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La trastienda del golpe de Estado en Burkina Faso

Desde un principio, el golpe de Estado en Burkina Faso mostró el aislamiento de sus protagonistas, la guardia pretoriana del general Dienderé, que ni siquiera contó con el apoyo del resto del ejército.

Los golpistas no eran otra cosa que los secuaces armados del depuesto presidente Campaoré, que trataba de mantenerse en el teatro político del país por la vía falsa, electoral, de la que había sido expulsado él personalmente así como sus partidarios.

Los golpistas no tenían, pues, ningún apoyo… hasta que llegaron los negociadores que, como venían de fuera, pareció que eran neutrales, un espejismo que duró muy pocas horas porque su propuesta era clara: se trataba de convalidar el golpe de Estado.

La impresión es que los golpistas no eran más que el brazo ejecutor de la organización subregional Cedeao, la Confederación de Estados de África Occidental, y naturalmente de los mentores de la misma, que no pueden ser otros que los imperialistas franceses.

El general Dienderé está condecorado con la Legión de Honor concedida por el gobierno francés. Desde hace años es un huésped habitual del Elíseo y el ministerio francés de Defensa, donde tiene a dos amiguetes de esos que mueven los hilos tras las cortinas. Uno de ellos es el antiguo embajador francés en Uagadugu, el general Emmanuel Beth, y el otro es el jefe del Estado Mayor de la Presidencia de la República, el general Benoit Puga.

La profesión militar de ambos muñidores constata que cuando se trata del antiguo imperio colonial, las riendas no están en manos de los diplomáticos, sino de los generales del ejército. Es como si nada hubiera cambiado. Las colonias son como las plazas fuertes. Siempre han estado gobernadas por militares.

Los tres generales, Dienderé, Berth y Puga, son viejos conocidos. Como los amigos del instituto, tuvieron la misma formación y nunca rompieron sus antiguos vínculos colegiales. En ocasiones Dienderé y Beth quedaban para saltar juntos en paracaídas.

El general Puga ya era un personaje en la sombra durante la presidencia de Sarkozy, con la derecha, y ha seguido en el mismo cargo con Hollande, la izquierda. La política francesa en África pasa por sus manos, lo cual equivale a decir que es el arquitecto de la destrucción de Libia y el asesinato de Gadafi, así como de la Operación Serval, la intervención mililtar en Mali. A un sujeto así, organizar un golpe de Estado en Burkina Faso le ha debido parecer algo de menor cuantía.

Por su parte, el general Beth trabaja en ESL Network, un centro de “inteligencia económica” que se mueve entre los centros nucleares del imperialismo francés como pez en el agua.

No obstante, los hilos de las trastiendas parisinas siempre acaban en un punto remoto al otro extremo del mundo. En el caso de Burkina Faso, ese cabo terminal son los 320 soldados de los Comandos de Operaciones Especiales acantonados por Francia en el interior del país, que se quedaron en sus cuarteles en el momento del golpe, seguramente a la espera de instrucciones para echarles una mano en caso de necesidad.

No fue necesario porque un elemento fundamental en la planificación del golpe fue la intervención de los negociadores internacionales de la Cedeao, que se ejecutó de manera impecable. Fuera de África muchos ni se han dado cuenta de que en este tipo de situaciones siempre aparecen intermediarios y que hay que tenerlos bien preparados porque son una pieza fundamental del propio golpe.

El golpe de Estado en Burkina Faso marcha hacia una guerra abierta

Ayer la crisis en Burkina Faso tomó un giro dramático cuando los dirigentes del ejército lanzaron un ultimátum a los golpistas de la guardia presidencial para que depusieran las armas, mientras que unidades de la periferia se encaminaban hacia la capital, Uagadugu.

Una fuente del Estado Mayor del ejército confirmaba que tres columnas del ejército, opuestas al golpe, se encaminaban ya hacia la capital. Proceden de las guarniciones estacionadas en Dedugu y Bobo Diulasso, al oeste del país, en Kaya y Fada N’Gurma, al este, y Uahiguya, al norte.

“Todas las fuerzas armadas nacionales convergen hacia Uagadugu con el único fin de desarmar al Regimiento de Seguridad Presidencial sin efusión de sangre”, indica el ultimátum, que firman los jefes de cuerpo del ejército nacional burkinabés, sin indicar sus nombres.

“Les pedimos que depongan las armas y que se rindan en el campo de Sangulé Lamizana [al oeste de la capital] y garantizamos la seguridad de ellos y sus familiares”, añadía el comunicado. El ultimátum vence hoy a las 10 de la noche.

Ayer por la tarde, tras hacerse público el ultimátum del ejército, las calles de Uagadugu se vaciaron rápidamente, aunque permanecen las barricadas en las calles. Los relatos espontáneos de la población hablan abiertamente de guerra y muestran su conformidad con la postura adoptada por los militares. Algunos pedían que se les entregaran armas para aplastar la asonada.

Hasta ayer el ejército había permanecido en un segundo plano, desde que el 17 de setiembre la guardia presidencial perpetrara el golpe de Estado para impedir el proceso electoral que iba a consolidar el fin del régimen títere de Campaoré que asoló al país durante 27 años.

En octubre del año pasado un sangriento levantamiento popular derribó al sátrapa, abriendo un proceso interino que el golpe militar ha tratado de frenar.

El domingo una propuesta de los mediadores internacionales que negocian una salida con los golpistas suscitó una indignación generalizada, ya que el general Dienderé y la guardia presidencial quedaban amnistiados y Campaoré podría concurrir a las elecciones.

Este mediodía los jefes del Estado Mayor se han entrevistado con el jefe de los golpistas, el general Dienderé. Aunque no ha trascendido el contenido de las conversaciones, en una entrevista el general ha dicho esta tarde que están tratando de que el ejército abandone las calles de la capital.

Mientras, se espera que la cumbre de los países miembros de la Cedeao (Confederación de Estados de África Occidental) reunida esta tarde en Abuja, Nigeria, apruebe la propuesta de los mediadores internacionales para poner fin al golpe de Estado.

Indignación en Burkina Faso contra el acuerdo que pone fin al golpe de Estado

Anoche se conoció en Uagadugu, la capital de Burkina Faso, que los negociadores internacionales habían obtenido un principio de acuerdo con los golpistas para desbloquear la situación. Según las distintas fuentes, el acuerdo supone un retraso en las elecciones, la posibilidad de los que partidarios de Campaoré participen en ellas y la amnistía para los golpistas.

“Han olvidado a los muertos”, gritaba un mujer a la puerta del hotel. El último balance de los hospitales de la capital refiere 10 muertos y 113 heridos.

El magistrado Guy-Hervé Kam salió enfurecido del hotel Laico en el que se llevan a cabo las conversaciones. Dijo que la propuesta de los negociadores era un escándalo y que le daba vergüenza ser africano. Kam es un dirigente del movimiento “Balai citoyen” (Escoba cívica), que organizó las movilizaciones de octubre del pasado año que acabaron con el régimen de Campaoré.

Un candidato a las elecciones, Roch Marc Christian Kaboré, protestaba por la inclusión en las elecciones de los partidarios de Campaoré porque había sido una asunto zanjado previamente por la Asamblea interina.

También dijo no sentirse comprometido con un acuerdo en el que sólo los golpistas habían representado al país, mientras que la otra parte eran negociadores internacionales.

Kaboré no quiso pronunciarse sobre la convocatoria de la desobediencia civil: “De momento no puede contestar a esa cuestión. Decidiremos tras haber estudiado las propuestas que se han hecho”.

Además de rechazar la propuesta, el presidente del Consejo Nacional de Transición, Cherif Sy, ha llamado a manifestarse en las calles para mostrar la oposición popular.

El acuerdo no sólo ha concedido a los golpistas lo que exigían sino que les ha salvado en un momento de extremada debilidad, después de que la guardia presidencial, su núcleo más fuerte, padeciera numerosas deserciones. Los miembros de la misma dijeron que no conocían los objetivos de la movilización, se sentían manipulados por sus jefes y se negaron a disparar contra los manifestantes.

Los acuerdos se tienen que aprobar mañana en una cumbre convocada por los negociadores. Como también dijo Kam, los negociadores han legitimado el golpe de Estado.

Se paraliza la investigación del asesinato del Che Guevara africano

Thomas Sankara
A Thomas Sankara le llaman el Che Guevara africano. En 1983, cuando era capitán del ejército, se hizo con el poder en Burkina Faso, alineando al país contra el imperialismo.

Del mismo modo que los padres ponen nombres a sus hijos, a Burkina Faso los imperialistas lo llamaron “Alto Volta” y el nombre no se descolonizó nunca, hasta que Sankara lo llamó como se llama hoy: “El país de los hombres íntegros”.

A Sankara lo asesinaron los imperialistas en 1987 por hacer cosas así: cambiar hasta el nombre del país. En 2006 el cineasta Robin Shuffield dirigió un documental que se titulaba así: “Thomas Sankara, el hombre íntegro”. A los imperialistas no les gusta ni las personas íntegras, ni los países íntegros. Al asesinato de Sankara le añadieron el golpe de Estado. Al frente del país pusieron a su perrito faldero: Blaise Campaoré.

Sólo se conoce el trazo grueso del asesinato de Sankara; faltan los detalles, los pistoleros, los lugares y los momentos. Cuando el año pasado, después de 27 años de gobierno, cayó Campaoré, se creó una comisión de investigación del crimen. Ahora esa comisión no puede llevar a cabo su tarea. A los golpistas no les complace.

El jueves, el mismo día del golpe, el juez que instruye el sumario había convocado a los abogados de las partes para que “se informaran de las conclusiones de los informes de los peritos de balística y de la autopsia” practicada a los restos mortales del difunto y de sus 12 compañeros de armas, según ha narrado Myriam Sankara, la viuda del capitán asesinado.

“Cuando menos, es una extraña coincidencia”, añade Myriam. No es la única “coincidencia”.
Cuando le asesinaron, el general Dienderé era el responsable de
seguridad y de los comandos militares. La investigación le apunta a él
personalmente, a su jefe, Campaoré, y al “capo di capi”, el imperialismo francés.

Sankara fue asesinado la tarde misma del golpe Estado que llevó a Campaoré al gobierno el 15 de octubre de 1987. Los golpistas dijeron que su cadáver había sido sepultado clandestinamente en el cementerio de Dagnoen, aunque su familia lo niega. No creen que los restos inhumados en mayo sean los del bravo capitán africano.

Cuando Thomas Sankara llegó al poder en 1983 era un joven oficial del ejército de 35 años. Dirigía la ROC (Agrupación de Oficiales Comunistas), un movimiento dentro del ejército que mantenía estrechos vínculos con los movimientos populares en Burkina Faso.

Robin Shuffield: Thomas Sankara, El hombre íntegro

http://www.dailymotion.com/video/xdcui1_thomas-sankara-l-homme-integre-1-3_news

Las barricadas pasan la noche en silencio

La tercera noche después del golpe de Estado ha sido tranquila en Burkina Faso, especialmente en la capital, aunque el toque de queda ha sido violado en otras zonas. Los relatos de testigos presenciales coinciden en describir que las calles están cerradas con barricadas y neumáticos ardiendo, especialmente en los barrios de la capital. Son los testigos mudos del pulso entre la guardia presidencial y el levantamiento de las masas.

En el hospital de Yalgado, el principal de la capital, el número de víctimas por disparos del ejército es de 10, a los que hay que añadir 80 heridos, también por arma de fuego. Esta mañana los bomberos seguían llevando heridos al hospital.

Las movilizaciones han sido especialmente fuertes en Bobo Diulasso y en el norte del país. Cuando la tropa logró dispersar a los manifestantes en la capital, las masas se trasladaron a otras localidades cercanas en las que se pudieron escuchar disparos de armas automáticas durante la noche.

El levantamiento ha sido espontáneo, aunque los partidos políticos han llamado a la huelga general. Cheriff Sy se ha autoproclamado continuador del gobierno depuesto y ha llamado a concentrarse en la capital para continuar la lucha contra el general Dienderé y sus seguidores.

La calma momentánea se ha logrado gracias a la llegada a Uagadugu, la capital, del presidente senegalés, Macky Sall, y del homólogo beninés, Boni Yayi, que fueron recibidos en el aeropuerto por el general Dienderé, que encabeza el golpe de Estado, que se presentó acompañado de su esposa como si se tratara de una acto protocolario.

Tras entrevistarse se alojaron en el hotel Laico, donde tendrán lugar las negociaciones. Por la tarde se entrevistaron con el general Zagré, con el obispo Paul Uedraogo y son Jean Baptiste Uedraogo, aunque no ha trascendido el contenido de ninguna de las entrevistas.

El antiguo primer ministro Isaac Zida sigue secuestrado en el palacio presidencial. Su situación se explica porque Zaida procede del mismo equipo militar que los golpistas, los antiguos guardaespaldas del presidente Balise Campaoré, que se sienten traicionados tanto por su política como por sus intentos de disolver la guardia presidencial. Los rumores que circulan por Uagadugu refieren que ha sido torturado, que no se encuentra bien de salud o que está en huelga de hambre.

Conforme a la carta fundacional de la Unión Africana, desde ayer por la tarde el país está sujeto a sanciones internacionales. Un comunicado oficial califica como “terroristas” a los responsables de la asonada, ha congelado sus haberes en todos los países miembros y les ha prohibido viajar a cualquiera de ellos.

El interrogante más importante es la decisión que va a adoptar el resto del ejército, si es que va a tomar alguna, ya que hasta la fecha se ha mantenido pasivo ante las acciones del general Dienderé y el resto de los guardaespaldas. No obstante, el general Zabré, jefe de Estado Mayor, ha condenado la represión ejercida contra las masas por la guardia presidencial.

El ejército sigue, pues, la misma línea de los imperialistas franceses, que tienen acantonado un contingente de 220 miembros de las tropas especiales. El jueves Hollande explicó la postura oficial de su gobierno, que es la misma que el la guerra civil española: no intervención. Aunque condenan el golpe, no están ni con unos ni con otros.

Por supuesto que es mentira. En octubre del año pasado fue Francia quien ayudó a que el presidente Blaise Campaoré saliera indemne del país tras su destitución.

El dinero del transporte de emigrantes se invierte en comprar armas

Los desplazamientos masivos de personas son algo mucho más organizado de lo que pensamos. Nada queda a la improvisación. En ellos intervienen profesionales de la logística, normalmente emigrantes que quieren hacer ellos también el viaje. Los pasadores actuales son los pasajeros del futuro. Para hacer el viaje primero deben hacer negocio pasando a otros.

En ocasiones los desplazamientos los organizan intermediarios sobre el terreno, a los que la policía y los medios de comunicación califican estúpidamente como “mafias”. Europol, la agencia europea de cooperación policiaca, estima que el número de personas implicadas en el transporte de emigrantes es de unas 30.000, según ha dicho su director Rob Wainwright.

La Organización Internacional del Trabajo estima que 161 países están involucrados en movimientos poblacionales internacionales. Los beneficios mundiales anuales generados por la emigración alcanzan los 28.350 millones de euros.

La Organización Internacional para las Migraciones dice que al menos 364.000 personas han cruzado el Mediterráneo en el último año.

Según un informe del Centro de Terrorismo Internacional de la Academia de Policía de Turquía, en 2011 más de 9.000 transportistas en Turquía acumularon ingresos de 268 millones de euros para trasladar emigrantes.

Un guardia asignado para proteger a los emigrantes en Estambul, por ejemplo, cobra 26,60 euros. En una semana muy ocupada un barco puede hacer unos 20 portes. El dueño del barco cobra unos 3.000 euros semanales y el guía de una expedición a la costa italiana recibe casi 9.000 euros por cada viaje.

Los barcos se cargan con 350, 700 u 800 refugiados. La policía italiana asegura que los transportistas se llevaron 2,5 millones de euros del viaje del barco Ezadeen, con 359 personas a bordo y con cada viajero pagando entre 3.500 a 6.200 euros cada uno.

Para poder cruzar el Meditérráneo, antes hay que llegar hasta Marruecos o hasta Libia, un viaje muy largo que cuesta mucho dinero. Una enfermera de Eritrea pagó 6.200 euros para llegar a Libia desde Sudán. Un sirio tuvo que pagar 7.000 euros (el doble del sueldo anual en Siria) para llegar a Italia que, con 200 pasajeros hace un viaje generar 1.400.000 euros.

Para impedir las llegadas masivas de emigrantes la Unión Europea ha decidido entregar el control del Mediterráneo a la Marina de Guerra y a la aviación. Ha puesto en marcha la segunda fase de su operación Eunavfor Med en Libia, que empezó en junio. Los buques de guerra podrán abordar en aguas internacionales cualquier embarcación sospechosa de trasladar emigrantes.

Alemania ya tiene dos navíos en la operación y ha anunciado la movilización de 950 marinos.

Gran Bretaña ha decidido enviar a la fragata HMS Richmond y su ministro de Defensa, Michael Fallon, se ha preocupado de diferenciar ante la prensa a los pasajeros (“nos preocupamos mucho por ellos”) de los pasadores (“hay que acabar con las redes”), aunque no ha aclarado cómo los marinos van a diferenciar a unos de otros.

Francia es la causante principal de la destrucción de Libia y ahora le quiere poner remedio por la misma vía militar. Ya tiene un Falcon 50 a disposición del operativo europeo, así como medios satelitales para seguir las rutas que hacen los refugiados. Va a llevar también una fragata dotada con helicóptero y comandos de la marina.

En una larga entrevista a “Le Monde”, el Ministro de Defensa galo, Jean-Yves Le Drian, es tan hipócrita como todos los demás. Insiste en que “lo principal es salvar a los emigrantes”, luego hay que destruir las embarcaciones y, finalmente, encarcelar a los transportistas.

Llegar hasta las redes de transportistas, dice el ministro, es imprescindible porque algunos de ellos están vinculados al tráfico de armas en las regiones del Sahel y el Sáhara: “El dinero de los pasadores sirve también para el tráfico de armas en el conjunto de la zona que va de Libia a las regiones en laas que se encuentra Boko Haram. Lo hemos constatado”.

No tenga la cara tan dura, señor ministro: no lo han constatado, lo han creado Ustedes “de toutes pièces”, como dicen en su idioma. El dinero del transporte de emigrantes no se invertiría en armas si no hubiera una guerra. Por lo tanto, para acabar con los desplazamientos masivos de personas, no hay que acabar con las redes de las que tanto hablan; hay que acabar con Ustedes, los imperialistas.

6 muertos en los disturbios de Burkina Faso contra el golpe de Estado

El general Gilbert Dienderé
Tras el golpe de Estado, las calles Uagadugu, la capital, se han llenado de manifestantes. Ayer los antidisturbios reprimieron durante las movilizaciones con fuego real, causando al menos 6 muertos y 60 heridos.

Reunidos a mediodía, inmediatamente después de conocerse la noticia del golpe, los partidos políticos han proclamado la desobediencia civil en todo el país.

Esta mañana el presidente golpista, general Gilbert Dienderé, ha anunciado que ha liberado a los ministros que mantenía secuestrados. El antiguo presidente, Michel Kafando, está en su casa en libertad vigilada. No obstante, el primer ministro Isaac Zida aún permanece secuestrado.

El general Dienderé que encabeza el Consejo golpista, es el brazo derecho de Blaise Campaoré, depuesto el pasado año. En Yako, su ciudad natal, los manifestaciones han incendiado su casa. En otras localidades también han saqueado y destruido varios edificios públicos y viviendas de militares golpistas.

Poco después de las 18 horas de esta tarde, una comisión negociadora se reunía con los oficiales del ejército para buscar a la salida a la situación. Dicha comisión se ha formado a instancias de la Unión Africana, que ha condenado la asonada.

Golpe de Estado en Burkina Faso

Ayer un sector del Ejército de Burkina Faso encabezado por la Guardia Presidencial dio un golpe de Estado, secuestró al presidente y al primer ministro y tomó el poder en nombre de un Consejo Nacional para la Democracia, anunciando la disolución del gobierno.

En el origen del golpe se encuentra la exclusión de las elecciones previstas para el próximo 11 de octubre de varios candidatos próximos al expresidente Blaise Compaoré, derrocado hace casi un año por un levantamiento popular.

Miembros de la Guardia Presidencial irrumpieron en el Consejo de Ministros que se estaba celebrando en la capital burkinesa y se llevaron detenidos al presidente de transición, Michel Kafando, al primer ministro, el teniente coronel Yacouba Isaac Zida, y a otros dos ministros, que fueron trasladados a un campamento militar próximo. Durante toda la tarde y la noche la situación fue de enorme confusión y en las calles de Uagadugu, la capital, se escucharon disparos.

Hoy un militar de alto rango ha aparecido en la cadena pública de televisión para anunciar el fin de la transición y la toma del poder por el Consejo Nacional para la Democracia, asegurando que el régimen interino “se había apartado progresivamente de los objetivos de refundación de una democracia consensual”, justificando su acción en el hecho de que varios candidatos próximos a Compaoré habían sido excluidos del proceso electoral así como en la persecución a la que han sido sometidos los próximos al antiguo régimen. “La ley electoral ha creado división y una gran frustración en el seno del pueblo, creando dos clases de ciudadanos”, según los golpistas en un comunicado.

Durante todo el proceso de transición, miembros de la Guardia Presidencial considerados próximos al expresidente habían protagonizado distintos incidentes dirigidos a forzar la dimisión del primer ministro, el teniente coronel Zida, hasta ahora sin éxito. La posible supresión de este reaccionario cuerpo de élite, una medida anunciada por algunos candidatos a las elecciones que iba cobrando fuerza, es otra de las razones que podrían estar en el origen del golpe.

El proceso de transición en Burkina Faso comenzó hace casi un año cuando un levantamiento popular logró derrocar al entonces presidente Blaise Compaoré, que llevaba 27 años en el poder y que pretendía volver a concurrir a las elecciones. Tras este alzamiento, las autoridades de transición, encabezadas por un civil pero con un fuerte peso militar, se comprometieron a organizar elecciones, previstas para el 11 de octubre. A dichos comicios concurrían 14 candidatos, entre los que dos opositores a Compaoré eran claros favoritos, Zéphirin Diabré y el expresidente del Parlamento Marc Roch Christian Kaboré.

Desde la descolonización, es decir, desde hace medio siglo aproximadamente, África ha padecido más cien de golpes de Estado, de los que unos 80 han triunfado. Los más importantes han sido:

1963, Togo, Gnassingbé Eyadema, Sylvanus Olympio
1965, Argelia, Huari Boumedian, Ahmed Ben Bella
1965, Zaire, Mobutu Sese Seko, Joseph Kasavubu
1966, Burundi, Michel Micombero, Ntare
1966, Centroáfrica, Jean Bedel Bokassa, David Dacko
1966, Nigeria, Johnson Aguiyi-Ironsi, Nnamdi Azikiwe
1966, Nigeria, Yakubu Gowon, Johnson Aguiyi-Ironsi
1966, Uganda, Milton Obote, Edward Mutesa
1966, Ghana, Joseph Arthur Ankrah, Kwame Nkrumah
1967, Congo, Marien Ngouabi, Debat Massamba
1968, Mali, Moussa Traoré, Modibo Keita
1969, Libia, Mouammar Kadhafi, Idris
1969, Sudán, Gafar Nimeiry, Ismail al-Azhari
1970, Ghana, Ignatius Kutu Acheamphong, Edward Akufo-Addo
1971, Uganda, Idi Amin Dada, Milton Obote,
1972, Marruecos, Mohamed Oufkir, Hassan II,
1972, Bénin, Mathieu Kérékou, Justin T. Ahomadégbé
1973, Ruanda, Juvenal Habyarimana, Gregoire Kayibanda
1974, Etiopía, Aman Mikael Andom, Haile Selassi
1974, Etiopía, Mengistu Haile Mariam, Aman Andom,
1974, Níger, Seyni Kountché, Hamani Diori,
1975, Comores, Saïd Mohamed Jaffar, Ahmed Abdallah,
1975, Nigeria, Yakubu Gowon, Johnson Aguiyi-Ironsi
1975, Nigeria, Murtala Mohammed, Yakubu Gowon
1975, Chad, Noel Milarew Odingar, François Tombalbaye
1976, Burundi, Jean-Baptiste Bagaza, Michel Micombero
1976, Comores, Ali Soilih, Said Mohamed Jaffar
1976, Nigeria, Olusegun Obasanjo, Murtala Mohammed
1977, Congo, Joachim Yhombi-Opango, Marien Ngouabi
1977, Etiopía, Mengistu Haile Mariam, Tafari Benti
1978, Comores, Said Atthoumani, Ali Soilih
1978, Mauritania, Moustapha Ould Saleck, Moktar Ould Daddah
1978, Ghana, Frederick Fred William Kwasi Akuffo, Ignatius Kutu Acheamphong
1979, Mauritania, Mohamed Khuna Uld Haidalla, Mustafá Uld Saleck
1979, Congo, Denis Sassu-Nguesso, Joachim Yhombi-Opango
1979, Centroáfrica, David Dacko, Bokassa
1979, Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, Francisco Macías Nguema
1979, Chad, Goukouni Oueddei, Félix Mallum
1979, Uganda, Yusuf Lule, Idi Amin Dada
1979, Ghana, Jerry John Rawlings, Frederick Fred William Kwasi Akuffo
1980, Burkina Faso, Saye Zerbo, Sangulé Lamizana
1980, Guinea-Bissau, Joao Bernardo Vieira, Luis de Almeida Cabral
1980, Liberia, Samuel Doe, William Richard Tolbert
1981, Centroáfrica, André Kolingba, David Dacko
1981, Ghana, Jerry John Rawlings, Hilla Limann
1982, Burkina Faso, Jean-Baptiste Uedraogo, Saye Zerbo
1982, Chad, Hissen Habré, Gukouni Ueddei
1983, Burkina Faso, Thomas Sankara, Jean Baptiste Uedraogo
1983, Nigeria, Muhammadu Buhari, Alhaji Shehu Shagar
1984, Guinea, Lansana Conté, Luis Lansana Beavogui
1984, Mauritania, Maauiya Uld Taya, Mohamed Juna Uld Haidalla
1985, Uganda, Bazilio Olara Okello, Milton Obote
1985, Sudán, Swar al-Dahab, Gaafar Nimeiry
1985, Nigeria, Ibrahim Babangida, Muhammadu Buhari
1986, Sudán, Ahmed al-Mirghani, Swar al-Dahab
1987, Burkina Faso, Blaise Compaoré, Thomas Sankara
1987, Burundi, Pierre Buyoya, Jean Baptiste Bagaza
1987, Túnez, Zine El-Abidine Ben Ali, Habib Burguiba
1989, Sudán, Omar el-Bechir, Ahmed al-Mirghani
1990, Liberia, Prince Johnson, Samuel Doe
1990, Chad, Idriss Déby Itno, Hissène Habré
1991, Mali, Amadu Tumani Touré, Moussa Traoré
1992, Argelia, Haut conseil de sécurité, Chadli Bendjedid
1993, Nigeria, Sani Abacha, Ernest Shonekan
1994, Ruanda, Pasteur Bizimungu, Theodore Sindikubwabo
1994, Gambia, Yahya Jammeh, Dawda Jawara
1995, Comores, Ayuba Combo, Said Mohamed Djohar
1996, Burundi, Pierre Buyoya, Sylvestre Ntibantunganya
1996, Níger, Ibrahim Baré Mainassara, Mahamane Usmán
1997, RD del Congo, Laurent-Desiré Kabila, Mobutu Sesé Seko
1997, Congo, Denis Sassou-Nguesso, Pascal Lissuba
1999, Comores, Azali Assumani, Tadjidine Ben Said Massunde
1999, Costa de Marfil, Robert Guei, Henri Konan Bedié
1999, Guinea-Bissau, Ansumane Mané, Joao Bernardo Vieira
1999, Níger, Dauda Malam Wanké, Ibrahim Baré Mainassara
2003, Centroáfrica, François Bozizé, Ange-Félix Patassé
2003, Guinea-Bissau, Verissimo Correia Seabra, Kumba Yala
2005, Mauritania, Ely Uld Mohamed Vall, Maauiya Uld Taya
2005, Togo, Faure Gnassingbé, Fambaré Uattara Natchaba
2008, Mauritania, Mohamed Uld Abdel Aziz, Sidi Mohamed Uld Cheikh Abdallahi
2008, Guinea, Mussa Dadis Camara, Lansana Conté
2009, Madagascar, Andry Rajoelina, Marc Ravalomanana
2010, Níger, Salu Djibo, Mamadu Tandja
2012, Mali, Amadu Haya Sanogo, Amadu Tumani Turé
2012, Guinea-Bissau, Mamadu Turé Kuruma, Carlos Gomes Júnior
2013, Centroáfrica, Michel Djotodia, François Bozizé
2013, Egipto, Al-Sisi, Mohamed Morsi
2014, Gambia, Armée, Yahya Jammeh
2014, Centroáfrica, Michel Djotodia, transición
2014, Burkina Faso, Blaise Compaoré
2015, Burundi, Godefroid Niyombare, Pierre Nkurunziza

A un lado hemos puesto el nombre del presidente destituido y al otro al golpista.

La mayor parte de ellos fueron obra de las grandes potencias imperialistas.

China crea una comisión militar conjunta con Túnez

Ayer la cooperación chino-tunecina alcanzó al terreno militar, tras un encuentro entre el ministro de Defensa tunecino Farhat Horchani y la embajadora china en Túnez Bian Yanhua.

Los dos representantes han destacado la necesidad de desarrollar la cooperación bilateral en el terreno militar, para lo cual han creado una comisión militar conjunta.

Para impulsar la cooperación militar entre ambos países, Horchani reconoció la necesidad de impulsar el conocimiento del idioma chino entre los militares tunecinos.

En abril China regaló a Túnez diverso material militar, como municiones, cascos, chalecos y ametralladoras, pero también un método de aprendizaje del idioma chino.

La presencia china en todos los países de África se multiplica y salta rápidamente del terreno económico al militar. El año pasado la embajadora china ya participó muy activamente en el foro sobre inversiones extranjeras en Túnez “Start up democracy”, en el que destacó el compromiso de las multinacionales chinas en la ejecución de grandes proyectos de infraestructuras y en la financiación de proyectos estratégicos en el país norteafricano.

La relación entre ambos países es tan estrecha que mantienen un acuerdo para apoyarse mutuamente en las elecciones para el logro de cargos dirigentes en organismos internacionales, como la Unión Internacional de Telecomunicaciones y otros.

China abrirá próximamente un centro cultural en Túnez y el mes que viene una delegación tunecina del Ministerio de Turismo visitará china para abrir nuevos mercados al sector en el norte de África.

Las peligrosas tensiones religiosas de Camerún

Yaundé, la capital de Camerún
Hans de Marie Heungoup

La imagen de Camerún como una isla de paz en medio de una región tumultuosa terminó en 2013, cuando la violencia de Boko Haram cruzó la frontera nigeriana. Este grupo está afiliado al llamado Estado Islámico o Daesh, e incluso se rebautizó como Estado Islámico de África Occidental a principios de este año. Pero la forma brutal de yihadismo africano que representa difícilmente se explica por el auge del Estado Islámico en Irak y Siria. De hecho, es en parte una consecuencia del cambiante panorama religioso africano, que afecta y no poco a Camerún.

El sufismo tradicional está siendo desafiado de manera creciente por el ascenso de una ideología islamista radical, sobre todo el wahabismo o su pariente cercano el salafismo. Las históricas iglesias católica y protestante también se enfrentan a la competencia religiosa, y pierden terreno, principalmente frente a las iglesias resurreccionistas. Esto mina las bases de la coexistencia pacífica y planta las semillas de la intolerancia religiosa. Pero si solo se enfrentan a uno de los síntomas del problema –las sanguinarias acciones de Boko Haram– las autoridades serán incapaces de atacar las raíces del problema.

Boko Haran es un actor crítico desde 2004, cuando sus miembros huyeron de Nigeria debido a las operaciones contra la insurgencia y buscaron refugio en las montañas de Mandara de Camerún. Volvió a suceder en 2009, cuando el fundador del grupo terrorista, Mohamed Yusuf, fue abatido. Desde entonces el grupo se ha radicalizado y bajo un nuevo liderazgo ha expandido su proselitismo en el país. El norte de Camerún ha pasado de ser una zona de paso a convertirse en una base operativa.

En 2013 comenzaron los secuestros de extranjeros. Desde 2014 Boko Haram se enfrenta de manera directa a las fuerzas armadas camerunesas. A lo largo de los dos últimos años, 90 soldados han muerto en 150 ataques que han dejado más de 500 civiles heridos. Solo en julio y septiembre, unas 80 personas han muerto y más de 200 han resultado heridas cuando miembros de Boko Haram atacaron las ciudades de Fotokol, Maroua y Kerawa.

Está claro que el grupo gana fuerza entre los cameruneses, sobre todo en el norte del país, donde ha reclutado en los últimos tres años a más de 3.500 combatientes. Las razones no son solo religiosas. La mayoría proviene de la tribu a la que pertenece el nuevo líder del grupo, los kanuri, y casi todos son reclutas a la fuerza o personas que, acicateadas por la pobreza, se han echado en los brazos del grupo terrorista.

Como sucede en Nigeria y Chad, Boko Haram está recurriendo a los ataques suicidas en Camerún. Estos atentados han creado un clima de miedo, en especial en las ciudades. En el extremo septentrional del país, las autoridades han ordenado a los vagabundos que no estén en las calles y a las familias que no dejen salir a sus hijos de casa. El gobierno pretende con estas medidas mejorar la seguridad, pero se trata más de acciones cortoplacistas que de medidas que ataquen las raíces del problema.

Algunas de estas medidas están provocando nuevas tensiones. Las leyes antiterroristas establecidas el año pasado fueron criticadas por la oposición y la sociedad civil, que denunciaron el establecimiento de una zona gris legal que facilita el abuso de derechos y los arrestos arbitrarios. Las comunidades fronterizas con Nigeria han denunciado detenciones arbitrarias y torturas, entre otras violaciones de los derechos humanos. En el norte, la capital Yaundé y la ciudad portuaria de Douala, donde vestir el burka ha sido prohibido, mujeres con este o simplemente el hiyab han sufrido agresiones. A otras le han quitado estas ropas en público.

Los ataques de Boko Haram han coincidido con un cambio abrupto en el paisaje religioso de Camerún, hogar de alrededor de 1.000 organizaciones religiosas, incluidas cristianas, musulmanas y creencias tradicionales, de las cuales ni siquiera la mitad están legalmente reconocidas. En la actualidad, el 63% de la población es cristiana, el 22% musulmana, un 14% se adhiere a creencias tradicionales y un 1% es agnóstico. Camerún no tiene una historia de violencia religiosa, pero la popularidad creciente de los movimientos radicales pone en peligro este clima de tolerancia religiosa.

El wahabismo, el salafismo, el resureccionismo y otras corrientes religiosas que han aterrizado en Camerún en los últimos 30 años también han disparado la competencia entre religiones.

La transformación dentro del islam es promovida sobre todo por jóvenes radicales del sur de Camerún. Estos jóvenes sureños hablan árabe, se han educado en Sudán o en los países del Golfo, y se oponen a la dominación política y económica de la comunidad musulmana por parte de la envejecida y tradicionalista elite sufí. La lucha por la supremacía entre los sufíes y los grupos fundamentalistas ha incrementado el riesgo de violencia en el país.

Dentro de las comunidades cristianas, el auge de las iglesias resurreccionistas ha terminado con el monopolio histórico de las iglesias católicas y protestantes. A menudo sin estatus legal, estos movimientos predican la intolerancia religiosa y condenan el diálogo interreligioso.

Distraídos por la brutal campaña de Boko Haram, las autoridades políticas y religiosas del país infravaloran el efecto polarizador de estos cambios en el paisaje religioso del país.

Por encima de todo, Camerún necesita una estrategia coherente e integral para atacar las raíces de la radicalización. El gobierno debería de inmediato mejorar la vigilancia del proselitismo fundamentalista, reformar las escuelas coránicas del país, y crear instituciones representativas para las iglesias resurreccionistas y las comunidades musulmanas. Debería evitar asimismo un enfoque de seguridad en exclusiva y el riesgo que ello conlleva, centrándose en apoyar a aquellas asociaciones que promueven el diálogo interreligioso, además de dotar a las comunidades de herramientas para que eviten que las diferencias religiosas desemboquen en violencia.

Fuente: http://www.politicaexterior.com/actualidad/las-peligrosas-tensiones-religiosas-de-camerun/

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