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Una base aérea en Albania es el centro de operaciones de la OTAN en los Balcanes

Albania se convirtió en miembro de la OTAN en 2009, al mismo tiempo que Croacia. Desde entonces es uno de los perritos falderos más sumisos: siempre quiso instalar una base estadounidense en su territorio y, por fin, ahora su sueño se ha cumplido.

“Creo que debemos enviar un mensaje contundente: que los Balcanes Occidentales son una región orientada a Occidente y que compartimos y debemos proteger los mismos principios y valores […] Creemos que es hora de que Estados Unidos establezca una presencia en Albania”, declaró Olta Xhacka, entonces ministra de Defensa albanesa, en 2018.

Unos meses más tarde, el Presidente del Gobierno, Edi Rama, anunció que la OTAN iba a invertir 50 millones de euros para rehabilitar la base aérea de Kuçova, situada en el centro del país, a 80 kilómetros al sur de Tirana. Seis años después, este proyecto se ha hecho realidad.

El 4 de marzo Albania reabrió oficialmente la base aérea de Kuçova, “después de transformar esta base construida hace varias décadas en una plataforma moderna para futuras operaciones aéreas de la OTAN”, anunció la Alianza en un comunicado de prensa.

Se espera que la base se convierta en una importante plataforma aérea de la OTAN, que continúa fortaleciendo su presencia en los Balcanes Occidentales, “una región de importancia estratégica”, explicó Dylan White, portavoz de la Alianza.

A pesar de que el gobierno de Tirana pretende formar la “gran Albania”, nombre que pone a la anexión de Kosovo, la OTAN le da la vuelta a la tortilla por completo y Rama habló de “las ambiciones neoimperialistas de la Federación Rusa”, durante el discurso pronunciado con motivo de la inauguración de la base.

Construida en 1952, en una época en la que la ciudad de Kuçova se llamaba “Stalin”, esta base ya fue renovada entre 2002 y 2004, cuando Tirana decidió prescindir de los aviones de combate. A partir de entonces, la fuerza aérea albanesa no es mañs que una decena de helicópteros, incluidos dos MH-60 Black Hawk suministrados por los Estados Unidos, y tres drones tácticos Bayraktar TB-2 de fabricación turca.

Es obvio que Albania no necesita para nada una base aérea. Seguro que la población tiene otras carencias, mucho más importantes.

El papel del ejército británico en la matanza de Srebrenica

Las fuerzas especiales británicas desempeñaron un papel crucial en una de las masacres más notorias y controvertidas del siglo XX: la de Srebrenica.

En julio de este año la agente de inteligencia británica convertida en parlamentaria, Alicia Kearns, hizo un llamamiento público para que la OTAN enviara tropas a la antigua Yugoslavia.

La sesión de la Cámara de los Comunes celebraba un debate parlamentario sobre la Semana Conmemorativa de Srebrenica, que conmemora la masacre. Allí se cometieron graves crímenes, muchos de los cuales siguen impunes. Sin embargo, tres décadas después, los detalles de lo que ocurrió ese fatídico mes, incluido el número total de personas asesinadas y la naturaleza exacta de sus muertes, siguen siendo inciertos.

Los dirigentes occidentales han invocado con frecuencia el evento para justificar intervenciones militares ilegales. Las campañas de bombardeos contra países problemáticos se presentan con frecuencia como acciones justas, preocupadas por prevenir “otra Srebrenica”. Se convirtió en la piedra angular de un tipo de intervencionismo que ha llegado a ser conocido como “Responsabilidad de Proteger” (R2P).

Los británicos son particularmente entusiastas promotores de este argumento, siendo Kearns el último ejemplo de ello. Hoy Gran Bretaña es el único país, además de Bosnia Herzegovina, que conmemora oficialmente las matanzas como un acto de genocidio. Desde finales de la década de 1990, Londres también ha sido sede de muchas ONG que han promovido la afirmación de que Srebrenica constituyó un acto de genocidio.

A pesar de toda la conmemoración de los trágicos acontecimientos de julio de 1995 por parte de periodistas, expertos y políticos británicos, la presencia del SAS en la zona en ese momento ha permanecido en secreto.

Los archivos desclasificados del Ministerio de Defensa británico plantean preguntas inquietantes sobre el papel clandestino de Londres en Srebrenica, por qué el MI6 supo que se avecinaba un ataque al enclave antes de que el VRS, el ejército de la República Srpska, lo planeara siquiera.

En Bosnia los británicos podrían provocar una guerra mundial

Siete años después el gobierno holandés publicó su investigación oficial sobre el fracaso de su fuerza de mantenimiento de la paz para proteger Srebrenica, que fue compilada por el Instituto Holandés de Documentación de Guerra (NIOD). Seis días después de la publicación de los resultados, el primer ministro Wim Kok dimitió. Países Bajos finalmente aceptó una responsabilidad política parcial por la masacre después de que el Tribunal Supremo del país declarara que el gobierno holandés asumía el 10 por cien de la responsabilidad.

A lo largo del informe hay pasajes notables que hacen referencia a la presencia de una “unidad británica que opera en secreto” en Srebrenica. El personal de las fuerzas especiales británicas alojado en el cuartel general del Batallón Holandés fue descrito como “Observadores de la Comisión Conjunta” (JCO), pero el informe del NIOD señala que “en realidad se trataba de unidades de los Servicios Aéreos Especiales (SAS) y del Servicio de Embarcaciones Especiales (SBS)”, que llevó a cabo “misiones de reconocimiento” y “asignaciones especiales” por orden del general Michael Rose, quien dirigió la fuerza británica de mantenimiento de la paz de la ONU en Bosnia durante la guerra.

La relación de los agentes británicos con el batallón holandés “no era buena”, concluyó el NIOD. Al parecer, el batallón holandés tenía poco conocimiento de las actividades de las JCO, cuyas operaciones en Srebrenica eran tan secretas que incluso el Centro de Gestión de Crisis de Defensa de Países Bajos, que supervisó las operaciones del país en Bosnia, “no sabía de la presencia de las JCO en el enclave”. Pero los holandeses sospechaban que la principal tarea de las JCO británicas era espiarles. “El principal objetivo subyacente de las JCO en Srebrenica era reunir información de inteligencia sobre el batallón holandés y descubrir si estaba ocurriendo algo ilegal entre las tropas holandesas y las fuerzas musulmanas”, señala el informe.

Los agentes del SAS fueron apostados en zonas de Srebrenica supervisadas por fuerzas de paz escandinavas, que no estaban autorizadas a dar órdenes a sus homólogos británicos. A los escandinavos también se les mantuvo en la ignorancia sobre la naturaleza de las actividades del JOC, y sólo se les permitió conocer los lugares de sus movimientos después de la negociación. El coronel noruego que supervisó el batallón dijo que los soldados británicos de élite se movían “de aquí para allá” por todo el este de Bosnia con impunidad, y “ocasionalmente quedaban atrapados en escaramuzas” a lo largo del camino, según el NIOD.

Si bien los detalles de las operaciones específicas del SAS son escasos, uno de los pocos ejemplos concretos de actividades de la JCO citados por investigadores holandeses deja claro que su mandato en Bosnia se extendía mucho más allá de la mera recopilación de inteligencia. En un momento dado, señalan los autores del informe, hubo una “operación especial del SAS en la que participaron ambulancias que transportaban equipos de comunicación en lugar de camillas”.

“Esas ‘ambulancias’ fueron donadas a Bosnia por [las autoridades sanitarias británicas] por consideraciones humanitarias, pero a menudo aparecían repentinamente en los lugares más sorprendentes”, señala el informe.

Según los Convenios de Ginebra, el uso de vehículos con marcas médicas con fines militares es un crimen de guerra. Pero tal engaño es normal para el Servicio Aéreo Especial, cuyo nombre en sí es un producto directo de un plan de la Segunda Guerra Mundial para engañar a las potencias del Eje haciéndoles creer que Reino Unido tenía un regimiento completo de paracaidistas a su disposición en la región. Y hay pocos indicios de que el equipo militar haya cambiado sus costumbres desde entonces. En 2015 surgieron informes sobre las incursiones del SAS en territorio ocupado por Califato Islámico en Irak y Siria, disfrazadas de combatientes del grupo.

Dos años más tarde, miembros armados del Ala de Guerra Contrarrevolucionaria del SAS supuestamente fueron apostados en las calles británicas, haciéndose pasar por barrenderos y vagabundos en un aparente esfuerzo por evitar ataques terroristas. Durante la ocupación de Afganistán por la OTAN, los escuadrones de la muerte del SAS ejecutaron rutinariamente a civiles inocentes y desarmados y luego falsificaron pruebas para condenar falsamente a sus víctimas como insurgentes armados.

En Bosnia, según un casco azul holandés anónimo consultado por NIOD, los miembros del Dutchbat “tenían miedo de los británicos y de que pudieran provocar la Tercera Guerra Mundial”. Si las JCO se ocuparon exclusivamente de la recopilación de inteligencia, parece una evaluación bastante peculiar.

El SAS simuló convocar ataques aéreos

Cuando Srebrenica cayó el 11 de julio, el informe del NIOD señala que dos JCO aparecieron en la sede local de Observadores Militares de la ONU temprano en la mañana. Afirmaron ser un “equipo de contacto aéreo”, encargado de identificar lugares para los ataques aéreos de la OTAN, lo que impediría que el VRS, el ejército de la República Srpska, capturara el área. Un enlace del ejército musulmán guió debidamente a los agentes del SAS hasta un punto estratégico en una colina que ofrecía vistas claras de Srebrenica, lo que creían que garantizaría “un contacto excelente con el avión”.

El enlace le dijo al NIOD que los JCO “estuvieron en contacto constante con alguien” durante todo este tiempo. Aproximadamente media hora después de su llegada a la colina, “vieron un claro alivio en los rostros de los británicos”, por razones que no están claras. Según los informes, los hombres del SAS afirmaron entonces que no podían solicitar ataques aéreos porque sus teléfonos satelitales se habían quedado sin batería.

Cuando su posición fue atacada por el VRS, los JCO se refugiaron en trincheras cercanas ocupadas por soldados musulmanes, “que no tenían idea de lo que estaban haciendo allí”. Según el informe, los británicos “se sintieron seguros y relajados” y se quitaron los cascos y los chalecos antibalas una vez dentro. Curiosamente, su enlace recuerda que “fingieron establecer contacto por radio, pero permanecieron sentados y no parecían estar planeando ninguna acción adicional”.

Los británicos tenían amplias razones para creer que se avecinaba un asalto a Srebrenica en las semanas anteriores. Como señala el informe del NIOD, el 8 de junio representantes musulmanes se reunieron con las JCO y les proporcionaron “planes detallados de un ataque inminente” al enclave. Sin embargo, “esto no hizo sonar ninguna alarma”, supuestamente debido a la frecuencia con la que durante los tres años anteriores habían circulado rumores infundados sobre una inminente invasión del VRS, el ejército de la República Srpska, a Srebrenica.

El informe del NIOD señala que los JCO también dudaron de un “ataque inminente”, ya que “no recibieron ninguna evidencia que confirmara el plan”. Los funcionarios holandeses argumentan que es un indicativo de que “los servicios de inteligencia británicos no conocían tales planes”. Sin embargo, los JCO consideraron que esta información era suficientemente significativa, informaron a los dirigentes del Dutchbat, el Batallón Alemán de cascos azules. Archivos desclasificados del Ministerio de Defensa británico indican que en ese momento el MI6 creía que “los serbios atacarían Srebrenica”.

No era la misma información proporcionada por los musulmanes a las JCO. Los archivos desclasificados muestran que el MI6 compartió su inteligencia con Amsterdam, y el NIOD solicitó permiso para citarlo en su informe sobre Srebrenica. Londres se negó, con la excusa de proteger sus fuentes y la prevención de que su “material” fuera utilizado en “procedimientos públicos/legales fuera de Reino Unido”.

Los mismos documentos advertían que los británicos que testificaron en una investigación de la ONU sobre Srebrenica debían guardar silencio sobre lo que sabían. “Si se les pregunta sobre la existencia de información de inteligencia relacionada con los acontecimientos en Srebrenica, deberían simplemente responder que no están autorizados a discutir tales asuntos”, afirman los archivos.

¿Podemos permitir que Srebrenica caiga?

El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), creado y financiado por la OTAN, concluyó que la planificación del asalto a Srebrenica no comenzó hasta el 30 de junio, una semana antes de su ejecución.

Esto plantea la pregunta obvia de cómo el MI6 y las fuerzas musulmanas supieron de forma independiente a principios de ese mes que era inminente un ataque, y qué previeron exactamente. Según el TPIY, inicialmente el VRS, el ejército de República Srpska, tenía simplemente la intención de ahuyentar a las unidades militares musulmanas que operaban alrededor de Srebrenica y luego rodearla para evitar nuevos ataques contra el territorio de los serbios de Bosnia. No se trataba de atacar el enclave mismo.

Con sólo 2.000 soldados del VRS involucrados en la operación y aproximadamente 6.000 soldados musulmanes esperándolos en Srebrenica y sus alrededores, no se esperaba que fuera una victoria fácil. La decisión de invadir el enclave se tomó el 9 ó 10 de julio, después de que el VRS prácticamente no encontrara oposición en el camino.

Un memorando del Ministerio de Defensa británico del 11 de julio señalaba que “el reciente ataque del BSA [ejército serbio de Bosnia] a Srebrenica fue provocado por constantes ataques [musulmanes] durante los tres meses anteriores a la ruta de suministro del BSA al sur del enclave”.

”La acción de los BSA es una respuesta directa a la presión [musulmana] sobre una línea de comunicación de los BSA y los BSA reaccionaron obligando a [los musulmanes] a retroceder hacia Srebrenica… Los serbios encontraron que había poca resistencia por lo que pudieron explotar más allá de su objetivo original”.

Esta falta de resistencia aparentemente dejó atónito a Dutchbat, el Batallón Alemán de cascos azules. El 6 de julio informaron a las fuerzas musulmanas que si el VRS entraba en Srebrenica, les entregarían las armas que la ONU tenía en la zona, que contenía un arsenal considerable, incluidas armas pesadas. Pero cuando llegó el VRS, los musulmanes “no aprovecharon la oportunidad”, según un informe del Dutchbat.

“Las ventajas militares parecen haber sido que los defensores al menos resistieron durante bastante más tiempo y han infligido al [VRS] mayores pérdidas de las que se creían”, concluyó un informe separado del Observador Militar de la ONU. Sin embargo, “los dirigentes [musulmanes] parecen haber actuado en realidad contra sus propios intereses para llevar a cabo una defensa exitosa, con poca coordinación… y ningún intento de apoderarse de las armas pesadas en poder de la ONU”.

Autorizaron al Dutchbat a solicitar ataques aéreos de la OTAN, lo que hicieron con creciente urgencia a medida que el VRS abrumaba a Srebrenica. Sin embargo, la alianza no aprobó la intervención hasta el 11 de julio, cuando se completó la captura total del enclave. Geoffrey Nice, un controvertido abogado británico que dirigió varios procesos ante el TPIY, ha desenterrado un acuerdo secreto alcanzado en mayo de 1995 entre Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos según el cual no habría ninguna campaña de bombardeos para defender la zona.

Las operaciones secretas del SAS durante la masacre

El acuerdo también podría explicar el extraño comportamiento de las JCO durante la caída de Srebrenica. Evidentemente, las fuerzas musulmanas locales esperaban ataques aéreos de la OTAN una vez que llegara el VRS y, aparentemente, los británicos les dieron amplias razones para creer que se producirían. Sus falsas promesas pueden explicar la falta de resistencia de los musulmanes contra las incursiones del VRS.

Una vez que el VRS tuvo el control total de Srebrenica, evacuaron a mujeres y niños musulmanes, mientras detenían a los varones en edad militar, aunque algunos de sus cautivos eran considerablemente más jóvenes y mayores. Su objetivo era identificar a los responsables de los ataques a zonas serbias. Al respecto el NIOD informa que entonces un alto oficial militar holandés “hizo varios intentos” de verificar las acusaciones de “crímenes de guerra” en el enclave, que incluyeron ordenar a “alguien” que preguntara a los JCO si habían descubierto pruebas en ese sentido.

Los agentes del SAS supuestamente informaron muy poco, a pesar de las prolongadas ausencias periódicas del cuartel general del Dutchbat durante y después de la captura de Srebrenica por el VRS. El NIOD señala que “poco después de la caída” del enclave, un representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y su intérprete presenciaron cómo uno de los soldados británicos regresaba a la base una noche, “completamente empapado de barro”, como si sólo hubiera estado arrastrándose”.

Tal actividad se vuelve aún más sospechosa, dado que los JCO aparentemente “como medida de precaución, destruyeron su equipo especial de comunicaciones” el 11 ó 12 de julio. Esto supuestamente resultó en una “ruptura de las comunicaciones” entre ellos y el curioso oficial militar holandés durante algún tiempo después, exactamente cuando supuestamente comenzó la masacre de la población masculina de Srebrenica.

Como las autoridades británicas prohibieron al NIOD hablar con los agentes del SAS, no hay información sobre sus actividades durante este período ni sobre si pudieron haber recibido órdenes. Otro oficial militar holandés que intentó rastrear a los agentes del SAS a través de la misión diplomática británica en La Haya fue rechazado, una decisión que sospechaban que se debía a “la sensibilidad política de la presencia de los británicos en Srebrenica en el momento de la caída”.

El NIOD se enteró de que tres de los JCO recibieron honores militares británicos por su servicio en Srebrenica. Desde su puesto de observación, el 11 de julio el SAS podía monitorear atentamente la situación en el terreno y notificar a sus controladores cuando se completara la toma del enclave. ¿Asegurarse de que esto se cumpliera era su misión real? ¿Sintieron “alivio” esa sombría mañana porque recibieron la confirmación de que los ataques aéreos ordenados por el batallón holandés no se materializarían hasta que fuera demasiado tarde?

La ‘trampa’ de Srebrenica

Cuando en abril de 1993 Srebrenica fue designada “zona segura” por la ONU, los dirigentes musulmanes advirtieron que su población estaba “amenazada de extinción” y que “miles de mujeres, niños y ancianos” serían masacrados si el VRS se apoderaba del enclave. Sin embargo, curiosamente, tanto el gobierno de Sarajevo como las fuerzas militares musulmanas locales bloquearon repetidamente los intentos de la ONU de evacuar la zona.

Ese mes, combatientes armados rodearon un enorme convoy de la ONU destinado a transportar a miles de habitantes de Srebrenica a un lugar seguro, lo que llevó al comandante musulmán Naser Oric a rechazarlo. Afirmó que no se podía permitir el rescate, ya que conduciría a la ocupación del enclave por parte del VRS.

El general Philippe Morillon, que comandó las fuerzas de paz de la ONU en Bosnia en 1992/93, ha planteado un razonamiento bastante diferente. Afirmó que el presidente de Sarajevo, respaldado por Occidente, Alija Izetbegovic, saboteó los esfuerzos de evacuación porque “no estaba en condiciones de ganar una batalla estratégicamente”:

“El objetivo de la Presidencia de Bosnia, desde el principio, fue asegurar la intervención de las fuerzas internacionales para su propio beneficio… es una de las razones por las que nunca estuvieron dispuestos a entablar conversaciones”.

En 1993, dijo Morillon, previó que “algo terrible” sucedería en Srebrenica debido al uso del enclave por parte de Oric () para atacar el territorio de los serbios de Bosnia. Con frecuencia atacaban pueblos indefensos y no tomaban prisioneros, incluso en días festivos religiosos, las tropas de Oric tenían una reputación temible de torturar, mutilar y asesinar brutalmente a sus víctimas. A pesar de mostrar alegremente imágenes de vídeo de esta espeluznante obra a periodistas occidentales, nunca fue procesado ni castigado por sus crímenes ().

Estas tácticas sumergieron a los musulmanes y serbios bosnios en un ciclo “infernal” de violencia, sostiene Morillon, lo que significa que cuando el VRS invadió Srebrenica, “querían vengarse de todo lo que atribuían a Naser Oric”. En las semanas previas al asalto, las fuerzas de Oric eludieron a las fuerzas de paz de la ONU para atacar áreas civiles serbias de Bosnia cerca del enclave en múltiples ocasiones, arrasando casas, robando ganado, matando a los vecinos y dejando a los supervivientes sin hogar.

El reconocimiento de que tales acciones provocarían inevitablemente una represalia brutal podría explicar por qué el ejército musulmán advirtió al Dutchbat que se avecinaba un ataque a Srebrenica. Según Morillon, la masacre que supuestamente se desarrolló era exactamente lo que querían las fuerzas occidentales y los dirigentes musulmanes.

El VRS “entró en una emboscada en Srebrenica, una trampa, de hecho”, y la población fue “víctima de un interés superior… ubicado en Sarajevo y Nueva York”, explicó. Mientras tanto, el jefe de policía de Srebrenica en tiempos de guerra ha afirmado repetidamente que Izetbegovic le dijo que si el VRS invadía el enclave y masacraba a 5.000 musulmanes, ello conduciría directamente a la intervención de la OTAN.

Esa versión está corroborada por el informe del Secretario General de la ONU sobre la captura de Srebrenica. Izetbegovic dijo abiertamente a los miembros de una delegación musulmana enviada a las conversaciones de paz en un buque de guerra británico en septiembre de 1993: “La intervención de la OTAN en Bosnia y Herzegovina era posible, pero sólo podría ocurrir si los serbios irrumpían en Srebrenica, matando al menos a 5.000 de su población”.

¿Qué esconden los británicos?

Como aparentemente predijo Izetbegovic, la intervención de la OTAN finalmente se produjo a finales de agosto de 1995, en forma de una campaña de bombardeos de un mes de duración contra el VRS, que mató a hasta 2.000 civiles. Tres meses después, se firmó el Acuerdo de Dayton y la guerra llegó a su fin.

Posteriormente, varios dirigentes serbios de Bosnia fueron condenados por genocidio por el TPIY, que los acusó de participar en una “empresa criminal conjunta” al capturar Srebrenica. Según esta extraordinaria y muy controvertida doctrina jurídica, un acusado puede ser declarado culpable de delitos que no cometió, aprobó ni conoció personalmente en el momento en que los cometió.

Ninguno de los juicios produjo pruebas de que alguna vez se hubiera dado una orden a ningún nivel de mando para masacrar a la población masculina de Srebrenica. Cuando el TPIY condenó al general Radislav Krstic por genocidio, el tribunal admitió que el comandante del cuerpo multiétnico del VRS que se apoderó de Srebrenica no sólo no estaba al tanto de los presuntos crímenes de guerra ni estaba involucrado en ellos, sino que ordenó explícitamente a sus soldados que no dañaran a los civiles.

Sólo una persona fue condenada por el TPIY por participación directa en Srebrenica: un soldado devastado por el trastorno de estrés postraumático llamado Drazen Erdemovic. A cambio de testificar en múltiples juicios ante el Tribunal (a pesar de que los expertos lo consideraron mentalmente incapaz de ser juzgado), cumplió sólo tres años y medio de prisión y luego ingresó en un programa de protección de testigos. Durante sus numerosas apariciones en el Tribunal, claramente preparadas, se le escapó la memoria sobre muchos hechos clave, incluido su propio rango militar, cuántas personas ejecutó personalmente, cuántas personas mató su unidad en total, cuándo ocurrió la masacre y quién dio la orden de llevarlo a cabo.

Erdemovic finalmente optó por el escenario inverosímil de que un soldado de bajo rango de su unidad le transmitió las instrucciones genocidas en nombre de un coronel cuya identidad afirmó desconocer y que nunca ha sido determinada. De manera igualmente inverosímil, afirmó que su unidad masacró hasta 1.200 personas en grupos de 10 a la vez, en sólo cinco horas. A pesar de implicar a ocho compañeros soldados en su testimonio, el TPIY nunca los procesó, ni siquiera los interrogó como testigos.

La inteligencia británica jugó un papel importante en la recopilación de pruebas de crímenes de guerra en Yugoslavia para el TPIY. Jueces y abogados británicos bien conectados fueron figuras centrales durante todo el proceso, que duró 23 años. Las autoridades británicas -incluido el SAS- tomaron la iniciativa en la captura de los serbios de Bosnia acusados por el Tribunal. Uno de los genocidas condenados, Radovan Karadzic, se encuentra actualmente encarcelado en Gran Bretaña. Sin embargo, en ningún momento durante los juicios se mencionó a la unidad secreta del SAS que operaba en Srebrenica, y mucho menos se la llamó a testificar.

Es difícil determinar si eso implica que su testimonio podría haber planteado problemas a los fiscales del TPIY, o si tienen algo siniestro que ocultar. Pero los británicos bloquearon sistemáticamente las propuestas para revocar un embargo de la ONU sobre los envíos de armas a las fuerzas musulmanas durante la guerra, aparentemente debido al gobierno estadounidense. El presidente Clinton describió el deseo de Londres de “una restauración dolorosa pero realista de la Europa cristiana”.

A pesar de los miles de musulmanes muertos, ese deseo no se ha cumplido. Sin embargo, para aquellos que esperaban balcanizar el último gran Estado multiétnico que quedaba en el continente, la guerra fue un éxito rotundo.

Kit Klarenberg https://strategic-culture.su/news/2023/12/30/mass-graves-grave-questions-britains-secret-srebrenica-role/

(*) Naser Oric dirigía las fuerzas del ejército bosnio en Srebrenica. En 2006 fue condenado a dos años de prisión por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

Fracasa la ‘revolución de colores’ en Serbia

Tras las últimas elecciones, los resultados no fueron los esperados por las potencias occidentales y Serbia ha experimentado un intento de “revolución de colores” ​​en las calles. Siguiendo el modelo ucraniano, se trataba de someter el país a los intereses imperialistas. Pero Serbia no es Ucrania.

El 18 de diciembre, el presidente serbio Alexandre Vuçic anunció que la coalición presidencial había obtenido la mayoría absoluta en las elecciones legislativas. Las manifestaciones llenaron las calles a partir del 24, retomando el pretexto del fraude electoral.

Cualquier parecido con Maidan no es casualidad. Incluso el edificio de la administración en Belgrado fue pintado con los colores de la bandera ucraniana.

La oposición enarbola las banderas de Unión Europea. Se la califica como “democrática” y al gobierno como “autoritario”. Naturalmente, los “demócratas” han triunfado en las urnas, pero el gobierno ha orquestado un pucherazo.

Los manifestantes salieron a las calles e intentaron tomar los edificios oficiales, pero fueron rechazados por la policía. Hubo daños porque era lo previsto para los titulares de los medios.

Los servicios secretos rusos advirtieron al gobierno serbio de los planes de las potencias occidentales, indicando la fecha y el lugar. La policía serbia estaba en el lugar adecuado y en el momento adecuado.

“Sólo puedo decir gracias, y esto probablemente no agradará a Occidente, pero realmente creo, especialmente esta noche, que es importante defender a Serbia y agradecer a la gente de la inteligencia rusa, que tenía toda esa información y la compartió con nosotros y nosotros con los demás. Y todos los demás decían: ‘No, es desinformación rusa’”, explicó la primera ministra Ana Brnabic.

“Es un intento de privarnos de nuestra independencia y nuestra soberanía”, dijo Vuçic, el presidente de la República. El lunes por la mañana, el alcalde en funciones de Belgrado, Aleksandar Sapic, mostró las consecuencias. “Ahora ves lo exacto que es el término ‘maidanización’”, mostrando las imágenes de las ventanas rotas, muebles destruidos, equipos de oficina dañados y la basura esparcida por el suelo.

Según Vulin, antiguo ministro de Defensa y director de la contrainteligencia serbia, el movimiento fue organizado desde el extranjero: “Hubo un fuerte apoyo de Occidente […] Estos disturbios tienen un nombre oficial”, conocido por “Euromaidan”, añadió.

Según Vulin, a los países occidentales les gustaría hacer en Serbia algo parecido a Ucrania. Occidente apoya la violencia en las calles de Belgrado. Al mismo tiempo, obviamente, los medios de comunicación y los políticos occidentales se quejan de los “pobres manifestantes” y lamentan los “excesos totalitarios” de un gobierno que defiende a su país de la injerencia extranjera.

Las “revoluciones de colores” han perdido el elemento sorpresa, que era su fuerte. El ejemplo ucraniano crea un enorme rechazo. Los movimientos desestabilizadores no pueden tener éxito sin alguna traición de los de arriba, de los vendidos.

El gobierno serbio ha anunciado que los detenidos durante los disturbios serán juzgados y castigados, incluso aunque los caciques atlantistas pidan su liberación en nombre de la tregua de Navidad.

Tras los disturbios, Vuçic recibió al embajador ruso, Alexander Botsan-Jarchenko, quien afirmó: “Belgrado tiene información de que las protestas cuentan con el apoyo de Occidente y es irrefutable. El intento de derrocar al gobierno sobre la base de la revolución de Maidan está relacionado con la posición del presidente [Vuçic] sobre el incumplimiento de las sanciones contra Rusia”, aclaró.

El no alineamiento de Serbia con la posición atlantista coloca al país en la vanguardia de las desestabilizaciones destinadas a derribar a los países que no se someten. El Primer Ministro polaco, Donald Tusk, lo ha convertido en toda una doctrina: movilización general de los países europeos contra Rusia.

Las ONG colonizan los despojos de la antigua Yugoeslavia

En noviembre se cumplió el 28 aniversario de la firma del Acuerdo de Dayton, mediado por Estados Unidos, que puso fin a la guerra por poderes en Bosnia después de tres años y ocho meses. Es un evento que pocos celebran, aunque hubo muchos aplausos en Sarajevo dos días después, cuando Stuart Seldowitz, el hombre que dirigió las negociaciones junto con Washington, fue detenido acusado de someter a musulmanes estadounidenses a viles insultos.

La guerra en Bosnia –alentada, financiada, armada y prolongada en cada etapa por Estados Unidos– desgarró una república de la Yugoslavia socialista que antes era armoniosa, inclusiva y próspera. En total, 100.000 personas murieron y muchas más resultaron heridas. Croatas, musulmanes y serbios, que se consideraban amigos, vecinos y parientes, se vieron sumidos en un círculo vicioso de violencia.

Al finalizar los combates, gran parte de la industria y la infraestructura del país acabaron destruidas, muchas comunidades fueron desplazadas y divididas, y se generalizó una hostilidad étnica y religiosa que antes no existía.

Dayton impuso a Bosnia una constitución altamente discriminatoria, cuya legalidad en partes importantes fue impugnada con éxito ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

También impuso un sistema político burocrático, el más complejo del mundo. El país está dividido entre Bosnia-Herzegovina, de mayoría croata y musulmana, y la República Srpska, de mayoría serbia. Ambos tienen sus propios gobiernos y parlamentos con poderes propios. Croatas, musulmanes y serbios eligen además en Sarajevo a los diputados de la Asamblea bosnia y a los tres presidentes. Para que la legislación se apruebe a escala nacional, todos tienen que estar de acuerdo, lo que rara vez sucede.

Es un sistema que garantiza el estancamiento y las crisis políticas recurrentes. Las leyes y regulaciones rara vez se implementan y el gobierno nacional nunca ha respondido efectivamente a las necesidades de sus ciudadanos de manera tangible.

La inercia política impuesta por Dayton finalmente convenció a la República Srpska de tomar el poder político por la fuerza en varias áreas clave. Esto le permitió implementar reformas, regulaciones y leyes a escala local que probablemente no podrían implementarse a escala nacional.

Por lo tanto, la República Srpska está mucho más madura para ser miembro de la Unión Europea que el país en su conjunto o su contraparte en Bosnia -Herzegovina. Es irónico, dado que Milorad Dodik favorece a los Brics por delante de Bruselas. El último intento del gobierno de la República Srpska de tomar el asunto en sus propias manos mediante la implementación de una legislación que exige a las ONG extranjeras que operan en su territorio revelar sus fuentes de financiación y registrarse como agentes extranjeros ha resultado en un choque con Estados Unidos y la Unión Europea.

Milorad Dodik continuó sin inmutarse, puso fin a toda cooperación con las embajadas estadounidense y británica de Bosnia y amenazó abiertamente con la secesión. En la República Srpska dicen que la ley es necesaria debido a un marco legal extremadamente inadecuado que rige las actividades de las ONG en Bosnia y una falta generalizada de transparencia sobre quién o qué financia estas entidades y sus verdaderos objetivos.

Estas preocupaciones son totalmente legítimas y deben abordarse con urgencia. Sarajevo es una demostración palpable y única del debilitamiento del impacto y la influencia de las ONG occidentales en el exterior, lo que ofrece lecciones obvias y serias para los países en desarrollo de todo el mundo.

El Virey de Bosnia

En la cima de la bizantina estructura política impuesta por Dayton en Bosnia se encuentra la Oficina del Alto Representante. No tiene un mandato fijo ni es elegido por la población bosnia. Lo nombra un comité directivo del Consejo de Implementación de la Paz de 11 miembros, compuesto por representantes de los estados miembros de la OTAN, la Unión Europea, Rusia y Turquía.

Desde la creación de este cargo en 1995, los máximos representantes siempre han venido de Europa y sus suplentes de los máximos representantes americanos tienen la capacidad unilateral de ignorar los vetos presidenciales, bloquear e imponer leyes, decidir quién puede o no presentarse a un cargo, despedir a los funcionarios públicos, incluidos jueces y políticos electos, ocupar cargos sin apelación, prohibir a nadie ocupar cargos de por vida, congelar sus cuentas bancarias y mucho más.

El veterano político británico Paddy Ashdown, un experto en el tema, comentó una vez que el cargo ejerce “poderes que deberían hacer sonrojar a cualquier liberal”. Como Alto Representante desde mayo de 2002 hasta enero de 2006, fue conocido como el “Virey de Bosnia”. Ashdown despedía habitualmente a funcionarios públicos si se negaban a seguir la senda indicada por Occidente en todos los ámbitos, nacionales y extranjeros, y despidió a 58 personas en un solo día en junio de 2004.

En diciembre de ese año, defenestró al Primer Ministro de la República Srpska y a la mayoría de de los representantes serbios del gobierno nacional bosnio por negarse a apoyar la incorporación de Sarajevo en la OTAN. Los medios contemporáneos caracterizaron estos excesos autocráticos como “derrocar a los votantes para salvar la democracia”.

Bosnia hoy se parece a una colonia tradicional del sur. Pero el Alto Representante no es el único funcionario extranjero con enorme poder. Por ejemplo, el primer gobernador del banco central de Sarajevo, que, en palabras de Dayton, “no puede ser ciudadano de Bosnia-Herzegovina o de un estado vecino”, fue nombrado por el FMI. Aunque los locales ahora pueden ocupar ese cargo, todavía necesitan la aprobación occidental. Como informó el Wall Street Journal en agosto de 1998:

“Miles de diplomáticos internacionales, defensores de los derechos humanos y soldados dirigen ahora el país emergente como un cuasi protectorado, siendo la presencia estadounidense, con diferencia, la mayor. Juntos redactan leyes, brindan seguridad, determinan la política monetaria y negocian acuerdos sobre todo, desde la construcción de mezquitas hasta los colores de la bandera nacional […] Un neozelandés se sienta a la cabeza del banco central. Un antiguo policía de Los Ángeles es subjefe de la policía internacional de Bosnia”.

25 años después, poco ha cambiado. En el centro de la construcción y mantenimiento del sistema colonial “independiente” de Bosnia estaban las decenas de miles de “fuerzas de paz” de la OTAN. Después de Dayton, impusieron a la población, a punta de pistola, reformas despreciadas localmente y aprobadas por Occidente, como el cierre de la policía “socialista” de Sarajevo y los medios de comunicación que criticaban la ocupación de la OTAN.

Un funcionario extranjero describió la situación como “32.000 soldados extranjeros exigiendo que un país haga lo que quiera”. Los cascos azules de la OTAN todavía patrullan hoy las calles de Sarajevo. Sus contrapartes de “poder blando” son un gran número de ONG occidentales. Dayton asignó miles de millones de dólares estadounidenses para la reconstrucción, específicamente destinados a ser proporcionados por organizaciones extranjeras sin fines de lucro. En cuestión de meses, cientos de personas se asentaron localmente y la inundación no hizo más que intensificarse a partir de entonces.

Hoy en día hay alrededor de 25.600 en Bosnia y en la República Srpska viven más de 7.500. No está claro cuántos de estos proyectos están financiados desde el extranjero, pero probablemente sean casi todos. Las ONG extranjeras actúan en todos los ámbitos imaginables de la vida pública, política e incluso cotidiana de Bosnia. Reconstruyen sus casas y construyen otras nuevas. Brindan asesoramiento a sobrevivientes de violaciones y veteranos traumatizados. Supervisan los programas escolares y los programas profesionales. Distribuyen alimentos, medicinas y asistencia financiera a personas mayores y grupos marginados. Encabezan iniciativas de extensión comunitaria y campamentos de verano para jóvenes. Promueven la tolerancia religiosa y los derechos humanos.

Están haciendo todo lo que hizo el Estado yugoslavo, algo que el gobierno bosnio moderno no puede hacer. No hay duda de que inmediatamente después de la guerra, algunas ONG bosnias hicieron contribuciones extremadamente valiosas en áreas cruciales. Sin embargo, en ese momento, los actores de la sociedad civil local estaban profundamente preocupados por la repentina afluencia de organizaciones occidentales sin experiencia y con poco conocimiento de la cultura, la historia o la situación del país. Estaba muy extendida la impresión de que algunos estaban interesados ​​principalmente en realizar trabajos de alto perfil, bien remunerados y políticamente convenientes.

Gastar enormes sumas de dinero es un fin en sí mismo

Las potencias internacionales que financian estas ONG a veces no entienden lo que Bosnia y su gente realmente necesitan y consideran que gastar enormes sumas de dinero en el país es un fin en sí mismo. En abril de 1998 la Unión Europea creó una fundación por la democracia en Sarajevo. Entre otras ONG bosnias patrocinadoras, la Fundación Open Society expresó su consternación porque las iniciativas propuestas duplicarían el trabajo ya realizado y los proyectos ya financiados por otras entidades extranjeras.

No se aprendió ninguna lección de la debacle. Una investigación de 2011 realizada por el Institute for War and Peace Reporting (IWPR) concluyó que “a pesar de la existencia de un gran número de ONG establecidas específicamente para ayudar a quienes sufrieron en la guerra de Bosnia, con demasiada frecuencia no logran proporcionar soluciones a largo plazo a quienes las necesitan. Tantas ONG que hacen prácticamente lo mismo conducen a una superposición generalizada de servicios, lo que deja a los ciudadanos confundidos sobre dónde acceder a la ayuda y a las organizaciones sin saber exactamente a quién ayudar. La entrada masiva de dinero extranjero a las ONG bosnias también promueve inevitablemente la corrupción. Son comunes las historias de dinero de ayuda mal asignado, desviado o asignado a organizaciones que emplean a amigos, familiares y aliados de funcionarios públicos”.

IWPR menciona al jefe de la policía financiera de Sarajevo diciendo que “ni una sola” ONG en el país estaba “gastando el dinero del presupuesto de manera transparente”. Entre las numerosas investigaciones que su equipo llevó a cabo sobre las actividades de las ONG locales, siempre detectaron irregularidades:

“Cuando investigamos las transacciones financieras de algunas de estas [ONG], descubrimos que pagaban dietas a su personal por visitas de campo que nunca se llevaron a cabo. También pagaron dinero por servicios que nunca se prestaron. Ha habido casos en los que se celebraron conferencias u otros grandes eventos y las personas recibieron grandes sumas de dinero sin ninguna descripción de los servicios que se suponía que debían haber prestado”.

‘Olvídate de la estrategia de salida’

Estos problemas producen un ciclo profundamente tóxico que se perpetúa a sí mismo. Los ciudadanos se ven obligados a depender de entidades extranjeras para casi todo. Es un entorno que recuerda directamente la dependencia impuesta por los sistemas coloniales históricos.

A los bosnios no se les enseña a pescar; de hecho, a menudo ni siquiera se les da pescado. El resultado inevitable de inundar Bosnia con personal, organizaciones y estructuras extranjeras fue ampliamente reconocido por fuentes occidentales desde el principio. Un editorial de febrero de 1998 en The Economist decía que “el protectorado parece no tener límites”, citando a un asistente del entonces Alto Representante, el español Carlos Westendorp: “No sabemos lo que no podemos no hacer”.

Esto podría significar que los residentes se olviden de gobernarse a sí mismos. Los actores extranjeros dominan el gobierno de Bosnia en todos los niveles, lo que plantea preguntas preocupantes sobre cómo funcionará el Estado sin flujos continuos de ayuda externa y supervisión internacional directa. Un asesor de la Oficina se lamentó: “Nos hemos involucrado profundamente en el funcionamiento del Estado […] Ejercemos un control sin precedentes sobre los poderes legislativo y ejecutivo del gobierno. Pero no sabemos cómo saldremos de esto, cómo no perpetuaremos la cultura de dependencia de Bosnia”.

El debilitamiento de la población local al depender de ONG extranjeras fue una estrategia decidida y deliberada de los colonizadores occidentales de Sarajevo. En noviembre de ese año, un funcionario estadounidense exigió que los funcionarios bosnios hicieran “muchos más avances en materia de privatizaciones” y crearan un clima permisivo para la inversión extranjera: “Ha llegado el momento y, de hecho, ya es hora de que los gobiernos de Bosnia hagan la transición –y deberían hacerlo rápidamente– hacia una economía de mercado sostenible. Estamos dispuestos a interrumpir proyectos, programas, cualquier cosa que pueda llamar su atención”.

En otras palabras, si Sarajevo no se doblega lo suficiente a los intereses financieros occidentales, su panoplia de organizaciones sin ánimo de lucro desaparecerá, dejando al país con un gobierno nacional, una sociedad civil y una economía que apenas funcionan, un sistema sanitario y de bienestar muy reducido, y ninguno de estos sistemas tendrá los componentes esenciales, los conocimientos especializados o la experiencia para reconstruir o reemplazar lo que se ha perdido. En efecto, Bosnia volvería a su situación inmediatamente posterior a la guerra.

El fracaso de los esfuerzos para producir algo parecido a la democracia en Bosnia es enteramente intencional. Un alto diplomático estadounidense en Sarajevo afirmó una vez haber dicho a los funcionarios estadounidenses en el país y en casa que “olvidaran la estrategia de salida” porque no había ninguna. “No nos alejaremos de esto”, explicó, porque “somos el soporte vital.

Esta perspectiva continúa hoy. Los funcionarios occidentales han afirmado repetidamente que la legislación de la República Srpska disuadiría a las ONG de operar en Bosnia, en detrimento de su población. A principios de este año se esgrimieron argumentos similares cuando Georgia intentó implementar una ley idéntica. La Fundación Open Society, creada por George Soros y financiada por muchas ONG en Tbilisi, emitió una declaración advirtiendo que las entidades financiadas con fondos extranjeros huirían del país en respuesta:

“Este proyecto de ley pretende dejar indefensos a los niños y mujeres maltratados; personas con discapacidad, minorías, científicos, trabajadores y jóvenes; dejar de brindar asistencia a familias socialmente vulnerables, agricultores, mineros, desplazados internos, personas sin hogar, despedidos ilegalmente, detenidos y otras personas que luchan por sus derechos; silenciar las voces de las personas que viven en las periferias del país, que sólo pueden comunicar sus problemas a través de medios independientes”.

La impactante implicación de esta amenaza de que las ONG preferirían cesar su trabajo, que potencialmente salva vidas, e infligir un daño enorme a la sociedad, en lugar de revelar públicamente sus fuentes de financiación, aparentemente pasó desapercibida para los periodistas occidentales que citaron esta declaración en sus informes sobre la controversia. El enigma de por qué las ONG extranjeras desempeñan todas estas funciones, en lugar de los georgianos y su gobierno, también sigue sin explorarse. Al final, Tbilisi se convenció de no aprobar esta ley. Las ONG respaldadas desde el extranjero, encabezadas por diplomáticos y fundaciones occidentales, organizaron encarnizadas protestas que amenazaron con convertirse en una insurrección antes de que el gobierno diera marcha atrás.

Todavía no hay signos de tal malestar en Bosnia, pero la determinación de Dodik sólo puede considerarse inaceptable en el negocio mafioso del imperio estadounidense. Después de todo, una explotación colonial que se desvía de las reglas y no paga a tiempo el dinero de su protección corre el riesgo de fomentar comportamientos anárquicos similares en otros lugares.

La transparencia está prohibida

Los funcionarios occidentales han descrito la legislación sobre agentes extranjeros como una brutalidad gratuita y autoritaria, comparable a los excesos de Rusia. Sin embargo, está muy claro, bajo el sistema político de Bosnia impulsado desde el extranjero, que hacer cualquier cosa requiere tomar medidas decisivas, y las ONG representan un obstáculo importante para esta acción.

También permiten y fomentan la corrupción a la que la Unión Europea y Estados Unidos dicen oponerse en Sarajevo. En la denigración legalista del Consejo de Europa de la “ley de agentes extranjeros”, se la caracteriza repetidamente como antidemocrática con el argumento de que la transparencia de las instituciones y organizaciones públicas es una norma que sólo vale para los países occidentales y, por lo tanto, es ilegítima para los demás.

Aparentemente, aunque la ley no es compatible con la democracia, los dirigentes supremos no electos designados desde el extranjero, la presencia de decenas de miles de tropas de la OTAN con un pasado bélico y las instituciones públicas construidas y atendidas por personal extranjero lo son de una manera u otra. Hoy en día, en muchos círculos, la credibilidad democrática percibida de los estados a menudo depende del número de ONG que operan a nivel local y de la legislación –o la falta de legislación– que rigen sus actividades.

Sin embargo, Bosnia es una prueba viviente de que una profusión de ONG, especialmente aquellas financiadas con fondos extranjeros, no sólo es un pobre indicador de democracia, sino que obstaculiza activamente la democratización y el desarrollo. Las ONG crean burocracia entre los ciudadanos y su gobierno y obstaculizan su capacidad para gobernarse a sí mismos. Una vez creada esta burocracia, es extremadamente difícil eludirla, y mucho menos desalojarla de manera decisiva, sobre todo porque cualquier intento de regular o restringir las operaciones de las ONG encontrará una feroz resistencia por parte de los patrocinadores de esas organizaciones y un torbellino de acusaciones de autoritarismo.

Desde la perspectiva de Occidente, este es precisamente el objetivo de obligar a los gobiernos a ceder su soberanía y jurisdicción a entidades extranjeras.

Kit Klarenberg https://mintpressnews.fr/enslaved-nonprofits-how-ngos-colonize-developing-countries/286444/

La OTAN pone a Serbia contra las cuerdas

En la segunda quincena de junio Serbia y la OTAN realizarán maniobras militares conjuntas, denominadas Platinum Wolf, en el sur del país, cerca de la frontera con Kosovo.

Desde el inicio de la Guerra de Ucrania, el gobierno de Belgrado había declarado una moratoria de las maniobras militares con socios extranjeros, entre ellos Rusia y Bielorrusia. En este caso el Ministerio de Defensa serbio ha hecho una excepción.

Además, Serbia ha entregado armas a Ucrania y ha expresado su voluntad de proporcionar asistencia militar al gobierno de Kiev. Es una información que lleva tiempo apareciendo en los medios de comunicación y que Belgrado siempre ha desmentido.

Serbia todavía no ha abandonado su neutralidad militar, aunque está obligada a dar pasos hacia la cooperación con la OTAN. El plan es expulsar a Rusia de los Balcanes y acabar con las buenas relaciones entre ambos países.

Serbia firmó un acuerdo de asociación con la OTAN en 2015. La Alianza obtuvo el libre tránsito para sus tropas, con inmunidad dentro del territorio, así como la posibilidad de utilizar las infraestructuras militares del país.

Además, Belgrado aceptó un intercambio de información con la OTAN y la Unión Europea, así como el adiestramiento de oficiales según los estándares de la OTAN. Es un ingreso informal en la Alianza, aunque aparentemente el país mantiene su estatus de no alineado. En 2019 Belgrado adoptó una nueva asociación que refuerza sus lazos con la Alianza imperialista.

En cuanto a la reacción internacional al anuncio de las maniobras, Estados Unidos y sus aliados europeos lo acogieron con natural satisfacción, subrayando que una estrecha cooperación militar con Serbia contribuiría sin duda a la rápida consecución de objetivos comunes en nombre de la estabilidad en los Balcanes.

Por su parte, Rusia declaró que seguiría de cerca las próximas maniobras. La reacción de Moscú también es comprensible, pues se trata de un país europeo amigo que no ha trazado una línea divisoria en sus relaciones bilaterales a pesar de las considerables presiones exteriores.

A Moscú le gustaría que Serbia no se viera arrastrada por la histeria antirrusa y que su territorio no se convierta en una nueva cabeza de puente para avivar aún más la crisis ucraniana.

No puede decirse que Serbia esté cooperando voluntariamente con la OTAN. El país balcánico recuerda los horribles crímenes de 1999, cuando la Alianza lanzó una brutal operación de bombardeo contra belgrado. Ese recuerdo vivirá siempre en los corazones del pueblo serbio. Sin embargo, el gobierno se ve obligado a hacer ciertas concesiones debido a las presiones de Estados Unidos y Europa, así como a la compleja situación en los Balcanes y en Europa, en general.

Serbia está rodeada de países de la OTAN sometidos a las presiones de Washington. No tiene acceso al mar. No tiene frontera terrestre con Rusia. El país está siendo chantajeado con Kosovo y amenazado con sanciones si el gobierno no se pliega a los dictados de los imperialistas.

El actual presidente Aleksandar Vucic y su predecesor en el cargo, Tomislav Nikolic, proceden del Partido Radical Serbio de Vojislav Seselj, que adopta una postura nacionalista. Hay dudas sobre si han cambiado de opinión, pero ahora están obligados a mostrar una mayor flexibilidad hacia las potencias occidentales.

Pero ceder sirve de poco. Las exigencias de Occidente son cada vez más estrictas y están llevando poco a poco a Belgrado a un callejón sin salida. La intención de realizar maniobras militares con Serbia a pesar de su declarada moratoria sobre tales actividades no hace sino confirmarlo. Las maniobras pretenden favorecer la continua aspiración de Serbia a entrar en la órbita de la OTAN. Al mismo tiempo, aumenta la presión sobre la cuestión de Kosovo y las sanciones antirrusas, y la Unión Europea destina importantes fondos a la economía serbia. Son los eslabones en el empeño de aislar a Rusia de sus posibles aliados.

Estados Unidos dirigió la Guerra de Bosnia igual que las demás guerras por delegación

El mito establecido de la Guerra de Bosnia es que los separatistas serbios, alentados y dirigidos por Slobodan Milosevic y sus compinches en Belgrado, intentaron apoderarse por la fuerza de territorios croatas y bosnios con el objetivo de crear una “Gran Serbia” irredentista. En cada etapa, supuestamente purgaron a los musulmanes autóctonos en un genocidio concertado y deliberado, al tiempo que se negaban a entablar conversaciones de paz constructivas.

Este relato fue perpetuado agresivamente por los principales medios de comunicación de la época, y legitimada aún más por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), patrocinado por la ONU, una vez finalizado el conflicto. Desde entonces se ha convertido en axiomática e incuestionable en la conciencia occidental, reforzando la sensación de que la negociación equivale invariablemente al apaciguamiento, una mentalidad que ha permitido a los halcones de la guerra de la OTAN justificar múltiples intervenciones militares en los años posteriores.

Sin embargo, un vasto conjunto de cables de inteligencia enviados desde las tropas canadienses de mantenimiento de la paz en Bosnia al cuartel general de Defensa Nacional en Ottawa, publicado por primera vez por Canada Declassified a principios de 2022, demuestra que el relato es una sarta de mentiras.

Los documentos ofrecen una visión inigualable, de primera mano y en tiempo real, de la guerra tal y como se desarrolló, con la perspectiva de paz degradándose rápidamente en un aplastante baño de sangre que, en última instancia, condujo a la dolorosa muerte de la Yugoslavia multiconfesional y multiétnica.

Los soldados canadienses formaban parte de una Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (Unprofor) más amplia enviada a la antigua Yugoslavia en 1992, con la vana esperanza de que las tensiones no desembocaran en una guerra total y de que todas las partes pudieran llegar a un acuerdo amistoso. Permanecieron hasta el amargo final, mucho más allá del punto en que su misión se redujo a un miserable y potencialmente fatal fracaso.

El análisis cada vez más sombrío de la realidad sobre el terreno por parte de las fuerzas de paz ofrece una perspectiva franca de la historia de la guerra que se ha ocultado en gran medida al público. Es una historia de operaciones encubiertas de la CIA, provocaciones literalmente explosivas, entregas ilegales de armas, combatientes yihadistas importados, posibles falsas banderas y atrocidades escenificadas.

El primer paso fue sabotear el acuerdo de paz

Es un hecho poco conocido pero abiertamente reconocido que Estados Unidos sentó las bases de la Guerra de Bosnia, saboteando un acuerdo de paz negociado por la Comunidad Europea a principios de 1992. Bajo sus auspicios, el país sería una confederación, dividida en tres semiconfederaciones o regiones autónomas según criterios étnicos. Aunque distaba mucho de ser perfecto, en general cada parte habría conseguido lo que quería -en particular el autogobierno- y esto habría sido un resultado preferible al conflicto total.

Sin embargo, el 28 de marzo de 1992, el embajador de Estados Unidos en Yugoslavia, Warren Zimmerman, se reunió con el presidente bosnio, Alija Izetbegovic, musulmán bosnio, para, según se informa, ofrecer a Washington el reconocimiento del país como Estado independiente. También prometió apoyo incondicional en la inevitable guerra que seguiría si rechazaba la propuesta de la Unión Europea. Pocas horas después, Izetbegovic se puso en pie de guerra y los combates estallaron casi de inmediato.

La opinión generalizada era que los estadounidenses temían que el protagonismo de Bruselas en las negociaciones debilitara el prestigio internacional de Washington y ayudara a la futura Unión Europea a emerger como bloque de poder independiente tras el colapso del comunismo.

El plan era reducir Yugoslavia a escombros

Aunque no cabe duda de que funcionarios estadounidenses albergaban tales preocupaciones, los cables de Unprofor revelan la existencia de un plan mucho más oscuro. Washington quería que Yugoslavia quedara reducida a escombros y planeaba doblegar violentamente a los serbios prolongando la guerra todo lo posible. Para Estados Unidos, los serbios eran el grupo étnico más decidido a preservar la existencia de la problemática república independiente.

La ayuda absolutista de Washington a los bosnios fue la que mejor sirvió a estos objetivos. Era un artículo de fe en la corriente occidental de la época, y lo sigue siendo hoy, que la intransigencia serbia en las negociaciones bloqueaba el camino hacia la paz en Bosnia. Sin embargo, los cables de Unprofor indican repetidamente que no fue así.

En telegramas enviados de julio a septiembre de 1993, en la época de un alto el fuego y un nuevo intento de repartirse pacíficamente el país, las fuerzas de paz canadienses atribuyen repetidamente la obstinación a los bosnios, no a los serbios. Como indica un extracto representativo, el objetivo “insuperable” de “satisfacer las demandas musulmanas será el principal obstáculo para cualquier conversación de paz”.

En varios pasajes también se hace referencia a que “la interferencia exterior en el proceso de paz” no ha ayudado a la situación y que no se podrá alcanzar la paz si “desde fuera” siguen animando a los musulmanes “a ser exigentes e inflexibles en las negociaciones”.

Por ayuda “desde fuera”, Unprofor se refería, por supuesto, a Washington. Su apoyo incondicional a los bosnios les motivó a negociar “como si hubieran ganado la guerra”, cuando hasta entonces habían “perdido”.

Armas para unos y bombardear a los otros

Estados Unidos alentaba a Izetbegovic para que no hiciera concesiones y quería “levantar el embargo de armas contra los musulmanes y bombardear a los serbios”. Fueron serios obstáculos para poner fin a los combates en la antigua Yugoslavia, declararon las fuerzas de paz el 7 de septiembre de 1993.

Al día siguiente informaron al cuartel general de que “los serbios aceptaban los términos del alto el fuego”. Mientras tanto, Izetbegovic basó su posición negociadora en “la imagen popular de los serbios de Bosnia como los malos”. Validar esta ilusión tuvo un beneficio concomitante: precipitar los ataques aéreos de la OTAN sobre zonas serbias. Esto no pasó desapercibido para las fuerzas de mantenimiento de la paz:

“No se celebrarán conversaciones serias en Ginebra mientras Izetbegovic crea que se lanzarán ataques aéreos contra los serbios. Estos ataques aéreos reforzarán considerablemente su posición y probablemente le harán menos cooperativo en las negociaciones”.

Al mismo tiempo, los combatientes musulmanes “no daban ninguna oportunidad a las conversaciones de paz, lanzaban ofensiva tras ofensiva”, y estaban bastante dispuestos y capacitados para ayudar al objetivo de Izetbegovic. A lo largo de los últimos meses de 1993, lanzaron innumerables ataques contra territorio serbio en toda Bosnia, violando el alto el fuego.

En diciembre, cuando las fuerzas serbias lanzaron su propio “gran ataque”, un cable de ese mes afirmaba que desde el comienzo del verano, “la mayor parte de la actividad serbia había sido defensiva o en respuesta a una provocación musulmana”.

Un cable de Unprofor del 13 de septiembre señalaba que en Sarajevo, “las fuerzas musulmanas siguen infiltrándose en la zona del monte Igman y bombardean a diario las posiciones del BSA [Ejército Serbio de Bosnia] en los alrededores de la ciudad”, con el “objetivo declarado” de “aumentar la simpatía occidental provocando un incidente para culpar a los serbios”.

Dos días después, continuaron las “provocaciones” contra el Ejército de los Serbios de Bosnia (BSA), aunque “el BSA está mostrando moderación”. Esta zona siguió siendo un objetivo clave para los bosnios durante algún tiempo después. Las transmisiones de julio-septiembre terminan con un inquietante cable:

“La ocupación del monte Igman por el BSA no afecta negativamente a la situación en Sarajevo. Es simplemente una excusa de Izetbegovic para retrasar las negociaciones. Sus propias tropas fueron las que más violaron el acuerdo de alto el fuego” de 30 de julio.

Los muyahidines disparan contra su propia gente

Durante todo el conflicto los muyahidines bosnios trabajaron incansablemente para intensificar la violencia. Musulmanes de todo el mundo acudieron en masa al país a partir del segundo semestre de 1992, librando la yihad contra croatas y serbios. Muchos ya habían adquirido experiencia en el campo de batalla afgano en los años ochenta y principios de los noventa, tras llegar a grupos fundamentalistas infiltrados por la CIA y el MI6 en Gran Bretaña y Estados Unidos. Para ellos, Yugoslavia era el siguiente campo de reclutamiento.

Los muyahidines llegaban con frecuencia en “vuelos negros”, acompañados de un flujo constante de armas que violaba el embargo de la ONU. Comenzó como una operación conjunta irano-turca, con apoyo financiero de Arabia Saudí, aunque a medida que aumentaba el volumen de armas, Estados Unidos tomó el relevo, transportando el mortífero cargamento a un aeropuerto de Tuzla mediante flotas de aviones Hércules C-130.

Las estimaciones sobre el número de muyahidines bosnios varían mucho, pero su contribución esencial a la guerra civil parece clara. El negociador estadounidense para los Balcanes, Richard Holbrooke, declaró en 2001 que los bosnios “no habrían sobrevivido” sin su ayuda y describió su papel en el conflicto como un “pacto con el diablo”.

En los cables de la Unprofor nunca se menciona explícitamente a los combatientes muyahidines, ni tampoco a los bosnios; el término “musulmanes” se utiliza libremente. Sin embargo, hay numerosas referencias indirectas a la primera.

Un informe de inteligencia del invierno de 1993 observaba que los “débiles y descentralizados sistemas de mando y control” de los tres bandos enfrentados habían producido “una proliferación generalizada de armas y la existencia de diversos grupos paramilitares oficiales y no oficiales, a menudo con objetivos individuales y locales”. Entre estos grupos “no oficiales” estaban, por supuesto, los muyahidines.

Más claramente, en diciembre de ese año, las fuerzas de mantenimiento de la paz señalaron que David Owen, antiguo político británico que había sido negociador jefe de la Comunidad Europea en la antigua Yugoslavia, “había sido condenado a muerte por ser responsable de la muerte de 130.000 musulmanes en Bosnia”, sentencia dictada por el “Tribunal de Honor Musulmán”. Se entiende que “había 45 personas en toda Europa para ejecutar la sentencia”.

No cabe duda de que Owen no fue responsable de la muerte de 130.000 musulmanes, como no lo fue de tantos bosnios, croatas y serbios en total durante la guerra. Los extremistas religiosos bosnios tampoco disponían de una red de agentes en todo el continente dispuestos a ejecutar las fatwas emitidas por el “Tribunal de Honor”.

A raíz de este incidente, que nunca antes se había hecho público, hay noticias de que los “musulmanes” preparan falsas provocaciones. En enero de 1994, un cable observó: “Los musulmanes no dudan en disparar contra su propio pueblo o contra zonas de la ONU, y luego afirman que los serbios son los culpables para ganarse más simpatías occidentales. Los musulmanes suelen colocar su artillería muy cerca de los edificios de la ONU y de zonas sensibles como hospitales, con la esperanza de que el fuego de contrabombardeo serbio alcance estos lugares ante la mirada de los medios de comunicación internacionales”.

Otro cable informa de que “tropas musulmanas que se hacían pasar por fuerzas de la ONU” habían sido vistas con cascos azules de la Unprofor y “una combinación de ropa de combate noruega y británica”, conduciendo vehículos pintados de blanco y con el distintivo de la ONU. El director general de las fuerzas de paz temía que si dicha connivencia se “generalizaba” o se utilizaba para infiltrarse en las líneas croatas, “aumentarían enormemente las posibilidades de que las fuerzas legítimas de la ONU fueran objetivo de los croatas”.

“Esta puede ser exactamente la intención de los musulmanes, quizás para provocar más presión para ataques aéreos contra los croatas”, añadía el cable.

Ese mismo mes, los cables de Unprofor especulaban con la posibilidad de que “los musulmanes” atacaran el aeropuerto de Sarajevo, destino de la ayuda humanitaria a los bosnios, con un atentado con falsas banderas. Dado que “los serbios serían los culpables obvios” en tal escenario, “los musulmanes obtendrían un gran valor propagandístico de tal actividad serbia”, y era “por tanto muy tentador para los musulmanes llevar a cabo el bombardeo y culpar a los serbios”.

La masacre de Markale

En este contexto, los cables relacionados con la masacre de Markale adquieren un carácter especialmente llamativo. El 5 de febrero de 1994 una explosión arrasó un mercado civil, causando 68 muertos y 144 heridos.

Desde entonces, la autoría del atentado -y los medios empleados para perpetrarlo- han sido objeto de acalorada controversia, y las distintas investigaciones oficiales no han arrojado resultados concluyentes. En aquel momento la ONU no pudo señalar a un culpable, aunque las tropas de Unprofor han declarado desde entonces que sospechan que la parte bosnia fue la responsable.

Por ello, los cables de la época hacen referencia a “aspectos inquietantes” del suceso, como que los periodistas “se dirigieran al lugar de los hechos con tanta rapidez” y “una presencia muy visible del ejército musulmán en la zona”.

“Sabemos que los musulmanes han disparado contra sus propios civiles y contra el aeródromo en el pasado para atraer la atención de los medios de comunicación”, concluía uno de los cables. En una nota posterior se observaba que “fuerzas musulmanas de las afueras de Sarajevo han colocado en el pasado explosivos en sus propias posiciones y luego los han detonado a la vista de los medios de comunicación afirmando que se trataba de un atentado serbio”. Esto se utilizó entonces como pretexto para un “contrafuego” musulmán y ataques contra los serbios.

No obstante, en la condena dictada en 2003 contra el general serbio Stanislav Galic por su papel en el asedio de Sarajevo, el Tribunal Penal Internacional concluyó que la masacre fue perpetrada deliberadamente por las fuerzas serbias, decisión confirmada en apelación.

La oscuridad que rodeó el suceso prefiguró acontecimientos cruciales que justificaron escaladas en todas las guerras por poderes occidentales posteriores, desde Irak hasta Libia, pasando por Siria y Ucrania.

Otro mito que surgió tras las guerras yugoslavas y que perdura hasta nuestros días es la idea generalizada de que la negociación y los intentos de alcanzar un acuerdo pacífico sólo envalentonarían a los “agresores” serbios.

Este peligroso mito ha servido de justificación para todo tipo de intervenciones occidentales destructivas. Los ciudadanos de estos países siguen viviendo con las consecuencias de estas acciones, a menudo como emigrantes tras huir de ciudades y pueblos quemados por guerras de cambio de régimen.

También perdura otro legado tóxico de las guerras de los Balcanes: la preocupación de Occidente por la vida humana viene determinada por el bando en que se encuentren sus gobiernos en un conflicto determinado. Como demuestran los cables canadienses de Unprofor, Estados Unidos y sus aliados han cultivado el apoyo a sus guerras ocultando una realidad que incluso sus propios ejércitos han documentado con detalle clínico.

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Se acerca a los Balcanes una tormenta perfectamente controlada

Occidente cree, quizá no del todo equivocadamente, que Serbia y la República Srpska, sus objetivos perennes en los Balcanes porque hasta ahora se han resistido a la sumisión total, están ahora en desventaja para seguir resistiendo eficazmente. Pretendiendo encarnar a la “comunidad internacional”, aunque esté formada principalmente por el bloque de países OTAN/Unión Europea, la Alianza se sitúa cada vez más abiertamente en pie de guerra. Esto da una nueva dimensión a su habitual beligerancia y desprecio por las normas de la legalidad internacional y las prácticas diplomáticas clásicas. En el pasado, nunca se ha preocupado demasiado por respetar las normas de interacción civilizada entre Estados. Pero ahora, ante la intensa presión para obtener algún tipo de victoria política que compense el fracaso en Ucrania, se han quitado definitivamente las máscaras.

Esto coloca a Serbia y a su Estado hermano, la República Serbia de Bosnia, en una posición más precaria que en cualquier otro momento de los últimos tiempos. Ambos están geográficamente alejados de sus aliados naturales y rodeados de territorio hostil controlado política y militarmente por la Alianza Occidental, que planea su desaparición. Una comparación con la posición del Reino de Yugoslavia en la primavera de 1941 no estaría lejos de la verdad.

Además de una situación geopolítica igualmente poco envidiable, existe otra analogía desfavorable para Serbia. Su élite dirigente es tan débil, vacilante, corruptible, traicionera y desorientada como lo era el gobierno real yugoslavo en marzo de 1941. Fue entonces cuando la Alemania nazi pasó al ataque e hizo imperativo que, en el inminente conflicto mundial, Yugoslavia se uniera a su bando o sufriría graves consecuencias. Hoy, son la OTAN y la Unión Europea las que pretenden matar y el pretexto es Kosovo.

Hace unos días, el gobierno serbio recibió un ultimátum. Serbia debía renunciar a sus reclamaciones de soberanía sobre el Kosovo ocupado por la OTAN y alinearse inequívocamente con la agresiva alianza en el conflicto de Ucrania. El ultimátum lo dio una delegación de embajadores occidentales en forma de advertencia tajante de que había que poner fin urgentemente a las vacilaciones sobre Kosovo. A Serbia se le dijo que tenía que consentir sin reservas el saqueo de su cuna cultural y religiosa firmando la secesión de Kosovo y aceptando sus frutos ilegales. Cabe recordar que la ocupación de Kosovo comenzó en 1999, cuando la OTAN cometió una agresión no provocada contra Yugoslavia, y terminó en 2008 con una declaración unilateral de “independencia” bajo los auspicios de la OTAN.

Como siempre ocurre, el verdadero interés de Occidente en Kosovo no tiene nada que ver con las razones declaradas públicamente. Baste decir que Kosovo es el emplazamiento de Camp Bondsteel, la mayor base militar de Europa, estratégicamente situada para ser de gran utilidad en caso de que el conflicto ucraniano desemboque en una guerra mundial total.

A juzgar por las primeras reacciones oficiales de Belgrado, es concebible que el gobierno serbio esté considerando un curso de acción inspirado en el colapso de la voluntad experimentado por el Gobierno Real Yugoslavo en marzo de 1941, cuando, bajo la presión nazi, obedeció órdenes y firmó el Pacto del Eje. Sin embargo, conviene recordar a todos los afectados que las consecuencias de este infame colapso fueron efímeras. En pocos días, la revuelta popular en Serbia forzó la destitución de los funcionarios responsables de esta vergonzosa traición a la confianza pública. Los compromisos inmorales que habían contraído en nombre de la nación quedaban efectivamente anulados. Si se quieren establecer más analogías con la situación de 1941, hay que señalar que la reputación de los protagonistas de la cobardía y la traición mostradas entonces vive en la infamia hasta el día de hoy.

Queda por ver si estas consideraciones serán suficientes para disuadir a los actuales funcionarios de las decisiones oficiales de Serbia.

Además de Serbia, la vecina República de Bosnia, entidad predominantemente serbia de Bosnia y Herzegovina, que recientemente ha vivido unas turbulentas elecciones seguidas de un intento de cambio de régimen utilizando las herramientas del manual de la revolución de colores, también es objeto de un duro trato por parte de las despiadadas democracias occidentales. Al igual que Serbia, su población está firmemente en el “lado equivocado de la historia” en general y en el conflicto ucraniano en particular, con todo lo que ello implica. Con un grado de unanimidad similar, la población y el gobierno también se oponen a cualquier relación con la OTAN. Según los términos de los Acuerdos de Dayton de 1995, que rigen las prerrogativas de las entidades bosnias, esto bloquea de hecho la entrada de Bosnia en la OTAN y su participación en sus actividades.

Comprensiblemente, este bloqueo de lo que eufemísticamente se denomina “integraciones euroatlánticas” de Bosnia es una afrenta insoportable. En consecuencia, ahora se están estudiando medidas punitivas contra los dirigentes recalcitrantes de la República de Bosnia. Es una apuesta segura que si Serbia cede y la cuestión de Kosovo se resuelve a lo cowboy, la desafiante entidad serbia de Bosnia será pronto la siguiente. Se encontrará de nuevo en el punto de mira de la indignada “comunidad internacional”.

Por supuesto, aún es prematuro anunciar el desenlace del nuevo e inquietante capítulo de la crisis de Kosovo, pero parece acercarse una tormenta perfectamente controlada y de efectos devastadores. La misma temeridad que el año pasado se manifestó en Ucrania es cada vez más evidente en los Balcanes. La repetida evaluación de Andrey Martyanov de las élites occidentales como arrogantes, ignorantes e incompetentes, que ilustra con un flujo constante de ejemplos del teatro ucraniano, pronto podría encontrar una nueva confirmación resonante en los Balcanes, para inmensa desgracia de todos sus habitantes.

Stephen Karganovic, 28 janvier 2023, https://strategic-culture.org/news/2023/01/28/going-for-the-kill-in-kosovo

9 países ya no reconocen la independencia de Kosovo

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, afirma que nueve países han dado marcha atrás en su decisión de reconocer la independencia de Kosovo. Según Vucic, se espera el mismo anuncio de un décimo Estado.

Seis de ellos son africanos. Se trata de Somalia, Burkina Faso, Gabón, Eswatini, Libia, Guinea, Antigua y Barbuda, Maldivas y Santa Lucía, declaró Vucic, quien añadió que están esperando a un décimo país, que no nombró.

La independencia de Kosovo fue declarada unilateralmente en 2008 y reconocida por la mayoría de los países occidentales. Sin embargo, es impugnada por Serbia y no está reconocida por el conjunto de la ONU ni por la Unión Europea.

Tras una campaña diplomática serbia en octubre de 2017, dieciséis Estados dieron marcha atrás en su decisión de reconocer a Kosovo. Se trata de Burundi, Liberia, Santo Tomé y Príncipe, Guinea-Bissau, Lesoto, Comoras, Madagascar, República Centroafricana, Togo y Ghana.

En julio de 2022, 136 países de los 193 miembros de la ONU apoyaban su independencia.

En 1999, después de destruir Yugoslavia, el imperialismo se lanzó contra Serbia, a la que también trataron de desintegrar.

Washington encumbró a una banda mafiosa, el Ejército de Liberación de Kosovo, calificándolo de “luchadores por la libertad” y prestándole apoyo militar, a pesar de que lo consideraba como una organización terrorista.

La OTAN bombardeó Yugoslavia durante 78 días. Murieron casi 2.500 civiles, incluidos niños. El país sufrió daños por valor de 100.000 millones de dólares, según estimaciones del gobierno yugoslavo.

Al término de la agresión, la seguridad de Kosovo y Metohija pasó a manos de la fuerza armada multinacional KFOR, dirigida por la OTAN.

Yugoslavia dejó de existir formalmente en 2008. Originalmente estaba compuesto por seis repúblicas: Serbia, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Bosnia-Herzegovina.

En Kosovo las tensiones se reanudaron el año pasado. En diciembre el presidente puso al ejército en estado de máxima alerta.

Serbia está al borde de la guerra con la OTAN en Kosovo

El contencioso entre Serbia y Kosovo, surgido en verano, se recrudece. Belgrado y Pristina están reuniendo fuerzas militares y policiales en la frontera. Los observadores no descartan un choque armado.

La Unión Europea ha enviado a Kosovo a su representante especial para los Balcanes Occidentales para ayudar a reducir las tensiones en la región.

“Nuestro enviado especial irá a la región pasado mañana y regresará antes de la cumbre de la Unión Europea para poder evaluar la situación e informar a los dirigentes”, declaró Borrell en una rueda de prensa tras la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

El 10 de diciembre la situación en el norte de Kosovo empezó a deteriorarse aún más tras la detención del antiguo policía serbio Dejan Pantic por los kosovares. En respuesta, la población serbia local levantó barricadas en las carreteras y protestó. El presidente serbio, Aleksandar Vucic, calificó el 11 de diciembre como su día de trabajo más difícil al frente del país.

Las elecciones municipales en cuatro ciudades del norte de Kosovo, pobladas mayoritariamente por serbios, fueron programadas para el domingo por la Presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani. Esto ocurrió después de que los serbios de Kosovo, en coordinación con Belgrado, se retiraran de las instituciones kosovares a principios de noviembre. Algunos alcaldes dimitieron. Era una protesta contra la decisión de Pristina de prohibir en su territorio el uso de matrículas expedidas en Serbia. Aunque el problema se resolvió posteriormente con la mediación de la Unión Europea, los serbios se niegan a regresar a Kosovo hasta que se constituya la Comunidad de Municipios Serbios de Kosovo.

El 6 de diciembre los representantes del gobierno fantoche de Kosovo intentaron entrar en los locales de las comisiones electorales del norte, donde fueron recibidos con bombas y disparos. Algunos colegios electorales quedaron destruidos. Dos días después, llegaron al norte de Kosovo unidades policiales reforzadas, oficialmente para prevenir enfrentamientos entre serbios y albaneses.

Belgrado acusó a Pristina de “enviar ilegalmente fuerzas especiales al norte de Kosovo para expulsar a los serbios”. El viernes Vucic mantuvo una reunión de urgencia con el Ministro de Defensa y el Jefe del Estado Mayor de la República. La jefa del gobierno serbio, Ana Brnabic, declaró: “El Primer Ministro de Kosovo, Albin Kurti, nos ha llevado a todos, serbios y albaneses, al borde mismo de la guerra”.

El contencioso entre Serbia y Kosovo, surgido en verano, se recrudece. Belgrado y Pristina están reuniendo fuerzas militares y policiales en las fronteras. Ahora los observadores no descartan un enfrentamiento armado.

En julio el gobierno pelele de Pristina promulgó un decreto según el cual se podía imponer una multa a los propietarios de automóviles con matrícula serbia. La decisión provocó protestas entre los serbios que viven en el norte de la provincia. Sin embargo, entonces las autoridades de Serbia y Kosovo pudieron ponerse de acuerdo y evitar una escalada del conflicto, aplazando la introducción de restricciones hasta otoño.

El 8 de diciembre, las autoridades serbias informaron de la ocupación de zonas serbias en Kosovo y Metohija. Unas trescientas fuerzas especiales kosovares en vehículos blindados entraron en la ciudad de Kosovska Mitrovica, bloqueándola. En respuesta, el gobierno serbio dijo que tales acciones violan el acuerdo de 2013, y en respuesta prometió regresar a la zona unos mil representantes de las fuerzas de seguridad serbias.

En la noche del 11 de diciembre Vucic convocó al Consejo de Seguridad Nacional debido a las amenazas de Kosovo de resolver el problema por la fuerza con la participación de un contingente de la OTAN. Según él, el país está “entre la espada y la pared”.

A pesar de que Vucic hizo un llamamiento a albaneses y serbios para mantener la paz en Kosovo y Metohija, la probabilidad de que se produzcan enfrentamientos armados es bastante alta. Pero los serbios no están en condiciones de resistir a las tropas combinadas de la OTAN. Es un castigo de los imperialistas, por las repetidas declaraciones de Belgrado a favor de Rusia.

La estrategia de defensa nacional de Serbia se basa en un modelo de defensa territorial. El número total de las fuerzas armadas regulares serbias es inferior a 30.000 militares. De ellos, 13.250 representan las fuerzas terrestres (incluida una flotilla fluvial). Las fuerzas aéreas y de defensa antiaérea cuentan con 5.100 efectivos. Serbia tiene también una reserva organizada de 500.000 civiles.

Los crímenes de guerra en los Balcanes vuelven a la actualidad

Una comisión internacional independiente ha investigado el sufrimiento de los pueblos de la región de Srebrenica entre 1992 y 1995, durante la Guerra de los Balcanes. Fue presidida por Gideon Greif, historiador israelí especializado en la historia de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los Balcanes. Greif es un erudito de renombre mundial. Ha sido investigador y profesor, entre otras, en las universidades de Tel Aviv, Viena, Austin y Miami.

La Comisión también incluyó a Yukie Osa, vicepresidenta de la Universidad Rikkyo de Tokio, experta en Srebrenica y asistencia humanitaria internacional, y al profesor Roger W. Byard, patólogo forense, que ocupa la cátedra de patología de la Universidad de Adelaida, en Australia.

Los demás miembros de la comisión también son todos eminentes especialistas en sus respectivos campos, entre ellos dos estadounidenses, un italiano, un nigeriano, un austriaco, un serbio y un alemán.

Como es imposible detallar las 1.105 páginas del voluminoso informe redactado por la Comisión (1), resumiremos algunos puntos, basados en el artículo publicado por Nikola Mircovic el 11 de julio del año pasado (2).

Las autoridades serbias de la República Srpska encargaron el estudio y pidieron a Greif que lo dirigiera. La formación académica de Greif le otorga autoridad y competencia para este trabajo de investigación, y para evitar las habituales acusaciones de “negacionismo”.

La Comisión critica al Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia por recurrir al término “genocidio”, que se ha acabado desvirtuando completamente. En ningún momento hubo voluntad por parte de los serbios de exterminar a todos los musulmanes bosnios, ni en Srebrenica ni en ningún otro lugar de Bosnia-Herzegovina.

La investigación se centra en la zona de Podrinje y en los cinco barrios de la ciudad de Srebrenica: Srebrenica, Bratunac, Zvornik, Milici y Vlasenica. El informe recuerda que el día de Navidad (7 de enero de 1993, Navidad ortodoxa) entre 3.000 y 4.000 soldados del Ejército de Bosnia y Herzegovina (ARBiH) llevaron a cabo un ataque masivo en los alrededores de Bratunac, especialmente en Kravica. Durante la campaña todos los serbios fueron expulsados de sus viviendas y los pueblos fueron saqueados y quemados.

Las incursiones se llevaron a cabo desde la base de retaguardia de la ARBiH en Srebrenica, que se había convertido en una zona exclusivamente musulmana. Al principio de la guerra, pues, los bosnios ya había realizado la limpieza étnica, casi 2.000 serbios habían muerto y muchos estaban desaparecidos. 150 aldeas serbias en la República Srpska habían sido destruidas.

Los medios de comunicación occidentales nunca mencionaron la tragedia sufrida por la población serbia de la región, del mismo modo que los bombardeos ucranianos sobre la población civil del Donbas, que causaron miles de víctimas, también son ignorados hoy.

La tragedia se ocultó deliberadamente para señalar con el dedo acusador únicamente a los serbios. Desde el comienzo de la Guerra de los Balcanes se desató una campaña masiva de intoxicación para demonizar a los serbios. Los imperialistas que patrocinaban la desintegración de Yugoslavia se esforzaron para enfrentar a unos pueblos con otros. El mismo patrón se repetirá unos años después en Kosovo. Los medios de comunicación sirvieron para desacreditar a los serbios ante la opinión pública mundial. Incluso inventaron la existencia de campos de concentración serbios para llevarlos al campo del Eje del Mal.

Ante el Tribunal Penal Internacional sólo compareció un bosnio, Naser Oric, que fue uno de los cabecillas de la limpieza étnica en Srebrenica. Fue absuelto porque el Tribunal se creó para condenar únicamente a los serbios.

Durante su ofensiva sobre Mosul, el 13 de junio de 2014 el Califato Islámico ejecutó sumariamente a 1.700 soldados irakíes que estaban presos en Tikritt (7), pero no hubo ninguna condena por genocidio. Los defensores de los derechos humanos no han considerado oportuno crear un tribunal especial para juzgar las masacres y los crímenes cometidos por los yihadistas. Sin embargo, se preocupan mucho de la Guerra de Ucrania, donde han reservado a los rusos el papel de “malos de la película”.

Las conclusiones de la investigación han provocado, como era de esperar, reacciones violentas por parte del gobierno bosnio, que ha cuestionado la imparcialidad de la Comisión. Greif no se ha librado del habitual linchamiento mediático. El gobierno alemán decidió no concederle la medalla de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, lo que no es sorprendente porque Alemania fue una de las potencias que destruyo Yugoeslavia y desató la Guerra de los Balcanes.

En una entrevista con el diario israelí Haaretz, Greif dice que le han informado extraoficialmente de que ya no recibiría el premio y acusó a la Hermandad Musulmana de Bosnia de arruinar su reputación.

Sin embargo, la Comisión no exonera en absoluto a las tropas serbias de ser culpables de crímenes de guerra, sino todo lo contrario. Se estima que entre 1.500 y 3.000 combatientes de la 28 División bosnia fueron capturados por el ejército serbio y asesinados.

(1) https://incomfis-srebrenica.org/
(2) https://stratpol.com/guerre-de-bosnie-icsr-est-formel-il-ny-a-pas-eu-de-genocide-a-srebrenica

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