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Porton Down está mucho más cerca que Moscú del escenario del crimen con ‘novichok’

El nombre de Porton Down se ha hecho omnipresente en Reino Unido desde el descubrimiento de las intoxicaciones con “novitchok”, el agente nervioso utilizado a principios de marzo contra el agente doble Serguei Skripal y su hija, Julia. Dos ciudadanos británicos, Charlie Rowley  y su compañera Dawn Sturgess, también entraron en contacto con el veneno.
El primero de ellos falleció posteriormente a causa de un tóxico que en ruso significa “nada nuevo” y que se descubrió en la Unión Soviética en los años setenta. A principios de los noventa, a
través de los desertores soviéticos, los occidentales se apoderaron de su fórmula química.

El laboratorio militar de Porton Down confirmó que ambas parejas habían sido envenenadas por el mismo tóxico, pero no localizó su lugar de fabricación.

El periódico francés Le Figaro asegura que Londres “no ha proporcionado hasta ahora ninguna prueba de la implicación de Moscú”(1).

Porton Down está mucho más cerca que Moscú del escenario del crimen. Como recuerda el diario The Independent (2), es un centro de guerra química y biológica está situado a pocos kilómetros de Salisbury, el lugar del primer envenenamiento, y de Amesbury, el lugar del segundo, en el suroeste de Inglaterra. “No hay absolutamente ninguna evidencia de que la ubicación sea otra cosa que una coincidencia”, añade The Independent.
Pero no se trata de una coincidencia sino dos.

En el New York Times el antiguo director del Servicio Federal de Seguridad (FSB), Nikolai Kovalyov, sugiere que un “científico deshonesto” del laboratorio de Porton Down podría haber realizado experimentos con personas que vivían cerca (3).

Actualmente Porton Down emplea a más de 3.000 científicos, tiene un presupuesto anual de 500 millones de libras esterlinas (558 millones de euros) y cubre casi 1.100 hectáreas. Fue creado en 1916 para permitir inicialmente a los soldados británicos protegerse durante la Primera Guerra Mundial contra los ataques químicos del ejército alemán, que utilizaba gas mostaza, cloro y fosgeno, un gas tóxico.

En la década de los cincuenta los científicos de Porton Down desarrollaron gas CS, más conocido como gas lacrimógeno, y gas nervioso VX. A principios del año pasado este gas causó la muerte a Kim Jong-nam, el hermanastro del dirigente norcoreano, Kim Jong-un, sospechoso de haber ordenado el asesinato. Junto con el gas sarín, el gas VX está considerado como una de las armas químicas más terribles, aunque se estima que es de cinco a diez veces menos potente que el “novitchok”.

Dadas las convenciones internacionales que prohíben el uso de armas químicas, se supone que en Porton Down las investigaciones tienen un objetivo puramente defensivo. Según el Ministerio de Defensa británico, su único objetivo es mejorar el equipo de protección de las tropas o de la población. En los últimos años, el laboratorio ha participado en el programa de investigación del virus del Ébola y en la lucha contra la epidemia que asoló Sierra Leona a partir de 2013. También ha realizado investigaciones sobre el uso de armas químicas en la Guerra de Sirio, incluido el gas sarín.

El secreto que rodea su trabajo ya ha alimentado muchos rumores y acusaciones contra experimentos con seres humanos y animales en el pasado. “El pasado de Porton Down no se puede ocultar”, tituló The Guardian en 2014, describiendo el laboratorio como “una de las instituciones científicas más infames de Gran Bretaña”(4).

En 1999 la policía abrió una investigación sobre experimentos que habían puesto en peligro la vida de algunos soldados sin su conocimiento. “De 1945 a 1989 Porton Down expuso a más de 3.400 conejillos de indias humanos a agentes nerviosos. Parece probable que, durante un período de tiempo tan largo, Porton haya expuesto a estos gases a más sujetos humanos que cualquier otra institución científica del mundo”, comentó el diario británico.

La investigación no tuvo éxito, pero en 2008 el Ministerio de Defensa concedió una indemnización de 3 millones de libras esterlinas a 360 antiguos miembros de las fuerzas armadas que afirmaban haber utilizado contra su voluntad como cobayas en pruebas químicas durante la Guerra Fría.

El Ministerio británico de Defensa reconoció la muerte en 1953 de un soldado de la fuerza aérea, Ronald Maddison, tras participar en un experimento con gas sarín.

El siniestro pasado de Porton Down fomenta las sospechas de que los envenenamientos con “novitchok” están muy lejos de Moscú.

(1) http://www.lefigaro.fr/international/2018/07/06/01003-20180706ARTFIG00258-affaire-du-novitchok-porton-down-le-centre-de-recherche-militaire-au-centre-de-rumeurs.php
(2) https://www.independent.co.uk/news/science/porton-down-what-is-explained-experiments-salisbury-wiltshire-novichok-latest-a8431951.html
(3) https://www.nytimes.com/2018/07/05/world/europe/uk-novichok-salisbury-amesbury.html
(4) https://www.theguardian.com/science/2004/may/06/science.research

Golpe de Estado contra Maduro: enviados de Estados Unidos se han reunido con militares venezolanos en secreto

Eviados del gobierno de  Trump se han reunido en secreto con militares venezolanos para dar un Golpe de Estado y derrocar al Presidente Maduro por la fuerza, asegura el New York Times (*).

Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda América Latina. Muchas personas de la región aún sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en países como Cuba, Nicaragua, Brasil y Chile, así como por haber guardado silencio ante los abusos que los regímenes militares cometieron durante la Guerra Fría.

En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca señaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diálogo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un país que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”.

Sin embargo, un comandante militar de ese país que estuvo involucrado en las conversaciones difícilmente puede ser considerado como un emisario democrático: está en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense.

Él y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran número de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del régimen, encarcelar a cientos de prisioneros políticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista.

Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarían a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podría resultar políticamente contraproducente.

Desde hace mucho tiempo, Maduro afirma que los imperialistas de Washington están intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrían proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra.

“Esto caerá como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomática en asuntos de América Latina durante los últimos meses del gobierno de Barack Obama.

Además del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques, entre ellos una descarga de artillería desde un helicóptero el año pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto.

Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, señalaron los funcionarios.

Después, en agosto del año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez más.

“Ahora era el presidente quien lo decía”, señaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenía de ese mensajero”.

Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoño pasado y continuaron este año— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifradas, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición dirigido por el Ejército con el fin de gestionar el país hasta que pudieran convocar elecciones.

Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores.

El recuento de las reuniones clandestinas y los debates políticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, además del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habían conspirado contra el gobierno de Maduro.

Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios.

No obstante, el año pasado, los estadounidenses decidieron que valía la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama más claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro. “Después de muchas discusiones, acordamos que debíamos escuchar lo que querían decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas.

Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de América Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que sería más prudente enviar a un diplomático de carrera.

Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron autorización para negociar ningún asunto importante durante estos encuentros, de acuerdo con un funcionario de alto nivel del gobierno.

Después de la primera reunión, que tuvo lugar a finales de 2017, el diplomático informó que los venezolanos no parecían tener un plan detallado y se habían presentado con la esperanza de que los estadounidenses llegaran con ideas o directrices de apoyo.

El excomandante venezolano señaló que los rebeldes jamás pidieron una intervención militar por parte de Estados Unidos. “Jamás acordé ni se propuso un operativo conjunto”, precisó el excomandante.

Agregó que él y sus colegas consideraron llevar a cabo su plan el verano pasado, cuando el gobierno suspendió los poderes de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, e instaló la Asamblea Nacional Constituyente que es leal a Maduro. No obstante, dijo que abortaron el plan por temor a que sucediera una masacre.

Después planearon hacerse con el poder en marzo, relató el exmilitar, pero el plan se filtró. Finalmente, los disidentes decidieron que ejecutarían la operación durante las elecciones del 20 de mayo, fecha en que Maduro fue reelecto. Pero una vez más, se corrió el rumor de que los conspiradores se estaban preparando y tuvieron que detener sus planes, aunque no hay pruebas de que el Presidente supiera que los golpistas habían contactado a los estadounidenses.

Para que cualquiera de los complots funcionara, explicó el excomandante, él y sus colegas creían que era necesario detener a Maduro y a otros personajes principales del gobierno al mismo tiempo. Para lograrlo, los funcionarios golpistas necesitaban un medio para comunicarse en forma segura. Hicieron su petición durante la segunda reunión con el diplomático estadounidense, que sucedió el año pasado.

A su vez, el enviado comunicó la petición a Washington, donde fue rechazada por los altos funcionarios. “Quedamos frustrados”, comentó el excomandante venezolano. “No hubo seguimiento. Me dejaron esperando”.

Después el diplomático estadounidense se reunió con los conspiradores por tercera ocasión, a principios de este año, pero no lograron obtener una promesa de ayuda material ni una señal clara de que Washington apoyaba los planes de los rebeldes, según el excomandante venezolano y varios agentes estadounidenses.

Aun así, los venezolanos consideraron las reuniones como una aprobación tácita de sus planes, argumentó Peter Kornbluh, historiador del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington.

“Estados Unidos siempre ha mostrado interés en conocer información de inteligencia sobre posibles cambios de liderazgo en los gobiernos”, dijo Kornbluh. “Pero tan solo el hecho de que un diplomático estadounidense se presentara a una reunión como esa probablemente se percibiría como un espaldarazo”.

Agentes estadounidenses han citado abiertamente la posibilidad de que las fuerzas armadas de Venezuela puedan tomar medidas.

El 1 de febrero, Rex Tillerson, que en ese entonces era secretario de Estado, dijo que Estados Unidos no había “promovido un cambio de régimen ni la destitución del presidente Maduro”. Sin embargo, en respuesta a una pregunta, Tillerson indicó la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado militar.

“Cuando las cosas estén tan mal que el mando militar se dé cuenta de que ya no puede servir a los ciudadanos, encontrará la forma de realizar una transición pacífica”, comentó.

Días después, Marco Rubio, el senador de Florida que ha buscado influir en el enfoque del gobierno de Trump sobre Latinoamérica, publicó una serie de tuits que animaron a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su presidente.

Durante su época como director de políticas de la Casa Blanca para América Latina, Cruz les envió un mensaje a los venezolanos durante un discurso en abril. Se refirió a Maduro como “demente”, Cruz dijo que todos los venezolanos debían “instar a las fuerzas armadas a respetar el juramento que hicieron de desempeñar sus funciones”, dijo. “Cumplan con su promesa”.
En años recientes los funcionarios estadounidenses debatieron los pros y los contras de establecer diálogos con facciones golpistas de las fuerzas armadas.

“Eran diferencias de opinión”, dijo Aponte, la exdiplomática principal en materia de Latinoamérica del gobierno de Obama. “Había gente que le tenía mucha fe a la idea de que podían aportar estabilidad, ayudar a distribuir alimentos y trabajar en cuestiones prácticas”.

No obstante, otros —entre ellos Aponte— vieron los riesgos de establecer vínculos con líderes de las fuerzas armadas que, según el análisis de Washington, se habían convertido en un pilar del tráfico de cocaína y los abusos a los derechos humanos.

Roberta Jacobson, una exembajadora en México que antecedió a Aponte en el puesto de funcionaria principal del Departamento de Estado para políticas de Latinoamérica, dijo que, aunque desde hace mucho Washington considera que las fuerzas armadas venezolanas sufren de “corrupción generalizada, están muy involucradas en el narcotráfico y son despreciables”, ella pensaba que valía la pena establecer un canal diplomático extraoficial con algunos de sus miembros”.

“Dada la descomposición extendida de las instituciones venezolanas, se tenía la idea de que, aunque no necesariamente eran la respuesta, cualquier tipo de resolución democrática habría tenido que incluir a las fuerzas armadas”, dijo Jacobson, quien renunció al Departamento de Estado a principios de este año. “La idea de escuchar a los líderes de esos lugares, sin importar qué tan indeseables resulten, es esencial para la diplomacia”.

Sostener discusiones con los golpistas podría hacer sonar alarmas en una región con una lista de intervenciones infames: la invasión fallida de la CIA en Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro en 1961; el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Chile en 1973, que llevó a la larga dictadura militar de Augusto Pinochet, o el apoyo encubierto del gobierno de Reagan a los rebeldes de derecha conocidos como los Contras en Nicaragua durante la década de 1980.

En Venezuela, un golpe de Estado en 2002 destituyó brevemente a Hugo Chávez, el predecesor de Maduro. El gobierno de Bush abrió un canal de comunicación con el jefe golpista pero Chávez fue restituido como presidente.

En el complot más reciente, el año pasado había de 300 a 400 miembros de las fuerzas armadas vinculados con el plan, pero esa cantidad se redujo a casi la mitad después de las enérgicas medidas emprendidas por el gobierno de Maduro este año.

El excomandante venezolano lamentó que Estados Unidos no proveyera los radios a los rebeldes, pues cree que eso pudo haber cambiado la historia del país. “Estoy decepcionado”, dijo el exgeneral. “Pero soy el menos afectado. Yo no soy prisionero”.

(*) https://www.nytimes.com/es/2018/09/08/trump-golpe-de-estado-maduro/

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (y 4)

Los terroristas que apoyaba Reino Unido tenían una relación muy estrecha con el Frente Al-Nosra. En 2013 Paul Wood, de la BBC, informó que “el Ejército Libre de Siria [estaba] tan cerca del Frente Al-Nosra que casi se había fusionado”. El “Ejército Libre de Siria” colaboró regularmente con el Frente Al-Nosra durante toda la guerra.

En 2015 se desestimó una demanda presentada ante el Tribunal Penal Old Bailey contra Bherlin Gildo, un ciudadano sueco acusado de asistir a un campo de entrenamiento terrorista para luchar en Siria, cuando se descubrió que los servicios de inteligencia británicos apoyaban a los mismos grupos de oposición que él. Los medios de comunicación británicos informaron de que Gildo estaba luchando en las filas del Frente Al-Nosra o en un grupo yihadista afiliado, Kataib Al-Mujahidin.

Sin embargo, no se sabía si realmente Gran Bretaña apoyaba a este grupo en particular. Probablemente la desestimación de la demanda estuvo relacionada más bien con el hecho de que Gran Bretaña apoyó al “Ejército Libre de Siria” y que estas fuerzas eran en gran medida indistinguibles de los grupos yihadistas a los que se unieron individuos como Gildo.

Aunque es poco probable que Gran Bretaña haya armado directamente o formado grupos yihadistas en Siria, su guerra secreta ha aumentado la certeza de que estos grupos se beneficiaron de sus políticas. “Occidente no está entregando armas a Al-Qaeda, y mucho menos al Califato Islámico, pero el sistema que ha construido está conduciendo precisamente a ese resultado”, señaló Alastair Crooke, director del MI6. Las armas proporcionadas al “Ejército Libre de Siria” fueron un supermercado que abastecía a los grupos más extremistas para imponer la yihad.

El esfuerzo por controlar a esos grupos antes de enviar ayuda occidental sonó como un reconocimiento del papel dominante que dentro de la oposición desempeñaban los grupos yihadistas. En gran medida esa política careció de sentido. La operación secreta británica formaba parte de un programa masivo en el que Arabia saudí gastó “varios miles de millones de dólares” y Qatar 3.000 millones de dólares para financiar principalmente a grupos yihadistas.

El año pasado el gobierno británico reveló que desde 2015 había gastado 199 millones de libras esterlinas (unos 229 millones de euros) para apoyar a la oposición “moderada” frente a Assad y al Califato Islámico.

El apoyo incluía “equipos de comunicación, médicos y logísticos”, así como la formación de periodistas en el desarrollo de “medios de comunicación sirios independientes”. Sin embargo, los detalles de las últimas operaciones secretas británicas siguen siendo poco claros y se ha proporcionado poca información para revelar el papel desempeñado por Reino Unido.

En la actualidad, el gobierno sigue dando respuestas engañosas a las preguntas parlamentarias. La semana pasada no respondió a una pregunta del diputado laborista Lloyd Russell-Moyle, que preguntó qué grupos armados había formado Reino Unido desde 2012. En cambio, dio a entender que desde 2016 sólo había formado grupos que luchaban contra el Califato Islámico.

En respuesta a otra pregunta parlamentaria del mes pasado sobre el número de soldados que actualmente tiene Gran Bretaña en Siria, el gobierno también despertó sospechas al no responder con precisión, dando fe únicamente de la presencia de 600 soldados desplegados por todo Oriente Medio, una vez más con el único propósito de luchar contra el Califato Islámico.

Paralelamente, el gobierno británico sigue argumentando que “los principales grupos armados de oposición sobre el terreno” en Siria “no son terroristas” y, en cambio, apoyan una solución política negociada de lo que califican como “una crisis”.

La política británica, al igual que la de los aliados de Gran Bretaña, ha contribuido a que los sirios sigan sufriendo y no se ha visto motivada en modo alguno por su angustia. También ha contribuido a la amenaza terrorista a nivel nacional.

Cientos de británicos, incluidos los yihadistas que trabajan con los grupos más violentos, han recibido formación en Siria y les han alentado a regresar a Reino Unido para llevar a cabo los ataques. La política activa y beligerante de Gran Bretaña contra Siria es un desastre para la población de ambos países.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (3)

En el otoño de 2013 Gran Bretaña reorientó su campaña de apoyo a los terroristas sirios. Según el periódico The Guardian, el gobierno británico proporcionó 2,4 millones de libras esterlinas (unos 2,75 millones de euros) a empresas privadas de mercenarios para prestar apoyo estratégico a los medios de comunicación de los grupos que combatían en Siria.

Jaysh Al-Islam (Ejército del Islam), una coalición formada por unas 50 facciones yihadistas financiada por Arabia Saudí, fue uno de los grupos clasificados por Gran Bretaña como parte de la “oposición armada moderada”.

A finales de 2013 el espionaje británico y estadounidense se reunió en secreto en Ankara con los dirigentes de algunos grupos yihadistas para forjar una nueva alianza entre ellos. El diario Telegraph señaló que durante las discusiones, los terroristas exigieron la creación de un Estado confesional gobernado por la shariá, mientras las fuerzas laicas iban perdiendo terreno.

Aunque no sabemos con qué grupos yihadistas se reunieron los espías británicos, parece que en aquel período surgió una nueva coalición, el Frente Islámico, que incluía a Jaysh Al-Islam y Ahrar Al-Sham, que cooperaron regularmente con el Frente Al-Nosra y el Califato Islámico hasta enero de 2014. El cofundador de Ahrar Al-Sham, Abu Jaled Al-Suri, fue representante de Al-Qaeda en Siria antes de ser asesinado en febrero de 2014; una serie de transferencias de dinero y contactos personales le relacionan con los atentados de Atocha de 2004.

Durante los primeros años de la guerra las operaciones secretas británicas y estadounidenses estaban centradas en derrocar a Assad. Estados Unidos comenzó sus ataques aéreos contra el Califato Islámico en Siria en septiembre de 2014. No he encontrado ninguna prueba del entrenamiento británico de la oposición siria para combatir al Califato Islámico hasta mayo de 2015, cuando Londres envió 85 soldados a Turquía y Jordania para entrenar a los terroristas en la lucha contra Assad.

En julio de 2015 Gran Bretaña estaba entrenando sirios en Arabia Saudí, Turquía, Jordania y Qatar para luchar contra el Califato Islámico, pero la guerra contra Assad continuaba.

Durante varios años las operaciones desplegadas por los británicos con sus aliados en Siria incluyeron la creación y el apoyo a grupos yihadistas. En 2016 el antiguo embajador británico en Siria, Peter Ford, dijo a una comisión parlamentaria de investigación que la existencia de grupos “moderados” en la oposición armada era “en gran medida imaginaria”.

Aunque el “Ejército Libre de Siria” tenía algunas unidades laicas, fue un aliado de hecho del Califato Islámico hasta finales de 2013 y colaboró con dicha organización en el campo de batalla hasta 2014, a pesar de las tensiones entre ambos grupos. “Tenemos buenas relaciones con nuestros hermanos en el Ejército Libre de Siria”, dijo Abu Al-Atheer, dirigente del Califato Islámico en 2013 tras comprarles sus armas.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Abu Jaled Al-Suri, representante de
Al-Qaeda en Siria y fundador de Ahrar Al-Sham, relacionado con los atentados de Atocha de 2004

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (2)

La formación de terroristas por parte de Reino Unido en bases en Jordania para luchar contra Assad fue autorizada entonces por informes de que las fuerzas especiales que operaban desde esas bases “probablemente” habrían sido enviadas a Siria para ejecutar misiones militares. En agosto de 2012 la base militar y de inteligencia británica en Chipre también proporcionó inteligencia al “Ejército Libre de Siria” a través de Turquía, mientras que Reino Unido proporcionó teléfonos satelitales a los grupos terroristas para coordinar las operaciones militares.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores enseñó técnicas de negociación y estabilización a los dirigentes yihadistas y les asesoró sobre cómo debían dirigirse al pueblo sirio y al público internacional.

Estados Unidos era plenamente consciente de que la mayoría de las armas proporcionadas por sus aliados saudíes y qataríes estaban llegando a yihadistas terroristas y no a los grupos más laicos de la oposición. Sin embargo, la participación de Estados Unidos y Gran Bretaña en la guerra se intensificó aún más en noviembre de 2012, cuando en una conferencia en Qatar de los “amigos” de Siria, un grupo de países opuestos a Assad, Gran Bretaña anunció que estaba tratando de organizar a los terroristas sirios en una fuerza de combate efectiva.

El secretario de Asuntos Exteriores, William Hague, estudió la posibilidad de establecer un gobierno interino en el norte de Siria y reunir a las fuerzas de la oposición siria sobre el terreno para derrocar a Assad.

Dos días después, el general David Richards, jefe del Estado Mayor del ejército británico, convocó una reunión en Londres para intensificar el armamento de la oposición. Poco después Estados Unidos coordinó un transporte aéreo de 3.000 toneladas de armas para el “Ejército Libre de Siria” desde Croacia, con la ayuda de Gran Bretaña y otros Estados europeos, una iniciativa pagada por Arabia saudí.

Lord Ashdown, el dirigente de los Liberales Demócratas, afirmó más tarde que esta enorme cantidad de armas terminó “casi exclusivamente” en manos de los grupos terroristas más radicales. El Frente Al-Nosra y otro grupo yihadista islamista, Ahrar Al-Sham, incautaron algunas de las armas suministradas al “Ejército Libre de Siria”, mientras que otras fueron recuperadas por miembros del Califato Islámico en el vecino Irak.

Gran Bretaña estuvo estrechamente asociada al programa “Timber Sycamore” de Obama, iniciado en abril de 2013, que se convirtió en la principal operación estadounidense para suministrar armas y entrenamiento a los terroristas sirios. Las salas de mando de Turquía y Jordania, gestionadas por funcionarios de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Turquía, Francia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, suministraron misiles y cohetes antitanque a diversos grupos de la oposición.

Una vez más, muchas de las armas cayeron en manos del Califato Islámico y Al-Qaeda, a veces después de haber sido comercializadas en el mercado negro. Estados Unidos gastó más de mil millones de dólares en la Operación “Timber Sycamore”, que Trump clausuró en 2017, cuando quedó en evidencia que todo el esfuerzo había sido inútil.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (1)

Durante más de seis años Reino Unido ha ejecutado operaciones secretas con sus aliados para derrocar al Presidente Bashar al-Assad, y esa política contribuyó a prolongar y radicalizar una terrible guerra. Pueden pasar varios años antes de que se conozca toda la historia de esta operación secreta, pero algunos elementos ya se pueden reconstruir.

El Reino Unido y sus aliados vieron la oportunidad que durante mucho tiempo habían buscado para eliminar un régimen nacionalista independiente en la región y fortalecer su control general sobre el Oriente Medio.

En la primavera de 2011 Qatar comenzó a enviar armas a grupos de oposición en Siria con la aprobación de Estados Unidos. En pocas semanas, el gobierno de Obama recibió informes de que estas armas estaban llegando a los grupos terroristas. En noviembre el agente de la CIA Philip Giraldi escribió que a Turquía llegaban “aviones de combate no identificados de la OTAN”, que transportaban armas y que 600 cazas despegaron de Libia para apoyar al “Ejército Libre de Siria”.

El MI6 británico y las fuerzas especiales francesas ayudaron a los terroristas sirios y evaluaron sus necesidades de entrenamiento, armamento y comunicación, mientras que la CIA proporcionó equipo de comunicación e inteligencia. 

El gobierno de David Cameron inició la operación secreta en Siria después de que acabara de derrocar a Muammar Gaddafi en Libia, donde también trabajó junto a los yihadistas. Algunos de los terroristas libios que se unieron a los yihadistas sirios fueron entrenados por fuerzas británicas, francesas o estadounidenses en Libia para luchar contra Gaddafi. Algunos de ellos se unieron más tarde al Califato Islámico o a la filial de Al-Qaeda en Siria, el Frente Al-Nosra, que se convirtió en el grupo terrorista sirio más poderoso.

Gran Bretaña participó en una red de transporte de armas entregadas a Siria desde Libia a través del sur de Turquía, que fue autorizada a principios de 2012 tras un acuerdo secreto entre Estados Unidos y Turquía. Revelado por el periodista Seymour Hersh, el proyecto fue financiado por Turquía, Arabia saudí y Qatar, mientras que la CIA, con el apoyo del MI6, era responsable del transporte de armas desde los arsenales de Gaddafi hasta Siria.

La operación no fue revelada a las comisiones de inteligencia del Congreso de Estados Unidos, lo cual es necesario por la ley de Estados Unidos, y la participación del MI6 permitió a la CIA eludir la ley al clasificar la misión como una operación de enlace.

Hersh señaló que un gran número de terroristas en Siria que finalmente recibieron las armas eran yihadistas, algunos de los cuales estaban afiliados a Al-Qaeda. Qatar, principal aliado de Reino Unido en el derrocamiento de Gaddafi y que recuperaba su papel en Siria, ha estado suministrando armas y dinero al Frente Al-Nosra. El diario Telegraph informó de los comentarios de un diplomático de Oriente Medio de que Qatar era responsable del hecho de que el Frente Al-Nosra tuviera dinero, armas y todo lo que necesitaba parea la guerra.

En 2012 el ejército británico desarrolló planes para formar un ejército de 100.000 terroristas sirios “moderados” con el objetivo de derrocar a Assad, que iba a avanzar sobre Damasco bajo la cobertura aérea occidental y de los países del Golfo. Cameron fue informado de que esta iniciativa de extracción, equipamiento y formación tardaría un año en desarrollarse, pero el Consejo de Seguridad Nacional Británico rechazó la idea por considerarla demasiado arriesgada.

El plan estadounidense de formar una gran fuerza terrorista siria, que apareció en 2013, ha sido descrito como un eco de aquel plan británico.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

La primera batalla de la guerra contra Irán se libra en Irak

El Primer Ministro irakí Haidar Al-Abadi
Desde que en 2003 Estados Unidos invadió Irak los primeros ministros (Iyad Allawi, Ibrahim Al-Jaafari, Nuri Al-Maliki, Haidar Al-Abadi) los han elegido los invasores.

Pero con Trump en la Casa Blanca y las elecciones legislativas de abril, las cosas se han complicado. Tienen que impedir la elección de un candidato amable con Irán y su enviado especial en Oriente Medio, Brett McGurk, despliega una intensa actividad para que los diputados voten por Al-Abadi para que reanude su mandato.

Al-Abadi es un agente del MI-6. Vivió 30 años en Gran Bretaña, tiene nacionalidad británica y no regresó a Irak hasta la invasión de 2003. Es miembro del partido Al-Dawa desde hace 15 años y quien le puso en el cargo que ahora ocupa es McGurk, el auténtico virrey de Bagdad.

En Irak le comparan con Nuri Said, Primer Ministro irakí en la década de los cincuenta, nombrado por el espionaje británico para gobernar bajo los reyes Faysal I y Faysal II para apuntalar la OTAN de Oriente Medio, el Pacto de Bagdad, más tarde rebautizado CENTO.

Eran los tiempos de la Guerra Fría y Said fue ejecutado por los nacionalistas cuando el general Abdul Karim Kassem derrocó la monarquía en 1958. Al-Abadi y sus patronos de Washington saben que los acontecimientos se pueden reproducir en cualquier momento y por eso no sacan a las tropas de Irak.

Irak está al borde de la guerra civil y el motivo inmediato es la presencia de las tropas estadounidenses; el mediato es que Irak tiene una larga frontera con Irán.

El Pentágono tiene entre 5.000 y 7.000 soldados repartidos en 9 bases situadas en el oeste del país que la aviación irakí no puede sobrevolar. Pero a los imperialistas no les basta y pretenden levantar hasta 12 bases.

En la Conferencia de Seguridad de Munich de febrero de este año, Al-Abadi acogió con satisfacción la presencia estadounidense en Irak y más recientemente Ihsan Al-Shamri, uno de sus asesores, dijo que el gobierno quería camuflar la ocupación militar. Había que “cambiar las misiones de los asesores militares estadounidenses de la guerra a la etapa de paz”, lo que supone que las tropas estadounidenses permanecerían en Irak indefinidamente.

El gobierno de Al-Abadi ha ignorado un acuerdo del Parlamento irakí de establecer un calendario para la retirada de las fuerzas extranjeras.

Como buen lacayo, el 7 de agosto dijo que Irak cumplirá con las sanciones contra Irán, lo cual no sólo le enfrenta a Irán sino a los propios irakíes que padecieron en sus propias carnes los estragos del criminal embargo impuesto por los imperialistas durante 12 años.

Quizá el mundo ya no se acuerde de aquello, pero difícilmente los irakíes lo olvidarán jamás y se sienten hermanados con Irán, hasta tal punto que el 14 de agosto dio un paso atrás al decir que le habían malinterpretado, que no cumpliría con las sanciones, sino sólo con la prohibición de comerciar en dólares con Irán.

La torpe política de Al-Abadi le está haciendo perder aliados, lo cual es muy peligroso para su reelección. Unos 15 diputados electos de su Alianza para la Victoria (Al Nasr), han cambiado de bando y han pasado al bloque Amiri-Maliki, partidarios de una relaación más estrecha con Irán.

La fuerza de choque más importante que tiene Irán en Irak son las milicias Hashd Al-Shaabi, que forman parte del ejército regular por medio de Faleh Al-Fayyad, asesor de seguridad de Al-Abadi desde 2011.

Algunos querían relevar a Al-Abadi por Al-Fayyad pero los imperialistas (e Israel) tienen otros planes. Quieren desarmar a Hashd Al-Shaabi, forzaron la dimisión Al-Fayyad y miles de irakíes salieron a la calle para protestar.

Pero quien se tambalea no es sólo Al-Abadi, sino toda su coalición, de la que forma parte Moqtada Sadr, que hasta ahora ha podido alardear de “nacionalismo” sólo por su oposición a Irán, lo que le ha llevado a arrojarse en brazo de los saudíes que, como siempre, es en Oriente Medio la tercera pata de la mesa, con Estados Unidos e Israel.

Las lenguas viperinas aseguran que Sadr cobra 8 millones de dólares al mes de los países del Golfo.

El exterminio de los indios norteamericanos aún no ha acabado

Las indias se manifiestan en una reserva
En las reservas indias de Estados Unidos y las ciudades circundantes las mujeres amerindias son asesinadas y agredidas sexualmente en mucho mayor número que otras mujeres. Sus atacantes son a menudo blancos u otros hombres que no pertenecen a las naciones nativas americanas, y sobre quienes la policía tribal no tiene control.

En algunos condados americanos donde hay tierras amerindias, la tasa de asesinatos de mujeres indígenas es hasta 10 veces más alta que el promedio nacional, según un estudio realizado para el Departamento de Justicia de Estados Unidos por sociólogos de la Universidad de Delaware y la Universidad de Carolina del Norte, en Wilmington.

Y ciertamente no todas las víctimas están en la lista. En 2016 se denunciaron 5.712 casos de mujeres amerindias desaparecidas al Centro Nacional de Información sobre la Delincuencia.

“Las cifras son probablemente mucho más altas porque muchos casos no se denuncian y los datos no se recopilan sistemáticamente”, dijo Heidi Heitkamp, senadora demócrata de Dakota del Norte, que presentó un proyecto de ley para mejorar el seguimiento policial de las mujeres amerindias desaparecidas y asesinadas.

“El miedo [al asesinato y a la agresión sexual] está muy extendido entre las mujeres indígenas estadounidenses”, dice Lisa Brunner, codirectora del Colectivo de Derechos Humanos de la Mujer Indígena Americana, profesora y coordinadora cultural del White Earth Tribal and Community College de Mahnomen, Minnesota.

“Las mujeres amerindias somos víctimas de mucha más violencia que otras mujeres del país por la sencilla razón de que somos amerindias y encarnamos nuestras naciones tribales”, dijo la Sra. Brunner.

Más de la mitad de las mujeres indígenas norteamericanas han sido agredidas sexualmente a lo largo de su vida y, de éstas, más de un tercio han sido violadas, una tasa de violación casi 2,5 veces mayor que la de las mujeres blancas, según un estudio realizado por el Instituto Nacional de Justicia en 2016.

Las mujeres nativas americanas son más propensas a ser atacadas sexualmente por hombres que no son nativos americanos que las mujeres de cualquier otro grupo racial. Un estudio realizado por la Universidad de Delaware y la Universidad de Carolina del Norte reveló que más de dos tercios de las agresiones sexuales contra mujeres amerindias son cometidas por blancos y otros no amerindios.

Pero los hombres que atacan a mujeres amerindias en las reservas no pueden ser detenidos o procesados por las autoridades tribales cuando no son amerindios, según una sentencia del Tribunal Supremo de 1978.

“Cuando los ‘blancos’ cometen asesinatos o violaciones contra los indígenas americanos, el crimen cae dentro de la jurisdicción del gobierno federal y no del gobierno de la tribu o del estado”, dijo Cheryl Bennett, profesora de la Universidad Estatal de Arizona que estudia los crímenes de odio contra los pueblos aborígenes.

Además, los fiscales federales han cerrado más de dos tercios de los casos de abuso sexual que la policía tribal ha remitido al FBI y a las fiscalías de Estados Unidos, según un informe de 2010 de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno.

No es un caso de impunidad sino de complicidad del Estado con el exterminio.

https://greedmedia.com/cases-of-missing-and-murdered-native-american-women-challenge-police-courts/

Estados Unidos se prepara para responder militarmente a un levantamiento contra sus tropas en Irak

En Estados Unidos se preocupan por la interferencia rusa en sus elecciones, pero no les importa nada la que ellos llevan a cabo en las irakíes. En un Irak militamente ocupado por las tropas del Pentágono, quien domina es el ocupante y sus continuas injerencias están fomentando un movimiento de resistencia en su contra.

Un bloque de partidos irakíes ha amenazado a los estadounidenses y británicos si continúan interfiriendo en los asuntos internos. No se puede descartar la posibilidad de que este año estalle una revolución en Basora contra Estados Unidos y sus aliados en el gobierno, que recuerde la gran revolución de 1920 contra los británicos que comenzó en Bagdad.

En 2003, cuando las fuerzas estadounidenses anunciaron su intención de ocupar Irak, muchos en el país creyeron que la ocupación militar estadounidense pondría fin a la era de Saddam Hussein y que se avecinaba un futuro diferente. Inicialmente, la mayoría de los irakíes apoyaron el control de Irak por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña. Pero con el tiempo, se desarrolló una resistencia nacional contra la ocupación extranjera, avergonzando a la quinta columna que apoyaba a los ocupantes.

Sin embargo, esta resistencia se volvió contra la población y se convirtió en una guerra sectaria dirigida por el sangriento Abu Musab al-Zarqawi, que mató a muchos chiítas, pero también a sunitas, kurdos laicos y otras minorías. Quería una guerra entre sunitas y chiítas a pesar de la advertencia de su emir, Osama bin Laden, transmitida por su comandante adjunto, Ayman al-Zawahiri. Zarqawi ignoró la advertencia de su emir y logró provocar una sangrienta reacción chiíta contra los sunitas, creando una fractura sectaria en Irak en pocos años, que Saddam Hussein no había logrado en 23 años de gobierno.

Unos años más tarde, los chiítas crearon su propio movimiento de resistencia contra las fuerzas de ocupación apoyadas y financiadas por Irán. Han llevado a cabo numerosos ataques contra las fuerzas de ocupación (el más llamativo fue el ataque diurno contra Asaib Ahl Al-Haq en Karbala, que ejecutó a un marine estadounidense y tomó como rehenes a cuatro soldados y oficiales del municipio en el que se encontraban, que posteriormente también fueron ejecutados).

Pero este movimiento se desvaneció tras la retirada de las fuerzas estadounidenses y británicas del país en 2011. Con el ascenso del Califato Islámico y su ocupación de Mosul y un tercio de Irak en 2014, la resistencia chiíta apoyó a las Fuerzas de Movilización Popular (Hachd al-Chaabi), en respuesta al llamamiento del ayatolah Sayyed Ali Sistani. Junto con el reorganizado ejército irakí y la policía federal, lograron derrotar al Califato Islámico, pero sin haber puesto fin a su insurgencia en forma de guerra de guerrillas que estaba teniendo lugar antes de 2014.

Muchos de estos combatientes se unieron a las fuerzas regulares oficiales, pero muchos otros regresaron a sus partidos políticos y mantuvieron su independencia. Estos combatientes tienen ahora una nueva razón para tomar las armas y librar una nueva guerra contra las fuerzas del Pentágono.

De hecho, Asaib Ahl Al-Haq, la Organización de la BADR, Kataeb Hizballah Irak, Harakat Al-Yihad wal Bina, Kataeb Sayyed Al-Shuhada, Harakat Al-Nujabaa, Yund Al-Imam y otros grupos han advertido a Estados Unidos y al Reino Unido que “dejen de interferirse en los asuntos locales”.

“Se revela otra sucia conspiración, que muestra a los políticos estadounidenses, británicos e irakíes intentando abiertamente establecer un gobierno débil. Esta conspiración está dirigida por Brett McGurk [enviado de Estados Unidos a Irak] y Thamer Al-Sabhan [antiguo embajador saudí en Irak, ahora ministro]. Tenemos el poder de intervenir en el momento oportuno para frustrar esta conspiración, porque hoy somos más fuertes que nunca. Nuestra meta es proteger los intereses de nuestro pueblo y mantener el proceso electoral democrático libre de interferencias”, dijeron en su declaración.

Estos grupos exigen que el partido Dawa ponga fin al “comportamiento irresponsable” de algunos de sus dirigtentes (Haidar Abadi) y que Sayyed Moqtada Al-Sadr “se oponga a esta repulsiva conspiración y a la presencia ilegal de fuerzas extranjeras en Irak”.

Si Estados Unidos cree que puede imponer a sus peones, debe prestar atención a las primeras señales de la resistencia, que está dispuesta a atacar no sólo a sus fuerzas, sino también a la quinta columna irakí.

Estados Unidos se prepara para responder a un nuevo levantamiento contra sus fuerzas en Irak, lo que explica las recientes declaraciones del coronel Sean Ryan, portavoz de las tropas estadounidenses en Irak, afirmando que seguirán ocupando el país “el tiempo que sea necesario”, es decir, hasta que logren imponer a sus peones locales.

Los nazis no llegaron al poder en Alemania por las urnas

Hay que soportar muy a menudo a los que aseguran que Hitler llegó al poder por las urnas, apoyado por un amplio movimiento popular, lo cual es falso. Lo que permitió a Hitler acceder a la Candillería fue un golpe de Estado.

Su principal apoyo no fueron los votos sino el capital monopolista y financiero alemán, los altos dirigentes del ejército y el Vaticano.

Uno de los principales partidarios del régimen nazi fue Carl Friedrich von Siemens, cuyo apellido no requiere más precisiones.

Entre 1918 y 1923 la reacción alemana había intentado varios golpes de Estado para deshacerse del sistema parlamentario burgués y suprimir los derechos adquiridos por el movimiento obrero. La reacción fue apoyada por una parte del ejército.

Muchos capitalistas consideraban que había que apoyar a los nazis. En 1923 un monopolista del acero, Hugo Stinnes, le dijo al embajador estadounidense: “Debemos encontrar un dictador que tenga el poder para hacer lo que sea necesario. Un hombre así debe hablar el idioma del pueblo y ser un civil. Tenemos un hombre así”.

Con la crisis económica de 1929, los capitalistas decidieron concentrarse en apoyar a los nazis. Gracias a sus millones y a la crisis, Hitler pudo reclutar a una parte del lumpen con algo parecido a lo que hoy hacen los de Hogar Social.

Durante la campaña presidencial de 1932 los nazis utilizaron por primera vez películas y discos de propaganda. Hitler usó un avión privado para volar de una reunión a otra. En 1932 sólo el mantenimiento de las SA costaba dos millones de marcos a la semana. ¿Quién pagaba todo eso?

En las elecciones federales de septiembre de 1930 los nazis se convirtieron en el segundo partido más votado, con más de 6 millones de votos. A Hitler le invitaron a presentarse ante los círculos de grandes capitalistas y varios de ellos se unieron al partido.

Sin embargo, los monopolistas aún estaban divididos porque Hitler propugnaba un control muy estricto sobre la política económica. Pasará otro año antes de que los patrones confíen la cancillería a Hitler porque temían la reacción del movimiento obrero.

Pero en las elecciones federales del 6 de noviembre de 1932 el Partido Comunista Alemán aumentó considerablemente su influencia entre los trabajadores en detrimento del Partido Socialista. El capital temía otro levantamiento revolucionario.

Los nazis perdieron dos millones de votos. Un nuevo declive del partido podría arruinar todas las esperanzas de los grandes monopolistas. Los monopolistas (Thyssen, Krupp, Siemens) zanjaron sus disputas internas y decidieron apostar por Hitler de una manera decidida.

Fueron ellos quienes impusieron la política económica de Hitler. Entre los miembros del Alto Comité Económico del gobierno nazi estaban Krupp von Bohlen, rey de la industria de armas, Fritz Thyssen, barón del acero, Carl Friedrich von Siemens, rey de la electricidad, y Karl Bosch, de la industria química.

El 27 de octubre de 1931 Siemens se dirige al capital financiero estadounidense para disipar los temores ante un gobierno nazi. Sobre todo, insistió en el deseo de los nazis era erradicar el movimiento obrero en Alemania.

El 26 de enero de 1932 Fritz Thyssen, el magnate del acero, organizó una conferencia de Hitler frente a más de 100 grandes capitalistas durante la cual aseguró que para ellos la propiedad privada era la base de la economía alemana y que su principal objetivo era erradicar al marxismo de Alemania.

El 19 de noviembre de aquel año banqueros, grandes monopolistas y terratenientes exigieron al presidente alemán Paul von Hindenburg que nombrara a Hitler para la Cancillería. El acuerdo se ratificó el 3 de enero en la mansión del banquero Kurt von Schröder. Todo estaba preparado.

El 30 de enero del mismo año nombró Primer Ministro a Hitler de manera oficial. El primer gobierno de Hitler tenía sólo tres nazis, incluido el propio Hitler. Ni siquiera se atrevió a comparecer ante el Parlamento porque se encontraba en una posición minoritaria. Lo que hizo fue exigir a Hindenburg que lo disolviera y celebrara nuevas elecciones, previstas para el 5 de marzo.

La maniobra le permitió gobernar durante cinco semanas sin control parlamentario. Fue un golpe de Estado legal, porque entonces la Constitución alemana permitía al Presidente disolver el Parlamento o suspenderlo temporalmente. 

El 4 de febrero Hindenburg aprobó un decreto de emergencia que prohibía cualquier crítica al gobierno, suprimiendo la libertad de reunión y de prensa para el Partido Comunista de Alemania y otras organizaciones progresistas.

El 27 de febrero el Reichstag, el Parlamento alemán, fue incendiado, el típico montaje que hoy calificaríamos de “bandera falsa”. Muchos historiadores están convencidos de que el incendio fue causado por las secciones de asalto nazis (SA).

Los siguientes acontecimientos confirman esa tesis. Antes de que se iniciara cualquier investigación, las emisoras de radio (los falsimedia de la época) afirmaron que los comunistas eran los culpables del incendio. Esa misma noche, con listas elaboradas de antemano, más de 10.000 comunistas, socialistas y progresistas fueron detenidos. Toda la prensa comunista y varios periódicos socialistas fueron prohibidos y se suspendieron las libertades de prensa y de reunión.

De esa manera, aplastando a los antifascistas, querían apañar las elecciones. Empezaba un golpe de Estado “desde arriba”. Pero les salió mal. Con todo a su favor, las urnas tampoco le dieron la mayoría a los nazis, ni siquiera los dos tercios de los escaños al gobierno de coalición que encabezaba Hitler.

Fue necesario un segundo apaño, el segundo acto del golpe: el gobierno de Hitler eliminó de un plumazo los 81 escaños de los comunistas sin que ningún partido se atreviera a protestar.

Con los comunistas fuera del Parlamento es como apañaron otra votación parlamentaria que, como estaba previsto, se resolvió a favor del gobierno de Hitler, al que autorizaron a promulgar decretos ley que no necesitaban al Parlamento para nada. Fue una especie de hara-kiri parlamentario, una autodisolución.

La socialdemocracia actuó como siempre: votaron en contra de la habilitación al gobierno para que aprobara decretos ley, pero concedieron legitimidad a las elecciones, pasando por alto la represión política.

Las consecuencias son las que ya se saben. En dos años, gracias a la patente de corso que les concedieron, los nazis prohibieron los partidos políticos, mataron a más de 4.200 personas y detuvieron a 317.800 antifascistas.

El 20 de marzo de 1933 el comisario nazi de la policía de Munich, Heinrich Himmler, estableció el primer campo de concentración para presos políticos en Dachau. Otros 40 le seguirán en el mismo año. A los obreros los amenazaron con recluirles en dichos campos si se declaraban en huelga.

Más información:
— ¿Quién llevó a Hitler al poder en Alemania?

— Los financieros que auparon a Hitler al poder
— El imperialismo occidental al rescate del III Reich
— Las estrechas relaciones de Estados Unidos con el Tercer Reich
 

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