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El origen de la subcultura carbónica

La evolución de la ideología climática (4)

Hacia mediados del siglo XIX la ciencia ya disponía de algunos de los elementos fundamentales para elaborar una teoría embrionaria sobre el clima, aunque sólo ha llegado a desarrollar piezas inconexas de ella, de las que se pueden poner dos ejemplos que se corresponden con otros tantos nombres que, por derecho propio, figuran entre los más grandes de la ciencia de aquel siglo.

El francés Joseph Fourier es uno de ellos y pertenece a la primera mitad del siglo. Además de su obra maestra, la “Teoría analítica del calor”, publicada en 1822, el científico napoleónico prestó mucha atención al clima terrestre en otras obras. De no ser por las limitaciones científicas de su tiempo, se le podría considerar incluso como el fundador de la climatología y hay quien, como el IPCC, le considera como el descubridor del “efecto invernadero”.

No obstante, Fourier no demuestra nada, ni lleva a cabo ningún experimento, ni descubre nada nuevo. Trata de explicar fenómenos ya conocidos anteriormente, especialmente el de Saussure, sobre el que apunta lo siguiente: “El calor del Sol, que llega en forma de luz, posee la propiedad de penetrar las sustancias sólidas o líquidas diáfanas, y la pierde casi enteramente cuando se convierte, por su comunicación a los cuerpos terrestres, en calor radiante oscuro”. Esta distinción entre calor luminoso y calor oscuro, añade Fourier, “explica la elevación de temperatura causada por los cuerpos transparentes” (1).

En dicho pasaje no existe nada de lo que hoy el IPCC y algunos historiadores de la ciencia tratan de dar a entender:

1. Fourier no se refiere sólo a la atmósfera, sino también a la hidrosfera y al hielo polar
2. Lo que trata de explicar es el motivo por el cual el calor no se dispersa hacia el espacio exterior sino que se acumula en la superficie terrestre, es decir, el gradiente vertical de temperatura de Saussure así como la relativa uniformidad de la temperatura de la que, naturalmente, no conoce su evolución en el tiempo, aunque supone que se enfría progresivamente
3. El científico francés considera a la atmósfera como un todo y no diferencia entre unos u otros componentes de ella, una tarea que llevó a cabo Tyndall en 1861: no todos los gases de la atmósfera absorben y emiten calor en la misma medida, considerando que el vapor de agua era el más influyente (2)
4. Fourier no tiene una noción clara de lo que es el “calor oscuro” y su interés se centra casi exclusivamente en su absorción por la atmósfera, descuidando la emisión
5. Pero lo más importante es que Fourier suponía -erróneamente- que el calor era un fluido y sabía que era una opinión controvertida. Hay varias hipótesis al respecto, añade, ante lo cual reacciona como la mayor parte de los científicos: no sabemos lo que es el calor pero podemos describir cómo se disipa (3).

Con la climatología de Fourier se cumple el principio de que para falsificar la ciencia hay que falsificar también su historia. El francés está siendo instrumentalizado para inculcar que la hipótesis del “efecto invernadero” no es reciente, lo cual es falso.

El segundo científico que expresa las paradojas de la ideología climática es el sueco Svante Arrhenius, al que le atribuyen una de esas leyes contundentes de la física cuya formulación no deja lugar a dudas: si las emisiones de CO2 a la atmósfera crecen geométricamente, la temperatura crecerá aritméticamente. En un artículo de 1896 el sueco Arrhenius ilustró gráficamente esa ley por la analogía con un invernadero (4).

Por lo tanto, desde Fourier, en el transcurso de casi un siglo el planteamiento climático había cambiado. Ya no se trataba de explicar la retención del calor en la superficie de la Tierra sino el cambio en su temperatura.

El interés de Arrhenius por el cambio de temperatura forma parte de la defensa de su tesis sobre la panespermia: la vida en la Tierra no tiene un origen temporal sino que preexiste desde siempre en todo el universo y seguirá existiendo indefinidamente. Ahora bien, en 1863 el físico alemán Clausius le había dado un vuelo absurdo al segundo principio de la termodinámica, según el cual la equiparación de temperaturas conducía a la “muerte térmica del universo”, de donde deriva todo el conjunto actual de elucubraciones acerca de la entropía, la irreversibilidad, la teoría del caos y otros.

Acertadamente Arrhenius criticó a Clausius apoyándose en las glaciaciones, que mostraban la posibilidad de que los procesos térmicos fueran reversibles. Es más, Arrhenius pensaba que la Tierra se enfriaba y, en consecencia, para retardar el fantasma de una futura glaciación y la “muerte térmica del universo”, había que invertir un fenómeno natural para hacerlo reversible artificialmente. Siguiendo a Tyndall, Arrhenius consideró que el CO2 atmosférico era la clave para ello, no obstante su carácter residual.

Así comenzó la subcultura carbónica. Según Arrhenius si el CO2 explica la retención de calor en la superficie de la Tierra, el aumento de su concentración en la atmósfera aumentará también la temperatura. Más CO2 retiene más calor. La manera de retrasar la futura glaciación es emitir más CO2. Se trataba de algo diferente, un problema práctico: cómo frenar la futura caída de las temperaturas. Con el científico sueco estaba naciendo la “ingeniería climática”, que ponía el acento en la capacidad humana para alterar el clima de la Tierra de manera artificial. Es una doctrina al alcance de la mano. La humanidad puede alcanzar la troposfera, pero no la superficie solar. Es más fácil alterar la atmósfera que los rayos procedentes del Sol.

La “ingeniería climática” es algo más bien propio de las cábalas de la ciencia ficción que de la ciencia propiamente dicha, pero en la misma medida en que algunos científicos se fueron convenciendo de que podían modificar el clima, la ideología del enfriamiento se convirtió en una pesadilla, similar a la actual del calentamiento. El químico alemán Walter Nernst propuso quemar carbón, pero no para incrementar la temperatura de una vivienda sino la de toda la atmósfera. En 1938 el ingeniero inglés Guy Stewart Callendar insistió en lo mismo porque el incremento de CO2 en la atmósfera era beneficioso para retrasar la siguiente glaciación.

Las tesis de Callendar no eran en nada diferentes de las de Arrhenius, aunque su propagación fue notablemente mayor y durante años el aumento de las temperaturas como consecuencia de las emisiones crecientes de CO2 se conoció como “Efecto Callendar”.

Al aludir a los crecimientos geométricos y aritméticos, Arrhenius añade otro problema nuevo de medición: la sensibilidad climática. ¿Cuánto CO2 habría que enviar a la atmósfera para aumentar un grado la temperatura? Para ello antes habría que calcular la cantidad de CO2 que hay en la atmósfera. Aunque el científico sueco introduce varias cifras, no mide nada, ni tampoco demuestra nada; ni siquiera lo intenta porque, siguiendo de nuevo a Tyndall, todos sus experimentos los lleva a cabo con el vapor de agua de la atmósfera.

Los científicos empezaron a interesarse por la capacidad de los diferentes gases atmosféricos para absorber los rayos infrarrojos y surge así el diluvio de mediciones que meten a la climatología en una ratonera: el laboratorio. Tyndall había inventado un espectrómetro diferencial capaz de detectar la absorción de rayos infrarrojos por pequeñas cantidades de gas encerradas en un tubo de ensayo.

Por un lado, no todos los gases atmosféricos absorbían la radiación infrarroja; por el otro, el vapor de agua, la humedad del aire, era capaz de bloquearla por sí misma. El CO2 no absorbía ninguna longitud de onda que no fuera también absorbida por el vapor de agua. Su concentración en la atmósfera es tan pequeño comparado con el del vapor de agua, que su efecto es irrelevante. Es el “efecto de saturación”, el mismo que tendría en un salón de tiro las capas sucesivas de rejillas interpuestas entre la bala y el blanco. A medida que se incrementa el número de rejillas o su densidad, es más difícil que una bala alcance su blanco, hasta que llega un punto en que se hace imposible. A partir de ahí es inútil interponer más rejillas.

Para demostrar el “efecto de saturación”, en 1900 Knut Angström y su colaborador Herr J. Koch hicieron un experimento enviando radiación infrarroja a través de un tubo de 30 centímetros de largo lleno con una determinada concentración de CO2. Luego redujeron la concentración en un tercio y la cantidad de radiación absorbida apenas cambió. En contra de la hipótesis de Arrhenius, a partir de un determinado punto, la emisión adicional de más CO2 no absorbía más radiación y, por lo tanto, no calentaba la atmósfera.

Tras el experimento, la revista que expresaba el punto de vista de los meteorólogos estadounidenses, Monthly Weather Review, advirtió expresamente de que la hipótesis de Arrhenius era falsa (5).

La temperatura de Marte parece confirmar el “efecto de saturación”. La atmósfera del planeta rojo se compone casi en su totalidad de CO2. La cantidad de CO2 en Marte es 50 veces mayor que en la Tierra, a pesar de lo cual la temperatura en la superficie oscila entre -90 grados centígrados y -30 grados.

La validez del experimento sobre el “efecto de saturación” permaneció 50 años, hasta que la Guerra Fría llevó a los aviones de espionaje a las capas altas de la atmósfera. De la mano de los militares, los científicos volvieron a romper otra vez la unidad de la atmósfera, descubriendo que no sólo se componía de gases diferentes sino que no era la misma arriba que abajo. En los estratos más elevados hay menos vapor de agua que en los inferiores.

La atmósfera no es un invernadero; tampoco hay en ella ningún invernadero ni nada parecido. A efectos climáticos, la atmósfera se compone de varios subsistemas y estratos que interaccionan entre sí de manera continua, lo mismo que con una masa sólida (continentes) y otra líquida (océanos).

Gracias también a los militares, en los años cuarenta se desarrolló la espectrofotometría de infrarrojos, que le permitió al canadiense Gilbert Norman Plass descubrir en 1956 que el vapor de agua y el CO2 no superponen sus efectos porque el vapor agua no puede absorber todo el espectro de radiación infrarroja (6). Las balas de determinado calibre no pueden ser frenadas por las rejillas del vapor de agua, pero sí por las del CO2. El “efecto de saturación” no existe; el CO2 es un “gas de efecto invernadero”. Aunque en la atmósfera haya estratos muy secos, el CO2 suple la escasez de vapor de agua y, por lo tanto, aumenta la capacidad de absorción de la radiación infrarroja.

Plass obtuvo sus conclusiones con la ayuda de un ordenador, lo que anunciaba la llegada de una nueva era para la ciencia que había comenzado en 1945, una mezca explosiva de militarismo, laboratorios y ordenadores que sirve para explicar el calentamiento de la Tierra, mientras guarda silencio sobre el enfriamiento de Marte.

(1) Fourier, Mémoire, cit., pg.573.
(2) John Tyndall, On the absorption and radiation of beat by gases and vapour, and on the physical connection of radiation, absorption and conduction, Philosophical Magazine, 1861, 22:167-194, pgs.273 y stes., http://web.gps.caltech.edu/~vijay/Papers/Spectroscopy/tyndall-1861.pdf
(3) Fourier, Théorie, cit., pg.18
(4) Svante Arrhenius, On the Influence of Carbonic Acid in the Air upon the Temperature of the Ground, Philosophical Magazine and Journal of Science, vol.41, 1896, pgs. 237-276. http://www.trunity.net/files/108501_108600/108531/arrhenius1896_greenhouse-effect.pdf
(5) Monthly Weather Review, Knut Ansgström On Atmospheric Absorption, ftp://ftp.library.noaa.gov/docs.lib/htdocs/rescue/mwr/029/mwr-029-06-0268a.pdf
(6) Gilbert N. Plass, The Carbon Dioxide Theory of Climate Change, Tellus, 1956, vol. 8, núm. 2 pgs. 140 y stes.

Serie completa:
– La evolución de la ideología climática
– Una de las mayores revoluciones científicas: el descubrimiento de las glaciaciones
– El segundo principio de la termodinámica: entre la ciencia y el mito
– El clima se pone a las órdenes del comandante científico de la Guerra Fría: Roger Revelle
– La ideología climática ha triunfado porque está promovida por el imperialismo

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El segundo principio de la termodinámica: entre la ciencia y el mito

Antoine Lavoisier
La evolución de la ideología climática (3)

Juan Manuel Olarieta

En la segunda mitad del siglo XVIII Lavoisier dio otra sacudida a las doctrinas imperantes, tanto sobre el aire como sobre el calor. El aire no era un elemento elemento simple, como se había creído hasta entonces, sino compuesto por los gases diferentes que integran la atmósfera. La combustión no es otra cosa que una oxidación. En en lenguaje actual, la quema de carbón o cualquier otro de los llamados “combustibles fósiles”, de los que el carbono es un elemento integrante, al combinarse con el oxígeno del aire, da lugar a otro gas, el CO2 o dióxido de carbono.

Pero el calor ni siquiera es un elemento. Lavoisier no fue de capaz de sustituir las concepciones imperantes sobre el calor por una teoría correcta. El químico francés se limitó a derribar la muralla: el calor no es una cosa, ni compuesta ni simple y, a partir de ahí, las doctrinas vigentes no podían ser más confusas. A comienzos del siglo XIX se impuso la concepción ondulatoria de la luz, que vibraba en un medio rígido e imponderable de propiedades extrañas, el “éter lumínico”, un elemento que nunca ha sido hallado.

Al mismo tiempo, el electromagnetismo y la óptica se separaban de la termodinámica, como si la luz ya no tuviera relación con el calor. Las nuevas ciencias, que trataban fenómenos no mecánicos, no se podían explicar con los viejos recursos de la física de Newton, como puso de manifiesto Fourier en 1822: “Existe una clase muy extensa de fenómenos que no se producen por fuerzas mecánicas, sino que resultan solamente de la presencia y la acumulación de calor. Esta parte de la filosofía natural no se puede reconducir a las teorías dinámicas, tiene principios que le son propios y se fundamenta en un método parecido al de las demás ciencias exactas” (1).

Sin embargo, en 1842 Mayer, Joule y Grove formularon la noción de “equivalente mecánico del calor”, de donde se desprende que el calor es un tipo especial de fuerza, una energía intercambiable con cualquier otra (2). Hasta entonces hubo un vacío importante en una ciencia emergente, como la termodinámica.

El tercer pilar que se suma antes de 1800 a las concepciones climáticas vigentes es la atmósfera, un descubrimiento que debemos a otro suizo, Horace Benedict de Saussure. En cierta medida la temperatura en la superficie de la Tierra dependía de la atmósfera y, como se sabía gracias a Lavoisier y otros, de los diferentes gases que la componían.

El suizo llevó a cabo mediciones de las temperaturas en la alta montaña, que son mucho más bajas de las que se toman en los valles. La temperatura cambia en la horizontal y también en la vertical. El aire frío de las cumbres, que es más denso que el caliente, no desciende, por lo que la temperatura no se iguala entre ambos puntos, un efecto que se discutió en las décadas siguientes. Si en determinadas situaciones el calor se acumula, estamos en presencia de un fenómeno que necesita una buena explicación, porque se podía volver del revés: si el calor no se disipa, ¿por qué la Tierra tampoco se calienta hasta extremos insoportables?

A partir de entonces, las estimaciones de temperatura se llevaron de los Alpes a los círculos polares y de ahí al espacio exterior, que en 1838 Claude Pouillet calculó en -142ºC. Hoy sabemos que la cara de la Luna a la que el Sol no llega tiene una temperatura de unos -240ºC. Estas observaciones contradecían las concepciones tradicionales, que en 1822 Fourier enunció de la siguiente manera:

“Cuando el calor se distribuye de forma desigual entre los diferentes puntos de una masa sólida, tiende a ponerse en equilibrio, y pasa lentamente de las partes más calientes a las que lo son menos; al mismo tiempo se disipa por la superficie y se pierde en el medio o en el vacío” (3).

Es el segundo principio de la termodinámica, heredero de las concepciones tradicionales y milenarias de los seres humanos. En otras palabras, significa que al abrir una nevera el frío se disipa y al abrir un horno lo que se disipa es el calor. El movimiento del calor equipara las temperaturas entre dos sitios distintos. Según la termodinámica, lo que nunca ocurre es que al abrir la nevera suba la temperatura del frigorífico. Lo mismo cabe pensar del calor que acumula un invernadero, aunque para ello sería necesario que estuviera bien cerrado; como la puerta de un horno.

Hacia 1800 William Herschel descubrió el “calor oscuro” (4), que hoy llamamos “rayos infrarrojos”, un hallazgo que el científico (y revolucionario) italiano Macedonio Melloni desarrolló en 1831, seguido luego por la estadounidense (hoy olvidada) Eunice Foote en 1859 y el irlandés John Tyndall en 1861, lo que rompía otra unidad del pensamiento antiguo: la luz tampoco era un elemento simple sino un espectro de diferentes emisiones, cada una de las cuales tiene una temperatura diferente.

Además del Sol, hay otras fuentes de calor. Todos los cuerpos emiten y absorben radiaciones. La temperatura depende de la radiación y, a su vez, la radiación depende de la temperatura (ley de Stefan-Boltzmann). La Tierra también es una fuente de calor que emite (y absorbe) radiación lo mismo que los gases de la atmósfera. A pesar de sus gélidas temperaturas, también el éter transmitía calor a la Tierra, escribió Pouillet en 1838, un recorrido opuesto al que cabe esperar. La termodinámica y la climatología empezaron a vivir de espaldas una de otra. La primera se preocupaba de la dispersión del calor y la segunda de lo contrario.

La ciencia siempre ha digerido muy mal esa paradoja. Si un invernadero tiene las ventanas abiertas, ¿cómo es posible que acumule calor?

(1) Fourier, Théorie analitique de la chaleur, París, 1822, pgs.13 y 14
(2) Engels, Dialéctica de la naturaleza, cit., pgs.33, 158 y 222
(3) Fourier, Théorie, cit., pg.2
(4) Engels, Dialéctica de la naturaleza, cit., pg.228

Serie completa:
– La evolución de la ideología climática
– Una de las mayores revoluciones científicas: el descubrimiento de las glaciaciones
– El origen de la subcultura carbónica
– El clima se pone a las órdenes del comandante científico de la Guerra Fría: Roger Revelle
– La ideología climática ha triunfado porque está promovida por el imperialismo
 

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Una de las mayores revoluciones científicas: el descubrimiento de las glaciaciones

La evolución de la ideología climática (2)

Juan Manuel Olarieta

El “siglo de las luces” puso los cimientos para acabar, uno a uno, con el cúmulo de concepciones climáticas dominantes hasta la fecha, de manera que a mediados del XIX el castillo de naipes había caído por completo.

Con la invención del termómetro, a partir de siglo XVII la temperatura empezó a gozar de mediciones cuantitativas en puntos muy diversos, como las cuevas, donde los rayos del Sol no penetran y las diferencias de temperatura oscilan mucho menos. Sin embargo, se produce otro hallazgo significativo: con la profundidad el frío no aumenta sino que se transforma en su contrario: calor. De ahí y del volcanismo se deducía que la Tierra atesoraba su propio calor interno, geotérmico, independiente del Sol. A partir de un determinado punto de la vertical, cada 32 metros la temperatura aumenta un grado, escribió Fourier (1).

Naturalmente esas estimaciones se referían a la litosfera, la parte sólida de la Tierra; en los océanos con la profundidad la temperatura desciende. Sin embargo, el océano siempre quedó fuera del círculo de interés y de las mediciones porque era irrelevante desde el punto de vista económico. Cuando se habla de temperatura se supone que se refiere a una medición en tierra firme y durante siglos no se conoció otra que esa.

En su origen el planeta era una bola de fuego que, como cualquier otro astro, estaba sometido a las leyes inexorables del enfriamiento progresivo, una tesis a la que Buffon le dio la vuelta: a partir del enfriamiento cuantitativo de la Tierra era posible medir su edad. Hasta el siglo XVIII se había calculado que dios creó la Tierra unos 4.000 años antes, según establecían los primeros relatos bíblicos. Buffon demostró que “la palabra de dios” era equivocada y que había que empezar a superar las mediciones del tiempo en años, décadas y siglos. Nacieron los “eones” o grandes eras geológicas de millones de años marcadas -entre otros factores- por el clima.

Por más que hoy sepamos que los cálculos de Buffon tenían errores muy groseros, cambiaron por completo la comprensión de la humanidad y de la ciencia acerca del tiempo, hasta el punto de que el científico francés jamás tuvo la oportunidad de exponer públicamente sus concepciones porque la Universidad de La Sorbona se sometió al canon cristiano y le censuró. Como escribió Engels, “la tradición es una fuerza no sólo en la Iglesia católica, sino también en las ciencias naturales” (2). Cuando hace diez años se destaparon los correos internos de la unidad climática de la Universidad East Anglia se volvió a comprobar que la represión y la manipulación forman parte integrante de la ciencia y la divulgación científica.

A pesar de la censura, Buffon llevó a cabo varios experimentos basados en el enfriamiento de la corteza terrestre que, afortunadamente, consignó meticulosamente en sus manuscritos, que se han conservado hasta la actualidad, una labor continuada luego por otros científicos, como Lord Kelvin, que siguieron realizando cálculos sobre la edad de la Tierra partiendo de la base de su enfriamiento progresivo.

Para concebir el clima hay que pensar geológicamente en eones, no en años. También hay que medir y desde Buffon el aspecto cuantitativo del clima fue adquiriendo una importancia creciente. Al mimo tiempo, el desarrollo de las fuerzas productivas perfeccionó los instrumentos de medida, hasta llegar a los satélites actuales. Hay más mediciones, pero también mediciones distintas cualitativamente. Se toman medidas de temperaturas en lugares muy distintos unos de otros, desde tierra firme hasta los océanos y la atmósfera, a diferentes altitudes, etc.

En su sentido científico, climático, la medición de una temperatura no es un “hecho” como se supone vulgarmente, sino una estimación, un promedio, que se puede calcular estadísticamente de maneras diferentes. Tiene una naturaleza cuantitativa y cualitativa a la vez.

Casi al mismo tiempo que escribe Buffon, a finales del siglo XVIII se lleva a cabo en Suiza uno de los descubrimientos más importantes de la ciencia. En el fondo de los valles alpinos, los geógrafos observan cantos rodados que habían sido arrastrados por unos glaciares que, con el transcurso del tiempo, retrocedieron. En aquella época Louis Agassiz le dio su forma más acabada al descubrimiento de que algunas de las grandes eras geológicas del pasado habían sido mucho más frías que las actuales.

La temperatura del planeta no había sido siempre más elevada que en la actualidad, sino al revés y, lo que es más importante: la historia del planeta se podía describir como una sucesión de épocas de frío y calor en el que las primeras, las épocas glaciares, eran dominantes, más largas y más intensas que las otras, llamadas interglaciares. Por fin se descubrió que la época actual era interglaciar y, por lo tanto, más cálida que su precedente.

A pesar de su importancia, el descubrimiento de las glaciaciones no logró acabar con la tendencia dominante en la ciencia, que siguió siendo la de un enfriamiento gradual y progresivo, entre otras razones porque, a diferencia de lo que suelen explicar en las universidades, la ciencia es un cúmulo complejo y contradictorio de conocimientos y, en el caso del clima, prevaleció una disciplina emergente, la termodinámica, que mantuvo el canon tradicional que había imperado desde la Antigüedad. Desde mediados del siglo XIX la ciencia se convierte en un “reino de taifas”: destroza el mundo real en pedazos y no es capaz de recomponerlo de nuevo. Cuando los químicos y los físicos suplantan a los geógrafos y los geólogos, la climatología se transforma en una auténtica pesadilla. El laboratorio sustituye a la naturaleza.

Como cualquier otro fenómeno periódico, las glaciaciones introdujeron la contradicción dialéctica, fenómenos de la naturaleza que abren el camino a sus contrarios, que son la esencia misma de las percepciones inmediatas que la humanidad tiene acerca de un clima, que es esencialmente oscilante. Las temperaturas nunca se modifican de manera lineal, ni en cantidad ni en signo. No sólo suben y bajan sino que se transforman en su contrario de la noche al día y con las estaciones del año. También se modifican con los hemisferios: cuando en el norte es invierno en el sur es verano.

Otros fenómenos, como la corriente del Pacífico “El Niño” (y su contrario “La Niña”), también siguen, un ciclo temporal, que en inglés denominan como ENSO (“Southern Oscillation” u Oscilación Meridional), lo que confirma los postulados fundamentales con los que Vernadsky concebía los ecosistemas (3). No se trata de fenómenos lineales en los que cada momento es un poco más frío o un poco más caliente que el anterior. En las largas eras climáticas, “la excepción confirma la regla”. Hay fases cálidas en épocas de glaciaciones y fases frías en épocas interglaciares.

Los fenómenos cíclicos, como la temperatura, indican la intervención de numerosos factores que, además, son complejos y contradictorios, es decir, que no operan simultáneamente en la misma dirección y que son capaces de provocar efectos contrapuestos de calor y frío.

(1) Fourier, Mémoire sur les temperatures du globe terrestre et des espaces planetaires, Mémoires de l’Académie des Sciences de l’Institut de France, 1828, pg.571
(2) Engels, Dialéctica de la naturaleza, Madrid, pg.32
(3) La ecología soviética de Vernadsky, http://civilizacionsocialista.blogspot.com/2009/12/la-ecologia-sovietica-de-vernadsky.html

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Ciencia

La evolución de la ideología climática (1)

A lo largo de una historia milenaria, los seres humanos han sostenido concepciones contrapuestas sobre el clima de clara naturaleza ideológica, en donde se confundían de manera abigarrada numerosos conocimientos, doctrinas e hipótesis.

Hasta épocas muy recientes la humanidad no conoció las sutilezas actuales que diferencian el clima de la meteorología o el calor de la temperatura; ni siquiera sabía lo que era el calor, ni la luz, ni la combustión y, lo que es peor, las doctrinas al respecto eran erróneas.

Como es obvio, la evolución del clima sobre la Tierra a lo largo del tiempo no se corresponde exactamente con su reflejo sobre el pensamiento humano. Las ideologías climáticas siguen el mito de la caverna de Platón: un recorrido que va de la “oscuridad” a la “luz” a medida de que la humanidad se libera de sus cadenas, hasta salir al exterior y conseguir, además, que “un exceso de luz” no acabe por deslumbrarnos, es decir, que unas cadenas no sustituyan a otras.

Cualquier ideología se afirma por oposición a sus contrarias, de donde surgen las diferentes corrientes históricas que en sus rasgos más generales se pueden resumir en tres.

Las corrientes idealistas consideran el clima como una obra de la creación del universo, al modo del Génesis: en un principio la Tierra estaba sumida en la “oscuridad” hasta que dios la iluminó… hasta cierto punto porque el resto quedó sumido en las tinieblas.

La religiones presentan a dios como luz y en el Éxodo aparece ante Moisés como una “zarza ardiente”. Además de luz, dios y los seres celestiales representan el calor, que es fuente de vida.

Por el contrario, un determinado tipo de materialismo, que podemos adscribir a Demócrito, considera el calor como una cosa, algo que en nada sustancial difiere de todas las demás cosas. El mundo material, es decir, todo el universo, se compone de los mismos átomos, uno de los cuales es el fuego, por lo que la luz y el calor tienen el mismo origen material que las demás cosas que integran el universo.

En una tercera línea podemos situar a Epicuro, un materialista de un tipo diferente al anterior, más avanzado, según expuso Marx en su primera obra. La diferencia entre uno y otro se resume en el “clinamen” o, en otras palabras, la contradicción, el cambio y la dialéctica, que también están presentes en los fenómenos físicos.

En el griego antiguo clima y clinamen forman parte de la misma familia semántica, junto a otras palabras como “inclinación” o “declinación” porque la humanidad siempre tuvo claro que el clima dependía del ángulo diferente con el que los rayos del Sol y otros astros luminosos impactaban en la Tierra, lo que a veces, se definió como su “alineamiento” o posición relativa de unos con otros.

Como dicho ángulo depende de la región geográfica del planeta, en cada una de ellas el clima es diferente. La consecuencia ideológica de ello es que, históricamente, la humanidad siempre vinculó el estudio del clima más al espacio que al tiempo.

Dado que la supervivencia de los seres humanos dependía de la agricultura, básicamente, y dado también que, a su vez, la agricultura dependía del clima, los aspectos económicos dependían de los naturales. El “buen tiempo” propiciaba buenas cosechas y el “mal tiempo” creaba dificultades de aprovisionamiento, lo que expresa el carácter ideológico de las doctrinas climáticas y seudoecologistas, en general, que van unidas a una teoría económica, e incluso una política económica.

La “buena” (o la “mala”) relación del hombre con la naturaleza, el salvajismo y la civilización, es uno de los tópicos más frecuentes en la historia del pensamiento humano, que ha desatado toda clase de pronunciamientos. No obstante, el desasarrollo progresivo de las fuerzas productivas ha independizado cada vez más al ser humano de la naturaleza, que ha ido adquiriendo un punto de vista cada vez más estético de la misma, así como un complejo de intruso dentro de ella, que irá a más en el futuro.

Las ideologías climáticas han tenido siempre un tono fatalista, de tal manera que a la humanidad no le cabía sino adoptar una posición pasiva: “aclimatarse” o adaptarse al clima del lugar.

Uno de los ejemplos más conocidos de la importancia que las ideologías han otorgado al clima es “El espíritu de las leyes” de Montesquieu, escrita a mediados del siglo XVIII, que estudia la dependencia de los diferentes regímenes políticos y sociales de las diferencias climáticas que se pueden observar en la Tierra. Los pueblos originarios de regiones cálidas “casi siempre” los ha convertido en esclavos, mientras que el coraje de los de climas fríos los ha mantenido libres. “Es un efecto que deriva de una causa natural”, escribía Montesquieu. Las causas naturales, podríamos concluir, producen efectos políticos, y también: los efectos políticos derivan de causas naturales.

Las doctrinas climáticas, pues, no sólo son política económica, sino política en el sentido más estricto del término.

Al fatalismo climático le acompañó siempre un dogmatismo absoluto: todas las hogueras se acaban apagando y lo mismo ocurrirá con el Sol y demás astros, por lo que la temperatura descenderá inexorablemente y el frío se extenderá, acabando con la vida sobre este planeta.

Hasta hace muy poco tiempo, pues, los científicos defendieron la doctrina del enfriamiento climático con mucho más ardor del que ahora muestran al defender la contraria. La forma en que se producía el supuesto enfriamiento era lineal, de la misma manera errónea en que hoy se supone que se produce el calentamiento: cada año la temperatura batía sus propios registros y desciende -o sube- un poco más en todas partes al mismo tiempo.

La ruptura con la ideología dominante fue un camino tortuoso, balbuceante y lleno de paradojas. Hace 2.500 años, Teofrasto, un discípulo de Aristóteles, ya había llamado la atención sobre el “clinamen”: el clima actúa sobre la humanidad, pero la humanidad también reaciona sobre su entorno y es capaz de modificarlo.

Nadie hizo caso de aquel filósofo, entre otras razones por el escaso desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo, cuando en el siglo XVIII las monarquías absolutas emprenden importantes obras públicas (canales, pantanos, carreteras, puentes), los ingenieros comienzan a desarrollar nuevas concepciones sobre lo que hoy llamaríamos estudios de “impacto ambiental”.

Aquellas primeras investigaciones sobre la “huella ecológica” extraen a los seres humanos de la naturaleza y contraponen a ambos en la forma ideológica que hoy se ha impuesto: lo artificial como enemigo de lo natural o destructor del entorno. La civilización es el pecado original, el progreso no existe porque estamos destruyendo el “paraíso terrenal”…

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La militarización de la política exterior del imperialismo

Estados Unidos está construyendo una nueva base militar con una pista de aterrizaje cerca de Al-Darbasiyah, en el norte de Siria, cerca de la frontera con Turquía, según la agencia kurda de noticias ANF News.

Los vecinos de Al-Darbasiyah vienen observado un número cada vez mayor de camiones cargados con materiales de construcción que se dirigen hacia el lugar, donde se está construyendo una importante infraestructura.

“La creacion de la base militar de la coalición al sur de Al-Darbasiyah confirma el plan para un despliegue a largo plazo de fuerzas internacionales en el noreste de Siria”, dice ANF, citando fuentes militares de las Fuerzas Democráticas Sirias (FSD) al servicio del ejército de Estados Unidos.

Algunos usuarios de Twitter han publicado imágenes tomadas por satélite que muestran la construcción de la nueva base militar.

Una delegación de la coalición encabezada por Estados Unidos, acompañada por dirigentes de las FDS, inspeccionó la base de la Fuerza Aérea de Tabqa en Raqqqa el mes pasado. En ese momento, fuentes de la oposición dijeron que la coalición planeaba desplegar allí tropas y helicópteros.

A principios de este año Trump renunció a su decisión de retirar todas las tropas estadounidenses de Siria. Estos nuevos informes sugieren que Estados Unidos está trabajando actualmente para fortalecer su presencia militar en este país de Oriente Medio devastado por la guerra.

Estados Unidos cuenta con bases militares en Qatar, Arabia saudí, Bahrein, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Jordania y en septiembre de 2017 inauguró su primera base en Israel.

El Pentágono reconoce que mantiene 514 bases militares en 45 países diferentes del mundo, un número jamás alcanzado anteriormente, lo que indica una militarización de la política exterior o, en otras palabras, el recurso a la guerra como instrumento más relevante de su hegemonía.

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Acabar con las personas para ‘salvar’ a la naturaleza

Paramilitares al servicio de la ecología de WWF
El primer cuarto del siglo XXI ha estado marcado por la revitalización de todo tipo de organizaciones “humanitarias”, algo comprensible porque la protección de las minorías se ha convertido en la fachada principal del capitalismo. La ayuda humanitaria, o más bien su apariencia, es uno de los fetiches de moda que muestra el imperalismo moderno, “multicultural” y cosmopolita.

El mundo está lleno de gente que actua por buena voluntad, desinteresadamente, al mismo tiempo que los “humanitarios” han comenzado a cometer crímenes y sus acciones se han vuelto cada vez más repulsivas. Esto ha chocado con las minorías que se suponía que debían proteger.

Algunas organizaciones humanitarias están siendo atacadas por otras organizaciones, no menos humanitarias. Las organizaciones humanitarias han concentrado sus energías unas en otras, sacando a la luz una serie de trapos sucios y escándalos.

Por ejemplo, “Survival International” (SI), anteriormente conocida como “Primitive People’s Fund”, ataca a WWF (1), al tiempo que sus actividades son más que dudosas. Quieren prohibir la circulación de personas desde pequeños pueblos y aldeas a grandes ciudades para “proteger” a las pequeñas poblaciones indígenas.

Están tratando de transformar por la fuerza las aldeas en reservas o incluso en zoológicos humanos. Es un manera como cualquier otra de financiar su propia organización.

Mientras WWF protege la flora y la fauna, “Survival International” protege a los indígenas. Al menos eso dicen cada uno de ellos. Da la impresión de que los indígenas son los enemigos de las reservas naturales, o que no forman parte de ellas.

Los monos de las reservas están más protegidos que los indígenas que tradicionalmente han vivido en ellas.

WWF ha desarrollado un programa para protegerlas con medidas interesantes como la posibilidad de esterilizar a la población indígena, una vez que alcance una determinada edad.

Otra medida: disparar a matar a los indígenas que no respeten las señales de advertencia que han impuesto en las reservas. Las poblaciones que viven en las cercanían no las cumplen por una razón muy simple: no saben leer.

En 2017 los ecologistas formaron las primeras milicias para impedir que los habitantes del Congo entraran en los cinturones forestales para cazar o pescar porque son “zonas de conservación”, es decir, que se trata de conservar la flora y la fauna pero no a los seres humanos.

En 2015 se publicó una investigación “El silencio de los pandas” (2) sobre los acuerdos comerciales de WWF con las grandes multinacionales. Unas 3.000 hectáreas de tierras en áreas de conservación habían sido transferidas a Shell, Monsanto y Bayer para usos industriales específicos. Gracias al acuerdo, WWF recibió aproximadamente unos 3.000 millones de dólares en “donaciones voluntarias”.

La investigación se publicó en forma de libro. La primera edición se agotó y luego se prohibió su venta en varios países de la Unión Europea, alegando que la investigación no incluía ninguna prueba. Sólo eran especulaciones.

Sin embargo, nadie presentó ninguna queja por difamación.

(1) https://www.survivalinternational.org/news/12142
(2) https://www.filmsforaction.org/watch/wwf-the-silence-of-the-pandas/ https://www.dailymotion.com/video/x105tsl https://vimeo.com/129958368

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Un nuevo libro indaga en el asesinato olvidado del secretario general de la ONU Dag Hammarskold

Es un libro que comienza lentamente. En sus primeras páginas parece el informe de un controlador del tráfico aéreo. De hecho, de eso se trata. Una historia de un avión, de un accidente aéreo, como ocurre a menudo en las pistas de aterrizaje mal señalizadas de la sabana africana. En resumen, un accidente, un golpe del destino. Además, esto es lo que se presentó en su momento, un error de pilotaje, en el que una tripulación no familiarizada con África habría confundido Ndola en Zambia con Ndolo, que en ese momento era el aeropuerto de Leopoldville/Kinshasa. A los que dudaban de esta confusión, que se manifestaba en una sola letra, se les agregó que, volando demasiado bajo, el DC-6 había chocado contra una colina o un termitero. En resumen, tenías que circular, no había nada que ver.

El problema es que el accidente del 17 de septiembre de 1961 sacudiría todo el planeta y que, casi sesenta años después, cuando desaparecieron los últimos testigos, las investigaciones no concluyeron sobre uno de los crímenes políticos más graves de la posguerra. Porque a bordo del Albertina, pilotado por una tripulación sueca, el Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskold, un político de talento y convicción, era venerado en Suecia como un héroe nacional. El hombre entonces conocido como “Sr. H”, que da título al libro que Maurin Picard acababa de publicar, creía en la organización supranacional. Tras la Segunda Guerra Mundial, en estos tiempos de guerra fría y de múltiples rivalidades, el diplomático sueco quería que la ONU fuera un instrumento de paz y que él mismo fuera más un general que un secretario.

Por eso, un domingo de septiembre, nueve meses después del asesinato de Patrice Lumumba, Dag Hammarskold se embarcó en una misión en Leopoldville cuyo secreto ya había sido revelado por varios diplomáticos, periodistas y otros “corresponsales honorables” de distintas confesiones. Deseoso de preservar la unidad del Congo, que se enfrentaba a la secesión de Katanga y Kasai, el sueco quiso reunirse personalmente con el dirigente katangueño Moisés Tshombe y la pequeña ciudad de Ndola, en el norte de Rhodesia, la actual Zambia, había sido elegida para acoger esta discreta reunión. ¿Ambicioso, ingenuo, demasiado confiado? Hammarskold pretendía convencer a Tshombe, que ya le esperaba en Ndola, de que pusiera fin a una secesión condenada por la opinión internacional, se embarcara con él a bordo del Albertina y anunciara al mundo entero que el Congo había recuperado su unidad. ¿Subestimó el Secretario General de la ONU la simpatía de la que gozaba el secesionista de Katanga en Bélgica, en particular en la Unión Minera, cuando el poder central de Kinshasa fue vilipendiado y la memoria de Patrice Lumumba despertó un odio implacable? ¿No entendía que Rodesia del Norte y su dirigente, Sir Roy Welensky, eran aliados de facto de Katanga, que Londres y la City mantenían vínculos estrechos y muy rentables con la Copperbelt (el cinturón de cobre), que la propia Francia, la del general de Gaulle, todavía soñaba con reunir los pedazos que Bélgica había provocado con su descolonización?

A lo largo de los primeros capítulos, Maurin Picard apenas plantea las cuestiones geopolíticas, al menos en la superficie. Está investigando. Reabre los archivos, rastrea y atrapa a los últimos testigos. Hace las preguntas correctas: ¿Era Peter Hallonqvist, el piloto sueco de la Albertina, tan inexperto como se decía entonces? El accidente había ocurrido sin testigos, se dijo en ese momento, el avión se había estrellado contra el monte y los primeros auxilios sólo llegaron a él por la mañana. Maurin Picard ha estado escudriñando las falsas certezas de la crónica oficial durante más de medio siglo: en realidad, el avión Albertina, supuestamente irrastreable, estaba a sólo doce kilómetros de la pista de Ndola, y el investigador encontró testigos que han conservado la memoria intacta.

Así, un sudafricano, Wren Mast-Ingle, accedió a hablar, cincuenta años más tarde: recuerda un cuatrimotor que se consumía bajo los árboles y cuya carcasa estaba plagada de balas. En cuanto a los mineros africanos del carbón, considerados demasiado pobres para ser creíbles, siguen afirmando que vieron un “pequeño avión” siguiendo al “gran avión”, disparando y transformando el DC6 en una bola de fuego. Durante más de dos años, Maurin Picard reabrió todos los archivos y encontró a todos los testigos vivos. Consultados los archivos de la ONU, los de la Unión Minera en Bruselas, siguieron los pasos de los “atroces”, los mercenarios contratados por Tshombe, a menudo antiguos miembros de la guerra de Argelia que no eran los electrones libres que trataron de hacernos creer.

A medida que pasan las páginas, el “cuaderno de bitácora” del controlador aéreo se convierte en un emocionante “thriller”, con aristócratas ingleses, “tenderos” belgas (en realidad, los dirigentes de la Unión Minera del Alto Katanga, antiguos soldados franceses no tan perdidos, aviones de combate pilotados por belgas como Jan van Risseghem, oficiales de inteligencia y otros agentes dobles). Con una sola obsesión, expresada entonces por Harold Macmillan, primer ministro británico, “salir del juego de Dag Hammarskold”, aquel diplomático sueco de mirada azul que molestaba y que, sin duda, estaba acabado, mientras yacía junto a su avión en llamas.

Maurin Picard: Ils ont tué Monsieur H. Congo, 1961: Le complot des mercenaires français contre l’ONU, Seuil, 2019
http://blog.lesoir.be/colette-braeckman/2019/04/29/ils-ont-tue-monsieur-h-une-enquete-accablante-sur-la-mort-de-dag-hammarskold/

En 2015 tanto Estados Unidos como Gran Bretaña se negaron a abrir sus archivos confidenciales sobre el asesinato de Hammarskold. Al año siguiente, la ONU decidió volver a reabrir la investigación. Más vale tarde que nunca…

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CIA: un fracaso detrás de otro para acabar con el gobierno iraní

La captura de varios espías de Estados Unidos muestra que pese a la imagen inflada que Occidente busca proyectar de la CIA, esta agencia siempre ha sido humillada por Irán.

Tal vez, es difícil encontrar a una persona que no haya oído del mito de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA); o una persona sin la imagen de esta entidad en su mente; una imagen creada, o al menos influenciada por películas de Hollywood; con superhéroes cuyas extraordinarias habilidades pueden emocionar al público. Sin embargo, el reciente desmantelamiento de una red de espionaje por parte de Irán demostró que la exagerada CIA tiene derrotas humillantes en su trayectoria.

En noviembre de 2018 la inteligencia iraní desmanteló una red de comunicaciones de la CIA, usando el buscador Google para localizar a los confidentes. Los hechos ocurrieron en 2013, pero fueron revelados cinco años después.

La contrainteligencia iraní utilizó la plataforma de búsqueda Google para localizar informantes de la CIA en una operación que resultó en el descubrimiento de la citada red y la muerte de docenas de informantes. Los agentes de la CIA reconocieron que el daño era grave, incluso catastrófico, y que persistirá durante años.

Asimismo, los medios estadounidenses han descrito la derrota de la CIA como un “escándalo de inteligencia” y su plataforma de actividades como un “castillo de naipes”.

Pero lo que causó un mayor impacto a los estadounidenses fue un cambio en el enfoque de la contrainteligencia de Irán al respecto. La inteligencia persa llegó a la conclusión de que la mejor estrategia de defensa ante el espionaje de la agencia estadounidense es atacar. Entonces, los expertos iraníes empezaron a rastrear a espías de la CIA en el extranjero.

Fue así como Irán decidió compartir con sus aliados una lista de espías de la CIA que había identificado en todo el mundo. La muerte fue el destino de muchos de ellos.  Así el país persa logró establecer una red mundial contra los agentes de la CIA.

Tras la llegada de los nuevos halcones, como John Bolton y Mike Pompeo, a la Casa Blanca, se encargó una vez más a la CIA que reuniera información sobre centros neurálgicos en Irán y que reclutara nuevos espías dentro del país persa. Después del escándalo de inteligencia de 2013, el proceso de reclutamiento comenzó lentamente y con mayor cuidado.

Los agentes de la CIA comenzaron su misión bajo la cobertura de empresas falsas mediante contactos directos con los ciudadanos iraníes. El cebo era la visa de Estados Unidos, dinero, una vida ideal en el extranjero y cosas similares.

La nueva batalla fue aún más difícil de pelear que las anteriores. Para evitar otra vergonzosa derrota, la CIA proporcionó a sus espías programas de capacitación de alto nivel, entre ellos los métodos para recopilar información, acceder a documentos clasificados.

Por lo que John Bolton llamó “un cambio de régimen” en Irán, Estados Unidos necesitaba información fiable sobre el programa nuclear y de defensa de Irán, así como sobre su economía e infraestructura. Para conseguir su objetivo y provocar discordancia pública, el país norteamericano impuso estrictas sanciones a Irán. No obstante, como en todo tipo de guerra, los embargos también requieren información sobre la forma en que funciona el país.

La dimensión de las actividades de os espías detenidos es mucho más amplia de lo que se esperaba. Los nuevos espías reclutados en Irán estaban equipados con plataformas de comunicación altamente seguras y recibían equipo de espionaje vía un método conocido como “Drop and Pick-up” (soltar y coger).

Una vez dirigidos los buques de guerra estadounidenses hacia el Golfo Pérsico, por un lado, Estados Unidos intensificó sus actividades para lograr información evaluable sobre los sectores vitales del país persa; y, por otro lado, la inteligencia iraní se había dedicado a defenderla.

¿De qué modo vigila Estados Unidos a todo el mundo?

La guerra de la CIA contra Irán tocó fondo debido a las medidas de contrainteligencia del país persa, entre las que destacan el monitoreo de oficiales de la agencia de espionaje de Estados Unidos en el extranjero y la contratación de infiltrados dentro de la propia CIA.

En medio de la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán, cuando los estadounidenses necesitaban más información sobre el país persa, la inteligencia iraní puso otro clavo en el ataúd de la CIA, y arrestó a 17 espías de esta agencia.

Hollywood ha creado una imagen legendaria de la CIA, pero la realidad de los planes de Estados Unidos han convertido al Ministerio de Inteligencia de Irán en una gran potencia en el ámbito de la contrainteligencia; un poder que se manifestó en la paz y seguridad sostenibles del país.

Comentando sobre la reciente captura de una red de espionaje de Estados Unidos, el ministro de Inteligencia de Irán, Mahmud Alavi, reveló que, en los últimos años, la inteligencia iraní había desmantelado con éxito varias redes de espionaje de la CIA en el país y más allá de las fronteras.

“El Ministerio de Inteligencia de Irán, en diferentes momentos, en diferentes ámbitos y en diferentes plataformas, ha dado golpes decisivos al servicio de inteligencia de Estados Unidos; y más allá de las fronteras de Irán en 2013 infligió los golpes más fuertes a la CIA en su plataforma cibernética”, declaró Alavi.

En estas operaciones, los expertos de la inteligencia iraní se infiltraron en los canales utilizados por la CIA en internet para una comunicación segura con sus espías, señaló el funcionario, y agregó que la agencia de espionaje de Estados Unidos usaba la portada de sitios web aparentemente irrelevantes para una comunicación.

El mando de inteligencia permitió al Ministerio identificar todos los sitios web y los agentes vinculados a ellos.

Los agentes, a cada uno de los cuales se les asignó un sitio web y un canal de comunicación específicamente, actuarían en contra de los intereses de los países donde operaban, incluida la República Islámica, señaló el ministro iraní.

Una vez que recogió la información, Irán lo compartió con los países aliados con los que comparte información, esta interacción causó la captura de más agentes en otras partes del mundo.

De igual modo, Alavi dijo que la inteligencia iraní ha centrado la fase ofensiva de contrainteligencia para frustrar los complots y conspiraciones de Estados Unidos contra el país.

En otra parte de sus declaraciones, el funcionario persa añadió que “es común entre los servicios de Inteligencia actuar de manera defensiva cuando se trata de contrainteligencia”.

“Pero la inteligencia de Irán ha ido más lejos. Ha entrado en la fase de contrainteligencia ofensiva, que significa que, en lugar de esperar a que recluten espías, hemos ido directamente a la fuente principal; nos hemos infiltrado en la ‘Mesa de Irán’ en sus servicios de inteligencia, y eso facilitará que nos demos cuenta de qué personas van a reclutar”, aseguró.

Respecto a la cooperación de inteligencia con otros países, Alavi informó de que la “inteligencia de Irán tiene embajadores de inteligencia en decenas de países, que realizan misiones de inteligencia en cooperación con los servicios de los países anfitriones. Les damos informaciones de inteligencia y nosotros cogemos sus datos”.

El ministro advirtió a los ciudadanos iraníes que permanezcan más alertas contra trampas de las redes de espionaje del enemigo. Afirmó que los sospechosos habían sido “empleados en centros sensibles y cruciales” y también en el sector privado relacionados con ellos.

Añadió que “una vez reclutados por los servicios del enemigo, se llevan a estos espías a terceros países para recibir complicados cursos de formación en centros vitales como centros nucleares, militares y de policía”.

Asimismo, subrayó que “hoy en día, el espionaje ya no es como el tradicional. No es meramente orientado a la persona, se basan en plataformas en línea. Recolectando informaciones y espías y conectarse con ellos a través de plataformas en línea (…) en forma de empresas financieras, empresas de conocimiento”.

Reconoció que “al principio” estos ciudadanos no son conscientes del hecho de que estan tratando con un servicio de inteligencia, pensarán que se trata de una institución científica o una empresa financiera y, por lo tanto, “seguirán cooperando hasta que caigan en una trampa de inteligencia”.

“La CIA se vio obligada” en algunos casos a llamar a sus espías a salir de Irán u otros países, hecho que provocó que su red de espionaje esté fuera de servicio; se redujo su acceso a la inteligencia, agregó.

Irán desmantela una gran red de espionaje cibernético de Estados Unidos

Mahmud Alavi añadió que, según la Constitución, el Ministerio de Inteligencia de Irán es considerado como la madre de la comunidad de Inteligencia (…) Esto ha sentado las bases para identificar a espías contratados en el país. La mayoría de estos han sido identificados, arrestados y entregados al Poder Judicial”.

El ministro concluyó que la República Islámica de Irán había utilizado métodos tecnológicamente avanzados para infiltrarse en las redes de espionaje de la CIA.

“Los que están bajo control no lo notarán. Sin saberlo, están bajo el control total de la Inteligencia de Irán. Aquellos con quienes el servicio de inteligencia del enemigo se pone en contacto, los tenemos bajo control. Aquellos con quienes el servicio se pone en contacto y son plenamente conscientes también están bajo nuestro control. Incluso aquellos que están equipados con sistemas en línea altamente seguros deben saber que estos sistemas no los protegerán. No pueden mantener sus actos de traición lejos de los ojos del Ministerio de Inteligencia de Irán”, alertó Alavi.

https://dataurgente.com/featured/2019/07/23/caza-de-espias-en-iran-historia-de-la-casa-de-naipes-de-la-cia/

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El espionaje israelí vigila todo el mundo a través de empresas privadas de seguridad

Daniel Espinosa
Perú sigue contratando con Verint Systems, una turbia empresa de espionaje que se originó en la Unidad 8200 de los servicios de inteligencia israelíes, y que, desde su creación, ha acumulado un terrible historial de colaboración con regímenes autoritarios por todo el mundo.

La ineptitud (o complicidad) del gobierno peruano está poniendo en riesgo los derechos fundamentales de millones de peruanos.

Hace más de 10 años, en setiembre de 2008, el periodista norteamericano Christopher Ketcham denunciaba los turbios manejos que ciertas agencias gubernamentales de su país estaban permitiendo en sus propios fueros. El problema venía de antes: “Desde fines de la década de 1990 –escribió entonces Ketcham–, agentes federales han reportado intrusiones sistemáticas en las comunicaciones del Departamento de Justicia, el FBI, la DEA, el Departamento de Estado y la Casa Blanca”.

Los agentes federales entrevistados le aseguraron que las intrusiones podían rastrearse a dos compañías de alta tecnología y comunicaciones: Verint Systems –en el Perú desde 2015, como reveló este semanario el viernes 3 de julio de ese año–, y Amdocs. Para el 2008, ambas formaban la “columna vertebral” del aparato de vigilancia doméstica del gobierno norteamericano. Verint “aspiraba” toda la información del operador telefónico Verizon, mientras Amdocs hacia lo suyo con AT&T, como reveló el “whistleblower” Mark Klein, en 2004. Las operaciones de Verint eran dirigidas por espías “freelance” y veteranos de las agencias de inteligencia israelíes.

Un agente de la CIA en retiro, Philip Giraldi, le contaría al periodista este sorprendente detalle: cuando su agencia debía espiar a algún objetivo, las “llamadas telefónicas (eran) interceptadas, grabadas y transmitidas a los investigadores norteamericanos por Verint, la que aseguraba que debía tener los equipos de espionaje ‘siempre a mano’, para poder dar mantenimiento al sistema”.

Giraldi también contó que el gobierno de Israel cubría el 50% de los gastos que Verint efectuaba en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías.

En 2001, un reportero de Fox News, Carl Cameron, hizo otra revelación sorprendente: cuando los agentes del FBI y otras agencias se disponían a investigar el trabajo de Verint (antes de 2001 conocida como “Comverse Infosys”), sus pesquisas eran detenidas antes de que pudieran poner sus manos sobre los equipos de Verint. Peor aún, los agentes empecinados en el asunto empezaban a ser “atacados por varios flancos”. La “columna vertebral” del espionaje doméstico tenía amigos poderosos en los laberintos del Estado profundo norteamericano.

En países como el Perú, debido a las enormes diferencias tecnológicas en relación al primer mundo, esta compañía podría acceder muy fácilmente a la información de sus clientes bajo la justificación de dar mantenimiento o actualización a los equipos vendidos. Estas labores de mantenimiento –¿cuándo nos tocará la próxima?–, incluso pueden ser realizados de manera remota, según los informes revisados.

Recordemos que las leyes que regulan las escuchas y la vigilancia son poco más que tinta sobre papel en países como el nuestro, tal como en las decenas de países subdesarrollados y con instituciones débiles que constituyen la clientela favorita de Verint y otras empresas relacionadas, como Hacking Team, la empresa italiana que estuvo en conversaciones con varias instituciones peruanas, militares y gubernamentales (¡hasta la Municipalidad de Lima!), entre 2012 y 2015.

Ese año, WikiLeaks reveló la absoluta falta de ética de la compañía, así como su colaboración con regímenes criminales, por lo general alineados con la política exterior estadounidense. Siria e Irán, por ejemplo, eran evitadas por estas empresas privadas, mientras que Arabia Saudí y otras dictaduras medievales eran diligentemente asistidas en sus labores represivas. Verint pertenece al mismo club: uno de sus clientes criminales era el régimen de Kazakstán, donde Verint “empoderó” al gobierno en su persecución de periodistas y activistas, tal como denunció en noviembre de 2014 Privacy International.

Este detalle es fundamental: los centros de monitoreo de Verint les permitían a las agencias kazakas: “acceso irrestricto a llamadas telefónicas y actividad en internet de ciudadanos de manera masiva e indiscriminada”. Es decir, no a un objetivo individual y específico, como un delincuente, sino a toda una población, al mismo tiempo.

Verint y toda una “constelación” de empresas privadas de Israel, el Reino Unido y Estados Unidos hicieron lo mismo en Colombia, donde el Estado asesina civiles a mansalva. No es necesario usar eufemismos. Su gusto por la sangre de sus ciudadanos más humildes quedó perfectamente representado en el caso de los “falsos positivos”, pero esa es solo la punta del iceberg en la masacre colombiana. Tanto el Reino Unido como Estados Unidos tienen importantes negocios extractivos en Colombia, donde han colaborado extensamente en la represión social. La tecnología de espionaje masivo complementa el entrenamiento militar contrainsurgente y el aprovisionamiento de armas que ambas potencias han realizado en favor del régimen colombiano, con fines que disfrazan bajo el ardid de la “guerra contra las drogas”. Otro terror que los latinoamericanos podríamos haber superado ya, si tuviéramos un periodismo real, dedicado a su sociedad y no a la élite propietaria. La sangre está también en sus manos.

Lejos de servir a la sociedad, ese mismo periodismo condena a una de las pocas instituciones que han sacado a la luz los crímenes internacionales de los actores más poderoso del mundo, WikiLeaks, y a su creador, Julian Assange, hoy sufriendo tortura en una cárcel de Londres, de acuerdo con informes del relator de las Naciones Unidas, Nils Melzer.

A fines de 2002, la policía holandesa aseguró tener evidencia de que los servicios secretos israelíes tenían “acceso irrestricto a la información confidencial (escuchas) recogida por la policía y los servicios de inteligencia” de ese país.

El holandés Paul Wouters, escribiendo al respecto para una revista de su país, cuenta que, cuando los equipos de espionaje fueron entregados por los israelíes, se acordó que “solo el equipo de Verint podría tocar los sistemas… el código fuente no estaría disponible para nadie”.

Como otros especialistas agregan, sin un código fuente abierto, no hay como saber cuáles podrían ser las vulnerabilidades del sistema y es probable que ellas, además, se encuentren en el mismo diseño, puestos ahí de manera deliberada.

La entrada de las compañías “privadas” israelíes a Estados Unidos y su sistema de comunicaciones fue facilitada por una serie de leyes emitidas en 1994, conocidas por las siglas CALEA (“Communications Assistance for Law Enforcement Act”). CALEA, “forzó a los negocios vinculados a la comunicación (de Estados Unidos) a buscar la encriptación de la información de sus usuarios a través de terceros”, explica Christopher Ketcham en el artículo referido al inicio de este artículo. Fue entonces cuando las privadas Verint y Amdocs entraron a asumir ese rol (Counterpunch, 27/09/08).

Como explica James Bamford para la revista Wired (03/04/12), Verint fue fundada por Jacob “Kobi” Alexander, un oficial de inteligencia israelí retirado y prófugo de la justicia estadounidense hasta el 2016. Ese año, Alexander pudo volver a Estados Unidos luego de pasar una década en Namibia, a donde huyó para evitar la cárcel. El FBI lo buscaba por lavado de dinero, soborno, robo, entre otros. Dos de sus asociados en Verint también participaron de sus delitos y pasaron tiempo en la cárcel, pagando millones en multas.

En una “rara admisión”, el brigadier general del ejército israelí en retiro, Hanan Gefen, antes comandante de la Unidad 8200 –dedicada a la interceptación de información–, le contó a un periodista de Forbes que Comverse (el nombre anterior de Verint), así como otras empresas privadas israelíes en el sector, fueron “influenciadas” directamente por la tecnología desarrollada por su agencia. Tanto los veteranos de la unidad de inteligencia israelí, como sus tecnologías, son empleados hoy en alrededor de 30 a 40 compañías privadas alrededor del mundo. Esto es posible gracias a la casi completa desregulación de este mercado, que pasó de la inexistencia a mover cerca de 5.000 millones de dólares anuales hacia la primera década de este siglo.

También las regulaciones de carácter nacional –o la falta de ellas–, son abusadas por estas empresas. En Colombia, Verint trabajó con el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), cerrada luego de que se revelara el espionaje de 600 figuras públicas, las que también sufrieron, en muchos casos, acoso por parte de la agencia. Verint contrató con el DAS y muchas otras agencias que no tenían autoridad legal para interceptar comunicaciones, de acuerdo con Privacy International. “Verint –explica la entidad–, realizó pruebas de vigilancia para la DAS, incluso luego de que esta fuera denunciada por sus actividades ilegales” (02/09/15).

En el Perú, los contratos iniciales con Verint, fueron realizados durante la gestión de Ollanta Humala, cuyo gobierno protagonizó su propio escándalo de espionaje. Ahora el gobierno de Vizcarra retoma los negociados. No es, pues, un asunto partidario. Son “tendencias” globales que llegan a nuestro país, en su calidad de patio trasero, casi como imposiciones. Esa subordinación es solo provechosa para una élite que preferiría que no sepamos nada de lo reseñado aquí.

Más que un bicentenario, lo que necesitamos es una segunda independencia.

https://www.alainet.org/es/articulo/201176

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Siria: el cambio de una guerra abierta a una guerra económica


Kevork Almasian

Ayer, miércoles 4 de julio, el Reino Unido se apoderó de un petrolero iraní con destino al Mediterráneo vía Gibraltar para el pueblo sirio, alegando que violaba las sanciones impuestas por la Unión Europea, sanciones diseñadas para paralizar económicamente a Siria.

Hoy, el gobierno de Gibraltar ha declarado que tiene “motivos razonables” para creer que el barco, incautado al este de este territorio británico, transportaba crudo a la refinería de Banyas en Siria. Y la televisión nacional iraní anunció que el embajador británico en Teherán había sido citado por “incautación ilegal” del petrolero que transportaba crudo iraní.

Así, ante el fracaso de la guerra contra Siria, que comenzó con la llamada “primavera árabe”, seguida de una campaña mediática del campo enemigo para lanzar una guerra por el poder, y luego el envío de decenas de miles de terroristas extranjeros para poner de rodillas al gobierno de Damasco, Estados Unidos y la Unión Europea decidieron privar al pueblo sirio de sus necesidades básicas. Al hacerlo, creen que la base popular del gobierno sirio se opondrá a Assad porque es incapaz de satisfacer sus necesidades.

Se trata de un juego muy sucio y de terrorismo económico. ¿Pero a quién le importa realmente? El pueblo sirio debe ser castigado por no abandonar a su presidente…

Algunos de ustedes se preguntarán: ¿por qué Siria compra petróleo a Irán cuando tiene un poco? La respuesta es porque casi la mitad de sus fuentes de energía y petróleo están ocupadas por Estados Unidos y las fuerzas que le sirven, al este del Éufrates. Es cierto que las milicias kurdas venden petróleo al gobierno sirio, pero en pequeñas cantidades.

Otros podrían preguntarse: ¿por qué Irán está enviando petroleros desde el Golfo Pérsico a Siria haciendo un desvío hacia el Cabo de Buena Esperanza y Gibraltar, en lugar de tomar una ruta más sencilla a través de Irak o el Canal de Suez? Hay diferentes respuestas a esta segunda pregunta.

En cuanto al tránsito a través de Irak, algunos analistas afirman que la carretera Irán-Irak-Siria todavía no es segura debido a la presencia de células durmientes del Califato Islámico; otros sostienen que las bases estadounidenses en Irak y Siria detienen los convoys y otros explican que Irán no puede transportar 300.000 toneladas de petróleo en camiones cisterna.

Respecto al tránsito por el Canal de Suez, algunos argumentan que Egipto está aplicando las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea contra Siria; otros explican que el petrolero iraní Grace 1 cargado con 300.000 toneladas de petróleo no puede utilizar esa ruta ya que la carga máxima que puede cruzar el canal es de 160.000 toneladas.

Cualquiera que sea la verdadera respuesta, la única verdad indiscutible es que cuando, entre 2013 y 2015, el Califato Islámico robó petróleo sirio y lo vendió a Turquía y, más tarde, a Europa e Israel, la llamada coalición contra el Califato Islámico, incluido el Reino Unido y dirigida por Estados Unidos, no vio ningún interés en detener el robo de petróleo sirio. Pero hoy el Reino Unido ha detenido un petrolero que ha salido para entregar energía al pueblo sirio.

Esto es pura piratería.

https://www.syriana-analysis.com/