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Multan a un Primer Ministro australiano por violar las normas sanitarias que aprobó

Las restricciones sanitarias son para los pringaos. Los que las aprueban no las cumplen porque no creen en ellas; sólo las venden. El primer ministro de Victoria, Daniel Andrews, ha sido multado con 400 dólares por infringir sus propias normas sanitarias: esta semana ha estado sin ponerse la mascarilla durante dos días consecutivos.

El hipócrita fue visto sin mascarilla fuera del Parlamento el miércoles y el jueves y fue multado con 200 dólares por cada infracción.

Según las normas sanitarias del gobierno australiano, cualquier persona mayor de 12 años está obligada a llevar una mascarilla cuando sale de su casa.

La policía se puso a investigar después de que las imágenes tomadas por los periodistas le mostraran el jueves caminando por el aparcamiento después de salir de su coche sin mascarilla.

Una portavoz de la policía de Victoria dijo: “La policía de Victoria puede confirmar que ha emitido avisos de infracción al primer ministro Daniel Andrews por incumplir las directivas del Jefe de Sanidad”.

El vídeo, que salió a la luz mientras el estado informaba de un récord de 1.838 nuevos contagios, enfureció a los residentes de Melbourne, que han estado sometidos al confinamiento más largo de la historia.

Ayer el primer ministro se disculpó. “Soy consciente de que cuando me acerqué a dos conferencias de prensa en la parte trasera del Parlamento esta semana, me quité la mascarilla después de salir del coche, antes de dirigirme a las puertas traseras”, dijo Andrews.

“Espero que la policía de Victoria evalúe la situación y si decide imponer una multa, por supuesto que la pagaré”. Le sobra el dinero para pagar esa multa y muchas otras que le impongan.

Un vídeo grabado por el periodista de Seven News Paul Dowsley muestra al Sr. Andrews acercándose a un soporte de micrófono con su maletín y pasando por delante de un pequeño grupo de periodistas.

El vídeo provocó la indignación de presentadores de radio y usuarios de las redes sociales, que condenaron al Primer Ministro por su hipocresía. El presentador de la radio 3AW, Neil Mitchell, pidió a Andrews que pagara la multa a su propio gobierno. “¡Podría tener que pagar una multa a sí mismo!”, dijo Mitchell.

“Primer Ministro, si va a encerrarnos por las infracciones y a multar a las empresas por intentar hacer lo correcto, pues tiene que pagar usted el precio”, añadió.

—https://www.dailymail.co.uk/news/article-10071607/Daniel-Andrews-fined-400-failing-follow-rules.html

Las nuevas técnicas represivas que se están ensayando masivamente gracias a la pandemia

La pandemia está sirviendo para experimentar nuevas técnicas represivas a gran escala. Por ejemplo, las dos provincias más pobladas de Australia están probando un programa de reconocimiento facial que permite a la policía comprobar que la gente permanece en sus casas durante el confinamiento.

La empresa tecnológica Genvis ha declarado que Nueva Gales del Sur y Victoria, donde se encuentran Sydney, Melbourne y más de la mitad de los 25 millones de habitantes de Australia, están probando técnicas de reconocimiento facial. Genvis dijo que las pruebas se realizaban de forma voluntaria.

Esta empresa con sede en Perth, Australia Occidental, desarrolló el programa el año pasado con la policía para ayudar a imponer las restricciones sanitarias, y ha dicho que espera vender sus técnicas en el extranjero.

El mes pasado, la provincia de Australia Meridional comenzó a probar una tecnología similar que no es de Genvis, lo que provocó advertencias en todo el mundo sobre la extralimitación de la vigilancia.

La primera ministra de Nueva Gales del Sur, Gladys Berejiklian, dijo antes de su dimisión, que el gobierno estaba “cerca de probar algunas opciones de cuarentena en el hogar para los australianos que regresan”, sin responder directamente a las preguntas sobre el programa de reconocimiento facial Genvis.

En el sistema que se está experimentando, las personas tienen que responder a solicitudes de la policía aleatorias haciéndose un “selfie” en el domicilio en el que indican cumplir la cuarentena. Si el programa, que también recoge datos de localización, no verifica la imagen con una “firma facial”, la policía puede realizar una visita al lugar para confirmar el paradero de la persona.

Aunque la tecnología se utiliza en Australia Occidental desde noviembre del año pasado, se ha presentado más recientemente como una herramienta para que el país pueda reabrir sus fronteras, poniendo fin a un sistema vigente desde el inicio de la pandemia que obliga a las llegadas internacionales a pasar dos semanas en cuarentena en un hotel bajo la vigilancia de la policía.

Aparte de la pandemia, las fuerzas policiales han expresado su interés en utilizar las aplicaciones de reconocimiento facial, lo que ha provocado una reacción de los grupos por la posibilidad de ataques a grupos minoritarios.

La directora ejecutiva de Genvis, Kirstin Butcher, dijo que “una cuarentena domiciliaria no se sostiene sin controles de cumplimiento, si lo que se busca es mantener la seguridad de las poblaciones”.

“No puedes realizar controles de cumplimiento físicos a la escala necesaria para apoyar los planes de reapertura [social y económica], así que hay que utilizar la tecnología”, añadió.

“Me preocupa no sólo el uso que se hace de ella, sino el hecho de que sea un ejemplo del uso progresivo de este tipo de tecnología en nuestras vidas”, dijo Toby Walsh, profesor de Inteligencia Artificial de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

Walsh puso en duda la fiabilidad de la tecnología de reconocimiento facial en general, que, según él, podría ser pirateada para dar informes de localización falsos. “Incluso si funciona aquí… entonces valida la idea de que el reconocimiento facial es algo bueno”, dijo. “¿Dónde termina?”

El gobierno de Australia Occidental ha dicho que ha prohibido a la policía utilizar los datos recogidos por las aplicaciones informáticas relacionadas con la pandemia para otros asuntos. La policía de Australia Occidental afirma que ha sometido a 97.000 personas a la cuarentena domiciliaria, utilizando el reconocimiento facial, sin incidentes.

Próximamente el Parlamento Europeo va a prohibir totalmente la vigilancia biométrica masiva por parte de la policía porque las técnicas de control a distancia basadas en la inteligencia artificial, como el reconocimiento facial, suponen un atentado a los derechos y libertades fundamentales, como la intimidad.

—https://www.reuters.com/world/asia-pacific/australias-two-largest-states-trial-facial-recognition-software-police-pandemic-2021-09-16/

245 días con la población confinada: la ciudad australiana de Melbourne ha batido un récord mundial

La ciudad australiana de Melbourne alcanzó anoche un total de 245 días de confinamiento, superando de este modo a la capital de Argentina, Buenos Aires, como la población que más tiempo ha pasado en arresto domiciliario.

Desde el inicio de la pandemia, Melbourne, una de las ciudades más pobladas de Australia, ha vivido seis confinamientos, el más largo de los cuales duró 111 días.

Previamente, el récord pertenecía a Buenos Aires que pasó 234 días en confinamiento desde el 20 de marzo al 11 de noviembre de 2020 y 10 días más entre el 21 y el 31 de mayo de 2021, acumulando un total de 244 días.

Esta vez, Melbourne podría establecer un nuevo récord difícil de superar ya que, según detallan los medios, el plan de vacunación presupone que el estado de Victoria alcance su objetivo del 70 por ciento de población vacunada el próximo 26 de octubre, por lo que los residentes locales pasarían al menos 267 días en confinamiento.

Las ciudades de Australia repetidamente se han convirtido en escenarios de manifestaciones con miles de ciudadanos que salieron a la calle para protestar contra las restricciones impuestas.

No obstante, las autoridades australianas tienen previsto recurrir a más confinamientos para hacer frente al coronavirus, y, en particular, a la cepa delta, hasta que el país llegue al 80 por ciento de población vacunada. Hasta la fecha, en Australia el 56,5 por ciento de la población mayor de 16 años está vacunada por completo, mientras que el 79,4 por ciento de los ciudadanos adultos recibieron al menos una dosis de las vacunas contra el coronavirus.

Un gobierno provincial de Canadá impone poderes de emergencia en favor de la policía

El gobierno de la provincia canadiense de Saskatchewan ha impuesto poderes de emergencia que autorizan a la policía detener o expulsar a personas sin orden judicial y confiscar bienes personales a discreción.

La nueva orden de emergencia provincial en virtud de la Ley de Planificación de Emergencia fue firmada el 13 de septiembre por el Primer Ministro Scott Moe a petición de los responsables sanitarios.

Según las nuevas órdenes, el ministro de Sanidad de Saskatchewan puede “autorizar la entrada en cualquier edificio o terreno, sin orden judicial, a cualquier persona en el curso de la aplicación de un plan de emergencia”.

El gobierno también puede ordenar “la evacuación de personas y el traslado de personas o ganado y bienes personales de cualquier zona de Saskatchewan que se vea o pueda verse afectada por una emergencia y tomar medidas para el cuidado y la protección adecuados de esas personas o ganado y bienes personales”.

Según el Ministerio de Sanidad, las nuevas órdenes son necesarias para “garantizar la movilidad del personal del sistema sanitario mediante una mayor flexibilidad en la planificación y reorientación de los trabajadores sanitarios hacia las zonas con presiones de capacidad y en la utilización de recursos adicionales”.

Los nuevos poderes sanitarios de emergencia permiten al gobierno “asumir la dirección y el control de la respuesta de emergencia de una autoridad local”.

También otorgan al gobierno la facultad de “adquirir o utilizar cualquier bien inmueble o personal que el Ministro considere necesario para prevenir, combatir o mitigar los efectos de una emergencia”.

El gobierno reactivó una carta de entendimiento con los responsables sanitarios de la provincia y una serie de sindicatos provinciales, incluyendo el Sindicato de Enfermeras de Saskatchewan y la Asociación de Ciencias de la Salud.

El acuerdo explica que el gobierno puede obligar a la “redistribución temporal de los trabajadores del sector sanitario para satisfacer el aumento previsto de las necesidades de atención sanitaria relacionadas con el covid-19”.

Cualquier persona que resida en Saskatchewan está obligada por ley a cumplir las nuevas órdenes de emergencia o enfrentarse a graves sanciones o a penas de cárcel.

Los poderes extraordinarios se pretenden justificar porque el gobierno ha declarado la “cuarta ola” de la pandemia, impulsada por la “variante delta”.

La provincia, con una población de aproximadamente un millón de habitantes, registra actualmente 262 personas hospitalizadas con coronavirus.

El 17 de septiembre, Saqub Shahab, Director Médico de Salud de la provincia, emitió una orden de confinamiento provisional obligatorio y mascarillas como medida provisional hasta que el pasaporte de vacunas de la provincia entre en vigor en octubre.

Recientemente el Primer Ministro dijo que su gobierno fue “demasiado paciente” con quienes no habían recibido las vacunas cuando se introdujo el pasaporte. Las palabras de Moe contra los no vacunados incluyeron una frase en la que decía que, aunque nunca quiso “implementar” un pasaporte de vacunas, su “paciencia se ha agotado” con los no vacunados.

A partir del 1 de octubre, se exigirá una prueba de vacunación o una prueba negativa para comer en interiores, acudir a locales de ocio, asistir a conferencias o grandes eventos, o participar en gimnasios cubiertos.

Todas las provincias canadienses tienen desde hace tiempo la facultad de promulgar este tipo de normas excepcionales, que limitan los derechos de las personas con pretextos sanitarios.

La provincia de Alberta también ha declarado recientemente una emergencia pública en virtud de su Ley de Salud Pública. Al igual que en Saskatchewan, el gobierno puede entrar en los edificios sin una orden judicial o confiscar bienes personales.

A pesar de haber prometido que su provincia estaría abierta “para siempre”, el primer ministro de Alberta, Jason Kenney, introdujo recientemente un pasaporte de vacunas y promulgó nuevas normas que prohíben a las personas no vacunadas reunirse en sus domicilios particulares.

La propaganda y propagación de la pandemia

En junio de 2016, en el Festival de Cine de Múnich, se estrenó el documental “Ein deutsches Leben” (Una vida alemana), sobre el personaje de Brunhilde Pomsel, secretaria del ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels. ¿Sabía la gente de los crímenes nazis? Esta pregunta, forma la estructura central de la película «Una vida alemana”.

De los cuatro directores del documental (Christian Krönes, Olaf Müller, Roland Schrotthofer y Florian Weigensamer), dos de ellos, Christian Krönes y Florian Weigensamer, concedieron una entrevista al medio alemán Deutsche Welle, servicio de radiodifusión internacional financiado por el presupuesto fiscal federal alemán, en la cual exponían sus opiniones sobre diversos aspectos del citado documental:

Christian Krönes: “Creo que ella [Brunhilde Pomsel] representa a millones de personas que hicieron posible ese sistema. El film da cuenta de una sociedad que se descarrila: crisis económica mundial, desempleo, auge del nacionalsocialismo. Una década más tarde, todo eso desemboca en una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad”.

Florian Weigensamer: ”La visión de la Sra. Pomsel sobre ese tiempo: ‘De eso no me enteré… los campos de concentración’. Hay que mostrar que uno podía enterarse si quería. Ese es el reproche que se le puede hacer. Mirar hacia otro lado, y ser apolítico, ya es culpa suficiente” (1).

¿Quiénes son los Goebbels actuales? ¿Quiénes son las Pomsel actuales?

Realizar estas preguntas y buscar sus posibles respuestas, es una tarea imprescindible hoy en pleno marasmo pandémico, para acercarnos al papel que ha jugado la propaganda en la transmisión del terror para que la población mundial aceptara la liquidación de sus ya de por sí menguados derechos en un delicado acercamiento a un nuevo tipo de nazismo, no centrado en la conquista de un espacio vital (lebensraum) como argumentaban los nacionalsocialistas alemanes, sino en el control total de las personas desde diversos centros mundiales, con aparentes discrepancias políticas entre ellos, pero con un objetivo que los une por encima de los dimes y diretes: la implantación de medidas “profilácticas”, no contra el ataque de seres microscópicos, sino ante el peligro de revueltas generalizadas incontrolables debido a la cada vez mayor desigualdad social y a la desaparición o desprestigio de lo que antaño habían sido los partidos obreros muchos de los cuales ejercían de colchón amortiguador de las protestas mediante un confuso lenguaje aparentemente radical.

Leonard W. Doob, uno de los principales estudiosos de la psicología de la propaganda y profesor de la Universidad de Yale, publicó en 1950 “Goebbels Principles of Propaganda” en un documento de la oficina de prensa de Universidad de Oxford denominado The Public Opinion Quarterly. Dicha publicación era el estudio de un manuscrito de Goebbels confiscado por el ejército estadounidense en Berlín en el año 1945.

Leonard W. Doob resume los principios de la propaganda de Goebbles en una serie de 19 apartados, de los cuales, por su importancia en la actualidad cabe resaltar los siguientes:

— La propaganda debe ser planificada y ejecutada por una sola autoridad. (En la actualidad esta autoridad se ha atribuido a la OMS, aunque solamente sea la transmisora de órdenes de las corporaciones químico-farmacéuticas)

— Para ser percibida, una propaganda debe evocar el interés de una audiencia y debe ser transmitida por un medio de comunicación que capture la atención. (Básicamente la televisión, en segundo lugar la prensa escrita y la radiodifusión y las redes sociales controladas por los grandes conglomerados mediáticos)

— La propaganda debe ser presentada por líderes de enorme prestigio. (Quienes han aparecido como principales propagandistas se les ha inventado un currículum de características científicas afines a los intereses de la industria farmacéutica, eliminando auténticos científicos que no están a sueldo de dichas corporaciones)

— La propaganda debe etiquetar a los eventos y a las personas con frases y consignas distintivas. (Covid; Quédate en casa; Todo irá bien; Contagio; Cuarentena; Es por tu bien, Vacúnate)

— La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión ciudadana señalando claramente los sujetos o grupos que deben ser odiados. (El invento del calificativo de negacionista ha sido el dardo a disparar contra todos aquellos que ponían en tela de juicio el entramado pandémico, añadiendo una acusación más directa y que contraviene cualquier norma de los principios penales acusatorios: “Quien no se quiera vacunar provocará muertes entre la población”).

Para el desarrollo de sus estrategias siempre adoptó una identificación entre lo que él denominaba como el “Haltung” o conducta observable y el “Stimmung” o estado de ánimo de los ciudadanos. Usualmente afirmaba que el “Haltung” de la población estaba excelente pero que el “Stimmung” estaba en niveles muy bajos, por lo que procuraba elevarlo ofreciéndoles algún tipo de entretenimiento o relajación. (Es evidente que, en vista de los resultados y la obediencia a las más irracionales órdenes dictadas: reclusión domiciliaria, bozal, distanciamiento, vacunación, podemos deducir que como decía Goebbels de la población alemana, el “Haltung” de la mayoría de la población es excelente. Y para mejorar el estado de ánimo otro invento ha sido el concepto “desescalada”) (2).

Los Goebbels actuales no los encontraremos en lúgubres despachos decorados con águilas imperiales. Los encontraremos en las aulas de ciencias políticas, sociología y psicología de las universidades. Los encontraremos vestidos con camiseta y pantalón corto haciendo “footing” por los campus universitarios. Los encontraremos en los despachos de las grandes corporaciones de medios de comunicación. Los encontraremos sin uniformes, aparentemente como personas “normales”.

Son los que desde los laboratorios de ingeniería social fabrican las consignas, las imágenes, los eslógans, que de forma unánime se repiten de una punta a otra del planeta ya sea por medios escritos o audiovisuales, y como Goebbels, no transmiten información, sino que propagan noticias, algunas con tintes de verisimilitud, otras llenas de falsedades, otras tergiversando cualquier aspecto. Todas ellas en pos de un objetivo: la unificación del pensamiento alrededor de cada uno de los cambios que pone en funcionamiento el capitalismo para su mantenimiento y reproducción, con el menor coste posible.

Harold Lasswell, uno de los pioneros en el estudio de los medios de comunicación masivos, escribió “Propaganda Technics in the World War” (La técnica de la propaganda en la guerra mundial) en un detallado análisis de la función de la propaganda en la guerra de 1914. En 1927, en la revista americana de ciencias políticas, publicó “The Theory of Propaganda” (3), en el cual analiza ciertos aspectos propagandísticos que son idénticos a los que hemos vivido desde marzo de 2020 a partir de la declaración pandémica de la OMS.

Estas son algunas de las consideraciones que Lasswell plasma en la citada publicación: “La propaganda es la gestión de las actitudes colectivas mediante la manipulación de símbolos significativos… La actitud deliberativa puede separarse de la actitud propagandística. La deliberación implica la búsqueda de la solución de un problema acuciante sin querer prejuzgar una solución concreta de antemano. El propagandista está muy preocupado por cómo se va a evocar y ‘poner’ una solución concreta… Si planteamos la estrategia de la propaganda en términos culturales, podemos decir que implica la presentación de un objeto en una cultura de manera que se organicen determinadas actitudes culturales hacia él. El problema del propagandista es intensificar las actitudes favorables a su propósito, invertir las actitudes hostiles al mismo y atraer a los indiferentes o, en el peor de los casos, evitar que asuman una inclinación hostil.

“Cada grupo cultural tiene sus valores adquiridos. Un objeto hacia el que se espera suscitar hostilidad se debe presentar como una amenaza para el mayor número posible de estos valores. Si el plan es atraer actitudes positivas hacia un objeto, debe ser presentado como un protector de nuestros valores, un defensor de nuestros sueños y un modelo de virtud y corrección… El propagandista se ocupa de multiplicar los estímulos que mejor se calculan para evocar las respuestas deseadas, y de anular los estímulos que pueden instigar las respuestas no deseadas… La democracia ha proclamado la dictadura de la palabrería, y la técnica de dictar del dictador se llama propaganda”.

Algo semejante a lo que Hitler había escrito en Mein Kamp: “La propaganda política es el arte esencial de guiar políticamente a las grandes masas”, aunque con anterioridad, durante la guerra de 1914 en Alemania se había acuñado el concepto de “Volksgemeinschaft” (La Comunidad del Pueblo), este concepto hacía hincapié en la necesidad de los alemanes de unirse, reduciendo a la nada los problemas de clase, riqueza o nivel de vida. Igual, igual que la propaganda en torno al covid cuando hipócritamente han realzado que ante los virus no hay diferencia de clase o raza, situando el concepto de consenso interclasista como expresión máxima de comportamiento social.

Pero fundamentalmente a lo largo y ancho del mundo se cierne una nube de inseguridad respecto al futuro. Lasswell, en 1935 escribió “World politics and personal insecurity” (Política mundial e inseguridad personal). El libro es una recopilación de conferencias. Hay 11 capítulos en cuatro partes: método, símbolos, condiciones y control. El primero consiste en un análisis configurativo de las “pirámides de valores mundiales”; el segundo se ocupa de la identificación, la violencia y la seguridad, la igualdad y la supremacía, y los movimientos políticos que las encarnan; el cuarto es una consideración del principal problema de la unidad mundial, a saber, el descubrimiento y la utilización de símbolos aceptables para motivar las identificaciones necesarias.

Esta utilización de símbolos para motivar la identificación con el discurso dominante, también la estamos viviendo: una amenazante bola con pinchos encabeza los periódicos, las páginas web y los noticieros televisivos, junto a personal con bozales ya sean éstos simples trabajadores de cualquier actividad y escenas de hospitales, ambulancias, centros de vacunación… y siempre una consigna: peligro.

Pedro Cerruti, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la Universidad de Buenos Aires, escribió un interesante ensayo que lleva por título “Harold Lasswell Comunicación, política y poder” (4) en el cual plantea: “Basado en una apropiación simple del modelo conductista de estímulo-repuesta y en el concepto de audiencia masiva como un conjunto atomizado de individuos que reciben de manera pasiva y uniforme los mensajes, la influencia de los medios de comunicación era comparada con una ‘hypodermic needle’ (inyección hipodérmica) de contenidos en la mente de las personas, sus mensajes eran considerados ‘balas’ que impactaban de forma directa sobre ellas y colocaban ‘mágicamente’ ideas en sus cabezas”.

Acierta Cerruti, pero se queda corto pues ahora no solamente inyectan ideas en la cabeza sino que además inyectan pócimas genéticamente modificadas en el tejido celular de las personas. Algo que denominan vacunas, sin que tengan la menor relación con la característica definitoria de las mismas.

Pero lo cierto es que mediante el ejercicio de la propaganda y los mensajes “bala” disparados directamente a los cerebros, se ha alcanzado un consenso interclasista que ha dejado en último lugar la lucha de clases y ha roto la resistencia ante la agresión del capital mundial en esta nueva fase de recomposición y gran cambio de patrón tecnológico.

Pero también es cierto que miles, millones de personas prefieren mirar hacia otro lado a pesar de la multitud de informaciones veraces, no de noticias periodísticas, a las que se puede acceder si se tiene la voluntad de ello. Estas personas son las Pomsel actuales, que mediante su aparente ignorancia contribuyen al enraizamiento del nuevo nazismo.

Estas Pomsel actuales tienen su máxima expresión en el mundo de la comunicación: periodistas, tertulianos, locutores, expertos, sindicalistas, políticos, que mañana, cuando se puedan desentrañar estas criminales agresiones, dirán que no sabían, que las opiniones que vertían parecían verdaderas, al igual que millones de alemanes decían no saber lo que ocurría en los campos de concentración a pesar de respirar el humo de los hornos crematorios.

¿Y los miles de Pomsels sanitarias que inyectan substancias de las cuales desconocen su composición y efectos, a niños y adolescentes? ¿Qué alegarán mañana? ¿Qué era su trabajo? ¿Qué lo hacían convencidas de la bondad de las inoculaciones? ¿Qué la responsabilidad no era suya? ¿Qué como buenos soldados cumplían con la obediencia debida?

Hoy, entre los capitales mundiales existe competencia, que no antagonismo, y precisamente debido a ello hay una simbiosis perfecta en la proliferación de la propaganda, tanto en el nudo del discurso, covid, como en las milagrosas recetas para su hipotética curación: vacuna.

La competencia estriba en un tira y afloja para vender miles de millones de inútiles test y vacunas y de ahí que cada país, cada corporación realiza un alarde propagandístico sobre las supuestas virtudes de sus pócimas.

Que existe un tipo de enfermedad que se ceba en las personas con la salud quebrantada, ancianas supermedicalizadas, nadie lo duda, pero lo que la propaganda oculta son las posibles causas, y entre ellas los cientos de millones de vacunas inoculadas durante el invierno de 2019 a ancianos de todo el mundo, que son precisamente los que han fallecido predominantemente durante el 2020 atribuyendo sin rigor de diagnóstico su fallecimiento a un supuesto covid.

‘Expertos’ y periodistas

Harold Lasswell, en un ensayo de 1941 titulado “Radio as a tool to reduce personal insecurity” (La radio como instrumento para reducir la inseguridad personal) explicó que el propósito de sus emisiones era reducir las inseguridades personales que afectaban a los miembros de la clase media. En las difíciles condiciones de la depresión económica y la guerra mundial, afirmó que las conferencias y mesas redondas radiofónicas (no había televisión) debían proporcionar noticias sobre los factores internos y externos que causaban las ansiedades individuales. Según Matteo Battistini (5), debido a las crecientes tensiones entre lo ideal y lo real, entre la ambición y la dificultad económica, pensaba que las emisiones debían comunicar optimismo para apelar a la clase media como guardiana de la moral, el sacrificio y los valores.

En la actualidad, las emisiones televisivas siguen exactamente el mismo patrón acuñado por Lasswell que no por casualidad fue jefe de la División Experimental para el Estudio de las Comunicaciones en Tiempos de Guerra, establecida por el gobierno estadounidense en la Biblioteca del Congreso y financiada por subvenciones de la Fundación Rockefeller.

Podemos entrever el mismo papel de la propaganda en esta fabricada pandemia, que en el período entre la Gran Depresión de 1930 y el inicio de la segunda guerra mundial, por ello no es casualidad el papel protagonista de militares y policías al lado de las “balas directas al cerebro” disparadas por políticos, periodistas y tertulianos. Se trata de la política de la zanahoria y el garrote en un contexto de terror generalizado.

Pero una cosa son los fabricantes de noticias y lenguajes y otra los intermediarios para su difusión: éstos reciben el nombre de periodistas. Son los propagandistas, los que difunden la propaganda. Serge Halimi Rui Pereira los denominó los nuevos perros guardianes, que “dan la espalda a aquellos a quienes debería servir para servir a aquellos a los que deberían vigilar”.

Abbott Joseph Liebling fue un periodista estadounidense que estuvo estrechamente asociado con The New Yorker desde 1935 hasta su muerte en 1963. Fue de los pocos periodistas radicalmente crítico con el Comité de Actividades Antiamericanas y desde sus artículos defendió a Alger Hiss, acusado de espía comunista por Whittaker Chambers, ex miembro del partido comunista que se puso al servicio del FBI.

En 1949 publicó “Of Mink and Red Herring” (De visones y arenques rojos) un libro de artículos críticos sobre los periódicos de Nueva York, con una crítica del «periodismo difamatorio” aplicado a las víctimas de “Elizabeth Bentlev y los de su calaña” (Bentlev fue una miembro del partido comunista norteamericano que también se puso al servicio del FBI para denunciar a los miembros del partido).

Liebling definía tres tipos de escritores de noticias: 1) El reportero que escribe lo que ve; 2) el reportero interpretativo que escribe lo que ve y añade lo que él cree que ha visto; 3) el experto que escribe lo que cree que es el significado de lo que no ha visto… añadiendo que “siempre que la información objetiva falta, nace el experto”. Así podemos calificar a la pléyade de periodistas “expertos” que desde hace un año y medio embrutecen las mentes de la ciudadanía repitiendo las consignas emanadas de quienes les retribuyen mensualmente. Sin lugar a dudas podemos calificarlos de periodistas canallas, pues se sitúan en el espacio intermedio entre Goebbels y Pomsel.

Como conclusión, cabe pensar en la necesidad de la coordinación de los diferentes medios ya sean audiovisuales o escritos, que reúna a periodistas y escritores con principios éticos y claro contenido de clase para enfrentar, en este período de resistencia, las agresiones del capital.

(1) https://www.dw.com/es/la-secretaria-de-goebbels-ante-la-c%C3%A1mara/a-38313436
(2) https://academic.oup.com/poq/article-abstract/14/3/419/1832014
(3) The American Political Science Review, Vol. 21, No. 3, aug., 1927, pp. 627-631
(4) Austral Comunicación, vol. 8, número 2 de diciembre de 2019
(5) https://www.researchgate.net/publication/289813136

Los niños que no van a la escuela y permanecen en sus casas sin hacerse el test de coronavirus, se contabilizan como ‘positivos’

Todo es covid. Los niños que no van a la escuela y permanecen en sus casas sin hacerse el test de coronavirus, se contabilizan como “positivos” en Canadá, dijo el jueves Deena Hinshaw, responsable de salud pública del gobierno.

“Si las personas deciden no someterse a los tests de covid-19 pero están enfermos en casa, se contabilizan como parte del brote, por lo que hay menos necesidad de hacer tests para identificar el problema”, afirmó Hinshaw.

“En las escuelas, consideramos que una enfermedad que se ajusta a esta definición -una enfermedad respiratoria- debe tratarse de la misma manera tanto si es covid como si no, de modo que se puedan poner en marcha medidas adicionales”, sentenció la funcionaria.

El gobierno también anunció que no se harán públicos los datos sobre el número de escuelas afectadas por los brotes de covid-19, lo que ha provocado la indignación de padres y ciudadanos que han acusado al gobierno de intentar inflar artificialmente las cifras de “casos” para mantener las restricciones.

Hinshaw dijo que el marco actual se había establecido sobre la base de pruebas anteriores de otras jurisdicciones. Dijo que es necesario que las escuelas asuman que todos los que están en casa son “casos positivos” de coronavirus porque obtener datos sobre las transmisiones del virus de los organismos de salud pública violaría el derecho a la intimidad de los estudiantes y del personal.

Como consecuencia de la ingeniería estadística, la población Alberta, una provincia que anunció “el mejor verano de la historia” gracias al fin de las restricciones, escucha ahora que se está produciendo un resurgimiento de “brotes” y “casos”.

Mientras las protestas contra las mascarillas y contra las vacunas crece, los “expertos” instan a los políticos a seguir apretando las tuercas de las restricciones. Más de 60 médicos escribieron una carta al Primer Ministro Jason Kenney, que se ha opuesto al confinamiento, advirtiéndole de las terribles condiciones y la falta de espacio en los hospitales. Aunque no explican los motivos de ello, su carta ha entrado de lleno en la enésima ola de histeria.

Todas y cada una de las medidas represivas aprobadas con el pretexto de la pandemia han sido ilegales

También en Inglaterra, todas y cada una de las acusaciones presentadas en virtud de los poderes extraordinarios introducidos al comienzo de la pandemia de coronavirus han sido ilegales, según los datos de la Fiscalía de la Corona.

Las 292 acusaciones en virtud de la Ley sobre el Coronavirus han sido retiradas de los tribunales, o anulados después de que personas inocentes fueran acusadas ilegalmente.

Los poderes que permiten a la policía procesar a cualquier persona “potencialmente infecciosa que se niegue a cumplir una instrucción legal” se han aplicado ilegalmente en muchos de los casos.

Uno de ellos se refería a una mujer de 41 años, Marie Dinou, que fue acusada erróneamente y multada con 660 libras en virtud de las leyes sobre el coronavirus después de que se negara a entregar a la policía su nombre, su dirección o los motivos de su viaje cuando supuestamente “merodeaba por los andenes” de la estación central de Newcastle.

La policía británica de transportes admitió que había sido acusada bajo la sección incorrecta de la Ley de Coronavirus del año pasado.

Alistair Carmichael, el portavoz de asuntos de interior del Partido Liberal Demócrata, que destacó las cifras, dijo que la Ley debería ser derogada, ya que los poderes bajo ella eran “desproporcionados, mal pensados y confusos”.

Posteriormente se introdujeron conjuntos de leyes separadas, conocidos como Reglamentos de Protección de la Salud, para imponer confinamientos, restricciones a las reuniones, uso de mascarillas, cuarentenas y otras medidas represivas.

Los datos de la Fiscalía muestran que 389 acusaciones bajo el Reglamento de Protección de la Salud también habían sido ilegales entre marzo de 2020 y marzo de 2021, el 20 por ciento del total de 1.920 casos.

En general, se identificaron 691 acusaciones incorrectas de 2.212 procesamientos utilizando todas las leyes extraordinarias, lo que significa que casi un tercio (31 por ciento) fue ilegal.

Las presuntas infracciones de las leyes sobre coronavirus se castigan principalmente con multas en lugar de detenciones y procesamientos, pero las multas que no se pagan pueden dar lugar a una acusación penal.

A principios de este año, la Comisión Mixta de Derechos Humanos del Parlamento pidió que se revisaran las más de 85.000 multas impuestas.

Los diputados afirmaron que, a pesar de que las multas por algunos delitos alcanzan las 10.000 libras esterlinas, había “altos índices de error” en su emisión y un impacto desproporcionado en diferentes grupos.

“Es posible que muchas más sanciones hayan sido pagadas por personas demasiado intimidadas por la perspectiva de un juicio penal como para arriesgarse a impugnar su multa mediante un proceso penal”, añadió la comisión.

El mismo informe afirma que resulta asombroso que la Ley del Coronavirus siguiera siendo utilizada de forma abusiva en los procesos judiciales.

—https://www.telegraph.co.uk/news/2021/09/17/every-prosecution-emergency-covid-powers-wrong-official-review/

Los hospitales preparan a los médicos para provocar miedo entre la población a fin de que se vacune

La pandemia es una cuestión de miedo, de un miedo a las enfermedades y a la muerte que intentan amplificar por todos los canales de intoxicación posibles, con la colaboración de médicos, académicos, investigadores y una surtido de especialistas en técnicas de mercado.

En un vídeo aparece una médico del New Hanover Regional Medical Center de Wilmington, Carolina del Norte, Mary Kathryn Rudyk, preguntando a Carolyn Fisher, directora de marketing del hospital, cómo inflar el número de personas clasificadas como “pacientes covid” para provocar miedo entre los no vacunados.

“Creo que tenemos que ser más contundentes, tenemos que decir algo al salir: si no te vacunas, sabes que vas a morir”, dice Rudyk en el vídeo.

El National File y otros medios de comunicación locales publicaron la filtración e identificaron a las personas que aparecen (1). La grabación comienza con Fisher explicando cómo su departamento comunica al público “cifras significativas”: el porcentaje de personas no vacunadas, el porcentaje de personas vacunadas y el porcentaje de muertes en la unidad de cuidados intensivos (UCI).

Luego la médico pregunta cómo se pueden incluir los casos posteriores al “covid” en el número de personas hospitalizadas “por covid”. La publicista le responde: “Mi sensación en este momento es que tal vez tenemos que ser completamente un poco más aterradores para el público”.

“Hay muchas personas que siguen hospitalizadas y que consideramos postcovid, pero que no incluimos en esas cifras, así que ¿cómo incluimos a esas personas postcovid en el número de pacientes que tenemos en el hospital?”

Fisher le preguntó si se refiere a todos los pacientes que han estado en el hospital “desde el inicio del covid”. Rudyk le responde: “Bueno, los que siguen en el hospital, y esta es una pregunta que puedo plantear a otra persona, pero creo que son cifras importantes: pacientes que siguen en el hospital, que ya no están en la planta covid, pero que siguen ocupando el hospital por diversas razones”.

Al difundirse el vídeo en internet, la dirección del hospital ha tenido que salir la paso con comunicado público lleno de explicaciones inverosímiles (2). En una conferencia telefónica, Shelbourn Stevens, director del hospital dijo que esos pacientes están clasificados como “recuperados”.

“Pero creo que, desde nuestro punto de vista, seguiríamos considerándolos pacientes de covid porque todavía se están curando”, dijo Stevens.

Rudyk dijo que creía que estos pacientes debían ser “destacados también, porque una vez que salen del aislamiento, ya no están en los números covid”, lo que llevó a Stevens a decir que podrían discutir más tarde fuera de línea “cómo podemos incluir eso en el marketing”.

En respuesta a las preguntas en las que se pedía que se confirmara si las personas que aparecían en el vídeo eran empleados del hospital y cuál era el contexto del vídeo, un portavoz dijo que el personal implicado en el vídeo está viendo los “niveles más altos de hospitalizaciones y muertes por covid-19 hasta ahora en esta pandemia, a pesar de que las vacunas seguras y eficaces están ampliamente disponibles”.

“Fue un debate franco entre profesionales de la medicina y la comunicación sobre cómo podemos transmitir con mayor precisión la gravedad y la severidad de lo que está sucediendo dentro de nuestros hospitales y en todas nuestras comunidades”, dijo el portavoz. “Los datos que hemos compartido no incluyen a los pacientes que siguen hospitalizados con complicaciones relacionadas con la covid-19, aunque ya no estén aislados, y por tanto no ofrecen una imagen completa del impacto total del covid-19 en nuestros pacientes y hospitales”.

El hospital sigue preocupado por la desinformación, dijo el portavoz, y está trabajando “para ser transparente y contar la historia completa”.

(1) https://nationalfile.com/doctor-wants-to-be-scary-to-the-public-and-inflate-covid-numbers-if-you-dont-get-vaccinated-you-know-youre-going-to-die/
(2) https://www.wect.com/2021/09/10/novant-health-issues-statement-leaked-internal-discussion-covid-19-patient-numbers/

‘Lo que estamos viviendo es ridículo pero muchos no quieren admitir que fueron engañados’

Paul Frijters, coautor del libro “The Great Covid Panic”, advierte que el daño infringido a los países por las medidas adoptadas ante el coronavirus fue producto de una estupidez masiva. Habla de gobiernos capturados por asesores médicos y por el oportunismo comercial. La embriaguez de poder y las sociedades que fueron víctimas del terror.

Las insólitas medidas impuestas para hacerle frente al covid-19 causaron a las sociedades más daños y muertes que el propio virus. Lo más triste es que todo esto podría haberse evitado porque tan pronto como marzo del año pasado numerosos académicos de prestigio comenzaron a alertar al respecto. Uno de ellos fue el profesor Frijters, coautor del libro recientemente editado por el Instituto Brownstone.

“Los confinamientos hicieron un daño muy grande. Junto con mi amiga Gigi Foster y su marido, Michael Baker, advertimos muy tempranamente que esto sería un desastre. Si uno confina a las personas, les hace sentir la soledad, y si se saca a los niños de las escuelas, eso destruye por completo sus vidas. Sabíamos que el trastorno de la economía significaría al final una peor asistencia sanitaria, peor bienestar y que, de alguna manera, se le estaba quitando a la gente la dignidad y sus libertades, lo cual a la larga conduciría a muchas más muertes”, subrayó Frijters, profesor de Economía del Bienestar en la London School of Economics y magister en Econometría.

“Inmediatamente supimos por nuestra formación -habiendo estudiado durante mucho tiempo sobre bienestar, salud mental y salud- que esto sería un desastre”, agregó el catedrático, quien al responder qué los motivó a escribir el libro precisó: “Quisimos explicar lo que pasó, por qué, y decirles a las personas que resultaron dañadas que esto no debía haber sucedido y cuál es el camino a seguir ahora”.

— ¿Se justifican el pánico y todas las medidas que nos siguen imponiendo para ‘controlar el virus’ o lo que estamos viviendo es ridículo?

— Es ridículo. Y lo fue desde el principio. Latinoamérica ha demostrado ser más susceptible al virus que cualquier otro lugar, pero incluso allí la devastación de la vida social, del tejido social, es de una magnitud peor que cualquier cosa que el virus haya podido hacer. En el contexto de las enfermedades, este virus es básicamente un poco peor que la mayoría de las gripes normales. Es mucho menos malo que la malaria, que la fiebre tifoidea o que muchas otras enfermedades que han sido muy importantes. Es menos importante que las enfermedades cardiovasculares o que el cáncer. Es una enfermedad menor en la historia de la humanidad e incluso en la historia de los últimos 20 años.

Mucho más importante es que la asistencia sanitaria esté bien organizada para que la gente no muera de diabetes o de insuficiencia cardíaca. Eso hará mucho más la diferencia. Por lo tanto, ha sido una reacción exagerada, un acto de sacrificio masivo.

— Al principio el pánico podía entenderse porque se trataba de un virus que no conocíamos, pero ahora contamos con vasta información al respecto que confirma lo que usted señala. ¿Entonces qué es lo que mantiene aún hoy vivo el pánico?

— Desde el comienzo se sabía que el pánico sería una reacción exagerada. Pero se dio como una ola emocional a través de la humanidad. No creemos que nadie lo planeó. Pensamos que los chinos no querían que su reacción pareciera exagerada, así que impulsaron en Twitter y en los medios de comunicación la idea de que lo que hicieron fue inteligente. Europa les creyó y por eso fue en el mismo sentido. El pánico era como una gran ola de seres humanos todos temerosos, porque otros a su alrededor tenían miedo. Se dio un contagio emocional, viendo las imágenes de personas muriendo en los hospitales… todo eso hizo que pareciera mucho peor de lo que realmente fue. Y también hubo oportunismo: personas que vieron esto como una manera de vender tests, de vender sus modelos, vender sus revistas, hacerse más importantes como asesores médicos… Un grupo de personas que huele el poder del dinero en torno a esto. Los medios vendiendo diarios al decir que esto sería terrible y luego subiendo a todos los demás a bordo y a sus amigos. Esto condujo a los confinamientos. No creemos que los políticos iniciaron los confinamientos, ciertamente no en Europa. Esta es una forma de tomar el poder y ellos fueron arrastrados y pensaron “Esta es la única manera de mantener el poder. De lo contrario, las poblaciones nos odiarán”. Luego, gradualmente, descubrieron que podían hacer dinero, que podían sacarle a la gente la libertad… enloquecieron con el poder. Casi como si se hubieran embriagado con el poder. Así que, en cierto modo, los acontecimientos se fueron dando y no creo que nadie los vio venir. Ha sido una tragedia.

— Es decir que está convencido de que no hubo un ‘plan’ detrás de lo que venimos viviendo desde marzo de 2020.

— Lo encuentro extremadamente improbable porque muchas cosas nos han sorprendido a todos. A mí me sorprendió lo mucho que ha durado. Además, si uno mira los países ¡hay tanto daño infligido! Pensemos, por ejemplo, en China y los daños que se han hecho a sí mismos: en las principales ciudades la cantidad de bebés que tuvieron las mujeres fue cerca de la mitad. Eso significa que hay una enorme reducción de la próxima población, han destruido a una generación completa. También a los niños que fueron sacados de la escuela y su infancia ha sido arruinada. Nadie que ame a su país hace esto. Uno no hace esto solo para dañar a otros países, porque estás también dañando a tu propio país. Es una estupidez enorme. Y lo mismo es cierto para Italia: sufrió una reducción tremenda en su economía. Uno no ama a su país y hace esto. Lo hacés porque sos estúpido.

— Hay una serie de teorías a las que han bautizado de ‘conspirativas’, que hablan por ejemplo de Bill Gates.

— Sí, es importante conversar sobre estas cosas. Bill Gates, claramente, se ama a sí mismo. Probablemente sienta que es el salvador de la humanidad. Pero está llevando a un daño tremendo en todas partes y no creo que esto sea bueno para él al final. Creo que a los americanos tampoco les gustará después de esto. Su nombre será una mierda dentro de diez años. No creo que se trate del súper inteligente Bill Gates convirtiéndose en el gobernante del mundo, esto es él embriagándose con su propio poder.

— Hay mucha información y desinformación circulando, por eso es importante tener en claro qué es lo que hemos perdido desde enero de 2020 a la fecha.

— Ese es un punto muy importante. Ha habido tanta propaganda, en particular de gobiernos que querían verse bien y validar sus políticas, que se ha hecho extremadamente difícil para las personas que quieren tener alguna idea de qué es lo que sucedió saber en qué confiar y dónde mirar. La respuesta honesta a eso es que las personas deben pensar por sí mismas y buscar una amplia gama de información y poco a poco encontrar la información en la que confían, pero también el grupo en el que siguen confiando. Encontrar personas como ellos, que están tratando de averiguar la verdad y trabajarlo también como comunidades: ¿Nosotros creemos esto? ¿Creemos aquello? ¿Dónde podemos encontrar información? ¿Nos gusta este libro o aquel otro? Esa es la única manera, porque no puedo decir que lean mi libro y que allí tendrán la verdad porque si bien es mi esfuerzo para hacerlo lo mejor posible, la gente tiene que apropiarse de la verdad y tratar de trabajarla en grupo. Esto es demasiado para los individuos, tienen que encontrar personas en las que confíen y que coincidan en que se les está mintiendo y quieran tratar de investigar. Si las personas hacen eso, y advierten que esto es demasiada mentira y tratan de investigar, tengo gran confianza en que las cosas pueden cambiar. Pienso que así se despertarán y se apropiarán de sus propias vidas y de sus libertades nuevamente. Esa es una de mis grandes esperanzas con este libro: que haya personas que se den cuenta cuánta mentira hay y que indague qué es lo que probablemente pasó y, más importante aún, qué debemos hacer ahora y cómo recuperamos el control.

— ¿Cuáles son los datos que debemos conocer para advertir el engaño detrás de esta pandemia?

— Lo más importante, que fue lo que me convenció a mí al principio de que estaban ocurriendo cosas extrañas, y que es fácil de reconocer, es simplemente mirar el daño causado. Ahora hay muchas mentiras de los gobiernos respecto a los daños. Ellos pretenden decir que los daños a la salud mental y al bienestar se deben al virus. ¡¿En serio?! Este virus solamente ataca a personas muy mayores, no afecta la salud mental. Eso se debe a todo el pánico, se debe a que las personas ya no están socializando, se les dice que todos son sus potenciales enemigos. Esto es algo fácil de ver. Ellos pueden ver de cerca lo que está provocando el daño: ¿es el virus? ¿o es el miedo? ¿son los confinamientos? Son preguntas con las cuales la gente puede tomar el control: ¿Qué está causando este daño? ¿Cuán grande es? ¿Estamos viendo colapsar nuestra economía, nuestro bienestar, nuestras amistades, nuestras comunidades? Esa es una verdad bastante fácil de ver. Y a partir de ahí preguntarse quién está mintiendo sobre esto y así identificar en quién confiar. El segundo elemento hacia la verdad es preguntarse dónde podemos obtener información sobre qué está pasando con nuestras libertades, qué es lo razonable, qué ha ocurrido en otros países. Ver quiénes han hecho las cosas diferentes. ¿Es verdad la historia de que estos confinamientos han ayudado a reducir las tasas de mortalidad? Si uno mira alrededor, verá que no es verdad. Ustedes en Latinoamérica pueden mirar a Bolivia o a Uruguay. Menos restricciones, menos muertes. No es verdad que estos confinamientos han salvado numerosas vidas.

Luego uno empieza a trabajar esa información: la cuestión médica no es cierta, el relato sobre el daño no es cierto, ¿Qué está realmente pasando en ese sentido? ¿Tenemos todavía algún poder? ¿Tenemos debates normales? ¿Podemos hablar sobre algunos medicamentos que podrían ayudar y no están siendo autorizados? Creo que, al igual que como se propaga el petróleo, si la gente se da cuenta de lo que podemos hacer, cómo podemos organizarnos, qué debemos releer juntos, qué renuncias debemos hacer, a dónde debemos enviar a nuestros hijos, qué trabajo debemos hacer los unos por los otros, puede haber un verdadero despertar.

— ¿Considera que los gobiernos que están instaurando disposiciones obligatorias lo hacen solo por ignorancia? 

— Creo que están ocurriendo muchas cosas. En muchos países, y esto también vale para los países europeos, los gobiernos han llegado a confiar en los asesores médicos y en la industria médica, que ha crecido enormemente -con los testeos, los barbijos, etc.- y quieren que esto continúe. Pienso que en parte se debe a que sus asesores los han capturado. Pero a los gobiernos también les gusta el poder y les gusta mandar a los demás. Han sido seducidos por el poder y quieren seguir con él. Ahora esto también es una coalición: se ha hecho mucho dinero y lo que algunas empresas han descubierto en los últimos 18 meses, en particular las grandes compañías de internet y las grandes empresas en general, es que de esta manera pueden crecer, mientras las pequeñas empresas desaparecen. De modo que esto es bueno para ellos como coalición, quieren que esto continue. Mientras tanto hay una destrucción tremenda.

— ¿Está secuestrada mentalmente la humanidad?

— Hay un montón de gente que no quiere ver esto o a la que de alguna manera se le ha lavado el cerebro. Siguen la corriente y no quieren creer que han sido engañados. No quieren creer que han exagerado, que su gobierno se ha vuelto cada vez peor… Es algo terrible de querer ver porque entonces eres responsable de tener que poner un gran esfuerzo para averiguar cómo son las cosas. La gente es muy reacia a despertar. Creo que se despierta cuando cerca de ella muchas cosas van mal y otras cosas que han descuidado de repente empiezan a ser importantes de nuevo. Es entonces cuando la gente lentamente se despierta. No obstante, se ve un despertar en muchos países, lento, pero está sucediendo. Más y más grandes demostraciones están dándose alrededor del mundo. Al mismo tiempo creo que hay esperanza porque en cada región extensa hay algunos países que no han sido tan estúpidos y simplemente podemos mirarlos y decir: algunos de nosotros, que no queremos vivir en una dictadura podemos irnos allí, podemos elegir la libertad y elegir vivir allí. Podemos apuntar a nuestros propios gobiernos y decirles todo Escandinavia no hizo esto ¿por qué no los seguimos a ellos? Considero que los buenos ejemplos en cada región superarán a los malos ejemplos. Los países estúpidos solo se empobrecieron, tienen menos libertad, y la gente joven quiere ser como los países más libres, que son cada vez más ricos y agradables.

— ¿Cuál fue el rol de los medios en lo que estamos viviendo?

— Fue horrible. Hay diversos problemas con los medios. Uno es que las emociones venden, mientras que una verdad no vende demasiado. Decirle a la gente que este es un riesgo pero que la vida está llena de riesgos y que no debe reaccionar exageradamente, no vende. Esta fue también una manera en que los periodistas se sintieran importantes, pensando “yo advierto a mis conciudadanos”. Se dejaron llevar por todo el drama, diciendo “tendremos que permanecer unidos”…

Además, las grandes compañías de internet ganaron muchísimo, el precio de sus acciones casi se duplicó y controlan un montón de medios. Eligen en qué historias poner énfasis y cuáles censurar. Así se dio una enorme censura. Tenemos un montón de historias contra la locura actual, pero parte de los medios está directamente solventada y controlada por el factor problema. También una parte de los medios es estatal y, por supuesto, se ha convertido en pura propaganda del Estado. El gobierno ha comprado tiempo en los medios. Ahora la parte de los medios que es responsable y quiere hacer lo correcto está lentamente cambiando de opinión. Está pasando mucho en Europa y en Estados Unidos. Se están dando cuenta de que fueron súper estúpidos al comienzo y del problema del que han sido parte. No estoy seguro de que eso sea suficiente. En cierta medida los medios fueron parte del problema. Hay nuevas plataformas donde los ciudadanos están creando medios pero hay que luchar contra la propaganda implacable, contra la censura, la intimidación y, en algunos casos, la violencia.

— También la población se ha dividido. ¿Esto se podrá revertir?

— Creo que sí. Porque naturalmente la oposición de la que usted y yo somos parte, contra esta locura y con la intención de decirle a la población que ha sido engañada, en cierto sentido es una oposición muy nacionalista. Es una oposición de gente que ama a su país, que quiere que sus hijos estén en un lugar agradable y que tengan un futuro. Es una realidad que el resto de la población no quiere escuchar ahora porque les dice “miren, han sido engañados”, “han sido estúpidos”, “ustedes se han sacrificado”, pero al mismo tiempo es una narrativa positiva, que dice que podemos hacer las cosas diferentes. No es un grupo de personas que quieren estar divididas del resto de la población. Es un grupo de personas que quiere ser un solo país pero en una dirección diferente a la de todos los demás. Pienso que será bastante probable un resurgimiento, pero depende de que estas voces de la oposición “ganen”, en algún sentido. También dependerá de si realmente vamos hacia una distopía fascista, en cuyo caso los países se radicalizan y se vuelven incluso más temibles y con mayor control. Pero encuentro esto último poco probable en Europa. No conozco la situación en Latinoamérica, quizás en algunos países eso sea posible. Más bien pienso que gradualmente la población entrará en razón y luego se dará un resurgimiento.

— ¿Las protestas en contra de ciertas medidas como los pasaportes sanitarios o los confinamientos realmente tienen algún efecto?

— Sí. Nuestro movimiento visibiliza que existe una oposición. En cierto punto, lo que hace la gente que promueve los confinamientos es tratar de negar nuestra humanidad, tratan de evitar que las personas se relacionen entre sí y de hacer que todos sean enemigos de todos, que todos sean una amenaza por el virus. Estas demostraciones pueden ser divertidas, pueden acercar a las personas, crean comunidades, así que -aunque no tengan efecto a nivel político en el corto plazo, porque todavía son una minoría-, dan una especie de vivacidad nuevamente a la sociedad civil y hacen que uno se encuentre con personas, que se comprometa para otras cosas. Uno de los aspectos grandiosos que tienen nuestros movimientos en ese sentido es que demuestran nuestro deseo de vivir. Es la otra parte la que quiere estar escondida hasta que muera. Es una locura. Dejemos que ellos se sientan miserables, yo no quiero sentirme así.  Todos los placeres de la vida están de nuestro lado. Usémoslos. Mostrémoslo y celebrémoslo. Pienso que una de las cosas que mejor romperán los confinamientos son muchas comunidades divirtiéndose, permitirles que festejen.

— ¿Tiene alguna proyección sobre cuánto tiempo demorará reparar los daños que han provocado todas estas medidas?

— Creo que tomará años más que meses para que esto finalice en su totalidad. Ejemplos históricos de este tipo de estupidez muestran que a nosotros, los humanos, no nos gusta admitir rápidamente lo que fue un error. Lleva mucho tiempo que la mayoría cambie su parecer. No me sorprendería que en algunos países tome 10 ó 20 años antes de que realmente admitan que esto fue totalmente estúpido.

No olvidemos que el poder es el poder. Las personas, los gobiernos y los medios pueden presionar para que otras cosas se vuelvan prominentes y para distraernos. Eso sucederá. No quieren ser culpados, así que usarán el poder que tienen ahora para que nos preocupemos por otra cosa. No sé cómo será en Argentina, pero aquí en Gran Bretaña tenemos que empezar a preocuparnos por el cambio climático y la extinción, los plásticos… será una cosa tras otra, cualquier cosa excepto el “¡oh!, la fregamos y no debemos hacer esto de nuevo” porque eso es una verdadera amenaza. Así que se avecinan muchas distracciones.

— En su libro describen además cómo evitar cometer esta estupidez nuevamente.  

— Definitivamente. Hablamos de cómo Suecia ha organizado su sistema de atención sanitaria y explicamos que podemos hacerlo de esa manera. Cuando el sistema de atención sanitaria es una institución independiente puede entonces elegir cómo hacer las cosas. Porque lo que nuestros sistemas de atención de salud tenían planeado sobre cómo actuar en estas pandemias era muy razonable. La ciencia de 30 a 50 años indicaba no hacer confinamientos sino proteger a los que se pudiera, pero no se trastoca a la sociedad porque eso causará mucho más daño. La ciencia y los sistemas de atención sanitaria sabían que no debíamos hacer esto, pero lo hicimos debido al pánico. Podemos reformar la ciencia, los sistemas de atención sanitaria, las normas. También podemos deshacer muchas de las estructuras de los medios y de las estructuras políticas y creo que podemos aprender como humanidad a reconocer antes el pánico. Esta noción de que el gobierno sabe más, y que resolverá todo, ha sido terrible. Necesitamos reaprender a no ser tan crédulos.

—https://www.laprensa.com.ar/506513-Covid-lo-que-estamos-viviendo-es-ridiculo-pero-muchos-no-quieren-admitir-que-fueron-enganados.note.aspx

Cumbre en la Casa Blanca para poner fin a la pandemia de manera oficial

Biden ha invitado a la Casa Blanca a numerosos dirigentes de países extranjeros, ONG y cabecillas de la sanidad mundial a una reunión que se celebrará la próxima para preparar el fin oficial de la pandemia, pero no de las vacunas, porque el mundo debe convivir con el coronavirus para siempre.

El Presidente de Estados Unidos quiere pasar a la historia de esa manera porque sólo él y las vacunas son capaces de derrotar al virus. El plan supone que, una vez vacunados los primeros, los del furgón de cola empiecen a comprar vacunas y se las inoculen a su población. Si no tienen dinero para comparlas, hay instituciones que prestan fondos y, en última instancia, instituciones caritativas que lo harán gratis.

“Nos felicitamos por hacer lo mínimo y por hacer más que cualquier otro país, pero eso no es una buena marca”, dijo Matthew Rose, responsable de política estadounidense del Proyecto de Acceso Mundial a la Salud. “Si todo el mundo falla, entonces todos fallamos juntos. Sólo somos la cabeza de las personas que están fallando”, añadió (1).

La Casa Blanca es sólo el motor; el cierre de una pandemia mundial debe parecer un acto mundial, aunque la OMS quede al margen. El acto oficial será una cumbre (naturalmente virtual para guardar la distancia de seguridad) para apretar las tuercas de la hegemonía. El mundo tiene que reconocer indiscutiblemente a Estados Unidos como su ombligo también en materia de salud pública.

Veamos cómo lo resume el Washington Post:

“Los objetivos se compartieron con los dirigentes mundiales de la salud antes de una cumbre virtual que convocará la Casa Blanca la semana que viene, situando el evento como una oportunidad para establecer objetivos mundiales para acabar con la pandemia. Los objetivos, que se basan en metas similares establecidas por la Organización Mundial de la Salud y otros expertos en salud mundial, incluyen el suministro de miles de millones de dólares en tests, oxígeno y otros suministros a los países en desarrollo, y la creación de un sistema de financiación para pagar la respuesta sanitaria mundial para el próximo año.

“Así que antes de hablar con los dirigentes políticos, la agenda ha sido fijada por los nuevos centros de poder que son los organismos sanitarios no nacionales. Al fin y al cabo, la salud de todos depende de la salud mundial. Se habla de miles de millones, lo que permite olvidar la unidad.

“Durante la cumbre, el Presidente Biden hará un llamamiento a los jefes de Estado, jefes de gobierno y organizaciones internacionales, dirigentes empresariales, organizaciones filantrópicas y dirigentes no gubernamentales para que se unan y se comprometan a acabar con la pandemia del VIH, según una copia de una de las invitaciones revisada por The Post.

“Los participantes identificarán acciones concretas y establecerán los ambiciosos objetivos necesarios para alcanzar esta meta y preparar al mundo para las futuras amenazas a la seguridad sanitaria” (2).

Saldremos de ésta con un remarcado énfasis en la unidad mundial. El futuro seguirá lleno de “amenazas pandémicas”, pero la sanidad no la determinarán los organismos públicos de cada país, sino que vendrán establecidos por instituciones internacionales. Es algo que ya hemos conocido con el coronavirus, pero en lo sucesivo a nadie le pueden quedar dudas.

Cuando el rebaño mundial se reúne necesita un pastor que las guíe, o sea, Estados Unidos. “Defensores, legisladores y dirigentes de la sanidad mundial han presionado a Biden para que asuma un papel más importante en la lucha mundial contra el coronavirus”. No es que Estados Unidos lo pretenda, sino que el mundo solicita que encabece esta “cruzada” por la salud.

“La pieza que falta es dirección y la responsabilidad”, dijo Krishna Udayakumar, director del Instituto de Sanidad Mundial Duke, que había instado a la Casa Blanca a organizar la cumbre. “Si la respuesta mundial al covid sigue sin rumbo y fragmentada, sin palancas reales de responsabilidad, todos los compromisos bienintencionados en todo el mundo tendrán poco impacto”, añadió.

Cuando Biden diga que la pandemia ha acabado, el programa de vacunas Covax seguirá su curso por el Tercer Mundo y con él, seguirá el flujo del dinero, de los préstamos y de la caridad. A partir de ese momento ya no habrá un problema de salud, si es que alguna vez ha habido alguno, sino un problema de mercados. ¿Qué vacunas entrarán dentro de Covax y qué vacunas quedarán fuera?, ¿financiarán los bancos internacionales las vacunas cubanas, por poner un ejemplo?, ¿financiarán a los gobiernos que no quieran vacunar a su población?

Naturalmente, son preguntas retóricas, de las que ya sabemos las respuestas.

(1) https://www.washingtonpost.com/politics/2021/09/09/health-202-biden-is-poised-propose-global-vaccination-summit/
(2) https://www.washingtonpost.com/health/2021/09/13/biden-covid-global-leaders/

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