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El triunfo de Le Bon

Gustave Le Bon
Josep Cónsola

En 1895 Gustave Le Bon escribía “Psychologie des Foules” preocupado por los amplios movimientos de masas que a partir de las legislaciones de la Tercera República, en 1880 habían aparecido los primeros sindicatos socialistas y anarquistas, aprobado el derecho de huelga, de asociación y reunión y seguramente impresionado por el amplio movimiento político de masas encabezado por Georges Boulanger de 1887 a 1889. Así lo expresaba:

“El advenimiento de las masas marcará seguramente una de las últimas etapas de las civilizaciones de occidente, un retorno hacia aquellos periodos de confusa anarquía que preceden a la eclosión de las nuevas sociedades. Pero, ¿cómo impedirlo?”

El profesor Florencio Jiménez Burillo explica cómo la ideología reaccionaria de un autor condiciona y altera de manera profunda el estudio de la realidad social. Tal es el contenido de la obra de Le Bon, dedicada a diagnosticar el fracaso de la democracia ya que para él la psicología tenía que consistir en el descubrimiento de un conjunto de leyes que rigen la mentalidad individual y colectiva. La idea de Le Bon es que el individuo sufre una transformación cuando está inmerso en una situación multitudinaria:

“Miles de sujetos separados entre sí, en un determinado momento y bajo la influencia de ciertas emociones pueden adquirir características de una masa psicológica… La imaginación representativa de las masas, al igual que la de todos los seres en los que no interviene el razonamiento, puede ser profundamente impresionada… ¿Cómo impresionar la imaginación de las masas? No son los hechos mismos, en sí, los que afectan la imaginación popular, sino la manera de como se presentan. Tales hechos tienen que dar lugar a una impresionante imagen que obsesione el espíritu. Conocer el arte de impresionar la imaginación de las masas es equivalente a conocer el arte de gobernarlas”.


“Para vencer las masas se tiene que tener en cuenta primeramente los sentimientos que las animan, simular que se participa de ellas e intentar después modificarlas… La afirmación de las cosas, de forma simple, desnuda de todo razonamiento y de toda prueba, constituye un medio seguro para hacer penetrar una idea en el espíritu de las masas. Cuanto más vacía de pruebas y demostración, tanta más autoridad posee… Y cuando una afirmación ha estado suficientemente repetida, con unanimidad en la repetición, se construye aquello que se llama una corriente de opinión e interviene el potente mecanismo de contagio. En las masas, los sentimientos, las emociones poseen un poder contagioso tan intenso como el de los microbios. El contagio no exige la simultánea presencia de individuos en un solo punto, se puede verificar a distancia bajo la influencia de determinados acontecimientos…  El contagio es tan potente que impone a los hombres, no solo ciertas opiniones, sino también determinadas maneras de sentir”.

Hasta aquí una breve reseña del pensamiento de Le Bon, que sirvió de base al nazismo en cuanto a la estructura del discurso, en el cual muchas de las expresiones en “Mein Kampf” son copiadas de la Psicología de las Masas.

Durante el siglo XX, la experimentación sobre el comportamiento humano fue una constante, y sobresaliendo podemos citar el “Experimento de Milgram” del año 1961 para medir la disposición de las personas a obedecer las órdenes de la autoridad aunque estas entraran en contradicción con su conciencia personal, y diez años después, en 1971 el “Experimento de la Prisión de Stanford”, financiado por el ejército de los Estados Unidos, en el cual Philip Zimbardo, psicólogo de la Universidad de Stanford, dio las siguientes instrucciones a los que hacían de “guardianes”: “Podéis producir en los ‘prisioneros’ aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada y que no tendrán privacidad. En general todo esto conducirá a un sentimiento de impotencia. Es decir que en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno”.

Estoy seguro de que hemos vivido, y todavía vivimos un gran experimento sobre comportamiento social a escala planetaria como no se había realizado nunca. Todos los ingredientes presentes en la obra de Le Bon y los resultados de Milgram y Zimbardo: aceptación de la autoridad (OMS), mentiras, carencia de razonamiento, discurso vacío de pruebas, afirmación repetitiva, contagio emocional, disposición a obedecer, vida controlada, miedo, sentimiento de impotencia, han sido puestos a prueba en la gran operación llamada pandemia COVID, la finalidad de la cual todavía tardaremos en conocer, pero que no está alejada de los grandes cambios previstos en un futuro no lejano. Cambios a todos niveles: económicos, sociales, políticos y culturales en el camino de la llamada “cuarta revolución industrial” o industria 4.0, todo a mejor gloria del capital y su pervivencia.

Los experimentos controlados requieren la manipulación de diferentes variables independientes para examinar el efecto sobre una variable dependiente. Pero, las muestras pequeñas utilizadas en experimentos controlados típicamente no tienen mucha validez externa, es decir el grado en que estos experimentos pueden ser generalizados en la población en general. Un experimento a escala mundial que estuvo probado anteriormente para buscar consenso y sumisión bajo el nombre de “amenaza terrorista” no tuvo los efectos esperados, ya que desde su inicio quedó demostrada la implicación de los servicios secretos de varios países en las oleadas de atentados. Solo una parte de la ciudadanía creyó las explicaciones “oficiales” a pesar de que junto al discurso se legislaran un cúmulo de leyes represivas iniciadas a partir de la norteamericana “Ley por la unión y el fortalecimiento de América por medio de la provisión de herramientas adecuadas requeridas para interceptar y obstruir el terrorismo” más conocida como “Patriot Act” el 28 de octubre de 2001 y posteriormente copiadas en todo el mundo. El Presidente George Bush en el discurso sobre el Estado de la Nación el 29 de enero de 2002 inventaba un nuevo concepto estratégico para justificar cualquier cosa: “La Amenaza Inminente”, y en 2003 la “National Strategy for Combating Terrorism” definía que el enemigo a batir era “el terrorismo”, término difuso en el que se podía encorsetar a cualquier persona.

En España ya había una larga tradición de leyes antiterroristas desde el franquismo y que fueron todas homologadas por la “democracia” y aumentadas por la Ley Orgánica 1/92 (Ley Corcuera) y la última, la ley 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza) que es la que ha estado en vigor para reprimir las personas que han disentido del discurso oficial sobre una supuesta pandemia, ley utilizada para abatir el nuevo enemigo, todavía más difuso que el terrorismo, invisible, llamado virus.

Más que nunca se aleja la revuelta, y la demostración de esta afirmación ha sido el comportamiento sumiso, masivo, ante un estado de excepción. Hecho inédito pues en los muchos estados de excepción vividos en diferentes lugares y tiempos, siempre ha habido colectivos, organizaciones que ha hecho frente, encarando las posibles represalias, incluyendo la muerte. No ha ocurrido así en este caso a pesar de la posibilidad de buscar información seria, cuantificada, confirmada y correcta, avalada por científicos que no están al servicio de las grandes corporaciones del complejo farmacéutico – militar – industrial, ni subordinados a las prebendas de los gobiernos de turno.

¿Cómo ha sido posible?

Hay que reflexionar sobre esto, puesto que organizaciones de cariz popular, aparentemente contrarias al sistema político y económico se han reunido alrededor del discurso dominante haciendo suyo un prejuicio, entendido este como la actitud tomada después de un proceso en el que se “pre–juzga” algo antes de conocer su evidencia, tal vez aceptando la persuasión de “quien” lo dice, si este es de la confianza ciega del que escucha, con independencia de su veracidad. Y quien lo ha dicho ha sido primeramente la Organización Mundial de la Salud, organización financiada fundamentalmente por los grandes consorcios químico–farmacéuticos y subordinada a ellos, han seguido los diversos gobiernos poniendo en práctica una operación cívico–militar en la cual los garantes de la salud han sido las fuerzas de orden.

Pero, más allá de la persuasión y la coerción ligada con ella, tenemos que prestar la atención en otro aspecto que ha sido olvidado o ninguneado por las organizaciones herederas de Marx que han estado, y están limitadas en el estricto campo de los procesos “objetivos” de la economía (los salarios, la carestía de la vida, el precio de los alquileres, el paro, los contratos de trabajo,…), descuidando los factores subjetivos de la ideología de las masas en su evolución y en sus contradicciones, pues tal como nos recuerda Wilhelm Reich en la “Psicología de masas del fascismo”:

“La victoria sobre el elemento reaccionario está asegurada si se va a la raíz, si se es consciente de su proceso contradictorio, puesto que si se hace de otra forma, se cae en posiciones mecanicistas, economicistas y metafísicas, dicho de otra manera: al desastre… El ‘marxismo vulgar’ pretendía que una crisis económica de la magnitud de la de 1929-1933 tenía que desembocar ‘por fuerza’ en una evolución ideológica hacia la izquierda de las masas afectadas. Mientras que en Alemania se hablaba de un ‘auge revolucionario’, incluso después de la derrota de enero de 1933, la realidad era muy diferente: la crisis económica inició, de hecho, un viraje hacia la derecha que se apoderó de todas las capas proletarias de la población. De este modo aparecía una divergencia entre la evolución de la base económica, que empujaba hacia la izquierda y la ideología de las masas atraídas por el extremismo de derechas. Por este motivo no se ha planteado el problema de saber cómo fue posible que las masas depauperadas se pasaran al nacionalsocialismo…  el marxismo vulgar’ establece una cámara aislante entre el ser económico y el ser social, pretendiendo que la ideología y la conciencia de los hombres están determinadas exclusivamente y directamente por el ‘ser’ económico. De este modo deduce la ideología de la economía de forma esquemática y unilateral. En lugar de deducir su manera de pensar y actuar de la realidad social, transforma la realidad en su imaginación, a fin de hacerla coincidir con sus deseos”…

“… Para explicar el robo de alimentos o la huelga provocada por la explotación, no hay que recurrir a la psicología. La psicología reaccionaria se dedica a descubrir motivaciones irracionales para explicar el robo o la huelga, recurriendo a argumentaciones típicamente reaccionarias. En la psicología social, el tema se presenta de forma diferente: no se ocupa de las motivaciones que impulsan al hombre hambriento a robar o a hacer huelga, sino que intenta explicar por qué la mayoría de los hambrientos no roba, y porque la mayoría de los explotados no va a la huelga”.

Ahora tendremos que intentar explicar por qué la mayoría no se ha enfrentado al estado de excepción y ha aceptado la versión de un enemigo invisible, se ha recluido en su casa, se ha contagiado psicológicamente del discurso oficial, ha tenido miedo del vecino, del compañero de trabajo, o ha quedado impregnado de un sentimiento de culpabilidad si no hacía caso a las órdenes recibida,  pues estas anunciaban la responsabilidad personal de contagiar a otras personas.

Por un lado el individualismo, el miedo al otro, la segregación, la supervivencia del más apto, todos ellos conceptos estrechamente ligados a la concepción liberal se han puesto de manifiesto durante este ejercicio de control social, y dentro de las voces que disienten se encuentran dos concepciones totalmente antagónicas:

a) Los que hacen mención a las llamadas libertades individuales y basándonos en este principio del ideario liberal, construido desde la moral resultante del principio del individualismo, utilizan la máxima de que “el derecho de los otros empieza allá donde acaba el mío” y en este principio, la limitación del derecho individual es la presencia de  otro individuo y no la convivencia social. Estas expresiones las han llevado a cabo varios grupos de extrema derecha en varios países.

b) Los que podemos considerar una escisión ética de las formaciones regidas por lo que Reich denomina “marxismo vulgar” y por personas diversas o pequeños colectivos que, sin base organizativa y por tanto invisibles socialmente,  han sentido la necesidad de buscar información suficiente sobre este enemigo virtual,  han estado libres de “pre–juicios” y han adoptado una posición crítica una vez analizado todo el proceso y todos los datos disponibles. A medida que han pasado los días este abanico de voces se ha ido ensanchando e incorporando profesionales, científicos, técnicos de todas las disciplinas: pedagogía, medicina, biología, física, química,… y militantes comunistas consecuentes.

Lo que queda por analizar es la ceguera que no deja ver la deriva social hacia el fascismo a nivel mundial. Lo que no consiguió el NSDAP alemán y el Töhökai japonés en los años 30 del siglo pasado lo está consiguiendo la OMS, la GFATM (The Global Fund) y la “Alianza GAVI”, socios todos ellos del complejo químico–farmacéutico y en estrecha colaboración con los grandes medios de comunicación y las tecnologías de la información en un intento de conformar un macro gobierno mundial que dicte cualquier tipo de directriz de obligado desempeño. Podemos decir que es la aspiración de los grandes defensores de la total globalización aunque algunos Estados sean reticentes a esta apuesta política – económica – social y cultural, pero en este caso los ejércitos mundiales ya procurarán de convencer a los disidentes.

¿Qué datos podemos utilizar para dar un vistazo a los “ataques” de este nuevo enemigo número uno y su relación con la “gran mortalidad” anunciada?

Quizás sea la base de datos Euromomo que reúne 24 países (Austria, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania(Berlín), Alemania (Hesse), Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Noruega, Portugal, España, Suecia, Suiza, UK (Inglaterra), UK (Irlanda del Norte), UK (Escocia), UK (Gales). Y establece unas proyecciones semanales de personas fallecidas por todas las causas. A partir de las desviaciones sobre estas proyecciones en un periodo homogéneo en cuanto a duración de los picos anuales de unas 22 semanas, que no necesariamente tienen coincidencia temporal, se pueden extraer los datos siguientes:

En el período 2016-2017, de la semana 41 de 2016, que es cuando empieza la desviación, hasta la semana 10 de 2017 que retorna a índice normales, en el grupo de los 24 países de referencia, se produjeron 1.296.145 defunciones de las cuales 959.502 (un 74,02%) correspondían a mayores de 75 años, y en el pico más alto de la serie (semana 2 de 2017) de un total de 70.692 defunciones, 52.573 (un 74,36%) correspondían a mayores de 75 años.

En el período 2017-2018, de la semana 47 de 2017, que es cuando empieza la desviación, hasta la semana 16 de 2018 que retorna a índice normales, se produjeron 1.319.312 defunciones de las cuales 944.305 (71,57%) correspondían a mayores de 75 años, y en el pico más alto de la serie (semana 1 de 2018) de un total de 66.067 defunciones, 47.765 (un 72,29%) correspondían a mayores de 75 años. En el período 2019-2020, de la semana 1 de 2020 que es cuando empieza la desviación hasta la semana 22 del mismo año que retorna a índice normales, se produjeron 1.366.265 defunciones de las cuales 988.562 (un 72,35%) correspondían a mayores de 75 años, y en el pico más alto de la serie (semana 14) de un total de 88.581 defunciones, 65,678 (un 74,15%) correspondían a mayores de 75 años.

Hasta aquí los datos facilitados por esta institución en los cuales podemos ver que del total de defunciones desde el año 2016 hasta junio de 2020, entre un 72 y 74% corresponden a personas mayores de 75 años sin muchas diferencias entre un año y otro, datos que tienen una gran lógica, puesto que se corresponde con la duración de los ciclos vitales de personas nacidas durante la segunda parte de la guerra mundial o al acabar ésta. Así pues, del análisis de estos datos podemos extraer alguna conclusión radicalmente diferente de la campaña de terror anunciada por los gobiernos europeos y por todos los medios de comunicación que viven de las subvenciones públicas o que son dependientes de grupos financieros. Del mismo modo podemos negar la “necesidad” del establecimiento de estados de excepción y control militar de la población, de los arrestos domiciliarios, del aislamiento social y de lo que ha sido más perjudicial social, psicológica y pedagógicamente hablando: el aislamiento de las criaturas y el cierre de las escuelas; y por otro lado el aislamiento y reclusión forzada sin régimen de visitas a las personas que vivían en geriátricos.

Pero la respuesta que tendremos que encontrar es por qué hijos e hijas, nietos y nietas han permitido que sus padres, madres, abuelos y abuelas se murieran dentro de los geriátricos u hospitales en plena soledad. ¿Cómo es posible que no se hayan abatido las vallas de los geriátricos y las puertas de los hospitales para poder  acompañar y despedir a los seres queridos en el último aliento de sus vidas?. ¿Cómo ha sido posible tanta deshumanización? o, ¿Esta deshumanización también forma parte del experimento de comportamiento social?, pues si una persona es capaz de mantenerse impasible encerrada en su casa, ante el hecho de saber que sus progenitores se están muriendo en la más absoluta tristeza y soledad, ¿Que no será capaz de hacer en relación con una persona extraña?

Se ha superado la máxima darwinista de “supervivencia del más apto” por la máxima neodarwinista de los nuevos brujos de la ingeniería genética encabezados por Richard Dawkins y su invento del “Gen Egoísta” (The Selfish Gene) símbolo bioquímico de la competencia feroz en todos los aspectos de la vida. Por todo ello, no son descabelladas las consideraciones hechas a comienzos de este escrito sobre la perspectiva de implementación de un fascismo global ya que no ha habido ninguna resistencia colectiva a este macro experimento de control social, y al decir colectiva es para descartar las “huelgas virtuales”, las “manifestaciones virtuales”, las “protestas virtuales”, las “reuniones virtuales” que no son otra cosa que la sumisión y exaltación del individualismo. Reencontrar de nuevo la confianza entre las personas, el contacto humano, la protesta material, y pensar qué formas organizativas y ofensivas serán las más adecuadas ante el nuevo panorama que se presenta.

La pandemia ha servido para ordenar prácticas eugenésicas con los enfermos y discapacitados en Gran Bretaña

En un vídeo que se ha publicado en las redes sociales, parece el doctor Vernon Coleman, médico de referencia del NHS, el sistema británico de salud, leyendo las instrucciones de atención a los enfermos ordenadas por el NICE (Instituto Nacional de Atención y Excelencia) para la admisión en cuidados intensivos durante la pandemia de coronavirus (1).

El NICE es el consejo asesor oficial del NHS. Establece las directrices para la atención médica en cualquier situación que se presente. Utiliza una escala graduada SFC de “fragilidad” de los enfermos (2), que va de 1 (totalmente sano) a 9 (enfermo terminal).

El pasado mes de marzo remitió sus primeras recomendaciones para el cuidado de los pacientes con coronavirus, que se han actualizado regularmente desde entonces. Una de ellas establece que el médico “no debe intentar” la RCP (reanimación cardio-pulmonar) con los adultos capaces cuya evaluación sugiera una mayor fragilidad, por ejemplo, una puntuación de 5 o más en la escala SFC.

En dicha escala, una puntuación de 5 considera al enfermo como “ligeramente frágil”, por lo que el sistema británico de salud propuso no reanimar a los que estuvieran por encima de dicha puntuación.

La clasificación SFC de los enfermos se adjuntaba a su historial clínico de manera reservada. Algunos médicos de cabecera enviaron mensajes pidiendo a los pacientes terminales que aceptaran la no reanimación voluntariamente, amenazándoles con no admitirlos en el hospital si enfermaban gravemente, según publicó la BBC (3).

Era una medida disuasoria para evitar que acudieran a los hospitales, donde se les decía que no e les iba a dejar morir.

Durante la pandemia los trabajadores sanitarios denunciaron que las personas con discapacidades de aprendizaje estaban firmando un número “sin precedentes” de permisos de no reanimación, muchos de los cuales eran ilegales (4).

A principios de abril, un grupo de autistas de Somerset protestó porque fueron obligados a firmar los formularios de no reanimación (5).

En Estados Unidos una “enfermera infiltrada” descubrió casos similares, lo que explicó en una grabación que se puede seguir en YouTube (6).

Exactamente lo mismo ocurrió en Canadá (7), por lo que no se trata de políticas casuales, ni erróneas, sino prácticas eugenésicas deliberadas equiparables a las del III Reich.

(1) https://www.nice.org.uk/guidance/ng159/resources/covid19-rapid-guideline-critical-care-in-adults-pdf-66141848681413
(2) https://www.nice.org.uk/guidance/ng159/resources/clinical-frailty-scale-pdf-8712262765
(3) https://www.bbc.com/news/uk-wales-52117814
(4) https://www.hsj.co.uk/coronavirus/unprecedented-number-of-dnr-orders-for-learning-disabilities-patients/7027480.article
(5) https://www.bbc.com/news/uk-england-somerset-52217868
(6) https://www.youtube.com/watch?v=UIDsKdeFOmQ
(7) https://off-guardian.org/2020/05/26/were-conditions-for-high-death-rates-at-care-homes-created-on-purpose/

‘Los peruanos tienen más miedo a morir de hambre que de coronavirus’

El Producto Interior Bruto de Perú se contraerá en un 12 por ciento este año, según reciente informe del Banco Mundial. Perú será el segundo país en la región más afectado por la crisis económica solo por detrás de Brasil. Entre las consecuencias visibles de esta situación estará, como lo señaló hace tres semanas un análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el crecimiento del índice de la pobreza en un 3,5 por ciento, en comparación a lo registrado el año pasado, cuando se informó que estaba cerca al 20,5 por ciento.

Pero dentro este grave problema, otro asunto golpearía también a los sectores más vulnerables de nuestro país: la crisis alimentaria. “Es un problema que no ha tenido la atención del Gobierno”, dice el economista Eduardo Zegarra. El investigador del Grupo de Análisis para el Desarrollo señala que el 14 por ciento de hogares en Lima Metropolitana y Callao no pudieron comprar carnes, pescado ni huevos.

La razón principal tiene mucha relación con que muchas familias –en los niveles D y E– no tienen suficiente dinero. Eso lamentablemente provoca muchos se saltan sus comidas hasta llegar al punto de ya no comer nada.

Del presupuesto para bonos sociales destinado de 6.5 millones de soles, solo 3.8 millones ha llegado a quienes lo necesitan.

El economista estima que si no se aborda la problemática de la inseguridad alimentaria, problemas como la anemia y la desnutrición se pueden agudizar en los próximos años. “Todos los gobiernos del mundo firmaron un compromiso que, en el 2030, se iba a erradicar totalmente este problema”, recuerda.

“La gente tiene más temor, en estos momentos, de morir de hambre que del coronavirus”, concluye Zegarra.

El papel de los comedores populares va ser fundamental para que la población no se muera de hambre. “Debe existir una cruzada para organizarse en la entrega de alimentos a las familias más vulnerables”, propone la historiadora Cecilia Blondet. La investigadora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) reconoce que, lamentablemente, hay zonas muy alejadas a las que no se puede llegar.

“Por ahora funcionan las ollas comunes, pero no son suficientes”, acota. Blondet señala las organizaciones sociales y las Juntas Vecinales deben apoyar en esa cruzada para paliar el hambre.

El Banco de Alimentos del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social ha identificado una exceso de alimentos en determinados puntos y los está recogiendo, organizando y distribuyendo a los lugares más alejados.

Queda claro que es una carrera de largo aliento. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha ubicado el hambre como el segundo problema grave que enfrenta el país en este momento. El hambre golpea y más ante un porvenir incierto.

https://caretas.pe/nacional/pandemia-pobreza-y-hambre-crisis-sanitaria-y-economica-provoca-que-en-miles-de-hogares-no-se-tenga-que-comer/

Enfrentamientos con la policía holandesa tras disolver una manifestación contra el confinamiento

La policía holandesa cargó a caballo, utilizó cañones de agua y detuvo a varios cientos de manifestantes ayer en La Haya para disolver una una protesta contra el confinamiento, produciéndose enfrentamientos y disturbios.

Varios cientos de personas se habían reunido en el centro de la ciudad, algunos tomados de la mano, para protestar contra el confinamiento, incluida la distancia social de 1,5 metros entre las personas en lugares públicos.

Inicialmente el alcalde en funciones, Johan Remkes, prohibió la manifestación, con el pretexto de que podía ser masiva si acudía un gran número de aficionados al fútbol. Luego la autorizó, aunque con una duración limitada.

Según la policía, la manifestación fue pacífica hasta que los manifestantes se enfrentaron a los antidisturbios y les tiraron piedras y botellas.

Más tarde, “los últimos manifestantes se negaron a abandonar el lugar y fueron arrestados de acuerdo con la legislación sobre manifestaciones”, dijo la policía de La Haya en un mensaje. “Alrededor de 400 personas fueron detenidas”, pero muchas fueron liberadas rápidamente, agregó la policía. Cinco personas también fueron detenidas en la Estación Central por lanzar piedras.

Holanda han adoptado un política de confinamiento menos estricta que en otros países europeos. La llamaron “confinamiento inteligente”. Permitieron la apertura de restaurantes, cines, cafés, museos y terrazas el 1 de junio, pero con la distancia reglamentaria entre los clientes  un aforo limitado a 30 por establecimiento.

El país ha registrado 49.593 positivos y 6.090 muertes, incluida una registrada en la noche del sábado al domingo. Para una población de 17 millones de habitantes, es una cifra bastante elevada.

El ejército ha ejecutado 20.000 actuaciones con el pretexto del estado de alarma

La Operación Balmis de las Fuerzas Armadas, iniciada con el pretexto del estado de alarma, ha concluido hoy después de 98 días vigente, con más de 20.000 actuaciones de todo tipo, en las que han participado un total de 188.713 militares.

De las actuaciones encuadradas en la Operación Balmis el Ministerio de Defensa destaca la desinfección de espacios, montaje de hospitales, ayuda a mayores, entre otras.

Ha sido “el mayor esfuerzo militar llevado a cabo en tiempo de paz en España”, una operación que ha quedado desactivada al decaer en la medianoche el estado de alarma, subraya el Ministerio en un comunicado.

Durante estos meses, el Ejército ha prestado apoyo en 2.302 localidades y ha realizado un total de 20.002 intervenciones, entre ellas, 11.061 desinfecciones, 5.301 actuaciones en residencias, otras 3.477 en hospitales o centros de salud y 1.340 en centros sociales

A través de un vídeo de autobombo publicado en su cuenta de Twitter, el Ministerio valora el reto que ha supuesto esta operación para los militares que forman parte del ejército, al demostrar “con su trabajo, esfuerzo y sacrificio el compromiso que mantienen con la sociedad española”.

La grabación muestra algunas de las intervenciones que han desarrollado en estos 98 días, como la limpieza de lugares públicos, el montaje de hospitales de campaña o el reparto de material, junto a imágenes de la labor del personal sanitario, el aplauso de los ciudadanos y el mensaje repetido durante todo este tiempo: “Juntos lo superaremos”.

La Operación Balmis se podría reactivar en 24 ó 48 horas, según aseguró la ministra Margarita Robles, en el caso de que hubiera que repetir la operación con el pretexto de un rebrote.

El Ministerio de Defensa denominó “Balmis” al operativo por el médico Francisco Javier Balmis (1753-1819), un militar que participó en el mantenimiento de Filipinas y otros territorios de ultramar dentro del imperio español  principios del siglo pasado.

Noruega suspende el programa de rastreo de apestados y borra la información almacenada

Noruega da marcha atrás. Tras dos meses de funcionamiento, el programa de rastreo de apestados ha quedado fuera de juego tras la intervención de la agencia de protección de datos privados.

El lunes Datatilsynet notificó a la burocracia sanitaria las infracciones desproporcionadas de los derechos fundamentales en relación con los pretextos de salud esgrimidos.

La paralización de la aplicación de rastreo, llamada Smittestopp, ha supuesto el inicio de conversaciones entre el instituto noruego de salud y Datatilsynet, la agencia noruega de protección de datos, para encontrar una alternativa antes del martes.

Mientras tanto, no se envía ninguna notificación y todos los datos recogidos a través de la aplicación se están borrando.

En Noruega la aplicación ha sido descargada 1,6 millones de veces, una cifra muy elevada teniendo en cuenta el tamaño de la población, 5,3 millones, pero el cálculo no es preciso. Por ejemplo, no se sabe si incluye varias descargas en el mismo móvil. Los usuarios activos serían menos de 600.000.

La aplicación arrancó el 16 de abril. Funciona localizando otros móviles cercanos, en un radio de menos de dos metros, y si el acercamiento dura más de un cuarto de hora, emite una alerta si se trata de un apestado por coronavirus, aunque no ocurre lo mismo si el apestado es por dengue, Ébola, chikungunya u otro virus diferente.

A pesar del atentado a libertades, la burocracia sanitaria ha recomendado a la población que no desinstale la aplicación. “Esperamos que mantengan la aplicación lista en sus teléfonos. Esto significa que podemos reactivar rápidamente la aplicación si encontramos una solución que satisfaga a Datatilsynet”, ha dicho Camilla Stoltenberg, la directora del instituto de salud.

La aplicación utiliza el GPS, además de bluetooth, aunque es posible desactivarla.

En Alemania la informática de rastreo también se ha puesto en marcha en medio de polémicas similares. Pero además de las críticas a los derechos fundamentales, el coste de la desactivación no ha pasado desapercibido. La creación de Corona-Warn-App, que es como se llama en Alemania la aplicación de rastreo, costó 20 millones de euros y requiere entre 2,5 y 3,5 millones de gastos mensuales para que pueda seguir funcionando.

Menos en España, en cualquier parte de Europa las personas y los colectivos se esfuerzan por defender sus derechos y libertades más básicas.

9.000 detenidos y 1,2 millones de euros en multas: estado de alarma = estado de terror policial

El estado de alarma ha alarmado a todo el mundo. Ha sacado a la policía a la calle como en los peores tiempos del franquismo y se ha cerrado -de momento- con más de 9.000 detenidos y casi 1,2 millones de euros en sanciones, la mayor parte de la cuales se impusieron ilegalmente.

Durante estos meses, saltarse el confinamiento ha comportado propuestas de sanción que puede conllevar multas desde los 600 euros por desplazamientos no autorizados hasta los 10.400 por organizar o participar en actividades de grupos que suponen riesgo de contagio.

Apenas comenzado el estado de alarma, las redes se llenaron de vídeos con brutales palizas de la policía, un espectáculo idéntico a los estados de excepción del franquismo.

El PSOE llegó al gobierno como de costumbre, aparentando que estaba en contra de la Ley Mordaza porque suponía “una vuelta al Estado policial” (1) y lo mismo cabe decir de ese tinglado llamado Podemos, que prometió derogarla en cuanto ocuparan sus sillones (2).

Luego unos y otros se olvidaron de la Ley Mordaza y, lo que es peor, se convirtieron en sus máximos impulsores, lo que ha llegado al paroxismo con la cuarentena, donde los policías han actuado como verdaderas bandas de matones.

Hasta las ONG más babosas se dirigieron al gobierno para denunciar que la policía estaba recurriendo a “un uso desproporcionado de la fuerza”.

La policía ha inundado a las personas con detenciones, palizas y denuncias y las ONG han inundado a la policía con papeles que no servirán para nada.

(1) https://www.psoe.es/participa/no-a-la-ley-mordaza/motivos-para-decir-no-a-la-ley-mordaza/
(2) https://podemos.info/podemos-rechaza-la-ley-mordaza-y-se-compromete-a-derogarla

La OMS es una veleta que cambia de criterio de la noche a la mañana según sople el viento

En el Amazonas las mascarillas no pueden faltar
1. ¿Confinamiento? Sí, no, quizá, es posible, a veces…

A finales de abril la portavoz de la OMS, Margaret Harris, manifestó que nunca aconsejaron imponer a las poblaciones del mundo un confinamiento obligatorio y generalizado, algo que carece de precedentes en la historia de la humanidad.

Una medida sin precedentes sólo puede ser consecuencia de un fenómeno de la misma magnitud, extraordinario y terrorífico a la vez, que quizá aparezca en la chistera (o el ordenador) de algún reputado epidemiólogo. No puede tratarse sólo de un catarro, ni una neumonía.

2. ¿Suecia? Si, no, quizá, es posible, a veces…

Por aquellas mismas fechas, en plena pandemia el experto en emergencias de la OMS, Mike Ryan, puso a Suecia como modelo. En consecuencia, no era necesario imponer el confinamiento obligatorio.

La mayoría de los países del mundo quedaron con el culo al aire, lo mismo que sus expertos de pacotilla.

Las declaraciones no frenaron la intensa campaña de desprestigio de la política sanitaria del gobierno sueco, que se ha extendido por los medios de comunicación del mundo entero.

3. ¿Contagio? Si, no, quizá, es posible, a veces…

El febrero un informe de la OMS, basado en datos de China, afirmó que “la proporción de infecciones verdaderamente asintomáticas no está clara, pero parece ser relativamente rara y no parece ser un factor importante de transmisión”.

El 8 de junio la jefa científica de la OMS, Maria Van Kerkhove, repitió que era muy improbable que las personas asintomáticas transmitieran el virus.

La Universidad de Harvard publicó un comunicado crítico y la funcionaria sólo tardó tres días en rectificar. Las presiones consiguieron sus frutos. La habíamos interpretado mal. Hay que matizar. Ella quiso decir otra cosa…

4. ¿Mascarilla? Si, no, quizá, es posible, a veces…

Las mascarillas no deben ser obligatorias para todos. Depende. La OMS dijo primero que sólo debían portarlas los trabajadores sanitarios. Luego dijo que tampoco las recomendaba para los asintomáticos y, desde luego mucho menos para los que dan negativo en las tests.

¿Cuál era el motivo?, ¿sanitario quizá? No. El secretario general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, reconoció que el uso generalizado de las mascarillas por toda la población podía acabar con las existencias en los hospitales, por lo que no quería recomendar su uso.

Lo mismo dijo el Santo Simón. El uso de mascarillas sólo se hizo recomendable e incluso obligatorio cuando las hubo en abundancia en los supermercados.

5. ¿Pandemia? Si, no, quizá, es posible, a veces…

El 27 de enero la OMS subió la calificación del riesgo del coronavirus para la salud mundial de moderado a alto. Las presiones arreciaron y tres días después lo declaró como “una emergencia de salud pública de interés internacional”. El término “pandemia” había sido erradicado del lenguaje de la OMS y, posiblemente (aunque no se sabe), también del lenguaje científico.

Las presiones siguieron y menos de dos semanas después, el 11 de marzo, por fin la catalogó oficialmente como una pandemia.

Las pandemias habían dejado de existir, o eso creíamos. Es posible, o quizá no. Depende. A saber.

Mañana será otro día y quizá haya nuevas rectificaciones. O no, ¿Quién sabe? La ciencia avanza una barbaridad y habrá que seguir las recomendaciones de la OMS, aunque no sepamos cuáles son.

‘Las cifras de fallecidos por coronavirus pueden ser inferiores a las que han declarado oficialmente’ en Gran Bretaña

“Las cifras de fallecidos por coronavirus pueden ser inferiores a las que se han declarado oficialmente”, asegura el profesor Karol Sikora, un antiguo directivo de la OMS, en un archivo de audio de Planet Normal (*).

Según Sikora, los médicos pueden haber marcado el virus como la causa de la muerte en los certificados si hubo “cualquier indicio” de que el coronavirus desempeñó algún papel.

Sikora destaca que las comparaciones de muertes diarias con años anteriores están sumiendo al país en el pánico y en algunos casos eran inexactas.

En Gran Bretaña el coronavirus está siendo marcado en los certificados de defunción como causa de la muerte cuando puede no haberlo sido. El servicio británico de salud ha informado que más de 41.000 personas han muerto en los hospitales debido a la pandemia.

El sistema de registro de las muertes causadas por coronavirus es en Reino Unido diferente a otros países, explicó. En Alemania, el coronavirus sólo puede ser registrado como la causa de muerte cuando el equipo de cuidados al final de la vida certifica que fue así.

“Podría resultar que más personas hayan muerto por falta de atención médica porque las instalaciones sanitarias han sido acaparadas por el coronavirus”, añade el académico.

¿Cuál es el exceso de mortalidad por coronavirus? “Los números varían enormemente”, dice Sikora. Pero los datos actuales no son ciertos. Predice que el número real de muertes por coronavirus podría oscilar entre 20.000 y 30.000.

Los comentarios de Sikora se producen cuando se ha revelado que los casos de cáncer han disminuido en un 60 por ciento durante el confinamiento, lo que hace temer muertes innecesarias.

Sikora dice que se han perdido “demasiadas vidas” por el cáncer que deberían seguir vivas. El número total de muertos a finales de este año puede mostrar que los que murieron a causa de la pandemia pueden haber muerto durante el verano de todos modos. En este mes de junio las muertes ya estaban por debajo de la media.

(*) https://podcasts.google.com/?feed=aHR0cHM6Ly9yc3MuYXJ0MTkuY29tL3BsYW5ldC1ub3JtYWw%3D

‘El daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del covid-19 que se haya evitado’

El Premio Nobel de Química Michael Levitt

Michael Levitt ha sido una de las voces de la comunidad científica que se ha pronunciado con mayor contundencia contra el aislamiento estricto que algunos países implementaron por el coronavirus.

«Los líderes pareciera que entraron en pánico incluso más que la población», dice Michael Levitt, ganador del Premio Nobel de Química en 2013.

«Estoy seguro de que el confinamiento pudo haber salvado vidas en el corto plazo, pero el daño económico costará vidas”, indica. «El confinamiento estricto es el que es peligroso».

«Yo podría decir que un niño que es golpeado por su padre que está enojado por perder su trabajo es una pérdida terrible, es algo que puede afectar a una persona de por vida. Y eso quizás es una perdida mayor que la muerte de alguien de 85 años».

A lo largo de la entrevista, el profesor de biología estructural de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, insiste en que no quiere ser irrespetuoso con las personas que han muerto por el coronavirus, lo cual es una «tragedia”, pero plantea cuán importante hubiese sido discutir y balancear más las medidas tomadas.

«No soy un epidemiólogo, pero me gustan los números», aclara al comienzo de la entrevista que ofreció desde Israel.

Levitt nació en Sudáfrica y ganó el Premio Nobel de Química junto a Martin Karplus y Arieh Warshel por desarrollar los programas computacionales de gran alcance que se utilizan para entender y predecir complejos procesos químicos.

Cuando empezó a surgir información sobre el SARS-Cov-2, el doctor en biofísica decidió analizar el desarrollo de su predecesor: el SARS-Cov, que emergió en 2003 en China. «Lo importante era empezar a entender cuán peligroso es» el nuevo coronavirus, señala evocando el mes de enero.

El investigador inició la recopilación de datos sobre los casos y las muertes que se estaban produciendo en la nación asiática, donde también se desencadenó el nuevo brote, y registró lo que encontraba. Se dio cuenta de que, aunque el nuevo coronavirus avanzaba mucho más rápido que su antecesor, la tasa de letalidad parecía ser menor que la del SARS-Cov.

«Vi muy rápidamente, quizás en mi primer reporte del 2 de febrero, que de hecho el virus se estaba desacelerando», explica.

Desde el 1 de febrero, Levitt revisa «todos los días» las cifras de casos de coronavirus.

«En mi corazón soy una persona muy global, creo que todo el planeta es un solo lugar. Por eso no estoy estudiando únicamente Reino Unido, Estados Unidos o Israel (Levitt posee esas tres nacionalidades), estoy estudiando lo que sucede en todas partes».

Y es que, indica, es mucho lo que se puede aprender al comparar lo que pasa en diferentes países. Por eso, su manejo de las estadísticas sobre el coronavirus es impresionante.

«Todos los días, estoy viendo lugares como Chile, Perú, Brasil. Quizás dos veces al día. Sólo para ver (si hay) una señal de que (el avance del virus) se está desacelerando».

Levitt ha utilizado modelos matemáticos y métodos informáticos para analizar las curvas de contagio en distintos países del mundo y, aunque advierte que no hay certeza absoluta, se ha observado que pasan entre «tres a cuatro semanas hasta que (el virus) empieza a desacelerarse».

Así ha sucedido en varios lugares. Pareciera que es un patrón, pero no se aventura a dar nada por hecho, pues hay otras variables que intervienen como por ejemplo el tamaño de los países.

«La conclusión es que aún es muy pronto para saber (qué pasará en Sudamérica). Es difícil saberlo».

Para el físico, «el daño ocasionado por el confinamiento será mucho mayor que cualquier daño del covid-19 que se haya evitado» con la medida.

«Estoy seguro de que el confinamiento pudo haber salvado vidas en el corto plazo pero el daño económico costará vidas», indica. Y es que para el nobel es importante ver todas las distintas implicaciones de esa medida.

«Los confinamientos pueden ser efectivos, pero son una medida medieval». En esa época, explica el profesor, cuando llegaba una plaga, le decían a la población que no podía abandonar sus viviendas.

«Esta situación es como esa. Ellos no entendían lo suficiente sobre la enfermedad. Por lo tanto a la gente no se le permitía desplazarse. Con frecuencia no era lo correcto. Las investigaciones han mostrado que cuando se fuerza a la gente a quedarse junta probablemente causará una tasa más alta de infecciones».

Y es que alejar a la gente es una reacción muy natural, dice.

«Parece obvio, pero hay que ser muy cuidadosos y no creo que los epidemiólogos recomienden los confinamientos. Ellos no recomiendan cerrar las fronteras, porque su idea es que si la enfermedad se va a propagar, hay que dejarla».

«Obviamente no hay muerte que sea buena, cada muerte es una tragedia terrible para la familia, pero 400 muertes por millón de personas es muy típico de lo que una mala temporada de gripe provoca», señala.

«La gente que está muriendo de covid y de influenza son las mismas personas que morirían normalmente. En el caso del covid-19, cerca de la mitad de las muertes son de  personas mayores de 85 años, menos del 10% de las muertes son menores de 65 años».

«Básicamente yo diría que todos sabemos que las personas mayores tendrán una probabilidad más alta de morir».

El impacto de las medidas de cierre que varios países implementaron para blindarse frente al SARS-Cov-2 es algo que le preocupa al nobel.

«No sabemos cuánto daño ha causado el confinamiento a la economía mundial o a la sociedad. Sé que muchos países que están saliendo del confinamiento han visto un aumento grande en la tasa de suicidios y de violencia doméstica, quizás hay un incremento en los divorcios», reflexiona.

«Ha habido mucho estrés. Los niños han sufrido mucho, es un trauma. No sabemos [los daños causados por el confinamiento] y, dado que conocemos aproximadamente cuántas vidas se han salvado, una cantidad pequeña, se ve con mucha claridad que el daño final del confinamiento sería más grande».

Levitt plantea que hay gente que está diciendo, por ejemplo, que debido al confinamiento los pacientes que necesitan tratamiento para el cáncer no lo han recibido o que personas que necesitan ver al doctor por sus problemas de corazón no han ido a los médicos.

Para el físico existen otras alternativas eficaces diferentes al aislamiento drástico: el distanciamiento social, la higiene, lavarse las manos contantemente, usar mascarillas.

«El confinamiento estricto es: cerrar las escuelas, frenar los trabajos, parar las tiendas, cerrar todo. El confinamiento estricto es el que es peligroso».

El nobel reflexiona sobre el hecho de que en unos pocos países de Europa en donde se ha implementado un confinamiento más permisivo, el número de muertes no ha sido más alto […] si se compara con un país con un confinamiento más estricto.

Por ejemplo, dice, en Suecia y en Reino Unido, las muertes por millón de habitantes son muy similares. En el país nórdico, el confinamiento ha sido mucho “más suave” que en Reino Unido.

Adicionalmente, explica el profesor, no se ve que haya un cambio grande en el aumento de casos cuando el confinamiento se levanta, no se observa un salto en los casos.

«Ahora mismo, no lo sabemos y creo que mucha gente seguirá diciendo en los años venideros que el confinamiento fue importante pero [lo cierto es que] no lo sabemos».

La lectura que Levitt hace de lo que ha pasado en países como Suecia, Suiza, «quizás hasta cierto punto Alemania», es que el confinamiento no significó «una gran diferencia». Sin embargo, aclara: «Creo que es difícil decir que el confinamiento no causa ninguna diferencia».

Y profundiza: «Ciertamente algunos países tuvieron niveles muy bajos de infección como Austria, Israel o Australia, donde el número de infecciones no fue de unos cientos por millón (de habitantes), sino solo de unos 20 o poco más por millón. Esos países podrían estar expuestos a segundas olas».

«Si ha habido un proceso de saturación en los países que han tenido unos cientos de muertos por millón de habitantes, es probable que sean más resilientes en el futuro. Pero no sabemos eso todavía».

La forma en la que algunas autoridades han reaccionado frente al coronavirus es algo que cuestiona el profesor.

«Cuando la gripe viene en el invierno, nosotros no paramos todo, no implementamos un confinamiento por la gripe. Y si no nos confinamos por la gripe ¿por qué nos confinamos por el coronavirus?», pregunta.

En esa reacción, dice el científico, hubo un factor que tuvo una influencia.

«Normalmente la gente entra en pánico cuando se desata un guerra o se propaga una enfermedad, pero normalmente los líderes tratan de decirles que hay que pasar por esa situación».

«Si piensas en la Segunda Guerra Mundial, (el primer ministro británico Winston) Churchill estaba tratando con mucho empeño de evitar que la gente entrara en pánico. Y habían muchas buenas razones para sentirlo».

En su opinión, en el contexto del coronavirus, los medios de comunicación estaban muy determinados a «contar las muertes todo el tiempo, en lugar de simplemente asumir que había muertes».

«Y por la razón que sea en esta ocasión los líderes pareciera que entraron en pánico incluso más que la población».

«Por ejemplo» -dice- «con frecuencia le pregunto a la gente: ‘¿saben cuántas personas mueren en el mundo normalmente?’ La mayoría no sabe».

En un día promedio mueren 150.000 personas en todo el planeta, explica. «Y esas personas en su mayoría no mueren por una guerra o por hambre, mueren por vejez, y ese es un número grande».

Levitt cree que los medios de comunicación pudieron haber explicado mejor lo que estaba pasando al público: «Que la mitad de la gente que está muriendo tiene más de 85 años».

«Y, repito, nadie quiere ser irrespetuoso con las personas que han muerto». El científico me dice que su madre tiene 105 años «y quiero que viva por mucho tiempo».

«Yo tengo 73 años y tengo una probabilidad más alta de morir que mi nieto. Y eso es muy bueno porque quiero que mi nieto viva».

«Nosotros, las personas mayores, tenemos una probabilidad más alta de morir que los jóvenes, esa es la naturaleza de las cosas. Eso no fue explicado».

El nobel cuenta que la mayor parte de la pandemia la ha pasado en Israel. «Aquí, los noticieros informaban que alguien había muerto y hablaban sobre los nietos, los hijos, y yo pensaba que no era justo, porque cada día en Israel tenemos 120 muertes naturales y quizás tuvimos cinco muertes diarias por coronavirus», dice.

«¿Por qué glorificamos las muertes por coronavirus y no glorificamos las muertes de todos los demás? Quizás no deberíamos glorificar la muerte de nadie», reflexiona.

Pero, destaca, que eso sucedió en muchas partes del mundo. «La intención fue contar los números, los números grandes», indica.

«La otra cuestión […] es que la gente que estaba muriendo por coronavirus también tenía problemas de corazón, cáncer, muchos otros problemas. Quizás tenían neumonía y todavía los contaban como que estaban muriendo de coronavirus».

«Tal vez el 10% murió por coronavirus en medio de muchas otras condiciones».

El físico cree que varios países vieron las medidas que estaban tomando China y otros países, que implementaron confinamientos estrictos, como un referente.

Pero, recuerda, no todos los países lo hicieron: Corea del Sur, Hong Kong y Singapur pusieron en práctica el distanciamiento social y el uso de mascarillas y desinfectantes, entre otras medidas. «Fueron confinamientos suaves, como el de Japón».

Cualquier virus, explica el doctor, nos genera frustración y ante la pregunta sobre ¿qué podemos hacer?, la respuesta probablemente es que «quizás no puedas hacer nada».

«Sólo tener esperanza de que [la situación] estará bien: lavarte las manos, mantenerte saludable, no preocuparte porque cuando lo haces es malo para el sistema inmune».

«Pero la gente sintió que al confinarse estaba haciendo algo, frenando el virus, estábamos deteniendo a la gente de que irresponsablemente infectara a otras personas».

«Se les dio la sensación de poder, lo cual quizás es algo bueno, no lo sé».

Una de las lecciones que Levitt cree que la pandemia está dejando es que «la gente está cada vez más dándose cuenta de que [el confinamiento estricto] no era tan buena idea».

«Pero nadie puede culpar a nadie, porque ya está hecho», dice.

«No puedes culpar a los epidemiólogos, no puedes culpar a los científicos, los líderes son los responsables de esto y espero que aprendamos la lección para el futuro, debería haber más discusión y más ideas en una etapa más temprana».

De hecho, dice que le sorprende que haya habido tan poca reflexión y debate. «En la ciencia la discusión es muy importante: ‘Entiendo lo que dices pero está mal por esa y esta otra razón. O quizás estás en lo correcto, vamos a discutirlo'».

Al preguntarle si los confinamientos cambiaron el curso de la pandemia, Levitt pone un ejemplo: «Imagínate que en Londres, tras detectarse el primer caso, no se le permite a nadie viajar a Mánchester».

Al hacer eso, el virus no llegará a Mánchester tan rápidamente. Las probabilidades de conseguir eso son altas. Se puede frenar su propagación a otros lugares, se puede desacelerar su transmisión, explica el especialista.

Pero una vez que el virus llegó a Londres, es muy difícil impedir que infecte a la población de esa ciudad.

«Desacelerar el esparcimiento es una buena idea porque te da tiempo a tomar medidas para proteger el sistema sanitario». Sin embargo, surge un dilema: «Si tomas un determinado lugar y lo aíslas ¿por cuánto tiempo lo harás? El simple hecho de cerrar el mundo tiene un precio económico grande incluso si eres una isla pequeña».

«Hoy en día es muy difícil cerrar un país».

Levitt explica que cada cierto tiempo surge una epidemia de gripe que se detiene en el invierno. «Se para por sí sola porque, esencialmente, la mayoría de las personas que van a morir, generalmente la gente mayor, lo hacen».

«Lo mismo es probable que pase con el covid», explica el experto en biología computacional.

«El covid-19 se agotará a sí mismo y probablemente en el proceso le dará al resto de las personas algo de inmunidad, pero eso no lo sabemos todavía», advierte.

Y es que aún hay muchas incógnitas sobre la forma en que se ha desarrollado la pandemia: «No sabemos por qué las tasas de muerte en Inglaterra, Italia y todos los países donde se ha acabado ahora es tan similar», dice.

«Se podría pensar que en Bélgica se confinaron muy bien, pero no tan bien en Francia, pero el resultado final es el mismo. Esa es la razón por la que pienso que el confinamiento quizás no fue efectivo en prevenir la propagación».

De hecho, afirma: “No creo que el confinamiento realmente afecte el resultado final en la mayoría de los lugares”.

Y es que se trata de una enfermedad altamente infecciosa: «Para que el confinamiento sea muy efectivo, hay que hacerlo muy temprano. (Así) puede tener un efecto». Pero Levitt confiesa: «Es complicado».

«Pienso que si se hace un balance, el confinamiento es una medida tan severa que es algo que sólo deberías usar para enfermedades mucho más peligrosas».

Y explica que si el covid-19 estuviese matando al mismo ritmo a veinteañeros, «sería una enfermedad mucho más peligrosa, porque la gente de 20 años no muere naturalmente».

«En cambio, está matando a gente que estaba enferma, a personas mayores o personas con altas probabilidades de morir naturalmente», señala.

El nobel cuenta que en una oportunidad habló con la prensa en Israel sobre el concepto de años de vida perdidos:

«Si mueres a la edad cero, perdiste toda tu vida. Si mueres a la edad de 80, perdiste una pequeña cantidad de vida», explica. «Y la gente quedó en shock porque hablé de esa manera», dice.

«Me dijeron que no tenía respeto, y lo que les traté de decir es que sí tengo respeto porque las dificultades económicas recaen en los jóvenes. Ellos necesitan construir el futuro», apunta.

«Me parece que al hablar tanto sobre la glorificación de la muerte le damos mucha atención a las personas mayores y no suficiente a los jóvenes».

«Yo podría decir que un niño que es golpeado por su padre que está enojado por perder su trabajo es una pérdida terrible, es algo que puede afectar a una persona de por vida».

«Eso quizás es una perdida mayor que la muerte de alguien de 85 años. Hay que hacer esos balances. Una cosa lleva a la otra», dice. Y cree que ese balance no se hizo.

«Me sorprende porque estoy seguro de que los gobiernos toman estas decisiones todo el tiempo cuando quieren hacer alguna mejora, determinan cuál será el costo-beneficio». «Pero eso no se hizo», concluye.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-52998830

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