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El proceso de fabricación de yihadistas por Estados Unidos en la Guerra de Afganistán

Akbar Ganji

El apoyo occidental a los rebeldes sirios, la gran mayoría de los cuales se sabe que son fuerzas islamistas extremistas, terroristas chechenos y radicales de todo el mundo (algunos incluso de sociedades occidentales) -el mismo tipo de fuerzas contra las que Estados Unidos supuestamente ha estado librando la “guerra mundial contra el terrorismo”– ha sido calificado de hipócrita, extraño e inmoral. Pero de hecho, a diferencia de lo que pueda pensar el público desinformado, Occidente ha sido totalmente consistente en cultivar tales fuerzas y usarlas para promover sus intereses. Esto se hace evidente cuando se revisa la historia del ascenso del Islam político en Afganistán y se sigue hasta la situación actual.

Después de revisar esta historia, surge un panorama coherente en el que, como ya se ha mencionado, o bien Occidente ha apoyado a estos grupos extremistas para avanzar en su agenda o bien las acciones de Occidente han dado lugar al nacimiento de dichos grupos.

Como documenta el veterano periodista Robert Dreyfuss en su excelente libro Devil’s Game (El juego del diablo), esto ha estado sucediendo durante décadas, al menos desde principios del siglo XX. Él escribe:

“Durante medio siglo, Estados Unidos y muchos de sus aliados consideraron que lo que yo llamo la ‘derecha islámica’ era un socio conveniente en la Guerra Fría… En las décadas anteriores al 11-S, los activistas y organizaciones de la extrema derecha musulmana a menudo eran vistos como aliados por dos razones: porque eran vistos como feroces anticomunistas y porque se oponían a nacionalistas seculares como el egipcio Gamal Abdel Nasser y el iraní Mohammad Mossadegh…

“¿Habría existido la derecha islámica sin el apoyo de Estados Unidos? Por supuesto. Pero no cabe duda de que la virulencia del movimiento al que nos enfrentamos ahora -y al que se enfrentan también muchos de los países de la región, desde Argelia hasta la India y más allá- habría sido mucho menor si los Estados Unidos hubieran tomado otras decisiones durante la Guerra Fría”.

Antes de la crisis en Siria, la alianza entre Estados Unidos y sus aliados occidentales y las fuerzas islamistas radicales era más esclarecedora en Afganistán. Esa alianza comenzó en el verano de 1979, antes de que la Unión Soviética invadiera ese país.

En su bello libro “Ghost Wars”, Steve Coll, ex periodista del Washington Post y actual decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Colombia, describe con gran detalle las estrechas relaciones entre la CIA, la familia real saudí, el Servicio de Inteligencia de Pakistán (ISI) y los muyahidines afganos. Coll afirma que eran “hermanos de sangre” desde noviembre de 1979, cuando la intervención de Estados Unidos en Afganistán entró en su etapa práctica, llevando a la invasión de Afganistán por la Unión Soviética, hasta febrero de 1989, cuando los soviéticos abandonaron ese país.

Los esfuerzos iniciales de la intervención estadounidense en Afganistán se dedicaron a provocar a la Unión Soviética, que tenía una estrecha relación con el gobierno afgano. En su libro “Desmantelando el Imperio: La última mejor esperanza de Estados Unidos”, Chalmers Johnson (1931-2010), profesor emérito de la Universidad de California en San Diego, veterano de la guerra de Corea y consultor de la CIA, escribió:

“Ya debería aceptarse en general que la invasión soviética de Afganistán en Nochebuena de 1979 fue provocada deliberadamente por los Estados Unidos. En sus memorias publicadas en 1996, el ex director de la CIA [y secretario de Defensa en las administraciones de George W. Bush y Obama] Robert Gates dejó claro que los servicios de inteligencia estadounidenses comenzaron a ayudar a los guerrilleros muyahidines no después de la invasión soviética, sino seis meses antes. En una entrevista [en 1998] con Le Nouvel Observateur, el asesor de seguridad nacional del presidente Carter, Zbigniew Brzezinski, confirmó con orgullo la afirmación de Gates.

“Según la versión oficial de la historia”, dijo Brzezinski, “la ayuda de la CIA a los mujahidines comenzó en 1980, es decir, después de que el ejército soviético invadiera Afganistán. Pero la realidad, mantenida en secreto hasta ahora, es completamente diferente: el 3 de julio de 1979 el Presidente Carter firmó la primera directiva de ayuda secreta a los opositores del régimen pro soviético en Kabul. Y el mismo día, escribí una nota al presidente en la que le explicaba que, en mi opinión, esta ayuda conduciría a una intervención militar soviética”.

Al preguntársele si de alguna manera lamentaba estas acciones, Brzezinski respondió: “¿Arrepentirme de qué? La operación secreta fue una idea excelente. ¿Atrajo a los rusos a la trampa afgana y quieres que me arrepienta? El día que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera, escribí al Presidente Carter, diciendo, en esencia: ‘Ahora tenemos la oportunidad de dar a la URSS su guerra de Vietnam’”.

El reportero del Nouvel Observateur le preguntó entonces a Brzezinski: “¿Y tampoco se arrepiente de haber apoyado el fundamentalismo islámico, que ha dado armas y consejos a los futuros terroristas?”

Brzezinski respondió: “¿Qué es más importante en la historia del mundo? ¿Los talibanes o el colapso del imperio soviético? Algunos musulmanes agitados o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?”

Johnson continúa: “A pesar de que la desaparición de la Unión Soviética le debe más a Mijail Gorbachov que a los partisanos de Afganistán, Brzezinski ciertamente ayudó a producir ‘musulmanes agitados’, y las consecuencias han sido obvias. Carter, Brzezinski y sus sucesores en las administraciones de Reagan y Bush, incluyendo a Gates, Cheney, Rumsfeld, Rice, Wolfowitz, Armitage y Powell, todos tienen alguna responsabilidad por las 1,8 millones de víctimas afganas, 2,6 millones de refugiados y 10 millones de minas terrestres sin detonar que siguieron a sus decisiones”.

Para el Presidente Carter y Brzezinski, el fin justificaba los medios. El objetivo final era el colapso de la Unión Soviética, y para lograrlo, había que recurrir a los fundamentalistas islamistas. Osama Bin Laden y gente como él fueron enviados a Afganistán para luchar contra los comunistas “impíos”. Fue durante este tiempo que la surah del Corán sobre la yihad atrajo la atención. Fue entonces cuando Brzezinski fue a Pakistán y se lo contó a las fuerzas yihadistas:

“Sabemos de su profunda creencia en Dios, y estamos seguros de que su lucha tendrá éxito. Esa tierra [Afganistán] es suya. Volverán a ella algún día, porque su lucha prevalecerá y tendrán sus casas y sus mezquitas de vuelta, porque su causa es justa y Dios está de su lado”.

La ex secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton dijo al Congreso que Al-Qaeda y los talibanes son el resultado de las semillas que Estados Unidos sembró en el pasado y que ahora está cosechando. Dijo:

“También tenemos un historial de entrar y salir de Pakistán. Quiero decir, recordemos aquí: las personas contra las que luchamos hoy las financiamos hace 20 años. Y lo hicimos porque estábamos atrapados en esta lucha con la Unión Soviética. Invadieron Afganistán, y no queríamos verlos controlar Asia central, y nos pusimos a trabajar, y fue el presidente Reagan, en asociación con el Congreso, dirigido por demócratas, quien dijo: ‘¿Saben qué? ¡Suena como una buena idea! ¡Lidiemos con el ISI y el ejército pakistaní, y reclutemos a estos Mujahedin! ¡Eso es genial! Consigamos que algunos vengan de Arabia Saudita y otros lugares, importando su marca wahabí de Islam, para que podamos ir a vencer a la Unión Soviética’. ¿Y adivina qué? Se retiraron, perdieron miles de millones de dólares y eso llevó al colapso de la Unión Soviética. Así que hay un argumento muy fuerte, que es: No fue una mala inversión acabar con la Unión Soviética, pero tengamos cuidado con lo que sembramos, porque vamos a cosechar. Así que nos fuimos de Pakistán. Le dijimos: ‘Está bien, está bien. Ocúpate de las [pistolas] Stinger que hemos dejado por todo tu país. Ocúpate de las minas que están a lo largo de la frontera. Y por cierto, no queremos tener nada que ver contigo. De hecho, te estamos sancionando’. Así que dejamos de tratar con el ejército pakistaní y con ISI, y ahora estamos recuperando mucho tiempo perdido”.

En ese momento fueron los Estados Unidos los que, junto con Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Pakistán, enviaron a los yihadistas a Afganistán. El príncipe Bandar Bin Sultan de Arabia saudí desempeñó un papel fundamental en esas operaciones, y Arabia saudí les prestó el apoyo financiero, militar y humano fundamental. El reino alentó a sus ciudadanos a ir a Afganistán a luchar contra el ejército soviético. Uno de esos ciudadanos fue Osama Bin Laden. Arabia saudí aceptó igualar, dólar por dólar, cualquier fondo que la CIA pudiera recaudar para las operaciones.

Estados Unidos le dio a Pakistán 3.200 millones de dólares, y Arabia Saudita compró armas en todas partes, incluso en el mercado negro internacional, y las envió a Afganistán a través del ISI [servicio secreto] de Pakistán.

https://www.huffingtonpost.com/akbar-ganji/us-jihadist-relations_b_5542757.html

El verdadero papel de los colonialistas británicos en India

Lo mismo que los españoles en América, los británicos en India han expuesto al mundo una fantasía del colonialismo como factor de modernidad, de civilización y de elevación del nivel de vida de la población.

En su libro sobre la dominación en India (“Imperio Inglorious: What the British did to India”) Shashi Tharoor muestra la otra cara de la moneda (*).

Antes de la llegada de los británicos, India representaba más del 20 por ciento del PIB mundial (textil, siderurgia, construcción naval…) y esto, durante siglos. Cuando los británicos la abandonaron se había reducido al 3 por ciento.

Los británicos rompieron los telares indios y cortaron los pulgares de los tejedores para que no puedan reconstruir los telares y reanudar la producción.

La industria textil de exportación de India fue destruida porque los indios fueron obligados a vender algodón a Gran Bretaña y luego volver a recomprar los productos textiles británicos, de calidad inferior.

Los ferrocarriles hicieron poco para beneficiar a los indios antes de que los británicos se fueran.

Desde el siglo III antes de nuestra era, India fabricaba espadas con una técnica especial de crisol con alto contenido de carbono y la exportó a Oriente Medio, donde ganó fama como las “Espadas de Damasco”.

Los colonialistas cerraron las fundiciones aduciendo porque eran amenazan con una revuelta armada de los nativos.

Los británicos introdujeron la división y el antagonismo entre hindúes y musulmanes. Para oponerse a los británicos, los hindúes y los musulmanes se unieron y lucharon bajo una única dirección. Los británicos respondieron implementando políticas que crearon la hostilidad entre ambas religiones: la vieja táctica de “divide y vencerás”.

Con el fin de acumular reservas para hipotéticas guerras en Europa, Churchill desvió el grano de las zonas donde millones de personas estaban muriendo en India para llevarlas a Gran Bretaña, provocando la muerte de millones de indios.

Churchill declaró públicamente que las muertes eran culpa de los bengalíes, que se “reproducen como conejos”.

En su obra Tharoor relata que en la metrópoli hubo muchas voces británicas que denunciaron lo que estaba sucediendo, pero ocurre como ahora: los que tienen el poder y los medios a su disposición silencian la realidad y marginan a quienes lo hacen.

En la actualidad en la metrópoli se han formado movimientos que exigen que los colonialistas reconozcan sus crímenes y poaguen una indemnización a las víctimas en el Tercder Mundo.

(*) https://www.irishtimes.com/culture/books/inglorious-empire-what-the-british-did-to-india-1.2981299
https://www.asiasentinel.com/book-review/inglorious-empire-what-british-did-to-india/

La crisis migratoria es consecuencia de la explotación colonial

Manlio Dinucci

De Estados Unidos a Europa, la “crisis de los migrantes” está dando lugar a acaloradas polémicas nacionales e internacionales sobre las políticas a adoptar en materia de flujos migratorios. En todas partes, sin embargo, se presentan según un tópico que invierte la realidad: el de los “países ricos” obligados a soportar la creciente presión migratoria de los “países pobres”.

Esto oculta la causa subyacente: el sistema económico del mundo que permite a una pequeña minoría acumular riqueza a expensas de la creciente mayoría, empobreciéndola y provocando así una emigración forzada.

En cuanto a los flujos migratorios hacia Estados Unidos, el caso de México es emblemático. Su producción agrícola colapsó cuando, con el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), Estados Unidos y Canadá inundaron el mercado mexicano con productos agrícolas baratos gracias a sus propios subsidios públicos. Millones de campesinos se encontraron sin trabajo, lo que se suma al conjunto de mano de obra reclutada en las maquiladoras: miles de establecimientos industriales a lo largo de la frontera en territorio mexicano, propiedad o controlados, en su mayor parte, por empresas norteamericanas, en los que los salarios son muy bajos y los derechos sindicales inexistentes.

En un país donde cerca de la mitad de la población vive en la pobreza, ha aumentado la masa de los que buscan entrar en Estados Unidos. De ahí el muro a lo largo de la frontera con México, iniciado por el presidente demócrata Clinton cuando el TLCAN entró en vigor en 1994, perseguido por el republicano Bush, reforzado por el demócrata Obama, el mismo muro que el republicano Trump ahora quisiera completar en los 3.000 kilómetros de frontera.

El caso de África es emblemático en cuanto a los flujos migratorios hacia Europa. Es rico en materias primas: oro, platino, diamantes, uranio, coltán, cobre, petróleo, gas natural, maderas preciosas, cacao, café y muchos otros.

Estos recursos, explotados por el viejo colonialismo europeo con métodos de esclavitud, son hoy explotados por el neocolonialismo europeo que se apoya en las élites africanas en el poder, la mano de obra local de bajo coste y el control de los mercados nacionales e internacionales.

Más de 100 empresas que cotizan en la Bolsa de Londres, británicas y otras, explotan recursos mineros por valor de más de un billón de dólares en 37 países del África subsahariana.

Francia controla el sistema monetario de 14 antiguas colonias africanas a través del franco CFA (originalmente acrónimo de “Colonies Françaises d’Afrique”, reciclado como “Communauté Financière Africaine”): para mantener la paridad con el euro, los 14 países africanos deben pagar la mitad de sus reservas monetarias al Tesoro francés.

El Estado libio, que quería crear una moneda africana autónoma, fue demolido por la guerra en 2011. En Costa de Marfil (zona CFA), las empresas francesas controlan la mayor parte de la comercialización del cacao, del que el país es el primer productor mundial: los pequeños agricultores apenas conservan el 5 por ciento del valor del producto final, por lo que la mayoría vive en la pobreza. Estos son sólo algunos ejemplos de la explotación neocolonial del continente.

África, que se presenta como dependiente de la ayuda externa, proporciona un pago externo neto anual de unos 58.000 millones de dólares. Las consecuencias sociales son devastadoras. En el África subsahariana, donde la población supera los mil millones de habitantes y está compuesta por un 60 por ciento de niños y jóvenes de 0 a 24 años, alrededor de dos tercios de la población vive en la pobreza y, de éstos, alrededor del 40 por ciento -es decir, 400 millones- vive en condiciones de extrema pobreza.

La «crisis migratoria» es en realidad la crisis de un sistema económico y social insostenible.

https://www.mondialisation.ca/lart-de-la-guerre-neocolonialisme-et-crise-des-migrants/5626364

Culebrón Skripal: otros dos nuevos afectados por el gas tóxico en la misma ciudad británica

Botella de aceite Novichok con logo del KGB
Ante el Mundial de Fútbol esperábamos otro de tipo de provocación, y las apuestas iban hacia el Donbas o hacia Siria, pero fallamos. Lo que se produjo el 4 de marzo fue el envenenamiento del espía Serguei Skripal y su hija Julia, que desató una formidable crisis política internacional de expulsión de diplomáticos rusos en Europa y la ola de falsedades más grande que han conocido las islas en muchos años.

A pesar de que el Caso Skripal movilizó a los servicios policiales y de inteligencia de Gran Bretaña, reaparece cuatro meses después con una nueva intoxicación en Amesbury, un pueblo del suroeste de Inglaterra, que afecta a otras dos personas. El gabinete británico de crisis se ha vuelto a reunir, aunque de momento no han aparecido ni acusaciones contra Rusia, ni sanciones económicas, ni expulsiones de diplomáticos, a pesar de un contexto mucho más peliagudo:

– en pleno Mundial de Fútbol
– pendientes de la cumbre de la OTAN en Bruselas
– pendientes de la cumbre entre Trump y Putin
– pendientes de una visita de Trump a las islas

El segundo envenenamiento aclara algunas cosas del primero, cuya investigación no se ha cerrado. Además de Rusia, otros países también poseen muestras de gas “novichok”: la República Checa en particular, según confesó su propio presidente Milos Zeman, pero también Alemania y Suecia.

Las investigaciones realizadas por varios medios de comunicación alemanes -los canales de televisión NDR y WDR, los periódicos Die Zeit y Süddeutsche Zeitung- demuestran que Occidente conoce el “novichok” desde hace al menos veinte años.

A pesar del precedente, un ataque con la misma sustancia tóxica se reproduce a pocos kilómetros del anterior y muy cerca del laboratorio militar de Porton Down, donde se sintetiza y almacena “novichok” con fines experimentales. ¿Son ambos ataques uno de esos experimentos?

Hace cuatro meses los “científicos” decían que a la intemperie el “novichok” se degrada rápidamente. Por eso los equipos de limpieza estuvieron limpiando con agua las posibles zonas afectadas por el tóxico. Ahora dicen lo contrario: que la nueva intoxicación es consecuencia de la anterior…

También se ha sabido que Skripal no estaba jubilado. Varios de sus viajes a los Estados bálticos y a Europa Central, para reunirse con otros espías así lo atestiguan.

Los afectados por el segundo ataque son Charlie Rowley y Dawn Sturgess, ambos en situación de paro, ambos drogadictos y ambos sin hogar, según asegura la prensa británica.

Sin embargo, Rowley vivía en una casa nueva en la calle Muggleton Road de Amesbury, un barrio residencial donde el precio de las viviendas más baratas es de 270.000 libras y el promedio supera las 430.000 libras.

Ambos afectados tienen cuentas activas en Facebook y uno de los “Me gusta” de Rowley procede de un agente hipotecario, lo que es extraño porque los bancos no suelen conceder préstamos hipotecarios a drogadictos desempleados.

La prensa no menciona el nombre el agente del MI6 Pablo Miller porque está protegido por la censura o, dicho en términos técnicos, por una notificación D, es decir, una orden gubernamental para que los medios de comunicación guarden silencio sobre un determinado asunto por razones de seguridad nacional.

Pero Miller es vecino de Rowley y Sturgess y Salisbury es una ciudad de 45.000 habitantes. Un pañuelo. Todo el mundo se conoce.

No les extrañe que, a partir de culebrón Skripal, en las tiendas de Moscú un empresario empezara a comercializar aceite marca “Novichok”, en cuya etiqueta va el logo del antiguo KGB.

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P.S. El 8 de julio falleció en el hospital Dawn Sturgess, de 44 años, afectada en la segunda ola de intoxicación.

Los 14 hilos del complot contra Nicaragua conducen hasta Estados Unidos

Francisco Arias Fernández
Cuando la noticia de Nicaragua en el mundo era el megaproyecto de un gran canal interoceánico, fundamental para la economía de ese país y de la navegación a nivel global, entre Miami y Washington los congresistas que viven de la guerra contra Cuba y Venezuela se empeñaron en crear todo tipo de obstáculos para revertir la prosperidad y la calma de la patria de Augusto César Sandino.

Congresistas de origen cubano en la Cámara de Representantes, primero, y luego en el Senado, introdujeron en el 2016 un proyecto de ley para impedir la entrada de préstamos financieros internacionales a Nicaragua, impedir las inversiones foráneas y frenar el importante desarrollo socioeconómico que experimentaba ese país. El castigo imperial nacido en lo peor de la gusanera anticubana, donde de acuerdo con distintas fuentes comenzó a tramarse desde el 2015, echó mano al manido pretexto de la supuesta falta de democracia; se justificó como “remedio” para “garantizar la transparencia electoral y combatir la corrupción”. El resultado de la sucia maniobra fue la “Ley de condicionamiento a la inversión nicaragüense del 2017” (Nicaraguan investment conditionality Act of 2017, Nica Act).

Ileana Ros, Albio Sires, Marco Rubio y Ted Cruz, entre otros, lo más retrógrado y cavernícola del Congreso, de Miami, Texas y New Jersey, apostaron nuevamente por reinventar la contra y echar abajo el gobierno sandinista que una y otra vez demostró contundentemente en las urnas contar con el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo.

Como proyecto subversivo, sus hilos van más allá del Capitolio, por lo que legisladores y mafiosos tocaron en las puertas de la maquinaria golpista made in USA, trazando pautas para la campaña mediática, e hicieron sus encargos a las agencias y organizaciones especializadas en guerra sucia y golpes blandos, que trabajan a la par y en función de la comunidad de inteligencia en general y de la CIA, en particular.

En este caso concreto, medios de prensa internacionales han documentado la participación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid); la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Instituto Nacional Demócrata (NDI), así como sus subcontratistas o filiales, que venían trabajando meticulosamente desde la propia elección de Daniel Ortega en reinventar el “nuevo liderazgo”, colándose o infiltrándose selectivamente en sectores clave de la economía, la juventud, los estudiantes, medianos y pequeños empresarios, grupos ambientalistas, feministas, entre otros, para socavar las bases de apoyo al sandinismo.

El 16 de abril del presente año, montado en el mismo guion de los congresistas anticubanos, el administrador de la Usaid, Mark Green, anunciara que su gobierno continuará apoyando la participación “libre, segura y genuina” de la sociedad civil nicaragüense, tras manifestar que “Estados Unidos sigue con preocupación el cierre de espacios democráticos en Nicaragua, las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y la propagación de la corrupción del gobierno”.

En marzo los congresistas, Ileana Ros-Lehtinen y Albio Sires enviaron una carta al administrador Green, en la que instan al gobierno estadounidense a revertir la decisión de “cero ayuda” a Nicaragua mediante la Usaid, propuesta para el periodo fiscal 2018-2019. Sin embargo, le exhortaron a “evitar apoyo a miembros del sector privado vinculados en corrupción, lavado de dinero y con el régimen de Daniel Ortega”.

A finales del 2008 medios de prensa señalaban que la Usaid había desembolsado ese año en Nicaragua por lo menos un millón de dólares a ONG, emisoras de radio y organismos políticos como el Centro de Investigaciones para la Comunicación (Cinco), para “incidir” en las elecciones municipales.

Se denunció en aquel momento que este financiamiento, encubierto como “pequeñas donaciones”, que supuestamente no debían exceder los 25.000 dólares, formaban parte del plan de gran escala que financiaba Estados Unidos y que ejecutaban desde esa fecha los agentes internos de la derecha nicaragüense para derrocar al Gobierno del presidente Daniel Ortega.

La estrategia mediática de entonces, montada para confrontar al gobierno sandinista desde los medios de comunicación, se ejecutaba a través de dos vías de financiamiento: una dirigida por la Usaid y el organismo Casal & Asociados (C&A) y otra, complementada por el llamado Fondo Común, de los europeos, los cuales se emplearon para desplegar campañas y movilizaciones para desestabilizar al Gobierno.

Ya en el 2008, medios de prensa nicaragüenses habían identificado al menos 14 proyectos subversivos de la Usaid que estaban en marcha en todo el país, con las más disímiles coberturas y títulos, los cuales se habían beneficiado del citado financiamiento.

Otra pieza significativa del andamiaje estadounidense es el Instituto Nacional Demócrata (NDI), un instrumento para el “cambio”, otro hilo de la CIA que se encarga del tan mencionado “empoderamiento” de los denominados “agentes para el cambio” (político y de sistema) de los países donde los gobiernos no son del agrado de Washington.

Un periodista sueco hacía referencia el pasado 4 de junio a la gira europea que realizaban por esos días tres estudiantes de Nicaragua para recabar apoyo al complot contra el gobierno sandinista y afirmaba que al menos una de las jóvenes representa a una organización financiada y creada por Estados Unidos.

Afirmaba que Jessica Cisneros, activa en temas de integración y participación juvenil en los procesos políticos, es miembro del Movimiento Cívico de Juventudes.

Otra de las “agentes” que andaban recopilando odio para el sandinismo y respaldo para el golpe, es Yerling Aguilera, de la Universidad Politécnica (Upoli) de Managua y especialista en investigaciones sobre la revolución y el movimiento feminista, quien –según afirma el periodista sueco– también ha sido empleada y consultora del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp) en Nicaragua, una instancia que trabaja para “el fortalecimiento de la capacidad de los actores políticos, estatales y sociales para un público mejor informado a través de servicios creativos e innovativos”. Ieepp ha recibido apoyo de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) por 224 162 dólares entre el 2014 y el 2017.

La NED entre el 2014 y el 2017 ha desembolsado en Nicaragua alrededor 4,2 millones de dólares.

La Usaid, el NDI y la NED tienen una extensa actividad en Nicaragua, con miles de activistas capacitados para “cambiar la sociedad”, cientos de ONG, universidades y partidos políticos que reciben dinero y material para el complot, que lo han concebido no a través de las organizaciones políticas tradicionales, sino de las solapadas o fantasmas, para dar la impresión de “estallidos espontáneos” de malestar o condena, y disfrazar los verdaderos intereses hegemónicos del norte.

Aunque incrementaron su labor tras la victoria electoral de Daniel Ortega en el 2006, del año 2015 en adelante (coincidiendo con los orígenes de la Nica Act) las agencias de Estados Unidos ampliaron su apoyo financiero y con recursos a sus “agentes para el cambio” en Nicaragua, sobre todo por medio de cursos de liderazgo y dinero para los jóvenes en las universidades, escuelas, ONG y partidos políticos.

Para acompañar política, diplomática y mediáticamente a los golpistas, Washington ha dado órdenes de demonizar a Daniel Ortega y su gobierno, empeño en el que participan no solo la Casa Blanca, sus agencias, aliados, satélites y mercenarios, sino los grandes monopolios de la información y fabricantes de mentiras globales, magnificando los acontecimientos internos en contra del gobierno y culpando a las autoridades de todo tipo de violación de los derechos humanos, omitiendo totalmente los crímenes y destrozos de los empoderados de la Usaid, el NDI, la NED y la CIA, que han hecho fracasar el diálogo y los llamados a la paz. Como en el caso de Venezuela, Donald Trump y sus asesores, halcones de mil invasiones, no creen en diálogos ni pactos, y siguen apostando a la guerra en todos los frentes.

Nicaragua ha vuelto al epicentro de la maquinaria guerrerista de Estados Unidos de la mano de los congresistas anticubanos, otros mafiosos y veteranos halcones. Washington trata de reeditar su estrategia a costa de más muertos y destrucción en las calles de Nicaragua.

http://www.granma.cu/mundo/2018-06-19/nicaragua-hilos-del-complot-19-06-2018-20-06-07

Anoche cayó Deraa en poder de las fuerzas leales al gobierno sirio

Ayer los yihadistas de Deraa que negocian con los rusos aceptaron un acuerdo que supone una rendición de hecho, ya que entregarán su armamento y saldrán de la región, ubicada en la frontera con Jordania, hacia el norte del país.

Las negociaciones se suspendieron el pasado miércoles por el desacuerdo sobre algunos de los puntos propuestos por los rusos.

Los yihadistas han acabado aceptando las condiciones rusas, como el despliegue de la policía militar de ese país en Deraa y la vuelta de las instituciones estatales a las zonas que hasta el momento estaban en sus manos, perdiendo así uno de sus últimos reductos.

Los yihadistas también han aceptado entregar sus armas pesadas, a cambio de que el ejército regular se retire de cuatro localidades del sureste de Deraa, donde las tropas han ganado terreno en los últimos días.

El ejército regular y sus aliados han tomado el control del cruce de Nasib, en la frontera con Jordania, que estaba en manos yihadistas desde abril de 2015.

El pacto incluye la salida de los yihadistas y sus familiares de Deraa a través de un corredor seguro, para trasladarse a zonas controladas por las fuerzas turcas -aliadas de algunas de las facciones- en el norte del país árabe.

Al igual que ya ocurrió en meses pasados en otras áreas de Siria, los yihadistas serán evacuados tras entregar sus armas, lo cual representa en la práctica una retirada de las facciones y la entrada de las fuerzas leales al presidente sirio, Bachar al Asad.

La rendición ha sido forzada por la campaña militar que el ejército regular emprendió el pasado 19 de junio. En las horas previas a la consecución del acuerdo, que estipula también un alto el fuego inmediato y total, el Ejército sirio ha lanzado cientos de ataques aéreos, de artillería y con misiles contra las posiciones yihadistas.

Mientras, en la vecina provincia de Al Quneitra, fronteriza con los Altos del Golán ocupados por Israel, han estallado choques entre las fuerzas gubernamentales y los yihadistas en torno a dos localidades controladas por las autoridades sirias, sobre las que los opositores han lanzado cohetes.

El ejército de Estados Unidos abandonará Siria antes de final de año

Un equipo de asesores rusos está de visita en Damasco, donde ha informado al gobierno sirio de que el ejército de Estados Unidos abandonará Al-Tanf y se retirará completamente del norte de Siria (provincias de Hassakah y Deir Ezzor) en los próximos seis meses.

Para preparar la cumbre entre Trump y Putin, otra delegación ha visitado también Teherán.

Trump lleva tiempo esperando que el Pentágono le presente un plan de retirada de las fuerzas desplegadas en Irak y Siria porque a partir de ahora en ambos países la resistencia sólo tiene un objetivo: atacar a las fuerzas estadounidenses y Trump quiere que abandonen Oriente Medio antes de que se empantanen en una guerra interminable.

El Pentágono no gana nada manteniendo su presencia en un ambiente hostil. El mayor temor de Washington es que las fuerzas desplegadas en el norte de Siria e Irak regresen a casa en bolsas de plástico. Entonces a Trump le resultaría difícil ofrecer una explicación plausible para la continuación de la ocupación en el Levante tras de la derrota del Califato Islámico o lo que queda de él en Siria e Irak.

En Irak la hostilidad hacia el ejército estadounidense va en aumento. Las unidades Hachd Al-Chaabi claman venganza contra Estados Unidos tras la destrucción por aviones no identificados (sospechosos de ser israelíes) de su centro de mando y control en la frontera entre Irak y Siria, que había recibido órdenes precisas de destruir a las unidades del Califato Islámico que intenten penetrar en Irak.

La amenaza de la Brigada Hezbolah Irak contra las fuerzas estadounidenses, a la que se refirió Sayed Hassan Nasrallah, el dirigente de Hezbolah en Líbano, preocupa en Washington, cuyo objetivo es evitar que se repita la experiencia vivida entre 2003 y 2011, cuando se convirtieron en el blanco de los ataques, tanto de sunitas como de chiítas.

Hasta ahora sólo la presencia Haidar Abadi al frente del gobierno de Bagdad ha impedido los ataques a las tropas estadounidenses en Irak. Pero su relevo es ya inminente.

Estados Unidos ha perdido la partida que inició en 2011. Junto con Israel no sólo ha admitido el fracaso de su objetivo de derrocar a Bashar Al-Assad: tras siete años de guerra el Eje de la Resistencia se ha fortalecido.

No se trata sólo de Siria. De ahí que Trump quiera garantías de seguridad para Israel, de manera que las fuerzas iraníes o de Hezbolah no se acerquen a sus fronteras. Lo que Rusia no puede garantizar es que Siria se abstenga de exigir la devolución de su territorio ocupado en los Altos del Golán, invadidos por Israel.

A Damasco no le importaría ofrecer garantías a Israel porque ya no necesita el apoyo de sus aliados iraníes y libaneses. La única excepción es la frontera entre el Líbano y Siria, donde se requiere una estrecha colaboración sobre el terreno de las fuerzas de ambas partes para impedir el contrabando de armas y el cruce de yihadistas a través de la frontera. Eso es algo que sólo Hezbollah puede garantizar.

En la cumbre habrá una última súplica de Trump a Putin: quiere cambiar a Siria por Palestina o, en otras palabras, quiere que Putin apoye el “Acuerdo del Siglo” contra Palestina, algo que no es posible por muchas razones.

Aunque quisiera, Rusia no podría respaldar un acuerdo que nace muerto. Además, no les interesa: sacrificarían el as de la baraja, que es Siria, una plaza importante porque tiene frontera con Israel y porque el gobierno tiene buenas conexiones con los palestinos, con Irán y con Hezbolah.

Si Rusia le priva a Siria de su posición privilegiada en Oriente Medio, perdería esa influencia.

La Guerra de Libia es el laboratorio para las tácticas de la próxima generación de drones de combate


Desde 2011 Estados Unidos ha llevado a cabo unos 550 ataques aéreos con drones en Libia, más que en Somalia, Yemen o Pakistán, según una investigación conjunta de la revista estadounidense The Intercept y el periódico italiano La Repubblica (1).

“Los informes indican que Libia ha sido uno de los países más atacados por los aviones estadounidenses que vuelan a distancia y están presionando para reconsiderar el número de ataques con vehículos aéreos no tripulados llevados a cabo bajo la administración de Obama, duplicando algunas estimaciones”, revela The Intercept.

“Por ejemplo, en 2016 durante un período de cuatro meses, hubo cerca de 300 ataques con aviones teledirigidos en Libia, según funcionarios estadounidenses. Esto es siete veces más que los 42 ataques confirmados por Estados Unidos en Somalia, Yemen y Pakistán juntos durante todo el año 2016, según datos recopilados por la Oficina de Periodismo de Investigación (2). Los ataques en Libia continuaron con Trump. El último ataque con aviones teledirigidos estadounidenses ocurrió el 5 de junio a unos 80 kilómetros al sureste de la ciudad de Bani Walid”, agrega The Intercept.

Los ataques de Estados Unidos comenzaron con la intervención de la OTAN que llevó al derrocamiento y eliminación de Gadafi en 2011. “Tras la caída de Gaddafi y su muerte el 20 de octubre de 2011, Libia se sumergió en el caos y la inseguridad debido a las milicias, lo que permitió que prosperaran los grupos terroristas y que el Califato Islámico capturara Sirte en la costa mediterránea”, dice la revista.

Como resume el semanario Courrier International, la investigación basada en datos de ONG y fuentes militares estadounidenses destaca dos aspectos de esta guerra secreta. En primer lugar, Libia “sirve de laboratorio para nuevas tácticas y para la próxima generación de UAV [drones] de combate”. En segundo lugar, “los ataques de los UAV [drones] y sus víctimas civiles son difíciles de contabilizar, por tres razones principales: las diferentes fuentes aportan cifras diferentes, estos ataques se producen en zonas de difícil acceso para la prensa y se llevan a cabo en un clima de secretismo”.

Debido a que se trata de aviones no tripulados que se lanzan a distancia desde bases en el extranjero, para Estados Unidos es muy fácil mantener en secreto estas operaciones. Fuera de las áreas reconocidas de guerra, como Irak y Siria, “Estados Unidos opera en secreto y ni siquiera comparte públicamente las reglas o el marco legal dentro del cual opera”, dijo a The Intercept Daphne Eviatar, directora de seguridad de derechos humanos de Amnistía Internacional en Estados Unidos.

Muy pocas personas fuera del gobierno de Estados Unidos saben que su fuyerza aérea está luchando en Libia, y mucho menos dirigiendo cientos de ataques aéreos no tripulados mortales. “Estados Unidos parece muy selectivo en cuanto a qué ataques se anuncian y cuáles no“, añadió Eviatar.

Desde 2012, tres facciones libias y cuatro países extranjeros han llevado a cabo al menos 2.158 ataques en Libia, escribe The Intercept y Courrier International (3). “Cientos de civiles han sido asesinados por todos los beligerantes en el conflicto extremadamente complejo de Libia, y nadie está asumiendo la responsabilidad”, dijo a la revista el director de Airwars, Chris Woods (4).

En un análisis publicado el mes pasado (5), el Departamento de Defensa de Estados Unidos afirmó no haber encontrado “ninguna información creíble sobre las víctimas civiles causadas por los ataques de Estados Unidos en Libia en 2017”.

(1) https://www.thebureauinvestigates.com/stories/2017-01-01/drone-wars-the-full-data
(2) https://www.courrierinternational.com/article/enquete-la-guerre-secrete-des-drones-americains-en-libye
(3) https://www.newamerica.org/international-security/reports/airstrikes-and-civilian-casualties-libya/key-findings/
(4) http://airwars.org/
(5) http://fas.org/man/eprint/civcas2018.pdf

El ejército sirio sellará este fin de semana las fronteras con Jordania e Israel

Hace tres días La Vanguardia informaba (*) de que el avance del ejército regular sirio hacia el sur había provocado el exilio de 270.000 habitantes, citando fuentes de la ONU, que a su vez se basaban en los yihadistas de Al-Qaeda y el Califato Islámico. No ha existido tal éxodo. Siempre las mismas falsedades procedentes de las mismas fuentes.

Es difícil saber de dónde sacan los datos. A lo máximo, de la parte oriental de la zona controlada por los yihadistas han podido huir entre 54.000 y 59.000 personas, aunque lo más probable es no hayan huido ni siquiera 10.0000 personas porque en la mayor parte de las localidades recuperadas no ha habido combates.

En la Batalla del Sur los combates son muy esporádicos y el número de bajas muy reducido. Las milicias yihadistas se rinden ante los ataques de la aviación y el fuego de artillería. En ocasiones se han producido negociaciones y entrega de material de guerra pesado. Algunas unidades incluso han unido sus fuerzas a las del ejército regular.

El ejército sirio ha recuperado 10 tanques y al menos 7 sistemas de misiles TOW entregados por Estados Unidos a los yihadistas.

En la autovía M5 la negoación con los yihadistas ha fracasado porque exigían quedarse con el peaje que cobran a los vechículos que cruzan el paso fronterizo de Nassib-Jaber hacia Jordania. A causa de ello, ayer por la mañana el ejército sirio continuó el ataque hasta que logró sellar la frontera, continuando hacia los Altos del Golán, que serán cerrados este fin de semana.

Hasta ahora y durante 7 años toda la región sudoeste de Siria no ha sido otra que una invasión de mercenarios sostenidos por ambos países vecinos, Israel y Jordania, y una extensión de esos países.

La ciudad de Deraa, donde empezó todo, sigue en poder de los yihadistas de Hayat Tahrir Al-Sham. Hacia ella se encaminan las fuerzas de élite del ejército regular, a donde trasladan gran cantidad de material de guerra. Es muy posible que los yihadistas opongan resistencia y el asedio se prolonguem, así como los bombardeos y el fuego artillero.


(*) http://www.lavanguardia.com/internacional/20180702/45579177788/siria-desplazados-deraa-jordania.html

La persistente malformación genética del diseño transicional de la ‘democracia’

Martxelo Alvarez

“Usted debe responder, señor Pérez Zukovich, por qué al pueblo indefenso contestaron con fusil…” Asi cantaba Víctor Jara en «Puerto Montt» y hoy, 45 años despues de su asesinato, un Tribunal chileno hace suyo al menos en principio ese “usted debe responder” y marca condenas y penas de prisión para nueve ex-militares golpistas chilenos autores o responsables en uno u otro grado del mismo en septiembre de 1973.

Mientras tanto el titular del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Pamplona ha considerado hace dos dias que los restos del general Sanjurjo, uno de los cabecillas del golpe militar del 18 de julio de 1936, sean sacados de donde reposan en estos momentos –en Melilla, donde sus restos fueron recibidos con honores militares– y sean de nuevo colocados en el “Monumento a los Caídos”, ese edificio construido para glorificar el golpe del 18 de julio de 1936, de donde fueron exhumados el 16 de noviembre de 2016 por decisión de la Alcaldía de la capital navarra.

Una más de esas “cosas” cuasi-cotidianas que siguen poniendo en evidencia la persistente malformación genética de diseño transicional de esta democracia que dicen que tenemos, ese terrible cromosoma que enlaza en perversa secuencia las sentencias de Altsasu y la de “la manada”, la continuada corruptela politica e institucional, las declaraciones en impávida banalización, reconocimiento y apologia de la tortura del guardia civil Manuel Pastrana, la vuelta de Sanjurjo a su mausoleo en implicito homenaje y reconocimiento a sus “servicios a la Patria”…

Y algunos aún pretenden entretenernos con aquello de ver los huesos de Franco a la intemperie mientras arropan y actualizan la metástasis encubierta de esa carroña distribuida promiscuamente por ministerios, despachos, juzgados, cuarteles y comisarias, desde 1975, dos años más de los que hace del asesinato de Victor Jara, ese que de haber sido vasco seguramente hubiera sido objeto de la mofa del democrático guardia civil ya mencionado Manuel Pastrana por todo lo que chillaba mientras le machacaban los dedos a culatazos…


https://www.naiz.eus/eu/iritzia/cartas/usted-debe-responder-senor

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