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Los 22 menores de Corcubión no estaban apestados, pero a nadie le importa nada

Los médicos se han vuelto tan histéricos con el coronavirus que han pasado a ejercer unas funciones represivas que ni la policía se atrevería.

Lo peor es que han contagiado su histeria a los telespectadores, víctimas de ataques de fobia que les llevan a agredir a sus semejantes.

Ha ocurrido esta semana en Corcubión, Coruña, donde el típico “brote” puso en la picota inquisidora a un grupo de 22 menores y les ha amargado las vacaciones, a ellos y a sus familiares.

Un menor de Santiago que estaba pasando sus vacaciones en Corcubión dio positivo a los famosos tests infalibles, lo que desencadenó una cadena de pesquisas por parte de los celosos rastreadores.

Violando todos sus derechos fundamentales, el joven tuvo que entregar los teléfonos de los amigos con los que había estado a los gorrillas contratados por el Sergas, el servicio gallego de salud.

A partir del hilo los vigilantes jurados de la salud pública siguieron la pista que les condujo a los 22 menores, la mayoría de Corcubión, pero otros también de A Coruña, Valencia, Madrid…

Los gorrillas llamaron por teléfono a los menores pasando por encima de las familias porque, ¿a quién les importan esas pequeñas minucias legales frente a un problema tan serio de salud?

Los sabuesos les indican a los menores que debían encerrarse a sí mismos en cuarentena hasta conocer el resultado de las pruebas. Les importó un bledo que en las casas hubiera personas mayores, es decir, que pasaron ampliamente del riesgo de contagio.

Luego los llamaron para realizar las pruebas infalibles de coronavirus en el Centro de Salud de Corcubion, siempre sin contar con sus familiares.

Al enterarse del desaguisado, las familias empiezan a llamar a todas partes tratando de saber el resultado de las pruebas infalibles.

Como vivimos una pandemia televisada, el brote trasciende a la pequeña pantalla y los vecinos del pueblo entran en pánico al tener que convivir cerca de unos jóvenes apestados e irresponsables.

Después de muchas llamadas telefónicas las familias se enteran, por fin, de los resultados: todos negativos, naturalmente. Pero eso, ¿a quién le importa? Ya te han amargado las vacaciones y, si no pones remedio, te amargarán el resto de tu vida.

https://www.quepasanacosta.gal/articulo/corcubion/22-rapace-sofren-corcubion-consecuencias-rumores-arredor-do-coronavirus/20200811110946121199.html

Nueva Zelanda internará a la fuerza en ‘albergues de cuarentena’ a los apestados y a sus familiares

El miércoles el gobierno de Nueva Zelanda anunció que internará a todos los “casos” de infección de coronavirus “en un albergue de cuarentena”, uno de tantos eufemismos creados de la nada para justificar la ley marcial.

El Director General de Salud, Ashley Bloomfield, lo explicó en una rueda de prensa, a pesar de que hasta la fecha, Nueva Zelanda sólo tiene 36 “casos” de infección por coronavirus.

Eso no ha impedido que el gobierno confine a Auckland, la ciudad más grande del país.

Las leyes sanitarias son como la Ley de Peligrosidad que el franquismo aprobó en 1970. Encierran a las personas por ser “peligrosas” y para justificarlo le cambian el nombre a las cosas. Las cárceles y los campos de concentración se convierten en albergues o en centros de salud. El lugar de los carceleros lo ocupan los médicos o quizá esa nueva estirpe de policías sanitarios a la que llaman “rastreadores”.

El artículo 70 de la Ley de Salud neozelandesa permite al gobierno forzar a las personas a ponerse en cuarentena en contra su voluntad. Los albergues de cuarentena tienen una seguridad más estricta que los “hoteles de aislamiento” para apestados.

Según Bloomfield, la cuarentena forzosa se aplicará a todos los que den positivo en las pruebas y también a los miembros de la familia que puedan estar “en riesgo”. ¿Por cuánto tiempo? No se sabe, ni tampoco quieren decirlo. ¿Hasta que se “curen” quizá? Pero, ¿de qué se tienen que curar los apestados?

Para que a uno le encierren ya no hacen falta delitos, ni policías, ni juicios, ni pruebas. Es todo mucho más sencillo y, desde luego, mucho más higiénico.

¿Cuánto tiempo pasará antes de que otros países imiten a Nueva Zelanda?, ¿cuándo cambiarán las leyes sanitarias? Dentro de muy poco. Entonces veremos a la policía municipal o a los gorrillas con las PCR metidas en los furgones haciendo pruebas a diestro y siniestro por las calles.

La diferencia es que antes la gente protestaba contra las detenciones arbitrarias. Ahora, por el contrario, estamos entusiasmados porque somos un peligro y vemos peligros por todas partes. Iríamos encantados a encerrarnos en un albergue porque somos personas responsables, sobre todo la izquierda domesticada, que dentro de poco pedirá más pruebas PCR y más policía en la calle ejerciendo de sanitarios.

Ya estamos metidos de lleno en la nueva normalidad.

Para lavar su imagen la OMS ha contratado a la misma empresa de publicidad que orquestó el montaje de la Guerra de Irak

Hace años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un nido de corrupción y uno de los organismos internacionales más desacreditados. Por eso necesita periódicos lavados de cara, que contrata con agencias publicitarias, cadenas de comunicación y de relaciones públicas.

Una parte del dinero que percibe tiene ese objetivo: limpiar su deteriorada imagen pública.

El 1 de mayo la OMS contrató a la empresa de publicidad Hill & Knowlton Strategies, según un documento publicado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (1).

El contrato firmado con la empresa de relaciones públicas costó 135.000 dólares y estuvo vigente hasta el 15 de junio de este año.

En 2007 la OMS ya recurrió a Hill & Knowlton para gestionar un “programa de comunicación”, con la finalidad de buscar apoyos y financiación.

Hill & Knowlton es la empresa que en 1990 diseñó el montaje de los bebés kuwaitíes arrancados de sus incubadoras y arrojados al suelo por los soldados irakíes para justificar la agresión imperialista contra el país árabe (2). El presidente George Bush padre recurrió al fraude en varios discursos incendiarios.

El objetivo de la empresa de embustes es buscar “personas influyentes” que puedan difundir las alabanzas de la OMS en las redes sociales. Además, Hill & Knowlton ha buscado “microinfluyentes”, blogs, perfiles de Facebook o cuentas con menos seguidores o más especializados.

“Ha habido críticas y reclamaciones contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la cobertura de los medios de comunicación que podrían socavar a la OMS como fuente fiable y crítica de información sobre cuestiones de salud pública mundial”, escribió la empresa de relaciones públicas. El objetivo es “asegurar que se confíe en el asesoramiento de la OMS y que se sigan las directrices de salud pública”.

La OMS ya cuenta con una serie de “personas influyentes” muy conocidas, algunas de los cuales participaron en un concierto benéfico en abril para recaudar fondos para la organización y para la “lucha contra el coronavirus” en el mundo. Entre las estrellas que participaron en el concierto virtual se encontraban Lady Gaga y Elton John.

(1) https://efile.fara.gov/docs/3301-Exhibit-AB-20200714-38.pdf
(2) https://historico.prnoticias.com/comunicacionpr/541-prcomunicacion-1/20111702-hill-a-knowlton-mentir-para-invadir-irak

Las grandes cadenas de comunicación se pasan al campo de los antivacunas… si proceden de Rusia

Lo venimos viendo desde el principio de la pandemia: en esta marea de locura que han desencadenado no hay ciencia, ni medicina, sino política (en el peor sentido de la palabra).El mundo suspira por una vacuna como si fuera su última esperanza, pero nunca imaginó que la primera procediera de Rusia, es decir, nunca imaginó que Rusia pudiera ser la primera en nada.

Todo lo que procede de Rusia y otros países del Eje del Mal es sospechoso y la vacuna no podía ser una excepción. El principio de precaución que rige la medicina no enciende las alarmas por la vacuna sino por su pasaporte. No hubiera ocurrido lo mismo si procediera de Estados Unidos o de una multinacional farmacéutica.

El pasaporte ha dado un giro completo a los discursos oficiales, que se han convertido en antivacunas rusas, o sea, están en el campo de los terraplanistas, conspiranoicos, negacionistas y demás.

El martes Putin anunció la primera vacuna diciendo a los periodistas que había vacunado a su propia hija. Los médicos y profesores serán los primeros en ser vacunados en Rusia y en enero del año que viene se extenderá a toda la población.

Las pruebas no se han completado, pero eso ya no es ninguna novedad. Estamos ante una carrera, casi una campaña electoral, donde todo son palabras y todo es publicidad, un coto en el que las cadenas de intoxicación se mueven como pez en el agua.

Pero la intoxicación no es la suya, sino la de Putin. El New York Times acusa al Kremlin de manipular las pruebas clínicas para hacer propaganda (1). El contraste con la doctrina previa es llamativo: “Las vacunas salvan vidas, protegen a nuestros hijos y son uno de nuestros mayores logros en salud pública”, dijo un editorial del New York Times en marzo de este año. “La desconfianza en una vacuna contra el coronavirus”, escribió el periódico en julio, “podría poner en peligro la extensión de la inmunidad”.

Hace unas semanas había muchas prisas. El New York Times atacó a Trump porque era necesaria una vacuna lo más rápidamente posible, la única esperanza en medio de una pandemia atroz.

Las prisas sólo son buenas si no proceden de Rusia, ha dicho el gran padrino Fauci.

The Guardian advierte que “las vacunas pueden ser sólo parcialmente efectivas” incluso después de estrictos ensayos clínicos. Incluso las más rigurosamente probadas pueden ser ineficaces en el mejor de los casos, o en el peor de los casos tienen horribles efectos secundarios (2).

Sin embargo, la semana pasada ese mismo periódico se burlaba de las madres antivacunas que creen en las teorías de la conspiración. Incluso estaban dispuestos a considerar como un éxito una vacuna “imperfecta”.

El Washington Post señala que “las vacunas podrían ser perjudiciales o dar a la gente una falsa sensación de seguridad sobre su inmunidad” (3).

Una portavoz del Ministerio alemán de Salud recuerda algo que no sabíamos: en Europa la autorización de una vacuna presupone, además de la prueba de su calidad, que sea segura y eficaz.

“Una vacuna suele tardar unos diez años en desarrollarse”, asegura 20 minutos.

Los expertos de pacotilla se suben al carro de los “nuevos antivacunas”. François Balloux, investigador del Instituto de Genética del University College de Londres, califica el anuncio de Putin como “inconsciente y sin sentido”, argumentando que una vacuna que no ha sido “debidamente probada” podría tener consecuencias desastrosas.

En Rusia la ciencia es diferente que en el resto del mundo. La investigación biomédica no se ha destacado en Rusia en los últimos años… Los científicos rusos no han seguido todos los pasos para validar su vacuna internacionalmente… Han barrido con todos los usos médicos aceptados…

Si por casualidad el resultado es positivo, el proceso para lograrlo pone fin a un consenso médico, histórico, centenario y aceptado por la comunidad científica, que requiere transparencia y el cumplimiento de un protocolo muy estricto.

Se están llenando la boca de adjetivos, algunos de los cuales nos suenan mucho: una decisión irresponsable, tonta y, sobre todo, peligrosa, no es fiable, una apuesta loca, demagógica, una caja de Pandora, un truco de propaganda, es posible que los rusos hayan manipulado los datos…

“La vacuna rusa llega envuelta en escepticismo”, dice La Vanguardia (4), de donde aprendemos que las vacunas tienen nacionalidad: pueden ser canadienses, peruanas, camboyanas o gallegas.

La eficacia de una vacuna depende, pues, de su origen. A partir de hoy empezaremos a leer este tipo de basura en las televisiones y la prensa española.

(1) https://www.nytimes.com/2020/08/11/world/europe/russia-coronavirus-vaccine.html
(2) https://www.theguardian.com/world/2020/aug/11/russia-approves-coronavirus-vaccine-despite-testing-safety-concerns-vladimir-putin
(3) https://www.washingtonpost.com/world/russia-unveils-coronavirus-vaccine-claiming-victory-in-global-race-before-final-testing-is-complete/2020/08/11/792f8a54-d813-11ea-a788-2ce86ce81129_story.html

(4) https://www.lavanguardia.com/ciencia/20200811/482788453551/vacuna-rusa-coronavirus-escepticismo-eficacia.html 

Más información:
– Dossier coronavirus
 

 

81.500 personas morirán en los próximos 50 años en Gran Bretaña como consecuencia del confinamiento (no del virus)

16.000 personas murieron en Gran Bretaña por falta atención médica del 23 de marzo al 1 de mayo, es decir, durante la etapa más cruda de confinamiento.

De ese total, 6.000 eran enfermos que estaban tan atemorizados que no se atrevieron a acudir a los servicios de urgencias. Hace pocas semanas la Universidad de Oxford descubrió que 5.000 pacientes con ataques cardíacos habían dejado de acudir al hospital entre los meses de marzo y mayo.

Las estimaciones son que 81.500 personas mueran en los próximos 50 años como consecuencia del confinamiento.

Son cifras oficiales. Han sido elaboradas por el Departamento de Salud, la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS), el Departamento de Actuarios del Gobierno y el Ministerio del Interior y se presentaron al Grupo de Asesores Científicos para Emergencias (SAGE) del gobierno a mediados de julio.

Los cálculos estiman, además, que 10.000 ancianos han muerto en los asilos después de un alta hospitalaria temprana y falta de acceso a la atención médica.

Otras 26.000 personas podrían morir dentro de un mes debido a las largas listas de espera para la atención médica no urgente causada por el confinamiento y el impacto de la recesión económica.

Otro informe del gobierno elaborado en abril, pero no conocido hasta ahora, abundaba en el mismo pronóstico.

En los próximos cinco años, 1.400 británicos podrían morir de cáncer a causa de un diagnóstico tardío.

Una trabajadora sanitaria advierte que los enfermos con cánceres tratables morirán a causa del “alarmismo” y de la reducción de los servicios de salud al tratamiento del coronavirus casi en exclusiva.

Varias organizaciones médicas vienen advirtiendo de los peligros a largo plazo del confinamiento y de la obsesiva dedicación del sistema de salud al coronavirus. Por su parte, el informe del gobierno afirma que cuanto más tiempo se desvíen las prioridades de los servicios médicos, mayor será el impacto que tendrá en la salud de la población.

El informe anterior del mismo equipo calculó que las muertes causadas por el retraso en la atención médica por el confinamiento podrían llegar a las 185.000.

https://www.dailymail.co.uk/news/article-8605885/Lockdown-killed-two-people-three-died-coronavirus.html

Los CDC admiten oficialmente la falsificación de las cifras de muertes por coronavirus en Estados Unidos

El diputado Blaine Luetkemeyer
El viernes pasado un diputado de la Cámara de Representantes, Blaine Luetkemeyer, le remitió una pregunta al director de los CDC, Robert Redfield, del que ya hablamos ayer: ¿existe algún incentivo para inflar artificialmente las muertes atribuidas al coronavirus?

La respuesta de Redfield también fue muy directa y clara: hay un incentivo económico, que calificó de “perverso”, para que los hospitales inflen las muertes por coronavirus y no es el único caso, sino que también ha ocurrido en epidemias anteriores.

Esta es la respuesta exacta que dio Redfield: “Creo que [Luetkemeyer] tiene razón, en el sentido de que hemos visto esto también en otros procesos de enfermedad. Realmente en la epidemia de VIH, alguien puede tener un ataque al corazón, pero también puede tener el VIH y el hospital prefiere la [clasificación] por VIH porque hay un mayor reembolso”, respondió.

Como ya hemos explicado en entradas anteriores, debido a la ley Cares aprobada por el Congreso en marzo, los hospitales reciben una prima del 20 por ciento cuando piden que se les pague por los pacientes de Medicare que supuestamente han muerto de coronavirus.

“Así que creo que hay algo de realidad en eso. Pero al final del día, es como el médico lo define en el certificado de defunción y […] todos consultamos esos certificados de defunción”, dijo Redfield.

“Así que creo que es probablemente menos operativo en cuanto a la causa de la muerte, aunque no diría que no hay algunos casos. Pero creo que cuando se trata del reembolso al hospital o a las personas que son dadas de alta, ciertamente podría jugar un papel”.

Uno de los primeros en denunciar la manipulación de las cifras fue el doctor Scott Jensen, miembro del Senado de Minnesota. En una entrevista publicada en abril reveló que había recibido instrucciones del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales de los CDC instándole a clasificar las muertes no relacionadas con el coronavirus como si lo fueran.

La Inquisición se le echó encima, y no fue de tipo político sino de sus colegas del Colegio de Médicos de Minnesota, donde ejerce. A la burocracia sanitaria le interesa tapar las verdaderas causas de la muerte de las personas.

Más información:
– Dossier coronavirus
– Si no hay pandemia los capitalistas se encargarán de inventarla
– Cómo se están falsificando los certificados de defunción en Estados Unidos sobre la marcha

Al menos el 20 por ciento de los establecimientos de hostelería desaparecerán antes de que acabe el año

La nueva normalidad no será la misma de antes. Cuando acabe este año habrá 65.000 bares menos, según la patronal del sector de hostelería, aunque la cifra podría alcanzar hasta los 85.000 establecimientos.

El número de trabajadores despedidos alzará el millón, a los que habrá que sumar un gran númdro de autónomos que jamás podrán recuperar su medio de vida.

Tras el cierre, los bares donde ahora sirven vino con una ración de oreja a la plancha, serán sustituidos por cadenas de comida rápida: Coca-Cola con hamburguesa.

No hay rescate posible. Hasta ahora 40.000 negocios ya han cerrado y la facturación caerá a la mitad cuando finalice el año, según el INE, lo que supondría una pérdida de en torno a los 67.000 millones de euros.

La ola de histeria que desatan las cadenas de televisión está atacando con saña a la hostelería, el ocio y todo lo que permita superar la etapa de encierro.

La población sigue aterrorizada, literalmente. Un 45 por ciento de los españoles no se atreven a consumir fuera de su vivienda, según han confesado en una encuesta.

Los hosteleros sólo han conseguido que la mitad de los consumidores españoles vuelva a los establecimientos, pero en el fin de semana del 17 al 19 de julio, la asistencia a bares y restaurantes cayó un 80 por ciento.

Pero el sector no sólo se reducirá por el lado de la oferta, sino porque los “expertos” han fabricado una sociedad que considera que lo normal es ponerse un bozal en la cara, incluso para comer, beber, hablar y bailar.

A esa sociedad normal las medidas sanitarias y de higiene que están vigentes les parecen insuficientes. Quieren más, aunque no sirva para nada. El 89 por ciento de los encuestados quiere la desinfección de las mesas antes de sentarse.

Ese mismo porcentaje considera también imprescindible la distancia entre mesas.

El 87 por ciento quiere que haya artículos de desinfección y limpieza en los baños.

Asimismo, el 83 por ciento exige que los trabajadores utilicen guantes y mascarilla.

Es lógico que los locales pongan a los camareros a la entrada, como si se trarara de un control policial, tomando nota del DNI de los clientes, de sus acompañantes, de la hora, del importe de la cuenta… y quizá hasta del menú que han comido.

¿Por qué Grecia ha tenido una de las tasas de mortalidad más bajas por coronavirus?

Con una población que no llega a los 11 millones de habitantes, en Grecia el número de muertes atribuida al coronavirus ascendía ayer a 213 personas, una cifra que no permite hablar de pandemia.

En términos relativos, España debería haber tenido menos de mil muertes proporcionalmente. En los Balcanes, en general, y en Grecia, en particular, las cifras de la pandemia son insignificantes.

Como es habitual en esta pandemia, los datos nunca cuadran porque Grecia tiene una de las poblaciones más envejecidas del continente. Los ancianos de más de 65 años suponen casi el 22 por ciento de la población.

El sistema griego de salud pública ha sido, además, literalmente arrasado por los recortes presupuestarios. Desde hace 10 años el número de médicos que ha abandonado el país es de unos 20.000.

Con el viento en contra, el gobierno de de Kyriakos Mitsotakis ha sacado pecho: la pandemia no ha causado estragos gracias a las medidas que adoptaron desde el primer momento: cierre de fronteras, confinamiento estricto…

Pero dichas medidas no son diferentes de las de otros países y no se adoptaron de manera inmediata. Por ejemplo, el confinamiento empezó el 23 de marzo, 11 días después de España.

Antes de que el gobierno anunciara el confinamiento, la Iglesia Ortodoxa avisó que no obedecería la orden y siguió celebrando los ritos religiosos, sin ninguna medida de protección. Los obispos recomendaron a sus fieles que respetaran al gobierno sólo fuera de las iglesias y los ritos religiosos porque es imposible que la adoración de dios transmita ninguna enfermedad.

En Grecia hay otro factor diferencial, que convierte a las cifras en algo aún más sorprendente: las decenas de miles de refugiados que sobreviven hacinados en campos sin ninguna distancia social, sin agua, ni higiene, ni atención médica adecuada.

El 30 de julio a Médicos Sin Fronteras les obligaron a cerrar un centro de aislamiento que habían abierto para prevenir la expansión del coronavirus en la isla griega de Lesbos. Les amenazaron con imponerles multas, e incluso con acusarles de un delito por incumplimiento de las “normas de urbanismo”.

El centro de Moria pretendía atender a unos 16.000 refugiados. Hay otros parecidos en los que, hasta ahora, no se han detectado ningún “caso” de coronavirus. No hay contagios. Para que aparezcan es necesario que haya médicos, que se pongan a realizar pruebas a fin de encontrar lo que buscan.

En Grecia, donde el gobierno lo ha hecho todo muy bien, hay algo en lo que se ha salido del carril marcado por la OMS: apenas realiza pruebas, ni entre los refugiados, ni entre la población. De ahí que el número de contagiados también sea insignificante: menos de 6.000.

Otro factor diferenciador de Grecia es que, a pesar del importante porcentaje de ancianos, apenas hay asilos porque las familias conviven con ellos en el mismo domicilio. Cuando en todo el mundo occidental, los asilos han sumado entre un 60 a un 70 por ciento de las muertes atribuidas al coronavirus, Grecia ha escapado esa carnicería.

El país no tiene nada que agradecer a las medidas aprobadas por el gobierno o por sus “expertos”, que no han servido absolutamente para nada.

Para un experto no hay nada mejor que una pandemia para trepar, ganar mucho dinero y tener importantes enchufes

Redfield en la Casa Blanca
El actual director de los CDC, el coronel Robert R. Redfield, que está a cargo del desarrollo de la vacuna contra el coronavirus y encabeza el equipo sobre la pandemia de la Casa Blanca, falsificó datos científicos sobre una vacuna contra el SIDA (1).

En la falsificación científica está involucrada su ayudante Deborah Birx, que también forma parte del equipo de expertos de la Casa Blanca que coordina la actual “lucha contra la pandemia”.

El fraude se publicó en junio de 1991 en la revista científica New England Journal of Medicine (2) y pretendía demostrar la eficacia de la vacuna GP160 para prevenir la propagación del SIDA, que entonces era la pandemia de moda. Como suele ocurrir en materia científica, el engaño corrió como la pólvora, apareciendo en el Journal AIDS Research and Human Retroviruses en junio del siguiente año y en la Conferencia Internacional sobre el SIDA que se celebra anualmente en Amsterdam, donde intervino el propio Redfield en julio para promocionar su vacuna.

Redfield es uno de los médicos más influyentes de Estados Unidos y, por lo tanto, del mundo. Es coronel del ejército y en 2018 fue nombrado por Trump para dirigir los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades).

También encabeza la Agencia de Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades, lo que le coloca en una posición privilegiada a la hora de evaluar los medicamentos y vacunas, incluida la del coronavirus.

El descubrimiento de la vacuna GP160 contra el SIDA se llevó a cabo en el Instituto de Investigación del Ejército Walter Reed (WRAIR) que dirigía Redfield, que entonces ostentaba la graduación de teniente coronel.

Por 20 millones de dólares, la Fuerza Aérea subcontrató la fabricación de la vacuna con una empresa privada, MicroGenesys, sobre la base del estudio fraudulento de Redfield. En noviembre de 1992 la revista Science destapó la adjudicación del contrato, calificándolo como “un flagrante intento de eludir la revisión por los pares” (3). El artículo mencionaba a Fauci, que ya entonces era uno de los capos de la “lucha contra el SIDA”.

El engaño era ampliamente conocido, tanto entre los diputados, como en el Pentágono. Los únicos que se lo tragaron fueron algunos científicos y médicos, incapaces de pensar por sí mismos.

El fraude se conoció muy pronto dentro del propio ejército. En audiencias
internas del Pentágono, el propio Redfield admitió al menos en tres
ocasiones que sus análisis eran “erróneos”.En octubre de 1992 dos oficiales de la Fuerza Aérea enviaron un memorándum al supervisor inmediato de Redfield, el coronel Donald Burke, denunciando el engaño y recomendando que se tomaran medidas para evitar la circulación de un artículo científico fraudulento entre los médicos civiles.El Pentágono abrió una investigación pero no tomó ninguna medida porque no había existido una “mala conducta científica”. Durante meses las denuncias siguieron circulando de mano en mano entre los miembros del comité de investigación de la Cámara de Representantes. Cuando después de presionar se difundió públicamente la investigación interna del Pentágono sobre la vacuna, los comentarios negativos sobre Redfield aparecieron borrados.

El coronel siguió trabajando en su vacuna GP160 y utilizando a cientos de “enfermos de SIDA” como cobayas humanas en el WRAIR (Instituto de Investigación del Ejército Walter Reed), así como en Massachusetts, Connecticut, Nueva York, Montreal y Suecia. No sólo sabían que la vacuna no servía para nada sino que seguían gastando dinero que podría ir dirigido a fines realmente médicos.

En lugar de ser encarcelado y destituido, el Pentágono ascendió a Redfield, lo cual indica que para un experto no hay nada mejor que una pandemia para trepar, ganar mucho dinero y tener importantes enchufes en las altas esferas políticas, económicas y militares. Redfield inició su carrera en la “lucha contra el SIDA” y ahora mismo está en la cumbre de su gloria: la Casa Blanca. Todo gracias a un fraude.

(1) https://degraw.substack.com/p/us-national-security-alert-military
(2) https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM199106133242401
(3) https://science.sciencemag.org/content/258/5085/1079

El hombre es un lobo para el hombre

La pandemia no sólo es un ejercicio de terrorismo de Estado a gran escala donde ha policía ha encontrado el terreno más fértil para cumplir sus hazañas. Además está provocando más peleas que nunca, en los trenes, los autobuses, los aviones, e incluso en la calle.

Si en un caso funciona la represión, en el otro funciona el miedo. El que se cruza en tu camino es como una bomba ambulante que te puede contagiar y luego a su vez tú puedes contagiar a tu familia, poniendo en riesgo su vida, etc.

Han creado una sociedad dividida entre responsables e irresponsables. Incluso los familiares no se saludan, ni se besan, ni se abrazan; sólo se miran con desconfianza. “El hombre es un lobo para otro hombre”. Se puede decir que las relaciones sociales han desaparecido… salvo a través de un móvil, donde tus contactos los pueden vigilar y rastrear tanto los policías, los médicos y los jueces.

Ayer se produjo una enorme pelea en una playa de Bélgica que, como es habitual, se atribuye a unos jóvenes irresponsables que no cumplían las “normas de seguridad”.

El motivo es bastante diferente. La playa está en un pueblo costero en el que los belgas con dinero tienen una segunda residencia. Pero también se desplazan a ella personas que llegan en medios públicos de transporte, como el tren, para pasar un domingo agradable.

En Bélgica no es obligatorio el uso de mascarillas en lugares públicos, como la playa, pero hay que mantener la distancia social y cuando la marea sube no hay sitio para todos, de manera que alguien se tiene que marchar.

En la disputa interviene la policía, que toma partido por unos, los de dinero, los que tienen arraigo en el pueblo, frente a los veraneantes ocasionales. Los que están obligados a guardar la “distancia social” son los segundos, no los primeros, por lo que la policía trató de echarlos de la arena y se produjo el correspondiente altercado y enfrentamiento a palo limpio.

Los ayuntamientos de la costa han aprovechado la situación para convertir la actuación policial en norma de obligado cumplimiento. A partir de ahora, por motivos de salud pública, nadie podrá viajar a las playas los fines de semana.

Por su parte, la empresa pública de ferrocarriles ha dado la misma orden y no volverá a transportar a nadie a la playa porque, además, los trenes van repletos de viajeros los fines de semana.

Como quienes tienen una segunda residencia no viajan sino que están en la playa, les han arrebatado un lugar de esparcimiento a los sectores populares, que deberán quedarse en su casa pasando calor y aguantando que, además, los otros los califiquen de irresponsables.

Vídeo de los enfrentamientos en la playa:
pic.twitter.com/8Cmrf8Kkcp

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