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No soy negacionista, pero…

Con cuatro años me meé en el cole porque una profesora ordenó “no os mováis hasta que vuelva” y nos dejó solos en clase. Tardó tanto que, aunque mi vejiga pedía ir al baño, aguanté como un mercenario hasta que la cosa se desbordó. Cuando por fin regresó al aula y vio el charco, me regañó por haber cumplido sus instrucciones de manera literal. Desde entonces, cada vez que me enfrento a una nueva norma rememoro este pasaje para obligarme a pensar por mí mismo, aplicar el sentido común y no obedecer como un robot. Una obviedad, lo sé, desde niños se nos enseña a desarrollar nuestra capacidad crítica y no hace falta orinarse encima para aprenderlo.

Precisamente por eso sorprende que uno de los efectos sociales de esta pandemia que cumple un año sea el uso de la muletilla esa de “no soy negacionista, pero…” cuando alguien se dispone a criticar algún asunto relacionado con la crisis del coronavirus. Aunque solo sea algo cotidiano como que los fumadores pueden ir sin mascarilla y los niños de más de seis años no. Es como si sintiésemos que es necesario aclarar por adelantado que no estamos chiflados por opinar diferente. Como si hubiese que jurar ante notario que no eres un demente antes de exponer una simple objeción o duda. Me pregunto cómo hemos llegado a este punto y por qué algo tan higiénico como disentir conlleva de pronto un absurdo miedo a ser nominado a loco del pueblo. Un fenómeno intrigante que El Roto resume en una de sus viñetas del diario El País: “Yo digo a todo que sí, para que no me llamen negacionista”.

No sabemos si habrá influido el empacho mediático de la etiqueta “negacionista”, antes reservada para lunáticos que niegan hechos históricos o naturales, pero existe una tendencia a no compartir pensamientos discordantes. Mucha gente prefiere mantenerse en perfil bajo, confundida al ver que la prensa se mofa de que quienes no tienen estudios científicos opinen sobre noticias pandémicas pero a la vez vuelca sobre ella un minuto a minuto de la tragedia con marcadores de contagios, indicios de presiones a la Agencia Europea del Medicamento por parte de la Comisión Europea y los gobiernos o reportajes sobre cómo las farmacéuticas obstaculizan el acceso de los eurodiputados al contenido de sus contratos. Médicos como el investigador Federico Martinón, del Comité Asesor de Vacunas de la OMS, señalan la sobreabundancia informativa y advierten que “la infodemia y la infoxicación que estamos sufriendo es un problema importante”.

Porque si tu vecina del quinto ve el vídeo de la entrevista de la BBC en la que Anthony Fauci, eminencia de la epidemiología y asesor jefe de Biden, acusa públicamente a Reino Unido de emplear atajos para colgarse la medalla de la curación para la Covid-19. Si se le revela que las mismas compañías encargadas de sacarnos de este lío como Pfizer o Johnson & Johnson acumulan multas millonarias por actividades ilegales. Si le cuentan que España, como el resto de países ricos, se opone a liberar las patentes para que así el tercer mundo tenga acceso a la vacuna de la Covid-19. ¿No es esperable que esa persona necesite aclarar su cabeza? ¿O solo debe investigar sobre materias en las que sea experta? ¿Se acusa de llevar capirote de papel de aluminio al ciudadano inquieto que bucea en todas las fuentes oficiales a su alcance para tratar de comprender la realidad? En cuestiones de salud que afectan a la población mundial, ¿lo loco no sería dejar de hacerse preguntas?

Que la actualidad coronavírica sea un dragon khan sin frenos no ayuda demasiado. Un día la OMS se pronuncia en contra del pasaporte de vacunados, al siguiente unos países de la UE lo tachan de discriminatorio y otros lo defienden y más tarde Bruselas acelera su creación para que esté listo antes del verano. El prestigioso British Medical Journal indica en su editorial “Covid-19: politización, ‘corrupción’ y supresión de la ciencia” que “el gobierno y la industria deben dejar de anunciar políticas científicas cruciales a través de notas de prensa” y que “no tiene sentido seguir servilmente la ciencia” sino confiar en ella “solo si está libre de interferencia política y si el sistema es transparente y no comprometido por conflictos de interés”.

Esta recomendación es útil para digerir la actual retransmisión instantánea de hallazgos científicos. Por desgracia, hasta los reportajes independientes pueden recoger sin saberlo estudios sesgados en materias sensibles, como asegura el Colegio Oficial de Psicólogos delatando investigaciones sobre uso de antidepresivos y el aumento de suicidio en adolescentes que ocultan los resultados negativos por estar patrocinados por la industria farmacéutica.

Hace diez años, durante la pandemia de la gripe A, Noticias CNN+ abrió su informativo con la noticia: “El Consejo de Europa va a investigar la influencia de los lobbies farmacéuticos en la gestión de la OMS”. Contaba que la Comisión de Sanidad denunciaba “intereses ocultos y complicidad de las autoridades sanitarias” y enfatizaba: “gripe A, gripe de beneficios millonarios para los laboratorios con la complicidad de las autoridades sanitarias”. Se preguntaba por qué la OMS modificó la definición de pandemia antes de declararla, ya que “a partir de ahí empezó la psicosis y el negocio de las multinacionales, los países se lanzaron a comprar millones de vacunas”. Cerraba Iñaki Gabilondo con un editorial sobre “El negocio más repugnante: el negocio del miedo”, con alusiones a “pánico planificado” y “gobiernos hábilmente pastoreados”.

Da cierto vértigo escuchar las sentencias del párrafo anterior, supongo que porque nos hemos acostumbrado a que hoy titulares así aparezcan casi únicamente en canales alternativos. Medios que es fundamental cribar pero en ocasiones ofrecen informaciones veraces y de interés que complementan a las de los tradicionales y que, en algún caso, aportan lo que los estos no pueden por compromisos empresariales o políticos. De hecho, hubo momentos en que ambos mundos se dieron la mano, como cuando The New York Times, Le Monde o Der Spiegel publicaron las filtraciones confidenciales de Julian Assange y Wikileaks. O The Guardian y The Washington Post haciéndose eco de los documentos clasificados de Edward Snowden. Assange sigue en prisión (Amnistía Internacional pide que se retiren los cargos que atentan contra la libertad de prensa). Snowden permanece en Rusia, acaba de ser padre y afirmó en una entrevista a Vice que “los gobiernos usan el coronavirus para construir una arquitectura de la opresión”.

¿Lo que antes se consideraban heroicidades periodísticas nivel Watergate se desprecian hoy como arrebatos conspiranoicos? El uso del término “conspiranoico”, al igual que “antivacunas”, se ha disparado desde marzo de 2020 hasta hoy. En este sentido, Rafael Serrano, del CSIC, condena que se tache de antivacunas a quienes simplemente dudan o están confusos: “son grupos totalmente distintos, con motivaciones muy distintas”. Celia Díaz, socióloga de la Universidad Complutense, apunta que “parece que si tienes recelos ya eres un antivacunas pero hay bastantes cosas en juego, como los conocimientos sobre la ciencia, las dudas que despierta esta carrera entre farmacéuticas, los tiempos de desarrollo, la voz del mercado”. El investigador Jeffrey Lazarus defiende que “está muy bien tener dudas, si son legítimas, querer saber qué pasa”. Son declaraciones del artículo de El País “El error de llamar ‘antivacunas’ a quienes dudan sobre inmunizarse” que, como otro texto del mismo periódico sobre el doctor danés Peter C. Gøtzsche (‘Desinformación sobre las vacunas: ni rechazarlas todas ni aceptarlas sin rechistar’), defiende que informarse y buscar respuestas es un acto responsable y no una amenaza.

La comunicadora científica y presentadora de Whaat!? Rocío Vidal anotó en Gen Playz que “hay muchas personas en un mar de dudas” y que “a esas personas hay que dirigirse, divulgar y educar al respecto”. En un momento del programa, ella misma, Manuela Martín de Fridays for Future y Ana Perrote de Hinds sostienen que según numerosos estudios y organismos de salud la dieta vegana es saludable, mientras que el zoólogo Enrique Baquero defiende lo contrario. Cuando alguien como Baquero muestra su visión sin importarle que no sea la predominante estamos ante un debate real. Evitando así la espiral del silencio de Noelle-Neumann, según la cual cierto clima social puede hacer que los individuos no se atrevan a expresar posiciones contrarias a las que perciben como mayoritarias. Si permitimos que una mayoría silenciosa se vea sometida por una minoría ruidosa nos perderemos puntos de vista interesantes, de la generación Z y las venideras.

Mi sobrino de cuatro años es uno de esos futuros adultos que necesitamos que piensen por sí mismos. El otro día paseando con él por la sierra de Madrid nos encontramos un parque infantil con precinto policial. “¿Puedo jugar?”, me preguntó. “No”, respondí. “¿Por qué?”. Ni un alma a un kilómetro a la redonda. “Porque nos pueden multar”, dije. Enseguida me di cuenta de que le estaba enviando un mensaje erróneo, el opuesto a no ser autómata. Si un policía descubriese que prohibí a un niño jugar en un espacio desierto al aire libre, sin riesgo para él ni para los demás, quizá me echaría la bronca por mi obediencia irracional como hizo aquella maestra de mi infancia. O no, quién sabe.

—Iago Fernández https://www.rtve.es/playz/20210315/silencio-pandemia-negacionista/2082304.shtml

Twitter ha censurado la cuenta de mp21info (@smolny7) con el pretexto de la pandemia

La cuenta que manteníamos en Twitter (@smolny7) ha sido censurada con el pretexto de “divulgar información engañosa y potencialmente perjudicial en relación con la COVID-19”. Los caciques de la red se refieren a una noticia que no tenía relación directa con la pandemia, ya que se refería a una demanda interpuesta en California el lunes de esta semana por una organización de médicos estadounidenses, la America’s Frontline Doctors, a fin de que los tribunales paralicen las inoculaciones con las vacunas que la FDA ha aprobado con carácter de urgencia.

Dicha noticia enlazaba con su correspondiente fuente, que a su vez estaba documentada por referencias originales (1), incluida la propia demanda, es decir, un artículo muy bien documentado.

Ya que a Twitter no le gusta la información rigurosa, la ampliamos aquí.

Los demandantes fundamentaban su petición en dos factores pricipales. El primero es el carácter experimental de las vacunas aprobadas y el segundo la falsificación de la base de datos Vaers que documenta las muertes y efectos adversos de las vacunas.

La petición también se centra en los menores de 18 años, en aquellos que ya han sido diagnosticados como “covid” y, en consecuencia, ya tienen una “inmunidad natural” y, finalmente, en las personas que no han prestado un consentimiento informado.

Los médicos demandantes publicaron un comunicado de prensa (2). La demanda presentada tiene 67 páginas y también se puede consultar en internet (3). Aparte de los argumentos que ya hemos expuesto aquí varias veces sobre este tipo de vacunas, la demanda añade también la declaración de una informática profesional que denuncia la falsificación de los datos consignados en la base de datos Vaers.

Dicha informática realizó una declaración jurada en la que alega que el número real de muertes relacionadas con las vacunas contra el coronavirus en Estados Unidos hasta el 9 de julio se acerca a las 45.000, mientras que en la base de datos sólo aparecen 10.991, de las que 4.593 se produjeron en las 72 horas siguientes a la vacunación.

Para demostrarlo la informática ha accedido a los datos de CMS (Medicare y Medicaid), desarrollando más de 100 algoritmos distintos de fraude sanitario.

En su declaración dice: “A partir del 9 de julio de 2021, se han registrado 9.048 muertes en el Vaers. He verificado estas cifras recogiendo yo misma todos los datos del Vaers, sin depender de un tercero para contarlos. Por último, consulté los datos de reclamaciones médicas de los CMS en relación con la vacuna y las muertes de los pacientes, y calculé que las muertes en los tres días siguientes a la vacunación superaban a las notificadas en el Vaers en un factor de al menos 5. Esto indicaría que el verdadero número de muertes relacionadas con la vacuna era de al menos 45.000. En perspectiva, la vacuna contra la gripe porcina se retiró del mercado cuando sólo había causado 53 muertes”.

En el comunicado de prensa los médicos sostienen que el consentimiento informado es imposible cuando los datos de seguridad no son precisos: “Es ilegal e inconstitucional administrar agentes experimentales a personas que no pueden tomar una decisión informada sobre los verdaderos beneficios y riesgos de la vacuna de forma independiente. Deben tener una edad o capacidad para tomar decisiones informadas y haber recibido toda la información sobre los riesgos/beneficios necesaria para tomar una decisión informada”.

Uno de los nombres que aparecen en la demanda es el de Deborah Sobczak, madre de dos jóvenes de 15 y 17 años, quien ha manifestado públicamente lo siguiente: “Mis hijos no serán objeto de experimentos. ¿Qué clase de monstruos estamos permitiendo que nos controlen? Niños perfectamente sanos han desarrollado inflamaciones cardíacas, hemorragias cerebrales e incluso han muerto. Ya he tenido suficiente. No sacrificaré a mis hijos para que una empresa farmacéutica pueda experimentar con ella. Esta locura debe terminar”.

(1) https://www.algora.com/Algora_blog/2021/07/21/federal-lawsuit-seeks-immediate-halt-of-covid-vaccines-cites-whistleblower-testimony-claiming-cdc-is-under-counting-vaccine-deaths
(2) https://americasfrontlinedoctors.org/press_releases/aflds-files-lawsuit-seeking-immediate-injunctive-relief-revoking-the-emergency-use-of-covid-19-vaccines-based-on-disturbing-new-mortality-data/
(3) https://img1.wsimg.com/blobby/go/3c6a0774-cfad-46fa-aa97-af5aa5e74f00/M%20for%20PI%20file%20stamped.pdf

¡La nueva Inquisición no quiere que nadie lea este tipo de noticias!
¡Es un motivo más que suficiente para difundirlas!

Una responsable médica australiana pide que las personas dejemos de hablar entre nosotros

No es fácil encontrar una explicación de los motivos por los cuales la estupidez está proliferando hasta extremos insólitos entre los médicos que ocupan cargos públicos. Es posible que fueran estúpidos desde hace tiempo, pero sólo nos hemos dado cuenta cuando les han obligado a ponerse delante de las cámaras de la televisión.

Veamos.

La doctora Kerry Chant, jefa de sanidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, convocó una rueda de prensa para recomendar a los australianos “que no se relacionen con otras personas”, aunque lleven mascarilla, con el fin de reducir la circulación del coronavirus.

La doctora Chant hizo estas declaraciones en respuesta a una orden para que los residentes de Nueva Gales del Sur cumplan con otro confinamiento más, impuesto con el ardid de los “nuevos casos” de coronavirus.

“Aunque es propio de la naturaleza humana comprometerse con los demás, ser amigable, lamentablemente este no es el momento de hacerlo”, dijo la doctora.

“Aunque te encuentres con tu vecino en el centro comercial… no inicies una conversación. Es el momento de minimizar tus interacciones con los demás. Aunque tengas una mascarilla, no creas que eso te da una protección total. Queremos estar absolutamente seguros de que en nuestra vida diaria no entramos en contacto con alguien que pueda ser un riesgo”, añadió Chant.

Además de pedir a los ciudadanos que no hablen con sus amigos y vecinos, las personas que viven o han viajado a las zonas afectadas están ahora bajo una orden de confinamiento durante al menos siete días, mientras que las mascarillas volverán a ser obligatorias para los profesores y los escolares.

La población ha reaccionado al confinamiento con protestas, hartos de encierros y restricciones que carecen de ninguna justificación, empezando por la estúpida pretensión política de “covid cero”.

En Australia los confinamientos han duplicado los intentos de suicidio entre personas de 5 a 25 años.

Francia confirma que las nuevas vacunas causan miocarditis

Al principio, la OMS dijo que las nuevas vacunas contra el coronavirus podían causar miocarditis, pero que los casos aparecidos no mostraban una relación clara de causa a efecto.

Lo mismo dijeron al aparecer los primeros casos en Israel y Estados Unidos. Además de que no estaba probado, los casos eran “excepcionales”, por lo que las vacunas tenían más beneficios que riesgos.

Ahora la ANSM francesa, que regula la seguridad de los medicamentos, lo confirma en su último informe, publicado el viernes de la semana pasada: la miocarditis es un efecto secundario causado por la vacuna de Pfizer.

El informe abarca el periodo comprendido entre el 11 y el 24 de junio, en el que aparecieron 45 casos de miocarditis y los clasifica como “señales confirmadas” de la vacuna.

De los 45 casos, hay 14 que han aparecido en personas menores de 30 años y la mayoría de ellos se está recuperando.

El análisis reconoce un “exceso de casos notificados con la vacuna Comirnaty [Pfizer] sobre el número esperado en la población general menor de 50 años” y, por su parte, el comité de seguimiento admite el papel de la vacuna en la aparición de la miocarditis.

Pero la ANSM se retuerce sobre sus propios datos: “Este raro acontecimiento adverso, que tuvo un resultado favorable, no pone en duda la relación beneficio/riesgo de la vacuna”. Es lo más viejo del mundo: mantenella y no enmendalla

Es un argumento absurdo, teniendo en cuenta que sus propias mediciones indican que el “covid” es absolutamente irrelevante en los tramos de edad por debajo de los 30 años y que, además, la miocarditis nunca viene sola, sino acompañada de otros efectos secundarios.

Además, se han notificado 95 casos de pericarditis desde el inicio del seguimiento. La mayoría de ellos eran mujeres, con una edad media de 61 años, y 51 casos se han recuperado o están en proceso de recuperación.

La ANSM siguen clasificando este tipo de efectos adversos como “potenciales”, es decir, que su vínculo con la vacuna aún no se admite oficialmente. Pero todo es cuestión de tiempo. Basta seguir vacunando a millones de personas más para tener las evidencias que obliguen a los “expertos” a caerse del guindo.

El confinamiento de 300 estudiantes en un hotel de Mallorca es un secuestro colectivo

El juzgado de instrucción número 12 de Palma ha iniciado la tramitación de una de las querellas que se presentaron contra la directora general de Salud Pública del Govern, Maria Antònia Font, por la “detención ilegal” de unos 300 estudiantes que estaban en Mallorca de viaje de fin de curso.

La responsable de la Sanidad balear ha sido citada a declarar como investigada el próximo día 7 de septiembre (*).

Poco a poco los responsables políticos y sanitarios irán desfilando por los juzgados y algunos acabarán en la cárcel porque ninguna de las medidas que han ido aprobando a lo largo del año y medio de pandemia es legal. Desde luego que deberán indemnizar a todos los establecimientos comerciales que han permanecido cerrados y con restricciones de aforo o de horario.

Además de ordenar un secuestro colectivo, cuando Font firmó la orden de encierro, los jóvenes ya llevaban dos días sin poder salir del hotel, por lo que hay un delito de falsificación de documento público.

Los juzgados de Palma se han repartido las tres denuncias presentadas por las madres de tres de los estudiantes, que denunciaron su secuestro en el “hotel covid”.

Además de estas denuncias por detención ilegal, más de 200 estudiantes presentaron escritos de habeas corpus en el juzgado de guardia, pidiendo que se les permitiera salir del hotel. Los dos jueces de Palma que tramitaron estas peticiones coincidieron en la misma interpretación: no apreciaron el delito de detención ilegal y se quitaron el asunto de encima diciendo que se trataba un “conflicto administrativo”.

Fue la policía la que se tuvo que quejar porque estaba actuando sin el respaldo de una resolución administrativa por escrito, ya que solo se contaba con una orden verbal. Aún así, llevaron a cabo el secuestro a instancias de la autoridad sanitaria.

Días más tarde una jueza de lo contencioso anuló la resolución de Font. La magistrada acusó a la conselleria de Salud de encerrar a los jóvenes sin demostrar siquiera que hubieran tenido contacto estrecho con los turistas contagiados.

El Govern no envió a la magistrada la documentación sobre el caso porque no había ningñun papel: el secuestro se había llevado a cabo por la cara.

Al gobierno balear le ha faltado tiempo para criticar a los jueces con el argumento consabido: “hicimos lo que teníamos que hacer”, “el fin justifica los medios”, “salvamos vidas”… Los responsables del Govern respaldaron la decisión de la directora general y dijeron que era la única medida que en ese momento se podía tomar.

Ahora han vuelto a decir lo mismo: “El Govern considera que la actuación fue proporcionada y siempre atendiendo a un criterio fundamental para esta Administración: la defensa y protección de la población”. Las leyes no son suficientes y tienen que recurrir a las ilegalidades “por el bien común”.

Es delirante leer este tipo de idioteces a la cloaca seudoprogre. Hasta ahora han dicho y hecho lo que es da la gana, pero a partir de ahora les van a llover los palos.

(*) https://www.diariodemallorca.es/mallorca/2021/07/20/juez-detencion-ilegal-macrobrote-baleares-coronavirus-en-mallorca-55256367.html

China se opone a la vacunación forzosa de su población

En China algunos gobernadores y alcaldes habían procedido de la manera habitual que conocemos en otros países más cercanos, tratando de impedir el acceso de los no vacunados a determinados lugares públicos.

El viernes de la semana pasada la Comisión Nacional de Salud, máxima autoridad sanitaria del país, ha tenido que reaccionar para impedirlo. La vacunación se debe llegar a cabo voluntariamente, sin recurrir a la coacción. El consentimiento debe ser libre e informado.

Una docena de provincias habían aprobado medidas coercitivas que han causando controversia en el país. La Comisión dijo que había intervenido para proporcionar asistencia y supervisión a los gobiernos que habían adoptado tales medidas.

En China la Ley de Prevención y Tratamiento de Enfermedades Infecciosas estipula que las personas sin contraindicaciones que tengan la edad suficiente para recibir la inyección deben ser vacunadas en la medida de lo posible, pero no menciona la obligatoriedad.

Sin embargo, los gobiernos locales han adoptado normas que prohíben a las personas no vacunadas la entrada en lugares públicos como hospitales, supermercados, restaurantes, lugares de ocio o instituciones públicas.

Algunas ciudades incluso habían regulado sus campus universitarios para exigir a los estudiantes y a los miembros de sus familias que se vacunaran lo antes posible, o de lo contrario no se les permitiría volver a la escuela en septiembre.

El gobierno del distrito de Tanghe, en la provincia central china de Henan, exigió a los funcionarios, incluidos los jubilados, que se vacunaran (a menos que tuvieran contraindicaciones) o no se les permitiría trabajar ni cobrar sus salarios. El gobierno del condado finalmente abandonó estas medidas.

En abril, la ciudad de Wanning, en la provincia de Hainan, restringió el acceso al transporte público a las personas vacunadas, antes de levantar la prohibición tras la intervención de la Comisión Nacional de Salud.

La Comisión central dice que no se puede socavar la confianza de la población. Sin embargo, algunos gobiernos locales pretenden continuar la campaña de vacunación a toda velocidad.

Hasta el viernes el país había administrado más de 1.400 millones de dosis de la vacuna contra el coronavirus, que cubren aproximadamente a la mitad de su población. China espera haber vacunado al 70 por ciento de la población para finales de año.

El 99 por ciento de las muertes atribuidas al ‘covid’ oficialmente padecían afecciones previas

Debía ser algo ampliamente conocido, pero es bueno que lo admitan ahora los CDC, que son el ágora de esta pandemia, por encima incluso de la OMS: la abrumadora mayoría de los adultos hospitalizados en Estados Unidos porque los consideraban “infectados” con el coronavirus padecían una o más afecciones preexistentes.

Más del 99 por ciento de los pacientes registrados como “covid” que fallecieron tenían al menos una afección preexistente.

El estudio lo publicaron la semana pasada los CDC (*). Se basaron en los datos de la base de datos Premier Healthcare, que abarca casi 5.000.000 millones de hospitalizaciones totales en más de 800 hospitales de todo Estados Unidos desde marzo de 2020 hasta marzo de 2021.

De esos casi cinco millones de hospitalizaciones, el once por ciento (540.667) de los pacientes fueron diagnosticados de coronavirus.

La gran mayoría de los pacientes hospitalizados “con covid” tenían al menos dos condiciones médicas preexistentes y cerca de la mitad de todos ellos tenían al menos seis condiciones preexistentes.

Sólo el 5,1 por ciento de los pacientes hospitalizados “con covid” no tenía ninguna enfermedad preexistente, frente al 94,9 por ciento que tenía al menos una. Sólo el 7,4 por ciento tenía una única enfermedad preexistente, mientras que el 39,3 por ciento tenía de dos a seis enfermedades, el 31 por ciento de seis a diez y el 17,3 por ciento más de diez.

De los 540.667 pacientes hospitalizados por coronavirus incluidos en el estudio, 80.174 murieron durante el periodo de observación (de marzo de 2020 a marzo de 2021).

La friolera del 99,1 por ciento de los pacientes que murieron tenían al menos una afección preexistente y solo 740 no tenían ninguna afección previa registrada.

La mayoría de los pacientes cuya muerte atribuyeron al coronavirus tenían múltiples afecciones preexistentes, ya que solo el 2,6 por ciento sufría una sola afección, en comparación con el 32,3 por ciento que tenía de dos a cinco afecciones preexistentes, el 39,1 por ciento que tenía de seis a diez y el 25,1 por ciento que tenía más de diez afecciones preexistentes.

La edad media de los pacientes hospitalizados “con covid” era de 68 años, mientras que la edad media de los fallecidos “con covid” era de 74 años. Casi la mitad (49,8 por ciento) tenía más de 75 años.

Entre los pacientes más jóvenes (menores de 40 años) que fueron hospitalizados “con covid”, más de un tercio (36,9 por ciento) fueron diagnosticados como obesos, el 17,9 por ciento tenía diabetes y el 16,7 por ciento tenía hipertensión esencial (presión arterial alta).

El estudio analiza los factores de riesgo de muerte “con covid” y descubre que, después de la obesidad, el segundo factor de riesgo que más se ha correlacionado con la muerte de los “infectados” por el coronavirus es la ansiedad y los trastornos relacionados con el miedo. Literalmente: los enfermos se murieron de miedo.

Los pacientes obesos presentaban un ratio de riesgo de 1,30 en comparación con los pacientes sin afecciones preexistentes, lo que significa que un paciente diagnosticado de obesidad pero sin otras afecciones tenía un 30 por ciento más de probabilidades de morir por el virus que un paciente no obeso sin afecciones preexistentes.

Los trastornos relacionados con la ansiedad y el miedo quedaron en segundo lugar, con un cociente de riesgo de 1,28, lo que indica que los pacientes que sufrían ansiedad tenían un 28 por ciento más de probabilidades de morir de COVID que los que no sufrían ansiedad.

La diabetes tenía un cociente de riesgo ligeramente inferior al de la ansiedad, con 1,26, seguida de la enfermedad renal crónica, con 1,21, los trastornos neurocognitivos, con 1,18, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, con 1,18, y la anemia aplásica, con 1,17.

(*) https://www.cdc.gov/pcd/issues/2021/21_0123.htm

El confinamiento arruina a los campesinos malayos

A principios de junio el gobierno malayo impuso un nuevo confinamiento de todo el país, que ha tenido un fuerte impacto en el nivel de vida de la población campesina. Los comercios están cerrados y las actividades “no esenciales” se han paralizado.

Los cultivadores de hortalizas, fresas y flores de Cameron Highlands se quejan del colapso de las ventas, las subidas de precios y las dificultades para encontrar trabajadores.

Cameron Highlands es una “Hill Station”, una de las muchas “estaciones de montaña” que se crearon en la época del Imperio Británico para ofrecer a los colonos un refugio más fresco cuando el calor del verano agobiaba las llanuras.

Situada al norte de Kuala Lumpur, alberga muchas plantaciones de té, pero también cultivos que también prefieren el frescor de la altitud.

En la región los campesinos se han visto muy afectados por los confinamientos, que han creado una grave escasez de mano de obra y siguen manteniendo alejados a los turistas.

“Llevo 40 años trabajando y esta pandemia es la peor crisis que he vivido”, afirma Chai Kok Lim, presidente de la Organización de Productores de Hortalizas de Cameron Highlands.

El caso de la plantación Cameron Bharat -que gestiona 240 hectáreas de cultivos de té- es emblemático de las dificultades de toda la región.

El número de turistas que visitan la plantación es ahora casi nulo debido al cierre de fronteras. La plantación ha tenido que clausurar dos tiendas que normalmente acogen a los visitantes, lo que supone un importante ingreso adicional.

El gerente Francis Xavier dice que también le faltan trabajadores para estas ingratas tareas, que atraen a pocos malayos. Normalmente, la mayor parte de la fuerza de trabajo procede del extranjero. Pero el cierre de fronteras impide que estos trabajadores entren en Malasia.

“Si no tenemos suficientes trabajadores, no podremos mantener nuestro programa de producción y eso afectará a nuestro volumen de negocio”, explica.

Parveen Kumar Mohan cultiva crisantemos, una flor utilizada por la minoría india de Malasia en festivales y ceremonias religiosas. A él también le resulta difícil encontrar trabajo. Y de todos modos, dice: “No puedo vender porque no hay demanda. Los templos están cerrados y no hay turistas.

Chai Kok Lim está convencido de que al final la población campesina saldrá perdiendo. “Debido a la falta de mano de obra, estamos produciendo menos verduras y los precios subirán”, advierte.

Durante la pandemia murieron más personas por el confinamiento que por el coronavirus en Canadá

Durante la pandemia en Canadá murieron más personas por lo que empiezan a llamar “efectos secundarios no deseados” que por el coronavirus, especialmente entre los jóvenes.

Los datos más recientes de Statistics Canada, publicados el lunes (*) muestran que hubo 5.535 muertes entre personas menores de 65 años de enero de 2020 a abril de este año. En este mismo grupo de edad se produjeron 1.380 muertes relacionadas oficialmente con el coronavirus, es decir, cuatro veces menos.

El informe oficial indica que “el exceso de mortalidad está relacionado en gran medida con otros factores, como el aumento del número de muertes atribuidas a causas asociadas con el uso y el abuso de sustancias, incluidas las intoxicaciones no intencionadas (accidentales) y las enfermedades y afecciones relacionadas con el alcohol”.

Al menos de momento, el organismo no ofrece datos suficientes para calcular el aumento de las intoxicaciones no intencionadas o accidentales, que pueden provenir de sobredosis accidentales de narcóticos, opioides y alucinógenos o incluso de medicamentos de venta libre, así como de intoxicaciones por alcohol y disolventes y pesticidas.

Lo que sí reconoce es que la interrupción de la “disponibilidad y el acceso a los programas de reducción del consumo, los servicios supervisados de consumo de sustancias y los servicios presenciales de apoyo al abuso de sustancias” puede haber influido. En consecuecia, aunque no se trate de suicidios deliberados, las intoxicaciones no se pudieron tratar por la imposibilidad de acceder a los servicios socio-sanitarios correspondientes debido al confinamiento.

En el caso de los menores de 44 años, el número de sobredosis con resultado de muerte aumentó de 1605 en 2019 a 2125 en 2020.

El número de muertes relacionadas con el alcohol aumentó en el grupo de edad de 45 a 64 años (1.790 en 2020 frente a 1.525 en 2019) y en el grupo de edad de 0 a 44 años (480 en 2020; 325 en 2019), aunque StatCan añade que algunas de las muertes podrían ser atribuibles a otras enfermedades y afecciones, pero se atribuyeron principalmente a enfermedades hepáticas y a trastornos mentales o del comportamiento.

(*) https://www150.statcan.gc.ca/n1/daily-quotidien/210712/dq210712b-eng.htm

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