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Los fascistas italianos que combatieron en la Guerra del Donbas se han traído su arsenal militar

El lunes la policía italiana anunció la captura de un arsenal bélico durante una redada contra los fascistas en Turín y otras localidades del norte de la península transalpina.

Los fascistas habían participado junto a sus colegas nazis ucranianos en la Guerra del Donbas y se habían infiltrado entre grupos de seguidores del equipo de fútbol de la Juventus.

“Durante la operación, se incautó un misil aire-aire en perfecto estado de funcionamiento y utilizado por el ejército de Qatar”, explicó la policía en un comunicado en el que transmitía imágenes del misil aire-aire.

La policía encontró unas 20 armas de guerra sofisticadas, incluyendo rifles de asalto automáticos de “última generación”, numerosas municiones y propaganda neonazi.

Los detenidos son Fabio Del Bergiolo, de 50 años, antiguo candidato en las listas del grupo neofascista Forza Nuova, así como un suizo de 42 años y un italiano de 51 años detenidos cerca del aeropuerto de Forli (noreste), sospechosos de haber intentado vender el misil.

“Tenemos algunas ideas sobre lo que podemos hacer con el equipo incautado, pero por el momento no tenemos motivos para especular”, dijo a la prensa el comisario de policía de Turín, Giuseppe De Matteis.

La policía italiana ha llevado a cabo varias redadas en las últimas semanas contra los fascistas italianos, especialmente en los alrededores de Turín. El último, el 9 de julio, condujo a la detención de Fabio Carlo D’Allia, acusado de defender el fascismo y poseer munición de guerra.

Homenaje a los represaliados por el franquismo y a los guerrilleros que lo combatieron

Este año León volverá a servir de Homenaje póstumo al presidente y alma de la Asociación “Agrupación Pozo Grajero” desde 1998, Mario Osorio. El II Festival que lleva su nombre se convierte en un concierto de “Rojo Cancionero”. Os recomendamos asistir, es una actividad abierta a quien quiera disfrutarla y gratuita.

La cita comenzará a las 11:30 en Polvoredo, en León, justo delante del punto donde se inicia la subida hacia la sima. Una vez lleguemos al Pozo se celebrará un acto abierto de reconocimiento a las víctimas del franquismo y a los luchadores por la libertad y la democracia, por la república, que sacrificaron sus vidas por sus ideales.

Seguidamente al acto en el propio Pozo, nos trasladaremos a la Casa del Parque Regional de Picos, situado en la localidad de Lario, donde se disfrutará de una comida colaborativa.

Tras la comida y siguiendo con el recuerdo y homenaje a las personas represaliadas por la dictadura y al propio Mario se celebrará un concierto donde contaremos con la voz de “Rojo Cancionero”.

La Junta Directiva de la Agrupación anima a la mayor de las participaciones y que este día sea un digno recuerdo para Mario, su legado, las víctimas y las familias de las personas asesinadas por el fascismo en España.

https://www.tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/2019/07/08/la-agrupacion-pozo-grajero-invita-a-participar-en-el-homenaje-a-las-victimas-del-franquismo-y-la-tradicional-subida-a-la-sima

El franquismo refugió a los criminales de guerra nazis tras la Segunda Guerra Mundial

El diplomático franquista Emilio de Navasqüés, tío abuelo del alcalde de Madrid José Luis Martínez-Almeida, eludió la petición del Consejo de Control Aliado para repatriar a todos los hombres de Hitler que se escondieron en nuestro país durante la Segunda Guerra Mundial.

Emilio de Navasqüés y Ruiz de Velasco (1904-1976) fue un destacado diplomático español al servicio de Franco que dejó algunas páginas ciertamente interesantes para la historia durante el final de la Segunda Guerra  Mundial. Navasqüés, tío abuelo del actual alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, fue el responsable de que un buen puñado de jerarcas y espías nazis consiguieran escaparan de los aliados, que al término de la contienda exigieron la extradición de todos aquellos sospechosos de haber pertenecido al Tercer Reich. Y es que la supuesta neutralidad del Caudillo durante la contienda mundial sirvió, entre otras cosas, para que España se convirtiera en un tranquilo oasis de paz y refugio para altos mandatarios del nazismo.

Nacido en Madrid, Emilio de Navasqüés ingresó en la carrera diplomática española en 1929 y ocupó, entre otros cargos, el de cónsul general en Tánger (1934-1935) y el de embajador español en Buenos Aires (1950-1951), Roma (1958-1959) y Lisboa (1972-1974). Entre 1950 y 1972 fue director de la Escuela Diplomática.

Navasqüés llegó a ejercer como director general de política económica del Ministerio de Asuntos Exteriores y fue el encargado de negociar con las potencias aliadas el destino del importante patrimonio alemán acumulado en nuestro país al término de la Segunda Guerra Mundial. Desde ese puesto de responsabilidad, el alto funcionario elaboró un informe confidencial en el que recomendaba no entregar a los aliados a un buen puñado de contactos y agentes nazis que pululaban por tierras españolas. Fue así como se sospecha que muchos criminales de guerra lograron huir o permanecer ocultos en España durante largos años. 

La historia del “informe Navasqüés” comenzó cuando Estados Unidos envió a España un listado de eminentes cargos del Tercer Reich reclamados por el Consejo de Control Aliado en 1947. La primera lista fue confeccionada a partir de 1945 y presentada al Gobierno franquista ese mismo año. Constaba de 11 folios escritos a máquina y en lengua inglesa. El documento, bajo el sencillo título de Lista de repatriación, fue redactado por los servicios de espionaje aliados (principalmente agentes de Estados Unidos, Francia y Reino Unido) y remitido a Franco con el fin de reclamarle la expulsión de todos ellos y su entrega inmediata a la nueva Alemania.

En aquel listado con más de un centenar de nombres había jerarcas del nazismo de la talla de Karl Albrecht, amigo personal de Adolf Hitler y presidente de la Cámara de Comercio Alemana en Madrid; Hans Becker Wolf, representante del Nationalsozialistische Volkswohlfahrt (NSV) en Barcelona; Wilhelm Beisel Heuss, jefe del Partido Nazi en San Sebastián y delegado de propaganda para el norte de España; y Johannes E.F. Bernhardt, el gran empresario del grupo Sociedad Financiera Industrial (Sofindus), general de las SS, contacto de Hermann Göring en España y uno de los hombres fuertes de las finanzas del Tercer Reich. Se sabe que Navasqüés llegó a negociar personalmente con este industrial la entrega de los bienes del grupo Sofindus ordenada por las potencias ganadoras de la guerra.

El 4 de marzo de 1948, poco después de que el Gobierno español recibiera el listado del mando aliado, Emilio de Navasqüés redactó el pertinente informe dirigido a la atención de Alberto Martín Artajo, ministro de Asuntos Exteriores durante la dictadura franquista, en el que dividía a los 104 alemanes residentes en España y sospechosos de pertenecer al Partido Nazi en tres categorías. Además, el director general formulaba distintas recomendaciones sobre la conveniencia o no de su entrega a los aliados, según publicó el periodista José María de Irujo en un extenso artículo publicado el 11 de mayo de 1997 en el diario El País.

En la primera categoría del informe, Navasqüés incluía a 26 personas bajo el calificativo de “agentes profesionales del servicio de espionaje alemán o similares”. El funcionario de Franco recomendaba que todos ellos fuesen entregados a los aliados. En un segundo bloque se agrupaba a otras 36 personalidades sobre las que Navasqués opinaba que “no había datos suficientes” de su pertenencia al Gobierno de Hitler, aunque dio margen de maniobra al ministro Artajo para que él mismo decidiera las que debían ser entregadas a los norteamericanos.

En la tercera categoría figuraban 39 personas más que “de ninguna manera” debían ser repatriadas porque su historia interesaba “a la economía nacional” de España o merecían por parte de las autoridades españolas “una especial consideración”. En este último grupo se encontraban directores de grandes empresas alemanas como Merck, IG-Farben y Sofindus, el importante holding germano formado por 16 firmas y presidido por el ya citado Johannes Bernhardt, el general de las SS que figuraba en el número 7 de la lista de perseguidos por los aliados.

Bernhardt, el todopoderoso ejecutivo de Sofindus −un conglomerado de empresas de la Alemania del Tercer Reich−, trabajó en España durante toda la Guerra Civil y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, llegó a acumular un gran número de empresas filiales con las que ayudó a financiar el golpe militar de Franco.

Bernhardt −afincado en el Marruecos español desde 1929− había montado Sofindus en noviembre de 1938 en Lisboa. Para ello se había servido de un capital valorado en dos millones y medio de pesetas de la época. Por entonces, el industrial ya había fundado la Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes (Hisma), una empresa fantasma encargada de servir como tapadera para el tráfico de armas destinadas al bando franquista. Hisma (en alemán Hispano-Marokkanische Transport-Aktiengesellschaft) fue constituida el 31 de julio de 1936 en Tetuán, es decir, a los pocos días del alzamiento nacional que dio paso a la sangrienta Guerra Civil. Controlada por el Partido Nazi gracias a Johannes Bernhardt, esta compañía iba a desempeñar un papel clave en el contienda española, ya que pasó toneladas de material bélico al bando nacional.

Con la creación de Hisma se pretendía que el trato comercial de Bernhardt con Franco fuera lo más discreto posible, aunque a medida que avanzó la guerra las actividades de la empresa fueron haciéndose cada vez más oficiales y públicas. Avanzada la guerra, Hisma se integró en la Sociedad Financiera Industrial (Sofindus), consorcio de empresas alemanas que acabaría monopolizando el comercio exterior español. La Hisma-Sofindus continuó con sus operaciones tras estallar la Segunda Guerra Mundial, canalizando el suministro de materiales hasta el fin de la contienda que terminó con la derrota de Hitler.

Sofindus, que tuvo su sede central en el número 1 de la avenida del Generalísimo de Madrid, contaba en 1939 con delegaciones en ocho ciudades españolas y con una plantilla de 260 empleados −la mitad de ellos españoles−. Para entonces poseía catorce filiales a cargo de diversas actividades −transportes, minería, maquinaria, cueros, vino y frutas−. La mayor parte del capital era alemán, aunque los nazis se sirvieron de una red de testaferros españoles para cumplir con la legislación española de la época, que establecía un límite del 25% para capitales extranjeros. Si bien este conglomerado empresarial estuvo controlado parcialmente por la administración franquista, Sofindus se encontraba subordinada a la dirección de otra compañía, Rowak, y recibía todos sus fondos económicos de Alemania.

Durante la Segunda Guerra Mundial el grupo Sofindus registró una intensa actividad en el comercio hispano-alemán, aunque también desarrolló otro tipo de actividades. Así, en agosto de 1941 creó la compañía Transcomar −acrónimo de Compañía Marítima de Transportes−, que mediante mercantes con bandera neutral española lograría transportar 125.000 toneladas a las fuerzas del Eje en el Norte de África entre 1941 y 1942. En marzo de 1943 fundó otra filial, la compañía Somar, encargada de la adquisición de fluorita y wolframio, minerales de gran valor estratégico para la industria bélica nazi. Más adelante, en 1944, Sofindus participó en el contrabando de suministros a las guarniciones alemanas que habían quedado aisladas en la costa atlántica francesa tras el desembarco de Normandía. Se cree que en una ocasión Bernhardt intervino en la adquisición de un cargamento médico de penicilina que los aliados habían enviado a España y que él desvió a Alemania. El empresario alemán mantuvo unas estrechas relaciones con Francisco Franco, quien le hizo un buen regalo personal una vez terminada la Guerra Civil: más de 1,4 millones de pesetas.

Las actividades de Bernhardt y Sofindus no solo supusieron una gran preocupación para los aliados, sino que también provocaron las protestas de algunas compañías alemanas en España por su posición monopolística. La historia del jerarca nazi acabó con el final de la Segunda Guerra Mundial. En octubre de 1945 las autoridades franquistas, apoyadas por el informe Navasqüés, acordaron con las autoridades británicas, francesas y estadounidenses que el patrimonio y los activos de Sofindus fueran puestos bajo control de las potencias aliadas.

Sin embargo, Franco dio orden de proteger a ese empresario fiel que le había ayudado a ganar la guerra y se mantuvo firme frente a las presiones de los aliados. Incluso le acabó concediendo la nacionalidad española en 1946. Bernhardt nunca fue deportado. De nada sirvió el informe Navasqüés. Durante los años de posguerra el jerarca alemán resioió en Denia, donde pasó casi desapercibido. Fue uno más de los muchos nazis que gozaron del soleado balneario español franquista. Se sabe que en 1953 se trasladó a Sudamérica, instalándose Dn Argentina, donde siguió manteniendo diversos negocios. Falleció en Múnich en 1980 aunque misteriosamente se ha conservado una lápida con su nombre en el Cementerio Civil de Madrid. De cualquier forma el jerarca nazi vivió un retiro dorado. Otro criminal de guerra que se iba de rositas. El “Informe Navasqüés” había cumplido a la perfección con su cometido: dar cobijo y amparo a los señores del nazismo.

https://diario16.com/informe-navasques-el-documento-que-prueba-que-franco-dio-refugio-a-jerarcas-nazis-en-espana/

¿Auge de ‘la ultraderecha’ en Europa? En Dinamarca han perdido la mitad de los votos que tenían…

Mette Frederiksen: próxima Primera Ministra
En Europa la socialdemocracia ha levantado una cortina de humo sobre el “auge de la ultraderecha” seleccionando unas noticias, las que informaban de la subida electoral de determinados grupos políticos reaccionarios, y ocultando otras, que indicaban su declive.

Los partidos socialdemócratas son los que más beneficios electorales obtienen de esa cortina de humo y su correspondiente pánico. Como ya denunció la Internacional Comunista en su tiempo, es la sociademocracia quien abre siempre las puertas a los fascistas, lo cual comienza ocultando su verdadera naturaleza política, es decir, que no son ninguna “ultraderecha”.

Ayer en Dinamarca el Partido Popular Danés, de tintes claramente xenófobos, sufrió un fuerte varapalo por parte de los electores y perdió la mitad de votos y escaños y cae a la tercera posición, con un 9,6 por ciento.

Un partido que propugna la prohibición del islam en el país, llamado Rumbo Firme, ni siquiera supera el 2 por ciento del recuento, por lo que no tendrá representación parlamentaria.

La abstención ha sido muy baja, un 20 por ciento, por lo que ha triunfado “la izquierda”, la sociademocracia, que es una de las más viejas de Europa (se fundó en 1871). Lo mismo ocurre con otros grupos reformistas “de izquierda”, cuyo número de votos también sube.

Como en los demás países de Europa, la socialdemocracia está tan gastada que hace años que no tiene nada que decir, por lo que necesita buscarse un adversario en la famosa “ultraderecha” y sus tópicos: emigrantes, control de fronteras, islam, velo…

Para rellenar el vacío social, político y moral tienen que recurrir a esa posmodernidad que es el cambio climático, centro de las preocupciones de los que no tienen otra cosa de la que preocuparse. El 46 por ciento de los daneses están agobiados por el cambio climático y en estas elecciones la socialdemocracia les ha prometido que en 2045 Dinamarca quedará libre de combustibles fósiles.

Hoy los votantes se deben sentir muy aliviados: Dinamarca no va a dejar de ser un país de temperatura fresquita.

Así torturaba la Brigada Política Social en València: puñetazos, patadas, descargas eléctricas, garbanzos…

Rafa Rodríguez Gimeno

Puñetazos en la cara, en el pecho, en el vientre, patadas, palizas, corrientes eléctricas en los testículos, declaraciones de rodillas sobre garbanzos, personas atadas a un somier sobre las que se colocaba un colchón y se les pegaba, amenazas psicológicas,… son algunas de las torturas a las que sometía la Brigada Política Social de València, la policía política del franquismo, a sus detenidos.

A la militante del Partido Comunista Carmen Riera le desplazaron, a golpes, el tendón de la pierna. Al dirigente (también) comunista Antonio Palomares le redujeron la estatura cuatro centímetros (“salió sin cuello por las corrientes que le dieron”) y le deformaron el diafragma.

La llegada de la democracia se tradujo en ascensos y nuevas responsabilidades para la mayoría de los responsables de aquella brutal cacería. Lo cuenta Lucas Marco en el libro “Simplemente es profesionalidad. Historias de la Brigada Político Social de València”, editado por la Institució Alfons el Magnànim.

Un documentado volumen en el que se pone nombre y apellidos (e incluso cara en algunos casos) a los principales represores de la dictadura franquista en las comisarías valencianas. Una funesta página de la historia reciente (sí, reciente, por mucho que haya quien se empeñe en lo contrario) que contó con la inspiración y algo más de la Gestapo nazi. Antonio Cano, José de Oleza, Tomás Cossías, Manuel Ballesteros o Benjamín Solsona van apareciendo por el libro, al tiempo que se señalan algunas de sus salvajes actuaciones y se descubre sus acomodadas y premiadas trayectorias profesionales una vez abandonaron el cap i casal.

Lucas Marco, al que quizás el único pero que haya que ponerle sea haber antepuesto un relato más historicista que periodístico, traza una panorámica necesaria de los sucesos, apoyándose en una muy completa investigación y en entrevistas realizadas exprofeso. Una historia en la que conviven escalofriantes testimonios como el de Crescencia Uribe, afirmando que “estábamos en manos de un morfinómano y un loco” refiriendose a dos de los torturadores, o todo lo que tuvieron que vivir los pintores Joan Castejón y Monjalés, por agredir a un inspector (yerno de Cano, uno de los capos de la BPS) cuando les intentaba detener en una manifestación del 1 de mayo de 1976; con los perfiles de policías insólitos de esa Brigada como Pedro Caba, también escritor y asiduo de la tertulia El Gato Negro (en la que participaban María Beneyto, José Hierro o Vicente Gaos) o José Sánchez Peinado que falsificó documentos que permitieron la entrada y salida de España de perseguidos antifranquistas. En definitiva, un libro que lucha contra ese olvido que algunos quieren imponer.

http://verlanga.com/letras/punetazos-patadas-descargas-electricas-garbanzos-asi-torturaba-la-brigada-politica-social-en-valencia/

Un largo proceso y los daños colaterales

Darío Herchhoren

Hay algunos estados que a través de su historia parecen destinados a producir graves desgracias a si mismos y a la humanidad. Tal es el de la nación alemana, y también de los EEUU.

Por ahora solo me referiré a la nación germana, pero prometo para dentro de poco escribir sobre el país de la Coca Cola, y de su nefasta política desde su propio nacimiento como nación.

En 1885, el kaiser Guillermo primero de Hoenzhollern, y su canciller Otto vn Bismarck convocaron a una conferencia en Berlín a todos los estados europeos que tuvieran colonias en Africa, para resolver el futuro de Africa y de los africanos. Pero sin los africanos. Esto revela el concepto democrático que tendría dicha conferencia. Allí, literalmente se repartieron el continente, y en ese reparto Alemania fue premiada con Namibia y Togo. Estos territorios permanecieron en poder de Alemania hasta su derrota en la primera guerra mundial, hasta que las perdieron como consecuencia del Tratado de Versalles de 1919.

En ese año, los triunfadores en la contienda, y principalmente Francia y el Reino Unido, impusieron al vencido pesadas indemnizaciones de guerra, que sumieron en la miseria al pueblo alemán, y crearon además las condiciones para el surgimiento del nazismo.

La existencia de la URSS a partir de la revolución bochevique de 1917, hizo sonar todas las alarmas, ya que era la primera vez en la historia de la humanidad que la clase obrera tomaba el poder realmente en un estado, y para mayor temor de las burguesías europeas, en un estado que ocupaba 22 millones de kilómetros cuadrados, o sea la sexta parte del planeta. Era para infundir mucho miedo, y la tentación fascista estaba a mano. Los imperialistas franceses, ingleses, italianos, japoneses y norteamericanos, se pusieron manos a la obra, y tropas de 26 ejércitos atacaron a la URSS con la intención de ahogar en sangre al nuevo estado. Les salió mal. La URSS pudo derrotar a todos sus enemigos, y la revolución se consolidó.

Pero la clase obrera alemana simpatizaba con la URSS, y hacía falta torcer esas simpatías. Las grandes burguesías conspiraron contra la República de Weimer, que era  así como se llamaba a la República Alemana surgida de las ruinas del viejo imperio alemán y comenzaron a fraguar la posibilidad de apuntalar a los grandes capitales alemanes, invirtiendo grandes cantidades de dinero en las industrias germanas. Es así como General Motors, compra la automotriz  Opel, la empresa química Duperial del grupo Dupont de Nemours compra la Farben Industries, General Electric compra AEG, y la United Steel Corporation invierte en Thyssen Group. Todo esto lo compran a precio de saldo por el hecho de que el marco alemán pierde todo su valor frente a monedas como el franco francés, el dólar o la libra esterlina. Para dar una idea de la ruina alemana baste decir que un sello de correos alemán para una carta simplellega a costar ¡200 millones de marcos!

Pero a nivel político Adolf Hitler, un personaje oscuro, junto a un grupo de incondicionales dirigido por el general Ludendorf, intenta un golpe de estado en Munich, y es detenido y encarcelado. Pero muy poco tiempo después y una vez cumplida una parte de su condena, Hitler es liberado, y junto a otros fascistas como él, fundan el Partido Nacional Socialista Alemán, conocido como Partido Nazi, que cuenta con un gran apoyo económico del gran capital alemán ya mezclado con capitales foráneos.

Lllegamos así al año 1933, en que tras una campaña electoral donde los nazis contaron con la ayuda del ejército, del gran capital, de la policía y desatando una cadena de actos terroristas y de intimidación de la población, se imponen y Hitler es designado canciller de Alemania por el general Hindenburg, presidente de Alemania, ya en estado de demencia senil.

Los grandes capitales europeos saben que Alemania está sometida a restricciones militares por el tratado de Versalles, con expresas prohibiciones de fabricar cañones que pasen de determinados calibres, no pueden construir buques de guerra que pasen de 10 mil toneladas, ni blindados. Pero burlan todas esas limitaciones, porque su intención era lanzar a los alemanes contra la URSS. Pero esto también tiene sus costos. Una vez terminada la guerra  civil en España, y probada la eficacia de sus armas  todo el armamento alemán en manos de su ejército renovado, se emplea en desatar una nueva guerra, que también afectaría a sus «benefactores». El ejército nazi ocupa los sudetes en Checoeslovaquia, ocupa Polonia, invade Holanda, Bélgica y finalmente Francia, y ataca a Inglaterra. Esto no era lo convenido, que era atacar a los enemigos de clase que estaban en la URSS. Pero el estado nazi tiene sus propios objetivos y sueña con un nuevo imperio alemán, y convertirse en el dueño de toda Europa.

Y finalmente se produce el ataque a la URSS en 1941, penetrando profundamente en su territorio, causando daños irreparable en la economía soviética y causando gran número de muertos, heridos y mutilados de guerra.

La segunda guerra mundial se llevó la vida de 60 miilones de seres humanos, y la URSS aportó casi la mitad de esos muertos. Tuvo entre 26 y 27 millones de muertos en general jóvenes.

Pero la URSS se defendió brillantemente, y en la famosa batalla de Stalingrado produjo la inflexión de la guerra. Ello significó que la URSS capturó a 250 mil prisioneros junto a 23 generales del ejército agresor. Entre ellos estaba Von Paulus, que firma la rendición de los nazis en Stalingrado frente a los mariscales soviéticos Zhukov, Greschko y Rokossovsky. Hay que destacar que Von Paulus es reeducado y luego se convierte en el ministro de defensa de la República Democrática Alemana.

Esa batalla dió paso luego a la batalla de Kursk, la batalla de tanques más grande de la historia, donde 4500 tanques soviéticos dieron cuenta de los panzer alemanes. Esto significó que la URSS pasaba definitivamente a la ofensiva y que ya no pararía hasta llegar a Berlín.

Se ha querido empañar la gran victoria soviética sobre el nazismo con argumentos tales como que los alemanes no ganaron por el frío, el barro y las nevadas. Totalmente falso. Los soviéticos lucharon en el mismo frío, barro y nieve. Y triunfaron.

La URSS tomó cerca de un miilón y medio de prisioneros alemanes, y los alimentó y vistió mientras duraba su cautiverio: pero a cambio esos prisioneros debieron trabajar para ayudar a reconstruir lo que habían destruido. Siempre se acusó a la URSS de haber “utilizado” a esos prisioneros, pero era lógico que repararan aunque sea en parte los daños ocasionados.

Asimismo, las tropas soviéticas al entrar en Alemania capturaron a miles de técnicos que habían sido utilizados contra la URSS, y que como consecuencia de ello debían compensar con su trabajo lo que habían hecho.

La empresa Opel fue desmantelada y toda su matricería, maquinaria y utillaje fue llevada a la URSS, y allí se fabricaron los modelos Cadete y Kapitan, que eran dos automóles que se fabricaron en la Unión Soviética bajo la marca Moskvich (Moscovita), y que luego dió lugar a la marca Lada.

Lo mismo ocurrió con la industria química alemana. Los laboratorios Schering, Merck, Bayer y Boeringer, que utlizaron a prisioneros en campos de concentración para experimentar como si fueran cobayas humanas, fueron llevados a la URSS como botín de guerra, y sirvieron para fabricar los medicamentos que la población soviética necesitaba imperiosamente.

La historia a veces tiene estas cosas. La nación alemana en su devenir histórico y gobernada por la vieja nobleza, travestida al día de hoy en los grandes capitales de la industria germana ha producido a la humanidad grandes sufrimientos al ser la responsable de haber desatado las dos grandes guerras, que tanto luto derramaron sobre la humanidad.

Estos son los daños colaterales causados por una clase dedicada a la rapiña.

La verdadera naturaleza de los crímenes fascistas

Brenton Tarrant
La reciente matanza de 49 personas en Nueva Zelanda ha vuelto a pasar desapercibida porque su sello no es el islam sino el cristianismo y, naturalmente, porque las víctimas tampoco entran dentro del guión.

Por supuesto, otro de los motivos para tender la cortina de humo también es típica y consiste en desconectar a determinadas religiones -y no a otras- con el fascismo. De ese modo se oculta también la verdadera naturaleza del fascismo, algo que en España resulta imperdonable. ¿La guerra civil no fue un “cruzada” para los fascistas?

Sin embargo, el Primer Ministro australiano calificó al autor de la matanza, Brenton Tarrant, como un “violento terrorista de extrema derecha”. En ocasiones es reconfortante leer que este tipo de crímenes no los cometen “locos”, o que no se trata sólo de los famosos “delitos de odio”.

Las cortinas de humo no sólo desconectan al fascismo de determinadas religiones sino también de fenómenos, como el racismo, a pesar de que el 18 de junio de 2015 Dylan Roof atacó una iglesia afroamericana de Charleston, Estados Unidos, matando a 9 creyentes negros con el objetivo declarado de provocar una “guerra racial”.

En 2017 Alexandre Bissonnette atacó una mezquita de Quebec matando a 6 personas e hiriendo gravemente a otras cinco. Ese mismo año Darren Osborne atacó la mezquita de Finsbury Park en Londres y mató a una persona.

Por su parte, Brenton Tarrant explicó en una declaración que había cometido su crimen a causa de la derrota de Marine Le Pen en las elecciones presidenciales francesas de 2017 frente a un candidato “antiblanco”.

Como se ve, tampoco es posible decir que las matanzas tengan un carácter local, ya que se han cometido en países diferentes, que no forman parte del mundo árabe sino de las potencias occidentales más poderosas.

Desde 2007 hay un aumento de los ataques fascistas en Estados Unidos, según el CTC (Centro de Lucha contra el Terrorismo) de la Academia Militar de West Point.

Por estos lares los tertulianos explican el famoso “auge de la ultraderecha” y los crímenes fascistas como secuelas de la inmigración. A partir de ahí, los “expertos” de pacotilla siguen argumentando sobre el “miedo” a la una pérdida de la “identidad europea”, que es blanca y cristiana.

Pero en Europa los musulmanes, por ejemplo, no llegan al 5 por ciento de la población y en Estados Unidos representan el 1,1 por ciento. Quieren dar la impresión de que el islam es mucho más “contagioso” que cualquier otra religión. Un musulmán permanece en su religión toda la vida, sus hijos seguirán siendo musulmanes siempre y si un cristiano se casa con un musulmán, abandonará su religión para adoptar la otra. Dentro de poco todos los europeos seremos musulmanes.

A su vez, asocian al musulmán con el extranjero y el emigrante para aparentar una especie de “invasión”. La cadena de argumentos falsos no se detiene nunca. La inmigración no tiene nada que ver con las guerras que el imperialismo ha desatado en la otra orilla del Mediterráneo, ni tampoco con los “noticias” que para justificarlas han propalado las cadenas de intoxicación.

Parece, pues, que lo mejor para acabar con el fascismo es acabar con la emigración y, de paso, con los emigrantes, es decir, una continua fuga hacia adelante en busca de señuelos para seguir ocultando que el fascismo es consecuencia del imperialismo, y que es imposible acabar con él y con sus lacras sin acabar con el capitalismo.

No se puede acabar con los crímenes fascistas cuando se les niega su condición de tales con eufemismos como la ultraderecha, o el totalitarismo, o el odio, o el supremacismo.

La represión contra los mineros de Río Tinto que desafiaron al general Queipo de Llano

En la noche del 25 de agosto de 1936, el Comité provisional del ayuntamiento republicano de Nerva firmaba su redención ante las tropas militares. El historiador onubense Miguel Ángel Collado cuenta cómo «el alcalde José Rodríguez González, huyó del pueblo junto a otras 200 personas. Eran alrededor de las dos de la madrugada del 26 de agosto».

Con la llegada de los enviados de Queipo de Llano a la Cuenca Minera de Riotinto se inició la huida de muchos de los habitantes de Nerva, hasta dejar un pueblo minero lleno de viudas, huérfanos y mujeres víctimas del terror que se avecinaba en pocas horas. Collado prosigue que la intención del alcalde «era solo que se dejara de derramar sangre» Pero Queipo de Llano no tenía esos planes para la cuenca minera de Río Tinto que dejó más de 1.500 desaparecidos, en aquellos primeros meses de guerra.

Andrés Fernández es el arqueólogo encargado de iniciar la exhumación de la fosa de Nerva, conocida como la fosa de los mineros. Este municipio de la Cuenca Minera mermó drásticamente su población en 1940. «Las evidencias de los cuerpos de la fosa (de los que se encuentran contabilizados 221 víctimas) están bastante en superficie». A menos de 20 centímetros ya hay restos.

Y la cifra que se baraja puede ir incrementándose. Fernández que ya exhumaría en 2009 la fosa más grande (por número de víctimas en Málaga capital) con 2.800 cuerpos, sabe que en Nerva se encuentra la fosa con mayor número de víctimas en un entorno rural, fuera de las capitales de provincia. «Conocemos los nombres y apellidos de estos 221 víctimas pero podría haber más de 500» en las cuatro fosas que se reparten en el cementerio del municipio.

El recuerdo de aquella entrada de cientos de falangistas, organizados en columnas resultó dantesca para muchos de los vecinos de Nerva. Collado recoge varios testimonios orales en su tesis, “La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto”, publicada en la Universidad de Huelva. «El día 26 de agosto, que era cuando entraron estos señores, veíamos a los tíos bajar por los cerros; se veían bajar abajo con unos cruces… con unos crucifijos así de grandes. Nada más entrar en Nerva y a la media hora había camiones para el cementerio».

Matías Romero Marín, recuerda los registros en cada una de las viviendas. «¿Tú no has visto las películas? Lo mismo que en las películas corriendo en esta casa, ahora a otra, saboteando las casas viendo si alguien pasaba para matarlo… todas esas cosas… «.

Miguel Ángel Collado relata las conversaciones de aquellos huérfanos con los falangistas establecidos en Nerva, creando entre los vecinos un verdadero clima de miedo. «Niño ¿tu padre es de derechas o de izquierdas?» No entendía de eso, pero le espeté inocentemente sin saber, «mi padre es minero-agricultor y trabaja para La Compañía (…) luego le solté «mi tío Benito y mi primo Antonio están en la cárcel». Los soldados replicarían en voz alta: «Los mineros están equivocados y lo van a pagar. ¡Aquí no va a quedar ni uno!». Iban por cada calle de Nerva gritando «¿Dónde están los comunistas?, ¿Dónde se esconden los republicanos?», amenazando con matarlos a todos y disparando al aire.

Inmediatamente después de quedar constituida el primer ayuntamiento de la Nerva «reconquistada», se vivió uno de los momentos más macabros que se recuerda de aquellos días. Collado cuenta cómo «mientras la cárcel se volvía a llenar», uno de aquellos falangistas dio con un músico local y le instó a «presentarse con todos los intérpretes que consiguiese encontrar bajo amenaza de fusilamiento». Fueron obligados a festejar, a tocar partituras patrióticas ante el recuerdo imborrable de tantos familiares huidos o asesinados aquellos mismos días.

La desaparecida Dirección General de Memoria Democrática del gobierno andaluz no ha pospuesto el acuerdo de intervención en la fosa de Nerva, con fondos de la Diputación de Huelva y el ayuntamiento del municipio minero. El 2 de agosto de 2018 se firmaría el acuerdo con el entonces consejero de Memoria Democrática, Manuel Jiménez Barrios, y el presidente de la Diputación, Ignacio Caraballo.

El arqueólogo Fernández ya está al pie de la fosa y desvela que las actuaciones se podrán alargar hasta «después de verano». Los trabajos de delimitación se han concretado cuatro fosas dentro del cementerio de Nerva. «Tres se ubican en la zona izquierda del camposanto. La primera está en la zona derecha donde podrían albergarse entre 30 y 50 cuerpos».

La tierra roja de la cuenca y su fuerte acidez podrían evidenciar restos muy deteriorados para unas futuras pruebas de ADN. «Ya nos ha ocurrido en otros municipios cercanos en Zalamea la Real o el Madroño, donde están descompuestos por la geología de la cuenca minera que hacer aún más difícil la identificación.

Las actuaciones de indagación, localización y delimitación se desarrollarán en una superficie de cien metros cuadrados, donde las fosas se presentan con una media de dos metros de anchura y con longitudes diversas que van desde los cuatro a los veinte metros.

Los familiares se van poco a poco personando y dando señas del paradero de los suyos, como le ha ocurrido desde Barcelona a Flor Calzada. Hasta el pasado año, no logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón Herrada Domínguez, donde se evidencia su enterramiento «en el cementerio de Nerva». Su madre Antonia estuvo toda la vida pensando que su hermano había desaparecido, sin dejar rastro.

Ramón es el único tío que Flor tiene enterrado en la fosa de Nerva, del único que no conserva fotografías. «Era el más mayor de todos y lo quitaron de en medio por error». Con esa frialdad lo comunicó a su familia uno de aquellos falangistas. Y así lo testimonia Flor en el acta notarial que le entregaron tras prestar declaración en la querella argentina en el año 2013. «En los primeros días de las entrada de las tropas nacionales, mi tío Ramón fue sacado de su casa y nunca más se supo de él». Tenía tan solo 41 años y no pertenecía a ningún partido político. «Lo confundieron con mi tío Enrique» que estaba escondida en la casa de su madre esperando y había sido un militar afiliado a la CNT «Dijeron, este es un Herrada y se llevaron por equivocación al hermano mayor».

El hermano de Ramón, Enrique Herrada Domínguez también fue fusilado. Según cuenta Flor «fue detenido el 28 de agosto de 1938». Acusado de «rebelión saqueo y asesinato» fue condenado a muerte y fusilado el 17 de abril de 1939 en el cementerio de la soledad de Huelva capital.

Flor nunca dejó atrás el fuerte legado que su madre le había dejado. Y se presentó a la petición de la querella argentina para tomar declaración sobre su historia familiar. «Lo más duro para mi madre fue ver cómo cada noche iban a buscar a mi tío Enrique, que estuvo meses escondido bajo la amenaza diaria de aquellos falangistas». Día y noche. «Mi madre me hablaba siempre de cómo Enrique decidió salir de la casa, donde estaba escondido en el tejado para no poner en peligro a los suyos».

Flor logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón en 2018 . Ya había encontrado el nombre de su tío en un registro, elaborado por el historiador Francisco Espinosa. «Gracias a las peticiones hechas con la diputación pude tener este documento». En él reza como Ramón Herrada y fue registrado el 29 de noviembre de 1939. Su fallecimiento se produciría pocas semanas después de la entrada de los militares, el 20 de septiembre de 1936. «Se testimonia que la profesión de Ramón es jornalero pero mi tío era trabajador de la mina, como tantos otros». La certificación habla de que, tras su muerte, había dejado dos hijos, Modesta de 15 años y Ramón de 10, además de su viuda.

La realidad de aquellas mujeres sin recursos y huérfanos fue tan evidente que incluso las autoridades locales de la Nerva franquista pidieron ayuda para su supervivencia el 14 de febrero de 1937. El acta del ayuntamiento contabiliza «como consecuencia de los últimos sucesos» (haciendo referencia a los fusilamientos), a doscientas cuarenta y seis viudas pobres, con quinientos setenta niños huérfanos de padre. Se documentaban un total bastante superior a «dos mil personas», sin recursos para su subsistencia.

Flor recuerda a sus primas, las hijas de Ramón, aquellas huérfanas que tuvieron que salir adelante apenas con lo puesto y cómo su madre hizo todo lo posible para no perder el contacto con aquellas sobrinas. «Ojala mi tío Ramón esté en esa fosa. Se lo debemos a mi madre, a todas las víctimas y a la memoria», concluye Flor. «Solo espera que ni los partidos de ultraderecha en Andalucía ni la paralización de los últimos gobiernos de izquierda entorpezcan más las actuaciones en fosas comunes de la represión franquista. «Ya basta de frenar la recuperación de los nuestros. Esto es por dignidad», finaliza.

https://www.publico.es/politica/durisima-represion-mineros-rio-tinto-desafiaron-queipo-llano.html

Los hermanos Quero: héroes de la lucha armada contra el franquismo en Granada

De la realidad, al mito, la leyenda. Es la historia de los hermanos Quero, oculta durante décadas por el miedo del franquismo a que se convirtieran en héroes, lo que no consiguió ni con la durísima represión que soportaron sus familiares. Sus acciones -con contundencia y descaro, con lealtad y firmeza-, corrían de boca en boca en la Granada gris posterior a la guerra civil, una ciudad de provincias en plena posguerra que trataba de sobrevivir a la oscuridad, celebradas en silencio por esa parte de la población angustiada por lo que vino, aferradas al grupo de guerrilleros que lideraron Pepe, Antonio, Pedro y Francisco Quero Robles.

Junto a ellos, y entre otros, formaron el grupo Antonio Velázquez Murillo, Antonio el de Güéjar; Baldomero de las Torres, Torres El Mecánico; Antonio Morales Rodríguez, El Palomica;  Modesto Delgado Hidalgo, Modestico o Matías García Fernández, El Matías.

Sus acciones corrieron como la pólvora por los portales y las escaleras. Ellos, los más afamados de los 14 hijos de Francisco y Matilde, residentes en la casona del Albaicín, que sufrieron cómo cayeron cuatro de sus hijos y encarceló a otros tantos. Una placa en la Placeta de los Castilla les recuerda desde 2011, a la espera de reconocimientos oficiales, que no llegan.

Los cuatro hermanos Quero lideraron un pequeño grupo guerrillero que actuó en Granada y alrededores entre 1940 y 1947. Un caso único, puesto que a diferencia de los maquis que pelearon en bosques y sierras, ellos optaron por la lucha urbana.

Cuenta Jorge Marco, profesor de Historia y Política en la Universidad de Bath, Reino Unido, y antes de la Complutense, autor de “Hijos de una guerra. Los hermanos Quero y la resistencia antifranquista”, reeditado con nueva documentación por Comares, que el dictador conservaba tan sólo seis informes sobre la guerrilla antifranquista en su despacho, tras investigar en la Fundación Francisco Franco. Dos de ellos hacían referencia al pequeño proactivo grupo de guerrilla urbana granadino, los hermanos Quero.

Este detalle puede dar la talla de sus acciones, ridiculizando a la Granada franquista, actuando a plena luz del día, poniendo en jaque a las fuerzas de seguridad.

La familia vivía en el Albaicín dedicada al negocio de la carne cuando les sorprendió la guerra. Los hermanos Pepe, Antonio, y Francisco Quero se aliaron del lado republicano y estuvieron en el frente, alistados en la 78 Brigada Mixta, del ejército regular, que apenas entró en combate y que estuvo destacada en Diezma y en Guadix.

Cuando concluyó la guerra, como tantos otros milicianos, lo único que deseaban tras defender la legalidad era volver en paz a sus casas. Pero ni para ellos ni para la mayoría de ellos fue posible: el régimen franquista jamás perdonaría a los combatientes republicanos.

Y así, al acallar las balas comenzó otra batalla incluso más cruel todavía: la represión y persecución franquista. Tuvieron que comenzar a malvivir en una ciudad hostil, en un país que ya no era el suyo. Y aunque antes de la guerra no tuvieron ningún tipo de militancia política, la tragedia trajo consigo su politización, que los unió definitivamente a la causa republicana.

Los hermanos Antonio y José fueron encarcelados a penas menores, pero los continuos fusilamientos que siguieron tras la guerra y los rumores de que los fascistas asesinaban a los presos les empujaron a hacer algo que les cambiaría la vida: fugarse.

Aquella escapada de la cárcel de La Campana, en Granada, en junio de 1940 los convertiría en unos proscritos. Lo primero que hicieron los dos hermanos fue unirse a la partida de Juan Medina García, El Yatero, con el que estarían unos meses para después constituir ellos mismos su propia partida.

No había marcha atrás. Y habían prometido que se suicidarían antes de ser detenidos por elementos del Régimen. Abocados a la muerte, sus acciones dejaban atónita a Granada, como el secuestro, durante un par de horas, de Manuel Rodríguez-Acosta, de las familias más adineradas de entonces, para conseguir 250.000 pesetas, una fortuna. Esa misma tarde secuestraron en la calle Gran Vía al empresario Andrés Sánchez Montes. Por la noche, ya tenían 250.000 pesetas más. En un día recaudaron medio millón de pesetas para la resistencia

Ya en Granada, se caracterizarían por sus golpes espectaculares al régimen franquista, por sus enfrentamientos a tiros con la policía armada y la Guardia Civil y por su forma de escabullirse de las emboscadas más difíciles. A sus sorprendentes atracos y secuestros -llegaron a cometer dos simultáneamente en un mismo día- se unió la fama de que el dinero que obtenían era o bien para la Resistencia antifranquista o para familias más necesitadas. Gracias a ellos lograrían tener una enorme red de apoyos e informadores.

Y otro gesto que los distinguían: su impecable vestir y su exquisita educación, hasta que tenían que enfrentarse a tiros.

Hoy parecería increíble. Pero fueron famosas las persecuciones por Granada con gran cantidad de intercambio de disparos entre los miembros de la partida y las fuerzas franquistas.

El 20 de agosto de 1941 secuestraron al general Eduardo Entrala Ríos en la calle Alcantarilla, metiéndolo en un coche. Lo mantuvieron oculto durante tres días y cobraron una recompensa de 500.000 pesetas, una cantidad desorbitada en la época.

El 3 de mayo de 1944, día de la Cruz en Granada, propiciaron un tiroteo sin precedentes en el Paseo del Salón, cuando trataban de recoger el dinero de un atraco ante una multitud de personas.

El 4 de agosto de 1944, en la calle Maestro Alonso de Granada, los cuatro hermanos Quero entraron en el domicilio de Pedro Segura, juez de la Auditoría Militar de Granada. Querían presentarle sus respetos y una carta de amenaza en mano. «Somos los hermanos Quero», dijeron al juez, que pudo ver sus rostros. «A nosotros es a quien tiene que perseguir». El motivo de la visita no era otro que conseguir la libertad de dos jóvenes inocentes que habían sido detenidos acusados de tener relación con ellos.

Esa misma noche, secuestraron al médico Baldomero Bueno López, al que retuvieron varios días. Una nota en un periódico local en la que puede leerse «vendo radio gramola nuevo. Razón: Natalio Rivas 46 a 50» fue la señal de que iba a pagarse el rescate.

La tragedia presentida, sin embargo, no tardaría en llegar. Pepe Quero, de 29 años, murió en un almacén del Carril del Picón al tratar de secuestrar a su propietario para conseguir un rescate. El hijo del dueño, al descubrir la situación, disparó contra el miembro de la banda. Se organizó un tiroteo y su otro hermano, Francisco, se vio obligado a huir dejando atrás el cadáver.

En julio de 1945, Francisco y Pedro Quero se vieron acorralados por la Guardia Civil en el Sacromonte. Los dos resultaron heridos, Pedro con una pierna rota y Francisco, con un disparo en el ojo. Su huida fue antológica: Francisco, con los ojos ensangrentados, se echó a su hermano a hombros mientras Pedro disparaba contra los agentes.

Luego consiguieron separarse y Pedro se escondió en una antigua mina. Allí fue acorralado. Resistió matando. En el asedio, una cuñada suya pudo entrevistarse con él para convencerle de que se entregase. Él sólo le pidió un cigarrillo. Al terminar de fumárselo, le dijo a su cuñada que se fuera y se pegó un tiro. Y ni aun así, los agentes se atrevieron a asomarse a la boca de la mina.

El 30 de marzo de 1946 le tocaría el turno al propio Francisco. Sorprendido junto a Antonio Morales, El Palomica, en la Plaza de los Lobos, Francisco inició una esperpéntica escapada a tiros por todo el centro de la ciudad, calle Duquesa, Plaza de la Trinidad, calle Mesones, Escudo del Carmen, Plaza del Carmen, donde el pintor Miguel Riquelme Ballesteros, que en ese momento estaba trabajado en una fachada, murió a causa de una bala perdida.

El primero en caer fue El Palomica, que en la Placeta de los Peregrinos resultó herido y apresado. Poco después fue llevado al hospital, donde permaneció en estado crítico durante varios días. Cuando recuperó la conciencia comenzó a ser interrogado por la policía, sin que soltara palabra alguna. En uno de los momentos en que se encontró sólo en la sala del  hospital se suicidó rasgándose la herida que tenía en el cuello. El joven de tan sólo 28 años, procedente de Orihuela (Alicante), que se hizo amigo de los hermanos Quero durante la guerra, se mantuvo fiel a sus compañeros hasta el último momento.

Francisco Quero, sin embargo, consiguió continuar su huida desde la Placeta de los Peregrinos y se dirigió al domicilio de uno de sus enlaces más leales, Eliseo López Rojas, militante de la CNT, que vivía en la calle Solares número 7. Llegó hasta allí mientras la policía le pisaba los talones y pidió refugio, pero nada más entrar en el portal un policía inició el tiroteo.

Paco respondió con sus dos pistolas y consiguió salir del portal con la intención de buscar un nuevo refugio, pero entonces se encontró rodeado de policías y guardia civiles que, al descubrirle en plena calle, le acribillaron. Asunción Jumilla, mujer de Eliseo López, al escuchar los disparos, asomó la cabeza por la ventana. No tuvo tiempo de ver cómo Francisco caía muerto en la esquina de la calle pues uno de los policías la disparó, resultando muerta de inmediato.

Eso sucedía a las cuatro de la tarde. Francisco cayó abatido frente a una multitud de policías. Su cadáver sería posteriormente pateado con saña y tiroteado hasta dejar su rostro irreconocible. Francisco tenía 24 años.

El final de la banda de los Quero llegaría el 24 de mayo de 1947. Dos días antes, Antonio Quero, Antonio Ibáñez y José Mérida, sufrieron una emboscada por parte de la policía en un piso del Camino de Ronda en el que se habían refugiado. Habían sido delatados por un confidente.

Todo el bloque fue desalojado y comenzó un asedio que duraría dos días. En ese asedio se produjo un episodio que aún se recuerda en Granada: en un intento desesperado, Antonio Ibáñez cogió un colchón y saltó con él desde un segundo piso ante los disparos de la policía. Cayó malherido pero continuó disparando hasta morir una hora después. No existe una versión oficial de la muerte de Antonio Quero. Mientras la policía de la época señaló oficialmente que había sido abatido cuando intentó oponer resistencia a la entrada de las fuerzas -llegó a actuar en la operación hasta un helicóptero del Ejército, el primero que muchos vieron en su vida-, la teoría más plausible fue la del suicidio final, tal y como se habían conjurado los hermanos.

La historia de los hermanos Quero fue recogida por primera vez en un libro autoeditado por Nicolás Manzanares Artés, a quien había conocido en la cárcel de La Campana. Nadie aceptó publicarlo hasta que en 1978 lo editó él mismo. Se llamaba “Consecuencias de la tragedia española 1936-1939… y los hermanos Quero”. De él son la mayoría de las imágenes recopiladas del grupo y familiares, que también ilustran este reportaje.

En 2010 se publica la primera edición de “Hijos de una guerra. Los hermanos Quero y la resistencia antifranquista”, de Jorge Marco, publicado por Comares. Ahora se ha reeditado la segunda edición, con nuevos testimonios y documentación: Nueva edición ampliada de “Hijos de una guerra. Los hermanos Quero y la resistencia antifranquista”, una obra imprescindible

En 2017, Largatija Nick, que lidera Antonio Arias,  edita “Crimen Sabotaje y Creación”. Incluye “La leyenda de los hermanos Quero”, una espléndida obra que vuelve a dar conocer, con toda la fuerza, la historia de los guerrilleros. En la canción recupera la voz de Víctor Blaya Quero El Charico, fallecido en 2008. Sobrino-nieto de los Quero.

El director de cine José Sánchez-Montes prepara una película sobre los cuatro guerrilleros, en el que abordará la represión vivida por la familia del Albaicín en la posguerra y hará hincapié en la afición flamenca de parte de la familia.

http://www.elindependientedegranada.es/blog/hermanos-quero-iconos-lucha-regimen

El fascismo es oscurantismo

Juan Manuel Olarieta

Acabamos de darnos cuenta de que en 1945 no acabó el fascismo en Europa, como nos habían asegurado. También nos hemos apercibido muy recientemente de que en 1975 no acabó el fascismo en España, como también nos habían asegurado.

El fascismo ha vuelto a estar en boca de casi todos, aunque de una manera vergonzante, mistificada y adulterada: que si ultraderecha, que si populismo, que si nacionalismo, que si extremismo… Ya no saben qué inventar para no llamar a las cosas por su nombre.

Pero ahora que el fascismo está encima de la mesa, llega la segunda cuestión, que es aún peor que la anterior: ¿qué es el fascismo?, ¿a qué llamamos fascismo?

Hay que poner el énfasis necesario en los conceptos políticos porque si a alguien le duele el oído porque tiene una inflamación (otitis), no puede ir a la consulta del médico para decirle que tiene hemorroides. Sería el mayor perjudicado por su error.

El fascismo tiene varias secuelas políticas e ideológicas, de las cuales algunas son conocidas (racismo, machismo, islamofobia) y otras no tanto. El oscurantismo es una de las menos conocidas e históricamente está relacionado con las religiones: las religiones propagan el oscurantismo.

Por eso algunos creen que los ateos se libran del oscurantismo, cuando en realidad aborrecen tanto a las religiones, así, en general, que se han desentendido de ellas, dicen que todas son iguales… Aquí impera también la regla máxima de la dialéctica materialista: es imposible luchar contra algo que se ignora; no se puede ser ateo sin conocer lo que son las religiones porque el ateísmo es la ciencia que las estudia.

Como cualquier otra ideología, las religiones son una expresión mitificada de las clases y la lucha de clases. Hasta el siglo XVII la religión y sus aditivos (la ética, la moral) eran lo que hoy calificamos como “política” o al revés: la política era una (parte de la) religión. Al cambiar su sustrato material, social e histórico, cambian también las ideologías, las religiones y las políticas.

En Europa la religión la han configurado las múltiples corrientes cristianas, especialmente el catolicismo, dirigido desde Roma. De manera simétrica y paradógica, en el Renacimiento la lucha contra el dominio ideológico de la Iglesia católica retrocedió a los tiempos previos en que no ejercía ese dominio, es decir, a la Antigüedad clásica, a Grecia y Roma. Así se acuñó la expresión “civilización grecorromana”, que tenía tintes ateos, o por lo menos laicos.

En el siglo XIX el vocabulario cambia y se introduce otra expresión (“civilización judeo-cristiana”) que desde 1948 triunfa por la asociación del sionismo con el imperialismo, unida a esa “mala conciencia” que persigue a Europa, que no sabe digerir y que en la posguerra transporta un desastre, los campos de concentración, de un sitio (Europa) a otro (Oriente Medio).

Por si aún no se habían enterado, se lo volveré a contar otra vez: la Segunda Guerra Mundial fue una lucha de los nazis (los malos) contra los judíos (los buenos), injustamente masacrados hasta un punto para el que no hay palabras truculentas suficientes; no basta decir matanza, ni masacre, ni genocidio: hay que decir exactamente Holocausto (y ponerlo con mayúsculas).

Las ideologías no escapan a la magia de la palabras, como abracadabra y los conjuros, y todo para justificar una de la políticas imperialistas con más repercusiones desde el final de la Segunda Guerra Mundial, como es la creación del Estado de Israel y el atosigante despliegue de excusas y justificaciones que ha supuesto. No hay más que leer los repetitivos documentales de bodrios televisivos como el “Canal Historia”.

Pues bien, la expresión “civilización judeo-cristiana” quiere decir que, en contra de lo que ocurrió hasta 1948, durante 20 siglos, los cristianos y los judíos tenemos unas raíces comunes, y no voy a entrar ahora a explicar la importancia que para las sociedades actuales tiene el conocer dónde están sus raíces, su terruño y su patria chica.

En otras palabras: para lavar nuestra “mala conciencia” los cristianos debemos reconocer que no hemos estado siempre enfrentados a los judíos; no les podemos reprochar cada día que mataran a Cristo porque nuestras raíces son las mismas. Los judíos no son un pueblo “deicida” sino todo lo contrario: un pueblo oprimido y perseguido. Nosotros tenemos algo de judíos y, por lo tanto, Israel también es nuestra “Tierra Prometida”.

A partir de aquí es como en Euskadi: del mismo modo que todos los vascos somos creyentes (“euskaldun fededun”), o sea, católicos de pura cepa (mucho más que los españoles), los judíos son todos sionistas. Por eso ayer el Parlamento alemán dictaminó que la campaña BDS (Boicot, Desinversiones, Sanciones) contra el Estado de Israel es “antisemita” y prontó será prohibida como una expresión de “odio”, que es el abracadabra hipermoderno de los fiscales y los jueces para hablar y tapar la boca a los demás.

Luego, si los católicos y los cristianos tenemos las mismas raíces que los judíos, también debemos ser sionistas y defender el Estado de Israel, que es el Templo de Salomón, nada menos.

A las sociedades europeas y a buena parte del mundo se le ha hecho creer desde 1948 que las sociedades cristianas somos más cercanas al judaísmo que al islam, para lo cual hay que falsificar u olvidar todos los textos religiosos, desde la Torá hasta el Corán.

Hay, sin embargo, algo mucho más importante que falsificar los textos religiosos, lo que se ha hecho muy frecuentemente, que es falsificar la historia. Las religiones cristianas, y muy especialmente, la católica, se han desarrollado en oposición y lucha contra el judaísmo, no sólo ideológicamente sino físicamente, hasta el punto de llegar a la persecución y deportación en masa. El antisemitismo es un legado que los católicos transmitieron a los nazis.

A partir de 1948 el imperialismo ha vuelto a trucar la historia, que es la tarea favorita de los académicos y universitarios estadounidenses, que han sustituido el ancestral odio a los judíos por el moderno odio a los musulmanes, todo ello acompañado de una catarata de estudios, investigaciones y libros estúpidos que pueblan las bibliotecas del mundo entero, convocan seminarios, conferencias, debates…

La capacidad ideológica que tienen los imperialistas para darle la vuelta a la tortilla por completo es, pues, inaudita. Pero si eso no es posible, son capaces de confundir, enredar y lanzar cortinas de humo continuas para distraer la atención.

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