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Un documental de la televisión sobre los nazis polacos levanta ampollas

El domingo el programa “Superwijzer” de la cadena polaca de televisión TVN24 emitió un documental que muestra el culto al nazismo que practica “Orgullo y Modernidad”, un grupo de descerebrados, que celebraron en abril el cumpleaños de Hitler en un bosque, entre esvásticas en llamas y pendones nazis.

Los participantes en el evento prendieron fuego a una gran esvástica de madera empapada en líquido inflamable que fue fijada a un árbol mientras ponían de fondo la música de marchas militares nazis.

La emisión ha generado una ola de indignación en Polonia, hasta el punto de que el Ministerio de Justicia ha ordenado la apertura de una investigación para determinar si existe apología del fascismo entre los descerebrados que aparecen en el documental.

El partido gobernante PiS (Ley y Justicia), de carácter ultrarreaccionario y católico, ha pedido frenar las actividades de grupos neonazis en Polonia y ha solicitado un debate parlamentario.

Por su parte, ayer el ministro del Interior polaco, Joachim Brudzinski, se reunió con el jefe de la policía nacional polaca para concretar acciones contra los grupos nazis.

El pasado mes de noviembre los nazis de Orgullo y Modernidad mostraron fotografías de eurodiputados polacos de la oposición en la horca durante una manifestación en Katowice, al sur de Polonia.

Todos los años, cada 11 de noviembre los neonazis participan en la manifestación que celebra la independencia polaca por las calles de Varsovia.

Pero sobre todo los nazis polacos tratan de explotar el catolicismo. El año pasado convocaron la manifestación con el lema “Queremos a Dios”, para reivindicar que el catolicismo es una de las señas de identidad polacas y europeas.

El catolicismo nazi es el ariete de una islamofobia delirante y un racismo feroz. Durante el mitin, el portavoz de última marcha de noviembre, Robert Bakiewicz, dijo que Polonia es el “bastión de la fe y la religiosidad” en Europa, y que reivindicaban “el catolicismo frente al ateísmo impuesto desde Europa”.

Mussolini inició su carrera política como mercenario al servicio del espionaje británico

La historia recuerda a Benito Mussolini como un político fascista italiano, aliado del III Reich durante la Segunda Guerra Mundial, pero no fueron esos sus orígenes. Hay una parte desconocida de su biografía que no quiere salir de la penumbra: el inicio de su carrera política como espía y mercenario al servicio del Imperio Británico, lo que vuelve a confirmar el nulo carácter “nacionalista” de los fascistas, que no dudan en venderse al mejor postor, aunque se trate de un país extranjero.

Como los demás fascistas, Mussolini era un oportunista que empezó cobrando un salario semanal de 100 libras esterlinas pagadas por el MI5, el servicio secreto británico. Fue una buena inversión. En 1917 Europa vivía en plena guerra imperialista, que fue seguida por la Revolución de Octubre en Rusia y Mussolini era un periodista de 34 años que escribía en “Il Popolo d’Italia” dispuesto a garantizar que Italia continuara luchando junto con los aliados en la Primera Guerra Mundial, para lo cual estaba dispuesto a publicar propaganda en su periódico y a enviar matones a “persuadir” a los manifestantes por la paz de que se quedaran en casa.

Los pagos a Mussolini fueron autorizados por Sir Samuel Hoare, diputado y hombre del MI5 en Roma, que en ese momento dirigía un equipo de 100 agentes de inteligencia británicos en Italia.

El historiador de Cambridge Peter Martland, que descubrió los detalles del acuerdo alcanzado con el italiano dijo: “Desde que Rusia abandonó la guerra, el aliado menos fiable de Gran Bretaña en la guerra en ese momento era Italia. A Mussolini le pagaron 100 libras esterlinas a la semana desde el otoño de 1917 durante al menos un año para mantener la campaña en pro de la guerra, equivalentes a unas 6.000 libras esterlinas semanales de hoy”.

En 1954 Hoare mencionó el reclutamiento en sus memorias, pero Martland tropezó con detalles de los pagos por primera vez mientras revisaba los papeles de Hoare. Además de mantener las rotativas en Il Popolo d’Italia, el periódico que editó, Mussolini también le dijo a Hoare que enviaría veteranos del ejército italiano para golpear a manifestantes por la paz en Milán, una carrera en seco para sus unidades fascistas de camisetas negras.

“Lo último que Gran Bretaña quería eran huelgas a favor de la paz que detuvieran las fábricas de Milán. Era mucho dinero para pagarle a un hombre que era periodista en ese momento, pero comparado con los 4 millones de libras que Gran Bretaña gastaba en la guerra todos los días, era dinero insignificante”, dijo Martland. “No tengo pruebas para probarlo, pero sospecho que Mussolini, que era un notable mujeriego, también gastó mucho dinero en sus amantes”.

Después del armisticio, Mussolini comenzó su ascenso al poder, asistido por el fraude electoral y el terror de los camisas negras, imponiendo el fascismo en 1922. Sus ambiciones coloniales en África lo pusieron en contacto con su antiguo jefe de pagos en 1935. Ahora el ministro británico de Asuntos Exteriores, Hoare firmó el pacto Hoare-Laval, que dio a Italia el control sobre Abisinia, la actual Etiopía.

“No hay ninguna razón para creer que los dos hombres eran amigos, aunque Hoare tuvo un romance perdurable con Italia”, dijo Martland, cuya investigación está incluida en la historia del MI5 de Christopher Andrew, “Defence of the Realm”, que se publicó en 2009. La impopularidad del pacto Hoare-Laval en Gran Bretaña obligó a Hoare a dimitir. Mientras, Mussolini se apoyó en su nueva influencia colonial para aliarse con Hitler, entrando en la Segunda Guerra Mundial en 1940, esta vez para luchar contra los aliados.

Depuesto tras la invasión aliada de Italia en 1943, Mussolini fue asesinado junto con su amante, Clara Petacci, por guerrilleros italianos en 1945 cuando ambos trataban de huir de Italia para llegar a Suiza. “Mussolini terminó su vida colgado boca abajo en Milán, pero la historia tampoco ha sido amable con Hoare, condenado como un apaciguador del fascismo junto a Neville Chamberlain”, dice Martland.

Con el fascismo no valen apaciguamientos de ningún tipo.

—https://www.theguardian.com/world/2009/oct/13/benito-mussolini-recruited-mi5-italy

Stark: el papel de la CIA en el tráfico de drogas en Europa

El libro que escribió el sociólogo Giuseppe De Lutiis hace 20 años, “I servizi segreti en Italia” (Los servicios secretos en Italia), es un obra autorizada no tanto por la titulación universitaria del autor como por ser un integrante de los servicios secretos. De Lutiis escribe, pues, desde dentro.

En 1994 le nombraron consultor de una comisión parlamentaria que se formó en Italia para analizar ciertos atentados cometidos por la OTAN/Gladio y sus colegas del espionaje durante los “años de plomo” (1968-1978 aproximadamente).

De Lutiis tuvo la oportunidad de analizar documentación reservada de Estados Unidos que bien podría resumirse en el informe de ROS (Raggruppamento Operativo Speciale), un equipo de los Carabineros, titulado “Apuntes sobre las actividades de guerra psicológica y no ortodoxa llevadas a cabo en Italia entre 1969 y 1974 a través del Aginter Presse”.

Dedica varias páginas a exponer detalles sobre el papel de la CIA en el tráfico de drogas, tanto dentro de Estados Unidos como en Europa, un asunto ya muy conocido que en De Luttis aparece vinculado a la OTAN/Gladio, a los grupos fascistas y, naturalmente, a la mafia, que no es nada distinto de los otros dos.

Además de la mafia, Estados Unidos tiene en común con Italia a un espía de la CIA, Ronald Stark, al que sus jefes encargaron la difusión de las drogas desde los años sesenta dentro de los movimientos progresistas de la costa oeste de Estados Unidos para lograr su desmovilización. Se llamó Operación Luna Azul.

El juez italiano Giorgio Floridia documentó que el origen de Stark era militar. A principios de los años sesenta trabajó en el departamento de “proyectos especiales” del Pentágono y luego, de forma periódica, siguió recibiendo cheques firmados en Fort Lee, en Nueva Jersey, uno de los centros logísticos del ejército estadounidense.

Stark empezó en la costa oeste, de donde pasó a Nueva York y luego saltó a Europa donde no se presentaba como agente de la CIA, ni tampoco como vendedor de drogas. Era un “revolucionario” entregado a “la causa” en cuerpo y alma, sobre todo a la de Palestina. No había mejor salvoconducto. Al mejor estilo de aquella época, el postureo le permitía meter las narices en todo tipo de ambientes y no hacer nada.

La policía italiana le detuvo en febrero 1975 en el hotel más lujoso de Bolonia, donde encontraron mucho dinero en divisas y casi 5 kilos de marihuana, morfina y cocaína. Portaba cuatro pasaportes diferentes, uno de ellos británico bajo el nombre de Terrence W. Abbott.

Lo interesante del caso es que el pasaporte era genuino, pero la historia de quién se lo dió nunca se divulgó, ni falta que hace, porque es obvia la condición de una institución que puede expedir un pasaporte auténtico que es falso (o al revés).

No obstante, la policía no tardó en descubrir su verdadera identidad. Había nacido en Nueva York el 9 de abril de 1938, era propietario de dos granjas en California y un “holding” en Liechtenstein, aunque lo más jugoso era su centro de investigación biomédica en Le Clocheton, Bélgica, la tapadera de un laboratorio de la CIA para la fabricación de LSD. En sólo dos años, según el informe de ROS, el laboratorio había fabricado 50 millones de dosis de LSD.

Como buen espía, además Stark tenía una caja fuerte en una sucursal romana del Banco Comercial, donde la policía encontró documentación para la síntesis del LSD, además de cálculos para el envío y siembra de semillas de marihuana y cristales de LSD que entonces no eran muy conocidos. En una ampolla había algo no identificado, quizá una muestra de THC, el principio activo del cáñamo.

Otro tipo de documentos de la caja fuerte probaban la relación de Stark y de la CIA con la escoria italiana: el antiguo presidente de la Junta Minera Siciliana, el mafioso Graziano Verzotto, el procónsul de Andreotti y de la democracia cristiana, Salvo Lima, el príncipe golpista Giovanni Alliata di Montereale, y el antiguo jefe del Servizio Informazioni Difesa, Vito Miceli.

Además, Stark mantenía sus contactos al otro lado del Atlántico, de los que recibía cartas con membretes de embajadas. En la cárcel, recibió la visita del vicecónsul de Estados Unidos en Florencia, Wendy M. Hansen, y sostuvo reuniones con varios policías y agentes de inteligencia italianos.

La biografía de cada uno de estos sujetos da para escribir una enciclopedia. Pero sería redundante; es más de lo mismo: la OTAN/Gladio, la CIA, la mafia, los servicios secretos italianos, los golpistas, los fascistas… Seis personas distintas encarnadas en un único dios verdadero.

A pesar del número y la gravedad de los delitos, Stark sólo estuvo cuatro años en la cárcel, aunque en 1982 le volvieron a detener cuando se dirigía de Nueva York a Holanda, una operación en la que la policía capturó un alijo de 16 kilos de hachís y una falsa identidad libanesa.

Esta vez la cárcel fue aún más liviana: un año de encierro.

Pero el nombre de Stark siguió apareciendo por los rincones más insospechados de los bajos fondos italianos, por lo que los jueces pidieron su extradición a Estados Unidos bajo la acusación esta vez de… terrorismo. La respuesta no pudo ser más terrorífica: el 25 de enero de 1985 la policía estadounidense asegura que Stark había muerto en las Antillas el mes de julio anterior, es decir, en julio de 1984.

La respuesta iba acompañada del correspondiente certificado de defunción… Sí, uno parecido al de Paesa y tan verídico como él.

Un centro de torturas: la comisaría de la plaza de la Gavidia en Sevilla

La comisaría de la plaza de la Gavidia en Sevilla es hoy un espacio recogido como Lugar de Memoria. Sin embargo sus instalaciones están abandonadas, con viejos calabozos y tétricos sótanos donde se realizaban terribles interrogatorios y torturas durante el franquismo. Aún continúan intactos.

El documental “Comisaria de la Gavidia. Lugar de Memoria Democrática” realizado por CCOO Sevilla rescata, a través de un proyecto con el Ayuntamiento, las vivencias de los que padecieron vejaciones, insultos y maltrato psicológico, buscando que este edificio no se pierda. Tampoco el rastro de sufrimiento de cientos de víctimas.

Aquel espacio tiene los peores recuerdos de los días más oscuros de la represión franquista. Y sobre todo, la sombra de las arengas que desde el micrófono de Radio Sevilla insuflaba el general Queipo de Llano a la población vencida de Sevilla. En esta misma plaza el último sábado de cada mes se reúnen las asociaciones memorialistas y sus representantes.

Carlos Carreño recuerda que esta comisaría fue “el último reducto de la ciudad contra todo elemento que fuera contrario al régimen”. Por sus oficinas pasaron cientos de hombres y mujeres sevillanos, fundamentalmente. Jóvenes obreros y estudiantes, que durante la década de los sesenta y setenta lucharon por la conquista de las libertades y derechos democráticos.

Construida a principios de los 60, su propiedad ha pasado por manos del Ministerio del Interior. Hoy pertenece al Ayuntamiento de Sevilla sin actividad ni uso desde el año 2003, cuando el Ministerio traslada la comisaría a nuevas dependencias.

La Jefatura de la Gavidia tiene un aspecto curioso. Fue paralela a la creación del Tribunal de Orden Público que cambió de nombre en 1977 por el actual de Audiencia Nacional.

Los agentes que integraban la Brigada Político Social dentro de la Gavidia no han podido ser olvidados por sus víctimas. Francisco Beltrán Ortiz era uno de los más sádicos que sufrió un grave atentado por parte del GRAPO en 1979. Francisco Colina Neto y el inspector jefe José Soriano realizaban también interrogatorios y torturas. El jefe de la Brigada Político Social (la policía política de la dictadura) en aquellos años era José Martín Fernández. Sus testigos recuerdan que este último “no se pringaba en los interrogatorios. Sólo aparecía para ver cómo iban los presos en los sótanos. Vigilaba, hacía gestos para que apretaran más, para decir que ahí estaba él”, dirigiendo al grupo de inspectores que podían tener en los sótanos a los detenidos casi sesenta horas.

Aunque todos torturaban, insultaban y asustaban por igual, cada uno tenía una actuación particular. Dentro del documental se destaca que “todos provocaban para justificar su crueldad. Se metían con el preso y cuando este saltaba encontraban el momento perfecto para torturarlos”.

Soriano es recordado por los detenidos como un hombre “gordo, bajo y con mucha barriga provocado por el alcohol que bebía”. Tenía asignado como vigilancia especial la fábrica de Hispano Aviación y era asiduo a la oficina de personal de dicha fábrica.

Beltrán ha sido descrito como un hombre “alto, corpulento, con bigote a lo mejicano y mirada descarada. Golfo y chulo en los interrogatorios y ante los detenidos mostraba un trato totalmente ofensivo”. Su negocio de espartería en la Avenida Marqués de Pickman era muy popular. Recibió un tiro cerca de su negocio que le atravesó la cara por parte del GRAPO. Aún se encuentra con vida.

Colina era el último de los inspectores. “Seco, más cortante e hiriente”. En cada interrogatorio, intentaba a toda costa “asustar al detenido”. Sus víctimas lo califican como un policía “alto, corpulento y moreno”. Vivía en uno de los barrios obreros de Sevilla, el Polígono San Pablo.

En julio la Junta de Andalucía concedió la distinción de Lugar de Memoria. “No queremos que caiga en la especulación urbanística ni que retoquen el edificio. Sería una manera de que los ciudadanos conozcan la verdadera historia de la Sevilla más reciente”. CCOO reclama que los futuros usos deben estar enfocados a la creación de un centro de interpretación de la dictadura. A pesar de la distinción memorialista de la Gavidia, el consistorio no ha revelado qué uso le va a dar a dicho inmueble.

Los testimonios de aquellos días en la Gavidia resultan escalofriantes, como el que de Kechu Aramburu que en aquella época no superaba los 18 años de edad. “En esos años era estudiante de la Universidad y dirigente de la liga comunista revolucionaria. Teníamos un peso muy fuerte en el movimiento estudiantes desde la corriente trotskista”.

Aramburu era menor de edad. Y su familia procedía de la alta burguesía sevillana. “Vivir aquellos días no era fácil aunque no teníamos tanto miedo, el que teníamos estaba interiorizado. Estábamos seguros de estar luchando con un gigante que no nos iba a vencer y sabíamos que aquella policía nunca nos iba a dejar en paz”.

Recuerda a los agentes Colina y Beltrán antes de su detención. “Iban con gabardinas y el cuello subido por la universidad. Nadie podía decir que no sabía quiénes eran. Eran visibles, se hacían notar y teníamos que tener mucho cuidado de que no averiguaran nuestra reuniones”.

Aramburu recuerda con dificultad el año de su detención. 72, 73 o 74. Una reunión nocturna que acabó con la detención de casi veinte jóvenes de la Liga Comunista. “Solo éramos dos mujeres. El restos eran compañeros y a todos nos trataron con la misma dureza”, dice Aramburu.

Kechu sabía que la Gavidia era la casa de torturas por las que muchos amigos habían pasado. Y los sótanos daban un fiel reflejo de lo que allí ocurría. “El franquismo no tenía consideración con nadie y todos éramos enemigos”. Primero los detenidos estaban separados, luego los juntaban en los sótanos a los que subían a través de una campana. “Sabíamos que al no tener pruebas a la mayoría nos tendrían que soltar a las 72 horas pero nadie se libró que de que estos comisarios sanguinarios nos insultaran y nos dieran patadas. Era el método para destrozarnos psicológicamente”.

Después de insultar y llevarnos al límite, a Kechu y sus compañeros los sacaban por los pelos a la ventana. “Allí te decían que podías caer desde alguno de los pisos como un huido y que ellos nunca cargarían con las consecuencias”. La impunidad, el coraje y el rencor de aquellos días ya está disipado. Kechu no ha querido olvidar lo que ocurría en aquel edificio, hoy abandonado.

Paco Sánchez Legrán era también menor de edad y trabajador de la empresa de Hispano Aviación, en Triana. Con 17 años participaría en una asamblea de trabajadores de Comisiones Obreras Juvenil. Aprendía el oficio de oficial tornero.

Su primera detención en la Gavidia sucedería tras las pintadas realizadas ante la fábrica de textil de Hytasa en 1969. “La BPS me pilló y fui directo a los calabozos”. De las 72 horas que se mantuvo dentro de las dependencias a Paco le estuvieron pegando casi 60 horas. “Nunca supe si era de día ni de noche pero nunca lograron que tuviera miedo hasta que me vi la cara destrozada por los puñetazos y las patadas en el estómago”. Un grupo de madres de presos acudieron a pedir clemencia al entonces cardenal Buero Monreal. Así se libraría aquel joven de llegar hasta la cárcel provincial en esta primera detención.

Paco recuerda que en su “paso al juzgado de Sevilla reclamaría ante el juez palizas y torturas por parte de los inspectores”. El magistrado no levantó ni la mirada. Solo se hacía silencio ante aquellas declaraciones. “Si me pude marchar fue porque a pesar de hablar de mi militancia en Comisiones nunca llegaron a conocer mi compromiso político con las juventudes comunistas”.

El comisario Beltrán fue el encargado de practicar la tortura de Paco. “Era un torturador psicológico que venía cuando terminaban de pegarme los de la rueda”. Eso significaba que un grupo más amplio de agentes que “te pisaban, te tiraban al suelo, te volvían a levantar. Eso ocurría en la tercera o cuarta planta y en el sótano estaban los calabozos”.

El comisario Colina y Suárez fueron los que jugaron el rol violento. “Me insultaban y me decían que sabían que mi tío había estado en un campo de concentración. También me ponían la cabeza en la mesa diciendo que sino hablaba detendrían a mi propio padre”.

Ese era el peor momento en los calabozos, la presión psicológica. “Cuando alguien largaba era siempre porque no podía soportar esa tortura psicológica. Las palizas, los puñetazos se soportaban con los ojos cerrados”. En el tercer procesamiento de Paco llegó su condena más larga. “Me condenan a un año de cárcel por asociación ilegal y propaganda ilícita”. Paco destaca con ironía como por ser año santo compostelano, cumpliría solo seis meses de cárcel. “Una obra social del dictador”. Su etapa carcelaria finalizaría en 1972.

A Ramón Sánchez lo detienen en la fábrica de Hytasa a principios de 1968. Lo llevan directamente a la Jefatura de la Gavidia. “Yo estaba trabajando en la textil y estábamos organizando una protesta porque hubo una intoxicación y se organizó una asamblea de trabajadores”.

Rápidamente llegó la policía. En aquella fábrica las condiciones laborales eran miserables. El régimen disciplinario dentro de la empresa fue lo que llevó a Ramón a sumarse a la lucha. “Había un régimen muy fuerte y te ponían multa por cualquier cosa o suspensión de sueldo” durante días.

Ramón era también menor de edad como la mayoría de los que pasaban aquellos días por los calabozos de la Gavidia. “Me llevaron a la comisaría de la Gavidia. Y allí empiezan a interrogarme. Estoy 72 horas en comisaría y nunca olvidaré el sonido del timbre que sonaba. El que lo escuchaba sabía que era el momento de la próxima paliza”.

Beltrán fue el inspector encargado de sacudir a golpes al joven Ramón. “Fueron insultos, vejaciones y puñetazos en los costados”. Era un miedo interior. Ramón nunca olvidará aquel camino hacia los sótanos.

No fue su única detención. “A principios del 69, me detuvieron en preventiva dentro del estado de excepción. El año anterior me detuvieron cinco o seis veces. Si estabas fichado ya podías aparecer por la Gavidia cada vez que ellos quisieran”. En una de aquellas ocasiones fue tal la paliza recibida que de una patada en la boca, le desencajaron la mandíbula.

Este militante guarda recuerdos del comisario Colina que hizo en su interrogatorio de “poli bueno”. De Beltrán relata como disfrutaba pegando y amenazando. “Te ponía un Mundo Obrero encima de la mesa y se reía después de darte un puñetazo en la cara y patadas en los testículos”.

Ramón señala de aquellos interrogatorios una escena que se le ha quedado grabada: “Entré a las seis de la mañana en la primera ocasión que llegué a la Gavidia y salí a las cuatro de la tarde. Les dije que tenía sed y hambre después de tantas horas. Y se rieron durante un rato. Era unos sádicos. Y sus miradas te infundían un odio profundo” como enemigo del sistema.

http://www.publico.es/politica/torturaba-vieja-comisaria-gavidia-centro-sevilla.html

‘Nuestro país no será conquistado por los nuevos fascistas’, gritan los manifestantes en Austria

Ayer unos 80.000 antifascistas salieron a las calles de Viena para manifestarse contra el nuevo gobierno, del que forman parte los fascistas del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), un partido fundado por antiguos nazis al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Los organizadores de la convocatoria extienden la acusación también contra el Partido Popular (ÖVP) del canciller Sebastian Kurz, socio de gobierno del FPÖ, a los que califican como racistas.

El FPÖ, que controla Ministerios importantes como Exteriores, Interior y Defensa, ha colocado en puestos de alta responsabilidad a miembros de varias “Burschenschaften”, cofradías estudiantiles de ideología pangermanista vinculadas a círculos neonazis.

“No dejéis gobernar a los nazis”, es una de las consignas que más gritaron los manifestantes que tomaron parte en la protesta.

“Nuestro país no será conquistado por los nuevos fascistas”, dijo al inicio de la manifestación el militante de la Plataforma por una Política Humanitaria de Asilo, Michael Genner.

Entre los convocantes figuran también la Ofensiva contra la Derecha y la Plataforma de Izquierda Radical.

Los dos partidos de gobierno han acordado reducir los subsidios a los solicitantes de asilo, se oponen al reparto de refugiados aprobado por la Unión Europea entre los socios comunitarios y pretenden adaptar las ayudas familiares que reciben los trabajadores extranjeros a los niveles de vida de sus países de origen.

Carta de Rodrigo Lanza desde las mazmorras y las mentiras

Rodrigo Lanza con su madre
Compañerxs, amigxs familia…

Otra vez desde las mazmorras del Estado, el estómago de la bestia. En primer grado y FIES escribo estas palabras, aislado, pero no solo, porque sé que nuestros valores son mucho más fuertes que estos barrotes que tengo delante, que nuestro amor por la libertad mil veces más digno que su odio y que no hay pared que logre separarnos de lxs nuestrxs.

Creo en muchas cosas y un par de ellas siempre han sido que la autodefensa antifascista es la lucha más legítima que hay, y que un Estado que promueve el fascismo, el racismo, la homofobia y un largo etcétera atacará despiadadamente a quien se defienda.

Después de ser insultado racistamente, atacado por la espalda por un hombre con un cuchillo en la mano y tras un trágico desenlace, la maquinaria se pone en marcha, el Estado se hace fuerte y sabe que una mentira contada mil veces se convierte en verdad, al menos para la mayoría que necesitan. El atacante se convierte en atacado, se inventan una excusa ridícula del ataque (los tirantes) que ni siquiera aparecen en la investigación policial, el cuchillo desaparece e intentan ocultar vinculaciones fascistas y racistas. Tiran de su mejor arma: el patriotismo. El peligro en la tele soy yo, y dirán esa mentira mil veces, porque pueden y la necesitan. Siento una impotencia terrible al saberme un peón de su juego, pero no desespero, sé por experiencia que la verdad sale a flote aunque la historia la escriban los poderosos, los vencedores… por ahora.

Sé que haremos más ruido que ellos, que nuestros lazos y solidaridad valen mucho más que sus medios y sus muros. Sigo creyendo ahora más que nunca en la legítima autodefensa, en el antifascismo, en mis hermanxs en la calle, en nuestras luchas, en mi familia, en mis principios.

Por todo esto y más, aún aquí, tras todo lo que estoy viviendo, sigo sintiéndome afortunado, porque sé que cuento con ustedes, y ustedes conmigo.

Desde las mazmorras, aislado, pero no solo.

Rodri, 2 de enero de 2018

No se puede resolver en los juzgados lo que no se ha resuelto en las calles

Juan Manuel Olarieta
Por primera vez en la historia, una jueza de Bergara, en Gipuzkoa, abrió una causa para investigar los crímenes cometidos por los franquistas tras la guerra. Ahora ha llegado otro juez y le ha dado el carpetazo, sin más ni más, no vaya a ser que nos enteremos de algo que no debamos saber. Hay crímenes que tienen que quedar impunes porque los comete el propio Estado que los debe juzgar.

No es la primera vez, ni será la última, que alguien pretende resolver en los juzgados lo que no ha resuelto en las calles. Le ocurrió a la hija de Julián Grimau, dirigente del PCE asesinado en 1963 tras un consejo de guerra nulo porque infringía las propias normas franquistas.

Es necesario recordar que no hicieron una parodia de juicio contra Grimau por ser un dirigente del PCE en la posguerra sino por su papel durante la guerra civil; como a tantos otros. A diferencia de sus enemigos, los franquistas sí tienen memoria histórica y juzgan a los demás por dos motivos: el primero es que ganaron la guerra y el segundo es que la siguen ganando, es decir, porque no ha existido ninguna clase de transición sino la continuidad del mismo régimen impuesto por la fuerza de las armas en 1939.

Por lo tanto, es mentira que en la transición acabara algo y que la lucha contra el fascismo perdiera su significado histórico. Si así fuera, hubiera habido un cambio, una amnistía, una rehabilitación de los antifascistas y una condena -siquiera simbólica- de los criminales que desataron una guerra civil y siguieron matando aún más después de ella.

La guerra civil sigue y seguirá martirizando la conciencia de todos y cada uno de los que tienen un mínimo de ella porque ni se ha resuelto ni se va a resolver jamás por las vías que algunos pretenden: sacando los cadáveres de las cunetas y dándoles una “cristiana sepultura” en otro lugar.

Tampoco se va a resolver en ningún juzgado porque para eso habría que cambiar los juzgados, cambiar los jueces, cambiar los fiscales, cambiar las leyes, cambiar la constitución y cambiar la jurisprudencia o, en otras palabras: derrotar al fascismo, hacer una revolución.

Es la podredumbre de la conciencia actual -de quienes aún tienen algo de eso- lo que hace que aquí impere un estilo tabernario de hablar con grandes palabras de las que muy pocos se esfuerzan por saber el significado, de manera que a cualquier género podrido le llaman amnistía, o genocidio, o independencia judicial, o constitución, o democracia, o libertad, o separación de poderes.

No nos esforcemos en exigir a este Estado que investigue nada porque al final de esa investigación lo primero que va a aparecer ya lo sabemos: el delincuente es el propio Estado, y nadie se pone al soga al cuello a sí mismo y menos todo un Estado fundado sobre el crimen, el saqueo, la represión y el silencio.

Lo segundo que va a aparecer es propio de los amantes de lo jurídico (“doctrina de la fruta del árbol envenenado” lo llaman en Estados Unidos) y también es harto sabido: todas las normas e instituciones derivadas de un acto nulo, como el del 18 de julio de 1936, son nulas, no tienen ningún valor. Ni antes ni ahora. Cabe añadir que por los actos nulos no transcurre el tiempo; no prescriben. Seguirán siendo nulos siempre.

Por eso los republicanos siempre hablaron del franquismo como un régimen “de facto”. También en esto tenían razón.

Crónica negra de la transición: el asesinato de un albañil por la policía política

Rodríguez Ledesma: el obrero asesinado
Eran las cinco de la tarde de aquel 9 de julio de 1977. Francisco Rodríguez Ledesma. Albañil. Currante y vecino en paro del barrio obrero del Cerro del Águila se encontraba en una de las asambleas celebradas ante el expediente de crisis que amenazaba los dos mil puestos de trabajo de la fábrica textil de Hytasa (Sevilla). La instalación había sido inaugurada cuarenta años antes por el general Gonzalo Queipo de Llano.

Aquella tarde unas cien personas al grito de “No al cierre de la textil” alterarían, tras meses de protesta, al Seat 1500 color crema que llegaba a cada concentración con tres agentes de la Brigada Político Social. La nota del Gobernador Civil relata al día siguiente de aquella revuelta como “supuestamente lanzaron piedras al vehículo los manifestantes” de Hytasa. Más tarde, cayeron disparos. Gritos. Y un solo herido que termina muerto. A Ledesma, de 54 años de edad, le estalló el bazo y tuvo perforación de colon a causa del disparo de uno de los agentes de la BPS a menos de veinte metros de distancia.

Seis meses de lenta agonía y seis operaciones más no le salvaron de “sufrir un agravamiento considerable, con infección abdominal y una afección renal aguda”. Murió el 4 de enero de 1978. Se cumplen cuarenta años de su asesinato. Casos como el del albañil Francisco Rodríguez Ledesma confirman como a las puertas de la Transición, y con el dictador muerto hacía dos años, el terror no había pasado. Una de sus modalidades eran los tiros al aire en medio de manifestaciones que costaron la vida a trabajadores a plena luz del día.

El escritor Juan José Téllez relata sobre el caso de este albañil del Cerro del Águila la impunidad que nunca ha salido a la luz. El agente “era un tipo con gafas que bajó de un coche policial. Así describieron a su asesino. Nunca identificado, jamás condenado”.

La explicación oficial llegaría días más tarde en uno de los comunicados lanzado por el entonces gobernador civil José Ruiz de Gordoa: “Dispersada la concentración, un grupo de unas 100 personas, identificó un coche policial dirigiéndose contra el mismo y arrojándole piedras con propósitos claramente agresivos, viéndose obligados los ocupantes a salir del coche y efectuar disparos al aire. Posteriormente se tuvo conocimiento de que en la Casa de Socorro de Nervión había ingresado un hombre herido de bala y que resultó ser Francisco Rodríguez Ledesma”.

La prensa de la época se hizo también eco de los terribles sucesos. “Las cargas de la Policía Armada sembraron el desconcierto entre los miles de manifestantes. Entre el tumulto, cinco disparos de bala salieron de la pistola de un policía de paisano hiriendo de muerte a Ledesma”.

Los obreros de la textil de Hytasa, una de las fábricas más grandes del sector, llevaban varias semanas de concentraciones. En sus puertas se reunían miles de vecinos de todos los barrios obreros, los Pajaritos, La Candelaria, Polígono Sur, Su Eminencia, Rochelambert y el Cerro.

Aquella tarde del 9 de julio, Ledesma llegó a la concentración como un trabajador afiliado a Comisiones Obreras, aunque se encontraba en paro y nunca había sido de la plantilla de la textil. Esa tarde había pasado por la bodeguita donde hablaba con otros albañiles de posibles chapuzas que podían salir en el barrio.

Sin dar apenas tiempo a los convocados, comenzaron las carreras, las cargas, el humo, todo por unos gritos que alteraron a aquella Policía Armada. Nadie olvida que los agentes de la BPS estaban a tan solo a veinte metros de distancia de los trabajadores de la textil. “De la calle Héroes de Toledo surgió un Seat 1500 color crema. De él se bajó un hombre que rondaba la cincuentena. Parece que algunas de las personas recriminaban a la Policía su enérgica, incontrolada e inconsecuente represión”, aclaraban los periódicos.

“Nadie olvida aquella tarde. Fue para todos un día muy traumático. La muerte de un compañero que, sin ser trabajador, fue aquella tarde a ayudar a sus vecinos que se veían amenazados a irse a cola del paro”, relata Pepe Verdón, vecino del barrio en aquella época. Ledesma había llegado al barrio junto a sus siete hermanos desde Morón de la Frontera. “Se habían buscado la vida en este barrio obrero y en aquella etapa buscaba por las tardes chapuzas que le salieran en la casa de algún vecino. Sin familia y sin trabajo, este albañil intentaba salir adelante como todos”.

Miguel Rodríguez Ledesma, hermano de Francisco, recuerda como en aquella etapa su hermano mayor tuvo la peor suerte del mundo. “En aquella época vivía con mi madre. Después de tantos meses en el hospital solo queríamos descansar de un episodio tan difícil”, relata. El mayor de los Ledesma pertenecía como trabajador de la construcción al sindicato de CCOO. Su hermana Rosario aún guarda en el cajón de su habitación el carné de afiliado, las gafas y las 50 pesetas que llevaba encima en el momento que se cometió el asesinato.

Verdón habla del dolor de una familia que no vio a los culpables sentarse en el banquillo hasta casi tres años después de su muerte. “El día del juicio estaban sentados en el banquillo el jefe de la BPS en Sevilla que aún está vivo y un agente de Cádiz de la Brigada que recalcó que aquel disparo a 15 metros de la espalda de Ledesma se hizo para salvaguardar su seguridad”. Los responsables no cumplieron condena, quedando otro asesinato de la Transición impune.

Ledesma murió en el Hospital Virgen del Roció donde ingresó la misma tarde del 9 de julio. Seis meses después con el pulmón infectado, el riñón y los intestinos no se pudo hacer nada por él. Hoy su hermana Rosario ha sido la única que ha mantenido su legado y reivindica la lucha de su familia por conseguir una respuesta a pesar del paso de los años.


Rosario Rodríguez Ledesma no olvida el día de la muerte de su hermano, cuarenta años después. “Cientos de personas quisieron acompañar a la familia desde el hospital al cementerio en una especie de cortejo que no fue finalmente permitido”. Cientos de personas fueron de todas formas y vociferaron delante de la policía pidiendo responsabilidad a “aquellos fascistas en una larga caminata hasta el camposanto”.

El colectivo Aire Libre, presidido por Verdón, junto al grupo de trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía de CGT  (RMHSA) han exigido a la Junta que esta “víctima colateral” del régimen tenga su Lugar de la Memoria, concretamente en la esquina donde fue alcanzado, la de la avenida de Hytasa con Diamantino García. Hoy lugar de entrada de un centro de educación primaria.

El colectivo Aire libre repone cada mes una placa improvisada que recuerda a los vecinos del barrio la esquina de su asesinato.

La solicitud trasladada a la Dirección General de la Memoria Democrática, para su inscripción en el Catálogo de Lugares de la Memoria Histórica de Andalucía fue aprobada el pasado mes de julio, aunque Verdón recuerda que “se encuentran a la espera de que se coloque la placa oficial”. La nueva ley de Memoria ha aceptado como víctima de la dictadura a este albañil al haber sido asesinado antes de 1982, tal y como marca la nueva ley de Memoria Democrática andaluza.

Desde 2015, el colectivo Aire libre repone cada mes una placa improvisada que recuerda a los vecinos del barrio la esquina de su asesinato. “Nos la tiran, se cae, se moja con la lluvia pero una vez más la volvemos a poner hasta que llegue la definitiva”.

Cecilio Gordillo, coordinador de la RMHSA, añade la importancia de este caso y de su recuerdo en esta etapa tan oscura. “La necesidad de que las víctimas de la Transición sean víctimas de la represión del régimen, aunque sí podríamos decir que el golpe tiene una fecha concreta, 18 de julio del 36 no así el nacimiento del modelo creado (franquismo) y mucho menos su muerte y represión”.

http://www.publico.es/politica/caso-rodriguez-ledesma-historia-albanil-tiroteado-policia-protesta-plena-luz-dia.html

16 mineros fueron fusilados en Cáceres durante la sangrienta Navidad de 1938

Se cumplen ocho décadas desde que piquetes militares dirigidos por generales golpistas sembraran el terror y segaran a golpe de fusil la vida de 196 republicanos en Cáceres y poblaciones aledañas. El pretexto: un falso complot republicano para tomar la ciudad.

Estaba a punto de despuntar el día cuando los mineros de la barriada de Aldea Moret de Cáceres fueron conducidos a punta de fusil hasta el campo de tiro de la ciudad donde recibieron el impacto mortal de un pelotón de 60 piquetes conformado por 20 guardias civiles, 10 guardias de asalto y 20 falangistas.

Estos hechos ocurrieron en vísperas del día de Reyes Magos del año 1938 como relata el libro “Tragedia y represión en Navidad”, del historiador Julián Chaves Palacios.

El hijo de Mateo Duque Ramos, fusilado el 5 de enero de aquel año, que dejó viuda y cuatro hijos, conoció que el cuerpo de su padre yacía en el cementerio con 14 años. Fue un día que lo llevaron a limpiar hierbas al cementerio y un hombre se lo dijo, según relata su nieto.

“Era mi abuelo y no pertenecía a ningún partido, no se identificaba con ninguna ideología, pero tenía una profesión muy delicada por aquellas fechas: se dedicaba a cargar los barrenos en las canteras de cal” y conocía el uso de la dinamita, lo que valió para relacionarlo con el falso complot.

Fernando Baz, sobrino de Eulogio Baz Marcos, también fusilado, relata que un día, al volver a casa de su hermana Paula, mujer viuda con la que vivía, avisaron a su tío de que la Guardia Civil había ido a buscarle. Eulogio “se arregló y se fue al cuartel sin más y nunca volvimos a saber de él”, lamenta su familiar. “A los pocos días, el 5 de enero de 1938, le fusilaron”.

Un primo de la familia, enterrador y encargado de introducir los cuerpos del fusilamiento en la fosa común fue quien lo advirtió al reconocer los cuerpos de su tío y de otro primo, Julián Baz, minero caído ante el mismo pelotón.

Tras romper años de silencio y temor, los hijos y nietos han contribuido a arrojar mucha luz sobre la sangrienta navidad de hace 80 años en Cáceres. Los 16 mineros –a quienes tan sólo figurar sus nombres impresos en una libreta supuso la pena de muerte– perdieron su vida fruto de “una caza de brujas planificada por un militar africanista” para aterrar a la población.

Desde julio de 1936 Cáceres había caído en manos de los sublevados golpistas y, a pesar de ello, el general africanista Ricardo Rada denuncia un supuesto complot dirigido por Máximo Calvo para tomar la ciudad que desencadena la masacre.

Los fascistas sublevados protagonizaron semanas de represión y escarnio sobre la población cacereña que darían como resultado más de 400 detenciones y el fusilamiento, sin capacidad de defensa, de casi 200 personas. Ocurrió entre el 25 de diciembre de 1937 y el 21 de enero del año siguiente.

El detonante de la inquina fascista, que sometió por aquellas fechas a las poblaciones cacereñas a fusilamientos al amanecer, mediodía y atardecer, resultó un “montaje de los sublevados y falangistas”.

Una operación ficticia dirigida por el militar africanista al mando en Cáceres para someter y erradicar cualquier intento de insurrección entre la población. Lo que evidencia la “represión sistemática” de los golpistas en tierra extremeña.

Los pelotones de piquetes fusilaron a 196 personas (182 hombres y 14 mujeres). Fusilamientos que se registraron en las poblaciones de Cáceres, Arroyo de la Luz, Malpartida de Cáceres y Navas del Madroño, ocasionando las bajas más numerosas en estas dos últimas poblaciones. En Cáceres ciudad destacan dos ejecuciones masivas con 34 personas en el campo de tiro y 16 mineros el día de reyes; y en Navas del Madroño, el drama prácticamente afectó a todos sus hogares puesto que asesinaron a 68 de sus 3.000 vecinos.

Entre las víctimas había padres, hijos y hermanos; maestros, mineros, sindicalistas, y también cargos públicos como el alcalde de Cáceres, el socialista Antonio Canales; y el presidente de la Diputación, Ramón González Cid, de Izquierda Republicana.

https://elsaltodiario.com/saltamos-extremadura/memoria-historica-visperas-reyes-16-mineros-fueron-fusilados-caceres-durante-navidad-1938

La violencia crece en Alemania por culpa de los fascistas, no de los inmigrantes

Un estudio encargado por el gobierno muestra que los delitos violentos en Alemania aumentaron en un 10 por ciento en los últimos dos años.

Otro estudio diferente publicado recientemente negó que el aumento de delitos fuera obra de los inmigrantes o refugiados, un argumento recurrente que suele ser utilizado por los fascistas en sus campañas políticas.

Lo que las estadísticas reflejan es más bien lo contrario: que los inmigrantes y los refugiados son cada vez más las victimas de agresiones en su contra.

Según la Oficina de Investigación Criminal, en la inmensa mayoría de los delitos contra los inmigrantes, los autores son los fascistas, que son los mismos que protestan por el aumento de las agresiones.

Aunque el año pasado los ataques contra hogares de refugiados en Alemania disminuyeron 75 por ciento, las agresiones personales contra los solicitantes de asilo se incrementaron.

Datos oficiales del gobierno revelan que en los tres primeros meses de 2017 hubo 54 personas lesionadas, como resultado de 318 ataques contra refugiados, mientras en el tercer trimestre del año la cantidad de incidentes aumentó a 425, con 76 heridos.

La Oficina de la Policía Criminal Federal contabilizó 264 ataques, entre ellos incendios y asaltos contra hogares de refugiados, la mayoría perpetrados por fascistas.

Entre enero y septiembre la policía alemana registró un total de 211 ataques contra centros de refugiados, casi uno al día. No obstante esta cifra evidencia un descenso con respecto a incidentes de los dos años anteriores.

A finales de diciembre el Ministro de Justicia, Heiko
Maas, declaró que el alcance de la hostilidad en Alemania hacia
los extranjeros es vergonzosa y que los culpables debían comparecer ante los tribunales.

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