de las más prestigiosas universidades (Harvard, Yale, Johns Hopkins y otras)- prefigura un modelo social verdaderamente jerárquico y militarizado.

En la parte superior, el “Consejo de Control de Pandemias, análogo al Consejo de Producción de Guerra que Estados Unidos creó en la Segunda Guerra Mundial”. Estaría compuesto por “dirigentes de los negocios, el gobierno y el mundo académico” (enumerados así por orden de importancia, con los representantes del gobierno no en la parte superior, sino los de las finanzas y la economía). Este Consejo Supremo tendría la facultad de decidir sobre la producción y los servicios, con una autoridad similar a la conferida al Presidente de Estados Unidos en tiempos de guerra por la Ley de Producción para la Defensa. El Plan establece que 3 millones de ciudadanos estadounidenses deben ser examinados semanalmente del Covid-19, y que el número se debe aumentar a 30 millones por semana en seis meses. El objetivo, que se debe alcanzar en un año, es llegar a la capacidad de probar a 30 millones de personas diarias de Covid-19.

Para cada prueba debe haber “un reembolso adecuado a un precio de mercado de 100 dólares”. Por lo tanto, se necesitarán “miles de millones de dólares al mes” en dinero público.

La Fundación Rockefeller y sus socios financieros ayudarán a crear una red para la provisión de garantías de crédito y la firma de contratos con los proveedores, es decir, con las principales empresas productoras de medicamentos y equipo médico. Según el Plan, la “Junta de Control de Pandemias” también está autorizada a crear un “Cuerpo de Respuesta a Pandemias”, una fuerza especial (no denominada incidentalmente “Cuerpo” como los Marines) con una plantilla de 100.000 a 300.000 miembros. Se reclutarían de voluntarios del Cuerpo de Paz y de Americorps (creado por el gobierno de Estados Unidos oficialmente para “ayudar a los países en desarrollo”) y de la Guardia Nacional.

Los miembros del “Cuerpo de Respuesta ante Pandemias” recibirían un salario bruto medio de 40.000 dólares al año, para lo cual se espera que el gobierno gaste entre 4.000 y 12.000 millones de dólares anuales. El “Cuerpo de Respuesta ante Pandemias” tendría la tarea principal de controlar a la población con técnicas de tipo militar, mediante sistemas digitales de rastreo e identificación, en lugares de trabajo y de estudio, en barrios residenciales, en lugares públicos y en movimiento. Sistemas de este tipo -recuerda la Fundación Rockefeller- los realizan Apple, Google y Facebook.

Según el Plan, la información sobre las personas, relativa a su salud y actividades, permanecería reservada “en la medida de lo posible”. Sin embargo, todos ellos estarían centralizados en una plataforma digital cogestionada por el Estado Federal y las empresas privadas.

Sobre la base de los datos proporcionados por el “Consejo de Control de Pandemias”, se decidirá a su vez qué zonas estarían sujetas a confinamiento y por cuánto tiempo. Este, en resumen, es el plan que la Fundación Rockefeller quiere implementar en Estados Unidos y en otros lugares. Si se llevara a cabo aunque fuera parcialmente, habría una mayor concentración del poder económico y político en manos de élites aún más pequeñas, en detrimento de una mayoría creciente que se vería privada de los derechos democráticos fundamentales.

El operativo se ejecutaría en nombre del “control del Covid-19”, cuya tasa de mortalidad, según datos oficiales, ha sido hasta ahora inferior al 0,03 por ciento de la población de Estados Unidos. En el Plan de la Fundación Rockefeller, el virus se utiliza como un arma real, incluso más peligrosa que el propio Covid-19.

(*) https://www.rockefellerfoundation.org/national-covid-19-testing-action-plan/

Manlio Dinucci, https://www.investigaction.net/fr/la-fondation-rockefeller-preconise-un-controle-militarise-de-la-population-pour-lutter-contre-le-covid-19/

Histeria médica, histeria política, histeria social y no desmayaremos hasta salir de esta histeria

A medida que proliferan las noticias sobre la histeria, cada vez está más clara la reacción que los Estados de casi todo el mundo han tenido como consecuencia de una situación que ellos mismos -y no un virus- han creado.

En la localidad de Totoras, en Argentina, a dos ancianos, un hombre de 79 años y mujer de 91, que fallecieron por un cuadro de neumonía severa con fiebre, les realizaron pruebas para detectar el coronavirus (*).

Como venimos repitiendo desde un principio, para la ciencia es imprescindible conocer la causa de la muerte en cualquier circunstancia, máxime cuando previamente ha existido una intervención médica. En una pandemia con mucha más razón.

En este caso los ancianos presentaban un cuadro de enfermedad común, conocida y tratada desde hace siglos pero que ahora la paranoia atribuye al coronavirus.

El caso es relevante porque, en efecto, desde el principio se activó el protocolo estúpido. Los trabajadores sanitarios los asistieron con el equipamiento y la indumentaria de “protección” y, naturalmente, los ancianos fueron aislados y “tratados” por los médicos como si tuvieran coronavirus.

Los resultados de las pruebas llegaron tras el fallecimiento de ambos e indicaron que no había virus. El diagnóstico fue erróneo. Ahora bien, es posible que lo erróneo no sea el diagnóstico sino la prueba. Ni es posible saberlo, ni hay interés alguno en saberlo.

A partir de aquí, se imponen numerosas reflexiones en las que venimos insistiendo desde el primer momento.

La primera es que para tratar a un enfermo hay que saber el origen de la enfermedad. Si el médico se equivoca, como en este caso, no trata nada o, lo que es peor, mata al paciente.

La paranoia del coronavirus ha alcanzado a los médicos, de manera que ya no tratan las enfermedades comunes como siempre lo hicieron, sino como cazafantasmas de la nueva plaga.

Los ancianos habían sido derivados al hospital desde una residencia de ancianos. Dado el escenario de la tragedia (ancianos, neumonía, fiebre), además de los médicos, la población también entró en pánico de tal manera que no le importó la muerte de los ancianos sino todo lo contrario: se sintió aliviada porque el temido virus no había hecho aparición. No podía contagiarles a ellos.

Extraigan Ustedes de la información las conclusiones que consideren más oportunas. Para nosotros aquí no hay ningún problema médico. Cuando a los vecinos les alivia conocer la verdadera causa de la muerte de dos ancianos es que vivimos en una sociedad vergonzosa y vergonzante que padece un delirio político y social de grandes proporciones.

(*) https://www.lacapital.com.ar/pandemia/los-ancianos-que-murieron-totoras-dieron-negativo-coronavirus-n2585124.html

Más información:
-Menos tests y más autopsias: ‘es la única manera de saber lo que pasa ahí fuera’

Una nueva profesión represiva creada por la pandemia: los ‘gorrillas’ sanitarios

Vuelven los serenos del franquismo más rancio
Este tipo de fenómenos sólo ocurren en una sociedad gobernada por sicópatas titulados. Nos referimos a la creación de una especie de “gorrillas” con el pretexto de la pandemia que, como ven, da para mucho.

Se encargarán de seguir los pasos de los apestados con una combinación de los métodos más ancestrales, como los serenos, y las nuevas tecnologías. Su tarea es la más vieja que existe en una sociedad de clases: vigilar. Su radio de acción, además de los apestados son “todos los demás” que entren en contacto con ellos porque, como se habrán dado cuenta, los contactos han quedado prohibidos desde ahora.

Fernando Simón miente una vez más. Ya hay unos 2.000 detectives en toda España, que han empezado a organizarse, porque la vigilancia se acabará normalizando y organizando cada vez mejor. Hace unos días el gobierno anunció el lanzamiento en Canarias una aplicación experimental que ayudará a rastrear los contactos.

El Instituto de Salud Carlos III tiene su propia policía paralela, pero las comunidades autónomas se han sumado a la faena inmediatamente.

En Ceuta hay una banda encargada del control, el Instituto de Gestión Sanitaria (Ingesa), dirigido por Julián Domínguez, jefe de Medicina Preventiva.

En Cantabria el capo de los “gorrillas” es Manuel Galán, encargado de la Salud Pública de la Consejería de Sanidad.

En Asturias quien coordina a los vigilantes es Beatriz Braña.

Su tarea consiste en reconstruir los pasos previos de un apestado, saber si en los días anteriores a que se manifestaran los primeros síntomas de la enfermedad, o en las dos semanas posteriores, el positivo tuvo contacto con otras personas, que podrían ser nuevos apestados todavía no detectados.

Del mismo modo que hay quien no contagia, hay supercontagiadores y diversos tipos de contactos sociales según la distancia y el tiempo que dure cada contacto. De ahí que los viajes sean tan importantes y haya que vigilar a los pasajeros de los autobuses, los trenes, los taxis, los aviones, los barcos…

Para ser “gorrilla sanitario” no es necesario ser un profesional del ramo. También hay farmacéuticos o incluso veterinarios porque da igual que el rebaño sea de personas o de ovejas. En Asturias, por ejemplo, hay enfermeros y administrativos. Dentro de poco necesitarán reclutar matones por los gimnasios, antiguos legionarios o combatientes retirados de las fuerzas especiales.

Cuando un incauto cae en las garras de los epidemiólogos y tiene la mala suerte de dar positivo en uno de sus absurdos tests, empieza el calvario de citas e interrogatorios. Debe rellenar un formulario para averiguar las personas con las que convive, con las que se acuesta, con las que trabaja, con las que se va de marcha, sus desplazamientos…

Si el apestado se niega a contestar, o si miente, es posible que haya que aplicarle la bañera, o el quirófano, o uno de esos interrogatorios “reforzados” de la CIA para ablandarle. Ya lo han dicho los máximos tribunales españoles: la salud está por encima de todos los demás derechos fundamentales.

Los defensores de los derechos humanos pondrán el grito en el cielo: sería suficiente con ponerle un detector de mentiras o administrarle el suero de la verdad…

Es por nuestro bien, por el bien de todos. “A quienes llamamos tienen que entender que somos alguien que les va a ayudar. Tenemos muy poco tiempo para ganarnos su confianza. Para establecer una conexión. Que no parezca que hablan con un doctor o un funcionario con una aureola de extrañeza: que entiendan muy bien qué medidas van a tener que adoptar. Las que les pedimos, que son muy duras”, dice uno de estos polis buenos con bata blanca.

Pero a veces el poli bueno tiene que recurrir al poli malo: “Aquí hemos tenido algunos casos en los que han tenido que intervenir las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para que cumplieran con las medidas” de confinamiento, admite un “gorrilla”.

“Otros incluso se molestan por la insistencia que presentamos. Es verdad que con este tipo de seguimientos las llamadas que puede recibir una persona pueden ser múltiples: de su médico de cabecera, del rastreador, a veces de otras unidades que tienen que hacer controles estadísticos… Si sumamos todo, entiendo que haya pacientes que piensen que nunca se les llama y de repente se preocupan tantos por él”, añade uno de los vigilantes.

Los gorrillas no esconden que su objetivo es cambiar los hábitos de la sociedad y “adaptarnos” al virus. Pura ingeniería social a gran escala.

Más información:
– 60.000 matones sanitarios para vigilar a los apestados en Italia
 

Sobre asesinos y bacterias

Máximo Sandín

La concepción de los virus y las bacterias que nos han transmitido tradicionalmente, y que nos siguen transmitiendo, especialmente en estos tiempos, tanto comunicadores como expertos, ha cambiado radicalmente desde hace algunos años […]

Los datos sobre la implicación de las bacterias y los virus en la evolución de la vida son verdaderamente impresionantes, pero sería largo de documentar y de analizar aquí. Así que nos limitaremos a mencionar que la fusión de bacterias dio origen a las células eucariotas, las que nos componen, y que sin las bacterias de los suelos no sería posible la existencia de plantas y, por tanto, no existiría la vida terrestre. En cuanto a los virus, toda la información apunta a que fueron los que aportaron las secuencias responsables del desarrollo embrionario de animales y plantas, es decir, de la evolución de los seres vivos.

[…] La valoración del número de virus en las aguas dulces y saladas se realiza mediante la marcación con fluorocromos del ADN y el ARN de los virus que se encuentran en las aguas. Como se ve en la referencia citada en el artículo, en aguas marinas superficiales (en las playas en las que nos bañamos) se han contado 10.000 millones de virus por litro. Los estudios realizados mediante metagenómica (la secuenciación y estudio de los genomas obtenidos de muestras ambientales) en suelos varían según el método de extracción, pero han dado cifras de hasta 5.000 millones por gramo de tierra seca. Incluso estudios en el aire en zonas libres de contaminación arrojan cifras que compiten con las anteriores. Es decir, las bacterias y los virus no sólo son nuestros componentes esenciales, sino que vivimos literalmente inmersos en un mar de bacterias y virus.

Pero no sólo nos rodean, sino que se puede decir que trabajan para nosotros. Como se puede ver en el artículo mencionado, una enorme cantidad de fagos adheridos a las mucosas protegen el organismo de bacterias ajenas, billones de virus controlan el microbioma intestinal y, por tanto, la salud del organismo… A esto habría que añadir que colonias de bacterias controladas por virus están en nuestra piel protegiéndola de bacterias del exterior.

Sin embargo, la presencia y actividades de los virus que más trascendencia tiene en el tema que nos ocupa (el “terrible asesino” SARS CoV2) es la que realizan en los genomas de todos los seres vivos, en nuestros genomas. Y esto es de gran importancia, por lo que ruego la mayor atención: los virus endógenos están integrados en los genomas como parte constituyente, es decir, no se trata de virus que están dentro de la célula. Son las secuencias genéticas que componen los virus que están formando parte de los cromosomas. Las cifras iniciales de cuando se descubrieron calculaban que un 10% de los genomas estaban constituidos por retrovirus endógenos. Pero con los nuevos métodos de análisis y las nuevas evidencias la proporción ha aumentado hasta conformar la práctica totalidad de los genomas. Los elementos móviles (transposones y retrotransposones), los virus ADN, las secuencias repetidas, los elementos dispersos (LINE y SINE), los intrones… incluso los genes codificantes de proteínas, cuyo origen se explicaba (se no explicaba) por “el azar” se está mostrando como formado, en su mayor parte, por secuencias derivadas de virus.

Entonces, si los virus están en nosotros, protegen el equilibrio de nuestro organismo y son parte (la mayor parte) de nuestro genoma ¿Cuál puede ser el motivo de que se hayan considerado nuestros peores enemigos? El marco conceptual es claro: la concepción competitiva de una Naturaleza poblada de enemigos que domina la biología desde hace 200 años. En cuanto al marco empírico, el descubrimiento de virus en tejidos enfermos (el primer virus fue descubierto, según se cuenta, por Stanley en la enfermedad del mosaico de la planta de tabaco), condujo, dentro del marco conceptual mencionado, a considerar a los virus responsables de muchas enfermedades. De hecho, el nombre con el que se los denomina, virus, significa veneno en latín.

Sin embargo, observaciones recientes, ofrecen una explicación muy distinta de la presencia y actividad de los virus en los organismos. Como se puede ver en el escrito precedente el tumor de mama emite partículas retrovirales de carácter endógeno. Es decir, los virus endógenos, los que forman parte de los genomas, cuando hay alguna situación que altera lo que podemos llamar el equilibrio natural (alguna “agresión ambiental” o alguna patología) pueden salir de los genomas y reconstruir su cápsida.

Por eso, se viene asociando erróneamente a virus con enfermedades con un claro origen ambiental, como enfermedades neurológicas producidas por distintos tipos de neurotóxicos, o enfermedades autoinmunes como la artritis. Es decir, si tenemos en cuenta que en todos los tejidos se expresan (existen) multitud de virus endógenos y sabemos, porque se ha comprobado experimentalmente, que “agresiones” ambientales como radiaciones o productos tóxicos movilizan los elementos móviles y los virus endógenos, lo más probable es que los virus que se identificaron inicialmente como responsables de enfermedades no fueran causa, sino consecuencia.

Y así “el virus de la polio” (con todo el aspecto de enfermedad provocada por el uso masivo se de plaguicidas en los cultivos) se encontró en las heces (en las que hay millones de virus) de un niño sano. De hecho es un enterovirus, enterovirus es decir, virus que no son patógenos y que se encuentran en el tracto intestinal. Por eso se nos explica que la transmisión fecal-oral se facilita cuando existen condiciones deficitarias de higiene y saneamiento ambiental, lo cual no no cuadra con el hecho de que la “epidemia”” de poliomielitis alcanzó, alcanzó por ejemplo, en los Estados Unido, a muchos niños, niños incluso adultos, de clase alta. Es más, existe una estrecha correlación entre el uso de pesticidas (fundamentalmente DDT) y evolución (crecimiento y desaparición) de aparición) de la epidemia de polio en Estados Unidos.

Y con estos precedentes comenzó la guerra contra los virus.

Segunda parte
Luchando contra ‘el coronavirus’

En 1916 se produjo en Nueva York una terrible epidemia de poliomielitis. En un laboratorio del Instituto Rockefeller se había cultivado el “poliovirus” entérico en cerebros de mono. El resultado: un virus extremadamente virulento (recordemos que en todos los tejidos animales se expresan una gran cantidad de virus endógenos). Muy pronto se pudo comprobar la consecuencia: el llamado “Desastre de Cutter” fue una epidemia provocada por la vacuna contra la polio de Jonas Salk, proclamado por el presidente Eisenhower “benefactor de la Humanidad” y héroe popular. La vacuna de Salk, aprobada de forma precipitada precipitada consistía en poliovirus virulentos supuestamente inactivados con formaldehído. Causó 40.000 casos de polio, dejando a 200 niños con diversos grados de parálisis y matando a 10. Y así comenzó la fabricación de virus híbridos.

La producción de virus híbridos se puede realizar (de hecho, se realiza) por dos métodos. El más sencillo consiste en practicar infecciones repetidas de virus, por ejemplo, de humanos en cerdo, (lo que se suele llamar “pases”) y seleccionar en cultivos las cepas de alta virulencia.

En este procedimiento no hay manipulación directa del genoma, pero, a pesar de su simplicidad, se pueden obtener con 15 “pases” o cambios que producen una gran virulencia. Este proceso es, sin duda, el que se ha producido accidentalmente cuando se cultivan virus humanos en tejidos o embriones animales.

El más complejo es el de la ingeniería genética, que consiste en la manipulación de virus en laboratorio, por recombinación de RNA de un animal o de dos, tomando como estructura base un tronco de virus humano que puede ser un coronavirus, o por ejemplo, de ratones, para obtener virus quiméricos de gran virulencia.

El primer método tiene mucho que ver con la terrible pandemia provocada por la gripe de 1918 (mal denominada “gripe española”), que provocó, según se asume, 50 millones de muertos. Su origen real fue en los soldados norteamericanos. Según se ha podido documentar, fue la primera guerra en la que todos los soldados fueron obligados a recibir una gran cantidad de vacunas obtenidas mediante métodos tan primitivos como el antes mencionado.

La otra gran catástrofe producida de forma accidental es el nacimiento del VIH. Desde 1992 hasta 1999, el periodista Edward Hooper siguió el rastro de la aparición del SIDA hasta un laboratorio en Stanleyville en el interior del Congo, por entonces belga, en el que un equipo dirigido por el Dr. Hilary Koprowski, el científico que por entonces tenía a su nombre el mayor número de patentes, en una feroz competencia con Jonas Salk y Albert Sabin por conseguir una vacuna contra la polio (y su consiguiente rendimiento económico) elaboró una vacuna utilizando como sustrato riñones de chimpancé y macaco. Recordemos que las dos “cepas” principales del virus del SIDA son el VIH1, híbrido de chimpancé y humano y el VIH2 híbrido de macaco y humano. El “ensayo” de esta vacuna activa tuvo lugar entre 1957 y 1960 mediante un método muy habitual “en aquellos tiempos”, la vacunación de, entre 250.000 y un millón de niños en diversas “colonias” de la zona. Hooper fue vapuleado públicamente por una comisión de científicos que negaron rotundamente esa relación, pero no se consiguió ninguna vacuna para ser analizada. Desde entonces, se han publicado varios “rigurosos” estudios en revistas tan prestigiosas como Nature, que asociaban el origen del Sida con mercados africanos en los que era práctica habitual la venta de carne de mono. Lo que Hooper ni Koprowsky podían saber era que los mamíferos tenemos virus endógenos que se expresan en todos los tejidos y órganos.

Y aquí comienza la historia de los “virus de laboratorio”. Como hemos visto la barrera de especie hace que la probabilidad de que un virus animal se hibride en la Naturaleza con su correspondiente humano (a pesar de su correspondiente y diferente receptor celular) es lo más próximo a cero que se puede concebir. La posibilidad de que el “mosaico” sea de tres especies diferentes sería de cero elevado a infinito, es decir, todavía más próxima.

[…] La elaboración de virus “quimera” es muy laboriosa. También sabemos que este tipo de manipulaciones se hace comúnmente en laboratorios de alta seguridad bajo el pretexto de prever apariciones de nuevos virus e, incluso, para elaborar vacunas. Es decir, así como está bastante claro que el paso de virus entre especies en la Naturaleza no es posible, por muchos animales que se hayan comido a lo largo de milenios, la producción de virus híbridos en laboratorio se puede hacer y se ha hecho.

Para tener un marco de referencia parece conveniente mencionar que los coronavirus son virus endógenos de mamíferos que en humanos aparecen asociados al catarro común y, al parecer, en casos de gastroenteritis en lactantes.

Examinemos, pues, las más recientes producciones:

El SARS-CoV es el coronavirus que causó en 2003 la epidemia del “Síndrome respiratorio agudo grave” en los países del sudeste asiático. Se detectó por primera vez en la provincia de Gaundong (China) en noviembre de 2002 y se propagó a más de 30 países, causando un total de 8.098 contagios en todo el mundo y 774 muertes, la mayor parte en China. Según los científicos el SARS saltó de las civetas a los humanos, pero provenía de los murciélagos. Además del estigma de los pobres murciélagos como “reservorio” de todos los males de la Humanidad, es curioso que el coronavirus haya pasado al ser humano a través de la civeta en la que, casualmente, su coronavirus es genéticamente muy parecido al humano. Otra circunstancia muy interesante, de la que hablaremos más adelante es que no se han informado nuevos casos desde 2004, claro que los CDC han aclarado que no se puede considerar erradicado porque el virus causante tiene un “reservorio animal” del cual posiblemente podría resurgir.

El “síndrome respiratorio de Oriente Medio” es una enfermedad respiratoria grave causada por el coronavirus identificado como MERS-CoV y fue informada por primera vez en septiembre de 2012 en Arabia Saudita. Se extendió por 27 países, pero el 80% de los casos se produjeron en Arabia Saudita. En este caso, parece que tampoco se ha exonerado a los murciélagos y se atribuye “quizás a partir de un virus ancestral de murciélagos”. ¿Adivinan cuál es el culpable? Efectivamente: el camello. En octubre de 2015 se habían registrado 1.523 casos en todo el mundo, con 544 muertes.

No he podido encontrar datos de su extensión actual si es que está activo.

Otro caso espectacular es el del terrible Ébola. Pero antes de continuar conviene dejar claro que el Ébola, como los coronavirus, es un virus endógeno de mamíferos. El primer caso conocido de Ébola sucedió en 1976. Se produjeron dos brotes simultáneos en Sudán y la República Democrática del Congo. La epidemia mató a más de 11.000 personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Naturalmente, el responsable fue un murciélago (algún día sabremos por qué se utiliza tanto el murciélago). Concretamente, según los investigadores, la epidemia comenzó con un niño que jugaba en un árbol hueco donde vivían murciélagos “infectados”. La creatividad de “la ciencia” es prodigiosa. En la actualidad el Ébola ha desaparecido. La explicación “oficial” es que “ha sido controlado”, lo cual es perfectamente plausible dada la “impresionante infraestructura sanitaria” de los países de África ecuatorial.

Algo similar ha ocurrido con el virus H1N1, conocido como virus de la gripe porcina, y como vimos, mosaico de virus de cerdo, ave y humano, concretamente del virus de la mortífera gripe del 18, candorosamente “resucitado” para su estudio. También ha “desaparecido”. ¿Y qué decir del SARS-Cov-2, el malvado Coronavirus? Las explicaciones que nos dan no son precisamente un modelo de concisión científica: “Evolucionó en la naturaleza y después saltó entre especies”… “Probablemente pasó de un murciélago al hombre a través de un pangolín como intermediario”… La cuestión es que es un virus “quimérico” que contiene secuencias de murciélago, pangolín, y algo más…

Pero antes de seguir sería interesante preguntarse por qué este extraño virus tiene secuencias de un animal tan exótico como el pangolín. Veamos esta noticia: “Los pangolines, mamíferos salvajes que se parecen a un oso hormiguero con escamas, carecen de dos de los genes de detección de la entrada de virus en el organismo como paso previo a una respuesta inmune, algo que es común a la mayoría de los mamíferos”.

Este hallazgo es significativo porque, si bien los pangolines pueden ser portadores de coronavirus, parecen ser capaces de tolerarlo a través de algún otro mecanismo desconocido. Comprender su ventaja evolutiva puede apuntar a posibles opciones de tratamiento para el coronavirus en humanos, según un estudio publicado en Frontiers in Immunology. ¿Una magnífica condición para un virus quimera?

Una información más concreta es la que nos ofrece Luc Montagnier, Premio Nobel por su descubrimiento del virus del Sida, tiene claro que es un virus de laboratorio. Y sabe muy bien de qué habla: “Trabajando con mi colega y amigo Jean-Claude Perrez, matemático, hemos analizado en los mínimos detalles la secuencia del descubrimiento y propagación del Covid-19. Y creemos bastante plausible que el genoma completo de este coronavirus tiene secuencias muy semejantes a las del VIH, el virus del sida.

Una opinión compartida por un grupo de investigadores del Instituto Indio de Tecnología de Nueva Delhi, que halló “un parecido extraño” y que “tiene pocas posibilidades de ser fortuito” en las secuencias de aminoácidos de una proteína de SARS-CoV-2 y del VIH-1. La respuesta de lo que se conoce como “comunidad científica” ha sido una copia de la que se desencadenó contra Hooper sobre el origen del virus del SIDA. Las sentencias descalificadoras fueron de un gran nivel, tales como “El parecido con el virus del sida es superficial” o “Todos en la comunidad científica están de acuerdo en que la COVID-19 es un coronavirus” o “Es una visión sobre una conspiración que no se relaciona con la ciencia real”. Pero la desacreditación definitiva fue que “el doctor Montagnier tiene un punto de vista crítico con las vacunas”. Una condición tan terrible que recibe los más graves insultos y descalificaciones por parte de científicos y divulgadores.

Sin embargo, este hecho (la inserción de fragmentos del virus del Sida) podría justificar la aparición de unos síntomas en los infectados por el SARS CoV-2 que van más allá de una afección respiratoria, como trombosis, lesiones en la piel, pérdida del olfato y el gusto y afecciones neurológicas. De todos modos, el buen doctor Montagnier nos deja un mensaje optimista: El SARS CoV-2 desaparecerá a no muy largo plazo. El motivo, igual que el de la desaparición de los virus del Ébola y el resto de los virus de laboratorio que hemos visto, es que, lo mismo que pasa en los organismos transgénicos, los virus construidos artificialmente son inestables, y en los procesos de replicación van perdiendo las secuencias introducidas hasta quedar inactivados. Por eso, cuando los sabios oficiales nos amenazan con que “el coronavirus ha venido para quedarse” y nos anuncian nuevos rebrotes, hay que advertirles de que la única posibilidad de que esto ocurra es “que vuelva a efectuar el triple salto mortal murciélago-pangolín-humano” o, en su defecto, que lo vuelvan a soltar.

El doctor Montagnier opina que el virus artificial pudo escapar de un laboratorio por error. Con el debido respeto, yo le preguntaría: ¿y el SARS CoV? ¿y el MERS CoV? ¿y el Ébola? ¿y el H1N1? ¿Todos estos virus de origen artificial se han podido “escapar por error” de los laboratorios en que se han elaborado mediante técnicas muy complejas? ¿No son demasiados “errores” en laboratorios de alta seguridad?

[…] Los virus que son realmente patógenos son los virus recombinados, ya sea accidentalmente o premeditadamente […]

Tercera parte
¿Quid prodest?

[…] Otra observación que apoya mi sospecha de que existe un control científico sobre la información relacionada con los virus, es, por ejemplo, el hecho que pudimos ver en el artículo precedente de la desaparición de la base de datos públicos de las secuencias derivadas de virus encontradas en el genoma codificante de proteínas.

[…] La más terrible de estas informaciones es la existencia de una agenda para la reducción de la población mundial […] De lo que nos informan es de que existen personas muy poderosas (pueden encontrar sus nombres en la red) que, ante el imparable aumento de la población y la pobreza mundial no piensan en la posibilidad de cambiar este modelo económico depredador, que sería la solución obvia, sino reducir drásticamente la población mundial. Al parecer, hay dos corrientes dentro de este movimiento: uno que pretende eliminar a los “indeseables”, se supone que a los países empobrecidos (se podría esperar que una pandemia mundial sería mucho más mortífera en estos países). La otra, más “democrática”, pretendería diezmar a la población en todos los países. Lo cierto es que hay datos absolutamente fiables, porque se descubrió y se analizaron las vacunas, de esterilización mediante vacunas de mujeres en Filipinas y en indígenas mejicanas. También se puede encontrar información sobre el origen del Ébola en campañas de vacunación en África (al parecer, la epidemia del Ébola en África occidental se originó en las instalaciones de NBS-4 de Estados Unidos localizada en Sierra Leona). Incluso, se puede encontrar en la red sin dificultad un grupo de científicos queridos y prestigiosos que, a pesar de su brillantez, no han pensado en cambiar el modelo económico pero sí la reducción de población para mantenerlo. Agrupados en la organización “Optimun population”, ahora denominada “Population Matters”, propugnan una población mundial “óptima” de entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes.

Por eso, a las personas malvadas nos da mucho miedo cuando un famoso psicópata, perteneciente al grupo de los poderosos que propugnan la agenda de reducción de población, disfrazado de, y aclamado por los medios de comunicación como filántropo, y que, al parecer, ha conseguido el control de la OMS, anuncia la necesidad (o la imposición) de una vacunación universal. Una vacuna que, según nos dicen, probablemente ya esté dispuesta, y que es esperada con ansiedad en todo el mundo.

Otro factor implicado parece ser el económico. Los enormes beneficios para las compañías farmacéuticas de campañas de vacunaciones masivas son obvios. Por cierto, existe una información (no sé hasta qué punto fiable porque parece demencial) de un poderoso laboratorio farmacéutico en la que se nos anuncia que las próximas vacunas contra la gripe se fabricarán haciendo crecer el virus de la gripe en células renales de perro porque “crecen más rápido que en los huevos de gallina”. Es decir, es posible que en los próximos años los ciudadanos no “cogerán” la gripe, sino el moquillo.

En cuanto a la economía, disciplina de la que me declaro no sólo ajeno, sino objetor, parece que el sistema económico ha entrado en crisis y le solución sería dejarlo hundirse y comenzar de nuevo (una especie de “reseteo”). De paso, se aprovecharía la situación para llevar a cabo una especie de “ingeniería social”. Sería lo que Naomi Klein denomina “La doctrina del shock”. La angustia y el miedo a que está sometida la población propicia la legitimación de medidas que atenten contra derechos y libertades y para profundizar en la doctrina económica ultraliberal. “Una sociedad en la que estén prohibidas las reuniones y en la que los ciudadanos estén recluidos en sus casas conectados a internet o a la televisión y que sólo salgan para realizar su trabajo con la menor comunicación humana directa posible sería el sueño húmedo de cualquier tirano ultracapitalista”.

Desde luego, y esto si es de mi cosecha, creo que no ha existido en la historia de la Humanidad una “uniformación” (que sería uniformidad forzada) de pensamiento como el que se ha producido con esta crisis. Parece claro que no es necesario ser un experto para pronosticar que el daño sicológico producido por esta situación va a ser tremendo. Nada será igual en las relaciones humanas cuando acabe “la lucha contra este virus asesino”.

[…] Ya ven qué mala es la Naturaleza. Pero no se preocupen. Nos van a vacunar.

www.somosbacteriasyvirus.com

‘No los llevaron al hospital, los médicos los sedaron para evitarles el dolor y allí murieron. Había instrucciones’

Entre el 25 de marzo y el 2 de abril fallecieron nueve personas por coronavirus que vivían en el centro de mayores Santa Elena [Valencia]. “No los llevaron al hospital. Se quedaron en la residencia. Los médicos los sedaron para evitarles el dolor y allí murieron”. El testimonio, crudo, es de Francisco Nemesio, secretario y portavoz del patronato que rige este centro, referencia en Torrent desde que se creó en 1927 a través de una fundación inspirada en el humanismo cristiano.

Esta semana también se ha conocido un informe interno de la conselleria de Sanidad sobre estadísticas de lugares en los que ha habido víctimas mortales por coronavirus. Indicaba que un 57 por ciento de los residentes en los geriátricos valencianos fallecidos por la pandemia han muerto en sus centros y no en los hospitales. Eso supone que 6 de cada 10 enfermos de Covid-19 de las residencias no fue llevado a un hospital para su tratamiento. En esta pandemia han muerto 525 residentes, dos de ellos se contabilizaron ayer, después de tres días sin ningún fallecido, y ha dejado un rastro de más de 170 geriátricos afectados. Ahora hay 80 con algún caso.

La residencia Santa Elena está intervenida por la conselleria de Sanidad desde el 16 de abril, cuando empezaron a incorporarse sanitarios de la administracion autonómica. La toma de control de esas instalaciones culminó el 19 de marzo. Buena parte de la plantilla del asilo estaba entonces o enferma de coronavirus o en cuarentena. El patronato había lanzado un grito de socorro porque con los medios que tenía no disponía de manos ni medios para atender a sus residentes enfermos. Y pese a la intervención, siguió el goteo de muertes. “Había un protocolo que tenían establecido para no enviar a los mayores de 75 años al hospital. Se quedaban en la residencia, los sedaban y morían. Esa es la verdad”, recalca Nemesio. “Había instrucciones”, reitera.

“En el hospital no iban a llevarlos a la UCI ni a ponerles ventiladores. Todos tenían más de 80 años y la instrucción era no mandar al hospital a los mayores de 75 con patologías previas o con enfermedades crónicas”, afirma dolido.

Durante los últimos 15 años la edad media de los mayores que viven en geriátricos se ha situado en 84 años y muchos de ellos presentan patologías y enfermedades crónicas, lo que dificulta un tratamiento exitoso, especialmente la intubación, a los que caen bajo las garras del Covid-19.

“De esta manera, sin llevarlos al hospital, no fallecieron ni uno ni dos ni tres residentes, sino muchos más”, asegura Francisco Nemesio.

Recuerda este directivo del patronato de Santa Elena que entre el 12 y el 16 de marzo murieron tres residentes en el Hospital General ingresados días antes, cuando el virus todavía no había llegado a desbordar a los sanitarios. El 16 y el 18 de marzo murieron dos ancianos en la residencia. Del 21 al 24 de marzo expiraron tres residentes que habían sido hospitalizados tiempo atrás, igual que el 27, cuando finó otro en el General, “y entre el 25 de marzo y el 2 de abril fallecieron nueve residentes que no fueron hospitalizados”, asegura. La conselleria de Sanidad tenía, y aún tiene, el control médico de la residencia Santa Elena. La conselleria ha llegado a medicalizar una treintena de geriátricos durante la parte más dura de la crisis, una de cada 10. Ahora aún hay 28 residencias intervenidas.

“A partir de la segunda semana de abril, cuando bajó la curva de contagio, ya volvieron a enviar a residentes de Santa Elena al hospital”, sostiene Francisco Nemesio.

El secretario del patronato y portavoz de la residencia Santa Elena ya relató cómo procedían los médicos destacados por la conselleria de Sanidad en Santa Elena. “Hemos pedido explicaciones de por qué no se llevan al hospital a los casos graves y nos han contestado que no se les aplican procedimientos extraordinarios”, lamentó Nemesio. “Nos han dicho que se aplica el protocolo y que los mayores de 75 años con coronavirus y otras patologías que se pueden complicar ya no ingresan en la UCI del Hospital General ni se les conecta a un respirador automático. Los médicos hablan con la familia, les cuentan cómo está la situación y les solicitan permiso para aplicarle un tratamiento paliativo”, describía Nemesio en los peores días de la residencia.

En esas fechas de las que habla el dirigente del patronato, el Hospital General, del que depende médicamente Santa Elena, no atravesaba por sus mejores momentos. El sindicato de enfermería Satse realizaba una denuncia pública sobre la saturación de este centro sanitario. Esta organización sindical, el 27 de marzo, aseguraba que la UCI estaba llena, tenía 250 pacientes ingresados en planta por Covid-19 y se estaba empezando a derivar a pacientes de otras patologías a diferentes hospitales. El General se quedaba sin hueco para los pacientes de las residencias.

Por su parte, José Fina Pérez, directora asistencial de las residencias Domus Vi para la Comunitat Valenciana, que regenta los centros de Alicante, Cocentaina y Alcoy, el más afectado con diferencia por la pandemia con 75 mayores fallecidos, cifra dada por los familiares de los finados, también se pronunció sobre cómo se funcionaba en los días más crudos de la pandemia. Pérez afirma que en Alcoy “siempre hemos tenido el soporte del hospital”, el Verge dels Lliris, pero también desliza que se actuó como buenamente se pudo: “Hemos sido muy conscientes de que había que derivar al hospital lo que se podía derivar porque había cierto colapso del sistema”. Y apuntó también que “lo que está claro con esta crisis es que la sanidad no estaba preparada”.

La consellera de Sanidad, Ana Barceló, negó el pasado martes que no se atendiera en los hospitales a los mayores con coronavirus procedentes de las residencias, pero tampoco negó que seis de cada 10 residentes murieran en la cama de su geriátrico. “No comparto que no se hospitalizaran los casos más graves. Siempre se hizo siguiendo el criterio clínico, fuera cual fuera la circunstancia”, dijo. Barceló afirmó que a mediados de abril, en la fase más grave de la pandemia, “estuvimos a un 71  por ciento de camas críticas, nunca se dio saturación” en los hospitales.

También dijo la consellera que “se trasladó a los departamentos de salud que el objetivo era cuidar de los mayores” y afirmó que “siempre ha primado la atención y la asistencia a las personas. Se ha seguido el criterio médico: ante la gravedad, hospitalización”.

Aunque los datos y los testimonios de quienes han sufrido esta situación, como el de Francisco Nemesio o el del presidente de Aerte, la patronal de las residencias, José María Toro, no parecen dar la razón a la consellera.

José María Toro también ha manifestado que considera que hubo internos de los geriátricos, enfermos de Covid-19, que fallecieron por no ser trasladados a un hospital. Cree que posiblemente por la saturación del sistema sanitario “los hospitales no fueron capaces de dar respuesta”, con lo que “hubo residentes que acabaron falleciendo en la residencia por no haber podido recibir esa atención”.

Y en un informe de finales del pasado mes de abril, elaborado por la profesora de Psicología Social y doctora Sacramento Pinazo, afirmaba que durante la crisis “ha habido protocolos de triaje y se ha incluido la edad para la no realización de determinados procedimientos terapéuticos”. El estudio de Pinazo, presidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, se redactó para la Universitat de València y el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local.

Pinazo incidió en la discriminación. “El estado de cuarentena en el que nos encontramos desde el 14 marzo condiciona la elaboración de protocolos de triaje para facilitar la toma de decisiones clínicas en un marco de recursos insuficientes. Y se incluye la edad para la (no) realización de determinados procedimientos terapéuticos”, indicó en el informe.

https://www.lasprovincias.es/comunitat/quedaban-residencia-sedaban-20200524002722-ntvo.html

Más información:
– No han muerto miles de ancianos en los asilos por coronavirus: los ha matado el capitalismo
– La fiscalía archiva la investigación por las muertes de los ancianos en las residencias
– Los ancianos son una mercancía y si además tienen coronavirus el negocio es redondo
– Los bomberos de Madrid encuentran los cadáveres de 62 ancianos muertos y abandonados en sus domicilios

La Junta de Castilla y León también prohibió el traslado de ancianos
desde las residencias a los hospitales durante el apogeo de la pandemia


La Comunidad de Madrid ha destituido al alto cargo que dio la orden de
no trasladar a los hospitales a los ancianos de las residencias

– “A mi padre le sedaron en lugar de llevarle al hospital” desde el asilo, dice el familiar de un anciano fallecido

Las muertes por suicidio superan con creces a las imputadas al coronavirus en San Francisco

El doctor  Deboisblanc habla a la cadena ABC7
Las muertes por suicidio superan con creces las imputadas al coronavirus durante la pandemia, según el hospital John Muir de Walnut Creek, cerca de San Francisco (*).

El jefe de personal del departamento de trauma del hospital, el Dr. Mike Deboisblanc, ha dicho a ABC7 que la salud mental se ha convertido en un problema importante durante el confinamiento:

“Creo que estas medidas de confinamiento se impusieron originalmente para suavizar la curva y asegurar que los hospitales tengan los recursos para manejar a los pacientes de coronavirus. Ahora tenemos los recursos para hacerlo, pero son otros servicios de salud los que están sufriendo”.

Los números no tienen precedentes: “Nunca habíamos visto nada como esto antes, y en tan poco tiempo”, dice Deboisblanc. “En las últimas cuatro semanas hemos registrado el equivalente a un año de intentos de suicidio”.

Kacey Hansen, enfermera de trauma del hospital durante más de 30 años, dice que el número de intentos de suicidio ha aumentado dramáticamente durante el confinamiento, añadiendo que la pandemia ha agotado los recursos, lo que significa que hay menos herramientas para salvar al mismo número de pacientes que de costumbre.

“Lo que he visto recientemente, nunca lo había visto antes”, dijo Hansen. “Nunca he visto tantas lesiones intencionales”.

El sistema hospitalario impide que los médicos y las enfermeras hablen de los problemas internos y de lo que ocurre en su distrito, a menos que tengan la aprobación de la autoridad. Al parecer, los intentos del personal de atención de la salud por ponerse en contacto con la prensa local tienen por objeto desafiar a las autoridades acerca de la crisis sanitaria que el confinamiento han causado en la región. El hospital ha emitido esta declaración:

“El Hospital John Muir siempre ha apoyado, y sigue apoyando, las medidas de confinamiento establecidas por los Servicios de Salud del Condado de Contra Costa para prevenir la propagación del coronavirus. Reconocemos que hay opiniones diferentes sobre este tema, incluso dentro de nuestros servicios de atención médica, y nuestro hospital alienta a nuestros médicos y personal de atención médica a participar de manera constructiva en estas discusiones. Todos nos preocupamos por la salud de los miembros de nuestra comunidad, ya sea coronavirus, salud mental, violencia intencional u otros temas. Seguimos trabajando estrechamente con nuestro Centro de Salud del Comportamiento, el departamento de salud del condado y las organizaciones locales para concienciar sobre los problemas de salud mental y proporcionar recursos a todos los que los necesitan”.

Además de las 90.000 muertes relacionadas con el virus, Well Being Trust señaló recientemente que 75.000 personas pueden morir por abuso de drogas o alcohol o suicidio durante la pandemia.

En épocas de recesión o depresión, el alto desempleo lleva a serios problemas de salud mental. En las últimas nueve semanas, casi 40 millones de trabajadores han sido despedidos y se han visto brutalmente sumidos en la pobreza. No sólo no tienen ingresos sio que tienen deudas que no pueden pagar.

La crisis capitalista de 2008 tuvo como resultado más de 10.000 suicidios. La Gran Depresión de 1929 causó decenas de miles de suicidios.

(*) https://abc7news.com/amp/suicide-coronavirus-coronavirus-rates-during-pandemic-death-by/6201962/

‘La hecatombe que ha sumido a Italia en el luto es consecuencia del deterioro del sistema sanitario’

Stefano Montanari
El profesor italiano Stefano Montanari ha denunciado públicamente algunas de las falsedades sobre el coronavirus. Este médico, con sus cuarenta años de experiencia, afirma que todas las medidas de contención del virus son tan ineficaces como un mosquitero de madera. “No sólo las máscaras, los guantes y el confinamiento son inútiles contra la epidemia, sino que nunca habrá una vacuna”, dijo el profesor, que explica la hecatombe que ha sumido a su país en el luto es consecuencia del deterioro del sistema sanitario italiano.

“¿Qué sentido tiene usar guantes, que son un verdadero caldo de cultivo de virus, cuando nuestra piel es inteligente? En cuanto a la mascarilla, si la persona que la lleva está contaminada, tendrá que cambiarla cada dos o tres minutos, de lo contrario sería inútil”, dice. “Cuando una persona asintomática es informada de que tiene coronavirus, se sentirá aterrorizada y confinada al privarse de la vitamina D y verá cómo su estado psicológico se deteriora debido a la falta de perspectivas y a los temores sobre su futuro”.

“Durante los últimos diez años, la medicina italiana ha sido destruida, los servicios e incluso hospitales enteros han sido cerrados”, asegura Montanari, señalando que han despedido a muchos trabajadores  en el sector de la salud y que el presupuesto ha ido disminuyendo en los últimos diez años, por no hablar de la corrupción que asola al Estado. “Lo que cuesta 10 euros en otros lugares cuesta el doble en Italia”, denuncia. “El poco dinero que se ha gastado en el sector ha sido mal utilizado”.

“Veintisiete millones de dosis de vacuna contra la gripe porcina terminaron en la basura cuando no había dinero para comprar respiradores”, dice este médico, quien señala que “los hospitales italianos no estaban preparados para recibir a pacientes que sufrían complicaciones por el coronavirus”. En su opinión, “es esta incapacidad la que ha hecho a este virus tan deslumbrante”. El profesor no puede “atestiguar que [el coronavirus] fuera producido en un laboratorio o causado por murciélagos, pero puedo confirmar que este virus muta tan rápidamente que el patógeno que se propaga en Italia no es el mismo que en China o Alemania”.

“El número de muertes por coronavirus es bajo y todas las demás muertes se deben a otras patologías”. Si hiciéramos pruebas a toda la población de Italia, “descubriríamos que la mitad de ellos han reaccionado positivamente al virus porque han desarrollado un anticuerpo natural y todo lo que se dice sobre la vacuna en estas condiciones es una farsa mundial porque el virus muta tan rápidamente que no seremos capaces de seguir esta mutación y desarrollar la vacuna necesaria cada vez”, asegura, expresando su convicción de que la vacunación contra el coronavirus “es una gran mentira de las grandes empresas farmacéuticas”. Manifiesta su convicción de que “con el tiempo impondrán esta nueva vacuna a toda la población, lo que supondrá miles de millones de dólares”.

El confinamiento matará a más gente que el propio virus, y quizás ese sea el objetivo de los que propagan el terror al coronavirus”, apunta Montanari. “Todas las empresas económicas están cerradas excepto las bolsas de valores. Además, estas empresas se pueden comprar a precios irrisorios. Sus afortunados compradores se harán aún más ricos una vez que se levante el confinamiento”, asegura.

Creo que todo esto se ha creado con fines de lucro, porque los laboratorios van a crear una vacuna que presentarán como la panacea y que les permitirá ganar miles de millones, mientras que sólo será eficaz contra una forma de este virus que muta de forma sigilosa”.

https://www.stefanomontanari.net

Llena tu cabeza de datos y vete cambiándolos sobre la marcha

1. Las histerias empiezan con las previsiones terroríficas de un ordenador

Mientras a los científicos no les impidan jugar con los ordenadores, las tonteorías no se acabarán nunca.

Los charlatanes científicos del estilo del Imperial College de Londres encienden el ordenador, ponen en marcha sus modelos informáticos y muestran una curva que causa espanto: el virus causará millones de muertos. La humanidad va a quedar diezmada.

Empiezan las comparaciones históricas. Será peor que la gripe española de hace 100 años. Unos países se comparan con otros. Unas pandemias se comparan con otras para que veamos que ésta es la peor de todas.

Los datos hay que acompañarlos de imágenes. En Bérgamo hay tantos muertos que los servicios funerarios no dan abasto. Tienen que llamar al ejército y la foto muestra a los camiones militares en fila repletos de ataúdes.

En Nueva York abren fosas comunes para enterrar a los muertos porque son tan numerosos que no caben en los cementerios.

En Guayaquil los féretros llenan las calles. No tienen tiempo de enterrar los millones de cadáveres.

Los enfermos colapsan los hospitales. Las imágenes los muestran tirados por los pasillos. En primera línea, los sanitarios trabajan noche y día para hacer frente a la avalancha.

2. ‘No nos pasamos por exceso sino por defecto’

Los que mienten y muestran cifras falsas de la pandemia no son las democracias, como la nuestra, sino las dictaduras, como Rusia y China, que siempre mienten porque reducen el número de muertos y contagiados.

Pero las democracias hacen lo mismo que Rusia y China: también reducen las cifras porque los tests dan muchos falsos negativos. Nos quedamos cortos; el contagio es mucho mayor del que pensábamos.

Si la práctica no confirma la teoría, mucho peor para la práctica. Los datos no eran exagerados. No se están contando todos los muertos. Faltan los de los asilos y los que han muerto en sus casas.

En medio de una pandemia, ¿quién pregunta por la causa de una muerte? No se hacen autopsias y los cadáveres se incineran rápidamente, no sea que alguien se ponga a rebuscar…

La contabilidad está remunerada. En Estados Unidos si un hospital no imputa algún muerto al coronavirus, se queda sin subvención.

La enfermedad de Kawasaki, propia de los niños, se “asocia” al coronavirus, propio de viejos. En el galimatías, el NL63 se reconvierte en HCoV-NL63, aunque la causa de la enfermedad de Kawasaki es “desconocida”, dice la Wikipedia.

El circo no se agota nunca. Ha surgido el invento de los “supercontagiadores”. Unos apestados no contagian nada, pero otros contagian mucho.

3. ‘De acuerdo: las siniestras previsiones no se han cumplido, pero ha sido gracias a nuestra rápida intervención’

El confinamiento ha evitado que las cifras de muertos alcancen los 300.000, ha dicho Sánchez. ¿Cómo lo han calculado? Con un ordenador. Es el mismo ordenador con el que empezó todo porque es el único que nos da las cifras que necesitamos.

El confinamiento no mata, lo único que mata es el virus.

Es otro caso del “mal menor”. Hay que elegir entre lo malo y lo peor.

En la pandemia hay una oveja negra, Suecia, que juega el papel habitualmente reservado a Corea del norte. Sin necesidad de confinamiento, las cifras son homologables.

4. ‘Habrá un rebrote, una segunda ola’ (los científicos han vuelto a encender el ordenador)

La pandemia ha llegado para quedarse. Ya hay “pequeños rebrotes”, dice Fernando Simón. Habrá segundas y terceras olas. Aparecerá un “nuevo coronavirus”.

Debemos tener cuidado. Mantengamos la distancia social. No seamos irresponsables. Se acabaron los besos y abrazos. Pongámonos la mascarilla y los guantes de fregar.

Queda mucho por hacer. Las empresas deben exigir a los trabajadores que presenten un certificado de estar limpios de coronavirus. Aparecerá un mercado negro de certificados médicos emitidos por laboratorios.

Hay que desinfectar periódicamente las calles, aunque la OMS haya dicho que es contraproducente.

Hay que instalar cámaras de videovigilancia, térmicas, de reconocimiento facial,

Hay que poner los drones en funcionamiento.

Hay que instalar los programas de rastreo en nuestros móviles para controlar a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Suecia: no es que las previsiones sean erróneas,
sino que son un fraude total

Los científicos empiezan a levantar la voz contra los planes vigilancia y control de masas

Algunos gobiernos están estudiando la posibilidad de hacer análisis de sangre para determinar si las personas pueden regresar al trabajo, a las escuelas y otras actividades públicas tras la campaña de histeria.

La falta de ciertos anticuerpos significaría que algunos no tienen un “pasaporte de inmunidad” y, por lo tanto, no se les permitirá salir a la calle. Aquellos que los tienen recibirían certificados para que puedan desplazarse y reintegrarse al trabajo, mientras que los otros deberán quedarse en casa.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido a los gobiernos contra la emisión de pasaportes de inmunidad, diciendo que no hay evidencia de que las personas que se han recuperado del coronavirus estén protegidas frente a una segunda infección.

Los científicos también empiezan a levantar la voz (1). Tiene “tantos defectos que es difícil saber por dónde comenzar”, escriben la bióloga molecular Natalie Kofler, fundadora de la iniciativa mundial Editing Nature, y la bioética canadiense Françoise Baylis, en un artículo publicado en la revista Nature (2).

Las científicas aseguran que no está claro que las personas desarrollen algún tipo de inmunidad duradera después de una infección de coronavirus.

Las pruebas no son fiables, añaden. Algunas pruebas de anticuerpos tienen altas tasas de falsos positivos, según las evaluaciones realizadas por un consorcio de laboratorios de California (3).

Las pruebas tampoco son accesibles a todos. No hay suficientes pruebas para todos los que las necesitan. En Estados Unidos, más de 1,5 millones de personas han dado positivo por coronavirus. El cálculo actual es insuficiente, según Peter Hotez, profesor del Baylor College of Medicine (4).

Además, si solo permiten trabajar a los supervivientes del coronavirus, la mano de obra va a escasear y los salarios aumentarán. “La baja prevalencia de la enfermedad combinada con una capacidad de prueba limitada, sin mencionar las pruebas poco fiables, significa que solo una pequeña fracción de cualquier población estaría certificada como libre para trabajar”, escriben.

También hay que tener en cuenta el derecho a la intimidad y la marginación. Vigilar a las personas para comprobar quién es inmune afecta a los grupos que ya están marginados. Durante la pandemia, los negros e hispanos han sido detenidos por violar las normas de confinamiento de Nueva York. “Con un mayor control viene una mayor vigilancia, y con ello mayores riesgos de perfiles y daños potenciales a los grupos raciales, sexuales, religiosos u otras minorías”, escriben las científicas.

El control creará nuevas forma de marginación social. “Etiquetar a las personas sobre la base de su estatus de coronavirus crearía una nueva medida para dividir a los que tienen de los que no tienen coronavirus”.

Habrá más discriminación porque cualquier programa para certificar la inmunidad podría ampliarse para incluir otros datos confidenciales de salud. “Los pasaportes de inmunidad de hoy podrían convertirse en los pasaportes biológicos de mañana”, advierten (5).

Los pasaportes de inmunidad podrían alentar a las personas a infectarse a propósito. “Si el acceso a ciertas libertades sociales y económicas se otorga solo a las personas que se han recuperado del coronavirus, entonces los pasaportes de inmunidad podrían incentivar a las personas sanas y no inmunes a buscar la infección voluntariamente, poniéndose a sí mismas y a otros en riesgo”.

(1) https://www.cnn.com/2020/04/25/us/who-immunity-antibodies-coronavirus/index.html
(2) https://www.nature.com/articles/d41586-020-01451-0
(3) https://cnnespanol.cnn.com/2020/05/11/todavia-puede-ser-dificil-hacerse-una-prueba-de-coronavirus-pero-ese-no-es-el-unico-problema/
(4) https://www.cnn.com/2020/05/07/politics/coronavirus-antibody-testing-problems-cdc-fda-invs/index.html
(5) https://www.cnn.com/2020/05/12/business/coronavirus-antibody-test-discrimination-intl-gbr-scli/index.html

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