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La web más censurada en internet

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El parlamento francés aprueba una ley contra la libertad de expresión con el pretexto de las ‘noticias falsas’

La Asamblea Nacional de Francia ha dado luz verde a dos proyectos de ley contra la libertad de expresión con el pretexto de las “noticias falsas” (“fake news”) que se aplicará incluso en periodos electorales.

El texto define noticia falsa como “cualquier alegación o imputación de hechos inexacta o engañosa”.

No es ninguna novedad; ni siquiera es moderno. En Francia ya estaba vigente una ley de prensa de 1881 que prohibía la difusión de “noticias falsas”. Lo que cambia es que ahora la diana es internet.

El partido del presidente Emmanuel Macron, La República en Marcha (LREM), presentó una propuesta de ley ordinaria y otra de ley orgánica específica para las elecciones presidenciales.

Los textos, aprobados en primera lectura, permitirán que un candidato a las elecciones pueda ocultar o prohibir la difusión de determinadas noticias en internet con un procedimiento rápido.

Es un procedimiento que no sólo compromete a los usuarios sino a los grandes monopolios de la comunicación. Un juez podrá ordenar al proveedor de internet, por ejemplo, que bloquee el acceso a ese contenido. Para ello se requiere que la información se haya difundido de forma premeditada y masiva para influir en las elecciones.

Además, las plataformas en línea y las redes sociales se comprometen a una mayor transparencia en relación con los contenidos patrocinados tres meses antes de las elecciones. Con ello se refieren a las situaciones en las que alguien paga para que su contenido sea más visto por los usuarios.

La oposición critica una ley “inaplicable” e “ineficaz”, dada la velocidad de propagación de las noticias en las redes, muchas veces desde sitios ubicados en el extranjero. Denuncia asimismo el peligro de una “policía para controlar el pensamiento” y de un “intento de controlar la información”.

Las ley son una promesa electoral de Macron, quien denunció haber sido víctima de “noticias falsas” antes de las elecciones presidenciales de mayo de 2017, lo que no le impidio ganarlas precisamente con noticias falsas y promesas engañosas.

La ley busca impedir el trabajo informativo de canales como Russia Today y la agencia Sputnik, medios rusos acusados de haberse entrometido en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 y en las francesas de 2017.

La OTAN cuenta con 19 centros operativos en los países europeos

La infraestructura de la OTAN no se reduce a las contribuciones militares de los países miembros, sino que también incluye una red de centros especiales repartidos por Europa; estas instalaciones siguen estando bajo la autoridad formal del centro de mando de la OTAN en Bruselas. Este mecanismo no sólo permite a la organización arraigar en países individuales y reclutar soldados profesionales para los procesos de la OTAN, sino también involucrar a civiles, incluso de países que no son miembros de la alianza. En este contexto, se aplican métodos de comunicación estratégica: se trata de un enfoque complejo, que incluye una combinación de educación, tecnologías de manipulación de multitudes, propaganda, ciencia y seguridad.

Un ejemplo típico de este tipo de política de “arraigo” puede encontrarse en los países bálticos: se han abierto tres centros especializados en Estonia, Letonia y Lituania. Se denominan “Centros de Excelencia” y cada uno de ellos está especializado en vectores especiales.

La OTAN cuenta con 19 centros plenamente funcionales, y se están estableciendo otros tres. En este artículo, examinaremos sólo tres.

El Centro de Excelencia Cooperativo de Ciberdefensa, ubicado en Tallin -la capital de Estonia- fue la primera instalación de este tipo que apareció en el espacio postsoviético. A los representantes de la OTAN o a los expertos estadounidenses les gusta repetir que la decisión de crear este centro fue consecuencia de los incidentes en torno a un monumento dedicado a los soldados soviéticos en 2007. Se decía que los piratas rusos habían derribado las ciber-infraestructuras estonias: los bancos habían caído y los servidores informáticos públicos estaban paralizados. Pero en realidad, la solicitud de un centro cibernético en Tallin se remonta a 2004, justo después de que Estonia se uniera a la OTAN. En 2006, el Cuartel General de la OTAN finalmente validó la decisión, y en 2007 comenzaron las negociaciones para el establecimiento del centro.

El primer memorando se firmó en mayo de 2008 y la OTAN comenzó a financiar el centro tras su acreditación en octubre de 2008. Luego se le otorgó el estatus de organización militar internacional.

Cuando se considera esta secuencia, puede surgir una pregunta: ¿podría el mito de los piratas rusos haber sido un elemento de propaganda, con el objetivo de asegurar la financiación del centro por parte de los países de la Unión Europea? A juzgar por el hecho de que a partir de 2007 el número de publicaciones sobre este tema en los medios de comunicación occidentales aumentó significativamente, y que los expertos de la OTAN y varios centros de análisis político de los países occidentales empezaron a hablar de la “injerferencia rusa” y de la necesidad de medidas de seguridad eficaces, esta suposición podría ser coherente con los hechos.

La aparición de las “Directrices Cibernéticas de Tallin” también está vinculada a este centro. Aunque este documento es sólo una presentación de las opiniones expresadas por un experto, y no una guía operativa o estratégica, a menudo se cita en Occidente como un conjunto de reglas fundamentales para los ciberconflictos.

El centro ofrece formación técnica para especialistas, así como cursos sobre las implicaciones jurídicas de las acciones en el espacio virtual. A este respecto, cabe recordar que ni los miembros de las Naciones Unidas ni los principales agentes mundiales sobre el terreno han llegado todavía a un acuerdo sobre una norma internacional en internet. El trabajo en el centro de Tallin se centra claramente en un punto de vista jurídico puramente occidental.

Dicho esto, la página web del Centro de Tallin contiene documentos dedicados a este tema; estos documentos también incluyen los fundamentos del enfoque de ciberseguridad de la OTAN. Además, desde 2012 el Centro realiza periódicamente maniobras cibernéticas que, debido a la naturaleza mundial de internet, no se limitan a los países de la OTAN.

En 2012 se estableció en Vilnius el Centro de Excelencia para la Seguridad Energética. Su misión es ayudar al Mando Estratégico de la OTAN, a otras subdivisiones, a los Estados miembros de la OTAN y a otros socios. Su principal objetivo es proporcionar asesoramiento experto en todas las cuestiones de seguridad energética, incluida la logística de las necesidades militares y la cooperación entre los círculos académicos y la industria.

El Centro organiza cursos y ofrece prácticas a estudiantes, cuyos gastos de apoyo y estudio son financiados por la OTAN.

Además, se publican revistas temáticas y resultados de investigaciones; estas publicaciones mencionan a menudo la necesidad europea de liberarse de su “dependencia energética de Rusia”.

La amenaza rusa a la seguridad energética de Ucrania es uno de los temas recurrentes en publicaciones recientes. Pero las demás zonas del espacio postsoviético no se quedan atrás, ni tampoco Europa en su conjunto.

El núcleo de la “guerra energética” contra Rusia no sólo figura entre las atribuciones oficiales del centro, sino que además aparece en las publicaciones de la institución y en los actos que organiza. También ha habido repetidos y marcados intentos de atraer a la órbita de la OTAN a países neutrales fronterizos con Rusia.

Por ejemplo, se está organizando una conferencia sobre “Soluciones energéticas innovadoras para aplicaciones militares”, que se celebrará este año, con la participación del Ministerio de Defensa de Georgia.

El Centro de Excelencia para las Comunicaciones Estratégicas de la OTAN, una de sus últimas subdivisiones, tiene su sede en Riga. Comenzó a funcionar en enero de 2014 y recibió la acreditación de la OTAN el 1 de septiembre de 2014. Sus cofundadores son representantes de Estonia, Alemania, Italia, Letonia, Lituania, Polonia y el Reino Unido.

El sitio web del Centro afirma que sus funciones y capacidades incluyen: diplomacia pública; trabajo con los principales medios de comunicación para presentar las actividades de la OTAN; relaciones cívico-militares; y campañas de información y psicológicas.

Este centro tiene un alcance particular debido a la naturaleza compleja de sus tareas. Organiza regularmente conferencias y publica revistas e informes especiales de investigación. Los temas tratados son muy amplios: guerra genética; métodos de guerra de la información aplicados por el Califato Islámico; narrativas extremistas; seguridad de la UE; guerra cibernética; nacionalismo; tecnologías biométricas, etc. Rusia también es objeto de especial interés.

Así, en noviembre de 2016 este centro publicó dos documentos dedicados a Rusia. Los artículos fueron precedidos por documentos sobre la “injerencia rusa en Ucrania”, las sanciones, la tecnología de la información del ejército ruso, el trabajo con ONG europeas, etc. El pico de este tipo de publicación tuvo lugar en 2015 y 2016.

También es significativo que estos documentos estén intercalados con estudios similares dedicados a organizaciones terroristas y grupos extremistas. Esta secuenciación se establece deliberadamente para inducir en el subconsciente de los grupos destinatarios y de los visitantes ocasionales del centro la existencia de un vínculo existente entre ambos grupos.

https://www.geopolitica.ru/en/article/natos-centres-excellence-baltics

Japón ahorca a 7 miembros de la secta Aum de la Verdad Suprema

El gurú Shoko Asahara
Si hubiera ocurrido en cualquier otro país, como Corea, Venezuela, Siria o Irán, las cadenas de televisión nos hubieran agobiado con la noticia. Pero ha ocurrido en Japón, un país civilizado, desarrollado y avanzado… que en pleno siglo XXI sigue levantando cadalsos para ejecutar a sus ondenados a muerte.

Se trata de Shoko Asahara, gurú de la secta Aum y otros seis miembros más, condenados a muerte por su responsabilidad en el ataque con gas sarín en el metro de Tokio en 1995, que asesinó a 13 personas y causó enfermedades, a veces irreversibles, a otras 6.300 personas.

Fueron ahorcados el viernes. Es la primera vez que Japón ejecuta a miembros de Aum. Otros seis fieles condenados a la misma pena siguen en el corredor de la muerte, a los que hay que añadir 190 más condenados a penas diversas.

Shoko Asahara esperaba desde 1999 en el corredor de la muerte, junto con sus cómplices.

Los miembros de la secta difundieron gas sarín en cinco trenes del metro de Tokio que circulaban hacia el centro administrativo de la capital.

Para ello utilizaron bolsas de plástico perforadas con puntas de paraguas por donde liberaron el veneno. Nadie entendió inmediatamente lo que estaba sucediendo a esa hora temprana, en medio de la hora punta, cuando muchos pasajeros se asfixiaban por las bocas del metro sin ver nada.

En junio del año anterior 7 personas fueron asesinadas en Matsumoto y otras 600 sufrieron diversas enfermedades como resultado de un ataque con gas sarín por parte de los miembros de Aum.

En 1999 la secta reconoció oficialmente por primera vez su responsabilidad en el ataque a las redes de metro de Tokio y Matsumoto.

La primera sentencia de muerte por el atentado de 1995 fue impuesta en 1999. La ley japonesa especifica que los condenados a muerte deben ser ejecutados en un plazo de seis meses a partir de la confirmación de su sentencia, pero en la práctica a menudo permanecen en el corredor de la muerte durante años.

La secta, que llegó a atraer a 10.000 fieles, fabricó en un laboratorio grandes cantidades de gas sarín, un producto letal creado por científicos bajo el III Reich.

El gurú Asahara pasó de los programas de televisión a las campañas electorales para captar la atención de los incautos, incluidos jóvenes científicos de alto vuelo, médicos, abogados y otros individuos de élite.

‘Minority Report’: delincuentes en potencia y policías del futuro

“Minority Report” es una película de ciencia ficción dirigida por Steven Spielberg en 2002, basada en un breve relato homónimo escrito por Philip K. Dick en 1956 que se podría traducir como “Voto particular”. A partir de 2015 Spielberg siguió estrujando la película para sacar una de esas horripilantes series de televisión.

El relato, la película y la serie describen el fascismo, el paso de la represión a la prevención, situándolo en un mundo futuro ubicado en 2054 en el que la policía usa métodos predictivos para evitar asesinatos. Se trata de encarcelar a los delincuentes “en potencia”, es decir, antes de cometan un delito.

Hoy la policía pasa más tiempo delante el ordenador que patrullando las calles. La han dotado de dos nuevas tecnologías de la información, las grandes bases de datos y eso que algunos llaman grotescamente “inteligencia artificial”. El propio desarrollo de la técnica y el papanatismo creado a su alrededor, refuerzan la tendencia al cambio del papel de la policía de la represión a la vigilancia y el control en masa.

El mundo de “Minority Report” no es tan fantástico como parecía hace 16 años, cuando se estrenó. Un estudio de 2016 de la organización UpTurn encontró que 20 de las 50 fuerzas policiales más grandes de Estados Unidos utilizan la vigilancia predictiva. Actualmente ha comenzado a implementarse también en Francia.

La vigilancia alimenta las bases de datos que, a su vez, alimentan la vigilancia y el ridículo discurso en torno a ella, repleto de términos, como “peligro” o “riesgo”, que acaban formalizándose en los códigos penales.

En las retransmisiones de los partidos de fútbol, cuando los comentaristas quieren burlarse del árbitro, dicen que ha pitado “peligro”, pero nadie se burla cuando el peligro llega al código penal y a alguien le meten en la cárcel por ello, porque es “peligroso”.

Incluso en las facultades de derecho los profesores se vanaglorian por la desaparición de la Ley de Peligrosidad Social de 1970, a la que califican de “franquista”.

Con el peligro ha ocurrido lo mismo que con la legislación antiterrorista: ya nadie la considera como tal porque se disimuló dentro del código penal. Así se disimula el fascismo.

La policía preventiva de “Minority Report” tiene su paralelo en un código penal lleno de “delitos de riesgo”, que es tanto como decir de delitos que no deberían serlo.

Hace años que en España la Dirección General de Tráfico no funciona ya en base a multas sino a grandes campañas de prevención, como las de alcoholemia o el cinturón de seguridad, manejadas siempre con el mismo criterio discriminatorio, es decir, político: los controles se colocan en unos puntos y en otros no (por ejemplo en las zonas turísticas).

El control y la vigilancia siempre funcionan, así, políticamente. Se vigilan unos barrios y no otros; se controla a unas personas y no a otras; se persiguen determinados delitos y no otros.

Al tiempo que retroalimentan esa discriminación, las nuevas técnicas informáticas encubren su componente político, como si fuera consecuencia de algoritmos matemáticos.

Un programa de la policía de Chicago se apoyó en la llamada “inteligencia artificial” para identificar a personas con altas probabilidades de ser violentas con armas de fuego. Un estudio de 2016 de la Corporación Rand demostró que era una patraña.

Si la policía local de Madrid instala controles de alcoholemia en Entrevías, en lugar de ponerlos en La Moraleja, llena su bases de datos con una conclusión demoledora: el porcentaje de vecinos de Entrevías que son unos delincuentes en potencia es mucho mayor que en La Moraleja.

Es una “verdad” que se retroalimenta a sí misma cada vez que ponen un control en el mismo barrio, que vigilan siempre a las mismas personas y que se ceban en los mismos delitos: el robagallinas.

Como en la película, todo se viene abajo cuando el delincuente en potencia es el policía, porque si vigilaran más a la policía y a las comisarías, las bases de datos se llenarían de todo lo contrario.

Más información:
— La policía predictiva de Los Ángeles ya está en marcha
— La policía predictiva se concentra en los ‘puntos calientes’ de la ciudad
— El funcionamiento de la policía en una sociedad dividida en clases sociales
— Cómo detener a los futuros manifestantes antes de que cometan actos violentos
— El panóptico ya es una realidad, el ojo que todo lo ve
— La represion fascista con algoritmos matemáticos (PredPol)

El proceso de fabricación de yihadistas por Estados Unidos en la Guerra de Afganistán

Akbar Ganji

El apoyo occidental a los rebeldes sirios, la gran mayoría de los cuales se sabe que son fuerzas islamistas extremistas, terroristas chechenos y radicales de todo el mundo (algunos incluso de sociedades occidentales) -el mismo tipo de fuerzas contra las que Estados Unidos supuestamente ha estado librando la “guerra mundial contra el terrorismo”– ha sido calificado de hipócrita, extraño e inmoral. Pero de hecho, a diferencia de lo que pueda pensar el público desinformado, Occidente ha sido totalmente consistente en cultivar tales fuerzas y usarlas para promover sus intereses. Esto se hace evidente cuando se revisa la historia del ascenso del Islam político en Afganistán y se sigue hasta la situación actual.

Después de revisar esta historia, surge un panorama coherente en el que, como ya se ha mencionado, o bien Occidente ha apoyado a estos grupos extremistas para avanzar en su agenda o bien las acciones de Occidente han dado lugar al nacimiento de dichos grupos.

Como documenta el veterano periodista Robert Dreyfuss en su excelente libro Devil’s Game (El juego del diablo), esto ha estado sucediendo durante décadas, al menos desde principios del siglo XX. Él escribe:

“Durante medio siglo, Estados Unidos y muchos de sus aliados consideraron que lo que yo llamo la ‘derecha islámica’ era un socio conveniente en la Guerra Fría… En las décadas anteriores al 11-S, los activistas y organizaciones de la extrema derecha musulmana a menudo eran vistos como aliados por dos razones: porque eran vistos como feroces anticomunistas y porque se oponían a nacionalistas seculares como el egipcio Gamal Abdel Nasser y el iraní Mohammad Mossadegh…

“¿Habría existido la derecha islámica sin el apoyo de Estados Unidos? Por supuesto. Pero no cabe duda de que la virulencia del movimiento al que nos enfrentamos ahora -y al que se enfrentan también muchos de los países de la región, desde Argelia hasta la India y más allá- habría sido mucho menor si los Estados Unidos hubieran tomado otras decisiones durante la Guerra Fría”.

Antes de la crisis en Siria, la alianza entre Estados Unidos y sus aliados occidentales y las fuerzas islamistas radicales era más esclarecedora en Afganistán. Esa alianza comenzó en el verano de 1979, antes de que la Unión Soviética invadiera ese país.

En su bello libro “Ghost Wars”, Steve Coll, ex periodista del Washington Post y actual decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Colombia, describe con gran detalle las estrechas relaciones entre la CIA, la familia real saudí, el Servicio de Inteligencia de Pakistán (ISI) y los muyahidines afganos. Coll afirma que eran “hermanos de sangre” desde noviembre de 1979, cuando la intervención de Estados Unidos en Afganistán entró en su etapa práctica, llevando a la invasión de Afganistán por la Unión Soviética, hasta febrero de 1989, cuando los soviéticos abandonaron ese país.

Los esfuerzos iniciales de la intervención estadounidense en Afganistán se dedicaron a provocar a la Unión Soviética, que tenía una estrecha relación con el gobierno afgano. En su libro “Desmantelando el Imperio: La última mejor esperanza de Estados Unidos”, Chalmers Johnson (1931-2010), profesor emérito de la Universidad de California en San Diego, veterano de la guerra de Corea y consultor de la CIA, escribió:

“Ya debería aceptarse en general que la invasión soviética de Afganistán en Nochebuena de 1979 fue provocada deliberadamente por los Estados Unidos. En sus memorias publicadas en 1996, el ex director de la CIA [y secretario de Defensa en las administraciones de George W. Bush y Obama] Robert Gates dejó claro que los servicios de inteligencia estadounidenses comenzaron a ayudar a los guerrilleros muyahidines no después de la invasión soviética, sino seis meses antes. En una entrevista [en 1998] con Le Nouvel Observateur, el asesor de seguridad nacional del presidente Carter, Zbigniew Brzezinski, confirmó con orgullo la afirmación de Gates.

“Según la versión oficial de la historia”, dijo Brzezinski, “la ayuda de la CIA a los mujahidines comenzó en 1980, es decir, después de que el ejército soviético invadiera Afganistán. Pero la realidad, mantenida en secreto hasta ahora, es completamente diferente: el 3 de julio de 1979 el Presidente Carter firmó la primera directiva de ayuda secreta a los opositores del régimen pro soviético en Kabul. Y el mismo día, escribí una nota al presidente en la que le explicaba que, en mi opinión, esta ayuda conduciría a una intervención militar soviética”.

Al preguntársele si de alguna manera lamentaba estas acciones, Brzezinski respondió: “¿Arrepentirme de qué? La operación secreta fue una idea excelente. ¿Atrajo a los rusos a la trampa afgana y quieres que me arrepienta? El día que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera, escribí al Presidente Carter, diciendo, en esencia: ‘Ahora tenemos la oportunidad de dar a la URSS su guerra de Vietnam’”.

El reportero del Nouvel Observateur le preguntó entonces a Brzezinski: “¿Y tampoco se arrepiente de haber apoyado el fundamentalismo islámico, que ha dado armas y consejos a los futuros terroristas?”

Brzezinski respondió: “¿Qué es más importante en la historia del mundo? ¿Los talibanes o el colapso del imperio soviético? Algunos musulmanes agitados o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?”

Johnson continúa: “A pesar de que la desaparición de la Unión Soviética le debe más a Mijail Gorbachov que a los partisanos de Afganistán, Brzezinski ciertamente ayudó a producir ‘musulmanes agitados’, y las consecuencias han sido obvias. Carter, Brzezinski y sus sucesores en las administraciones de Reagan y Bush, incluyendo a Gates, Cheney, Rumsfeld, Rice, Wolfowitz, Armitage y Powell, todos tienen alguna responsabilidad por las 1,8 millones de víctimas afganas, 2,6 millones de refugiados y 10 millones de minas terrestres sin detonar que siguieron a sus decisiones”.

Para el Presidente Carter y Brzezinski, el fin justificaba los medios. El objetivo final era el colapso de la Unión Soviética, y para lograrlo, había que recurrir a los fundamentalistas islamistas. Osama Bin Laden y gente como él fueron enviados a Afganistán para luchar contra los comunistas “impíos”. Fue durante este tiempo que la surah del Corán sobre la yihad atrajo la atención. Fue entonces cuando Brzezinski fue a Pakistán y se lo contó a las fuerzas yihadistas:

“Sabemos de su profunda creencia en Dios, y estamos seguros de que su lucha tendrá éxito. Esa tierra [Afganistán] es suya. Volverán a ella algún día, porque su lucha prevalecerá y tendrán sus casas y sus mezquitas de vuelta, porque su causa es justa y Dios está de su lado”.

La ex secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton dijo al Congreso que Al-Qaeda y los talibanes son el resultado de las semillas que Estados Unidos sembró en el pasado y que ahora está cosechando. Dijo:

“También tenemos un historial de entrar y salir de Pakistán. Quiero decir, recordemos aquí: las personas contra las que luchamos hoy las financiamos hace 20 años. Y lo hicimos porque estábamos atrapados en esta lucha con la Unión Soviética. Invadieron Afganistán, y no queríamos verlos controlar Asia central, y nos pusimos a trabajar, y fue el presidente Reagan, en asociación con el Congreso, dirigido por demócratas, quien dijo: ‘¿Saben qué? ¡Suena como una buena idea! ¡Lidiemos con el ISI y el ejército pakistaní, y reclutemos a estos Mujahedin! ¡Eso es genial! Consigamos que algunos vengan de Arabia Saudita y otros lugares, importando su marca wahabí de Islam, para que podamos ir a vencer a la Unión Soviética’. ¿Y adivina qué? Se retiraron, perdieron miles de millones de dólares y eso llevó al colapso de la Unión Soviética. Así que hay un argumento muy fuerte, que es: No fue una mala inversión acabar con la Unión Soviética, pero tengamos cuidado con lo que sembramos, porque vamos a cosechar. Así que nos fuimos de Pakistán. Le dijimos: ‘Está bien, está bien. Ocúpate de las [pistolas] Stinger que hemos dejado por todo tu país. Ocúpate de las minas que están a lo largo de la frontera. Y por cierto, no queremos tener nada que ver contigo. De hecho, te estamos sancionando’. Así que dejamos de tratar con el ejército pakistaní y con ISI, y ahora estamos recuperando mucho tiempo perdido”.

En ese momento fueron los Estados Unidos los que, junto con Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Pakistán, enviaron a los yihadistas a Afganistán. El príncipe Bandar Bin Sultan de Arabia saudí desempeñó un papel fundamental en esas operaciones, y Arabia saudí les prestó el apoyo financiero, militar y humano fundamental. El reino alentó a sus ciudadanos a ir a Afganistán a luchar contra el ejército soviético. Uno de esos ciudadanos fue Osama Bin Laden. Arabia saudí aceptó igualar, dólar por dólar, cualquier fondo que la CIA pudiera recaudar para las operaciones.

Estados Unidos le dio a Pakistán 3.200 millones de dólares, y Arabia Saudita compró armas en todas partes, incluso en el mercado negro internacional, y las envió a Afganistán a través del ISI [servicio secreto] de Pakistán.

https://www.huffingtonpost.com/akbar-ganji/us-jihadist-relations_b_5542757.html

El verdadero papel de los colonialistas británicos en India

Lo mismo que los españoles en América, los británicos en India han expuesto al mundo una fantasía del colonialismo como factor de modernidad, de civilización y de elevación del nivel de vida de la población.

En su libro sobre la dominación en India (“Imperio Inglorious: What the British did to India”) Shashi Tharoor muestra la otra cara de la moneda (*).

Antes de la llegada de los británicos, India representaba más del 20 por ciento del PIB mundial (textil, siderurgia, construcción naval…) y esto, durante siglos. Cuando los británicos la abandonaron se había reducido al 3 por ciento.

Los británicos rompieron los telares indios y cortaron los pulgares de los tejedores para que no puedan reconstruir los telares y reanudar la producción.

La industria textil de exportación de India fue destruida porque los indios fueron obligados a vender algodón a Gran Bretaña y luego volver a recomprar los productos textiles británicos, de calidad inferior.

Los ferrocarriles hicieron poco para beneficiar a los indios antes de que los británicos se fueran.

Desde el siglo III antes de nuestra era, India fabricaba espadas con una técnica especial de crisol con alto contenido de carbono y la exportó a Oriente Medio, donde ganó fama como las “Espadas de Damasco”.

Los colonialistas cerraron las fundiciones aduciendo porque eran amenazan con una revuelta armada de los nativos.

Los británicos introdujeron la división y el antagonismo entre hindúes y musulmanes. Para oponerse a los británicos, los hindúes y los musulmanes se unieron y lucharon bajo una única dirección. Los británicos respondieron implementando políticas que crearon la hostilidad entre ambas religiones: la vieja táctica de “divide y vencerás”.

Con el fin de acumular reservas para hipotéticas guerras en Europa, Churchill desvió el grano de las zonas donde millones de personas estaban muriendo en India para llevarlas a Gran Bretaña, provocando la muerte de millones de indios.

Churchill declaró públicamente que las muertes eran culpa de los bengalíes, que se “reproducen como conejos”.

En su obra Tharoor relata que en la metrópoli hubo muchas voces británicas que denunciaron lo que estaba sucediendo, pero ocurre como ahora: los que tienen el poder y los medios a su disposición silencian la realidad y marginan a quienes lo hacen.

En la actualidad en la metrópoli se han formado movimientos que exigen que los colonialistas reconozcan sus crímenes y poaguen una indemnización a las víctimas en el Tercder Mundo.

(*) https://www.irishtimes.com/culture/books/inglorious-empire-what-the-british-did-to-india-1.2981299
https://www.asiasentinel.com/book-review/inglorious-empire-what-british-did-to-india/

La crisis migratoria es consecuencia de la explotación colonial

Manlio Dinucci

De Estados Unidos a Europa, la “crisis de los migrantes” está dando lugar a acaloradas polémicas nacionales e internacionales sobre las políticas a adoptar en materia de flujos migratorios. En todas partes, sin embargo, se presentan según un tópico que invierte la realidad: el de los “países ricos” obligados a soportar la creciente presión migratoria de los “países pobres”.

Esto oculta la causa subyacente: el sistema económico del mundo que permite a una pequeña minoría acumular riqueza a expensas de la creciente mayoría, empobreciéndola y provocando así una emigración forzada.

En cuanto a los flujos migratorios hacia Estados Unidos, el caso de México es emblemático. Su producción agrícola colapsó cuando, con el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), Estados Unidos y Canadá inundaron el mercado mexicano con productos agrícolas baratos gracias a sus propios subsidios públicos. Millones de campesinos se encontraron sin trabajo, lo que se suma al conjunto de mano de obra reclutada en las maquiladoras: miles de establecimientos industriales a lo largo de la frontera en territorio mexicano, propiedad o controlados, en su mayor parte, por empresas norteamericanas, en los que los salarios son muy bajos y los derechos sindicales inexistentes.

En un país donde cerca de la mitad de la población vive en la pobreza, ha aumentado la masa de los que buscan entrar en Estados Unidos. De ahí el muro a lo largo de la frontera con México, iniciado por el presidente demócrata Clinton cuando el TLCAN entró en vigor en 1994, perseguido por el republicano Bush, reforzado por el demócrata Obama, el mismo muro que el republicano Trump ahora quisiera completar en los 3.000 kilómetros de frontera.

El caso de África es emblemático en cuanto a los flujos migratorios hacia Europa. Es rico en materias primas: oro, platino, diamantes, uranio, coltán, cobre, petróleo, gas natural, maderas preciosas, cacao, café y muchos otros.

Estos recursos, explotados por el viejo colonialismo europeo con métodos de esclavitud, son hoy explotados por el neocolonialismo europeo que se apoya en las élites africanas en el poder, la mano de obra local de bajo coste y el control de los mercados nacionales e internacionales.

Más de 100 empresas que cotizan en la Bolsa de Londres, británicas y otras, explotan recursos mineros por valor de más de un billón de dólares en 37 países del África subsahariana.

Francia controla el sistema monetario de 14 antiguas colonias africanas a través del franco CFA (originalmente acrónimo de “Colonies Françaises d’Afrique”, reciclado como “Communauté Financière Africaine”): para mantener la paridad con el euro, los 14 países africanos deben pagar la mitad de sus reservas monetarias al Tesoro francés.

El Estado libio, que quería crear una moneda africana autónoma, fue demolido por la guerra en 2011. En Costa de Marfil (zona CFA), las empresas francesas controlan la mayor parte de la comercialización del cacao, del que el país es el primer productor mundial: los pequeños agricultores apenas conservan el 5 por ciento del valor del producto final, por lo que la mayoría vive en la pobreza. Estos son sólo algunos ejemplos de la explotación neocolonial del continente.

África, que se presenta como dependiente de la ayuda externa, proporciona un pago externo neto anual de unos 58.000 millones de dólares. Las consecuencias sociales son devastadoras. En el África subsahariana, donde la población supera los mil millones de habitantes y está compuesta por un 60 por ciento de niños y jóvenes de 0 a 24 años, alrededor de dos tercios de la población vive en la pobreza y, de éstos, alrededor del 40 por ciento -es decir, 400 millones- vive en condiciones de extrema pobreza.

La «crisis migratoria» es en realidad la crisis de un sistema económico y social insostenible.

https://www.mondialisation.ca/lart-de-la-guerre-neocolonialisme-et-crise-des-migrants/5626364

Culebrón Skripal: otros dos nuevos afectados por el gas tóxico en la misma ciudad británica

Botella de aceite Novichok con logo del KGB
Ante el Mundial de Fútbol esperábamos otro de tipo de provocación, y las apuestas iban hacia el Donbas o hacia Siria, pero fallamos. Lo que se produjo el 4 de marzo fue el envenenamiento del espía Serguei Skripal y su hija Julia, que desató una formidable crisis política internacional de expulsión de diplomáticos rusos en Europa y la ola de falsedades más grande que han conocido las islas en muchos años.

A pesar de que el Caso Skripal movilizó a los servicios policiales y de inteligencia de Gran Bretaña, reaparece cuatro meses después con una nueva intoxicación en Amesbury, un pueblo del suroeste de Inglaterra, que afecta a otras dos personas. El gabinete británico de crisis se ha vuelto a reunir, aunque de momento no han aparecido ni acusaciones contra Rusia, ni sanciones económicas, ni expulsiones de diplomáticos, a pesar de un contexto mucho más peliagudo:

– en pleno Mundial de Fútbol
– pendientes de la cumbre de la OTAN en Bruselas
– pendientes de la cumbre entre Trump y Putin
– pendientes de una visita de Trump a las islas

El segundo envenenamiento aclara algunas cosas del primero, cuya investigación no se ha cerrado. Además de Rusia, otros países también poseen muestras de gas “novichok”: la República Checa en particular, según confesó su propio presidente Milos Zeman, pero también Alemania y Suecia.

Las investigaciones realizadas por varios medios de comunicación alemanes -los canales de televisión NDR y WDR, los periódicos Die Zeit y Süddeutsche Zeitung- demuestran que Occidente conoce el “novichok” desde hace al menos veinte años.

A pesar del precedente, un ataque con la misma sustancia tóxica se reproduce a pocos kilómetros del anterior y muy cerca del laboratorio militar de Porton Down, donde se sintetiza y almacena “novichok” con fines experimentales. ¿Son ambos ataques uno de esos experimentos?

Hace cuatro meses los “científicos” decían que a la intemperie el “novichok” se degrada rápidamente. Por eso los equipos de limpieza estuvieron limpiando con agua las posibles zonas afectadas por el tóxico. Ahora dicen lo contrario: que la nueva intoxicación es consecuencia de la anterior…

También se ha sabido que Skripal no estaba jubilado. Varios de sus viajes a los Estados bálticos y a Europa Central, para reunirse con otros espías así lo atestiguan.

Los afectados por el segundo ataque son Charlie Rowley y Dawn Sturgess, ambos en situación de paro, ambos drogadictos y ambos sin hogar, según asegura la prensa británica.

Sin embargo, Rowley vivía en una casa nueva en la calle Muggleton Road de Amesbury, un barrio residencial donde el precio de las viviendas más baratas es de 270.000 libras y el promedio supera las 430.000 libras.

Ambos afectados tienen cuentas activas en Facebook y uno de los “Me gusta” de Rowley procede de un agente hipotecario, lo que es extraño porque los bancos no suelen conceder préstamos hipotecarios a drogadictos desempleados.

La prensa no menciona el nombre el agente del MI6 Pablo Miller porque está protegido por la censura o, dicho en términos técnicos, por una notificación D, es decir, una orden gubernamental para que los medios de comunicación guarden silencio sobre un determinado asunto por razones de seguridad nacional.

Pero Miller es vecino de Rowley y Sturgess y Salisbury es una ciudad de 45.000 habitantes. Un pañuelo. Todo el mundo se conoce.

No les extrañe que, a partir de culebrón Skripal, en las tiendas de Moscú un empresario empezara a comercializar aceite marca “Novichok”, en cuya etiqueta va el logo del antiguo KGB.

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P.S. El 8 de julio falleció en el hospital Dawn Sturgess, de 44 años, afectada en la segunda ola de intoxicación.

Los 14 hilos del complot contra Nicaragua conducen hasta Estados Unidos

Francisco Arias Fernández
Cuando la noticia de Nicaragua en el mundo era el megaproyecto de un gran canal interoceánico, fundamental para la economía de ese país y de la navegación a nivel global, entre Miami y Washington los congresistas que viven de la guerra contra Cuba y Venezuela se empeñaron en crear todo tipo de obstáculos para revertir la prosperidad y la calma de la patria de Augusto César Sandino.

Congresistas de origen cubano en la Cámara de Representantes, primero, y luego en el Senado, introdujeron en el 2016 un proyecto de ley para impedir la entrada de préstamos financieros internacionales a Nicaragua, impedir las inversiones foráneas y frenar el importante desarrollo socioeconómico que experimentaba ese país. El castigo imperial nacido en lo peor de la gusanera anticubana, donde de acuerdo con distintas fuentes comenzó a tramarse desde el 2015, echó mano al manido pretexto de la supuesta falta de democracia; se justificó como “remedio” para “garantizar la transparencia electoral y combatir la corrupción”. El resultado de la sucia maniobra fue la “Ley de condicionamiento a la inversión nicaragüense del 2017” (Nicaraguan investment conditionality Act of 2017, Nica Act).

Ileana Ros, Albio Sires, Marco Rubio y Ted Cruz, entre otros, lo más retrógrado y cavernícola del Congreso, de Miami, Texas y New Jersey, apostaron nuevamente por reinventar la contra y echar abajo el gobierno sandinista que una y otra vez demostró contundentemente en las urnas contar con el respaldo de la inmensa mayoría del pueblo.

Como proyecto subversivo, sus hilos van más allá del Capitolio, por lo que legisladores y mafiosos tocaron en las puertas de la maquinaria golpista made in USA, trazando pautas para la campaña mediática, e hicieron sus encargos a las agencias y organizaciones especializadas en guerra sucia y golpes blandos, que trabajan a la par y en función de la comunidad de inteligencia en general y de la CIA, en particular.

En este caso concreto, medios de prensa internacionales han documentado la participación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid); la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el Instituto Nacional Demócrata (NDI), así como sus subcontratistas o filiales, que venían trabajando meticulosamente desde la propia elección de Daniel Ortega en reinventar el “nuevo liderazgo”, colándose o infiltrándose selectivamente en sectores clave de la economía, la juventud, los estudiantes, medianos y pequeños empresarios, grupos ambientalistas, feministas, entre otros, para socavar las bases de apoyo al sandinismo.

El 16 de abril del presente año, montado en el mismo guion de los congresistas anticubanos, el administrador de la Usaid, Mark Green, anunciara que su gobierno continuará apoyando la participación “libre, segura y genuina” de la sociedad civil nicaragüense, tras manifestar que “Estados Unidos sigue con preocupación el cierre de espacios democráticos en Nicaragua, las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y la propagación de la corrupción del gobierno”.

En marzo los congresistas, Ileana Ros-Lehtinen y Albio Sires enviaron una carta al administrador Green, en la que instan al gobierno estadounidense a revertir la decisión de “cero ayuda” a Nicaragua mediante la Usaid, propuesta para el periodo fiscal 2018-2019. Sin embargo, le exhortaron a “evitar apoyo a miembros del sector privado vinculados en corrupción, lavado de dinero y con el régimen de Daniel Ortega”.

A finales del 2008 medios de prensa señalaban que la Usaid había desembolsado ese año en Nicaragua por lo menos un millón de dólares a ONG, emisoras de radio y organismos políticos como el Centro de Investigaciones para la Comunicación (Cinco), para “incidir” en las elecciones municipales.

Se denunció en aquel momento que este financiamiento, encubierto como “pequeñas donaciones”, que supuestamente no debían exceder los 25.000 dólares, formaban parte del plan de gran escala que financiaba Estados Unidos y que ejecutaban desde esa fecha los agentes internos de la derecha nicaragüense para derrocar al Gobierno del presidente Daniel Ortega.

La estrategia mediática de entonces, montada para confrontar al gobierno sandinista desde los medios de comunicación, se ejecutaba a través de dos vías de financiamiento: una dirigida por la Usaid y el organismo Casal & Asociados (C&A) y otra, complementada por el llamado Fondo Común, de los europeos, los cuales se emplearon para desplegar campañas y movilizaciones para desestabilizar al Gobierno.

Ya en el 2008, medios de prensa nicaragüenses habían identificado al menos 14 proyectos subversivos de la Usaid que estaban en marcha en todo el país, con las más disímiles coberturas y títulos, los cuales se habían beneficiado del citado financiamiento.

Otra pieza significativa del andamiaje estadounidense es el Instituto Nacional Demócrata (NDI), un instrumento para el “cambio”, otro hilo de la CIA que se encarga del tan mencionado “empoderamiento” de los denominados “agentes para el cambio” (político y de sistema) de los países donde los gobiernos no son del agrado de Washington.

Un periodista sueco hacía referencia el pasado 4 de junio a la gira europea que realizaban por esos días tres estudiantes de Nicaragua para recabar apoyo al complot contra el gobierno sandinista y afirmaba que al menos una de las jóvenes representa a una organización financiada y creada por Estados Unidos.

Afirmaba que Jessica Cisneros, activa en temas de integración y participación juvenil en los procesos políticos, es miembro del Movimiento Cívico de Juventudes.

Otra de las “agentes” que andaban recopilando odio para el sandinismo y respaldo para el golpe, es Yerling Aguilera, de la Universidad Politécnica (Upoli) de Managua y especialista en investigaciones sobre la revolución y el movimiento feminista, quien –según afirma el periodista sueco– también ha sido empleada y consultora del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp) en Nicaragua, una instancia que trabaja para “el fortalecimiento de la capacidad de los actores políticos, estatales y sociales para un público mejor informado a través de servicios creativos e innovativos”. Ieepp ha recibido apoyo de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) por 224 162 dólares entre el 2014 y el 2017.

La NED entre el 2014 y el 2017 ha desembolsado en Nicaragua alrededor 4,2 millones de dólares.

La Usaid, el NDI y la NED tienen una extensa actividad en Nicaragua, con miles de activistas capacitados para “cambiar la sociedad”, cientos de ONG, universidades y partidos políticos que reciben dinero y material para el complot, que lo han concebido no a través de las organizaciones políticas tradicionales, sino de las solapadas o fantasmas, para dar la impresión de “estallidos espontáneos” de malestar o condena, y disfrazar los verdaderos intereses hegemónicos del norte.

Aunque incrementaron su labor tras la victoria electoral de Daniel Ortega en el 2006, del año 2015 en adelante (coincidiendo con los orígenes de la Nica Act) las agencias de Estados Unidos ampliaron su apoyo financiero y con recursos a sus “agentes para el cambio” en Nicaragua, sobre todo por medio de cursos de liderazgo y dinero para los jóvenes en las universidades, escuelas, ONG y partidos políticos.

Para acompañar política, diplomática y mediáticamente a los golpistas, Washington ha dado órdenes de demonizar a Daniel Ortega y su gobierno, empeño en el que participan no solo la Casa Blanca, sus agencias, aliados, satélites y mercenarios, sino los grandes monopolios de la información y fabricantes de mentiras globales, magnificando los acontecimientos internos en contra del gobierno y culpando a las autoridades de todo tipo de violación de los derechos humanos, omitiendo totalmente los crímenes y destrozos de los empoderados de la Usaid, el NDI, la NED y la CIA, que han hecho fracasar el diálogo y los llamados a la paz. Como en el caso de Venezuela, Donald Trump y sus asesores, halcones de mil invasiones, no creen en diálogos ni pactos, y siguen apostando a la guerra en todos los frentes.

Nicaragua ha vuelto al epicentro de la maquinaria guerrerista de Estados Unidos de la mano de los congresistas anticubanos, otros mafiosos y veteranos halcones. Washington trata de reeditar su estrategia a costa de más muertos y destrucción en las calles de Nicaragua.

http://www.granma.cu/mundo/2018-06-19/nicaragua-hilos-del-complot-19-06-2018-20-06-07

Anoche cayó Deraa en poder de las fuerzas leales al gobierno sirio

Ayer los yihadistas de Deraa que negocian con los rusos aceptaron un acuerdo que supone una rendición de hecho, ya que entregarán su armamento y saldrán de la región, ubicada en la frontera con Jordania, hacia el norte del país.

Las negociaciones se suspendieron el pasado miércoles por el desacuerdo sobre algunos de los puntos propuestos por los rusos.

Los yihadistas han acabado aceptando las condiciones rusas, como el despliegue de la policía militar de ese país en Deraa y la vuelta de las instituciones estatales a las zonas que hasta el momento estaban en sus manos, perdiendo así uno de sus últimos reductos.

Los yihadistas también han aceptado entregar sus armas pesadas, a cambio de que el ejército regular se retire de cuatro localidades del sureste de Deraa, donde las tropas han ganado terreno en los últimos días.

El ejército regular y sus aliados han tomado el control del cruce de Nasib, en la frontera con Jordania, que estaba en manos yihadistas desde abril de 2015.

El pacto incluye la salida de los yihadistas y sus familiares de Deraa a través de un corredor seguro, para trasladarse a zonas controladas por las fuerzas turcas -aliadas de algunas de las facciones- en el norte del país árabe.

Al igual que ya ocurrió en meses pasados en otras áreas de Siria, los yihadistas serán evacuados tras entregar sus armas, lo cual representa en la práctica una retirada de las facciones y la entrada de las fuerzas leales al presidente sirio, Bachar al Asad.

La rendición ha sido forzada por la campaña militar que el ejército regular emprendió el pasado 19 de junio. En las horas previas a la consecución del acuerdo, que estipula también un alto el fuego inmediato y total, el Ejército sirio ha lanzado cientos de ataques aéreos, de artillería y con misiles contra las posiciones yihadistas.

Mientras, en la vecina provincia de Al Quneitra, fronteriza con los Altos del Golán ocupados por Israel, han estallado choques entre las fuerzas gubernamentales y los yihadistas en torno a dos localidades controladas por las autoridades sirias, sobre las que los opositores han lanzado cohetes.

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