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Nuevo auge del movimiento talibán

Juan Ignacio Castien

Los talibán están ganando apoyos de nuevo y haciéndose con el control de numerosos territorios. Su capacidad para reconstruirse como movimiento, tras la desbandada de 2001 y la debilidad de los primeros años posteriores a la intervención internacional, revela, desde luego, una cohesión organizativa y un compromiso ideológico muy superiores a los de las huestes de un clásico señor de la guerra.

También nos muestra una sensible capacidad para aprovechar el profundo descontento de una gran parte de la población con el estado de cosas imperante. Como en otros muchos lugares del mundo musulmán, parece que este apoyo se alimenta en parte del resentimiento que muchos sienten hacia el tren de vida privilegiado de los extranjeros, sus colaboradores y la élite en el poder, que tanto contrasta con la miseria cotidiana de la mayoría. En efecto, la cuantiosa presencia internacional, civil y militar, ha supuesto una importante inyección de dinero, no solo en ayudas directas, sino también a través de los salarios del personal expatriado, unos salarios que alcanzan niveles estratosféricos, si se los compara con los ingresos del afgano medio.

Pero la distribución de estos ingresos entre la sociedad afgana, a través de compras, alquileres, salarios, propinas y sobornos, ha sido obviamente muy desigual, quedando confinada a aquel sector de la población en mayor contacto con los extranjeros. Ha surgido, así, una nueva fuente de desigualdad y, por lo tanto, un nuevo medio para el desarrollo de relaciones clientelistas. Asimismo, el estilo de vida liberal de los extranjeros y de una minoría de afganos privilegiados, tan alejado del puritanismo tradicional, refuerza aún más este resentimiento, al igual que también ocurre en otros lugares. Al rechazo que genera ya de por sí la infracción que supone contra las normas tradicionales, se le añade ahora el convertirse en un signo de privilegio, y, acaso del disfrute de aquello que se desearía poseer, aunque no se esté dispuesto a admitirlo.

De este modo, el auge del movimiento talibán debe también mucho a esta peculiar inserción del país dentro de la economía global. Algo similar ocurre con el amplio uso que los talibán hacen de los beneficios derivados del cultivo del opio. En este aspecto, se ha ido produciendo una llamativa alianza entre ellos y las redes mafiosas dedicadas al narcotráfico y al contrabando. Con todo, esta alianza parece responder más a maniobras tácticas del uno y del otro lado. Desde el punto de vista talibán, constituye no solo una generosa fuente de recursos, sino que también les proporciona toda una red de conexiones, de las que les es muy útil servirse. Desde las organizaciones criminales, la alianza les proporciona clientes y protectores, cuya ayuda puede resultarles de utilidad. En un sentido más amplio, el debilitamiento del Estado que conlleva la actividad guerrillera puede facilitar asimismo sus operaciones. Pero estos beneficios mutuos no deben hacernos olvidar tampoco las contradicciones existentes entre ambos sectores. A más largo plazo, la fortaleza de las organizaciones mafiosas choca frontalmente con el proyecto talibán de un régimen autoritario y puritano, que pondría coto a sus actividades.

Por otra parte, estos acuerdos con las organizaciones delictivas parecen enmarcarse dentro de una política de alianzas más amplia, integrada a su vez dentro de una compleja estrategia de reconquista del poder. El reto al que se enfrentan los talibán resulta un tanto novedoso para ellos. Frente a su avance fulgurante de hace dos décadas, realizado en un ambiente de fuerte disgregación social, ahora tienen que vérselas con un Estado mucho mejor organizado, respaldado además por una potente coalición internacional. El cambio de escenario les ha forzado a desarrollar una nueva línea de conducta, labor en la que han mostrado una manifiesta destreza. Su objetivo consiste ahora en la captura progresiva de localidades rurales. Para ello se hace preciso quebrantar las estructuras estatales existentes allí, no solo combatiendo a la Policía y al Ejército Afganos y a sus aliados extranjeros, sino también procediendo a la eliminación, el amedrentamiento o la expulsión de cualquier posible colaborador del gobierno, etiqueta bajo la que puede incluirse a funcionarios, notables locales, trabajadores sociales y maestros de escuela. Estas operaciones pueden tener un distinto alcance. Quizá conduzcan a la conquista plena de un territorio o quizá, al menos por el momento, queden reducidas a la creación de estructuras administrativas paralelas a las gubernamentales, que pueden empezar a ir interviniendo cada vez más en la vida cotidiana de la gente, que ahora recurrirá a ellas para solventar sus conflictos, defenderse de abusos y obtener ciertos servicios públicos. Este mismo hostigamiento puede dirigirse contra ciertas autoridades tradicionales, como, en especial, los consejos de ancianos. El pragmatismo de estos notables locales suele conducirles a buscar un entendimiento con las autoridades, lo que puede indisponerles con los insurgentes. En un sentido más amplio, la acción de estos últimos, al recrear nuevos liderazgos locales, vinculados además a una organización exterior, no deja de implicar, al menos en determinados casos, una subversión de las estructuras previamente existentes.

Esta estrategia parece corresponderse muy bien con la composición humana de este movimiento neo-talibán. Como ocurrió hace dos décadas, el núcleo duro de combatientes fuertemente ideologizados, al que se suman pequeños contingentes de extranjeros, se ve reforzado por elementos mucho más variopintos, como los parientes y allegados de éstos y gentes relativamente marginales en la estructura social, como jóvenes pobres del campo, a los cuales se les ofrece ahora la posibilidad de obtener una fuente de ingresos, un mayor poder y prestigio y una identidad más satisfactoria. En correlación con esta compleja composición social, los motivos de los combatientes para haberse unido a la insurrección parecen ser igualmente diversos.

La hostilidad hacia unas autoridades lastradas por la corrupción y el autoritarismo y apoyadas por infieles es una motivación obvia. Pero a ella se suman agravios más concretos. Puede tratarse de los sufridos por antiguos simpatizantes de los talibán, o sospechosos de serlo, o por las poblaciones pashtún a manos de miembros de otras etnias. Pueden tener que ver también con las complejas luchas entre facciones en el plano local y pueden igualmente hallarse relacionados con los “daños colaterales” derivados de la acción de las fuerzas afganas y de sus aliados internacionales. Todos estos agravios más concretos son ahora encuadrados dentro de un planteamiento más general, en donde reciben un nuevo sentido. Pero al ocurrir esto, se les inviste igualmente de una trascendencia global de la que previamente carecían. Se los ubica dentro de una batalla mundial entre el Islam y la infidelidad. Se pasa, así, del conflicto entre intereses concretos al conflicto entre principios morales e ideológicos. Todo se vuelve entonces más rígido y menos propicio al acuerdo. Es éste, por lo demás, un fenómeno harto frecuente.

En cuanto a las actitudes de la población local, éstas parecen ser muy complejas. La hostilidad o, al menos, la escasa simpatía hacia las autoridades y sus aliados extranjeros pueden ciertamente predisponer a ciertos sectores a apoyar a los insurgentes. Pero la baza con la que juegan estos últimos estriba, sobre todo, en su capacidad para constituirse como una fuerza a tener en cuenta en sus vidas, como un agente al que deben recurrir para solventar sus problemas y conflictos cotidianos. En la medida en que logran este objetivo, la presencia de los talibán puede empezar a ser percibida como un dato más de la realidad, al que es preciso adaptarse y del que es preciso obtener el mayor beneficio posible, conforme al pragmatismo localista de la mayoría de la población. Por otra parte, el propio discurso de los talibán ha experimentado ciertos cambios, que les permiten adaptarse mejor al nuevo contexto. El nacionalismo afgano, enfrentado a los ocupantes extranjeros, ha adquirido una gran preminencia. Al tiempo, al menos por razones tácticas, se produce una atenuación de los aspectos más puritanos del movimiento, como la imposición en las áreas bajo su control de la obligación de llevar barba para los varones o la destrucción de cualquier imagen humana. Una hábil labor de propaganda, sirviéndose de los métodos más modernos, ha ayudado a difundir estos planteamientos entre capas muy amplias de población.

Todavía hoy son frecuentes los atentados en la capital. A ello se ha unido una notable capacidad militar y el logro de una importante cohesión interna, gracias a un control centralizado sobre las fuentes de recursos, que dificulta la fragmentación de la organización en clientelas regidas por distintos señores de la guerra. Hasta el momento las escisiones ocurridas han sido de poca trascendencia, a pesar de la existencia también de grupos semiautónomos, en especial, las llamadas Redes Haqqani y Mansur. Todo ello ha hecho del movimiento talibán un enemigo realmente imponente. Empero, parece poco probable que puedan llegar a dominar la casi totalidad del país, como ya ocurrió hace quince años. La razón es muy sencilla: hoy en día sería muy difícil que recibieran un apoyo tan abierto de Pakistán como en aquella época. Tampoco se puede contar con que los Estados Unidos y sus aliados vayan a quedarse de brazos cruzados en el caso de que amenazen con tomar las ciudades más importantes. Seguramente, si percibieran este peligro recurrirían a bombardeos desde el aire y prestarían un apoyo más decisivo al Estado Afgano y a las facciones más ligadas al mismo. Pero si bien un triunfo total de los talibán no parece probable, sí es, en cambio, muy posible que alcancen ciertos éxitos parciales. Puede que se hagan fuertes en algunas regiones, sobre todo en el sur. Y puede también que se vayan infiltrando algunas de ellas, aprovechando incluso eventuales negociaciones de paz con una parte de este movimiento. A este respecto, por más que una negociación resulte deseable, tampoco puede olvidarse que a través de la misma podría acabar propiciándose una vuelta al control de una parte del aparato de Estado por parte de los talibán, quienes podrían servirse entonces de esta posición para desarrollar, aunque fuera parcialmente, la misma agenda retardataria que en su anterior experiencia al frente del gobierno, aunque ello dependería también de la capacidad de contención de las otras fuerzas políticas.

Las perspectivas no resultan, por tanto, especialmente alentadoras en estos momentos, pero tampoco son totalmente catastróficas. Si el país alcanza una cierta estabilidad, pese a todos los peligros que se ciernen sobre él, y si dispone de la adecuada ayuda exterior, podrá quizá, con el tiempo, desarrollarse económicamente lo suficiente como para financiar un entramado de instituciones públicas y privadas capaces de ir erosionando el actual poderío de las redes clientelistas y mafiosas. En este sentido, el futuro está abierto. Pero esta indeterminación ilustra de nuevo la peculiar dinámica de la historia de Afganistán en los dos últimos siglos. A lo largo de la misma, las tendencias modernizadoras y regresivas han mantenido un enfrentamiento sempiterno. La historia de la modernización afgana se ha asemejado, por ello, a una suerte de trabajo de Sísifo, en donde los progresos y las regresiones se han ido alternando en el tiempo. Es más, cada vez que se ha intentado un progreso demasiado rápido, se ha producido luego una regresión más intensa. El sistema tradicional, más o menos transformado, se ha fortalecido con las crisis provocadas por las intervenciones extranjeras o por los propios desequilibrios generados por la modernización. Pero no por ello la sociedad ha dejado de transformarse y de avanzar, a pesar de todos sus estancamientos y retrocesos. La gran cuestión que se plantea en estos momentos estriba en si la modernización que al final se va a ir produciendo será una modernización realmente capaz de garantizar unos mínimos niveles de bienestar, seguridad y libertad para el conjunto de los afganos. De lo  contrario, el país podría quedar condenado a la condición de “espacio vacío”, de un territorio desorganizado y dual, en donde la miseria de la mayoría contrastaría con la de una pequeña minoría vinculada a los negocios especulativos y a las actividades ilícitas. Ésta es la gran disyuntiva del momento.

https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-resurgir-de-los-taliban/

Turquía ya no cree en las buenas palabras para ‘resolver la crisis en Siria’

El sábado Erdogan dijo que su país “resolverá la crisis siria” en el campo de batalla con el objetivo de ampliar la base electoral de su partido, Justicia y Desarrollo, en plenos comicios municipales.

“La prioridad postelectoral de Ankara es resolver la cuestión siria, si es posible sobre el terreno y no alrededor de la mesa de negociaciones”, dijo Erdogan en Estambul en la primera de sus seis reuniones electorales.

Las declaraciones de Erdogan se producen en un momento en que el Ministerio de Defensa turco anunció en una declaración que su fuerza aérea había lanzado ese mismo día un importante ataque contra las posiciones del PKK en el norte de Irak.

“Como parte de la Operación Pence lanzada el 30 de marzo, la Fuerza Aérea Turca atacó el cuartel general, los refugios y los búnkeres del grupo terrorista PKK en el distrito de Qandil, en el norte de Irak, donde los dirigentes terroristas estaban listos para atacar a las fuerzas armadas turcas”, dice la declaración.

El Ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, y el Jefe de Estado Mayor, general Yasar Güler, inauguraron un centro en la provincia sudoriental de Sanliurfa para prestar apoyo militar al este del Éufrates, en el norte de Siria, si fuera necesario.

A fin de aumentar el número de sus puestos de observación en la zona de desescalada de la provincia siria de Alepo, el ejército turco ha desplegado fuerzas especiales y tanques en la provincia fronteriza de Hatay para facilitar su entrada en territorio sirio.

Fuentes locales de Alepo han advertido en repetidas ocasiones contra la intensificación de las actividades militares de Ankara, pero también contra la creación de bases militares turcas en la provincia con el pretexto de establecer puestos de observación.

En España ¿qué institución política no es una cloaca?

En pleno siglo XXI algunos se escandalizan por el espionaje policial (del PP) a Podemos. Ya no se acuerdan del mismo espionaje (del PSOE) a Herri Batasuna hace 20 años.

Lo llaman “Watergate” como si fuera la primera vez que ocurre algo parecido. Hablan de cloacas policiales, de cloacas periodísticas, de partidos políticos que son cloacas, de ministerios cloaca… En este país, ¿qué institución pública no es una cloaca?

Dicen que la policía se estaba dedicando a “fabricar pruebas falsas” contra Podemos y se hacen los sorprendidos. ¿Policías falsificando pruebas? Señores: vivimos en un país donde la prueba es la misma policía. Lo que dice la policía va a misa siempre.

Vuelven a 2011 para gritar “¡Lo llaman democracia y no lo es!”.

Desde los tiempos más rancios del franquismo, los periodistas son una extensión de los cuartelillos. Todo tiene que llegar de fuentes oficiales porque, en caso contrario, es una noticia falsa, un bulo al que hay que oponerse.

Los programas electorales son una mentira. Ni se cumplen ni se van a cumplir nunca.

Los partidos políticos crean cuentas falsas en las redes sociales para difundir mentiras, bulos e infundios.

Sus seguidores también son falsos. Más del 40 por ciento de los seguidores de Pedro Sánchez en su cuenta de Twitter son falsos.

Desde el punto de vista contable, todos los partidos políticos están en quiebra. No tienen apenas ingresos y gastan mucho más dinero del que reciben. Hablamos de muchos millones de euros.

Las elecciones son un pucherazo institucionalizado. Los partidos políticos las falsean con dinero negro. Reciben un dinero ilegal y gastan un dinero ilegal.

Las fundaciones, ONG y demás satélites montados por los partidos políticos son un fraude, lo mismo que las empresas paralelas que recaudan dinero a cambio de adjudicaciones de contratos y obras públicas.

En 2012 la ministra de la Vivienda del PSOE, María Antonia Trujillo, declaró en relación a los desahucios que quien tuviera deudas debía pagarlas. “Que no se hubiera endeudado”, añadió.

Pero los partidos políticos deben más de 230 millones de euros a los bancos y no pagan sus deudas porque los bancos se las condonan ilegalmente. ¿A cambio de qué?

Los bancos no informan de los créditos a los partidos políticos y el Banco de España tampoco. Como cualquier otra banda mafiosa, todos ellos mantienen un pacto de silencio.

No es de extrañar que España sea el país europeo en el que los partidos políticos tienen el menor número de afiliados.

En las encuestas, el 88 por ciento de la población española reconoce que no tiene ninguna confianza en ningún partido político.

Por eso no extraña que habitualmente la abstención llegue, como en las últimas elecciones autonómicas en Andalucía, a casi la mitad del censo.

Lo sorprendente es, sin embargo, que aún haya otra mitad que vaya a depositar la papeleta en una urna.

Por más que un elector tenga unas ganas irresistibles de votar, lo cierto es que no hay nadie en quien pueda depositar ni un gramo de su confianza.

Si es cierto eso de “lo llaman democracia y no lo es”, ¿por qué ese empeño en ir a votar?

Los bombardeos de la aviación estadounidense en Somalia son crímenes de guerra

Los bombardeos de los drones y la aviación estadounidense en Somalia constituyen posibles crímenes de guerra, asegura Amnistía Internacional, ya que están matando a los civiles.

En un informe titulado “La guerra oculta de Estados Unidos en Somalia”, expertos de esta organización realizaron más de 150 entrevistas con testigos, familiares de víctimas, personas desplazadas por los combates y expertos, incluso dentro del ejército estadounidense.

La información recogida fue corroborada con imágenes tomadas vía satélite, fotos de cráteres dejados por las explosiones, así como fragmentos de municiones recogidas en los sitios. Desde abril de 2017 se han llevado a cabo más de 100 bombardeos en el país. Amnistía Internacional se ha centrado específicamente en cinco ataques aéreos en dos años, durante los cuales murieron catorce civiles y ocho resultaron heridos e informa de “pruebas abrumadoras” de ellos.

“El número de civiles muertos que hemos descubierto por este puñado de ataques sugiere que la nube que rodea el papel de Estados Unidos en la guerra de Somalia está ahí para ocultar la impunidad”, dice Brian Castner, uno de los expertos militares de Amnistía Internacional.

Las incursiones estadounidenses en Somalia ya fueron significativas durante la presidencia de Barack Obama. Pero los ataques se intensificaron cuando Trump llegó a la Casa Blanca. Este último ha firmado un decreto que declara el sur de Somalia “zona hostil activa”.

Los bombardeos de Trump en Somalia han matado tres veces más personas desde junio de 2017 que todos los bombardeos de Obama en sus ocho años de gobierno.

Sólo en el período comprendido entre el 1 y el 20 de marzo, Africom emitió siete comunicados de prensa en los que se mencionaban ataques a los “shebabs”(*). Según un general de brigada estadounidense retirado con el que habló Amnistía Internacional, el decreto de Trump amplió la gama de objetivos potenciales para incluir a casi todos los hombres adultos que viven en aldeas favorables a Al-Shebab (*) y que son avistados cerca de combatientes conocidos. Un mandato tan amplio violaría el derecho internacional humanitario y conduciría a la muerte ilegal de civiles.

Para Amnistía Internacional, algunos de estos ataques “podrían constituir crímenes de guerra”. Ante las conclusiones de la ONG, Africom negó una vez más que sus operaciones en Somalia pudieran haber causado la muerte de civiles.

No obstante, la estrategia aérea de Estados Unidos está empezando a ser criticada incluso dentro de los ejércitos occidentales.

Unos 500 soldados de las fuerzas especiales del Pentágono están destinadas en Somalia.

A pesar de los bombardeos, los “shebab”(*) controlan la quinta parte del territorio somalí y sus contraofensivas son cada vez mayores, incluos en la capital Mogadiscio.

(*) En árabe “shebab” significa juventud y la organización Harakat Al-Shabab Al-Muyahidin que opera en Somalia es el “Movimiento de Jóvenes Muyaidines”, asimilada erróneamente a Al-Qaeda.

La mentira de Kosovo en Alemania

Rafael Poch de Feliú

La virtual sucesora de Merkel al frente de la CDU, y quizá más pronto que tarde futura canciller de Alemania, Annegret Kramp-Karrenbauer, se ha estrenado en la política europea con una carta aleccionadora de tono inequívocamente teutón dirigida al Presidente francés, Emmanuel Macron.  En ella derriba las ingenuas ilusiones de este acerca de una reforma de la UE de común acuerdo con Alemania. En la futura crónica de la desintegración de la UE esta carta ni siquiera será recordada como prueba de la inexistencia del “eje franco-alemán”, así que no vale la pena detenerse en ella. Sin embargo, contiene un detalle muy significativo del momento en el que vivimos: la nueva líder de la derecha alemana propone, “subrayar el papel de la Unión Europea en el mundo en tanto que potencia de paz y seguridad” construyendo… un portaviones europeo común. ¡Qué gran idea! La tenacidad de la derecha alemana y de sus socios socialdemócratas y verdes en la reanudación del militarismo nacional es encomiable.

Desde su creación en 1955 el actual ejército alemán, Bundeswehr, fue concebido como aparato defensivo. En diciembre de 1989 el programa del SPD consagraba como principios de la política exterior y de seguridad de Alemania, la “seguridad común” y el “desarme”.  “Nuestra meta es disolver los bloques militares mediante un orden de paz europeo”, decía aquel programa. “El hundimiento del bloque del Este reduce el sentido de las alianzas militares e incrementa el de las alianzas políticas (…) se abre la perspectiva para un fin del estacionamiento de las fuerzas armadas americanas y soviéticas fuera de su territorio en Europa”. Ese programa no se cambió hasta 2007. Para entonces hacía tiempo que había caducado. Exactamente hacía ocho años.

El 24 de marzo se cumplirán veinte del inicio del bombardeo de lo que quedaba de Yugoslavia conocido como “guerra de Kosovo”. Para Alemania aquella participación en una operación ilegal de la OTAN fue la primera operación militar exterior desde Hitler. Desde entonces, “la seguridad de Alemania se defiende en el Hindukush”, como dijo en 2009 el ministro de defensa Peter Struck. También en África y allí donde el acceso alemán/europeo a los recursos y vías comerciales lo exijan, según estableció en su día con toda claridad la canciller (saliente) Angela Merkel.

Aquel estreno en Kosovo empezó con una mentira. Igual que Vietnam, igual que Irak y que tantas otras guerras (recordemos el informe de la agencia Efe de septiembre de 1939, dando cuenta del ataque de Polonia contra Alemania). La primera mentira de Kosovo fue la masacre de Rachak.

Rachak y el policía Hensch

Rachak y Rugovo son dos pueblos del noroeste de Kosovo, al sur de la capital de distrito de Pec. Con la frontera albanesa muy cerca, en 1998 la región era zona de acción de la guerrilla albanesa UCK, sostenida y financiada por la OTAN, la CIA y el servicio secreto británico.

Aquel año la UCK cometió tantos desmanes con civiles serbios, gitanos y albaneses “colaboracionistas” que su jefe local, Ramush Haradinaj, luego primer ministro de Kosovo, hasta llegó a ser juzgado en La Haya por crímenes de guerra por un tribunal que era comparsa de la OTAN. Haradinaj fue absuelto, entre otras cosas porque nueve de los diez testigos que debían declarar contra él fueron eliminados antes de que pudieran hacerlo, unos en “accidentes de tráfico”, otros en “peleas de bar”, otros en atentados. Así hasta nueve. En cualquier caso, a principios de 1999 el ejército yugoslavo respondió con gran fuerza a aquella ofensiva de la UCK teledirigida por la OTAN, con una contraofensiva.

Cerca de Rachak y de Rugova varias decenas de guerrilleros albaneses cayeron en emboscadas ante el ejército. Henning Hensch, un policía alemán retirado con carnet del SPD, estuvo allí. Era uno de los seleccionados por el ministerio de exteriores para engrosar los equipos de observadores de la OSCE en Kosovo. En esa calidad actuó como perito en Rachak y Rugovo. Vio a los guerrilleros muertos con sus armas, carnets y emblemas de la UCK cosidos en sus guerreras. En Rugovo, los yugoslavos juntaron los cadáveres en el pueblo y los observadores de la OSCE hicieron fotos.

Esas fotos, convenientemente filtradas de todo rastro de armas y emblemas de la UCK, hicieron pasar lo que fue un enfrentamiento militar con grupos armados, por pruebas de una masacre de civiles”, me explicó Hensch en 2012. “Ambos bandos cometían exactamente los mismos crímenes, pero había que poner toda la responsabilidad sólo sobre uno de ellos”, decía el policía jubilado.

El 27 de abril el entonces ministro socialdemócrata de defensa alemán, Rudolf Scharping, presentó en rueda de prensa aquellas fotos en las que se veía los cadáveres de los guerrilleros amontonados en el papel de civiles inocentes masacrados. Al día siguiente, el diario Bild publicaba una de ellas en portada con el titular: “Por esto hacemos la guerra”.

“Este era un país opuesto a la guerra y consiguieron que, por primera vez en más de cincuenta años, se metiera en una”, explicaba por teléfono Hensch, con sumo pesar. “Antes de esa experiencia, nunca imaginé que en mi país pudiera pasar algo así, es decir que el gobierno y la prensa mintieran al unísono y engañaran a la población”.

Para violentar el consenso básico de la sociedad alemana contra el intervencionismo militar, la OTAN, el gobierno de socialdemócratas y verdes (1998-2005) y los medios de comunicación, se tuvieron que emplear a fondo.

El “Media Operation Center” de la OTAN dirigido por el infame Jamie Shea, subordinado al secretario general, Javier Solana (a su vez subordinado al Pentágono), fue una fábrica de mentiras, que los periodistas retransmitían. Shea, un hombre deshonesto, decía que el truco era, “mantener a los periodistas lo más ocupados posible, alimentándoles constantemente con briefings, de tal manera que no tengan tiempo para buscar información por sí mismos”. Años después Shea explicó que, “si hubiéramos perdido a la opinión pública alemana, la habríamos perdido en toda Europa”.

Fabricar la versión del conflicto

El relato del conjunto de la guerra en los Balcanes se basó en una fenomenal sarta de mentiras, amnesias y omisiones. La opinión pública europea fue intoxicada con una eficacia que hasta entonces, en Occidente, solo se consideraba posible en Estados Unidos.

Como hoy se conoce perfectamente, antes de la intervención de la OTAN no había en el conflicto de Kosovo la “catástrofe humanitaria” que las potencias se inventaron para intervenir, sino una violencia que en 1998 partió de la UCK y a la que el ejército yugoslavo respondió con la misma violencia, explicaron miembros del equipo de la OSCE como el general alemán retirado Heinz Loquai y la diplomática estadounidense Norma Brown en un documental de la cadena de televisión alemana ARD emitido en 2012 (“Es began mit einer Lüge”, Comenzó con una mentira).

Los medios alemanes ignoraron tres datos fundamentales: 1- la tradicional hostilidad de su país hacia Yugoslavia, que diarios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, y Die Welt, así como el semanario Der Spiegel, consideraban una “creación artificial”. 2- El hecho de tanto croatas como bosnios musulmanes, liderados en los noventa por dirigentes de la misma calaña que Milosevic, habían sido aliados de la Alemania nazi en la segunda guerra mundial y partícipes, junto con los alemanes, del genocidio de un millón de serbios desencadenado entonces por los nazis. Y 3- la naturaleza ilegal de las acciones militares de la OTAN desde el punto de vista de la ley internacional. El ministro de exteriores verde Josef Fischer comparó a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones que el General Loquai califica de monstruosas, “especialmente en boca de un alemán”.

El catálogo de Scharping

El ministro de defensa Rudolf Scharping dijo antes de la intervención que los serbios habían matado a 100.000 albaneses en Kosovo. La realidad es que se contabilizaron entre cinco mil y siete mil, entre muertos y desaparecidos, todos los bandos juntos e incluidas las víctimas de bombas de la OTAN.

Scharping suscribió la leyenda americana del “plan herradura” de Milosevic: rodear a la población albanesa y deportarla antes del inicio de los bombardeos. Mencionó la “expulsión de millones” y “400.000 refugiados” albaneses antes del inicio de la operación de la OTAN. La realidad fue que para verano de 1999, a las pocas semanas de la ocupación de Kosovo por la OTAN, 230.000 serbios, montenegrinos, gitanos y albaneses “colaboracionistas” fueron expulsados de Kosovo mientras en la región había 46.000 soldados de la OTAN, es decir uno por cada cuatro expulsados. Una genuina “limpieza étnica” bajo la ocupación militar de la OTAN.

Pueblos que habían sido destruidos después de iniciada la guerra por la OTAN se presentaron como destruidos antes, como incentivo para iniciarla.

Se ocultó que la miseria de los refugiados albaneses y su estampida también era consecuencia de los ataques de la OTAN.

Scharping informó del inexistente “campo de concentración” de Milosevic en el estadio de Pristina con “varios miles de internados”. Diez años después, el ministro dijo que sólo eran “sospechas”.

Se informó falsamente de “cinco dirigentes albaneses” ejecutados y de “veinte profesores” albaneses fusilados antes sus alumnos.

Todo ello se hizo para justificar más de 6.000 ataques de la OTAN sin mandato de la ONU cuyo sentido era demostrar que la OTAN tenía razón de ser y aprovechar las violencias -agravadas por la intervención de las potencias- para disolver Yugoslavia, un estado anómalo en el nuevo orden europeo posterior al fin de la guerra fría. Ningún político y medio de comunicación se ha disculpado y la misma constelación actúa, y está bien preparada y engrasada para actuar, en los conflictos del presente y el futuro.

Y sin embargo, según una encuesta realizada en febrero para la asociación atlantista Atlantikbrücke, los alemanes siguen rechazando fuertemente las intervenciones militares de su ejército en el extranjero, iniciadas hace 20 años en Yugoslavia: solo el 14% las apoyan, contra un 77% que las rechazan.

No es esta la única derrota del complejo político-mediático local. Pese a que desde hace años se les bombardea con la demonización de la Rusia de Putin, a los alemanes Trump les parece mucho menos fiable (82%) que el presidente ruso (56%), e incluso consideran a China como socio menos dudoso (42%) que Estados Unidos (86%), señala la misma encuesta. Esta opinión contradice directamente las últimas resoluciones del Parlamento Europeo a favor de incrementar las sanciones contra Rusia, país al que ya no puede considerarse “socio estratégico”, señala la resolución votada este mes por 402 diputados, contra 163 (y 89 abstenciones). Al mismo tiempo, la Comisión ha declarado a China “rival sistémico” en una resolución que casi coincidió con la votación en el Parlamento Europeo. La UE califica así, simultáneamente, como casi enemigos a China y Rusia. El propósito es aislar a esas potencias, pero teniendo en cuenta el estado de las relaciones con Estados Unidos, así como el proceso de creciente fragmentación de la UE, es legítimo preguntarse quién es el aislado).

https://rafaelpoch.com/2019/03/20/la-mentira-de-kosovo-en-alemania/

Espías franceses y belgas entregan sustancias químicas a los yihadistas para organizar nuevas provocaciones en Siria

El dirigente del Centro Ruso para la Conciliación en Siria, Víktor Kupchishin, asegura que los yihadistas de la zona de desescalada de Idlib están preparando provocaciones con el uso de sustancias tóxicas para culpar a Rusia y a las fuerzas del gobierno sirio de atacar a civiles.

Espías de los servicios de inteligencia franceses y belgas han participado en la preparación de estas provocaciones.

Productos químicos en una antigua posición rebelde en Duma, Siria, el 23 de abril de 2018. Rusia: La OPAQ teme contradecir a EE.UU. sobre el presunto ataque químico en Duma

Kupchishin aseguró que el 23 de marzo, “bajo el control de los servicios secretos franceses, las sustancias venenosas fueron entregadas desde la ciudad de Serakab” a tres aldeas sirias.
Los provocadores ofrecen remuneraciones de 100 euros por participar en la grabación de escenas de uso de sustancias tóxicas.

“Es posible que los organizadores de la provocación utilicen sustancias venenosas reales para lograr la ‘autenticidad’ de los materiales fotográficos y de vídeo. Las víctimas de este complot criminal pueden ser refugiados y familiares de ciudadanos retenidos por militantes que fueron previamente reprimidos por el grupo terrorista Hayat Tahrir al Sham” (Al-Qaeda, Frente Al-Nosra), añadió.

Entre el 14 y el 27 de marzo los espías belgas grabaron vídeos de ataques aéreos llevados a cabo por las fuerzas aéreas rusas contra almacenes con municiones y sitios de ensamblaje de drones de militantes de grupos terroristas en la zona de desescalada de Idlib, con el fin de utilizarlos posteriormente como pruebas del uso de armas químicas.

La aldea de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib, fue uno de los lugares a los que fueron transferidos las sustancias químicas, presuntamente a base de cloro. En esta misma localidad tuvo lugar una provocación similar en abril de 2017, seguida por el primer ataque con misiles por parte de Estados Unidos.

https://actualidad.rt.com/actualidad/310165-inteligencia-frances-belga-planear-provocaciones-siria

3.000 trabajadores despedidos: Walt Disney compra Fox (centralización de capital en Hollywood)

Santiago Gándara

Tras ser anunciada hace dos años, finalmente se concretó la compra de los activos y el catálogo de contenidos de Fox por parte de Disney, que pasa a convertirse en un imperio de dimensiones colosales.

La empresa fundada por Walt Disney hace casi cien años se quedó con la producción audiovisual de Twentieth Century Fox, Fox Searchlight Pictures, el 60 por ciento de la plataforma Hulu (ya tenía el 30 por ciento), los canales FX Networks, National Geographic y otros 300 canales internacionales. Pero sobre todo embolsa las franquicias más taquilleras de la historia del cine y la televisión como Deadpool, X-Men y los Cuatro Fantásticos, Alien, La Jungla de Cristal, Avatar, Padre de Familia y Los Simpson.

El magnate Rupert Murdoch, por su parte, mantendrá una participación accionaria en Disney y se reservó los canales Fox Sports y Fox News, por lo cual Donald Trump podrá seguir despertándose con programas de noticias a su medida.

Disney había alcanzado un acuerdo en 2017 para adquirir Fox por 52.400 millones de dólares, “pero debió subir su oferta a 71.300 millones en junio de 2018 luego de que Comcast ofertara 65.000 millones”. Como revelan las cifras, se trata de una lucha de titanes que disputan por una audiencia mundial en un mercado saturado por una superproducción de contenidos.

Los medios hablan de “guerra por el streaming”, las plataformas de descargas de contenidos que, hasta el momento, domina Netflix con sus 140 millones de usuarios, pero en las que ya desembarcaron Amazon y Apple. Ahora se suma la división de Disney, una plataforma donde dispondrá, como en góndola, un catálogo interminable.

Pero poco a poco empiezan a caracterizar a estos movimientos de compras y fusiones en términos de “burbuja de contenidos” y cada vez dan señales de mayor preocupación frente a una “fiesta que sigue” pero “cuyas costuras pueden asomar en cualquier momento”. Antes que la guerra por el streaming es la más pedestre guerra comercial y crisis económica internacional la que motoriza la “fiesta”, esta profunda reorganización del mercado de contenidos audiovisuales.

Dos ejemplos. Netflix logró apaciguar la inquietud de sus accionistas ante un modelo de negocios que no le cierra a nadie (más invierte en producción de contenidos, más se endeuda) cuando resolvió cambiar su política y aumentar sus suscripciones entre un 13 y un 15 por ciento en Estados Unidos.

Disney, por su parte, tomó deuda por 36.000 millones de dólares para financiar la compra de Fox a través de acciones y en efectivo, una cifra que lleva todas sus deudas “a un nivel más alto de lo normal”. En este cuadro, los inversionistas vienen expresando su creciente alarma por la pérdida de suscriptores de ESPN. Desde por lo menos 2013, se asiste al “cord-cutting” (cortar el cable), la cancelación de suscripciones al cable para reemplazarlo por el consumo de otras plataformas, algo que afectó a Comcast –el operador de cable más grande de los Estados Unidos- y a la división de deportes de Disney.

Tampoco parecen cumplirse las expectativas cifradas en la venta de los 22 canales regionales de deportes de Fox –la única condición impuesta por el Departamento de Justicia para convalidar la concentración monopólica-, por la cual la compañía esperaba recaudar 20 mil millones de dólares. La avalancha de ofertas no se produjo todavía. El próximo 11 de abril se llevará a cabo la reunión del CEO de Disney, Bob Iger, con los inversionistas que esperan conocer los detalles de la nueva estrategia del servicio Disney, incluido el precio de la suscripción, “antes de decidir si continúan manteniendo las acciones”.

En un mail de bienvenida a los empleados de Fox, Bob Iger escribió: “Desearía poder decirles que la parte más difícil está detrás de nosotros”. Efectivamente, la “parte más difícil” está delante de los trabajadores y se confirmó con el primer anuncio del CEO: un recorte de 2.000 millones de dólares de gastos que se aplicará fundamentalmente en la planta de personal, contra cientos de puestos que ahora aparecen duplicados en los estudios de cine y televisión, en los canales de cable, en los sectores administrativos de venta y distribución.

Murdoch habría dicho a sus empleados: “Todos ustedes son dueños” para referirse a las pocas acciones que recibirán quienes sobrevivan en Fox Corporation. Se habla de más de 3.000 trabajadores que quedarán en la calle en las próximas semanas. Una imagen salvaje que no reproducirá la megapantalla de la corporación de Mickey Mouse.

https://banderaroja.blogspot.com/2019/03/bajo-la-gelida-sonrisa-de-walt.html

La guerra contra el fascismo no acabó hace 80 años

Granada García, una mujer de La Algaba (Sevilla), estaba pintando en la puerta de la calle con un pañuelo rojo en su cabeza cuando entró el comandante Corrales con su columna. “Ya te lo estás quitando y lo estás quemando”. Un pañuelo rojo. Podía haber sido verde, o azul, o negro. Pero era rojo, qué delito.

La anécdota es un ejemplo gráfico de que en muchas zonas de España, como en Andalucía, no hubo ninguna guerra. Fueron víctimas de la represión fascista. Allí no hubo ninguna guerra, por lo que no es necesario desmontar la excusa de que “las guerras son muy malas”, de que lo mismo hicieron unos y otros.

El historiador Francisco Espinosa ha podido contabilizar 130.199 víctimas de la represión franquista en España, una cifra que aumentará si se sigue investigando. Los cálculos aproximados en Andalucía indican unas 49.000 víctimas de la represión fascista, una cifra aún abierta.

En Andalucía hay más personas desaparecidas que en Chile, Argentina y Guatemala juntos. En Córdoba la represión franquista fue especialmente cruel: 4.000 personas fueron asesinadas y arrojadas a fosas comunes. Córdoba fue el Auschwitz de Franco.

En Écija mataron a 278 personas y los únicos tiros que hubo los dieron los sublevados. Lo mismo ocurrió en Fuentes de Andalucía, donde asesinaron a más de 100.

La historia desmonta que hubiera una cruzada contra la religión católica. De los 12 sacerdotes y decenas de monjas que había en Morón, dos salesianos murieron, ambos beatificados. Pero no fueron fusilados; murieron en un tiroteo provocado por el teniente de la Guardia Civil. Además, uno de los curas, José Blanco, disparó ardorosamente contra los obreros desde el cuartel.

El gobernador militar de Sevilla prohibió que se cortara el tráfico en la carretera que va desde La Algaba al cementerio de Sevilla. Los arrieros que iban con las mulas a abastecer los mercados de la capital tenían que escuchar los gritos y los culatazos. Es la crónica del horror que empiezan a documentar los libros de historia con 80 años de retraso.

En La Rinconada asesinaron a las diez de la mañana en la plaza a dos personas acusadas de asaltar a un terrateniente. Sabían que no habían sido ellos y aun así los ejecutaron. Luego mataron a los culpables.

Las mujeres padecieron todo tipo de barbaridades. Los franquistas consideraron a las mujeres republicanas como botín de guerra, cosificándolas, deshumanizándolas; convirtieron el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla más, usándolo como medio y como mensaje. Para los varones vencidos, era el medio por el cual se les humillaba nuevamente tras la derrota. ”A La Trunfa le dieron una paliza y, sin dejar de maltratarla, la introdujeron en un cuarto del cortijo, donde la intimidaron” tendiéndola en el suelo, “obligándola a remangarse” y exhibir “sus partes genitales; hecho esto, el sargento, esgrimiendo unas tijeras, las ofreció al falangista Joaquín Barragán Díaz para que pelara con ellas el vello de las partes genitales de la detenida, a lo que este se negó; entonces el sargento, malhumorado, ordenó lo antes dicho al guardia civil Cristóbal del Río, del puesto de El Real de la Jara. Este obedeció y, efectuándolo con repugnancia, no pudo terminar, y entregó la tijera al jefe de Falange de Brenes, que terminó la operación. Y entre este y el sargento terminaron pelándole la cabeza”.

Tras la guerra llegaron las incautaciones de bienes, que no fueron palacios, ni grandes casas. Se llevaron lo poco que tenían: las gallinas, los aperos, las mantas, el colchón…

Llegó, por supuesto, el hambre, la otra matanza con la que el franquismo doblegó aún más a una población aterrorizada.

Llegaron también los campos de concentración, y los trabajos forzados, y la censura, y las torturas, y los estados de excepción, y las redadas, y las cárceles, y el Tribunal de Orden Público…

La guerra contra el fascismo no acabó el 1 de abril de 1939. No ha acabado. El franquismo nunca dejó de matar, de reprimir, de encarcelar… Lo hará hasta el último aliento que le quede.

https://www.lamarea.com/2019/03/29/la-guerra-que-guerra-no-acabo-el-1-de-abril-de-1939/

Los aviones F-35 de quinta generación son inservibles para el combate aéreo

Los aviones F-35 de quinta generación tienen 941 deficiencias y fallas relacionadas con la precisión de tiro, durabilidad o seguridad de sus sistemas informáticos, según un informe del grupo de investigación POGO, con sede en Washington.

Los cazas F-35 sufren de muchos defectos técnicos que los hacen no aptos para el combate y ponen en riesgo la vida de sus tripulaciones. De los 941 fallos, unos 100 están clasificados como de Categoría I, es decir, ponen en peligro la vida del personal.

POGO ha realizado un informe preparado por el Director de Pruebas y Evaluación Operacional (DOT&E), que depende directamente del jefe del Pentágono, según el cual la aeronave tiene 941 deficiencias y fallas relacionadas con la precisión de tiro, durabilidad o seguridad de sus sistemas informáticos.

“El esqueleto estructural del F-35 muestra grietas y roturas. Como resultado, el avión no puede alcanzar las 8.000 horas de vuelo prometidas”, dice Jan Grazier, periodista de investigación de POGO, citado por el diario belga Le Vif.

Al mismo tiempo, el F-35 es fácil de piratear, mientras que los datos recogidos y registrados por el sistema no son fiables, dice el informe. El arma a bordo del avión también deja mucho que desear. Así, si el piloto se basa en los datos proyectados en la mira de su casco, el arma dispara a menudo junto al blanco, lo que aumenta el riesgo de golpear a sus propias tropas en situaciones de combate.

En marzo de 2017 Bélgica publicó una licitación de 34 aviones de combate para sustituir sus antiguos F-16. El 25 de agosto de 2018, Bruselas anunció oficialmente su intención de adquirir F-35 fabricados por Lockheed Martin. Los aviones competidores, el Eurofighter Typhoon y el Rafale de Dassault (no propuestos formalmente), no fueron seleccionados.

Los fallos en el F-35 se suman a los que se han advertido en los nuevos vehículos destinados a sustituir a los Humvee, el JLTV, que también presentan numerosos fallos de dieño que los hacen inutilizables. Una inversión de 6.700 millones de dólares arrojados a la basura.

La complejidad del armamento moderno es de tal envergadura que la mayor parte del mismo no es otra cosa que chatarra.

La Universidad de Cambridge colabora con el Ministerio de Defensa en un programa de manipulación sicológica de multitudes

Hace dos años el ejército británico contrató con la Universidad de Cambridge un programa para la manipulación sicológica de multitudes. Aunque el acuerdo se ha suspendido, revela el interés de los militares por el control sicológico.

Tras el escándalo de Cambridge Analytica, una empresa acusada de haber utilizado datos de millones de cuentas de Facebook para influir en los votantes en las elecciones presidenciales estadounidenses, así como en el referéndum sobre Brexit, el diario estudiantil en línea “Varsity” ha revelado (1) el programa británico de influencia militar, lo que confirma un fenómeno preocupante: el creciente interés de los Estados por el uso de las ciencias sociales y la cognición, combinado con herramientas digitales de manipulación sicológica.

La guerra cibernética del futuro podría centrarse menos en piratear las redes eléctricas que en piratear las mentes al crear el entorno en el que tiene lugar el debate político, según Tim Stevens, investigador del Kings College London, especialista en guerra cibernética.

La investigación en ciencias humanas, sobre el funcionamiento del cerebro, para desarrollar herramientas para la manipulación sicológica masiva no es del todo nueva, pero el desarrollo de las redes sociales, la inteligencia artificial y el procesamiento masivo de datos, combinados con la neurociencia, dan a estas herramientas una eficiencia insospechada.

Los laboratorios militares, como el del Ministerio de Defensa británico, le dan prioridad e incluso intentan establecer asociaciones con empresas privadas e institutos públicos de investigación

Un artículo del periódico estudiantil “Varsity” puso a la Universidad de Cambridge en el centro de atención el mes pasado, presentando el programa “Humanities and Social Sciences Research Capacity” (HSSRC), en colaboración con el Ministerio de Defensa, cuyo objetivo era “la manipulación selectiva de la información en los ámbitos físico y virtual para moldear actitudes y creencias en el ámbito cognitivo”.

El “Defence Science and Technology Laboratory” (DSTL) del Ministerio de Defensa de Gran Bretaña ha trabajado durante al menos un año en la Universidad de Cambridge en una instalación llamada “Centre for Future Strategies”. Más de una docena de investigadores han sido seleccionados en campos tan variados como la arquitectura, la siquiatría, la siquiatría, la salud y las ciencias sociales.

El enfoque integral del documento indica como objetivos “la manipulación selectiva de la información y el uso coordinado de toda la gama de capacidades nacionales, incluidas las militares, no militares, declaradas y secretas”.

Tras la revelación del programa HSSRC, un grupo de 41 académicos publicó una carta abierta al decano de la Universidad de Cambridge en la que afirmaban: “No creemos que la función de una universidad pública sea la de implicar al personal en conflictos armados, actuando como proveedor de investigación con un contrato con el Ministerio de Defensa”.

La universidad dijo que había paralizado el programa hace varios meses, pero el daño parece haberse producido, con documentos que declaran explícitamente, por ejemplo, que “el ejército desea desarrollar actividades de información y concienciación, compromiso en defensa y comunicaciones estratégicas” paralelamente a las campañas militares, así como “comunicaciones y mensajes a los públicos británicos de defensa nacional e interna que promuevan la atracción, la salud, el bienestar y la resistencia de nuestros ciudadanos (militares y civiles)”.

¿Cómo definir lo que el ejército británico se comprometió en 2017 en el “Centro de Estrategia Futura” de la Universidad de Cambridge? La expresión más apropiada parece ser “laboratorio de propaganda”, pero de un tipo particular, ya que utiliza las últimas técnicas de influencia en las ciencias cognitivas, y una vez más, en relación con el escándalo de Cambridge Analytica.

Los académicos que firmaron la carta abierta destacan los riesgos particularmente graves, dado el debate público sobre el trabajo de Aleksandr Kogan, un neurocientífico de Cambridge implicado en el escándalo de Cambridge Analytica, que incluye métodos de “manipulación de la información”. Más allá de este ya de por sí dudoso vínculo entre la investigación universitaria y las empresas de influencia electoral, el problema de la manipulación de la opinión pública, tal como lo ha llevado a cabo Cambridge Analytica con la ayuda de Kogan, sigue siendo un tema al que no se le da mucha importancia, especialmente cuando se trata de la administración pública.

Sin embargo, en marzo de 2014 The Guardian reveló un “programa de influencia sobre la mente” desarrollado por el Ministerio de Defensa británico, sin cuestionar posteriormente la legalidad de tales prácticas: “El Ministerio de Defensa está desarrollando actualmente un programa de investigación secreto por valor de varios millones de libras esterlinas sobre el futuro de la guerra cibernética, que incluye la forma en que las tecnologías emergentes, como los medios de comunicación social y las técnicas psicológicas, pueden ser utilizadas por las fuerzas armadas para influir en las creencias de la gente”(2).

Cinco años después, las tecnologías emergentes están maduras y las técnicas psicológicas denunciadas por The Guardian en 2014 han sido probadas a gran escala. Las ciencias cognitivas están en el centro de la actividad de influencia sicológica a través de las tecnologías digitales y están siendo estructuradas e incluso industrializadas, tanto por grupos privados como por instituciones públicas, como el ejército.

Las elecciones kenianas de 2017 fueron un campo de operaciones para estas prácticas.

El programa de influencia del ejército británico revela el deseo de crear nuevas formas de gobierno basadas en técnicas de propaganda silenciosas e insidiosas, calculadas científicamente para orientar a la población. La capacidad de “gobierno algorítmico de la influencia” aparce en la constelación esos nuevos movimientos, calificados de “populistas”, que cada vez tienen más éxito en el mundo. ¿Qué puede suceder cuando se acusa oficialmente a los populistas de ganar elecciones y de gobernar a través de noticias falsas, desinformación y manipulación de la opinión, cuando los Estados están atrapados tratando de hacer lo mismo: manipular la opinión de una manera masiva y científica?

(1) https://information.tv5monde.com/info/manipulations-democratiques-20-revelations-sur-les-profils-d-electeurs-de-l-entreprise-de-steve
(2) Revealed: the MoD’s secret cyberwarfare programme, The Guardian, marzo de 2014, https://www.theguardian.com/uk-news/2014/mar/16/mod-secret-cyberwarfare-programme

Más información:
— En todo el mundo las elecciones también se falsean con redes sociales, intoxicación y noticias falsas
— Las elecciones se manipulan porque en las redes sociales las personas se dejan manipular
— La manipulación electoral sigue: Cambridge Analytica no cierra, cambia de piel
— Los ejércitos controlan las redes sociales a través de empresas privadas de tecnología
— Facebook reconoce que difunde propaganda política falsa procedente de los gobiernos
— Atrapados en la red

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