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El juicio por la exhibición de un documental antifranquista no entra dentro del auge del fascismo

El 14 y 15 de noviembre se celebrará un juicio en Iruña contra los miembros de ZER Clemente Bernad y Carolina Martínez por difundir el documental “A sus muertos” el año pasado dentro de las jornadas “¿Qué hacemos con el Monumento a los Caídos?”

El documental trata del conocido como “Monumento a los Caídos”, aunque su nombre oficial es “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, un símbolo vigente en honor del golpismo y del franquismo.

Mensualmente en su cripta se celebran misas en honor a los criminales fascistas que desataron la guerra civil en 1936 y asesinaron solo en Navarra a más de 3.500 personas.

El documental se reparte en seis preguntas hechas a los viandantes en el entorno del monumento y muestra las estrechas relaciones entre el pasado y el presente en el espacio urbano.

La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz interpuso una denuncia contra ellos a raíz de la exhibición del documental, por la que serán juzgados por un delito de revelación de secretos, con una petición por parte de la Fiscalía de 2 años de prisión y multa de 12.000 euros para cada uno de ellos. La acusación particular eleva la petición a 2 años y 6 meses de prisión.

La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz se creó en 1939 por excombatientes requetés para “mantener íntegramente y con agresividad si fuera preciso, el espíritu que llevó a Navarra a la Cruzada por Dios y por España“. Desde entonces vienen celebrando misas en el Monumento todos los días 19 de cada mes y especialmente el 19 de julio, ya que el golpe de Estado de 1936 en Navarra fue el 19 de julio, en honor de los militares golpistas Mola y Sanjurjo y de los combatientes navarros del bando franquista muertos en la Guerra Civil, en clara apología del fascismoy el golpismo.

Este tipo de hechos no forman parte del auge del fascismo sino del fascismo mismo porque son exactamente iguales ahora que en 1939. No son ningún “peligro” sino realidades evidentes. Aquí ha cambiado (casi) nada.

Cuatro muertos durante una huelga en la República Dominicana

Anoche murió un herido de bala durante la huelga en San Francisco de Macoris, en la República Dominicana. El fallecido, de nacionalidad haitiana, había sido evacuado al hospital.

La huelga está convocada por organizaciones populares que reclaman aumento de salarios, arreglo de calles, carreteras, construcción de acueductos y respeto a la soberanía nacional, entre otras demandas.

Uno de los organizadores del paro, el Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo), ha destacado el apoyo a la huelga
general, ya que más del 95 por ciento del transporte de pasajeros está paralizado, así como la docencia y distintos comercios.

Respecto al tema del
transporte, la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses reforzó la cantidad de unidades en Santiago y, además,
cuenta con el apoyo de autobuses del Ministerio de Defensa totalmente gratis para la población.

La protesta está dando lugar a duros enfrentamientos en las calles entre manifestantes, que lanzan piedras, y policías, que disparan sus armas y han matado a cuatro huelguistas y herido a otros cinco.

Los piquetes queman neumaticos para bloquear las calles. Se están produciendo saqueos a los comercios e intentos de incendiar las oficinas del partido PLD. La policía utiliza drones por vez primera en un intento de reaccionar ante la movilización popular.

Los familiares de las víctimas y los colectivos populares responsabilizan a la policía de las muertes. Tras conocerse las muertes, vecinos de Ciruelitos se lanzaron a la calle gritando a la policía “que nos maten a todos”.

Uno de los muertos es un niño de 13 años, Kevin Rodríguez, que falleció tras recibir dos impactos de bala en la cabeza durante un incidente con la policía en el municipio de Navarrete, perteneciente a la provincia Santiago.

En Ciruelitos, también en la provincia de Santiago, se han producido violentos enfrentamientos entre manifestantes y policías, resultando con dos impactos de bala en la cabeza Wilson David Camilo, de 25 años.

La víctima salió a una tienda para comprar una lata de leche para un hijo suyo, pero antes de llegar a su destino se encontró en medio de un tiroteo de la policía contra los manifestantes.

Algunos manifestantes encapuchados también dispararon contra la sede del Ayuntamiento de San Francisco de Macorís, aunque no causaron ninguna víctima.

Turquía inicia la disolución del llamado ‘ejército libre de Siria’ en el norte

Ayer Abu Jula, dirigente de los Mártires de Al-Sharqiyah, anunció la disolución de su grupo y la entrega de todas sus armas y vehículos en el norte de Alepo.

“Debido al deterioro de mi salud y a ciertos actos criminales, que han sido cometidos por ciertos grupos de ciertas facciones e imputados a los Mártires de Al-Sharqiyah, anuncio la disolución completa de la agrupación de los Mártires de Al-Sharqiyah”, dijo Abu Jula en un mensaje grabado en vídeo.

Más tarde, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos reveló que Turquía y varios grupos del llamado “ejército libre de Siria” habían impulsado a Abu Jula a tomar esa decisión a fin de castigarlo por lanzar un ataque no autorizado contra el ejército regular en Tadef, que está protegido por el acuerdo de desmilitarización.

Durante el ataque, que tuvo lugar el 5 de julio, Abu Jula y sus combatientes capturaron Tadef tras matar e herir a varios soldados sirios. En ese momento, fuentes cercanas a los Mártires de Sharqiyah afirmaron que el ataque tenía por objeto apoyar a los militantes en el sur de Siria, que estaban luchando para detener el avance del ejército regular.

Abu Jula y sus milicianos se retiraron de la aldea el mismo día, unas horas más tarde. Sin embargo, parece que Turquía no está dispuesta a tolerar a cualquiera que se atreva a desobedecer sus órdenes en el área controlada del Escudo del Éufrates.

El incidente con Abu Jula envia un mensaje muy claro a otros grupos del llamado “ejército libre de Siria” que operan en el norte, muchos de los cuales están violando el acuerdo de desmilitarización en Idlib, que ha sido aprobado por Turquía.

‘Vamos a matarlos. No quedará nada. Si no quieres que los libaneses los maten, los mataremos nosotros’

Con motivo del 30 aniversario de las masacres de los campos palestinos de Sabra y Shatila, en donde fueron asesinados entre 800 y 2.000 palestinos, en 2012 el investigador estadounidense Seth Anziska publicó un artículo en el New York Times asegurando que los dirigentes israelíes habían engañado deliberadamente a sus homólogos estadounidenses.

Es una de las dos ingenuidades más típicas sobre dichas matanzas. La primera consiste en decir que fue cosa de los falangistas libaneses, sin intervención israelí; la segunda admite la intervención israelí, pero elude la responsabilidad de Estados Unidos, a quien todos engañan.

Hoy el mismo autor acaba de publicar un libro sobre la diplomacia estadounidense en Oriente Medio desde el primer Acuerdo de Camp David (1977) hasta los Acuerdos de Oslo (1993) en el que dedica unas 20 páginas a las masacres de Sabra y Shatila con la aportación de nuevas fuentes, incluyendo documentos clasificados de la Comisión Kahane en Israel, que había evaluado la responsabilidad de los sionistas en los crímenes.

Poco antes de las masacres, Israel había logrado la expulsión (negociada) de los combatientes palestinos de la OLP del Líbano a Túnez y otros países árabes.

Una vez que fueron evacuados, el 1 de septiembre de 1982 el presidente estadounidense Reagan pronunció el único discurso importante de sus dos mandatos dedicado a la guerra israelo-palestina. Aunque no apoyaba la creación de un Estado palestino, exigía la evacuación israelí de los territorios que ocupaba en Cisjordania y Gaza.

El Primer Ministro israelí Menahem Begin reaccionó muy agresivamente porque consideró que el plan de Reagan conducía a la formación de un Estado palestino, lo que era tanto como instalar una base soviética en el corazón de Oriente Medio.

En un Líbano ocupado por Israel, Begin había logrado poner a Bechir Gemayel, el dirigente de las falanges cristianas, en la Presidencia. Pero Gemayel es asesinado muy poco después, el ejército israelí invade la capital, Beirut, y los falangistas entran en los campos palestinos porque los israelíes los dejan entrar, les proporcionan apoyo logístico y, en particular, iluminan los campamentos por la noche para que la matanza sea la mayor posible.

Al día siguiente, Morris Draper, embajador itinerante de Estados Unidos en Oriente Medio, y Sam Lewis, embajador en Tel Aviv, se reunieron con el ministro de Defensa Ariel Sharon, el jefe de Estado Mayor Rafael Eitan y el jefe de Inteligencia Militar Yehoshua Saguy. Draper exige que Israel retire a los falangistas de los campos de refugiados y Saguy se niega. Cuando Draper insiste, el general israelí responde, burlándose de él: “¿Y quién les impedirá quedarse?”

Los israelíes consideran que los campos tienen que ser “limpiados de terroristas”, afirmando falsamente que los combatientes palestinos de la OLP todavía estaban presentes. “La gente hostil dirá que el Tsahal [ejército israelí] permanece en Beirut para permitir que los libaneses maten a los palestinos en los campos”, dice Draper, a lo que Sharon responde: “Así que vamos a matarlos. No quedará nada. Si no quieres que los libaneses los maten, los mataremos nosotros”.

Era un desafío, una manera de decir a Estados Unidos: “vamos a matarlos y no te atreverás a hacer nada contra nosotros”. De esa manera los israelíes consiguen que Estados Unidos acepte que los falangistas sigan en los campos de refugiados durante otras 48 horas. El precio es conocido: entre 800 y 2.000 palestinos asesinadas o desaparecidas. Víctimas de violaciones, niños y ancianos muertos a tiros, hombres llevados a destinos sin retorno.

Los falangistas cristianos no fueron más que el brazo ejecutor del ejército israelí. Lo que unía a israelíes y falangistas no sólo era el intento de debilitar a la OLP, sino a los palestinos, en general, como confesó el general Saguy en una conversación con Bashir Gemayel celebrada en el rancho privado de Ariel Sharon el 31 de julio de 1982. Dos días antes de que corriera la sangre, Gemayel le dijo a Sharon que “se deben crear las condiciones para que los palestinos abandonen el Líbano”.

Los documentos muestran que los israelíes estaban plenamente informados de las intenciones de los falangistas de expulsar a los palestinos del Líbano por el terror. El 14 de junio de 1982, una semana después de que comenzara la invasión israelí, Gemayel dijo al director del Mossad, Nahum Admoni, que “es posible que, dependiendo del contexto, necesitemos varios Deir Yassin”, es decir, varias matanzas, una propuesta que el jefe falangista realiza tres meses antes de las masacres.

El tema se volvió a plantear de forma inequívoca a principios de julio. Durante una reunión en el cuartel general de los falangistas en Beirut, Gemayel preguntó a los israelíes “si se opondrían si él [Gemayel] llevara excavadoras a los campos palestinos en el sur para llevárselos”. Sharon, que está presente, responde: “Nada de esto es asunto nuestro”.

Las discusiones para expulsar a los palestinos a la fuerza continuaron hasta poco antes de la masacre. Según declaró ante la Comisión Kahane el coronel israelí Elkana Harnof, un alto funcionario de inteligencia, los falangistas le dijeron que “Sabra se convertiría en un zoológico y Chatila en un aparcamiento”. Un miembro del equipo de investigación de la Comisión Kahane tomó declaración al padre de uno de los falangistas que le dijo que antes de la operación, los milicianos cristianos habían sido informados por su dirigente, Elie Hobeika. “Los hombres comprendieron que su misión era liquidar a los jóvenes palestinos, para empujar [a la población] a huir de los campos a gran escala”.

El aparato de seguridad israelí, en su conjunto, era plenamente consciente de las intenciones de su aliado libanés, los falangistas cristianos. Los archivos de la Comisión Kahane muestran claros signos de coordinación entre israelíes y falangistas antes de la entrada en los campos, aunque la excusa es siempre la de “deshacerse de los terroristas”.

Los israelíes y los falangistas no sólo hablaban entre ellos de la ”liquidación de los terroristas”, sino también del futuro de la población palestina: una masacre obligaría a los palestinos a huir de Líbano.

Los generales israelíes y el Mosad están claramente informados de las intenciones de los falangistas. De su conversación con el enviado especial de Estados Unidos, Draper, se desprende que el Ministro de Asuntos Exteriores Yitzhak Shamir es plenamente consciente de lo que está ocurriendo en los campos palestinos durante las masacres.

Pero lo que muestran los archivos, sobre todo, no es la existencia de determinadas responsabilidades, sino un contexto general y una acumulación de signos que explican por qué los israelíes, a sabiendas, dejan que los falangistas libaneses cometan la carnicería.

Canadá concede asilo político a 117 miembros de los Cascos Blancos

Los países imperialistas no son tan refractarios a los emigrantes, ni tan xenófonos, como se dice… siempre y cuando sean de una categoría especial, similares a los yihadistas que combatieron en la Guerra de Siria.

Hace 80 años, Canadá ya fue un país hospitalario hacia los kulaks ucranianos que huyeron del “holodomor”, por lo que acumula un selecto exilio.

Ahora acoge a 117 de Cascos Blancos que, junto con sus familiares, fueron evacuados del sur de Siria el verano pasado, según asegura la emisora CBC.

En una guerra tanto la evacuación como el exilio son muy selectivos; no se lo concenden a cualquiera, ni sirve cualquier motivo. Los que logran huir son personal de confianza que ha prestado servicios muy especiales a sus jefes.

Los motivos por los cuales una organización que en medio de una guerra feroz ha realizado una labor humanitaria, o sea, neutral, se ve obligada a evacuar a sus miembros, merece algo más que una reflexión.

A finales de julio, más de 400 miembros de los Cascos Blancos fueron evacuados de Siria a petición de Canadá, Unión Europea y Estados Unidos.

Los que ahora llegan a Canadá primero fueron alojados en Jordania, mientras se les buscaba un nuevo destino que no necesitara pasar los requisitos de la aduana ni los papeles de la emigración.

Según CBC, los Cascos Blancos y sus familias se ubicarán en las provincias de Columbia Británica, Saskatchewan, Ontario y Nueva Escocia.

La ofensiva a gran escala del ejército sirio contra los terroristas en las regiones del suroeste del país, hizo temer por sus vidas. Los imperialistas esperaban evacuar hasta 1.200 personas, incluidos los equipos de respuesta rápida pero, al final, sólo 422 miembros y familiares lograron salir de Siria el pasado mes de julio.

Los restantes miembros de los Cascos Blancos se trasladarán a la Unión Europea, donde no se espera que los habituales “ultraderechistas” que tanto protestan contra la emigración, sobre todo si es mulsulmana, realice la más mínima protesta.

Al contrario. Tanto los “ultraderechistas” como los yihadistas son ramas del mismo tronco.

Huelga general de 1918 en Suiza: antes de la revolución llegó la capitulación

Marguerite Meyer

En noviembre se cumple el primer centenario del acontecimiento político que colocó a Suiza al borde de una guerra civil: la huelga general de 1918. ¿Qué causas tuvo? El hecho de que suizos abrieran fuego contra sus compatriotas se debió a un cúmulo de diversos factores.

Suiza siempre fue una parte de Europa. No hay nada que lo demuestre mejor que los acontecimientos que desembocaron en la huelga general y que después seguirían influyendo en la política helvética durante décadas.

Los sucesos del mes de noviembre de 1918 fueron la culminación de una serie de situaciones y acontecimientos políticos y sociales. ¿Cuáles fueron sus ingredientes? Una guerra mundial, revoluciones en Europa, una cúpula militar implacable y temerosa y una clase baja que vivía en la miseria.

La gente que a mediados de la década de los años 1910 vivía en los barrios obreros de Zurich y otras ciudades del país tenían ya suficientes preocupaciones: con frecuencia compartían varias familias una sola vivienda que, además, solía ser vieja y húmeda. Un sueldo no era suficiente para una familia: el concepto burgués del “salario único subsistencia” no funcionaba, por lo que tanto hombres como mujeres se veían en la necesidad de dedicarse a una actividad asalariada.

Y de repente se dejaban de pagar los sueldos: soldados fueron llamados al servicio militar activo. Durante la Primera Guerra Mundial 238.000 soldados fueron movilizados por el general Ulrich Wille para entrar en las milicias y proteger las fronteras en caso necesario.

Muchos de esos efectivos formaban parte de la clase trabajadora. El alistamiento puso a sus familias en grandes dificultades: entonces no existían todavía las indemnizaciones por pérdida de salario a causa del llamamiento a filas, que no se introdujeron en Suiza hasta la Segunda Guerra Mundial. Tampoco existía la asistencia social.

Por eso fueron enormes las pérdidas salariales en muchas familias: los ingresos de los hogares se redujeron en parte a la mitad, mientras algunas familias burgueses salían ganando. Muchos empresarios suizos suministraban a los dos bandos en guerra munición y materiales con altos beneficios. Algunos accionistas suizos ganaban así dividendos exorbitantes.

La distribución de la riqueza entre pobres y ricos se alteró rápida y drásticamente. “Sabemos que se amplió la brecha entre los que tenían mucho y los que tenían poco o nada, es decir, entre la clase obrera y los llamados oportunistas de la guerra, los empresarios”, afirma Brigitte Studer, profesora de Historia Suiza en la Universidad de Berna.

Crecía el descontento, y también el hambre: a partir de marzo de 1917 se empezaron a racionar gradualmente los alimentos, que además se encarecían cada vez más, poniendo en graves problemas a muchas familias de las clases humildes: “Entonces gastaba un asalariado medio cerca de la mitad de su sueldo en alimentos”, recalca el historiador Sébastien Guex de la Universidad de Lausana.

Algunas ciudades intentaban aliviar la penuria con la venta de patatas a precios rebajados o con la distribución gratuita de alimentos a los más necesitados. Pero la combinación de guerra mundial, mal tiempo y malas cosechas provocaron hambrunas en los años 1916 y 1917.

La Primera Guerra Mundial también repercutió en los distintos grupos políticos: en un lado se encontraban los burgueses y la élite militar, en el otro, la izquierda dividida. Ya en 1915 se habían dado cita representantes destacados del socialismo europeo en un encuentro conspirativo en Zimmerwald, una pequeña aldea campesina en los aledaños de Berna. Trataron de responder a la pregunta de si era legítimo o no el apoyo a los gobiernos en guerra por parte de socialistas y socialdemócratas.

El encuentro fue organizado por el consejero nacional (diputado) socialista Robert Grimm, que se convertiría en uno de los principales protagonistas de la huelga general. El eximpresor de libros militaba en las filas de los llamados centristas marxistas, que claramente se declaraban partidarios del socialismo, pero que en el fondo se veían como intermediarios entre revolucionarios y reformistas. En esa reunión participó también Vladímir Ilich Lenin, que era partidario de la subversión violenta, idea que Grimm rechazaba. Pese a esta discrepancia ideológica, Grimm colaboró en la organización del famoso viaje que realizó Lenin de Zurich a Petrogrado. Las desavenencias entre las distintas corrientes en la izquierda provocaban reiteradas disputas sobre las doctrinas imperantes del movimiento.

La mecha que desencadenó la huelga general empezó a arder pronto: en Zurich se produjeron los primeros incidentes sangrientos el 17 de noviembre de 1917. Un grupo simpatizante del pacifista y objetor de conciencia Max Dätwyler se congregó para protestar contra las dos fábricas de munición municipales, al que se unió otro grupo de jóvenes más radicales. Los “disturbios de noviembre” se recrudecieron; murieron cuatro personas y treinta acabaron heridas.

A partir de entonces, Suiza no volvería a recuperar la tranquilidad en todo el año 1918: en febrero destacados dirigentes socialistas y del sindicalismo fundaron el “Comité de Olten” en reacción a los planes del Consejo Federal (Gobierno) que pretendía introducir la obligatoriedad del servicio civil. Uno de esos dirigentees fue Robert Grimm.

A lo largo y ancho del país la gente protestaba contra la escasez de alimentos. Sobre todo en el Tesino se sufría mucho. En marzo asaltaron y saquearon trabajadoras y trabajadores la central lechera en Bellinzona. El 1 de mayo anunció el Consejo Federal la subida del precio de la leche. Dos semanas más tarde se empezó a racionar el queso, una medida que convenía a los granjeros, pero no a la clase obrera urbana: en lugar de elaborar quesos con la leche desnatada se dedicaban las queserías a producir caseína, que se vendía a fábricas de armamento germanas como producto sucedáneo del caucho.

Ya en los años anteriores habían protestado sobre todo las mujeres en los llamados “tumultos de los mercados” en ciudades como Biel, Thun y Grenchen. En junio de 1918 se reunieron en Zurich cerca de mil mujeres delante del ayuntamiento. Exigían poner coto a la inflación, la introducción de un mínimo de subsistencia y la redistribución de los alimentos. En una segunda manifestación algunos días más tarde se reunieron 15.000 personas. Las mujeres presentaron la primera petición popular cantonal desde su introducción. La dirigente política era la marxista zuriquense Rosa Bloch-Bollag, que también había formado parte del Comité de Olten.

En septiembre se declararon en huelga los trabajadores de banca para exigir un salario mínimo. El hecho de que se organizaran e incluso se declararan en huelga los asalariados del sector bancario fue una novedad. Esto preocupó a amplios sectores de la burguesía helvética y a los militares y reforzó los temores de una revolución. Se temía una subversión que siguiese los patrones rusos.

La postura de la cúpula militar suiza poco tenía que ver con querer apaciguar los efectos de esta efervescencia. En su mayoría veían el movimiento obrero como elemento desintegrador de la sociedad. “El generalato y también el gobierno vivían en una burbuja, diríamos hoy”, explica el historiador Jakob Tanner. “Se ocultó por completo que el movimiento obrero se esforzaba en encontrar formas razonables para la defensa de sus intereses. Solo se trataba de volver a realzar al máximo la importancia del ejército”.

El general Ulrich Wille representaba una imagen prusiana del ejército: para él un buen ciudadano debía ser ante todo un buen soldado. Frente al comportamiento dubitativo de las autoridades cantonales y del Consejo Federal, contestaba con dureza y demostraciones de fuerza. De esa manera se pretendía sofocar las protestas en su origen para no permitir en ningún caso situaciones como en Rusia o en Alemania, donde los gobiernos habían quedado fuera de combate.

Hoy sabemos que el movimiento obrero suizo no estaba preparado para la insurrección armada, por lo que se oponía a ella mayoritariamente. Pero los acontecimientos en los países vecinos hacían plausibles las preocupaciones que entonces tenían los militares.

https://www.swissinfo.ch/spa/huelga-general-1918-_antes-de-la-revoluci%C3%B3n-lleg%C3%B3-la-capitulaci%C3%B3n/44498662
https://www.swissinfo.ch/spa/huelga-general-de-1918_-creo-que-planean-una–guerra-civil-/44501608

Khashoggi: el periodista de las mil caras

Jamal Khashoggi era un periodista con mil caras pero ninguna es la que venden los intoxicadores. Procedía de una familia poderosa y rica, lo que le permitió estudiar en Estados Unidos.

Era nieto de Mohammed Jaled Khashoggi, médico personal de Abdelaziz Ben Abderrahmane Ben Saud, alias Ibn Saud, el fundador del Reino de Arabia saudí.

Era sobrino de Adnan Khashoggi, un poderoso traficante de armas, considerado a principios de los ochenta como el hombre más rico del mundo. Su tío vivió en Marbella hasta que murió el año pasado en Londres.

También era sobrino de Samira Khashoggi, madre de Dodi El-Fayed, la amante de la princesa Diana que murió en 1997 en el accidente de París.

Osama Bin Laden también estaba entre sus familiares, un hombre muy cercano al que entrevistó dos veces. En 1988 posó con un lanzacohetes entre los yihadistas árabes que combatieron a la URSS en el frente afgano.

El periodista era miembro de la Hermandad Musulmana, una organización apoyada por el régimen saudí durante la Guerra Fría contra los movimientos progresistas y laicos árabes, y luego clasificada como organización terrorista por el mismo régimen saudí tan pronto como tejió su red en las instituciones del Reino.

Pero ahora la Hermandad Musulmana pretende reemplazar a la monarquía saudí por un Estado islamista más moderno, dice John Bradley en The Spectator.

Su pertenencia a la Hermandad Musulmana le acercó al Presidente turco  Erdogan, también afiliado a la Hermandad Musulmana.

Como miembro de la Hermandad Musulmana, Khashoggi se oponía al acercamiento de Riad al Estado de Israel y apoyaba las reivindicaciones palestinas (al menos hasta cierto punto).

No es nada nuevo, aunque son datos que las cadenas de intoxicación están ocultando sistemáticamente para cargar las tintas contra Riad.

Khashoggi era muchas cosas, pero no era otras. Por supuesto, no era ningún demócrata. Durante mucho tiempo fue un cortesano incondicional del régimen y colaborador de los órganos de propaganda de la monarquía, como la Gaceta Saudita, Okaz o Al-Watan.

Por supuesto, en 2011 apoyó a los islamistas que desataron la Guerra de Siria.

También apoyó públicamente la decapitación del dirigente chiíta saudí Nimr Baqr Al-Nimr, condenado a muerte en enero de 2016 por sus discursos contra la Casa Real que impera en Riad.

Khashoggi no era periodista sino dirigente del espionaje saudí, dice el periódico alemán Die Welt (*). Durante décadas fue asesor de Turki Ben Fayçal, dirigente del espionaje saudí y fabricante de la marca Al-Qaeda, al alimón con Estados Unidos.

Finalmente, Khashoggi acabó enfrentado con el príncipe Mohammed Ben Salman, una de las batallas intestinas que sacuden a los clanes de Riad.

La más importante de esas batallas es que ha llevado a los saudíes a imponer un bloqueo contra Qatar y, en definitiva, a enfrentarse con Turquía, que es quien ha destapado su atroz asesinato.

Junto con le CIA, Khashoggi preparaba una “Primavera Árabe” en Riad. En enero formó el grupo Dawn en Delaware y también tenía previsto poner en marcha un sitio web orientado a la economía. El plan consistía en reunir a intelectuales, reformistas e “islamistas moderados” en la llamada “Democracia para el mundo árabe actual”, especialmente dedicada a controlar a la prensa árabe.

El plan procede de su experiencia personal en el intento de asalto de los islamistas al gobierno argelino en la década de los noventa, los Amigos de la Democracia en Argelia, donde Khashoggi fue corresponsal durante las fallidas elecciones, que el gobierno canceló para evitar una victoria islamista.

(*) https://pjmedia.com/spengler/german-press-reveals-saudi-spook-saga-behind-khashoggi-disappearance/

Los fascistas de Houston reclutan milicias armadas para ir a la frontera a atacar la caravana de migrantes

Niños de la caravana viajando en un camión
Los fascistas de Houston, la capital de Texas, están reclutando y armando milicias para ir a la frontera de México y detener por la fuerza la caravana de migrantes centroamericanos que está a 1.600 kilómetros de Río Grande.

No está claro exactamente cuántos fascistas llegarán a la frontera.

La caravana, integrada por unos 7.000 migrantes, está ahora a unos 1.600 kilómetros de la frontera sur de Estados Unidos, adonde llegarían en varias semanas.

La posibilidad de que haya civiles armados en la frontera –y la caldeada retórica sobre política migratoria– han atizado los temores hacia el surgimiento de grupos de matones fascistas en momentos en que las tensiones ya se encuentran altas debido a las bombas caseras enviadas por correo a algunos de los críticos de Trump.

Esta semana, la Patrulla Fronteriza advirtió a los terratenientes de Texas que prevé que lleguen “posibles civiles armados” a sus propiedades debido a la caravana.

Tres fascistas dijeron que irían a la frontera o que organizarían a otras personas, y algunos grupos han publicado en Facebook advertencias graves sobre la caravana. Uno dijo que era “imperativo tener soldados sobre el terreno”. Otro escribió: “Guerra. Protejan la frontera ya”.

Los fascistas dijeron que planean llevar armas y equipo como chalecos blindados para ayudar a la Patrulla Fronteriza para evitar que entren al país personas de manera ilegal. “Se están riendo en nuestra cara”, expresó Shannon McGauley, presidenta de los Minutemen, un grupo fascista de Texas. “Estados Unidos es un caos”.

McGauley dijo que en tres puntos tendría a los fascistas de su grupo de la frontera sur del estado con México y espera tener a entre 25 y 100 personas más en los próximos días.

Los fascistas han patrullado intermitentemente la frontera sur de 3.200 kilómetros durante más de una década. Generalmente, vigilan la frontera en busca de migrantes que cruzan la frontera ilegalmente y cuando los ven llaman a la Patrulla Fronteriza.

A veces, los han atacado cobardemente. En 2009 una fascista mató a dos de ellos que irrumpieron en una propiedad donde ella creía que se guardaban drogas cerca de la frontera, en Arivaca, Arizona.

Sin embargo, en las últimas semanas, habitantes de la misma ciudad han colocado letreros en los que advierten de que los fascistas no son bienvenidos.

El trayecto hacia el norte de los migrantes ha suscitado furor en plena campaña electoral en Estados Unidos. Trump ha pedido el envío del Ejército a la frontera y un funcionario del Pentágono anunció que el gobierno despachará 800 o más efectivos en servicio activo.

A pesar de la paranoia la llegada de migrantes, aunque ha aumentado este año, continúa por debajo de las cifras de décadas anteriores.

La reacción describe a los migrantes como unan amenaza existencial a un estilo de vida particular. Monica Marin, habitante de Oregon, ha recaudado en internet 4.000 dólares para ayudar a los fascistas a comprar provisiones. Marin afirmó que los emigrantes de la caravana son peligrosos, palabras similares a las pronunciadas por Trump acerca de que “personas del Oriente Medio desconocidas” se han mezclado entre la multitud de migrantes.

“Veo a hombres jóvenes en edad de combatir que no parecen hambrientos, sino listos para pelear”, declaró Marin. También señaló que “estamos adiestrados, no somos fanáticos. No estamos ahí para disparar contra la gente”.

Otros son defensores de los migrantes. Marianna Trevino Wright, una habitante del sur de Texas que dirige el Centro Nacional de las Mariposas, una organización sin fines de lucro, dijo temer más a los fascistas que a la caravana. “A diario efectuamos pacíficamente nuestras actividades aquí”, declaró Wright. “La idea de que nos pudieran invadir, no inmigrantes ilegales, sino grupos de civiles armados… es lamentable, y las cosas terminarán mal”.


Hondureños de la caravana de migrantes descansan sobre la línea férrea en Arriaga, al sur de México

Un pacto de silencio para ocultar el papel de la OTAN en el resurgimiento del fascismo

El año pasado la OTAN promocionó un vídeo de un grupo nazi letón, llamado los “Hermanos del Bosque” a los que, como en caso de los yihadistas, convirtió en luchadores contra la URSS. Además de una reescritura de la historia, fue una llamada al terrorismo contra los rusos y contra Rusia.

Los “Hermanos del Bosque” eran una organización nazi que en 1945, con el apoyo del espionaje de Estados Unidos, se negó a rendirse y pasaron a ejecutar acciones terroristas en el interior de la URSS durante una década.

El vídeo de la OTAN comienza con una confusión entre los soldados “rusos” y el ejército “soviético” para indicar al espectador que los “Hermanos” luchaban contra los rusos y no contra los soviéticos (ya que los letones también formaban parte del ejército soviético).

La OTAN quería inculcar que unos pocos hombres, civiles inocentes, obligados por la situación, lucharon contra el “ocupante ruso” que, después de la Segunda Guerra Mundial, se había apoderado de Letonia por la fuerza.

En realidad, hay muchos que piensan así: los países del este de Europa se convirtieron en “satélites” de la URSS a la fuerza, al ser “ocupados” militarmente por el Ejército Rojo al final de la Segunda Guerra Mundial. A los que dicen tales estupideces no se les ha ocurrido pensar en Austria, que también fue liberada y ocupada por el Ejército Rojo…

Como en el caso de los demás países Bálticos, la independencia de Letonia tuvo lugar pocos años después de la revolución de 1917, es decir, que no se debió sólo a los letones sino a los revolucionarios que acabaron con el zarismo, de los que la mayor parte eran rusos y entre los cuales también había letones.

El vídeo no explica nada de eso, como es natural. Lo que aparece es una lucha, supuestamente patriótica y nacionalista, de los letones contra los “ocupantes” soviéticos.

Es típico de la propaganda imperialista presentar la lucha de clases como una lucha nacional o religiosa. La OTAN no puede admitir que la URSS aplastó en la guerra y después de ella a los nazis letones. El carácter nazi desaparece para poner en primer plano la represión, típicamente “stalinista” e indiscriminada contra la población letona por el sólo hecho de ser letona.

Entre 1941 y 1945, la Legión Letona, una unidad de la Waffen SS, se componía de dos divisiones de Granaderos, la 15 y la 19 que participaron en la persecución de comunistas, tiroteos masivos contra la población civil, pogromos y limpieza étnica contra los judíos.

Sólo en el interior de Letonia entre 1941 y 1945 se crearon exactamente 46 prisiones, 23 campos de concentración y 48 guetos judíos. Las SS letonas y sus colaboradores asesinaron a 313.798 civiles (incluidos 39.835 niños) y 330.032 soldados soviéticos.

En el otoño de 1941, las SS formaron en el Báltico batallones de autodefensa, una especie de milicia que ejerció labores típicas de apoyo a la policía. En Letonia se formaron 41 batallones con 300 a 600 efectivos, 23 en Lituania y 26 en Estonia.

Algunos de ellos fueron enviados a luchar contra la guerrilla soviética en la región rusa de Pskov y en Bielorrusia.

A medida que avanzaba la guerra, y con ella la derrota nazi, los miembros de los batallones letones se fueron integrando en las unidades diezmadas de la Waffen SS: brigadas motorizadas, de voluntarios, etc.

Estos matones fueron quienes luego llenaron las filas de los “Hermanos del Bosque”. La OTAN oculta que dicha organización fue creada y financiada por el espionaje imperialista después de la Segunda Guerra Mundial por lo mismo de siempre: para acorralar a la URSS, para impedir que pudiera disfrutar de un minuto de reposo.

El espionaje imperialista subcontrató a los antiguos policías letones, a los colaboracionistas de la ocupación y a los oficiales y soldados letones que trabajaron para las SS.

Hasta mediados de la década de los años cincuenta los “Hermanos del Bosque” llevaron a cabo más de 3.000 atentados terroristas, principalmente contra la población civil.

El vídeo de la OTAN tampoco habla de esto porque no puede vincular al fascismo con el imperialismo y con Estados Unidos. Los papanatas tampoco lo hacen, ni tampoco vinculan a la OTAN con la Red Gladio o con los crímenes fascistas de los años setenta en Europa.

Si alguien se cree que estamos hablando de batallitas propias del pasado, se equivoca: cada año una manifestación nazi desfila por las calles de Riga, dentro de la Unión Europea, para homenajear a los fieles servidores del III Reich.

¿Eso no forma parte del auge del fascismo y “la ultraderecha”?, ¿por qué nadie habla de ello, ni la OTAN ni los “alternativos”?

Más información:
— Sigue la ofensiva de la OTAN y los países bálticos en defensa del nazismo

El Tribunal Constitucional apuntala el retorno del fascismo a sus orígenes del 18 de julio

En 2015 el Parlamento autonómico navarro aprobó una ley para investigar la verdad sobre los casos de torturas y malos tratos de “grupos de la extrema derecha y funcionarios públicos”.

En julio de este año el Tribunal Constitucional la anuló con el pretexto de que invade competencias de los jueces y persigue “fijar la verdad de lo ocurrido”.

Lo más suave que se puede decir es que se trata de una desfachatez. También se puede decir que el Tribunal Constitucional hace como los avestruces; no quiere saber nada, ni de la verdad ni de la mentira sobre “lo ocurrido”. Tierra encima.

Volvemos, pues, exactamente a lo mismo de siempre. En Ucrania el “holodomor” es una verdad histórica incuestionable impuesta por ley; en España no dejan que las leyes impongan verdades, ni cuestionales ni incuestionables. En un caso (Ucrania) se trata de tapar; en el otro (España) de no destapar.

La del Tribunal Constitucional es una sentencia típicamente fascista y típicamente hispánica. Aquí hay que enterrar el pasado y cualquier intento de rescatarlo será inútil. No se va a investigar nada, y si se investiga, no hay problema: el crimen ha prescrito.

Las cunetas siguen llenas de cadáveres y los criminales no sólo han quedado impunes, sino que han sido ascendidos, condecorados y recompensados por los servicios prestados al terrorismo de Estado y la guerra sucia.

Si prestan un poco de atrención a los detalles, se darán cuenta de que la ley navarra equiparaba a los “funcionarios públicos” con los “grupos de extrema derecha”, un matiz que a la mayoría siempre les pasa desapercibido, a pesar de que los crímenes de la “extrema derecha” vayan acompañados del correspondiente “funcionario público” y no sea posible diferenciar a uno de otro.

Con sentencias así no hace falta recurrir a sesudos análisis sobre lo que es el fascismo porque el Tribunal Constitucional, que es fascista, ha definido mejor que nadie de lo que estamos hablando: primero, este Estado hereda al anterior y como ambos forman una unidad, no puede asumir ninguna de sus responsabilidades; segundo, como los fundamentos de uno y otro son los mismos, es decir, como este Estado sigue apoyándose en el terrorismo de Estado, tiene que echar tierra encima de los crímenes que le son propios.

Si este Estado hubiera cambiado en algún momento de la historia, no se sentiría vinculado al pasado y, como mínimo, hubiera puesto en marcha la lavadora. Quizá exigir responsabilidades a los torturadores y criminales hubiera sido demasiado, pero averiguar lo que ha ocurrido es lo mínimo.

Ya ven que no somos vengativos en absoluto; no queremos sangre, pero tenemos derecho a saber y, por lo tanto, estamos en la obligación moral y política de exigir la apertura de una investigación.

Pues bien, eso es lo que el Tribunal Constitucional trata de impedir. Por eso sostenemos que es un Tribunal fascista que ha dictado una sentencia a la misma altura, la que cabía esperar.

Ahora sólo nos queda esperar que alguien incluya esto, que no son partidos ni son votos, dentro del actual “auge de la ultraderecha”, por un motivo bien sencillo de entender: si los fascistas saben no sólo que tienen garantizada su impunidad por los crímenes que cometan, sino que además nadie va a investigarlos, ¿qué esperamos que hagan?

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