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A los islamófobos alemanes ya les han quitado la careta

En octubre del año pasado en Alemania la ultraderecha creó Pegida, un movimiento xenófobo, concentrado en la lucha contra los musulmanes, los emigrantes y a favor de una Europa cristiana y civilizada. Desde comienzos de año este movimiento viene convocando concentraciones racistas en Dresde todas las semanas con la cruz cristiana como una de sus divisas.
En alemán Pegida es el acrónimo de «Patriotas europeos contra la islamización de Occidente». Su fundador es Lutz Bachmann quien se ha estado esforzando por separar a Pegida de cualquier connotación política de nazi o de extrema derecha. Los sesudos profesores universitarios le siguieron la corriente: Pegida no era nazi, ni siquiera estrictamente racista. Se trataba de algo mucho más amplio, un signo de un malestar impreciso de la sociedad alemana.
Hasta que hoy Bild ha publicado las fotos de Bachmann imitando a Hitler. Kathryn Oertel, la portavoz del movimiento ha reconocido inmediatamente que las fotos no son un montaje, aunque las califica como una «broma».
¿De mal gusto? De muy mal gusto porque ha aclarado la trastienda de la islamofobia alemana y, por extensión, de la europea, ya que Pegida se ha extendido a Suiza, Dinamarca y luego a Francia.
No se trata sólo de una foto porque van apareciendo escritos y declaraciones de Bachmann que muestran sus opiniones políticas. En un mensaje insertado en su perfil de Facebook dijo que «no existen refugiados de guerra» y los califica de «bastardos» y «bestias».
Cuando el periodista de Bild le pregunta por esas manifestaciones xenófobas, Bachmann dice que no comenta sus «asuntos privados».
El lunes la manifestación de Pegida en Dresde se prohiubió a causa de un «riesgo terrorista concreto» dirigido contra Bachmann. La comprometedora foto aún no se había publicado. A partir de ahora en las manifestaciones de Pegida la cruz de los cristianos se parecerá un poco más a la cruz gamada.

Provocación neonazi ante la mezquita de la M-30 de Madrid

El movimiento naonazi «La España en Marcha» mantiene la convocatoria de la provocación contra el Islam para este viernes  23, día de oración musulmana, frente a la mezquita de la M-30 de Madrid, a pesar de estar prohibida por la Delegación del Gobierno.

El pasado viernes, la delegada Cristina Cifuentes esgrimió que prohibía dicha protesta porque «podría suponer un grave riesgo para la seguridad ciudadana, con peligro para bienes y personas, con alteración al orden público», tras pedir respectivos informes a la Abogacía del Estado y a la Policía Nacional.

Los nazis hacen un llamamiento a asociaciones y organizaciones «patriotas» para que se sumen a ella y dicen que el objetivo de la provocación es «la denuncia pública de la presencia del Islam en España y en Europa, que constituye una auténtica invasión de la cristiandad europea».

La resolución de la Delegación del Gobierno señala que el lema atenta directamente contra la libertad religiosa de los musulmanes y supone una provocación a la discriminación contra éstos. Considera que se podría estar incurriendo en los delitos tipificados en los artículos 510 (incitación al odio) y 523 (contra la libertad religiosa).

La ley del embudo

A Benjamín Netanyahu nadie le invitó a la manifestación multitudinaria celebrada en París. Es más, Hollande le pidió que no asistiera. Pero el primer ministro israelí no lo necesitaba para presentarse entre los defensores de la libertad de expresión… pocos meses después de masacrar a 2.000 palestinos en Gaza y de invitar a los judíos franceses a instalarse en Israel.

Para los sionistas, como para los nazis, cada cual tiene “su hogar”. Siempre hay un hogar en alguna parte que es el que corresponde a cada cual. El de los judíos no es Francia sino Israel, el de los negros está en África, el de los chinos en Asia y así sucesivamente. Cada uno debería volver a “su tierra”. Se llama segregacionsimo o apartheid.

Pero si Wolinski, uno de los dibujantes asesinados, cuya madre era judía, hubiera vivido en Israel no hubiera podido publicar sus caricaturas, dice un humorista israelí, Ido Amin, al diario Haaretz de Tel Aviv. En Israel nunca hubiera podido publicarse una revista como Charlie Hebdo porque hay una ley que prohibe ofender la sensibilidad religiosa. Difícilmente el hogar de Wolinski hubiera podido estar allá.

La ley que reprime las ofensas a la sensibilidad religiosa es una herencia de la época del Mandato Británico en Palestina. No se trata de una ley contra la difamación, la obscenidad o el racismo, sino una ley draconiana, asegura Ido Amin, que prohíbe representar a Moisés, Jesús o Mahoma de una manera que ofenda a los creyentes.

El caricaturista israelí relata un episodio personal, cuando publicó una caricatura en un periódico criticando la ceremonia de los Kapparot, que consiste en girar un pollo vivo por encima de la cabeza. Considerado como una ofensa religiosa, el asunto se llegó a discutir en el Knesset, el parlamento israelí.

El ministro de la Policía, sigue narrando Amin, comparó su caricatura a las que publicaban los nazis en el periódico Der Stürmer. A petición del ministro, el redactor jefe del periódico en el que trabajaba le interrogó, luego le despidió y finalmente tuvo que dejar de dibujar.

También Charlie Hebdo despidió en 2008 a un dibujante que hizo un chiste sobre el hijo del presidente Sarkozy, que se había casado con una judía. La revista no luchaba contra la censura sino a favor de ella.

Algún ingenuo quizá suponga que la movilización de París puede ayudar a reforzar las maltrechas libertades públicas y, en particular, la libertad de expresión. Pero no se va a producir ninguna ampliación de los derechos y las garantías, sino todo lo contrario. Servirá para que una mayor represión sea ampliamente aceptada.

Al periodista francés Eric Zemmour no le han puesto guardaespaldas porque el Estado defienda la libertad de expresión sino porque propugna la expulsión de los musulmanes franceses fuera de su país (no se sabe a dónde). Lo que el Estado quiere es que pueda continuar propagando el fascismo “libremente”.

Hoy la edición de Le Monde repite la aburrida letanía de los “límites” a los derechos, que se ha convertido en la gran coartada: hablar de los límites antes que de los derechos. Pero esto es la ley del embudo. Unos tienen los derechos y los demás sólo los límites. Tenemos las manos atadas; no nos podemos defender de los ataques fascistas.

Veamos un ejemplo: el grupo de prensa belga Sudpresse publica en sus portadas las fotos de los tres autores de la masacre del 7 de enero con el titular: “Se ha hecho justicia”. El redactor jefe de una de las ediciones, Xavier Lambert, plantea a los jefes sus dudas sobre el acierto de dicho titular y le despiden fulminantemente. ¿Alguien hará una campaña en su favor?, ¿considera Sudpresse que a los rehenes de la tienda judía también se les ha hecho justicia?, ¿qué entienden por justicia?Otro ejemplo: si Zemmour hubiera propuesto con los judíos lo mismo que con los musulmanes, la cosa hubiera sido muy distinta porque en Francia la negación del Holocausto (que se debe escribir con mayúsculas porque fue muy grande) es un delito punible.

Una semana después del atentado del 7 de enero, la fiscalía francesa ya ha abierto 54 causas por apología del terrorismo. El humorista negro Dieudonné acaba de ser detenido esta misma mañana acusado de ese “delito”. Lleva años acosado y perseguido por satirizar al judaísmo. En noviembre de 2007 le condenaron por difamación, injurias y provocación al odio racial. En febrero del año pasado por negación de crímenes contra la humanidad, difamación, provocación al odio racial e injurias públicas. ¿Por qué Charlie Hebdo se puede burlar del islam mientras a Dieudonné le condenan por hacer lo mismo con los judíos? La respuesta la expone el mismo Le Monde: en realidad, sugiere, Dieudonné no es un humorista sino un militante.

Exactamente, es un problema de militancia, de tomar partido. Pero eso no cambia las cosas: ¿por qué este verano el gobierno francés prohibió las manifestaciones en solidaridad con el pueblo palestino, que estaba siendo masacrado en Gaza?

Si a los imperialistas les gusta tanto la libertad de expresión, ¿por qué no dejan en libertad a Assange y a Snowden?

Yo tengo que acudir mañana al Juzgado a firmar mi libertad provisional, como hago cada 15 días, por hablar en una charla. ¿Por qué no me dejan en paz?

La ministra de Lituania propone asesinar a los más pobres

«La eutanasia puede ser una buena opción para los pobres, que a causa de su pobreza no tienen acesso a la asistencia médica», dijo Rimante Salaseviciute, la ministra de Salud de Lituania en unas declaraciones públicas en vísperas de la entrada de su país en el euro.
La impresentable ministra entró en funciones en el gobierno en el mes de junio del año pasado y el 20 de noviembre largó su «solución final» para los sectores más empobrecidos de la sociedad lituana. Es la cara amarga de la Unión Europa, la que no aparece nunca en las noticias.
Al asumir su cargo en el gobierno Salaseviciute abrió un debate para legalizar la eutanasia en su país. Lituania no es un Estado social, dice la ministra en referencia a la brutal política de liquidación de todos y cada uno de los derechos sociales de la población de su país como consecuencia de la política económica de austeridad que lleva a cabo el gobierno desde hace varios años, que ha conducido a una privatización total de las propiedades del Estado.
Como consecuencia de ello, dijo la ministra, los cuidados paliativos no son accesibles para todos. Por ello la eutanasia puede ser una buena opción para los sectores que «no quieren inflingir a sus allegados el espectáculo de sus sufrimientos».
Lituania ingresó en la Unión Europea en 2004. El déficit presupuestario creció en casi un 15 por ciento del PIB entre 2007 y 2008, pero cayó abruptamente en 2009. El desempleo subió al 15 por ciento en 2009 y el producto interior bruto sufrió una reducción de casi un 17 por ciento. Medio millón de personas, uno de cada diez habitantes, tuvieron que abandonar el país.
Tampoco es casualidad que Lituania sea otra de las fortalezas en que los nazis han encontrado refugio, después de que el país abandonara la URSS en 1990. Los veteranos de la Waffen SS y los nuevos cachorros del hitlerismo se vienen manifestando anualmente en Vilna, la capital del Estado, para conmemorar su lucha contra la URSS durante la Segunda Guerra Mundial.
En Lituania y fuera de Lituania, los más desfavorecidos recuerdan ahora los viejos tiempos de la URSS y, sin duda, no se van a dejar asesinar por ningún ministro. Transformarán su nostalgia en una marejada de odio hacia la canalla capitalista que pronuncia este tipo de declaraciones abyectas.

Fuente: Министр здравоохранения Литвы предложила убивать бедных, 20 de noviembre de 2014, http://www.novorosinform.org/news/id/15424

Los nazis suecos combaten en el Donbás

Ucrania se ha convertido en la cloaca de Europa, el refugiuo favorito de los neonazis, que afilan sus armas y se entrenan para empresas de mayor envergadura en el futuro. Proceden de todos los países de Europa. La última noticia ha saltado en Suecia donde, según la revista Expressen, están combatiendo varios militantes nazis en las filas del Batallón Azov y otras unidades a las que Amnistía Internacional acusa de cometer crímenes de guerra.
Expressen calcula que 30 nazis suecos participaron en la concentración de Maidan y luego se quedaron para combatir con las armas en la mano. De ellos la SPÖ, policía de seguridad, ha confirmado a la radio sueca la presencia de cinco a diez de ellos. Aprenden tácticas de combate y manejo de armas y explosivos, según Anders Thornberg, el director de la SPÖ, quien considera que los nazis son una amenaza, porque han declarado su intención de trasladar su experiencia militar a Suecia.
Entre los nazis que han estado en Ucrania se encuentra Andreas Carlsson, máximo dirigente del Partido de los Suecos, buscado por un intento de asesinato en marzo del año pasado en Malmoe. Según Carlsson los nazis suecos fueron a Ucrania con la intención de regresar, pero cambiaron de opinión tras la secesión del Donbás.
La mayoría de ellos se enrolaron en el Batallón Azov, lo mismo que los fascistas italianos, franceses, rusos y bielorusos. Su comandante, Andrei Biletski, también dirije la Asamblea Nacional y su brazo militar, los Patriotas Ucranianos. Sus objetivos son liberar a la raza blanca del capital internacional y castigar las perversiones sexuales y el contacto entre las razas.
Uno de los nazis suecos que combate en Ucrania es Michael Skillt, militante del Partido de los Suecos y del Movimiento de Resistencia Sueco. Tiene experiencia de combate. Durante seis años perteneció a la Brigada 21 de Norrland de las fuerzas armadas suecas, siendo un francotirador y rastreador experto. Tras viajar a Ucrania a comienzos del año pasado, fue el primero en incorporarse al Batallón Azov.
Actualmente ha regresado a Suecia, pero le han ofrecido un contrato para seguir combatiendo como mercenario al servicio del gobierno golpista de Kiev. «Creo en la segregación. La biodiversidad depende de la segregación. Hay que estar lo más  segregados posible», dice.
Otros dos militantes del Partido de los Suecos que han combatido en Ucrania son los hermanos Fridén, Patrik, de 26 años, y Henrik, de 20. El mayor fue candidato de su partido a las elecciones municipales de Karlskoga y la prensa sueca denunció que se le admitiera en un cursillo de manejo explosivos, a pesar de que se sabía que había combatido en Ucrania.
Ambos formaron parte del Batallón Aidar al que Amnistía Internacional acusa de haber cometido asesinatos, secuestros, robos, palizas y chantaje contra personas acusadas de colaborar con Rusia.
El 14 de octubre el hermano pequeño, Henrik, insertó una foto en su perfil de Facebook en la que aparece armado y vestido con uniforme militar, con una bandera ucraniana en el pecho.
Aunque Amnistía Internacional afirma que no puede aseverar del Batallón Azov lo mismo que del Aidar, por la violencia de los combates en el Donbás, el modelo militar de ambos es el mismo. La ONG se ha entrevistado con el Primer Ministro de Kiev para que disuelva las unidades milicianas que combaten a su lado.
Recientemente Newsweek confirmaba que las unidades extranjeras que defienden al gobierno de Kiev han cometido crímenes de guerra y, lo mismo que los fundamentalistas en Oriente Medio, han degollado a sus víctimas. La cadena TV2 de Noruega estuvo rodando en un campo de entrenamiento del Batallón Azov cerca del frente, pudiendo comprobar que los milicianos portaban cruces gamadas y otros símbolos nazis en sus cascos.
La mayoría de los suecos que combaten en Ucrania luchan en el Batallón de Azov. Su salario es de unos 215 euros, según Expressen.
Unos 300 soldados de varios países de Europa están luchando en el este de Ucrania en las filas del batallón de Azov. Han sido reconocidos oficialmente como aliados por el gobierno de Kiev y está previsto que próximamente el Batallón se incorpore a la Guardia Nacional. Está dirigido por fascistas ucranianos y su emblema es el Wolfsangel, un símbolo nazi conocido.
El gobierno golpista de Kiev tuvo que recurrir a las milicias fascistas extranjeras porque la mayor parte de los soldados del ejército regular no resultaban fiables, por su abierta simpatía hacia Rusia.
El gobierno sueco quiere prohibir que los ciudadanos de su país luchen en grupos terroristas en el extranjero. Actualmente no es ilegal si la persona no comete crímenes de guerra. La ley sueca no impide que sus ciudadanos luchen en Batallones como Azov o Aidar, por ejemplo, siempre que no estén etiquetados como terroristas.
El fiscal especializado en crímenes de guerra, Ronnie Jacobsson, ha declarado al diario Svenska Dagbladet que si alguien está combatiendo en una zona de guerra, debe respetar las leyes de la guerra. Pero no considera que en Ucrania se hayan cometido crímenes de guerra, por lo que anuncia a Expressen que no tiene intención de procesar a los nazis suecos que combaten en Ucrania.

Carta blanca al fascismo. También en Suecia. En todas partes.

Fuente: Svenskarna som strider i Ukraina, 10 de diciembre de 2014,
http://www.expressen.se/nyheter/svenskarna-som-strider-i-ukraina/

A la ultraderecha francesa Podemos le resulta muy interesante

A Pablo Iglesias le sienta como un tiro que comparen a su partido con el de Le Pen, pero ahora ha sido el número dos de la ultraderecha francesa quien le ha elogiado. «Podemos es muy interesante». Así se ha pronunciado en una intervención en el canal BFMTV el vicepresidente del Front National francés, Florian Phillipot, al ser preguntado sobre la postura respecto a las elecciones legislativas griegas del próximo 25 de enero.
Grecia, atrapada entre la austeridad predicada por Angela Merkel y la imponente subida en las encuestas de la formación Syriza, presentada como el Podemos griego, se ha convertido en el tablero de ajedrez de una partida en la que algunos contendientes han recibido apoyos inesperados. «Si el gran debate en Europa sobre el euro y la austeridad y la UE debe pasar por la victoria de Syriza en Grecia, entonces sí, deseo vivamente la victoria de Syriza en Grecia el 25 de enero próximo», ha afirmado Phillipot.
El número dos del FN ha señalado no desear «la victoria de los candidatos de la casta, de la troika, apoyados por la UMP o el Partido Socialista», siguiendo la estela de Marine Le Pen, que había asegurado en una entrada de su blog que Grecia sería una contestación al «candidato de la UE, del BCE y del FMI».
Al respecto de ese debate sobre la UE y las políticas de austeridad, Phillipot ha indicado que, junto al FN, hay tres fenómenos políticos que son interesantes por su posición contraria: el UKIP británico, la Syriza griega y el Podemos español.
Precisamente fue Rosa Díez, lideresa de UPyD, quien ya señaló en mayo pasado, tras las elecciones europeas que dieron cinco escaños a Podemos, los paralelismos entre esta formación y la francesa de Le Pen. Aquello encontró réplica en el propio Pablo Iglesias, que aseguró en unas declaraciones que «quien dice primero los de aquí, los que no quieren mezclar, son Le Pen y Rosa Díez». Sin embargo, ahora es el propio FN el que considera que Podemos es «muy interesante».

Fuente: El Semanal Digital, 6 de enero, http://elsemanaldigital.com/el-vicepresidente-del-fn-frances-se-rinde-al-encanto-populista-de-podemos-139532.htm

* Más información:
Podemos está más cerca del fascismo que del bolivarismo

La transición fue una traición

Lidia Falcón
Cayo Lara dice que su generación que vivió la dictadura sabe lo que es la Transición. “Yo soy de los que defiende que se hizo lo que se podía, los sindicatos y la izquierda conquistaron lo que pudieron. Y fue un pacto no de élites. Algunos lo califican de pacto de élites… Fue un pacto de élites que estaban en la cárcel y en el exilio y otros que estaban en el poder y en la dictadura. Se habría podido avanzar mucho, pero la ruptura de ese pacto por parte de la derecha política y económica es lo que nos ha llevado a esta situación de deterioro. El no haber desarrollado España como Estado federal y plurinacional nos ha llevado a la situación actual respecto a Catalunya”.
No sólo Cayo Lara y su generación vivieron la dictadura y la Transición. Otros como yo, que pertenecemos a la generación anterior, y todavía la de mis padres, que muchos estaban vivos, las vivimos también. Y estuvimos en pie de guerra durante largos años para que no se ratificaran los pactos que nos traicionaban. La Transición fue la gran Traición. De los que estaban en el exilio, como Carrillo. y de los que habían estado en la cárcel, como Camacho. Solé Tura y otros redactores de la Constitución ni habían estado en la cárcel ni en el exilio, y pronto se vio el beneficio que obtuvieron. Por supuesto los grandes beneficiados fueron los que estaban el poder y que no lo abandonaron.
Es falso que se hubiera podido avanzar mucho con los pactos de la Transición, la prueba es el camino que hemos andado. Y no únicamente por culpa de la derecha, a menos que creamos que las derechas son demócratas y benéficas y sólo ahora, con Rajoy de gran culpable, han cambiado. Desde el momento en que el Partido Comunista acepta la Monarquía, el himno franquista y la bandera borbónica; el mismo Ejército que había masacrado a su pueblo, la misma Iglesia que había sido cómplice del genocidio español, y consiente en mantener intacto el reparto de la riqueza, el poder de la banca, de los grandes consorcios industriales y de los latifundistas del sur y del oeste de España, y aprueba la Ley de Amnistía del 77 que dejaba impunes a los asesinos fascistas, la rendición de las clases trabajadoras era sin condiciones. Tan sin condiciones que un año antes de aprobar la Constitución se firmaban los Pactos de la Moncloa para entregar todo el poder al capital y dejar al proletariado sometido a la patronal.
Y tan humillante rendición se acepta por el PCE para implantar esta parodia de democracia que reinstaura a una Casa Real corrupta, que nos está esquilmando desde hace 39 años, y que alterna en el gobierno a uno u otro partido, ambos siervos de la Banca Mundial, de las multinacionales y de la empresa armamentística, mediante la parodia de elecciones en que los resultados están previstos de antemano. Es demasiado el precio que se ha pagado por el acta de legalización del Partido Comunista.
Que nadie arguya que sin esa legalización el PCE no podía participar en política. Un partido que fue el hegemónico durante 40 años de dictadura, cuyos heroicos militantes habían sufrido persecuciones, torturas y asesinatos sin cuento, ¿qué podía temer en la era de las “democracias” europeas? Todos sabíamos que la clandestinidad se había acabado, quizá no pudiera obtener los escaños en el Congreso y las concejalías en algunos ayuntamientos, pero el precio de tanta rendición era demasiado barato.
A raíz del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 escribí un análisis que publiqué en Poder y Libertad (¿dónde iba a ser) sobre la imposibilidad de que aquel golpe triunfase. Y eso que todavía no tenía todas las claves de la implicación del rey y de los socialistas en el diseño del otro golpe, el de Armada. No me equivoqué. Ni la situación de Europa en aquel año ni el lugar que tenían en la producción, y en la ideología dominante, el Ejército, la banca, los consorcios industriales, los Grandes de España que poseen Andalucía y Extremadura, y la Iglesia, podían propiciar un golpe a lo del año 36. Como decía Marx, si la primera vez fue una tragedia, la segunda fue una farsa. Y así fue y así ha sido. Al fin y al cabo, los vencedores de la Guerra Civil seguían, y siguen, siendo los que detentaban el poder; no necesitaban provocar una nueva guerra.
Los Pactos de la Moncloa hundieron la capacidad adquisitiva del proletariado, el Estatuto de los Trabajadores anuló ventajas y derechos que había concedido la dictadura y la Ley de Amnistía garantizó la impunidad de los asesinos y ladrones que nos habían aniquilado y esquilmado. Todavía están en todas las cunetas, caminos, cementerios y carreteras de España los restos insepultos de nuestros padres y de nuestros abuelos, que en número de más de 150.000 convierten a España en el más grande cementerio. Y cuando en esforzado trabajo, costeado por ellos mismos, los nietos de los asesinados han conseguido hallar una fosa con restos humanos, los jueces se niegan a acudir a levantar los cadáveres, contraviniendo toda norma legal.
Somos el país con más desaparecidos del mundo, en proporción a su población, después de Camboya. Y el más desgraciado. Porque hasta en Camboya y en Sudáfrica se ha constituido una Comisión de la Verdad y se ha enjuiciado a algunos de los criminales que perpetraron las matanzas. En Argentina, en Chile, en Uruguay, en Guatemala, en El Salvador, en Italia, en Grecia, en Portugal, en Alemania, se ha procesado a algunos de los verdugos, que hasta han llegado a ingresar en prisión, mientras que en España los genocidas son los que gobiernan el país, ellos o sus hijos o sus cómplices. Nunca se ha investigado la fortuna de los Franco, de la que siguen disfrutando sus herederos. Nunca se ha enjuiciado a Manuel Fraga, a Serrano Suñer, a Arias Navarro, a Martín Villa, que mantiene las mismas prebendas y negocios.
Contra todo lo que defienden los hagiógrafos de La Ley de Amnistía, desde Nicolás Sartorius a Manuel Fraga, ese cuerpo legal no vino a sacar de la prisión a los antifranquistas encarcelados sino a garantizar la impunidad de los franquistas. El indulto del 27 de noviembre de 1975, por la coronación del nuevo rey, dio la libertad a miles de presos por delitos de asociación, opinión, sindicalismo, prensa, como al propio Sartorius y a Camacho y a los del proceso 1001. Y sobreseyó los sumarios y dejó sin juicio a miles de nosotros que nos encontrábamos en libertad provisional. El segundo indulto en el 76 concluyó de liberar a los que tenían acusaciones de más calado y posteriormente, en el 77, cuando se aprueba la Ley de Amnistía, solo quedaban encarcelados 70 u 80 presos de ETA condenados por terrorismo. Esta fue la única contrapartida por haber dejado sin Memoria Histórica, sin pasado, sin justicia y sin compensaciones a cientos de miles de represaliados por el fascismo y a todo un pueblo.
Cayo Lara podía saber, y debía decir, que es falso que los redactores de esa perversa Constitución se propusieran construir un Estado Federal. Ni en 1978 ni en 2015. Desde el mismo momento en que aceptaron la Monarquía sabían que estaban aherrojando a los pueblos de España. Para eso la escribieron, para seguir explotando a los trabajadores y las trabajadoras, para impedir que se proclamara la III República, para que no se pudiera articular la forma de Estado como una Federación. Sometido el país al Ejército como garante de la unidad de España. Ni aunque ahora el PSOE invente esa farsa de federalismo tiene voluntad de implantarlo, porque lo primero que es preciso para ello es proclamar la III República. Nunca se ha visto mayor disparate político y jurídico que el de una Monarquía Federal. Y ni siquiera Cayo Lara se lo dice.
Todo esto, y mucho más, como los más de trescientos trabajadores, mujeres, y militantes de la izquierda, asesinados por los fascistas entre 1975 y 1982, contuvo la tan elogiada Transición. Y Cayo Lara no sólo debería saberlo, sino que debería explicárselo a nuestros hijos y a nuestros nietos antes de que se embrutezcan totalmente con las enseñanzas oficiales, con la propaganda dominante de las televisiones en poder de las oligarquías. Cayo Lara tiene la responsabilidad de estar informado y de informar, porque para eso es dirigente de Izquierda Unida, y aunque ya no se llame Partido Comunista muchos camaradas están ahí, muchas mujeres y hombres de izquierda siguen entregando su esfuerzo para que este país no sea tan amnésico, tan cruel, tan indiferente, tan cainita con sus antepasados y con sus contemporáneos. Y las mujeres y los hombres de las clases explotadas no se merecen una explicación falsa y traicionera como la que precisamente está defendiendo la derecha, desde Rajoy a González. ¿No es una extraña casualidad?
Fueron los comunistas los que inventaron la autocrítica. Más exigentes que los que les habían precedido hasta entonces en las luchas políticas, decidieron no entregarse a la autocomplacencia de sentirse satisfechos con todo lo actuado. Tanto han sido críticos con ellos mismos que en ciertos momentos se han despedazado, y ahora, cuando ya ha llegado el momento de ajustar cuentas con el enemigo, ahora aceptan la tesis de éste y muestran que están padeciendo el síndrome de Estocolmo, como decía tan certeramente Carlos París.
Pero lo que nosotros, los resistentes, no podemos aceptar con resignación es que la Historia la escriban los enemigos y los conformistas. Porque nuestros antepasados, aquellos que dieron la libertad y la vida por evitar el triunfo fascista, se merecen que se reivindique su heroicidad, y también nuestros descendientes se merecen que les cuenten la auténtica historia, a los que de otra manera dejaremos en la ignorancia y el engaño para que sufran nuevas derrotas. Como también nosotros mismos, los que aún estamos vivos y sabemos lo que fue la interminable lucha contra la dictadura y más tarde contra la democracia, por tener un país digno que legarle a nuestros hijos, no nos merecemos tanta mentira.
Hasta la última gota de saliva, hasta el último resuello del aliento, hasta el último minuto de vida, debemos seguir gritando la verdad; esa que, como decía Antonio Gramsci, es siempre revolucionaria.

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/01/01/la-transicion-fue-una-traicion/

La masacre de los obreros de Vitoria en 1976

Los  sucesos del 3 de marzo de 1976 siguen muy vivos en la memoria de Vitoria. Aquel día, la Policía desalojó por la fuerza a los trabajadores que celebraban una asamblea en la Iglesia de San Francisco. El desalojo se saldó con cinco muertos por heridas de bala disparadas por los agentes y cientos de heridos. Ese episodio sangriento de la historia vitoriana quedó plasmado en el documental Vitoria: marzo 1976. Un documental grabado, montado y distribuido en la España post-franquista por el Colectivo de Cine de Madrid (CCM), que en aquellas fechas se desplazó a la capital alavesa para filmar de manera clandestina.
Adolfo Garijo, uno de los cinestas integrantes de CCM, ha rememorado casi 40 años después de aquella tragedia cómo fue la grabación. Invitado por la Asociación Víctimas 3 de Marzo, Garijo reflexionó sobre la importancia del cine y la fotografia en la activación social. «Una mezcla de pasión, inconsciencia y militancia nos llevó a filmar el 3 de Marzo», asegura el cineasta, acostumbrado hasta ese momento a grabar protestas y huelgas obreras en Madrid.
El documental de Garijo ha permitido mantener vivo durante todos estos años la denuncia de lo que pasó en Vitoria. Con apenas 22 años, se acercó a la capital alavesa desde Madrid con otros dos compañeros. Era el día después del 3 de marzo. «En un día agotador, caída ya la tarde tras la impresionante manifestación que fue el entierro, la gente de Comisiones nos llevó al escenario donde habían ocurrido los hechos. En las paredes se veían los impactos de bala y aún quedaba sangre en el suelo donde alguien había sido abatido».
«Borrachos de multitud como nunca lo habíamos estado en esa contradictoria y reprimida España pos-franquista, habíamos rodado por primera vez sin interferencias policiales porque la policía, la uniformada, no estaba en la calle. Se había ordenado que permanecieran en los cuarteles para no provocar una nueva masacre», recuerda Garijo en algunos pasajes del libro que escribió sobre sus experiencias fílmicas. Pero acabado el entierro, también terminó la tregua. «Los grises hicieron de nuevo su aparición en la calle».
A pesar del riesgo, Garijo y su equipo insistieron en realizar una última entrevista a familiares de las víctimas. Esa entrevista jamás se le olvidará. «De un golpe, se nos pasó la alegría de ver a una ciudad entera en la calle manifestándose contra la dictadura». El enlace de Comisiones les acercó hasta un piso de protección oficial donde les esperaban un hombre de 50 años, su mujer y una hija. «La policía había matado a su hijo. La euforia de vernos entre una multitud que gritaba contra la dictadura había dado paso al tremendo drama humano de una familia ante la muerte».
«El padre», prosigue Garijo, «que quería ser entrevistado y hablar de la injusticia de la muerte de su hijo sufrió una rotura en sus entrañas y comenzó a llorar. Solo se oían sollozos o lágrimas silenciosas. Nadie hablaba. La cámara rodaba y rodaba y el pobre hombre lloraba y lloraba, con unas lágrimas como cataratas de agua o trozos desgajados de sufrimiento que salían a borbotones de sus órbitas». Quería hablar, pero el llanto se lo impedía. «Regresamos a Madrid en un silencio espeso que nos había amargado el baño multitudinario antifranquismo».
Uno de los socios de Garijo vendió posteriormente los derechos de la mayor parte del documental a TVE, que lo ha encerrado en un cajón y del que nadie ha sabido nada. «He pleiteado por esos derechos, pero el juez no me ha dado la razón. El documental completo es patrimonio de todos los ciudadanos que aparecen en esas imágenes, de la ciudad de Vitoria», clama Garijo.
Koldo Larrañaga también es autor de muchas de las fotografías que han acompañado la denuncia de lo ocurrido el 3 de Marzo. Este sacerdote, fotógrafo y cineasta amateur grabó las imágenes de la montaña de casquillos y balas disparadas por la policía y recogidas en la Iglesia de San Francisco. «Unas imágenes que ‘misteriosamente’ han desaparecido«, se lamenta Larrañaga.

Documental sobre la masacre de 1976 en Vitoria
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Adolfo-Garijo_0_340516610.html

¡ Muera la inteligencia !

El 10 de mayo de 1933 una turba enfurecida de estudiantes nazis se juntaron en Berlín. Llevaron más de 20.000 libros cargados en camiones para arrojarlos a las llamas de un hoguera. La escena se repitió en otras ciudades de Alemania y fue retransmitida en directo por la radio. Unas semanas antes habían comenzado a retirar los libros de las bibliotecas públicas y de las academias.

Lo mismo ocurrió durante la transición. En lugar de multiplicar las ediciones de libros, se censuraron y las librerías fueron testigo de una escalada de agresiones sin precedentes por parte de grupos fascistas apoyados por los aparatos represivos del Estado, dentro de una «estrategia de la tesión» destinada a sembrar el pánico y paralizar el movimiento de masas.

El 6 de mayo de 1976 el diario El País titulaba una noticia: «Un centenar de atentados a librerías españolas». Unos días más tarde titulaba otra: «Una librería asaltada cada dos semanas». Nada menos que 33 establecimientos habían sido destrozados en los últimos dieciseis meses después de la muerte de Franco. La prensa de la época hablaba de «ola», «espiral» o «escalada» y el período que se extiende desde la muerte de Franco fue calificado como una «etapa negra» para los libreros. Las cifras utilizadas ascienden a 200 establecimientos afectados.

Algunas librerías fueron objeto de ataques en varias ocasiones, así como de intimidaciones de diverso grado, convirtiéndose en víctimas múltiples. La librería Tres i Quatre de Valencia ostenta un récord: el número de ataques fascistas más alto de Europa. A finales de 1976 había sufrido siete atentados. Otra librería, Pórtico, de Zaragoza, era veterana en agresiones: tuvo su primer ataque en 1946 y tres décadas después acumulaba ya cinco en pocos meses. La dos librerías Antonio Machado, tanto la de Sevilla como la de Madrid, también fueron atacadas en muchas ocasiones por los fascistas.

La librería Rafael Alberti de Madrid padeció cinco ataques. A finales de abril de 1976 provocó la cólera de los fascistas tras organizar un acto en el que el cantaor Manuel Gerena firmó sus obras. Primero les enviaron un anónimo: «Lo de Manuel Gerena ha colmado nuestra paciencia. Pronto os visitaremos». Ese primer anónimo se saldó con dos atentados el 30 de abril y el 8 de junio, que destruyeron completamente la librería siete meses después. En el primero utilizaron piedras para romper las lunas, que luego sustituyeron por un bloque de hormigón traido de alguna obra cercana, dada la ineficacia de las piedras. El bloque de hormigón, ante la resistencia de las lunas, tampoco fue eficaz, por lo que utilizaron las pistolas. Se identificaron cinco disparos que consiguieron perforar una de las cinco láminas de las lunas. Luego utilizaron una barra puntiaguda y un martillo. La finalidad era hacer un agujero para introducir una carga explosiva.

La librería fue víctima de dos atentados más. El 9 de julio los fascistas pintaron las paredes de la librería con varias cruces gamadas y una amenaza: «Volveremos». Finalmente estuvieron a punto de perforar con un punzón la luna antibalas.

Tras nuevas amenazas de muerte contra el propietario el 14 de octubre y el 6 de noviembre, la librería fue objeto de un incendio. Para ello introdujenron gasolina bajo la puerta y prendieron fuego después.

Los ataques violentos sólo eran la punta de un iceberg. Además las librerías, revistas y periódicos debían hacer frente a los controles de la censura y a los riesgos de secuestros y de multas que la todavía vigente Ley de Prensa de 1966 albergaba.

Durante la transición los libreros fueron amenazados  permanentemente. Los fascistas les intimidaron y llenaron sus escaparates de pintadas. La amenaza iba a menudo acompañada de pintadas y el cóctel molotov era avalado por la presencia de cruces gamadas.

Los fascistas justificaban sus crímenes por la presencia en todas las librerías españolas de autores marxistas y progresistas en detrimento de los títulos de los escritores reaccionarios como Menéndez Pelayo, Maeztu, José Antonio y Onésimo Redondo.

En noviembre de 1971 se produjo el primero de los ataques, dirigido contra la librería «Cinc d’Oros» de Barcelona. En esta ocasión varios cócteles Molotov contra los escaparates del establecimiento provocaron un incendio ocasionando la destrucción de libros pero también de una reproducción del «Guernica» de Picasso.

En febrero de 1972 un segundo ataque esta vez contra la librería «Antonio Machado» de Madrid ocasionó el destrozo de las lunas de los escaparates y una serie de pintadas insultantes.

A partir de mayo de 1973 las acciones violentas comenzaron a extenderse a otros centros de interés relacionados con la cultura como revistas, editoriales y distribuidoras. Así, «El Ciervo» (1973), «Nova Terra» (1973) y «Enlace» (3 de julio de 1974) respectivamente, fueron objeto de incendios con consecuencias cada vez mayores.

En la madrugada del 14 de octubre de 1975 explotó una bomba en la sede de la editorial Ruedo Ibérico de París. El atentado no constituía un acto aislado contra editoriales en Francia ya que otras empresas habían sufrido la misma suerte: la editorial vasca de Hendaya Mugalde en dos ocasiones, en abril y mayo; la librería «Naparra» en Biarritz, y en París, las Ediciones Ebro.

Tras la muerte de Franco, 1976 fue el año el más intenso en acciones terroristas. De mayo a diciembre se produjeron 55 atentados a librerías, frente a 25 durante los meses de enero a junio del año 1977. Se trataba del envío de anónimos, amenazas verbales, llamadas telefónicas anunciando estallidos de artefactos, incendios provocados, ráfagas de metralleta, lanzamiento de botes de tinta y colocación de cargas explosivas, cuando no utilizan los excrementos para embadurnar los escaparates de las librerías.

El alcance de los ataques a las librerías queda claro en el siguiente telegrama de 1976, firmado por 27 librerías madrileñas y dirigido a los libreros afectados: «Frente actual escalada violencia extrema derecha, que alcanza a todos los pueblos de la Península, enviamos mensaje solidaridad y hacemos constar indignación ante impunidad de los hechos».

Es otra de las constantes que aparece siempre en el terror fascista de la transción: la impunidad de los criminales. La policía se cruza de brazos y los periódicos se limitan a utilizar términos tales como «unos desconocidos» o «incontrolados».

Sólo hubo una detención, que correspondió al incendio de la ya mencionada librería «Rafael Alberti» de Madrid. Sus autores fueron José Alberto García, Alfonso Moreno, Ricardo Manteca y Francisco José Alemany. Eran los mismos que el 5 de noviembre de 1971 destruyeron la galería de arte Theo, comprendidas una serie de litografías de Pablo Picasso. Aunque la prensa reveló entonces la identidad de los fascistas, en ningún momento establecieron sus vínculos con los servicios de información del franquismo, de la Guardia Civil, del Estado Mayor y de la Presidencia del Gobierno. Sus autores eran policías de Madrid: Francisco José Alemany había sido informador de la policía en la universidad y Ricardo Manteca era un asalariado de la Dirección General de Seguridad. La ultraderecha siempre estuvo muy bien controlada.

La impunidad estuvo rodeada de una constelación absurda de siglas que fueron otras tantas cortinas de humo. En cuatro ocasiones la autoría la reivindica un supuesto «Comando Adolfo Hitler». Otra referencia que aparece con cierta frecuencia en los artículos de opinión es la de los Guerrilleros de Cristo Rey y las siglas GAS pertenecientes a los Grupos de Acción Sindical.

Las compañías de seguros se negaron a pagar los destrozos provocados y a cubrir el coste de las reparaciones por el carácter extraordinario de los daños, por lo que la indemnización recaía en el Consorcio de Reasegurados, compañía estatal dependiente del Ministerio de Hacienda que cobraba el 15 por ciento correspondiente a las primas de los seguros normales.


Ahora bien, para que tales indemnizaciones fueran acordadas era necesario un certificado de la policía como prueba del carácter político de los actos violentos cometidos. La condición previa al pago era que los culpables hubieran sido detenidos y condenados por un juez, lo cual no existió nunca tras alguno de los cientos de atentados.

Los ataques a las librerías nunca han cesado. En 1980 los fascistas volvieron a atacar la librería La Oveja Negra en el barrio de Quintana, en Madrid, que ya había sido atacada cuatro años antes. Unos quince o veinte fascistas armados con bates de béisbol y cadenas profirieron gritos de «¡Viva Cristo Rey!» y otros similares, arrojando una papelera a su interior y rompiendo las lunas. Uno de los cristales rotos hirió en la mano a una de las trabajadoras.

En 2005 se produjo otro ataque en Madrid cuando varias decenas de fascistas irrumpieron en la librería Crisol para reventar el acto de presentación del libro «Historia de las dos Españas», agrediendo violentamente a los asistentes y destrozando el local.

A los asistentes los fascistas les metieron panfletos en la boca, además de zarandear e intentar agredirles, entre gritos de “asesinos”, “genocidas”, patadas por doquier y destrozos de las estanterías repletas de libros.

Uno de los atacantes era un sargento en activo del Ejército de Tierra. Todos ellos eran miembros de Falange.

El año pasado se produjo otro asalto fascista a la librería Blanquerna de Madrid, donde la Generalitat celebraba con algunos diputados la Diada de Catalunya. Como los fascistas no se aplican la ley de partidos a sí mismos, este año los asaltantes se presentaron a las elecciones europeas.

Me mandaron una carta

Nicolás Bianchi

Donde se dice: «Querido Nicolás (no Le Petit Nicholas, sino tú, Bianchi), sabes que soy dado a citar a Jorge Dimitrov, líder que fuera de la Internacional Comunista en los años treinta del siglo pasado, cuando decía el búlgaro que el fascismo es compatible con una burda falsificación del parlamentarismo». Pero, vamos a ver, Nico, ¿hay o no hay fascismo en España o Espain, como te gusta decir a ti? ¿Es baladí, pueril, irrisoria la pregunta? Si no hay fascismo, ¿cómo es que hay antifascistas? ¿Son extraterrestres?

Hay para quien el fascismo es la ultraderecha montaraz, lo que convierte a la «derechona» en «democrática» (léase: civilizada). Para otros el fascismo fue algo coyuntural y que ya pasó (como pasa un tornado, de manera natural) siendo, pues, lo permanente, la democracia burguesa, o sea, haz como yo y no te metas en «política». Otros asocian fascismo con represión masiva, a la pinochetista manera, que sería lo típico del fascismo y que siempre pasa «ahí fuera». No faltan tampoco quienes consideran, desde la izquierda fetén, que hay una combinación de métodos fascistas y de democracia burguesa, una suerte de neofascismo.

Recuerdo, Nicolás, que recién muerto (en la piltra, aunque de mala manera, dicho sea con consuelo, al menos)) el general Franco, el exquisito Antonio Gala escribió aquello tan original de «muerto el perro, se acabó la rabia», esto es, magia y volavérunt: prestidigitación. José Bergamín, rasgó el velo de Maya para decir que: «muerto el perro, se murió el perro, eso es todo». Grande Don Pepe Bergamín.

Lo de la rabia estaba o quedaba por ver. Antes del 11-S -la voladura controlada de las Torres Gemelas en Nueva York y una tercera Torre y el misil al Pentágono, que ya se olvida esto-, vivíamos en libertad, decía la propaganda occidental. Después, en nombre de la libertad, se exporta la misma -catapultando «libertad» arrasando todo- por esos andurriales de fuera y extramuros. En los años 80 -me niego a decir «del siglo pasado», como si habláramos del pleistoceno o del jurásico y fue ayer, como quien dice, disculpa Nico-, se hablaba de procesos de fascistización en Francia o Italia, pero no en el Estado español que tuvo una «transición modélica», inmaculada (también exportable), del «franquismo a la democracia»: puritito birlibirloque. Es decir, que allí donde, como Italia y Francia, el fascismo fue derribado (en la II Guerra Mundial) y se depuraron responsabilidades, se decía que llegaban tiempos de «involución», en Celtiberia Show, no, iba a ser que no, oiga: se avanzaba, al alba y con fuerte viento de levante, del fascismo crudo a la más pulcra y levítica y levitatoria democracia. Más magia, prestimanía y juego de manos.

El fascismo ya no es la cruz gamada (por cierto: el origen de la svástica no tiene que ver con los nazis; su origen es hindú, como el ajedrez o el parchís) ni las camisas negras ni el cara al sol. El fascismo es compatible con el Congreso, el Senado, las elecciones, los partidos políticos, los sindicatos, las manifestaciones y los «tertulistos». La democracia burguesa es cosa de la burguesía premonopolista. Y el fascismo lo es de la monopolista e imperialista actual. Y no hay vuelta atrás como no existe el túnel del tiempo salvo en Jolivú. Hoy Dreyffus hubiera sido condenado (y no absuelto) y Zola, el escritor naturalista francés, acusado de «colaboración con banda armada». Si Franco veía comunistas hasta en la sopa, la «democracia española» -felipatos, aznaratos, etc.- hace, ve y «construye» terroristas hasta el infinito imaginario. Buena suerte y un abrazo. «Indar Gorri».

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